Capítulo 77: La batalla de la Nube de Oort.

Tras el valiente sacrificio de Shun, el alma del dios del Inframundo fue encerrado en el ánfora de Atenea, cumpliendo de esta manera con el destino que le auguraba su constelación de Andrómeda. Su diosa y sus hermanos lloraron inmersos en una profunda tristeza frente al cadáver del hombre más puro del planeta, alguien a quien no le gustaba la violencia pero que estaba dispuesto a dar su vida por sus semejantes. Repentinamente un brillo morado resplandeció en el palacio olímpico, se trataba de los santos de bronce, plata y oro que habían muerto en las guerras santas de la presente era. Andrómeda consiguió la proeza de manipular los poderes divinos de Hades, resucitando de ese modo a sus camaradas caídas, solo por el lapso de doce horas.

Guiados por su diosa, los santos se arrojaron a la salida del templo de Plutón, un territorio conocido como la Nube de Oort, un universo oscuro de eternas distancias.

Monte Olimpo.

Templo de Júpiter.

El recinto mostraba una sublime belleza, con paredes y columnas de cristal, duras como el diamante. El clima había cambiado en los alrededores del palacio, las pasivas, tranquilas, blancas y brillantes nubes que decoraban el paisaje del lugar se habían tornado grises y oscuras, el viento soplaba cada vez más fuerte, en poco tiempo comenzó a llover, más y más fuerte, hasta convertirse en un verdadero torrencial. Tambores de truenos sonorizaban el ambiente y pronto los relámpagos se hicieron presentes iluminando la escena.

El rostro de Zeus mostraba una extraña furia, sus ojos chispeaban, aunque en lo profundo de su mirada se detonaba un detalle de temor. Un rey olímpico había caído, doblegado a la voluntad de un mortal…y lo que era aún peor, ahora solo quedaban dos olímpicos…Atenea y Zeus. Este pensamiento inquietaba al dios del cielo, sus ángeles permanecían callados esperando órdenes y a pesar del esfuerzo por demostrar tranquilidad, sus corazones ardían de impaciencia.

—Hasta dónde puede llegar un hombre por sus creencias… ¿qué tan alto debió arder el cosmos Andrómeda para doblegar al espíritu de Hades? Cuanta esperanza y coraje existe en el sacrificio de este muchacho… —reflexionaba Belerofonte en profundo silencio.

—Esto se ha vuelto un juego interesante, Hades…la elite del Olimpo no puede ser burlada de este modo… —manifiesta Zeus.

Una luz radiante comienza a iluminar el templo de Júpiter, tras un destellar cegador que amainó la tormenta, despejando las nubes y dejando penetrar el brillo del Sol, pudo verse a Helios.

—¡Helios! Por fin apareces… —recrimina Zeus.

—La guerra está a nuestras puertas, Atenea se encuentra en la Nube de Oort, es una oportunidad inmejorable para deshacernos de ella y de sus santos… —contestó Helios.

—Todas las oportunidades son inmejorables, para vencer a Atenea solo debo proponérmelo…tengo curiosidad de hasta dónde puede llegar, pero si quieres puedes ir a divertirte con sus santos…Pegaso podría resultar un desafío interesante… —dijo Zeus recuperando la tranquilidad.

—Ya veo, es la paz luego de la tormenta… —contesta una sonrisa Helios.

Nube de Oort.

El territorio que se alzaba frente a los atenienses se trataba de un infinito espacio oscuro de estrellas, que titilaban entre la enorme vastedad de cuerpos celestes que flotaban, cometas volaban entre la parte más distantes, los santos se dividían producto del inmenso lugar, el suelo se terminaba abruptamente, para dar paso al absoluto vacío, caer de allí sería una caída eterna, donde morirías de hambre, sed o vejez, sin poder evitar estar continuamente cayendo.

—Sigan sus corazones… —expresa Atenea. —No claudiquen, con esperanza y fe podrán hallar el templo de Neptuno…Seiya, Shiryu, Hyoga e Ikki, levantemos vuelo y encontremos los dominios olímpicos de Poseidón.

