Capítulo 67: ¡La ira del Emperador Celestial!
La feroz guerra santa continuaba en el Olimpo, Ikki de Fénix arriba al templo de Juno, el hermoso palacio de Hera, allí se encuentra con un sendero de amapolas, tras lanzar sus alas llameantes a dichas flores, sorpresivamente apareció Esmeralda, quién decía haber sido resucitada por los dioses.
Atenea, Seiya y Shiryu volaban por encima de los Archipiélagos Celestiales, cuando sorpresivamente aparece frente a ellos Zeus, en lo que parecía ser la batalla decisiva.
Al mismo tiempo en las islas de los Archipiélagos Celestiales se llevaban a cabo violentos combates, Isaac de Kraken había vencido a Céfiro finalmente, ante la atenta mirada de Hyoga. Baian de Hipocampo y Euro del Viento Este combatían en duelo singular, Krishna de Crisaor y Coro también se encontraron en la Isla del Noroeste, donde un nuevo duelo había empezado.
Archipiélagos Celestiales.
Isla del Noroeste.
Krishna se había abalanzado contra Coro, atacando con su poderosa lanza, pero el serafín fue capaz de evitar cada uno de los ataques convirtiendo su cuerpo en humo y cenizas cada vez que un ataque estaba a punto de alcanzarlo.
—Verás la experiencia en combate que he acumulado en seis décadas como guerrero sagrado. —reprende Coro.
—¡No volveré a infravalorarte! —contestó Krishna apoyando su lanza con firmeza en el suelo.
—Es mi turno para mostrarte mis habilidades, no eres el único bendecido por las armas de un dios.
—¿Acaso sabes de mi lanza?
—Por supuesto, soy un conocedor de los guerreros de los dioses olímpicos, sé que usas las escamas de Crisaor, que en la mitología era el hijo de Poseidón y la lanza que llevas es la lanza más fuerte del mundo…
—Veo que eres un hombre ilustrado…
—Ahora déjame ilustrarte a ti, la vasija que vez sobre mi hombro controla las cenizas volcánicas que son disparadas en la atmósfera, yo soy el viento del invierno nuclear, aquel fenómeno climático que se produce cuando los volcanes del mundo entran en erupción al unísono, cubriendo el planeta de densas nubes, impidiendo al Sol llegar a la Tierra y generando así las eras glaciales…ahora verás porque yo soy el único viento celeste capaz de manejar las ardientes cenizas y los extremos fríos…
—Tus palabras no me impresionan.
—Entonces he de demostrarte con hechos lo que te estoy diciendo… ¡EYECCIÓN ARDIENTE!
Coro apunta con su brazo izquierdo hacia su enemigo y la vasija que asoma por sobre su hombro se inclina apuntando con su cántaro en la dirección de su extremidad, repentinamente en el interior de la vasija comienza aparecer un brillo al naranja abrazador, inesperadamente un disparo de cenizas ardientes se abalanzan sobre Krishna, que intenta evadir el ataque haciendo girar su lanza frente a la técnica enemiga, sin embargo parte del ardiente poder se cuela entre los espacios que dejaba el recorrido del movimiento centrífugo de la lanza, afectando colateralmente al marino, el cual comienza a sentir el ardor de las cenizas que habían llegado hasta su cuerpo.
—¡Apenas me ha rociado con estas cenizas pero mi cuerpo arde!
—He de reconocer que eres un hábil guerrero, de no haber sido por tu defensa en estos momentos tu cuerpo estaría en llamas, has frenado la mayor parte de mi ataque, sin embargo las pocas cenizas que te han alcanzado quemarán tus escamas y tu piel lentamente, pero no te preocupes, tu agonía no será larga, te mataré yo antes que esas pocas brazas lleguen a consumirte…
—Ahora el que me subestimas eres tú… ¡LANZA CENTELLEANTE!
El general del Océano Índico ejecuta un ataque de lanza frontal, en cada movimiento salía despedida una horda de luces doradas penetrantes tremendamente afiladas, no obstante cada vez que uno de aquellos golpes estaban a punto de alcanzar a Coro, este se desvanecía entre humo y cenizas.
