Disclaimer: Historia basada en la saga The Legend of Zelda, escrita sin ánimo de lucro.

XOXOXOXOXOXOXO

8. Semana en el Castillo (Parte 2)

Despertó con el corazón a mil, y notaba como gotas de sudor recorrían su cuerpo. No podía creerse que lo que había ocurrido fuese sólo un sueño, parecía tan real…

-"Zelda…sin duda, debes dormir más. Estás empezando a tener alucinaciones…"-pensó intentando tranquilizarse.

Pero no pudo lograrlo del todo, ya que se quedó paralizada al sentir en su mano la suavidad de las sábanas de su cama ¿Cómo era posible qué…? Esto no podía estar sucediéndole…

De pronto, oyó como golpeaban la puerta, y una voz inconfundible para ella habló.

-Majestad, soy Link. Déme su autorización para entrar a su habitación –le habló.

-Eh…claro, pasa…

¿Cómo era posible? Se estaba repitiendo la misma escena que en su sueño. Es más, venía sin su particular gorro verde, y con la ropa que solía llevar durante las obras. Esto no podía ser bueno…

-Siento molestarla, pero tuve que despertarla antes porque la Asamblea Real empieza a las siete, en vez de a las nueve como estaba previsto. Auru me ordenó que lo hiciera…-le explicó algo nervioso.

Y de repente, se acercó y se sentó en la cama, a su lado…

-"Diosas, esto no puede estar ocurriendo…"-deseaba que aquello fuera simplemente una mala jugada de su mente.

-Espero que haya dormido bien, no me hubiera gustado que mis esfuerzos hubieran sido en vano…-le dijo relajado, pero a la vez se ruborizó un poco.

-¿T-tú me trajiste hasta aquí desde la biblioteca? –le preguntó sin poder ocultar su nerviosismo ¿Por qué era incapaz de dejar de decir las mismas frases que en su sueño?

-Sí, no podía dejar que mi "ama" durmiera mal durante la noche ¿Verdad? –le contestó del mismo modo que ella le había hecho cuando le explicó el porqué de la segunda ración sobre la mesa del Comedor Real, con algo de picaresca.

Zelda se puso realmente nerviosa, porque también se dio cuenta de que de tanto su piel y su cabello, caían pequeñas gotas de agua. No debería haberle preguntado el porqué, pero lo hizo…

-¿Esto? –se tocó el flequillo- Me baño por las noches, pero hoy tuve un pequeño "accidente" que hizo que acabara empapado…-le dijo algo ruborizado.

-¿Y-y qué pasó? –ahora si que podía estar preocupada, ya no había vuelta atrás…

-Bueno…digamos que fue culpa mía por pasárseme por la cabeza ideas tan locas…-le dijo con una sonrisa misteriosa, cómo si estuviera recordando algo comprometido.

-¿El qué? –ahora su corazón se disparó aún más de lo que estaba, esperaba que todo eso fuese sólo un sueño…-"Por favor, que no pase lo que me estoy imaginando…"-le suplicó en su mente a las Diosas.

-Pues…-se acercó peligrosamente y adelantó uno de sus brazos hasta dejarlo apoyado sobre la pared, arrinconándola en cierto modo-…esto…

Zelda cerró lo ojos, esperando lo inevitable…pero no ocurrió. Volvió a abrirlos, y vio a Link sentado en la misma posición que estaba antes de acercársele. Lo extraño, era que ahora tenía en la mano su gorro verde, y lo estaba mirando. Parecía que se había acercado a ella para alcanzar su gorro, probablemente se le cayó cuando la acostó en su cama y ella no se había dado cuenta…

-¡Con qué aquí estabas! ¡Y yo buscándote por toda la habitación! ¡Es que no gano para sustos! –dijo como si le hablara al gorro, y luego se golpeó en la frente- ¡Mira que soy despistado! ¡Ayer casi pierdo mi bolsa con las llaves de mi habitación, y hoy casi pierdo mi gorro!

Zelda suspiró muy aliviada, por un momento pensó que las cosas se descontrolarían…

-¿Por qué suspira de ese modo, alteza? –le preguntó extrañado.

-¡¿Eh? ¡Nada, nada! Sólo pensé que las cosas tomarían otro rumbo…-se tapó enseguida la boca, no podía creerse que hubiera confesado eso último.

-No entiendo que ha querido decir, pero que más da…-y se quedó observando la impresionante habitación. No había podido admirarla la primera vez que entró, pero la verdad es que era digna de una princesa.

Era una habitación casi el triple de grande que la suya. Tenía una puerta que daba a otra habitación, posiblemente el baño personal de la princesa. Ese cuarto tenía una decoración magnífica; una ventana con unas hermosas cortinas rojas; un elegante escritorio; una enorme estantería al lado de la cama; algunos cuadros que resaltaban la belleza de la habitación; un gran armario; un espejo que estaba unido a un majestuoso tocador; una pequeña y fina mesa de noche a cada lado de la cama, cada una con una lámpara de aceite de aspecto exótico; una alfombra enorme y de excelente calidad, parecía importada desde muy lejos; y otros muchos detalles y muebles propios de la habitación de un monarca, en colores regios y elegantes.

Y por lo que estaba notando, la cama donde estaba sentado era grandiosa. No podía apreciar totalmente las cualidades de ese colchón, pero sabía que era digno de una princesa. Nada que ver con el colchón de su cama, que no era malo, pero compararlo con el de una princesa…no podía. Además, su cama era enorme. Y su somier era además de resistente, era un enorme atractivo añadido a su cama, por las múltiples decoraciones que tenía este. Otro detalle, era que notaba que las sábanas, las almohadas y los cojines; era exquisitos y hasta le daba envidia por no poder probar jamás una cama como esa…

-Eh… ¿No ibas a contarme por qué estás empapado? –la pregunta hizo sacar de sus pensamientos al joven que tenía delante

Genial, si ya se había librado de que le ocurriera lo que había imaginado antes, nadie le garantizaba que eso no pudiera pasar ahora…

-¿Eh? ¡Ah, claro! Je, je…-se rascó el cuello nervioso y se marchó fuera de la habitación.

Zelda no entendió este comportamiento, hasta que lo vio volver a entrar, esta vez con una bandeja rodante, como las que usaban los camareros durante las fiestas en el castillo, para transportar muchos platos a largas distancias.

-Como usted anoche no cenó, y seguramente hoy no podría desayunar debido al adelanto de su reunión…le preparé yo mismo el desayuno, con la ayuda inestimable de su sirvienta Anabel, claro está –se sonrojó ligeramente.

De nuevo, aquel chico volvió a dejarla sin palabras. Cada vez le sorprendía más el noble corazón que poseía Link...

-Gracias…muchísimas gracias…-le agradeció sinceramente- La verdad era que tenía bastante hambre…pero aún no me has contado como pudiste acabar mojado ¿Ocurrió algo mientras cocinabas? –le preguntó curiosa.

-Je, je…que si ocurrió algo…-habló para sí entre dientes mientras se rascaba la cabeza recordando lo ocurrido…

-XOXOX-

"Como habían acordado, él y Anabel se levantaron a la hora acordada, ella sin saber por qué le había hecho tal petición. Link le explicó que era para prepararle el desayuno a su majestad, porque habían adelantado la reunión prevista para las nueve. Ambos se pusieron de acuerdo en que no despertarían al cascarrabias de Xiang Li para que les ayudara a hacerlo, dado que le tocaba a él hacer el desayuno hoy.

Anabel le guió hasta la Cocina Real, la cocina más grande que jamás había visto Link. Ahí se podía cocinar de todo, y se notaba que era capaz de abastecer de comida a todo el castillo. Había varias puertas que comunicaba, directa o indirectamente, a diferentes salas del castillo; el Comedor Real, el Comedor Común, el Salón de Baile…etc

Link casi se pierde entre tanta "maravilla culinaria" y al final decidieron cocinar en un pequeño rincón de aquella enorme habitación.

Link sabía manejarse medianamente en la cocina, pero jamás se había tenido que enfrentar con una cocina tan compleja y sofisticada. Anabel empezó por enseñarle las nociones básicas para utilizar la cocina. Al principio todo fue bien, empezaron por practicar platos simples, para luego comenzar con el verdadero desayuno de la Princesa.

Él se confió mucho, y estaba cocinando algo en la sartén cuando Anabel le dio…

-Link, la sartén no debe estar tanto tiempo calentándose…-la habló como si fuera su madre- Vas a quemar lo que hay dentro, esta cocina es muy potente. No es como a las que sueles estar acostumbrado.

-No te preocupes, sé lo que hago…-le dijo mientras le echaba un chorro de aceite a la sartén, como indicaba la receta.

Pero de repente, una gran llamarada salió de la sartén y lo que tenía dentro comenzó a arder. Link se asustó tanto que ni siquiera soltó la sartén y se puso a corretear por todo el lugar, era un espectáculo verlo. Anabel no sabía lo que había pasado, y fue rápidamente a ver que fue lo que echó. Y para su desgracia… ¡Era alcohol para flambear! ¡¿Cómo pudo confundir ambas botellas? ¡Menudo imprudente y despistado!

En ese momento, Anthony entró a la cocina. Hacía un rato que se había despertado, y no encontró a Anabel durmiendo, así que decidió buscarla en la cocina, que encima estaba abierta. Al ver el espectáculo que se había formado, corrió rápidamente hacia donde estaban ellos y quiso saber lo que había pasado.

-¡Anabel! ¡¿Se puede saber qué estaba haciendo ese loco? –le preguntó alterado.

-¡Eso no importa ahora! ¡Corre, ayúdame a llenar eso cubos con agua y lograr apagar la sartén antes de que Link se haga daño! –le pidió con prisa.

Los dos se dieron prisa por llenar esos cubos, y se coordinaron para tirarle el agua al mismo tiempo. Este último quedó calado hasta los huesos, y lo único que hizo fue escupir agua mientras ponía cara de malhumorado. Aún así, los tres se rieron del pequeño accidente que acababa de ocurrir, aunque luego tuvieron que limpiarlo todo y empezar de nuevo a cocinar…"

-XOXOX-

-…y por eso llevo puesta esta ropa, la que solía llevar en Ordon, porque Anabel está intentando secar mis ropas verdes.

-Recuérdame que te prohíba entrar de ahora en adelante a la cocina. Eres todo un peligro andante…-le dijo con sarcasmo mientras seguía degustando la comida que le trajo, que empezó a probarla desde que él empezó a contar su historia.