La diosa y los cuatro santos que portaban armaduras divinas despliegan sus alas y ejecutan un poderoso salto, para iniciar un vertiginoso vuelo ascendente, que termina por convertirlos en estrellas fugaces que se pierden en la oscuridad. De entre los santos uno da un paso al frente, se trataba de Aioros, quien lucía la sapuris de Sagitario.

—Hermano… —susurra Aioria, tratando de interpretar lo que estaba por hacer.

—Compañeros, nos veremos en el templo de Neptuno. —dijo Aioros desplegando las alas de su sapuris e imitando el vuelo de Atenea y los santos divinos.

—¡Ya escucharon a Aioros! —exclamó Saga, elevando su cosmos y exhibiendo un gran salto hacia un lejano asteroide.

Los santos dorados imitaron a Saga y emprendieron la búsqueda del templo olímpico de Poseidón. Los santos de bronce y plata saltan con dificultosos esfuerzos, a excepción de algunos prodigios que podían seguirles el paso a los santos dorados.

. . .

Sorrento de Sirena se había escabullido durante el combate de Atenea y sus santos contra Hades, él había sido el primero en llegar a la Nube de Oort y a diferencia de todos los santos poseía las coordenadas exactas del templo de Neptuno. Para el general marino era una cuestión de tiempo, de poco tiempo, para cumplir la misión de su señor Poseidón.

—Compañeros, vuestro sacrificio pronto se verá recompensado, la voluntad de Poseidón se cumplirá…

. . .

En un lugar remoto de la Nube de Oort el juez del Infierno, Aiacos de Garuda, sonreía en la noche.

—Así que Atenea y sus santos por fin han entrado a la Nube de Oort, nuestro ejército espera agazapado en puntos clave, pronto todos morirán…

. . .

Alkes de Copa aterriza hábilmente en un nuevo asteroide, había saltado sobre cientos de ellos, sentía que había recorrido muchos años luz de distancia y sin embargo no llegaba a ningún lado.

—Percibo un aroma extraño…

—¡FRAGANCIA PROFUNDA!

Repentinamente irrumpe en la escena Niobe de Deep y extiende su brazo hacia adelante y un extraño olor comienza a expandirse por todo el ambiente, el santo de plata que portaba la sapuris de Copa pone las dos palmas de su mano apuntando a su rival, pronto se condensa humedad en la zona, lo cual no permitía el avance del mortal perfume.

—¡No funciona…que es esto! —dijo Niobe atacando con un golpe de puño a la humedad, sin causar daño y siendo bloqueado.

—¡Ingenuo, no debiste acercarte…LANZAS DE HIELO DEL LOTO BLANCO!

El santo de plata extiende sus manos hacia arriba y unas lanzas congeladas de gran filo atraviesan el cuerpo del espectro de par en par, su sapuris había recibido gran daño, Niobe cae al suelo devastado.

—No lo comprendo…este espectro había sido derrotado, ¿cómo es que se encontraba en este sitio?

—Qué vergüenza Niobe… —se escuchó decir a un espectro que estaba en las sombras.

—No era rival para mí, tal vez tú si lo seas… —murmura Alkes mirando al espectro de Papillón, que mostraba su colorida sapuris. —Aunque antes dime porque están vivos…Atenea te derrotó personalmente junto con Niobe en el templo de Plutón…

—Te lo explicaré, nuestras sapuris nos permiten atravesar la Nube de Oort con suma facilidad, por ser los custodios naturales de Hades, Atenea solo nos dejó fuera de combate…

—Descuida, yo no seré misericordioso como mi diosa…

—Veamos si puedes conmigo… ¡HADAS DEL REINO DE LOS MUERTOS!

Unas radiantes y hermosas hadas energéticas rodearon la silueta del santo de plata, su visión se perdió por un instante, veía a Myu de Papillón borroso.

—Ahora te tengo en mi poder, fregaré los asteroides con tu rostro… —susurra Myu e irradia una luz con su psiquis, repentinamente Alkes es manipulado con telekinesis y su rostro es estampado contra un asteroide, luego rebotó, golpeando en el piso.

—¡Ni siquiera hubo enfrentamiento…tu poder no se compara con el mío! —dijo con desprecio el espectro y volteó, pero en ese momento percibe un cosmos convaleciente crecer poco a poco. —¿Qué es este enorme cosmos…?

