Nota de Alfax: Este capítulo es largooo…tiene exactamente 57 páginas de Word, sin contar los comentarios de abajo. Si estás leyendo esto de noche…querrás trasnochar… ¡Suerte!
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13. Sucesos Inesperados
Link se encontraba puliendo su escudo, sentado a la sombra de aquel roble que tanto a él como a la Princesa les gustaba. Y hablando de ella, se encontraba también sentada allí. Estaban descansando tras su clase de Defensa Personal y Tiro con Arco.
Cuando acabó de pulir su escudo, se quitó su gorro verde y se limpió el sudor de la frente. Se quedó mirando su escudo, algo melancólico...
-"Ag...mi espada..."-suspiró, mientras se lamentaba en su mente- "De nada me sirve tener este escudo, si no puedo usarlo junto con una espada..."
Zelda estaba mirándolo y notó que estaba algo decaído. Volvió a centrar su vista en los hermosos jardines que rodeaban al castillo, y le habló seria, sin dirigirle la mirada.
-Link... ¿Hace cuanto que no sales del castillo? La última que saliste de aquí un día completo, fue durante el festival. Y de eso hace ya más de un mes...
Link se quedó confuso por aquella pregunta, pero simplemente le respondió.
-No importa, majestad. Me basta con pasear por la Ciudadela algunas veces y reunirme de vez en cuando con mis amigos de la ciudad. Además, también suelo quedar por las noches con "el grupo" en su sala común. Así que no se preocupe, ¡Nunca me aburro! -le respondió sinceramente.
-Ya...-no estaba muy convencida- ¿Y Ordon? -aquello sorprendió mucho a Link- Desde que empezaste a trabajar para mí, no has podido visitar tu aldea. Auru, Valenzuela y otros muchos han tenido tiempo de visitar a sus familias o de salir un par de días de la ciudad. Pero tú...los únicos días libres que me pediste fueron durante el festival... -le reprochó seria.
-¿Eh? -no entendía a donde quería llegar.
-Link, creo que va siendo hora de que regreses allí...-aquello asustó un poco a Link- Te quiero ver hoy mismo de camino a allí, aunque tengas que cabalgar toda la noche -le dijo seriamente.
-¿Se puede saber porque me pide eso? -le preguntó al notar su extraño comportamiento.
-¿Pedir? ¡Esto es una orden! -le habló autoritariamente- No te quiero ver por el castillo hasta dentro de una semana. Además te ordeno nuevamente que vuelvas a Ordon por unos días desde hoy. Seguro que allí te echan en falta... -le dijo de nuevo seria, mientras se levantaba para marcharse.
-¡Pero majestad...! -se calló, y se resignó al acordarse de lo mucho que detestaba que se pusiera "pesadito"- Está bien...si eso es lo que deseáis, lo haré... -le dijo decaído, para luego marcharse a recoger un par de cosas para su viaje.
Zelda se quedó de pie con los brazos cruzados, sin voltearse para mirarlo. Su actitud parecía mostrar que no se arrepentía de su decisión...
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Zelda se encontraba sentada con semblante serio en la mesa de su comedor, recién acabada de almorzar. Anabel estaba recogiendo sus platos, y mientras lo hacía conversaba con ella.
-¡Cómo se nota la ausencia de su guardaespaldas! ¿Verdad, majestad? -le comentó divertida.
La princesa no le respondió, y Anabel se disgustó un poco.
-Ayer se fue a Ordon, aún sabiendo que llegaría aproximadamente al amanecer... -le comentó- Anthony y yo estábamos charlando en los jardines, cuando os oímos hablar sobre vuestra decisión de enviarlo a Ordon y darle una semana libre. ¿Por qué lo hizo? -le preguntó con interés.
-Como si tú no lo supieras...-le contestó sin ganas.
-¿Qué? -su respuesta la había dejado confusa.
-No intentes disimular, lo sé todo -le habló franca- Hace unos días pasé cerca de vuestra sala común…oí que vosotros y los demás amigos de Link habíais planeado desde hacía unas semanas una fiesta sorpresa en Ordon, por su cumpleaños. Lo único que os quedaba resolver era que yo lo dejara irse...-le dijo seria- ¿Es por eso que tú y tus amigos me pedisteis algunos días libres, no? Era para ir a Ordon y poder asistir a la celebración, para ayudar a preparar la fiesta. Os vais dentro de un rato, ¿Cierto? -siguió hablando sin dejar de mostrar su semblante neutro.
-Vaya...no sabía que vos lo supierais...-dijo asombrada- Pero aún así... ¿Por qué fuisteis tan dura con él?
-¡Ah, claro! Preferías que le dijera: "Link, te concedo unos días libres para que vayas a celebrar tu cumpleaños con tus amigos en Ordon ¡Anda, vete lo antes posible! ¡Creo que tu fiesta va a ser espectacular!"-le contestó irónica- Venga ya...esa era la única forma de que me hiciera caso, y fuera a Ordon si cuestionármelo. Sé que hice que probablemente tuviera que viajar durante toda la noche y lo que quedaba de tarde de ayer, pero así tendría un día más para descansar antes de su cumpleaños, que es mañana. Además...no sé hacer las cosas de otro modo, por lo menos sé que así tendría que obedecerme...-le explicó algo arrepentida.
-Oh...-su explicación la dejó sin palabras- ¿Y usted no irá a la celebración? Para él, vos sois muy importante, os considera una gran amiga...seguro que le haría mucha ilusión que estuvierais con él en Ordon, además de llevarse una grata sorpresa -le sugirió sin más.
-¿Cómo? -preguntó sorprendida- Anabel...no puedo, y aún así, sabes que tengo prohibido salir de la Provincia de Lanayru -le contestó seria.
-Majestad, si salierais hoy de la Ciudadela, llegaríais por la mañana a Ordon. Con algo de suerte, si regresarais al día siguiente de su cumpleaños, llegaríais a la Ciudadela esa misma noche o antes de que comenzara vuestra jornada del lunes. Nadie se daría cuenta... -intentó razonar con ella- Y respecto a lo no poder salir de la provincia...usted ya no es la niña rebelde que solía escaparse del castillo en cuanto tenía la oportunidad. No sé por qué los Ministros siguen manteniendo esa prohibición sobre usted, si saben que vos sois una adulta madura y responsable.
-¿Y que quieres que haga? -le preguntó sin ganas.
-¿No era usted la que hacía lo que quería y cuando quería; la que se escapaba del castillo con facilidad; volvía locos a todos con sus travesuras cuando era pequeña; y la que cuando se le metía algo en la cabeza, era imposible quitárselo? -le respondió con una pregunta- ¿Acaso a olvidado su rebeldía innata? Puede que "ciertas circunstancias" le hicieran cambiar drásticamente, pero sé que aún conserva parte de ese espíritu indomable. ¡Rompa las normas por una vez, hace muchísimo que no lo hace! -le animó Anabel.
-Anabel...-aquello la impresionó, y se quedó sin saber que hacer.
La sirvienta terminó de recogerlo todo, y se dispuso a marcharse. Pero antes de irse, le dijo algo, sin voltearse para mirarla.
-Alteza, esta mañana llegó un paquete para vos, procedente de la colonia asentada en las montañas más allá de las provincias del reino. Creo que a usted le interesaba mucho ese envío... -le dijo misteriosa- Esta tarde, Telma, la tabernera amiga de Link, partirá a Ordon en su carromato. Si cambia de opinión, podría pedirle que la lleve hasta allí, pero no tarde demasiado en decidirse...-y se marchó finalmente.
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Una mujer con una capa negra y portando un paquete, caminaba por las calles de la Ciudadela. La princesa buscaba el lugar donde supuestamente estaría Telma preparándose para su viaje. La encontró en el callejón donde se ubicaba su taberna, preparando a su caballo para el viaje. A su lado, estaba también su gata, y esta fue la que se percató de la presencia de Zelda. La gata se acercó a ella, con desconfianza, y comenzó a observarla y a olisquearla. Tras unos instantes, la gata se relajó, pareció que no la consideraba una amenaza.
-¿Qué pasa, mi querida Louise? -le preguntó a su gata mientras aseguraba las amarras de su caballo al carro- ¿A quién has...? -la mujer se volteó, y se quedó quieta observando a la joven encapuchada- ¿Quién eres? -le preguntó con desconfianza.
-Esto... ¿Usted se está preparando para ir a Ordon, no es así? -le preguntó, no sabía que decirle.
-Sí... ¿Por qué lo pregunta? -le respondió sospechando.
-Pues...-se quitó la capucha, y reveló su rostro- ¿Le importaría llevar a un pasajero más en su carromato?
-¡Vaya, pero si es la Princesa! -exclamó divertida, a la vez que un poco asombrada-¿Acaso usted va también a la fiesta sorpresa de Link? -le preguntó animada.
-Bueno...sí -le respondió indecisa- Mi sirvienta Anabel me informó de que usted partiría por la tarde a dicha aldea, y me preguntaba si no sería mucha molestia que...
-¡Por supuesto que no! ¡Esperé un rato más por usted, porque ella me dijo que quizás vendríais a mí a pedirme ese favor! -le explicó animada- ¡Anda, suba! ¡Nos queda un largo camino que recorrer! ¡No podemos llegar tarde! -le pidió que subiera, mientras ella lo hacía y su gata también subía- Por cierto, ¿Le gusta el café? Porque vamos a tener una noche bastante larga...
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Iban de noche por los campos de la Pradera de Hyrule, conversando mientras avanzaban hacia su destino. Zelda estaba disfrutando de una taza de café, por cortesía de Telma, mientras esta charlaba con ella y su gata se acurrucaba en el regazo de la princesa. Aunque aquella conversación la entretenía bastante, debía reconocer que esa mujer hablaba "hasta por los codos"...
-Bueno, majestad... ¿Es la primera vez que va a Ordon y a la Provincia de Latoan? -le preguntó mientras conducía- ¡Es bastante pintoresco! Una pequeña aldea rodeada de montañas, bosques y campos... ¡No se parece en nada a la Ciudadela! Sólo he ido un par de veces, pero he de decirle que es un excelente lugar para relajarse y huir del bullicio de la ciudad. ¡Aunque yo no me quedaría a vivir allí, sería muy aburrido! Pero como residencia de vacaciones estaría bien...-expresó animada.
-Pues sí, la verdad es que es la primera vez que voy a la Provincia de Latoan. Link me ha contado cosas sobre su hogar, pero desde siempre he tenido curiosidad por saber cómo es…-le respondió serena.
-¡Pronto lo verá! ¡Ordon va ha estar más animado que nunca! –exclamó alegre- Por cierto…¿Es mi impresión, o lo que usted lleva ahí detrás es un regalo para Link? –le preguntó curiosa.
Detrás de donde estaban sentadas ellas, dentro del carromato, había un paquete alargado envuelto en papel marrón atado por unas finas cuerdas.
-Eh…sí…-le contestó- Es algo que Link echaba en falta desde hacía tiempo, y decidí…-continuó hablando, y así durante toda la noche.
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-¡Mire allí, estamos a punto de entrar en la Provincia de Latoan! –exclamó Telma señalando lo que tenían delante.
Habían cruzado la Pradera de Hyrule y avanzado por el camino que atravesaba los bosques de la región de Farone. Ahora se encontraban enfrente del precipicio que separaba la región de Latoan, de la Provincia de Farone. Delante de ellas tenían el puente colgante que las llevaría a Ordon.
Lo cruzaron, aunque Zelda lo pasó mal al hacerlo. Aunque el puente era bastante resistente para los materiales con los que estaba construido, y el carromato tenía el tamaño justo para pasar, ver el enorme abismo que había bajo sus pies…le ponía nerviosa.
Pasaron al lado de la Fuente de Latoan, al igual que habían hecho con la Fuente de Farone. Ambas fuentes le parecían hermosas a Zelda. Estas estaban al aire libre, no como la fuente del Espíritu de la Luz Lanayru.
Más tarde, ya amaneciendo, pasaron cerca de una casa que se encontraba apartada del resto de casas de la aldea.
-Qué extraño… ¿A quién pertenece esta casa? Aún nos quedan unos minutos para llegar al pueblo…-le preguntó a Telma.
-¡Es curioso que le haya llamado la atención precisamente esta casa! ¡No es otra que la antigua residencia de nuestro querido Link! Aunque sigue perteneciéndole, nadie en el pueblo quiere usarla. Podría decirse que es "la residencia de vacaciones" de Link –le explicó animada.
Zelda se quedó observando la casa, mientras seguían avanzando hasta Ordon…
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Poco más tarde, llegaron por fin a Ordon. Los rayos del sol mañanero iluminaban poco a poco la tranquila aldea.
Telma atravesó toda la aldea sin hacer demasiado ruido, todavía no quería despertarlos. Fueron hacia los pastos del ganado de la aldea, y allí las puertas del rancho estaban abiertas. Continuaron hasta el establo, y Telma aparcó su carro por fuera. Dentro, vieron a un gran número de cabras ordonianas descansando en los establos. También estaban los caballos de Ashei y Shad; el Bullbo de Auru; y algunos caballos más, quizás alquilados para tirar de los otros carromatos que había fuera.
-Majestad, ¿Está usted cansada? –le preguntó- Porque durante todo el día nos vamos a dedicar a preparar la fiesta sorpresa de Link, junto con los demás. Rusl, una de las personas de mayor confianza del chico, se lo llevó ayer a los Bosques de Farone con la excusa de que tenían que exterminar algunos monstruos que estaban incordiando en el pueblo, y habrán acampado anoche allí. ¡Pobrecito, obligarle a trabajar el día de su cumpleaños! ¡Ja, ja, ja! ¡Pero así es como lo habíamos planeado, si llegaba antes de lo previsto! –le explicó divertida- Volverán por la tarde, así que tenemos que acabar de prepararlo todo antes de eso.
-Estoy algo cansada, pero no es nada. ¡Con el café que usted preparó, podré aguantar todo el día! –le respondió animada.
-¡Entonces vamos! ¡Hay que despertarlos a todos! –expresó con entusiasmo.
Volvieron a caminar hacia Ordon, y tras un rato, llegaron a la aldea. La gata de Telma fue hacia la casa-tienda de Hanch y Otilia, y se puso a maullar desde la entrada. El gato de la familia salió por la puerta para gatos, algo somnoliento. Cuando vio a la gata, se alegró mucho y la saludó. Después, parecieron mantener una pequeña conversación, y el gato entró de nuevo a la casa. Tras un rato, se oyó un alboroto dentro de ella, y Telma se echó a reír. De repente, el gato salió disparado de la casa, perseguido por un hombrecillo, era el cartero Calzoni.
-¡Maldito gato! ¡Cómo te coja…! –dijo el cartero que corría a una velocidad impresionante, y se aquejaba de un arañazo en su cara.
-¡Deja a mi gato en paz! ¡Cómo le hagas algo, esta noche después de la fiesta te quedas a dormir fuera! –le gritó enfadada Otilia, mientras salía corriendo a perseguir al cartero, aunque él era mucho más rápido.
Mientras tanto, en el portal de la casa, estaban Hanch y su hija Beth, observando el "espectáculo".
-Papá… ¿Por qué mamá está persiguiendo al cartero? –le preguntó la niña a su padre, aún con sueño y en pijama.
-No lo sé, hija…-le respondió igual- Tu madre se vuelve loca cuando se trata de ese gato…-le dijo sin poder creérselo, aunque estaba acostumbrado.
Aquel escándalo fue despertando gradualmente a todos los habitantes de Ordon. De la casa de Braulio; salieron los amigos que trabajaban con Link en el castillo, Palomo, y él.
De la casa de Rusl y Uli; salieron Colin, Ashei, Shad, Auru, y Uli con su hija pequeña en brazos.
De la casa de Sancho y Petra; salieron ellos dos, sus hijos, Renado y su hija, Don Mechas, y la señora Impaz.
Y por último, de la casa del alcalde; salieron Bono y su hija, Gorleone y el líder de la tribu Goron, y Ralis.
Todos los que estaban allí estaban para agradecerle lo mucho que Link había hecho por ellos, y para demostrarle su amistad. Hasta Ralis había venido hasta allí, y eso que la Región de los Zoras estaba en la otra punta del reino.
Cuando todos salieron de las casas, y se pudo fin a ese "espectáculo", Telma alzó la voz para que aquellos "dormilones" espabilaran.
-¡Ey, atendedme! ¡Por fin ha llegado vuestra Telma! ¿Es que no vais a saludarme? –le dijo animada y con algo de narcisismo a los presentes.
Todos se volvieron hacia ella, y se espabilaron. Se acercaron a ella, y a su acompañante, y Telma volvió a hablarles.
-¡Buenos días, "dormilones"! –les saludó a todos- ¡Estáis tan atontados que no os habéis dado cuenta de quién ha venido conmigo! –les dijo llamando su atención.
Todos se fijaron en su acompañante, y se sorprendieron mucho, menos Anabel que ya se lo había imaginado.
-¡Cuánto me alegra que al final haya decidido venir! –le dijo contenta- ¡Link se alegrará de ver a todos sus amigos! ¡Será una gran sorpresa para él!
Los demás aún seguían un poco impactados por su presencia, sobre todo los trabajadores del castillo, que conocían la prohibición a la que debía obedecer la princesa.
-¡Dejad de poner esas caras de sorpresa! ¡Lo que importa ahora es ponernos a preparar la fiesta para Link! ¡Qué es dentro unas horas, y hay mucho qué hacer! –les recordó a todos.
-¡Es cierto! –exclamó entusiasmado Bono- ¡Ilia! ¡Lleva a dentro esos dos paquetes que llevan Telma y la Princesa! ¡Ponlos junto a los demás regalos y vuelve enseguida! –le ordenó a su hija- ¡Y los demás, ya sabéis lo que tenéis que hacer! ¡Tenemos que tenerlo todo listo para cuando Rusl vuelva con el muchacho! ¡Manos a la obra! –animó a los presentes, y estos le siguieron.
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Todos trabajaban conjuntamente para tenerlo todo listo a tiempo. Bono supervisaba y dirigía; Uli, Telma, Hanch, Petra, Anabel y Francis hacían la comida; Palomo se encargaba de la iluminación, para cuando se hiciera de noche; Don Mechas estaba haciendo algo en las afueras del poblado, en el rancho, pero nadie sabía lo que era; Goro Kong colocaba las mesas y llevaba los objetos más pesados; Anthony, Salomón y Brunilda se encargaban de que todo estuviera organizado y tuvieran buen aspecto; los ancianos y los niños, ayudaban en donde los necesitaran; Calzoni llevaba de un lado a otro multitud de cosas que le pedían; y por último, los que quedaban decoraban y ponían las mesas.
Mientras ambos colocaban algunos adornos, Zelda le quiso preguntar a Ralis cuando había llegado a Ordon.
-Ralis, ¿Cuándo llegaste hasta aquí? Tengo entendido que se tardan casi tres días en llegar desde la Región de los Zoras hasta Ordon –le preguntó la princesa al rey Zora.
-Eso si vais por tierra… ¿Acaso os habéis olvidado que soy un Zora? Vine nadando desde río arriba, separándome del río principal, y yendo por los numerosos afluentes en los que se divide. Hay varios que pasan por los Bosques de Farone y la Provincia de Latoan. Cerca de aquí hay uno de ellos, y menos mal, porque los demás estaban en el fondo de profundos barrancos y me hubiera sido imposible escalar ese relieve –le explicó- Nadando desde el Dominio Zora hasta aquí sólo se tarda algo más de medio día, porque la corriente también ayuda bastante. Salí ayer por la mañana temprano de mis tierras, y llegué aquí por la tarde. Aunque creo que para el viaje de vuelta, me llevará más de tiempo regresar, por el simple hecho de la corriente del río.
-¿Y no te obligaron llevar a ningún escolta contigo? –le preguntó de nuevo.
-No era necesario, y no quería molestar a nadie por un viaje no oficial. Además, soy el rey del Río Zora, no supone ningún peligro para mí y tampoco el lugar a donde iba.
-¿Y cómo te enteraste de la fiesta que le harían a Link?
-Pues…-se ruborizó un poco de repente- Le mando a Ilia una carta cada dos semanas, y ella me las responde. Hace dos semanas, me escribió contándome que todos los amigos de Link habían planeado hacerle una fiesta sorpresa por su cumpleaños, y me pidió que viniera también…–le explicó.
-¡Ey, Ralis! Si no estás muy ocupado, ¿Te importaría ayudarme a llevar esta caja con cubertería y platos? ¡Pesa una barbaridad! –le pidió Ilia desde la distancia, cargando un pesada caja de madera.
-¡Ya voy! ¡Ten cuidado, o te harás daño! –y salió corriendo a ayudarla.
Zelda se quedó mirándolo, y le pareció divertida su actitud hacia la chica.
