Capítulo 65: ¡El canto de la sirena!

Atenea había derrotado a Deméter, quién luego de ver que la diosa de la sabiduría había recuperado a Nike aceptó su derrota, dejando pasar a los atenienses.

El santo de Andrómeda dando todo de sí asesinó a Perséfone, intentando liberarse del fruto del Inframundo, sin embargo, a pesar de su victoria, no podía soltar el objeto maldito.

Los generales marinos habían llegado a los Archipiélagos Celestiales, un conjunto de islas que flotaban en un mar de nubes, separadas por varios kilómetros de distancia las unas de las otras. La primer isla a la que llegaron fue la Isla del Sur, allí Io de Escila logró derrotar a Noto, mientras los demás marinos se habían dividido en dos grupos de tres integrantes cada uno. Kaza, Isaac y Krishna irrumpieron en la Isla del suroeste, donde el primero de los mencionados engañó y asesinó con facilidad a Libis, otro de los serafines. Sorrento, Najash y Baian se encontraban en la Isla del Sureste, en su camino apareció Apeliotes, viento del otoño.

Isla del sureste.

Un nuevo combate estaba por dar inicio. El serafín Apeliotes vestía una armadura alada de color blanco y detalles en amarillo, verde y rojo, algunas hojas cubrían su vestimenta sagrada, tenía una larga cabellera marrón claro, cuyos tonos eran similares al de las hojas secas del otoño, sus ojos eran de color rojizo otoñal.

—Así que ustedes son los invasores del difunto dios del mar… —dijo Apeliotes.

—Los dioses son inmortales… —interrumpe Sorrento. —¡El señor Poseidón confía en que nosotros le ayudemos a ser el ganador de esta guerra santa!

—Delirios de un ronin… —contesta con menosprecio el serafín.

—Lamentarás burlarte de Poseidón, nuestro dios volverá y gobernará el universo en breve. —expresó Sorrento.

—Es imposible discutir con fanáticos… —objeta Apeliotes.

—Poseidón representa el cambio justo. —replica Sorrento con firmeza.

—¡Basta de insolencias, Poseidón es un traidor al Olimpo! —continúa Apeliotes. —Y a Zeus, soberano verdadero y justo del universo…

—Me da tristeza ver como el Olimpo los tiene engañados. —manifestó Baian. —¡No pueden ver la tiranía que ejerce Zeus sobre sus narices!

—Se acabó mi paciencia con los invasores… ¡TEMPORAL DE OTOÑO!

Una ventisca llena de millones de hojas de distintas especies de árboles, cuyos colores varían desde los anaranjados y rojizos, hasta los amarillos y marrones, cubrían el lugar, imposibilitando la visión de todos los presentes, las hojas rozaban constantemente a los generales marinos.

Sorrento entona con su flauta una hermosa melodía, rápidamente la tormenta amaina y puede escucharse un profundo quejido proveniente del serafín, quién está de rodillas y con sus manos sobre su cabeza, sufriendo la tortuosa música del general del Atlántico Sur.

—Esta maldita música, me desespera, está destruyendo mi cabeza por dentro…

La mente de Apeliotes está confundida, al instante comienza a delirar con hadas que vuelan a su alrededor cantando.

—Esta pelea ha terminado, una vez que Sorrento comienza a tocar su flauta, el adversario no tiene posibilidad alguna. —murmura Baian.

—¡Voy a deshacerme de esta canción, al precio que sea!

El serafín introduce sus dedos índices en sus orejas, destruyendo sus tímpanos, intentando escapar de la melodía de Sorrento, el dolor era insoportable y la sangre fluía a borbotones desde sus oídos, no obstante aún percibía la música.

—Hay que reconocer a Apeliotes su valor y su sacrificio, no obstante está condenado… —musita Najash.

—¿Cómo puede ser que a pesar de haber destruido mis tímpanos siga escuchando esa maldita música? —se pregunta Apeliotes desesperado.

—El canto de la sirena llega directamente a la mente, sin escalas, una vez que las ondas sónicas tocan el cuerpo producen una vibración que se reproduce directamente en el cerebro. —explica telepáticamente Sorrento.

Repentinamente la hermosa melodía es desarticulada en notas sin sentidos, provocando ruidos en vez de melodía.

