Disclaimer: Como siempre, que no quiero ni recibiré nada a cambio por esta historia. Sólo lo hago porque no tengo nada mejor que hacer...
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9. Vacaciones en el Lago
Pasaron semanas, después de aquella primera en la que se había aprendido de memoria el estricto horario. Aquel día era viernes, y la princesa estaba sentada en su trono, con Link sentado a su lado sobre los pequeños escalones que elevaban el trono sobre el suelo. Aunque aquel día no tenía audiciones, ella debía quedarse ahí hasta que llegara la hora de irse. Pero ese día, quedarse ahí sentada sin hacer nada le parecía una tortura. Una ola de calor sofocante envolvía a Hyrule desde hacia varios días. Nadie se lo podía creer, hacía demasiado calor. Y además, no eran unas temperaturas normales para esa época.
Link estaba tumbado sobre el suelo, sofocado. Y ella, igual que él, pero debía guardar la compostura, y se mostraba neutra sentada sobre el trono. Miró un momento a Link, y vio que intentaba abanicarse inútilmente con la mano. En ese momento, y con los ojos cerrados, comenzó a hablarle.
-Princesa…esto es exagerado ¿Por qué no podemos marcharnos de aquí? Este calor me recuerda mucho al que hace dentro de la Montaña de la Muerte…–le volvió a preguntar por séptima vez en el tiempo que llevaban ahí, mientras jadeaba.
-Lo siento, pero ya te dije que no puedo moverme de aquí hasta que el horario me lo indique, no tengo muy claro si al final se canceló aquella audiencia o no. Y te vuelvo a repetir, que si quieres…puedes irte. No estás obligado a quedarte aquí, y si sigues así, te va a dar algo… –le insistió de nuevo, preocupada, no le gustaba verlo así.
-Ni hablar…ya le dije…que no pienso irme y dejarla aquí sola –le repitió, testarudo, aún tirado en el suelo- Pero…-comenzó a pensar- ¿Qué le parecería ir al Lago Hylia esta tarde? –le propuso mientras se reincorporaba para hablarle.
-¡¿Có-cómo? –le preguntó asombrada. Nunca se hubiera imaginado que le propusiese eso nadie…
-Por favor…durante estos últimos días, no he podido descansar bien. Y sé que usted tampoco…-le pidió, casi suplicando- Auru y los Ministros salieron ayer de la Ciudadela, para esa reunión con los dirigentes de otro reino en Kakariko. Ellos no supondrán un problema…-sabía que para ella, ellos eran bastante influyentes.
-Puede que tengas razón, pero he de acabar de hacer unas cosas y…-intentó excusarse, sin demasiado éxito.
-No me mienta, majestad. Hace muchas semanas terminó de ponerse al día con los asuntos burocráticos del reino. Y respecto a sus deberes, los terminó ayer, dado que los Ministros y Auru se marcharon, y no se celebró la reunión semanal… -le habló, dejándola sin argumentos- Venga…tómeselo como unas vacaciones. Usted me dijo que no podía abandonar la Provincia de Lanayru, no estaríamos incumpliendo ninguna regla. Además…no puedo permanecer más tiempo encerrado en este castillo. No con este calor…-y echó la cabeza hacia atrás, harto del calor.
Se quedó pensativa, no sabía que hacer. Era reacia a aceptar aquella propuesta, pero no quería obligarlo a quedarse en el castillo sufriendo el intenso calor. Así pues…
-Está bien, acepto, esta tarde iremos al lago –le contestó, provocando una enorme alegría en Link.
-¡Estupendo! ¡Prepare su equipaje en cuanto pueda! Yo iré a… ¡Aahh! –se tropezó de la emoción, y cayó al suelo, pero enseguida se levantó- ¡Estoy bien! ¡No ha pasado nada! –exclamó con las manos hacia arriba, muy avergonzado- Esto…me voy a preparar mis cosas ¡Hasta luego! –y se marchó rápidamente, había hecho el ridículo.
Zelda sonrió, no esperaba que se entusiasmara tanto con su respuesta. Pero ahora tenía un problema…aunque esperaba poder superarlo y evitar que Link descubriera un pequeño secreto. Algo que le daba un poco de vergüenza admitir…
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Un poco después de que ella terminase su horario, reunieron un pequeño equipaje, y montaron en Epona rumbo al lago.
Tras unas cuantas horas de viaje, llegaron al borde del cráter donde se encontraba el lago. Empezaron a bajar por un estrecho camino, a Epona le costaba avanzar. Tras un rato, llegaron por fin a la orilla del lago. Zelda estaba impresionada, aquel lago era enorme y hermoso. Aunque esa sensación la llevaba acompañando desde que salió de la Ciudadela, algo normal cuando se pasan los días encerrada en un castillo.
A Link le sorprendió ver que sólo unas pocas personas dispersas por todo el lago se estaban bañando, pensó que habría muchas más. Aunque, podría entenderlo; no todos podían permitirse ir al lago sin una montura, por eso vio a muchas personas alrededor de la fuente, refrescándose. Y además, aunque el Domino Zora estuviera a un día de camino desde la Ciudadela, y sólo siguiendo el camino más corto, la gente prefería ir allí por la hospitalidad de los Zoras, y por el atractivo de su región.
De todas formas, le daba igual, e incluso le gustaba más así. No le gustaría que la gente empezara a infundar rumores equívocos…
Estuvieron un rato paseando por el lago montados en Epona, hasta que una pareja de ancianos llamó su atención.
-¡Ey, miren hacia aquí, jóvenes! –les llamó el ancianito, saltando y moviendo agitadamente la mano para llamar su atención.
Los dos miraron en la dirección por donde los habían llamado, y Link le ordenó a Epona que empezase a caminar hacia aquel hombre.
-¡No me lo puedo creer! ¡Billy, cariño, es el joven que nos ayudó hace tiempo! ¡Y mira a quién trajo también! ¡A la mismísima Princesa de Hyrule! –exclamó asombrada y feliz la anciana.
-¡Es cierto, Claire! ¡Pensaba que eran simplemente una pareja de jóvenes que venía pasar el fin de semana en el lago! ¡Qué grata sorpresa! –se alegró aún más el viejito.
-Vaya…je, je…-se rascó el cuello nervioso, se encontraba algo incómodo- Me alegro de volver a verlos, y veo que terminaron de construir su casa…-les dijo mirando una casa construida justo al lado del agua.
-No es una casa. Bueno, al principio lo iba a ser, pero en medio de la construcción decidimos convertirla en una posada. Pensamos que después de nuestra jubilación, nos aburriríamos un poco sin nada que hacer, además nosotros ya regentábamos otra posada en otra parte del reino. Es una posada pequeña y humilde, y por ahora no hemos tenido demasiados clientes. Y eso que nos hicimos miembros de la "Asociación de Turismo de Lanayru"…-habló algo desanimada la mujer.
-¿Por qué no te quedas durante este fin de semana aquí? –le preguntó alegre el hombre-¡Ah, casi me olvido de usted, majestad! Perdóneme por mi error…usted también puede quedarse aquí si usted lo desea –y le hizo una reverencia.
Los dos se quedaron de piedra por aquella proposición, sobre todo Zelda. Pasar el fin de semana los dos solos en el lago…impensable, se suponen que sólo habían venido a pasar el día. Empezaron a buscar excusas, sin poder pronunciarlas bien por su nerviosismo.
-Por favor, sería un gran honor para nosotros que el Héroe y la Princesa de Hyrule se alojaran en nuestra humilde posada…-le suplicaron los dos ancianos.
Ambos dudaron durante un rato, pero les dio pena decirles que no a aquellos dos ancianos. Link aceptó, aunque luego tardó bastante en convencerla a ella, pero al final también aceptó, casi a regañadientes.
-¡Estupendo! ¡Seremos los mejores anfitriones que jamás hayan tenido! Antes que nada, nos presentaremos. Mi nombre es Billy, y ella, mi mujer, se llama Claire.
-Es un placer conocerles… –les saludó Zelda con un apretón de manos al bajarse de Epona.
-Por cierto, hay algo que quise preguntarle a usted desde la primera vez que lo vi…-le habló al hombre- ¿Por casualidad no será pariente del Doctor Borville? –le preguntó curioso, debido a que se parecía mucho a él.
-¡Así que conoces al cascarrabias de mi hermano gemelo! ¡Ese viejo idiota, se cree superior a mí porque estudió Medicina y nació 15 minutos antes que yo! –se quejó molesto.
-No te enfades, cariño. Al fin de al cabo, es tu hermano –le habló su esposa intentando tranquilizarlo.
-Sí, que pena que uno no pueda elegir a la familia…pero en fin, tampoco me llevo tan mal con él después de todo. Eso sí, yo soy "el guapo" de los dos hermanos…-alardeó.
Su mujer se rió, parecía que aquello ocurría a menudo. Después de eso, Billy se llevó a Epona hacia el pequeño establo que poseían, mientras Claire acompañaba a los dos jóvenes hacia el interior de la posada. Tenía un aspecto de lo más rústico, y eso le daba un aspecto encantador, y parecían ser los únicos huéspedes de aquel sitio tan acogedor. Entraron a una pequeña recepción con salón incluido, y la mujer se acercó a un mural donde estaban colgadas un par de llaves. Le entregó una a cada uno, y luego habló.