-"Es curioso como se repite la Historia…" –pensó- "Primero la Reina Ruto IV con aquel misterioso hyliano, y ahora Ralis con esa muchacha...me parece que Ralis está demasiado encariñado con esa joven ¡Qué gracioso! Pero en fin, el tiempo dirá lo que pasará…aún sigue siendo un simple enamoramiento de un niño de 13 años hacia una chica de 18 años"
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Y así continuaron preparando la fiesta, hasta que llegó la tarde. Todos se prepararon y escondieron para cuando Rusl trajera de vuelta a Link. Tras un rato, los oyeron acercarse…
-No sé para que me llevaste ayer a los Bosques de Farone, hemos perdido el tiempo… Te dije que estaba cansado, y lo único que hicimos al final fue acabar con algunos Bokoblins, Deku Babas, Baba Serpents, Walltulas, Keeses, Tektites, cuatro Skulltulas y tres Kargarocs. Y encima fuimos nosotros los que los provocamos, no como lo que me dijiste, que un grupo de monstruos había estado molestando a la aldea. Tuviste suerte que me trajera a Ordon mi arco y el carcaj lleno de flechas, porque si no lo hubiéramos pasado mal…-le dijo molesto mientras iba montado en Epona.
-¡¿Pero de qué te quejas? –le dijo divertido, caminando a su lado- ¡Ayer te pasaste durmiendo toda la mañana, al igual que Epona! ¡Y anoche dormiste como un tronco! ¡No puedes decirme que no tengas las energías renovadas después de nuestra "excursión"!
-Ya…-dijo algo decaído- Si no hubiera sido por…
-¡Sorpresa! –gritaron todos los amigos del muchacho, que lo esperaban en la entrada a la aldea.
Epona se sorprendió y se alzó sobre sus patas traseras por el susto. Link no se lo esperaba tampoco, y no le dio tiempo a agarrarse bien a las riendas de su montura, cayendo al suelo bruscamente.
-¡Ugh! –exclamaron todos, habían sentido también el duro golpe.
Link se quedó tirado en el suelo por un momento, y luego se sentó, dolorido.
-Ag…-se quejaba de su espalda, pero luego miró al frente- ¡¿Pero qué…? –exclamó sorprendido.
-Lo sentimos, Link, no era nuestra intención que te lastimaras… –se disculpó Rusl de parte de todos, ayudándolo a levantarse.
-Pero… ¿Qué hace tanta gente aquí? –les preguntó confuso mientras se limpiaba el polvo de sus ropas verdes.
-¡Feliz cumpleaños! –exclamaron todos de nuevo, después del susto inicial.
-¿Mi…cumpleaños? –se quedó dudando- Pero… ¿No era mañana?
-¡Ja, ja, ja! ¡Pero que despistado eres! –se rió Rusl- ¡Te mentí ayer sobre el día que era, puesto que tú estabas tan adormilado que no te acordabas ni de en que día vivías! ¡Y encima terminaste por creértelo! ¡Ja ,ja, ja!
-¡¿Qué? –exclamó incrédulo- ¿Por eso me hiciste acompañarte a los Bosques de Farone? ¿Para prepararme todo esto en secreto?
-¡Sí, fue lo primero que se me ocurrió! –le respondió divertido- No nos esperábamos que llegaras ayer, así que tuve que inventarme una excusa porque los demás vendrían por la tarde o por la noche –le explicó- Siento haberte hecho pasar el día de ayer buscando monstruos que no existían…-se disculpó mientras le ponía una mano en el hombro.
-¡Pero anímate, todos tus amigos estamos aquí hoy para celebrar tu cumpleaños! –le habló animada Telma.
Todos se lanzaron a felicitarlo personalmente, Link se sentía abrumado. Luego, lo elevaron y lo fueron llevando por toda la aldea hasta donde estaban las mesas. Lo soltaron cerca de allí, y él pudo ver todo lo que habían hecho. La decoración, las mesas, la comida…todo estaba impresionante. A Link se le saltó una lágrima de la emoción y un poco de la vergüenza que le daba que todos estuvieran allí centrados en él.
-Muchas gracias a todos…de verdad os lo agradezco…-les agradeció a todos- Es una suerte que la Princesa me diera una semana libre para poder venir aquí…-les confesó algo decaído, a la vez que agradecido.
-¿Suerte? ¡Pero si te ordené que vinieras! –le contestó alguien desde la multitud.
La Princesa salió de entre la multitud, sorprendiendo enormemente a Link.
-¡Ma-majestad! ¿Pero qué hace aquí? –le preguntó sorprendido, acercándose corriendo a ella.
-Bueno, rompí las normas y vine hasta aquí para asistir y ayudar en tu fiesta. Para ello le pedí a tu amiga Telma que me trajera hasta aquí, y por ahora Ordon me está pareciendo un lugar fantástico –le habló serena.
-Vaya… ¿Y usted sabía desde el principio todo esto? ¿Por eso me ordenó me fuera a Ordon? –le preguntó impresionado.
-Sí…y siento mucho haber sido tan brusca contigo. Pero era la única forma de que llegaras con tiempo a Ordon sin que sospecharas de nada…-se disculpó sinceramente- ¡Aunque nunca planeé que te obligaran ir a los bosques a exterminar bestias inexistentes! –le confesó divertida.
-¡Hey, dejémonos de parloteo! ¡Vamos a comer! –exclamó Braulio, seguido por todos los demás.
Todos se amontonaron alrededor de las mesas, donde había montones de platos variados para picar. La Princesa miraba curiosa los platos de comida, dado que cuando los colocó estaban tapados para que la comida no fuera atacada por insectos o que perdiera sus cualidades. Todos los platos estaban hechos con ingredientes típicos de Ordon. Le parecería increíble que tuvieran una gastronomía tan variada. Productos que le proporcionaban las cabras, como carne y diversos derivados lácteos; hortalizas, principalmente sus famosas calabazas ordonianas; gallinas y huevos; alguna pieza de caza; dos especies de peces, el Agalla Verde y el Siluro de Ordon; algunos frutos y hongos silvestres; y algo que le llamó bastante la atención...
-¡Uhm, no está nada mal! -exclamó sorprendida Zelda, estaba comiendo algo rebozado y de interior blando- ¿Qué es? -le preguntó a Otilia, que la tenía al lado.
-¡Oh, eso! Son larvas de abejas hylianas, rebosadas en pan rallado y especiado. Nosotros en Ordon lo utilizamos todo; incluyendo las larvas, la cera y la miel que nos dan esas agresivas abejas. Crudas no saben demasiado bien, ¡Pero cocinadas están de rechupete! -le contestó animada la mujer.
-¿La-larvas? -se quedó mirando con repelús el trozo de "croqueta" que le quedaba- Bueno...cosas más raras me ha servido Francis, sobre todo por esos caracoles...-se quedó pensando, y luego siguió comiendo gustosa.
Después siguió pasando por otras mesas, probándolo todo, y llegó a una en la que había un plato curioso.
-¿Siluro de Ordon? Pensé que este pez no tenía buen sabor, y por eso no es muy apreciado entre los pescadores -le comentó a Petra; al ver ese pescado frito, especiado, con una salsa de queso por encima, y atravesado por un palo.
-¡Ju, ju, ju! ¡Eso pasa porque no saben cocinarlo bien! -se rió alegre Petra- En Ordon... ¡No podemos malgastar nada, por eso hemos aprendido a comer lo que esté a nuestro alcance! ¡Por supuesto también hemos aprendido diversas formas de cocinar lo que tenemos! -exclamó la mujer.
-Vaya...espero que Francis esté tomando nota de esto...-expresó asombrada, todo lo que había probado hasta ahora le había gustado, como estaba haciendo con ese pez.
-¡"J´ai déjà fait, majesté"! -le gritó desde la distancia Francis, en su idioma- ¿Pensaba que dejaría pasar la oportunidad de ampliar mis conocimientos "culinaires"?
Una gota de sudor le recorrió la cara a Zelda, tenía a un cocinero de lo más particular...
Y así continuó, aunque también necesitó tomar un par de tazas del café de Telma, no había dormido desde que salió de la Ciudadela.
-¡Link! ¡Le tienes que pedir a Telma la receta de este potente café! ¡Me vendría de perlas para mis largas noches en vela, sobre todo las noches antes de las reuniones de gobierno! -le dijo animada a Link, con una taza en la mano. Mientras, Link se reía de fondo.
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Tras pasar por todas las mesas, Zelda estaba descansando en un pequeño banco que había por fuera de la casa de Uli y Rusl, conversando con el matrimonio.
-¿Qué le está pareciendo Ordon, alteza? –le preguntó Uli, mientras miraba a todos los que seguían comiendo alrededor de las mesas.
-Estupendo, pienso que es un agradable lugar para criar a un niño. Seguro a Link le hubiera gustado que sus padres biológicos estuvieran hoy aquí, seguro que eran grandes personas…-dijo algo triste, ella sabía que sus padres habían muerto.
-Eh…-el matrimonio se miró confuso, y Uli volvió a hablar- Nosotros nunca conocimos a los verdaderos padres de Link…-le aclaró algo triste.
-¿Cómo? Yo pensé que ellos vivían también en Ordon, y que tras su muerte, vosotros habíais adoptado a Link –les dijo sorprendida.
-No fue así…nosotros nos encontramos a Link cuando era un bebé… –le explicó con pesar Rusl- Por aquel entonces, nosotros sólo éramos novios. Ambos sólo teníamos 19 años cuando lo encontramos, pero decidimos criarlo nosotros mismos. Años más tarde, nos casamos, y tuvimos a nuestro querido hijo Colin. Y su hermana pequeña Alice, nació durante la Invasión del Crepúsculo.
-¿Y entonces cómo sabéis la fecha exacta de su nacimiento? ¿Acaso es el día en el que os lo encontrasteis? –le preguntó confusa.
El matrimonio volvió a mirarse y parecieron decirse algo con la mirada, a lo cual ambos asintieron.
-Princesa, ¿Querría conocer la historia de Link? –le preguntó Uli de repente.
-Eh…pues…sí –contestó finalmente.
-Pues pase adentro, quisiéramos contársela en privado…-le dijo misteriosamente, mientras la pareja se levantaba para entrar a su casa.
La princesa les siguió entró también en la casa, y vio que era bastante humilde. Se sentó en el sillón de aquel salón, al igual que ellos dos. Se fijó en las paredes de la casa, y en ella vio un dibujo bastante tierno de la familia de Rusl y Uli.
-Su hijo Colin es bastante bueno dibujando. Os a dibujado a todos cogidos de la mano…me parece muy conmovedor –les dijo sincera.
Ambos miraron el dibujo y luego se echaron a reír, Zelda no entendía el por qué.
-¡Ja, ja, ja! ¡Ese dibujo no lo hizo nuestro hijo Colin! ¡El niño más pequeño que hay ahí no es nuestra Alice, sino Iván cuando era más pequeño! ¡Y el niño más grande no es otro que Link, él fue quién hizo el dibujo cuando era pequeño! –le aclaró alegre el hombre.
-¡Oh, vaya…! –aquello le impactó bastante, a la vez que le hizo mostrar un sonrisa- Pero…¿Por qué Link se dibujó con las orejas redondas, como un humano? –aquel detalle le extraño, aunque quizás sólo hubiera sido un despiste.
-Pues…porque desde siempre Link tuvo un gran complejo…con sus orejas –le confesó decaído Uli- Siempre se sintió extraño, porque nadie en el pueblo aparte de él era un hylian. Entre eso, y todo lo demás…
-¿Acaso Link tuvo algún problema durante su niñez? –le preguntó con interés, a la vez que con preocupación.
-Antes de contarle nada sobre los años posteriores después de encontrarle… ¿No habíamos quedado en contarle cómo lo encontramos? –le recordó Rusl, haciendo que Zelda prestara atención a su historia.
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"Se había desatado una gran tormenta aquel día, aún lo recuerdo como si fuera ayer...
Bono y yo estábamos en las partes más altas de Ordon, intentando en crear una presa improvisada para que el río que discurría cerca del pueblo y parte de él lo atravesaba con un pequeño riachuelo, no se desbordara. Mientras, los demás estaban levantando un muro de contención en el pueblo, además de proteger sus casas y a los animales. Nosotros estábamos cortando algunos árboles, con mucha dificultad por culpa de la lluvia y el viento. Hacía mucho frío, y nuestros músculos estaban entumecidos.
-¡Rusl, haz un último esfuerzo! ¡No podemos dejar que el río inunde el poblado! –me animó a continuar Bono.
-¡Ya lo sé! ¡Pero estamos cansados, mojados, embarrados, y con el frío calándonos hasta los huesos! ¡No sé cuánto tiempo más aguantaremos! –le dije mientras intentaba empujar con todas mis fuerzas un árbol hacia el río.
Logramos tirarlo, al igual que con otros. Cuando acabamos la presa, quisimos volver rápido al pueblo tras comprobarla. Sin embargo, oí un extraño ruido procedente del río que acabábamos de desviar. Miré hacia el caudal, y vi algo que flotaba y brillaba con una tenue luz.
Oí de nuevo ese ruido, y me di cuenta de que era el llanto de un bebé. Me tiré al río a rescatar la cesta donde estaba aquel niño y Bono me llamó de todo menos cuerdo por mi decisión. Sabía que era una locura, pero no podía dejarlo ahí. Cuando logré cogerlo, Bono me ayudó a volver a la orilla gracias a una cuerda. Cuando salí del agua, miré el estado del chiquillo. Estaba llorando intensamente, completamente empapado y tiritando de frío. Tenía que llevarlo cuanto antes a la aldea, o cogería una hipotermia.
Lo que más me llamó la atención del chico no fueron sus orejas, sino el extraño y brillante símbolo triangular que tenía grabado en la mano izquierda, y que gracias a su brillo pude salvarle. Al parecer, las Diosas lo quisieron así y lo condujeron hasta mí…"
XOXOXOXOXOXOXO
-Vaya…menuda historia…-habló incrédula Zelda.
-Sí, y cuando lo trajimos, pudimos darnos cuenta de un detalle escalofriante…-le contó Uli, algo temerosa.
-¿Cuál? –preguntó con intriga la princesa.
-Pues…que tanto en la cesta donde estaba, como la sábana que lo cubría, habían salpicaduras de sangre…aunque claramente, el agua había borrado o difuminado gran parte de ellas...–le confesó Rusl, serio.
-Eso quiere decir... ¿Qué sus padres podrían haber sido asesinados? -le preguntó con intriga y seria.
-Casi con toda seguridad, pero días más tarde me recorrí toda la provincia y no encontré ningún cuerpo. Aunque sí encontré indicios de una pelea...-le volvió a contar Rusl.
-Pero...hay una cosa que podría desvelarnos algo sobre la difunta familia de Link...-dijo decaída Uli.
-¿Y qué es? -le preguntó con gran interés.
-Precisamente sobre eso querríamos pedirle un favor, si no es mucha molestia...-le comentó Uli de nuevo.
-¿Un favor? -les preguntó confusa.
Uli se levantó, fue hacia un pequeño escritorio, abrió un cajón con una llave que tenía guardada en un bote en lo alto de un estante, y sacó un pequeño estuche de madera. Se acercó de nuevo a ella y se lo entregó. Zelda lo abrió y comprobó su interior. Dentro, tapado con un fino pañuelo de tela blanco, había una cadena dorada muy deteriorada, con un medallón unido a ella con algo grabado, aunque era imposible saber que era.
-¿Qué es esto? -le preguntó de nuevo confusa.
-No lo sabemos, lo encontramos varios meses después de acoger a Link, en el fondo del cauce del riachuelo que pasa atravesando la aldea. Creemos que podría pertenecerle, dado que por detrás de la placa venía inscrito su nombre y la fecha de su nacimiento, aunque es difuso -le explicó Uli.
Zelda miró por detrás del medallón, y vio que lo que decían era cierto. Aunque no se podía apreciar demasiado, podía verse el nombre "Link" y una fecha de nacimiento. Las herramientas con las que se había hecho aquella inscripción no parecían ser propias del trabajo de un artesano para ese tipo de material, sino que se hizo con un cuchillo o una navaja, aunque estaba muy bien hecho.
-Pero...si encontrasteis esto meses más tarde... ¿Cómo sabéis que era de él? -le preguntó curiosa
-Porque en la sábana que lo cubría, estaba bordado su nombre. Y el nombre de muchacho no es muy común...-le respondió tranquila Uli.
-¿Y qué queréis que haga con esto? -les preguntó a la pareja.
-¿Veis el dibujo que hay por la cara opuesta del medallón, ese que está prácticamente borrado? Creemos que podría ser un emblema que lo relacionara con su familia biológica, pero restaurarlo sería muy difícil y costoso. Pero...le pedimos que nos ayude a descifrar el grabado del medallón. Seguro que así tendríamos una valiosa pista de quiénes podrían ser sus padres...-le pidió humildemente Rusl, al igual que su esposa- Nunca le hemos hablado a Link de ese medallón, por eso le pedimos que guarde este secreto hasta que descubra algo, no quisiéramos darle falsas esperanzas...
-Uhm...-se quedó pensando, mientras observaba la cadena que tenía en sus manos- Conozco a alguien que podría conseguir restaurar esta cadena y su medallón...pero será un proceso largo y delicado...y no hay muchas garantías de éxito...-les comentó seria Zelda, sin dejar de observar la cadena.
-¡Oh, muchísimas gracias, majestad! ¡No sabe el tiempo que llevamos intentando descubrir el origen de Link! -le agradeció enormemente el matrimonio.
-Bueno...-no sabía que decir- ¿Y cómo fueron los años posteriores después de encontraros a Link? -les preguntó con interés, cambiando de tema.
-Pues...si se refiere a cómo nos fue criando al chico...tuvimos un par de problemas, aunque al final conseguimos superarlos -le contó Rusl.
-¿Qué clase de problemas? -preguntó algo preocupada.
-Pues en primer lugar...su extraña pesadilla que se repetía una y otra vez, hasta que creció...-le contó Rusl.
-Cuando era un bebé, se levantaba llorando a veces sin motivo. No tenía hambre, no había que cambiarlo, ni nada por lo que se suele despertar un bebé normalmente. Con algunos años más, se seguía levantando asustado y llorando, siempre por la misma y extraña pesadilla. Nunca supimos que significaba, pero con el paso de los años fue desapareciendo...-le explicó entristecida Uli- Y en algunas noches también vimos cómo se le iluminaba ese símbolo extraño de su mano, creo que lo llaman Trifuerza...
-Qué extraño...-se quedó pensando Zelda- ¿Y hubo algo más en él que no fuera normal?
-Pues sí, era su extrema timidez y que era muy miedoso -le respondió Uli.
-¿Cómo? -aquello impactó a Zelda- ¿Miedoso? Sé que Link puede llegar a ser algo tímido en ocasiones, pero miedoso...eso jamás me lo habría imaginado.
-Sí, le tenía miedo a todo, hasta de lo más insignificante. Tampoco se relacionaba con la gente de la aldea; más que con nosotros, Bono, y su hija. Y todo eso se agravaba por su enorme problema...-comentó triste Rusl.
-¿Cúal? -preguntó con intriga.
-Que no hablaba. Nada, en absoluto. Era capaz de emitir sonidos por su boca, pero no podía pronunciar palabra alguna. Llegamos a pensar que tal vez sería mudo, pero cuando tenía ocho años, por fin dijo su primera palabra. Aunque la cosa tampoco mejoró mucho después de eso...-le contó Uli, recordando con desánimo.
-¿Por qué?
-Porque descubrimos que era tartamudo. Si nos había costado que hablara, ahora teníamos el problema añadido de su tartamudez. Aquello le avergonzaba muchísimo, y prefería no hablar. Fue uno de sus grandes complejos, junto con sus orejas y su extraño símbolo en la mano -le dijo Rusl.
-¿Y cuando le contasteis a Link que era adoptado? -les preguntó con gran interés, después de todo lo que le habían contado.
-Ag...aún lo recuerdo como si fuera ayer, no fue demasiado agradable para ninguno de nosotros...-suspiró Rusl mientras iba recordando aquel día.
XOXOXOXOXOXOXO
"Era de noche, una noche apacible como lo era normalmente. Link debía tener por aquel entonces nueve años...
Estábamos sentados en la mesa, cenando, pero Link no había tocado la comida en todo el rato que llevábamos ahí. Aquello nos preocupó bastante, dado que Link estaba algo triste y sin decir nada, así que le preguntamos que le pasaba.
-Hijo, no has tocado la comida... ¿Qué te pasa? -le pregunté, por aquel entonces lo llamábamos como si fuera nuestro propio hijo.
-N-na-da...-nos dijo decaído, con su voz de niño, mientras jugaba con sus pulgares.
-No nos mientas, sabemos que algo te pasa...cuéntanoslo -le habló apacible mi mujer, intentando que nos contara lo que le sucedía.
-Por cierto, ¿Por qué llevas ese gorro de lana en la cabeza? Es verano, debes de tener mucho calor en la cabeza con eso puesto -le dije a Link, que llevaba todo el día con ese gorro que mi mujer le había hecho el invierno pasado, y le tapaba toda la cabeza menos la cara.
Link no decía nada, y se quedó así durante un rato. Nos preocupamos, pero tras un rato, un hilillo de voz salió de sus labios...
