Capítulo 75: La revancha ateniense.

La batalla en el Olimpo estaba llegando poco a poco a su final, en las oscuras tierras olímpicas del emperador del Inframundo se habían desarrollado mortales combates, Radamanthys y Ganimedes murieron tras un feroz duelo, por otra parte Minos eliminó a Sorrento aparentemente, usando su marioneta cósmica.

Hyoga e Ikki habían llegado al templo de Plutón, Perséfone apareció dispuesta a cerrar el paso a los atenienses y se enfrentó al Fénix, finalmente en un duro combate, la diosa había sido alcanzada por el puño fantasma.

Monte Olimpo.

Templo de Júpiter.

En el majestuoso y hermoso palacio que se encontraba al final del Olimpo, Zeus estaba sentado en su trono. Aquiles, Belerofonte y Pólux estaban hincados ante su señor.

—¡Ganimedes también nos traicionó…! —manifestó Aquiles con fastidio.

—Ganimedes…sé que has hecho lo que te dictaron tus convicciones… —continúa Zeus. —¡Pero de ahora en adelante quiero su absoluta fidelidad! —dice mirando a los tres ángeles con firmeza.

—¡Daré mi vida por usted, señor Zeus! —dijo con devoción Pólux. —Pero debo enaltecer las convicciones de Ganimedes como guerrero…

—¡Es solo un traidor al Olimpo! —contesta Aquiles.

—Pólux tiene razón… —interrumpe Belerofonte. —Hizo lo que dictaba su corazón.

—¡Basta de estériles discusiones! Lo importante de ahora en adelante es derrotar a Atenea y a sus santos… —completa Zeus.

Los tres ángeles guardan silencio y agachan su cabeza en signo de obediencia.

Territorios olímpicos de Hades.

Myu de Papillón, Niobe de Deep y Raimi de Gusano dejaron sus posiciones al sentir que el cosmos de Radamanthys había desaparecido, tras correr a toda velocidad se encuentran con el cadáver de Ganimedes tendido en el suelo y una imponente estatua de hielo en la que estaba aprisionado Radamanthys.

—Señor Radamanthys... —murmura asombrado Myu.

—¡Lo liberaremos de inmediato...ATADURAS DE GUSANO!

Raimi extendió sus brazos y sus tentáculos se precipitaron sobre el imponente hielo, pero este seguía intacto.

—No podrás hacerlo solo... —dijo Niobe. —Tendremos que actuar los tres al mismo tiempo... ¡FRAGANCIA PROFUNDA!

—¡ATADURAS DE GUSANO!

—¡HADAS DEL MUNDO DE LA MUERTE!

Las tres técnicas de los espectros impactan con gran violencia sobre el muro de hielo, generando un gran estruendo, pero el ataúd de hielo se mantiene sin ningún daño, la sorpresa de los espectros era mayúscula. Mientras la impotencia se había apoderado de los siervos de Hades, hace su aparición Minos de Grifo, quién sostenía algo en sus manos.

—¡Radamanthys! Has matado al ángel, pero tendré liberarte... —dijo fastidiado Minos.

—Lo hemos intentado pero el ataúd de hielo parece ser indestructible... —murmura Raimi.

—Señor Minos... ¿qué es eso? —pregunta Myu mirando lo que tenía en su mano Minos.

—Es la cabeza de Sorrento de Sirena, finalmente he acabado con ese maldito... —responde el juez.

—No veo dicha cabeza... —tercia Niobe.

—¿Qué? —se pregunta Minos mientras observa la supuesta cabeza de Sorrento, encontrándose con la sorpresa de que se trataba de una típica piedra de los territorios olímpicos de Hades. —¡Maldición! Entonces...

—Al parecer fue engañado por una ilusión del general marino... —reflexiona Myu.

—¡Maldito...la pagará! —exclama Minos enfurecido y con bronca lanzó un fuerte puñetazo para destruir el ataúd de hielo que aprisionaba a Radamanthys, el impacto logra hacer una pequeña fisura en el hielo pero no logra liberar a su camarada. —¡Maldición Radamanthys!

