Parte 5: La batalla en el Olimpo, parte 3.

Capítulo 71: Las estrellas malignas arriban al Olimpo.

La Guerra Olímpica se encontraba a las puertas de la inminente batalla definitiva, Zeus era el único dios olímpico sobreviviente, hasta que inesperadamente Hades retomó la posesión del cuerpo de Shun, involucrándose en la última guerra santa.

Atenea había logrado despertar del sueño que le brindó Morfeo, uno de los Oneiros, encontrándose con Hera y dándole muerte en una corta pero intensa batalla. Seiya de Pegaso, Ikki de Fénix y Shiryu de Dragón seguían prisioneros en el Mundo de los Sueños. Hyoga de Cisne había logrado derrotar a Eolo y ahora se encontraba camino al templo de Juno.

Sorrento de Sirena había sido el único sobreviviente del paso de los generales marinos por los Archipiélagos Celestiales, tras un largo combate logró vencer al último de los anemoi, Bóreas, en las puertas del templo de Juno.

Templo de Júpiter.

Zeus se encontraba sentado en su trono, reflexionando sobre los acontecimientos que se habían suscitado en la frontera de los dominios de Hera y Hades, allí donde Atenea había dado muerte a su esposa. Mientras el soberano de los dioses estaba sumergido en una profunda tristeza, tres ángeles irrumpen abruptamente y se hincan.

—Señor, lamentamos lo de vuestra señora… —manifiesta Belerofonte.

—Lo que ha hecho Atenea es imperdonable… —responde Zeus. —Me temo que tengo que ser yo quien me enfrente y haga justicia por la familia olímpica que ella ha asesinado…quería evitar esta situación a toda costa…

—Vuestro hermano Hades ha regresado a la vida y al Olimpo… —interrumpe Pólux. —Quizás aún pueda mi señor evitar aquel angustioso combate.

—¡Yo no confió en Hades, deberíamos hacer el trabajo nosotros! —tercia Aquiles.

—No, dejaremos que los sucesos se decanten sin intervenir, que Athena y Hades arreglen las diferencias que arrastran desde la era mitológica, si mi hermano vuelve a fallar, entonces seré yo quien castigue a mi hija…

El Santuario.

El Coliseo.

Jabu de Unicornio, June de Camaleón, Retsu de Lince, Arquímedes del Reloj, Argo de Quilla, Haziel de Coma Berenice, Rotanev de Delfín, Kazuma de Caballo Menor, Katsouranis de Hidra Macho, Casandra de Osa Menor, Mizuki de Zorro, Serafín de Pintor y Hiroki de Popa se habían sumergidos en un profundo sueño, cuando poco a poco Unicornio y Lince comenzaron a despertar, tenían sus cuerpos adormecidos y se encontraban confundidos, no comprendían en que momento se habían quedado dormidos.

—¿Qué paso? —dijo Jabu exaltado. —¿En qué momento nos hemos dormido?

—Lo último que recuerdo es que estábamos entrenando… —contesta Retsu con la voz baja.

—Pero hace varias horas de eso, mira, ya está anocheciendo. —expresó Jabu mirando al cielo.

—Tengo un mal presentimiento, deberíamos intentar despertar a los demás…

—¿Qué ha ocurrido? —interrumpe Rotanev despertando y tomándose la cabeza.

Templo de Plutón.

El dios Hades se encontraba sentado en su trono, Perséfone lo observaba fijamente, tratando de descifrar si el rey del Inframundo ya había dominado completamente el cuerpo de Shun, el color sus cabellos ya se había tornado negro azabache, su piel era más pálida. Un poderoso cosmos oscuro destella abruptamente, revelando la figura de Morfeo, uno de los dioses del sueño, quién tenía en sus manos el rosario en el que habían sido encerradas las almas de las ciento ocho estrellas malignas.

—Mi señor, aquí está el rosario donde está encerrado su ejército, lo he traído desde el corazón del Santuario… —manifestó Morfeo.

—¡Revivan 108 espectros! —declaró Hades mientras sus ojos destellaron una luz roja.

Las cuentas del rosario explotaron abruptamente en un segundo, dejando un fulgor en el ambiente.

Perséfone camina lentamente hacia una de las paredes del templo, donde había un gran espejo, con la forma de una puerta, repentinamente el reflejo se transformó, exhibiendo la imagen del palacio de Giudecca, en el Inframundo.

