15. Una Vida de Perros (Parte II)
Pasaron algunos días, en los que casi no pisó el castillo. Es más, había dormido en la calle esos últimos días, y sólo aparecía frente a los guardias de la entrada al castillo para que informaran a la Princesa. Le resultaba interesante la vida en la ciudad desde el punto de vista de un animal, y quería aprenderlo todo. Sus nuevos amigos felinos le habían mostrado muchas cosas y trucos para sobrevivir, además de conocer a otros animales…ya era uno más del grupo. Su agilidad había aumentado mucho, casi podía equipararse con la de los gatos. Por supuesto, su fuerza era mucho mayor a la de sus compañeros, además de su velocidad y resistencia al correr. Hacía tiempo que no se sentía así, tan salvaje y libre…en realidad, con Midna nunca había podido actuar así.
Lo cierto es que se había divertido bastante desde que los conocía, y no le importaba quedarse a vivir en la calle, durante algunos días. Conocían buenos lugares para descansar y casi siempre lograban encontrar algo de comer, ahora siendo un lobo podía comer casi cualquier cosa. Aunque también había podido ver que la vida de los animales callejeros era bastante dura…no todos tenían tanta suerte como su grupo. Además, todos vivían en cómodas casas con sus dueños. Hasta el gato arrabalero del grupo, Lucas, dado que conocía a una vieja señora obsesionada con los gatos, y a veces buscaba refugio y comida allí.
Ahora se encontraban retozando bajo la sombra de un árbol, se habían colado en el pequeño jardín trasero de la casa de alguien, que afortunadamente no se encontraba allí en ese momento. Link estaba tumbado panza arriba, disfrutando de las últimas horas de luz de aquel día.
-Esto es vida…-ronroneó Louise, descansando- Así es la vida de un gato…comes, duermes y estás con tus camaradas cuando tu dueño está trabajando o durmiendo. Y cuando estás con las personas, puedes vivir acomodadamente sin preocupaciones…-bostezó la gata- Aunque reconozco que me divierten los extraños comportamientos de las personas, y resulta entretenido observarlos.
-La verdad es que a mí también me gusta…podría acostumbrarme a esto, aunque echo de menos ser un hombre. –añadió Link, sin abrir los ojos- "Me pregunto si ella habrá avanzado en la búsqueda de una forma para romper mi maldición…hace días que no la veo. Aunque no creo que esté preocupada, los guardias de la entrada al castillo deben de haberla informado de que estoy por la ciudad. Además, Auru me vio ayer cerca de la taberna de Telma, así que puedo estar tranquilo."-pensó relajado.
De pronto, se oyeron a algunos gatos acercándose a las verjas de la pequeña zona ajardinada donde estaban. Se levantaron, y vieron como un par de gatos ayudaban a una gata herida y a sus pequeños cachorros que la seguían torpemente. Louise se aproximó a la verja y les preguntó que había ocurrido.
-Hola, señorita Louise…-le saludó uno de los gatos, algo apenado.
-¿Qué ha pasado? ¡Informadme sobre lo ocurrido! –les habló con autoridad.
-Gran Louise…-la gata estaba sobre el suelo, débil- Mis cachorros estaban jugando, mientras yo buscaba comida…uno de ellos se extravío y penetró dentro del territorio de…
-Rocky…ese chucho sarnoso...-bufó molesta Louise, erizando su pelo y sacando las uñas- Pocos perros en la ciudad atacarían a un gato sólo por entrar en su territorio, la mayoría lo único que hacen es molestarnos por diversión…pero ese y los suyos… ¡Se le ha subido a la cabeza lo de ser el perro alfa de esta enorme ciudadela! ¡Desde que llegó, tanto perros como gatos han sufrido por su culpa! ¡Voy a dejarle bien claras las cosas a ese maldito, y a sus estúpidos lacayos!
-¡Espera! –le llamó Hércules- ¿Recuerdas lo que te pasó hace unos meses? Es muy grande y fuerte, un gato no puede hacerle frente. ¿Y recuerdas a Brutus, el San Bernardo de la oficina central del Servicio Real de Correos? ¡Tampoco pudo con él! Iré contigo para asegurarme de que no haces una locura…
-Me da igual, cada día está más insoportable y las personas no hacen nada. Así que seremos los animales, en este caso los gatos, los que tengamos que ocuparnos de él.
-Louise, si no te molesta…me gustaría acompañarte.-le pidió Link, al ver la situación.
-Estupendo, contigo y con Hércules, tengo alguna posibilidad…-miró a los otros cuatro- ¡Y vosotros, llevaos a esta madre y a sus cachorros! ¡Cuidad de ellos hasta que vuelva!
Todos aceptaron su papel, y cada uno se fue con el grupo que le correspondía. Link siguió a los dos gatos por las calles de la ciudad, hasta llegar a una calle estrecha y sucia. Estaba de nuevo en los barrios bajos…
Link pronto olió las marcas olorosas que marcaban el territorio de aquel misterioso perro, y su olor era penetrante, lo que mostraba que era muy dominante y tenía buena salud. Era increíble como había aprendido a conocer tales datos de un sujeto sólo por el olor…
Pronto, oyeron los gruñidos amenazadores de varios perros, hasta que salieron de su escondrijo entre los escombros y su líder se mostró. Era el perro que fue embrujado por aquel hombre que los atacó durante el festival, y parecía más amenazador aún. Detrás de él, estaba el resto de su manada, otros perros de aspecto más sucio y menos fuertes que su líder, pero todos compartían que eran chuchos callejeros.
-¿Por qué has osado entrar a mi territorio, Louise? –le gruño enfadado.
-¿No se te ocurre una razón, descerebrado? –le provocó Louise.
-¡No me insultes! ¡¿Quieres que te despedace viva? –le ladró furioso.
-Jefe…mire a quién trae detrás…-le habló uno de sus subordinados.
-¿Quién eres tú? –olió a Link sin moverse de dónde estaba- Desde hace unos días captó tu olor, debes de ser nuevo por aquí. Debería humillarte ir con un grupo de gatos, sobre todo si obedeces a esta felina…
-Me llamó Link, y es mejor que no me provoques…-le gruño- Me parece que a ti no te han educado como deberían…
-¡Ja, qué gracioso! -de pronto, comenzó a olisquearlo de cerca, algo que molestó a Link- Un momento...este olor...no hueles como un perro corriente... ¡Por supuesto, ya sé lo que es! -y le gruño amenazante- ¡Eres un lobo! ¡Un salvaje! ¡No me gustan los escorias como tú!
-Jefe... ¿No huele otra cosa más? Huele a lobo, pero...-le sugirió uno de sus subordinados.
-Es cierto...-y siguió oliéndolo- Su olor me resulta familiar...
-"Quizás me recuerde de cuando aquel sabandija le hechizó para que me atrajera hasta él, y luego salió despavorido en cuanto recuperó la razón..."-recordó Link, riéndose por aquello.
-¡Respétame! -le ladró enfadado al ver a Link reírse- ¡Fui un perro guardián de una familia adinerada, de un reino vecino! –le mostró los dientes furioso, poniéndose en guardia-
-¿Y cómo es que acabaste siendo un vulgar chucho callejero, en esta ciudad? –le preguntó, sin verse intimidado por él.
-Lo abandonaron por mal comportamiento…-respondió Louise en su lugar- Cuando su familia vino de vacaciones aquí, hace dos años y medio.
-¡Cállate! –le gritó furioso Rocky- ¡Adelante, enfréntate a mí! ¡Te voy a dejar hecha una alfombra!
Ambos animales se pusieron en guardia, mientras los demás estaban expectantes. Louise arqueó su espalda y erizó su pelaje, al mismo tiempo que bufaba y sacaba las garras. Mientras, el cánido imponía con su tamaño y sus afilados dientes. Louise se lanzó histérica contra él, arañándolo furiosa. Se originó una terrible y ruidosa pelea entre ellos dos, mientras los demás lo único que podían hacer era mirar. En un momento dado, el perro agarró firmemente a la gata con sus mandíbulas y la zarandeó brutalmente, para luego lanzarla contra un montón de escombros y basura. Louise quedó malherida en el suelo, sin poder levantarse. Pero ahí no acababa todo, ya que Rocky quería acabar con ella de una vez y fue directamente a su cuello.
Sin embargo, antes que pudiera tocarla, Link se abalanzó sobre él, dispuesto a defenderla. Ahora su lucha estaba más igualada, pero igual de encarnizada. Mordiscos, golpes, arañazos...esas peleas entre animales estaban dejando aquella zona destrozada, además del pelo y la sangre que ensuciaba aún más el lugar. Los demás perros estuvieron a punto de lanzarse a por Link, para ayudar a su líder en apuros, pero pronto retrocedieron al ver como derribaba a su superior. Link quiso acabar la lucha rápidamente, antes de que su enemigo se levantara del suelo. Pero cuando se encontraba sobre él, este se puso panza arriba y gimoteó como un cachorro asustado, con el rabo entre las patas.
-¡Por favor, no me mates! -le suplicó sumisa y humillantemente- ¡Has ganado, tú eres el nuevo macho alfa de esta ciudadela! ¡Me marcharé a otro callejón, y no saldré de ahí! ¡Mi extenso territorio es todo tuyo! ¡Y no molestaré más a tus amigos! ¡Pero por favor, déjame irme! -estaba aterrado, y no era ninguna estrategia.
Link dudó un poco, sin bajar la guardia, pero al final se retiró. El degradado chucho se levantó rápidamente, completamente sumiso, y sus compañeros lo imitaron. Se fueron marchando lentamente de allí, sin quitarle ojo a Link, temerosos. Link les gruñó una última vez, parecía más bien un rugido, haciéndolos huir despavoridos.
Link estaba algo dolorido por las heridas de la pelea, y estaba también un poco sucio. Fue caminando hasta donde yacía Louise, junto con Hércules, que llevaba con ella desde hacía rato. La movió un poco con el hocico, intentando que reaccionara. De pronto, oyó un ligero quejido y Louise apoyó débilmente una de sus zarpas en el hocico de Link.
-Je...menudo cobarde...-suspiró- Ahora eres el mandamás de todos los chuchos de la ciudad...qué ironía... ¡Cof, cof! -tosió ahogadamente, como si tuviera una bola de pelo en la garganta.
-Tenemos que llevarla con Telma...-le dijo Hércules a Link, y luego repasó mentalmente donde podría estar a esas horas.
Telma trabajaba de tres a diez de la noche, de martes a jueves. Los viernes y el fin de semana lo hacía desde las cuatro hasta la medianoche. Los lunes era su día libre, aunque a veces cerraba la taberna inesperadamente durante unas horas o no abría. Se lo podía permitir, pues su local era uno de los más conocidos y siempre tenía clientes.
El gato pensó en aquello y supuso...
-Hoy es viernes, a estas horas estará en su taberna. Se nos ha echado la noche encima por culpa de esta confrontación...-habló Hércules, preocupado.