-Bien, aquí tenéis vuestras llaves. Tendréis un servicio completo: comida, habitación y los servicios adicionales que ofrecemos también aquí. Las habitaciones y los baños están en el piso de arriba. Aquí abajo tenemos la cocina y el comedor; el pequeño muelle donde a veces llegan barcas procedentes de río arriba; unos baños calientes, uno para hombres y otro para mujeres; el establo; y el salón-recepción donde os encontráis, con esa estupenda chimenea ¡Podéis usarlo todo, no os cortéis!
-Muchas gracias, señora Claire. Le prometo que cuando vuelva, les hablaré a todos mis amigos sobre este sitio. Pero… ¿Cuánto nos costará todo esto? Es que ninguno de los dos hemos traído dinero…-le dijo avergonzado Link.
-¡No os preocupéis, no os íbamos a cobrar de todos modos! –le habló despreocupada la mujer.
-Eso no me parece correcto, yo soy la Princesa de Hyrule, puedo pagar sin dificultad todos los servicios que me ofrecéis –le habló tajante, no le gustaba que la tratasen con ese tipo de privilegios unos humildes posaderos.
-No era mi intención ofenderla, majestad. Es que le debemos un gran favor a este joven que os acompaña, por eso no le cobramos nada a él. Y a usted, porque para nosotros es un gran honor que se quede con nosotros…-se habló algo decepcionada, haciendo una reverencia a modo de disculpa.
-Bueno, de ser ese el caso…lo dejaré pasar por esta vez –le habló, tragándose su orgullo- Pero le pediré que no cuente nada de mi estancia aquí, quiero pasar lo más desapercibida posible…
-No se preocupe, alteza, no le diremos nada a nadie. Será como si nunca se hubiera hospedado aquí.
-¡Aquí estáis! –exclamó Billy, que acaba de entrar a la recepción desde el otro lado de la posada, posiblemente por una puerta trasera- ¡Hace un calor horrible, llevo quejándome de ello desde hace días! ¿Por qué no os vais a dar un baño? ¡El agua debe de estar estupenda!
Ambos se quedaron algo avergonzados, aunque esa había sido la razón por la que habían venido.
-Esto…-Zelda se ruborizó ligeramente- Yo no poseo ningún traje de baño…-les confesó.
-¡No es ningún problema! Nosotros alquilamos también trajes de baño a nuestros huéspedes, seguro que tendremos alguno de su talla y adecuado a su clase. Y tú chico, para ti también tendremos algún bañador que puedas ponerte –les explicó Billy.
Billy se llevó a Link a para que se probara algún bañador, y lo mismo hizo Claire con Zelda. Link se probó varios bañadores, hasta que dio con uno bastante discreto, ya que parecía un pantalón. Le llegaba hasta la parte superior de las rodillas y era de un color azul marino oscuro, aunque también era algo ajustado.
Salió del baño para hombres, y esperó a que apareciera Zelda. Y cuando lo hizo, se quedó pasmado. Llevaba el pelo recogido en una larga trenza que caía por su hombro y con una flor en su oreja izquierda; una tela elegante, su bañador, cubría su pecho y también "lo de abajo", dejando sus hombros y vientre desnudos; llevaba un hermoso pareo exótico naranja a modo de falda que cubría sus piernas también expuestas, aunque esa tela se transparentaba. Todo en su conjunto de daba una imagen de lo más exótica y "tropical".
Link se quedó atontado observándola por completo, deleitándose con su belleza. Estaba completamente ensimismado, observando principalmente "sus suaves curvas", e incluso se le pasaron por la cabezas algunas imagines, pero se mordió la lengua y enseguida las apartó de su mente. Esa clase de pensamientos no eran correctos, ya que se trataba de la princesa de su reino.
Cualquier mujer se hubiera percatado de la mirada penetrante que inconscientemente le lanzaba aquel joven, pero ella también se encontraba observándolo de la misma manera…
Ella se quedó mirando su torso desnudo, mostrando sus bien formados pectorales, abdominales y brazos, por no hablar de que ya tuvo el "placer" de admirar su escultural espalda en otra ocasión. Se notaba que había trabajado ese cuerpo con su dedicación en los campos de Ordon, y ahora con sus entrenamientos en el castillo. También dirigió su mirada a la parte inferior de su cuerpo, y sobre todo se fijó en como su ajustaba su bañador "a su cuerpo"…las imágenes de aquel "sueño prohibido" volvieron a su mente, aún más "explícitas" que nunca, mientras su respiración se volvía intensa al pensar en aquello…
Los dos ancianos se miraron, y se rieron disimuladamente al ver las miradas de aquellos dos, que parecían desnudarse mutuamente. Parecía que aquella "atracción oculta" que se mostraban aquellos dos no les molestaba, aún sabiendo que se trataban de la mandataria de Hyrule y de un simple plebeyo, y eso no estaba bien. El matrimonio de ancianos los devolvió a la realidad, y ninguno de los dos se podía explicar que les había ocurrido. Se miraron, y rápidamente apartaron sus miradas, completamente avergonzados.
Claire les invitó a salir y que buscaran un buen lugar para bañarse, a ser posible, alejado de las miradas curiosas de algún bañista disperso por el lago. Caminaron por el lago, cruzaron los puentes que unían las diminutas islas del lago y fueron subiendo poco a poco hasta un terreno elevado un par de metros sobre el agua.
Se acercaron al borde de ese saliente y Link comenzó a buscar un lugar adecuado para que se bañaran. Pero de pronto, un pajarraco de plumaje fucsia, con algunas plumas azules y una cresta del mismo color, apareció. Empezó a revolotear alrededor de Link, incordiándolo y lanzando graznidos por doquier. Empezó a soltar palabras y frases sueltas entre tanto graznido, mientras Link intentaba quitárselo de encima.
-¡Cruaaac! ¡Tú, muchacho, tiempo pasar que no verte! ¡Cruac! ¡Mi ama pensar mucho contigo! ¡Nosotros querer verte alguna vez en río Zora! ¡Cruaaac! –graznó aquel pájaro mientras revoloteaba alrededor de la cabeza de Link.
-¡Aaahh! ¡Ya basta, Ciruela! ¡No es el momento para que me vengas con tus tonterías! ¡Y deja de picotearme la cabeza! –le gritó al ave, y luego la apartó bruscamente.
De pronto, oyó un sonido extraño…
-Oh, oh…-dijo el pájaro.
-¿Qué pasa? –preguntó molesto Link.
-¿Tú ir con mujer a bañar al lago?
-Sí, ¿Por qué? –le preguntó extrañado.
-¿Saber nadar? –le volvió a preguntar el plumífero.
- ¿Yo? ¡Por supuesto que sí! –le confirmó molesto- Y supongo que usted también sabe…-se volvió hacia ella, pero no estaba allí.
La buscó por todas partes, pero no la encontró.
-Pues yo no creer que muchacha saber nadar. Si no habría salido ya del agua…-le comentó, negándole con la cabeza
-¡¿Cómooo? –exclamó asustado, mirando hacia el agua.
-Sí, cuando tú querer golpear a mí, empujar por accidente a bella chica al agua. Sonido de antes ser mujer cayendo, ¿Tú no darte cuenta? –le habló como si no le preocupara el asunto.
Antes de que el ave acabase de hablar, se tiró al agua a rescatarla. Buceo y la buscó incesante, con miedo en el cuerpo. Link casi se ahoga del susto al encontrar a Zelda inconsciente en el fondo, que por suerte no era muy profundo. Nadó hacia ella y la subió hasta la superficie. Estaba realmente preocupado, parecía haber tragado bastante agua, tenía que llevarla a la orilla cuanto antes…
Llegó en muy poco tiempo, y la puso boca arriba en el suelo. Ella parecía no respirar, y él estaba al borde de un ataque de nervios. Intentó reanimarla haciendo presión en su pecho, olvidándose de la "zona" en la que estaba actuando, aquello era demasiado importante para distraerse con esas tonterías. Estuvo así un tiempo, pero no mejoraba. Estaba desesperado, todo eso era culpa suya. Si no se hubiera distraído con aquel pájaro…
Sólo le quedaba por intentar una cosa…el "beso de la vida". La miró, y tragó saliva, nervioso, pero enseguida se centró. De ello dependía la vida de su princesa…
Se acercó lentamente, con un objetivo claro. Pero justo antes de que sus bocas se juntasen, Zelda comenzó a toser con fuerza. Se apartó bruscamente de él y se dio la vuelta. Con las manos y las rodillas apoyadas en el suelo, comenzó a expulsar toda el agua que había tragado. Link la observaba preocupado al ver las arcadas que producía su cuerpo para echar el líquido hacia fuera. Poco a poco, fue dejando de toser. Sus brazos ya no aguantaron más, y cayó de bruces contra el suelo. Respiraba agitadamente, con algo de dificultad, sin poder moverse ni abrir los ojos.
Link se acercó a ella muy preocupado, a la que sólo podía verle la espalda, y esta no parecía responderle. Justo antes de que él le preguntara cómo estaba, ella le habló, sin volverse hacia él para hablarle.
-¿Sabes…que por atentar con la integridad física de tu princesa…te pueden condenar con el destierro? –le habló fría, como intentando intimidarlo.