—El espejo del Inframundo, capaz de reflejar en el Olimpo lo que acontece en el infierno y viceversa, punto de conexión entre el infierno y el cielo, puerta de acceso entre ambas dimensiones.

Los espectros resucitan por el poder de su dios y se ven reflejados en la imagen que muestra el espejo, la armada de los 108 espíritus diabólicos, con sus líderes Minos, Radamanthys y Aiacos a la cabeza, todos se encontraban postrados ante su señor en el templo de Giudecca. Repentinamente los tres jueces atraviesan el espejo, llegando al templo de Plutón, en la cima del Olimpo.

—Jueces del Inframundo…mis más fieles y fuertes sirvientes…

—¡Mi señor Hades! Hemos regresado a la vida por su grandiosa bondad, nuevamente para luchar a su lado. —expresó Radamanthys con devoción.

—Ha tomado nuevamente el cuerpo de Andrómeda… —Aiacos reflexionaba en silencio.

—Ahora que he resucitado a los 108 espectros es la hora de la venganza, convertiremos a la tierra en un mundo de tinieblas de una vez por todas, después de todo el Santuario se encuentra diezmado por la batalla contra el Olimpo…

—¿La batalla contra el Olimpo? —pregunta sorprendido Minos.

—Primero ha sido el turno de Apolo, sus sacerdotes solares cayeron contra los cinco santos de oro, aquellos que usaron los mantos de bronce cuando se enfrentaron a ustedes… —explica Perséfone. —Luego fue el turno de Artemisa, pero ella y sus satélites también fallaron, así lo hicieron también algunos ángeles…a Zeus solo le quedan tres de sus guerreros sagrados…

—¡Nosotros terminaremos con sus osadías! —bramó Radamanthys.

—Aguarden… —interrumpió Perséfone. —No lo tomemos tan a la ligera, también Poseidón quiso aprovechar la situación para apoderarse de la Tierra y del Olimpo, pero solo queda vivo uno sus siete generales del mar…

—Radamanthys, tu deber será custodiar el Olimpo… —ordenó Perséfone. —Aiacos, tú custodiarás el Inframundo, que será la piedra angular del nuevo mundo…Minos, quiero que vayas de inmediato al reino marino, a destruir la Atlántida...allí se encuentran las nereidas, sirvientes de Poseidón, su poder es inferior al de los siete generales, por lo que no debería ser un problema para ti…

—En diez minutos estaré de regreso… —contestó Minos.

La Tierra, Grecia.

El Santuario

Finalmente todos los santos de bronce habían despertado del misterioso sueño al que habían caído hace unos segundos y ahora se encontraban recorriendo los alrededores del refugio. June, Jabu y Kazuma quedaron perplejos e impresionados por lo que veían, cinco soldados habían sido asesinados cruelmente.

—¡Atentos, el enemigo está cerca…! —alertó June.

—¡Deja de escabullirte! —grita Jabu. —¡Muestra tu rostro maldito!

—Santos de bronce, la muerte ha venido por ustedes…

Desde las sombras aparece un espectro que portaba una sapuris de aspecto terrible, su casco no dejaba ver su rostro, sus ojos no se podían ver, pero entre las sombras sus ojos brillaban con un temible color rojo.

—¡Un espectro! —dijo asombrado Jabu.

—¡Así es...soy Meg de la Bruja, estrella terrestre de la ruptura!

—¡Yo soy Jabu, el santo de Unicornio, no permitiré que escorias como tú causen daños a este lugar sagrado!

—Ten cuidado Jabu… —dijo preocupada June.

—Yo me enfrentaré a ese maldito espectro… —contestó Jabu mientras aprieta sus nudillos.

—Pronto el miedo se apoderará de tu ser y dejarás de decir estupideces… —rebate Meg.

—¡No me causa miedo ni tú, ni la muerte…GALOPE DEL UNICORNIO!

Jabu pega un gran salto que lo eleva por los aires y a continuación cae sobre su rival con una gran patada que destella luces cósmicas.

—¡Muere! —exclama Meg con una macabra sonrisa. —¡MALDICION DE LAS TINIEBLAS!

