14. Una Vida de Perros (Parte I)

Una bestia de pelaje negro como la noche en la que se movía, y temibles ojos rojos sin expresión alguna, caminaba por las calles de una ciudadela en la que todavía quedaban algunos transeúntes. El fuego de las farolas intentaba iluminar los rincones de aquella enorme ciudad, pero siempre había lugares a los que su luz no llegaba. El animal de rasgos lobunos, aunque su aspecto reflejaba que servía a las fuerzas de la oscuridad, llevaba bastante rato avanzando por la capital desde que entró por la Entrada Este. Siempre con la vista en aquel imponente castillo, en su cabeza aún resonaban las palabras de su amo y señor:

"Tráeme a la princesa Zelda...e intenta que no llamar la atención. Penetra en el castillo sin que te vean, y acéchala. Ten paciencia, ataca sólo en el momento oportuno, a ser posible cuando duerma. Al cuello llevas colgada una perla, y cuando la tengas a tu merced, rompe el hilo que mantiene atada dicha perla a tu cuello. Coge la esfera, y mantenla en tu boca. Para poder cumplir con tu misión, deberás quebrar la esfera con tus colmillos, mordiendo a la joven para que ambos os teletransporteis hasta el lugar donde nos encontramos ahora. Ah, y cuanto más indefensa esté cuando me la traigas, mejor. Pero no la hieras gravemente, la necesito viva. Por el momento..."

Y eso es lo que haría, pero para cuando llegó a las puertas del castillo, observó que en ellas y en sus murallas había soldados haciendo guardia por la zona. Aunque su pelaje le servía de camuflaje en aquella oscura noche, tenía que andar con mucha cautela y no dejar que lo avistaran. Así que retrocedió, y al hacerlo vio a una tímida joven que volvía a casa con prisas. Era el cebo perfecto, y sin más la atacó. La joven se quedó paralizada al ver como esa fiera se acercaba a ella gruñendo amenazante y mostrando los dientes. Gritó cuando la bestia se abalanzó sobre ella, tirándola al suelo, y le mordió el vestido para impedir que huyera, desgarrándoselo. Como se encontraban cerca del camino que conducía a la entrada del castillo, los dos guardias oyeron los gritos de la muchacha y se acercaron para ayudarla. El monstruo oyó como se acercaban corriendo, desde antes de que cualquier persona pudiera oírlo gracias a su desarrollado oído. Aprovechó su ventaja para tapar la visión de la chica con la tela que había arrancado de su vestido y empujarla antes de esconderse. Cuando los soldados llegaron, se encontraron a la joven aterrada y llorando mientras intentaba taparse, con muchísima vergüenza. Los dos hombres intentaron hablar con ella sin éxito, estaba demasiado alterada. La levantaron y se dispusieron a llevarla a su casa.

Era el momento perfecto para penetrar en el castillo, antes de que otros guardias los reemplazaran, como le oyó anunciar a otro soldado que patrullaba sobre las murallas del castillo. Empujó la puerta con mucho esfuerzo, y entró por fin a la residencia real. Fue con cautela por los jardines, sin que le vieran los guardias que vigilaban en las murallas. Buscó una entrada alternativa que no fuera la entrada principal, porque traspasadas esas había algunos guardias, podía olerlos. Tampoco podía ir por las mazmorras, al otro lado del castillo, porque su entrada estaría también vigilada. Buscó por el lugar, valiéndose de su olfato para rastrear a un individuo que había pasado por ahí hacía unas horas, y por lo que percibió parecía ser un jardinero. Se movió entre setos y otras plantas, hasta llegar a una pequeña y escondida puerta. Trató de abrirla, pero estaba cerrada con llave. Mordió con insistencia el pomo, arañó la puerta, e intentó derrumbarla placando contra ella con fuerza; pero no tuvo éxito. Paró pronto, para no hacer más ruido, y en ese momento, comenzó a olisquear la puerta. Se percató de que detrás de aquella puerta no había piedra, sino tierra. Usó su percepción animal para descubrir que era posible excavar en esa tierra, sobre todo porque estaba humedecida por el agua debido al riego de las plantas cercanas. Comenzó a escarbar con impaciencia por debajo de esa puerta, pero sin hacer demasiado ruido. Al rato, por fin pudo atravesar por el hoyo hacia el otro lado. Se sacudió la tierra, y se fijó que estaba en una habitación no muy grande, a oscuras. Eso no era ningún problema para él, gracias a sus desarrollados sentidos y a su buena visión nocturna. Olisqueó el lugar y lo exploró un poco. Al parecer, esa habitación de suelo terroso, era donde se guardaban las cosas necesarias para el cuidado de los jardines; como tijeras de podar, abonos, macetas, rastrillos, palas...etc.

Caminó hacia la otra puerta que tenía la habitación, pero también estaba cerrada con llave. Gruño enfadado, pues una vez que la traspasara estaría oficialmente dentro del castillo. Se apoyó en la puerta, y lamió la cerradura. La olisqueó, y confirmó sus sospechas. Buscó de nuevo en la habitación, y se encontró unas llaves colgadas de un clavo, posiblemente serían unas de repuesto. Volvió a apoyarse en la pared para sostenerse sobre sus patas traseras, y las cogió sin dificultad con su boca. Encontró la llave que habría dicha puerta, la introdujo en la cerradura y la giró, todo con cierta dificultad debido a su condición. Subió por unas cortas escaleras hasta lo que sería parte de la planta baja del palacio.

Avanzó por los pasillos y subió por varias escaleras sin que lo divisaran, evitando las antorchas que iluminaban el lugar y anticipándose a los guardias o personal del castillo que se encontrara cerca de él, gracias a su desarrollado olfato y fino oído. En un momento dado, topó con un peculiar olor a mujer que le llamó mucho la atención. Era una hylian, y por sus peculiaridades, pensó que podría ser el olor de la princesa. Siguió su rastro, hasta llegar al final del pasillo que precedía a otro donde se situaba la entrada al Comedor Real, al girar a la izquierda. Sin embargo, en las puertas a dicho comedor había otros dos guardias. Se estaba empezando a cansar de tanta vigilancia...

Tenía que pensar en algo antes de que algún trabajador del castillo se acercara por el pasillo donde él estaba y pudiera verlo. Se fijó en una armadura que decoraba el pasillo y se detuvo en el escudo redondo que tenía a sus pies. Lo cogió con cuidado, y se situó en la esquina del pasillo, espiando a los soldados. Logró poner en pie aquel enorme escudo, y apuntó hacia delante. Lo empujó y este comenzó a rodar por el pasillo. Cuando el impulsó acabó, cayó al suelo haciendo bastante ruido, haciéndose notar en aquel solitario pasillo. Los guardias se alarmaron y exigieron saber quién andaba por ahí. Al no recibir respuesta, corrieron en la dirección donde habían oído el extraño ruido metálico. La bestia se ocultó detrás una maceta cercana que también decoraba la estancia, y los guardias pasaron enfrente de él sin que estos se dieran cuenta. Se apresuró a doblar la esquina y entrar en el comedor, con sigilo. Afortunadamente, en la lujosa habitación sólo estaban la princesa, un noble sentado a su derecha, y un perro pequeño que dormía profundamente sobre la silla que estaba al lado de su amo. Esos dos aristócratas estaban cenando, tenían a su disposición un amplio surtido de comida, y ambos estaban demasiado entretenidos con su conversación para que se hubieran dado cuenta de su presencia. Oyó cierto bullicio proveniente de una puerta al fondo de la habitación y deliciosos olores salían también de allí, debía ser la cocina. Se agachó y se acercó a ellos sin que le vieran, para luego ocultarse debajo de la mesa, que estaba cubierta por un elegante y largo mantel que casi tocaba el suelo.

La mesa era bastante grande, y prefirió acercarse sólo un poco, manteniendo una distancia prudente de esas dos personas y aquel perro, que estaban al otro extremo. Se tumbó y se relajó un poco, pero sin bajar la guardia. Ahora tocaba esperar y vigilar a la princesa, y por lo que parecía iba a tardar bastante en marcharse a su habitación. Mientras esperaba, pudo ver por debajo del mantel, un escudo y una espada apoyados en la pared, detrás de donde se sentaba aquel hombre que acompañaba a la princesa. Por alguna extraña razón, se mostraba receloso al ver aquellos dos objetos ahí. Se olvidó del tema, y volvió a prestar atención en su objetivo, y no pudo evitar escuchar su conversación, aunque no le interesara.

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Uhm, pero que buenísimo está todo! ¡Voy a ponerme algunos langostinos más de esa fuente! ¡Y la salsa que los acompaña está divina! -exclamó el noble, sirviéndose más comida.

-No sé como puedes comer tanto, y estar tan flaco. Con todos los platos que te has servido, deberías estar más que satisfecho.-le habló serena la princesa, degustando la comida con más tranquilidad.

-Es mi metabolismo, además de que tú ya sabes que tengo un gran apetito. En ambos sentidos... ¡Ja, ja, ja! -se rió por su frase- Además, voy a aprovecharme de que estoy como tu invitado para hartarme. Sobre todo porque es la última comida que degustaré en bastante tiempo cuyo jefe de cocina haya sido ese tal Francis. ¡Se nota que es tu cocinero favorito!

Por alguna razón, la voz de aquel hombre ponía nervioso al animal. No era como el de la demás hombres...

-Ay...Gustaf, no has cambiado nada en todos los años desde que nos conocimos. Y desde siempre estás con tus típicos chistes...- suspiró Zelda, que al pronunciar el nombre de aquel nombré volvió alterar extrañamente a la bestia.

-¡Ay, sí! ¡Aún recuerdo aquello! -recordó emocionado Gustaf- Tú tenías catorce años, mi hermano dieciséis y yo trece. Vinimos para que mi hermano y tú os conocierais ¡Pero luego mira lo que pasó! Como siempre estabas dándole calabazas a mi hermano, al final él y mi madre prefirieron que viniera yo, dada la relativa amistad que teníamos. Ya te lo confesé hace años, que al principio venía sólo por obligación y para tratar de convencerte de que mi hermano era un candidato perfecto para ser tu esposo. Aún sigo usando esa excusa para venir a Hyrule a visitarte, aunque por supuesto he pasado de tratar de convencerte de que te cases con mi hermano ¡Si fuera por mí, te trataría convencer de todo lo contrario! -exclamó entre risas- Ahora sólo vengo como amigo, para reforzar más esta sólida amistad que se ha ido tejiendo con los años, y que al principio no parecía que fuera a ir bien.

-Sí, lo sé, fui bastante fría contigo al principio. Y yo misma reconozco que nunca pensé que nuestra amistad llegara a donde estamos hoy.-reconoció la mandataria.

-¡Querida "Zeldita"! ¡Tú para mí eres la hermana heterosexual que nunca tuve! -le confesó feliz- ¡Fíjate, si hasta podríamos ser hermanos! ¡Tanto tú, como toda mi familia somos hylians! ¡Aquí tienes la prueba! -le dijo mientras se señalaba sus orejas puntiagudas adornadas con pendientes de oro- Sinceramente, te prefiero a ti antes que al idiota de mi hermano mayor ¡Es un prepotente, soberbio y egocéntrico que desde siempre se ha creído mejor que yo! ¡Y encima desde siempre ha sido el niño consentido de mamá! Si a mi padre no lo hubiera atropellado esa diligencia...él nunca me criticó por mi condición de homosexual y siempre me apoyó, al contrario que mi madre.-suspiró decaído.