-¿Puedes levantarte? Te llevaré sobre mi espalda...-le ofreció Link, tumbándose.
La gata se levantó con dificultad, ayudada por su amigo felino. Se dejó caer sobre el lomo de Link, y este la colocó mejor antes de levantarse. Pronto comenzó a moverse lo más rápido que pudo, pero evitando que la gata pudiera caerse. Tras un rato, llegó a la taberna. Podía ver como estaba a rebosar, y había bastantes personas entrando y saliendo del local, pero ninguna se dio cuenta de ellos. Link dejó a Louise cerca de la entrada, y se escondió. Hércules entró en la taberna, y al parecer Telma le siguió pues conocía al gato y a su dueño. En cuanto vio a su querida Louise en ese lamentable estado, echó a todos sus clientes de la taberna, y la cerró. Link pudo ver como la cogió y corrió enseguida a su casa, que se encontraba en el mismo callejón que su taberna.
Hércules se despidió de él, y se marchó también a su casa. Link se quedó vagabundeando durante un rato, hasta que encontró un buen lugar para dormir, escondido entre unas cajas. Se echó, y pronto le invadió el sueño...
A la mañana siguiente, se enteró que Telma había llevado a Louise a una clínica veterinaria. Todos los integrantes del grupo de gatos decidieron esperar a que saliera de la clínica, preocupados. Link se quedó con ellos, hasta que Louise regresó a casa. Telma se quedó con ella y no abrió su taberna. Al final, decidió pasear por la ciudadela, aunque ahora los animales le tenían más respeto por ser el nuevo "alfa" de la ciudad. Las noticias volaban rápido...
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Link seguía caminando por sus calles por la noche. Debían ser las diez o las once de la noche, por la posición de la luna. Las calles no estaban muy transitadas, pero todavía había gente por ser sábado. Mientras caminaba, su nariz captó el olor de algo delicioso y fue a investigarlo. Un par de calles más adelante, guiado por su olfato, encontró una carnicería que tenía expuestas en su escaparate algunas de sus piezas, tras un resistente cristal. Link se apoyó sobre el cristal y miró desconsolado la deliciosa carne. Puede que fuese por su actual apariencia de lobo, pero aquello le parecía el paraíso...
De pronto, oyó unas voces que conversaban alegres y se aproximó hasta la esquina del edificio donde se asentaba la carnicería. Se agachó y se escondió para verlos, sabía quiénes eran esas dos personas que se acercaban...Ashei y Shad.
Venían, sobre todo Ashei, muy alegres e incluso ella se rió varias veces, recordando algo.
-¡Vaya, sigo sin creérmelo! ¡Nunca pensé que llegara a gustarme el teatro! ¡Yo pensaba que sólo era ópera y dramas absurdos, pero parece que has encontrado el género perfecto para mí! -expresó alegre.
-¿Ves? Tanto criticarme, para que luego admitas que te equivocaste. Esa obra cómica es una de las más reconocidas, además de que los actores que vinieron al Auditorio Capital eran bastante buenos.-habló sereno, para luego escribir algo en el cuaderno de notas que siempre llevaba.
-¿Qué estás escribiendo? -le preguntó la mujer.
-Estoy apuntando lo ocurrido este día, es un diario de progresos. Descubrí en el cumpleaños de Link que no te importaba leer de vez en cuando, además de que las novelas que has leído son muy buenas. Hoy, he conseguido que me acompañaras hasta el auditorio y disfrutases con una buena obra teatral... ¡Son muchos progresos, y todos ellos están en este cuaderno! -exclamó orgullo Shad.
-Eres raro, en serio...-suspiró Ashei, sacando unas llaves para abrir la puerta que tenía delante.
De pronto, se oyó la voz de una mujer que les llamó desde lejos...
-¡Ey, esperad! -le gritó al dúo, mientras corría hacia ellos cargando una caja de madera.
La mujer debía tener más de cuarenta años; tenía el pelo castaño y estaba recogido con un moño; era algo "rellenita"; y vestía con un vestido amarillo y blanco.
-Hola, Juliana, ¿Todo bien esta noche? -le preguntó Ashei, que al parecer la conocía.
-Muy bien... ¡Uf! -respiró agotada por la carrera y por cargar con la caja- Menos mal que llegasteis vosotros, porque se me quedaron las llaves adentro, mientras traía unas cajas con botellas de cerveza en su interior. El viento la cerró hace un momento, y yo iba a buscar a mi marido cargando con esta caja. ¡Me habéis salvado! -les agradeció la mujer.
-¿Y sabe usted donde se encuentra su marido? -le preguntó Shad.
-Sí, está bebiendo con algunos amigos dónde siempre...-suspiró la mujer- ¿Os importaría esperar hasta que regrese con él? Sé que tardaré bastante, pero...
-No se preocupe, nosotros os esperaremos aquí fuera. Acabamos de venir del Auditorio Capital, pero no estamos cansados.-les respondió Shad.
-¡Y yo le guardaré las cervezas! -le dijo un tanto animada Ashei, mientras le cogía la caja con las botellas de cerveza.
-¡Muchas gracias! ¡Cuanto me alegra que seáis nuestros vecinos! ¡Hice muy bien en alquilaros el segundo piso a los dos! -exclamó alegre- Por cierto... ¿Habéis decidido lo que vais a hacer, referido a nuestra última oferta?
-Eh...no lo tenemos muy claro, sabes que no nos convence demasiado la idea de comprar todo el edificio.-le confesó Shad.
Link miró el edifico, era una casa de dos pisos. En la planta baja estaba la carnicería, en el primero estarían los dueños de la casa; y en el último vivían Ashei y Shad. Se podía observar que cada piso tenía un balcón, y no parecía estar nada mal. Le interesó muchísimo, por fin sabía donde vivían esos dos...
-Shad, tú y esa muchacha sois los mejores inquilinos que hemos tenido. Cuando nuestro hijo se marchó de casa, acondicionamos el segundo piso para hacer una segunda vivienda. Sé que es suficiente para vosotros dos, pero creo se os queda pequeño. A nosotros nos ocurre lo mismo, aunque el nuestro es un poco más grande. Pensadlo, tendríais toda la casa para vosotros, y podríais reformarla a vuestro gusto. Tengo un primo que podría...
-Sí, lo sabemos, su primo que es albañil y nos podría hacer un descuento...-habló cansada Ashei.
-Por favor, reconsideradlo. Desde que una tía mía murió y nos dejó en herencia su bonita casa al otro lado de la ciudad, hemos intentado trasladarnos junto con la carnicería hasta allí. Pero como nuestro hijo no quiere hacerse cargo de esta casa, desde que se mudó a Kakariko, hemos intentado vendérosla a ustedes. Queremos dejársela a alguien en quién confiemos, y vosotros sois los más adecuados para ello.-les pidió- Shad, a ti te conocemos desde que eras niño porque vivías cerca de aquí...y tú, desde que apareciste nos caíste muy bien. Aunque..."Violette", tú apellido me suena de algo pero no me acuerdo de qué...
-Eso es fácil, es porque su padre era...
-¡Un soldado! -le interrumpió, tapándole la boca para que no siguiera hablando- ¡Sí, un simple soldado! ¡A lo mejor lo conoce porque estuvo un tiempo destinado aquí! ¡Pero de todas formas...mi apellido es común en otros reinos! ¡No haga caso a esos detalles sin importancia! ¡Ja, ja, ja! -se la notaba nerviosa.
-Eh...-su actitud la puso un poquito nerviosa a ella- En fin, me voy... ¡Ah, y podéis coger un par de cervezas de la caja, si queréis! -y se despidió con la mano.
-¡Muchas gracias! -la despidió también con una mano y con la otra seguía tapándole la boca a su amigo, mientras este intentaba zafarse de su agarre.
Cuando lo logró, ambos se sentaron delante de la casa, apoyados en la pared. Ashei sacó una navaja y con ella hizo palanca para abrir la caja. Cogió una de las botellas y la abrió con mucho estilo con la misma navaja. Bebió un gran trago, eruptó y luego se limpió luego con la manga...
-Lo que conseguiste hoy, lo has arruinado ahora mismo...-se quejó Shad.
-¿Quieres una, o vas a darme la brasa? -le invitó, pero él rechazó la oferta.
Se quedaron un momento en silencio, sin saber que Link los estaba espiando, pensando en lo que acababa de ocurrir. Cuando oyó el apellido de Ashei, se sintió algo molesto. Ashei Violette, Shad Bravoleón, Auru Trafalgar, Telma Espinosa…todos poseían un apellido, menos él.
Existía una extraña ley que decía que los huérfanos, si no se tenía conocimiento de ningún miembro de su familia, no podían heredar un apellido. En sus papeles sólo ponía "Link", a secas. La única forma de que pudiera tener un apellido, sería que se casara y heredara el apellido de su mujer…Link no sabía si reírse o llorar por aquello. Y respecto a la herencia de apellidos, Hyrule también era diferente en ese sentido. Normalmente, se heredaba el apellido del padre, pero en Hyrule no era así. Se hacía según el rango o clase social de la persona, de modo que los hijos de una pareja podían tener el apellido de la madre o del padre. Un ejemplo era que si el hijo de un cadete se quería casar con la hija de un capitán, sus hijos heredarían el apellido de la madre. Entre los nobles y burgueses era parecido; el que tuviera más poder o riquezas sería el que transmitiera su apellido a sus hijos. Cuando las dos personas eran de la misma clase o rango social, se decidía por la clase de ocupación que poseyera la persona y su familia, y su aún así no funcionaba, por defecto el apellido sería finalmente del padre. Era algo confuso, y no entendía el motivo de todo eso.
Pero si él hubiera tenido un apellido, hubiera sido de Rusl Gordon, pues su padre fue un teniente de la Ciudadela. Por el contrario, la familia de Uli había sido desde siempre campesinos.
Link dejó sus pensamientos a un lado cuando oyó a Shad hablar…
-¿Por qué no quisiste que dijera que tu padre era un Caballero Real? Siempre alardeas ante mí y nuestros amigos de ello. Pero cuando se trata de otras personas, parece como si te diera vergüenza reconocerlo e incluso nombrar tu apellido...-le habló sereno, con cierto interés- A veces pienso que tratas de ocultarme algo...
-Ja...-se rió sin ganas, bebiendo- Te lo advierto...si le dices a alguien quién era mi padre...-le dijo mientras pasaba la navaja cerca de su cuello, parecía decirlo en serio.
-¡Glup! Está bien, no diré nada...-le prometió con cierto temor- No lo comprendo...nos conocemos desde hace años y nos escribíamos por cartas desde niños...pero no sé casi nada sobre ti. Lo único que sé es que naciste y te criaste en Nortinka; y que tú padre era un Caballero Real de la casta de los Caballeros Púrpuras, el último sin contarte a ti. Aunque curiosamente, nunca has querido hacer gala de tu título... ¡Y eso que ser Caballero Real es todo un honor! ¡Y más si eres la última de todo ese noble grupo!