-Snif...hoy, Li-lia se ha vu-vuel-to a re-reír de m-mis o-ore-jas...-nos habló tartamudeando como siempre, con una lagrimilla en el ojo- M-me dice q-que so-son ra-ra-raras, y m-me pa-parez-co a u-un co-cone-jo... ¡Yo no so-soy u-un co-conejo! -comenzó a lloriquear- ¿Po-por qué so-soy el ú-uni-co qué ti-tiene o-re-jas en pu-punta? Ni Li-lia, ni na-die es co-como yo... ¡Tam-po-co vo-voso-tros! ¡Y soy u-un cobar-de, no co-mo tú, pa-pá! Y... ¿Q-qué es e-este ma-madil-to di-dibujo que ten-go en la ma-no? -estaba reprimiendo sus lágrimas, y al final gritó- ¡S-soy r-raro! ¡To-do en mí es ra-ro! -y rompió a llorar encima de la mesa.
Aquello nos rompió el corazón, no era la primera vez que Link se ponía a llorar por ser diferente al resto por muchas cosas, pero esa vez era sin duda la peor de todas. Ilia solía bromear con sus orejas, pero nunca tenía la intención de herirle, sólo estaba jugando. No pudimos soportarlo más, teníamos que decírselo de una vez. Era mejor que si lo descubría por su cuenta...
-Link...-le dije con gran pesar- Tenemos que contarte algo muy importante...
-Snif...-se limpió las lágrimas, tras esperar a que reaccionara- ¿Q-qué? -nos preguntó, levantando la mirada de la mesa.
-Eh...por las Diosas, ¿Cómo se lo contamos, Rusl? -me preguntó preocupada y nerviosa Uli.
-No lo sé, no es algo que se pueda decir así sin más...-me quejé a mi mujer.
-¿Q-qué que-réis de-decirme? -nos preguntó con interés, habíamos llamado su atención.
-Uhm...-empecé a buscar una forma de contárselo, lo más suave posible- ¿Recuerdas cuando una de las gallinas marrones tuvo hijitos, pero eran tantos que no podía cuidarlos? Le dimos unos cuantos pollitos a una gallina blanca, y aunque estos eran diferentes a sus propios hijos, ella los cuidó como si fueran suyos -le intenté contar una historia que pudiera entender un niño, a modo de preámbulo.
-¿Y qué qui-eres de-cir? -me preguntó curioso.
-Pues que eres como un pollito marrón entre un montón de gallinas blancas...-le aclaró mi mujer, aunque Link no pareció entenderla bien.
-¡¿Co-cómo? -exclamó con espanto- ¡¿Soy u-un cu-cco? ¡E-estáis lo-cos!
-¡No, Link! ¡Eso no era lo que queríamos decirte! ¡Era sólo una metáfora! -intenté calmarlo, a veces nos olvidábamos de su gran inocencia.
-¿En-ton-ces qué e-era? -nos preguntó algo molesto.
-Pues que del mismo modo que la gallina blanca acogió a los pollitos de la otra gallina, que era diferente a ella, nosotros hicimos lo mismo contigo...-le confesó Uli.
-Uhm... ¿Qué? -parecía que seguía sin entendernos.
-Link...nosotros no somos tus verdaderos padres...-le confesé por fin- Al igual que esa gallina, nosotros te acogimos en nuestro hogar...por eso eres diferente a nosotros...-decir aquello me costó muchísimo, y sentí un gran dolor al hacerlo.
-Link, no eres un humano como nosotros...eres un hylian. Son seres de aspecto muy parecido a nosotros, a excepción de sus orejas puntiagudas. No eres raro por tener esas orejas, son propias de tu raza -le explicó serena mi mujer.
Link se quedó callado unos momentos, parecía estar asimilando esa información. Se quitó el gorro, y se agarró las orejas.
-Y...y... ¿Mis pa-pás? ¿Q-qué pa-só con e-ellos? -nos preguntó al fin, como hubiera hecho cualquier niño. Aunque eso fue lo más difícil para nosotros...
-No lo sabemos, pero creemos...que están con las Diosas...-le respondió Uli, era una forma suave de decirle a un niño que sus padres habían muerto.
-¿Co-con las Di-diosas? ¿Co-mo la ma-má de Li-lia? -nos preguntó inocentemente Link.
-Sí, hijo...como la mamá de Ilia...-le afirmé con gran tristeza.
Link se quedó pensativo de nuevo, durante un buen rato. Después de eso, salió de repente caminado pausadamente hacia el segundo dormitorio que poseíamos, y donde él dormía. Cerró de un portazo la puerta, y eso nos preocupó mucho. Intentamos hablar con él, pero no respondía, y había cerrado la puerta con llave.
Así estuvo tres días, sin salir de la habitación. Aunque por las noches lo oíamos salir a hurtadillas de su cuarto y coger uno de los platos de comida que habíamos dejado ahí a propósito para que comiera algo, pero luego salía corriendo de nuevo al dormitorio y cerraba de nuevo la puerta.
Por fin, al cuarto día, mientras nosotros estábamos sentados en este mismo sillón, muy preocupados, salió de su confinamiento.
-¡Link! -exclamamos ambos al verlo salir de su habitación, y salimos corriendo a abrazarlo- ¿Por qué te encerraste en tu cuarto estos últimos días? -le preguntamos preocupados, sin soltarlo.
-Pues...he es-tado pen-san-do...-se quedó pensativo, con la cabeza agachada- ¿Por qué no m-me lo di-jis-teis an-tes? ¿Os da-ba ver-güen-za hacer-lo por mí? -nos habló decaído, sabíamos a lo que se refería.
-¡No, para nada! ¡Estamos muy orgullosos de ti! -tenía que quitarle aquellas absurdas ideas de la cabeza- ¡No lo hicimos porque pensábamos que eso sería malo para ti! ¡Que te llevarías un gran disgusto! Y porque para nosotros era algo muy difícil de confesarte, pensábamos que nuestra relación contigo sería diferente... -le intenté explicar.
-Ah...-se quedó callado- ¿Los de-más hy-hylians ti-enen tam-bi-en es-te dibu-jo ra-ro en la ma-no? -nos preguntó de repente.
-No lo creo, pero se parece mucho al símbolo nacional del país donde vivimos, Hyrule...-le explicó Uli, pero al ver su desilusión, añadió...- Pero no te pongas triste, ese dibujo te hace muy especial... ¡Puedes ser el único niño que presuma de tener una marca de nacimiento tan extraordinaria! Y nosotros te queremos con o sin esa marca...-le habló animada y cariñosamente.
Link se quedó callado un momento, y una lágrima salió de sus ojos. Se lanzó a abrazarnos, aquello nos sorprendió bastante...
-¡Me da igual ser a-dop-tado! -exclamó mientras nos abrazaba- ¡Os qui-ero mu-mucho! ¡Sois los me-jo-res pa-dres del mun-do! ¡Y aho-ra que sé la ver-dad, ya no me sien-to ex-tra-ño! ¡Soy u-un hy-lian! ¡Al-gún di-día sal-dré de Or-don, y bus-ca-ré a otros co-como yo!
Aquello hizo que se nos saltaran las lágrimas de la emoción, todo había salido bien al final.
-¡Sí, y para cuando llegué ese día, te habrás vuelto todo un hombre! ¡Serás el más valiente, y yo te ayudaré a conseguirlo! -le animé mientras le revolvía el pelo.
-¡Y también buscaremos la forma de eliminar tu tartamudez, y que hables como los demás! -le animó también mi mujer, abrazándolo con fuerza.
-¿Mi tar...ta-ta...ta...? -de vez en cuando, se trababa en alguna palabra, y esa era una de ellas.
-Tu tartamudez...-le corregí comprensivamente.
-¡Eso! -exclamó, era mucho más fácil que volver a repetir esa palabra.
Nos reímos, al fin habíamos logrado entendernos, y sabíamos que las cosas irían mejorando desde ese día..."
XOXOXOXOXOXOXO
-Después de aquello, el muchacho empezó a ganar confianza en sí mismo. Con los nacimientos de los demás niños del pueblo, en los años posteriores, su habla fue mejorando. Es más, después de que naciera Beth, pocos meses más tarde de lo ocurrido aquel día, comenzó a dar signos de habla normal. Y para cuando cumplió los 11 años, precisamente aquel año nació nuestro querido hijo Colin, hablaba perfectamente. Le enseñe a manejar la espada y otras técnicas de defensa que me enseño mi padre, que era un soldado que trabajaba en el Castillo de Hyrule -añadió Rusl.
-Tras el nacimiento de nuestro primer hijo, Link comenzó a dejar de llamarnos como si fuéramos sus padres, nos llamaba por nuestros nombres. Decía que no quería confundir a Colin, pues aunque ambos se consideran hermanos, él no quería que pensara que era su hermano de sangre. Aquello nos disgustó un poco...puede que aunque le habíamos dejado las cosas claras a Link, es seguía sintiéndose un poco acomplejado por su condición. Pero nos resultó curioso como empezó a alardear de sus orejas, hasta el punto de colocarse esos pequeños aros azules que adornan sus orejas.
Se quedaron en silencio un momento, hasta que oyeron el alboroto de afuera, y la pareja recordó algo.
-¡Ey, tenemos que salir! ¡Están a punto de darle la tarta a Link! -exclamó Rusl, haciendo que las otras dos mujeres salieran junto a él.
XOXOXOXOXOXOXO
Link estaba sentado en una silla, enfrente de una mesa. Estaba completamente avergonzado, y se tapaba la cara al ver lo que sus amigos traían. Una enorme tarta de cumpleaños, para que todos pudieran comer. Más que un pastel de cumpleaños, parecía una tarta de boda. Tenía veinte velas individuales, una por cada año que tenía.
De pronto, sus amigos comenzaron a cantarle una original canción por su cumpleaños, y eso avergonzó aún más a Link, que sabía que lo estaban haciendo a propósito. Tras superar la vergüenza del momento, sopló las velas tras pensar obligatoriamente en un deseo. Le costó un poco apagarlas todas, pero cuando lo logró, todos se abalanzaron para obtener su porción de pastel.
Link se quedó sentado donde estaba, comiendo su ración. Se le acercó Calzoni, que quería darle algo.
-¡Heeeeyy! ¡Feliz vigésimo cumpleaños! –exclamó alegre, abrazándolo- ¡Yo, en nombre del Servicio Real de Correos, te hago entrega de este obsequio! –le anunció entregándole un pequeño paquete.
Lo abrió, y vio que dentro había un sello personalizado con una elegante "L", y a su lado un bote de tinta verde.
-Es un sello honorario que sólo lo poseen los trabajadores del servicio de correos, algunos personajes de relevancia y máximos dirigentes del gobierno. Me ha costado convencer a la jefa que te entregara uno, pero ha valido la pena. Con este sello, todas las cartas que mandes correrán a cuenta del Estado, y no tendrás que pagar como hasta ahora –le explicó el cartero- ¡Ah, y también tengo algunas cartas para ti, de amigos que no han podido venir hoy aquí! –y le entregó las cartas.
-Muchísimas gracias, Calzoni. No sé como lo haces, pero eres increíble a la hora de repartir las cartas. ¡Y además eres muy rápido! Recuerdo que una vez estuviste a punto de adelantarnos a mí y a Epona mientras íbamos trotando por la Pradera de Hyrule -le agradeció sorprendido.
-¡Por supuesto! ¡Soy el cartero más rápido el reino! ¡Aunque es normal que tarde un par días en recorrerme las distancias entre algunos lugares! ¡Todos los del Servicio Real de Correos me conocen como "Flecha Roja"! ¡Y no es por nada! ¡Además, he ganado las últimas cuatro ediciones de la Maratón Anual de Hyrule, batiendo el último año un nuevo récord! ¡Como me decía mi madre: "Has nacido para correr, pequeña liebre"! -alardeó el hombrecillo- Por suerte, al ser uno de los mejores, puedo permitirme vaguear un poco...de todas formas, a cada cartero se nos asignan una serie de personas a los que les debemos entregar sus cartas y llevar las que ellos manden. Aunque alguna que otra vez me han colado alguna carta que no debía repartir yo...-recordó algo molesto.
Calzoni se marchó tras aquella explicación, dejando paso a los niños de Ordon.
-¡Liiink! ¡Te hemos hecho un mural sobre Ordon! -gritaron los niños mientras le daban el enorme mural.
El mural estaba compuesto por dibujos, algunas fotografías, y cosas relacionadas con Ordon. Aquello estaba bastante bien hecho, y resultaba muy divertido, sobre todo por las fotos. Todos parecían haber colaborado, hasta Alice, que había dejado la marca de su mano con la pintura.
Link se enterneció por aquello, y les abrazó en agradecimiento. Después de ello, salieron corriendo a jugar con los dos gatos y el perro de la familia de Talo y Malo.
Tras aquello, vinieron Renado, su hija, e Impaz...
-¡Feliz cumpleaños, muchacho! -le felicitó la anciana- ¡Cada día te vuelves un hombre más fuerte, muchacho! ¡Los jóvenes debéis estar sanos! -y acabó con dos besos en las mejillas del chico.
-Mi padre, Impaz, y yo te hemos hecho esto... -le dijo mostrándole una prenda de vestir- Es un poncho tradicional de Kakariko, esperamos que te guste...-sonrió alegre la niña.
El poncho parecía estar hecho de un tipo de lana especial, y era pardo con detalles en otros colores. Tenía bordados en sus hilos símbolos tradicionales, como los que llevaba Renado en su túnica.
-Ese poncho te ayudará a mantener el calor en lugares fríos, pero en zonas más cálidas no te abrazará. Además, es una hermosa vestimenta, y nos gustaría que vinieras con eso puesto la próxima vez que visites nuestra villa -le comentó sereno Renado.
Continuó disfrutando la comida de la mesa tras agradecerle enormemente el detalle a esos tres. Después, vinieron "sus padres".
-¡Veinte años, como pasa el tiempo! -le dijo Rusl mientras le revolvía el pelo y le daba en el hombro un toque amistoso- ¡Aún recuerdo el día en el que te encontré, y has pasado de ser un niño a ser todo un hombre! ¡Y que además se ha convertido en un héroe! -le alabó el hombre.
-Te hemos hecho un regalo...un almohadón. No es mucho, pero te le hemos hecho con mucho cariño, y esperamos que te ayude a dormir más cómodo por las noches -le dijo cariñosamente Uli. Después le dio un beso en la mejilla, y le dio el regalo.
-El interior está hecho con las suaves y raras plumas de mi amigo el Cucco Dorado, cuando mudó su plumaje hace algunas semanas. Y lo que envuelve su interior, es la piel suave de una de las cabras que sacrificamos para esta ocasión. Como puedes ver, además está decorado con tintes y bordados que ha hecho mi mujer, dándole un aspecto hogareño -le mostró Rusl.
Link los abrazó en agradecimiento, un abrazo "familiar". Unos instantes más tarde, se acercaron Bono y Braulio.
-¡Felicidades, muchacho! -le felicitó Bono dándole un fuete golpe en la espalda, y pasando su brazo por los hombros del chico- ¡Ya eres todo un hombre! ¡Bueno, en realidad adquiriste la mayoría de edad hace dos años, pero tú ya me entiendes! ¡Ja, ja, ja! ¡No eres sólo un muchacho, eres todo un héroe! -le alabó, mientras seguía zarandeándolo un poco.
-¡Heeeyy! ¡Mira lo que te hemos hecho! -le llamó Braulio, con un piel en sus manos- Te hemos hecho una abrigada manta, o alfombra como lo prefieras, con la piel de una de nuestras cabras. ¡Hay que ver lo bien que aprovechamos lo que nos da nuestro ganado! ¡De las dos cabras que sacrificamos, ya no queda nada! -comentó animado.
Link tocó aquella piel, era bastante suave y parecía abrigar bastante. Habían hecho un gran trabajo con la piel del animal.
Después de ellos vinieron Petra y Sancho, y este último parecía estar un poco molesto.
-Toma, lo hemos fabricado conjuntamente mi marido y yo...-y le entrego una pequeña caja de música, de aspecto rústico y acorde con la estética ordoniana.
-¡Degradante! -se quejó Sancho- ¡Pensaba hacerte otra cosa! ¡Pero mi mujer estaba empeñada en que quería mostrar sus habilidades creativas y musicales! ¡Este ha sido uno de los trabajos más insignificantes en todo mi oficio de carpintero y herrero!
-¡No hables de ese modo! -le gritó a su marido- ¡En esta caja hay melodías tradicionales de nuestra aldea! Como "Oda a Latoan", "Serenata del rancho", "Himno de Ordon"... etc -le explicó a Link- Sólo tiene que pulsar estas pequeñas palancas para cambiar de una canción a otra. ¡Y hay 14 diferentes! ¡Seguro que añorarás a Ordon cada vez que las escuches!
Link se sentía un poco extraño ante ese peculiar regalo, pero admitió que nada más escuchar unos segundos una de las melodías, sintió una profunda nostalgia. Eran las melodías y música de algunas canciones, con las que había convivido toda su infancia. Recordaba como en ocasiones especiales se reunían todos a bailar al son de la música, o algunas noches en la que Uli y Rusl tocaban y cantaban para él cuando era niño.
Aquello le emocionó, y una esquiva lágrima salió de sus ojos...
-¡Ves, ya has disgustado al chico! ¡Una caja de música no es un regalo para un muchacho! -le reprochó a su mujer, al ver esa lágrima.
-¿Eh? ¡No, si me encanta este regalo! Ha sido la emoción de volver a escuchar esta música después de algún tiempo...-le dijo sinceramente.
Sancho se marchó con su mujer, confundido, mientras ella se reía triunfante. Hanch y Otilia vinieron después, con una enorme y pesada cesta de comida.
-¡Chaval, mira lo que traemos aquí! -le llamó Otilia, llevando junto a su marido aquella cesta- ¡Son productos de Ordon, para que no te entre morriña!
-Aquí hay un queso de Ordon; un par de botellas de leche de nuestras cabras; un par ejemplares de Siluro de Ordon y Agalla Verde; un bote lleno de larvas de abejas hylianas; miel; huevos; algo de carne de cabra y un pollo; algunos frutos y setas silvestres; unas hierbas; algunos moluscos de río; una calabaza ordoniana... ¡Hay tanto que si sigo no acabo! ¡Y todo está cuidado con un proceso de conservación novedoso que obtuvimos en la Ciudadela, a base de unos curiosos polvos que vende una hechicera, además de herbolaria, en la ciudad! ¡No te preocupes por la comida, durará lo suficiente para que puedas degustarla! ¡Eso sí, pide permiso para poder dejar esta cesta dentro de la Despensa Real! ¡Qué es cuestión de dejar tu habitación oliendo a toda esta comida! -le animó Hanch.
La verdad es que toda esa comida tenía una pinta deliciosa, y la cesta era tan grande que le costaría mucho llevarla.
-¡Ey, ya veo que empiezas a tener mucha carga para llevar a la Ciudadela! ¡No te preocupes, te dejaré nuevamente a Okima para que puedas transportar tus cosas! ¡Yo volveré en el carromato de Telma! -le ofreció Auru, al ver que estaba teniendo muchos bultos que llevar- ¡Ah, y toma esto! ¡Seguro que te será de utilidad! ¡Lo encargué en la mejor relojería de la ciudad! -y le entregó un paquete.
Lo abrió, y vio un extraño reloj. Era para colgarlo en la pared, y medía el tiempo con gran exactitud. Además, tenía un calendario que marca el día, el mes, y el año en el que vivían. También tenía una sección donde señalaba las fases de la luna. El reloj tenía un aspecto un tanto oscuro, con una estética ambientada en el bosque. Tenía un búho que salía a las horas que Link señalase, y que le despertaría todas las mañanas.
-¡No lo mires así, sabes porque te regalo esto! Llevas quejándote desde que llegaste que el reloj que hay en tu cuarto falla numerosas veces. ¡Dudo bastante que con esto vuelvas a quedarte dormido! ¡Ja, ja, ja! -le dijo animado Auru.
Tras él vino Telma, que le dio como no, uno de sus comunes abrazos...
-¡Estás hecho todo un hombre! ¡Cada año que pasa te ves mejor, jovencito! -le abrazó con fuerza- ¡Tengo un regalito para ti! -y le dio lo que parecía ser un trofeo.
El trofeo era dorado, y tenía forma de pergamino sobre una pequeña base de mármol. Abajo, en una pequeña placa dorada, ponía: "Bienvenido a la Resistencia" Y en el trofeo, como tenía forma de pergamino desplegado, estaba inscrito:
"La fundadora y líder, la afamada Telma, os hace entrega de este obsequio por el simple honor de pertenecer a este selecto y reducido grupo de valientes que lucharon y seguirán haciéndolo por la paz en Hyrule. He aquí nuestros miembros:
Telma: Fundadora, líder y coordinadora de las operaciones.
Rusl: Espadachín y explorador de los bosques.
Auru: Veterano, sabio y experto en toda clase de materias.
Shad: Estudioso e investigador de culturas antiguas.
Ashei: Guerrera y experta en las montañas.
Link: El Héroe, nuestro héroe...
Los nombres que residen en esta lista son los nombres de seis héroes que lucharán hasta la muerte, por proteger a su patria y a todos los que residen en ella...
A todos ellos, gracias..."
Y para finalizar, estaba grabada la firma de Telma al final de la "hoja".
-Encargué una placa conmemorativa para cada uno de nosotros, y dado que era hoy tu cumpleaños, decidí esperar a dártela. ¿Estás sin palabras, eh?
-Pues sí, me ha dejado impactado...-Telma se rió ante el comentario.
