Capítulo 70: La celosa reina del Olimpo.

La batalla entre los generales marinos y los serafines que se desarrollaba en los Archipiélagos Celestiales del Monte Olimpo estaba llegando a su final, Sorrento de Sirena y Najash de Dragón Marino luchaban contra el temible Bóreas en la Isla del Norte, este último había tomado la vida de Krishna de Crisaor con su implacable poder.

Hyoga de Cisne y Eolo luchaban sin piedad en la Isla del Centro, el dios del viento tenía ventaja en el combate al ser inmune a las técnicas de viento. Mientras todo esto ocurría las almas de Athena, Seiya, Shiryu e Ikki se encontraban en Morphia, la prisión de los sueños.

Monte Olimpo.

Archipiélagos Celestiales. Isla del Norte.

Bóreas miraba con frialdad a sus enemigos. Sorrento y Najash miraban el cadáver de su compañero Krishna con dolor e impotencia.

—¡Bóreas, aunque muera en el intento vengaré a Krishna! —exclamó el Dragón del Mar.

—Tu dolor, ira o bronca solo se interpondrá en tu camino, mi cosmos te alcanzará esta vez y morirás… —contestó el serafín.

Sin contestar Najash se abalanzó sobre su enemigo y lanzó una violenta patada, pero el súbdito de Hera tapo el ataque con su antebrazo, el fragmento de la armadura se resquebrajó del impacto, pero su brazo no había sido herido. Enojado, Bóreas contragolpeó con un fenomenal golpe de puño, Dragón Marino intentó esquivarlo pero sufrió un potente impacto en el hombro, la hombrera de su escama estalló, pero se mantuvo de pie, sin emitir ninguna queja.

—Najash… —susurra Sorrento preocupado.

—Te mataré ahora… ¡INVIERNO INFINITO!

Bóreas aspira profundamente, acumulando aire en su pecho, el cual parece inflarse considerablemente, luego sopla con fuerza hacia adelante, curvando levemente su cuerpo en la misma dirección, soltando de entre sus labios una espesa nube blanca congelada, que se abalanza sobre el general del mar, quien eleva su cosmos y da un extraordinario salto, evitando así el ataque.

—¡Increíble…Najash! —felicita Sorrento.

—Has esquivado mi técnica mortal… —murmura Bóreas sorprendido.

—¡Ya has usado tu técnica en repetidas ocasiones, no volverá a sorprenderme!

Najash enciende su cosmos, el cual rebasa sus propios límites, sus ojos se tornan de energía celeste, a sus espaldas puede verse la silueta cósmica de un dragón que emerge de la profundidad de un océano de universo.

—¡Este hombre está elevando su cosmos a un punto tal que su cuerpo no podrá soportar! —menciona Bóreas abandonando su semblante de tranquilidad.

—¡CONFINES DEL ATLÁNTICO NORTE!

Un cúmulo de dimensiones extrañas comienzan a flotar alrededor de Bóreas, en una cuestión de segundos ambos adversarios desaparecen, Sorrento queda estupefacto.

—Acaso… ¡Najash ha decidido adentrarse en lo más profundo del triángulo de las bermudas! —exclama Sorrento y decide avanzar rápidamente, para que el sacrificio de su compañero no sea en vano… —Hasta Neptuno…

. . .

Tras diversos colores que se diseminaban, mezclándose entre sí, aparecen repentinamente Najash y Bóreas, en el lugar parecían mezclarse extrañas dimensiones, una corriente soplaba mientras los contendientes tenían dificultades para moverse, envueltos por corrientes marinas, tanto por arriba como por debajo y en cualquier ángulo del horizonte.

—¡El triángulo de las bermudas nuevamente! Sé cómo volver… —afirma Bóreas.

—¡Aunque lo intentaras te sería imposible regresar, te he traído acá para luchar con ventaja…!

—Idiota…

Bóreas se lanza en un vuelo fulminante en un espacio dimensional y comienza a transitar diversas dimensiones, sin poder regresar, tras tomar el último portal aparece en el mismo lugar en donde se encontraba antes de alzar vuelo.

