Capítulo 73: ¡Un aliado inesperado!

La guerra santa había llegado a los dominios olímpicos del Hades, denominadas las tierras de Plutón, era un gran desierto árido y oscuro, donde una tétrica brisa fría soplaba sin parar, era un paisaje desolador que se extendía hasta donde los ojos observaban, Atenea avanzaba por aquel terrible lugar con paso firme en una dirección determinada.

Hyoga de Cisne había vencido Hipnos, esta vez en combate singular. Icelus había encontrado a Ikki de Fénix durmiendo e intento asesinarlo, sin embargo el ateniense ya había despertado y atacó con su puño demoniaco, antes inclusive de ser visto por el oneiro, lo cual concluyó con la muerte de este último.

Hades poseía el cuerpo de Shun y gobernaba a un resucitado ejército de espectros, quienes habían sido enviados a destruir el Santuario y la Atlántida, misión que ya habían completado con éxito.

Zeus, aguardaba en el último templo, custodiado por sus tres ángeles sobrevivientes, mientras reflexionaba sobre la inesperada aparición del rey del inframundo. Ícaro se había revelado a Zeus y se adentraba en los dominios de Hades junto a Marín.

Monte Olimpo.

Fronteras entre los dominios de Hera y Hades.

Seiya de Pegaso abre sus ojos con lentitud, se encontraba aturdido, su cuerpo estaba entumecido, con gran dificultad mueve su mano y la apoya en el suelo, trataba de comprender lo acontecido.

—No lo entiendo, había vencido a Zeus...todo había terminado, sin embargo siento unos cosmos metros más adelante... ¡maldición! Quizá todo fue un sueño...

Tras unos segundos el sonido de unas pisadas hacen que el ateniense se ponga de pie, una silueta se vislumbra, era una mujer que vestía una sapuris alada.

—¿Quién eres?

—Soy Phantasos, la diosa del sueño que encarna la fantasía...

—Si intentas bloquear mi camino tendré que eliminarte, aunque seas una mujer.

—Que agresivo eres, yo solamente venía a jugar...no quiero entrometerme en tu camino, solo venía a darte un momento de placer... —dice Phantasos sonriendo con sensualidad, coqueteando al enemigo.

—¿A qué te refieres?

—Puedo darte el placer de vivir cualquier fantasía que puedas imaginarte, si me dejas ser tu amiga yo te haré feliz...

—Tú sirves a Hades... ¿por qué tendrías buenas intenciones conmigo? Eres cínica, estamos en una situación crucial, no puedo perder el tiempo en placeres egoístas y mezquinos.

—De acuerdo Pegaso, no te haré perder más el tiempo, yo solo quería ser gentil, adiós... —la diosa levita y agita las alas de su sapuris para alzar vuelo, esparciendo una especie de polvo mágico en el lugar. —¡FANTASIA SINIESTRA!

El santo de Pegaso se pone en guardia, percibiendo que algo malo estaba sucediendo, pero cae nuevamente dormido, en un profundo sueño.

—Ahora tendrás un sueño feliz por toda la eternidad, soñarás que vives con tu hermana en un hermoso paraíso, lleno de paz, te visitará Saori Kido, a quién ya no debes proteger más, puesto que Atenea no existe en este mundo, encontrarás en ella el amor y serás feliz, mientras tu cuerpo descansa en un largo sueño que terminará algún día dentro de muchos años, cuando tu cuerpo abandone la vida...se podría decir que no habrá en el mundo un solo hombre que haya vivido tan feliz como tú... —Phantasos sonríe y se da vuelta, en busca de otros guerreros... —El mismo regalo les daré a tus amigos, yo siempre he sido la más piadosa de los oneiros...

—¡METEOROS DE PEGASO!

Incontables estrellas fugaces atraviesan el cuerpo de la diosa inesperadamente, su sapuris se vuelve añicos. Tras ella puede verse a Seiya de pie y con cara de disgusto.

—Te dije que no tenía tiempo para perder contigo, tu ataque a traición no ha podido conmigo, experimenté técnicas similares en mi enfrentamiento contra Anteros, el dios del amor correspondido. ¡Además acabo de despertar de un largo sueño que me atribuyó algún dios de pacotilla de este lugar!

Isla Central de los Archipiélagos Celestiales.