Vinieron poco después Gorleone y Goro Kong, este último con una estatuilla de piedra del tamaño del escudo de Link, aproximadamente. El Goron dejó la pesada figura en el suelo, y se la mostró al chico.
-¡Mira aquí, goromuchacho! ¡Es un gorobsequio en nombre de toda la tribu Goron por ayudarnos durante la goroinvasión, y personalmente a mí! -le habló con su potente voz Goron Kong.
-Está hecha con goromateriales sacados de nuestras gorominas, y esculpida por nuestros mejores goroartesanos -le habló sereno el anciano Goron.
-¡Ah, y recuerda que pronto comenzará el Gorocampeonato Anual de Sumo! ¡Nos gustaría que participaras, gorohyliano! -le invitó animado Goro Kong.
Link se horrorizó, y rechazó la oferta disimuladamente. Verse las caras con tantos Goron luchadores, sabiendo que la vez que ganó fue gracias a la botas de hierro...
Decidió centrar su atención en la estatua. Era una representación de él luchando con sus ropas del héroe, su espada y escudo contra un demonio, parecía ser la forma maldita de Goro Kong. Estaba luchando sobre un terreno elevado. Y por debajo de donde estaba él, había Goron corrientes que observaban la lucha y se observaba sus diferentes reacciones.
Y en la base del la estatua, decía: "Amigo honorario de los Goron"
Link se quedó impresionado ante aquel detalle, pero no pudo evitar pensar...
-"Por las Diosas...con todo lo que me están regalando y el peso conjunto de todas esas cosas, me pregunto si Okima será capaz de cargar con todas ellas, ayudado por Epona..." -se quedó dudando.
Luego vino Palomo, el hombre de los candiles y el aceite, que prácticamente ya era uno más de la "familia" ordona.
-¡Hola de nuevo, ya veo que te han regalado multitud de cosas! -le dijo al ver todos los regalos- Pues yo tengo uno muy especial para ti, lo he diseñado yo mismo...
Le entregó un candil, aunque no era como el que le regaló hace tiempo.
-Este candil es especial, te mostraré sus cualidades...-y empezó a nombrarlas- ¡Bajo consumo de aceite, ahora su luz durará más! ¡Estética cuidada y un excelente trabajo de orfebrería! ¡Si no quieres ponerle aceite, puedes sustituirlo por una vela! En ciertas ocasiones queda mejor, tú ya me entiendes... ¡Ah, también tiene diferentes modos! ¡Para iluminar lugares oscuros, para estudiar, para prender, para calentar, para momentos románticos...! ¡Con sólo ajustar esta ruedecilla, ajustarás la intensidad de la llama!
-Muchas gracias, Palomo -le agradeció- La verdad es que echaba en falta mi anterior candil...
-¡Me alegra que te guste, porque a mí me salió un "negocio redondo"! ¡A ese niño, el que posee la cadena de tiendas que está tan de moda últimamente, quiere vender en sus tiendas más candiles de este mismo modelo que diseñé y que le encargué fabricarlo a su padre! ¡Además, también quiere vender mi excelente aceite 100% vegetal y natural, que fabrico a base de la savia de algunos árboles de estos bosques! ¡Dice que es mejor que el que ha estado vendiendo hasta ahora! ¡Me voy a hacer rico gracias a este chiquillo! Y si tengo suerte, podré reunir el suficiente dinero para cumplir mis más profundos anhelos...-suspiró maravillado.
-¿Y cuál es tu sueño, si puedo saberlo? -le preguntó intrigado.
-¡Ser experto en iluminación! -le confesó emocionado- ¿Quién crees que se ha encargado de colocar toda la iluminación y de la fiesta, tan variada y alucinante? ¡Me encantaría ser contratado por nobles y burgueses para diseñar y colocar exquisitos elementos de iluminación en sus ostentosas casas! ¡Cuánto me gustaría que la Familia Real me contratara para una ocasión especial, como una futura boda real! ¡Y también me encantaría participar en grandes eventos como el Festival Anual o en lugares como el Auditorio Capital, entre otros! -exclamó exaltado- Y con parte del dinero que recaudase, me construiría una casa aquí, en esta tranquila aldea. Pues aunque la mayoría de los empresarios exitosos suelen vivir en las ciudades, prefiero un lugar más apartado junto a la naturaleza...
-Espero que gracias a Lalo, hagas un gran progreso para cumplir tu sueño -le animó Link- Además, cuanta más gente venga a vivir a la aldea, mucho mejor.
-Sí... ¡Ah, antes de irme! ¿Te has leído ya las cartas que te enviaron mis hermanas? Ambas estaban ocupadas trabajando en un proyecto en el Dominio Zora, y por eso no han podido venir. ¡Pasan más tiempo con los Zoras, que con los de su propia raza! Mi hermana Flora se ha ligado a algunos Zoras; y mi hermana Rosita los considera como sus hermanos y colegas, cooperando con ellos en la pesca. Aunque mientras ellas sean felices y no estén molestándome todo el tiempo...que sigan así.
Cuando él se marchó, comenzó a curiosear las cartas que le había entregado Calzoni, y que no había tenido tiempo de leer. Sin embargo, fue interrumpido de nuevo...
-¿Interrumpo algo? -le preguntó curioso Ralis.
-Hola, Ralis. Estaba mirando unas cartas, pero será mejor que las lea después -le habló, y se fijó en algo que llevaba en la mano- ¿Tú también me has traído algo? Pero si no hacía falta que lo hicieras...
-Tú me devolviste algo muy valioso para mí...-le dijo señalando sus zarcillos de coral- Y como era tu cumpleaños, quise compensártelo. No sólo por eso, sino por todo lo que hiciste por mí y por la Región de los Zoras -y le entregó un colgante.
Era un colgante hecho de platino, y con algunas incrustaciones diminutas de zafiros. Estaba formado por una cadena metálica, a la que se le unía un gran broche con la forma del símbolo distintivo de los Zoras.
Después de agradecerle aquel caro regalo, vinieron Shad y Ashei.
-¡Un año más, es más experiencia! -le felicitó a su forma Ashei, con un toque su espalda- ¡Ya veo que te han regalo todo tipo de cosas! ¡Debes de sentirte como un crío rodeado de juguetes! ¡Ja, ja, ja!
-Bueno...antes de que se ponga a bromear de nuevo, toma esto...-y le entregó una pesada colección de libros.
Al cogerlos, los brazos de Link no pudieron soportar aquel peso, y cayó al suelo junto con aquellos libros atados por unas cuerdas.
-Ag... ¿Qué narices es esto? -se quejó dolorido Link.
-Pues es nada menos que la Enciclopedia Mudora, que saldrá a la venta dentro de unas semanas ¡Pero como ambos somos grandes amigos, me dejó un par de colecciones de sus libros! ¡Eres uno de los pocos privilegiados que puede presumir de esta completa colección! -le dijo animado.
-¿Y cómo es que tú llevas estos libros como si no pesaran nada? -le preguntó con interés.
-¡Eso mismo me lo pregunto yo! ¡Mira esto! -y empezó a quitarle a Shad la chaqueta que morada que siempre llevaba- ¡¿Te lo puedes creer? ¡Con lo delgaducho que es, y mira los aceptables bíceps que tiene! ¡Yo entreno todos los días, pero él lo único que hace es transportar y ordenar su colección de libros! -exclamó incrédula, agarrando los dos brazos del muchacho para exponerlos.
-¿¡Quieres dejarme en paz! -le ordenó enfadado- ¿Acaso estás envidiosa? O mejor aún... ¿Impresionada? -le dijo atrevido, bromeando.
-¡Ja! ¡Ni aunque fueras el último hombre del mundo, te consideraría lo suficientemente bueno para mí! ¡Además, paso de esos rollos sentimentaloides! ¡Son sólo una pérdida de tiempo! -se burló de su comentario- De todas formas, lo tuyo es fanfarronería. Lo único que posees es "fuerza selectiva".
-¿A qué refieres con eso? -le preguntó Link.
-Fíjate bien...-y se marchó a buscar algo.
Se puso a comprobar algunas piedras pesadas que se habían desprendido de una pared de piedra, como si estuvieran midiendo su peso. Después, eligió una y la llevó con dificultad hasta donde estaban ellos.
-¡Uf! -se limpió el sudor y respiró un poco- ¡Anda, levanta eso! ¡Tiene un peso aproximado al que tienen esos libros! No te costará nada...-le invitó a hacerlo.
-Ashei...déjate de tonterías. No pienso levantar esa...
-¡Hazlo! -le ordenó autoritaria, sin dejar que acabara de excusarse.
Shad accedió a hacerlo a regañadientes, pero apenas podía levantar aquella roca. No pudo soportar su peso, y se le cayó sobre un pie. Comenzó a quejarse del dolor, y eso le divertía a Ashei.
-¿Ves? Sólo es capaz de levantar pesadas cargas de libros, nada más. ¿Cómo lo hace? No lo sé, quizás sea por su pasión a los libros. ¡Pero sigue siendo un enclenque de todos modos! -le habló a Link, orgullosa de haber dejado en ridículo a su compañero.
-Aaaayyy...-se lamentaba de su pie, sentado sobre una silla cercana a la de Link- Está mujer está loca, un día acabará matándome...-de pronto, dejó su dolor aparte y siguió hablando con Link- Si quieres ver algo verdaderamente extraño, coge de entre todos esos libros, el tomo Nº 7, "Culturas y Razas". Vete a la última página, a la sección de "Bibliografía y Colaboradores" y mira quiénes aparecen allí.
Cogió aquel libro y buscó donde le indicó. Encontró el nombre de Shad en él, junto a otros muchos. Pero se llevó una sorpresa al encontrar a... ¿Ashei?
-¿Sorprendente, no? Ella me entregó aquellos valiosos documentos sobre los Ucas, por eso aparece como mi ayudante. ¡Ah, y también apareces tú en algunos tomos! -le comentó al chico- Seguramente esto es lo más raro que has visto, que Ashei esté de colaboradora en al edición de un libro...si ni siquiera lee.
-¡Yo no soy como tú! ¡No me paso los días leyendo, perdiendo el tiempo! ¡Y ahora está ensimismado por un libro que acaba de conseguir! Su autor es un tal William con un apellido impronunciable...
-Es William Shakespeare, y la novela que estoy leyendo es su famosa obra llamada "Romeo y Julieta". Me la leyó mi padre hace tiempo, pero tenía ganas de volver a revivir esta fantástica tragedia romántica. ¡Todo un clásico de la literatura!
-¡Bah! Lo único que me gusta de esa novela es su final, cuando los desgraciados de los Montesco y los Capuleto se encuentran muertos a sus hijos en la cripta. Aunque me parece un final surrealista. Matarse por amor y que ambas familias se reconcilien después de todo lo que ocurrió... ¡Venga ya! -se quejó, pero enseguida se tapó la boca- ¡Oh, mierda! -había hablado demasiado.
Shad se quedó asombrado, y se dirigió a ella con una sonrisilla...
-¿Y cómo sabes tú eso...? -le dijo con picardía- ¡Lo sabía! ¡Llevas varias noches levantándote de tu cama y yendo al salón sin motivo! Notaba que tenías una lámpara encendida, parecías estar entretenida. Pero me sorprende que te la hayas acabado antes que yo... ¡No sabía que tuvieras una capacidad de lectura tan rápida! -exclamó asombrado- Por casualidad, ¿Has leído alguna novela más? -le preguntó curioso.
-Sí...-suspiró decepcionada y comenzó a enumerarlas con los dedos- "El Quijote", "Amadís de Gaula", "El Nombre de la Rosa", "Opus Nigrum", "Historia del Rey Transparente", "Ivanhoe", "El Médico", y "Mandrágora". Aparte de esas novelas, he leído leyendas tradicionales de diversos lugares de Hyrule, y algún texto lírico…
Link estaba asombrado, pero no tanto como Shad. Estaba boquiabierto...
-Vaya... ¿Por qué no me dijiste que te gustaba la lectura? -le preguntó confuso Shad.
-No es que me guste...-ante la mirada de Shad, se tragó su orgullo- ¡Vale, está bien! ¡Pero no soy una obsesionada como tú! De vez en cuando está bien leer un poco...
Shad se dejó caer sobre sus rodillas y extendió sus brazos, mirando hacia el cielo.
-¡Diosas, habéis logrado lo imposible! ¡Que Ashei se interese por la lectura! ¡Este es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto en mi camino de convertir a esta guerrera en una mujer con cierto nivel de cultura y refinamiento! ¡Muchas gracias! -le agradeció exageradamente a las Diosas, mientras los otros dos lo miraban incrédulos.
-Ya estamos otra vez con lo mismo...-suspiró mientras sacaba de un pequeño saco una especie de látigo y lo sacudió en el aire, provocando el sonido propio de un látigo.
Aquel ruido asustó muchísimo a Shad, y se levantó enseguida.
-Je, je...-se rió maliciosamente- Link, aquí tienes mi regalo...-y le entregó aquel látigo.
Era un látigo, aunque por alguna extraña razón parecía una alargada y flexible serpiente anaranjada, con la cabeza incluida. Tenía un sólido mango por el cual el agarre se volvía más cómodo y fuerte.
-Sé lo que te preguntas, y sí, este látigo está hecho utilizando el cuerpo de una serpiente. Pero no es una serpiente cualquiera, es una especie que se encuentra en el Gran Cañon de Kakariko. Puede estirarse hasta el triple de su longitud, para sorprender a sus presas. Y con sus colmillos, que puedes ver ahí, sujeta fuertemente a sus presas y las engulle por completo. Su cuerpo es muy elástico, flexible y muy resistente, puede soportar con facilidad tu peso; y por eso decidí fabricarte yo misma un látigo como este. Me encontré con esta serpiente mientras realizaba un trabajillo para un ranchero que me contrató para aniquilar a unos cuantos Kargarocs que estaban atacando a su ganado -de repente, comenzó a reírse si motivo- Je, je...no puedo evitarlo. Cada vez que veo a alguien con un látigo, no puedo evitar hacer el chistecito fácil del sadomasoquismo...
-¿Lo dices por experiencia propia, verdad? -le contestó molesto.
Link se aguantó la risa, no por ella, sino por lo que seguramente le haría Ashei por ese comentario.
-Uuuh...vaya con el "señorito intelectual", nunca pensé que podrías "devolvérmelas" de esa forma...-habló incrédula e impresionada, pero con burla- Pero tienes razón en lo que dijiste... ¿O acaso no recuerdas las veces que te azoté, mientras estaba probando el látigo, para molestarte mientras leías en el salón? -le respondió como venganza.
Shad se quedó de piedra, mientras Link se partía de risa. Ambos se marcharon, Shad un tanto molesto por su pie y Ashei bromeando. Si es que esos dos...
-"Este látigo podría combinarlo con la zarpa que todavía conservo, la que sobrevivió a la avalancha de objetos que cayeron de aquel Portal del Crepúsculo..." -pensó Link.
Sin previo aviso, se le acercó Ilia...
-Felicidades, Link...-le abrazó por la espalda, sorprendiéndole- Aunque eso ya te lo había dicho...-le habló relajada, manteniendo su abrazo.
-Hacía un rato que no te veía, pero veo que no te has olvidado de mí...-le dijo echando su cabeza hacia atrás.
-Mira lo que te he traído...-y le colocó una extraña pulsera en la muñeca, con algo de dificultad porque llevaba puestos sus guantes.
Era una pulsera hecha de cuero, con algunos pequeños adornos de aspecto tribal, como plumas o cuentas de madera.
-La aprendí a hacer durante mi estancia en Kakariko, al parecer son típicas de ese poblado. Se suelen regalar a personas que son muy importantes para quien las regala, y con ello se desea suerte y mantiene el vínculo de unión entre esas dos personas.
-Gracias...-le dijo mientras miraba curioso la pulsera.
Tras despedirse de ella con un abrazo y una corta conversación, aparecieron sus colegas del castillo, bastante inquietos.
-¡Ey! ¡¿Cómo os lo estáis pasando en la...? -les preguntó animado, pero Anthony le interrumpió.
-¡No hay tiempo! ¡Ven conmigo a la casa del alcalde Bono! -y se lo llevó hacia dicho lugar, seguido por los otros.
XOXOXOXOXOXOXO
-Majestad, ¿No cree que sus sirvientes y Link están tardando demasiado en salir de la casa de mi padre? -le preguntó Ilia a la princesa, ambas estaban tomando un vaso de ponche. Había pasado bastante rato desde que esos se encerraron ahí dentro.
-Sí, me parece un tanto sospechoso... ¿Qué estarán tramando? -sospechó Zelda.
De pronto, alguien abrió desde dentro con mucha fuerza la puerta de la casa de Bono, alterando a todos. Ese alguien era Anthony, que salió en actitud triunfante y orgullosa.
-¡Damas y caballeros, presten atención por favor! -alzó la voz para que todos le prestaran atención- ¡Después de mucho esfuerzo, he logrado lo imposible! ¡Junto a mis compañeros, hemos conseguido transformar a este muchacho corriente en un hombre con clase! ¡Venga, sal para que todos te vean! -le invitó a salir a Link, ante la mirada expectante de todos.
Sin embargo, eso no ocurrió. Anthony esperó un poco, hasta que oyó a Anabel decirle algo.
-¡¿Cómo? ¡¿Qué no quiere salir? ¡Ni de broma! -se enfadó y se dispuso a entrar de nuevo a la casa- ¡No me he pasado todo este tiempo para que ahora...!
Se oyó como Link se resistía a salir, pero al final fue empujado por Anthony y Francis para que saliera ante el público.
Ilia escupió el contenido del vaso de ponche que tenía en la boca por el asombro, y la Princesa Zelda estaba sin palabras. Link iba engalanado y repeinado. Llevaba un esmoquin de corte elegante y al parecer bastante caro. Aquellos zapatos negros de charol...su fina pajarita...esa camisa blanca impecable...su elegante chaqueta azabache...
Todo en su conjunto le daba un aspecto refinado y hermoso, además de que lo había peinado y su cuerpo desprendía el aroma de una exquisita y cara colonia para hombres.
Sus amigos empezaron a vitorearlo y aplaudirle, algo que avergonzó muchísimo a Link.
-¡Lo sabía! ¡Si a mí me quedaba bien, a él también! -expresó orgullo Anthony.
-¿No lleva Link una talla diferente a la tuya? -le preguntó intrigada Anabel.
-¡Sí, pero a mí todo me queda bien! -expresó con gran soberbia, agitándose el flequillo.
-Metrosexualidad al poder...nunca cambiará...-suspiró Anabel.
-Espero que lo cuides bien...-le habló Salomón a Link- Nos costó bastante dinero comprarte ese traje, los perfumes y todo lo demás.
-¡Y no olvides las lecciones de elegancia que te hemos dado hoy! -le recordó Brunilda.
-¡"Excellent"! ¡Su duro trabajo de encontrar un traje para el "garçon", ha dado sus frutos! ¡Y le encanta ir por el barrio "riche" de la ciudad! ¡Es muy "prétentieux"! -habló animado Francis, con su típico acento.
Link se acercó a los demás, pero enseguida se marchó a su silla para poder leer las cartas. Tantas miradas fijas en su aspecto...le ponían nervioso.
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La primera fue la de Valenzuela, que venía con un paquete adjunto:
"¡Feliz cumpleaños, muchacho!
No he podido felicitarte en persona, ya que estoy en una misión por el Gran Cañon de Kakariko. No puedo darte más detalles…
No sé que podría gustarte, así que te he enviado una bolsa con 500 rupias, para que te las gastes en lo que quieras.
¡Hasta otra!"
Después leyó una que le había enviado Grialdo, con otro paquete:
"¡Otro año más! ¡Y los grandes tesoros se hacen más valiosos con el tiempo!
Debes de saber que me encuentro en la Región de los Zoras por unos asuntos personales, pero no quería dejar pasar la ocasión de felicitarte.
En el paquete adjunto a esta carta encontrarás… ¡Mi abrillantador favorito! ¡Sólo tienes que echar un poco de este líquido sobre cualquier cosa que desees abrillantar! Tus botas, tu escudo… ¡Y mucho más de lo que te puedas imaginar! ¡Es mi fiel aliado durante la limpieza del Tesoro Real, y sólo lo venden en una exclusiva tienda de la Ciudadela!
¡Úsalo bien!"
También tenía una carta de Mariposa, la niña a la que ayudó a recolectar aquellas parejas de Insectos Dorados. Le parecía extraño que ella le hubiera escrito, aunque podía esperarse de todo de aquella niña...:
"A mis oídos han llegado que vos cumplís dos décadas, de espero, dichosa vida. En agradecimiento a vuestros nobles servicios y por ayudar a mis queridos amigos, os hago entrega de este pequeño presente...
Atentamente, Maripola, la soberana del Reino de los Bichos."
Dentro del sobre, había un pequeño broche dorado en forma de escarabajo. Parecía estar hecho de oro macizo... ¿Cómo podía tener aquella niña tanto dinero? Él recordaba las veces que le pagó en agradecimiento por traerle a sus "amigos" a su "castillo". Es más, gracias a ella pudo salir de algunos apuros económicos. Lo que no entendía es que jamás la había visto con algún adulto, era realmente misteriosa...