-Fue un duro golpe para ti, era un buen hombre...-le habló comprensivamente- Sobre todo por tener que aguantar tú solo a esos dos. Yo no sería capaz de tenerlos todo el tiempo cerca de mí, aunque tienes suerte de contar con más miembros en tu familia aparte de esos dos.

-¡La Familia Real de Gamelon no se puede comparar con la de Hyrule! ¡En lo que se refiere a número de miembros! ¡Ja, ja, ja! -al principio se rió, pero al ver la seriedad del rostro de Zelda, paró- Eh...lo siento. Sé que no debería hacer bromas sobre...

-Déjalo, no hables más del tema...-le ordenó molesta, impidiendo que terminara de disculparse.

-Uhm...-no sabía como continuar- Respecto a lo de que no serías capaz de aguantar a mi madre y a mi hermano, reza para que mi hermano pierda el interés en ti. Aunque eso será muy difícil...mejor reza para encontrar otro pretendiente, pero me parece que ya se han agotado tus opciones ¿No es así? Deberías haber sido más previsora...-le recordó cambiando de tema.

-Ya lo sé, rezo todas las noches para evitar que eso pase...-suspiró cansada- Pero es casi imposible que ese idiota pierda el interés en mí, lleva así años desde que nos conocimos. Y lo de encontrar a otro pretendiente va a ser también casi imposible. Llevo dos años sin recibir ninguna proposición de matrimonio, a excepción de tu hermano, por supuesto. Ag...cada vez me queda menos tiempo, y sigo sin poder hacerme a la idea de que tendré que casarme con ese imbécil. Y te ofendas por...

-Si no me ofendo, si opino igual que tú sobre mi hermano.-le respondió antes de que ella terminara- Y mientras tú sigues sin opciones y a la espera de que se te acabe el plazo, él...como decirlo, "no ha perdido el tiempo" en todos estos años. Ya fuera con empleadas del castillo, con mozas de alta cuna, con plebeyas que cortejaba durante las fiestas de nuestro reino o..."señoritas de compañía", ya sabes, las que trabajan en esos antros llamados burdeles. ¡Mi hermano ha sabido aprovechar bastante bien los atributos que le otorgó la naturaleza! Es alto, con bastante carisma y encanto físico, atractivo y como le gusta entrenar bastante, tiene la musculatura bastante bien formada. Y te lo dice su hermano pequeño, que además es homosexual. Y como soy su hermano, no creo que te interese que te cuente más sobre "otro" atributo suyo, que siempre está alardeando de eso desde que éramos pequeños. ¡Seré gay, pero no es cuestión de que se burle de mí de esa manera!

-Eh...-una gota de sudor le recorrió la cara- Lo último que dijiste sobró, ¿De acuerdo? -le interesaba poco lo que pudiera tener o no su hermano- De todas formas, no me sorprende ese comportamiento de tu hermano. Es más, hasta me lo había imaginado. De lo único que puede presumir tu hermano es de su atractivo físico, porque por lo demás, no hay por donde encontrar.-le dijo seria.

-¡Sí, al contrario que tú! ¡Una mujer bella e inteligente, además de poseer otras cualidades! -la alabó- Si me permites dar mi opinión, no sé como con esos atributos tuyos no has seducido todavía a ningún bello hombre. No sé, antes de amargarte la existencia comprometiéndote con mi hermano, podrías tener antes una aventura. O dos, o tres...

-Gustaf...no esperes que haga lo mismo que tú o tu hermano, porque yo no soy así. No te ofendas, pero no estoy para andarme con amoríos o relaciones esporádicas. Sé perfectamente cuál es mi deber, y si desgraciadamente tengo que casarme con tu hermano, lo haré. Y si hay algo que encuentro realmente despreciable, es que tu hermano y tú, tengáis relaciones o aventuras con los miembros del personal de vuestro castillo.-le habló con extrema frialdad y seriedad- ¡Si están ahí, son para serviros en lo que deben hacer, nada más! ¡No podéis aprovecharos de ellos como si fueran meros muñecos a vuestra disposición! -le reprochó molesta.

-¡Uf, vale! ¡Te he entendido! Eres muy conservadora...-se defendió- Yo me he acostado con hombres de varios reinos, incluyendo el tuyo. Pero no soy como mi hermano, esa comparación es insultante. Puede que sea uno de mis "pasatiempos" favoritos, pero jamás me he "aprovechado" de nadie, como tú dices.

-Je, je...-se rió ligeramente- Eres todo un peligro para los hombres de mi reino, y si por mí fuera, plantearía abolir la ley que permite la homosexualidad sólo para que tú no entraras a Hyrule. Uhm...no, eso no sería justo, mejor promulgo una ley que sólo te impida la entrada a ti.-se burló mostrándole una sonrisilla.

-¡Uuh, que cruel! -le respondió con picardía, para luego reírse junto con la princesa- Tú sabes que a mí me encanta tu reino, ya que es uno de los pocos reinos del continente donde se permite la homosexualidad; junto con el mío, Labrynna, y Calatia. Y antes, en los Mares del Oeste, también se permitía en la Isla Koholint, hasta que el Rey Onkled ascendió al trono tras la tragedia que le ocurrió a los anteriores reyes.-habló un tanto decepcionado- Y volviendo al tema de mi hermano...¿No crees que te podría compensar un poco el tener un cuñado como yo? -le dijo vacilando, volviendo al tema anterior.

-Ni un poco, eso sólo me haría aún más desgraciada... ¡Ja, ja, ja! -bromeó alegre.

-Sabes...desde hace un tiempo te noto más alegre.-le dijo con una sonrisa- Antes, jamás te reías, como mucho lograba sacarte una ligera sonrisa y en ocasiones. Desde que te conozco, has sido una persona muy seria y fría. Pero algo ha cambiado tras lo ocurrido a tu reino en esa extraña invasión... ¿No es cierto? -le insinuó algo, mostrando una ligera sonrisa comprensiva, y mientras cogía un plátano de un exquisito cuenco donde habían servidas más frutas.

-¿A qué te refieres? -le preguntó extrañada, mientras una empleada le servía rápidamente un té, y se marchaba de nuevo a la cocina.

-Aaah...-divagaba, parecía que estaba en las nubes- Lo que hace el amor...-soltó por fin, y comenzó a comerse el plátano.

-¿Qué? ¿Me quieres decir de una vez a que te refieres? -ahora además de extrañada, estaba confusa.

-¡Ju, ju, ju! -se rió mientras se limpiaba la boca con una servilleta de tela- Sabes perfectamente a lo que me refiero...-le insinuó con una sonrisilla- Ese muchacho... ¿Link, no? Desde que trabaja para ti te veo más feliz, y aunque tú no te hayas dado cuenta, los demás sí lo hemos hecho.

Zelda se quedó extrañada, y la bestia que había por debajo de la mesa donde cenaban, reaccionó a ese nombre. Aunque no supo el por qué...

-Pues no creo que nada haya cambiado en mí desde que él llegó.-le dijo sinceramente- Lo único que puede haber cambiado es que ahora tengo a alguien con quién entretenerme, y además me agrada su compañía.

-Y comparado con tu anterior guardaespaldas, es todo un lujo tenerlo a tu lado. Ese hombre era un cascarrabias y un estricto. Llegué a pensar que después de él, nunca querrías tener otro escolta. Sin embargo, en cuanto acabó la reconstrucción de tu castillo...-ese tonito de voz no le gustaba a Zelda.

-No fui yo quién le propuso ser mi guardaespaldas, fue el charlatán de mi comandante de la Guardia Real. Siempre intenta alardear delante del general de mi ejército, y como este intentó reclutarlo pero fracasó, Valenzuela quiso conseguir lo que él no logró. Y como su oferta fue bastante buena, Link aceptó. Yo acepté porque conocía al muchacho, aunque en aquel momento no estaba demasiado segura de mi decisión.-le confesó seria.

-¿Eso significa que tú nunca quisiste que Link fuera tu guardián? -le preguntó un tanto asombrado.

-Esto...yo...no...¡Bueno, sí! ¡Aagh! -no sabía que contestar- No lo sé...

-Aaah...-su respuesta lo había dejado a él dudando- Por cierto, hablando de él... ¿Dónde está ese "muchachote"? -le preguntó ilusionado- Con las ganas que tenía de que comiera con nosotros...

-Después de la impresión que le causaste, seguramente que ha preferido cenar en alguna otra parte de la ciudad. Me parece que no va a dejarse ver hasta que te marches mañana por la noche...-sonrió, se imaginaba el motivo por el cual no había aparecido para cenar.

-Oh, qué pena...-suspiró decepcionado- Pensé que podríamos congeniar...-la forma en que dijo eso puso un poco nerviosa a Zelda.

-Eh...no sé lo que estás pensando, pero él no va por ese camino...-le aclaró Zelda, un tanto incómoda.

-¡¿Qué? ¡No puedes hablar enserio! -exclamó sorprendido- ¿No existe la posibilidad de que pudiera ser "bi"...? -aún tenía esperanza respecto al muchacho.

-No...-le negó con la cabeza- ¿Es que ves un hombre que te gusta, y piensas que puedes tener alguna posibilidad? La mayoría de los hombres son heterosexuales, por mucho que te empeñes en lo contrario. Del mismo modo que a ti molesta que tu madre intente "llevarte por el buen camino", a Link no le hizo ninguna gracia lo que le hiciste. ¡Es más, si no llega a ser por mí, te hubiera atacado! Así que, por favor, madura un poco. Llevas años con lo mismo...-intentó dialogar con él.

-¡¿Por qué todos los buenos pertenecen al otro bando? -se lamentaba echándose las manos a la cara.

-"No me puedo creer que... y yo que pensaba que lo de antes era sólo una broma, y en realidad lo que hacía era coquetear con él. No sé si reírme o echarme a temblar...".-pensó Zelda, aún sin poder creérselo.-"Para un amigo que tengo, tenía que ser tan excéntrico..."-suspiró.

-En fin, olvidemos este tema...-le dijo serenándose- Vale, quizás tú aparentes ser de piedra, pero no pienso lo mismo del muchacho.-comenzó a reírse por lo bajo- ¡Ji, ji! Aún recuerdo esa mirada, durante el festival, parecía estar realmente celoso. Seguro que se preguntaría quién era yo para andarme con tantas confianzas contigo, sobre todo por mis típicos besos de despedida. Y no sólo fue durante el festival, sino el tiempo que os veía a ambos juntos durante las obras; durante tu pasado cumpleaños; y otras cosas que no he podido ver, y que tú no me has querido contar... ¿Eh, "pillina"? -le guiñó el ojo y dándole un ligero toque cómplice con el codo.

-Lo tuyo son sólo falsas acusaciones sin fundamento.-le respondió franca- Nuestra amistad se basó en un principio en que él salvó mi reino, y con el tiempo ha ido creciendo. Lo único que existe entre nosotros es la relación propia de un sirviente y su señora, además de una sana amistad.-le dijo seria- Ah, y no tengo la obligación de contarte todo lo que haga o deje de hacer, y eso lo sabes desde que nos conocimos.-y tras dejarlo todo claro, comenzó a degustar el té, que ya se había enfriado un poco.