-Tiene usted un gran sentido del humor, majestad…-le contestó irónicamente- En fin, voy a salir a fuera a esperar que Anabel me traiga mi ropa ya seca. Espero que no tarde demasiado en prepararse, no querrá llegar tarde a la reunión ¿No? –y salió del cuarto.

Zelda terminó de desayunar, más tarde se duchó rápidamente y se vistió. El reloj le indicaba que no había tardado mucho, pero desearía haber tardado un poco más…

Se encontró a Link colocándose la camisa, por suerte el resto del cuerpo estaba cubierto. Por un momento, se quedó fijamente observando la espalda de Link. Siempre había considerado al joven bastante apuesto, pero eso era mejor de lo que había imaginado. No le salían las palabras y se quedó paralizada en el sitio. Para su desdén, él se dio la vuelta al terminar de colocarse su camisa blanca, todavía le quedaba ponerse sus guantes; la malla; su túnica verde y su gorro. Ambos se quedaron mirándose estupefactos durante un par de segundos hasta que…

-¡Aaahhh! –gritaron sorprendidos al unísono.

La princesa cerró rápidamente la puerta, y apoyó su espalda contra ella. Respiraba agitadamente, no podía creer que se hubiera quedado observándole de esa manera…

-Sin duda…hoy las Diosas quieren jugar con mi mente…-habló entrecortadamente para sí misma, con una mano en el pecho y la otra en la puerta.

Vergüenza…era lo que sentía Link y lo que le removía la conciencia. Que la Princesa le hubiera pillado cambiándose en medio del pasillo…no tenía perdón. Dudó unos instantes antes de llamar a la puerta, ya completamente vestido. Pero no tuvo que hacerlo, ya que fue ella quién abrió la puerta.

-Eh…-eso fue lo que se dijeron ambos al verse, y también se encontraban ruborizados.

-Uhm…creo que será mejor que nadie se entere de esto ¿No crees? –le dijo Zelda intentando no mostrarse nerviosa.

-Sí, estoy de acuerdo con usted…-le contestó de igual forma.

-XOXOX-

Después de ir a la biblioteca a recoger los papeles que Zelda se había dejado allí, ambos marcharon hacía la Sala de Reuniones, intentando quitarse de la cabeza aquello. Cuando llegaron, vieron a varias personas entrando en ella. Algunos debían ser los Ministros, por la forma en la que iban vestidos; otros eran guardias, incluyendo a Valenzuela; y otros debían ser sus secretarios, consejeros y algún personaje importante que habría acudido a la reunión. Afuera les estaba esperando Auru, que nada más verlos les dijo…

-¡¿Por qué habéis tardado tanto? ¡La reunión va a comenzar, daos prisa! –y Auru entró a la sala apurado. Además de ser el Asistente Personal de la Princesa, también era el Consejero Real.

Link miró desde la entrada a todos los asistentes antes de entrar. Habían en total diez ministros, seis hombres y cuatro mujeres. Entre ellos, estaban los dos ministros que estuvieron hablando con Zelda durante la celebración de su cumpleaños; la mujer de piel oscura, que vestía con un sombrero, chaqueta, pantalones y zapatos de color azul marino con detalles plateados; y el hombre de piel clara, que vestía un traje y sombrero blancos con detalles dorados. Zelda se sentaría en medio de todos esos ministros, junto con Auru. Pero antes de entrar, Zelda lo detuvo con su mano.

-Link, la reunión va a durar horas, puede que hasta la hora del almuerzo. No creo que te apetezca estar ahí encerrado con tantos políticos durante ese tiempo ¿Verdad? Por lo tanto, te pido que te marches y vayas a hacer lo que te plazca durante ese tiempo. Además, con tantos guardias merodeando por aquí, no se requerirán tus servicios –le dijo eso para que pudiera tomarse un descanso. Aunque en realidad…lo que quería era quitárselo de encima durante la reunión. Después de lo que había pasado, no estaba segura de que pudiera centrarse en la reunión con él a su lado.

Zelda ordenó a sus guardias que cerrarán las puertas de la sala, y Link se quedó fuera. Pues que bien… ¿Y ahora que hacía? Sus demás amigos aún podrían estar durmiendo o estarían ocupados con sus tareas. Así que decidió darse un paseo por el castillo y así conocerlo mejor.

Y tras un par de horas pateándoselo casi completamente, exterior e interiormente, decidió parar a descansar bajo un frondoso árbol con el permiso de Anthony, que estaba trabajando por la zona. Así cayó en un profundo sueño…

-XOXOX-

Despertó de su siesta, completamente repuesto. Pero no era él mismo quién se había despertado, lo hizo porque sintió una extraña presencia cerca de él…

-Buenaas taardes…bello durmiente…-le dijo la enorme cara de Valenzuela que estaba muy cerca de él, burlándose y alargando la frase.

-¡Aaahh! ¡Valenzuela, no me des esos sustos! –se arrinconó aún más al árbol que tenía detrás de él.

-Me ofendes… ¿Crees que mi cara da miedo? Eso sólo debe hacerlo cuando estoy enfadado, no cuando intento burlarme de un subordinado…-le dijo algo deprimido.

-No empieces, Valenzuela. En primer lugar, no deberías haberlo despertado de ese modo. No nos hemos pasado un buen rato buscándole para que tú vengas a molestarlo con tus tonterías…-le dijo Auru.

Link se puso de pie, y vio como al lado de Auru se encontraba la Princesa Zelda.

-Cuando te dije que te fueras por ahí a hacer lo que quisieras, no esperaba tener que irte a buscarte luego…-le dijo con ironía ella, que tenía los brazos cruzados.

-¿Cuánto tiempo llevo dormido? –se preguntó más para sí que para los demás, mientras se restregaba los ojos.

-Pues no sé cuanto tiempo llevas durmiendo, pero la asamblea acabó hace un par de horas. Es más, te has perdido el almuerzo…-le contó la Princesa.

-¡¿Qué? –exclamó- Entonces, ¿Para que lleváis vos vuestra espada? ¿Y por qué Valenzuela lleva la mía? –preguntó confuso.

-Pues, aunque te dije que hoy no tenía clases, no era del todo cierto…Valenzuela impartirá hoy la clase de Defensa Personal.

-Que aún sigo sin saber por qué tengo que impartirla yo…-se quejó el nombrado- Con todos mis respetos, majestad, pero yo soy el Comandante de la Guardia Real. No está en mis obligaciones dar clases de este tipo…-le argumentó intentando excusarse.

-Ya lo sabemos, pero lamentablemente, no hemos encontrado un profesor adecuado para impartir esta asignatura, así que te ha tocado a ti hacerlo. Como sabrás, el antiguo profesor de Defensa Personal murió durante el ataque de Zant al castillo…-le explicó Auru.

-Sabes que no me gusta que me recuerdes lo que ocurrió aquel día…-le dijo molesto, según él, había sido el peor día de su vida- Pero...-se quedó pensando- ¡Ya lo tengo! ¿Por qué no imparte las clases el joven Link? Ya que es el guardaespaldas de la Princesa, pienso que es su deber hacerlo. Además, por algo es el Héroe de Hyrule. Seguro que supo defenderse muy bien él solito durante la crisis de la Invasión del Crepúsculo…

-¿Cómo? –preguntó el susodicho.

-Ay, Valenzuela…-Zelda se echó la mano a la cabeza al saber las verdaderas intenciones de aquel hombre- Lo que de verdad quieres es marcharte a la Ciudadela de una vez, y quitarte las obligaciones de encima ¿No es así?

-Je, je…como me conoce, alteza. Pues sí, además de esta tediosa clase, no tengo nada más que hacer por hoy. Además, creo que estará en muy buenas manos si os dejo con el muchacho…

-Está bien…de todas formas, no me fiaba mucho de dejarte como profesor de la Princesa. Tardaste varios meses en que los novatos aprendieran lo más básico, no eres buen instructor…-le recordó Auru.

-Me da igual que me insultes, ahora me largo a la Ciudadela y nadie puede arruinarme el día –le dijo con chulería.

-¿Qué vas a hacer? ¿Vas a ver a tu novia o vas a jugar a las cartas con tus amigos en la taberna de Telma? –le preguntó Auru con picaresca.

-Je, je…-se rió de que le hubieran pillado- La dos cosas, hoy tengo una partida especial con mis colegas de brigada, y además pienso salir de copas con mi novia.

-Pues guarda algo de dinero para pagarme lo que me debes…-se oyó una voz.

-¡Aaahh! ¡Maldito "gnomo de jardín"! ¿Se puede saber de dónde has salido? –miró hacia abajo algo asustado y sorprendido, sabía que esa voz era la de Grialdo.

-Eso no importa ahora…te recuerdo que me debes más de 4000 rupias en concepto de préstamo, más intereses…-le siguió mirando maliciosamente desde abajo.

-Ya te he dicho que te pagaré algún día…-le dijo como si no le prestase atención a lo que dijo.

-Llevabas diciéndome eso dos años, y no he visto ni una rupia. Como no empieces a pagarme pronto, deberás cuidarte de que tu cartera no desaparezca misteriosamente…-le amenazó.

-¡Aléjate de mi dinero, o te aseguro que no responderé de mis actos! –le gritó enfadado.

-Sí, sí…esta vez estoy demasiado ajetreado para ocuparme de tus tonterías…pero te estaré vigilando…-le hizo con los dedos el gesto del mal de ojo, para luego desaparecer entre los arbustos.

Todos se estremecieron al terminar la escena, y Valenzuela dijo…

-Mi madre me decía que no hiciera tratos con el diablo…lo que nunca me dijo es que ese diablo medía medio metro de altura y que trabajaría conmigo en el castillo –se quedó pensando- Y hablando de mi madre, hace tiempo que no voy a visitarla. Quizás me pase por Kakariko el fin de semana a verla, seguro que se alegrará mucho de verme…aunque seguro que me obliga a reorganizar la casa, no le gustó nada que la dejara a medias tras mudarse de nuevo a Kakariko tras la invasión, y de eso hace ya tres meses…

-Madre mía… ¿Cómo es que he acabado trabajando con una panda de idiotas? Y no va por ti, Link –se quejó Auru.

Los dos hombres se marcharon, cada uno con sus propios asuntos, dejando solos a Link y a Zelda.

-Y… ¿Qué hacemos? –preguntó Link.

-No sé…tú eres el "profesor"… –le respondió sin saber que decirle.

