Capítulo 66: Violencia es mentir.

Tras intentar resistir con gran esfuerzo, Shun de Andrómeda mordió la fruta del Inframundo, aquella que crea un lazo entre la persona que la prueba y el reino de los muertos. En el Olimpo, los santos de la esperanza alzaron vuelo para llegar a Zeus.

En los Archipiélagos Celestiales se estaban llevando a cabo terribles batallas, ya habían caído Io de Escila y Kaza de Leumnades por el lado de los generales marinos de Poseidón, mientras que Noto, Libis y Apeliotes cayeron por el lado de los serafines.

En la Isla del Oeste, Céfiro estaba a punto de finiquitar a Isaac de Kraken, quién había sido envenenado por los vientos primaverales.

Isla del Oeste.

Después de vencer a Kaza de Leumnades y a Io de Escila, Céfiro había vencido a Isaac de Kraken y ahora se acercaba para penetrar su puño en su corazón.

—Ahora es tu turno de caer ante el gran Céfiro, con esto solo quedan cuatro marinos…

Cuando el serafín estaba a punto de usar su puño advierte que este se encuentra entumecido, al instante advierte que se congela.

—¡No es posible! Pero si el marino está inconsciente…

Repentinamente el escenario es rodeado por polvos de diamantes, un aire frío heló los huesos de Céfiro, que estaba atónito y miraba adelante, divisando una silueta.

—¿Quién eres tú?

—¡Soy Hyoga de Cisne, no permitiré que mates a mi amigo!

—Así que esa es la armadura divina del Cisne… —dice observando la coraza de su rival. —¡Yo soy Céfiro…lucharé contra ti, proteger el Olimpo es mi deber!

El santo divino enciende su cosmos y comienza a realizar la danza del Cisne, en el momento en que dispara dos ráfagas heladas al cielo, este comienza a cubrirse de espesas y oscuras nubes, la temperatura desciende abruptamente y el viento sopla con fuerza, mientras duros y diminutos cristales se precipitan en el lugar.

—Que gran exhibición, tu talento para manipular el hielo es asombroso, sin embargo necesitarás más que una ventisca para intimidarme…

Hace muchos años en Siberia…

Isaac y Hyoga se encuentran realizando una práctica de kumite, midiendo sus fuerzas, ambos parecían tan solo unos niños pero sus golpes eran potentes y veloces. Hyoga se abalanza hacia adelante con los brazos en cruz, dispuesto a abrirlos para atacar con ellos, sin embargo Isaac elude el golpe con un gran salto, para contraatacar cayendo con un golpe de palma al frente, sobre un indefenso rival, que nada podía hacer para evitar el potente golpe.

El ruso-japonés cae al suelo y con dificultad logra incorporarse.

—Es imposible Isaac, nunca voy a poder golpearte…

—¡No debes rendirte Hyoga, has mejorado, en cualquier momento vas a logar darme un golpe si sigues esforzándote!

—De acuerdo, lo intentemos otra vez… —responde Hyoga poniéndose en guardia.

—No pienses que te la voy a hacer fácil…

—¡Mira esto Hyoga…POLVO DE DIAMANTES!

Isaac enciende su cosmos y dispara dos ráfagas heladas al cielo, este comienza a cubrirse de espesas y oscuras nubes, la temperatura desciende abruptamente y el viento sopla con fuerza, mientras duros y diminutos cristales se precipitan en el lugar.

—¡Esta es la técnica de nuestro maestro Camus!

—Si logras hacer esta técnica estoy seguro que podrás golpearme…

El joven venido del oriente empieza a manifestar su cosmos y dispara un potente chorro de aire congelado en dirección a Isaac.

—¡POLVO DE DIAMANTES!

Isaac interpone su palma al ataque de su rival, bloqueándolo por completo.

—¡No puede ser! —manifestó Hyoga admirado de su rival y decepcionado consigo mismo.

—Esperaba más de ti Hyoga…

Repentinamente se escuchan unos pasos golpear contra el hielo de Siberia, un hombre de polainas naranjas, pantalón celeste y una remera violeta sin mangas.

—Maestro Camus… —dicen ambos al unísono.

—Hyoga, en estos momentos eres casi tan fuerte y rápido como Isaac, sin embargo te falta pulir más la elegancia del movimiento que te dará la precisión y potencia justa, debes ser más rápido y más frío…

—De acuerdo maestro, lo voy a intentar una vez más. ¡POLVO DE DIAMANTES!

