Disclaimer: The Legend of Zelda no me pertenece. Escribo esto sin ánimo de lucro y sin ofender a nadie.
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6. Celebraciones en el Castillo de Hyrule
Dos días habían pasado desde su nombramiento como guardaespaldas personal de la Princesa. Aunque todavía no se había mudado al castillo, ya que faltaba por terminar la lista de empleados, profesores y guardas que formarían la nueva plantilla. Mientras, aquellos dos últimos días, se había quedado en la casa de Telma bajo invitación suya.
Ese día, Auru vino a buscarle, decía que la Princesa quería que participara en un asunto muy delicado, y tenía que venir al castillo discretamente. Auru no le dio más detalles del asunto, y se limitó a seguirlo. Cuando llegaron, la Princesa les estaba esperando junto a la entrada subterránea a las mazmorras, junto al Comandante Valenzuela, y otro hombre de lo más peculiar.
Como casi todos los presentes, exceptuando al Comandante Valenzuela, era un hylian, de alrededor de 30 años. Era un hombre bajito, daba risa verlo al lado de Valenzuela, y también por la imagen de elegancia refinada que daba. Tenía el cabello corto y ligeramente rizado, de un color negro azabache, como sus ojos, y se notaba que estaba muy bien acicalado. Poseía una pequeña perilla, y fino bigote que le hacía parecer un hombre muy distinguido. Vestía prendas doradas, con detalles blancos y algunos adornos: una túnica elegante; un sombrero parecido a una mitra, aunque no parecía ser un sacerdote; y unas sandalias.
-Princesa, ¿Quién es ese hombre? -le preguntó Link discretamente, fijando su mirada en aquel "hombrecillo".
-Es Grialdo, el Tesorero Real. Está aquí para supervisar y ayudar en el traslado del Tesoro Real a su nueva estancia.
-Entonces, ¿Me ha mandado a llamar para que le ayude en el traslado del Tesoro Real a través de las mazmorras? -preguntó curioso.
-Exacto, y puedes considerarte un privilegiado. Sólo los que estamos aquí sabemos donde se alojará el tesoro a partir de ahora, y tú te unirás a este reducido grupo. Poseo la suficiente confianza en ti para confiarte este secreto -le dijo como si lo estuviera felicitando.
-Me siento halagado, majestad -le hizo una pequeña reverencia por concederle tal honor.
El pequeño hombre se acercó a ellos, y se puso a observar a Link de arriba a abajo, para luego saludarlo repentinamente dándole un apretón de manos muy cordial.
-Así que tú eres el nuevo guardaespaldas, me alegra conocerte -le habló agitando rápidamente la mano de Link, con una voz graciosa, para luego tirarle del brazo para que se agachara y poderle decir algo al oído- Más te vale no irte de la lengua con lo de la localización del Tesoro Real, o te aseguro, te las verás conmigo... -su tono de voz pasó radicalmente de ser cordial y animado, a ser amenazador y desconfiado- Espero que no seas como otros que hay por aquí...-dijo señalando con la mirada al Comandante Valenzuela.
-¡Ey! ¡Por mucho que intentes disimular, todos te hemos oído! -le llamó la atención Valenzuela a Grialdo- ¿Y qué has querido decir con eso? ¿Acaso piensas que fue mi culpa el que "Los Seguidores" intentasen robar el Tesoro? ¡¿Estás loco o qué? ¡¿Cómo has podido pensar que yo podría revelar un secreto de tal magnitud? -le gritó enfadado Valenzuela.
-Te conozco desde hace años, y sé que eres muy chismoso. No me extrañaría que te hubieras ido de la lengua durante alguna de tus salidas, y bajo los efectos del alcohol...-le lanzó una mirada intimidatoria que helaría a cualquiera.
-¡¿Y ahora encima te atreves a llamarme alcohólico? ¡Ni soy así, ni jamás revelaría ningún asunto de Estado tan importante como este, maldito "enano paranoico"! -ahora estaba realmente furioso.
-¡¿Enano? ¡Pues tú eres un larguirucho chulesco, y que se intenta hacer el gracioso con todo el mundo! -se enfadó, y comenzó a insultar a Valenzuela, estirándose hacia arriba y sacando pecho para parecer algo más amenazador, aunque más bien daba risa.
-Señores, cálmense. Esta discusión no nos llevara a nada, y no creo que sea apropiado para hombres de vuestra edad -dijo Auru intentando hacer de moderador.
-¡Espera un momento! Ahora que lo pienso, podrías haber sido perfectamente tú, Auru...-dijo Grialdo señalándole con desconfianza- Hace años que te jubilaste, y sólo hace unos meses volviste. Has tenido tiempo suficiente para planearlo todo...
-¡¿Cómoo? ¡Ni se te ocurra pensar que yo haya podido tener nada que ver con eso! ¡He sido fiel a Hyrule desde antes de que tú nacieras, y jamás traicionaría a mi patria! -aquel comentario sacó de sus casillas a Auru.
