Capítulo 68: ¡Invierno infinito!
Atenea, Pegaso y Dragón alzaron vuelo por el cielo de los Archipiélagos Celestiales, en el camino irrumpió sorpresivamente su más temible enemigo. Con su descomunal cosmos, Zeus había exterminado a Shiryu de Dragón y ahora estaba luchando contra Seiya de Pegaso, quién defendiendo a su diosa Atenea consigue herir al dios con su cometa. La ira divina del supremo general del Olimpo se ha desencadenado tras ser herido y ahora se disponía a terminar la contienda.
En el Templo de Juno, Ikki de Fénix estaba confundido, primero por ver a su amada Esmeralda de nuevo, luego esta se convirtió en Shun y tras unos segundos sus cabellos cambiaron de color a tonalidades más oscuras, la armadura divina de Andrómeda cubrió su cuerpo y cambió a un tenebroso color repentinamente, siendo ahora una sapuris divina, el Fénix estaba consternado, parecía que una batalla contra su propio hermano era inevitable.
En los Archipiélagos Celestiales luchaban los generales marinos contra los serafines, Baian y Euro sucumbieron tras chocar sus técnicas y destruir la Isla del Este, que terminó desmoronándose del cielo.
Monte Olimpo.
Archipiélagos Celestiales, Isla del Noroeste.
Un combate se estaba desarrollando en la isla, el general marino del índico se había topado con un enemigo complejo, que había evitado el poder de su lanza en dos ocasiones y además le había golpeado en repetidas ocasiones, causándole graves heridas. Debido a estas circunstancias, Krishna decide hacer uso de su técnica más poderosa, el maharoshini. Esta gran energía se acumula exuberantemente, desbordándose por los suelos, en todas las direcciones, y luego se abalanza sobre Coro, quién es herido y cae al suelo.
—¿Qué es esta energía tan extraña que me está dañando…? —se pregunta Coro.
—El maharoshini es una técnica sagrada, que me protege de cualquier ataque y por si fuera poco lo revierte al adversario, además la energía que emana de mi cuerpo irá lastimándote, haciendo tus movimientos más lentos y tu cuerpo más pesado…en otras palabras estás condenado, si decides atacarme solo conseguirás acelerar tu proceso de muerte, que ya ha comenzado.
—Habías dicho que no ibas a subestimarme y mírate ahora dándote como vencedor en una pelea que recién comienza.
—Nadie puede revertir mis cenizas volcánicas, ahora te lo demostraré… ¡EYECCIÓN ARDIENTE!
Coro apunta con su brazo izquierdo hacia su enemigo y la vasija que asoma por sobre su hombro se inclina apuntando con su cántaro en la dirección de su extremidad, repentinamente en el interior de la vasija comienza aparecer un brillo al naranja abrasador, inesperadamente un disparo de cenizas ardientes se abalanzan sobre Krishna, pero las abrasadoras cenizas regresan, envolviendo el cuerpo del propio ejecutante, que sufre horribles quemaduras, mientras suelta un grito desgarrador.
—Ya tienes un pie y medio en el Infierno, si vuelves a atacarme morirás…
—No voy a permitir que me derrotes tan fácilmente, es tu posición, si logro romperla seguramente acabaré con la influencia de esta técnica.
Coro se concentra y apunta sus manos frente a su pecho, adoptando una posición extraña, elevando su cosmos, el ambiente se torna aún más denso, la niebla es más espesa y un profundo frío comienza a sentirse.
—He bloqueado por completo el calor del sol, en pocos segundos todo en esta isla estará más frío que cualquier región de la tierra, por lo tanto si continúas en una posición como esa, por fuerte que sea tu cosmos, terminarás por congelarte…y si intentas escapar o atacarme deberás de romper tu posición y el maharoshini dejará de afectarme…
La temperatura empieza a bajar precipitadamente, la escasa vegetación de la isla comienza a congelarse, el humo del volcán era más y más espeso, contrastando con el imponente frío reinante que iba en aumento segundo a segundo. Krishna comienza a sentir los efectos de aquel extremo frío.