Link se puso a pensar…Nortinka era una de las tres colonias que poseía reino. Era un pueblo de montaña al norte de Hyrule. Las otras dos estaban en los Mares del Oeste: el Archipiélago del Gran Rey, y una ciudadela costera llamada Sakado.
-Créeme...si ocultara algo, no sospecharías nada.-le dijo con cierto aire de misterio- Simplemente no me gusta hablar de mí, eso es todo. Mi padre era un hombre muy reservado y no le gustaba que hablaran de él, y yo he salido a él...
-Eso es otra cosa que me tiene en vilo...sólo hablas de tú padre. Nunca has mencionado a tu madre, y siempre evitas hablar de ella. Me dijiste que eras huérfana de madre desde muy pequeña, pero siempre que te pregunto cómo murió te inventas una excusa diferente. Al contrario de todo esto, tú lo sabes todo de mí, y compartimos el hecho de que fuimos huérfanos de madre desde muy pequeños...
-¡Oh, por favor! -se quejó- ¡Otra vez estás con lo de tu madre! ¡Eres un exagerado! ¡Ni la llegaste a conocer!
-Eres una insensible, sabes que me produce una profunda rabia recordar lo que le pasó a mi madre...-estaba realmente molesto- Fue asesinada, por una mujer koridiana. Sabes que aunque no discrimino a nadie por ningún motivo, a los koridianos no los puedo soportar. Su carácter es fruto de la frustración y rencor acumulados durante generaciones, y eso les hace ser normalmente gente indeseable. Se creen superiores a todo el mundo y hacen lo que les venga en gana. Por culpa de ellos, se han originado tantas disputas...-expresó molesto- Francamente, a mí me daría vergüenza llevar su sangre corriendo por mis venas...
Ashei apretaba la botella que tenía en la mano, y tras lo que acababa de decir, la botella estalló. Ashei se quejó por ello, y quitó rápidamente el guante de la mano con la que había cogido la cerveza.
-¿Te hiciste daño? –le preguntó Shad.
-No, por suerte no me he clavado ningún cristalillo. Mis guantes, junto con el resto de mi vestimenta habitual, son bastante resistentes. ¡Lo que me fastidia es que ahora tengo que quitar todos los diminutos trocitos de cristal del guante! –se quejó molesta.
-¿Cómo es que ha explotado la botella? Ay…qué bruta eres, eso te pasa por cogerla con demasiada fuerza. Por cierto… ¿En qué estabas pensando para acabar rompiéndola? –le preguntó Shad.
-Eh…pues en lo que dijiste sobre los koridianos. Mi padre se enfrentó a ellos en una ocasión, en la "Batalla de las Valkirias". Ya sabes, esa confrontación con la cual se consiguió que Koridai firmara el acuerdo de paz más tarde. Aunque años más tarde lo rompieran tras la muerte del Rey Daltus…-recordó con desgana, mientras apartaba con el pie los restos de la botella hasta esconderlos- Esa fue su última batalla antes de aislarse en las montañas...-suspiró decaída.
Link recordaba esa batalla, la habían nombrado en las clases de la Princesa. Al parecer, fue una sangrienta batalla, durante el reinado del abuelo de la princesa, Harkinian XIV. Participó el padre de Zelda; su fiel Caballero Real, otro que no era el padre de Ashei; y el hombre que más tarde sería el Consejero Real de Daltus. Este último fue un héroe de guerra, y es por ello que más tarde obtuvo su prestigioso puesto en la Corte, además de que se hizo muy amigo de Daltus mientras estaban en el Ejército.
-Ah, así que era eso…ambos compartimos la misma rabia hacia ellos.
-Bueno…sí, aunque creo que te pasaste en lo último que dijiste. No sé, eso es como juzgar a los mestizos de diferentes razas…-le comentó un tanto dudosa- Además, me asustaste un poco. Nunca te había oído hablar con tanta rabia…
-Ya, pero hay un dicho que dice: "De tal palo, tal astilla". Normalmente, la "mala sangre" se transmite…-le explicó un tanto molesto- Además, esto no tiene nada que ver con el mestizaje, que lo apruebo y lo respeto. Ah, y si hablo con tanta rabia sobre ellos es por mi padre. Siempre lo vi bastante dolido por la muerte de mi madre, que por suerte su asesina recibió lo que se merecía. Y aunque él me decía que no guardaba ningún rencor a nadie por eso, se me hace todavía muy difícil de creer.
-Bueno, es cosa tuya…a mí me da igual.-pasó del tema Ashei- Te vendría bien una birra para relajarte…-le ofreció otra de nuevo, cogiéndola de la caja.
-No, gracias. Sabes que prefiero no beber eso…
-¡Qué selecto! ¡A él lo único que le gusta es el brandy, entre otros de sus gustos "selectos"! ¡Y bien que le das! ¡Es todo un ritual para ti! –se burló Ashei- Espera, déjame tus gafas…-le dijo mientras se las quitaba.
-¡¿Qué haces? ¡Cuidado! ¡Unas gafas cuestan bastante! ¡Si las rompes, las pagas tú!
Ashei se las colocó, y al hacerlo se mareó un poco. Se levantó y comenzó su actuación. Primero se desperezó y bostezó un poco, como si estuviera imitando a Shad recién levantado…
-Este eres tú cuando te levantas, con cara de idiota…-le habló, mientras recreaba todo lo que decía- Vas a la cocina y te sirves un vasito de brandy… ¡Listo para empezar otro día! Después, por la tarde, vas a la taberna de Telma y le pides tu consumición habitual: un vaso de brandy y los aperitivos del día. Y por la noche, antes de acostarte…-se puso de rodillas- ¡Santo alcohol! ¡Otro vaso a dentro! Y después te vas a dormir, con la misma cara de imbécil con la que te levantaste… ¡Ja, ja, ja! –se rió, mientras Shad se levantaba para quitarle sus gafas.
Ashei se levantó al ver que pasaba de ella, y lo vio hacer algo en su cuaderno.
-¿Estás otra vez con lo mismo de antes? Te veo muy concentrado…-le preguntó mientras se acercaba a él.
-Estoy haciendo cálculos, por lo de la casa. La última oferta fue comprarla por 40.000 rupias, pero después habría que pagar algo más por los trámites con un abogado y pagar algunos impuestos, además de las reformas. Calculando, el coste final podría ser algo más de 47.000 rupias como máximo…-le contestó mientras escribía.
A Link casi le da un infarto cuando escuchó esa cifra. Comparó precios en su mente de cosas cotidianas, como un buen caballo, que podía valer entre 5.000 y 12.000, aunque los había más baratos y más caros.
En Ordon, construir una casa costaba un máximo de 10.000 rupias; en Kakariko, una casa normal costaba entre 10.000 y 20.000 rupias como mucho; y en la capital dependía del barrio donde te encontrases. En los barrios de clase media, el precio oscilaba entre 30.000 las más baratas y 60.000 las más caras. Y en los barrios ricos, una casa podía llegar a costar 100.000 rupias…
No había escuchado hablar de tanto dinero, desde que tuvo que poner una parte para reconstruir el puente hacia la capital y para comprar el segundo "Lalomercado". Para el puente tuvo que poner 1.000 rupias, de una reconstrucción que costó 5.000 de ellas. Y para la tienda, su precio de compra que además estaba rebajado debido a la quiebra del negocio de artículos de lujo, costó 13.000 rupias entre la compra y las reformas. Puso de nuevo 1.000 rupias, además de que entregó a Lalo algunos tesoros que se encontró en los templos que visitó. Menos mal que hubo otras "almas caritativas" que también pusieron dinero.
Esos precios reflejaban los diferentes niveles de vida de las distintas localidades del reino, y eso que no había querido comparar con la tribu Goron, la Región de los Zoras o las colonias…
-¡¿No estarás pensando de verdad en ello? –exclamó horrorizada- ¡No pienso poner ni una rupia para comprar esta casa contigo! ¡Estás loco! Además, ¿Piensas pedirle un préstamo al banco? ¡Ja, ja, ja! ¿A dónde irás, a la sede central o a la sucursal de pequeños créditos? ¡No me hagas reír! ¡Y con tu sueldo, no creo que te dé para mucho! –se burló.
-Pues recuerda que normalmente gano más que tú, a no ser que el mes te vaya bien...-le recordó molesto- Además, tengo una pequeña herencia que me dejó mi padre cuando murió y aún no la he gastado, casi ni la he tocado.
-¡¿Cómo? ¡Serás rácano! ¡¿Y no me dijiste nada? ¡Menudo amigo estás hecho! -se molestó Ashei, sorprendida por la noticia.
Shad trabajaba de bibliotecario por las mañanas en la biblioteca de la ciudad, de lunes a jueves. Los martes, miércoles y jueves por la tarde, hacía de tutor privado para los hijos de algunas familias. Además, los viernes a veces ejercía de profesor sustituto o como invitado en una de las pequeñas y escasas escuelas de la ciudad, que por supuesto era privada. Y finalmente, compaginaba esos trabajos con charlas y conferencias ocasionales con la élite intelectual del reino; en casas de gente importante, en el Auditorio Capital o incluso fuera de la ciudad.
Ashei hacía trabajos más manuales y precarios. Ella trabajaba en lo que pudiese, normalmente de mercenaria o cazarrecompensas. Mataba o capturaba monstruos, según lo que le ordenara su cliente, o atrapaba forajidos de los cuales pudiera sacar algún dinerillo. También trabajaba de vigilante ocasional, de peón de alguna obra, ayudando a carpinteros o herreros…según lo que se le presentase.
Y volviendo con la conversación…
-A mí me interesa hacerlo, pues podré reformarla y tendré espacio para tener un estudio, una biblioteca y construir un pequeño establo donde poder alojar a mi querida Atenea. Prefiero que esté conmigo, y no en esos establos. Es lo que hacen algunos propietarios…-le explicó- ¿Y tú qué piensas hacer? Piénsalo, es una buena oferta, sobre todo para estar en la capital. Y con las reformas, podrías tener tu ansiada sala de entrenamiento, y además traerte a Centaurus.
-¡Guárdate tus argumentos, no pienso vivir contigo toda la vida! –rechazó tajantemente- ¡Espero que pronto encuentres una novia con la que te cases, y me dejes en paz! ¡Desde el momento en que lo hagas, ambos seremos libres! ¡Tú pasarás de la promesa que le hiciste a tu padre, al igual que yo, pues ya no serán necesarias! -habló emocionada- Estás perdiendo el poco encanto que tenías, ahora eres incapaz de mantener una relación más de dos semanas…-le dio unas palmaditas "compasivas" en la espalda- Por cierto, estuve trabajando hace unos días como peón durante las reformas en una clínica médica de la ciudad… ¿Y sabes quién estaba allí? ¡Laura! –le contó, como si intentara picarlo por algo.
-No sé de quién me hablas, hay muchas con el mismo nombre…-le dijo como si intentara evadir la conversación.