Link tragó saliva, preocupado. Ella no sería capaz de hacerle eso… ¿O sí?
-Eh…majestad…no estará hablando en serio, ¿Verdad? –le preguntó nervioso, esperaba que no fuese así- ¡Fue un accidente, lo juro! ¡Nunca hubiera querido que le ocurriese tal desgracia! ¡Por favor, perdóneme! –le suplicó arrodillándose sobre el suelo.
De repente, oyó una ligera risa proveniente de ella. Levantó la cabeza, y vio que ella se había dado la vuelta y le miraba con una sonrisa.
-Ay, Link…-le habló serena y pausadamente, mientras pasaba su mano por su cabello- Qué fácil es burlarse de ti… ¿Acaso pensabas que de verdad haría eso? Lo que sí te daría es un golpe en la cabeza por tu insensatez, estuve al borde de…pero en fin…no pienso molestarme en hacerlo, estoy demasiado cansada ahora…-y terminó de hablar, cerrando los ojos, al mismo tiempo que dejaba de jugar con el cabello de Link.
La cara de Link se volvió completamente roja, nunca se hubiese esperado una acción así por parte de su soberana. Pero le gustó, y sonrió contento. No sólo por aquello, sino porque ella se encontraba bien. Se recostó sobre el suelo junto a ella, y se quedó mirándola, mientras ella descansaba con los ojos cerrados. Le relajaba escuchar su sosegada respiración y contemplar sus húmedos cabellos castaños que tapaban con encanto su rostro.
En ese momento, se acordó de un pequeño detalle…todo esto empezó porque ella no sabía nadar. Entonces, ¿Por qué no le había dicho nada y decidió acompañarlo?
-Princesa…-la llamó tranquilo.
-¿Uhm? –le contestó sin molestarse en hablar, y sin abrir los ojos.
-¿Por qué aceptó venir conmigo a lago, si no sabía nadar? –le preguntó deseando saber el por qué.
Zelda abrió los ojos de golpe, y se levantó rápidamente. Se quedó sentada, mirando hacia el suelo, y dándole la espalda. Link se alarmó, quizás eso la había molestado.
-Link…siéntate, te lo explicaré…-y le hizo un gesto con la mano para que se sentase junto a ella.
Él la obedeció, y se quedó junto a ella esperando a que hablara.
-Verás…hacía mucho tiempo que no venía al lago, la última vez que lo hice era una niña –le explicó mientras miraba seria el lago- Como comprenderás, nunca tuve la necesidad de aprender a nadar, a una princesa no le hacen falta ese tipo de habilidades. Además, ocurrió algo hace bastante tiempo, y desde entonces, he de admitir que…me daba algo de miedo el agua –le confesó algo avergonzada.
-¿En serio? ¿Y qué fue lo que pasó? –le preguntó con ganas de saber más.
Zelda sonrió ligeramente, para luego comenzar a rememorar su historia…
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"Era un frío día de invierno, tendría a lo mejor 6 años cuando aquello. Auru, que por aquel entonces era una de las personas que se encargaban de cuidar de mí, me llevó al lago a pasar el día, ya que mi padre estaba en una reunión muy importante que duraría todo el día. Yo estaba emocionada con pasar el día en el lago, no me importaba para nada el frío que hacía, sólo quería salir del castillo y pasármelo en grande con mi amigo Auru.
Cuando llegamos, me quedé fascinada…el lago estaba completamente helado. Yo nunca había visto tanto hielo junto, y era impresionante. Corrí hacia el agua congelada y me quedé mirándola. Quise tocar el hielo, y me sorprendió que estaba completamente rígido. Me extraño mucho, ¿Cómo era posible que el agua, que era líquida, se volviera tan dura como una piedra?
Cuando Auru se acercó a mí, le pregunté mi pequeña duda.
-Auru, ¿Por qué el hielo es así? ¿No decías que era agua? ¡El agua no es dura! ¡Ah, tengo más preguntas! ¿La nieve es también agua helada? ¿Y crees que el resto del Río Zora estará así? ¡¿Eh, eh? –le pregunté entusiasmada y con gran curiosidad, mientras les tiraba de la camisa impaciente. Como todos los niños…
-¡Ja, ja! ¡Pero qué impaciente eres, pequeña Zelda! –se rió alegre- Pues sí, el agua puede adoptar varias formas distintas: el agua, el hielo, y el vapor. Y antes de que me preguntes, sí, el vapor es esa cosa que sale del baño cuando te lavas con agua caliente, o cuando los criados hacen la comida en las cazuelas –me contestó, la verdad es que me conocía bastante bien- Y respecto a lo del río, no, sólo aquí, donde el agua se deposita y no se mueve, se congela. En el Dominio Zora, el agua nunca se llega a congelarse del todo, porque de ahí sale el manantial que abastece de agua a todo el río, y los Zoras deben mantener el agua en su estado líquido para sobrevivir. Además, el clima de la región de los Zora es propicio para que hayan buenas temperaturas -le explicó- Y por último, sí, la nieve es también agua helada. El que el agua tenga una forma u otra, depende de la temperatura que haya en su ambiente.
Volví a quedarme mirando el hielo, ahora más impresionada que nunca. Pero de pronto, observe que algo se movía. Pegué mi cara al hielo para ver lo que era, y me llevé un gran susto cuando vi la cara de un pez pegada también al hielo, parecía estar mirándome del mismo modo que yo a él. Retrocedía asustada, no entendía como un pez podía estar nadando en el hielo. Auru se dio cuenta de ello y me preguntó que pasaba.
-¡A-auru! ¡¿Qué hace un pez nadando en el hielo? ¡Eso es imposible! -le dije temblando.
-¡Ja, ja, ja! ¡Se me olvidó explicarte una cosa! -se rió, le parecía divertido aquello- Cuando un lago se congela, sólo lo hace su superficie, el resto del agua líquida queda por debajo.
-¿A sí? -le pregunté sorprendida, mientras me acercaba de nuevo a ese pez- Pues pobre pez...debes de tener mucho frío ahí abajo...-me entristecí por aquel pez, que inocente era por aquel entonces...
Auru volvió a reírse por mi comentario, no entendí el por qué. Después me levanté, y mi cabeza se puso a pensar. Qué peligroso era eso...
-Uhm...si el hielo es duro, significa que puedo andar sobre él...-pensé en alto- ¡Patinaje! -esa fue la idea que me vino a la cabeza.
Salí corriendo hacia un lugar alejado de Auru, él al principio no entendió mi reacción. Yo llegué a un lugar donde me pareció que estaría bien intentarlo. Iba a colocar un pie sobre el hielo cuando oí a Auru en la distancia...
-¡Zelda! ¿Qué idea loca se te ha pasado ahora por esa cabeza tuya? -sin duda, he de reconocer que me conocía demasiado bien.
-Je, je...-me reí maliciosamente- ¡Voy a probar a caminar sobre el hielooo! -me vacilé de él.
-¡No, ni se te ocurra hacerlo! ¡El hielo podría romperse! -me gritó preocupado Auru, que cada vez se acercaba más.
Yo hice repetidos amagos de colocar mi pie sobre el hielo, me encantaba fastidiarlo.
-No lo hagas...-me ordenó como si fuera una amenaza.
-Si, sí...-le dije con retintín, asintiendo. Estaba a punto de colocar mi pie...
-¡No te atrevas a...!
Y por fin, me puse sobre el hielo. Auru estaba mirándome preocupadísimo y furioso, casi tirándose de los pelos. Yo empecé a caminar con algo de dificultad sobre el hielo, me parecía muy divertido y nada peligroso.
-¿Ves, "viejo"? ¡No hay de que preocuparse! -le dije animada, me encantaba salirme con la mía.
Pero debería haberme callado, porque en ese mismo instante, me resbalé y me caí de cara contra el hielo. Al caerme, me deslicé más hacia el interior del lago congelado. No me hizo ninguna gracia aquello, pero Auru se estaba ahí partiendo de risa.
-¡Ja, ja, ja! ¡Eso te pasa por llamarme "viejo"! ¡Que lo sea no significa que no tenga razón, a ver si te acuerdas de una vez! ¡Deberías haberme hecho caso, así ahora no tendrías que ser "rescatada" por este "viejo"! -se rió en mi cara, eso me enfadó muchísimo.
-¡Auru! ¡Déjate de tonterías y ayúdame! -le ordené, estando sentada sobre el hielo con los brazos y las piernas cruzadas, y con una mueca propia de una niña enfadada.
-¡Está bien! Como usted ordene, "alteza"...-y me hizo una reverencia, a modo de burla.
Auru comenzó a buscar una manera segura de avanzar hasta donde estaba yo. Mientras, yo hice varios intentos fallidos de volver a reincorporarme. Cuando por fin lo logré...
-¡Aaagg! ¡Maldito hielo! ¡No pensaba que fueras tan resbaladizo! -me queje del hielo, pisoteándolo fuertemente.
Me puse a golpear el hielo enfadada, hasta que de pronto, oí desquebrajarse el hielo bajo mis pies. Las gritas se expandieron, y lo único que alcancé a decir fue...
-¡Oh, oh! -y caí al agua, al romperse el hielo- ¡Aaah! ¡Auru, socorrooo! -le pedí asustada, luchando en el agua. Tenía mucho frío y fui hundiéndome cada vez más en el agua...