-Pues…-se quedó pensando un momento- creo que ya sé lo que podemos hacer, pero… ¿No será peligroso que usted practique con la espada sin protección? –le preguntó preocupado por la posibilidad de dañarla.

-No te preocupes, estoy segura de que mi "profesor" y guardián no dejará que me ocurra nada…-le dijo con ironía.

-Bien, pues entonces prepárese. Hoy le enseñaré algunos trucos sobre el arte de la espada que aprendí durante mis aventuras –y se puso en posición- La primera técnica que le enseñaré es el Tajo Trasero. Observe…

Ejecutó esa técnica, que consistía en quedarse detrás del enemigo tras hacer una voltereta alrededor suya, y atacarle por la espalda. Esta técnica también servía para esquivar, pero tenía el inconveniente de que si el enemigo te golpeaba con su pierna, podrías salir muy mal parado.

-Ahora le toca a usted, alteza. Tenga en cuenta que a mí me costó un par de intentos con…

De repente, notó el filo de la espada de Zelda justo detrás de él. No le dio ni tiempo a reaccionar…

-¿Qué decías? –le preguntó haciendo como si no hubiera escuchado lo que dijo, con tono provocativo.

-Eh…-una gota de sudor le recorrió la cara, se había sorprendido bastante- Bien…entonces pasemos a otra técnica, practicaremos más tarde…

Pues sí que aprendía rápido…después de eso, le enseño también las técnicas del Tajo Relámpago, el Golpe de Gracia, y una versión adaptada del Rompeyelmos. El resto de técnicas, necesitaría ejecutarlas con la Espada Maestra, algo que a ella no le serviría. Además, un buen maestro siempre se deja bajo la manga algunos truquillos para él solo…

Estuvieron practicando durante bastante tiempo esas técnicas, y para finalizar la clase, celebraron un duelo entre ellos. A Link le impresionó la habilidad que tenía Zelda con la espada, y durante un tiempo, estuvieron bastante igualados. Hasta que un ágil movimiento de Link la desarmó, ganando él el combate. Después de eso, acabaron agotados, y decidieron parar a descansar bajo el mismo árbol en el que Link se había dormido, y curiosamente, era también donde les atacaron aquella panda de criminales. Estuvieron un rato sin hablar, en completo silencio, hasta que Link lo rompió…

-Sabe, esta espada originalmente iba a ser un regalo para vos, de parte de mi aldea. Pero sucedió lo de la invasión…y ya ha visto como acabó. Es una espada estupenda, está hecha de cuerno de cabra pulido y reforzado con diversos materiales como el hierro. La hizo el herrero y carpintero de nuestro pueblo, Sancho –le expuso empuñando la espada para enseñársela.

-Ah…me alegra que por lo menos a ti te haya servido de algo. Aunque supongo que después de conseguir la Espada Maestra, la dejaste de lado por algún tiempo –le respondió serena- Ahora que lo pienso, me pregunto de cómo estará la espada. Si no tuviera tantas obligaciones, y me dejaran salir de la provincia…me encantaría visitar la Arboleda Sagrada y también el santuario de la Espada Maestra. Eso sería estupendo…-le dijo divagando, y cerrando los ojos pensando en aquel anhelo imposible.

-¡Je, je, je! –se rió muy nervioso, y sudando- Es curioso que haya nombrado lo de la Espada Maestra…-le soltó sin darse cuenta de lo que decía, al recordar lo que le había pasado a la entrada del santuario.

-¿Por qué? ¿Hay algún problema con la Espada Maestra? –le preguntó confusa por el extraño comportamiento de Link.

-¡No, no, no! ¡Es que me pareció curioso que me nombrara a la Espada Maestra! ¡Ya no me acordaba de ella! ¡Ja, ja, ja! –no estaba disimulando demasiado bien- "Uff, que mal miento…como descubra lo que le pasó a la Espada Maestra…me encarcela sin pensárselo dos veces. Mira que me repitió que cuidara de la Espada Maestra…y no se me ocurre otra cosa que contarle a ese loco de Shad que había encontrado las ruinas del Templo del Tiempo…soy un desastre" –pensó mientras se auto-castigaba mentalmente por eso.

En ese momento, y para salvación de Link, apareció Anthony para informarle de algo importante a Zelda.

-Majestad, como usted me pidió a principios de esta semana, ya he terminado de acondicionar un pequeño trozo de terreno para su campo de práctica de tiro con arco. Y dado que acaba de terminar vuestra sección de esgrima, pienso que sería el momento idóneo para estrenarlo –le habló cortésmente con una reverencia.

-Espléndido, Anthony –le felicitó Zelda- ¿Podrías llevarnos entonces al lugar donde has decidido construir el campo de tiro? –le preguntó mientras ella y Link se levantaban.

-Eso no debe preguntarlo, alteza –volvió a inclinarse- Veo que su protector también encuentra confortable descansar a la sombra de su árbol favorito, un magnífico ejemplar de roble, y al que mi abuelo empezó a cuidar desde que era sólo un pequeño retoño –les dijo con una ligera sonrisa, mientras les guiaba hasta el campo de tiro- ¡Ah, antes de que se me olvide! Los rosales están muy bellos últimamente… ¿Querría que cortara algunas rosas blancas para su alcoba, sus flores favoritas? –le sugirió.

-Me parece una buena idea, será un buen atractivo añadido a mi habitación.

Siguieron caminando a través de los Jardines Reales, hasta llegar a una pequeña parcela de tierra. Allí, colocado a una considerable distancia de la línea de tiro, había una diana. Y junto a donde ellos se encontraban, había en una caja donde estaban guardados unos arcos y otra caja donde había decenas de flechas.

Anthony les dejó para seguir con sus tareas, dejándolos solos.

-Entonces… ¿Ahora tengo que instruirla en la práctica del tiro con arco?

-¿No estarás hablando en serio? –le preguntó sorprendida, parecía que le había molestado la pregunta- ¿Tú vas a darme a mí clases de tiros con arco? ¡No me hagas reír! ¡Con ese tiro irregular tuyo no serías capaz de darle ni a la pared que tienes delante! –le dijo burlándose de él, algo mosqueada.

-¿Cómo? No era necesario responderme de ese modo…-había metido la pata hasta el fondo- Y tampoco tengo una puntería tan mala…-no le gustó lo que ella le dijo.

-¿Puntería? No te ofendas…pero no solamente es eso en lo que fallas, prácticamente fallas en todo. Eres un arquero del montón, ideal si sólo aspiras a ser capaz de derribar a unos cuantos Bublins…-le dijo sin delicadeza, y cruzando los brazos al mirarlo.

-¿A sí? Pues sepa usted que fui capaz de clavar una flecha sobre un poste de madera finísimo, en el Puesto de Observación de Kakariko, desde el suelo…-alardeó orgulloso.

-Ya…pues entonces serás capaz de darle a esa bandera con el Símbolo Real ¿No? –dijo señalando hacia un punto en concreto.

-¿Qué bandera? Yo no veo nada…-le dijo al mirar en la dirección a la que apuntaba.

-Me decepcionas…pensé que un "gran arquero como tú" sería al menos capaz de poder ver un objetivo tan simple como ese…-le dijo mientras apuntaba con un arco en aquella dirección.

Disparó la flecha, pero parecía no haber pasado nada. No veía la flecha por ninguna parte, quizás habría fallado…

-No te impacientes, Link. Tú esperas, y verás…-le dijo convencida.

Estuvieron un rato esperando, Link no sabía el porqué. De pronto, una guarda del castillo vino corriendo hacia donde estaban ellos, con una bandera desgarrada y mojada, y una flecha en la mano.

-¡Majestad! ¿Se puede saber por qué una de vuestras flechas ha destrozado una de las banderas que ondean sobre los muros del castillo? ¿Qué pretendía con eso? –le habló alarmado.

-Pido disculpas por mis actos, sólo pretendía "dar un par de lecciones" a mi guardián sobre el arte del tiro con arco. Pensé que por aquella zona no pasaba ningún guardia, en verdad lo siento mucho…-se disculpó arrepentida, podría haberle hecho daño a alguien.

-Eh…no se preocupe, alteza. En realidad, sólo pude ver de lejos como una de las banderas caía al agua. Como usted decía, por esa zona no pasa nadie a estas horas, ya que tras el muro sólo está el río y un desnivel considerable. Conseguí "pescar" la bandera porque quería comprobar lo que había pasado. Pero si sólo estaba practicando su destreza con el arco, no pasa nada. Ahora si me disculpa, tengo que volver con mi ronda –y se despidió con una reverencia.

El guarda le devolvió la flecha a Zelda, antes de marcharse. Link se quedó pasmado, no se podía creer lo que ella había hecho. Mientras, ella le miraba triunfante.

-Pe-pero…si yo no vi ninguna bandera…-tartamudeó.

-No la viste, porque el viento estaba soplando y la bandera ondeaba casi ocultándose detrás del poste. Además, estaba a una distancia considerable de aquí.

-Increíble…usted es una maestra con el arco ¿Desde cuando lleva perfeccionando esas habilidades?

-Bueno…desde pequeña siempre he tenido buena puntería. Recuerdo cuando robaba los dardos de una diana que tenía mi padre en su habitación, y me ponía junto al cuarto de basuras del castillo a matar moscas desde varios metros de distancia –le dijo mientras recordaba anécdotas de su infancia.

-¡¿Mataba moscas con dardos? –exclamó impresionado.

-Sí, y algunas veces logré cazarlas a vuelo. Aún recuerdo las broncas que me echaba mi padre cuando rompía las puntas de los dardos, o cuando se quedaban las marcas de estos en la pared…-recordó divertida.

-Vaya…nunca pensé que usted hubiera sido una niña tan "traviesa", si me permite decirlo.

-Y que lo digas, aunque sigo pensado como fui capaz de hacer todas esas cosas en mi niñez…-habló como si no estuviera muy orgullosa por aquello.

-No se ponga así, todos fuimos niños y no viene mal que alguna vez volvamos a hacer esas mismas cosas que hacíamos de pequeños, aunque "controlándonos", claro…-le dijo animado.

-Claro…lo que tú digas…-le dijo como si no se lo tomara en serio lo que dijo- En fin, voy a enseñarte el verdadero dominio del tiro con arco –y pasó el arco a Link.

¿Por qué siempre era tan evasiva ante temas sobre su vida? ¿Y por qué parecía disgustarle recordar cosas sobre su infancia? Eran las preguntas que se hacía Link. Si tuviera que escribir un libro con todas las incógnitas que rodeaban a la Princesa, sería más largo que el mismísimo Libro de Mudora.