Pasó a otra carta, también bastante extraña. Se la había enviado Yeta, aquella simpática y tierna yeti:
"Hola, jovencito, ya veo que vas madurando cada año que pasa...
Para nosotros, los yetis, los años pasan más lento, podemos a llegar a vivir siglos y maduramos lentamente. Mi maridito es un claro ejemplo de ello... ¡Ji, ji! ¡Es tan tierno, aunque a veces un poco bruto! Te preguntarás como nos hemos enterado de que era tú cumpleaños...fue gracias a ese joven rey Zora.
En una de sus múltiples escapadas al territorio de los Zoras, mi marido, mientras pescaba un Barbo Oloroso, fue pillado por el joven Zora. Mi marido miró la carta que Ralis tenía en la mano, y como es un poco cotilla, le preguntó que ponía. Me dijo que se negó a contárselo, y que estaba ruborizado por aquello. Lo único que le dijo, fue que tus amigos celebrarían una fiesta en tu honor.
Mi marido volvió a casa tras algunos días fuera, el trayecto de ida y vuelta al Dominio Zora. Vino emocionado y me lo contó todo. Y quisimos regalarte algo por tu cumpleaños, ya que estamos remodelando nuestra casita y estamos muy ocupados con la construcción. Después de tantos años...por fin nos hemos decidido a hacerlo. Aunque a las criaturas que vivían en nuestra mansión no les ha hecho ninguna gracia...y Yeto se ha tenido que encargar de ellas.
En fin, en este sobre encontrarás la receta secreta de la sopa de mi maridito. Se la confió un humano que conocimos hace siglos, y casualmente, era procedente de tu aldea. Espero que esta sopa te sirva cuando estés enfermito... ¡No cura, pero ya viste que me ayudó a recuperarme algo en pocas horas! Aunque sólo fuera lo suficiente para llevarte hasta nuestro dormitorio. Te pido perdón por lo que ocurrió después...
¡Cuídate!"
Sacó del sobre una hoja de papel, donde estaba escrita la receta de aquella fantástica y deliciosa sopa. Quizás algún día le pudiera servir...
Por último, estaban las cartas de las dos hermanas de Palomo. Flora, la que alquilaba barcas; y Rosita, la que poseía un muelle de pesca.
"¡¿Cómo estás, aspirante a pescador?
Mi hermano parece estar muy bien allá en Ordon, me alegro por él. Por su parte, nosotras vivimos bien estando a un par de kilómetros de la Región Zora, y vamos frecuentemente allí. ¡Apenas vas por vas por la orilla del río, y atravesando un túnel, y estás allí! ¡Me encanta ese poblado!
¡Pero dejémonos de habladurías! ¡Este es mi regalo por tu cumpleaños, muchachote! Es un señuelo que he fabricado yo, y que imita a la perfección a un pez que se suele usar como carnada. Pronto aprenderás a usarlo, dado que este pequeño anzuelo es capaz de imitar a la perfección los movimientos de un pez. ¡Y por supuesto no es un señuelo de fondo! ¡Los detesto! Es un señuelo de media profundidad, y espero verte alguna vez por mi laguna... ¡Estoy ocupadísima con el próximo Torneo de Pesca que celebraré!
¡Que te vaya bien!"
En efecto, dentro del sobre estaba aquel anzuelo. Tenía que pensar en ir algún día a pescar, cuando tuviera tiempo...
Y ahora, la última carta, la de Flora:
"Hola, guapo...
Hace tiempo que no pasas por mi casa en el curso alto del Río Zora, me tienes desamparada...
Le oí a mi hermana pequeña comentar que Palomo, junto con otros amigos tuyos, planeaban una fiesta por tu cumpleaños. Lamentablemente, no puedo ir, estoy ocupada con unos asuntos de negocios.
En fin...aquí tienes como regalos algunas fotografías de la vez que bajaste río abajo hasta el Lago Hylia. Tengo instaladas varias cámaras por todo el recorrido, y mi ayudante Zora también posee una muy carísima cámara acuática que los Zora diseñaron juntos con la familia fundadora del arte de la fotografía. Además, hay una pequeña sorpresa...
Besos, Flora"
Aquella carta le dio algo de miedo, aquella mujer había intentado coquetear con él en más de una ocasión. Sacó aquellas fotografías, y las fue viendo una por una. Eran de buena calidad y en algunas salía muy gracioso, pero cuando llegó a la última...casi grita de la impresión.
Era una foto de Flora un tanto comprometedora, ya sabéis en que sentido...Link tragó saliva y no pudo evitar quedarse mirando la imagen un momento, no estaba nada mal...
Pero decidió que lo mejor era que nadie se enterara de ello, así que se acercó a una antorcha prendida que iluminaba la fiesta, y quemó la fotografía...
XOXOXOXOXOXOXO
Tras un rato, y cuando creía que por fin podía disfrutar de la fiesta sin que le entregara más regalos, alguien le llamó desde un escondido lugar...
-¡Ey, ven aquí! -le ordenó por lo bajo la princesa.
Link fue hacia donde estaba ella, escondida tras la casa de Otilia. Zelda parecía estar algo nerviosa, pero finalmente le entregó un algo envuelto como si fuera un paquete. La extraña forma de aquello sorprendió a Link, no sería...
-Venga, ábrelo. Me imagino que ya sabrás lo que es...-le insinuó.
Link lo abrió y vio una de las cosas más hermosas que había visto. Era una magnífica espada, con un cierto parecido a la Espada Maestra. Era digna de ser llevada por los más valerosos caballeros y al final de su empuñadura, donde reposaba su muñeca, había grabado un símbolo con forma de un dragón. El gavilán, la parte que unía la hoja de la espada a la empuñadura, tenía ciertos detalles nórdicos que combinaban a la perfección con el resto de la empuñadura. Y su hoja, era larga y firme, al igual que la ya nombrada Espada Maestra. Aquella espada de noble metal era de las que a él le gustaba, le recordaba mucho a su perdida espada legendaria. El trabajo de herrería de aquella arma era impresionante...
-Cuando perdiste tu espada en el ataque de aquella bestia durante la coronación del ahora Rey Ralis, le pedí a uno de los mejores herreros del reino que te forjara una espada. Le dí algunas indicaciones para que se pareciera y te recordara a la Espada Maestra, con algunos detalles adicionales como puedes ver. Por suerte, me llegó ayer por la mañana al castillo, después de un laborioso trabajo por su parte -le explicó- Has estado un poco decaído tras perder tu anterior espada, y parecía que no te gustaba ninguna de las que poseemos en el castillo. Espero que esta sí te guste...
-¡Por supuesto! -a blandió para verla en todo su esplendor- ¡Muchas gracias! -y la abrazó en un impulso.
Aquello sorprendió enormemente a Zelda, y se ruborizó ante aquella sorpresa. Por alguna razón, más que disgustarle, le agradaba aquel abrazo. Además, el aroma penetrante de la colonia de Link y lo atractivo que estaba, hacía que se sintiera todavía mejor...
Link se dio cuenta de su acción, y se apartó de su soberana rápidamente.
-Lo siento mucho, me dejé llevar por la emoción...-se excusó Link, arrepentido.
-No importa...-no sabía que decir ante aquella situación.
Volvieron con los demás como si nada hubiera pasado, y muchas miradas se centraron en la nueva espada de Link. Sancho, también herrero, estaba maravillado ante esa espada y Ashei también estaba impresionada. Por alguna razón, parecía que ambos conocían al herrero que la forjó, pero su nombre no llegó a oídos de Link...
De pronto, se oyeron como fuegos artificiales explotaron en el cielo de Ordon. Empezó así un espectáculo que dejó maravillados a todos...
-¡Por fin, ya era hora de que Don Mechas te diera su regalo! -exclamó Renado.
-¿Un espectáculo de fuegos artificiales? Increíble...-expresó sorprendido el joven.
Y así continuó, hasta que más tarde algunos de sus amigos comenzaron a formar una orquesta entre ellos, y empezaron a tocar. Cada uno mostraba sus habilidades con el instrumento que poseía, y lograron animar aún más la fiesta. Todos los presentes comenzaron a bailar animados, y Link invitó a Zelda a que le acompañara. Pasó lo mismo que en el festival, al final comenzaron a bailar olvidándose del pudor de estar con el otro. Eso sorprendió a varios de los presentes, y molestó a Salomón. Y a Ilia se quedó un tanto desilusionada y quizás algo celosa...
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Después de la fiesta, ya en la madrugada, Link y Zelda fueron hacia la casa de él a descansar, dado que no había sitio en el resto de las casas para ella. Bono fue quien lo propuso, ante la sorpresa de ambos y de Salomón, pero finalmente aceptaron. Sin embargo, Link quiso llevarla a la Fuente de Latoan, en vez de a su casa, y ella aceptó dado que por culpa del café de Telma no tenía demasiado sueño.
Se subieron en Epona, para llegar más rápido hasta allí. Tras un rato, entraron en la pequeña fuente acotada por una puerta de madera. Se sentaron en la orilla a contemplar el hermoso paisaje nocturno de lugar, mientras Epona bebía del manantial y se refrescaba un poco.
-Tengo que admitir que tu hogar es muy hermoso. Tanto por sus paisajes, como por la gente que te rodea...-le habló serena a su trajeado amigo.
-Sí, no puedo quejarme...-le contestó mientras jugaba con la arena- Me encanta esta agua, es muy pura. Solemos usarla para beber y curar heridas superficiales como pequeños arañazos -le habló cambiando de tema- Y esta fuente es para mi un lugar especial...aquí fue donde me encontré a Epona -le dijo con nostalgia.
-¿Encontrártela? ¿Es que acaso no vivía en vuestra granja? -le preguntó con curiosidad.
-No, ella seguramente perteneció a un grupo nómada de caballos salvajes, porque no tenía ningún signo de pertenecer a algún ranchero.
-Es bastante peculiar...quedan pocas manadas de caballos salvajes en la actualidad, dado que la mayoría de estos grupos han sido capturados y domesticados. En verdad es una pena que haya ocurrido así...-le habló decepcionada por aquella realidad.
-¿Le interesa saber como me la encontré? -le preguntó, para luego contarle su historia.
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"Recuerdo que Ilia y yo estábamos aquí sentados una tarde de otoño, yo tenía 14 años.
Oímos como algo pasó corriendo muy cerca de la fuente en dirección a Ordon, perseguido por dos Kargaroc. Corrí en su misma dirección, en una parte del camino que iba a la aldea, aquellas bestias arrinconaron a un pequeño potro herido. Empezaron a atacarla y causarle daños, al parecer pretendían convertirla en su presa. Yo salí en su ayuda, lanzándoles piedras para disuadirlos y apartarlos de ella. Conseguí hacerlo tras una larga pelea entre esos animales y yo, e Ilia y yo nos acercamos a socorrerla.
La potra estaba muy asustada y herida, y la llevamos entre los dos hasta Ordon. Allí, nos ayudaron a llevarla a los establos, y cuidamos de ella. Era muy joven cuando la encontramos, estaba aún en plena lactancia, e intentamos sustituir la leche materna por leche de cabra con algunos nutrientes adicionales. Después del invierno, ya se había recuperado totalmente y ahora era mucho más fuerte.
Decidimos quedárnosla, pero ella era un animal salvaje e indomable que no dejaba que nadie se le acercara. Sólo nosotros, Ilia y yo, podíamos hacerlo. Sin embargo, a Ilia nunca dejó que la montara. Pero extrañamente, entre nosotros dos surgió una misteriosa conexión, como si nos hubiéramos visto en otra vida. Me cogió un especial cariño, y con el tiempo, dejó que la montara. La llamé Epona, aún sigo preguntándome el motivo. Nada más verla, fue el primer nombre que me vino a la cabeza, fue realmente extraño...
Desde entonces hemos sido grandes amigos, y hemos vivido muchas aventuras juntos."
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-Vaya, es una historia realmente interesante...-dijo serena la princesa.
-Lo curioso de todo esto, es que aparte de mí, Epona jamás había dejado que nadie subiera sobre ella. Aunque tras nuestro reencuentro después de que se la llevarán junto con Ilia y los niños, su actitud cambió bastante. Aún sigue siendo bastante terca en lo que se refiera a que alguna persona ajena monte sobre ella, pero curiosamente, a vos os ha dejado subir en varias ocasiones...-le habló animado.
-¿En serio? Pues yo pensaba que era una yegua más dócil...-de pronto, Epona, que se encontraba a su lado, le resopló cerca del oído, sorprendiéndola, para después reírse con la típica risa equina de su especie.
-¡Ja, ja, ja! ¿Veis a lo que me refiero? -le dijo divertido el muchacho- Me resulta curioso que la primera vez que os vio, dejó que os subierais en ella. Es más, me parece extraño que cuando peleábamos contra Ganondorf, no se pusiera histérica al dejaros sola con ella. Por ejemplo, la vez que Ganondorf me tiró al suelo mientras cabalgábamos o cuando me enfrenté a él en un duelo de espadas.
-Bueno...-expresó mientras le acariciaba la cabeza a Epona, y esta se dedicaba a mordisquearle el pelo- Podría decirse que entre nosotras también surgió un extraño vínculo, aunque no sé si puede ser lo mismo...metafóricamente hablando, es como si nos unieran "lazos de sangre". Pero no me preguntes el motivo de esta comparación, porque ni yo misma lo sé...-la insistencia de la yegua empezó a impacientar a Zelda- ¡Ey! ¡¿Quieres estarte quieta? -le ordenó firmemente, al mismo tiempo que le pegaba en el hocico para que dejara de revolverle sus cabellos.
La yegua resopló molesta por obligarle a parar ese "juego", al mismo tiempo que Link volvía a reírse. Epona se apartó definitivamente de aquel dúo, y se puso a pastar por el lugar. Zelda se acercó aún más a la cristalina agua y se mojó un poco el pelo para moldearlo de nuevo. Después se echó un poco de agua en la cara, y tras eso miró al frente.
Cuando lo hizo, se quedó maravillada. Había algunas diminutas hadas revoloteando por el manantial, y parecían estar jugando entre ellas. Una de ella se acercó a Link, que se encontraba inmóvil a propósito para que se posaran en él. Cuando esta primera hada se posó, le siguieron las otras. La imagen de Link con todas esas hadas era bastante divertida...
Link le sugirió a Zelda que se relajara y no hiciera movimientos bruscos, para que algún hada también se acercara a ella. Lo hizo, y una de esas pequeñas criaturas se posó sobre su rodilla. A Zelda le pareció encantador, y tras un rato, las hadas salieron volando en dirección a Epona. Empezaron a jugar sobre ella, y sus risas mostraban que estaban muy alegres. A la yegua no le hizo mucha gracia que empezaran a incordiarla, jugando con sus crines y haciéndoles cosquillas en el lomo y el hocico. El polvillo mágico de una de esas hadas hizo que el animal estornudara, asustando a las hadas y haciendo que huyeran. Eso sí, entre risas...
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Después de relajarse un poco en la fuente, montaron de nuevo en Epona y volvieron a la casa de Link. El muchacho dejó a Epona descansar cerca de ahí, mientras los dos hylians subían las escaleras de aquella peculiar casa-árbol.
Cuando Zelda entró, le llamó la atención. Era una casa humilde como las demás en Ordon, aunque quizás demasiado espaciosa para un soltero. Tenía algunas escaleras que elevaban parte de la habitación, hasta llegar a una ventana, la única de toda la casa, y que estaba justo al lado de la cama de Link. También había unas escaleras que bajaban hacia un profundo y oscuro sótano, que Link le advirtió que no bajara.
Al parecer, a la casa le faltaban varias cosas, que seguramente se las habría llevado Link cuando se mudó al castillo. Pero aún quedaban los muebles y algunas cosas más. Por el aspecto limpio de aquella casa, parecía que el resto de habitantes de la aldea la frecuentaban a menudo, aunque ninguno se había instalado en ella. Quizás por nostalgia...y porque consideraban que esta era la segunda residencia de Link, así que seguiría libre para cuando él quisiera visitarlos.
Link subió hasta su dormitorio elevado, y allí se cambió con las ropas de Ordon para dormir más a gusto, y no con el elegante traje que llevaba puesto aún. Zelda también se cambió en un rincón apartado de la casa, con un discreto camisón y unos pantalones largos de pijama, ambos de colores claros. Había traído esa ropa junto con un par de cosas más y la espada que le regaló a Link, en una pequeña mochila de cuero marrón.
-Bien, majestad...-le habló tras aterrizar en el suelo después de saltar de las escaleras- Ya puede subir a descansar, me imagino que estará cansada...
-Pero...-se quedó mirando hacia arriba, donde estaba su modesto dormitorio- Sólo hay una cama... ¿Dónde dormirás tú entonces? -le preguntó dudando.
-¡Bah, no se preocupe! -le contestó sin darle importancia al asunto- Yo dormiré en ese pequeño sofá o en el suelo, no me importa. Usted debe descansar, y no puedo dejar que duerma sin un mínimo de comodidad digna de su persona.
-Link...esta es tu casa, y hoy es tu cumpleaños. Además, no pudiste dormir el día en el que te ordené venir aquí, y ayer dormiste en el bosque. No es justo que tu tengas que dormir en otro lugar que no sea tu cama, así que he de negarme a tu petición -le contestó seria.
-Pero majestad...yo tampoco puedo dejar que duerma en esas condiciones. Sería mal anfitrión...-le intentó convencer.
Zelda se quedó pensando un rato, hasta que se le ocurrió una idea.
-Veo que ninguno de nosotros está dispuesto a ceder... ¿Y si dormimos los dos en el suelo, junto a esa chimenea? -le propuso señalando el objeto- Creo que con unas mantas y algunos cojines estaremos bien. Además, así ninguno se sentirá culpable de que el otro duerma peor...-terminó de añadir, ofreciéndole la mano para cerrar el acuerdo.
-Es usted una gran negociadora...-le alabó, cerrando el trato con ella al apretar sus manos- Voy a bajar al sótano a ver si aún guardo algunas mantas, y después encenderé la chimenea para que estemos más a gusto...-le dijo mientras se disponía a bajar por las escaleras.
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-Qué suerte que hayas encontrado este tablero de ajedrez en ese sótano...pensaba que me aburriría hasta poder quedarme dormida -agradeció Zelda, mientras ambos echaban una partida de ajedrez- Y me ha sorprendido que tuvieras uno, no pensé que te gustara este juego de mesa...
-Bueno, no es que sea muy aficionado a esto, pero de vez en cuando está bien...-le contestó, con su vista puesta en el tablero- A quién le gusta de verdad es a Rusl, por eso tengo yo también uno. Cuando vivía aquí, solíamos echar partidas a este juego.
Ambos estaban acostados en el suelo, sobre unas mantas. Habían hecho unas camas improvisadas cerca de la chimenea a base de mantas y algunos almohadones. Estaban entretenidos jugando una partida de aquel juego de mesa, dado que ninguno de los dos era capaz de dormir, aunque estaban bastante cansados. Zelda no podía dormir debido a la excesiva cantidad de aquel estimulante y delicioso café de Telma, y Link...por las emociones de aquel día.
Lo que ninguno de los dos mostraba al otro, era su nerviosismo por dormir tan cerca el uno del otro. Sus camas estaban pegadas una con la otra, para poder disfrutar del calor de la chimenea, y jamás habían dormido tan próximos el uno a otro, ni siquiera las noches que pasaron en el desierto. Aunque en realidad, en aquellas ocasiones habían dormido bastante separados, dado que no existía por aquel entonces suficiente confianza entre ellos.
Mientras jugaban al ajedrez, al mismo tiempo estaban conversando, distrayendo su atención de la partida.
-¿Sabías que este lugar, hace aproximadamente unos 800 años, un hombre y su hija se instalaron aquí, formando una granja llamada "Rancho Lon-Lon"? Se dice que posteriormente fueron los fundadores de Ordon, y se mantuvo como una aldea próspera durante bastante tiempo. Sin embargo, en el último siglo mucha gente ha ido abandonando este recóndito lugar, hasta sólo quedar ustedes. Se teme que si continúa así, se tengan que anexionar las provincias de Farone y Latoan -le contó una curiosidad, mientras jugaban.
-Eso nos lo había contado Bono, cuando éramos pequeños a Ilia y a mí, durante nuestras lecciones de Historia y Cultura General. Es más, Bono e Ilia son descendientes de aquellos dos rancheros, y su familia ha sido la que ha mantenido la alcaldía en casi toda la historia del pueblo. Bueno...en realidad es que a pocos les ha interesado ser alcaldes de esta aldea, y los pocos que lo han hecho, han sido aplastados por la popularidad de la familia de nuestro alcalde.
-Me parece que la "democracia" en este pueblo es más bien un "negocio familiar", ¿No crees? -ambos se rieron ante aquella obviedad.
-Uhm...-suspiró el joven, cambiando de tema- Hoy ha sido un día impresionante, con tanta gente a mi lado para celebrar mi vigésimo cumpleaños. Nunca ha habido tanta gente en la aldea, al menos que yo recuerde. Me ha supuesto un gran cambio el pasar de celebrar mi cumpleaños sólo con la gente de mi aldea, a hacerlo con muchísimos amigos. Eso es para mí lo bueno que saqué de mi viaje, el conocer a grandes personas que ahora son mis amigos y aliados. Y comparado con mi cumpleaños del año pasado...