-¡No disimules, sabes de quién te hablo! ¡Laura Barroso, tu novia de la universidad! –exclamó- Ella y, qué sorpresa…Jorge Navas, se trasladaron hasta aquí desde Sakado y abrieron su propia clínica. Ahora están casados…-le dijo con cierto retintín.
-¡No me hables de ellos! –se enfadó Shad- Pensé que se quedarían en Sakado, y ahora aparecen después de varios años…-expresó con raba- Ella me engañó con ese aspirante a médico, sólo porque su carrera era más interesante que la mía y por su galantería…
-¡Qué dolor! –dramatizó su amiga- ¡Otro de los muchos romances de Shad se convirtió en tragedia! ¡Si escribieras un libro recopilando todos tus amoríos fallidos, te harías famoso! ¡Y yo sería la primera en comprarlo! ¡Sería un buen libro de comedia romántica! ¡Ja, ja, ja! –se burló Ashei.
-Ja, ja…-se rió sin ganas- Ya me reiré yo el día en el que te vea con un hombre…
Ashei se quedó callada, hasta que de pronto, estalló de la risa. Jamás la había visto reírse tanto, aunque no era extraño en ella…
-¿Qué te hace tanta gracia? –le preguntó extrañado- ¿A lo mejor eres lesbiana y no me lo has contado? –le preguntó burlonamente, no lo decía en serio. Lo hacía para que parara de reír, pero consiguió justo lo contrario.
-¡Ja ,ja, ja! ¡No sigas por favor! ¡Tus tonterías van a acabar contigo! ¡Ja, ja, ja! –se reía en el suelo, casi asfixiándose.
Cuando por fin se relajó, se levantó y Shad le habló.
-Seguro que cuando te enamores, no dirás esas cosas. Puede que a mí no me haya salido demasiado bien, pero todos los que nos hemos enamorado alguna vez te diremos que es una experiencia que debes vivir por lo menos una vez...-le explicó.
-Ya se nos puso filosófico…-suspiró Ashei- Esa es una excusa que ponéis todos los "tortolitos", a los inteligentes como yo. Ese estado de "enamoramiento", se parece más a un estado de embriaguez mental. Mi padre me enseñó, y muy bien, que eso sólo puede ocasionar problemas. Y si lo que quieres es sexo, pues… pero personalmente pasó también de ese tema.
-Por lo que dices de tu padre, me resulta difícil imaginarme como pudo enamorarse tu madre de ese hombre…
-Yo cerraría la boca si fuera tú, no vaya a ser que te quedes sin dientes…-le amenazó realmente molesta- Podríamos hablar sobre tus amoríos, tanto que alardeas…
-Otra vez con el mismo chiste…-suspiró el joven.
-Si no me equivoco, por lo que me has contado, has tenido 12 novias formales desde que tuviste la primera con 14 años, y no cuento a otras con las que sólo tuviste una o dos citas o algunos encuentros esporádicos. Aún sigo pensando en qué verían en ti, es todo un misterio…-meditó la mujer- Curiosamente, con ninguna acabaste demasiado bien…sobre todo con la que tenía un padre que casi te denuncia.-recordó entre risas.
-¡Espera un momento! ¡Eso no fue así! –se excusó- ¡¿Y cómo es que sabes eso? ¡Yo nunca te lo he contado!
-Tú no, pero tu padre le mandó una carta al mío contándoselo. Gracias a que estudió Derecho, entre otras cosas, usó esos conocimientos y habilidades para evitar la denuncia de acoso a su hija. Tu padre te castigó severamente por ello, estabas tan obsesionado con ella tras la ruptura….¡Ja, ja, ja! Cuando mi padre leyó la carta, dijo: "Si fuera mi hijo, le cortaba los…. ¡Así estaría tranquilito!"
-¡Glup! Tu padre no era un poco… ¿Radical? –le dijo algo incómodo.
-Puede, era algo severo…-habló serena- De todos modos, esas locuras no me impresionan. Lo que me supuso una horrible y espeluznante sorpresa fue… ¡Que perdiste la virginidad con 15 años! –aquello sorprendió a Shad, y también a Link-Me lo contaste una vez, borracho, aunque en una de las cartas que me enviaste hiciste una ligera alusión de ello.
-¿Cómo es qué te acuerdas tan bien de las cartas que te envié? Yo no me acuerdo de ninguna...-le preguntó curioso.
-Pues porque las he guardado todas desde que me enviaste la primera. Están en una caja oculta a tu alcance, así que jamás serás capaz de encontrarlas. Son una lectura bastante entretenida...y si me cabreas, podría usar todo lo que escribiste en esas cartas en tu contra... ¡Ja, ja, ja!
-Está loca, sin ninguna duda...-se lamentó Shad golpeándose repetidamente- De haber sabido que clase de persona era cuando éramos sólo "amigos por correspondencia", jamás me hubiera escrito con ella. Y a saber donde están esas malditas cartas...
-En fin, volvamos al tema que nos ocupaba, lo de la "reproducción del homus hylianus sabelotodus"...-siguió burlándose de su amigo- De cualquiera me lo hubiera imaginado, pero de ti… ¡Qué horror! Sólo imaginarme la posibilidad de "aquello"… ¡Ugh! Ya me molestaba tener que compartir dormitorio contigo, desde que descubrí eso, no puedo dormir mirando al lado donde tú duermes...menos mal que nunca te has traído a ninguna de tus amantes a casa. Me hubiera supuesto un trauma irreparable…
-Me molesta bastante que me infravalores de esa forma, no tienes ni idea…-le lanzó una indirecta- Ah, y respecto a lo último… ¿Cómo puedes estar tan segura? Ha habido muchas noches desde que vivimos aquí en las que no has dormido en casa…
-¡Por las Diosas! ¡Y yo he dormido todo este tiempo en el lugar donde has mantenido relaciones sexuales! ¡Qué…aaascoo! ¡Como nuestras sábanas son iguales, seguramente haya dormido alguna vez con las que has podido….! ¡Y menos mal que cada uno se lava su ropa! ¡Voy a quemar la casa ahora mismo! –estaba completamente horrorizada, y parecía en serio.
-¡Ja, ja, ja! ¡Ahora no podrás volver a burlarte de mí! ¡Por una vez gano yo! –exclamó triunfante su amigo- ¡Ah, por cierto! ¡A mí también me molestaba dormir contigo en el mismo dormitorio! ¡Parece que duermo con un oso, por la forma que roncas! Aunque por suerte, me he acostumbrado...-se quejó Shad.
-Si ronco, es por un mecanismo de defensa natural. Si tú te quejas de mis ronquidos, es porque no conocías a mi padre...acabé roncando porque así no lo oía por las noches.-le explicó molesta, intentando olvidar la anterior conversación.
Vaya con Shad…y parecía inocente. Link estaba sorprendido, y quería seguir oyendo más. Su curiosidad llegaba a veces a los extremos, y descubría más espiando a la gente que si se lo preguntaba directamente…
Lamentablemente para él, aquella mujer volvió con su marido, borracho, y los cuatro entraron a la casa. Otra noche más que se quedaría en la calle, por gusto...
XOXOXOXOXOXOXO
Al día siguiente, fue a visitar un rato a Louise y vio que se encontraba mejor, pero aún le quedaban algunos días de recuperación. Fue entonces cuando decidió volver al castillo, pero se acordó de algo. Había recorrido numerosos rincones de la ciudadela...pero no se había pasado por los establos.
Si iba a estar un tiempo siendo un lobo, tendría que saberlo su yegua. Y afortunadamente, Auru pagaría los gastos del establo en su lugar, dado que él no podía hacerlo. Se dirigió a los establos públicos de la ciudad, y en un despiste del guardia que custodiaba la entrada, entró. Avanzó un poco, evitando a los dueños de los animales o los que trabajaban en el establo. Era un establo enorme, donde estaban la mayoría de monturas de los habitantes de esa gran ciudadela o ganado a la espera de venderse, y aún así al establo le seguían sobrando bastantes plazas.
Algunas casas tenían su propio establo, sobre todo las del barrio rico; y pequeños establos privados de empresas de alquiler de caballos. También había otro establo en la ciudad, más pequeño. Era para alojar los caballos de los soldados o de gente importante que trabajara en las labores de gobierno. Auru no tenía a su Bullbo allí, esos establos no estaban acondicionados para alojar a un animal así. Y él, pues Epona estaba en los establos públicos porque así estaría en compañía de las otras monturas de sus amigos.
Y hablando de lo que había en esos establos, había de todo. Además de caballos; había ovejas, cabras, vacas, cerdos, burros, un extraño animal con jorobas llamado camello...etc.
La mayoría de los animales pasaron de él, algunos lo miraban confusos, otros con miedo...hasta que uno estalló.
-¡Un loooboo! ¡Beee! -gritó una oveja, alarmando a todos.
Aquello se convirtió en un caos y el ruido era ensordecedor. Pero de pronto, alguien los calló.
-¡Silencio, panda de borregos! ¡Intentó comer tranquila! -berrinchó molesta su yegua Epona, al fondo del pasillo donde se encontraba.
-¡Ey, respeta! ¡Que no te hemos hecho nada los de mi especie! -se molestó un asno que había cerca.
Todos se callaron, al ver que Link no hacía nada. Avanzó un poco, encontrándose por fin con ella y sus amigos...
-Vaya, así que este "lobito domesticado" ha sido el causante de todo este alboroto...estúpidas ovejas, si ven incluso a un mísero chucho también saltan a balar como locas.-comentó el caballo de Ashei, Centaurus, al verlo.
-Menudo carnívoro...si pretendías llevarte a uno de nosotros, has fallado estrepitosamente.-le habló relajado el Bullbo de Auru, Okima, acostado en el heno de su recinto.
-¿Un lobo? Nunca he visto uno, pero si no fuera por ese collar tendría mucho miedo... ¡Qué dientes más grandes! ¡Y qué tamaño! -relinchó Atenea, la yegua de Shad.
-Me había llevado un gran susto al oír que se había colado un lobo aquí... ¡Y resulta que no es más que una mascota! -se quejó Loui, el caballo de Telma.
-¿Se puede saber qué estáis diciendo? -les preguntó Epona de espaldas, bebiendo agua- Seguro que no es más que un...-se dio la vuelta, y vio a Link- ¿Link? ¿Eres tú? -le preguntó horrorizada.
-Lamentablemente, sí, soy yo...-le contestó apenado Link.
Todos los animales se quedaron muy sorprendidos, y Epona se quedó de piedra. De repente, se alzó sobre sus patas traseras y relinchó.
-¡Noooooo! ¡Esto no puede estar pasándome! ¡Otra vez te han transformado en un lobo! -relinchó como una loca, agitándose bruscamente por la frustración.
-Increíble...seguro que habrá sido un brujo o algo así.-dedujo el Bullbo.
-¡Dime que pronto volverás a ser un hombre! ¡Dímelo! -acercó su cabeza a él, suplicándoselo.