—Myu de Papillón, has cantado victoria antes de tiempo, pese a tu gran poder he acumulado todo mi cosmos, mis heridas me hicieron llegar al límite y ahora te terminaré maldito…

—Insensato, admite la derrota. ¡HADAS DEL REINO DE LOS MUERTOS!

Mientras las temibles mariposas afectaban a Alkes, este encendía su cosmos con gran valor, las mariposas se congelaban antes de poder tocar su cuerpo, el aura de su constelación se vislumbra a sus espaldas.

—Contempla mi poder a su máximo… ¡TORMENTA GIRATORIA DE LOS CIEN COLMILLOS DE LANZAS DE HIELO!

Una lluvia de lanzas de hielo avanzaron como una gran tempestad, el espectro intenta cubrirse pero las lanzas congeladas atraviesan su sapuris, causando una incontable cantidad de heridas mortales, finalmente el viento arrastra a su víctima varios metros atrás, en ese momento su cuerpo choca contra alguien que aparecía mirando el ya cadáver de Myu Papillón.

—Otro espectro más… —dijo Alkes encorvado por el cansancio.

—Es sorprendente que un santo de plata haya vencido a un espectro como Papillón…pero yo soy distinto, mi nombre es Aiacos de Garuda…

—¡Uno de los tres jueces!

—Así es, ya no puedes escapar…

—¿Escapar dices? Un santo de Atenea verdadero nunca haría eso…

—Lo mal que haces… —dijo Aiacos mientras se le escapaba una risa.

—¡No me contendré con un juez, este es mi mejor técnica…TORMENTA GIRATORIA DE LOS CIEN COLMILLOS DE LANZAS DE HIELO!

Una lluvia de lanzas de hielo avanzaron como una gran tempestad que arrastraba hielo, Aiacos intenta contener la demoledora técnica. Haber observado las heridas en el cuerpo de Myu de Papillón debía ser una ventaja para el juez del Infierno, el potente viento lo expulsó varios metros atrás, hasta que el ateniense lo perdió de vista.

—He vencido, mi cuerpo está algo entumecido tras los ataques de Papillón… —murmura Alkes y da unos pasos con gran dificultad, pero sorprendido observa la silueta de Aiacos, que estaba erguido y sin tantas heridas, las lanzas de hielo no habían podido dar en sus puntos vitales.

—No es posible… —murmura Alkes con desazón.

—¡Todo me lo dijo mi sapuris! —responde Aiacos.

—¿Qué dices…? —pregunta desconcertado.

—La sapuris de Garuda se comunicó conmigo, me reveló la experiencia de aquellos que alguna vez la portaron, curiosamente se trata de un santo de plata que usaba la misma armadura que ahora usas tú…que fuera alguna vez Suikyo de Garuda, en la guerra santa del siglo XVIII…

—Ahora comprendo porque no funcionó mi técnica más letal…

—Por el nivel de tu cosmoenergía y tus técnicas, puedo inferir que eres la reencarnación de aquel Suikyo…

—¡Silencio, esta vez daré en tus puntos vitales…mi cosmos se elevará hasta el infinito…TORMENTA GIRATORIA DE LOS CIEN COLMILLOS DE LANZAS DE HIELO!

Un magnífico viento congelado comenzó a sentirse, lanzas de hielo caían desde distintos lugares, Aiacos las evitaba con su grandiosa velocidad, las lanzas comenzaron a incrementarse súbitamente al igual que poder del viento congelante, que se convirtió en una gran tormenta, los dos combatientes dejaron de verse en semejante tempestad, cuando la técnica finalizó Alkes pudo observar al juez del Infierno intacto.

—¡No lo creo!

—Estudié con gran detenimiento tu técnica la primera vez, ahora es mi turno… ¡ILUSION GALACTICA!

Aiacos cruza sus brazos y genera una horda de luces violetas que se cruzan entre sí, arriba puede apreciarse varios ojos que observan al ateniense, en un escenario de espiral galáctica, los ojos de la galaxia emiten una fuerte luz que termina dañando gravemente a Alkes de Copa, que cae de espaldas al suelo, completamente inconsciente.