Lo único que alcanzo a recordar después de eso es ver la silueta de Auru acercándose desde la superficie hacia mí, y después todo se volvió oscuro...
Tras eso tengo los recuerdos algo confusos, pero si recuerdo una escena que ocurrió cuando llegué al castillo y cuando ya me había despertado.
Estábamos los dos sentados, cada uno en una silla, abrigados con gruesas mantas y con nuestros pies metidos en un barreño de agua. Ambos estábamos temblando, muertos de frío. En un momento dado, Auru me miró molesto y me habló.
-E-esto es todo culpa tu-tuya...si me hubieras hecho caso, ahora no estaríamos así... ¡Achíss! -me dijo tiritando- ¡No obedeces a nada de lo que te dicen, y mucho menos a mí! ¡Siempre haces lo que te da la gana, deberías empezar a comportarte como una princesa de verdad! ¡Tú padre es demasiado permisivo contigo! -me regaño, admito que me lo merecía- Y hablando de tu padre, el rey... ¡Por poco no lo cuento! ¡Está furioso conmigo! ¡Ha estado a punto de enviarme a las mazmorras de nuevo, y me parece que la próxima vez ni se molestará en hacerlo! ¡¿Te das cuenta de que podría perder mi trabajo y además ser castigado severamente si algo llegara a pasarte? ¿Es qué es lo que quieres? -me gritó enfadado.
Me quedé pensativa durante un momento, pero luego sonreí. En aquella época, nunca me tomaba las cosas tan en serio...
-Ji, ji... ¡Achíss! ¡No exageres, Auru! ¡Papá es muy bueno! ¡Eres su amigo, y los amigos no se hacen esas cosas malas! ¡Nunca te haría nada malo, y lo de las mazmorras es una broma! ¡Siempre sales al día siguiente de haber entrado! ¡Ja, ja, ja! ¡Achíss! -todavía me pregunto como me podía tomar a risa un asunto tan serio...
-Sí, sí...-me dijo molesto y sin ganas- Hasta que un día logres que enfade de verdad a tu padre, y entonces... ¡Zas! ¡Acabe encerrado de por vida en las mazmorras o algo peor! -se quejo Auru, como burlándose de su desgracia.
Yo me reí alegremente de él, siempre me divertían sus curiosos comentarios..."
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-Vaya...-se quedó divagando Link, para luego pasar a reír divertido- ¡No sabía que usted era una niña tan atrevida e independiente! ¡Me imagino la cara de Auru cuando pasó todo eso!
-Pues a mí no me hace ninguna gracia -le habló tajante y seria- Todo eso fue muy peligroso, y puse la vida de Auru en peligro por mi desobediencia. Podría haberse cogido una pulmonía o algo peor, no es para tomárselo a risa.
Link paró enseguida de reír al notar ese cambio brusco en la actitud de ella.
-Princesa...no se ponga así. Eso pasó hace muchos años, seguro que ahora a Auru también le provoca risa recordarlo. Además, usted era sólo una niña, ese tipo de cosas nos han ocurrido a todos. Bueno, quizás no de ese tipo, pero yo me metí en muchos líos junto con mi amiga Ilia cuando éramos pequeños. Y aún hoy los seguimos teniendo...-recordó para sí todos los percances que había sufrido por culpa de su amiga.
-Ya...-le dijo molesta- Que hiciéramos todas esas cosas en nuestra niñez no justifica nuestras acciones...-le habló con dureza, para luego apartar la vista de él.
Link se quedó mirándola extrañado, no era la primera vez que ella se mostraba tan dura consigo misma en lo referido a hechos que le habían ocurrido en su infancia. Y si... ¿Esa actitud que mostraba cuando hablaba de su niñez tendría relación con "ese hecho" que le habían comentado sus amigos aquella noche?
-Alteza... ¿Hay algo que quiera contarme? -le preguntó sin más, esperando sacarle algo de información.
Ella se quedó de piedra por un momento, pero enseguida recuperó la compostura. Se volvió hacia él, con una mirada fría, y le habló.
-No, Link. No tengo nada que decirte...-le habló con esa gélida mirada.
Link se quedó amedrentado por como le había respondido. Tragó saliva y cambió de tema.
-Esto...si usted le tenía miedo al agua... ¿Por qué aceptó venir conmigo al lago? -le preguntó curioso y a la vez nervioso, esperando que ella cambiara también de tema.
Esa pregunta sorprendió a Zelda, y al parecer, le provocó cierto rubor en su rostro.
-Pues...porque tenía la esperanza de que tú...me enseñases a nadar -le confesó.
Link se sorprendió por su respuesta, y al final le sonrió.
-Claro que lo haré, eso no tiene ni que pedírmelo -le contestó sonriéndole.
-¡¿En serio? -exclamó- No sabes la alegría que me da oír eso...
-Pues bien, pero antes hay que buscar un lugar adecuado para empezar con las clases...
Se levantaron y se pusieron a buscar. Estuvieron así un rato, hasta que dieron con un lugar donde el agua se adentraba en la roca y dejaba una pequeña orilla por donde poder bajar desde donde se encontraban, ya que estaban a cierta distancia de allí. Link se acercó a un saliente del terreno donde se encontraban y miró hacia abajo, observando como si fuera un explorador.
-Uhm...creo que desde aquí podríamos llegar bajando por este pequeño desnivel y...-no pudo acabar su frase.
Notó como alguien le empujaba, y cayó al agua. En cuanto pudo volver a la superficie, buscó enfadado al culpable, y para su sorpresa, era ella. Esta sentada sobre el borde del saliente, mirándolo y sonriendo triunfante desde esa altura. Movía sus piernas, que colgaban en el aire, como si intentara disimular, y mantenía los brazos por detrás de su espalda, apoyando sus manos en el suelo. Miró hacia el cielo, mientras tarareaba algo, como si se estuviera burlando de él.
Link estaba con la boca abierta de la sorpresa y sin palabras, nunca se hubiera imaginado que la Princesa pudiera hacerle eso.
-Esto es para que aprendas a tener más cuidado...por lo menos tu sabes nadar -le dijo sin dejar de observar el cielo.
¿Así que era una venganza por haberla tirado al agua antes? Nunca hubiera pensado que ella pudiera ser tan "rencorosa"...
De pronto, notó como algo húmedo y enorme se movía bajo sus pies. Se asustó mucho, la reacción que su piel le provocó al sentir esa "cosa" moverse bajo sus pies no le gustó nada...
-¡Aaahh! ¡¿Quién me ha tocado? ¡Que salga ahora mismo el culpable! -y golpeó con su pierna a "eso que se movía".
Buscó asustado a su alrededor a quién le había rozado los pies, y al voltear, pegó un gritó enorme del susto. No sólo él gritó, sino también quién le había tocado: un Zora.
-¡Por favor, no me patee de nuevo! ¡Siento mucho haberle tocado los pies por accidente! ¡Sólo soy un simple cartero Zora haciendo sus repartos! ¡Tenga piedad, señor hyliano! -le suplicó tapándose el estómago con un brazo y con el otro protegiéndose.
-Eh...lo siento, no quería hacerle ningún daño. Me asustó, fue un acto reflejo...-le habló ahora relajado.
No le dio tiempo a decir nada más, ya que el Zora salió nadando rápidamente con la saca de correo atada a su espalda.
-Vaya...pues sí que lo asusté al pobre...-dijo soltando un suspiro.
En ese momento, oyó una hermosa risa a carcajadas proveniente de arriba. Era la princesa, que al parecer se había divertido mucho con aquella escena. Link la miró encantado, jamás la había oído reírse de esa manera. Lo máximo que había visto era una ligera risa, pero verla reír a carcajadas tan alegre, nunca...
-¡Ja, ja, ja! ¡Si hubieras visto tu cara! ¡Era para morirse! ¡Y ese pobre Zora! ¡Menuda impresión le has causado! ¡Ja, ja, ja! -se reía sin parar, tumbada en el suelo boca arriba.
-Me alegro de haberla hecho reír, majestad. Tiene usted una risa muy bonita, ¿Lo sabía? Debería reír así más a menudo... -le comentó con picardía desde el agua.
Zelda paró de reír, y se reincorporó rápidamente. Recuperó la compostura, y se sentó de nuevo.
-Ejem...-tosió para disimular, estaba algo ruborizada- ¿No vas a salir de ahí? Te recuerdo que te ofreciste a enseñarme a nadar...
-¿Por qué no va usted sola hasta allí? Yo iré nadando desde aquí, usted sólo siga ese camino pedregoso y llegará enseguida -se fue nadando, como ignorándola a propósito como revancha por tirarlo al agua- ¡Pero tenga cuidado, no quiero tener que rescatarla de nuevo! -le dijo sin volverse ni parar de nadar.
Zelda se sintió como si le hubieran dejado plantada en el sitio. Se levantó, y comenzó a bajar con dificultad por aquel camino, con mucho cuidado para no caerse. Llegó tras un corto rato a lugar donde se reuniría con Link. Era una pequeña cueva oculta bajo un saliente del terreno, como otros muchos de la peculiar orografía del lago.