-No te lo puedo prometer, esta vez las cosas están más difíciles que la última vez. Puede que pase bastante tiempo antes de que recupere mi forma original...-le dijo decepcionado.
-¡¿Y ahora qué voy a hacer? ¡Si salía poco de estos establos, ahora la posibilidad de ello es nula! ¡Jo, desde que llegué aquí, me he aburrido como nunca! ¡Era mucho más feliz trotando por los campos de Ordon! ¡Y también antes jugábamos más juntos! ¡Allí me sentía tan libre! -se quejó su yegua.
-Lo siento, sé que no te gusta estar encerrada aquí todo el día...-se disculpó arrepentido.
-¡Uf! Menos mal que nuestros dueños nos sacan más a menudo a pasear por la ciudad o a la Pradera de Hyrule, entre otras cosas...-suspiró Centaurus, y el resto asintió.
-En fin, tendré que resignarme...-resopló decaída- Por cierto, ¿Y ese collar? ¡Uuuhh! ¡Eres la mascota de la Princesa Zelda! ¡Has pasado de ser su guardaespaldas, a ser su "perro" guardián! -se burló, seguida por el resto, riéndose ruidosamente como hacen los caballos.
-Ja, ja...-se rió sin ganas y luego se dirigió a Loui- ¿Te has enterado de lo que le ocurrió a Louise? -le preguntó.
-¡No me llames con ese nombre! ¡Y sí, uno de los gatos de la pandilla de esa gata mimada me lo contó! -le contestó molesto- ¡Maldita sea! ¡¿Por qué no podría tener un nombre mejor que ese? Atenea es un símbolo de sabiduría; Centaurus es muy chulo y un buen nombre para un caballo; Epona es la protectora de los caballos; y Okima es un nombre muy original... ¡Mi nombre no es más que el diminutivo del nombre de esa maldita gata!
-¿Y cómo querrías que te llamáramos? -le preguntó curiosa Epona.
-Si eres tú..."Semental", "Bravo", "Salvaje"...
-Sigue soñando, Loui...-le respondió a su atrevimiento.
-Sí, eso de que te llame por esos adjetivos...los único que podemos presumir aquí de "salvajes" somos Epona y yo.-comentó Centaurus.
-¿Y por qué? ¿Acaso tú también fuiste un caballo salvaje? -le preguntó curioso Link.
-Sí, pertenecía a una manada nómada de las montañas, muy al norte de aquí. Ashei me recogió cuando era un potro adolescente, debido a que me separé del grupo cuando nos envolvió una fuerte ventisca.-le contó- Atenea y Loui fueron criados en granjas, y además ella proviene de una finca de bastante prestigio. Es una "dama de la alta sociedad"...-se burló de su compañera.
-¡Ya estamos con esas! ¡Eres igual que tu dueña! ¡Siempre os burláis de nosotros a la más mínima! ¡Yo por lo menos sé hacer diversos y elegantes pasos de doma! ¡Además de que salto mucho mejor que tú! ¡Incluso he ganado algunos concursos! -se defendió Atenea. Sin duda, esos dos eran iguales que sus dueños.
-Bueno, al menos servimos para algo. No como Loui...-le miró de reojo- Ni siquiera es capaz de llevar un carro por la Pradera de Hyrule, con eso de que le tiene miedo a las explosiones...-le dijo recordando la vez que tuvieron que llevar a Ralis a Kakariko.
-Pues tú no deberías quejarte, aún recuerdo lo aterrada que estabas cuando te secuestramos junto con los niños y esa chica...-le recordó Okima, interesando a Link.
-¿Tú fuiste uno de los tres Bullbos que secuestraron a mis amigos? Creía que sólo te había visto en el campamento Bulblin del Desierto Gerudo.
-Yo era uno de los Bullbos mejor entrenados de los Bulblins, y nos vimos más veces además de esas. Como cuando el jefe se llevó a ese crío rubio...-estaba hablando de cuando secuestraron a Iván- Sin embargo, cuando el jefe luchó contra ti en el desierto, se libró de mí después de todo lo que había hecho...-recordó con rabia.
-Bueno...después de esta "curiosa" conversación, me marcho. Iba a regresar al castillo, pero quería pasar antes por aquí a contarte sobre mi estado...-se despidió Link, dispuesto a irse.
-¡Un momento! -le llamó- Antes de volver al castillo... ¿Podrías hacerme un favor? Quisiera me trajeses unas cuantas manzanas, y a mis amigos también. Está bien comer heno, avena, cebada y pienso...pero hecho de menos pastar, además de comer hortalizas y frutas. Si pudieras...-le pidió con su brilantes ojos de caballo.
-¿Dónde voy a conseguir manzanas un domingo? ¿Y cómo voy a pagarlas? -se excusó Link.
-¡Haberlas, ahílas! ¡Y lo del dinero no es problema! ¡Róbalas! -insistió Epona- ¡Además, me lo debes! ¡Voy a estar mucho tiempo aquí encerrada y tienes que compensarme por ello! ¡No tengo la culpa de que quisieras mudarte a la ciudad o que te hayan transformado de nuevo en un lobo!
-Caprichosa...está bien, lo intentaré. Pero no te prometo nada...-y se marchó a buscar las malditas manzanas.
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-Maldita sea... ¿Dónde hay un puesto de frutas y verduras? ¡Es imposible de que en esta ciudad no se encuentre algo tan básico como eso! -aulló a los cielos, enfadado.
Llevaba un par de horas buscando, y no encontraba nada. Casi estaba a punto de abandonar, pero un golpe de suerte le alegró la tarde.
Un hombre de aspecto tosco y manco, su brazo débil estaba tapado por una capa, estaba trasladando unos sacos llenos de diversas frutas hasta el pequeño almacén de su casa. Pudo oler como en unos de ellos había manzanas y se dispuso a coger algunas. No le gustaba robar, pero desde que era un lobo lo había hecho en varias ocasiones, nunca nada más allá de la comida. En el suelo había tirado un saco vacío, probablemente de aquel hombre. Lo cogió y se fue acercando sigilosamente mientras aquel frutero ordenaba su mercancía, refunfuñando al parecer por el despiste de su proveedor al traerle la mercancía un domingo.
Link rompió la tela del saco con los dientes, y fue metiendo algunas en su saco. Sin previo aviso, algo muy duro impactó contra su cabeza, dejándolo atontado por un momento.
-¡Largo de aquí, ladrón! ¡Chucho asqueroso, como te coja vas a ver! -le amenazó mientras seguía tirándole diversas frutas contundentes con gran fuerza y precisión.
Link salió de allí lo más rápido que pudo, agarrando el saco. Corrió hasta que dejó al hombre muchas calles más atrás, ante la mirada atónita de muchos transeúntes confundidos. Paró de correr, jadeando, se había librado de una buena...
-¡Uf! ¡No vuelvo a hacer caso a las exigencias de esa yegua! ¡Qué habilidad para hacer huir a los ladrones!
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Regresó a los establos, mostrando un chichón en la cabeza que se podía ver incluso entre tanto pelo. Finalmente, tras estar casi todo el día en la calle, y toda esa semana también, decidió volver finalmente al castillo. Se presentó ante los guardias de la entrada, y estos le abrieron la puerta algo confusos al ver que quería entrar. Se adentró después al castillo por la puerta principal y caminó por los pasillos, buscando a Auru o a la princesa. Y fue con ella con quién se encontró…
-Vaya, vaya…por fin te dignas a aparecer.-le reprochó ella, que estaba detrás de él- Si no fuera por Auru y mis soldados…creía que te habían vuelto a secuestrar. Cuando le dije a Auru que te comprara un collar para perros, para que pudieras pasear a tus anchas por la ciudadela, no pensaba que te perdería de vista. Además, te necesitaba para avanzar en la búsqueda de una forma para romper tu maldición, casi no he podido hacer nada esta semana. Parece que quieres quedarte en esa forma durante mucho tiempo…
Link bajó las orejas por su descuido, y luego ella continuó hablando.
-Al parecer, te has hecho amigo de un grupo de gatos, según los testimonios de algunos de mis sirvientes y de Auru. Me pregunto que dirán esos animales…tienes suerte de poderlos entender, es una de las ventajas de ser uno de ellos.-divagó un poco- Ah, y no es lo único que me han contado sobre ti…Anabel te vio robando unas manzanas a un hombre al que conocen como Don Enrique. Si tenías hambre, podrías haberte pasado por el castillo…-le volvió a reprochar.
Link se intentó excusar en su idioma, pero ella no entendía nada.
-Vale, no voy a juzgarte por ello…-se agachó y le miró la cabeza- Ese chichón…si fueras más precavido no te lo hubieras hecho. Mi magia sólo sirve para curar heridas, no enfermedades o contusiones de este tipo. Mala suerte…-le explicó- Don Enrique es manco, debido a un accidente de cuando fue soldado, casi no puede usar el brazo derecho. Además, si te acercas a él por la izquierda, tardará en verte por culpa de un problema de visión en el ojo izquierdo. Pero tienes que acercarte, ya que si intentas robarle en la esquina de su puesto, te verá, pues su visión de lejos es excelente. Y para saber cuando está planeando lanzarte algo, sabe disimular bastante bien, tiene que fijarse en su mano. Sus dedos se contraerán fugazmente en un acto reflejo, antes de dañarte. Cuando veas eso, corre…así saldrás airoso del hurto. No te incito a que vuelvas a hacerlo, por supuesto, te lo cuento como una curiosidad…
A Link le resultó extraña aquella explicación y sospechó un poco…
-Te preguntarás como sé todo esto, pues bien…fue durante uno de mis discretos paseos por la ciudad. Una vez vi a una niña intentar robar en el puesto de aquel hombre, y le ocurrió lo mismo que a ti. Noté como le dolió bastante…pero con el tiempo, esa niña aprendió a evadir al frutero. Me resultó curioso, y no le decía nada porque lo único que hacía era coger una simple manzana por diversión. Así son los niños, a veces pueden ser tan traviesos…-sonrió ligeramente.
Su historia le pareció muy interesante, y fue suficiente explicación. La verdad es que él también había aprendido mucho durante sus paseos… ¡Qué curioso!
-Por cierto, iba de camino al comedor… ¿Vienes? Seguramente tendrás hambre, y esta comida es mucho mejor de lo que debes de haber comido estos últimos días…-le invitó.
Link la acompañó, tenía hambre y ganas de volver a comer la comida del castillo. Llegaron al comedor y la comida de ella estaba servida, y Zelda mandó a prepararle algo. Más tarde le trajeron unos jugosos filetes, que devoró gustosamente.
Cuando acabó, Anabel estaba a su lado, mirándolo curiosa mientras otra compañera atendía a la princesa.