-Ya, ya...-no acababa de creérselo y jugueteaba con una copa de vino, que le había servido una sirvienta antes- Y seguro que no habrás tenido alguna fantasía con ese guapetón...

Aquello la pilló por sorpresa y acabó por atragantarse con la infusión. Comenzó a toser para despejarse, mientras oía como Gustaf se reía como nunca. Cuando él soltó ese comentario, le vino a la cabeza aquel sueño y lo siguiente; las cosas que habían ocurrido en el lago; o cuando lo vio trajeado hacía unos días.

-¡Ja, ja, ja! ¡Yo lo decía en broma, pero por tu reacción me has demostrado que es verdad! -decía animado- Uuyy...Zelda, eso no me lo hubiera esperado de ti...-le reprochó con cierta burla, con una sonrisilla, aunque estaba bastante sorprendido- ¡Si ya lo sabía yo! En tu interior, existe una llama de pasión y lujuria esperando a salir a exterior... ¡Y manifestarse! Pero tu corazón se ha visto envuelto desde hace muchos años en una fría y devastadora ventisca que ha acabado formando una fortaleza impenetrable del más duro hielo, impidiendo que muestre al verdadero ser que habita en él.-expresó poéticamente, con gran sentimiento.

-Fantástico...-aplaudió sin ganas, tras recuperarse- Deberías dedicarte a escribir obras teatrales, seguro que serían un gran éxito...

-¡¿Con mis palabras he intentado transmitirte un importante mensaje, y tú sólo te fijas en la estética de mi lenguaje? ¡Por favor, Zelda! ¿Acaso escuchaste algo de lo que dije? O más bien... ¿Quisiste entenderlo? -se quejó molesto.

-Si te soy sincera, no.-le respondió seria y franca- Dejé de escucharte después de tu comentario anterior, que se salió de contexto.

-Madre mía...-se lamentó echándose las manos a la cabeza-"Yo que intentaba ayudarla para que por fin prestara un poco más de atención a su interior, y ella pasa de mí como del estiércol..."-pensó, y después suspiró- En fin...si tú no quieres admitir lo tuyo, al menos no me negarás que el muchacho debe sentirse atraído por ti, aunque sea un poco. No por nada dicen que eres una de las mujeres más bellas de este y otros reinos. Y en mi sincera opinión de hombre, pienso que es así. A todo esto, ¿Nunca has notado alguna mirada extraña por parte del muchacho hacia ti? No creo que en todo el tiempo que lleva acompañándote, no haya admirado tu belleza.-le habló sinceramente y tranquilo.

En ese momento, se acordó de la mirada perdida que tenía él clavada en ella durante unos instantes. Se ruborizó, y un escalofrío le recorrió la espalda, al pensar en la posibilidad de que estuviera pensando sobre ella. Y no precisamente "algo bueno"...

-Me gustaría que no siguieras hablando de este tema, me incomoda bastante.-le pidió seria- Desde que algún "baboso" se le ocurrió nombrarme como una de las mujeres más bellas, y la más hermosa del reino, no ha hecho más que causarme problemas. Numerosos pretendientes han venido a mí con la intención de comprobar que eso era cierto. Recuerdo que llegué a entrevistarme con hasta cuatro hombres en sólo un mes, fue un mes horrible...

-Son los inconvenientes que tiene ser lo que tú eres...-le dijo despreocupado- Pero dejando eso a un lado, volvamos a hablar del chico. Yo creo que os complementáis muy bien. Ambos sois hylians; sois personas conocidas y apreciadas en Hyrule; os lleváis bastante bien; y por lo que he oído, los dos poseéis esa curiosa marca de nacimiento, cuya forma está muy presente en la cultura de este país. ¡Debe de ser el destino! Además, el hecho de que él salvara tu reino y a ti del desastre... ¡El héroe y la princesa! ¡Es como en las novelas! -habló emocionado- Además, es muy guapo. ¡Me apasionan los rubios! Y esos ojos azules... ¡Nunca había vistos unos como los que tiene él! No sé, tan profundos y con un cierto aire salvaje, como si dentro de él existiera una noble bestia oculta esperando a salir. Y antes, cuando lo estaba "comprobando", pude notar que está bastante bien...lo que daría yo por ver lo que hay debajo de esos ropajes verdes que tanto le favorecen. Y pasando a la belleza interior, por lo que me has contado, es un buen chico.-alabó al muchacho- Piénsalo, es un buen partido. Si yo estuviera en tus carnes...hace tiempo que ese "bribón" hubiera caído rendido a mis pies.-expresó de una manera que puso un tanto nerviosa a Zelda, y provocó un escalofrío a la bestia que se encontraba escuchándolos.

-En serio...te voy a prohibir que te acerques a Link...-le amenazó molesta- De todo lo que has dicho, sólo puedo coincidir en ciertos puntos. Lo reconozco, el muchacho tiene unos ojos hermosos y en mi opinión no está mal, tanto físicamente como por lo buena persona que es. Es bastante guapo…-admitió, con toda naturalidad y neutralidad.

-¡Qué bien! -aplaudió emocionado- ¡Por fin he logrado que lo confieses! ¡Ya lo sabía, pero quería que salieran esas mismas palabras de tu boca! Pero me esperaba algo más...siempre hablas así, sin inmutarte, aunque se trate de este tipo de temas.-terminó de decir, algo decepcionado.

En ese momento, varias personas salieron de la cocina. Una de ellas era Anabel, que se acercó a la princesa.

-Majestad, ¿Podemos retirar la mesa? -le preguntó con una ligera reverencia- Y mis señores, ¿Deseáis algún refrigerio o bebida con el que concluir vuestra cena? -les habló ahora a los dos, con la misma educación.

-Sí, podéis recoger la mesa.-le confirmó a ella, un joven y otras dos muchachas- También me gustaría que Francis nos sorprendiera con un postre digno de la ocasión, y una bebida que armonice con lo que nos traiga.

Los empleados comenzaron a recoger la mesa, y cuando el camarero recogió el servicio de Gustaf, este se lo agradeció con un guiño y un piropo. Al pobre muchacho le recorrió un helador escalofrío, que le hizo mucha gracia al noble ya que consiguió lo que quería. Lo único que pudo hacer Zelda fue suspirar, rindiéndose...

Poco después de que se marcharan los sirvientes, y mientras los aristócratas esperaban a que trajeran los postres, el pequeño perrito se despertó. Se desperezó sobre la silla y bostezó, aún con algo de sueño.

-¡Ey, qué bien que ya te hayas despertado! -exclamó animado, cogiendo a su mascota- Estás hecho un dormilón, ¡Aunque no me extraña, dado que no has parado en todo el día! -lo levantó en el aire, mientras el perrillo movía la cola feliz y jadeaba- ¿Quieres comer, Valentín? ¿Le pido que te preparen un jugoso hígado, como a ti te gusta? -le habló al perro como si fuera un bebé.

La mascota ladró feliz, entendió lo que le acaba de decir su dueño, y estaba ansioso por ello. Gustaf alzó la voz para llamar a un criado, y una de las chicas de antes salió. Le pidió la comida para su perro, que aún estaba en sus brazos, y después ella se marchó de nuevo a la cocina. El duque dejó a su Chihuahua en la silla donde antes estaba descansando, y le ordenó que se quedara quieto. El can obedeció, y él continuó charlando con la princesa.

Sin embargo, el animal se sentía extraño. Comenzó a olisquear el lugar, y se bajó de la silla. Miró por debajo de la mesa y vio a la bestia de aspecto lobuno. Se acercó a ella con desconfianza y en actitud defensiva. Mientras, el otro animal intentaba intimidarlo, gruñéndole para que se marchara y no llamara la atención. La tensión se estaba caldeando de bajo de esa larga mesa, a una corta distancia de donde estaban sentados los dos nobles, a sólo un par de metros. El perro se enfadó, y comenzó a amenazarlo en su idioma. Los dos hylianos sólo podían escuchar unos sórdidos ladridos agudos por debajo de la mesa, y Gustaf levantó el mantel para ver que era lo que estaba pasando. Vio una extraña bola de pelo negro en la otra esquina de la mesa, y junto a ella a su mascota ladrando nerviosa.

La bestia vio que lo habían descubierto, y no podía seguir ahí. Apartó con brutalidad al perrillo, y salió disparado de debajo de la mesa. Corrió hacia el otro lado de la mesa, y saltó sobre esta. Se quedó en pie sobre ella, amenazando a la princesa Zelda. Gruñía amenazante, mostraba los dientes, tenía la espada arqueada, y su pelaje estaba erizado. Ambas personas se habían levantado de la silla, pero se encontraban parados y expectantes. La princesa estaba quieta, mirando a la maligna bestia, que parecía un lobo salido del mismísimo infierno por su pelaje completamente negro y sus tenebrosos ojos rojos. Sin perder el contacto visual con el animal, comenzó a cargar un hechizo en una de sus manos. Pero el lobo se dio cuenta de ello, y se abalanzó para atacarla. Ella lo esquivó, y le lanzó una de sus Bolas de Energía, pero su enemigo logró esquivarla. Los trabajadores de la cocina salieron al oír todo ese alboroto y se quedaron paralizados al ver a la horrible bestia. Gustaf estaba al otro lado, socorriendo a su traumatizado perro, y estaba muerto de miedo. Los guardias que custodiaban la entrada del Comedor Real entraron por fin, y se sorprendieron al ver a ese monstruo. Pero no se amedrentaron, y fueron a por él. Lo atacaron con sus lanzas, pero logró esquivarlas. Los empleados de la cocina se encerraron en ella, y veían el combate a través de los dos pequeños cristales redondos que había en la doble puerta. Aunque estaban muy apretados dado la cantidad de gente que había y ni siquiera podían caber todos.

Los dos soldados pelearon valientemente contra la bestia, pero esta logró arrebatarles las lanzas y dejarlos indefensos. Le mordió a uno de los soldados en su pierna, provocándole un gran daño con sus afilados colmillos. El soldado fue auxiliado por su camarada, que le dio una fuerte patada al animal, antes de que se le lanzara al cuello, dado que el dolor que sentía hizo que se agachara y eso lo dejó aún más indefenso. Eso enfadó al lobo, y saltó a morderle el yelmo al otro guardia, para quitárselo. El hombre intentó quitarse de encima al animal, que estaba aferrado a él, aunque no lograba tirarlo al suelo. De pronto, una fuerte descarga eléctrica recorrió el cuerpo de la bestia, e hizo que se soltara del soldado. Había sido Zelda, para defender a su subordinado. Este se enfadó y se fue a por ella, pero sorprendentemente fue detenido por Gustaf. Portaba la espada y el escudo del desaparecido escolta de la princesa, pero se lo notaba muy nervioso. Nunca había combatido, y apenas sabía manejar los objetos que portaba, pero le echó coraje e intentó defender a su amiga.

