Capítulo 76: El sacrificio de Andrómeda.

La batalla en el Olimpo finalmente había llegado hasta al templo de Plutón, en el camino cayeron algunos de los dioses subordinados a Hades, primero Morfeo, luego Thanatos y Perséfone siguieron su misma suerte.

Seiya de Pegaso llegó al trono del palacio del rey del Inframundo en el cielo, encontrándose con su amigo Shun, ya poseído por el espíritu divino de Hades. Era cuestión de segundos para que su diosa y sus amigos llegaran.

Zeus aguardaba expectante en el último peldaño del Olimpo, el templo de Júpiter, junto a los últimos tres ángeles que se encontraban con vida.

Territorios olímpicos de Hades.

Atenea había observado con su mística cosmoenergía el sueño al que habían sido confinados Marín y Touma, su corazón estaba sumido en la confusión, dudaba entre intentar traerlos al mundo real o dejarlos que duerman, quizá despertasen algún día y no tendrían que morir en un doloroso combate.

—Marín…te dejaré con tu hermano en el hermoso sueño en el que has sido confinada, no quiero que mueras experimentando un gran dolor a manos de los dioses, confío en que despertarás… —volteó su mirada rumbo al camino que tenía que seguir y susurró—. Seiya, iré contigo…

Templo de Plutón.

Pegaso y Hades cruzaban una fría mirada, sus ojos denotaban un vínculo mitológico inolvidable. Los cabellos de Shun eran tan oscuros como la profunda noche, su alma parecía haber sido extinguida por el dios del Inframundo.

—¡Shun! Amigo…debes liberarte de Hades —manifiesta Seiya.

—Pegaso, la voluntad de tu amigo ha sido eliminada, la posesión ya se ha completado y enfrente tuyo se encuentra Hades, rey del Inframundo...has defendido a Atenea desde la lejana era del mito, como su santo más fiel…

—¡Entonces tendré que golpearte Hades, para así liberar a Shun de tus malignas garras!

—Esta vez será diferente, no permitiré que vuelvas a herirme como en los Campos Elíseos…

—¡Eso está por verse...! ¡METEOROS DE PEGASO!

Una extraordinaria lluvia de estrellas fugaces se precipitaron sobre Hades, pero el dios creó una esfera roja a su alrededor que protegió su cuerpo, los meteoros no pudieron atravesar su defensa. La deidad permaneció indemne mientras delinea una fría expresión en su rostro.

—¡Es increíble…mis meteoros que superan la velocidad de la luz fueron neutralizados! —expresó abrumado Seiya.

—Cortaré tu armadura divina en dos, junto con la carne y el hueso… —espetó el dios y arremetió con un golpe de espada vertical que iba a rebanar a Pegaso, pero cuando el impacto era inminente el ateniense fue salvado por Hyoga, quien le jaló hacia atrás, evitando así un golpe mortal.

El Cisne había irrumpido junto con Fénix.

—¡Shun, ya una vez te has escapado de las garras de Hades! ¡Voy a ayudarte a que repitas esa hazaña! ¡PUÑO FANTASMA!

El Fénix se abalanzó contra Hades y lanzó con su puño derecho extendido un fino hilo de energía roja, el cual golpeó la frente del enemigo.

—¡Lo has conseguido, Shun, debes despertar…! —dijo Hyoga esperanzado.

—¿Lo ha conseguido? —contestó Hades con una risa—. Soy un dios inalcanzable para ustedes…los golpes psíquicos de un mortal jamás podrían doblegar la voluntad de uno de los reyes del Olimpo.

—¡En ese caso…te golpearé Shun, hasta despertarte…para que vuelvas a luchar a nuestro lado…ALAS LLAMEANTES!

Ikki se elevó por los aires y extendió su brazo derecho, un descomunal Fénix de fuego se abalanzó contra Hades, pero este hizo un movimiento vertical con su espada, el ave de fuego se dividió en dos y atacó a los costados del templo, destrozando parte de las paredes, las cuales se iban incinerando de forma devastadora.

—¡Tampoco funcionaron las alas llameantes! —exclamó perplejo Ikki.