En fin, se limitó a aceptar gustosamente la oferta de la Princesa, aunque más tarde acabaría arrepintiéndose…

-¡Vista al frente, mira directamente a tu objetivo y concéntrate sólo en él! ¡Ponte recto, y coloca tu espalda correctamente! ¡Estira más los brazos, así nunca conseguirás una trayectoria potente y precisa de la fecha! ¡Tensa también el tronco, no sólo el arco! ¡Coloca las piernas de modo que puedas tener una buena base sobre la que sustentarte! ¡Barbilla arriba, y cuello erguido! ¡Sujeta fuerte el arco, de él puede llegar a depender tu vida! ¡Ag, pero qué torpe eres! –le ordenaba autoritariamente como si fuera un oficial del ejército, mientras iba corrigiendo cada uno de sus movimientos.

Y se quejaba de lo mandona que era Midna cuando se ponía "caprichosa"…jamás debía olvidar el carácter autoritario que poseía también Zelda. Tantas exigencias le estresaban, y al final acabó soltando la flecha. Aunque para su asombro, la flecha dio en la zona roja. No exactamente en el centro, pero para él fue un gran progreso.

Sin embargo, a Zelda le pareció que todavía tenía que mejorar. Así que para demostrárselo, decidió demostrarle lo "atrasada" que estaba su destreza comparada con la suya. No lanzó precisamente al centro milimétrico, sino lo hizo hacia la flecha de Link, partiéndola justo por en medio. Link tragó saliva, mientras ella le miraba mostrándole su error.

-Ves…puede que tú me ganes en esgrima, pero jamás podrás hacerlo disparando con un arco –le dijo mientras recogía su flecha y "lo que quedaba" de la otra.

-Está bien, admito mi derrota. Pero… ¿Podría ser menos exigente conmigo? Sé que mi fuerte no es el arco, así que me gustaría que no me tratara de ese modo. Me hace sentir un inútil…-le molestaba y a la vez le entristecía que ella le exigiera tanto y se lo tomara tan en serio.

-¿Eh?...-se quedó pensando, no se había dado cuenta de eso- Claro…lo siento. Siento haberte exigido tanto nada más empezar, y de la forma en la que lo hice. Debería haberme percatado de que no todas las personas responden de igual a manera al mismo método de enseñanza…-se sentía apenada por lo que le dijo, sobre todo por decirle lo torpe que era- Empecemos de nuevo, esta vez con más calma.

Y esta vez fue así, corrigiendo sólo lo imprescindible y lo que considerase de más importancia. Se interponía alguna que otra vez en él y el arco, y colocaba su cuerpo de la manera más eficaz para disparar. A Link eso le ponía nervioso…era el mayor contacto físico que había tenido con ella, y para su desgracia su cara mostraba lo avergonzado que estaba. Aunque él estuviera hecho un saco de nervios, ella no parecía inmutarse por lo que hacía. Ay…si esa mañana no hubieran tenido esa "pequeña contrariedad", tal vez no estaría tan nervioso en ese momento…

Viernes

Fue un día en que, por suerte, sólo tuvieron clases por la mañana. A partir de ahí, ese día era "jornada de puertas abiertas" para los que solicitasen con anterioridad una cita con la Princesa. No mucha gente solía solicitar este tipo de audiencias con ella, pero ese día venía alguien muy especial.

Era el afamado escritor Ernesto Mudora LXVI, descendiente del legendario escritor del Libro de Mudora. Es más, él tenía planeado hacer una segunda edición de aquel libro, y quería hacerle unas preguntas a ella, y buscar información en la biblioteca y los archivos reales, para completar su investigación. Por supuesto, no podría compararse con el libro original, que según decían las leyendas, su antepasado le otorgó un poder inmenso a ese libro y se decía que el propio libro seguía redactando sobre sí mismo absolutamente todo lo que ocurrió, ocurría, y ocurrirá en Hyrule. Se podría decir que es "El Libro del Origen", pero a saber si eso sería verdad, y de ser cierto, dónde se escondería dicho libro. Algunos decían que estaba en manos de las mismísimas Diosas…

El escritor se entrevistó con Zelda en el Salón de Trono, que era donde se hacían las audiciones. Además, se alegró mucho de conocer al Héroe de Hyrule, y le dijo que también le haría un par de preguntas. Aunque por una extraña razón, tanto Zelda como Ernesto Mudora, le pidieron que saliera fuera de la estancia durante la entrevista. Según ellos, decían que iban a hablar de temas algo "delicados". Se molestó un poco por aquello, porque desde que llegó al castillo, ella sólo le había estado ocultándole cosas. Pero quizás en esta ocasión lo podría entender, dado que seguramente hablarían de asuntos de Estado…

-XOXOX-

Hacía ya muchas horas desde que había terminado la entrevista. Y el escritor, tras investigar en los libros de la biblioteca y en los archivos del castillo, se marchó, aunque parecía que se había quedado con ganas de saber algo más después de la entrevista con Zelda.

En ese momento acababan de terminar de cenar, pero antes de levantarse de la mesa, Anabel llegó con unos cuantos sobres de cartas en la mano.

-Majestad, aquí tengo el correo semanal, como todas las semanas. Ah, y también tengo una carta para ti Link. Es de tus amigos de Ordon –y le entregó su carta a Link.

-Je, pues sí que Ilia se tomó en serio lo de una carta semanal… esta noche tendré que escribir sin falta la carta que debo escribirles a ellos –dijo aún sin creerse que le hubiera llegado esa carta, pero estaba contento.

-Alteza, tengo para usted varias cartas…-miraba los remitentes de las cartas- Una del Museo Nacional; un par de peticiones para audiencias con usted; algunas notificaciones sobre compras privadas vuestras; varias cartas de algunos dirigentes de las autonomías del reino; una de…perdón, esto es mío; una del Duque Gustaf; y tres del Príncipe Facade –le informó.

Link enseguida reaccionó al oír esos nombres, y recordó la clase de Geografía Política Universal ¿No eran los gobernantes de un reino vecino llamado Gamelon? No pensaba que ella tuviera contacto con esos dos hombres.

-Dame todas las cartas, excepto las del Príncipe Facade. Esas…has lo que siempre haces con ellas, no me importan en absoluto –le habló tajante.

-¡De acuerdo! –le habló demasiado animada Anabel.

Después de eso, se fue. Ellos se quedaron leyendo sus cartas, pero antes de que él comenzara a leer la suya, miró un momento a Zelda. La primera carta que había abierto ella había sido la de ese Duque Gustaf tan nombrado, y lo que más extraño, parecía estar divirtiéndose con esa carta por la sonrisa que mostraba. Link sentía una particular curiosidad por saber el porqué…y también el que hubiera despreciado anteriormente las cartas de ese príncipe. Volvió en sí, ¿Qué era lo que le había pasado? ¿Estaba sintiendo ligeros celos por aquellos dos misteriosos hombres? ¡Eso no podía ser posible! Tenía que quitarse esas ideas absurdas de la cabeza…

Se concentró de nuevo en la carta, que casi necesitaría a un experto para poder descifrarla. Era un entramado de letras; garabatos; pequeñas manchas de tinta; y escrita al parecer por todos los de la aldea, por las diferentes letras que habían escritas en la extensa carta.

-XOXOX-

"Querido Link:

Aunque sólo hayan pasado dos semanas desde que nosotros volvimos a Ordon, tengo que decirte que los demás y yo te echamos mucho de menos. Las cosas ya no son las mismas sin ti…

Han pasado algunas cosas en estas dos semanas, como siempre ocurre en esta alocada aldea, y me gustaría contarte…

¡Hey, Link! ¡Aquí te escribe Braulio, tu colega y amigo de las cabras! ¡Menos mal que llegué a tiempo, Ilia estaba escribiendo la carta a escondidas! En fin, pasando a otro tema, tengo que decirte que aunque te hayas marchado, en el rancho me va muy bien ¿Por qué? Pues porque te he encontrado a alguien que te sustituya, se llama Palomo. Es un tío genial, que vive en una casita cerca de la entrada a los Bosques de Farone. Ya es casi como un miembro de "nuestra familia" y pasa gran parte de la semana aquí en el pueblo. Además, es un experto en iluminación, y ya nos ha ayudado con las lámparas de nuestras casas y también con las del pueblo, se ve estupendo y nos encantaría que pudieras verlo…

¡Hola, Link! ¡Soy yo, la fabulosa Beth! Te echamos mucho de menos, ya no tenemos a alguien que juegue con nosotros como lo hacías tú, aunque Ilia intenta dar lo mejor de sí…

¡Ey, que Beth se lleva el protagonismo! Soy Talo, ¡¿Por qué te tuviste que marchar? ¿Quién me va ahora a enseñar a mejorar con la espada y mi puntería? ¿Es que no tienes…

No le hagas caso al tonto de mi hermano, no sabe controlarse. Bueno, por mi letra ya sabrás quién soy, pero por si acaso, soy Lalo. Bueno, las cosas por aquí están bastante tranquilas, excepto por un par de cambios que me aparece que Braulio te…

Je, je… ¡Aquí estoy, soy Iván! Si no fuera porque mi hermana pequeña está hecha una ladronzuela, los demás niños nunca me hubieran dejado escribir. Sabes, desde que te fuiste, me estoy volviendo todo un hermano mayor. Ayudo a papá y a mamá con Alice en todo lo que puedo, y está aprendiendo mucho de mí ¡Me hace sentir orgulloso! Pero tuve un gran maestro, tú. Para mí siempre fuiste y serás siempre mi hermano mayor, y te echo mucho de menos…pero no debo estar triste, por lo menos creo que tú estas feliz viviendo en la Ciudadela. Bueno, te dejo, que mamá me ha visto escribiendo y quiero dejar espacio para que escriban los demás…

Bueno, gracias a mi hijo, por fin llega a mis manos esta carta. Ay…es tan duro ver irse a alguien al que has criado como a un hijo. Aún recuerdo el día en el que Rusl te encontró, eras tan pequeño y con esas orejas puntiagudas tan monas…pero sabíamos que algún día te marcharías, aún así es tan duro…por lo menos tengo a mis otros dos hijitos, a mi marido, y al resto de la aldea ¡Es imposible aburrirse! Y más aún con ese nuevo chico que nos está ayudando con las cabras, es muy simpático. Ahora te pasaré con mi marido, que seguro que también tiene cosas que decirte…