—¡Es impresionante la fuerza del señor Minos…uno de los tres jueces! —pensaba Myu.

Minos frunce su seño mirando fijamente el ataúd de hielo, cierra sus puños con fuerza.

—Voy a destruir esta prisión de hielo… ¡MARIONETA COSMICA!

De entre los dedos del juez emergen unos finos hilos que cubren en gran cantidad y en todas direcciones el ataúd de hielo, ajustándose a él, tensando y apretando lentamente el hielo comienza a ceder, hasta que repentinamente se despedaza en pequeños fragmentos, sufriendo el cuerpo de Radamanthys igual suerte, pues se había fusionado con el hielo.

—¡El señor Radamanthys…! —exclama Niobe.

Templo de Plutón.

El Cisne observa a la diosa Perséfone, quien tenía la vista perdida y sus ojos abiertos, mientras experimentaba el viento fantasma del ave inmortal.

—Lo has conseguido Ikki…

—Así parece, he destruido su alma. —dijo Fénix y se acercó a la diosa, con su dedo empujó su frente y Perséfone cayó inerte al suelo.

—¡Vamos! —dijeron ambos santos al unísono y tras recorrer un par de metros sintieron un poderoso cosmos que era muy agresivo, por ello los atenienses detuvieron su marcha y vieron aparecer a un aura oscura.

—¡Thanatos! —exclamaron Hyoga e Ikki.

—¡Seré su rival ahora mismo! —expresó el dios de la muerte enfadado.

Cuando los atenienses se pusieron en guardia, escucharon el sonido de unas alas metálicas, voltearon y contemplaron las alas divinas de Pegaso y Dragón.

—¡Seiya, Shiryu! —dijo Hyoga emocionado al ver a sus hermanos.

—¡Pegaso! —levantó la voz enojado Thanatos. —¡Todavía recuerdo tus golpes en los Campos Elíseos, me vengaré de aquel fatídico día!

—¡Tus intentos de venganza serán en vano, ya te he derrotado en los Elíseos, ahora lo haré en el Olimpo…! —contestó Seiya con una sonrisa.

—¡Te enviaré al Tártaro! ¡GRAN PROVIDENCIA!

Thanatos estira sus brazos levemente hacia adelante y una potentísima energía de color violeta oscura sale disparada en dirección a Seiya, pero repentinamente la energía sale direccionada hacia los costados, cuando el juego de luces titila y deja ver un resquicio, puede apreciarse que se trataba del escudo del Dragón, el cual estaba contrarrestando la gran providencia, finalmente Shiryu se mantiene firme y el poder del dios es neutralizado por completo.

—¡Maldito, sus cosmos arden tan alto como el de los dioses! —exclama Thanatos.

—Seiya… —continúa Shiryu. —Yo seré el rival de Thanatos, ustedes vayan con Hades lo antes posible, salven a Shun…

Pegaso, Cisne y Fénix asienten y dan un veloz vuelo, Thanatos lanza una esfera de energía pero en ese momento Dragón ataca con su excálibur, lo que obliga al dios a desatenderse de los otros al tener que esquivar la espada sagrada con gran esfuerzo.

Territorios olímpicos de Hades.

Morfeo había vencido a Ícaro y Marín con sus técnicas, sepultándolos a un sueño infinito, pero para su sorpresa había aparecido Atenea, la diosa de la sabiduría.

—Morfeo, ellos no morirán, yo no lo permitiré…

—Ellos no despertarán, debes olvidarlo…han sucumbido al profundo sueño que tanto desean, Hades me recompensará si te derroto… ¡AMAPOLAS DE LOS SUEÑOS!

—Que ingenuo… —murmura Atenea mientras levanta su báculo, las amapolas desaparecen al entrar en contacto con su dorada luz. —No puedes compararte a uno de los doce olímpicos.

La luz dorada pronto bañó el cuerpo de Morfeo, su sapuris comenzó a resquebrajarse lentamente hasta reducirse a añicos, sin embargo su cuerpo estaba intacto, sus ojos estaban abiertos de la sorpresa.

—No puedo compararme a ella… —dijo el hijo de Hipnos arrodillado.

