B-bueno, siempre que no me vaya a pasar nada malo, digo, si crees que puedes hacerlo sin... peligro - Dijo Adrien.
Claro que puedo ¿crees que solo por unas gotitas de sangre me voy a descontrolar y volver una salvaje? - dijo ella, enojada y divertida a la vez.
Eh, pues, supongo que son exageraciones. - Admitió el chico, porque, bueno, eso exactamente había escuchado, y se preguntaba si era real o no.
Estarás bien. Te prometo que solo tomaré un sorbo. - Le aseguró Ladybug.
Ok, hazlo. - dijo Adrien, tomando aire y preparándose.
La chica rodó los ojos. Parecía que se estaba preparando para enfrentar a la muerte, pero ella sabía que sería inútil pedirle que se relajara, era mejor actuar y demostrarle que estaba bien.
Se le acercó lentamente, cuidando de no asustarlo, y al mismo tiempo sintió los efectos de la cercanía en su cuerpo, inhaló y sus sentidos se abrieron a la sangre que latía debajo de ella. Sus colmillos se alargaron, así que procuró ocultarlos. Lo miró a los ojos, dándole tiempo de acostumbrarse a su presencia. El rubio asintió, sus pupilas estaban dilatadas y su ritmo cardiaco era un poco acelerado, pero no demasiado.
Ella se inclinó sobre el chico, abrazándolo, pero no fue hacia su cuello todavía. Adrien se tensó, y cerró fuertemente los ojos, como ella esperaba que ocurriera. Estaba recordando su pesadilla y el miedo que había sentido.
Justo cuando estaba abriendo la boca para decirle a la chica que no podía hacerlo, sus ojos se encontraron con los de la joven, y se quedó sin aliento. La mirada de ella estaba cargada de preocupación... y deseo. Estaba totalmente inmóvil, esperando a que él le diera permiso. Recorrió el rostro de la chica, hasta llegar a su boca, donde pudo ver, entre sus labios, dos pequeños y afilados colmillos. Buscó sus ojos de nuevo.
Estoy bien. - Dijo Adrien.
Ella bajó y enterró su rostro en el cuello del chico, suspirando contra la suave piel.
Al sentir el aliento de la chica, Adren se estremeció en parte por temor a ser mordido y en parte porque... le gustó.
Marinette tuvo que detenerse unos segundos para controlar sus instintos y recordar que no quería hacerle daño al rubio. La mordida le dolería menos si ella aplicaba un poco de saliva sobre su piel antes de hacerlo. Siempre se había sentido cohibida con esa parte de su identidad, pero en ese momento sólo podía sentir a Adrien en sus brazos, saturando su mente de necesidad por él.
Puedo hacerlo. - Pensó la chica. - Para que sea lo más cómodo para él.
Abrió su boca y depositó un dulce beso en el cuello del rubio antes de lamerlo. Adrien se sorprendió ya que esperaba el dolor de una mordida, y no el cosquilleo que le quedó en la zona que ella había besado. Antes de que pudiera reaccionar sintió un pinchazo, fue mas como un pellizco que como una herida, y el cosquilleo se intensificó.
Ladybug gimió al sentir el sabor de la sangre del chico de nuevo. Era mil veces mejor de lo que ella recordaba.
Adrien sintió su cuerpo relejándose, como si todas sus preocupaciones se volvieran insignificantes y estuviera en el lugar mas seguro y cómodo del mundo. Gruñó por la pérdida cuando la chica rompió el contacto y le lamió las heridas, para cerrarlas. Trató de incorporarse para verla, pero ella lo detuvo entre sus brazos.
Tranquilo, ya terminé, ahora descansa. - Dijo Ladybug, creyendo que él se quejaba por lo sucedido.
La pérdida de sangre lo había debilitado, así que cerró los ojos y se hundió en un sueño profundo. No pudo ver el efecto que su sangre tenía en la chica, ella estaba agitada, sus ojos brillaban y un tenue rubor teñía sus mejillas.