—¡Demonios, has manipulado el tiempo espacio!

—En efecto, como te lo he dicho antes… ¡no dejaré que te vayas! ¡CORRIENTES DEL PACÍFICO NORTE!

Najash eleva su cosmos y genera que distintas conexiones dimensionales comiencen a agitarse, las corrientes se potencian peligrosamente y avanzan sobre Bóreas, este es arrastrado con gran potencia en una feroz tempestad, su silueta finalmente desaparece de la visión del general marino, parecía que finalmente había vencido.

—Regresaré Sorrento…iremos juntos al Templo de Neptuno, a seguir luchando por Poseidón. —el general hace una pausa y observa algo a lo lejos. —¿Qué es eso que veo a años luz de distancia?

Desde lejanas dimensiones un magnífico torbellino de hielo congelante se aproximaba. Repentinamente Najash es arrastrado por el ojo de una tormenta helada, posesionándose de tal manera que el torbellino le obligaba a girar sobre su propio eje, a una velocidad centrífuga demoledora, que en pocos segundos desmembró el cuerpo de Najash.

Entrada al Templo de Juno.

Sorrento se había lanzado en una increíble corrida cósmica, había saltado recientemente de la Isla del Norte, repentinamente ante sus ojos una extraña dimensión se abre y un torbellino de vientos caen sobre el suelo, cuando el polvillo se levanta puede verse la silueta del enemigo.

—¡Bóreas!

—Najash de Dragón del Mar fue un buen rival, pero su alma ya ha de estar descansando por los confines del tiempo espacio…no vencerán, ahora solo somos uno contra uno, el que triunfe habrá dado la victoria a su dios.

—¡No le fallaré señor Poseidón! Ya he presenciado tus técnicas, ahora solo me queda evitarlas… ¡SINFONÍA MORTAL!

—¡INVIERNO INFINITO!

Bóreas aspira profundamente, acumulando aire en su pecho, el cual parece inflarse considerablemente, luego sopla con fuerza hacia adelante, curvando levemente su cuerpo en la misma dirección, soltando de entre sus labios una espesa nube blanca congelada, que se abalanza sobre Sorrento, pero este hace un giro con su mano, formando un círculo dorado, la nube congelante choca contra la esfera protectora, pero esta se resquebraja, atacando sobre su objetivo, hasta que su cuerpo resulta congelado.

—¿Lo he logrado…? —se preguntó Bóreas inseguro.

La estatua de hielo que era formado por el cuerpo de Sorrento desapareció súbitamente, el general del Atlántico Sur aparece alrededor del adversario, al caminar cadenciosamente y tocar su flauta hace aparecer su imagen repetida por doquier.

—¡No me vencerás con una ilusión…! ¡SECRETO DEL VIENTO NORTE!

El guardián de la Isla del Norte relaja su cuerpo y su aura comienza a brotar, mostrando un cosmos celeste mezclado con tonos violáceo, la atmósfera resulta totalmente modificada, las múltiples siluetas de Sorrento comienzan a diluirse, mostrando su verdadero cuerpo.

—Qué ha pasado… —susurra el general del Atlántico Sur.

—¡No creas ser tan especial, yo también puedo desarrollar poderes parecidos a los tuyos!

Repentinamente el cuerpo de Bóreas desaparece, pero puede verse su alma con la forma de su cuerpo.

—Su cuerpo desaparecido...

El alma de Bóreas comienza a separarse y a transformarse en cientos de alma con forma corporal, el frío comienza a volverse aterrador.

—Les debo fidelidad a los dioses Eolo y Hera, a Zeus, guardián del Olimpo, jamás me perdonarían si les fallo… ¡conocerás mi límite!

—Todos han dado sus vidas confiando en mi victoria, no puedo fallarles, juramos que al menos uno llegaría a Neptuno…

—¡CALAMIDAD NOCTURNA DEL VIENTO DEL NORTE!