Pero la bestia notó su debilidad y nerviosismo, y lo usó a su favor. Se lanzó a por él, y Gustaf intentaba cubrirse con el escudo y agitar la espada torpemente para alejarlo. No tardó demasiado en ser desarmado por el monstruo, y quedar totalmente paralizado por el miedo. La princesa incitó a la bestia a que viniera hasta ella, para que no atacara a Gustaf. Sin embargo, en vez de caer en su provocación, fue a por los soldados. Tumbó al que quería recuperar su lanza, para luego zarandeándolo con fuerza y golpeándolo contra la pared tras quitarle el casco, noqueándolo. Y al que corrió a buscar refuerzos, el que lo había pateado, le mordió la pierna como al otro para que no escapara y tenerlo a su merced. Comenzó a atacarle en las zonas que su armadura no protegía demasiado, sobre todo las extremidades. Cuando dejó al hombre lo suficientemente débil, fue hacia la princesa. Ella lanzó contra él varias Bolas de Energía, pero logró esquivarlas. Pero la última que conjuró, impactó contra la bestia. Pero para desgracia de Zelda, pareció no afectarle demasiado y simplemente se sacudió. Le gruño enfadado, y saltó para lanzarse contra ella. Lo que no se esperó, fue el hechizo que conjuró para protegerse. Una especie de escudo protector azul con forma de diamante cubrió el cuerpo de ella, y la bestia rebotó en él, aturdiéndolo un poco. Aquel escudo era un potente sortilegio llamado Amor de Nayru, que sólo podían ejecutar los nacidos en los años bendecidos por esta diosa. Pero ella, al ser la portadora de la Trifuerza de la Sabiduría, la potencia de su hechizo era mayor. Sin embargo, sólo podría conjurarlo de nuevo pasado un tiempo, y su uso la cansó, dado que era un conjuro que había utilizado pocas veces y todavía tenía que perfeccionarlo. La bestia aprovechó eso para abalanzarse sobre ella, y tirarla al suelo. Zelda intentaba quitárselo de encima y agarrarle las mandíbulas para que no pudiera ir a por su cuello; mientras el lobo intentaba morderle las manos, que sujetaban su boca, y arañaba con sus uñas a la mujer. Así comenzó un forcejeo entre ellos, hasta que ella logró asestarle un buen puñetazo en el hocico, y el animal se apartó quejándose de ello.

Pero mientras intentaba levantarse, la bestia placó contra ella con fuerza, haciendo que se golpeara con dureza contra la mesa, más concretamente en una de sus esquinas. Aquel dolor en su costado la hacía retorcerse, mientras observaba como el animal se acercaba a ella lentamente. Le olió en el cuello, y después gruño, mostrándole los dientes. En ese momento de cercanía con su enemigo, pudo notar una esfera oscura colgada de su cuello, por un hilo que no podía ver debido a que estaba escondido entre su pelo. El animal rompió como pudo ese hilo y dejó caer esa esfera sobre el suelo. La cogió y la mantuvo en su boca, y se acercó peligrosamente más ella. Se puso sobre ella, rodeándola con su cuerpo para que no pudiera escapar, y la miró con furia. Ella estaba aterrada, temiéndose lo peor, y completamente paralizada. El lobo acercó su hocico a uno de los brazos de ella, con intención de morderla.

Sin embargo, se detuvo. Su cuerpo se quedó paralizado y temblando nervioso. Escupió con dificultad la perla, y Zelda notó una expresión de dolor en su cara. Comenzó a agitar violentamente la cabeza, como si estuviera loco. Y en un momento dado, tan sólo unos instantes, los ojos rojos de la bestia se volvieron azules, pero enseguida volvió esa mirada inexpresiva que tanto la asustaba. Se apartó de ella, retorciéndose y agitándose, estaba sufriendo y parecía contenerse a sí mismo. Aquello dejó con una gran duda a Zelda...

-¿Link? -dijo sorprendida y confusa, reconoció esos ojos azules que vio por una fracción de segundo en esa bestia.

No podía creérselo... ¿Ese monstruo era él? ¿Qué le habría pasado? Y mientras ella se hacía estas preguntas, él se golpeaba con violencia contra la pared, haciéndose daño. Las puertas de la cocina se abrieron bruscamente, dejando entrar a Valenzuela y a otros soldados más. Los que estaban en la cocina salieron por otras puertas de esta, buscando ayuda. En cuanto vio al animal, Valenzuela desenvainó su espada y sus subordinados le apuntaron con sus lanzas. La oscuridad volvió a recuperar el control del cuerpo maldito de Link, y se puso a la defensiva ante esos hombres. Estaba rodeado y los guardias le apuntaban con sus lanzas, alguna incluso logró dañarle. Logró salir de ahí escabulléndose por debajo de ellos, pero cuando creía que podría escapar, el afilado filo de la espada de Valenzuela hizo un importante corte en su lomo. Su gemido de dolor se oyó en toda la sala, y la sangre comenzó a salir de la herida. Con esfuerzo, logró reponerse rápidamente y salir corriendo por donde entró al comedor. Los hombres lo persiguieron, dejando atrás a los dos compañeros heridos y a los nobles.

Gustaf se acercó a ella rápidamente, al igual que el personal de la cocina, ayudándola a levantarse. Ella se sentó en una de las sillas, aún confusa por lo ocurrido. Les convenció a todos de que se encontraba bien, y les ordenó escoltar a Gustaf hasta su alcoba y también llevar a la enfermería del castillo a los dos guardias que estaban tirados en el suelo. Les pidió que la dejaran sola, aún bajo la negativa inicial de su más fiel criada, Anabel, pero tuvieron que hacerlo.

Cuando se encontró sola en esa habitación, observó como había quedado todo. Sillas tiradas, sangre por el suelo, el mantel arañado y tirado por el suelo, cosas por el suelo...era un panorama sobrecogedor. Y lo que más le preocupaba, era el estado de Link...

XOXOXOXOXOXOXO

Mientras tanto, él corría por los pasillos del castillo siendo perseguido por Valenzuela y sus hombres, que cada vez eran más. En alguna ocasión acabó acorralado, pero logró salir de esas situaciones. Consiguió llegar a los jardines, pero allí también había otros guardias sobre las murallas y custodiando las puertas. Se desesperó, cada vez estaba más cansado y débil, y sólo pudo intentar esconderse entre los matorrales. Al ser más rápido que esos hombres, llevaba una ventaja sobre ellos, y pudo esconderse. Los guardias rastrearon los jardines, y él se mantuvo oculto entre esas frondosas plantas y bajo el manto de la oscuridad de la noche. Algunos soldados se acercaron con antorchas para buscarlo, pero pasaron cerca de él sin que lo vieran. Tras un rato, se fueron de allí y buscaron por otras zonas del castillo. Oyó en la distancia una voz que les dijo a los soldados que lo había visto entrar a las mazmorras, y todos fueron hacia allí.

El animal quiso salir de su escondite, pero estaba tan débil que no pudo hacerlo. Oyó a alguien acercarse y se puso en guardia. Alguien apartó las ramas que le cubrían, y lo descubrió. Gruño amenazante, y lo único que vio fue una luz que lo cegó por completo y un dolor infernal recorrió su cuerpo, dejándolo inconsciente...

XOXOXOXOXOXOXO

Zelda se encontraba en su habitación, con su embrujado e irreconocible amigo tendido sobre su cama. Ella había engañado a sus propios hombres diciéndoles que buscaran en las mazmorras y también lo dejó inconsciente conjurando una de sus Bolas de Energía muy cerca de él, fue un golpe crítico. Moderó su hechizo para no causarle gran daño, y lo trajo hasta ahí envuelto en una parte de la tela del mantel que había en el comedor, que cortó con la espada de él. También se había traído a su cuarto esa espada, el escudo y también se trajo un botiquín que consiguió en la enfermería. Pasó ciertos apuros cuando lo traía hasta ahí con dificultad, dado que le vieron algunos sirvientes, pero ella se inventó excusas sobre ello.

Link llevaba desde inconsciente hace más de media hora, el tiempo que tardó en traerlo hasta ahí y otros viajes como el que tuvo que hacer a la enfermería. Había cerrado la puerta para que no la molestaran, y se disponía a romper el conjuro maligno que envolvía a Link. Sentada a su lado, puso su mano derecha sobre él y comenzó a brillar la Trifuerza que residía en ella. Aquel hechizo era muy poderoso, sudaba debido al cansancio acumulado y al esfuerzo de su acción. Pero no podía rendirse, y proyectó su propia energía para hacer más potente su magia. Poco a poco, iba extrayendo energía oscura que se concentraba en una esfera de energía maligna que flotaba en el aire. Poco a poco, el aspecto de Link fue cambiando hasta quedar en su verdadera forma animal. El color negro de su pelo desapareció, revelando su pelaje plomizo con sus distintivas marcas. Su tamaño disminuyó y todo volvió a la normalidad, si a eso se le podía llamar así.

Ella cayó rendida sobre su cama, respirando con dificultad y a punto de desmayarse. Pero aún no podía descansar, dado que debía destruir la energía oscura que le había extraído, y que seguía flotando sobre sus cabezas. Se levantó con dificultad, y con su magia acercó esa energía hasta que quedó entre sus manos. De sus manos comenzó a salir energía sagrada que envolvió a la oscuridad, y comenzó a concentrarla. Chispas eléctricas reflejaban que se encontraba en las últimas después del anterior hechizo, e hizo un último esfuerzo para concluir lo que empezó. Consiguió destruir esa energía, pero causó una onda expansiva cuya fuerza hizo que volara de la cama y se golpeara contra el suelo. Aquello la dejó muy débil, y no lograba reincorporarse. Tras un rato descansando sobre el suelo, se levantó como pudo y se tiró sobre la cama. Miró a Link, y recordó que todavía tenía que curarle sus heridas. No creía que pudiera curárselas del todo con su magia, por eso se trajo aquel botiquín. Pero antes de hacer eso, debía ocuparse de otro asunto. Descansó un rato más antes de levantarse, y luego cogió la extraña perla que recogió del comedor. La miró y se acercó a su ventana para abrirla. Observó el exterior y comenzó a cargar una de sus Bolas de Energía en una de sus manos, aunque esta era muy débil. Lanzó la perla al exterior con el otro brazo, y lanzó seguidamente el hechizo. Impactó en la perla y la destruyó, pero al mismo tiempo se creó una distorsión en el espacio que absorbía todo lo que estuviera a su alrededor, como si fuera un agujero negro, y Zelda tuvo que cerrar la ventana debido al fuerte viento. Eso sólo duró unos segundos, antes de que desapareciera.

-"Menos mal que decidí destruir la esfera fuera de mis aposentos. Después de lo que vi la anterior vez, no me fiaba de esos pequeños objetos mágicos".-pensó aliviada, tras ver lo que acaba de pasar.

Suspiró, y se acercó de nuevo a Link. Se sentó al borde de la cama, y lo acercó a ella, apoyándolo en sus piernas. Cogió el botiquín que tenía al lado, y comenzó curarlo. Pudo curarle las pequeñas heridas y su corte con ungüentos y vendajes. Cuando acabó, lo miró preocupada y no pudo evitar acariciarlo. De pronto, alguien llamó a su puerta, era Valenzuela. Fue a recibir a su comandante, pero saliendo de la habitación para que no viera a Link.

-Alteza, no hemos encontrado a esa alimaña en las mazmorras. Me temo que ha logrado evadirnos, quizás huyendo por las alcantarillas. Por lo que me contaron los guardias que custodiaban las puertas de entrada al castillo, ese monstruo atacó primero a una muchacha que se dirigía a su casa, y lo hizo cerca del camino que conduce al castillo. Creemos entró al castillo por ahí, y también descubrimos que logró entrar dentro del palacio por el almacén de material para el cuidado de los jardines. No sé como pudo saber abrir la puerta interior de ese cuarto con unas llaves que había colgadas en la pared, pero ese animal era más inteligente de lo normal y logró evadir a mis hombres.-le informó- Lamento muchísimo lo ocurrido, y es imperdonable que...