Link estaba sentado en la orilla, y cuando la vio aparecer, la llevó gentilmente hacia el agua. Zelda no estaba muy segura, pero Link la convenció para que se metiera. Link se puso junto a ella para mostrarle los movimientos que debía de hacer. Ella lo imitó y poco a poco fue repitiendo las rutinas de movimientos que él le enseñaba...
XOXOXOXOXOXOX
Estuvieron unas cuantas horas así, en las que Zelda progresó bastante. Tuvieron algunos "accidentes", el resto estuvo bastante bien. Ahora se encontraban descansando junto a la posada, observando los colores de sus aguas cuando el sol comenzaba a ponerse.
Zelda estaba sentada contemplando el lago y la atracción acuática que había sobre él, bastante cansada. Link estaba acostado sobre el suelo con las manos detrás de la cabeza. Estaban muy relajados...hasta que oyeron un sonido detrás de ellos. Ambos se volvieron a ver que era, y Link se llevó una sorpresa al ver a su amiga Epona, sin riendas y sin la silla de montar. Esta relinchó y se alzó sobre sus dos patas posteriores, feliz, y luego agarró con su hocico un paquete que tenía tirado en el suelo. Se acercó a Link, mascando lentamente el paquete, y su amo le habló.
-¿Se puede saber que estás haciendo aquí? -le preguntó como si esta le entendiera.
Esta le relinchó, resopló y trotó en el sitio a modo de contestación, ladeando su cabeza hacia la posada.
-Así que te dejaron salir para que pasearas por el lago, pero... ¿De dónde has sacado ese paquete? -le preguntó al ver ese paquete blanco atado con finas cuerdas que llevaba en la boca. Por alguna razón, le era familiar...
El animal se acercó a la casa y metió la cabeza adentro, mostrando donde lo había conseguido.
-¡Epona! ¡Sabes que no puedes entrar a las casas de las personas! -le regaño el joven- ¡Espera un momento! -se quedó parado al recordar algo- ¡Ese es uno de los paquetes que traje con el resto del equipaje! ¡Y lo estás masticando! -exclamó alarmado.
La yegua pareció reírse con el paquete en la boca, mientras seguía mascando las cuerdas que mantenían cerrado el paquete. Parecía que quería provocarlo, como si se tratase de un juego.
A Zelda le parecía divertida la peculiar relación que tenían Link y su yegua. Nunca había visto a nadie que tratase a su montura como él lo hacía, ni mucho menos que le hablara y la entendiera como si fuera una persona.
-Epona...dámelo...-le ordenó, levantándose y estirando la mano para que se lo diese.
Epona apartó su cabeza de él y comenzó a trotar alegremente, incitando a Link a perseguirla. Él cayó en su juego y empezó a perseguirla, aunque debía reconocer que también se estaba divirtiendo. Tras un rato, logró agarrarse a ella y subirse encima.
-¡Ja, ja! -se rió triunfante, mientras se agarraba a su cuello- No te pienso dejarte ir hasta que me des eso que tienes ahí...-le dijo señalándole lo que portaba en el hocico.
Epona lo miró por un momento, y luego soltó el paquete, que cayó en el suelo. Link creía que había ganado, pero antes de que bajara, el corcel pateo el paquete y lo lanzó hacia donde estaba Zelda. Ella miró a Epona confundida, y pareció que la yegua le había guiñado un ojo.
La cuadrúpeda se puso firme, haciendo un movimiento brusco para que Link se agarrara mejor a ella. Ella bajó la cabeza y miró fijamente el lago, con una mirada de concentración. Link miró en la misma dirección en la que ella miraba, y entonces se dio cuenta de sus intenciones...
-Oh, no...-dijo preocupado.
La yegua se alzó sobre sus patas traseras y comenzó a galopar hacia el agua. Justo antes de tocarla, pegó un brinco, y saltó hacia el agua, llevándose consigo a Link. Ambos se hundieron en el agua, y Zelda los observó preocupada. Pero pronto volvieron a salir a la superficie, por lo menos Epona. Unos instantes más tarde, apareció Link por debajo de ella, y se apoyó con urgencia sobre su lomo. Respiraba agitadamente, recuperándose del susto, hasta que por fin habló...
-¡¿Estás loca, o qué? -le gritó enfadado, y alterado- ¡¿Por qué has hecho eso? ¿Te parece divertido? -le reprochó al ver como su yegua se reía relinchando- ¡Pues eso no ha estado nada bien! ¡Pesas mucho, podrías haberme ahogado con tu peso!
La yegua se viró hacia él, mirándolo mosqueada. Atrajo a Link hacia ella, y le dio un pequeño mordisco en una de sus orejas.
-¡Aaaaah! -gritó al ver que no lo soltaba- ¡No te pongas así! ¡No eres Ilia para que te enfades cada vez que te digo que pesas demasiado! ¡Eso es lo normal para un caballo! ¡Aaaahh! -volvió a gritar al sentir que le mordía con más fuerza- ¡Está bien, está bien! ¡Eres una yegua, lo sé! ¡Pero nunca he visto a una que se preocupe por su peso! ¡Eso sólo a las mujeres! -Epona mordió aún con más fuerza- ¡Vale, vale! ¡Eres toda una "mujer equina", mía y sólo mía! ¿Contenta? ¡Y ahora suelta mi oreja, por favor!
A Epona le parecieron correctas esas palabras y lo soltó. Link se agarró la oreja, soportando el terrible dolor que le había ocasionado su montura.
Entre tanto dolor, pudo escuchar con su otra oreja, de nuevo, la agradable risa de Zelda. Por lo menos, aquella trágica experiencia había servido para divertirla. Se subió en Epona y le mandó a que nadara hasta la orilla. Cuando llegó, se tumbó de nuevo en el suelo, y Epona también lo hizo, poniéndose entre los dos hylianos. Zelda comenzó a acariciar su crin, y a esta parecía gustarle.
-Tu yegua es bastante peculiar...-le dijo sonriendo al acariciar el pelaje de Epona- La verdad es que me cae bastante bien -le comento con picardía.
-Sí, ya veo que se divirtió con la "jugarreta" que me hizo...-le dijo acostado, mirando hacia el cielo- Debe de ser un nuevo récord, me alegro de haberla hecho reír dos veces en un día. Aunque todavía no entiendo por qué se puso Epona tan "juguetona"...
-Pues yo pienso que puede ser porque desde que llegaste al castillo, casi no la has sacado del establo público de la Ciudadela. Lo único que quería era divertirse contigo, seguro que cuando vivías en Ordon, pasabas mucho más tiempo con ella.
-¿Es cierto eso, Epona? -le preguntó a la nombrada, ahora que se había reincorporado.
Esta acercó su cabeza a Link y asintió, colocándola luego en sus piernas.
-Está bien...-le dijo mientras la acariciaba- A partir de ahora, prometo sacarte más a menudo, siempre que tenga algo de tiempo libre.
Epona relinchó feliz, y los dos hylian sonrieron enternecidos. Link cogió el paquete desgatado que había sido el motivo de aquella disputa, y lo abrió, para comprobar el interior estaba bien. En él, había un traje de color azul, que guardaba cierto parecido con su traje verde, y que había sido un regalo por parte de los Zoras.
Zelda miró aquel traje, y se sorprendió al verlo.
-Link, creo haber visto antes esa vestimenta... ¿Por casualidad no perteneció a un miembro destacado de la raza Zora? -le preguntó, esperaba confirmar sus suposiciones.
-Pues sí, ¿Cómo lo supo? Esta túnica perteneció al antiguo rey de los Zoras, aunque no sé porque un Zora querría un traje para respirar bajo el agua y nadar igual que como lo hacen siempre...-se quedó pensando.
-Eso es porque el antiguo rey nació con un defecto algo raro en su raza, que le impedía respirar bajo el agua como el resto de sus compatriotas. Cuando se casó con la Reina Rutela, mandaron a que le tejiesen un traje especial que le permitiese respirar bajo el agua y nadar en igualdad de condiciones -le explicó- Pero tengo una duda... ¿Cómo es posible que tú tengas ese mismo traje?
-Bueno, es una historia un tanto difícil de creer...
-Prueba a ver -le incitó a que la contara.
-¡Pues bien! -aceptó contarla- Resulta que el Príncipe Ralis quedó muy enfermo, tras intentar avisarle a usted del peligro que corría durante la Invasión. Mi amiga Ilia lo encontró tirado en medio del camino y se lo llevó a la tasca de mi otra amiga Telma. El Doctor Borville no pudo curarlo, así que cuando yo llegué al bar, Telma me pidió que la ayudara a llevarlo a Kakariko, donde el sacerdote Renado podría curarlo. Fue un viaje bastante largo y movidito, pero al final lo conseguimos. Allí, el espíritu de la Reina Rutela se apareció ante mí, aunque ya antes se me había aparecido. Fue en el Dominio Zora, donde me pidió que salvara a su hijo y que me recompensaría con algo que me ayudaría a conseguir la Sombra Fundida escondida en el Templo del Agua. Esa cosa era la Armadura Zora, que me ayudaría a respirar bajo el agua y así lograr mi objetivo.
-Increíble...pensar que su espíritu siguió vagando por estas tierras sólo por su preocupación por su hijo -se quedó pensativa- Cuando daño hizo esa corta pero fatídica invasión. Y pensar que yo era el objetivo de todo aquello...-se sintió muy mal al recordar esos hechos.