Las incontables almas de Bóreas que giraban alrededor de Sorrento generan un violento apagón de luz, todo era negro, pero unos vientos helados mostraban luz entre tanta oscuridad, el cuerpo del general del Atlántico Sur es paralizado y unos potentes vientos lo hacen girar estrepitosamente, su cuerpo fue envuelto en una gran fricción, sus escamas habían sido agrietadas por doquier, pero le habían salvado la vida, ahora se encontraba desplomado en el aire de aquel extraño lugar.

Sorrento estaba abatido, flotando, su cosmos había desaparecido, todo parecía terminado, los generales marinos habían fracasado.

Todo había sido en vano culpa de Bóreas, pero en ese momento un cosmos comenzó a afectar a Sorrento, su psiquis vuelve en sí, su cuerpo comienza a reaccionar ante la incrédula mirada del más poderoso serafín.

—¡Se levanta después de recibir mi ataque, eso es imposible…soy el hombre más poderoso del Olimpo, no lo comprendo!

—No es una cuestión de fuerza… —musita Sorrento con dificultad mientras se ponía de pie.

—¿Qué es ese cosmos que veo detrás de él?

Bóreas abre grandes los ojos, mirando a espaldas de Sorrento el aura de una silueta de un hombre con una imponente armadura, que sostenía un tridente majestuoso.

—Entonces ha sido él… ¡Poseidón!

—Poseidón confía en mí, por eso no puedo perecer antes de cumplir mi misión… ¡SINFONÍA MORTAL!

Una hermosa melodía resuena en la mente de Bóreas, este intenta congelar los alrededores pero su cuerpo se entumece repentinamente.

—¡No puedo usar mi cosmos ni alzándolo más allá de mis límites! ¡CALAMIDAD NOCTURNA DEL VIENTO DEL NORTE!

De repente el atormentado serafín comienza a multiplicarse por doquier en el campo de batalla, y aunque cada una de sus imágenes parecía padecer los efectos de la melodía del marino, esta no impidió que repentinamente se abalanzara al portador de las escamas de la Sirena, sin embargo la técnica de Bóreas es atrapadas en una estrepitosa tormenta, exactamente igual al gran tornado que usaba Io de Escila, motivo por el cuál Sorrento había salido ileso.

—¿Qué ha ocurrido?

—Eso fue el gran tornado de Io, ahora sé que no estoy peleando solo, mis compañeros están peleando conmigo…

—¡Tus compañeros están muertos y aunque regresaran del más allá no tendrían la mínima oportunidad en mi contra! ¡SOPLO GÉLIDO!

Bóreas extiende la palma de sus manos, pero antes de terminar su técnica notó como Sorrento se convertía en Eolo, su propio dios aparecía frente a sus ojos. ¿Cómo podría atacar a su señor?

—Este cosmos…tú…Kaza de Leumnades… ¡has brindado tu cosmos desde el mundo de la muerte!

Repentinamente una marea de cosmos se avecina en el horizonte, eran olas gigantescas que surgían desde metros abajo del Olimpo, pero Bóreas toma una bocanada de aire y luego sopla agresivamente en dirección a las olas, cambiándolas de dirección, apuntando a Sorrento, quien se ve afectado por una técnica que desaparece inmediatamente, no sin antes haberlo arrojado varios metros hacia atrás.

—Bian, tú también estás aquí para ayudarme…atacaste a Bóreas con toda tu fuerza en espíritu, y amainaste la misma técnica una vez que se volvió en mi contra… —dijo Sorrento esperanzado al levantarse. —¡Sé que todos están aquí!

—Ya te dije que es irrelevante el número de contrincantes vivos o fantasmas, nunca podrán conmigo… —dice Bóreas seguro de su victoria.

Sorrento entona una melodía, justo en ese momento, una aurora se dibuja en los cielos del Olimpo y la aurora boreal salió disparada contra el serafín, que aún afectado por la melodía de la flauta de su contrincante, extiende su brazo y frena con su palma la técnica.