—¿Qué está pasando? —pregunto Najash.

—No entiendo… —susurra Sorrento. —No entiendo porque de mi flauta salen esas notas incorrectas…

—Soy yo quién sopla por tu flauta… —explica Apeliotes. —Es mi cosmos el que agita las ráfagas que se cuelan a mi placer, por los orificios de tu instrumento de viento.

—No puedo creer que este hombre sea capaz de manipular mi instrumento a distancia… —se lamenta Sorrento.

—De todas maneras el daño que ha recibido es muy grande, no tendrá oportunidad… —dice Baian.

—¿Qué eres capaz de hacer sin tu flauta? —desafía Apeliotes.

—No sólo me valgo de mi flauta…

Sorrento levanta su mano y la baja abruptamente en línea recta, liberando unas tablas verticales de energías, que arremeten contra su rival, golpeándolo contra un árbol, el marino se lanza en una carrera cósmica hacia él y usando su flauta como un elemento punzante penetra el corazón del serafín.

—¡Lo ha conseguido! —celebra Najash.

El general del Atlántico Sur retira la flauta del pecho de su rival y observa que no había ningún rastro de sangre en su instrumento.

—No es posible… —murmura Sorrento. —¿Esto es una ilusión?

—Siento que mi vista está nublándose, apenas puedo sentir mis pies… —musita Baian.

—¿Qué dices Baian? No alcanzo a escucharte…casi ni siquiera siento el cuerpo…—comenta Najash.

—No puedo moverme… —susurró Sorrento. —No tengo dominio sobre mi cuerpo… ¿qué está pasando?

—Cuando recibieron el temporal del otoño, lo que experimentaron no fue sólo una ilusión para esconderme de ustedes, sino que muchas de las hojas eran reales y tocaron sus cuerpos, dejando en su piel un tóxico que actúa como narcótico, el cual provocará la perdida de sus cinco sentidos y aquí quedarán la mitad de los invasores del mar… —exclama Apeliotes.

—No nos daremos por vencido tan fácilmente… ¡NAUFRAGIO EN EL GRAN CHARCO!

Najash del Dragón Marino expande un misterioso cosmos de color turquesa que se disemina por toda la isla, la cual parecía que empezaba a desaparecer para dar lugar a una masa incontenible de agua que rodeaba el lugar de forma repentina, las plantas y el suelo habían desaparecido, en el horizonte solo se avizoraba un gran océano que se extendía en todas las direcciones.

—¿Qué es este poder? —se preguntó Apeliotes.

Tras unos segundos una feroz corriente arrasó con todo, tras la corriente puede verse la figura cósmica de un antiguo dragón mitológico de un cuello extremadamente largo y aletas en lugar de piernas. El serafín terminó cayendo de la isla. Sin embargo, cientos de hojas comenzaron a desprenderse de los árboles al tiempo que una brisa comenzó a soplar fuertemente, sorpresivamente aparece volando Apeliotes.

—En poco tiempo no podrán moverse, ver, escuchar, ni sentir nada… —dijo Apeliotes. —Sin embargo, dada su comprobada tenacidad voy a eliminarlos ahora mismo… ¡TEMPESTAD EN EL EQUINOCCIO DE OTOÑO!

Repentinamente el cielo se torna bicolor, una parte oscura como la noche y la otra parte clara como el día, una tormenta de vientos oscuros se entrelazó con una ráfaga luminosa, formando un huracán de luz y sombras.

—¡Ahora sufrirán la violencia del choque entre la luz y la oscuridad, la presión generada por esta técnica los hará girar hasta desmembrar sus cuerpos, despídanse de este mundo!

El huracán de luz y sombras se acercaba a los guerreros de Poseidón, cuando repentinamente la tempestad desapareció y pudo observarse al serafín retorcido de dolor en el suelo y con sus manos sobre su cabeza.

—Otra vez el canto de la sirena, pero no hay nadie tocando la flauta, ¿qué está pasando?

Apeliotes de repente observa cientos de hadas desnudas, con alas de libélula, revoloteando a su alrededor, cantando una canción atormentadora.