Y así empezó una disputa entre aquellos tres hombres. Una pelea sin sentido, cargada de insultos y de acusaciones sin base. Link los miraba incrédulo, no se podía creer lo que estaba sucediendo. La paciencia de la princesa se agotaba cada vez más a cada segundo que pasaba, y al final, estalló.
-¡Silencio! ¡¿Se puede saber a que viene toda esta sarta de sandeces y disparates? ¡Qué ninguno se atreva a acusar a nadie de lo que pasó, sé perfectamente que nadie de aquí fue! ¡Así que dejaros de tonterías, y comportaros como hombres de vuestra edad! -les ordenó con gran autoridad y enfado.
-Lo sentimos, majestad -dijeron al unísono, y los tres bajaron la cabeza avergonzados.
-Bien, pero como castigo, vosotros tres tendréis que cargar solos la carreta con los cobres donde está guardado el Tesoro Real, mientras Link y yo os adelantamos y abrimos paso a la cámara acorazada -les dijo sin un ápice de compasión.
-¡¿Qué? ¡Por favor, princesa! ¡Estoy agotado tras varios días de viaje transportando el tesoro hasta aquí, con todo el estrés que supone viajar con sólo unos cuantos soldados mediocres que te escolten! ¡Y esos cofres pesan demasiado! ¡Harían falta mínimo cuatro hombres para poder llevar un carro lleno de ellos! -se quejó Grialdo y le suplicó a la princesa.
-Seguro que vosotros tres encontraréis fuerzas suficientes para que parezcáis cuatro hombres... -les dijo sin ceder a sus quejas- Vámonos, Link -le dijo haciendo un gesto con la mano para que la siguiera.
Link se encontraba amedrentado, por algo ella era la mandataria de Hyrule...
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Llevaban un rato caminando por las oscuras y tétricas mazmorras del castillo, avanzar ahí no era tarea fácil. Podían ver las viejas celdas ahora vacías, que daban temor sólo verlas; oían los gruñidos temerosos de las ratas del lugar; por los canales corría agua que no era precisamente muy recomendable usar; y la porquería se dejaba notar en cualquier parte a donde mirasen; en verdad era un sitio horrible. De pronto, Link se detuvo contemplando una mazmorra, y Zelda vio como instintivamente se empezaba a tocar la muñeca izquierda con la otra mano.
-Fue aquí donde me encerraron cuando era un lobo...-dijo divagando.
-¿Aquí fue donde te mantuvieron preso? Tuvo que ser una experiencia no muy agradable...-se sentía mal por él, más aún teniendo en cuenta que ella dejó que Zant hiciera todo eso.
-Sí, reconocí esta celda enseguida. Aunque no todo son recuerdos malos, aquí fue donde conocí a Midna -le habló algo más animado.
-¿Y ella te sacó de ahí? -le preguntó.
-¡Ja! ¡Qué buen chiste! -se rió algo molesto de recordar lo sucedido- No, ella no quiso sacarme de la jaula, dijo que debía encontrar la manera de salir yo solito. Lo único que hizo fue romper los grilletes de mi cadena, y ni siquiera se molestó en quitarme la "pulsera" que se me quedó atrapada en la pata -le explicó algo molesto, pero a la vez le parecía divertido.
-¿Entonces cómo saliste de ahí? -le volvió a preguntar confusa.
-Mire ahí, -se agacharon, y le señaló un montón de tierra algo revuelta- Por ahí conseguí escapar, usando mi percepción animal para descubrir que por este sitio se podía salir.
-Ah...me parece que voy a tener que castigar al "perrito" por hacer hoyos en donde no debe... -le dijo con una sonrisa irónica.
A Link le hizo gracia ese comentario, y tras eso continuaron su camino, ahora hablando sobre qué camino había usado para salir de las mazmorras, una historia de la que podía alardearse y lamentarse al mismo tiempo.
Tras un rato, llegaron a una circunvalación que Link no había visto antes, y tras unos cuantos pasillos, se encontraron en un callejón sin salida. Link pensó que se habían equivocado de camino, pero no fue así. La princesa empujó, en un orden determinado, una serie de ladrillos que a simple vista serían imposibles de reconocer del resto. La pared que estaba enfrente de ellos empezó a retroceder, desapareciendo engullida por el techo, y dejando al descubierto unas escaleras delante de ellos. Se quedó impresionado, pero no tuvo tiempo de decir nada dado que la princesa empezó a subir esas escaleras. La siguió por una serie de pasillos hasta llegar a una enorme puerta de acero blindado que estaba herméticamente cerrada. Zelda le pidió ayuda a Link para que pudiesen abrir la puerta. Tras un duro esfuerzo, lo consiguieron, y la cámara se abrió. Dentro había una sala grande, pero no demasiado; repleta de antorchas que iluminaban el cuarto; de decoración simple pero elegante; y con lugares marcados, estantes y pedestales donde se suponía que iría el tesoro.
-Es impresionante... ¿Esta es la nueva sala donde se guardará el Tesoro Real? -le preguntó con asombro.
-Sí, la anterior sala fue demolida tras el intento de asalto de "Los Seguidores", y decidí hacer un par de modificaciones a los planos de esa señora llamada Impaz.