-¿A qué te refieres? -preguntó confusa- ¡Ah, claro! Recuerdo que por estas fechas estábamos aún sumergidos en la Invasión del Crepúsculo. Aunque algunas semanas más tarde, lograste vencer a Ganondorf y con ello se acabó todo -recordó- Tuviste que pasar solo aquel día, seguro que te costó acostumbrarte a ello...a no tener a tu gente al lado.
-Os olvidáis de una cosa...yo no estaba solo durante mi viaje, estaba con Midna -le recordó- Y, curiosamente, me hizo una pequeña "fiesta sorpresa" aquel día...-y comenzó a contarle lo ocurrido, omitiendo algunos detalles.
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"Link acababa de volver de su búsqueda de uno de los trozos de el Espejo de Crepúsculo, el que custodiaban aquellos dos yetis. Mañana partirían rumbo a los Bosques de Farone, a buscar el fragmento que supuestamente residía en el legendario y misterioso Templo del Tiempo, del que nadie tenía noticias sobre él desde hacía siglos.
El muchacho estaba mirando su mapa, en el cual había marcado el lugar donde se reuniría con Rusl para que este le ofreciera su ayuda para llegar a dicho templo.
Estaba hospedado en una posada de la Ciudadela, y se encontraba en ese momento sentado sobre la cama de la habitación, mientras comía un panecillo al mismo tiempo que miraba aquel mapa.
De pronto, de entre las sombras, apareció Midna.
-¿No crees que deberías dejar un rato ese mapa? Ayer llegamos a la ciudad después de volver a subir por aquel camino que nos enseño ese yeti obeso, hasta llegar a aquel Portal del Crepúsculo y que te trajera hasta aquí. No has parado desde entonces, y eso me está empezando a molestar bastante...-le reprochó con los brazos cruzados, flotado a su lado.
-Sí, pero lo hago porque perdimos mucho tiempo en aquellas montañas, fueron demasiados días de viaje para mi gusto. Y encima no podíamos traernos a Epona, por razones obvias. Pasó lo mismo en el desierto...nos hubiera ahorrado mucho tiempo, y quizás hubiéramos llegado a tiempo para evitar que Zant destruyera el espejo -le respondió serio y parecía estar algo molesto. Entre otras cosas, porque no le gustaba dejar sola a Epona.
-¡Ey! ¡Cuida tu forma de hablarme! ¡Sabes que necesito Portales del Crepúsculo para poder teletransportarnos, conocer su ubicación y estar cerca de ellos para hacerlo! -le amenazó enfada- ¡Yo no tengo que aguantar tus malos humores! ¡Llevas así desde lo que le ocurrió a la Princesa Zelda! ¡Todo el rato cambiando de humor! ¡Algunas veces estás alegre y tranquilo, y otras no hay quién te soporte! ¡Ni que hubiera sido culpa mía lo que le ocurrió! ¡Si esa imbécil se sacrificó por mí, fue bajo su propia voluntad! ¡Yo le pedí que rompiera tu maldición, no que me salvara! -se tapó la boca, había hablado demasiado.
En realidad, estaba muy agradecida por haberla salvado, pero su habladuría y su mal carácter le hicieron sacar lo peor de sí. Y eso era lo menos que quería, ahora que se sentía más unida al muchacho.
Para Link fue como una puñalada traicionera por la espalda, ella sabía lo mucho que le disgustó lo que le había ocurrido a la Princesa. Y en parte...él debía admitir que, en el fondo, guardaba cierto rencor a Midna por aquello. Sobre todo, al descubrir que Midna era la Princesa del Crepúsculo...
-Esto...-se acercó a él, y le puso una mano en el hombro, arrepentida- Lo siento...sé que lo que acabo de decir ha sido lo más desagradecido que he dicho en mi vida, pero es que me tienes harta con esos cambios de humor tuyos...-se disculpó sinceramente.
-No importa...yo también he de disculparme contigo. Estás dándolo todo para salvar, no sólo a tu reino, sino también a mi hogar. Puede que hayamos tenido nuestras diferencias, sé que no podría haber llegado hasta aquí sin ti... -le confesó, disculpándose también.
-Eh...-se rascó la pieza de Sombra Fundida que tenía en la cabeza- Quisiera darte algo, antes de que me vuelvas a interrumpir...
Separó las manos y se puso cerca de la mesita de noche de aquel cuarto. De la energía oscura que invocó, se materializó frente a ella un pastel. Luego, con una de las velas que iluminaban la habitación, prendió las de la tarta.
-Eh...fe-feliz cumpleaños...-le felicitó algo nerviosa- Creo que es tu decimonoveno cumpleaños, si no me equivoco...-le dijo seria.
Link se quedó sin palabras ante aquello, jamás se hubiera esperado eso por parte de su orgullosa amiga...
-¿Cómo has sabido que hoy era mi cumpleaños? -le preguntó confuso.
-Lo descubrí por casualidad hace semanas gracias a la visita que tuvimos que hacer a Kakariko para llevar a aquel joven príncipe Zora a que lo curara ese sacerdote de sexo dudoso...-la primera vez que vio a Renado, pensó que era una mujer- Se lo oí comentar a esos irritantes niños mientras tú estabas desayunando la mañana siguiente de nuestra llegada...
-Vaya...-estaba impresionado- Pero... ¿De dónde has sacado este pastel? No me digas que lo has robado...-le reprochó en parte, la conocía muy bien.
Aquella pieza de repostería era un suculento pastel de cumpleaños, cubierto por una gruesa capa de nata, decorado con algunas guindas y velas. En ese momento no pudo saber de que sería, pero con lo que le gustaba el chocolate a Midna, seguro que por dentro sería de eso. Ella descubrió el chocolate aquí en Hyrule, y según ella era "la comida de las Diosas"...
-¡Serás desagradecido! ¡Me molesto en conseguirte una tarta de cumpleaños como regalo de cumpleaños para ti, y encima le pones pegas! -se gritó enfadada y molesta- ¡Como puedes ver, yo no llevo dinero encima, eres tú quién lo tiene! ¿O a lo mejor preferías que te cogiera algunas rupias, con lo justos que vamos de dinero, y que te hubiera regalado "honradamente" ese pastel? Aunque creo que serías un poco idota si te tuvieras que pagar tú mismo tu regalo...
-¡Vale, era sólo una pregunta! No me importa que lo hayas robado, en absoluto...-le aclaró sereno.
-¡Pues venga, sopla de una vez las velas! ¡Quiero comerme de una vez esa tarta! -le exigió con prisas.
Link sonrió y luego sopló tras pensar en un deseo. Al momento de soplarlas, Midna metió toda la mano dentro del pastel, y cogió un enorme trozo. Comenzó a comérselo con ansias, sin ningún tipo de educación. Mientras, Link sólo podía mirarla mientras él mismo cogía un pequeño trozo de pastel, con la mano, pero con mucha más educación.
-Te vas a poner como un tonel...deberías moderarte un poco y mantener ciertos modales al comer...-se recordó, aunque ya sabía que no le haría caso.
-¡Me da igual!...-le habló con la boca llena, para luego tragar y chuparse los dedos.
Aunque lo peor fue cuando soltó un gran eructo, para luego sentirse satisfecha por su acción. Tenía toda la cara y manos manchadas de nata, y en efecto, chocolate. Se desvaneció por un instante y luego volvió a aparecer limpiándose con una toalla, probablemente del baño de aquella residencia. La tiró al suelo, y se desvaneció de nuevo para aparecer acostada en un lado de la cama donde dormiría Link, con los brazos y las piernas cruzados y mirando al techo como si nada.
-Eres un caso...se supone que una princesa no debe comportarse de ese modo -le reprochó sereno y divertido.
-¡Bah, me importa poco lo que hagáis o no la aristocracia de este mundo! Además, con este cuerpecillo puedo comer lo que quiera, y sin que nadie pueda exigirme nada acerca de mi comportamiento...-le dijo sin ganas, mientras se tapaba con la manta y se acurrucaba en la cama.
Link terminó de comerse lo que Midna le dejó del pastel, y se fue al baño a lavar sus guantes, que se habían manchado un poco por la nata de la tarta. Los tendió en el baño para que a la mañana siguiente estuvieran secos, y se fue a acostarse junto a Midna; tras quitarse las botas, el gorro, la túnica y la malla metálica, dejándose sólo con la camisa y los pantalones blancos. Se acercó a ella, que estaba dándole la espalda y le habló.
-¿Con ese cuerpecillo? -le preguntó a modo de respuesta por el comentario anterior, mientras le hacía algunas cosquillas- ¿Es la maldición que te echó Zant la que te dio este aspecto? -le preguntó curioso.
-Sí, y no me gusta que te rías de eso... -le respondió molesta, volteándose para mirarlo- Mira, "guapito de cara", si me vieras en mi verdadera forma, se te caería la baba... -le dijo con picardía y atrevimiento, mientras le sujetaba la cara con las dos manos y lo miraba fijamente con una mirada y una sonrisa burlona- Puede que incluso más que cuando viste a Zelda por primera vez... ¡Ja, ja, ja! -se estaba partiendo de risa- ¡La cara de idiota que se te puso, y eso que estabas en tu forma de lobo! ¡Ja, ja, ja!
-Qué graciosilla...-le dijo algo molesto- Anda, vete a dormir...-y le hundió la cara en la almohada, algo que le divirtió bastante, pero a ella le enfadó mucho."
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-¿Así que Midna te regaló un pastel por tu cumpleaños? Quién lo diría...-sin duda, aquella Twili había dejado una gran marca en la vida de Link- Ahora me doy cuenta que para ti tuvo un gran impacto tus aventuras, sobre todo en comparación con la tranquilidad de esta encantadora aldea.
Link sonrió ligeramente, como si estuviera recordando algo.
-¿Qué te ocurre? -le preguntó Zelda con interés.
-¿Usted sabe que uno de mis mayores deseos cuando era niño era salir y encontrarme con personas de mi propia raza? -le preguntó retóricamente.
-Sí...antes hablé con Rusl y con Uli, las personas que te criaron cuando eras pequeño -le habló neutra, sorprendiendo a Link- Me contaron como te encontraron y el día que te revelaron que eras adoptado. Y me dí cuenta que tuvo que ser mi duro para ti sentirte diferente a los que te rodeaban...-le dijo sintiendo lástima por él.
Link se quedó sorprendido por aquella confesión, y se sentía algo acorralado por el hecho de que ella supiera todo eso.
-Me puedo imaginar la sorpresa que te llevaste al ver a más hylians como tú, tuvo que ser muy revelador para ti -añadió la princesa.
-Je... ¿Sabe usted quién fue el primer hylian que vi? A usted...-le confesó tranquilo, mirándola.
-¿Y-yo? -estaba sin palabras, y un poco ruborizada.
-Bueno, quizás me encontrara con otros hylians antes que usted. Pero como eran los fantasmas de algunos soldados, y tampoco podía verles las orejas debido a su casco...no los cuento... -le aclaró- No conocéis vos la alegría que me lleno en aquel instante, por poder encontrar a alguien como yo. Y cuando descubría que también poseíais un fragmento de la Trifuerza, me emocioné aún más...
De pronto, como si estuviera soñando despierto, le cogió la mano derecha a ella, donde residía su Triafuerza. Y con la otra mano, la pasó por su oreja, acariciándola al igual que al símbolo de su mano.
-Siempre me sentí acomplejado por esto...-habló en un estado de ensoñación, mientras seguía tocando aquellas dos zonas- Pero me alegro de no ser el único que posee también estos dos distintivos, me llena de una indescriptible felicidad...
Zelda estaba paralizada, y muy nerviosa. Su cara tenía un color rojo intenso, debido a la vergüenza que sentía ante esa situación. Ese roce suave de sus manos acariciando su oreja y su mano derecha, además de aquella mirada perdida...la ponía en una situación comprometedora. No pudo aguantar más la presión, y con un brusco movimiento apartó las manos de Link de ella. Link reaccionó por fin, y se dio cuanta de lo que había hecho.
-Eh...-estaba completamente avergonzado- ¡Perdóneme, majestad! ¡Esas libertades no se le pueden admitir a un simple guardián como yo! ¡Mi mente estaba en otro mundo, y le ruego que me perdone por mi osadía! -se disculpó arrepentido Link. No debía olvidar que ella seguía siendo la Princesa, por muy amigos que fueran.
-Dejémoslo así...será mejor que no sigamos con este asunto...-le dijo un tanto nerviosa, para luego continuar con la partida inacabada- Y por cierto..."jaque mate"...-le anunció tras un movimiento triunfal de una de sus fichas.
-¡¿Qué? -exclamó sin poder creérselo, mirando el tablero.
-Puede que tú te hayas distraído contando tus historias, pero yo he seguido atenta a la partida -le aclaró triunfante- De todos modos, el ajedrez fue en un principio un juego de reyes y nobles, así que es normal que en el castillo haya tenido mucho tiempo para practicarlo. Además, intentar ganarme en un juego de estrategia como este...no te ofendas, pero no estás a mi altura -le dijo sin tapujos.
Link se sintió algo frustrado, y tras eso guardó el tablero, dado que ninguno de los dos quería seguir jugando. Se acostaron sobre las sábanas y se dispusieron a dormir, pero Link quería preguntarle una última cosa antes de ello
-¿Cuando piensa volver a la Ciudadela? -le preguntó curioso, mientras la miraba echado sobre las mantas.
-Mañana, al igual que el resto de tus amigos ¿Acaso te sorprende? -le respondió seria.
-¿Y yo me quedaré en Ordon hasta lo acordado, no es cierto?
-Sí, sigo manteniendo mi imperativa de que te quedes aquí. Y lo estoy diciendo muy en serio...-le respondió de nuevo, seria.
Link se quedó sin poder decir nada, pero al momento, ella volvió a hablarle.
-Por cierto...desde el Festival Anual de Hyrule, tu actitud hacia mí ha cambiado -le dijo con cierta sospecha- Ya no estás esperándome en mi puerta por las mañanas; desayunas aparte, antes que yo; durante las clases, te pierdes entre las estanterías de la biblioteca, y sólo acudes cuando el profesor de turno necesita tu colaboración; no me acompañas hasta mis aposentos cuando acaba la jornada; y otras cosas más. Me he dado cuenta de que... estás más frío conmigo y parece que intentas molestarme lo menos posible -le comentó algo decepcionada, aunque no lo mostraba.
Link se quedó de piedra, ¿Cómo iba a explicarle que actuaba así por lo que oyó decir sobre él a Valenzuela aquel día?
-Bueno...noté que usted estaba un poco molesta por mi presencia en algunas ocasiones, así que decidí que sería mejor no molestarla -intentó excusarse, y mostró estar un poco molesto.
-¿Molestarme? ¿Por qué crees eso? -le preguntó sorprendida.
-"Como si no lo supierais...no intente engañarme, porque lo sé todo..."-habló en su mente.
Al no recibir una respuesta de Link, y notar que estaba un poco enfadado, se preocupó.
-Link...-suspiró- Vamos a dejar las cosas claras entre nosotros...tú a mi no me molestas, al contrario, me agrada tu compañía. El problema, es que siempre estás a mi lado, y no estoy acostumbrada a ello. Antes que tú, tuve un guardaespaldas desde los 11 hasta los 17 años, y no tengo buenos recuerdos de él. Siempre estaba encima de mí para todo, y yo lo único que quería era que me dejara en paz. Soy una persona bastante solitaria, y me cuesta adaptarme a que ahora estés a mi lado. No digo que dejes de acompañarme, sólo te pido que me des algo más de tiempo para mí y un poco más de intimidad -le aclaró sinceramente.
Link la miró con algo de desconfianza, y volvió a preguntarle, disimulando.
-Ah... ¿Y hay algo más que os disguste de mí? -le preguntó algo molesto.
-Es imposible que nos guste absolutamente todo de una persona...y tú no eres la excepción. Por ejemplo, algunas veces tu curiosidad me molesta...puedes llegar a ser un tanto entrometido en determinadas ocasiones, te lo digo así sin más. También porque tu insistencia resulta un tanto pesada a veces, y debes de aprender a que no todo el mundo tolera eso -le dijo sinceramente.
Link se quedó dudando un momento, eso era de lo que se había quejado de él ante Valenzuela.
-"¿Me lo está diciendo sinceramente, o para quedar bien? Uhm...notó sinceridad en sus palabras, le daré el beneficio de la duda por esta vez. Aunque desde aquella noche, me cuesta creerme del todo lo que me cuenta..."-pensó, desde aquel entonces desconfiaba un poco de ella- Está bien, ya veo que ha sido todo un malentendido, e intentaré compensar esos "defectos" míos. A mí tampoco me ha gustado pasar todo el tiempo con esa actitud, y me estaba empezando a cansar. Espero que ahora seamos capaces de entendernos mejor...-le habló finalmente, algo aliviado.
-Me alegra que por fin se haya aclarado todo...-le dijo somnolienta, para después se taparse la boca al bostezar- Buenas noches...Link...-y se volteó para dormir de lado, dándole la espalda.
Link hizo lo mismo, y se dejaron llevar finalmente por un sueño profundo...
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Había pasado un día desde que Zelda y los demás se habían marchado. Link estaba en la casa del alcalde Bono, en la cocina, tomando con él un buen vaso de leche de las cabras de Ordon. Mientras, Ilia parecía estar peleándose con la escoba al intentar limpiar la habitación donde se solía entrenar su padre.
-Eh... ¿Crees que te sale rentable mandar a Ilia a hacer las labores de limpieza? -le preguntó Link al alcalde, con una gota de sudor recorriéndole la cara al ver el estropicio que estaba haciendo su amiga.
-Cada día me lo replanteo más...esta muchacha es un desastre limpiando, al igual que su madre...-le respondió de la misma forma- Si es que parece una copia suya...
En ese momento, entraron a la casa Rusl y Hanch, bastante animados, aunque sudando un poco.
-¡Uf! -exclamó exhausto Rusl- Acabamos de venir de los pastos, ¡Las cabras estaban...! ¡Bueno, como lo que son! ¡Cabras! Y más ahora, que los machos se están preparando para la temporada de apareamiento, y están bastante agresivos...
-Sí, aunque creo también que las cabras necesitan un cambio de aires...-comentó Hanch, igual de apacible que siempre- Hace mucho que no van a pastar a los bosques, y es algo que a ellas les encanta. Seguro que se relajarían un poco si Braulio las llevara un día allí...
-¡Ni de broma! -exclamó enfadado Bobo- ¡La última vez que lo hizo, perdió varias de nuestras cabras! ¡Suerte que las encontramos al día siguiente! ¡Ese muchacho es un desastre! Si queréis llevar de paseo al bosque a las cabras... ¡Lleváoslas vosotros!
En ese instante, se oyó romperse alguna pieza de cerámica en el lugar donde Iia estaba limpiando.
-Ahí va el jarrón que me trajo Gorleone...-suspiró resignado Bono, tapándose la cara con la mano por la torpeza de su hija.
Unos segundos más tarde de oírse ese sonido, salió apurada Ilia.
-¡No ha ocurrido nada! ¡Todo va bien! -exclamó nerviosa, con los brazos separados del cuerpo como si fuera "inocente".
-¡Ilia! ¡Deja ya de limpiar, antes de que destroces algo más! -exclamó desperado su padre- Por las Diosas... ¿Por qué me habrá tocado un hija tan patosa a la hora de hacer las tareas del hogar? -se lamentó tapándose la cara con la mano, de nuevo.
Ilia se rascó el cuello nerviosa, mientras se reía. Los demás también se rieron, eran una escena que sucedía a menudo.
-Sabes, Bono...esto no sucedería si mantuvieras tu casa más limpia. Como siempre digo: "No es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia" Lo sé por experiencia, porque en mi casa con mi mujer, mi hija, el gato, y la tienda...he aprendido a conseguir que ensucien lo menos posible. No eres el único con una inquilina que no sabe limpiar...-dijo decaído.
Los demás le aplaudieron por aquella muestra de su sabiduría, a la vez que se reían un poco de su "desgracia". Después de eso, todos se quedaron conversando, excepto Link. Estaba pensativo y serio, había una duda que quería aclarar desde hacía tiempo...
-Oye, Bono...-aquello llamó la atención de todos los presentes- Hay algo que quiero preguntarte desde hace tiempo...-le dijo misteriosamente.
-¿Qué? ¿El secreto de mi enorme fuerza? ¡Ja, ja, ja! -bromeó Bono.
-No...-le dijo muy seriamente- Bono, ¿Por qué nunca dejaste que ni Ilia, ni los niños, ni yo, saliéramos de Ordon? Tampoco dejabas que la mayoría saliera también. A excepción de Rusl, porque nació y creció en la Ciudadela; y a Hanch y Otila, por ser los que regentaban la tienda de la aldea y los que llevaban nuestros productos para venderlos en el mercado. Y tú, por supuesto, por ser el alcalde de la aldea...
-¡Eso, yo también quiero saberlo! ¡Nunca nos has dado razones suficientes para que no saliéramos de la aldea! ¡Como mucho nos dejabas ir a los Bosques de Farone, pero jamás podíamos adentrarnos mucho o salir de los bosques para ir a la Pradera de Hyrule! -se quejó Ilia.