Hyoga empieza a elevar su cosmos y dispara un potente chorro de aire congelado en dirección a Isaac, a diferencia de antes la técnica era más rápida, más potente y mucho más fría, el finlandés se ve sorprendido por la fuerza del nuevo ataque, intenta bloquearlo con sus dos brazos pero apenas consigue detenerlo un momentos, antes de ser golpeado y arrastrado varios metros hacia atrás, en una dura caída, sus brazos estaban duros y helados, algo pálidos, a pesar de ello se endereza y le sonríe a su amigo.

—¡Lo has logrado Hyoga, realmente has logrado golpearme y de qué manera!

—Realmente lo logré…

Repentinamente Hyoga, Camus y toda Siberia desaparecen de la vista de Isaac, un profundo vacío se alzaba a su alrededor.

—Este frío es igual a aquel con el que Hyoga me golpeó por primera vez, se siente tan real… ¿será posible que el Cisne esté aquí? —dice Isaac percatándose de la situación. —Es hora de despertar…

Monte Olimpo.

Archipiélagos Celestiales, Isla del oeste.

La nieve caía mientras el serafín y el santo estaban en guardia.

—Reconsidera tus acciones, no tendrías oportunidad… —expresa Hyoga.

—¿Y que se supone que haga? —contesta Céfiro. —¿Dejar que me quites mi orgullo? ¿O pelear y morir como un héroe?

En esos momentos un tercer cosmos se manifiesta en el lugar.

—Este cosmos es de… —susurra Céfiro.

—Isaac, amigo…tú… —murmura Hyoga.

—¡Así que sigues con vida, pensé que ya habías tenido suficiente, eres una molestia Isaac de Kraken!

El general marino se pone de pie con dificultad y su cosmos se eleva de forma exuberante.

—Tu aire frío me ha traído de regreso, la nostalgia de nuestra infancia se ha colado entre los sueños de mi mente…recordándome el mismo aire frío que desplegaste en este lugar y que percibía mi cuerpo separado de mi mente… —dijo Isaac.

—Qué bueno haber podido ayudarte, aunque no lo planifiqué así, siempre es bueno poder devolverte algo de todo lo que hiciste por mí.

—Lo único que te pediré es que no intervengas en este combate…quiero pedirte que tengas la misma confianza en mí que tenía yo en ti en aquellos días, y verás que te sorprenderé tanto como tú me sorprendiste aquella vez…—expresa Isaac.

—De acuerdo Isaac, esta es tú pelea, no voy a interferir… —dijo Hyoga con frialdad, comprendiendo los sentimientos de su amigo.

—¡No podrás conmigo general del mar! —interviene Céfiro.

—Alcanzaré el cero absoluto y así tomaré venganza por Io y Kaza…

—El cosmos de Isaac tiene una gran determinación… —murmura Hyoga.

—Debo reconocer agallas en ti general marino, pero, tu cuerpo está infestado por mi veneno, todo será en vano… ¡CICLÓN PRIMAVERAL!

—¡AURORA BOREAL!

Céfiro extiende sus brazos a los costados y junta sus piernas, repentinamente comienza a levitar y a girar suavemente sobre su propio eje, al instante la velocidad centrífuga aumenta así como su velocidad, ejerciendo una presión atmosférica tan fuerte que comienza a crear un potente ciclón a su alrededor.

Isaac extiende sus brazos a los costados en cuarenta y cinco grados hacia el cielo, su cosmos se eleva, el viento del lugar empieza a ponerse fresco, en segundos está helado, una aurora aparece en el cielo, mientras los brazos de Isaac son invadidos por una luz blanca, entonces los junta en su pecho para luego extenderlos al frente, liberando de entre sus manos una potentísima ráfaga helada que congela el ciclón hasta estallar.

Al terminar el ataque puede verse el cuerpo de Céfiro, congelándolo por completo.

—¡Increíble Isaac! Tu viento congelante alcanzó el cero absoluto… —manifestó Hyoga.

—No me subestimes Hyoga… —dijo Isaac mientras repentinamente tiene un mareo que lo desestabiliza.

—¡Resiste Isaac! —respondió el Cisne mientras asiste a su amigo. —Nunca te subestimaría, tú eres quién merecía portar esta armadura de Cisne que llevo puesta…

—Eso no es así Hyoga, portando esa armadura de Cisne protegiste a Atenea de los mismos dioses del Olimpo, has logrado milagros.