—Un dios que se digne de tal no puede permitir que algo tan débil lo atormente… —contesta Hades con desprecio hacia su adversario.

—Veamos si el rey del Inframundo puede resistir el frío que supera el Cero Absoluto…recibe mi viento de la justicia… ¡EJECUCIÓN AURORA!

Hyoga levantó sus brazos entrelazados y los bajó al tiempo que un brillante aire helado salió disparado contra Hades, pero la deidad hizo un elegante movimiento con su espada, el viento salió disparado contra el propio Cisne, quien terminó volando y estampándose contra la pared, fuertemente aturdido con el impacto.

—¡Hyoga! —gritan Seiya e Ikki.

—No cabe duda alguna, el poder de Hades está en la cima de los doce olímpicos... —musita Hyoga con dificultad.

—Yo y mis hermanos Zeus y Poseidón somos los que estamos en la cúspide del Olimpo, nuestra jerarquía es la más alta, no tendrán ninguna oportunidad... —manifiesta

Hades mientras se percata de que cientos de dragones aparecen desde la lejanía para sorprenderlo.

—¡LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE LUSHAN!

Shiryu irrumpe violentamente, lanzando enormes dragones verduscos, pero Hades hace estallar su cosmos y el terrible ataque desaparece súbitamente.

—¡No es posible! —exclama Shiryu.

—¡Humanos! Esta guerra santa no es una más…ahora está en juego el Monte Olimpo… ¡mi cosmos encenderá cubriendo todo el Universo, el reinado del Olimpo es eterno! —dijo Hades mientras todo el campo de batalla brillaba como un gran universo.

—Los humanos hemos sido subestimados, pero todavía estamos vivos, con fe hemos logrado milagros, verdaderas proezas... —interrumpe Seiya—. En el camino casi todo nuestro ejército se sacrificó por nuestra victoria.

—¡Por los compañeros caídos! —tercia Shiryu—. Que con su sangre nos abrieron paso a este lugar, nuestros maestros y amigos…

—¡Es verdad, no podemos fallarles! —pensaba Hyoga mientras en su mente recordaba las enseñanzas de su maestro Camus, momento en el que se manifiestan las imágenes de cuando encontró el cuerpo de su maestro, tras su combate con Teseo en el onceavo templo del zodíaco.

Los cuatro santos que portaban armaduras divinas encendían sus cosmos con gran esperanza y valor, pese al abrumador poder del dios.

—La esperanza ha sido liberada, ella se expande por todo el Olimpo... —dijo la dulce voz de una recién llegada.

—¡Atenea! —exclaman los santos al unísono.

—Sabía que vendrías Atenea, somos enemigos desde la era del mito, es hora de resolver nuestro asunto de una vez... —expresó Hades.

—¡Shun…te liberaré…!

—No seas tonta, su existencia ha sido borrada por completa, su alma ya no existe,

—¡Hades, abandona el cuerpo de nuestro amigo! —ordenó Seiya.

—Estúpido…los humanos no pueden dar órdenes a los dioses, Pegaso…tú has sido capaz de herir mi cuerpo hace poco, no me olvido…has tenido suerte en sobrevivir después de haber recibido el filo de mi espada... ¡serás el primero en morir!

—¡Espera Hades! —dijo Atenea interponiéndose entre el dios y Pegaso—. Te enfrentaré sin titubear… —miró desafiante a su adversario mitológico, mientras susurraba en voz baja—. Te traeré con nosotros Shun…

La diosa de la guerra lanza con su báculo una luz dorada de gran poder, el emperador de la muerte con su espada divide en dos el ataque, el cual daña gran parte del trono.

—¡No puede ser! —exclama sorprendida la diosa.

—¡Esta vez no podrás triunfar Athena! —responde Hades y avanza contra su enemiga, embistiendo con su espada, una luz roja surgía de su hoja.

—¡El mal no vencerá! —grita la diosa mientras posiciona su escudo de frente, unos haces de luz roja se filtran en los sectores no cubiertos por el escudo, lastimándola en sus piernas, aunque se mantenía en pie.