-Déjalo, Valenzuela.-le interrumpió- Ya hablaremos de nuevo sobre la inutilidad de tus hombres, pero ahora mismo sólo deseo descansar tras lo ocurrido. Ahora ordena a los guardias que vuelvan a sus puestos, no quiero que un intruso más potencialmente peligroso pueda entrar dentro de mis murallas.-le habló seria.

Valenzuela se marchó con educación del lugar, algo confuso. Zelda esperó a que él se marchara para volver a entrar en su habitación. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, Auru fue corriendo hasta ella, muy preocupado.

-¡Majestad! ¿Se encuentra bien? ¡Yo me encontraba cenando en la taberna de mi buen amiga Telma, y cuando volví, me enteré de lo ocurrido! –exclamó exaltado, casi no respiraba- Me han contado que una bestia muy parecida a un lobo os atacó a vos, al duque Gustaf y a un par de soldados.-le haló ahora más tranquilo- A todo esto, ¿Dónde está Link? No lo han visto desde que se marchó hace ya varias horas. Y cuando fui a buscarlo a su habitación, no había cerrado la puerta con llave. Es más, se encontraban sobre la cómoda que está justo al lado de la puerta y no había organizado las cosas que trajo de Ordon. Estaba todo igual que cuando terminé de ayudarlo a traer sus pertenencias hasta allí, justo antes de que el muchacho conociera a vuestro amigo. Y me extraña que después de lo ocurrido, no haya aparecido todavía…

-No hace falta que te preocupes por él, ya aparecerá. Y tampoco hace falta que te preocupes tanto, al final no hay que lamentar ninguna tragedia.-se excusó, aunque mostraba algo de nerviosismo- Ahora puedes marcharte, necesito descansar un poco tras lo ocurrido…

En ese momento, se oyó un gimoteo proveniente de los aposentos de la princesa, sonaba como un perro herido.

-¿Qué ha sido eso? –se preguntó extrañado Auru- Alteza, ¿Me permitiría entrar a sus aposentos? Creo haber oído algo sospechoso dentro de vuestra habitación, y me gustaría comprobar que es.

-Eh… ¡Deben de haber sido imaginaciones tuyas! ¡Dentro de aquí no hay nadie! –intentó disuadirlo, e instintivamente bloqueó la entrada con su cuerpo.

Auru sospechó por su actitud, pero pensó que podría tener razón. Pero sus dudas se disiparon tras escuchar de nuevo ese extraño sonido, y en contra de la voluntad de su soberana, entró en el cuarto. Se quedó impactado al ver un lobo sobre la cama de la princesa, y el animal parecía estar sufriendo por el dolor de sus heridas, quejándose mientras dormía.

-Auru, todo esto tiene una explicación…-le excusó desesperada, mientras cerraba la puerta con llave. Hacía tiempo que no se encontraba tan arrinconada…

-Majestad… ¿Qué hace ese animal salvaje sobre vuestro lecho? ¿Y por qué está herido?-preguntó con algo de miedo al ver a ese lobo.

-Pues…-estaba pensando en una trola- Me encontré con este animal en los jardines, al parecer fue herido por la bestia que me atacó antes. No sé que hace un lobo aquí, en plena civilización, pero mi decencia no me permitía abandonarlo a su suerte.

-Su bondad es admirable, pero no puede alojar aquí a una bestia salvaje.-le habló seriamente- ¿No se da cuenta de que en cuanto despierte, podría atacarle? Los lobos son animales que desconfían de las personas, y son muy peligrosos si se sienten amenazados.

-Por favor, Auru, confía en mi criterio. Pensaré en lo que haré con él una vez que se recupere, pero ahora lo que necesita este animal es reposo.-le habló serena, mientras se sentaba en la cama junto al lobo.

Unos momentos después, el lobo comenzó a retorcerse y a moverse sobre la cama, como si estuviera teniendo una pesadilla. De pronto, se despertó fuera de sí, y mordió a Zelda en el brazo.

-¡Os lo avisé! ¡No dejaré que esa alimaña os cause más daño! –gritó furioso, mientras desenvainaba su fino y elegante florete, para acabar con el animal.

-¡No! ¡Ni se te ocurra hacerle daño! –le impidió actuar, poniendo una mano frente a él- Por favor…Link…suéltame…-le pidió desesperada, soportando un intenso dolor que incluso logró sacarle una lágrima.

-¡¿Qué? ¿Habéis dicho "Link"? Pero eso es imposible…-no podía creérselo, aquello no podía ser verdad.

Link mantuvo su agarre unos segundos más, hasta que se tranquilizó y volvió a desmayarse. Auru auxilio enseguida a la princesa, su brazo sangraba debido a la herida que le había producido el lobo. Le trató la herida y otras superficiales que tenía de antes, y le vendó el brazo. Afortunadamente, no era grave y no supuso ninguna complicación curárselo. El olfato de Link reconoció un olor en el ambiente, y eso le hizo despertarse. Abrió los ojos, y se encontró a Auru y a Zelda observándolos, aunque por una extraña razón le parecían más grandes.

-¿Link, estás bien? –le preguntó serena y preocupada la princesa.

No le respondió, estaba muy confuso, no recordaba nada, y se sentía extraño. Miró hacia abajo, y vio unas peludas patas lobunas, en lugar de manos. Se alarmó, y comenzó a observarse muy nervioso, y comprobó que volvía a ser un lobo. Pero una intensa punzada de dolor le recordó su herida, y paró de moverse.

-Veo que ya te has dado cuenta de tu transformación…-le habló serena Zelda.

Enseguida miró hacia ella, y se fijó en su brazo herido. Se horrorizó, sabía que esa herida se la había causado él, en su ataque de locura anterior. Se tapó la cara con las patas y se apartó, avergonzado de sí mismo.

-Ey…-le intentó animar, mientras le acariciaba la cabeza- No te lamentes por esto, no fue culpa tuya… ¡Ag! -aunque quisiera, no podía dejar de sentir ese dolor.

-¿Me podéis explicar que está pasando aquí? –le preguntó confuso. Y ambos reaccionaron a la vez, preocupados.

-Auru…te debemos una explicación. Lo que te voy a contar es completamente cierto, pero debes prometerme de que no se lo contarás a nadie.

Auru aceptó, y ella comenzó a relatarle lo ocurrido durante la Invasión del Crepúsculo referido a la transformación de Link. Cuando acabó, Auru no podía hablar, aquello le superaba.

-¿Quiere decirme…que no es la primera vez que el muchacho es transformado en un lobo y que gracias a eso pudo avanzar sin dificultad por las tierras cubiertas por ese manto crepuscular? ¿Qué la bestia de antes era él? ¿Y que además los múltiples avistamientos de un lobo paseando por la ciudad, era sólo nuestro amigo Link? –le preguntó confuso, y después estalló- ¡¿Pero como es eso posible?

-Como te conté antes, gracias al poder de la Trifuerza, a nosotros no nos afectó del mismo modo toda esa energía oscura que se cernió en casi todas las provincias del reino. Aunque vosotros no lo notaseis, mientras estuvisteis bajo influencia de esa energía, os transformasteis en espíritus que vagaban por todas partes. El sexto sentido animal de Link le otorga en su forma animal la capacidad para ver las cosas que las personas son incapaces de ver. Él podía veros y escucharos, mientras que vosotros no. La influencia de la energía oscura en el cuerpo de Link provocó que se transformara en un lobo, en vez de en un espíritu como todos los demás. Y en lo que respecta a mí, no sufrí ningún cambio.

-Esto sigue siendo muy confuso, pero le veo explicación…-le creyó al recordar las cosas que pudo ver durante la invasión- Pero… ¿Por qué vuelve Link a ser un lobo? –se quedó mirando las patas delanteras de Link- Uhm… ¿Dónde está ahora tu Trifuerza?

Zelda no se había dado cuenta de ello, y Link tampoco. Se miró la pata izquierda, pero ahí no había nada, ni siquiera el grillete que siempre iba sujeto a ella. Se puso nervioso, pero Zelda consiguió tranquilizarle.

-Uhm…-comenzó a deducir- Quién fuera que te lanzara esta maldición, no fue intencionado. La magia negra que utilizó sobre ti, con el objetivo de robarte la Trifuerza, reaccionó con la energía sagrada de dicho elemento. Y al ver lo que te ocurrió, decidió utilizarte convirtiéndote en esa bestia negra que nos atacó. Creo que intentó apropiarse también de la mía, dado que llevabas una al cuello una de esas perlas mágicas que contienen hechizos, y al romperla creó una especie de distorsión espacial que nos hubiera teletransportado probablemente hasta él.

-Eso es trágico, significa que alguien ha intentado ir a por vos. Si su objetivo era vuestras Trifuerzas y además ha logrado hacerse con una de ellas, nos encontramos ante un enemigo muy poderoso…-expresó tenso y preocupado- Pero volviendo a Link, ¿Hay algún modo de romper su terrible embrujo?

-Puede que consiga hacerlo con mi magia, aunque por hoy sólo puedo analizar la naturaleza del encantamiento. He agotado demasiada energía, y sería muy peligroso para mí conjurar otro hechizo hasta que se recargue mi magia. Aunque también tendré que usar mi magia para esto, espero poder conseguirlo…-y comenzó a analizar la maldición de Link.

Su Trifuerza se iluminó, y pasó esa mano por encima de Link, como hizo la vez que Midna le pidió que rompiera su maldición. Eso no debía suponerle casi ningún esfuerzo en condiciones normales, pero estaba agotada y esa magia era muy poderosa. Sudó un poco al hacerlo, y unos instantes más tarde, paró. Estaba asombrada, y también asustada…

-"Es imposible…"-pensó intentando reprimir su miedo-"Pensé que lo que sentí antes fueron sólo imaginaciones mías, pero al analizar esta energía más a fondo, me he dado cuenta de que podría ser cierto. Pero eso no puede ser, él murió hace años…lo vi con mis propios ojos…"

-Majestad, ¿Ocurre algo? –le preguntó preocupado Auru, al ver su nerviosismo.

-¿Eh? ¡Nada, sólo estaba absorta en mis propios pensamientos! –intentó excusarse- Pero puedo daros un diagnostico…me es completamente imposible romper esta maldición. Al igual que lo que te hizo Zant, para mí es una magia demasiado poderosa. Y con el problema añadido de…que ha sido tu propia Trifuerza la que ha sellado esta energía oscura en tu cuerpo. Quizás, cuando te la robó, la Trifuerza dejó encerrada esa energía maligna que entró en tu cuerpo para extraértela. Puede que fuera por una extraña reacción que tuvo con la magia negra de ese misterioso brujo. Ahora no puedo librarte de esta maldición, debido a que mi poder reside en mi Trifuerza y posee la misma naturaleza que la tuya, repeliéndose mutuamente. Es como las cargas eléctricas: "Los polos opuestos se atraen, y los iguales se repelen".

-¿Y hay otra forma de librarlo de este encantamiento? –le preguntó Auru, y Link se mantenía expectante.