-¿Y ella te dejó? Era muy recelosa con sus planos...
-No tenía por que enterarse, así que hice yo misma las modificaciones. No supondrían ningún peligro para la estructura, simplemente uní y modifiqué determinadas partes de los subterráneos del castillo. No era una zona que necesitase precisamente remodelación, y prácticamente nadie trabajó en las mazmorras, sólo en las zonas menos profundas y las que más habían sufrido la explosión. Auru y Valenzuela se encargaron de ayudarme a hacer las modificaciones, y de la cámara acorazada se encargó Grialdo.
Link se quedó un rato inspeccionando la curiosa habitación, hasta que tras un rato, oyó ruidos provenientes del pasillo que daba a la cámara. Por la puerta, entraron unos exhaustos Valenzuela, Auru, y Grialdo, jadeando y sentados en el suelo completamente destrozados. Tras ellos, había una carreta de madera, con varios cofres enormes y de aspecto discreto, aunque construidos en buena madera. Tras un momento de descanso, Grialdo se levantó y se limpió el polvo.
-Uff...por fin llegamos...ha sido horrible...-todavía se estaba recuperando de tan enorme esfuerzo- Bueno... ¡Yo ya terminé! ¡Ahora vosotros tendréis que cargar los demás cofres vosotros solitos! -se burló alegre por no tener que volver a pasar por aquello.
-¡Ni de broma! ¡Encima tú has sido el que menos ha ayudado, por tu "cuerpecito de duende"! ¡Ahora tú vas a ser el "burro" que tire de la carreta! -y Valenzuela se levantó del suelo, muy enfadado.
-¡No, no, no! -le dijo con retintín mientras le negaba con el dedo- Soy el Tesorero Real, y he de encargarme de distribuir y organizar el Tesoro Real. No tengo tiempo para hacer de "mula de carga"...
-¡Serás...! -el puño de Valenzuela estaba peligrosamente sobre encima de su cabeza, esperando a que su dueño diera la orden de golpearle.
-¡Valenzuela! -le dio un toque de atención la princesa- ¡Deja de comportarte así! Grialdo tiene razón, él debe quedarse a supervisar y organizar el tesoro. Me temo que tú y Auru tendréis que traer el resto del cargamento vosotros solos -le habló autoritariamente con los brazos cruzados.
-¡¿Quée? -Valenzuela no se podía creer lo que le acababa de decir la princesa.
-Esto es por tu culpa, Valenzuela...-le decía muy molesto Auru- Si no te hubieras peleado con Grialdo, esto no hubiera pasado. Yo estoy viejo para estas cosas...-se quejó y echó una mirada maliciosa a Valenzuela.
-¡¿No me digas que tú también estás contra mí, Auru? -se quedó incrédulo por lo que le acababa de decir.
-¡Ji, ji, ji! ¡Te fastidias! ¡Nunca te metas con Grialdo, pues aunque sea pequeño, soy duro de pelar! ¡Es más eficaz la inteligencia que la fuerza bruta! -le dijo boxeando en el aire.
Valenzuela comenzó a maldecirlo por los bajo, y ha hacerle gestos desde la distancia con los puños indicándole que cuando pudiera, le daría una lección.
-¡¿Qué dices? ¡No te oigo! ¡Y no me das miedo! -se burló con la mano en la oreja Grialdo.
-Déjenlo ya...parecéis unos críos...-dijo la princesa con la mano sobre la cara, rindiéndose ya por el comportamiento de esos dos.
Valenzuela y Auru volvieron a llevarse la carreta, ahora bastante más ligera, aunque pronto volvería a llenarse. Link estaba asombrado por la relación que tenían el Comandante Valenzuela y Grialdo, y quiso preguntarle a la princesa.
-Alteza, ¿Se puede saber por qué Valenzuela y Grialdo se llevan así? -preguntó todavía sin creérselo.
-Te voy a poner un ejemplo. Imagínate a dos perros, concretamente a un Gran Danés y un Chihuahua -le dejó en el aire aquella respuesta para que él imaginara.
-¿Y qué tienen que ver dos perros con ellos dos? -preguntó extrañado.
-Creo que no me has entendido. Valenzuela es el Gran Danés, y Grialdo el Chihuahua. Se dice que los perros pequeños tienen un gran carácter y a la más mínima buscan las cosquillas a otros perros, normalmente más grandes que ellos. Estos a su vez, suelen ser bastante pacientes, pero llega a un punto en el que ambos se pican entre sí, y normalmente es el perro pequeño quién domina, ya que los perros grandes suelen ser más tranquilos y usan su fuerza sólo cuando están muy enfadados. Es una metáfora... ¿La has entendido ahora?
-Sí, yo mismo lo he vivido...-le dijo recordando sus propias experiencias como lobo.
Aquel comentario le hizo mostrar a la princesa una pequeña sonrisa. Después ambos pusieron su atención en Grialdo, que abrazaba uno de los cofres y le hablaba.