-¡¿Tenías hambre, eh? ¡Después de haberte pasado toda la semana vagabundeando por la ciudad, es normal que tengas hambre! Parece que todavía no te has acostumbrado a la vida en el castillo, pero pronto lo harás. –le habló como si fuera un niño pequeño, algo que confundió a Link- Aaayy… ¡Me encantan los perros, sobre todo los grandotes! ¡Si me casara, me mudaría a la ciudad y viviría en una casa con un gran perrazo custodiándola! –después de su confesión, se acercó a Link y comprobó su pelaje- Estás un poco sucio… ¡Hay que darte un baño!
Tanto Zelda como Link reaccionaron, este último horrorizado. No por bañarse, que siendo un lobo no necesitaba lavarse tan a menudo, sino por el hecho de que "lo bañaran". Era humillante y no estaba dispuesto a ello…
-Eh…no hace falta que te molestes, no parece tan sucio.-intentó disuadirla Zelda.
-¡Alteza, soy quién se encarga de todo lo relacionado con usted! ¡Por favor! –le pidió- Además, Auru me entregó unos productos relacionados con la higiene de su mascota, como usted le pidió que comprara al mismo veterinario al que le compró ese collar.
-¿Qué? Pero si lo único que le mandé a comprar fue su collar…
-¡No importa! ¡Seguro que los compró pensando en la salud de su mascota! –exclamó- ¡Os lo suplico, alteza! ¡Lo dejaré limpísimo!
Zelda se quedó pensando, mientras Link esperaba que su respuesta no fuera…
-Has lo que quieras…-le contestó finalmente, desentendiéndose del asunto.
Link no podía creérselo… ¡Qué humillante! ¡Todo por culpa de Auru! ¡Si no fuera por él y los otros dos, ahora no seguiría siendo un lobo! Y mientras, Anabel estaba muy feliz por aquello.
-¡Genial! ¿Dónde lo puedo bañar? ¿En su baño o en otro de una habitación diferente? Hay pocas habitaciones que posean un baño con bañera, la mayoría sólo tienen una pequeña ducha...
-Báñalo en cualquier baño menos el mío, no quiero que me lo deje lleno de pelos…-le contestó, mirando a Link.
Link se molestó por eso, ya tenía bastante con la jugarreta de Auru, para que ahora ella también se burlara de él.
-¡Anda, ven aquí! ¡Te voy a llevar al cuarto de mis amigos Francis y Brunilda! –le habló, mientras le agarraba del collar para llevarlo con ella.
Link se resistía como podía, pero la insistencia de ella era admirable. Al final, tuvo que arrastrarlo hasta dicho baño…
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-¡Estate quieto! ¡Estás mojándome todo el baño! –le ordenó a Link.
Anabel lo estaba bañando en la bañera del cuarto de Francis, que por ser uno de los cocineros de la Princesa poseía una buena habitación, además de un baño con bañera, no como Link y otros muchos.
Hablando de él, estaba bastante molesto por su baño. Puede que fuera por su condición de lobo, pero no le hacía ninguna gracia aquello. Estaba empapado, y Anabel lo enjabonaba por todas partes, a veces haciendo que se le irritaran los ojos. Le resultaba incómodo todo aquello, y cuando acabó, se sacudió para secarse, empapándola completamente. Pero ahí no acabó todo, tocaba secarlo con una toalla y más tarde cepillarlo. Se sentía como un muñeco…y por si fuera poco, luego le cortó las uñas y le limpió los dientes.
Más tarde, la acompañó a la sala común del grupo, hoy celebraban su típica partida de cartas, porque Zelda había acabado de comer y se marchó a su habitación. Se tumbó junto a la estufa, mientras escuchaba la conversación de sus amigos, que estaban sentados jugando.
-¿Por qué te lo has traído? Debería estar con la Princesa, y no con nosotros…-se quejó Anthony.
-¡Me siguió! ¡Seguro que es porque quiere estar conmigo! –le contó Anabel.
-"¡Más quisieras! Después de la humillación que me hiciste pasar…vine aquí porque estoy aburrido, sólo por eso."-murmuró Link, aunque ellos sólo oyeron un ligero gruñido.
-Te gustan mucho "les chiens"… ¿"Non"? –le preguntó Francis.
-¡Sí, mucho! Nunca he podido tener uno, pero me gustaría hacerlo en un futuro.
-Pues a mí no me agradan demasiado.-respondió Anthony- Se les educa para que hagan sus necesidades fuera o en el jardín. ¿Y luego quién tiene que limpiarlo…? ¡Yo! ¡Los demás jardineros tampoco están por la labor! Además, los perros destrozan las plantas, excavan molestos hoyos en el jardín…y dejan apestando las plantas con su orina.-se quejó Anthony, mirando de reojo a Link.
-"Yo aprendí a cavar una letrina antes que tú aprendieras a quejarte…imbécil remilgado."-le gruño por lo bajo a Anthony.
-¡Mira, se ha molestado por lo que dijiste! ¡Qué gracioso! –se rió Anabel.
-No sé porque tratáis a ese animal como si fuera un perro… ¡Es claramente un lobo! ¡¿Es qué acaso soy el único que lo ve? –clamó Salomón, pero todos los demás se rieron.
-¡Ja, ja, ja! ¡Por favor, Salomón! ¿Cómo iba la Princesa a acoger a un lobo en su castillo? ¡Si fuera un lobo, ya nos hubiera atacado! ¡Sobre todo a Anabel, por obligarlo a darse un baño! ¡Ja, ja, ja! –se rió Brunilda- Además, míralo, es muy dócil y tranquilo. Tal vez tenga ese aspecto por ser un perro callejero, será algún cruce extraño. Y quizás algún antepasado suyo fuera realmente un lobo…
-Es cierto, pero este parece ser bastante inteligente y está muy bien educado para ser un simple chucho. Quizás lo abandonaron…-conjeturó Anthony.
-Puede que tengáis razón…-admitió Salomón- Pero sigue siendo bastante sospechoso…por ejemplo, sus ladridos no son como los de un perro corriente. Casi no ladra, además de que los suyos son graves y apagados, no como los ruidosos ladridos de los perros. Leo mucho, y sé que eso es una característica de esas bestias…
-¡Déjate de cuentos! ¡Los perros grandes suelen tener un ladrido más grave que los perros pequeños! ¡Eso no es una prueba! –le reprochó Anabel.
-Ya… ¿Y qué me dices de los múltiples avistamientos de un lobo en la ciudad durante la invasión?
-¿Os lo imagináis? ¡Ese "chien" ha causado mucho "émetue"! ¡Pobrecito! ¡Es un "incompris"! ¡Todo "le monde" sabe que "les loups" temen acercarse a las "villes"! –comentó animado Francis.
-Está bien, dejaré el asunto por esta vez…-y siguió jugando a las cartas- ¡Maldición! ¡Se me ha caído una carta al suelo! –se quejó enfadado.
Link se coló por debajo de la mesa y cogió la carta para entregársela, para que no tuviera que agacharse con la edad que tenía.
-Eh…muchas gracias, chico…-le agradeció confuso el anciano, mientras le acariciaba la cabeza.
-¿Ves? ¡Es muy bueno! –se alegró Anabel- Es más, según me han contado, ayudó a una chica mientras limpiaba los ventanales del castillo. Le sujetó la escalera para que no se cayera, y así pudo bajar sin hacerse daño… ¡Es increíble! ¡Y también me dijeron que espantó a aquella bestia horrible!
-Sí, a saber que estarían haciendo los guardias de la entrada para que se colara no sólo esa bestia, sino también este animal…-habló molesta Brunilda- Y además, que luego la bestia se escapara por el alcantarillado de las mazmorras…
-Y hablando de todo eso… ¿Dónde estaba el muchacho cuando ocurrió todo? –preguntó el anciano- Nadie sabe nada de él, los únicos que parecen conocer su paradero son Auru y la Princesa. Todo esto es muy sospechoso…
-La Princesa dijo que le encomendó una importante y secreta misión, y que se marchó de Hyrule para poder cumplirla. No sabe cuando volverá, así que lo único que podemos hacer es esperar…-se resignó Brunilda.
-¡Mentiras! ¡¿Cómo iba a abandonar el reino sin más? –se enfadó Salomón- Hace unos días vi a Auru en el cuarto del muchacho, ordenando todo lo que trajo de su aldea. Vi que estaba todo, hasta su espada y su escudo. También estaba la silla de montar de su yegua, y cuando fui a preguntarle al regente de los establos, me dijo que su yegua seguía ahí… ¡¿Cómo iba a marcharse tan lejos sin su montura? ¡Al chico le ha pasado algo, seguro! ¡Y ni Auru ni la Princesa quieren contárnoslo!
-Tranquilízate, Salomón. Seguro que es parte de esa misión secreta…podría haber cogido otras armas y llevarse otro caballo.-intentó calmarlo Anthony.
-¡Pamplinas! ¿Y por qué casualmente aparece ese animal y le pone el nombre de su guardaespaldas? ¡Además, duerme en la habitación de Link, como si fuera suya! ¡Y miradle los ojos, son idénticos a los de él! ¡Aquí hay algo que me huele muy mal! –se enfureció y preocupó un poco a Link.
-¡Ja, ja, ja! ¡No digas "bêtise"! ¡Ahora resulta que han transformado a Link en una "bête"! –se burló Francis.
-Si duerme en el cuarto de Link, es cosa de la Princesa. No parece que le haya dañado nada cuando estuvo ahí, está muy bien educado. Y si ella lo llamó así, es precisamente por sus ojos. Seguro que le recuerdan al joven…-le argumentó Brunilda.
-Lo que tú digas…desaparece él, y de pronto aparece un "perrito" abandonado y lo adopta como su mascota. Soy viejo, pero no imbécil…-expresó molesto.
-¿Y qué otra teoría tienes para explicar todo esto? –le preguntó Anthony.
-Realmente, no puedo explicarlo…pero sé que no es como Auru y ella nos quieren hacer creer.-habló y luego se fijó en Link- ¿Por qué parece que entiende lo que estamos diciendo? Nos está mirando con mucho interés…-sospechó el anciano.
Link se alarmó un poco y fingió prestar atención a un panecillo que tenían sobre la mesa…
-Salomón, lo único que quiere es la comida, además de que seguro que reaccionó al oír su nombre. Anda, toma…-y Anabel le tiró el panecillo a Link.
Comenzó a devorarlo y luego volvió a tumbarse, disimulando.
-"Me pone nervioso este viejo…tengo que andarme con cuidado o me descubrirá."-pensó preocupado.
-En fin, puede que sólo sea un paranoico debido a la vejez…-admitió finalmente, rindiéndose ante la "evidencia".
-¡Así me gusta! –le felicitó Francis- Además, ¿Cómo iba a hacerle algo la Princesa al "garçon"? ¡Le tiene mucho…"estime"! –habló como si fuera una indirecta.
-¡Ji, ji! ¿"Aprecio" sólo? –le respondió Anabel, como si supiera a lo que se refería.