-Sí la hay, y Link debería acordarse de ella…la Espada Maestra. Repele el mal, y la última vez la usaste para romper tu anterior maldición. Pudiste llegar hasta ella una vez, y conoces el camino al Templo del Tiempo. No te costará demasiado volver a buscarla, y dadas las circunstancias, podría servirnos una vez más…-habló tranquila y confiada.

Link se quedó de piedra, mientras Auru se lamentaba golpeándose en la frente. De pronto, Link aulló desesperado como si le hubieran pisado la cola y se lamentó cubriéndose la cara con las patas de nuevo, como lloriqueando por la frustración. Pero enseguida esos sentimientos pasaron a convertirse en furia, gruñendo furioso y mostrando los dientes a Auru, parecía que se iba a abalanzarse sobre él. Comenzó a "soltar unas palabras" en su idioma animal refiriéndose a él y a los otros dos, pero la traducción de esas palabras sería tan atroz que es mejor que no hacerlo.

-¡Lo siento muchísimo, no fue nuestra intención! ¿Quién nos iba a decir que necesitarías con tanta urgencia la espada una vez más? –se excusó nervioso y asustado.

-¿Pero qué está pasando aquí? –les preguntó confusa.

-Pues…-se rascó el cuello nervioso- Hace tiempo, poco después de que el joven salvara al reino, unos amigos y yo fuimos a explorar e investigar el legendario Templo del Tiempo, gracias a las indicaciones que nos dio Link. Pero surgieron algunos contratiempos con el guardián de ese lugar, que provocó que el acceso al templo terminara completamente bloqueado. Me atrevería a decir que es imposible volver al templo tras lo ocurrido…-le confesó arrepentido.

-¡Link! –le regañó al lobo- ¡Por eso te ponías tan nervioso cuando te hablaba de la espada! ¡Te dije que cuidaras de ella, y ahora gracias a vuestra imprudencia, se han complicado muchísimo las cosas para poder devolverte a tu forma original! ¡¿En qué estabais pensando? –les gritó enfadada, intimidándolos a los dos.

Link echó sus orejas hacia atrás y su cola se ocultó entre sus patas, debido al enfado de la princesa. Por su parte, Auru tragó saliva muy nervioso, se había metido en un gran lío. En esa situación tan tensa, alguien llamó a la puerta.

-¡Ey, soy Gustaf! ¡Ábreme! -le pidió golpeándolo repetidamente la puerta.

Zelda se levantó mosqueada, no era momento para visitas. Abrió la puerta con la llave, y recibió a su amigo.

-¡Ay, por fin! ¡Me tenías preocupado! ¡Aún tiemblo al recordar a ese monstruo! ¡Uuuhh! -un escalofrío le recorrió el cuerpo- ¡Mira a mi pobre Valentín, está echo un flan! ¡Está traumatizado después de que esa bestia le embistiera con tanta brutalidad! -se quejó, mientras su perro seguía temblando en sus brazos.

-Gustaf, ahora no estoy para que vengas a...-y comenzó una tortuosa conversación con él, dado que no tenía intención de marcharse hasta comprobar que todo estaba bien.

Mientras tanto, el Chihuahua captó un olor curioso, y se bajó rápidamente de los brazos de su amo para entrar corriendo a la habitación de Zelda, que la puerta la había dejado entornada. Gustaf fue a por su mascota, y cuando entró, se quedó horrorizado.

-E-es u-un... ¡Aaaah! ¡Lobo! -gritó histérico- ¡Se-seguro que es un subordinado del lobo endemoniado de antes! ¡¿Qué hace en tu cuarto?

-Ya tuvo que aparecer este...-se quejó Auru, en un suspiro.

El perrillo miró con miedo a Link, y se fue acercando a él poco a poco. Logró subirse en la cama con cierta dificultad, y lo olisqueó. Se asustó y retrocedió cuando reconoció su olor, que era muy parecido al de la bestia. Se detuvo a olerlo un poco más, y esta vez acabó confuso. Se acercó a su la cara para mirarlo, y recordó a quién pertenecía ese olor. Le saludó feliz, moviendo la cola alegremente, y empezó a lanzarle multitud de preguntas en su idioma canino. El perro no paraba de hablar, con un acento y una forma de hablar particulares. Link seguía callado sin decir nada, hasta que se cansó, y posó su pata sobre el hocico del enano, impidiéndole hablar. Valentín se resistió, pero debido a la fuerza con la que lo sujetaba contra la cama, acabó relajándose.

-Qué extraño...-dijo el duque, mientras se rascaba la cabeza confuso- Es como si hubiera reconocido a ese lobo, como si fuera su amigo. Además, ese animal parece muy manso, cuando lo normal sería que fuera agresivo con las personas y otros animales, sobre todo porque está herido. Zelda, ¿Podrías explicarme lo que pasa?

Ella no podía decirle que era Link, ya era bastante que lo supiera Auru. Así que se inventó una excusa...

-Eh...resulta que este animal siguió a la bestia negra que nos atacó antes, no sé cuál podría ser el motivo. Mientras el otro se adentró en el castillo, este se quedó en los jardines. Cuando se encontraron de nuevo, el monstruo lo atacó, y luego huyó por las mazmorras. Yo había salido a los jardines para ver lo que estaba pasando fuera, y me lo encontré...

-Y te lo trajiste a tu habitación para curarlo, aunque veo que se asustó un poco...-le terminó su explicación, mientras le observaba el brazo vendado- Admiro esa bondad tuya, pero creo que te has arriesgado demasiado. Es un lobo, no un perro. Deberías llamar a un doctor para que te examine ese brazo, existe el riesgo de que te haya podido contagiar la rabia o algo.-le expresó preocupado, mientras seguía atento al lobo.

-No se preocupe, señor. Poseo ciertos conocimientos veterinarios, y le puedo asegurar que el mu... ¡Quiero decir, lobo! -se corrigió a tiempo- Está completamente sano.

Gustaf miró con desconfianza al animal, y se acercó a él con cautela. Ambos se miraron nerviosos, hasta que Gustaf reaccionó.

-¡Y yo que pensaba que era una bestia sanguinaria! ¡Quién sabe, a lo mejor no es un lobo cualquiera! -y acercó su mano para acariciar a Link.

Pero reaccionó gruñéndole y haciendo un amago de querer morderlo, lo que hizo retroceder al duque.

-"Como intentes tocarme, te arranco la mano..." -le gruño mostrándole los dientes.

-¡Uuff! ¡Debería haber sido más precavido! Sigue siendo un animal salvaje, y no es extraño que reaccione de esa manera. Dicen que los lobos son animales tremendamente difíciles de domesticar. Pero también dicen que si logras ganarte su plena confianza, son los animales más fieles que existen. ¿Te lo piensas quedar de mascota?

-¿Qué? -eso había sonado muy raro, pero tenía que mantener su tapadera.

-¡No me mires así! ¡Hay reyes, entre ellos el Rey Onkled IV de Isla Koholint, que poseen una variada colección de animales! ¡Pero no conozco a ninguno que posea un lobo como mascota! Además, si logras adiestrarlo, podría ser buen compañero de tu guardaespaldas. ¡Tendrías dos! -le propuso emocionado- ¿Y has pensado qué nombre vas a ponerle? ¡Porque a mí se me han ocurrido unos fantásticos! ¡Wolf Link o Link II, seguro que honraría mucho a ese muchacho! ¡Fíjate, si hasta tiene sus mismos ojos!

Link se mosqueó un poco, mientras Auru se aguantaba la risa. Mientras, Zelda sólo pudo alcanzar a decir...

-Mejor será que lo dejemos sólo en "Link"...-le dijo con una ligera sonrisa.

XOXOXOXOXOXOXO

Mientras, observando desde la lejanía la ciudadela y su castillo...

-¿Te diste cuenta de cómo se quebró la perla antes? Eso significa que la otra ha sido destruida, y me puedo imaginar por quién...-habló serio el jefe, pero no parecía enfadado.

-Eso quiere que ese "licántropo" ha fallado.-habló Valtimore, también serio- Aunque tenía bastantes dudas sobre que pudiera conseguirlo, desde el principio me pareció arriesgado tu plan...

-Bueno, tampoco es que me moleste.-habló tranquilo- Me resultó mucho más fácil de lo que creía robarle la Trifuerza a ese muchacho. Es más, antes de comenzar a usar mi magia sobre él, pensé que me resultaría casi imposible lograrlo. No sé qué clase de poderes le otorgaría a ese chico su Trifuerza, pero lo único que siento es que mis poderes han aumentado.

-¡Y me imagino que quitarle a esa "princesita" su Trifuerza hubiera sido también muy fácil! ¡Ja, ja, ja! -se rió animado.

-Si piensas así, es porque eres imbécil. ¿Cuántas veces te he dicho que no la subestimes? ¡¿O te has olvidado que ella fue la que casi te noqueó cuando asaltasteis su castillo? -le dijo molesto- Además, no tiene nada que ver su Trifuerza con la del muchacho. La suya le otorga poderes sagrados, que aumentan considerablemente su talento como hechicera. Lo malo es que creo que en todos estos años, todavía no ha aprendido a desarrollar ni controlar todo ese poder... ¡Ja, ja, ja! ¡Qué lástima! -se burló- En fin, a lo que me refiero es que debido a esa clase de poderes, el conjuro que usé antes con el chico no sería suficiente. Es por eso por lo que dedicaré bastante tiempo en desarrollar un nuevo hechizo que sea capaz de extraerle su valiosa Trifuerza, y en elaborar una nueva estratagema para poder llegar a ella. Además...quiero probar hasta que punto mis poderes han aumentado. Seguro que me divertiré mientras lo descubro...-se rió ligeramente.

-Hablando de esas extrañas cosas llamadas "Trifuerzas"...-parecía dudar de lo próximo que iba a hablar- Hace algunos días, mientras esperaba para poder tenderle una emboscada a ese muchacho, fui a la biblioteca de la ciudad de incógnito. Leí en un libro que quién posea la Trifuerza, en este caso todos sus fragmentos, sería bendecido con un poder inimaginable. Tanto, que podría compararse con el de las Diosas, y se le sería concedido todo lo que quisiera. También decía, que esa fue la razón por la que se inició la Guerra Civil de Hyrule, porque todos ansiaban poseerla. Se inició una guerra entre los diversos pueblos para lograr encontrar la entrada a un lugar conocido como "Reino Sagrado" que era donde se alojaba la Trifuerza completa, antes de que se dividiera por extrañas y desconocidas circunstancias.

-De todo lo que has dicho, lo único que me impresiona es que tú hayas pisado una biblioteca... ¡Y ni siquiera hayas robado nada! ¡Ja ,ja, ja! -se rió con ganas- Dejando ese "hecho insólito", todo lo que ponía en ese libro es verdad.

-Entonces... ¿Eso significa que tú buscas ese poder? ¡Asombroso! ¡Serías el brujo más poderoso de todos! ¡Y con ese poder, ya nadie podría detenerte! -exclamó animado. Sin embargo, su jefe comenzó a reírse, algo que le confundió- ¿Por qué te ríes de esa forma?

-Pues porque no ando tras ese poder absoluto...-le dijo con toda tranquilidad.

-¡¿Qué? ¡¿Cómo puedes decir eso? ¡Ese poder te haría invencible! ¿Acaso no es eso lo que buscas? Y si no es así, ¿Por qué buscas los fragmentos de la Trifuerza? -preguntó muy confuso y alarmado.