Cuando la poderosa patada de Jabu estaba por impactar, éste perdió el equilibrio tras sentir un aura violeta que rodeaba su cuerpo, luego se precipita al suelo, cayendo duramente, sufriendo una herida en su cabeza, producto del impacto el casco de su armadura de bronce explotó.

—¡Jabu! —vociferaron June y Kazuma al unísono.

—¿Qué demonios sucedió? —dice Jabu mientras se levanta adolorido.

—Soy el espectro de la Bruja, aquel que se vale de poderosos hechizos, debes darte por vencido y afrontar tu muerte… —expresa Meg con orgullo.

—Afrontaré mi muerte cuando llegue el momento, pero antes de eso lucharé… ¡lucharé por Atenea y por la Tierra! —manifiesta Jabu.

El cosmos del santo de bronce se eleva cada vez más, superando sus límites, el espectro observa atento el incremento de su poder, por lo que decide elevar también su cosmos, repentinamente el cuerpo de Jabu comienza a moverse sin que este sea consciente, sus ojos se tornan atontados.

—¿Qué le sucede a Jabu? —se preguntó Kazuma.

—¡Seguramente está sintiendo los efectos de mis hechizos! —dijo el espectro mientras ríe estridentemente. —Tu mente se nublara y no podrás articular pensamiento algunos…

Cuando Jabu estaba completamente bajo los efectos de la técnica de la Bruja y sin poder manejar su cuerpo ni su pensamiento, repentinamente la imagen de una bella muchacha apareció en su mente, logrando capitalizar ese pensamiento: Saori, Athena. Entonces su cosmos comenzó a crecer inesperadamente, su consciencia vuelve a manifestarse.

—¡Ha logrado escapar de mi hechizo!

—¡Por Atenea! ¡GALOPE DEL UNICORNIO!

—¡MALDICION DE LAS TINIEBLAS! —espeta Meg pero su técnica no surte efecto. —¿Qué está pasando?

Después de dar un gran salto, el santo de bronce se abalanza contra el espectro, el hechizo esta vez no funciona y la patada impacta en la cabeza del adversario, destruyendo su casco, la sangre se escurre en su frente y la sapuris comienza a agrietarse en distintos puntos.

—No puede ser que me haya derrotado un simple santo de bronce… —dijo Meg en su último suspiro y a los segundos cae al suelo pesadamente.

—¡Grandioso Jabu! —felicita Kazuma.

—¡Era un enemigo peligroso, pero yo el gran Jabu daré mi vida por Atenea!

Monte Olimpo.

Territorios olímpicos de Hades.

Touma y Marín habían logrado escabullirse secretamente hasta los dominios del rey del Inframundo, evitando los combates en los Archipiélagos Celestiales.

El lugar en el que estaban lucía similar al Infierno, era oscuro y árido. Fuegos fatuos emergían de extraños huecos en el suelo y en montículos de desniveles pronunciados.

—Siento que el rey del Inframundo ha llegado al Olimpo, pero no solamente siento su presencia, es como si casi todo su ejército se encontrara aquí, tengo una sensación horrible… —dijo la muchacha.

—¡No temas Marín, ni todos los espectros juntos podrían conmigo, el único ser que me preocupa es Zeus!

Repentinamente un cosmos emerge desde las tinieblas del lugar, mostrando una sapuris alada, portentosa y oscura como la noche.

—Mi nombre es Sylphid del Basilisco, estuve escuchando su conversación, ahora veremos si puedes tan solo con uno de los espectros de Hades…

—No eres rival para un ángel…

—¡Engreído, sé de ti, tú eres uno de los ángeles que ha traicionado a Zeus!

—No, Zeus nos ha traicionado a nosotros…

—¡Muere despreciable traidor…ALETAZO DE ANIQUILACION!

Sylphid levanta sus dos brazos y los baja abruptamente con violencia, liberando con ello un poderoso torbellino, que se dirigía a una enorme velocidad, amenazando la integridad del ángel y su hermana, ambos salen volando varios metros atrás, siendo arrastrados duramente en el suelo.

—Así que tú eras capaz de acabar con todos los espectros juntos… ¡eres patético!

—Es muy fuerte… —indicó Marín levantándose con dificultad.

—No digas sandeces, ese tipejo no es para tanto… —dice Touma ya erguido y con confianza, a pesar de evidenciar alguna herida.