—He de admitir que me cuesta mantener la concentración en este clima, pero te equivocas en pensar que no puedo atacarte sin moverme, ahora verás el poder completo de mi maharoshini…
Unas ondas violetas se manifiestan levemente a través de la densísima niebla helada, obligando a Coro a caer al suelo, sin embargo sin dejar de concentrarse se pone de pie.
—¿A eso llamas un ataque? Con esos ataques terminarás congelado antes que logres matarme…
—Te ha salvado esta niebla, que atenúa la luz de mi sagrada técnica, sin embargo ni aún con este frío doblegarás mi espíritu ni su grandiosa energía…la cual sigue protegiéndome y sigue dañándote, se tratará entonces de un juego de resistencia, veamos que ocurre primero, si será tu cuerpo el que colapse o el mío el que se congele…
—De acuerdo veremos quién resiste más…
Ambos contrincantes simplemente esperarían en una prueba de resistencia quién soportaría hasta el final con vida.
Templo de Juno.
Shun miraba a Ikki con frialdad, su semblante era imperturbable, sus intenciones eran indescifrables.
—Después de asesinarte, los recuerdos de Shun se irán, la Tierra finalmente será mía, seré el dios del Infierno y de la Tierra…
—¡Hades, te venceré y luego expulsaré tu espíritu del cuerpo de mi hermano Shun!
—Silencio Fénix, ahora mismo te acabaré… ¡CADENA NEBULAR!
Shun levanta su brazo derecho y su cadena ataca superando la velocidad de la luz, pero Ikki da un gran salto, esquivando el terrible ataque.
—Interesante Fénix, has podido esquivar la cadena de Andrómeda…
Ikki se queda pensando en por qué Hades estaba usando las técnicas de su hermano y no sus propias artes, ello carecía de sentido, de hecho desde hace un tiempo que todo carecía de sentido.
—Conozco todas las técnicas de mi hermano, ninguna de ellas me vencerá…Hades, nunca podrás conquistar la Tierra, ese es tu destino… ¡ALAS LLAMEANTES!
El santo aletea con sus brazos, los cuales se envuelven en llamas, llevándolos luego al centro para lanzar un golpe hacia adelante con su brazo derecho, el cual libera una ráfaga de fuego en forma de ave.
—¡DEFENSA RODANTE!
Las negras cadenas de la sapuris divina de Andrómeda giran alrededor de Hades a gran velocidad, formando una barrera circular, las cuales bloquearon las alas ardientes, ante la atónita mirada del Fénix.
—¡No es posible!
—No olvides que soy un dios, junto a Poseidón y Zeus estamos en la elite suprema, no sé qué tanto te sorprende…tan solo estoy divirtiéndome con las artes de tu hermano, veamos si el Fénix puede volar en la tormenta… ¡TORMENTA NEBULAR!
Unas ráfagas de aire cargadas con un cosmos oscuro estremecen a gran velocidad el templo de Juno, la presión del viento rápidamente inmovilizan a Ikki, que se ve sorprendido y sobrecargado por la agresividad de la técnica de su hermano.
Archipiélagos Celestiales, Isla del Noreste.
Najash y Cecias estaban frente a frente mientras encendían sus cosmos, el guerrero de Hera tenía en su brazo derecho un escudo de granizo, el cual lo posicionaba de frente.
—¡Vamos serafín, resolvamos esto de inmediato!
El general del Atlántico Norte se abalanza contra su enemigo y se ubica frente a este, lanzando un gran puñetazo a su enemigo, Cecias interpone su escudo de granizo, bloqueando el ataque, inmediatamente las escamas que recubren el puño se resquebrajan y su mano sangra, acompañado de un grito de dolor. Aprovechando la situación Cecias da un medio giro y encesta una dura patada en el mentón de Najash, quien cae duramente contra el suelo.
—¡Mi escudo es el más fuerte entre los guerreros de este Monte Olimpo, tus golpes no pueden hacerme daño!
—Un escudo no puede detener la voluntad de un verdadero guerrero… —dijo Najash mientras se ponía de pie con dificultad. —Este es solo el comienzo.