-Mirad tesorito mío, el "tío" Grialdo ha decorado esta habitación especialmente para vosotros. Tenéis que tener un lugar apropiado para descansar después de tanto tiempo fuera de casa. Aunque algunos os habéis hecho famosos en la exposición del Museo Nacional, eso es bueno. Pero aquí estaréis más seguros, sobre todo porque una banda de malvados ladrones intentó secuestraros. Pero no os preocupéis, si se trata de vosotros, nadie puede con el tío Grialdo, que os da mimos y os cuida como si fuera vuestro dueño...-le "habló" al tesoro con una voz melosa y acariciando el cofre. Definitivamente, aquel hombrecillo estaba loco.
-Eh... ¿Le está hablando al tesoro? -preguntó asustado con una gota de sudor frío en la cara, y también con cierto repelús.
-Sí...es bastante extravagante, pero no hay mejor persona para cuidar del tesoro que él. No sabes el enfado que se cogió cuando le notifiqué el intento de robo del tesoro...-le dijo intentando apartar de su mente aquella traumática experiencia.
-¿Y no piensa que él pudo decirle a "Los Seguidores" dónde estaba el tesoro? Lo veo bastante obsesionado con él...-le preguntó mirando con desconfianza a Grialdo.
-Jamás, él daría su vida antes de que algo malo le pasara al tesoro -le dijo con mucha convicción.
-¿Entonces quién cree que pudo ser?
-Francamente, no lo sé -se masajeó la cabeza intentando pensar- Simplemente no lo entiendo, nadie podría saber la antigua localización del tesoro además de nosotros. Pensé también que podría haber sido un preso fugado de las mazmorras y que encontró la entrada a la cámara por accidente, pero es algo absurdo.
-¿Por qué?
-Porque en los últimos años, sólo una persona ha conseguido escapar de las mazmorras, y ese alguien...eres tú -le habló señalándole- Te aseguro, que si no hubiera aceptado tus súplicas para que perdonara a tu amiga, ella hubiera preferido pagar la multa antes que pasarse unos cuantos días en los calabozos...las condenas en Hyrule se cumplen a rajatabla -le dijo con tono misterioso e intimidador. Link tragó saliva, no conocía aquella faceta de la personalidad de la princesa...
Mientras tanto, Grialdo ya había empezado a colocar el tesoro en sus respectivos lugares. En ese momento, fue a abrir uno de los cofres, y sacó una caja de cristal tapada por un trapo con el símbolo de la Familia Real. Miró a escondidas por debajo del paño, y sonrió alegremente. Luego miró a la pareja, y se acercó a ellos, entregándole a Link la caja.
-Toma, quiero que admires "La Joya de la Corona" del Tesoro Real. Mientras, yo voy a seguir colocando al resto de mis "sobrinitos" en sus respectivos lugares -y se marchó alegre a seguir con su trabajo.
Link tenía mucha curiosidad por saber que era lo que había por debajo de aquel pañuelo, mientras que la princesa miraba la caja seria, como si estuviera preocupada por lo que había dentro. Link lo destapó, y vio una de las cosas más impresionantes que había visto, un impresionante anillo extraordinariamente hermoso. Era un anillo grande, nada discreto; y llevaba incrustado joyas preciosas de varios quilates sobre una circunferencia de oro. Mientras él miraba pasmado el anillo, la princesa lo sacó de su urna. Lo cogió y se lo enseñó para que lo admirara mejor.
-¿Este es el tan famoso Anillo Real? -le preguntó extasiado.
-Sí, ¿A qué es impresionante? El material base del que está hecho no es un oro cualquiera, sino una aleación junto con un mineral desconocido. Las piedras verdes que ves ahí, son esmeraldas, ópalos y otro tipo escaso de piedras preciosas llamadas grandidierites. Y la piedra central, es una piedra realmente escasa que sólo se encontró una vez en las viejas Minas Goron, una extraña fusión de amastista, majorite y benitoite. Además, cada Anillo Real posee una característica especial que los diferencia de los otros tres. Por ejemplo, este anillo, el del Rey, posee un extraño brillo rojo al exponerlo directamente al sol.
-¡Increíble! ¡Ese anillo debe valer muchísimo dinero!
-Para que te hagas una idea, reuniendo los cuatro anillos, se podrían comprar las Provincias de Latoan, Farone y Eldin, aunque quizás haya exagerado un poco.
-Aún así, es impresionante. Lo que me extraña es que poca gente habla de él o no haya intentado robarlo...
-Eso tiene una explicación...según la leyenda, hace muchos siglos, cuando fueron robados misteriosamente los anillos, encontraron los cuerpos inertes de los supuestos atacadores, que parecían haber sufrido una muerte trágica. Se pensaría que fue porque a ellos mismos se los robaron, pero según el testimonio del único superviviente de la banda, dijo que varios de sus compañeros contrajeron una extrañada enfermedad que les volvió locos y los que no murieron de ella, acabaron matándose entre ellos. Se deshizo de los anillos, pero se dice que algunas personas los encontraron más tarde, pero también murieron en extrañadas circunstancias. Volvieron a desaparecer, y esta vez la gente olvidó completamente su interés por los anillos. Decían, -sonrío incrédula por lo próximo que diría- que la Familia Real, al ordenar forjar los anillos con aquellas extrañas aleaciones y cualidades misteriosas que poseían los anillos, su forjador los maldijo, de modo que sólo la Familia Real pudiera tenerlos y controlar "su poder". Por eso, casi nadie aspira a intentar robar los anillos o encontrar los otros dos. Aunque prefiero que siga siendo así, no me gustaría que más gente como aquellos intentara robar los anillos.