Hades sonreía mientras elevaba su cosmos, las baldosas de su templo se levantaban producto de su energía.

—¡Shun! —tercia Ikki. —Debes reaccionar… ¡no te dejes dominar!

—Es como si el alma de Hades y el cuerpo de Shun se hubieran unido al fin, su cosmos ha vuelto a aquel nivel que tenía en la edad del mito… —susurra preocupada Atenea.

Mientras los presentes dialogaban, cuatro espectros irrumpen en la escena, con Minos de Grifo a la cabeza.

—Señor Hades, no permitiremos que le hagan daño… —expresó Minos con devoción.

—No intervengas Minos… —dijo Hyoga encendiendo su cosmos—. Ya no puedes detenernos a quienes vestimos armaduras divinas similares a los dioses olímpicos.

—¡No presumas tanto Cisne, todavía tenemos un encuentro pendientes! —contestó desafiante Minos y encendió su cosmos.

Cuando el juez se aproximaba para enfrentar a Hyoga, una luz dorada cubrió su cuerpo y la de los otros espectros, produciendo una descarga de energía abrumadora que los dejó fuera de combate, cayendo en la inconsciencia o muertos.

—Saori… —susurra Hyoga sorprendido por la determinación de su diosa.

—Ellos ya no podrán intervenir… —musita la diosa mirando fijamente a Hades.

—La vida de mis siervos ya no me interesa, conmigo solo me basto, ninguno de ustedes podrán detenerme, ni siquiera todos juntos podrán vencerme… —pronunció Hades mientras encendía su enorme cosmos.

—¡Ustedes retrocedan! Yo los defenderé ahora… —murmura Atenea mirando a sus santos, que confiaron en su excelso cosmos.

—¡Ven Athena! —desafió Hades.

La diosa apareció súbitamente frente al dios del Inframundo y embistió con el escudo de la justicia, Hades esquivó la embestida con gran elegancia y luego contragolpeó con su espada, la deidad femenina interpuso su escudo, pero era demasiado tarde, el filo de la espada lastimó una parte de su cuerpo y la hombrera se separó del resto de su kamui, un profundo dolor recorrió su ser, mientras se sujetaba su herido hombro.

—Pareces exhausta tras tu mortal combate contra Hera… —susurra el dios y se acerca a su enemiga, cuando los cuatro santos divinos se interponen.

—Esperen, no quiero que sean lastimados, recuerden que los golpes de Hades pueden causar heridas en sus almas… —susurra Atenea.

—¡No Saori! Es una situación peligrosa… —contestó Seiya—. Tenemos que apoyarnos los unos con los otros… ¡es la única posibilidad de vencer a un dios como Hades!

—¡Sabias palabras Seiya…iremos todos juntos! —dijo Shiryu.

Los cuatro santos divinos respiran profundo y se lanzan en un gran vuelo sobre Hades, dispuestos a usar sus mejores técnicas.

—¡COMETA DE PEGASO!

—¡LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE LUSHAN!

—¡EJECUCION AURORA!

—¡ALAS LLAMEANTES!

Las terribles técnicas son liberadas con una potencia alucinante, un poder descomunal que avanzó sobre Hades, quien encendió su cosmos al infinito, todo el escenario se rodeó de un aura negra, que apagó el gran poder de los atenienses, sin embargo el dios del Infierno resultó herido, su casco estalla y un hilo de sangre recorría su frente.

—¡Han herido a Hades…santos de la esperanza, ustedes me hacen creer en los milagros! —celebró Atenea emocionada.

Hades apretó sus dientes y encendió su cosmos, desbordando una violenta energía por todo el recinto, las baldosas se levantaban intimidantemente. Atenea y sus santos trataban de resistir, pero inesperadamente el dios se toma la cabeza, algo estaba perturbando gravemente su espíritu.

—¿Qué le sucede a Hades? —preguntó Seiya—. Hades está siendo afectado por algo…

—¿Será Shun…? —pensó Ikki anonadado.