Los tres hombres que estaban allí se quedaron callados, pero cada uno reaccionó de una forma diferente a la pregunta. Hanch estaba muerto de miedo, temblando hasta el punto de que le castañeaban los dientes. Rusl estaba serio, sin hablar, parecía bastante apenado. Y Bono, estaba inmóvil, muy sorprendido por la pregunta.
Sin embargo, algo llamó mucho la atención de Link y de su hija. Se tapó la cara avergonzado con el brazo, y vieron como comenzaba a llorar, aunque se reprimía. Aquello les afectó mucho, un "hombretón" como él llorando...eso no era normal. Él nunca lloraba por tonterías, por no decir que casi nunca lo habían visto así. Una de esas pocas veces fue cuando Link se reencontró con él después de que secuestraran a su hija y a los niños...
-Oh, por las Diosas...sabíamos que esto ocurriría, pero nunca lo ha aceptado...-se lamentó Rusl, decaído, refiriéndose a Bono.
-¿Por qué estáis así los tres? ¿Qué os pasa? -les preguntó preocupado Link.
-¿Por qué tuvo que preguntarlo...? -dijo asustado Hanch- Con lo que le disgusta a todos, y sobre todo a Bono, el recordar lo que ocurrió...
-¡¿Pero qué narices fue lo que pasó, eh? -gritó enfadada Ilia, estaba harta por su comportamiento.
Bono se limpió la nariz y sus lágrimas, y se serenó. De pronto, se puso verdaderamente serio, y comenzó a hablar...
-Ilia...hay algo que te debí contar hace tiempo. Siento mucho haberte mentido todo este tiempo, pero me resultaba muy doloroso confesártelo. Pero a raíz de la pregunta del muchacho, ya no puedo seguir ocultándotelo más...-dijo muy serio y decaído.
-Papá... ¿Qué estás diciendo? -le preguntó confusa, no sabía de lo que le estaba hablando.
-De tu madre...-le confesó al fin.
-¿Mi madre? ¿Qué tiene que ver ella con todo esto? -le preguntó ahora más confusa y algo asustada por la actitud de su padre.
-Más de lo que te imaginas, pero esa historia debe contártela alguien que estuvo allí cuando ocurrió...-le dijo mirando a Hanch.
-Uhm...-se quedó callado, nervioso, al ver que todos lo miraban expectantes- En fin...jovencitos, os contaré lo que ocurrió...-les habló por fin, con gran pesar. La historia iba sobretodo dirigida a Ilia...
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"Yo iba montado en mi carromato, uno diferente del que Otila y yo tenemos actualmente. Este estaba tirado por un caballo robusto, en aquel tiempo teníamos algunos caballos en el pueblo. Iba de camino a la Ciudadela, en mi viaje mensual para traer nuevos productos a la tienda y para llevar los nuestros al mercado de la ciudad. Y a mi lado, iba Cecilia, tu madre. Su aspecto y carácter eran muy parecidos al tuyo, aunque por supuesto ella tenía más edad que tú en aquella época. Como dice tú padre, eres una copia suya...
-¡Vaya, Hanch! ¡Todavía vamos sólo por los Bosques de Farone! ¡A ver si te das más prisa! -bromeó ella, era una impaciente como tú.
Yo me reí, y arreé ligeramente con las riendas al caballo, para que se diera un poco más de prisa. Aunque de todas formas, íbamos a tardar un día en llegar...
-¿Crees que he hecho bien en dejar a mi niña con el bruto de mi marido? Es tan pequeña...y tú sabes que el instinto paternal de Bono deja mucho que desear... -volvió a hablarme algo preocupada, pero aún con cierta burla. Por aquel entonces, tú deberías tener un año, y Link tres recién cumplidos.
-Seguro, aún está un poco verde en la materia. Con el tiempo, mejorará. Aún así no te preocupes, los demás en la aldea cuidarán bien de ella -la convencí para que no se preocupara.
Continuamos hablando, hasta que empezamos a salir de los bosques y a entrar en la Pradera de Hyrule. Pero de pronto, un sonido sospechoso alertó a tu madre.
-¿Qué ha sido eso? -me preguntó mientras observaba la maleza que había tras nosotros.
-Yo no he oído nada...-le dije, pero tampoco estaba muy seguro de mi respuesta.
De repente, una flecha en llamas se clavó en nuestro carromato, y este comenzó a incendiarse. Conseguimos apagar ese fuego, pero pronto comenzaron a lanzarnos más flechas como esa, y tuvimos que escondernos. Antes de eso, liberamos al caballo, y lo atamos a un árbol escondido entre los matorrales. En aquel momento pensamos que podría ser un grupo de Bulblins arqueros, aunque por esas tierras no eran comunes. En su lugar había Bokoblins, pero estos no usaban arcos para atacar, ni eran tan inteligentes.
Nos llevamos una gran sorpresa cuando descubrimos que eran forajidos, tres para ser exacto, y estaban atracando nuestro carromato. A tu madre no le gustó nada eso, pero la mantuve oculta para que no nos descubrieran. Eran más importantes nuestras vidas que lo que pudiéramos llevar ahí. Ella lo sabía, así que se tragó su orgullo. Sin embargo, esos tres no se conformaron con robarnos, también vinieron a por nosotros.
Yo estaba muerto de miedo, pero intenté reunir el valor para ayudar a tu madre en lo que pudiera. Mientras, tu madre ya había desenvainado su espada, Rusl le había enseñado a usarla desde hacía unos años. Comenzó un duelo entre espadas contra dos de esos tipejos, mientras yo me encargaba del otro.
El individuo contra el que me tocó enfrentarme intimidaba, era alto y corpulento, y estaba armado con una espada que imponía bastante. Yo estaba asustado, y me escondí entre los arbustos. Miré a mi alrededor y encontré una forma de intentar reducirlo. Agarre una rama contundente que estaba tirada por el suelo, y me subí a un árbol. Esperé a que pasara por debajo, y me lancé sobre él para noquearlo con un fortísimo golpe en la cabeza, y gracias a las Diosas que lo conseguí. Quedó inconsciente en el suelo, y sangrando por la herida que le abrí en la cabeza.
Mientras, tu madre seguía luchando contra esos bandidos. Ella era una buena espadachín, y logró herir de gravedad a uno de ellos. Sin embargo, cuando estaba a punto de rematarlo, el otro la atacó y la hirió también de gravedad.
Yo me enfurecí por aquello, estaba enloquecido, y salí a por ese maldito. Prendí mi rama con el fuego que estaba consumiendo el carromato, y me fui a por él. Le ataqué con "la antorcha" y le dañe la cara, quemándosela. Aquel hombre pegó un grito de dolor desgarrador, y salió corriendo como pudo a refugiarse entre la densidad del bosque, abandonando a sus compañeros a su suerte.
Me acerqué a Cecilia, y comprobé que sus heridas no eran nada buenas. La intenté llevar hasta el caballo, y la subí como pude. Maldita estatura mía...yo también me subí al caballo, pero jamás había montado sobre uno, aunque siempre lo utilizaba para ir a la Ciudadela. Solté la cuerda que lo tenía preso al árbol, y salió disparado. Intenté agarrarme como pude a él, al mismo tiempo que la agarraba a ella para que no se cayera.
No sé como lo conseguí, pero logré guiar a ese caballo desbocado hasta Ordon. Allí, nuestra llegada alertó a todos, y Bono salió corriendo a socorrer a su mujer. La llevamos hasta su casa, y la recostamos en su cama. Estaba muy mal, y la distancia que había entre la Ciudadela, o Kakariko que estaba aún más lejos, nos impedía ir a buscarle un médico.
Lo intentamos todo, hasta ir a la Ciudadela para buscarle un doctor, y estuvo dos días luchando por su vida...pero no lo consiguió. Murió, y aquello supuso un duro golpe para todos en la aldea, sobre todo para tu padre..."
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Todos se quedaron callados tras escuchar la historia de Hanch. Ilia estaba con algunas lágrimas en los ojos, y apretaba los puños con rabia. Todo parecía que la cosa iba a explotar de un momento a otro, pero el primero que no pudo soportar la tensión del ambiente fue Hanch.
-¡Si hubiera sido más valiente, y no un cobarde, podría haberla salvado! ¡Nunca debí dejarla sola con esos asesinos! ¡Y pensar lo que ocurrió después! ¡No me lo perdonaré en mi vida! -gritó desesperado por la culpa Hanch, apretándose la cabeza al recordarlo todo.
Salí corriendo de la casa, con lágrimas en los ojos y tapándose la cara por la vergüenza. Los demás se quedaron como estaban, hasta que Ilia también explotó.
-¡¿Por qué me mentiste? ¡¿Por qué dijiste que mamá había muerto a causa de una enfermedad? -le gritó furiosa a su padre- ¡Eres un maldito cobarde! ¡Nunca has tenido el valor de decirme la verdad! ¡¿Y por qué? ¡Dime! -le exigió.
-Ilia...tú no lo entiendes...-expresó triste y humillado su padre- Las cosas no son tan simples...
-¡Mentiroso! -le interrumpió su hija- ¡No hay nada que pueda excusar lo que hiciste! ¡Llevo toda la vida preguntándome por qué nunca nos has dejado salir al exterior, y viviendo con dudas sobre la muerte de mamá! ¡Lo que has hecho no tiene perdón! ¡¿Es que acaso te daba vergüenza decirlo? ¡Era mi madre! ¡Tenía derecho a saberlo! ¡Ella fue una heroína por enfrentarse a esos sucios bastardos! ¡Y tú has vivido con miedo durante todo estos años! ¡Menos mal que he salido en gran parte a mi madre, porque siento vergüenza de ser tu hija! -era tal la furia y la rabia que sentía, que ya no moderaba sus palabras.
Aquello le dolió mucho a su padre, mientras Link y Rusl contemplaban la escena impotentes. Ilia salió corriendo del lugar, con algunas lágrimas de rabia en sus ojos.
-¡Ilia! ¡Vuelve aquí, por favor! -le pidió desesperado su padre, yendo tras ella.
Link y Rusl se quedaron ahí, en silencio, sin saber que decir.
-No debería haberlo hecho...mi curiosidad ha vuelto a fastidiarlo todo...-se lamentaba Link, apoyando los codos en la mesa y sujetándose la cabeza desesperado.
-No te culpes por ello, algún día tendríais que saber la verdad. Y más porque vosotros la vivisteis, no como los niños...-le habló compresivamente Rusl, poniendo una mano en el hombro del chico- De todas formas, la historia no queda sólo en eso...-le dijo con pena.
-¿Es qué hay algo más? -le preguntó con interés, girando la cabeza para mirarlo.
-Mucho...mucho más... ¿Habrás oído hablar de Los Seguidores, verdad? -le dijo con misterio.
-Por supuesto, te recuerdo que nos atacaron a la Princesa y a mí -le confirmó- Pero...oí que ellos, en sus inicios, tuvieron su base central cerca de Ordon... ¿Es eso cierto? -le preguntó recordando lo que había dicho Zelda aquella noche que la espió.
-Desgraciadamente, sí -le dijo con gran pesar- Es más, los que atacaron a Hanch y a la madre de Ilia, eran miembros de esa banda. Y dos semanas después de que muriera Cecilia, vinieron a la aldea...-le habló sombríamente.
-¿Y qué ocurrió? -le preguntó preocupado.
-Vinieron buscando venganza...y para ello...sometieron a la aldea bajo su yugo -le explicó con pena- Y para demostrarnos que nadie debía revelarse contra ellos...nos mostraron lo que harían con nosotros si lo hacíamos -le habló con miedo en sus ojos.
-¿Y qué hicieron? -ahora si que estaba realmente preocupado.
-La noche en la que nos invadieron, irrumpieron en la casa de la familia de Braulio, cuando todos estábamos dormidos. Sacaron a los padres de Braulio de su casa por la fuerza, y nos despertaron a todos. Nos dieron una pequeña charla sobre lo que tendríamos que hacer de ahora en adelante, y tras eso, ejecutaron a los padres de Braulio delante de todos nosotros. Así consiguieron que nos sometiéramos, teníamos mucho miedo...y para Braulio, fue devastador... -le habló con gran rabia y pena- Es por eso, que Baulio es el único en la aldea que cierra siempre con llave la puerta de su casa, porque aún sigue teniendo pesadillas de cuando irrumpieron en su casa y se llevaron a sus padres...y algunas noches le oigo lamentarse dentro de su casa, delante de los recipientes que guardan las cenizas de sus padres.
Se quedaron en silencio un momento. Link sentía una gran furia y rabia dentro de sí, y eso que todavía no había escuchado toda la historia...
-Después de eso, nos obligaron a trabajar como esclavos para ellos. Nos quitaron los pocos caballos que teníamos, y gran parte de nuestro ganado y animales de corral para su consumo propio. Debíamos cultivar; pescar; recoger madera; fabricarles objetos y armas; adentrarnos en las peligrosas minas abandonadas que hay por las montañas colindantes, poniendo en riesgo nuestras vidas para extraer minerales; exterminar y capturar toda clase de criaturas y monstruos para su deleite y negocio de contrabando; y otras muchas cosas. Apenas podíamos subsistir, dado que teníamos que darles casi todo lo que teníamos. Nos impidieron ir más allá de esta provincia, quedando completamente aislados, y siempre vigilados. Nadie sabía nada de nosotros, y no vinieron nunca a ayudarnos...-le contó con tristeza.
Link siguió escuchando su historia, y a cada minuto que pasaba sus deseos de venganza se hacían cada vez más grandes...
-Pasamos hambre y miseria, durante varios meses. Nos amenazaron con matarnos en numerosas ocasiones, fue realmente horrible...-expresó con miedo Rusl.
-¿Cómo es posible que no recuerde nada de aquello...? -se lamentó Link, indignado consigo mismo.
-Es mucho mejor que no lo recuerdes...además, sólo tenías tres años cuando ocurrió.
-¿Y cuando lograsteis libraros de esos malditos asesinos y opresores? -le preguntó con rabia.
-Fue cuando os intentaron dañar a ti y a Ilia... -le dijo recordando- Ella estaba jugando con unas piedras, y una de ellas le cayó en el pie a uno de esos bandidos. Se molestó mucho y fue a darle una lección. Sin embargo, tú te interpusiste para protegerla. Aquello le hizo gracia, y te agarró del cuello para levantarte sobre el suelo y mirarte a la cara con desprecio y burla. Te amenazó y luego te lanzó lejos con mucha fuerza. Aquello te afectó muchísimo, y creemos que fue la causa de que no hablaras, fueras tan asustadizo, y que luego resultaras ser tartamudo. No pude soportarlo, pero tuve que humillarme ante ese hombre para que no os hiciera daño a ti ni a Ilia. Entre eso, y que me dolía con toda mi alma veros llorar por el hambre que estabais pasando...decidí que ya era suficiente -habló con rabia.
-Vaya...nunca pensé que...-no sabía que decir- ¿Y qué hiciste?
-Pues hablé muy seriamente con Bono. Desde la muerte de su mujer, no había sido capaz de plantarles cara, ni siquiera parecía inmutarse por lo que nos estaba pasando. Logré convencerlo de que me acompañara en mi peligrosa misión de ir a la Ciudadela a pedirle ayuda al Rey. Planeé que todos en la aldea nos cubrieran mientras nosotros íbamos hacia allí, con la excusa de que ambos teníamos una enfermedad muy contagiosa y que no podíamos salir de nuestras casas. Y al parecer se lo creyeron...
-¿Cómo lograsteis llegar a la Ciudadela, si dijiste que tenían bloqueadas la salida a la Provincia de Farone? -le preguntó curioso.
-Pues fuimos al sur, atravesando la frontera con Gamelon. Luego fuimos por la frontera clandestinamente, hasta llegar a la que limitaba con la Provincia de Eldin por el sur. Tras eso, cruzamos el cañón y fuimos a Kakariko. Allí, le pedimos a Renado y al resto de los habitantes de la villa que nos llevaran cuanto antes a la Ciudadela. Tardamos semanas en llegar a la ciudad por culpa de ese gran desvío que tuvimos que hacer desde Ordon para que no nos descubrieran. Pasamos hambre; frío; luchamos con numerosas criaturas; vivimos con miedo a que nos encontraran esos forajidos o que nos atrapasen otros; pero al final lo conseguimos. Llegamos cansados, sucios, hambrientos y desesperados ante el Rey Daltus, que nos recibió por sorpresa. Recuerdo que su hija estaba allí cuando nosotros llegamos y mandó a sus sirvientes a que se la llevaran, no eran asuntos que se pudieran tratar con una niña pequeña allí. Le explicamos nuestro problema, y tras ello ordenó, no sólo a su Comandante de la Guardia Real, sino también al General Russel que se encontraba en la Ciudadela ese día, a deshacerse de esos malditos asesinos y bandidos. El Rey ya llevaba tiempo recibiendo noticias de ataques a comerciantes en la Provincia de Farone y Eldin, pero parece ser que su primera aparición fue cuando nos atacaron a nosotros.
-¿Y tras eso os librasteis de ellos? -le preguntó como una obviedad.
-Sí, yo mismo participé en la misión de capturarlos y expulsarlos de Hyrule. Es más, me enfrenté a ese que hoy en día es el segundo en la jerarquía de la banda...un tal Valtimore...
-¡¿Cómo? ¡¿Te enfrentaste a Valtimore? ¡Ni siquiera yo pude con él! ¡Si no fuera por la Princesa, ahora estaría muerto! ¡Eres uno de los pocos que ha logrado salir vivo de un encuentro con él! -exclamó asombrado.
-No te emociones tanto, en aquel entonces sólo era un simple muchacho que se había unido a la banda. Parece que con los años, después de lograr escapar de nosotros, ha mejorado muchísimo sus habilidades y se ha vuelto uno de los criminales más buscados. Muy probablemente, si me enfrentara hoy en día a él, acabaría muy mal parado...-habló decaído y modesto.
Link se quedó pensando en todo aquello que le acababa de contar Rusl.
-Ahora entiendo la actitud de Bono y su completo rechazo a que saliéramos de Ordon. Y pensar en las veces que me he quejado por ello...-dijo con pesar y arrepentido.
-Por eso te enseñé a manejar la espada, para convencer a Bono de que sabrías defenderte ahí afuera. Es más, ¿Por qué crees que te ofrecí llevar aquel regalo a la Princesa? Me costó mucho convencerlo de aquello, pero aceptó. Aunque me parece que lo ocurrido en la Invasión, consiguió demostrarle a Bono que era inútil intentar aislarnos de todo.
Volvieron a quedarse en silencio, hasta que un suspiro de Rusl llamó su atención.
-Ag...tampoco es que fuera culpa suya, él sólo cumplió lo que le prometió a su mujer en su último aliento...-dijo con gran tristeza.
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"Eran momentos de mucha angustia y tensión en la casa del alcalde Bono, una trágica noche para todos.
Por aquel entonces, ese hombre tenía un aspecto muy diferente. Su cuerpo era bastante musculoso, parecía un culturista, a diferencia del cuerpo campechano y esa barriga que tenía en la actualidad. También poseía un abundante cabello rizado y rubio, un poco a lo "afro", todo lo contrario a la calvicie que ahora le atormentaba. Y por último, tenía una buena barba recortada y un enorme mostacho, rubio al igual que el resto de su pelo.
Bono estaba sentado al lado de su mujer herida, agonizante. Aparte de él, Rusl estaba en el dormitorio de la pareja, el único que había permitido Bono que entrara.
-Cariño...-intentó hablarle su mujer- Déjalo...estar así no te servirá para nada, ya no podéis ayudarme...
-¡No digas eso! -le contestó desesperado- ¡En cualquier momento puede llegar el doctor! ¡So-sólo hay un día de camino a la Ciudadela! ¡Nuestros amigos salieron ayer por la mañana, deberían llegar pronto! -intentó mantener la esperanza aquel hombre.
-Venga ya, Bono...-le contestó molesta- Ese espacio de tiempo entre las distintas localidades es meramente orientativo...no suele cumplirse estrictamente...-le respondió al mismo tiempo que un fuerte dolor hacía que se retorciera de dolor.
-¡Pero no puedes rendirte! ¡¿Dónde ha quedado esa tozuda que jamás lo hacía? ¡Debes luchar, todos lo estamos haciendo por ti! -le intentó convencer Bono, aún más desesperado.
Cecilia le agarró como pudo la mano, y la apretó con las últimas fuerzas que le quedaban.
-Cariño...sé que no podré aguantar más, y ni las mismísimas Diosas pueden salvarme ya...-le confesó cansada, sin soltarle la mano- Pero promete una cosa, te lo suplico...no dejes que les ocurra nada a los de la aldea, mucho menos al pequeño Link y a nuestra hija...-le pidió- Eres un hombre fuerte, sé que podrás encargarte de ello...-le dijo convencida- Sabes...mi vida aquí en Ordon ha sido buena, y no me arrepiento de nada. Ni las personas que nos han dejado, ni las dificultades que hemos pasado...nada de eso pudo desanimarme. No me arrepiento de nada...pero de lo único de lo que me lamento, es no poder ver a nuestra hija crecer y poder envejecer junto a todos vosotros, contigo...-al decir esto, unas esquivas lágrimas salieron de sus ojos y una profunda tristeza envolvió su corazón- Has sido un desordenado, tontorrón, orgulloso, tragón y bruto toda tu vida...pero aún así te quiero -le confesó sinceramente- ¡Sólo espero que nuestra hija no salga como tú! -intentó animarse y se rió un poco- En fin...adiós...
