Capítulo 69: La prisión de los sueños.

En los Archipiélagos Celestiales, más precisamente en la Isla del Norte, Bóreas había derrotado a Isaac de Kraken, demostrando un enorme poder. Krishna de Crisaor y Coro habían tenido un combate igualado, en el que el segundo había perdido la vida, mientras que el marino se desplomó tras el esfuerzo realizado y su cosmos había desaparecido. Najash de Dragón del Mar había derrotado a Cecias, mostrando grandes habilidades se impuso ante un duro rival que había puesto gran oposición.

Isla del Norte.

Aquel lugar congelado era un lugar muy hostil para cualquier visitante, Sorrento de Sirena caminaba con el único objetivo de llegar al templo de Neptuno, para ello tenía que vencer al enemigo por más fuerte que sea, tras avanzar un poco comienza a sentir una presencia, observa y un hombre aparece entre la nevada, portaba una armadura blanca con detalles celestes, cuya forma simulaba cristales o hielo, las piernas de la armadura imitaban una serpiente enroscada cuya cabeza se ubicaba al final del pie, tenía cabellos largos y alborotados de color rubio.

—Sorrento de Sirena, mis camaradas me hablaron de ti a través del viento…

—¿Cuál es tu nombre serafín?

—Soy Bóreas, tendré que anular tu flauta y su encanto antes que sea tarde… ¡INVIERNO INFINITO!

Tras concluir su presentación, el serafín aspira profundamente, acumulando aire en su pecho, el cual parece inflarse considerablemente, luego sopla con fuerza hacia adelante, curvando levemente su cuerpo en la misma dirección, soltando de entre sus labios una espesa nube blanca congelada, que se abalanza sobre Sorrento, este comenzó a tocar una melodía con su flauta antes de ser congelado por completo, convirtiéndose en una estatua de hielo.

—Adiós Sorrento de Sirena, tuve que usar todo mi poder ya que eras un enemigo peligroso…

El guerrero de Hera cerró sus ojos y preparó su puño para dar el golpe final, pero en ese momento un cosmos comenzó a surgir desde las profundidades de la estatua de hielo que era Sorrento, el hielo se derritió al cabo de unos segundos.

—Tu cosmos es de elogiar Bóreas, sin dudas eres el más poderoso entre los serafines, pero mi flauta es capaz de reducir el poder del enemigo al 1 % de su poder real…

—Entonces todo va bien, no me preocupa, sé que te acabaré, Sorrento de Sirena…

—No ha llegado mi hora todavía… ¡MELODÍA MORTAL!

Una hermosa melodía fue entonada por la flauta de Sorrento, el poder del brujo del mar comenzó a afectar la mente de Bóreas, en un atronador dolor que causaba una gran tortura en su espíritu, lo cual no le dejó otra opción que retorcerse del dolor arrodillado.

—¡Nunca creí que iba a ser tan tortuoso esa melodía, estoy enloqueciendo!

—Es el fin…

—No me subestimes general marino…

La flauta de Sorrento comenzó a verse envuelta en una profunda cristalización que emanaba un extremado frío, tras unos segundos no solo su flauta sino la mitad del cuerpo se congeló, dejándolo indefenso frente a Bóreas.

—Es inútil, estás a mi merced…

—¿Cómo ha sucedido esto?

—Mi cosmos puede crecer superando sus límites con sencillez, el poder de tu flauta es temible, pero no puede conmigo…

—Entonces…has aumentado tu cosmos en un 10000%...

—Veo que comprendes, esa es la diferencia entre nosotros…

Bóreas encendió su cosmos listo para terminar con la contienda, pero repentinamente su brazo fue envuelto en coral, luego también su cuerpo fue cercado por las plantas de mar, cuando voltea observa a otro general marino, el Dragón Marino había intervenido, Sorrento finalmente se libera del hielo encendiendo su cosmos.

—¡Por intervenir ahora te mataré! —se quejó Bóreas.