Los negros cabellos de Hades comienzan a aclararse lentamente, mientras se arrodillaba, unas lágrimas caían de su rostro.

—¡Shun! Te salvaré… —expresó Atenea y levantó a Nike, la luz dorada cubrió el cuerpo de Shun, pero sus ojos pronto se tornaron rojos y una violenta descarga se precipitó contra la diosa, que cayó de espaldas al suelo.

—¡Athena! —gritaron los santos al unísono.

—Este mortal está intentando dominar mi voluntad…—murmuró la voz de Hades, cuando sorprendentemente su cosmos comenzó a tornarse en una tonalidad rosada—. ¡Hades, no te saldrás con la tuya! —dijo la voz de Shun.

Los atenienses intentan acercarse, pero un choque cósmico que se producía entre las almas de Shun y Hades los aleja.

—¡Shun! —gritan sus amigos al unísono.

—¡Saori, yo encerraré a Hades! —manifestó Shun mientras encendía su cosmos.

—¡Pero para eso primero deberías expulsar su alma! —dijo la diosa conmovida, mientras eleva su cosmos y entre sus manos se materializa el ánfora divina, aquella que supo contener en diversas ocasiones el alma de Poseidón.

—¡Solo podré resistir unos momentos más…pero antes de eso resucitaré la esperanza, Athena vencerá! —expresó Shun—.¡No puedes hacer eso, es una osadía, un gran pecado! —se contestó así mismo con la voz de Hades—. Solo me estaba preparando para morir, pero antes le brindaré esperanza a mi pueblo, a los humanos… —respondió Andrómeda.

—¡Shun…no lo hagas! —gritó Ikki.

—¡Todavía puedes sobrevivir Shun, expulsa a Hades! —exclamó conmovida Atenea entre el llanto.

—¡No puedo hacerlo, no tengo el poder para expulsarlo de mi cuerpo! —contesta Shun con desesperación—. Solo hay una forma de lograr que su alma me abandone…

—¿Quieres decir que…? —dijo Atenea.

—Voy a cumplir con mi destino…mi destino está marcado por las estrellas de Andrómeda, ese es el camino que elegí… ¡Andrómeda se sacrificó para salvar a su pueblo, yo me sacrificaré para salvar al mío…ese es el destino que yo elijo! —manifestó Shun al tiempo que la kamui de Hades se desprendió de su cuerpo y la armadura de Andrómeda se posaba sobre su ser—. ¿Qué está pasando? ¿Por qué mi kamui me ha abandonado? —dijo la voz de Hades—. Pude escuchar el llamado de mi hermano Ikki… —contestó la voz de Shun—. ¿Te refieres al momento en que…? —preguntó Hades al tiempo que recordaba las imágenes cuando fuera alcanzado por el puño fantasma—. Así es…luego el cosmos de Atenea y mis amigos lograron golpear tu espíritu, debilitándote internamente…no tardarás demasiado en recuperarte, por eso debo hacer esto ahora… ¡SACRIFICIO DE ANDROMEDA! —exclama Shun.

—¡No lo hagas Shun! —espetó Ikki.

—¡Shun! —gritan al unísono los otros.

El cosmos de Shun se elevó al infinito, generando una incesante tormenta que cubre el templo entero, sellando así los movimientos de todos los presentes.

—¡Este es el verdadero poder de Shun, el cual nunca había utilizado a su máxima expresión! —dijo Ikki asombrado e intentando liberarse de la presión de aire, para tratar de salvar a su hermano.

Shun extendió los brazos a sus costados y junta sus piernas, las cadenas comienzan a extenderse formando un espiral alrededor de sus brazos y luego repentinamente el espiral se ciñe sobre toda la humanidad del santo, presionándolo fuertemente y aumentando la presión a cada momento. Finalmente las cadenas de Andrómeda rasgan sus carnes y quiebran sus huesos, hasta dejarlo sin vida.

Finalmente la tormenta desaparece.

—¡No…Shun! —grita Ikki mientras se arrodilla al suelo con desazón y su rostro envuelto en llanto.