Marinette esperó hasta escuchar la respiración acompasada del chico antes de acomodarlo sobre las colchonetas y alejarse un poco para poder contemplarlo.
Se llevó una mano a la boca, recordando el delicioso sabor que todavía sentía deslizarse por su garganta. Observó al rubio dormido, sus facciones relajadas e inocentes. Su mirada lo recorrió lentamente. Era muy guapo. En realidad ella había estado enamorada de él desde que lo había visto en una revista de modas. Luego había pasado lo de su padre y lo consideró frívolo, hipócrita y malvado.
Pero ahora comenzaba a darse cuenta de que él era diferente. Recorrió sus pómulos y su perfecta nariz hasta llegar a su boca. Esos labios entreabiertos le parecieron súbitamente irresistibles. Se detuvo a escasos centímetros de su boca, dándose cuenta de que aunque se moría por probar esos labios, era completamente incorrecto. Sería aprovecharse todavía más del rubio, que ya tenía suficiente con haber sido mordido dos veces. El había confiado en ella, le había permitido morderlo, controlarlo. No lo traicionaría al besarlo mientras dormía.
Era indigno, así que usó toda su fuerza de voluntad y se alejó de él. Decidió que lo mejor que podía hacer era ir a buscar la ropa necesaria para su aventura nocturna. Salió con facilidad y se escabulló con rapidez. Estaba segura de que la actividad la haría sentir útil y ocuparía su mente lejos del rubio.
Todo el tiempo siguió pensando en cómo se sentiría un beso de Adrien.
Adrien soñó que unos brillantes ojos azules lo seguían a todas partes. Sentía esa ardiente mirada traspasarlo, como si pudiera ver su interior y no sólo la imagen de modelo perfecto que siempre trataba de aparentar. No importaba hacia donde fuera, siempre se sentía observado, podía sentir la mirada como un roce físico, suave como una pluma. Lo extraño era que en lugar de sentir miedo o repulsión... le gustaba. Es mas, quería que esa mirada siguiera fija en él, persiguiéndolo, acosándolo. Quería ser el único que se reflejara en esos ojos.
Despertó sintiéndose relajado, tranquilo... y normal. Claro que ella había dicho que se necesitaban dos mordidas para poder controlarlo, así que tal vez por eso no sentía nada diferente. Recordó la mordida.
Si así es como se siente ser mordido, no me importaría que lo hiciera de nuevo. - Pensó el chico, recordando el momento cuando ella lo había mordido. Tragó saliva. ¿A quién engañaba? No podía esperar a que lo volviera a hacer.
Podría volverme adicto a ella. - Pensó, sacudiendo la cabeza. Estaba solo, así que tendría que esperar a que Ladybug volviera, pero le apetecía pasar un tiempo a solas. Si su padre era Hawk Moth entonces realmente estaba en problemas. Decidió comer un poco mientras esperaba a la chica.
Al terminar, fue al lavabo a cepillar sus dientes y examinó su cuello en el espejo. Recordaba el lugar en el que la chica lo había mordido, pero allí solo había unas pequeñas irritaciones, como picaduras de mosquito. Intrigado, presionó sobre los pequeños puntos rojos y... se ruborizó.
La zona estaba algo sensible, y se sentía bien tocarla. Cerró los ojos, imaginando a la chica sobre el, su boca sobre su piel.
Gimió y se ruborizó aún mas, al darse cuenta de lo que estaba haciendo.
¿Adrien? Ya regresé. - La voz de Ladybug lo sobresaltó, pero estaba muy agitado para salir a encontrarse con ella.
Ya voy. - Contestó rezando para que su voz se escuchara normal.
Se echó agua en la cara, para calmarse y luego salió. Ladybug lo estaba esperando con un paquete de ropa negra. Era un pantalón, una playera y una chaqueta de cuero negro con una máscara de gato muy parecida a la que él usaba.
Traje la ropa. - Dijo la chica, evitando su mirada, sin saber cómo reaccionar con él. - Pruébatelas.