-Por favor, majestad, no se martirice de nuevo con ello. Ya le dije que usted no podía hacer nada para evitar esa desgracia, y gracias a usted, se salvaron muchas vidas por su decisión de no entrar en una guerra -le dijo para que no se sintiera mal, poniendo una mano en su hombro.
-Gracias...-le agradeció sinceramente- Por cierto, ¿Acaso has traído ese traje para nadar a tus anchas por todo el lago? -le preguntó con interés.
-¡Je, je! -se rió alegre y rascándose el cuello, lo había descubierto...- Pues sí, aunque no me gusta usarlo demasiado, sólo en ocasiones especiales o cuando es completamente necesario. Me gusta más nadar sin tanta ropa y por mis propias habilidades. Eso de nadar como un Zora y respirar bajo el agua se me hace bastante raro...
Zelda sonrió por su particular visión de las habilidades de aquel traje. En ese momento, el señor Billy los llamó para que fuesen a cenar, a los tres.
XOXOXOXOXOXOXO
Un rato después de la cena, y bajo recomendación de los ancianos, Link entró a los baños calientes, en el cuarto para hombres, con la única "protección" que le ofrecía la toalla blanca que tenía atada a la cintura.
Era un hermoso baño hecho en piedra, con paredes de madera y un magnífico parqué. Estaba a juego con el resto de la casa, debido a su aspecto rústico, aunque tenían unos ciertos toques exóticos, quizás orientales.
Se quitó la toalla, y se metió en el agua. Puso su espalda en el borde de la pequeña piscina, y apoyó los brazos fuera. Se sentía muy bien dentro de aquella agua, con el vapor flotando por toda la habitación.
Se quedó petrificado al escuchar una hermosa voz que provenía desde el otro lado de la pared. Se movió un poco en el agua y puso su oreja en la pared. Escuchó la melodía que era el himno de la Familia Real, y en ese momento se dio cuenta de quién era. Zelda, ella también había seguido la sugerencia de los ancianos, aunque parecía que ella llevaba más tiempo allí que él. Debía estar en el otro baño adyacente al suyo, el de las mujeres. Se quedó escuchándola durante un rato, y también el sonido del agua cayendo, seguramente se estaría duchando en esa maravillosa agua.
Por algún impulso que no llegó a entender, él quiso hablar con ella desde el otro lado de la pared.
-Ey...-la llamó, susurrante- ¿Está disfrutando de su baño, majestad? -le preguntó con picardía.
Ella se asustó al oír la voz de él desde el otro lado, pero se acercó hasta la pared para hablarle.
-Me has asustado, "graciosillo"...-le reprochó divertida- No sabía que tú también habías venido a bañarte. Me dijiste que te ibas a tu cuarto...
-Bueno, uno siempre puede cambiar de opinión ¿No cree? -le respondió algo burlón- De todos modos, usted tampoco me dijo que se iría a bañar -le reprochó ahora él, siguiéndole el juego.
-No tengo que darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer...-le respondió atrevida.
Link se rió por ese cambió de actitud, le parecía divertido.
-Me he dado cuenta de que el agua en la que nos estamos bañando procede de las termas de la Montaña de la Muerte. Aunque parece ser que si se traslada el agua fuera de esas termas, no produce la misma sensación -cambió de tema Link.
-Yo nunca he tenido el privilegio de bañarme, como tú, en las termas de la tribu Goron, no sé si eso es cierto. Pero si que me he bañado antes en este tipo de agua, ya que de vez en cuando, traen algunos barriles llenos de ella para mi aseo personal o incluso para cocinar mis comidas.
-¿Y cómo se lo ha pasado hoy, alteza? -volvió a cambiar de tema.
-Estupendamente, hacía mucho tiempo que no me divertía tanto -le respondió con una pequeña sonrisa, aunque él no pudo verlo.
-Me alegro, es bueno para usted quitarse las obligaciones de encima de vez en cuando, y para mí también lo es. Sólo espero que el resto del fin de semana sea así, y que Anabel y los otros logren disuadir a los Ministros y a Auru si se adelantan al volver, ya que les dije que sólo estaríamos una tarde aquí. También espero que no se vayan de la lengua...-dijo recordando los chismosos que eran sus amigos, aunque eran de confianza.
-Ya, imagínate lo que pasaría si se enteraran de que la princesa de este reino pasa su tiempo libre con su protector en el lago...menos mal que vine hasta aquí con la capa puesta, aunque parece que debí dejármela puesta al llegar al lago, así esa pareja no me hubiera reconocido.
-No se preocupe, al final a salido todo bien. Ahora sólo nos queda disfrutar de nuestra estancia aquí, y lograr mi propósito de que usted salga de aquí sabiendo nadar.
-¡Me parece bien!
Después de eso, ambos se quedaron en silencio. Se relajaron en el agua, y se dejaron llevar. Sin embargo, en ese momento se quedaron pensando en que cómo estaría el otro disfrutando en agua. Sus caras se enrojecieron al pasárseles fugazmente por la cabeza algunos "pensamientos indebidos". No se lo podían creer, esa era la segunda vez en la que imágenes "impropias" aparecían por sus mentes y los volvía locos.
-"No me lo puedo creer...-pensaron ambos al mismo tiempo- ¡Esta es la segunda vez en lo que va de día que me ocurre lo mismo! ¿Qué me está pasando? No es propio de mí ponerme a pensar en "esas cosas"... ¡Maldita sea! ¿Por qué tenía que ponerse esa ropa antes y meterse ahora en los baños, justo cuando yo también lo estoy? Aunque en el fondo he de reconocer...que me intriga bastante... ¡Aagg! ¡Otra vez no! ¡Eso no puede ser posible! ¡No es lo correcto! Debe ser efecto del sofocante calor que hemos tenido estos últimos días..."
Siguieron así durante un rato, hasta que Link oyó como Zelda salía del agua.
-¿Ya se va, princesa? -le preguntó, ligeramente decepcionado.
-Sí, estoy algo cansada y quiero dormir. Hasta mañana, Link...
Link se quedó ahí un rato más, pensando en todo lo que le había ocurrido hoy...
XOXOXOXOXOXOXO
Llegó el domingo, era mediodía, el día anterior había sido fantástico.
Se recorrieron el inmenso lago; estuvieron con sus clases de natación; Epona estuvo un rato con ellos, divirtiéndose trotando y molestando a Link; él buceó un poco con la Armadura Zora puesta, visitando a los guardianes del Templo del Agua; mientras, ella se fue a visitar la Fuente de Lanayru, donde rindió honor a los Espíritus de la Luz que protegían las provincias de su reino; y por último, disfrutaron en gran medida de la compañía de aquellos mayores.
Ahora se encontraban sentados en el pequeño muelle que el matrimonio poseía, con sus pies descalzos tocando el agua.
-Ha sido un fin de semana memorable, ¿No cree? -le preguntó animado Link.
-Sí, y además he aprendido a nadar. Seguro que en un futuro me será útil...-se quedó mirando el lago- Ojalá tuviera más ocasiones para disfrutar de los maravillosos paisajes que posee mi reino. Aunque claro, tampoco es que pueda salir de la provincia de Lanayru -se dijo a sí misma, algo seria.
-Todavía no entiendo por qué a usted no la dejan salir de la provincia, no tiene ningún sentido.
-Es una larga historia, Link. De todas formas, no importa...-terminó diciéndole algo decaída, aunque intentando disimularlo.
Link se apeno un poco, ya estaba otra vez con sus "secretillos"...
De pronto, oyeron los pasos apurados de alguien que corría hacia ellos.
-¡Hop, hop, hop! -oyeron detrás de ellos, ese alguien estaba a una cierta distancia.
Se dieron la vuelta, y vieron a un hombre algo escuálido viniendo hacia ellos. Llevaba atada a la espalda una especie de bandera con el símbolo del Servicio Real de Correos. Llegó a su encuentro y respiró para recuperarse de su carrera hasta ahí. Luego rebuscó en una mochila que llevaba en su espalda una carta, que entregó a Link.
-Hola de nuevo, Link. La carta de esta vez es un tanto extraña, ya que se supone que debería habértela entregado un Cartero Real Zora. Pero por alguna razón, ese Zora en cuestión no quería entregártela en persona, así que me la dio a mí para que te la diese, ¡En qué líos te habrás metido, amigo! -exclamó alegre el cartero.
-Es una larga historia, Calzoni, quizás te la cuente otro día en la taberna de Telma -le respondió con una gota de sudor cayendo por su rostro, siempre le estremecía encontrarse con ese hombrecillo.
-¡Ah, y usted también tiene una carta! -se quitó el sombrero, se inclinó ante ella, y le entregó otra igual a la de Link- ¡Y no se preocupe! ¡La confidencialidad entre nuestros clientes es primordial en nuestro trabajo! ¡No le contaré a nadie lo de vuestras pequeñas vacaciones en el lago! -aparecía que le había leído la mente a Zelda- ¡Bueno, yo ya me voy! ¡Ha sido un placer verte de nuevo, amigo! ¡Ya nos veremos en el bar de Telma! ¡Hop, hop, hop! -se despidió con la mano y se marchó igual que como vino.
