Unas horas antes...
Adrien estaba cansado pero de buen humor. La cena baile estaba recaudando más fondos de lo que había esperado, además estaba pasando tiempo con su padre, cosa que apreciaba muchísimo. No le importó que Chloe estuviera pegada a él, ni que estuviera decidida a contarle con pormenores su última pelea con Sabrina, esa pobre chica que se llamaba a sí misma su amiga. Sólo se limitaba a asentir en los momentos correctos sin prestarle mucha atención y sonreía a los invitados.
Su padre también parecía complacido, enfrascado en una conversación con el Mayor. Las elecciones estaban cerca y las últimas encuestas de opinión le daban una amplia ventaja.
Cuando terminaron de cenar, Chloe comenzó a mirarlo fijamente, señal inequívoca de que quería algo y por como miraba a la pista de baile, solo pudo suspirar y levantarse, invitando a la rubia a bailar. Ella soltó un gritito antes de aceptar y quizás lo hizo demasiado fuerte, a juzgar por la mirada reprobatoria que le lanzó su padre antes de continuar platicando con el Mayor.
Ya tendría que haberme acostumbrado al hecho de que Chloe necesita ser el centro de atención. - Pensó Adrien, pero de igual forma se avergonzó, mientras la rubia en cuestión se levantaba graciosamente y lo acompañaba a la pista.
Le gustaba bailar, aunque no era muy bueno, se limitaba a hacer los pasos que había aprendido en sus clases. Cuando bailaba solo, sin embargo, era totalmente ridículo, y libre, le encantaba esa sensación. La pista era amplia y los cambios de luces lo mareaban un poco, pero Chloe lo estaba disfrutando, y él también.
Después de bailar un rato en la oscuridad, se comenzó a sentir cansado. No debería haberse desvelado tanto en los últimos días, sentía que los ojos se le estaban cerrando.
En realidad sus salidas nocturnas estaban bien, muy tranquilas, pero desde hacía un tiempo tenía la sensación de que alguien lo observaba. Primero pensó que su padre lo había descubierto y que mandaría a poner barrotes en su balcón y lo mantendría encerrado para siempre. Pero al día siguiente todo seguía normal, nadie le dijo nada, y su balcón permaneció abierto, tal y como estaba.
Sin embargo la sensación de ser observado solo se hizo mas fuerte. En varias ocasiones se detuvo entre las sombras y reteniendo el aliento se esforzó por escuchar o ver algo que confirmara sus sospechas, pero invariablemente se encontraba solo en medio de la noche. Tal vez solo fueran sus preocupaciones. El asunto de la bicicleta de Kim le estaba dando problemas. Era un modelo tan especial que sólo podía utilizar refacciones de la fábrica y el pedido que había hecho se había retrasado.
Se sentía mal por no poder devolver la bicicleta por tanto tiempo, pero esperaba que valiera la pena la espera y que quedara como nueva.
Pero eso no era todo el motivo de su incomodidad. Generalmente salía por las noches y recorría las casas vecinas en busca de algún desperfecto sencillo que pudiera reparar con sus herramientas a la noche siguiente. Pero cuando volvía con todo listo, el desperfecto había sido reparado. Era extraño porque casi nadie se fijaba en esos detalles, lo que le daba la oportunidad de ayudarlos sin ser notado.
Pero la última semana no había podido hacer nada. Nada en absoluto. Cada pequeño desperfecto que veía estaba arreglado para la noche siguiente. No podía ser una coincidencia ¿o si? En busca de convencerse de que eran sus nervios, había alargado sus recorridos una hora mas, para tratar de abarcar más casas. El resultado había sido el mismo. A pesar de encontrar muchos desperfectos todo se había esfumado a la noche siguiente. Comenzó a llevar sus herramientas con él para arreglar las cosas en cuanto las viera, pero pesaban mucho.
Tal vez alguien sí lo estuviera siguiendo. No. Se estaba poniendo paranoico. ¿Qué sentido tendría seguirlo? Iba disfrazado desde que salía de su casa, así que nadie lo reconocería, y para ser un ladrón no llamaría tanto la atención.
"Es sólo cansancio y estrés. Estoy pensando demasiado" - Se dijo. Porque incluso ahora estaba sintiéndose observado. Nada como lo que sentía en las noches, pero era como un cosquilleo. - "Es una fiesta, es normal que me sienta observado." - Racionalizó. - "A Chloe seguramente le encanta la atención."