¡¿Qué tal estás, hijo? Ya te habrán dicho que te echamos mucho de menos, ¡Es que es imposible para ti pasar desapercibido por aquí, aunque no lo creas! Por ejemplo, me di cuenta de que un par de días después de que nos fuéramos, volviste a recoger tus cosas. Te creíste que no me daría cuenta ¿Eh? Siempre has sido algo despistado, y me imaginaba que volverías a recoger tus cosas. Además, dejaste tu casa hecha un desastre…cambiando de tema, tengo que decirte que estoy muy orgullo de ti. Es un privilegio ser el guardaespaldas personal de la Princesa, aunque siempre supe que eras una persona especial. Mejor dejo de escribir antes de que me vuelva un nostálgico…

¡¿Cómo estás, muchacho? ¡Ordon ya no es lo mismo sin mi chico favorito! Mi hija ha estado un poco decaída desde que tú te fuiste, pero seguro que se le pasará. Qué pena que te hayas decidido mudar a la Ciudadela, pensé que algún día serías mi sucesor…siempre quisiste mi puesto, ¿O crees que no me daba cuenta? Por supuesto no eran celos, sólo que sé que siempre has querido mejorar la vida en Ordon ¡Ese es el espíritu progresista de un alcalde, por eso te lo digo! Aunque, pienso que te ha salido bien la jugada. Quién sabe, puede que algún día llegues a ser rey… ¡Ja, ja ,ja! ¡Pero qué bueno soy! ¡Cómo si eso fuera posible! Pero te envidio, estar siempre acompañando a la Princesa, a muchos hombres les encantaría estar en tu lugar…

¡Aaahh! ¡Por fin! ¡Conseguí recuperar la carta después de mucho luchar! ¡Aunque ya te lo han contado todo! Te estoy escribiendo desde lo alto del árbol que forma la casa de Braulio ¿Te acuerdas? Ese tan alto al que sólo tú y yo tenemos el valor de subirnos, y donde siempre nos reuníamos cuando queríamos que los pesados de los niños no nos molestasen y escondíamos cosas ahí. Por cierto, ahora que tú no estás, he tenido que hacer tu papel en el pueblo. Que si juego con los niños; que si ayudo a todos… ¡Qué difícil es imitarte! En fin…te echo muchísimo menos, no sabes cuanto. Esperaré con impaciencia tu carta ¿Porque la enviarás, no? Si no, iré yo misma a la Ciudadela a recordarte lo que prometimos…

Bueno, te dejo, que desde aquí veo a ese "cartero rarito" acercándose al pueblo. Tengo que darme prisa en entregarle esta carta, a no ser que prefieras que Otilia se ponga a hablar de lo tristón que está su gato; Hanch hable de sus "desgracias"; y Petra cuente anécdotas de sus hijos y de su marido, y también será mejor que este último no toque la carta, ya sabes como se enrolla…

Atentamente, tu querida amiga Ilia, y el resto de habitantes de Ordon"

-XOXOX-

Sonrió al acabar de leer, se sentía feliz al saber que las cosas iban bien por Ordon…

-¿Los echas de menos, verdad? –le habló Zelda comprensivamente, llevaba observándolo un rato.

-Sí, me cuesta un poco adaptarme a estar separado de ellos…pero no se preocupe, yo estoy bien así y me acostumbré a estar separado de ellos durante mis aventuras –le contestó algo melancólico.

Sábado

Ese día, ella tenía que terminar muchos asuntos atrasados sobre gestiones de reino, y le dijo a Link que se tomara el día libre para pasear y divertirse en la Ciudadela. Y lo hizo, estuvo hasta la tarde con sus amigos Shad, Telma y Ashei; dado que Auru tenía que ayudar a la princesa con sus asuntos.

Volvió temprano de la Ciudadela, alrededor de las seis de la tarde, ya que quería saber si ella y Auru habían acabado. Se sorprendió mucho al ver a Auru en medio de los pasillos, y fue a preguntarle dónde estaba ella.

-Pues ahora que lo mencionas, hace una o dos horas que acabamos, pero me dijo que iría a hacer algunas cosas más durante la tarde. No sé a qué se habrá referido, pero me imagino que no querrá que la molesten. Pero lo que me parece extraño es que no está en su habitación, aunque seguro que estará en la biblioteca –le aclaró- Me voy, quiero disfrutar del resto de la tarde con nuestros amigos –y se marchó.

Link puso rumbo a la biblioteca, pero algo le hizo pararse en seco cuando estaba a medio camino. Sintió un leve temblor proveniente de la pared que tenía al lado, y juraría haber escuchado un sonido parecido al de una explosión. Creyó que eran imaginaciones suyas y se dispuso a volver a caminar, pero volvió a ocurrir lo mismo. Eso despejó sus dudas, y supo que eso no podía habérselo imaginado. Pegó la oreja a la pared, y se apoyó en ella. De repente, sintió como había accionado algún botón y la pared comenzó a girarse con él ahí. Se quedó paralizado y sin despegarse de la pared de la impresión que le dio aquello, y volvió a reaccionar cuando escuchó una voz detrás de él.

-¿Link? ¿Qué haces aquí? –le preguntó asombrada alguien que conocía bien.

Se volteó al escuchar la voz de la princesa, para luego darse cuenta de que se encontraba en una habitación cerrada, y no en los pasillos.

Era una habitación de aspecto antiguo construida en piedra; con un par de estantes con algunos libros, utensilios extraños, e ingredientes parecidos a los que había en el laboratorio de Ciencias del Universo; una especie de muñecos de entrenamiento; y una mesa llena de trastos variados. La habitación no contaba ni con puertas ni con ventanas, y la única entrada parecía ser esa por la que él había entrado. Aún así, la habitación estaba bien iluminada por varias antorchas que recorrían el cuarto.

Se fijó en la princesa, y vio que tenía las manos metidas en un cuenco lleno de agua. Y no sólo eso, habían unas manchas negras sobre una de las paredes, justo detrás de un muñeco de entrenamiento destrozado. Cuando ella sacó las manos, las tenía enrojecidas.

-¡Princesa! ¡¿Se puede saber qué le ha pasado? –le preguntó alarmado.

-Link, tranquilízate. No es nada grave, sólo fue el resultado fallido de la invocación de un hechizo –le habló tranquila intentando tranquilizarlo.

-¿Un hechizo? ¿Por eso oí antes un sonido parecido a una explosión?

-Sí, creo que me pasé un poco con aquel hechizo ofensivo…-le explicó mirándose las manos y aguantando mostrar un gesto de dolor, aunque sin que Link lo viera.

-Princesa… ¿Qué es esta habitación? –le preguntó mientras curioseaba la sala.

-Es una vieja habitación oculta del castillo. Afortunadamente, no sufrió daño alguno en la explosión. La descubrí cuando era pequeña, y desde entonces la uso para mejorar mis poderes.

-¿Desde pequeña? ¿Y nunca ha tenido profesores que le enseñaran? ¿O acaso ha sido simple talento natural?

-Eh…-se quedó un momento pensando, con la cabeza baja- Una vez tuve dos profesores, que me enseñaron a desarrollar mis poderes. Pero ocurrió un accidente…y tras eso pensaron que sería peligroso para mí dejarme utilizar mis poderes. El reino entero ha oído hablar de mis poderes, pero todos creen que es gracias al poder otorgado por las Diosas que reside en mi Trifuerza. Pero eso sólo es la mitad de mi magia, el resto he tenido que trabajar duro para desarrollarla –le explicó- Link, te pediré un favor, no le cuentes a nadie que entreno a escondidas. Y menos a Auru, es la persona que menos quiero que lo sepa…-se quedó callada y algo decaída tras eso.

Genial, otro misterio más…a Link le empezaba a cansar tanto secretismo. Pero si eso era lo que quería…

-Por supuesto, seré una tumba…-y cerró simbólicamente su boca como si fuera una cremallera- Pero a partir de ahora me gustaría acompañarla durante sus prácticas, si no es mucho pedir…-le pidió cortésmente.

-Claro, no creo que haya ningún problema.

Después de eso se acercó a un libro de aspecto peculiar, y comenzó a buscar algún hechizo. Era de un tono morado, con múltiples y decorativos detalles dorados. Parecía ser el típico libro mágico que aparecía en las novelas y cuentos; y era además grande y bastante gordo.

Estuvo un momento buscando, hasta que dio con un hechizo que pareció llamar su atención. Le pidió a Link que se apartara, y cuando lo hizo, ella comenzó a acumular energía en sus manos. Se acercó a una planta marchita que estaba en una maceta sobre la mesa de la habitación. La planta empezó poco a poco a recuperar su vitalidad, pero de pronto, algo hizo que volviera a marchitarse. De las manos de la princesa salieron unas chipas eléctricas que pronto se transformaron en una descarga que sacudió su cuerpo. Cayó de rodillas al suelo, y su respiración se volvió agitada. Aquel último hechizo la había rematado del todo…

Link se acercó corriendo muy preocupado a ayudarla, sabía que aquello no había sido bueno desde el principio…

-¡Princesa! ¿Se encuentra bien? No debió hacerlo, podría haber sido peor…-le habló preocupado, agachado a su lado para ayudarla a reincorporarse.

-Gracias…-le dijo con dificultad, mientras con su ayuda se reincorporaba con esfuerzo- Quizás no debería haber intentado ese encantamiento después del anterior, me he arriesgado demasiado…-se burló se sí misma con desgana.

-Pues no debería hacerlo –le habló seriamente- Soy su protector y mi labor consiste en cuidar de que a usted no le pase nada. Siento decirlo, pero por hoy será suficiente. Debe volver a su alcoba y descansar en lo que queda de día –le habló autoritario.

-Je…nunca te había oído hablar a nadie así. Recuerda con quién estás hablando, por muy guardaespaldas mío que seas…-le habló como si le hubiera molestado el tono en el que se lo dijo, culpa del típico orgullo de los nobles.

-Majestad, no lo ha entendido… –se decepcionó al ver que le había molestado lo que dijo- Me preocupo mucho por usted, y no quiero que le ocurra nada. No intento ordenarle nada, sólo le pido que no haga ese tipo de esfuerzos. No sé si está acostumbrada a esta clase de "accidentes" mientras práctica con su magia, pero no dejaré que se lastime en mi presencia. No sabe como me sentí cuando se desvaneció ante mí tras salvarle la vida a Midna…-le habló sinceramente y entristecido por recordar aquel trágico suceso.