Fue su último aliento, antes de marcharse. Su cuerpo quedó sin vida sobre la cama, y la mano que había estado agarrando a la de su marido, se soltó.
Bono intentó desesperado despertarla, sin éxito. Mientras, Rusl intentaba disimular sus lágrimas en una esquina de la habitación, lamentándose. Bono se derrumbó, es imposible describir con palabras el dolor que sintió en aquel momento. Cualquiera que lo viera, quedaría impresionado al ver como un "montaña" como él lloraba tan desconsoladamente. Jamás había llorado de tal manera, y probablemente jamás volvería a hacerlo, o por lo menos eso fue lo que deseó..."
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-Después de eso entró en una profunda depresión, que le impidió incluso intentar hacer algo por nosotros cuando aquellos indeseables nos invadieron. Pero después de aquello, se tomó muy enserio la promesa que le hizo a Cecilia, como has podido comprobar. Pero me parece que lo interpretó mal...ella jamás habría querido que os encerrara en Ordon, a ella siempre le encantó salir de la aldea e ir a otros lugares a conocer mundo. Además, tras la muerte de ella, empezó a descuidarse. Se quedó calvo, se quitó la barba y sólo se dejó el discreto bigote que tiene, y engordó dejando atrás a sus antiguos y voluminosos músculos -le explicó- Menos mal que la aldea pudo seguir adelante, gracias a las concesiones especiales que nos dio el Rey Daltus para reconstrucción de Ordon, aunque no quedó del todo como originalmente estaba.
Link se quedó pensando, ahora comprendía mejor a Bono. Después de mantener unas últimas palabras con Rusl, se marchó a su casa, y se tiró sobre su cama.
-"Ag...y pensar que si no hubiera espiado a Zelda aquella noche, tal vez nunca le hubiera preguntado aquello..." -suspiró en su mente, ante aquella verdad.
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Pasó el resto de la semana, en la cual pudo disfrutar de unos días con su "familia". Tras eso, emprendió el viaje de regreso a la Ciudadela, cabalgando junto al Bullbo de Auru que transportaba sus regalos.
Cuando llegó al castillo, Auru se ofreció a ayudarle a llevar las cajas donde tenía guardados sus regalos. Y mientras traían esas cajas...
-¡Uf, por llegamos a tu cuarto! -exclamó Auru, un poco cansado tras recorrerse el castillo con una de las cajas de madera hasta la habitación de Link.
-Gracias, Auru. Te agradezco que me dejaras a Okima para transportar mis cosas y que ahora me hayas ayudado a traer hasta aquí una de las cajas -le agradeció el joven.
De pronto, oyeron las risas de dos personas que estaban acercándose. Link reconoció la risa de Zelda, pero la otra sonaba como... ¿La de un hombre?
-¡Ju, ju, ju! Ahí vienen...-dijo animado Auru- Muchacho, te dejo. Tengo de encargarme de algunos asuntos, y estás a punto de conocer a alguien muy particular... ¡Suerte! -y se despidió, con algo de prisa.
Unos momentos después de que él se marchara, al fondo del pasillo, apareció la Princesa acompaña por un hombre.
Aquel hombre tenía la misma estatura que él, quizás algo más alto. Vestía con ropas elegantes de color rojo y blanco con detalles muy cuidados en dorado, parecía ser un noble de la alta jerarquía Llevaba una camisa aristocrática blanca, una chaquetilla muy elegante y adornada, unos calzones ajustados hasta la rodilla, y unos zapatos negros. Su tez era clara; tenía los ojos verdes; tenía una negra melena que el llegaba hasta los hombros, muy bien cuidada y lisa; y poseía un bigote y una fina perilla.
Aquel hombre se percató de su presencia y enseguida se acercó a él. Comenzó a observarlo con interés, algo que a Link le puso nervioso. Luego, sin previo aviso, pareció comenzar a cachearlo, y el muchacho se puso más nervioso aún. Estuvo unos instantes así, hasta que paró y sonrió alegre.
-¡Vaya, Zelda! ¡Tú si que sabes como escogerlos! ¡El muchacho es todo un portento! -le habló en alto, aunque ella casi estaba llegando a donde ellos estaban.
A Link le pareció extraño que la llamara por su nombre como si nada, ya que eso significaría que tendría muchas confianzas con ella.
-Ay, Gustaf...-suspiró tapándose la cara por la actitud de su amigo- ¿Te importaría dejar en paz a mi guardaespaldas? Mira la impresión que le has causado...-le recriminó al ver la cara de nerviosismo del joven.
-Espera un momento... ¿Tú eres Gustaf? ¿El Duque de Gamelon? -le preguntó extrañado, señalándolo- Creo que te he visto antes en alguna otra ocasión...-comenzó a recordar- Estabas con la Princesa el última día del festival; durante su pasado cumpleaños; y creo que también te vi un par de veces por las obras...
-¡Oh, qué alegría que te acuerdes de mí, "picarón"...!-le dijo con una extraña sonrisa, y Link creyó oí un ligero gruñido procedente de él.
Link se alejó de él un par de pasos, asustado.
-Majestad...-le habló en voz baja- ¿Se puede saber como vuestro amigo actúa de esa forma conmigo? -le preguntó preocupado.
-Sólo está bromeando, haciéndote insinuaciones...-le contestó como si nada.
-¡¿Qué? ¿Eso significa que este hombre es homosexual? -ahora si que se sentía realmente incómodo y nervioso, sobre todo porque acababa de entender porque había estado "cacheándolo".
-¡Y a mucha honra, "guapo"! -alardeó Gustaf, que oyó lo que acababa de decir Link.
Una gota de sudor le recorrió la cara al joven. Se sentía extraño...por un lado, se sentía extrañamente aliviado de que Gustaf fuera homosexual. Pero por otro, temía por su integridad...
-Por eso participó en la gala "Drag Queen" que se celebró durante el festival...-ahora lo veía todo más claro.
-¡No vayas tan rápido! ¡Qué no todos los que participamos somos gays! ¡Algunos son plenamente "heteros" e incluso algunos estaban casados y tenían hijos! ¡Ah, y por supuesto no era ninguna tapadera aquello! ¡El problema es que la mayoría de los heterosexuales sois unos aburridos! ¡Deberíais soltaros más de vez en cuando! -exclamó animado el duque.
Zelda estaba sin poder decir nada, simplemente se divertía ante aquella situación, pero sin reírse. En ese mismo instante, notó como algo estaba jugando con sus botas, y miró hacia el suelo a ver que era.
Vio a un perro pequeño, el mismo Chihuahua al que le había dado aquel hueso de pollo.
-¡Ey, parece Valentín te conoce! -al parecer así se llamaba su mascota- ¡Así que fuiste tú quién le dio aquel hueso! ¡Ya sabía yo que venía demasiado limpio para que lo hubiera encontrado en la basura! ¡Ja, ja, ja!
El can salió corriendo hacia su dueño, y este le ordenó que se tumbara tranquilamente en un rincón.
-¿Cuándo llegasteis a la Ciudadela, señor? -él también era un noble, así que debía tratarlo como tal.
-Pues hace dos días, y me quedaré aquí hasta mañana por la noche. Ah, y a ti te dejo que me llames por mi nombre o por lo que tú quieras, "muchachote"...-aquello provocó que le recorriera una escalofrío terrible por su espalda a Link, y a Gustaf le hizo mucha gracia.
De repente, los ojos de aquel hombre se posaron en lo que llevaba Link a su espalda, su escudo y la espada que le había regalado Zelda. Le pidió que le dejara ver aquellas armas, y él dejó que se las cogiera a regañadientes, por educación. Se quedó unos momentos jugando con aquellos dos objetos, intentando imitar a un guerrero.
-¡Madre mía, esto es mucho mejor que el disfraz que llevé el año pasado durante el Carnaval de Gamelon! -admitió al ver la cuidada forja de aquellas herramientas.
-¿Te disfrazaste de guerrero hyliano? Pensé que siempre te disfrazabas de mujer...-le recordó Zelda, conocía muy bien a ese hombre.
-¡Por supuesto! ¡Me disfracé de guerrera hyliana! -le declaró como algo obvio.
Zelda se golpeó la cara con la mano, ya se lo había imaginado...
-Uhm...-se acercó al chico, mientras observaba con detenimiento la espada- Sabes, chico...se dice que dependiendo del tamaño y la forma de la espada...un hombre da a conocer sus complejos...no sé si me entiendes...-le insinuó con picardía, recorriendo con su mirada todo su cuerpo y deteniéndose en un "lugar" unos instantes, para luego mirarlo a la cara con una sonrisilla.
En otras circunstancias, le hubiera hecho poco caso a ese comentario, o quizás lo hubiera ignorado completamente. Pero decir aquella indirecta delante de la mismísima princesa...no tenía perdón. La vergüenza infinita de aquel momento se mezcló su furia incontrolable, provocando que su cara estuviera roja.
-¡Te voy a...! -y se abalanzó sobre él.
-¡Aaaahh! ¡Zelda, controla a tu "matón"! ¡Quiere matarme! -le suplicó mientras intentaba defenderse con las armas que le había cogido a Link- ¡Aléjate de mí, te recuerdo que tengo tu espada y tu escudo! -le amenazó con ambos objetos, pero Link no le hizo caso- ¡Vale, vale! ¡No hay que llegar a estos extremos! ¡Era sólo una broma, compréndelo! -estaba muerto de miedo, y arrinconado.
-¡Link, ya basta! ¡Tu comportamiento es inaceptable! –le ordenó enfadada y con gran autoridad. Finalmente, Link se apartó se Gustaf, molesto.
-¡Uf! –suspiró aliviado- Eh…te espero en los jardines, ¿De acuerdo? –y se marchó, mientras seguía blandiendo la espada en el aire y jugando con el escupo.
Link hizo el amago de ir a por sus pertenencias, pero Zelda le detuvo.
-Maldita sea…se ha llevado mis cosas…-habló con rabia, apretando los puños.
-No te preocupes, cuando se canse, te devolverá tus pertenencias –intentó calmarlo- Link, te noto cansado, seguramente de cabalgar toda la noche. Aún quedan horas para la cena, así que… ¿Por qué no vas a dar una vuelta por la ciudad? Seguro ayuda a relajarte…me imagino que no querrás pasar demasiado tiempo cerca de Gustaf, ¿No es así? –le ofreció al ver lo ocurrido- Y por curiosidad… ¿Tú no serás homófogo, cierto?
-¡Claro que no! ¡Respeto la orientación sexual de cada uno, y he conocido a un par de hombres así! ¡Pero a este en concreto me encantaría darle una lección! –le dijo molesto.
-Venga…eso fue sólo una broma –intentó sosegarlo- Y respecto a eso, no te preocupes…yo no pongo en duda tus…habilidades…-dejó aquel comentario en el aire.
Link se quedó paralizado, balbuceando, y su cara adquirió la tonalidad de rojo más intensa que podía existir.
-¡Pe-pero majestad! ¡¿Qué está diciendo? –aquello lo alarmó bastante.
-Sólo he dicho que no pongo en duda tus habilidades con la espada, nada más –le respondió aparentando no saber a lo que se refería- Un momento… ¿En qué habías pensado con mi anterior comentario? –le preguntó interesada.
La cara del muchacho pasó de rojo intenso a estar pálida… ¿Qué le decía ahora a ella? Se había pensado que se refería a lo mismo que Gustaf había insinuado sobre él, pero parecía que ella no había cogido la indirecta.
-"¡Genial, va a pensar que soy un pervertido!" –se dijo a sí mismo, mientras se golpeaba con el puño en la frente.
Tras un momento de tensión, decidió abandonar el lugar…
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Estaba paseando por la ciudad, aún un poco nervioso por todo lo ocurrido. Se apoyó en una pared de una casa de las múltiples callejuelas de la capital. Por allí pasaban algunos transeúntes, pero tampoco era muy concurrido en comparación con otras calles. Un buen lugar para descansar…
-¿No le parece que está todo demasiado tranquilo, señor? –le habló una voz a su lado, aunque creía haberla oído antes.
Miró a su izquierda, y vio a un hombre de pelo largo violáceo, piel de parecida tonalidad aunque más pálida, e intimidantes ojos rojos. Su aspecto era bastante joven, pero parecía tener más edad de la que aparentaba. Iba vestido con ropas negras, y unas telas negras en su mano que parecían haber estado ocultando su rostro. Esta mirándolo apoyado en la pared con un pie, y con los brazos cruzados, con cierta chulería.
-¿Qué pasa? ¿No te acuerdas de mí? Me decepcionas…-le dijo con burla y falsa lástima.
-Esa voz…-comenzó a recordar, y pronto se puso en guardia- Valtimore…-recordó con rabia.
-¡Por fin! ¡Mira que has tardado! –exclamó al cielo.
-¿Qué haces aquí? ¿No te das cuenta de que aquí eres un blanco fácil? –le recordó fríamente, sonriendo maliciosamente ante aquel error.
-¿Lo dices por ti? –le preguntó despreocupado- ¡Por favor! Estás desarmado y solo, quién debería estar preocupado eres tú. Has escogido un tranquilo lugar para descansar, quizás demasiado relajado…-le dijo maliciosamente, acercándose a él.
-No te tengo miedo, y me enfrentaré a ti si intentas atacarme…-le amenazó sin retroceder ni un milímetro.
-¿En serio? ¿Y a esos también? –le dijo señalando detrás suya.
-¡¿Qué? –no le dio tiempo a reaccionar, ya que en ese momento sintió un fuerte dolor en la cabeza, que hizo que su mundo se volviera completamente oscuro…
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Despertó sin poder ver nada, tenía un saco que le ocultaba la cabeza. Además, tenía las manos atadas a la espalda, y estaba encerrado en un lugar estrecho, quizás un baúl. No sabía cómo había llegado hasta allí, pero lo que sí sabía es que había sido obra de Valtimore…
De pronto, oyó como varios hombres se acercaron al baúl, y lo abrieron. Lo sacaron bruscamente de allí, y le ordenaron levantarse a base de patadas. Cuando lo hizo, un par de sujetos lo agarraron y de nuevo volvieron a ordenarle violentamente que avanzase. Link no podía ver nada, y andaba sin saber a donde le conducían. Podía oír algunas risas y comentarios insultantes hacia él, lo que lo enfurecía aún más.
Llegó a un punto en el que pararon, y lo tiraron al suelo con fuerza. Le quitaron el saco que cubría su cabeza con desprecio, dejándole por fin ver lo que ocurría. Uno de esos criminales se dedicó a burlarse de él con su gorro verde, para luego colocárselo humillantemente en la cabeza.
Link miró a su alrededor, y pudo ver a unos cuantos encapuchados junto a Valtimore, pero no parecía haber ningún campamento asentado allí, estaban en plena Pradera de Hyrule. Observó el lugar, y notó que estaba en una colina desde donde se podía ver la Ciudadela y el Castillo de Hyrule, a quizás una hora a caballo desde allí. También se dio cuenta de que estaba atardeciendo, habían pasado unas cuantas horas desde que lo capturaron. Y se preguntaba… ¿Por qué?
De repente, vio como aquellos hombres rendían respeto a alguien que se acercaba hasta allí. El individuo estaba cubierto por una enorme capa, y del que sólo se podían ver sus manos con uñas puntiagudas, y de piel pálida como la de Baltimore; y sus ojos rojos.
Por alguna extraña razón mirar a ese imponente hombre le provocaba un terrible miedo que sacudía su cuerpo, y eso que jamás se habían visto.
-Vaya…y se supone que este es el muchacho en el cual reside la Trifuerza del Coraje…qué decepcionante, está temblando como un cucco… –habló fríamente, con una voz grave, mirándolo desde arriba con desprecio.
Se agachó para poder mirarle a la cara, y se la agarró con una mano para poder observarlo…
-Ag, qué despreciable…me recuerdas demasiado a él…-comentó con desprecio y asco.
Link se quedó confuso tras oí eso, ¿A quién le recordaría? Parecía no caerle nada bien aquella persona…
-Vayamos al asunto, no quiero demorarme más con este patético muchacho…-y le puso una mano sobre su cabeza.
El hombre comenzó a irradiar energía oscura, que penetraba en el cuerpo de Link. Al mago parecía costarle mantener aquel hechizo, pero quién estaba sufriendo de verdad era Link. Sus desgarradores gritos de dolor incluso asustaban a algunos de los presentes, aquello era algo insoportable. El hechicero estaba sudando y se estaba cansado, tenía que darse prisa…
De pronto, de la mano izquierda de Link, su Triafuerza comenzaba a "despegarse" de su mano. Brilló intensamente durante unos instantes, cegándolos a todos, y de pronto apareció flotando en el aire. Todos aquellos criminales se quedaron boquiabiertos al ver aquella maravilla, y su jefe sonrió maliciosamente, aunque cansado. Mientras, Link ya no pudo aguantar más…cayó al suelo muy debilitado, casi inconsciente, y sufriendo a horrores.
El mago se acercó a la Triafuerza, y la envolvió con su magia negra. La Triafuerza pareció estar confusa y comenzó a brillar, iluminando el cuerpo de aquel hombre. Flotó hacia él, y entró en él. Aquel hechicero sintió una enorrme energía que jamás había experimentado dentro de él. Tras ese momento de plenitud, vio como la Triafuerza del Coraje quedó grabada en su mano izquierda, consiguiendo así su objetivo…
-Tantos años, merecieron la pena…ahora estoy más cerca de mi objetivo, ya sólo me queda una…-habló mirando hacia el Castillo de Hyrule- Tú serás la próxima, Zelda…si pensaste que me pudiste derrotar hace tantos años, estabas muy equivocada…
-¡Aaahh! ¡¿Qué está pasando? –exclamó con miedo y repulsión uno de los secuaces de aquel hombre, y hasta el mismísimo Valtimore estaba asustado.
Link se retorcía de dolor, algo no iba bien dentro de su cuerpo. Las cuerdas que le mantenía atado se rompieron, dejándole los brazos libres. Se apoyó en el suelo, mientras le daban arcadas y un intenso dolor le recorría la espalda. Una energía oscura envolvió su cuerpo, y comenzó a cambiar de aspecto.
Aquella transformación tenía aterrados a los más cobardes de allí; mientras a Valtimore y su jefe los mantenía expectantes y asombrados, con algo de miedo. Cuando finalizó la metamorfosis de Link…
-¡Ag! ¡¿Qué es eso? –exclamó con desprecio Valtimore.
-Vaya, vaya…no sabía que tu cuerpo reaccionara de esta forma a la magia oscura…-le dijo al muchacho, que estaba a punto de desmayarse- Pensaba deshacerme de ti después de obtener lo que quería…pero en esa forma, creo que podrás serme de utilidad. Y gracias a este poder, vuelvo a tener energía para conjurar un nuevo hechizo bastante poderoso…-le dijo mientras volvía a colocar su mano sobre la frente de Link.
Volvió a liberar energía oscura sobre él, pero estaba vez lo único que sentía era como las sombras lo envolvían por completo, hasta ennegrecer su visión…
Continuará…
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Nota de Alfax: ¡Aquí está el capítulo 13! ¡El más largo hasta la fecha! Aunque ya deberíais saber que me suelo alargar bastante, ese es mi estilo literario. Sólo espero que os haya valido la pena leer este capítulo tan largo…
Espero que os haya gustado y hayáis pasado un buen rato. Quiero que comentéis, que leo todos los comentarios, y respondo a todos los usuarios registrados a no ser que se me pase por alto. ¡Y los anónimos también contáis!
Pasando a otro asunto… ¡Libertad! ¡Por fin se acabaron las clases! ¡No hay nada mejor que volver de un viaje de fin de curso, y poder vaguear después! ¡Tendré más tiempo para mis aficiones, incluyendo escribir este fic! Lo que no sé si podré publicar a menudo…entre que suspendí Matemáticas (no me importa, pues paso igualmente a Bachillerato) y que en Julio no podré usar casi un ordenador con Internet porque me iré con mi madre y no tiene. Y no quiero volver a intentar meter mi USB en esos ordenadores de esa biblioteca pública…
En Agosto es más posible que pueda, porque estaré con mi padre y en donde vivo si que hay Internet. Aunque me tendrán vigilada por culpa de las malditas matemáticas, que jamás se me han dado bien…
¡Pero no os preocupéis, ya me las apañaré para publicar! ¡Y más ahora que se está empezando a poner interesante la cosa! ¡Hasta que otra, lectores!
Ah, y contestando a Crepusculo39...lo que dijiste ya lo sé. Llevo informándome e investigando, para basarme en ello en la historia. Y a medida que vaya avanzando, sabrás porque lo hice... ¿Cómo explicarías entonces el acento extranjero de algunos personajes o los libros que se leen? ¡No es real! Simplemente me baso en cosas del cannon y en la realidad para poder escribir esto...
Ahora, de verdad, hasta luego...