Sin embargo, de repente siente su cuerpo extremadamente pesado, del mismo modo que se había sentido cuando había sido alcanzado por el general del índico y su maharoshini.

El protector de la Isla del Norte volvía a experimentar aquella terrible técnica, con la diferencia de que esta vez no tenía un adversario físico que la esté generando.

—Estás perdido Bóreas, sé que todos mis compañeros están aquí…

Unas almas pueden verse atrás de Sorrento, se trataba de las auras de los seis generales marinos que habían muerto.

—Los siete generales marinos han unido sus cosmos…

—¡CLÍMAX FINAL!

Sorrento tocó notas agudas, la tonada final de la Sirena comenzó a volver loco a Bóreas, quién se arrodilló tratando de resistir, rápidamente encendió su cosmos y cuando unas hadas se abalanzaron contra él la flauta del marino se congeló, desapareciendo así las hadas.

Cuando Bóreas se había recuperado y estaba listo para atacar a Sorrento, un coral marino había cubierto su cuerpo, inmovilizándole, al tiempo que el marino eleva su cosmos y el mismo emite en una vibración las notas del clímax final, sus corazas comenzaron a agrietarse y sus pupilas desaparecieron, luego su cuerpo cae inerte sobre al suelo. La locura había acabado con su psiquis, el más terrible de los serafines finalmente cayó.

—Jamás había conocido a un guerrero tan fuerte…ni siquiera los santos de Athena tenían un poder semejante, pero gracias al sacrificio de mis compañeros he sobrevivido y ahora cargo en mí la misión que me han encomendado, debo llegar a Neptuno para cumplir los designios del emperador del mar…

Templo de Eolo.

El cuerpo de Hyoga se había convertido en una estatua de hielo, pero una risa se sintió desde adentro, el dios mira frunciendo el ceño.

—Puedo superar el cero absoluto, no hay forma de que llegues a una temperatura tan baja como para poder congelarme, así como yo no puedo alcanzarte con mi viento tú no puedes afectarme con tu frío… —dijo mientras el hielo se resquebrajaba. —Eolo, tus vientos ya no me alcanzarán…

—¡Todavía no he mostrado todas mis armas, tengo ocho vientos y pienso usarlos a todos!

—Ya usaste el más peligroso de ellos y no ha funcionado…

—¡TEMPESTAD GLORIOSA!

Eolo levanta las palmas al cielo, repentinamente un conjunto de nubes se acumulan, los nubarrones comienzan a oscurecerse, tras unos segundos comienza a precipitarse una llovizna de granizo. Hyoga sonríe y alza vuelo, expandiendo sus alas, repeliendo así cada uno de los granizos, regresándolos a Eolo, quién resulta herido en diversos puntos y cae al suelo.

—Si te rindes y no obstaculizas nuestro objetivo de vencer a Zeus te perdonaré la vida… ¡dios del viento, no eres rival para mí!

—¡Maldito seas Cisne, no perdonaré que te burles de mí! ¡EYECCIÓN ARDIENTE!

La deidad del viento apunta con su brazo izquierdo hacia su enemigo y una vasija cósmica que asoma por sobre su hombro se inclina apuntando con su cántaro en la dirección de su extremidad, repentinamente en el interior de la vasija comienza aparecer un brillo al naranja abrasador, inesperadamente un disparo de cenizas ardientes se abalanzan Hyoga, pero este al encender su cosmos congela las cenizas sin ninguna dificultad.

—Es increíble…

—Mi cosmos arde al infinito nuevamente, Eolo, no olvides que hemos vencido a algunos de los poderosos doce dioses olímpicos, ahora mi cosmos supera por mucho el tuyo, eso significa que mis técnicas si funcionarán…mira la caja de tus vientos y atestigua como encierro cada una de tus corrientes.

Eolo atina a observar su cofre, el cual poseía una forma octogonal, el lado noreste, noroeste y norte estaban cristalizados.