—¡Te cerraré la boca engreído…ALETAZO DE ANIQUILACION!

El espectro levanta sus dos brazos y los baja repentinamente con violencia, liberando con ello nuevamente un poderoso torbellino, el aura de un enorme Basilisco estaba a sus espaldas.

—¡ALTITUD MAXIMA!

El guerrero celeste se levanta en el aire, apareciendo el aura de un ángel de una sola ala y se lanza hacia abajo expulsando de su puño derecho una gran cantidad de rayos a una abrumadora velocidad, logrando así atravesar a su adversario por todo su cuerpo, quitándole la vida al instante.

—¡Touma, realmente te has vuelto muy fuerte…! —expresa asombrada Marín.

El Santuario.

Dos jóvenes santos de bronce llamados Serafín de Pintor y Hiroki de Popa estaban expectantes ante la latente amenaza.

—¿Escuchaste ese ruido? —preguntó Serafín asustado. —Algo se mueve debajo de la tierra…

—¡Ha de ser un enemigo! —manifestó Hiroki mientras una gota recorre su frente, producto del nerviosismo.

Una grieta se abrió en el suelo, desde las profundidades aparece un espectro de baja estatura, tenía tentáculos que se movían y despedían una energía violeta.

—¡Soy Raimi de Gusano, estrella terrestre de la disimulación, he venido a tomar sus vidas insignificantes santos de bronce, ATADURAS DE GUSANO!

Unos terroríficos tentáculos surgen de la sapuris del espectro y apresan los cuerpos de los santos de bronce, quienes no pueden liberarse, poco a poco los tentáculos comienzan a causar heridas internas en los cuerpos de los pequeños santos, quiénes mueren sin más.

. . .

Arquímedes del Reloj, Katsouranis de Hidra Macho, Casandra de Osa Menor y Mizuki de Zorro se encontraban custodiando la zona en donde se encontraba la base de la torre del reloj, allí donde se encienden los doce fuegos del zodíaco.

—¡Siento muchos movimientos sísmicos! —expresó Arquímedes.

—¡Si, son los movimientos de las placas tectónicas! —contestó dando la razón Mizuki.

—Me pregunto si será la voluntad divina o un enemigo… —susurra abrumada Casandra.

—¡Debe ser alguien muy poderoso! —completó un nervioso Katsouranis.

Repentinamente comenzó a rasgarse el suelo, hasta crearse un enorme vacío en el centro de la tierra, la torre del reloj se desmorona fatalmente y cae arriba de Katsouranis de Hidra Macho, quién es aplastado, la sangre se corroe por los costados de los escombros.

—¡Katsouranis! —gritan los otros santos de bronce al unísono.

—¡Maldición…Katsouranis! ¡Nos están atacando sin saber de dónde vienen! —manifiesta desesperada Casandra.

Nuevamente comienzan a sentirse movimientos sísmicos, pero Arquímedes del Reloj enciende su cosmos y con sus grandes habilidades logra ralentizar el tiempo, haciendo que este sea más lento, de esta manera consigue apreciar un nuevo movimiento, un pilar se aproximaba contra Mizuki de Zorro, pero esta lo esquiva aprovechando lo lento que transcurría el tiempo.

—¿Qué ha pasado? ¡Mi poder no funciona! —dijo una voz que sonaba en la oscuridad.

—¡Todos tus ataques serán ineficaces en mi contra! —desafió Arquímedes.

Un poderoso cosmos se percibe frente a los santos de bronce, que estaban en guardia, pronto la silueta de un espectro enmascarado aparece.

—¡Soy Mills de Elfo, Estrella terrestre de la inferioridad, yo los acabaré a todos juntos…débiles santos de bronce!

—¡Lo siento pero a mí me agrada combatir sólo, por lo que no lucharás contra todos, lamentarás subestimarme…! —espeta Arquímedes.

—¡Desconfía, su cosmos es superior al de cualquiera de nosotros! —aconsejó Casandra.

—Confía en mí… —contesta Arquímedes.

El espectro sonríe y los santos de bronce se quedan preocupados por su camarada, el santo del Reloj, pero observan confiando en su poder, pues era uno de los más fuertes de la joven camada.

—¡Es interesante, pareces ralentizar el tiempo…MEZCLADOR SÍSMICA!