—Aunque deteste la violencia un dios de la oscuridad como tú es un peligro para mis amados santos…descansa en paz…

Morfeo es envuelto en una luz misericordiosa que trajo consigo la muerte pacífica, tras unos segundos cae al suelo pesadamente. La diosa se acerca a Marín e Ícaro y cierra sus ojos, rápidamente observa el sueño que tenían los dos hermanos en Morphia.

Mundo de los Sueños.

El ángel se levanta y mira a sus costados, encontrándose sorpresivamente en Japón, el lugar dónde transcurrió su infancia.

—No entiendo… ¿tengo los recuerdos distorsionado…? ¡Pero si no recuerdo mal estaba combatiendo en el Olimpo, esto seguramente es un sueño o una ilusión! Además no tengo mi gloria…

—¡Touma, nunca estás cuando te necesito…! ¿Dónde estabas?

—¡Marín!

—Claro que soy Marín… ¿a qué viene tanta sorpresa? —dijo su hermana, que usaba ropa casual y aparentaba ser más chica, cómo si todo fuera hace muchos años, antes de que ambos se convirtieran en guerreros sagrados.

—¿Qué hacemos en este lugar? ¿Por qué no vistes tu armadura?

—¿Armadura dices?

—¡Deja de engañarme Morfeo!

—¡Touma que te sucede! ¿Has tenido otro de tus tontos sueños dónde eres un héroe de fantasía? —Marín sonríe.

—¡Diablos, todo es cómo en mi infancia…! —se arrodilla y aprieta sus nudillos, sintiendo nostalgia de su pasado. —¡Aunque esto me llene el alma…no puedo perecer bajo un dulce engaño!

Marín se acerca a Touma y lo abraza, todo era muy real, era su mismo olor, su misma tranquilidad.

Templo de Plutón.

Inconsciente de Perséfone.

Como diosa de la primavera, la bella Perséfone se encontraba observando una hermosa pradera, la vegetación era abundante y reconfortable, pero fue en ese momento que comenzó a sentir que algo siniestro se aproximaba, repentinamente la tierra se resquebraja y tras abrirse de forma impactante, una luz negra cubrió su cuerpo, pronto abrió sus ojos mientras se encontraba tendida en un hermoso recinto, hermoso pero tenebroso al mismo tiempo, cuando levantó su mirada observó a un dios de blanca test y largos cabellos negros.

—Tú eres…

—Soy Hades, dios del Inframundo…te traje aquí porque deseo que seas mi esposa, tú serás la reina del más allá…

—No Hades, yo soy la diosa de la primavera, jamás podría ser la reina del más allá, yo pertenezco a un mundo de luz, no a la más profunda oscuridad.

—La muerte y la primavera tienen cualidades parecidas…aunque parece que no te has percatado de ello, la muerte es el final de la vida, muerte y resurrección, muerte y reencarnación, es un ciclo al igual que la primavera, todo está en constante cambio… —dijo Hades mientras Perséfone se quedó sin palabras ante sus dichos. —¿Quieres conocer los verdaderos secretos de la resurrección?

—Sí… —contesta Perséfone en un respiro.

El dios del Inframundo saca de entre su atuendo una fruta, se trataba de una granada.

—Al probarla comprenderás el ciclo que cumplen las almas, la purgación de sus conciencias, la eliminación de sus memorias, la restauración de su capacidad de aprendizaje…el largo camino de la muerte termina en el resurgir de las animas en sus nuevos cuerpos, en nuevos seres…

El combate entre Shiryu y Thanatos estaba por dar inicio, ambos encendían sus cosmos de gran forma, las baldosas se levantaban por el choque de poderes.

—¡GRAN PROVIDENCIA!

Tras extender levemente sus brazos, Thanatos libera una hostil y poderosa energía de color violácea que irradia chispas por todos los alrededores del templo, Shiryu interpone su escudo y la energía se expandía a sus costados, pero el dios sigue encendiendo su cosmos y comienza a hacer retroceder al ateniense, finalmente sus brazos se abren y el mortal es estampado duramente contra el suelo tras recibir la técnica de su oponente.