—¿De dónde salieron estas hadas si ha perdido sus sentidos y su flauta? —se lamenta Apeliotes —Sorrento, no sé cómo lo haces, pero voy a cortar tu cabeza en este momento…

El serafín se lanzó con desesperación a su adversario, mientras sigue soportando el terrible canto de las sirenas, cuando esta por golpear el cuello del tieso marino, este último reacciona lanzando un círculo con su flauta delante de sí, un espejo dorado se forma por el recorrido del instrumento y actúa como un escudo que bloquea el ataque rival, inmediatamente el espejo dorado se parte, provocando un destello explosivo. En ese instante, el general realizó un movimiento con su brazo y cortó ¡la cabeza del serafín!

Sin embargo, aún tenía sus sentidos debilitados. Lo que Sorrento no sabía era si la muerte de su adversario le haría recobrar sus sentidos.

Templo de Plutón.

El recinto de Hades en el Olimpo era un palacio oscuro, brillante y con neblina, en el interior se encontraban tres seres, llamado los oneiros, se trataba de los hijos de Hipnos, los dioses menores de los sueños. Los tres portaban sapuris aladas, Morfeo tenía un largo cabello blanco, ojos grises y test blanca pálida, Phantasos era una bella mujer pelirroja, de ojos azules oscuros, Icelus tenía un largo cabellos negro, que tapaba su rostro.

—¡Perséfone ha caído! —expresó Morfeo. —El único escollo real para Atenea entre ella y nosotros, es Eolo…

—Debemos procurar que Hades despierte antes de la llegada de Atenea… —dijo Icelus.

—El santo de Andrómeda no tardará en caer ante la voluntad del señor Hades…—susurra Phantasos.

—Estamos en un momento crucial que marcará el destino del señor de los avernos en el Universo… —acota Morfeo. —Es por ello que propongo que Icelus vaya a los Infiernos a custodiar a Hades, hasta que haya tomado posesión completa de su nuevo cuerpo…yo detendré a Atenea y sus guerreros en hermosos sueño y tú Phantasos…custodiarás este templo hasta que el rey Hades regrese…en cuanto a mí iré al Santuario en busca del rosario de Buda…en donde están encerradas las ciento ocho estrellas malignas…

Campos Elíseos.

Tumba de Hades.

La fruta que sostenía Shun parecía tener un poderoso cosmos, que se había apoderado de su brazo y que amenazaba con apoderarse del resto de su cuerpo, así es como el brazo que sostenía el fruto se movía por sí mismo. Repentinamente Shun sentía que estaba paralizado.

—¿Por qué me está ocurriendo esto? No sólo no puedo soltar la granada, sino que no puedo mover mi cuerpo…

Monte Olimpo.

Archipiélagos Celestiales, Isla del Oeste.

Isaac de Kraken, Krishna de Crisaor y Kaza de Leumnades estaban llevando a cabo un plan de infiltración, con el objetivo de atravesar todas las islas sin ninguna baja, habían llegado a una hermosa isla que tenía un clima primaveral, flores de diversas cantidades se expandían por doquier, una brisa delicada recorría el ambiente.

Kaza de Leumnades repentinamente se metamorfosea, convirtiéndose en Eos, la hermosa diosa de la aurora, la cual tenía cabello rubio, piel rosada y ojos celestes.

—He sentido el cosmos de un serafín más adelante, es muy poderoso… —murmura Kaza.

—Este me toca a mí… —contesta Isaac. —¡Me siento un cobarde, escondido acá mientras tú matas a traición!

—Es que tú no entiendes, yo estoy dispuesto a sacrificar mi orgullo y mi reputación con tal de cumplir los designios del señor Poseidón, lo más inteligente es mantenernos con vida los tres, asesinando a nuestros enemigos a través del engaño, eso aumenta las posibilidades que alguno llegue al templo de Neptuno.

—Kaza tiene razón, hemos regresado de la muerte solamente para lograr llegar al templo de Neptuno… —interviene Krishna.

Ante las palabras de sus camaradas Isaac asiente la cabeza, Kaza se adelanta dispuesto a asesinar a traición a una nueva víctima.

. . .

Tras correr unos minutos, Kaza se encuentra de frente con un serafín, un hermoso joven de largos cabellos dorados y ojos rojizos.