Shiryu de Dragón despertó cayendo en cuenta de que todo lo que había vivido era una farsa, tal vez una ilusión...había sentido el cosmos de Athena y Hyoga a la lejanía, pero lo que le preocupaba de sobremanera era haber sentido el cosmos del dios del Inframundo nuevamente.

—Shun...no has podido escapar, conociéndole debe estar tramando algo...él sería capaz de hacer el sacrificio más duro, tengo que partir a salvarle...

Territorios olímpicos de Hades

El ángel Ícaro y su hermana Marín de Águila avanzaban a paso firme, derrotando en el camino a varios espectros, pero en ese momento una energía violácea los repele, haciendo que caigan de espaldas al suelo, se trataba de un cosmos muy poderoso.

—¿Quién eres cobarde? —pregunta Ícaro.

—¡Soy Radamanthys de Wyvern, estrella celestial de la ferocidad, uno de los tres jueces del Infierno…les haré pagar todos sus desacatos!

—Ahora entiendo, con que un juez del Infierno… —se bufa el ángel. —¡Hasta ahora los espectros han sido un fiasco, veamos si los jueces son la excepción!

—No me explico como un idiota como tú es un ángel de Zeus… —respondió el juez con desprecio.

—¡Cuidado Touma! —tercia Marín. —Este hombre tiene un cosmos muy potente, no debes confiarte…

—Marín, confía en mí, los ángeles somos los guerreros más fuertes de todas las órdenes, ahora os demostraré…

El ángel y el juez del Infierno elevan sus cosmos, ambos estaban igualados, desde el suelo se levantaban piedras por la energía desplegada, Marín miraba expectante y preocupada.

—¡ALTITUD MAXIMA!

Ícaro se eleva con gran agilidad por el aire, levitando unos segundos y luego baja violentamente propulsado por las alas de su gloria, con su mano al frente libera una extraordinaria cantidad de rayos que irradiaban electricidad, la figura de un ángel que tenía una sola ala podía verse a sus espaldas.

—¡CASTIGO SUPREMO!

Radamanthys extiende sus dos brazos y bate las alas de su sapuris, liberando una gran energía oscura en forma de círculos concéntricos, los cuales avanzan de modo avasallante.

Los ataques colisionan, generando una onda expansiva, Marín se ve arrastrada varios metros atrás, esto distrae al ángel, que voltea inconscientemente, en ese momento la técnica del juez se impone, tumbando duramente a su adversario al suelo.

—¡Resiste Touma! —exclamó Marín con gran preocupación desde el suelo.

—Vaya que eres idiota, como puedes distraerte en un momento así...

El juez del Infierno se prepara para volver a atacar, pero en ese momento escucha el sonido de una flauta, era la hermosa melodía de la Sirena.

—¡Otro enemigo al que enviaré a la tumba, el último general del mar en pie, Sorrento de Sirena! —exclama Radamanthys.

—Como lo supuse, ese cosmos se trataba de uno de los tres jueces del Hades...

—¡Yo Radamanthys de Wyvern, castigaré del modo más cruel todo tu pecaminoso camino, en nombre de mi señor Hades!

—Yo solo defiendo a mi dios del mismo modo que ustedes, confío en que Poseidón sabe que es lo justo, crearemos una verdadera utopía con nuestro rey, como en la antigua Atlántida...

—¿Cómo la Atlántida? —preguntó el espectro, bufándose con ironía. —Minos de Grifo, uno de los tres jueces, ha sido enviado a la Atlántida por mi señor Hades...la tierra de Poseidón debe estar destruida seguramente...

—He sentido desaparecer los cosmos de las nereidas hace unos momentos, no importa cuantas veces sea destruida la Atlántida, siempre resurgirá, sus cimientos son inmortales...Poseidón sostiene la Atlántida porque él volverá, resurgirá y gobernará como lo hacía en la era del mito...

—Tu dios no es más que un traidor... —responde Radamanthys. —Y un entrometido, ya traicionó a mi señor Hades en la batalla de los Campos Elíseos y ahora han traicionado a Zeus, en la batalla de la selva de Deméter y en la del Archipiélago Celestial...

—Sin importar como fuera o como lo interpretes, no debo rendirte cuentas a ti, solo serviré a Poseidón y su mandato ha sido que llegue al templo de Neptuno, mis camaradas han dado su vida para que yo tenga esta oportunidad... ¡SINFONÍA DE LA MUERTE!