—No me subestimes, yo Najash de Dragón Marino, no le temo a tus palabras…

—Ten cuidado Najash, Bóreas es el más fuerte de nuestros enemigos… —advirtió Sorrento.

—No me confiaré Sorrento…usaré todo mi cosmos… ¡NAUFRAGIO EN EL GRAN CHARCO!

Najash expande un misterioso cosmos de color turquesa que se disemina por toda la Isla del Norte, dando lugar a una masa incontenible de agua que rodeaba a todos de forma repentina, en el horizonte solo avizoraba un gran océano que se extendía en todas las direcciones.

Bóreas guardaba frialdad y encendía su cosmos con el objetivo de congelar la ilusión del enemigo.

—No funcionará contra mí…

—En ese caso… ¡CORRIENTE DEL DRAGÓN DE LOS MARES!

Una estridente resonancia comenzó a retumbar, una feroz corriente apareció, intentando matar con la fricción ejercida a su enemigo, tras la corriente puede verse la figura cósmica de un antiguo dragón mitológico de un cuello extremadamente largo y aletas en lugar de piernas, Bóreas fue atrapado en el ojo de la corriente y desapareció, segundos después volvió a aparecer frente a Najash, completamente ileso.

—¡No puedo creerlo…deberías estar muerto!

—Ninguno de los dos me vencerá, puedo contrarrestar todas sus técnicas…

—¡No he mostrado todas mis habilidades todavía…TRIÁNGULO DE ORO!

Najash dibuja en el aire un triángulo con su cosmos y de esa figura comienza a salir unos triángulos dorados de luz, uno tras otro, en dirección a su oponente, el cual tras recibir el ataque es enviado a los confines del tiempo espacio.

—¿Habrá funcionado?

—¡Cuidado Najash! —grita Sorrento.

Finalmente el Dragón Marino cae duramente al suelo, detrás de él puede verse a Bóreas, quién había regresado con sus imponentes alas.

Luego de unos segundos, una nueva presencia cósmica comienza a manifestarse sorprendentemente, un aura se iba formando, mostrando a un hombre en posición de flor de loto.

—¿Quién eres? —preguntó Bóreas.

—Soy Krishna de Crisaor, vengo a crear un nuevo mundo con la bendición de mi señor Poseidón, el mundo será purificado con las aguas de los Océanos…

—Tú has vencido a Coro, Crisaor, con que… un nuevo mundo… ¿no? —dice mofándose Bóreas, quien luego adopta una posición más seria. —Poseidón ha traicionado a su propia familia olímpica, es tan vanidoso que ha visto esta situación para apoderarse del mundo después de la derrota sufrida con Atenea.

—La tiranía del reinado de Zeus se acabará, por el bien del universo… —contesta Krishna.

—¡Te derrotaré en un segundo, la victoria acompañará eternamente al Olimpo!

—Te llevaré a las puertas del Inframundo inmediatamente… ¡MAHAROSHINI!

Tras expandir un aura violeta, unas ondas energéticas avanzan sobre Bóreas, que es afectado en sus movimientos, pero eso no iba a detenerlo.

—¡No me vencerás con esto…INVIERNO INFINITO!

Bóreas aspira profundamente, acumulando aire en su pecho, el cual parece inflarse considerablemente, luego sopla con fuerza hacia adelante, curvando levemente su cuerpo en la misma dirección, soltando de entre sus labios una espesa nube blanca congelada, que se abalanza sobre Krishna, pero la nube congelante choca contra una pared invisible y su técnica regresa hacia su ejecutante, quien con habilidad atina a esquivar el ataque, pero logra golpearlo en el hombro, la hombrera de su armadura estalla al ser congelada.

—Regresaste mi técnica… —manifestó Bóreas. —No pensé que tu maharoshini era tan poderoso…

—¡Su poder es tan alto que nunca podrás atravesar su defensa! —contestó Krishna.