-Yo no busco todos sus fragmentos, sólo los que poseen esos dos. Y no ansío el poder de las Diosas, sólo necesito el poder de esos dos fragmentos. Hay algo que tú no entiendes...y es que todos tenemos un propósito en esta vida. Algunos están destinados a ser meros peones en el "juego de la vida", pero para otros las Diosas han planeado un destino diferente. ¿Por qué crees que bauticé a esta banda con el nombre de "Los Seguidores"? -le preguntó, dejándolo con la intriga- Hace bastantes años, mientras visitaba un reino...como decirlo,"lejano", encontré una profecía grabada en una enorme piedra y que hasta entonces nadie la había descubierto. Aquello se me grabó a fuego en mi mente, y dio sentido a mi vida. Supe que eso estaba escrito para mí...pero no me preguntes por qué lo sé. Sería enredarme con rollos familiares, y sabes que no me gusta tener que hablar sobre mi pasado.

-Me has dejado con muchas dudas, y sigo sin entenderte...-le habló algo molesto.

-Aaagg...-suspiró molesto- Me refiero a que mi destino no es medirme con las Diosas en fuerza, sino algo muy diferente. Hace sólo unos meses, pensé que otro podría haber conseguido mi objetivo, pero afortunadamente falló... ¡No era su destino! Aunque de todas formas, lo que hizo no correspondía a lo pronosticado por las Diosas en aquella profecía. La razón de que llamara a la banda así, es porque actúo bajo designio de las Diosas y "sigo" a mi destino. Como te dije hace tiempo, desde hace muchos años pensé que jamás sería capaz de logarlo y me resigné a una vida criminal que no me correspondía. Pero cuando nombraste el nombre del muchacho... ¡La esperanza volvió a mí de nuevo! ¡Las Diosas así lo quisieron! -comenzó a emocionarse, era una obsesión para él- ¡Gracias a él, y a la Princesa, seré capaz de obtener la ayuda del "valor" y la "sabiduría" para cumplir con mi propósito en esta vida! Y aunque no lo creas, es una meta más noble de lo que puedas imaginar, ya que no me afecta sólo a mí, sino a un clan y un pueblo que lleva en las sombras demasiado tiempo... ¡Por fin haré justicia! ¡Fuimos castigados injustamente hace siglos, y aún hoy seguimos pagando un error que no fue sólo nuestro! ¡Devolveré la gloria que nos corresponde, y conseguiré el perdón de las Diosas!

-Y me suelta todo esto ahora...-suspiró- De haber sabido que me estaba metiendo en una organización cuyo líder era un fanático religioso, jamás hubiera entrado...

Aquello enfadó tanto a su jefe, que le golpeó con brutalidad en la cara y le agarró del cuello.

-¡No sabes lo que dices, estúpido! ¡Esto va más allá de lo que tu corta mente puede asimilar! ¡Es sólo cuestión de tiempo que consiga lo necesario para cumplir mi objetivo! ¡Esta leyenda no está escrita en los libros, pues soy la única persona que la conoce! ¡Y sabes perfectamente que quienes no están conmigo, están contra mí! No creo que te interese estar entre los segundos...-le dijo furioso, al mismo tiempo que le apretaba aún más el cuello.

-Aaagg...e-está bien, só...lo era un co-men...tario...-casi no podía respirar.

Lo soltó, y cayó de rodillas al suelo. Respiró agitadamente, tocándose el cuello. Cuando recuperó el aliento, se levantó y volvió a hablarle.

-Uf...será mejor que dejemos el tema...-pidió para evitar buscarse más problemas con su superior- ¿Tienes algo pensado sobre como atraparemos a la princesa?

-No, pero se me ocurrirá algo. No tengo prisa en atraparla...después de tantos años, he aprendido a ser paciente. Je, je...de todos modos, las cosas se han vuelto más interesantes. Estoy seguro de que ha logrado romper el encantamiento que lancé sobre el muchacho para controlarlo, pero le será muy difícil hacerlo con la maldición que inesperadamente envolvió su cuerpo. Y al usar su magia, se habrá acordado de mí…

-¿Por qué?

-Ya te dije que me enfrenté a ella hace muchos años, y cada mago posee una energía mágica que lo diferencia de los demás. Seguro que al romper mi hechizo, sintió mi energía…-tras esto, inspiró profundamente- Puedo oler su miedo desde aquí…es comprensible, tantos años creyendo erróneamente que tu enemigo había muerto, para luego descubrir que ha vuelto y más poderoso que nunca…-se rió un poco, parecía hacerle gracia.

-Espera un segundo…-le interrumpió su secuaz- Si dices que ella ha podido ser capaz de reconocer tu energía vital, ¿No te preocupa que vaya a por ti? –y de nuevo, su jefe volvió a reírse, confundiéndolo.

-En absoluto, pues ella intentará autoconvencerse de lo contrario, que aún sigo muerto. Tendrá mucho cuidado conmigo, no creo que actúe hasta que la realidad le golpeé en la cara. Y por supuesto, hasta que logré descubrir algo más de todo este asunto…

-No lo entiendo… ¿Por qué pareces conocer tan bien a la Princesa?

-Pues porque una vez llegué a significar algo para ella…

XOXOXOXOXOXOXO

Volviendo a lo nuestro...

Más tarde, Auru trasladó a Link hasta su cuarto para que descansara. Zelda le pidió a Gustaf que disimulara, al igual que Auru, e hiciera creer a todos los del castillo que sólo era un perro callejero, quizás un cruce de una raza nórdica, dado que algunas de esas razas guardaban similitud en aspecto con los lobos. Cuando los Ministros se enteraron al día siguiente, pusieron ciertas pegas a su decisión de "adoptarlo", pero ella argumentó que eso no les incumbía y que eran asuntos suyos. Y también ese día, los compañeros de Link le preguntaron dónde estaba su amigo, y les dijo que el día anterior lo había mandado fuera de Hyrule para cumplir con una misión urgente y que no tenía claro el tiempo que tardaría en regresar, pero tampoco podía darles detalles de esa misteriosa misión. Ellos se quedaron confusos, pero tuvieron que aceptarlo, y no hicieron más preguntas...

XOXOXOXOXOXOXO

Pasaron tres días, en los que se estuvo recuperando. Por suerte, la herida que le causó Valenzuela era casi superficial y cicatrizó rápido. Ahora se encontraba paseando por los pasillos del castillo, sin saber que hacer. Le habían puesto un collar verde, porque Auru pensó que si tenía ganas de salir a la ciudad, con un collar pensarían que sólo sería un perro y no le atacarían. Era de sentido común, puesto que nadie querría tener un lobo como mascota, o al menos en teoría...

Zelda se encontraba en sus clases y él no podía asistir dada la negativa de los profesores…estaba muy aburrido. Mientras caminaba, pudo ver a algunos guardias y sirvientes que lo miraron con desconfianza y cierto repelús, no acababan de creerse la trola de que él era un simple perro. En un momento dado, oyó a un par de chicas que charlaban mientras limpiaban los ventanales de un pasillo próximo. Se acercó a donde ellas estaban, pero antes de que llegara, una de ellas se marchó para coquetear con un soldado que pasaba por ahí y se dirigía a otro pasillo. La otra se quejó, pero tuvo que seguir trabajando subida en una enorme escalera. Link se sentó junto a la escalera, observándola desde abajo. La joven criada se dio cuenta de ello y lo miró. Le hizo un gesto con la mano y un sonido con la boca para incitarlo a que se marchara, pero no lo hizo. Debido a eso, la chica perdió la concentración y además perdió el equilibrio. Se le cayó un cubo de agua que casi empapa a Link, y la escalera comenzó a bambolearse. Ella estaba asustada, podría hacerse mucho daño si caía desde esa altura, y se aferraba a la escalera intentando estabilizarla. Link la ayudó sujetando firmemente la escalera con los dientes, y apoyando sus patas delanteras en ella para equilibrarla. La chica bajó con cautela y cuando llegó al suelo se dejó caer debido a los nervios. Desde un principio, Link se había quedado ahí porque se imaginaba que podría pasar algo así si la otra muchacha no estaba ahí para sujetar la escalera. La compañera de la sirvienta volvió junto con el soldado debido a los anteriores gritos de la joven. Esta se enfadó con su amiga por su irresponsabilidad, y la otra se disculpó arrepentida. Link ya no tenía nada más que hacer ahí, así que se marchó a buscar otra cosa que hacer. La chica a la que había salvado se quedó confundida, a la vez que asombrada, y pronto comenzó a contar ese curioso hecho a los otros dos…

XOXOXOXOXOXOXO

Después de mucho rato paseando, se dirigió a la ciudad, el ambiente del castillo le aburría. Tras pasar por las enormes puertas de entrada ante la confusión de los guardias, pronto llegó a la bulliciosa plaza. Mucha gente iba y venía todo el rato; ya fuera caminando, montados sobre algún animal o en carros y diligencias. En todo el tiempo que Link llevaba en la Ciudadela, todavía quedaban bastantes lugares que no conocía, dado que normalmente seguía una misma ruta. Acordándose de ese hecho, decidió aprovechar para investigar más a fondo la enorme ciudad. Sin embargo, cuando se disponía a ello, unos transeúntes y un hombre que iba montado sobre un caballo se dieron cuenta de su presencia y se alarmaron debido a su aspecto. Eso causó una alarma general y pronto llegaron dos soldados. No era de extrañar, dado que había muchos que patrullaban la ciudadela, ya fuera en parejas o en pequeños grupos. Estos hombres apuntaron a Link con sus lanzas, y mantenían sus espadas guardadas. No pasó mucho tiempo hasta que uno de ellos se dio cuenta de que llevaba un collar verde, y entonces se relajó, aunque confundido.

-¿Lleva un collar? Entonces significa que es la mascota perruna de alguien, y que sólo está paseando…

-Pero su aspecto…-sospechó el otro.

-¡No digas tonterías! ¡¿Cómo va a querer alguien tener un lobo como mascota? ¡Ni siquiera esos excéntricos del barrio rico tendrían uno! Además, míralo, parece muy dócil a pesar de su tamaño y aspecto. Puede que sea algún cruce, ya sabes que hay razas que se parecen a esas malditas alimañas.

-¡Como tu perro, Sansón! ¡Ese husky es todo un bribón! –exclamó alegre el soldado.

-¡Lo sé, es igual que mi hijo! ¡Mi mujer también está encantada con él, aunque bien que se queja cuando hace alguna travesura!

-En fin, mejor será que dejemos a este animal tranquilo…-se marcharon para continuar su ronda, tras informar a todos de que era una falsa alarma- ¿Te imaginas que ese animal fuera el supuesto lobo que se avistó numerosas veces en la ciudad durante la invasión? ¡Tanto revuelo por un simple perro! ¡Ja, ja, ja! –dijo mientras se alejaban.

Las demás personas siguieron con sus cosas, aunque seguían mirándolo con cierta desconfianza. Mientras, Link estaba parado en el sitio, impresionado. Con un simple collar, había pasado de ser un lobo amenazador y peligroso, a ser un simple perro. Qué fácil era engañar al sentido común de las personas…

En fin, siguió paseando durante un buen rato, atento a que todos pudieran ver su elegante adorno. Gracias a ello, no tuvo más incidentes como el anterior, pero la gente seguía apartándose de él por precaución. Y en un momento dado, oyó la voz de alguien que hacía tiempo que no oía.