—¿Qué haces aquí madre? —pregunta sorprendido Céfiro. —Este no es un lugar seguro…

—¿Dices que debería temer de unos mortales? Yo soy la diosa de la aurora…

—Estoy seguro que no querrías participar en un combate. —replica Euro.

—Por supuesto que no. —expresó Eos.

—No me has respondido que estás haciendo aquí…

Eos se acerca a Euro y le tiende la mano, como era habitual en ella al saludar a sus hijos.

—Euro, no arriesgues tu vida por un capricho de Hera… —susurra Eos.

—¡Es mi deber como serafín! —contesta Céfiro.

—Qué pena… —dijo Eos, mientras una sonrisa macabra se dibuja en su rostro. — ¡Muere!

El general del Antártico disfrazado como Eos, diosa de la aurora, repentinamente ejecuta su técnica, el impacto de la samandra, sin embargo antes de que pudiera ejecutar su golpe, un chorro de sangre brotó de su propio pecho, producto de un sorpresivo golpe encestado por Euro.

—Cómo te diste cuenta… —murmura Kaza entrecortado, envuelto en la agonía.

—Fue gracias a Libis, él mandó un mensaje en el aire, advirtiéndonos a todos del cobarde asesino de Poseidón… —sentenció Euro mirando a su enemigo con desprecio.

Antes de morir y con sus últimas fuerzas termina de ejecutar su técnica.

—¡IMPACTO DE LA SALAMANDRA!

El marino agito sus brazos, acumulando una gran cantidad de energía eléctrica, detrás de él aparece la imagen de una salamandra a la que le brillan los ojos, llevó sus brazos al pecho de su adversario, soltando en el toda la energía eléctrica, el serafín se ve electrocutado y un impuso eléctrico final lo arrojó por los aires, provocando una dura caída. Tras ejecutar su golpe final puede observarse el cuerpo sin vida del general del Océano Antártico.

El serafín por su parte se levantó con dificultad, pero sin demasiados daños.

—Aún al borde de la muerte ha sido capaz de ejecutar un golpe considerable, quizás en lo profundo de su ser habite algo de admirar entre tanta cobardía… —musita Euro.

Salida del templo de Ceres.

Atenea y sus santos estaban frente al mar de nubes, donde se elevaban el Archipiélago Celestial, conformado por nueve islas flotante, una en medio y las demás a cada uno de sus puntos cardinales.

—Este es el Archipiélago Celestial, territorio de Eolo y los ocho serafines, quiénes son los custodios de los dominios de Hera… —explica Atenea.

—Siento el cosmos de un amigo en una de esas islas… —murmura Hyoga pensando en Isaac.

—¡Con nuestras alas podremos atravesar el archipiélago en tan solo un momento!—tercia Seiya.

—No perdamos más el tiempo… —interviene Ikki, quién despliega las alas de su armadura divina y ejecuta un impresionante salto que lo alza en vuelo.

—¡Vamos tras Ikki! —dice Seiya emulando las acciones del Fénix.

—Atenea, Shiryu, discúlpenme por favor, yo me detendré un momento en una isla del archipiélago, los alcanzaré luego…

—De acuerdo Hyoga… —susurra Atenea, quién envuelta en una esfera de cosmos dorado emprende su vuelo a los dominios de Hera.

—Seguramente nos veremos más adelante amigo… —dijo Shiryu alzando vuelo.

El santo del Cisne meditaba la ubicación exacta de su amigo Isaac, en los Archipiélagos Celestiales.

Isla del Oeste.

Isaac de Kraken y Krishna de Crisaor sienten el cosmos de Kaza desaparecer, repentinamente un viento se arremolina ante la atenta mirada de los marinos, tras apaciguarse puede verse como caen flores, mostrando a un hermoso joven de largos cabellos dorados y ojos rojizos, tenía una armadura alada color verde, naranja y violeta.

—Mi nombre es Céfiro, soy el guardián de la Isla del Oeste, juré a mi señora Hera detener sus pasos, no cometeré los mismos errores de mis camaradas, ya he derrotado al cobarde que traía la muerte en su engaño…

—¡Soy Isaac de Kraken, no permitiré que hables así de Kaza, él sacrificaba su honor para cumplir los designios de Poseidón!

Sin responder a las palabras del marino, Céfiro enciende su cosmos, Isaac también enciende su cosmos, Krishna observa el poder de ambos adversarios, los cuales se mostraban igualados.