—Ya te dije que no tienes oportunidad, por más fuerte que sea tu lanza mi poder está más allá que el de cualquier arma…
—¡No eres más que un maquinador de mentiras bien armadas! He descubierto tu trampa, en realidad usas la vasija que tienes a tus espaldas para generar una tenue cortina de humo, que te permite visualizar los movimientos de tu enemigo, entonces cuando ya sabes en qué dirección va el ataque incrementas la cantidad de humo y cenizas para entorpecer la vista y la trayectoria de tu enemigo, usas una gran velocidad para esquivar el ataque dando la sensación de que tu cuerpo se convierte literalmente en humo. Pero ahora que te he descubierto no volveré a fallar…
—Sorprendente Crisaor, has podido ver no solo a través de mi densa neblina sino a través de mi gran velocidad, sin embargo no voy a dar la posibilidad de que vuelvas a atacarme, terminaré esta pelea ahora mismo… ¡VIENTO OSCURO DE LA DESESPERACIÓN!
Repentinamente una densa neblina volcánica cubre completamente la isla, anulando así por completo la vista del general marino.
—Aunque no pueda verte lo mismo podré sentirte… —dijo Krishna.
Inmediatamente una gran cantidad de golpes atacan al general del mar, quién pese a la feroz golpiza no podía sentir la presencia de su enemigo, no podía advertirlo con ninguno de sus sentidos. Finalmente el general marino es arrojado por los aires, posiblemente debido a un poderoso gancho o una poderosa patada.
—Estoy sorprendido, es increíble que no pueda percibirlo, es como si hubiera desaparecido, pero por mucho que me sorprendas tengo una forma de inmovilizarte por completo, una técnica tan poderosa que sin moverme me permitirá defenderme y atacarte al mismo tiempo… ¡MAHAROSHIMI!
El general del Índico levitó en posición de flor de loto, pronto comenzó a manifestarse un aura violeta de un increíble poder.
—¿Qué este gran poder que siento? —se pregunta anonadado Coro.
Isla del Este.
La terrible batalla entre Bian de Hipocampo y Euro continuaba, las técnicas de ambos fueron ineficaces. La lluvia aumentaba con voracidad poco a poco.
—¡Mis artes funcionarán esta vez! ¡VASIJA SAGRADA!
Euro levanta sus dos manos y sujeta algo en el aire, al instante una vasija cósmica se vislumbra frente a su enemigo, al instante unos cántaros de agua se abalanzan sobre Baian, quién se mantiene parado e intenta bloquear la técnica con el rápido movimientos de sus manos, pero la lluvia comienza a incomodar al general marino, tras unos segundos este ya no puede resistir el peso del agua que caía y destruía el suelo, un remolino de viento agarra su cuerpo y lo hacen girar en movimientos vertiginosos, hasta caer tumbado al suelo, dejando un enorme cráter.
—Ya estás perdido Hipocampo, nadie sobrevive a mi poder… —dijo Euro soltando una risa.
—No puedo defraudar a Poseidón nuevamente… —murmura Baian mientras se pone de pie con dificultad. —Ya fracasé una vez cuando fui vencido por Pegaso, aquella vez no pude proteger el pilar de Pacífico Norte, pero ahora será diferente…
—Tonto, mira tu cuerpo y tu armadura, estás a un paso de la muerte. ¡Te daré el empujón final!
Baian mira su cuerpo y rápidamente puede advertir que sus escamas están gravemente agrietadas, la sangre se corroe a paso veloz, en ese momento el general tose y escupe sangre.
—No pensé que ese remolino pudiera causar semejante daño…
—¡Hace varios minutos estás en mi lluvia maldita, tus pulmones pronto colapsarán!
—Antes de eso te venceré, en el pasado mis olas embravecidas han sido inútiles, pero en éste último golpe irá toda mi vida… —dijo Baian mientras la sangre salía de la comisura de sus labios. —¡OLAS EMBRAVECIDAS!
—Ninguna técnica de agua me vencerá… —expresó Euro con una sonrisa.
Baian cruza sus brazos y luego los extiende hacia adelante, levanta la mano derecha hacia arriba, generando con ello que unas violentas olas cósmicas aparezcan detrás de él, vislumbrándose una imponente aura en forma de caballo marino. Tras la feroz ola puede verse el cuerpo del serafín ser arrastrado, unas corrientes de agua electrizadas muy poderosas inmovilizan el cuerpo de su presa, dicha corriente asciende a los cielos y luego cae duramente al suelo, dejando una enorme grieta en el piso, que quedó cubierto por un inmenso charco de sangre.
—Lo conseguí…ahora debo continuar… —susurra Baian mientras toca sus heridas.
Cuando el Hipocampo estaba a punto de partir, un cosmos inmenso se manifiesta, Euro se levantaba con gran dolor y esfuerzo.
—Si he de morir que sea con honor, no de este modo. —manifestó el serafín.