—¿Cómo es posible que hayas congelado tres de mis vientos?

—Los sellaré a todos… —susurra Hyoga lleno de determinación.

—¡TORMENTA DE LA ANARQUÍA!

El dios de los vientos levanta sus brazos y una tormenta se va acumulando poco a poco en sus extremidades, luego los baja bruscamente, un tornado de tierra embiste contra el Cisne, pero este cruza sus brazos y resiste la tempestad, finalmente detiene la técnica aunque se vio obligado a retroceder unos pocos metros.

—¡Afronta la derrota!

—Nunca me rendiré... ¡VIENTOS PROPICIOS DEL SUROESTE!

Eolo extiende los brazos a los costados como si estuviera sosteniendo el timón de un gran barco, sutiles y frescas ráfagas inundan el lugar mientras el simula mover el timón cósmico. No obstante el Cisne con un aleteo de las alas divinas de su armadura convierte la suave brisa en una helada corriente, cortando así la técnica del dios.

—¿Cómo puede un mortal ser tan fuerte? —dice mirando su caja, la cual cuenta con cinco vientos congelados, a los anteriormente nombrados, se les había sumado el sur y suroeste.

—Ustedes se autodenominan dioses, pero en realidad un ser debe ser todo comprensivo, ustedes no son más que demonios, los santos no podemos ser vencidos por demonios como ustedes…

—¡Cómo te atreves mortal!

—Como te dije antes… ¿qué te hace pensar que un dios menor podría detenernos a quiénes ya hemos vencido a dioses olímpicos?

—¡Yo no soy un dios menor, ningún mortal ha de faltarme el respeto! ¡TEMPESTAD EN EL EQUINOCCIO DE OTOÑO!

Repentinamente el cielo se torna bicolor, una parte oscura como la noche y la otra parte clara como el día, una tormenta de vientos oscuros se entrelazó con una ráfaga luminosa, formando un huracán de luz y sombras. Cuando el tremendo huracán se aproximaba a Hyoga, impacta contra un muro de hielo.

—Ya te dije que nada de lo que hagas podrá alcanzarme…

—Silencio blasfemo, ahora enfrentarás a mis últimos dos vientos en simultáneo…

Eolo extiende sus brazos a los costados y junta sus piernas, repentinamente comienza a levitar y a girar suavemente sobre su propio eje, segundo a segundo la velocidad centrífuga aumenta así como su velocidad, en poco tiempo ejerce una presión atmosférica tan fuerte que comienza a crear un potente ciclón a su alrededor. Pero como si esto fuera poco el dios genero otro torbellino, se trataba de un remolino gigante de viento y lluvia, en el mismo se generaba una corriente eléctrica de color morado. Tras extender hacia adelante su mano el dios lanzó los dos vientos al mismo tiempo, el del este y el del oeste, tanto el ciclón primaveral como el tifón del armageddon se fusionan.

—¡EJECUCIÓN AURORA!

El Cisne divino levanta sus brazos sobre su cabeza entrelazando sus dedos y conformando una vasija, baja los brazos a la altura de su pecho y dispara un potente torrente de aire congelante, Eolo se vuelve parte del viento, pero con abrumadora confianza Hyoga vuelve a lanzar dos nuevas ráfagas congelantes, tras unos segundos se siente un atronador sonido, el dios había impactado violentamente contra las paredes del templo, su armadura estaba hecha añicos, una copiosa cantidad de sangre se expandía por el piso.

—Las alas del Cisne me guiarán a la victoria… —susurró y alzó vuelo hacia el templo de Juno.

Fronteras entre los territorios olímpicos de Hera y Hades.

Atenea despierta lentamente, había estado durmiendo profundamente, recordaba poco a poco todo lo que había estado soñando, pero no sabía cuándo había comenzado el sueño, Seiya dormía a su lado, la diosa se esforzó en despertarlo, pero este seguía atrapado en el mundo de los sueños, por lo que finalmente la deidad decide continuar su camino.