Eso llamó la atención de todos, en especial de Link. Anabel, al ver la confusión de los otros tres, les preguntó…
-¿Qué pasa? ¿Es que no os habéis enterado? ¡Lo sabe todo el castillo! –les preguntó extrañada.
-¿De qué? –preguntaron los tres a la vez.
-De la conversación de la Princesa con su amigo, el Duque de Gamelon. Fue durante la última noche que pasó aquí, mientras cenaban…
-¡Ah, yo oí parlotear a algunas de mis limpiadoras sobre algo referido a eso! –habló Brunilda- Pero no pude enterarme de qué era…
-¿Estuvisteis los del servicio de restauración escuchando a su conversación? Menudos cotillas y chismosos…-suspiró Anthony, sin poder creérselo.
-¿Se puede saber de que se trata? ¡Habla, niña! –le ordenó Salomón.
-Pues resulta que ella y otros "aides de cuisine" iban a retirar la "table"…-comenzó Francis.
-Esperamos un poco antes de entrar al Comedor Real, porque parecía estar entretenidos y todavía seguían comiendo, por los menos el glotón del duque…-siguió Anabel- Y mientras esperábamos en la puerta para entrar al comedor, pudimos escuchar parte de su conversación…
-¿Y de qué trataba? –le preguntó curioso Anthony.
-Hablaban sobre Link…-aquello sorprendió a todos- ¡Ey, chico! ¡No es de ti de quién hablamos, sino de otro Link! –le habló, al ver como reaccionó al oír su nombre.
-"¡Déjate de historias! ¡Sigue hablando!"-le dijo en un ladrido, tenía mucho interés en lo que pudieran haber dicho de él.
-Venga, cuenta…-le incitó Salmón a que hablara, parecía intrigado.
-Sólo oímos el final de su conversación, antes de que apareciera aquella feroz bestia. No sabemos como empezaron a hablar de él, pero lo poco que oímos se nos quedó grabado en la mente…-les dijo recordando.
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"-Son los inconvenientes que tiene ser lo que tú eres...-le dijo despreocupado- Pero dejando eso a un lado, volvamos a hablar del chico. Yo creo que os complementáis muy bien. Ambos sois hylians; sois personas conocidas y apreciadas en Hyrule; os lleváis bastante bien; y por lo que he oído, los dos poseéis esa curiosa marca de nacimiento, cuya forma está muy presente en la cultura de este país. ¡Debe de ser el destino! Además, el hecho de que él salvara tu reino y a ti del desastre... ¡El héroe y la princesa! ¡Es como en las novelas! -habló emocionado- Además, es muy guapo. ¡Me apasionan los rubios! Y esos ojos azules... ¡Nunca había vistos unos como los que tiene él! No sé, tan profundos y con un cierto aire salvaje, como si dentro de él existiera una noble bestia oculta esperando a salir. Y antes, cuando lo estaba "comprobando", pude notar que está bastante bien...lo que daría yo por ver lo que hay debajo de esos ropajes verdes que tanto le favorecen. Y pasando a la belleza interior, por lo que me has contado, es un buen chico.-alabó al muchacho- Piénsalo, es un buen partido. Si yo estuviera en tus carnes...hace tiempo que ese "bribón" hubiera caído rendido a mis pies.-expresó de una manera que puso un tanto nerviosa a Zelda, y provocó un escalofrío a la bestia que se encontraba escuchándolos.
-En serio...te voy a prohibir que te acerques a Link...-le amenazó molesta- De todo lo que has dicho, sólo puedo coincidir en ciertos puntos. Lo reconozco, el muchacho tiene unos ojos hermosos y en mi opinión no está mal, tanto físicamente como por lo buena persona que es. Es bastante guapo…-admitió, con toda naturalidad y neutralidad.
-¡Qué bien! -aplaudió emocionado- ¡Por fin he logrado que lo confieses! ¡Ya lo sabía, pero quería que salieran esas mismas palabras de tu boca! Pero me esperaba algo más...siempre hablas así, sin inmutarte, aunque se trate de este tipo de temas.-terminó de decir, algo decepcionado."
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Link se sentía incómodo, a la vez que sorprendido. Incómodo por lo que había dicho ese Gustaf sobre él…le recorría un escalofrío helador sólo de pensarlo.
Pero lo que dijo ella...
-"Así que tengo unos ojos hermosos y le parezco guapo..."-sonrió- "Cuando la vea, me voy a divertir bastante con esto..."
Además de él, los demás estaban también bastante sorprendidos y también algo incómodos.
-Ese Gustaf me asusta...-habló incómodo Anthony.
-Pues a mí me sorprendió lo que dijo la Princesa sobre el muchacho...-añadió Brunilda.
-¡"Bêtise"! ¡Es "la plus normale dans le monde"! -difirió Francis.
-¡Qué sandeces! ¡Ella no debería hablar sobre el muchacho de esa forma! ¡A saber que más estaban diciendo sobre él! ¡Y encima ese amariconado hablando del muchacho como si realmente fuera "un buen partido para ella"! ¡Se supone que debería estar tratando de convencerla para que acepte a su hermano! ¡Esto es inaceptable! -se molestó muchísimo Salomón.
-¡Cálmate! -le intentó tranquilizar Brunilda- ¡Ni que la Princesa hubiera hecho nada malo! El muchacho es bastante atractivo... ¡Aunque para mí es un poco joven! ¡Ja, ja, ja! -comentó, molestando a Francis- Y ella no es de piedra, por mucho que aparente...
-¡Ja, ahora entiendo porque quiso que él fuera su guardaespaldas! ¡Ella habló muy seriamente con los Ministros y los consejeros, de qué jamás querría tener otro guardaespaldas después del anterior! Pero mirad luego lo que pasó...-les recordó a todos.
-Link no tiene nada que ver con...-le insinuó Brunilda.
-A mí me parecía mucho mejor el Sargento Ortiz, era más disciplinado y jamás hizo amistad con la Princesa. Sólo cumplía su trabajo, a diferencia del chico...-habló convencido el anciano.
-Ya, pero no se le veía a ella muy feliz con ese hombre...-añadió Anabel.
-¡Pero eso es lo que necesitábamos en este castillo! ¡Disciplina! -se defendió- ¡Los hermanos Ortiz fueron lo mejor que pudo pasar en este palacio! ¡Álvaro, y su hermana Mariana, consiguieron lo que nadie en este castillo pudo hacer! Ni su padre, ni Auru... ¡Nadie de los que estaban a su cargo consiguieron infundir disciplina en esa chiquilla!
Mariana Ortiz...ese nombre ponía enfermo a Link. Era la "bruja" que impartía las clases de Protocolo y Etiqueta. Y no sabía que tuviera un hermano...seguramente sería igual de despreciable que ella.
-No seas tan duro, sólo era una niña. Además, pasó una época muy difícil después de la muerte de su padre...y "todo lo demás".-habló apenada Brunilda, llamando la atención de Link.
-¡Eso no justifica su desastroso comportamiento! Si ya era un "diablillo" antes de eso... ¡Después de lo que ocurrió se volvió insoportable! ¡Menos mal que aquella niña se marchó hace mucho tiempo! ¡Gracias al trabajo de Mariana y su hermano, ahora tenemos algo a lo que se le puede llamar "princesa"! -insistió Salomón. La manera despectiva con la que hablaba de ella molestó mucho a Link.
-Ya, pero sus métodos eran bastante duros...-se entristeció Anabel al recordar.
-¡Se lo mereció! ¡Si hubiera sido más obediente, no habría recibido las represalias que sufrió! ¡Es igual que su padre! ¡Harkinian tuvo que alistarlo en el Ejército para que se volviera un hombre digno de llevar la corona! ¡Incluso lo mandó al frente a combatir! Después de eso, Daltus siguió siendo un poco indisciplinado... ¡Pero por lo menos se convirtió en un buen gobernante! -siguió insistiendo el anciano, nadie lo iba a poder callar.
-Lo de Daltus no era lo mismo que lo de su hija, por mucho que se parecieran, y lo sabes...-le recordó Anthony.
-¡Nada justifica lo que nos hizo pasar a todos en este castillo! ¡Se escapaba a la ciudad cada vez que tenía la oportunidad, a veces durante varios días! ¡Y cuando estaba aquí, pasaba de todos como de la mierda! ¡Nunca hacía caso, y siempre hacía lo que le venía en gana! ¡Y lo peor era cuando robaba el pura sangre de su difunto padre y se escapaba lejos de la ciudadela! ¡O cuando hacía gamberradas en la ciudad, como pequeños hurtos sólo por diversión! ¡Aún recuerdo la cara de Don Enrique después de que pillase a esa pequeña ladrona, después de meses robándole a escondidas! ¡Ya me parecía raro que regresara a veces con moratones al castillo! ¡Si es que la potencia y puntería de ese hombre cuando tratan de robarle, no tiene comparación!
¡¿Qué? ¡Eso no era posible! La niña de quién le había hablado antes... ¿Era ella? No podía creérselo...jamás se lo hubiera esperado. Link siguió atento a la conversación, ahora mucho más interesado...
-Deberías calmarte, "ancienne"... ¿No crees que es "assez"? -le sugirió Francis.
-¡Cállate! ¡Me estoy desahogando! -le gritó al cocinero- ¿No os acordáis de las veces que se escapaba a la Región de los Zoras, montada en el caballo de su padre? La pobre Reina Rutela, que en paz descanse...-habló solemnemente- Tenía que acogerla y no sabía que hacer con ella. La bondadosa reina no sabía si dejarla que se quedase o devolverla al castillo. Y encima esa niña se volvió más inoportuna después que Rutela diera a luz a su hijo, aunque según ella y su marido, no les suponía ninguna molestia. Al contrario, les ayudaba con el pequeño Zora... ¡Ja, eran demasiado amables para echarla y llevarla al castillo como debían!
-Ya vale, te va a ocurrir lo mismo que la primera noche de cartas con Link...-intentó Anabel que se calmara, pero él no quiso.
-¡Tonterías! ¡Aquella vez tomé alcohol! ¡Fue un efecto segundario! -le contestó- Y ahora que estaba hablando de las escapadas de la Princesa... ¿Os acordáis de la que supuso el colmo para los Ministros? Se escapó del reino... ¡De las provincias, por las Diosas! Al parecer, pretendía llegar a Arcadia, la tierra de su madre. A saber para qué...-refunfuño el viejo- ¡Pero casi le cuesta la vida! Perdió el caballo de su padre y si no hubiera sido por unos comerciantes hyrulianos que pasaban por allí... ¡Hubiera supuesto el caos para toda la nación! -se quejó Salomón- ¡Lo que nos hubiera faltado! ¡Una guerra de sucesión! ¡Esa fue la razón para que los Ministros le prohibieran salir de esta provincia! ¡Y que no había incumplido hasta lo de la fiesta del muchacho!
Link estaba sin palabras, no podía creer que ella hubiera hecho todo eso. También estaba apenado al descubrir que cuando perdió a su padre era sólo una niña. Seguramente lo habría pasado muy mal, de ahí la causa de su comportamiento. Y cuando hablaron de como lograron "doblegarla"...se le puso la carne de gallina al pensar en que podrían haberle hecho esa mujer y su hermano.