Ambos se quedaron extraños tras marcharse aquel hyliano. Zelda sólo alcanzo a preguntar una duda que la tenía en vilo...
-Link, ¿Puedes explicarme que hace ese hombre corriendo, en lo que se suponen que son, "paños menores"? -le preguntó pasmada al ver la extraña vestimenta de aquel hombre.
-Nunca lo he sabido, pero recuerdo como lo llamaba Midna cada vez que aparecía: "¡Oh, no! ¡Qué viene el Tío de los Calzoncillos!" -le dijo mientras imitaba a Midna, y ponía su misma cara de espanto.
Zelda se aguanto la risa al ver como parodiaba a Midna. Después de eso, ambos abrieron las cartas, que eran exactamente iguales. En ambas, el sobre estaba cerrado con un sello azul con el símbolo de los Zoras, pero con una distinción especial que reflejaba que provenía de la Casa Real Zora, además de venir firmada.
XOXOXOXOXOXOXO
"Estimado/a señor/a:
Usted ha sido invitado/a a acudir al acontecimiento más importante del año para nosotros, los Zora. Tal acontecimiento no es otro que la coronación de su excelencia, el Príncipe Ralis I, tras su preparación y demostración de su gran liderazgo después de que la muerte de nuestra querida Reina Rutela III, durante la Invasión del Crepúsculo.
Presente esta invitación a los guardias del Palacio Real, y podrá asistir sin problemas.
Considérese afortunado si usted no es un Zora, dado que esta invitación especial sólo la otorgaría nuestro joven señor a aquellos que considere dignos de su confianza y amistad.
Atentamente, el Primer Ministro Zora, Zorei Rufelis Domenek"
XOXOXOXOXOXOXO
-Así que Ralis por fin va a ser rey...-pensó en alto.
-¿Cuántos años tendrá, quizás 12 o 13? Es increíble que con esa edad vaya a ser rey, pienso que son muchas responsabilidades para un niño.
-No se preocupe, seguro que lo hará bien. Además, su pueblo estará ahí para apoyarlo, lo sé por propia experiencia. Y también he de decir, que sus consejeros también harán un buen trabajo.
-Ahora que lo dices, tienes razón. Su madre lo educó muy bien, será un gran rey.
En ese momento, volvieron a oír como alguien se acercaba a ellos, pero esta vez, sonaba como las pisadas de un enorme animal. Miraron hacia el horizonte, y vieron aparecer en la distancia lo que parecía ser un Bullbo con alguien cabalgando sobre él... ¡Era Auru!
No tardó demasiado en llegar hasta donde estaban ellos, y cuando bajó del animal, les habló respirando alterado. Parecía que había venido cabalgando lo más rápido que pudo al lago...
-¡Majestad! ¡Link! ¡¿Se puede saber qué hacéis aquí? -les dijo alterado, para luego hablarle a Zelda- Llegué esta mañana al castillo, y no os vi por allí. Os busqué a vos y a Link por todo el castillo, hasta que dí con vuestra sirvienta y me dijo que os habías marchado al lago. Sin embargo, también me dijo que le Link le dijo que volveríais por la noche... ¡Pero no habéis regresado en dos días! ¡Estaban muy preocupados! Por suerte, Anabel y sus amigos supieron llevar la situación y mintieron a todos para que creyesen que seguías dentro de las paredes de la Ciudadela.
-¡Por favor, cálmate Auru! ¡Sólo era una escapada al Lago Hylia! -intentó tranquilizarlo, sin éxito, Link.
-¡Ah, yo quería hablar muy seriamente contigo, muchacho! ¡Eres el guardaespaldas de la Princesa! ¿Cómo pudiste mentir de esa forma a todo el castillo? ¡Si se llegan a enterar los Ministros, nos la íbamos a cargar todos como le ocurriese algo a su majestad! ¡¿En qué estabas pensando? -le gritó enfadado.
-¡Ya basta, Auru! -le ordenó con autoridad Zelda- Aprecio la preocupación de todos en el castillo por mí, pero mi protector ha sabido desempeñar bien su trabajo, no ha ocurrido nada grave. Además, he disfrutado de unos agradables días en este magnífico lago y no he incumplido ninguna norma, dado que no he salido de la provincia. A parte, debido al calor poco habitual para estas fechas que ha habido durante los últimos días, pensé que sería lo mejor pasar mi tiempo libre en un sitio como este. Y por si fuera poco, mi guardián ha tenido la cortesía de enseñarme a nadar, algo que debería haber aprendido hace tiempo -le habló seria y firme.
Auru se relajó y pidió disculpas a ambos por su comportamiento.
-Bien, y ahora, iré a recoger mis cosas para el viaje de vuelta -le habló serena, para luego marcharse.
Cuando ya no se la veía, Auru empezó a conversar con Link.
-Vaya, chico, la Princesa sigue con su típico humor ¿No crees? -le dijo golpeándole amistosamente en el hombro.
-Pues es la primera vez que la veo así en todo el fin de semana, ¿Será porque llegaste gritándonos, tal vez? -le dijo con ironía, mirándolo de reojo- El resto del tiempo que hemos pasado aquí ha estado bastante alegre, incluso la hice reír a carcajadas un par de veces, las dos el mismo día.
-¿En serio? -le preguntó asombrado, como si aquello fuera algo imposible- Es muy difícil de creer...pero me alegro por ella...-habló feliz, suspirando.
-¿Por qué? Si es lo más normal del mundo. Es cierto que tiene un carácter de lo más serio, pero eso no significa que tampoco se ría -le contestó, no entendió la reacción de Auru.
-Tú no lo comprendes...si lo que me ha contado Salomón es cierto, eso significa que es la primera vez que se ríe de esa forma en muchos años.
-¿Cómo va ha ser eso posible? -preguntó completamente incrédulo.
-No importa...-pareció que no quería seguir hablando de ello- En fin, iré a ayudar a la Princesa a cargar sus cosas, y tú deberías empezar a hacer lo mismo.
Entró a la posada, dejando a Link solo.
Ahora si que podía tener sospechas de que había algo que esos dos le estaban ocultando, y sabía que podía ser... ¿Pero cómo lograría sacarles esa información? Sólo el tiempo lo diría...
XOXOXOXOXOXOXO
A la hora del crepúsculo, en otra parte de Hyrule, un hombre miraba desde la lejanía el imponente Castillo de Hyrule, desde un recóndito lugar cercano a la Pradera de Hyrule.
No se podía apreciar demasiado su aspecto, debido a que estaba cubierto por una enorme capa marrón y desgastada. Aún así, en aquel hombre se podía apreciar su gran altura y su corpulencia. Parecía ser un hombre de mediana edad, su edad podría estar alrededor de los 50 años. Sus manos, que no estaban cubiertas por la capa, tenían unas uñas algo más largas de lo normal, además estar acabadas en punta. Además, la piel de sus manos, y seguramente la del resto de su cuerpo, era pálida y tenía una extraña coloración cercana al violeta.
De pronto, aquel hombre se volvió hacia los arbustos que tenía tras de sí, al escuchar que alguien se acercaba. Sin embargo, cuando vio aparecer al sujeto que había hecho aquel ruido, una ligera sonrisa se dibujó en su rostro.
-Vaya, por fin estás aquí… ¿Tienes lo que te pedí? –le habló secamente, con una voz ronca y grave, y con algo de impaciencia.
-Por supuesto, aquí los tienes…–y le lanzó una bolsa.
El hombre abrió la bolsa y se deleitó con el exquisito olor que salía de ella. Al parecer, aquello eran unos suculentos bollos, y no tardó en llevarse uno a la boca.
-Uhm…-se deleitaba con esos panecillos- Hacía mucho tiempo que no probaba estos sabrosos bollos, me recuerdan a cuando vivía en la Ciudadela… no había día en que no desayunara uno de estos –y se echó otro a la boca, bastante contento- Muchacho, ¿Quieres uno tú también? –le preguntó, aunque normalmente jamás lo haría, debía ser el efecto de aquellos dulces…
Aquel enmascarado se quitó la capa negra, revelando su aspecto. Tenía las orejas puntiagudas, como el otro hombre. La edad de aquel no se podía definir demasiado bien, ya que parecía conservarse bastante bien, quizás tendría entre 25 y 30 años. Al igual que aquel hombre, su piel era pálida y con un tono violáceo. Pero a diferencia de él, este tenía una estatura normal y su complexión era más bien delgada, bastante atlética. Y también, poseía una melena larga y de de un tono algo más oscuro que su piel, al contrario del corto pelo castaño que poseía el otro. Un mechón se su pelo tapaba parte de su cara, pero por la zona descubierta se podía observar una cicatriz en su mejilla, y el color siniestro de sus ojos, unos grandes ojos rojos.
-No, gracias…-le contestó fríamente, con los brazos cruzados- Sabes que a mí no me gustan los dulces…
-¡Ay, chaval! ¡No sabes lo que te pierdes! –habló animado, comiéndose otro de aquellos bollos- De todas formas, deberías comer más. Ese pelo y esa delgadez tuya de dan un aspecto de lo más femenino… ¡Ja, ja, ja! –le dijo burlándose, y golpeándole amistosamente en el estómago.