—¡Tienes razón general del mar, te venceré por el bien del Olimpo, la ambición de Poseidón será desterrada para siempre! —contesta con énfasis Cecias.
—¡Usaré todo mi poder al máximo para vencerte, siente el poder del Dragón de los Mares…NAUFRAGIO EN EL GRAN CHARCO!
El general marino del Atlántico Norte expande un misterioso cosmos de color turquesa, que se disemina por toda la isla, la cual parecía que empezaba a desaparecer para dar lugar a una masa incontenible de agua que rodeaba a su enemigo de forma repentina, en el horizonte solo avizoraba un gran océano que se extendía en todas las direcciones. Un ensordecedor sonido comenzó a ser captado por los oídos de Cecias, quien interpuso su escudo de granizo, pero una feroz corriente comenzó a arrastrarlo, sus brazos se separaron, lo cual impidió que pudiera usar su arma defensiva, tras la corriente puede verse la figura cósmica de un antiguo dragón mitológico de un cuello extremadamente largo y aletas en lugar de piernas, el serafín cae duramente contra el suelo, dejando una gran grieta, su hombrera fue destruida y la sangre se derramaba por el suelo.
—¡Parece que he vencido! —dijo Najash animado.
—No me has vencido todavía… —contesta el serafín mientras se pone de pie. —Tu técnica es grandiosa, pero ahora es mi turno de atacar… ¡TEMPESTAD GLORIOSA!
Cecias levanta sus palmas al cielo, repentinamente un conjunto de nubes se acumulan ante la atenta mirada de Dragón Marino, los nubarrones comienzan a oscurecerse, tras unos segundos comienza a precipitarse una llovizna de granizo.
—Una lluvia de granizo no va a detenerme…
Najash esquiva con gran agilidad las piedras congeladas, pero abruptamente la llovizna se convirtió en una tormenta de granizo, las escamas de Dragón del Mar fueron golpeadas de forma repetitiva, finalmente el general cae con numerosas heridas al suelo. Con mucho esfuerzo el súbito de Poseidón se pone de pie.
—¡Ya ríndete, la tempestad gloriosa ya te ha causado heridas mortales, ahora usaré mi técnica de nuevo y tendrás que afrontar tu viaje al Inframundo!
El serafín levanta sus manos para utilizar su tempestad gloriosa, pero advierte que algo está envolviendo su cuerpo, cuando atina a observar se da cuenta de que una prisión de coral cubría su humanidad.
—¿Qué es esto?
—¡CORAL DEL DESASOSIEGO!
Unas luces azules brillan en los corales, el cosmos de Cecias merma rápidamente y las alas de su armadura sagrada estallan en pedazos para su sorpresa, su cuerpo es cubierto completamente, tras unos segundos el guerrero de Hera enciende su débil cosmos y lo eleva exuberantemente, para seguir la batalla, después de unos segundos muchos corales caen al suelo, sin embargo todavía algunos se encuentran en su armadura.
—¡No seré vencido en tu demoníacos corales!
—No podrás liberarte completamente, los corales solo se irán si muero, pero eso nunca pasará, desde antaño el Dragón Marino es conocido como el más fuerte de los siete generales, por eso has sido desafortunado al cruzarte en mi camino…
—Entonces no tengo otra opción que asesinarte, así me libraré de estos molestos corales, luego de matarte te pondré en un altar en sacrifico a Eolo y Hera... ¡TEMPESTAD GLORIOSA!
Cecias levanta las palmas al cielo, repentinamente un conjunto de nubes se acumulan, los nubarrones comienzan a oscurecerse nuevamente, tras unos segundos comienza a precipitarse una llovizna de granizo, Najash se mueve en sentido horizontal, esquivando cada caída de piedras congelantes. Luego de unos segundos una feroz tormenta de granizo se había desatado, sin embargo en esta ocasión el general del Atlántico Norte logra esquivar con gran destreza absolutamente toda la tormenta de granizo que amenazaban con golpearlo.