—Vete Krishna, adelántate y nos encontraremos en la Isla del Norte, para así terminar de atravesar el templo de Hera… —espeta Isaac.

Krishna de Crisaor asiente con su cabeza y se adelanta con una carrera cósmica, Céfiro permite que el general se vaya, estaba a las puertas de un combate singular con Isaac.

—Cuánto optimismo… —dijo Céfiro al tiempo que soltó una risa.

—¿Qué es tan gracioso? —pregunta Isaac.

—Para llegar al templo de Juno es necesario atravesar la Isla del Norte, la cual es resguardada por Bóreas, ninguno de los siete generales podría con él…

—Bóreas… —recordaba Isaac sobre los mitos. —Después de vencerte a ti venceré a Bóreas, demostraré que seré capaz de alcanzar el cero absoluto, tal como lo ha hecho Hyoga…

—Tú no llegarás a luchar contra Bóreas, puesto que caerás ante mí, seré yo luego quién detenga el paso del otro general que acaba de irse.

—El poder de Krishna de Crisaor destaca entre los siete generales, verás porque somos superiores… ¡POLVO DE DIAMANTES!

Isaac extiende su puño derecho abruptamente, liberando un viento helado que se abalanza con polvos de diamantes, Céfiro se queda parado ante la técnica, su cuerpo permanece inmutable, sin ser arrastrado por los vientos.

—¿Qué? —expresó Isaac perplejo.

—¿Qué te sorprende idiota? —responde con soberbia Céfiro, repentinamente advierte que la mitad de su cuerpo es congelado. —Tu aire frío no logrará congelarme… —enciende su cosmos y el hielo se resquebraja. —Ahora es tu turno de conocer mis artes, sentirás buenas sensaciones antes de morir… ¡BRISA SAGRADA PRIMAVERAL!

Céfiro levanta la palma de su mano, en ella surge una brisa con una extraña fragancia, al cabo de unos segundos la brisa aromática se disemina por el campo de batalla, Isaac pronto siente débil su cuerpo, el cual estaba entumecido.

—¿Qué está pasando? —se pregunta Isaac, mientras un hilo de sangre cae de la comisura de sus labios.

—Mi fragancia primaveral es capaz de causar la muerte en cuestión de segundos, es hora de la rendición incondicional, ya no tienes ninguna posibilidad…

Céfiro voltea, dando la espalda al enemigo, que cae de rodillas al suelo, sin poder resistir al poderoso aroma mortal, tras dar unos pasos el serafín detiene su marcha al comprender que sus piernas estaban parcialmente congeladas.

—Antes de morir por tu veneno tengo que vencerte… —dijo entrecortado Isaac.

—¡Isaac, lo tuyo es solo impaciencia, impaciencia de esperar la muerte! —contesta Céfiro mientras enciende su cosmos, liberándose así del congelamiento parcial.

—Los otros generales se han esforzado para llegar a la victoria, yo no me quedaré acá, seguiré los pasos de mi amigo Hyoga… ¡AURORA BOREAL!

El general del Ártico extiende sus brazos a los costados en cuarenta y cinco grados hacia el cielo, su cosmos se eleva, el viento del lugar empieza a ponerse fresco, en segundos está helado, una aurora aparece en el cielo, mientras los brazos de Isaac son invadidos por una luz blanca, entonces los junta en su pecho para luego extenderlos al frente, liberando de entre sus manos una potentísima ráfaga helada que impacta en el cuerpo de Céfiro, congelándolo por completo.

—Parece que estamos en un nivel muy diferente con respecto a los serafines… —dijo Isaac.

En el momento en que el general marino estaba convencido de su triunfo, la estatua de hielo de su adversario pronto comenzó a agrietarse, hasta que sus brazos lograron liberar su cuerpo.

—Ustedes los generales del mar no son más fuertes que nosotros…voy a demostrártelo ahora mismo, la única diferencia entre ustedes y nosotros es su cobardía. ¡POLINIZACIÓN PRIMAVERAL!

Céfiro comienza danzar al tiempo que suaves brisas acompañan sus movimientos, esparciendo el polen de las distintas flores que bailaban delante de sus ojos. La visión de Isaac pronto comienza a distorsionarse, sus ojos enrojecen y se entrecierran, le cuesta dimensionar los espacios, sus reflejos parecen no corresponderle.