-Ya…pero no eres mi padre para decirme el aspecto que he de llevar…-le dijo bruscamente, y apartándose de él del mismo modo.
-¡Ja, ja, ja! ¡Por supuesto que no soy tu padre, pero como si lo fuera! De todas formas, de haber sido tu padre, te habría cortado desde hace bastante tiempo esa pelambrera que llevas en la cabeza… ¡Ja, ja, ja! –se burló de nuevo- Aún recuerdo cuando te conocí. Eras un chico de unos 14 años lleno de ambición, que acababa de escaparse de su casa. No hice más que verte, y supe que serías alguien muy útil para mis planes… ¡Y mira hasta donde has llegado, Valtimore! –exclamó.
-Ya, bueno…-no le gustaba cuando su jefe se ponía a recordar hechos pasados sobre él- Me parece que debería hacerme con un cargamento completo de estos dulces. Serían estupendos para cuando tuvieras uno de tus ataques de ira, te ponen de muy buen humor…-habló mientras pensaba en aquella gran idea.
-¡Ja, ja, ja! ¡Qué bien me conoces! Pero no sólo estoy contento por estos panecillos, también porque acabo de recibir una carta de agradecimiento de "nuestro querido amigo"…-le mostró la carta- Al parecer, tanto a él como a sus hombres les ha encantado el "favorcillo" que le hicimos, y podremos quedarnos con todo el dinero que hemos estado recaudando estos últimos meses, que serviría para pagar nuestras últimas deudas con él. Esto nos deja de nuevo con nuestras arcas llenas, y no tendremos que seguir viviendo en la miseria.
-¿En serio? –preguntó impresionado, pero sin dar muchas muestras de ello- Con lo quisquilloso que es él con su dinero…en fin, un problema menos.
-Sí, y eso me deja tiempo para poder ejecutar mis atrasados planes acerca de "esos dos"…-se frotó las manos al pensar en aquello.
-¡Ah! Hablando de "esos dos"…de camino aquí, hace ya unas cuantas horas, los vi retozando en el Lago Hylia, parecían que se lo estaban pasando en grande.
-¿De verdad? Qué bonito…-se burló, mostrando una sonrisa maliciosa- La parejita pasando el fin de semana en el lago…seguro que a sus padres les hubiera encantado verlos así. Y más ahora que el muchacho es el guardaespaldas de la princesa, me enteré de ello hace un par de semanas.
-Hay algo que no entiendo… ¿Cómo pudiste conocer a sus padres? ¿Y por qué parece que los conoces a ambos desde hace tiempo? Te volviste loco cuando nombré a aquel chaval. Y además, todavía me estoy preguntando como conocías la localización de la cámara donde supuestamente debía estar guardado el Tesoro Real…es algo que sólo la Princesa y un par de personas fieles a ella conocen –le preguntó, esperado alguna respuesta que aclarase sus dudas.
-Bueno…je, je…-se rió sobriamente- Al muchacho sólo lo conozco por un encuentro casual…pero a esa joven…digamos que la conozco desde hace bastante tiempo…-se quedó callado, observando de nuevo el castillo.
-¿Cómo es posible eso? Explícate…-le pidió, aunque parecía más una orden.
-Bueno… ¿Y si te dijera…que hace mucho tiempo trabajé en el castillo? –le contestó con una pregunta, dando un aire de suspense.
Valtimore retrocedió, completamente sorprendido.
-¡¿Pe-pero qué me estás diciendo? ¡Tú! Uno de los criminales más buscados… ¿Ha trabajado para la Familia Real? ¡Pero eso es impensable! –exclamó alarmado, aún sin poder creérselo- Y de ser así… ¿Cómo es que no te andan buscando como sospechoso por el intento de saqueo que hicimos al castillo? –preguntó confuso.
-Pues es simple…porque nadie se acuerda ya de mí. Bueno…seguro que ella se acuerda perfectamente de mí, sobre todo después de nuestro "pequeño enfrentamiento"…-se quedó pensativo, como riéndose de algo.
-¡¿Quéee? ¡¿Tú te enfrentaste a la Princesa Zelda? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Por qué? ¡Esto escapa completamente a mi comprensión! –ahora si que se había alarmado.
-No te pongas así, eso ocurrió hace mucho tiempo, ya no vale la pena recordarlo…-le habló sin muchas ganas, como intentando evadir el tema.
-¿Hace mucho tiempo? Por cómo lo dices, parece que por aquel entonces la princesa era aún una niña… ¡Ja, ja, ja! ¡Seguro que tu victoria fue realmente fácil y aplastante! No sé como puede seguir aquí todavía…-habló bastante orgulloso por su jefe.
-Ejem…-se aclaró la garganta, parecía nervioso- Valtimore…los hechos no ocurrieron exactamente así…-parecía que lo próximo que diría defraudaría a su secuaz- Digamos que…fue ella quién me dio la paliza a mí…-confesó.
Si antes Valtimore se quedó estupefacto, ahora parecía que le iba a dar algo…
-¡Estás mintiendo! ¡Eso es imposible! ¡Eres uno de los más grandes hechiceros oscuros que existen! ¡¿Cómo te pudo ganar una simple niña? Eso es impensable, eso fue…
-Culpa de la Trifuerza…-le cortó de golpe, muy molesto- Sí, aquel día, el poder de su Trifuerza se liberó de golpe para protegerla, y yo no pude hacer nada contra ese poder divino. Quedé muy debilitado tras aquello, todavía no sé cómo pude reponerme…-recordó con desdén- ¡Por eso te dije que tuvieras cuidado con ella, y por subestimarla casi te cogen! –le gritó enfadado- ¡Ella guarda dentro de sí un poder que supera a tu comprensión, y es perfectamente capaz de hacer frente a los míos! Aunque claro, no sólo estuvo el factor "talento", también tuvo unos excelentes maestros… ¡Ja, ja, ja! –se rió, aunque Valtimore no entendió el por qué.
-Sabes, hay otra cosa que no entiendo… ¿Por qué ese interés por esos dos, después de tantos años? –le preguntó, esperando una respuesta contundente.
-Por el poder que esos dos albergan en su interior, y que hace mucho tiempo intenté conseguir para cumplir con un destino que me pertenece…y que llevaba generaciones esperando a que alguien digno pudiera cumplirlo. Además, también lo hago por…venganza. No por esos dos muchachos, pero sí por las familias de estos dos. Tengo una cuenta pendiente con ellos…y acabaré con lo que empecé…-habló con una voz siniestra, apretó fuertemente sus puños, y miró furioso hacia el castillo, con sus ojos inyectados en sangre.
Valtimore se asustó un poco por su reacción, pero sonrió al ver esa determinación y odio en su superior.
-Vaya, ahora si que pareces mi jefe… ¿Tienes algo planeado?
-No, todavía no. He estado centrado en otras cosas…-le habló secamente, aunque más relajado.
-¡Pues tengo una buena noticia que darte! –le habló animado- Parece ser que ese príncipe Zora va a celebrar en unos días su fiesta de coronación. Y lo mejor de todo, esos dos están invitados a la celebración. Seguro que sabiendo eso ya tienes un plan pensado…-le comentó, conocía muy bien a su superior.
El hombre comenzó a reírse siniestramente, confirmando lo que acaba de decir Valtimore.
-Sabes…-le habló sereno- A mí siempre me han parecido aburridas las fiestas que celebra la nobleza… ¿No creer que deberíamos ir nosotros a animar la fiesta? No podemos dejar que nuestros "amigos" se aburran… ¿No? –le habló con ironía.
-Claro…estaré encantado de reencontrarme con esos dos…-le respondió frotándose las manos, deseoso de hacerles pagar a Link y a Zelda por su humillación.
-No voy a arriesgarme a que te descubran de nuevo –le habló franco- En tu lugar, enviaré a otro que está deseando entrar en acción…
-¿Quién a parte de mí sería capaz de llevar a cabo esta misión?
-Mira hacia arriba…-y le señaló el cielo.
Valtimore miró hacia el cielo, y lo siguiente que vio le hizo dibujarse una sonrisa maliciosa en su rostro.
-Je, je… ¿Sacando la "artillería pesada", jefe? –le felicitó por su elección.
-No, es que pienso que será más divertido si lo envío a "él". Además, un poco de acción le vendrá bien para ejercitarse, siempre se queda en la base conmigo….-divagó mientras seguía observando el cielo- En fin, será mejor que volvamos al campamento base y nos reunamos con el resto, allí te explicaré detalladamente mi plan…
Continuará…
XOXOXOXOXOXOXO
Nota de Autor: ¡Por fin! Siento mucho haberme retrasado con la publicación de este capítulo. Me quedé bloqueada para escribirlo, sólo me salía el final, y aún así no tenía muchas ganas de escribir. Eso, y el adelanto estúpido de las evaluaciones en mi instituto; los problemas que ha tenido esta web; mi gripe maldita; y porque me he entretenido con otras cosas; ha ocasionado este retraso.
Aunque en parte ha sido bueno, ya que al revisar el tráfico de mi historia, he visto que mucha gente se ha puesto al día ¡Y el último capítulo a sido visitado casi tantas veces como el primero! ¡Estoy impresionada y alegre!
En fin, poco me queda por decir... ¡Disfrutad el tiempo que tarde en escribir el otro, que para nada será igual que con el anterior!