El cuerpo sin vida de Shun comienza a manifestar el alma de Hades, que intenta huir de su huésped, en ese momento Atenea eleva su cosmos, destapa el ánfora y la levanta por sobre su cabeza, una extraña conexión se genera entre los cosmos de los dioses, que termina arrastrando el espíritu del dios adentro del ánfora, la cual es tapada y sellada por la diosa. Los santos se acercan al cuerpo sin vida de Shun, todos tenían sus rostros llenos de lágrimas.

—Hermano, demostraste una valentía y un poder excepcional, gracias a ti hemos superado a Hades… —dijo Ikki.

—Shun, tú nos amas tanto que has dado tu vida… —tercia Hyoga—. Para que tengamos una oportunidad…

—¡Gracias amigo, no dejaremos que tu muerte sea en vano! —manifiesta Shiryu.

—Te prometo Shun que derrotaré a Zeus en tu nombre… —susurra Seiya.

—Shun ha demostrado la fortaleza del corazón humano, algo que los olímpicos jamás podrán comprender y eso es a lo que tanto temen…la determinación, el coraje y la bondad que Shun nos ha enseñado hoy, son las claves de la victoria de esta guerra… —susurra Atenea mientras unas lágrimas de sangre recorren sus mejillas.

Mientras la tristeza había manchado a fuego el devenir de la guerra, puede manifestarse unos cosmos, que brillaban con un color violeta.

—¡Esos cosmos son de…! —dijo Seiya mientras se secaba las lágrimas.

En ese instante los atenienses levantan la vista y observan algo asombroso, los santos de bronce, plata y oro muertos de esta era habían resucitado, todos portaban sapuris.

—Entonces esto era lo que significaba cuando dijiste que nos darías esperanzas…Shun… —musita Atenea con una gran congoja.

—Shun no solamente pudo retomar el control de su cuerpo y engañar a Hades, sino que además fue capaz de manipular sus poderes divinos… —acota Shiryu.

—Entonces Shun… —murmura Daidalos—. Has sacrificado tu vida para darnos la victoria, cumpliendo así tu destino de Andrómeda… —se secaba las lágrimas con desazón mientras observaba la sapuris de Cefeo que vestía su cuerpo—. Has levantado al ejército de Atenea, durante doce horas tenemos la ventaja.

—¡Andrómeda, tu sacrificio no será en vano! —exclamó Aioros apretando su puño—. Shun de Andrómeda ha dado su vida para encarcelar a Hades y además ha usado el poder del dios del Inframundo para darnos una vida temporaria, expulsando nuestras almas del Tártaro, al que habían sido confinadas…

—¡Haced que estas doce horas que nos ha dado Andrómeda valgan la pena! —exclama Saga.

—Es hora de ir por Zeus… —ordenó Atenea.

La diosa seguida por todos sus santos emprenden su camino rumbo a la cima del Olimpo, un solo guerrero se retrasa momentáneamente.

—Hermano, tú eres un verdadero santo… —susurra Ikki mientras se pone en marcha.

Tras dejar atrás el templo de Plutón, Atenea y su ejército llegan a la zona más oscura de todo el Olimpo, el camino se cortaba abruptamente, mostrando un sombrío universo que lo cubría todo.

—Hemos llegado a la Nube de Oort…más allá de este lugar se encuentran los mares olímpicos y allí el templo de Neptuno, sin embargo es extremadamente difícil atravesar la Nube de Oort, pues se dice que su longitud es de miles de parsec…

—¿Parsec? —pregunta Seiya.

—Es una medida astronómica… —dijo Shiryu—. De longitudes de miles de años luz de distancia.

—Bien, a partir de aquí, llegar al templo de Neptuno dependerá de vuestros cosmos… —exclamó la diosa mirando a su numeroso ejército—. Confió en que podamos encontrarnos en el templo de Neptuno, quienes lleguen estarán preparados para enfrentar la batalla final, a quienes no lo logren…de todas maneras les estaré agradecida por su esfuerzo, su voluntad y su sacrificio, los amo mis queridos santos…

Atenea y sus santos se arrojan al abismo, adentrándose en las profundidades de la Nube de Oort…