-Es una historia terrorífica, aunque se dice que toda leyenda tiene su parte de verdad...-y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo.
La princesa Zelda se quedó observando sobre su mano aquel anillo, con la mirada perdida y melancólica. Cerró el puño donde tenía el anillo, y lo apretó fuertemente contra su pecho.
-Princesa, ¿Le pasa algo? -le preguntó preocupado.
-¿Eh? No, no es nada...sólo estaba pensando -le respondió con un tono algo triste y desanimado.
Él sabía que a ella le pasaba algo, pero no quiso preguntar porque seguramente ella evadiría el tema. Había tantos misterios que rodeaban a su persona...y eso, debía reconocerlo, le atraía bastante.
De repente, Zelda notó como Grialdo carraspeaba la garganta algo molesto para que le prestase atención. Bajó la cabeza, y le dio el anillo, sabía perfectamente las intenciones de aquel hombre. El hombre armó unas pequeñas escaleras, que nadie sabía de dónde las había sacado, y se subió a ellas para colocar el anillo en un pedestal en medio de la cámara, para luego taparlo con la cubierta de cristal.
-Es una pena que usted sólo use el anillo para ocasiones especiales o para sellar documentos oficiales. Pienso que debería llevarlo más a menudo, por algo es un símbolo de su familia. Aunque podría entender por qué no quiera llevarlo siempre...mejor dejo el tema -le dijo como si divagara, mientras observaba el anillo- ¡Menos mal que mi "sobrinito favorito" va a poder lucirse dentro de unos días! -habló mientras abrazaba y acariciaba la cubierta de cristal.
En ese momento, se oyó un golpe seco proveniente de la entrada, y que retumbó en toda la sala. Eran Auru y Valenzuela, junto al segundo cargamento de cofres. Y si antes estaban exhaustos, ahora parecían estar agonizando. Su respiración era agitada, y estaban tirados en el suelo sin poder moverse. Grialdo se acercó a Valenzuela, y le miró desde arriba, por una vez el era quién miraba desde arriba y no al revés.
-Ag...Te debe de encantar verme así, ¿Verdad? -le preguntó sin ganas y casi burlándose de sí mismo.
-Debo reconocer que sí, aunque tal vez en el fondo sienta algo de lástima por ti ¡Ja, ja, ja! -se rió con ganas.
Mientras, Link y la princesa miraban la escena divertidos.
-Creo que Auru y Valenzuela ya han sufrido bastante castigo, ¿Te importaría ayudarlos a transportar el resto del tesoro? -le preguntó a Link perdonando definitivamente a esos dos hombres.
-Claro que no, majestad.
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Aquel trabajo fue realmente duro, tuvo que llevar varios cargamentos llenos de aquellos cofres y al final acabó agotado.
Más tarde, él y Auru fueron a descansar al bar de Telma, donde se quedaron ellos tres solos. Allí los tres estuvieron hablando y comiendo hasta bien entrada la noche. Mientras hablaban, Link le preguntó una duda que llevaba desde esa mañana rondando por su cabeza.
-Oye, Auru...antes Grialdo comentó que dentro de unos días habrá un acontecimiento especial en el que la Princesa lucirá joyas que sólo lleva puestas en esas determinadas ocasiones, ¿Cuál es ese acontecimiento tan importante? -le preguntó curioso.
-¿No lo sabes? Es el aniversario del nacimiento de la Princesa de Hyrule. Además servirá de segunda inauguración para todos los nobles, burgueses, y gente influyente de este y otros reinos que acudan a la celebración. Por eso, en estos últimos días la actividad en el castillo ha sido frenética ¡Es increíble que no te hayas enterado! ¡Y eso que eres el guardaespaldas personal de la Princesa! ¡Ja, ja, ja! -le respondió Telma en lugar de Auru.
-Ah, no lo sabía...-le dijo desanimado por ser el único que no se había enterado, y más por su proximidad con la princesa.
-No te desanimes, a todos nos puede pasar -le dijo para animarlo- De todas formas, después de la celebración te mudaras definitivamente al castillo, ¿Ya has pensado lo que te llevarás de tu casa en Ordon? -le preguntó Auru.
-¿Eh? No, ni me había acordado de eso.
-¡Qué despistado eres! ¡Primero te olvidas del cumpleaños de la princesa, y ahora te olvidas de tu propia mudanza! ¿Qué esperabas? ¿Mudarte al castillo con las manos vacías y que allí te lo dieran todo? ¡Eres todo un caso! -le habló Telma asombrada, mientras limpiaba un vaso.