Tras el bello sonido de la flauta del marino, Radamanthys se retuerce de dolor inmediatamente, agachando su cuerpo, su ser sentía una profunda tortura, en ese momento levanta la vista, observando la imagen de Sorrento por todas partes, caminando con cadencia y tocando su flauta.

—Lo ha atrapado... —expresa Ícaro, que ya se había recuperado.

—El general marino se ocupará de Radamanthys, nosotros debemos adelantarnos. —manifiesta Marín y parte junto con su hermano, aprovechando el desconcierto del juez.

—¡Esta música me está volviendo loco, voy a matarlo antes de que sea tarde! ¡CASTIGO SUPREMO!

Radamanthys extiende sus dos brazos y bate las alas de su sapuris, liberando una gran energía oscura en forma de círculos concéntricos, los cuales avanzan de modo demoledor, arrasando la tierra, pero ilusión generada por la flauta engaña al juez, la figura de Sorrento desaparece una y otra vez.

—Eres muy tenaz, pero no permitiré que obstruyas mi paso, llegaré hasta Neptuno...

—¡Alto! —grita una voz, mostrando una imponente sapuris alada desde las sombras, Sorrento deja de tocar la flauta.

—¡Minos! —expresa Radamanthys.

—Otro de los jueces del Inframundo...Minos de Grifo...

—¡Vengo de la Atlántida, ya he destruido su reino, ahora enviaré al Infierno al último guerrero de Poseidón con vida!

—Ambos tendrán el mismo destino... ¡SINFONÍA DE LA MUERTE!

—¿Qué es esta horrible sensación que me produce esa música? —gritó Minos desesperado.

—Esta es la melodía de las sirenas, las brujas del mar, las que le otorgarán un destino a quienes escuchen su melodía y esa única opción es la muerte… —dijo Sorrento.

Los dos jueces se retorcían de dolor, pero en ese momento Minos mueve su mano derecha, como si estuviera jalando algo, repentinamente la mano de Sorrento hace un movimiento hacia abajo, impidiendo que pudiera tocar, su música se detiene, al igual que la sinfonía de la muerte.

—¿Qué está pasando? ¡Algo está moviendo mi mano! —se quejó el marino.

—Eres manejado por hilos invisibles, ahora te toca bailar a ti mi danza de la muerte... ¡MARIONETA COSMICA!

El cuerpo de Sorrento es elevado en el aire por los hilos invisibles, sus brazos comienzan a ser jalados hacia atrás, sin embargo el marino tenía la firme intención de seguir tocando, con gran tenacidad intenta tocar la flauta, hasta que para sorpresa de Minos lo logra por un momento.

—¡Te admiro Sorrento pero no permitiré que te salgas con la tuya! —exclamó Minos levantando la voz y jalando luego sus hilos, el brazo derecho del general del Atlántico Sur se quebró, un grito de horror se escuchó haciendo eco.

—No puedo morir así...

—¡Ahora cortaré tu cuello y todo habrá terminado!

Minos intenta jalar para dar muerte a Sorrento, pero sorprendentemente una parte de su cuerpo se congela abruptamente, los hilos que sostenían al general se resquebrajan al ser golpeados por una ráfaga de golpes de luz blancos, el cuerpo del general marino cae al suelo. Una silueta se hace visible, este hombre portaba una gloria, la cual estaba rasgada en varios puntos, signos de una violenta batalla previa.

—¿Quién eres entrometido? —dice Minos con malestar.

—Soy Ganimedes, un ángel...

. . .

Ícaro corría junto a su hermana a toda velocidad pero en ese momento se detuvo abruptamente, su cara mostraba sorpresa.

—¿Qué sucede Touma? —pregunta Marín.

—Ese cosmos...no puede ser, él es...Ganimedes...

. . .

—¿Por qué has intervenido? —recrimina con desconfianza Radamanthys.

—Siempre he luchado por aquello considero justo... —contesta Ganimedes. —Tengo deudas con Zeus por haberme otorgado la juventud eterna y al mismo tiempo siento orgullo de servir a un dios al que siempre he admirado...pero hubo un tiempo en donde también sentí orgullo de servir a Atenea, pues ella era justa y sabia...en esta guerra he peleado siempre con mi corazón dividido, por frío que sea mi cosmos no podía estar seguro de que lado estaba la justicia, por lo que obré en consecuencia a la deuda que tengo con el señor Zeus...