Los ojos del serafín pronto ven doble a Krishna, algo estaba dañando su espíritu, pero no iba a ser doblegado tan fácilmente, elevando su cosmos comenzó a bajar la helada temperatura a niveles insospechados, en sus manos empezó a formarse una gran cantidad de hielo cortante, después de terminar el proceso pudo verse una espada de hielo.

Najash y Sorrento miraban asombrados, en ese momento Bóreas se lanzó en poderoso salto y embistió con un ataque de espada vertical, el cosmos del maharoshini se incrementó, tratando de repeler el golpe, que parecía haber sido bloqueado, pues el serafín había caído al suelo, pero en ese momento una línea vertical empieza a manifestarse en el cuerpo de Krishna, quien finalmente comienza a sangrar y cae al suelo desplomado.

—¡Krishna! —gritan Sorrento y Najash al unísono.

—Has sido un duro rival, pero pude observar que en tus puntos vitales distribuías toda la energía que emanaba tu cuerpo… —sentencia Bóreas.

China, Rozan.

Cinco Picos.

El sonido de la cascada de un lejano lugar retumbaba en los oídos del Dragón Shiryu, quien se encontraba tirado en las orillas de la parte más calma del río de Rozan, entonces abrió los ojos y contempló la imponente y hermosa bóveda celeste, una voz conocida y dulce llamó su atención.

—¡Shiryu!

—Shunrei…

La joven apareció repentinamente en el panorama visual del herido santo del Dragón, quién ya no vestía su armadura, la cuál había sido despedazada por los rayos de Zeus.

—Has regresado, es un milagro... —dijo llorando y abrazándolo lentamente.

—¿Qué ha pasado? ¿Por qué estoy aquí? —dijo Shiryu desconcertado. —¿Qué ha ocurrido con la guerra?

—Lo han logrado…repentinamente el Sol volvió a salir y todo se calmó, supe que era porque derrotaron al Olimpo…luego pude ver caer un dragón desde el cielo, a lo profundo del río, entonces vine aquí y eras tú…mi Shiryu…

—Pero no puedo recordar nada, yo estaba, estaba…en el Olimpo, junto a Atenea y a Seiya, entonces… —dice Shiryu intentando recordar. —¡Zeus! Apareció en nuestro camino y me atacó, pensé que había muerto, al despertar estoy en los Cinco Picos de Rozan…

—La guerra ha terminado, el destino te ha traído a casa como prueba de que la justicia existe para aquellos que la defienden.

El santo del Dragón tenía el cuerpo adolorido y entumecido, casi no podía moverse. Sin embargo, sentía en Shunrei la calidez de siempre, la muchacha ya se encontraba curando sus heridas con hojas que traía entre sus ropas. No obstante, no podía percibir los cosmos de Atenea y de Seiya, tampoco de Zeus, ni el de nadie más en todo el mundo. Eran solamente Shunrei y él, de repente esto extrañó a Shiryu, quien comenzó a percibir que todo era absolutamente perfecto, a pesar de sus heridas, a pesar de los sacrificios de la guerra y de sus amigos caídos, la paz por fin había retornado al mundo.

—Creo que ya puedes ponerte de pie…

El dolor había desaparecido por completo, el Dragón se puso de pie lentamente, entendiendo cada vez menos lo que estaba pasando.

—¡Espera Shunrei, algo no está bien, creo que no estamos solos, quizá un enemigo haya sobrevivido a la guerra y haya venido por mí!

—¿De quién hablas? —pregunta Shunrei abrazada a su pecho.

De repente el Dragón comprende que Shunrei no podría estar sola, puesto que poco antes de que él abandonase los Cinco Picos, Shoryu se había incorporado a la familia y no había más nadie en esas tierras que ella y él.

—¿Dónde está Shoryu? —interrogó Shiryu.

—Aquí mismo… —dice Shunrei sosteniendo a Shoryu entre sus brazos.

—Esto no está bien, ¿acaso estoy alucinando? ¿Estaré soñando?

Templo de Juno.