—Maldición… —se lamenta Cecias.
—Tu cosmos está débil, tu técnica no tiene ni siquiera la mitad de sus fuerzas…así es fácil evadir tu tormenta…
—¡Silencio…me cansé de tus fanfarronerías, es hora de acabar con esto! ¡No solo tengo la tempestad gloriosa para atacarte, VENTISCA AFILADA!
Tras encender su cosmos a un nivel excesivo, los corales se congelan y se resquebrajan, al cabo de unos segundos un viento sopla y aumenta su velocidad súbitamente, repentinamente brotó un centenar de granizo, los cuales tomaron forma de afiladas y finas dagas de hielo, las cuales se incrustaron sorpresivamente en el cuerpo del rival, en sus brazos, piernas y torso, las escamas habían sido perforadas y sus carnes habían sido rasgadas superficialmente, por lo que la sangre empezaba a surgir de sus heridas.
—Eres afortunado de llevar un resistente manto, lo que prueba que eres sin duda un guerrero de la casta de un dios olímpico, de no ser por tus duras escamas en estos momentos estarías muerto…
—No volverás a alcanzarme con tus técnicas, voy a perderte en confines del triángulos de las bermudas, ahí donde flotas enteras de aviones y grandes embarcaciones se han perdido para siempre, el mito popular dice que allí hay lo que los científicos llaman un agujero de gusano, un portal que te lleva al otro extremo del universo… ¡TRIÁNGULO DORADO!
Najash indica con su dedo índice tres puntos imaginarios que trazan un triángulo, tras dicho recorrido de su falange un brillo dorado dibuja la mencionada figura geométrica, un resplandor brilla generando nuevos triángulos que son disparadas en línea recta a su enemigo, quién es atrapado en el vértice de un portal de espacio tiempo, que lo pierde en los confines del universo en el momento en el que el triángulo se cerró.
—¡Ahora alcanzaré a Sorrento, cada vez estamos más cerca de cumplir con nuestra misión…nuestro señor, no le fallaremos!
Isla del Noroeste.
Varios minutos habían pasado, Krishna y Coro estaban soportando las ambientales técnicas del otro. El general de Poseidón mantenía su posición de loto y sus chacras alineadas, ejecutando su maharoshini, mientras soportaba el profundo frío de su adversario, su piel lucía llamativamente pálida, tapando su oscuro color natural, sin embargo su cosmos no amengua. Coro estaba parado sublimemente con sus brazos en una llamativa posición frente a su pecho, con su cosmos ardiendo con gran intensidad, soportando un indescriptible dolor en todo su ser.
—Ríndete general de Poseidón, pronto morirás congelado…
—Ya he dejado de sentir frío, he dejado de sentir mi cuerpo, solo siento mi cosmos…gracias a tu técnica he perfeccionado mi más sagrada arte, ahora verás como la luz ilumina las tinieblas, el máximo poder del ¡MAHROSHINI!
Un destello emerge del cuerpo del marino, una luz tan fuerte e incandescente que despedaza los nubarrones y las neblinas circundantes, encandilando el cosmos del serafín del Noroeste. Al cesar el brillo el guerrero de Hera se mantiene de pie con dificultad, sin embargo su vista comienza a nublarse, sus sentidos y sus fuerzas lo abandonan, la flama de su vida se extingue, dejando un cuerpo vacío que expresa la convicción y la fortaleza con la que Coro defendió su territorio, pues se mantenía erguido frente a su asesino.
—Que valeroso guerrero, ha muerto sin caer…
Krishna se desploma sobre el helado suelo de la isla a los segundos.
Cielo del Archipiélago Celestial.
Zeus encendía su cosmos, el cual destallaba relámpagos, rayos y truenos, las nubes se condensaban con su furiosa energía, Atenea y Pegaso estaban enfrentando al emperador con gran valentía.
—¡Vayan al Tártaro…!