Zelda se quedó sin palabras, no podía creer que hubiera malinterpretado así sus palabras de preocupación. Estaba avergonzada, no sólo por su fatídico error, sino por como él le había dicho todo eso. No estaba acostumbrada a que nadie se preocupara por ella de esa manera tan sincera, y por culpa de su cabezonería, le había herido a él cuando sólo intentaba ayudarla.

-Perdona, Link…no estoy acostumbrada a que me hablen de ese modo, y te malinterpreté. Sólo espero no haberte herido demasiado…-le habló realmente arrepentida.

-No importa, me alegra que al menos se haya dado cuenta –le dijo optimista- Pero aún sigo manteniendo lo de llevarla a su habitación para que descanse –y la ayudó a apoyarse sobre él- Ahora dígame donde está el mecanismo que acciona la puerta, no quiero llevarme otra sorpresa como la que tuve al entrar aquí…-le dijo mientras palpaba la pared en busca del dichoso botón que pulsó antes.

Zelda sonrió, se sintió feliz de ver que él la perdonó sin más. Sin duda, había elegido a la persona adecuada para su protección…

Domingo

Si pensaba que los domingos en el castillo se descansaba, estaba equivocado. Bueno, la mayoría descansaba, pero la Princesa no. Aún tenía atrasados muchos asuntos burocráticos, y también había dejado los deberes de la semana para ese día. Esta vez Link no se cogió el "día libre", en su lugar se quedó ayudándola con sus tareas. Fue un trabajo laborioso y agotador, tardaron gran parte del día en hacerlo.

Le pidieron al Chef Paolo que adelantara la hora de la cena, dado que incluso se olvidaron de almorzar. Después de esta temprana cena, hablaron sobre lo que harían antes de acostarse.

-¿Usted que va a hacer en cuanto nos levantemos, majestad? –le preguntó Link.

-Tengo pensado quedarme leyendo algún libro en mi habitación, no creo que salga de allí más hasta mañana ¿Y tú?

-Pues no sé, no tenía nada planeado para hacer hoy. Y seguramente mis amigos del castillo estén ocupados, así que no sé lo que hacer –le dijo colocando sus brazos detrás de su cabeza.

-Te equivocas en algo, tus amigos no están haciendo nada. Es más, deben estar ahora mismo celebrando su típica reunión semanal en la que charlan y juegan a las cartas juntos, en su sala común particular –le habló como si supiera exactamente lo que estaba pasando.

-¿Cómo puede saber eso? –le preguntó extrañado por esa exhaustiva descripción.

-Link, llevo toda mi vida en este castillo, y me conozco cada palmo de este. No sólo eso, conozco las rutinas y particularidades de mis sirvientes, por eso puedo deducir lo que deben estar haciendo. Y además conozco desde hace muchos años a ese grupo, sé que siempre celebran una partida de cartas los domingos. Aunque ellos no lo crean, conozco la mayor parte de lo que pasa dentro de las paredes de este castillo –le explicó.

-Increíble…es bueno saber estas cosas –le dijo impresionado, ahora tendría más cuidado con lo que hiciera- Entonces iré para allá, a ver si admiten un jugador más en su partida…-y se levantó de la mesa.

-Te aconsejo que te abstengas de participar, y te limites sólo a charlar. Por mucho que creas que Anabel es la chica amable que tú piensas que es, se convierte en otra persona cuando juega a las cartas. Es una formidable jugadora, y pocas veces pierde. Será mejor que te cuides de ella…-le advirtió divertida, pero dando un cierto aire de suspense.

-¿Anabel convertida en una fanática del juego? Eso tengo que verlo…-le respondió motivado.

-XOXOX-

Ambos se despidieron, y él se fue a reunirse con sus amigos a su sala común. Cuando llegó, nada más abrir la puerta, oyó un grito de exaltación…

-¡Jua, jua, jua! ¡Os lo dije! ¡He vuelto a ganar! ¿Cuándo os daréis cuenta que es inútil enfrentarse a mí? ¡He ganado cinco de las siete partidas que hemos disputado hoy! ¡Soy la reina de las cartas, la de oros para ser más exactos! ¡Ja, ja, ja! –le echó en cara al resto de jugadores Anabel, que además tenía un pie sobre la mesa y señalaba a todos.

-¡"Merde"! ¡Nos ha vuelto a ganar la "fille"! ¡Yo así no puedo jugar! ¡No hay quién juegue con esta extraña baraja, prefiero la que se usa comúnmente en mi "pays"! –se quejó Francis tirando sus cartas sobre la mesa, realmente molesto.

-¡Siempre pones la misma excusa cuando jugamos con esta baraja! Llevamos años jugando con esta también, y sabes perfectamente como funciona. Pero que se le va a hacer…por algo he sido la campeona en el Torneo Anual de Póker de la ciudad tres años seguidos, y por ahora nadie me ha arrebatado el puesto ¡Ja, ja, ja! –alardeó Anabel, parecía otra persona.

-Sí, no nos lo recuerdes…que yo fui quién te acompañado las tres veces al torneo –recordó con desgana Anthony, apoyándose sobre la mesa, decaído.

-¡Cómo si a ti no te hubiera encantado! Te recuerdo que Telma estuvo a punto de echarte de su taberna el año pasado, cuando ella organizó el evento. Estabas como un loco animándome y haciendo apuestas con los demás asistentes sobre que yo sería la ganadora. Aunque jamás obtuve ni una rupia por aquello…-le recriminó Anabel.

-¡Pero miren a quién tenemos aquí! ¡Por fin ha salido nuestro joven amigo de su "cautiverio" con la Princesa! ¡Si que habéis estado ocupados, que ni siquiera habéis venido a almorzar! –exclamó Brunilda al ser la primera en percatarse de la presencia de Link.

-¡De nuevo, no ocurrió cuando a mi me tocó "cuisson"! –repitió con retintín Francis

Link se había quedado amedrentado al ver a Anabel comportarse de ese modo. Al final Zelda había tenido razón…

-¡Ey, muchacho! ¡Siéntate con nosotros, que te vendrá bien un descanso! –le invitó animado Salomón, que estaba sentado en su mecedora y con lo que parecía ser una botella de coñac en la mano.

Él aceptó la invitación, y se sentó en la mesa con el resto.

-Bueno, os dejo. Creo que ya os he dado una buena paliza jugando a las cartas, y ya tenéis otro jugador para poder continuar –le dijo altanera- Ji, ji… ¡Por fin voy a poder leerlas! ¡He esperado hasta hoy para poder hacerlo, ya que no he podido hacerlo porque estaba ocupada! ¡Qué ilusión! –exclamó muy emocionada, agarrando unos papeles, y tiró sobre una de las literas.

Comenzó a leer esos papeles, y a medida que los leía, mostraba una expresión de alegría y emoción cada vez más grandes.

-¿Se puede saber que lee con tanto entusiasmo? –les preguntó al resto de los presentes mientras cogía sus cartas y bebía algo.

-Ah, está leyendo las cartas que el Príncipe Facade le envió a la Princesa –le contestó Brunilda como si fuera lo más normal del mundo.

-¡¿Cómoo? –preguntó sin poder creérselo, después de escupir lo que estaba bebiendo.

-Sí, a ella le encanta leer las cartas que le envía ese hombre a la Princesa –le explicó Brunilda.

-¡Pero eso es una falta de respecto a la intimidad de ella! ¡Y os recuerdo que hacer ese tipo de cosas están duramente penadas! –Link no se creía la tranquilidad con la se tomaban todo eso.

-¡Tranquilízate, muchacho! Si la Princesa sabe lo que pasa, le importa poco que las lea o no. Es más, como ella no quiere leerlas, le pide a Anabel que le avise por si en alguna de esas cartas pone que Facade pretende visitarla, para que esté avisada –le explicó Brunilda.

-Pero…aún así –se tranquilizó, pero no estaba muy convencido.

-¡Ey, escuchad esto! –les interrumpió, parecía no haber estado escuchando la conversación.

"Podrá nublarse el sol;
podrá secarse el mar;
podrá quebrarse la tierra
como un débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás podrá apagarse
la llama de mi amor"

-¡¿A qué es fantástico? ¡Ojalá yo fuera la Princesa! –exclamó emocionada, abrazando la carta.

-¡Ja! No sé como cae rendida ante esos poemas tan cutres. Su métrica es horrible y tiene muy mal gusto. Es un…-criticó Anthony a Facade, muy molesto y con su típico orgullo.

-Tú lo que estás es "jaloux". Él por lo menos tiene el valor de enviárselos a su amada, no como otros…-le insinuó Francis a Anthony- ¿Con qué te crees que avivamos el "le feu" de la estufa? Con los "papiers" que tiras por nuestra habitación, y que luego Brunilda y yo tenemos que recoger. La verdad es que algunos son "trés bonne", y si tuvieras el valor para dárselos a nuestra joven Ana…-no pudo terminar, dado que enseguida Anthony fue a taparle la boca para que no siguiera hablando.

-¡Cállate! ¡No quiero que ella lo sepa! –le habló por lo bajo, pero alarmado. Estaba totalmente avergonzado, y se le notaba.

-¿Qué estáis parloteando por ahí? –preguntó sin mucho interés, mientras su atención se centraba en las cartas de Facade.

-¡Nada, nada! ¡Sólo aquí, charlando un poco! ¡Nada importante! ¿Verdad, Francis? ¡Ja, ja, ja! –se reía nervioso dándole palmadas en la espalda a Francis, intentando disimular.

Anabel no le interesó más el tema, y siguió leyendo las cartas. Anthony respiró aliviado…

-"Vaya con Anthony…y luego se las da de creído" –pensó Link al descubrir una nueva faceta de su amigo Anthony- Volviendo al tema de antes, después de explicarme lo de Anabel, ahora entiendo también porque la Princesa sabía que vosotros jugábais a las cartas todos los domingos…-les dejó con la duda a propósito a ellos, mostrando una sonrisa de astucia.

-¿Qué? ¿La Princesa lo sabe? Y además por lo que dices, parece que desde bastante tiempo…quién lo diría… –se sorprendió Anthony, como el resto, aunque él fue el único que pudo decir algo.

-¡Bah! Qué habrá en este castillo que esa mujer no conozca…-comentó Salomón con un aire de misterio, como si fuera una indirecta.

-Eh…-no entendió la reacción de Salomón- ¿Alguien me dice quién es ese tal Facade para que esté mandando cartitas a la Princesa? –les preguntó para cambiar de tema, aunque lo hacía algo molesto.