—¿Qué habías dicho de las técnicas de agua? —dice Baian bufándose.
—No permitiré que me humilles… ¡ahora morirás!
—¡Entonces resolvamos esto cuanto antes…OLAS EMBRAVECIDAS!
Baian cruza sus brazos y luego los extiende hacia adelante, levanta la mano derecha hacia arriba, generando con ello que unas violentas olas cósmicas aparezcan detrás de él, vislumbrándose una imponente aura en forma de caballo marino.
—¡Mi mejor técnica, será una ofrenda para Hera…TIFÓN DEL ARMAGEDDON!
Un torbellino aparece detrás de Euro, pronto su cosmos crece inconmensurablemente, se trataba de un remolino gigante de viento y lluvia, en el mismo se generaba una corriente eléctrica de color morado.
Las olas embravecidas y el tifón del armageddon chocan el uno contra el otro, generando un choque de tormentas que se alimentan hasta generar una calamitosa tempestad cósmica que termina por destruir completamente la isla, la cual se agrieta y desmorona, perdiendo así su flotabilidad y desprendiéndose desde el Olimpo hasta la tierra, golpeando brutalmente contra el mar para luego hundirse.
Isla del Noreste.
Sorrento de Sirena y Najash de Dragón Marino arriban a una nueva isla, en la cual nevaba, un viento helado recorría el aire, la vegetación estaba seca y rodeada de nieve.
—El cosmos de Baian ha desaparecido… —dijo Sorrento.
—Es el tercero de los generales marinos en caer… —contesta Najash con tristeza y rápidamente siente una presencia. —¡Puedo percibir tu cosmos, muéstrate!
Detrás del viento helado aparece un sujeto con una armadura alada, sus corazas eran de color azul claro con vivos blancos, tenía cabellos negros largos hasta los hombros, su piel era negra, sus ojos eran marrones claros.
—Soy Cecias, serafín guardián de la Isla del Noreste, no los dejaré avanzar críos.
—Mi nombre es Najash de Dragón Marino, yo seré tu contrincante Cecias…
—Confío en que me alcanzarás más adelante Najash… —susurra Sorrento.
—Por supuesto, nos veremos en el templo de Neptuno…
Cielo del Archipiélago Celestial.
Atenea, Seiya y Shiryu se encontraban completamente asombrados por la repentina presencia de Zeus, quién los miraba desafiante, las corrientes de aire eran potentes y los presentes se mantenían entre las nubes gracias a sus armaduras aladas. La batalla final estaba por dar inicio después de grandes sacrificios.
—Hija mía, es hora de que me haga cargo de este doloroso duelo… —sostuvo Zeus con pesar pero determinado. —Soy el que rige sobre el universo y no dejaré que sigan destruyéndolo todo, han destruido el Santuario del Mar, el Inframundo y ahora al Olimpo…
—Padre, es el alto precio que pagaron por querer destruir la Tierra… —dijo Atenea con tranquilidad.
—No puedo seguir evadiendo mis responsabilidades como regente del Olimpo y dejándote a ti amenazar la vida de los demás dioses, sin contar proteges a los santos, quiénes se han convertido en los mayores pecadores en la consideración contra el Olimpo, por lo tanto es el momento del adiós, Atenea, si te acabo aquí todo habrá terminado…el orden cósmico será restaurado…
Zeus es rodeado repentinamente por espesas nubes, relámpagos cegadores surgen entre las mismas con gran poder, en sus manos se acumula un rayo que va tomando forma, finalmente lo sujeta con la mano y a continuación lo arroja con violencia, Seiya intenta interponerse pero a último momento es empujado por Shiryu, que finalmente se interpone, usando su escudo para bloquear el ataque, el rayo destruye el escudo y el pecho de la armadura del Dragón, pero este sigue en el aire, resistiendo con tenacidad.
—¡Shiryu! —gritan Atenea y Seiya al unísono.
—Seiya, no te preocupes por mí, lo importante aquí es proteger a Atenea…
—¡Tienes razón Shiryu…esta vez te venceré Zeus! ¡COMETA DE PEGASO!
Seiya enciende su cosmos al infinito, una inmensa aura celeste recorre su cuerpo, tras extender su puño al frente un insuperable cometa de luz ataca a Zeus, este enciende su cosmos y levanta la mano por sobre su cabeza, un rayo cae desde una cercana nube hasta la palma de su mano, formando en ella a su báculo sagrado, rápidamente intenta bloquear el ataque con su báculo pero este es arrojado al entrar en contacto con el cometa, que golpea al dios, tirando su casco a los abismos.
