La única amiga de Adrien era Chloe y claro que se daba cuenta de que no era muy agradable con los demás, pero todos tenemos defectos ¿verdad? Así que cuando ella le pidió que la llevara a dar una vuelta en el auto, accedió.

Lo que no pudo prever era que se había puesto particularmente melosa y comenzó a hacerle cosquillas y a tratar de besarlo mientras conducía, lo que casi lo hizo tener un accidente. Había llovido mucho la noche anterior y las calles estaban resbalosas y llenas de charcas. Afortunadamente logró volantear y corregir el rumbo a último momento, pero pasó por una gran laguna e inevitablemente mojó a una pobre muchacha que iba pasando por ahí.

Creía que era la hija del panadero, Marinette, recordaba haberla visto una o dos veces cuando pasaba por la tienda. Lo peor fue que Chloe aprovechó para reírse y burlarse de la chica, y lo había hecho tan fuerte que estaba seguro que la había escuchado. Incluso lo dijo como si lo hubieran hecho a propósito, y mentalmente se prometió disculparse en cuanto la volviera a ver. No valía la pena discutir con Chloe, así era ella.

A veces le disgustaba mucho su amiga, pero tenía que enfocarse en la calle para evitar otro accidente y estaba decidido a llegar a su destino a salvo.

No debí haber aceptado viajar solo con Chloe, si ya sé como es. - Se recriminó. Pero se lo había pedido tanto, le había prometido portarse bien, y él le había creído.

Así que es como su padre. - Pensó Marinette, viendo como el vehículo se alejaba. Estaba completamente mojada, y miraba con tristeza el pan arruinado que ya no serviría para la entrega y tendría que volver a hacer para la entrega. - Está bien. Puedo manejarlos a los dos. - Se dijo. - Y quizás sea lo mejor.

Chloe quiso detenerse en la mensajería de los padres de Kim, para mandar invitaciones para su próxima fiesta. No era su cumpleaños, era solo una oportunidad de hacer sentir mal a los que no invitaría.

Adrien se quedó afuera y aprovechó para llamar a su chofer y que los viniera a recoger. De ninguna manera iba a conducir otra vez para Chloe. Cuando colgó vio llegar a Kim y lo saludó. El muchacho era impulsivo y auténtico, y Adrien admiraba esas cualidades.

Kim se encargaba de los repartos cercanos con su bicicleta. Estaba muy orgulloso de ella, era muy costosa, casi mas de lo que su familia podía costear, pero Kim decía que se la había ganado por ser el mejor y más veloz repartidor de la ciudad. La verdad es que era muy competitivo y por eso siempre se esforzaba por ser el mejor y su trabajo era impecable.

Adrien suponía que habían hecho muchos sacrificios para comprarla, ya que la economía estaba a la baja y estaba en lo correcto. Sin embargo, al observar a Kim acercarse pudo notar que tuvo problemas para detenerse y casi se cae. No comentó nada y fingió no notarlo para no avergonzar al chico, pero se preocupó y decidió que lo checaría en la noche.

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Ladybug hacía su última ronda, la ciudad parecía estar en calma y se sentía cansada. Pero ella sabía que incluso en noches como esa podían haber problemas, así que decidió ampliar un poco su recorrido antes de volver a casa. Estaba a punto de dar la vuelta para regresar cuando notó una sombra muy sospechosa alejándose rápidamente hacia los barrios bajos y peligrosos. Entrecerró los ojos, pero no alcanzó a distinguir mas que era una sola persona vestida completamente de negro y parecía estar caminando al lado de una bicicleta.

¿Qué puede estar haciendo a la una de la mañana? ¿Y por qué no se va montando en la bicicleta? - Se preguntó Ladybug y suspiró, sabiendo que lo seguiría. No era el tipo de crimen que estaba esperando, parecía un ladrón menor o algo así, pero de todas formas ella lo llevaría ante la justicia. Casi lo perdió cuando entró en unos callejones obscuros. Cuando por fin lo alcanzó, sólo pudo verlo entrar a una bodega sin ventanas. Le pareció que habían varios hombres adentro. Se acercó a vigilar la única puerta desde un techo cercano.

Dudaba que tuviera relación con Hawk Moth, porque él acostumbraba trabajar en áreas mas acomodadas y siempre utilizaba a sus mariposas explosivas. El cansancio nublaba su mente, casi nunca se quedaba hasta tan tarde.

Al poco rato la puerta de la bodega se abrió y salió el joven de negro. A pesar de estar mucho mas cerca, no pudo ver sus facciones, porque traía puesta una máscara de gato negro. Ella rodó los ojos.