Ikki se encontraba inmovilizado por la tormenta nebular, en ese momento ejecuta un extraño movimiento con sus brazos, extendiéndolos como si fueran alas y en un salto atraviesa la tormenta en una ardiente patada fulminante. Así logra golpear el pecho de Shun, sin lograr agrietar su sapuris divina, ni infringirle mayores daños.

—Insolente humano, pagarás tu atrevimiento, morirás ahora… ¡ONDA DEL TRUENO!

Tras apuntar con su cadena cuadrada a su hermano, la poderosa arma avanzó de forma zigzagueante, mientras el Fénix emprendía un viaje interdimensional para escapar de la cadena sin tener éxito, puesto que esta lo seguía vaya donde vaya, hasta que finalmente la cadena comenzó a interceptar el patrón de vuelo del enemigo, para sorprenderlo y atraparlo en una pierna, enredándose en ella la cadena circular, mientras la cuadrada lo golpea salvajemente en el pecho, incrustándose en su corazón.

Extrañamente y pese a experimentar un tremendo dolor, el Fénix compendió que su vida no lo abandonaba, solo era el sufrimiento el que se mantenía.

—Es hora de saber quién está jugando con mi mente… —dice Ikki percibiendo que estaba bajo una farsa, retiró con mucho dolor la cadena de su corazón, pero sin siquiera tambalear llevó un dedo a su cien. —¡Puño fantasma del Fénix!

Un fino rayo cósmico de color anaranjado penetra en la mente del santo, este se había auto infringido una de más grandes técnicas.

Inframundo, Tumba de Hades.

El cosmos del rey Hades se había extendido por todo los Campos Elíseos, reviviendo a Hipnos y Thanatos, quienes estaban reunidos bajo las órdenes de su amo. Junto a ellos también se encontraba la recientemente resucitada Perséfone.

—La guerra entre Atenea y el Olimpo está llegando a su fin… —manifiesta Perséfone.

—¡Hades debe ser el dios que tome la vida de Athena como venganza! —dijo Thanatos.

Repentinamente aparece frente a ellos Icelus, de las pesadillas, uno de los tres dioses del sueño.

—Mis señores, nosotros los tres dioses del mundo de los sueños hemos aguardado y colaborado con vuestra resurrección, ahora mismo los santos de Fénix, Dragón y Pegaso, así como la misma Athena, se encuentran atrapados en el mundo de los sueños…Fénix duerme en el templo de Juno, Dragón está perdido en las afueras de la Isla Central de los Archipiélagos, en las afueras del templo de Eolo. Pegaso y Athena en la frontera entre los dominios de Hera y de Hades…

—Hipnos. —interrumpe Perséfone. —Toma tú las riendas de los sueños de los santos y de la diosa Athena, mientras nosotros vamos a asesinar a Athena, en los límites del Templo de Plutón.

Monte Olimpo.

La batalla entre el rey olímpico y su hija Atenea, en compañía de Pegaso, continuaba ferozmente, hasta que la diosa percibe que estaban combatiendo en el Salón Ecuménico, parte del Templo de Júpiter.

—¡Seiya! ¿Te has dado cuenta donde estamos combatiendo? Algo muy raro ha pasado desde que abandonamos el territorio de Hera, hemos aparecido en los dominios de Zeus, sin atravesar las tierras de Hades y Poseidón…

—¡No importa dónde estamos combatiendo, Athena ataquemos juntos en un último golpe, para salvarlos a todos!

—¡Si Seiya, hagámoslo!

—Desde el principio has estado combatiendo una guerra imposible, ni tú junto con todos tus santos lograrían vencerme…

Las almas de Shun, Shiryu, Hyoga, Ikki, Mu, Aldebarán, Saga, Kanon, Máscara de la Muerte, Aioria, Shaka, Dohko, Milo, Aioros, Shura, Camus, Afrodita, Shion, Orfeo, Daidalos, Pléyade, Alkes, Gliese, Marín, Shaina y Kiki se manifiestan alrededor de Athena y de Seiya, ofrecen sus cosmos para enaltecer el de la diosa y Seiya.