El joven santo de plata ahora se encontraba indefenso.

—No puedo darme el lujo de irme sin antes ejecutarlo, este hombre tiene un cosmos muy poderoso… ¡ALETEO DE GARUDA! —gritó Aiacos y levantó sus dos manos, atrás aparece el aura de un temible Garuda, el cuerpo del santo de plata es elevado al cielo, unos segundos después el espectro marca una cruz con su pie derecho. —Esta será tu tumba… —se retiró mientras el ateniense caía al suelo sin vida.

. . .

El vanidoso Misty de Lagarto y Caronte de Aqueronte, que sostenía su remo con poca elegancia, estaban frente a frente. Los santos de plata que habían caído en la batalla contra los santos de bronce, en la revuelta del Santuario, también habían sido revividos para combatir en la Guerra Olímpica.

—Que horrible que son los espectros… —dijo Misty mientras observaba a su rival con repugnancia.

—¡Cómo te atreves, seguramente con ese aspecto tan afeminado eres un guerrero mediocre…! ¡REMO GIRATORIO!

Caronte gira su remo a una velocidad de match dieciocho, Misty mueve sus brazos rápidamente mientras crea una corriente de aire que impulsa magnetismo, los primeros golpes son repelidos, pero la barrera comienza a fragmentarse hasta ser destruida, el santo de plata es golpeado duramente hasta caer al suelo.

—Tenía razón, eres bello pero incompetente como guerrero… —dijo el espectro mirando al horizonte, pensando en un nuevo rival.

—Espera espectro… —balbucea Misty mientras se levanta con dificultad. —He aprendido con mi vida una gran enseñanza, yo nunca había sido golpeado… —recuerda su combate con Seiya. —Y después sufrí una derrota dolorosa que terminó con mi vida…pero esta es una nueva oportunidad para mí, te demostraré que aprendí finalmente la enseñanza de la tenacidad…

—¡Guarda silencio maricón…REMO GIRATORIO!

Tras girar su remo, el espectro generó una ventisca de golpes, cada uno chocaba con una pared invisible, la barrera magnética había crecido hasta un punto tal que consigue repeler todos los golpes del enemigo.

—¡No es posible! —expresó Caronte retrocediendo.

—¡Muere desgraciado…AGUJERO NEGRO!

Misty señaló con el dedo índice de su mano derecha a Caronte, este comenzó a ser rodeado por un viento blanco, que lo levantó repentinamente por los aires y lo hizo girar con gran violencia, hasta caer al suelo duramente, la fuerza del impacto fue tal que la sapuris se resquebrajó por doquier.

—Cerdo miserable, te atreviste a tocar mi hermoso rostro, el combate con Pegaso me enseñó que las heridas nos enseñan mejor que los mejores entrenamientos… —dijo Misty mirando el cadáver del espectro celeste.

. . .

Tras el barullo de la batalla, un santo ateniense escapaba de diez espectros hasta que se detuvo en seco al ver que la forma del asteroide lo llevaba a un gran risco, de donde no podría escapar, los espectros también se detuvieron.

—¿Has decidido suicidarte…? —preguntó Stand de Escarabajo Mortal, un espectro de un enorme cuerpo, superior a los dos metros cincuenta.

—Miren como me suicido… —respondió Argol de Perseo y sacó su escudo de la espalda, luego apuntó contra los espectros que miraban sin entender, hasta que en cuestión de segundo se convirtieron en piedra. —Son unos idiotas… —soltó una risa maligna.

. . .

—¡ATADURAS DE GUSANO! —gritó con su estridente voz Raimi, mientras sus tentáculos aprisionan el cuerpo de Sirius del Can Mayor.

—¡Que presión ejercen estos tentáculos! —dijo el santo de plata mientras intentaba liberarse sin éxito.

—¡Vas a morir caballero!

Los tentáculos finalmente apretaron cada vez más al santo, hasta que sus heridas ya eran demasiado graves, el espectro retira sus tentáculos y su enemigo cae fatalmente herido al suelo. A los pies del santo plateado puede verse otras botas de sapuris.

—Soy Pléyade de Orión, veo que has salido victorioso, pero ahora mismo serás derrotado…

—¡Guarda silencio!