-¡Qué me pisen la cola! ¡Mira a quién tenemos aquí! –exclamó una voz femenina.

-¡Vaya, si eres tú, Louise! ¡Me resulta extraño escucharte hablar de nuevo! –le saludó animado, moviendo inconscientemente la cola.

-Cariño, siempre he hablado. Que las personas seáis incapaces de entendernos, es otra cosa. –le corrigió- Ambas partes podemos lograr interpretar lo que el otro está diciendo, pero seguiremos sin poder "hablar", como tú dices. Aunque hay algunos pájaros y otras especies raras que pueden comunicarse con vosotros, aunque eso depende de su "inteligencia" y capacidades para ello. Y entre los animales, aunque la mayoría nos comunicamos en un idioma común, también existe un lenguaje corporal y demás formas de comunicación entre los miembros de una misma especie. Por ejemplo, olores o sonidos que se traducen como si fueran códigos, como los maullidos entre los gatos o los aullidos entre los lobos.

-Interesante, gracias por la explicación. –le agradeció- Por cierto, ¿Por qué no estás con Telma en su bar?

-Simple, me aburre pasar todo el día ahí. Prefiero salir y pasear por la ciudad, además de relacionarme con otros gatos. Pero, lo importante no es eso… ¿Puedes explicarme porque has vuelto a ser un lobo? Sinceramente, si no fuera por tu olor, no te hubiera reconocido.

Link empezó a explicarle lo ocurrido, aunque era todo muy difuso. Cuando acabó, la gata se estiró y se lamió una de sus patas.

-Qué mala suerte, así que por un tiempo serás un lobo. Aunque con ese collar has logrado engañar a las personas…ilusos. Es importante llevar un collar, ya que con él no nos pueden hacer nada. Pero para los callejeros…a veces su suerte no le es favorable. En fin…-ronroneó levemente, mientras pensaba en algo- ¿Por qué no me acompañas? Ya que vas a vivir de ahora en adelante como un animal de ciudad, es bueno que conozcas cómo se vive por estos lares y conozcas a más animales. –le propuso mientras comenzaba a marcharse- ¿Vienes?

Link la siguió, no tenía otra cosa que hacer. Tras recorrerse numerosas calles, llegó a un callejón cerrado donde estaban reunidos un grupo de gatos. La mayoría se asustó por la llegada de Link, pero Telma los tranquilizó. Sólo uno del grupo se acercó a él, ya se conocían de antes.

-Vaya, vaya…tú ayudaste a mi dueño, y también a mí, cuando hizo ese estúpido trato con un espíritu maligno que le concedió una inmensa fortuna a cambio de su alma, transformándonos a los dos en estatuas de oro. Te doy las gracias de nuevo por aquello…-le saludó un gato pardo.

-Eras… ¿Hércules, no? Recuerdo que reuní esas almas de espectro para romper la maldición de tu dueño, Giovanni, y que después de eso me recompensó con rupias cada vez que me veía.

-Qué bien que os conocéis, así será más fácil…-luego miró a los otros gatos que se mantenían apartados- ¡Ey, vosotros! ¡Venid aquí! ¡Puede que sea grande, pero es sólo un "grandullón bonachón"!

Los gatos, que eran cuatro, se acercaron con algo de miedo hasta Link, pero pronto fueron confiando más en él. Se llamaban Cris, una gata de pelaje blanco grisáceo; Wiskas, un gato negro; Tony, un gato gris con rayas oscuras; y Lucas, un gato con un espeso y desgarbado pelaje marrón y con cada ojo de diferente color. Este último era el único del grupo que no llevaba collar, por lo que debía ser callejero.

-Bien, desde ahora, habrá un nuevo miembro en nuestra manada. Se llama Link, y aunque no os lo creáis, antes era un joven hyliano pero que desgraciadamente ha sufrido una maldición que lo ha transformado en lobo, de nuevo. –les explicó a sus amigos.

-¡Qué miedo! ¡No me gustan los encantamientos! –maulló asustada Cris.

-Y que lo digas, para mí fue suficiente con lo que me pasó por culpa de ese maldito espectro…-dijo Hércules incómodo, sacando instintivamente las uñas.

-Es insólito que un lobo, que antes era un hombre y además se hace pasar por chucho, se una a un grupo de gatos. Pero… ¡Bienvenido! Con tu tamaño y aspecto, alejarás a los estúpidos perros que intenten molestarnos. –habló convencido Tony.

-¡Jeeeee! ¡Todo esto es muy raro! ¡Pero pareces bueno! ¡Espero que logres volver algún día a tu forma original! ¡Y que descubras muchas cosas con nosotros mientras tanto! –le animó Lucas, que por su voz parecía ser el "tontorrón" del grupo.

-Bueno, si lo dice la jefa…pues vale. –expresó Wiskas, con ciertas dudas.

-¡Ey! ¿Nos ponemos en marcha? Tenemos que enseñarle al nuevo recluta muchas cosas… ¡En marcha! –les llamó Louise, y luego todos maullaron.

Saltaron a unas cajas que había en el callejón, y fueron saltando en varios lugares hasta subir al tejado de una casa cercana. Link lo intentó, pero su agilidad no era la misma que la de los gatos, y su torpeza provocó burlas entre los animales. Cuando por fin subió al tejado, se quedó maravillado. Desde allí, se veía la ciudad desde otra perspectiva y se podía admirar aún más su extensión. Comenzaron avanzar por esos tejados, a lo que Link se acostumbró enseguida. La mayoría de las casas estaban pegadas o casi lo estaban y no suponían un problema. Pero llegaron a un punto en el que tenían que saltar una distancia respetable, que los gatos superaron sin dificultades. Link no estaba muy seguro, estaban a una altura considerable y había gente bajo ellos. Louise lo animó para que saltara, y aceptó. Cogió carrerilla, y saltó al otro lado. Pero no logró caer bien sobre el otro tejado, y se resbaló, quedándole medio cuerpo colgando. Se agarró como pudo e intentó subir desesperadamente, arrancando algunas tejas de paso. Cuando logró subir, se tumbó respirando nervioso. Louise se acercó a él, y le araño con la zarpa, algo que enfadó a Link.

-¡¿Por qué has hecho eso? –le gruño enfadado.

-Pues porque eres un patoso, debes tener más cuidado. Mira, has dañado el tejado de esta casa, y eso molestará al dueño. Novato…en fin, pronto aprenderás a moverte ágilmente por la ciudad. Y ahora vamos, a ver si dejas de retrasarnos…-y la patrulla volvió a movilizarse.

-"Ag…esto era más fácil cuando Midna usaba su magia para ayudarme a saltar largas distancias…" –suspiró al recordar, mientras intentaba seguir a esos gatos.

XOXOXOXOXOXOXO

Continuaron moviéndose por esos tejados, hasta que por fin Louise decidió parar a descansar. Todos descansaban plácidamente sobre ese tejado, sin que nadie de abajo se percatase de Link. Louise y Hércules miraban con mucho interés una pescadería que había en la calle donde se encontraban, y pronto comenzaron a maquinar un plan.

-¿Tenéis hambre? –les preguntó la gata- Al pescadero le acaban de llegar unas cajas repletas de pescado, y mientras está ocupado llevándolas a su almacén tras la tienda, podríamos coger algunos aperitivos…

-¡Bien, hoy es día de pescado! –maulló feliz Lucas- ¿Cuál es? ¿La pescadería del señor González?

-¡Por supuesto! ¡Es la única pescadería de esta calle! –le informó Hércules- Aunque hoy no está Francisco, si no su hermano. Y tiene un carácter…

-¡Sí, recuerdo la última vez que intentamos robar en la tienda! ¡Casi nos mata con su escoba! –habló molesto Tony.

-O cuando usó su espada contra nosotros… ¡Qué miedo pasé! –recordó con temor Cris.

-¡Esperad un momento! –llamó la atención de todos- No estaréis hablando en serio… ¿Vais a robar en esa pescadería?

-¡Por supuesto! ¡Hoy es lunes! ¡Y los lunes siempre comemos pescado! ¡O lo intentamos! –habló animado Wiskas.

-Tú no lo entiendes…para nosotros esto es una diversión. Sigues siendo un hombre, por mucha apariencia de lobo que tengas, no puedes comprender algunas de las cosas que hacemos los animales. Y mucho menos de nosotros, los gatos. –le dijo Louise, con cierta soberbia-¡Seguro que si fuera una carnicería, no pondrías tantas pegas! –y los demás gatos maullaron divertidos.

Tras eso, los gatos saltaron a un pequeño balcón y fueron bajando saltando a varios lugares hasta llegar al suelo. Link se vio en apuros de nuevo, y tras lograr mantener el equilibrio en aquella fina barandilla de aquel diminuto balcón, al saltar a un muro cercano tropezó y cayó estrepitosamente. Se quedó sobre el suelo, dolorido, entre las risas de los otros gatos.

-¿Creéis que los lobos tienen más de una vida? ¡Porque debe de haber gastado una con esa aparatosa caída! –comentó uno de los gatos entre risas.

-¡Ey! ¿Te encuentras bien, Link? –le preguntó Louise, olisqueándolo.

Link se levantó sintiendo aún bastante dolor, pero no tardó en recuperarse. Cuando lo hizo, los gatos le pidieron que esperara en la esquina del edificio donde se ubicaba la pescadería. Ellos se escondieron, y esperaron hasta oír como el dependiente se iba al almacén trasero de su tienda a organizar su recién llegada mercancía. Entraron silenciosamente, y tras un rato…

-¡Fuera de aquí, malditas alimañas! –les amenazó el hombre, dentro de la tienda.

Con su escoba intentó golpearlos, pero los gatos eran muy ágiles y veloces. Salieron pitando de la tienda, y cuando Link vio como el hombre iba también a por él en un ataque de furia, salió corriendo tratando de alcanzarles. Corrieron hasta dejar la pescadería varias calle atrás, moviéndose con fluidez entre la gente. Pararon en un lugar tranquilo, en un pequeño solar en desuso. Se echaron sobre el empedrado suelo, y los gatos comenzaron a degustar las piezas que llevaban en sus bocas.

-¡¿Ha sido emocionante no crees? ¡Seguro que la adrenalina te está recorriendo la sangre! –le habló cansada Louise.

Link estaba jadeando debido a la carrera, no podía imaginarse que esos gatos hicieran este tipo de cosas a menudo. Aunque…con una líder como Louise, una experta ladrona y miembro secreto de la Resistencia, se podía esperar de todo...

¿Así sería su vida de ahora en adelante? ¿Un vulgar animal de ciudad?

Continuará...haz clic en "Next"

XOXOXOXOXOXOXO

Nota de Alfax: ¡Hola a todos! ¡Por fin he regresado! ¡Un nuevo capítulo (bueno, dos) ha sido publicado!

Como siempre que divido un capítulo en dos, me gustaría que dejarais los comentarios tras leer el segundo, aunque cada cual es libre de hacer lo que quiera. Espero que esta primera parte os haya resultado interesante, y haya aclarado la duda de muchos al finalizar el anterior capítulo.

Dudas, sugerencias, comentarios...¡Hablen y no se repriman! ¡Hasta luego!