El rey de los dioses explota su infinito cosmos, el universo aparece repentinamente modificando el escenario, al tiempo que pulsos eléctricos infinitos cubrían todo el espacio, en una especie de mapa del universo eléctrico, aquel que apuesta por las teorías del multiverso, donde cada chispa eléctrica es un universo que contiene infinitas galaxias de incontables estrellas, la estructura de la creación, Atenea interpone su cuerpo entre el ataque y Seiya, usando su escudo, el cual bloquea por completo el extraordinario poder, sin embargo el arma defensiva estalla en miles de pedazos.
—Vamos a tierra firme… —susurra la diosa mirando a su santo más devoto.
Sin perder el tiempo Atenea y Seiya escapan volando con las alas de sus armaduras, pero Zeus los persigue.
Isla del Centro.
Hyoga se había separado de Isaac, mientras este último había partido a la Isla del Norte, el Cisne había llegado a una isla donde el viento dificultaba la visión, había sentido un cosmos fuera de lo común, pero un viento no lo iba a detener, así que se lanzó en un vuelo fulminante, superando fácilmente la velocidad de la luz, tras unos segundos se detuvo en seco, cayendo frente a las puertas de un gran templo, el cual tenía en su puerta una inscripción de los puntos cardinales.
—Que imponente puerta… —murmuró Hyoga e intentó abrir la puerta pero esta no se abría. —En ese caso… ¡POLVO DE DIAMANTES!
Al extender su puño una ráfaga glacial con finos cristales de hielo terminaron destruyendo la enorme puerta, finalmente el ateniense entra y se topa con un hombre que portaba una imponente armadura alada, de color celeste, tenía cabellos blancos y ojos celestes.
—Bienvenido santo divino, yo soy Eolo, el dios del viento, que interesante ver a un hombre que tiene el cosmos de un dios…nunca lo hubiera imaginado…
—Soy Hyoga de Cisne, pues deben dejar de sorprenderse, es hora de que los dioses asuman que los humanos no somos tan insignificantes después de todo…
—Hemos subestimado a los humanos, pero ahora será diferente, pues ustedes ya no son humanos ordinarios…
—¡Te mostraré el poder de mis viento glaciales…POLVO DE DIAMANTES!
Hyoga extiende sus brazos a los costados y los desliza hacia arriba y abajo, imitando el elegante aleteo de un Cisne, luego alza una de sus piernas y balancea su cuerpo mientras continua su elegante danza, finalmente coloca ambas piernas en el suelo y junta las dos palmas sobre su cabeza, bajando los brazos a la posición de su puño, soltando dos golpes hacia arriba y luego dos al frente, generando una ventisca de diminutos cristales de hielo, envuelto en una corriente que supera el cero absoluto, las cuales atacan disparadas a una velocidad superior a la luz. Sorprendentemente Eolo desaparece haciéndose uno con el viento glacial.
—¿Qué? ¿Dónde se encuentra…? —se pregunta desconcertado el Cisne.
—El viento y yo somos uno, no importa de qué tipo de viento se trate… —dijo la voz de Eolo, su silueta había desaparecido. —¡Sea frío o caliente, entenderás lo que significa que sea el dios del viento!
Tras unos segundos un remolino se va acumulando en donde había fluido el aire congelante del Cisne, en ese momento los vientos arrastran a Hyoga fuertemente, haciendo que choque contra el techo, cayendo luego al suelo.
—No pensarás que desconozco quién eres, si estás aquí en parte es por voluntad mía, puesto que me interesaba conocer a aquel mortal que se decía manejaba el aire congelado…
El santo del Cisne miraba desde el suelo a su adversario, sin saber de qué forma podría atacar al dios que controlaba al elemento que él manejaba.
Isla del Norte.
Isaac de Kraken pisa finalmente la última de las islas, esta se encontraba totalmente bajo una imponente nevada, el viento soplaba con gran fuerza, tras dar unos pasos siente un enorme cosmos que se manifiesta de forma abrumadora, apareciendo finalmente un hombre que portaba una armadura blanca con detalles celestes, cuya forma simulaba cristales o hielo, las piernas de la armadura imitaban una serpiente enroscada cuya cabeza se ubicaba al final del pie, tenía cabellos largos y alborotados de color rubio.