Adrien siempre se cambiaba en público, al ser un modelo era natural acostumbrarse a estar cómodo en presencia de extraños, pero ahora no quería hacerlo. Solo de pensar en desvestirse frente a ella lo hizo ruborizar de nuevo. La chica lo interpretó como vergüenza a lo que ella le había hecho y fingió no darse cuenta, dándole la espalda y yendo a examinar la hielera, a pesar de que no necesitaba nada de allí.
El chico decidió cambiarse de pantalón detrás de la cortina, tratando de calmar su corazón desbocado. Tras cambiarse, salió, apenas comenzando a ponerse la playera. La ropa le quedaba sorpresivamente bien. Se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel.
Seguía apenado, así que no notó que la chica se quedaba sin aliento unos segundos, contemplándolo mientras él se ponía la playera y la chamarra.
"Debería estar prohibido verse así de bien. Pero por supuesto, me tenía que gustar el modelo que se ve increíble con cualquier ropa." - Se recriminó la chica.
¿Me morderás ahora? - Inquirió el joven, con timidez.
Ella regresó a la realidad al escucharlo. Claro, él creía que apenas lo había mordido una vez.
No. No es necesario. Adrien, la verdad es que... ya te mordí una vez antes de hoy. - Confesó la chica. - Lo lamento, no sabía como decírtelo.
¿Qué? P-pero ¿cuando? - Preguntó el rubio.
Fue cuando te secuestré. Lo hice para convencer a tu padre, y sé que no lo recuerdas porque estabas bajo los efectos del gas para dormir, pero... lo siento. Antes creía que eras... diferente y actué impulsivamente. - Dijo Ladybug angustiada, notando que el chico estaba molesto. No quería forzarlo a quedarse, se sentía terrible. - Lo lamento mucho, Adrien.
El rubio estaba enojado. Estaba enojado consigo mismo por sentirse tan decepcionado de que Ladybug NO lo fuera a morder otra vez.
Si quieres irte... lo entiendo. - Dijo la chica, malinterpretando su silencio.
No, estoy bien, es decir, me sorprendió, eso es todo. No te preocupes, lo entiendo. - Dijo el chico, sacudiendo la cabeza. Seguía un poco molesto, pero de ninguna manera iba a separarse de ella. Si lo hacía tenía la sensación de que nunca la volvería a ver. Tenía que saber más de ella para poder encontrarla cuando todo esto terminara. Quería conocer a la chica que se ocultaba detrás de la máscara. - Entonces, ¿nos vamos?
Ella asintió, se puso una gabardina para ocultar su disfraz, y lo condujo a la salida. Era de mañana, los negocios apenas estaban empezando a abrir, así que había poca gente, pero se apresuraron de todas formas. Veía su rostro en anuncios por todas partes, así que mantuvo la cabeza agachada, a pesar de estar usando una máscara. Adrien se sorprendió, había perdido totalmente la noción del tiempo, le parecía que había sido hacía mucho, pero apenas había pasado un día en compañía de Ladybug.
Fueron hasta un teléfono público en el que hizo la llamada con rapidez. El mecánico ya tenía todo listo, así que se pusieron de acuerdo en el pago y en verse a medianoche, en un parque cercano a la casa de Kim.
Luego regresó con Ladybug al sótano, para esperar a que se hiciera de noche. Ella le informó que Gabriel no había hecho mas declaraciones. Platicaron y pudo darse cuenta de que era una chica normal, con una vida bastante común, siempre escondiendo su secreto.
Tuvo celos de la relación que tenía con sus padres, se notaba que eran muy unidos, pero después se alegró por ella. Debía ser difícil vivir escondiendo quién eres en realidad. Cuando comenzó a cabecear, la chica dijo que iría un rato a su casa y lo dejó para que descansara. Iban a tener una noche larga, así que era lo mejor.
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Así concluye otro capítulo. En el siguiente sabremos qué está pasando con Gabriel. No creían que se iba a quedar tranquilo ¿o si? Se titulará "Volpina, la cazarrecompenzas" ;)