—¿Y acaso has decidido traicionar al Olimpo? —pregunta Minos con recelo.

—El combate con Mu de Aries se definió porque él tenía motivos más importantes para pelear y ahí me di cuenta que la justicia está con Atenea, pensé que moriría pero el más allá no ha querido recibirme...ahora usaré lo que me queda de vida para intentar hacer justicia, he decidido pelear por la supervivencia de mi especie...

—Que estupidez...muere entonces ángel caído... ¡MARIONETA CÓSMICA!

Minos lanza los hilos de su marioneta y aprisiona el cuerpo de Ganimedes, sin embargo los hilos rápidamente comenzaron a congelarse y resquebrajarse, liberándose así el ángel de los hielos. Repentinamente una prisión cúbica de hielo atrapa a Minos en su interior.

—Vete ahora general de Poseidón y cumple con tu destino, si crees que con ello estás haciendo justicia... —dijo el ángel. —Yo detendré a los dos jueces aliados al Olimpo...

Sorrento agradece con la cabeza y se marcha, intentando llegar rápidamente al templo de Neptuno y cumplir así con los designios de su dios.

—¡Has atrapado a Minos! —dice Radamanthys poniéndose en guardia —Pero Minos no tardará en liberarse…

La prisión de hielo comienza a resquebrajarse hasta hacerse añicos, Minos sale de su interior elevando su cosmos.

—Es una pena para ti, pero ya he combatido con el Cisne en el pasado, el usaba poderes similares a los tuyos...

—¡Minos! —tercia Radamanthys. —Alcanza a Sorrento, él no puede hacer nada para impedir tu marioneta cósmica, yo venceré a este sujeto...

Finalmente Minos asiente y emprende vuelo tras Sorrento.

—¡Rata traidora, toma esto!

Radamanthys levita con sus alas y repentinamente embiste a toda velocidad, lanzando un golpe de puño que el ángel evade, seguidamente lanza una patada con la que golpea el rostro de su adversario, pero Ganimedes se reincorpora de inmediato, lanzando un rayo de hielo que aleja a su enemigo.

—¡El rey Hades sucumbirá Radamanthys, todos los que estén del lado del mal lo harán!

—¡Cállate! ¡El Olimpo vencerá, Zeus otorgará el destino de la Tierra a mi señor Hades, habrá un mundo de nueva cuenta...! ¿Qué podría entender un traidor como tú?

—El destino de Hades es sucumbir ante la luz, mi señor Zeus está equivocado...tarde comprendí que la verdad está con Atenea, ella es la diosa de la sabiduría...

—¡Silencio! No quiero escuchar más sandeces, la Tierra está podrida...

—Te enfrentas a un ángel Radamanthys, a un ángel de Zeus, te mostraré el poder de la elite del cielo. ¡POLVO DE DIAMANTES!

Ganimedes extiende su puño derecho abruptamente y emerge del mismo un voraz viento de finos cristales congelantes, pero el juez del Infierno junta sus alas y eleva su cosmos, el viento pasa a sus costados.

—¿Piensas vencerme con eso? —pregunta Radamanthys con desprecio.

—Solo he usado mi técnica más básica, prometo solemnemente sobre esta tierra santa que te destruiré, sucio espectro...

—¡Voy a aplastarte impertinente...CASTIGO SUPREMO!

Radamanthys extiende sus dos brazos y bate las alas de su sapuris, liberando una gran energía oscura en forma de círculos concéntricos, los cuales avanzan de modo avasallante. Ganimedes sonríe y sus ojos brillan con un cosmos blanco, repentinamente una imponente y sólida pared de hielo se levanta frente a su enemigo, bloqueando su violento poder.

—¡Increíble, ha detenido mi ataque! —dijo sorprendido el súbito de Hades.

—Te lo dije antes, somos los más poderosos guerreros que servimos a las deidades...

—Idiota... ¿crees que vas a detenerme con una pared de hielo? —responde el espectro, mirando con odio a su adversario y rápidamente clava un poderoso puñetazo sobre la pared de hielo, destruyéndola instantáneamente.