Sólo entonces notó que la rubia estaba inusualmente callada.
Ay no, debe haberse dado cuenta de que no le estoy prestando atención. - Se preocupó.
Lo siento Chloe, estoy un poco cansado, ¿te parece si nos sentamos un rato? - dijo, antes de fijarse que la rubia estaba casi dormida, inclinada sobre él. - ¿Chloe? ¿Estás bien? - Le preguntó.
Trató de separarse de ella, pero la chica se escurrió entre sus brazos, sentándose en el suelo y murmurando cosas ininteligibles.
Vamos Chloe, levántate, vamos a la mesa. - La instó, tratando de cargarla, pero la rubia no estaba cooperando, parecía haberse quedado dormida en plena pista. Estaba seguro de que ella no le perdonaría si la hacía lucir mal, pero él tampoco se sentía muy bien. Aparte de estar cansado, se sentía mareado, no podía encontrar las fuerzas para cargar a su amiga.
La puerta principal se abrió y lo único que pudo hacer fue contemplar a la chica de rojo y negro que estaba allí, olvidando completamente a Chloe, quien roncaba suavemente desde el suelo.
¿L-ladybug? - musitó con asombro.
Estaba tan sorprendido que solo pudo mirarla cuando pasó caminando a su lado. Era la primera vez que la veía, y le pareció mucho mas impresionante que como se la habían descrito. Tan hermosa y segura de sí misma, esos ojos azules que parecían arder con un fuego interior lo cautivaron.
Sólo hasta que vio que se dirigía hacia la mesa principal cuando trató de moverse, pero no pudo, estaba muy mareado y temía caerse sobre Chloe. Había escuchado por parte de la policía que Ladybug era una ladrona peligrosa. No lo creía, pero aun así se preocupaba por su padre. La gente del pueblo le había contado que ella los había salvado de ser alcanzados por explosiones y que impedía que los extorsionaran. Algunos aseguraban que la habían visto devolver dinero y objetos robados a sus dueños.
¿Qué está haciendo aquí? - Se preguntó mientras se agachaba lentamente para separarse de Chloe, pero al llegar al suelo no pudo volver a levantarse. Sentía que sus fuerzas lo abandonaban. - ¿Qué está pasando? - Agitó la cabeza, tratando de disipar su confusión.
Adrien admiraba a Ladybug, por eso había comenzado a salir de noche. Quería ayudar, aunque fuera poco lo que podía hacer. Cuando sus brazos le fallaron, se dejó caer a un lado de Chloe, su mente nublándose.
Se le estaban cerrando los ojos y no pudo seguir luchando contra la necesidad de dormir. De pronto, alguien lo levantó. Haciendo un esfuerzo, abrió los ojos y se encontró cara a cara con la mujer mas hermosa que jamás hubiera visto. Sintió vértigo al caer en esos enormes ojos azules, quería seguir observándolos, pero estaba tan cansado, y sus ojos se le cerraron, cayendo en un sueño en el que perseguía un par de brillantes ojos azules, siempre fuera de su alcance.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Adrien despertó lentamente, confundido.
Ungh ¿que? ¿Dónde estoy? - Al abrir los ojos se encontró en una habitación desconocida. Una sola lámpara de mano arrojaba sus tenues rayos de luz sobre el. Trató de incorporarse y se dio cuenta de que estaba amarrado. No podía ver gran cosa a su alrededor.
¿Hola? - Llamó en voz alta - ¿Hay alguien?
Buenos días, Adrien. - Contestó una voz fría y hermosa a la vez. - Antes de que preguntes, ayer en la noche, durante la cena de beneficencia, fuiste secuestrado.
¿Qué?! ¿Por qué? ¿Quién eres? - Ok, no eran las preguntas mas inteligentes, pero todavía estaba tratando de organizar las cosas en su cabeza. Lo último que recordaba eran unos ojos azules... - ¡Ladybug!
Si, esa soy yo. - Dijo la chica, aproximándose para que pudiera verla y hablar cara a cara. - ¿La razón? Creo que también lo sabes. Voy a detenerte a ti y a tu padre. No permitiré que le sigan haciendo daño a esta ciudad.