-¡Está bien! ¡Mañana iré a Ordon a buscar mis cosas! ¡Pero no me lo sigas recriminando más! -estaba harto de que Telma se riera de él a la más mínima.
-Pues si vas a Ordon, pienso que debería dejarte a Okima, para que te ayude a transportar tus pertenencias -le ofreció Auru.
Okima era el nombre con el que Auru había bautizado al Bullbo que se encontró Link en el desierto. Durante las obras, uno de los animales que ayudaron en la reconstrucción fue ese Bullbo. Auru se encariñó con él desde un principio, y al Bullbo también le cayó bastante bien. Como Link no sabía que hacer con él, ya que tenía a Epona, decidió dárselo a Auru, puesto que él no tenía ninguna montura.
Link le agradeció su oferta y la aceptó. Mañana partiría a recoger sus cosas...
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Era de noche cuando llegó a Ordon, y eso que había salido desde muy temprano. Debía de ser tardísimo, y no quiso molestar a nadie. Simplemente esa noche recogería sus cosas y por la mañana volvería a la Ciudadela sin que nadie se enterase. Entró a su casa, y encendió un candelabro que tenía por ahí. Buscó un par de baúles y algunos sacos para meter lo que se llevaría, aunque no fuera demasiado. Cogió algunos libros que tenía en la estantería; imágenes enmarcadas que tenía sobre un tocador; algunos trofeos y ofrendas que tenía de sus viajes o que había conseguido aquí en Ordon; algo de ropa; y algunos cachivaches más. Tras eso, sólo le quedó una parte de su casa por revisar: el sótano, ese lugar que no le gustaba visitar.
Empezó a bajar las escaleras con cuidado, apenas se veía nada. Pero de pronto, al apoyar mal el pie, resbaló y cayó al suelo. Link se maldijo a sí mismo por no haber puesto jamás un sistema de iluminación en aquel lugar. Se quejaba y retorcía en el suelo del dolor que le había provocado la caída. Cuando se recuperó un poco, vio que el candelabro se había quedado tirado en el suelo al otro lado de la habitación, y algunas de las velas se habían apagado. Se acercó, y cogió de nuevo el candelabro, pero al hacerlo, la luz de las velas se reflejó en un extraño objeto brillante que estaba escondido tras una de las cajas del sótano. Buscó a tientas detrás de las cajas y al final agarró algo que no recordaba tenerlo. Cuando usó el candelabro para verlo mejor, se alegro bastante por lo que encontró.
-¡No me lo puedo creer! ¡Ya casi había olvidado de que lo tenía! Esto me soluciona mi pequeño problema...
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El día anterior había llegado de Ordon con todas sus cosas. Le mostraron su habitación, donde viviría a partir de ahora. Era una habitación sencilla, pero acogedora. Una ventana que iluminaba todo el cuarto; un escritorio; una buena cama; una estantería; un armario; y otros muebles típicos de un dormitorio; y todos ellos parecían de buena calidad. También había una enorme alfombra redonda bastante mullida, y unas cortinas verdes que hacían juego con el resto de la habitación. Ese día se encerró en su habitación hasta la noche, quería terminar se colocar sus cosas y de terminar con un asunto bastante importante...
Por la noche, comenzó la fiesta de aniversario del nacimiento de la Princesa, en el Salón de Bailes del castillo. Había un ambiente muy refinado y selecto que se respiraba por toda la estancia. Muchos hombres y mujeres estaban esa noche ahí, y todos contaban con un alto rango social, vistiendo y comportándose excéntricamente. Hombres engalanados con los más elegantes trajes, mujeres que lucían joyas muy caras, y todos conviviendo en ese ambiente de excentricidad y glamour. A él no le iba ese tipo de celebraciones, y tenía que comportarse sumisa y educadamente con todos los asistentes a esa fiesta, aunque algunos simplemente por su actitud no lo merecieran. Estuvo buscando a la princesa durante un buen rato, hasta que al final la encontró asomada a un balcón.
Estaba hermosa, y la luz de la luna reflejaba aún más su belleza. Se había vestido con un vestido rojo de lo más elegante. Portaba numerosas joyas, y entre ellas, estaba el Anillo Real. Se quedó un momento pasmado observándola, y quiso salir al balcón a saludarla, pero no estaba sola. Habían otras dos personas hablando con ella, pero no parecía interesarle demasiado la conversación, incluso se la notaba algo molesta por lo que decían. Él se quedó al margen de todo aquello, pero no pudo evitar escuchar parte de la conversación.
-Princesa, por favor, esta es la última vez en esta noche que le decimos esto. Piénselo bien, y no nos dé una negativa de nuevo -le pidió el varón de piel clara que hablaba con ella.
-¿Cuántas veces tengo que decirlo? -preguntó mosqueada- Ya os he dicho que no estoy interesada en ese asunto. Llevamos años así, ¿Y todavía seguís con lo mismo? -les daba la espalda mientras hablaba, observando el cielo nocturno.