-Es uno de los múltiples pretendientes de la Princesa, aunque sin duda el más insistente. Mientras otros muchos han desistido a los pocos rechazos, él lleva años intentado convencer a la Princesa. Pero claro, la Princesa está todo el rato dándole calabazas…pero aún así no desiste –le explicó Brunilda.

-¿Entonces quién es ese Duque Gustaf? Ella parecía divertirse mucho con su carta…-volvió a preguntar, aún más molesto.

-¿Gustaf? Es el hermano pequeño del Príncipe Facade, pero él no está interesado de la misma forma en ella. Es un gran amigo de la Princesa, nada más. Aunque es un tanto rarito…-le dijo Anthony algo sorprendido por la pregunta, y tras la última frase un escalofrío le recorrió el cuerpo.

-Ah…ahora está todo claro… –por alguna razón, se sintió aliviado tras esa aclaración.

-Pero hay que reconocer que Facade se merecería algo más de consideración por parte de ella. Pienso que es un gran hombre; un excelente gobernante de un reino muy rico y próspero; y sin duda, el mejor pretendiente que la Princesa haya tenido jamás –habló Salomón, muy convencido de lo que había dicho.

-Pues yo pienso que si la Princesa lo rechaza, será por algo…-dijo Link defendiendo su opinión, no le había gustado lo que él dijo.

-Bueno, que más da…sea él o sea otro, al final la Princesa va a tener que elegir a alguno. Y eso que no le queda mucho tiempo…-dijo divagando Salomón, bebiéndose un vaso de coñac.

-¿Qué? ¿A qué se está refiriendo Salomón? –preguntó extrañado Link por ese comentario.

-¿No lo sabes? Existe una ley que promulga que los miembros de la Familia Real que vayan a gobernar el reino, están obligados a por lo menos tener elegido a su pretendiente antes de su vigésimo tercer cumpleaños. Si no, serán los Ministros quienes elijan por ella. Eso es debido a que la Princesa no podrá ser coronada reina, ni podrá ejercer sus plenos poderes como gobernante, hasta que no se case –le explicó Brunilda.

-Pero eso será…dentro de un año –dijo Link sin poder creérselo.

-Así es, pero no es algo que la Princesa no haya sabido desde el principio. Los Ministros llevan años intentando que escoja a alguien, para que ellos no tengan que tomar la dura decisión de elegir por ella. Pero la Princesa no quiere saber absolutamente nada de ningún pretendiente, y les repite hasta la saciedad que le da igual todo eso. Dice que de todas formas, al final tendrá que hacerlo…-habló Anthony, que se quedó callado tras lo último que dijo.

De repente, a la mente de Link le vinieran las palabras que Zelda había dicho cuando la encontró en el balcón, con esos dos ministros…

-XOXOX-

-Princesa, por favor, esta es la última vez en esta noche que le decimos esto. Piénselo bien, y no nos dé una negativa de nuevo -le pidió el varón de piel clara que hablaba con ella.

-¿Cuántas veces tengo que decirlo? -preguntó mosqueada- Ya os he dicho que no estoy interesada en ese asunto. Llevamos años así, ¿Y todavía seguís con lo mismo? -les daba la espalda mientras hablaba, observando el cielo nocturno.

-¡Princesa! ¡Eso es una gran muestra de testarudez por vuestra parte! -le habló alzando la voz, pero manteniendo el respecto por su soberana- Le estamos dando opciones a elegir desde hace muchos años, y si no quiere tomar cartas en el asunto, nos veremos obligados a elegir por usted. Cada vez le queda menos tiempo, y cuando se acabe el plazo, no podrá reclamar nada sobre nuestra decisión. Ahora, si nos disculpa, nosotros nos volvemos a dentro. Buenas noches, majestad -le dijo con tono severo la mujer de piel oscura que también hablaba con ella.

Ambas personas entraron de nuevo al salón, no sin antes pasar al lado de Link con una mirada de estar bastante molestos. No le dio importancia, y se acercó a ella, que parecía estar hablando consigo misma por lo bajo.

-Ag...cada año igual...no hay año que no me lo recuerden. De todas formas, ¿Qué más da? Al final voy a tener que hacerlo, por lo menos prefiero que ese momento llegue lo más tarde posible...-se dijo a sí misma apoyando su cabeza sobre sus manos, parecía bastante estresada.

-XOXOX-

Link volvió a la realidad cuando oyó hablar a Salomón.

-¡Pues así es como debe ser! ¡Esa mujer es una tozuda, al igual que lo era su padre! ¡Si por ella fuera, la estirpe de su familia se acabaría con ella! Menos mal que existen leyes para evitar que eso pase…-volvió a hablar Salomón, sin morderse la lengua. Mientras, servía otro vasito de coñac.

-No seas tan duro, Salomón –intentó Brunilda relajarlo- Todos sabemos que así debe ser, pero no me cabe en la cabeza que la Princesa esté dispuesta a pasar el resto de su vida con quién sabe quién, sin que ella pueda elegirlo. No sólo estamos hablando de la felicidad de ella, sino del futuro de todo el reino.

-¡No te preocupes tanto por eso! ¡Los Ministros sabrán elegir correctamente! Respecto a la Princesa, es una egoísta. Desde siempre ha pensado sólo en ella misma, porque si de verdad pensara en el reino, hubiera por lo menos elegido marido hace tiempo. Pero que se le puede pedir a un monarca…son todos unos frívolos e incapaces de abrir su corazón sinceramente a alguien…-esta vez, Salomón se había pasado de la raya expresando su opinión.

-¡No vuelvas a hablar así de la Princesa! –se había levantado bruscamente de la silla, furioso, y ahora agarraba de la camisa a Salomón- ¡Ella no es como tú dices y estás muy equivocado diciendo esas cosas!

-Je, je…-no parecía estar asustado por la reacción de Link- ¿En serio crees que la Princesa es la persona que tú crees que es? No tienes ni idea…pero no es culpa tuya, ella es una experta en engañar a la gente que la rodea. Y como tú sólo la conoces desde hace unos meses, no puedo pedirte que te des cuenta de su verdadera personalidad…-siguió hablando sin arrepentirse lo más mínimo- Aunque…ese "aprecio" que tienes por la Princesa puede ser peligroso para ti. Más te vale ir con cuidado…podría hacerte daño –le habló con desconfianza, como si supiera algo que lo que él no se había dado cuenta.

-¡¿Pe-pero de qué me estás hablando? ¡Sólo soy es protector de la Princesa, y mi deber es encargarme de cuidar de ella! ¡Pero tampoco puedo dejar que gente como tú hable mal de ella a sus espaldas sin pruebas! –le amenazó mientras hacía más fuerte su agarre.

-¡Por favor, Link! ¡No sigas! ¡Y tú también, Salomón! ¡Las cosas no tienen que solucionarse de esta forma! –le suplicó a ambos Anabel, que dejó de leer al empezar aquella discusión. Mientras, los demás estaban paralizados, sin hacer nada.

-¡Cállate, Anabel! ¡No le des la razón al chico sabiendo que yo tengo razón! –le gritó a ella- Y tú… ¡Suéltame! ¿O te crees el típico "matón incivilizado" que lo soluciona todo con la fuerza? –le habló provocativamente.

Link lo soltó a regañadientes, y él se sacudió la camisa con soberbia. Los demás alejaron un poco a Link del malhumorado anciano, pero este no había acabado…

-Qué iluso eres…no sabes el daño que ha hecho, no sólo al reino, sino a las personas más cercanas a ella. Prueba de ello fue la invasión en la que murieron decenas de personas, y que en la que ella cobardemente se rindió en cuanto se vio acorralada. Todos los soldados que perdió Valenzuela y los Zoras súbditos de la también fallecida Reina Rutela que perecieron para avisarla…para nada. Podría haber luchado para proteger a su reino ¿Pero que hizo? Dejó que ese tirano invadiera el reino, mientras que ella estaba a salvo en una torre del castillo. No sé como eres capaz de defenderla, tú casi diste tu vida para solucionar lo que ella provocó…-volvió a hablar tajantemente, parecía que todavía tenía mucho que decir.

-¡Eso es mentira! ¡Ella sufrió mucho encerrada en esa torre, y lo hizo para que no se originase una guerra en la que posiblemente hubiéramos muerto todos! Las vidas que se perdieron durante la invasión no podrán recuperarse nunca… ¡Pero habrían sido muchas más si no hubiera sido por su decisión! ¡Y no sólo eso, casi dio su vida por ayudarme con mi misión! ¡No vuelvas a decir que lo que pasó fue culpa suya! –la ira lo envolvía, gritaba como un poseso, y a duras penas sus amigos eran capaces de contenerlo.

-Vaya, vaya…pues si que hacéis una buena pareja. El héroe y la princesa…como en los cuentos para críos. Yo más bien veo a una mujer incapaz para gobernar decentemente, y a su "perrito faldero"…-siguió provocando a Link, sabiendo que este no podía hacerle nada porque lo tenían bien agarrado.

-¡Ya basta, Salomón! ¡¿No has hablado suficiente, o qué? –habló enfadada Anabel.

-¡Pues no, todavía no he acabado! ¡Si sólo fuera eso, me habría callado hace rato! ¡Pero ya está bien! ¡Ellos son los únicos que saben lo que ocurrió exactamente durante la invasión! ¡Y ya estoy harto de las mentiras y secretos de esa a la que llamamos "nuestra princesa"! ¡Lleva engañando al reino demasiado tiempo, y ha hecho mucho daño! -siguió hablando Salomón.

-¡Salomón, no puedes seguir hablando así! Y respecto a "eso"…no sabemos exactamente lo que pasó…-Brunilda parecía reacia a dar más información delante de Link, como si estuvieran hablando de algo que él no conocía.

-Quizás tengas razón… ¡Pero es normal que nadie sepa nada de lo que ocurrió! ¡Las únicas personas que saben lo que pasó realmente aquel aciago día son Auru y la Princesa! ¡Todavía sigo sin entender como él pudo volver después de lo que le hizo ella! ¡Todos, excepto Link, sabemos lo mucho que sufrió Auru! ¡Y aunque hayan pasado muchos años de aquello, la Princesa sigue ocultándolo todo! ¿Y por qué? ¡Pues porque tiene miedo a que su reino sepa la verdad, y pierda su imagen de "gran líder"! –se estaba alterando demasiado, eso no podía ser bueno para él.