¿De que daño hablas? Si era una cena de beneficencia. - Dijo el rubio, sin comprender.
Oh vamos, ambos sabemos quiénes se benefician realmente con esos eventos. - Contestó Ladybug, apenas conteniendo su disgusto por tantas mentiras. - ¿Sabes? Ya que vamos a pasar una temporada juntos, seamos honestos. No hay necesidad de fingir, ya se lo que hacen tu y tu padre.
Pe-pero si no he hecho nada. - Objetó el rubio, retorciéndose ante la ardiente mirada de la chica.
No mientas, Adrien, te ví. - - Dijo la chica, frunciendo el ceño. - Vi cuando robaste la bicicleta de Kim, la otra noche. ¿Lo niegas?
El chico palideció. Ella lo había visto. - Y-yo...
Ladybug lo miró fijamente, retándolo en silencio y el no pudo continuar. Finalmente suspiró.
Si, la tomé, pero... - Empezó a explicar.
Ajá, así que ahora me dirás que no querías robarla, que sólo la tomaste ¿prestada? o algo así. Debería darte vergüenza, Adrien, robarles sabiendo lo pobres que son. Sobre todo considerando que tienes todo el dinero para comprarte cualquier bicicleta que tu quieras. - Ladybug lo fulminaba con la mirada, y el no quería hacer otra cosa que explicarle.
¡Pero es que no la robé! La voy a devolver... - Insistió, Adrien.
Claro que la vas a devolver, eso y todo lo demás que hayas "tomado prestado" - Finalizó la chica.
No, escucha, no fue así - el chico trató de convencerla otra vez, pero Ladybug lo interrumpió.
Basta. Si insistes en mentir, tendré que amordazarte. - Dijo, mientras le mostraba una cinta. El chico guardó silencio de inmediato. Se daba cuenta de que Ladybug estaba muy molesta, y no permitiría que le explicara nada. Probaría de nuevo mas tarde.
Eso está mejor. - Dijo la chica, al ver que él se quedaba callado. - Vamos a poner una reglas ¿ok? No hablarás a menos de que te pregunte algo, y sólo con la verdad. Estoy cansada de tantas mentiras. - Eso último lo dijo a media voz, como si fuera un pensamiento que se le hubiera escapado. - Estarás aquí conmigo hasta que tu padre cumpla con mis demandas. Cuanto más pronto ocurra, más pronto te irás ¿entendido?
Adrien asintió. Tenía muchas preguntas pero la chica no parecía de humor para contestar, realmente no entendía qué estaba pasando.
¿Por qué estás tan molesta? - se sorprendió preguntando. - Ah, no tienes que contestar si no quieres... - trató de arreglar las cosas, pero mejor se quedó callado.
¿Cómo? - Al parecer la chica tampoco esperaba esa pregunta, así que se animó y volvió a preguntarle.
Si, ¿por qué estás tan molesta si tu plan funcionó?. Digo, estoy aquí. - Dijo el chico, tratando de comprender.
Ella suspiró pero al cabo de unos segundos le contestó.
Esto es solo el inicio de mi plan. Y realmente no se si va a funcionar o no. Soy una criminal, secuestré a un civil, y ahora la policía estará buscándome por mar y tierra. No es que no me buscaran antes, pero ahora ... - Las palabras surgían de ella a borbotones, como si no hubiera podido hablar de esto antes. - Ahora tendrían razón.
Entonces ¿por qué lo hiciste? - preguntó Adrien. El creía que Ladybug actuaba para beneficio del pueblo, y lo que la chica acababa de confesarle le confirmaba su teoría. Ella se sentía culpable por haberlo secuestrado.
¡Porque no tenía otra opción! Nadie me cree, todos son unos corruptos o están ciegos con las mentiras que los medios les cuentan. - Ella ventiló su frustración, paseando de un lado a otro.
Déjame ir, te prometo que solucionaremos este malentendido. - Ofreció el chico. Ella se detuvo y sus ojos azules relampaguearon. Cielos, aun estando tan enojada, le robaba el aliento.
Ja - ja, qué gracioso. - Dijo ella, con sarcasmo. - Olvídalo, eso no va a ocurrir. - Y, alcanzando la lámpara de mano, apagó la luz sumiéndolo en una completa obscuridad.