-¡Princesa! ¡Eso es una gran muestra de testarudez por vuestra parte! -le habló alzando la voz, pero manteniendo el respecto por su soberana- Le estamos dando opciones a elegir desde hace muchos años, y si no quiere tomar cartas en el asunto, nos veremos obligados a elegir por usted. Cada vez le queda menos tiempo, y cuando se acabe el plazo, no podrá reclamar nada sobre nuestra decisión. Ahora, si nos disculpa, nosotros nos volvemos a dentro. Buenas noches, majestad -le dijo con tono severo la mujer de piel oscura que también hablaba con ella.
Ambas personas entraron de nuevo al salón, no sin antes pasar al lado de Link con una mirada de estar bastante molestos. No le dio importancia, y se acercó a ella, que parecía estar hablando consigo misma por lo bajo.
-Ag...cada año igual...no hay año que no me lo recuerden. De todas formas, ¿Qué más da? Al final voy a tener que hacerlo, por lo menos prefiero que ese momento llegue lo más tarde posible...-se dijo a sí misma apoyando su cabeza sobre sus manos, parecía bastante estresada.
-Ejem...-carraspeo Link su garganta- Perdone que le moleste, pero... ¿Quiénes eran esos individuos y de qué hablaban? Lo siento, pero no puede evitar escuchar el final de vuestra conversación...-se sentía un poco avergonzado por eso.
-¡Ah, estás ahí! -se sorprendió al verlo- Pensé que te quedarías esta noche en tu nueva habitación, pero me alegra ver que estás aquí. Y respecto a eso, eran dos de los Ministros, y hablábamos sobre asuntos del Estado, nada importante. Aunque pueden llegar a ser bastante pesados...-se quejó.
-Oh, entonces no importa. Tengo algo que le podría interesar...-se sonrojó un poco y sacó lentamente de detrás suya un paquete envuelto en papel marrón- Fe-felicidades, princesa -le felicitó nervioso- Sé que no es mucho, pero pensé que le gustaría...perdóneme si no es de su agrado y por el aspecto que tiene. Intenté limpiarlo, pero no fue suficiente...-y apartó la vista de ella con temor a que le disgustara su regalo.
Zelda se quedó impresionada, por nada del mundo se hubiera esperado un gesto así de parte de Link. Se quedó mirando el paquete un momento, y luego lo abrió para encontrarse algo que le hizo sonreír muy agradecida y enternecida. Era un collar hermoso, de oro y con decoraciones que le daban un aspecto exótico. Hacía falta limpiarlo un poco, pero le daba igual. Pero lo que no entendía era: ¿De dónde había sacado el dinero necesario para comprar esa antigüedad? Por su aspecto, no parecía ser nada barato...
-Es hermoso, me encanta. Muchas gracias, Link, estoy realmente agradecida -le dijo enternecida- Sé que es de mala educación pero... ¿Cómo pudiste pagar esto? -no le gustaría que él hubiera tenido que empeñar nada para comprárselo.
-No lo compré, lo encontré durante mis aventuras, concretamente en el Patíbulo del Desierto -se rascó el cuello nervioso al recordar como lo consiguió.
-Me gustaría que me contaras la historia, si no es mucho pedirte -le pidió sonriendo ligeramente, de forma que no rechazara su petición.
-Si me lo pide así, entonces se lo contaré...-empezó a contarle la historia, omitiendo ciertos detalles, mientras el rememoraba en su cabeza la verdadera versión de los hechos...
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Tras avanzar por diversas salas del Patíbulo del Desierto, llegaron por accidente a una sala oculta que estaba completamente a oscuras, donde él y Midna tuvieron que luchar contra diminutos Stalfos, para luego encontrar la manera de encender las dos antorchas que iluminarían la habitación.
Al hacerlo, pudo verse la habitación entera, y se sorprendieron al ver una enorme escultura de una mujer hecha de oro detrás de ellos. La escultura estaba engalanada con diversas joyas y accesorios, que desde un principio llamaron la atención de Midna. Se dedicó a quitarle todas las joyas que tenía y a probárselas ella misma, poniendo posturas "glamurosas" para lucir más bella engalanada con aquellas joyas, mostrando una vez más su gran soberbia y narcisismo, ante un pequeño espejo que había también ahí.
-Dime Link, ¿Te parezco atractiva? Seguro que sí, cualquier hombre caería a mis pies al verme sin ni siquiera abalorios -le comentó mientras se observaba al espejo. Si en aquel entonces hubiera visto su verdadera forma, tal vez le hubiera dado la razón.
-Midna, creo que no deberíamos tocar nada de lo que está aquí. Me da la sensación de que esto es una estatua en honor a un dios, y no pienso que sea correcto coger nada sin permiso. Podríamos ofender a alguien...-no le hacía que estuviera perdiendo el tiempo con eso, ni menos tocar sin permiso algo que podría ser sagrado para otra cultura.
-¡Eres un aguafiestas! ¡Odio tu maldita moral y tu sentido absurdo de lo correcto! ¿¡No ves que esto lleva años abandonado! ¡¿A quién le va a importar que cojamos nada de esto? -le dijo molesta.
-Puede que tengas razón, pero creo que deberías mostrar algo más de respeto. Además, puede que mi sentido del honor sea absurdo, pero tú eres una cínica...-le contestó igual que ella se lo había hecho.