—Su cosmos tiene una gran determinación, está lleno de sed de venganza… —dijo Shiryu mientras se reincorporaba.

—No olvido lo que pasó en los Campos Elíseos, primero te mataré a ti y después a Pegaso… ¡GRAN PROVIDENCIA!

Shiryu alza vuelo con gran agilidad, esquivando así la técnica de Thanatos y se sitúa delante de su rival, para preparar el contragolpe.

—¡DRAGON NACIENTE!

Un imponente dragón verdusco surge desde abajo y ataca con sus dientes al dios, pero este bloquea la técnica con su mano derecha, luego contragolpea con una fuerte descarga de energía negra, pero Shiryu atina a interponer su escudo, logrando así neutralizar la amenaza.

—Ha detenido mi dragón naciente, es sorprendente… —murmura el ateniense.

—Ahora ya no podrás detenerme… ¡GRAN PROVIDENCIA!

—Elévate cosmos a su máximo… ¡LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE ROZAN!

Al extender sus brazos adelante, Shiryu desencadena que enormes dragones verdosos ataquen y choquen contra la terrible energía oscura desencadenada por la deidad, las dos técnicas colisionaban en el medio, las paredes del templo se resquebrajaban sin cesar, el choque cósmico se mantenía en plena actividad, con una gran paridad.

—¡Tengo que avanzar, Shun nos está esperando…EXCÁLIBUR!

El dragón divino bajo rápidamente su brazo y ejecutó un golpe cortante que se dirigió como una luz verde que cortó en dos la colisión de los cien dragones y la gran providencia, causando un corte vertical en el dios, su sapuris se dividió en dos, su rostro era de gran sorpresa, luego cayó pesadamente al suelo al sentir el fatal golpe de espada.

—Que humillación, he vuelto a perder frente a los mortales… —musitó Thanatos en su último aliento.

—Thanatos, los humanos hemos hecho proezas, grandes milagros…es hora de que los dioses nos pongan en el lugar que correspondemos, lucharemos por nuestros congéneres. —manifestó Shiryu y se retiró en busca de sus compañeros.

. . .

Perséfone continuaba experimentando la ilusión provocada por Fénix, acababa de revivir los recuerdos de aquella vez que Hades le pidió que fuera la reina del Inframundo y ahí podía verse a sí misma probando aquella granada, en ese momento la voz de Ikki retumbaba en su cabeza.

—Hades cumplió con su promesa y te hizo ver los secretos de la resurrección, pero el precio que pagaste fue demasiado alto…

—Es cierto, la mitad de mi tiempo debo pasarlo en las tenebrosas tierras oscuras del Inframundo…

—¿Para qué luchas por un hombre que te engaño y te condeno al Averno?

La diosa dudaba, no sabía qué hacer ni que responder, casi había olvidado aquel lejano día en los albores de la era del mito, en el que su destino se cruzó para siempre con el de Hades, estaba confundida.

—No puedo cambiar el pasado, pero ahora tengo una responsabilidad que cumplir para mantener el orden cósmico…una responsabilidad otorgada por Hades y puesta a prueba por ustedes, después de todo no han hecho más dificultarme la carga.

El cosmos de la hija de Deméter explota, liberándola de la ilusión, entonces puede ver a Ikki a los ojos en el plano real.

—Ustedes me han condenado a participar de esta absurda guerra, es necesario que Hades gobierne las tinieblas para que el mundo pueda renacer, para renacer debe morir, para morir debe terminarse la vida…solo así puede aflorar el renacimiento…la evolución…Fénix, no voy a dejar que sigan interfiriendo en los sabios planes de los dioses…

—¡El cosmos de Perséfone reboza vitalidad y fulgor! —dijo Cisne. —Su cosmos es muy similar al de Deméter, ¿acaso esta diosa puede equipararse a los doce olímpicos?

—Por brillante que sea su cosmos no va a intimidarme… ¡ALAS LLAMEANTES DEL AVE FÉNIX!