Al encender su cosmos el espectro provoca que la tierra se abra nuevamente, el santo de bronce salta hacia atrás, evitando de esta forma caer al pozo.

—¡Muere!

—¡Lo siento, pero eso no servirá más…DILACIÓN DE TIEMPO!

Arquímedes expande un cosmos azul con luces celestes, con el tiempo ralentizado logra ver donde viene la amenaza y se pone a salvo tras ágiles movimientos.

—Eres un espectro muy fuerte, manejar las placas tectónicas es algo maravilloso, pero tengo poderes sobre el tiempo, no vencerás, mis poderes son superiores… —presume Arquímedes.

—¡Es increíble una habilidad así en un simple santo de bronce!

—¿Sorprendido? ¡Ahora toma esto! ¡GOLPE DE TIEMPO!

—¡La velocidad de los santos de bronce no se compara a la mía!

El espectro empieza a eludir los ataques con facilidad, pero repentinamente advierte que sus movimientos se ralentizan, por lo que termina golpeado por una ráfaga de golpes del santo de bronce.

—¡Afronta tus últimos momentos espectros, lamentarás tomar la vida de mi camarada!—vitorea Arquímedes.

—Me das un golpe y piensas que has vencido…pobre iluso… ¡sufre mi TERROR NATURAL!

El espectro despide grandes golpes de rayos violetas contra el santo de bronce, pero el tiempo es ralentizado nuevamente, siendo el ataque inofensivo, el ateniense esquiva los golpes uno a uno, pero la técnica continuaba.

—¡DILACIÓN DE TIEMPO!

El espectro aumenta el cosmos y no obstante la ralentización del tiempo, consigue golpear al ateniense, que cae al suelo con violencia, derramando el piso con sangre.

—¡Arquímedes! —gritan sus compañeros preocupados.

—¿Qué ha sucedido? ¡Mi manipulación del tiempo no ha funcionado…!

—¡No seas tonto…aunque hagas lento el tiempo eso sólo funciona en un enemigo que no puede aumentar su propia velocidad!

—Comprendo… —susurra el santo del Reloj.

—¡Mientras pueda elevar mi cosmos, mi velocidad será suficiente para golpearte! —bramó Mills.

—¡Debo quemar más mi cosmos!

—Este es el último ataque… ¡MEZCLADOR SÍSMICO!

—¡GOLPE DE TIEMPO!

Arquímedes observa a través del ataque del espectro, sus ojos brillan, memorizando la técnica enemiga y apareciendo frente al espectro, a continuación logra esquivar la abertura de la tierra y golpea a su enemigo con una secuencia de golpes mortales, su enemigo se encuentra ensangrentado por doquier, su sapuris tiene graves grietas.

—No puedo creer que me venza un simple santo de bronce… —dijo Mills en su agonía y a los segundos cae pesadamente al suelo.

—¿Cuántas veces has usado esa técnica? ¡Cuánto un santo ve la técnica de su enemigo, la próxima vez no surte efecto!

Reino Unido, Gibraltar.

Las Columnas de Hércules.

Minos de Grifo y su división de 36 espectros habían arribado a una zona de la cuenca del mediterráneo, lugar donde se decía antiguamente que estaba el acceso a la ciudad perdida del rey de los mares.

—¿Está seguro que es aquí señor Minos? —pregunta uno de los espectros.

El juez del Infierno sin contestar, camina unos cinco metros, hasta llegar a una zona en donde se encontraba una enorme tapa circular de bronce, la cual aparentaba ser parte de una fortaleza infranqueable, los sonidos del mar provenían tras de ella.

—¡Vamos a la ciudad perdida, a la Atlántida!

Minos da un fuerte puñetazo a la tapa circular de bronce, esta explota producto de la fenomenal fuerza del juez, tras destruirse, unas fuertes corrientes giran desde el interior, atrayendo así a los espectros a las profundidades del reino marino.

Tras ser succionados a las profundidades del reino marino, los espectros habían sido separados, su líder había caído al suelo y se encontraba desplomado, pero no tardó mucho en reincorporarse y asombrarse al ver que el cielo en realidad era el mar.

—He perdido a mis subordinados... —susurra para sí.