-¿Tienes algún problema con eso? -le contestó clavándole la mirada- Aunque creo que sé lo que te pasa...-se empezó a tocar la barbilla como si estuviera pensando, y mostrando su típica sonrisa- Súbdito mío, por tus fieles servicios, te hago entrega de este obsequio como agradecimiento...-le habló con porte regio y refinado, y le lanzó una especie de reliquia antigua con forma de collar, bastante polvoriento pero bonito- Seguro que te servirá de regalo para una hermosa doncella en caso de necesidad. Y conozco a dos mujeres a las que les podría interesar este obsequio...-le sonrió maliciosamente sabiendo que sus palabras habían tenido efecto en él.
-¡Ja, ja! Muy graciosa...-se rió sin ganas, e intentando ocultar su rubor. Le había descubierto...- ¿Y desde cuándo eres tú una reina para hablarme ese modo? -le sonrió, ese era el carácter de Midna y no podía cambiarlo.
-Si tú supieras...-se quedó divagando. Si en ese momento él hubiera sabido de su verdadera identidad...
-Ya, bueno... ¿Nos vamos? -no le encontró sentido a lo último que dijo- Eras tú la que tenía prisa por llegar a donde está el espejo, no yo -le recordó.
-¡Ay, es verdad! ¡Vamos, vamos! ¡Cuánto antes lleguemos, mejor! -terminó cogiendo las joyas que ambos tenían en las manos, y con su magia las desvaneció- ¡Démonos prisa! -y se fue flotando rápidamente hacia otra sala.
-Ag...me va ha volver loco...-se echó la mano a la cabeza, harto de los cambios repentinos de Midna.
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-Vaya, vaya...no sabía que te dedicaras a saquear templos antiguos. Esa es una faceta tuya que no conocía...-le dijo como si se lo estuviera recriminando, aunque en realidad estaba de broma.
-¡Ey! ¡No fui yo, fue Midna! ¡Y no soy un ladrón o un cazatesoros! -levantó ambas manos y retrocedió, intentando excusarse.
-Era una broma...me encantó este detalle que tuviste conmigo, no te pongas nervioso por eso -le encantaba la inocencia de aquel chico.
-Eh, bueno...-se ruborizó y se rascó el cuello.
En ese momento, entró Grialdo al balcón, que parecía estar buscándola desde hacía rato.
-Majestad, los invitados esperan...-no terminó su frase. Se quedó un momento paralizado y su tono de voz cambió radicalmente- ¡Ayyy! ¡No me lo puedo creer! ¡¿Una nueva joya se ha unido a su colección? -puso las manos juntas como si fuera en mendigo para que Zelda le dejara observar su nueva adquisición, y ella se lo dio gustosa- Está algo polvoriento y desgastado, pero no es nada que no pueda solucionar un buen pulido a conciencia...-dijo observando el collar- ¡Pero no me lo creo! ¡Es un collar ceremonial en honor a la Diosa de las Arenas, deidad del clan Gerudo! ¡Por su diseño, diría que trata de alrededor de 100 años después de la Guerra Civil de Hyrule! ¡Esta es una joya de inestimable valor! ¡Estoy emocionado! -daba saltitos de alegría- ¿De dónde ha sacado este maravillo collar, princesa?
-Es un obsequio del joven Link. Lo encontró durante una de sus aventuras.
-¡Chico, me caes muy bien! -le felicitó volviéndole a sacudir su brazo en un apretón de manos, muy jovialmente- Ahora tome, princesa. La cena pronto estará lista, y debe lucir radiante ante tan selecto grupo de invitados -y le devolvió el collar, y se marchó muy contento.
-Creo que él se ha ilusionado más que usted por ese collar...-no podía creer que ese hombre fuera así de fanático. Le recordaba a Shad cuando hablaba de la cultura Uca.
-Sí, es un tanto especial...-le dio la razón- En fin, ¿Vienes? Creo que podré conseguirte un sitio de honor entre tanta "celebridad" -y le invitó a que pasara a dentro.
Él agradeció su invitación al banquete, y acabó sentándose cerca de la princesa, cosa que la mayoría de los presentes no entendió. Aparte de eso, el resto de la noche fue bastante bien. Sin duda, este era un cumpleaños que Zelda no olvidaría...
Continuará...
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Nota de Autor: Siento que estos dos últimos capítulos haya tardado en actualizar, pero he estado ocupada y también he estado realizando la famosa "siesta española" estos últimos días. No sé lo que me pasa, normalmente no lo hago, será la estación...
Da igual, espero que os haya gustado el capítulo y me gustaría que comentárais, que yo siempre respondo. Por otra parte, estee capítulo no ha dado mucha información de la trama, y los próximos más bien serán de sucesos que expliquen mejor como viven los personajes, pero espero que os sigan gustando por igual.
¡Hasta otra, y no olviden comentar!
Y por cierto...¡Feliz 25º Aniversario de la saga The Legend of Zelda! ¡Espero que continue por mucho más tiempo!