Isla del Este.

Baian de Hipocampo, Sorrento de Sirena y Najash de Dragón Marino arriban a una isla seca, con abundante vegetación, una lluvia tremenda se había precipitado en la misma, cántaros de agua eran derramados en el suelo.

—¡Que lluvia tan molesta! —expresó Najash.

—Hay que apresurarse. —dijo Baian.

—Siento un cosmos acercándose… —susurra Sorrento al tiempo que detiene su paso.

Un viento se arremolina entre la lluvia y tras cesar puede verse la silueta de un sujeto que tenía un largo y alborotado cabello gris, sus ojos eran raros, tenía el iris azul mientras que el globo ocular era negro en vez de blanco.

—Yo soy Euro, el guardián de esta isla…ustedes han vencido a muchos de nosotros, Noto, Libis, Apeliotes y Céfiro han caído, los serafines no podemos ser vencidos…

—Seré tu adversario Euro, soy Baian de Hipocampo, ¡te venceré en nombre de Poseidón!

—No deseo perder el tiempo, te aniquilaré lo más rápido posible… ¡VASIJA SAGRADA!

Euro levanta sus dos manos y sujeta algo en el aire, al instante una vasija cósmica se vislumbra frente a su enemigo, al instante unos cántaros de agua se abalanzan sobre Baian, quién se mantiene parado, unas ondas invisibles parecen estar en la trayectoria del ataque, repeliendo cada una de las amenazas.

—Has detenido mi técnica… —dijo Euro asombrado. —Una pared invisible parece estar delante de él.

—Sé cómo defenderme de mis rivales, no deberías sorprenderte tanto… ¡SOPLO DIVINO!

Baian abre su boca y sopla, una corriente de aire sale expulsada de forma amenazante sobre Euro, pero este permanece inmóvil, el viento no lo arrastra, Sorrento de Sirena y Najash de Dragón de los Mares aprovechan la oportunidad y avanzan.

—No ha funcionado… —murmura Baian. —¡Era como lo imaginaba, mi ataque de viento no funciona contra los serafines!

—Ahora tomaré tu vida… —amenazó Euro e intento atacar, pero advirtió que estaba inmovilizado. —¿Qué es esto?

Repentinamente el general del Pacífico Norte estaba detrás del serafín antes de que este lo notase, de su frente salía una onda magnética.

—¡Muere! ¡OLAS EMBRAVECIDAS!

Baian cruza sus brazos y luego los extiende hacia adelante, levanta la mano derecha hacia arriba, generando con ello que unas violentas olas cósmicas aparezcan detrás de él, vislumbrándose una imponente aura en forma de caballo marino. Tras la feroz ola puede verse el cuerpo de Euro ser arrastrado hasta que su imagen se desvanece en el agua, al instante varias gotas de agua aparecen en el aire, formando la silueta del serafín, que estaba intacto.

—¡Increíble…te encuentras sin ninguna herida! —exclamó Baian.

Isla del Noroeste.

Krishna de Crisaor acaba de llegar a una nueva isla del archipiélago, el clima era frío, la escasa vegetación estaba levemente congelada, el cielo estaba cubierto por un espeso nubarrón de cenizas, en el centro de la isla podía apreciare el pico de un volcán humeante, seguramente el culpable de aquel extraño clima. Tras caminar unos segundos, el marino observa que había un guerrero, cuando se acerca puede observar a un hombre que tenía barba y cabellos negros, tenía numerosas arrugas, aparentaba tener unos sesenta años, portaba una armadura alada de color gris con vivos naranjas, detrás de su hombrera izquierda asomaba una vasija.

—Yo soy Coro, el serafín guardián de la Isla del Noroeste…

—Mi nombre es Krishna de Crisaor y no te haré daño si no te interpones en mi camino anciano…

—Así que crees que porque soy un anciano puedes oprimirme por la fuerza.

—¡No es opresión, no te obligo a hacer nada, solo te pido que si valoras tu vida no te interpongan en mi camino y en el de Poseidón!

—Haces mal en subestimarme, ahora verás las pleitesías de la experiencia…

—¡Iniciaré el combate!