-¡Por favor, Salomón, tranquilízate! ¡Si alguien te oye, nos podemos meter todos en un lío! Sabes que no se nos permite hablar sobre lo que ocurrió…además, todo eso fue un accidente, la Princesa no pudo tener culpa por lo que sucedió…-se suplicó Anabel intentando que bajara la voz- Sabes, creo que has bebido demasiado. No deberías tomar tanto coñac, pues aunque te guste, demasiado te sienta mal…-le recriminó, observando la botella vacía y otra a la mitad que tenía al lado ese hombre.

-¡Ajá, ahora pretendes darme por alcohólico! ¡Yo no estoy contando locuras propias de un borracho! –gritó muy furioso- ¡Estáis ciegos, os dejáis engañar por…-de pronto, dejó de hablar. Su respiración se volvió entrecortada y comenzó a marearse- Ayuda…-pidió desesperado con una voz apagada y ronca, antes de caer al suelo inconsciente.

-¡Salomón! –gritaron todos al verle en el suelo.

Anabel comprobó su estado, y respiró aliviada. Aunque estuviera inconsciente, parecía no ser nada grave, por lo menos se había tranquilizado. Anthony y Francis lo cogieron y lo recostaron en el colchón de una de las literas.

-Ay…si ya sabía yo que tanto coñac no podía ser bueno. Este hombre no debería alterarse de esa manera, miren lo que le ha pasado. Si es que…también acabamos discutiendo sobre temas bastante delicados para él…-se echó la mano a la cabeza Brunilda.

-Ya… ¿Alguien me explica todo sobre lo que estaba hablando Salomón? ¿Qué hecho es ese que involucró a la Princesa y a Auru hace años? –les habló muy seriamente a todos, quería saber la verdad.

Todos se quedaron callados, con las cabezas bajas. Hasta que Anabel habló…

-Lo siento, Link, pero no se nos está permitido hablar sobre eso. Y aunque pudiéramos, tampoco sabemos gran cosa de lo que ocurrió. Francis no estaba aquí cuando pasó; Anthony y yo éramos pequeños, tendríamos alrededor de cinco o seis años; y Brunilda no sabe casi nada; pero todos los que en esa época vivíamos aquí, recordamos el escándalo que hubo por lo que pasó –le contó decepcionada Anabel.

-Entonces… ¿Por qué Salomón hablaba como si más o menos conociera lo que ocurrió? –les preguntó aún más serio.

-Pues…porque Salomón es amigo de Auru desde hace mucho tiempo, y seguramente él le haya contando algo, aunque parece que no totalmente. Además, te recuerdo que él se encarga de los Archivos Reales, por lo que es posible que allí haya algún documento que hable de lo que pasó aquel día, pero sigo manteniendo que debe de ser poca información –siguió explicándole Anabel.

-Ah, ¿Entonces debería ir a preguntárselo yo mismo a Auru? –le dijo enfadado de que nadie le contara nada.

-¡No! ¡Ni se te ocurra mencionárselo! –le pidió alarmada- Mira…lo único que te puedo de decir, es que después de eso, las cosas no volvieron a ser las mismas. Auru, después de aquello, dimitió de su cargo en el castillo, e incluso se marchó de la Ciudadela. Y la Princesa, tampoco volvió a ser la misma…aunque todo eso parece que se alivió un poco cuando te conoció, ahora la veo más animada y feliz. Se nota que en ti ha encontrado a un verdadero amigo…-le habló serena y alegre Anabel.

-Te pediríamos, que no volvieras a preguntar nada sobre ese hecho. Ya sabes el daño que hace recordar todo aquello…-le pidió muy seriamente Anthony.

-De acuerdo…no volveré a sacar este tema…–les dijo Link, resignándose- Quizás hubiera sido mejor no haber preguntado nada…ahora me siento mucho peor –dijo desanimado, se sentía fatal por el lío que había provocado su "a veces problemática" curiosidad.

-No importa, es normal que quisieras saber más. Aunque me siento mal por el pobre Salomón, ya que eso se le juntó con sus pequeños celos que tiene sobre ti…-habló Brunilda, preocupada por el anciano.

-¿Eh? ¿Por qué iba a tener celos de mí? –preguntó realmente confuso.

-Pues por la buena relación que tienes con la Princesa…le recuerda mucho a algo que le ocurrió cuando era joven –le siguió contando Brunilda.

-¿El qué? Podéis contármelo si queréis, pero si no, no importa…-habló algo decaído.

-¿Prometes que no lo contarás? Se trata de algo que no sería conveniente que mucha gente lo supiera…-le preguntó Anabel con algo de desconfianza.

-Lo juró, de mi boca no saldrá nada sin vuestro permiso –les juró solemnemente Link.

-Pues bien…la cosa es…que hace muchos años, Salomón fue amante de la tía abuela de la Princesa…-le contó con dificultad Anabel, por razones obvias.

-¡¿Cómo? –exclamó alarmado Link.

-¡Baja la voz! No queremos que nos oigan… –le regaño Brunilda- El caso es, que Salomón se llevó un gran desengaño, ya que ella se casó con un monarca de otro reino. Ella tuvo que marcharse, y por supuesto, Salomón no pudo acompañarla. Por eso tiene ese recelo con la Princesa, porque piensa que todos los aristócratas hacen el mismo daño a la gente. Pero aunque no lo exprese abiertamente, sabemos que siempre amó a esa monarca, pues aún después de muchos años sin verla y tras su muerte, se quedó en el castillo velando por la familia del hermano mayor de esta, como ella le pidió antes de marcharse. Es más, esa es la razón por la cual Salomón no abandonará su puesto de Organizador de los Archivos Reales, hasta su muerte… –le contó la triste historia de Salomón- Veros a ti y a la Princesa, le recordó mucho a los días en los que él estaba con su amada…-terminó de contar bastante triste.

-Pero…yo no estoy enamorado de la Princesa. Sólo soy su protector y su amigo, nada más –negó Link.

-Link… ¿En serio? No te vamos a juzgar por eso, créeme…-le habló comprensivamente Anabel.

-¡Qué no! ¡No os confundáis conmigo! ¡Yo no soy Salomón! -les negó rotundamente, molesto por su insistencia- Me parece atractiva y una gran persona, pero de eso a…-no siguió, creía que lo había dejado bastante claro.

-¡Oh, "mon ami"! ¡Te ocurre lo mismo a muchos hombres, entonces no es nada grave! ¡Zanjemos entonces el "affaire"! –le habló alegre Francis, mientras le pasaba un brazo por el hombro.

-Será mejor que todos volvamos a nuestra habitación, creo que ya han sido suficientes emociones por hoy…-habló cansada Brunilda- ¿Me acompañas a la habitación, mi "amoureux"? Seguramente, Anthony y Anabel irán a dormir más tarde. Y el viejo de Salomón, será mejor que duerma ahí esta noche –le habló cariñosamente a Francis.

-¡Por supuesto, mi "ciel"! ¡La "crème de la crème" de mis días! ¡Marchémonos y dejemos a estos "jeunes" con sus cosas! –le contestó de la misma forma Francis.

Los dos se marcharon contentos y haciendo pequeñas bromas entre ellos.

-Vaya…otra "cosa" que he descubierto hoy –dijo Link al descubrir que esos dos estaban emparejados.

-Bueno, creo que tú y yo nos quedaremos solos aquí vigilando un rato a Salomón –le dijo a Anabel, y parecía bastante animado- Y tú deberías ir a descansar, has tenido un día ajetreado…-ahora se dirigía a Link, aunque no con el mismo tono, más bien como intentando quitárselo de encima disimuladamente.

-Sí…tienes razón. Mejor me marcho a mi habitación a descansar hasta mañana –y se marchó, tras despedirse de ellos.

Vaya semanita había tenido…en todo ese tiempo, había acumulado un montón de dudas que probablemente, tardaría bastante en resolver…

Continuará...

XOXOXOXOXOXOXO

Nota de Autor: Siento lo largo que ha sido el capítulo, pero no quería volver a dividirlo. Es más largo que el primer capítulo, y ya es decir. Aunque a mí se me hizo fácil de leer...

(Casi se me olvida, y eso que me impactó mucho... espero que no ocurra nada malo en los países cercanos al epicentro y a los países americanos de la costa del Pacífico; Ecuador, Perú, Chile, la costa oeste de México, Estados Unidos, Canadá o los países centroamericanos. Si ya se notó algo con lo del tsunami del 26 de diciembre de 2006 en Indonesia, con el de Japón, un país que he deseado visitar desde hace tiempo y me duele mucho verlo así, sólo espero que no se haga más daño. La verdad es que es horrible que pasen están cosas...a mi se me quitaron las ganas de almorzar tras ver la noticia. Una cosa que tenemos en común los españoles con los japones, aunque sea trágica: el 11 de marzo lo recordaremos como un día maldito, uno por su mayor atentado y otro por su mayor desastre natural...)

¡Ja, ja, ja! Sabía yo que la gente picaría con la última escena del capítulo anterior, a esto le llamo yo "cortar el rollo". Aunque, tú, Sir Vrolok, parece que te diste cuenta de un posible engaño. Debéis de saber que a mí no me gusta relatar las cosas tan deprisa, ya llegará el momento tardío...

Otra cosa, respecto a lo que me comentaron de lo de la clasificación del fic y lo de llamar "hyliano/a" en vez de "hylian"...

1º- Tal vez cambie la clasificación de este fic, porque tengo pensadas cosas que a lo mejor hace que varíe su "rating", pero eso me lo tendréis que sugerir vosotros...

2º- Existe una razón para que yo llame "hylian" a todos los que son de esta raza. La razón es, que en Hyrule coexisten muchas razas, y cuando quiero referirme a la nacionalidad, los llamo hyliano/a ¿O preferís que los llame "hyrulianos"? A mí me parece un poco raro el nombre. Por otro lado, cuando hablo de un miembro de la raza, lo llamo el/la hylian.

Por último, espero que hayáis estado atentos a las "pequeños misterios" que he dejado a lo largo del capítulo, quizás por eso se me ha hecho largo. Y por supuesto, que os hayáis fijado bien en la última escena, porque esa será una de las grandes incógnitas que tendrá la trama a partir de ahora. Si supiérais lo que tengo planeado porque tengo toda la historia desarrollada en mi mente desde hace meses. No tengo ningún hueco que rellenar, sólo ir perfeccionando el fic con ideas. Fijáos si tengo bien desarrollada la historia, que hasta sé como acabará...

*Otra cosa, un disclaimer: el poema rarito que está junto con la última escena es una adaptación propia chapucera del poema de Gustavo Adolfo Bécquer "Amor Eterno", vaya título...

¡Hasta otra, espero que sigáis leyendo este fanfic!