En un imperceptible movimiento Orión se abalanzó contra el espectro y golpeó su rostro con fuerza, provocando una dura caída al suelo.

—¡Este santo es verdaderamente poderoso…!

—¡Enhorabuena por darte cuenta, ahora vuelve al Infierno…CACERIA DE ESTRELLAS!

El joven santo de plata revivido eleva su cosmos, su brazo izquierdo hace un veloz movimiento, agitándolo como se estuviera cazando estrellas, luego las sostiene en su puño cerrado, para soltarlas suavemente hacia arriba, entonces de su palma emergen diminutas estrellas que brillaban como un poderoso astro y se ubican en los cielos, formando parte del firmamento, Raimi esboza una mirada maligna y da una patada en el suelo, perforando el mismo e introduciéndose en el asteroide, las brillantes estrellas de Orión arrasan con gran parte del suelo pero la técnica resulta burlada, del suelo emergen repentinamente los tentáculos del Gusano, aprisionando el cuerpo del ateniense, quien se vio sorprendido.

—¡Me ha atrapado…!

—¡Ahora morirás…ATADURAS DE GUSANO!

Repentinamente Pléyade enciende su cosmos de forma abrumadora, destruyendo las ataduras y en un ágil movimiento se elevó por los aires. Las ataduras de gusano siguieron su trayecto hacia ningún lado, Orión gira sobre sí mismo, convirtiéndose en un auténtico cuerpo celeste de color azulado que encandila la visión de Raimi.

—¡CHOQUE MEGATONICO DE METEORO!

Tras impactar duramente en la cabeza del espectro, toda la sapuris se desmorona en pedazos.

. . .

Shaina poseía una armadura sapuris, cuya forma simulaba la armadura dorada de Ofiuco que había usado en su combate contra las vestales, tras lanzar su garra del trueno a una velocidad superior a veinte match, había aniquilado a tres de los cuatro espectros que habían aparecido, pero uno había salido ileso.

—¡Entonces tú no eres igual a los otros…! —dijo la ateniense.

—¡No me compares con esos fracasados, yo, Flegias de Licaón, tengo otro nivel, toma esto! ¡AULLIDO INFERNAL!

La ateniense abrió sus ojos para evitar a su enemigo, pero este se abalanzó con gran agilidad, sorprendiéndola y atacando con sus dos puños extendidos, liberando dos enormes esferas violetas que impactaron en Ofiuco, el aura de un feroz lobo podía verse atrás del espectro.

—¡No eres rival para un espectro como yo!

—Eres un insensato… —susurra Shaina mientras se reincorporaba.

—¡Te sepultaré en la Nube de Oort…AULLIDO INFERNAL!

El cosmos de Shaina se incrementa de forma abrumadora hasta alcanzar el séptimo sentido y esquiva el ataque de su enemigo con gran destreza y termina dando la espalda a su enemigo con su mano extendida, repentinamente la sapuris de Flegias comienza a agrietarse por diversos puntos.

—Garra del trueno… —susurra la muchacha mientras el espectro cae sin vida al suelo.

Seiya de Pegaso se encontraba volando totalmente desorbitado, perdido en la inmensidad de vasto territorio, el complicado camino lo había extraviado de su diosa y sus hermanos.

—Este lugar me recuerda a la dimensión de los dioses, con la excepción de que esta vez no hay ningún indicio de hacia dónde tengo que ir… —repentinamente el japonés observa un resplandor a los lejos. —Esa luz…acaso será el templo de Neptuno… ¿que brilla como lo hacían los Campos Elíseos? —algo desorienta al santo divino al observar que el resplandor se acercaba rápidamente. —¡Eso no es un templo! Es un guerrero…o acaso… ¿un dios?

El brillo comienza a tomar forma, la representación de un caballo de fuego que galopaba por los cielos, dejando a cada paso un sendero de llamas, el caballo galopó alrededor del santo de Pegaso, que estaba confundido, generando un gran fuego que cubría al ateniense, quien se defendía con gran dificultad.

—¡Soy el antiguo dios del Sol! Y ahora retomo el puesto que dejó vacante Apolo…—dijo Helios, subido a una carrosa de llamas, que era guiada por cuatro caballos de fuego.