Usando su lanza dorada Krishna carga contra su enemigo con la punta de su arma hacia adelante y embistiendo con rápidas y agresivas estocadas que al agitar la lanza crea corrientes de aire cortante, a la velocidad de la luz, Coro al ser tocado por la lanza parecía convertirse en una extraña nube de cenizas, para aparecer a los pocos centímetros y al ser alcanzado nuevamente por el arma del marino, volvía a transformarse en aquella extraña neblina humeante, una y otra vez, evitando así todos los ataques del general del Índico.

—¡Tienes grandes habilidades pese a tu vejez! —dijo Krishna.

Cielo del Archipiélago Celestial.

Envuelto en feroces corrientes de vientos, Ikki de Fénix expandía las alas de su armadura divina y destellaba un brillo rojizo como estela.

—¡Ya estoy llegando al templo de Hera!

Inframundo.

Tumba de Hades.

En el místico mausoleo del dios de los infiernos Shun se encontraba erguido, el color de sus cabellos había oscurecido levemente, rápidamente vuelve en sí y observa el cuerpo de Perséfone, se acerca a ella y toca con su mano su frente, un enorme cosmos oscuro rodea a la diosa, a los segundos abre sus ojos nuevamente.

—Mi rey Hades, has salvado mi vida…has regresado… —dijo Perséfone poniéndose de pie.

Shun observa a la diosa pero le devuelve una mirada fría y un ensordecedor silencio.

Templo de Juno.

Ikki de Fénix caminaba lentamente por un hermoso palacio hecho de un blanco mármol, tenía una estatua de una bella diosa, la reina Hera, el mortal estaba confundido, ya que había sentido el cosmos de Shun caer en una profunda duda.

—Shun, espero que no cometas una locura… —tras caminar unos segundos en el recinto puede observarse unas flores de amapolas, las cuales esparcían un extraño sedante. —Unos amapolas no debilitara el espíritu del ave Fénix… ¡ALAS LLAMEANTES!

Después de extender su brazo al frente, un ave de fuego cósmica hace un demoledor recorrido, incinerando todas las amapolas en un instante, pero detrás del fuego puede verse una silueta acercarse, se trataba de un ser amado que formaba parte de los más profundos sentimientos del ateniense.

—¡ESMERALDA!

—Ikki, mi alma ha venido a pedirte que salves tu vida…

—¡Un ser demoníaco no va a confundirme, da la cara maldito!

—Los dioses me han devuelto la vida, a cambio de que abandones esta lucha, nos dejarán vivir en el nuevo mundo…

—Pero el precio de nuestra felicidad será la ruina de nuestra especie.

—Tienes razón… —dijo Esmeralda con la voz temblorosa. —No podemos ser tan egoístas, Ikki, por favor salva a los humanos…yo te estaré esperando en nuestra próxima encarnación…

—¿Entonces volverás al Hades?

—Es mi destino…

—Esmeralda, no quiero volver a perderte…

—Ya te dije que te estaré esperando, para vivir toda una vida juntos, asegúrate que haya un mundo donde vivir.

Esmeralda se acerca a Ikki y con mucha ternura lo besa.

El Santuario.

En el cielo del refugio ateniense, el dios Morfeo volaba con su sapuris alada y observaba las doce casas, el reloj de fuego y cada rincón de los territorios de Atenea.

—Mantendré entretenido a Fénix y a quiénes vengan sin estar presente…encontraré fácilmente el rosario en donde han sido selladas las almas de los ciento ocho espectros de Hades. Padre Hipnos, pronto celebraremos la victoria de Hades y del Olimpo…

Monte Olimpo.

Archipiélago Celestial, isla del sur.

Marín y Touma avanzaban a paso moderado.

—¿Tanto miedo tienes del castigo de los olímpicos que tenemos que ir con tanto sigilo? —pregunta la muchacha.

—Lo más inteligente es no ser detectado, si quieren tener alguna oportunidad tienen que tener el factor sorpresa a su favor, nosotros hermana somos el factor de Atenea… —responde Ícaro.

Cielo del Archipiélago Celestial.

Atenea, Seiya y Shiryu alzaban vuelo atravesando las corrientes de aire de la atmósfera terrestre.

—¡Ese cosmos! Ya lo había sentido antes… —dijo Seiya.

—¡Se trata de él! —detuvo su marcha Shiryu.

—¡Zeus! —gritó Atenea.

Un relámpago surgió entre las nubes, destelló encandilando a los presentes y tras la extinción de la luz aparece el dios de blancos cabellos.

—Es el momento de terminar esta guerra… —dijo Zeus desafiante.