—¿Quién eres tú? —preguntó una voz, mientras una silueta podía apreciarse, se trataba de una mujer que llevaba unas escamas, sus cabellos pelirrojo salía debajo de su casco, el cual emulaba la forma del rostro de un tiburón.

—Lamentarías saber quién soy, pero tengo la misión de asesinar a quién sea, por lo que te diré mi nombre, para que sepas contra quién has caído, soy Minos de Grifo, uno de los tres jueces del Infierno...

—¡Un juez del Infierno, soy Evágora de Mákara, una de las nereidas, marinas de Poseidón...! Los generales marinos están luchando con gran valor por nuestro señor en el Olimpo, no voy a permitir que alguien como tú venga a destruir la tierra sagrada de mi rey...

—Ilusa... —dijo Minos soltando una risa por lo bajo. —Sorrento de Sirena es el único sobreviviente, pero seguramente será destruido por nosotros, los espectros, Poseidón ha traicionado al señor Hades y después ha hecho lo mismo con el Olimpo, es la hora del castigo por semejantes crímenes...

—¡Guarda silencio, aunque solo uno de nosotros sobreviva, cumplirá la voluntad del rey de los mares! —gritó la nereida y luego se abalanzó sobre su enemigo, pero repentinamente algo la detiene, su brazo hace un extraño movimiento hacia atrás. —¿Que está pasando?

—¡MARIONETA CÓSMICA!

El cuerpo de la nereida pronto comienza a moverse solo y es elevada horizontalmente, bailando la danza de la muerte.

—¡No puedo liberarme, no lo comprendo...!

—Te lo explicaré antes de que mueras, en estos momentos estoy controlando tu cuerpo con hilos invisibles, ustedes son enemigas insignificantes, por lo que debo apresurarme para volver al Olimpo... —susurra el juez y mueve sus manos, jalando así de los hilos invisibles, tras un movimiento las extremidades de su rival se quebraron y su cuerpo cayó al suelo, después de finalizar la técnica. —Iré por las que faltan...

. . .

Lune de Balrog había vencido a tres nereidas, ahora se encontraba haciendo frente a otras dos de ellas, Erato de Yacurmana y Nemertes de Afang.

—¡Vengaremos la muerte de nuestras compañeras, por la gloria de Poseidón!

Erato estira su mano derecha hacia adelante, el fantasma de una endemoniada mujer surge, tenía un rostro macabro, inmediatamente su aura embiste contra el espectro, pero este la detiene fácilmente con sus manos.

—¡No es posible!

—¡LATIGO FUEGO!

Lune ataca con su arma, la cual enrolla a Erato totalmente, mientras unas marcas son infringidas en su cuerpo, producto de la presión.

—Las vueltas que da el látigo a tu alrededor son equivalente a la cantidad de pecados que has cometido, ahora morirás por la presión de tus pecados.

—¿Qué?

El látigo es retirado por el espectro, unas marcas purpuras rojizas de tipo cósmicos quedan sobre la nereida, siendo el recorrido que tuvo sobre su cuerpo, repentinamente las marcas comienzan a brillar y a comprimirla, hasta descuartizarla.

Nemertes suelta un grito de terror al ver la muerte de su compañera.

—Irás con ella al otro mundo… ¡REENCARNACION!

El espectro de Balrog levanta su mano hacia arriba y un poderoso resplandor violáceo emerge de su dedo índice, dicha luz conecta a la víctima en un plano inconsciente, donde repasa los pecados de su vida, mostrándoselos así a Lune.

—Ya veo, ya sé a qué Infierno te enviaré… —dice Lune al tiempo que el cuerpo de la nereida desaparece del mundo físico, para ser condenada en el infierno correspondiente.

Salida del Templo de Juno.

Sorrento de Sirena acababa de salir del majestuoso templo de la reina del Olimpo, en ese momento un poderoso cosmos llama su atención y mira al cielo, viendo pasar a un guerrero de brillante armadura, que vuela en dirección a la cima del monte sagrado.

—Cignus, tú eres el último guerrero ateniense que queda, los cosmos de todos los demás se han apagado, espero que tengas suerte en tu travesía… —pensaba.

. . .

El santo divino también había visto a Sorrento al cruzar a toda velocidad los cielos de la frontera de los dominios de Hera y Hades.

—Sorrento, espero que hagas valer en favor de la humanidad los sacrificios de Isaac y de tus demás compañeros…