—Seiya, tengo que seguir, sé que como yo te darás cuenta de que la victoria de hace un momento solo ha sido un sueño, pero cumpliremos la misma proeza, tomémoslo como un augurio de esperanza, nos veremos más adelante, cuando llegue la verdadera batalla contra Zeus…

—¡No volverás a ver nunca más a Pegaso! —exclamó una voz.

Una silueta apareció repentinamente, tenía una armadura kamui de color dorada y unas hermosas alas que simulaban las plumas del pavo real, en su mano derecha sostenía un cetro.

—¡Hera!

—¡El dormirá eternamente en el mundo de Morphia y tú quedarás perdida en el Limbo o en el Tártaro, ya veremos cuál es el lugar más apropiado para que pagues tus pecados!

Hera se enfurece y frunce el ceño al tiempo que sus ojos comienzan a brillar en un intenso blanco, extiende los brazos a sus costados y comienza a levitar a centímetros del suelo, grandes tormentas se forman en el lugar, comandadas por feroces corrientes de vientos provenientes de los ocho puntos cardinales, entonces apunta con su cetro hacia Athena y las ocho corrientes convergen en ella, generando alrededor un poderoso huracán, la diosa de la guerra utiliza su escudo para cubrirse.

Sin embargo, el arma defensiva se escapa de sus brazos, al tiempo que su cuerpo vuela por los aires, precipitándola a una caída sobre un gran vacío.

—¿Habrá muerto? Ha sido una caída terrorífica, iré a cerciorarme de que he triunfado...

Hera expandió sus alas y bajó a toda velocidad, localizó el lugar donde había caído Atenea de inmediato, la diosa de la guerra había sobrevivido pese a caer de espaldas, la protección de su kamui había sido destruida en esa parte, tras el violento impacto.

—Eres aguerrida maldita... ¡pero perecerás de una buena vez, ya les has costado demasiada sangre al Olimpo, nunca te he querido, una mujer, una diosa que nace de un macho no puede ser una verdadera mujer ni una verdadera diosa!

—Tan celosa e infantil como siempre...pretendes discriminarme porque pese a ser una diosa no comprendes la naturaleza divina de mi presencia, ni mi misión para con el mundo y los humanos. Prefieres cerrarte en tu egoísmo y en tu estrecha visión de la verdad...

—¡Tú eres una traidora que no merece compasión, vienes a cometer parricidio contra nuestro rey, tú que eras su heredera favorita, cambiar a tu familia por los humanos es el peor de tus pecados!

El rostro de Hera endureció, sus ojos brillan de color rojo, poseída por un gran odio, al extender su cetro expulsa una aura cósmica de rencor y celos incontrolables, incontables truenos se sienten, Athena apunta con Nike y genera una resplandeciente luz dorada, ambas energías chocan, creando una gran colisión en el medio, el ambiente comienza a ser afectado por la onda de choques que se generaba. Poco a poco el cosmos abrumador de la reina olímpica aumenta, así como su rencor, la diosa de la guerra comienza a retroceder, numerosas heridas comenzaban a aparecer en esta última.

—No voy a desperdiciar los sacrificios que han hecho mis santos, ellos dan su vida por proteger a la humanidad, yo no voy a dejar a los humanos sin amparo, no puedo perder, Hera...

—¡Es fin de la Tierra, la era de los humanos ha terminado!

Cuando la energía de Hera estaba aproximándose a su enemiga, Atenea pensó en el sufrimiento de sus guerreros, los cuáles morían uno tras otro para mantener viva la esperanza de la victoria, fue así que la luz dorada resplandeciente comenzó a cubrir el poder de su adversaria, generando una terrible explosión que al cesar, mostró solo a la diosa de la sabiduría en pie. La diosa del matrimonio yacía en suelo, con su kamui destruida, cubierta de sangre.

—Tu odio y tus celos te han segado, negándote la verdad, lo siento Hera...Seiya, queridos santos...ya estamos muy cerca, iré por Zeus para poner fin a esta Guerra Olímpica...