—¡Increíble, tiene una fuerza bruta descomunal!

—¿Por qué me tomas? ¡Soy uno de los tres jueces del Infierno, ahora morirás…CASTIGO SUPREMO!

Un potente y devastador conjunto de esferas de energía y rayos violetas sale despedidos sobre la humanidad Ganimedes, golpeándolo en repetidas ocasiones por todo su cuerpo y arrastrándolo varios metros atrás, el ángel termina boca arriba, con su gloria agrietada por doquier.

—Estás acabado ángel traidor...

—Radamanthys…no creas que puedes vencerme sólo con ese golpe... —dijo Ganimedes poniéndose de pie con dificultad, por su gloria se corroe algo de sangre.

—Silencio, no tienes forma de contrarrestar mis ataques, eres un estorbo para mi señor Hades, por lo que te mataré… ¡GASTIGO SUPREMO!

El ángel mira detenidamente la trayectoria del ataque y esquiva cada golpe con gran agilidad, finalmente se posiciona frente a su enemigo, sorprendiéndolo por completo.

—¡Ahora te mostraré mi mayor técnica…EJECUCIÓN AURORA!

Tras juntar sus manos de forma veloz, el ángel lanza un descomunal viento helado, Radamanthys da gran salto, evitando así el ataque.

—¡Lo he evitado!

El juez intenta contraatacar, pero advierte rápidamente que no puede moverse porque sus piernas estaban congeladas, el suelo también había sufrido la misma suerte.

—¡Estás a mi merced…EJECUCIÓN AURORA!

El ataque va directo a su enemigo, pero este se cubre con sus alas, mermando el daño del ataque pero sus aletas terminan siendo las mismas congeladas, Radamanthys expande sus alas liberándose del hielo.

—¡Soy uno de los tres jueces del infierno, no creas que serán tan sencillo vencerme! ¡CASTIGO SUPREMO!

—¡EJECUCIÓN AURORA!

Los dos ataques crean una gran colisión, el ambiente se destruía poco a poco por el enorme poder desplegado, al terminar los dos ataques ambos enemigos tenían heridas en sus cuerpos, la protección de las piernas de Radamanthys estaban congeladas, su cuerpo estaba entumecido por completo.

—¡No es posible...su poder ha congelado fácilmente mi poderosa sapuris!

—Ninguna armadura sagrada es capaz de resistir el cero absoluto...ahora que estás inmovilizado tomaré tu vida... ¡EJECUCIÓN AURORA!

—¡Desgraciado, no conseguirás doblegar mi espíritu con frío! ¡RUGIDO DESLIZANTE!

El espectro enciende su cosmos a un nivel impensado, con lo que consigue alzar vuelo, evitando la demoledora técnica de su adversario y luego baja a toda velocidad, golpeando con su puño al ángel, al tiempo que un violento rugido es liberado, dejándolo aturdido en suelo.

—La potencia de este ataque es increíble... —susurra Ganimedes tomándose la cabeza.

—No tienes nada que hace contra mí, ahora muere… ¡RUGIDO DESLIZANTE!

Radamanthys extiende sus alas para alzar vuelo, pero estas comienzan a cristalizarse poco a poco, a los segundos estallan, lo que le impide ejecutar su técnica.

—En que momento...

—Tus alas habían sido congeladas con mi ejecución aurora, ya no pueden protegerte.

Con la mirada llena de ira el espectro se abalanza sobre su enemigo, trenzándose ambos en un duro combate a puños, la fuerza de Radamanthys era tal que el ángel apenas podía defenderse, sin embargo este último con un rápido movimiento atrapa la cabeza del juez con sus piernas y curvando su cuerpo hacia abajo tomó con sus manos las piernas del juez, congelándolas en un instante, luego da un salto quedando a espaldas de su rival, listo para dar el golpe de gracia.

El inesperado aliado se encontraba en posición de deshacerse de uno de los tres jueces del Infierno, mientras otro de ellos, Minos de Grifo perseguía al general del Atlántico Sur, quién intentaba llegar desesperadamente al templo de Neptuno.

Por su parte, tanto Dragón como Pegaso seguían avanzando algo relegados de Cisne y Fénix, los cuatro buscaban llegar al templo de Plutón, para enfrentarse a Hades y reunirse con Athena.