—No volverás a sorprenderme…

Ikki salta y mueve sus manos en forma de aleteo, tras impulsar su brazo derecho al frente, una figura cósmica de un Fénix ardiente sale disparada contra la diosa, cuando esta última estaba a punto de ser golpeada lo esquiva con un gracioso salto a un costado, aprovechando esa situación Seiya y Hyoga se precipitan en un voraz vuelo, unas ramas surgen del suelo intentando detenerlos pero Pegaso logra escabullirse y escapar, Cisne recibe un fuerte golpe que lo hace retroceder.

—¡No imaginé que tuvieras la velocidad para evitar al ave inmortal! —dijo sorprendido Ikki.

—Hasta acá llegas Fénix, yo pondré fin a tu vuelo…luego iré por Pegaso… ¡ARBOL DE LA VIDA!

Perséfone hace una especie de ademanes con sus brazos al tiempo que se va inclinando en forma de reverencia, al quedar arrodillada con una de sus piernas el suelo, toca el piso y una extraña luz parece emerger de los poros de su piel y son absorbidas por el suelo, en un repentino movimiento la diosa se para, dando un paso al frente, luego extiende al cielo el brazo que anteriormente apoyaba en el piso, debajo de Ikki y Hyoga emergen una ramas espirituales y gigantescas que los envuelve y los aprisionan, haciéndolos subir cada vez más altos, hasta poder divisarse un árbol enorme, hecho de energías y espíritus.

—Vuestro camino ha concluido, sus cosmos y sus almas serán absorbidos por el árbol de la vida, pronto se unirán a la energía misma del universo, serán parte del todo y al mismo tiempo no serán nada.

Los cosmos de ambos santos disminuían aceleradamente, sentían que sus almas eran jaladas fuera de su cuerpo, Hyoga con sus últimas fuerzas elevó lo que quedaba de su cosmos y congeló la energía y los espíritus que lo rodeaban, pudiendo quebrar el hielo y escapar de aquella mortífera técnicas, sin embargo se encontraba exhausto y no podía continuar dando batalla. Por su parte Ikki no había logrado evitar las consecuencias del extraordinario poder de la diosa de la primavera, su alma le había sido arrebatada, su cuerpo inerte fue soltado entonces por el árbol de la vida.

Perséfone sonreía satisfecha, mirando a Hyoga, quien a pesar de haber evitado la muerte ya no podía seguir defendiéndose, en su mirada se notaba el orgullo de haber vencido a dos santos que portaban armaduras divinas. Sin embargo, la luz del fuego iluminó el lugar, el árbol de la vida se estaba quemando desde adentro, de entre las llamas emerge caminando Ikki ante la atenta mirada de la diosa.

—Perséfone, yo también conozco los secretos de la resurrección, puesto que soy el ave del fuego inmortal… ¡ALAS LLAMEANTES!

Ikki convierte su caminata en una carrera a gran velocidad y lanza un golpe de puño contra la deidad, terminando a sus espaldas, la reina del Inframundo en el efecto tardío de unos segundos sale despedida por el aire mientras una energía naranja rodea su cuerpo y triza su armadura, haciéndola caer contra el suelo. Un charco de sangre se forma a su alrededor.

—Cómo has podido sobrevivir al árbol de la vida…y vencerme con una técnica que ya había contrarrestado antes…

—El Fénix es capaz de resurgir de sus cenizas y cada vez que lo hace su brillo y sus llamas son más intensas, de la misma manera que escapo de la muerte mi cosmos se aviva en mi interior, es por eso que a pesar de que conozcas todos mis movimientos no podrás contrarrestarlos…puesto que mi cosmos crecerá todo lo que sea necesario para vencer al enemigo.

—Estúpidos guerreros de Atenea, no saben el verdadero caos que están generando, no solo a los humanos sino a todos los seres vivos de este planeta… —dijo la diosa con su último aliento.

. . .

Hades estaba sentado en el trono de su palacio, tenía un semblante sereno, los acontecimientos de la guerra santa poco parecían importarle, Seiya de Pegaso es el primero en llegar. Ambos cruzan sus miradas fijas y penetrantes, reconociendo en la pupila del otro aquella misma mirada que los ha marcado guerra tras guerra…