—¡Pegaso! Serás juzgado como el peor de los pecadores, es tu fin…
Tras terminar sus palabras y esbozar una mueca de enojo, Zeus se abalanzó contra Seiya y empujó con su mano hacia adelante una corriente de aire, el cuerpo del mortal pronto fue cubierto por nubes que desprendieron increíbles truenos, los oídos de Pegaso casi estallaron. Atenea sujetó a Seiya antes que cayera por los abismos.
—¡Seiya, ahora yo te protegeré!
—Soy yo tu protector Saori, no debes cambiar las cosas de lugar… —responde Seiya con mucha dificultad.
Shiryu enciende su cosmos y mira a Zeus con determinación.
—¿Tú también lo intentarás? —pregunta el dios.
—¡EXCÁLIBUR!
Tras levantar su brazo hacia arriba en línea recta, Shiryu ejecuta un movimiento vertical apuntando al dios, un golpe de espada salió disparado, pero Zeus usó sus alas y escapó en un gran vuelo, situándose a espaldas del Dragón, quién yacía sorprendido.
—¡No es posible! —se lamentó Shiryu.
—¡Siente mi divino cosmos!
Zeus apoyó su mano en el hombro de Shiryu y desencadenó infinita cantidad de volteos, que recorrieron el cuerpo del humano hasta destruir sus nervios y su armadura divina, su cuerpo cae por el precipicio.
—¡Cómo pudiste! —se quejó Atenea con lágrimas en sus ojos.
—¡Shiryu! —gritó Seiya desesperado. —¡Zeus, vengaré a mi amigo Shiryu!
—No me subestimes Pegaso, tu deseo de venganza no te dará la fuerza para vencer.
Templo de Juno.
Ikki y su amada Esmeralda se besaban apasionadamente, despidiéndose el uno del otro, repentinamente al concluir el beso y tomar los amantes una pequeña distancia, conectaron sus miradas profundamente. Poco a poco Esmeralda comenzó a transformarse en Shun, su amada era similar a su hermano, se diferenciaban por el color de sus cabellos, ¿acaso estaba tan agotado como cuando entrenaba en la Isla de la Reina Muerte? Cuando producto del estrés a veces alucinaba que veía a Shun cuando miraba a Esmeralda. ¿Le estaría ocurriendo lo mismo ahora?
—¡Hermano por favor ayúdame! —dijo repentinamente Esmeralda que ya parecía ser Shun.
El santo Fénix miraba desorientado, se preguntaba quién era el que estaba frente a él, no podía ser Esmeralda ni Shun, pero… ¿qué enemigo sería tan desgraciado para jugar así con sus sentimientos?
—¡Muéstrame tu rostro infeliz!
—¡Hermano, por favor ayúdame! —dijo Shun suplicando.
Ikki envuelto en cólera, creyendo ser víctima de un cruel engaño, arremete con dureza contra el pecho del que adoptaba la forma de su hermano, golpeando su corazón.
—¡Ikki, mi amor! ¿Qué has hecho? —responde Shun mientras toma la apariencia de Esmeralda.
—¡No, Esmeralda! —manifestó Ikki agarrándose la cabeza y cayendo al suelo de rodillas, la sangre brota a borbotones del pecho su amada. —¿Qué he hecho?
—Ayúdame hermano, no me dejes caer en los Avernos… —dijo con la voz de Shun el cuerpo moribundo de Esmeralda.
Repentinamente el color de sus cabellos cambia a negro profundo, ya no se trata de su amada ni de su hermano, es el rey del Inframundo.
—¿Por qué me abandonaste hermano? Ahora ya es tarde, Hades se ha apoderado de mí…
—¡He atravesado tu corazón, deberías estar muerto!
—Yo soy el dios del Averno y los dioses somos inmortales… —expresa Shun mientras se pone de pie, mientras unas corazas rosas cubren su cuerpo.
—¡Esa armadura!
El manto divino de Andrómeda cubre el cuerpo de Shun, tornándose inmediatamente en tonalidades oscuras, hasta convertirse definitivamente en lo que sería una sapuris divina.
—¡No es posible! —manifiesta un confundido Ikki.
—¡Ahora morirás, cortaré el lazo de hermandad que los une y que es lo único que mantiene a Andrómeda semiconsciente en mi ser!
—¡Si mi hermano aún está ahí, lo ayudaré así tenga que dar mi vida para ello, no voy a abandonarlo!
Ambos contrincantes encienden sus cosmos al infinito, dispuestos a darlo todo en una batalla mortal.