Les llamaré en unos días. - Dijo el joven con seguridad en la voz. Era sin duda un líder, se notaba que estaba acostumbrado a mandar. - Espero que todo esté listo entonces.

Si. - Contestó únicamente un hombre maduro, con barba cerrada y bigotes anchos que la chica en el tejado no reconoció. No frecuentaba mucho estos barrios. Eran peligrosos hasta para ella. Un arma podía hacer mucho daño y no quería exponerse innecesariamente. En esos momentos le molestaba aun mas que la policía no hiciera mejor su trabajo.

Y recuerde, ni una palabra de esto. - ordenó el muchacho de negro.

El hombre de bigote asintió sin decir una sola palabra y cerró la puerta de la bodega.

El joven dejó salir un suspiro de cansancio y comenzó a regresar al centro de la ciudad. Tras pensarlo un momento, Ladybug decidió seguirlo. Podría investigar la bodega mas tarde. Quizás averiguaría algo más del misterioso muchacho.

Siguiendo al joven silenciosamente, llegó al barrio mas acomodado de la ciudad. Solo políticos, millonarios y altos funcionarios vivían allí.

¿Qué se propone? - Pensó Ladybug. Era una locura intentar robar esas casas, tenían montones de alarmas y personal de seguridad día y noche.

Cual no sería su sorpresa al verlo llegar a la Mansión Agreste y colarse con soltura en la propiedad. Esa casa era la mas protegida, seguida de cerca por el hotel del Mayor. Había sensores infrarrojos, trampas, todo lo que se pudiera comprar con dinero. Unas cuantas veces ella había pasado por la mansión buscando ver aunque fuera un segundo al guapísimo de Adrien, pero se había desanimado con todos esos mecanismos de seguridad y había decidido evitarla.

Y ahora que sabía que era la casa de Hawk Moth, tenía mucho sentido que tuviera tanta seguridad. Estaba considerando arriesgarse a rescatar a ese pobre raterillo antes de que el infierno le cayera encima, pero sorpresivamente atravesó el jardín sin disparar ni una sola alarma. Se movía zigzagueando, como si supiera exactamente donde estaban las trampas y, cuando llegó hacia la casa, la rodeó, saltando hacia un balcón elevado en la parte posterior.

Sin perder tiempo, abrió la puerta y se introdujo en la habitación. Ladybug no lo podía creer. Había seguido su avance saltando de casa en casa. Quizás la seguridad no era tan buena después de todo. Una vez adentro, el joven se apresuró a desvestirse en la oscuridad y arrojó la ropa a un cajón. Luego fue al armario y se puso una playera y un pantalón suelto.

¿Qué está haciendo? - Mil preguntas rondaban la cabeza de la chica que observaba todo escondida entre las sombras. Y entonces el muchacho prendió la luz. Reconocería esa cara donde fuera. Era Adrien, el hijo de Gabriel y su (ahora ex)obsesión y ese era su cuarto. Sintió como si la sangre se le helara en las venas. Y es que una parte de ella, una parte tonta y minúscula deseaba pensar que el ojiverde no tenía nada que ver con las actividades ilícitas de su padre.

Padre e hijo juegan el mismo juego. Que unidos. Bien, pues que les aproveche. - Pensó la chica, mientras un plan comenzaba a surgir en su mente. No supo como regresó a su casa, pero a pesar de estar cansadísima, tuvo problemas para conciliar el sueño.

Al día siguiente, había un gran alboroto, ¡habían robado la bicicleta de Kim!. Todos sabían lo especial que era esa bicicleta. Ahora, el desconsolado muchacho tendría que usar la bici vieja que tenían en casa. Su familia también estaba muy afligida, ya que no podrían permitirse comprar otra, era una tragedia.

Y Marinette sabía de cierto joven rubio de ojos verdes y falsa mirada inocente que había llevado una bicicleta a una bodega la noche anterior.

¿Cómo pude no darme cuenta? y ¿cómo se atreve? - Se decía una y otra vez. - El tiene todo el dinero para comprarse las bicicletas que quiera y aun así decidió robarle a Kim la suya. Tengo que recuperarla. - Se prometió.

Pero, en la noche, cuando se escabulló de su casa disfrazada y lista para la acción, encontró la bodega vacía y ni rastro del tipo de barba ni de la bicicleta. Estaba tan molesta. Eso la hizo reafirmar su decisión de llevar a cabo su plan. Secuestraría a Adrien.