Al sostener el báculo en dirección a Zeus, la diosa de la sabiduría, retrae su brazo para luego arrojar su arma contra quién fuese mitológicamente su padre.

—¡COMETA DE PEGASO!

Seiya concentra en su puño toda la fuerza de sus meteoros para volverlos una sola masa de energía, soltando un poderoso golpe que libera un impresionante poder, que se fusiona con Nike en su trayectoria hacia Zeus, el cosmos de todos los atenienses giraba alrededor de aquel cometa que contenía a Nike. Zeus es atravesado y muere instantáneamente.

—¡Lo logramos! —dice Pegaso mientras observa el amanecer en la Tierra desde un rincón del Templo de Júpiter.

Templo de Eolo.

El guardián del recinto oponía a Hyoga una gran dificultad, ya que podía fundirse en sus vientos helados, consiguiendo golpearlo con astucia.

—Es extraordinaria tu habilidad, pero en algún momento serás alcanzado por mis puños… —bramó el Cisne.

—Aunque me alcances, tus vientos nunca me afectarán, en cambio no sucede lo mismo a la inversa… —dijo Eolo y luego sacó de entre sus corazas un cofre, del cual podía sentirse una fuerte vibración en su interior.

—¿Qué es esa potente energía que siento desde el interior de esa ánfora? —preguntó Hyoga con gran desconcierto.

—Verás, acá guardo el poder de los ocho vientos, yo soy el viento mismo, aquel que posee las ocho corrientes de los serafines, pelear conmigo es como enfrentar a los ocho vientos al mismo tiempo y por si fuera poco con el poder que poseemos los dioses, en otra palabras una misión imposible, es una pelea que no podrás ganar jamás, menos aun cuando tu elemento de ataque principal es el viento…

—Tus palabras no me intimidan y tus vientos tampoco, mi aire frío superará cualquier corriente por fuerte que sea…

—Veamos si es cierto… ¡TORMENTA DE LA ANARQUÍA!

El dios de los vientos levanta sus brazos y la tormenta se va acumulando poco a poco en sus extremidades, luego los baja bruscamente, un tornado de tierra y lluvia sujeta al santo del Cisne en una terrible fuerza de choque, levantándolo por los aires y precipitándolo a una durísima caída. Hyoga logra levantarse con algo de dificultad.

—Vas a tener que hacer algo mejor para derrotarme…

—El único motivo por el cuál sigues con vida es porque estás protegido por un manto divino, de otra manera tu cuerpo se habría desmembrado en el aire cuando quedó atrapado en la tormenta.

—Pueda que tengas razón, sin embargo voy a terminar esta pelea en el próximo ataque, contempla como estas alas me darán la victoria…

—¡Silencio! Ahora verás un verdadero aire frío, la corriente más poderosa, el viento del norte… ¡INVIERNO INFINITO!

Eolo aspira profundamente, acumulando aire en su pecho, el cual parece inflarse considerablemente, luego sopla con fuerza hacia adelante, curvando levemente su cuerpo en la misma dirección, soltando de entre sus labios una espesa nube blanca congelada.

—¡EJECUCIÓN AURORA!

Al mismo tiempo Hyoga baja sus manos con violencia apuntando a su enemigo y de entre sus manos emerge una poderosísima ventisca helada, cuya temperatura era superior al cero absoluto.

El chorro de aire frío y la nube congelada se atraviesan el uno al otro, manteniendo intacto sus recorridos, la ráfaga de la ejecución aurora golpea el pecho de Eolo, sin inmutarlo y dejándolo ileso, pero el peto de su armadura es congelada.

—Sin importar que tanto domines el hielo ni lo poderosa que sea tu armadura, al tocar el invierno infinito tu piel, huesos y carnes se volverán frías y duras como el hielo… —dijo Eolo.

Al terminar de decir sus oraciones, la nube blanca congelada envuelve a Hyoga, convirtiéndolo en una estatua de hielo.