—Soy Bóreas, el serafín que custodia la Isla del Norte. Generales del mar, hasta acá van a llegar sus esperanzas…
—Mi nombre es Isaac de Kraken, avanzaremos hasta llegar al templo de Neptuno, es la tarea que nos encomendó nuestro señor Poseidón…
—Puedo sentir a través de tu cosmos que manejas el viento congelante, pero ningún ataque glacial podrá vencerme.
—¡Tenía deseos de medirme contigo desde que escuché a Céfiro hablar de ti, te atacaré con mi mejor técnica…AURORA BOREAL!
El general del Ártico extiende sus brazos a los costados en cuarenta y cinco grados hacia el cielo, su cosmos se eleva, el viento del lugar empieza a ponerse fresco, en segundos está helado, una aurora aparece en el cielo, mientras los brazos de Isaac son invadidos por una luz blanca, entonces los junta en su pecho para luego extenderlos al frente, liberando de entre sus manos una potentísima ráfaga helada, Bóreas se mantiene parado, esbozando una sonrisa, la enorme ráfaga glacial no le causa ningún daño, cuando la técnica termina puede verse al serafín ileso.
—¡Es increíble…con la aurora boreal pude terminar con Céfiro!
—Céfiro…no me compares con él ni con ningún otro de los serafines, yo soy diferente… ¡SOPLO GÉLIDO!
Bóreas extiende la palma de sus manos y repentinamente unos potentes haces de luz congeladas salen precipitados, acompañados por un viento con cristales helados, Isaac evita varios de los ataques pero finalmente es golpeado, hasta caer al suelo duramente.
—Que poder que tiene… —susurra el general del Ártico.
—Elige, te termino ahora o extiendo tu agonía un poco más… ¿qué dices? —preguntó Bóreas con soberbia, mientras suelta una risa.
—Perderás por tu arrogancia Bóreas… —respondió Isaac poniéndose de pie.
—Así que no responderás a mi pregunta, en ese caso elegiré yo.
—Tú serás quién muera, si mi aurora boreal no te afecta entonces tendré que usar la técnica congelante más poderosa que existe, aquella que usaba mi maestro Camus, debo ser capaz de poder imitarla luego de observarla en Hyoga, en aquella tremenda batalla que desarrollamos en el pilar del Océano Ártico… —dijo Isaac mientras junta sus manos sobre su cabeza, uniendo sus palmas, una especie de jarrón cósmico aparece a sus espaldas. —¡EJECUCIÓN DE AURORA!
—¿La técnica más poderosa de hielo? Yo te demostraré lo que es una verdadera técnica de hielo. ¡INVIERNO INFINITO!
Bóreas aspira profundamente, acumulando aire en su pecho, el cual parece inflarse considerablemente, luego sopla con fuerza hacia adelante, curvando levemente su cuerpo en la misma dirección, soltando de entre sus labios una espesa nube blanca congelada, que se abalanza sobre el general del mar. Al mismo tiempo, Isaac baja sus manos con violencia apuntando a su enemigo y de entre sus manos emerge una poderosísima ventisca helada, cuya temperatura era el cero absoluto.
El chorro de aire frío y la nube congelada se atraviesan el uno al otro, manteniendo intacto sus recorridos, la ráfaga de la ejecución aurora golpea el pecho de Bóreas, sin inmutarlo y dejándolo ileso, mientras que Isaac al hacer contacto con la nube congelada se convirtió en una estatua de hielo.
—Terminaré esto inmediatamente….
El serafín ejecuta una carrera cósmica, terminado con un potente puñetazo sobre Isaac de Kraken, resquebrajando por completo la estatua de hielo en la que éste se había convertido, volviéndola en tan solo un momento en pequeños pedazos de hielo.
Templo del Eolo.
El santo del Cisne siente como el cosmos de su amigo Isaac se había extinguido de un momento a otro, comprendiendo que su amigo había perecido, siendo invadido por una gran tristeza y desolación.
—¡Isaac! Juro que ganaré esta batalla en tu memoria…
