Aunque el plan en un inicio le había parecido brillante; secuestrar a Adrien para obligar a Gabriel a abandonar el pueblo y detener sus planes; al día siguiente Marinette se dio cuenta de que no sería una tarea fácil. Le habría gustado secuestrar al joven esa misma noche, estaba bastante segura de que podría entrar a su habitación, ahora que ya la conocía. Lo que dudaba era poder salir de ahí sin ser vista.

Tenía la ventaja de que, al estar en la parte posterior de la mansión, era menos posible que la vieran, y creía poder recordar el camino que Adrien había tomado para esquivar las trampas, pero seguramente había desactivado algunas para salir y no sabría que peligros le podían esperar. Además, tendría que romper alguna puerta porque no creía que las mantuvieran abiertas todo el tiempo.

Eso sin contar su principal propósito: darle a Gabriel Agreste el mensaje personalmente, para que no tuviera duda de que ella hablaba en serio y no tenía opción mas que obedecerla.

Ese era el mayor problema, ya que ella había hecho todo lo posible para ocultar su existencia y proteger su secreto lo más posible. Era un motivo de seguridad que no solo la involucraba a ella, sino también a sus padres, ya que no quería ni ponerlos en peligro ni que descubrieran que ella era Ladybug. Sabía que ellos la reconocerían de inmediato si se filtraba una descripción de la misteriosa ladrona, y la detendrían.

Así que no quería dejar muchas pistas, pero necesitaba convencer a Gabriel de que lo mejor era que se fuera. Necesitaba un lugar donde tener cautivo a Adrien un par de días (esperaba que no tardara mucho), un lugar en el que estuviera segura de que no podría escapar.

Durante todo ese tiempo tendría que salir a escondidas, vigilar al prisionero y pretender normalidad para que sus papás no sospecharan, ya que nunca estarían de acuerdo en que ella hiciera algo tan peligroso. Eran muchos inconvenientes, pero Marinette era una chica lista y metódica y se dispuso a solucionarlos uno por uno.

La oportunidad se le presentó cuando sus papás le informaron que tenían que hacer un viaje corto para comprar insumos, lo que significaba que a la gente normal le dirían que buscaban materias primas para la panadería y, a escondidas, buscarían reponer su dotación de "fórmula". Eso último era lo que realmente motivaba el viaje, no podían conseguirla sin levantar sospechas.

Pero para Marinette eso significaba una semana completa de libertad. Se irían a fin de mes, era perfecto para que ella tuviera todo listo para entonces.

Por las noches, se dedicó a explorar los barrios bajos que normalmente evitaba, siempre un poco mas cada noche, siendo muy cuidadosa para que nadie la viera.

Quiso la suerte que, en un edificio de departamentos casi derruidos, donde sólo vivían dos ancianitas, encontrara un acceso semi-oculto a un sótano. Estaba sucio y mohoso, lleno de basura, pero aparte de eso era perfecto, tenía suficiente espacio, una sola pequeña ventana que casi no se notaba, e incluso tenía un inodoro y un pequeño lavabo. Las amables señoras sólo salían de día, por las mañanas, y no parecían recibir visitas nunca.

Dedicó una semana completa a limpiar y organizar el sótano hasta que estuvo satisfecha. No tenía luz y eso, aunque un poco incómodo, estaba bien, ya que sería difícil de explicar luz saliendo de un sótano abandonado. Consiguió una lámpara pequeña, y cubrió la ventana por dentro, para que no dejara escapar la luz. Llevó lo mas que pudo sin levantar sospechas desde su casa y gastó sus pequeños ahorros para conseguir las cosas que iba a necesitar: una hielera, algunos imperecederos para alimentarse, botellas de agua, unas esposas (compradas en el mercado negro) y más.

Unos días más tarde se hizo pública la noticia de una cena-baile de beneficencia en la Mansión Agreste. Iban a recaudar fondos a favor de la policía. Sólo las familias mas pudientes estaban invitadas. Era la ocasión perfecta, apenas dos días después de que sus padres se fueran.

Marinette se rehusó a sentirse mal por Adrien mientras ideaba el plan para esa noche, empujando su incomodidad al fondo de su mente. Ya había superado su enamoramiento... o al menos lo intentaba. Se aferró a la sensación de traición cuando había descubierto su identidad. Adrien se lo merecía, tanto él como su padre eran lobos con piel de oveja, engañando a todos con sonrisas y apuñalándolos por la espalda.

Todavía le hacía falta un detalle: necesitaría tiempo para irse y llevarse al joven con ella. Nadie debía seguirla.

¡Claro! - Se le iluminó el rostro al dar con la respuesta. - ¡Gas para dormir!

Las fiestas en la Mansión Agreste casi siempre se llevaban a cabo en el Salón Real, un hermoso y amplio recinto con amplios ventanales y calefacción/aire acondicionado integrado. Si ponía el gas en la salida del aire, podría entrar con calma, secuestrar a Adrien y salir sin preocuparse de nada. Se robaría el dinero recaudado, lo necesitaría para cubrir los gastos que estaba haciendo y la verdad tampoco confiaba que le fueran a dar buen uso si lo dejaba.

Confiaba en que su identidad se mantuviera a salvo debajo del disfraz, incluso cuando se acercara a Gabriel a enfrentarlo cara a cara. Iba a disfrutar ese encuentro, deseaba ver el miedo retratado en ese rostro frío y manipulador. Quería ver una emoción verdadera, como cuando Adrien había salido herido en el desfile de modas. Y quería que Gabriel supiera que era ella la que mandaba ahora, que París estaba protegida y que él no tenía mas que aceptar su derrota.

Se mostraría como realmente era ante Gabriel. Había sido una decisión difícil de tomar, pero ya no había vuelta atrás. Mordería a Adrien en su presencia. Porque ese era su mayor secreto: Ella era un vampiro.