—El viento primaveral traslada el polen de esta isla, el cual tiene un extraño efecto en quién lo aspire, provocando un estado de alucinación permanente, sentirás que tu cuerpo deja de responderte y no podrás comprender la realidad que te rodea, ahora eres solamente un ente, esperando recibir el tiro de gracia… ¡CICLÓN PRIMAVERAL!

Céfiro extiende sus brazos a los costados y junta sus piernas, repentinamente comienza a levitar y a girar suavemente sobre su propio eje, segundo a segundo la velocidad centrífuga aumenta así como su velocidad, en poco tiempo ejerce una presión atmosférica tan fuerte que comienza a crear un potente ciclón a su alrededor, que se desplaza en dirección al general del Ártico, con el objetivo de darle muerte.

—¡GRAN TORNADO!

Se escucha un grito entre la maleza y repentinamente un tornado gigantesco choca contra el ciclón primaveral, arrojando a Céfiro al suelo con gran violencia.

—No voy a permitir que tomes la vida de Isaac… —dijo Io de Escila. —Yo te derrotaré.

Con gran esfuerzo se levanta el serafín, que observa a su rival, el cual tenía su armadura destrozada, exhibiendo graves heridas en su cuerpo.

—No tienes oportunidad en tu estado, tus heridas son letales, ahora que lo veo Noto te ha dejado en un estado crítico…

—Acabaré contigo con mis últimas fuerzas… ¡GRAN TORNADO!

Los ojos de Io de Escila brillan con la intensidad de su cosmos, un resplandor emerge de su cuerpo al tiempo que el marino lleva sus brazos con mucha violencia hacia adelante y hacia arriba, generando con cada uno de sus miembros dos potentes tornados que se combinan en un poderoso huracán. Sin embargo, Céfiro sin necesidad de moverse, elevó su cosmos y controló el tornado creado por el marino, disolviéndolo en un par de segundos.

—No es posible, ¿cómo lo ha hecho? —espetó Io.

—Ya he visto tu técnica cuando detuviste mi ciclón primaveral y me resulta fácil entender los mecanismos de las técnicas de vientos, por lo que no tienes oportunidad alguna… ¡CICLÓN PRIMAVERAL!

Céfiro extiende sus brazos a los costados y junta sus piernas, repentinamente comienza a levitar y a girar suavemente sobre su propio eje, segundo a segundo la velocidad centrífuga aumenta así como su velocidad, en poco tiempo ejerce una presión atmosférica tan fuerte que comienza a crear un potente ciclón a su alrededor, luego se abalanza en dirección a donde se encuentra el general del Pacífico Sur.

—Ya detuve tu técnica una vez y lo haré de nuevo… ¡GRAN TORNADO!

Los ojos de Io de Escila brillan con la intensidad de su cosmos, un resplandor emerge de su cuerpo al tiempo que el marino lleva sus brazos con mucha violencia hacia adelante y hacia arriba, generando con cada uno de sus miembros dos potentes tornados que se combinan en un poderoso huracán. La técnica del marino empieza a acoplarse a la técnica rival en vez de enfrentarla, de repente el ciclón primaveral se ha convertido en un huracán arrasador que atrapa al marino en un vuelo mortal donde su espalda y su cuello resultan quebrados de forma fatal, provocándole la muerte.

El serafín mira a Isaac de Kraken de forma amenazante.

—Sigues tú…

Campos Elíseos.

Tumba de Hades.

Shun aparentaba mirar la fruta del Inframundo que sostenía en su mano, sin embargo hacía muchos minutos que había dejado de enfocar en el objeto, su mirada se perdía en el horizonte, sin divisar forma alguna. Su cuerpo inconscientemente acercaba la fruta a su boca hasta que finalmente y casi sin saberlo, ni percibirlo, la muerde.

Una energía descomunal se manifiesta frente a él en una forma amorfa, mientras el cielo de los infiernos se oscurece.

—Les he fallado a todos… —dijo Andrómeda con la mirada aún perdida, finalmente ha soltado la fruta del Inframundo, la cual rueda alrededor de sus pies, exhibiendo un mordisco.