-¡Ja, ja, ja! -se rió Anabel, su risa maléfica de cuando ganaba- ¡He ganado! ¡Ni distraída con una conversación pierdo! ¿Queréis que echemos otra?
-Si hablamos de otra cosa, sí...-le pidió Salomón- Hablar de estos temas resulta dañino para mi salud...-habló cansado y harto.
-¡Pero si eres tú quién empieza siempre! -le reprochó Brunilda, y los demás se rieron.
Ellos siguieron conversando, jugando, y picoteando un poco. Dejaron aquel tema, y se pusieron a hablar de cosas más triviales.
A Link no le interesó aquello y estaba cansado. Así que salió sin que se dieran cuenta y se dirigió a su habitación...
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Para su desgracia, su cuarto estaba cerrado bajo llave. Eso le molestó muchísimo y no supo que hacer. Pero de pronto, recordó que Salomón había dicho que vio a Auru ordenar su habitación. ¡Seguro que la llave la tenía él! Aunque a saber por qué estuvo ordenando su cosas...
Le daba igual, así tenía una excusa para ver a Auru después de lo que le hizo comprando aquellas cosas para su higiene personal...se iba a enterar.
Caminó por el castillo hasta los aposentos de Auru, que a esas horas estaría durmiendo. Cuando se encontró delante de su puerta, aulló repetidamente para que le oyera, y así despertarlo.
-¡Uaaaah! -bostezó Auru al salir, con su pijama puesto- ¿Qué haces aquí? Oí que habías regresado al castillo, después de dormir toda la semana fuera...-se desperezó y luego olió algo en el ambiente- Uhm...apuesto a que te han dado un baño. ¿No es así? La "mascota" de la Princesa debe estar limpia, y más si ha estado vagabundeando por la ciudad. Al final, hice bien en comprarte aquellos jabones y todo los demás... ¡Ja, ja, ja!
Link le gruño enfadado, y Auru se lo tomó aún más a risa.
-¿Por qué has venido hasta mi habitación? ¿Acaso es una pequeña venganza? -le preguntó burlón.
Link no le hizo caso y se apoyó en la puerta, señalando la cerradura con su hocico.
-Una cerradura...-pensó Auru- ¡Ah, claro! ¡Buscas la llave de tu habitación! Lamentablemente, yo no la tengo. Esta semana, la Princesa me ordenó que recogiera tu habitación y colocara todas las cosas que trajiste de Ordon. Fue como un pequeño castigo por lo ocurrido en el templo...y una forma de pedirte perdón. Quién tiene la llave es la Princesa, dijo que te la guardaría para cuando volvieses de tu "excursión" por la ciudad. Ve a hablar con ella, aunque no sé si estará despierta... ¡Buenas noches! -se despidió Auru, cerrando la puerta.
Link se quedó pensativo en el pasillo, ahora tendría que verla...
Se resignó, y se marchó a sus aposentos. Cuando llegó, dudó un poco antes de llamarla con un aullido, pero al final lo hizo. No tuvo más que hacerlo una vez, dado que le abrió tras unos instantes.
-¿Qué haces aquí? Pensé que te habías ido con Anabel. Estaba leyendo un libro, has tenido suerte de que no estuviera dormida. -le contó serena.
Link realizó los mismos gestos que hizo con Auru, y ella lo entendió enseguida.
-Quieres la llave de tu cuarto... ¿No? -le preguntó- Creo que la tengo guardada en el cajón de mi mesa de noche, iré a ver...
Ella comenzó a buscarla mientras seguía conversando con él.
-Te preguntarás por qué la tengo yo...pues bien, fue porque Auru estuvo ordenando tu habitación, a petición mía. Era una forma de que te compensara por lo ocurrido con la Espada Maestra, además de que en esa forma te sería un poco difícil hacer ese trabajo...
-"No hace falta que me lo expliques, Auru ya me lo ha contado. Aunque me interesaría que me contaras otras cosas..."-le habló Link, aunque sabía perfectamente que no le entendería.
-¿Qué estas murmurando? Sabes que no puedo entenderte...-le recordó mientras cogía la llave, hablando de espaldas a él.
-"No importa, creo que incluso es mejor así. Sabes...antes oí hablar cosas sobre ti, cosas que jamás me hubiera imaginado. Pero claro, tú siempre estás con tu secretismo e incluso mientes descaradamente...aunque no es algo que haya descubierto ahora."-le siguió diciendo en su idioma, se estaba desahogando un poco.
Y mientras, recordó lo que le ella le dijo a Valenzuela sobre si él preguntaba por el prisionero que capturaron durante el festival...
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"No te preocupes por él...si pregunta, ya me inventaré algo. Confía plenamente en mí, así se creerá cualquier cosa que le diga. Me preocupa...es demasiado confiado en mi opinión, a causa de su inocencia y decencia, y no me gusta tener que mentirle..."
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-"Aunque puedo entenderlo, hay cosas que no nos gusta que sepan los demás. Lo que me duele es que me tenga que enterar por terceras personas, tanto de lo malo, como de lo bueno..."-terminó mostrando una ligera sonrisa.
-¿Por qué sonríes? ¿Qué es lo que te hace tanta gracia? -le preguntó extrañada- Toma, aquí tienes la llave...-y se la entregó.
Link la cogió y se acordó de algo...que le hizo parpadear repetidamente, luciendo sus ojos.
-¿Qué te pasa? ¿Se te ha metido algo en los ojos? -le volvió a preguntar confusa.
-"No...sólo quiero que me lo digas a la cara. Venga, acércate... ¿A que tengo unos ojos preciosos? ¡Je, je, je!"-se burló Link, riéndose con su risa canina.
-Link, estás extraño... ¿Quieres decirme algo? -le preguntó algo nerviosa.
-"¡No! ¡Eres tú quién tiene que decírmelo! Vamos...-comenzó a lucirse- ¿No lo quieres reconocer delante de mí? ¡Si lo admitiste ante ese individuo, todo el castillo lo sabe! ¡Venga, dilo! Te parezco... ¿Guapo? ¡Ja, ja, ja!"-se burló mientras seguía contoneándose, era la oportunidad perfecta para hacerlo.
-Ah, creo que sé lo que intentas decirme...-dedujo la princesa- Sí, Anabel hizo un buen trabajo contigo... ¿Ves? ¡Tanto resistirte para que ahora te luzcas orgulloso por ahí! -reconoció la princesa, aunque no fue lo que esperaba Link.
-"Ja, ja...ya veo que es imposible sacarte información. En fin, me voy por donde he venido..."-suspiró y luego se dirigió a la puerta.
-¡Espera! -le llamó antes de que se marchara- Mañana por la noche, después de mis clases, quiero que me acompañes a la habitación oculta donde practico mi magia. Es mejor que empecemos cuanto antes a buscar la cura para tu maldición. Ya hemos perdido una semana completa por culpa de tu escapada a la ciudad...-le reprochó.
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Link asintió y finalmente se marchó a su cuarto. Tras un rato, llegó y abrió con dificultad la puerta con la llave, tratando de no romperla. Al entrar, se llevó una grata sorpresa. Todos los regalos que le habían dado en su cumpleaños, estaban colocados en su habitación, además de que esta estaba más limpia y ordenada.
La piel de cabra y el almohadón estaban tendidos en el suelo, cerca de su pequeña estufa, como si fuera una alfombra donde recostarse. La estatua de los Goron estaba bien colocada en una esquina de su habitación, cerca del armario. En la pared que estaba detrás de su cama estaba colgado el curioso reloj que le regaló Auru, funcionando perfectamente. Su nuevo candil estaba sobre su mesita de noche, y en su cajón estaban guardadas la caja de música y otras cosas. Sus nuevas armas estaban colgadas junto con las otras, al parecer Auru las había puesto así, en lugar de dejarlas en el suelo como estaban antes. Y también en otra pared, estaba colgado el mural de los niños y la fotografía de cuando ganó la Gran Carrera Urbana del festival, rodeada por la corona de laureles de su yegua, aunque milagrosamente aún seguía verde. En su pequeña estantería estaban colocados los volúmenes de la Enciclopedia Mudora, junto con otros libros suyos y el pequeño trofeo que le regaló Telma. Y así otras cosas más...
Siguió observando su habitación y su pequeño baño, hasta que decidió irse a la cama por fin. Se sentía muy a gusto, sobre todo después de pasarse la semana entera durmiendo a la intemperie en la ciudad. Aunque no concilió el sueño tan rápido como quiso...todavía seguía pensando en lo que dijeron sus amigos. No sobre lo que hizo que se vacilara de ella, ni por el hecho de que siempre descubriera algo que ella le ocultaba e incluso le mintiera.
No...era por todo lo demás. Se sentía algo triste al pensar en todo aquello tal y como lo describieron sus amigos, y más imaginándosela viviendo esa situación de niña. En fin, dejó eso a un lado e intentó dormir...
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-Voy a ver si encuentro algo en este libro...-le habló Zelda pasando las páginas de su libro de magia- Aunque tenga bastantes páginas; la mayoría son descripciones, anotaciones y algunas ilustraciones. En lo que se refiere a número de hechizos y también algunas pociones, creo que se queda algo corto. Además, está escrito en hyliano antiguo, y a veces me cuesta interpretar lo que dice...
Link se encontraba sentado sobre la mesa de la sala donde Zelda practicaba sus habilidades mágicas. Era tarde, y ambos estaban cansados, pero ella insistió en investigar un poco.
-Uhm...puede que este nos ayude.-habló mientras leía- Se llama "Semita Illustratio", y según la primera línea de su descripción: "Se abrirá paso en las más oscuras tinieblas, abriendo paso a nuevas vías de purificación del ser" Tal vez sirva para debilitar la magia negra que está encerrada en tu cuerpo, haciendo más fácil la ruptura de la maldición. Probemos a ver que pasa...
Zelda colocó la mano en la que tenía su Trifuerza sobre la cabeza de Link y comenzó a leer del libro el conjuro, en un idioma ininteligible y misterioso. La magia brotó de su mano y una débil luz envolvió a Link. De pronto, la habitación se iluminó debido al potente hechizo, cegándolos a ambos.
-"No me siento diferente, debe de haber fallado..."-pensó Link, mientras abría los ojos.
Al hacerlo, vio que Zelda lo miraba atónita y por alguna extraña razón, la habitación estaba más iluminada de lo normal.
-"¿Por qué me mira de esa...?" -se paró al comprobar su cuerpo- "¡Aaaahh! ¡¿Qué me ha pasado?"
Zelda sólo oía lamentos y gimoteos por parte de él, mientras se observaba. Su pelaje se había vuelto completamente blanco, pálido como si fuera un fantasma. Además, su cuerpo emitía una tenue luz, dándole un aspecto aún más espectral.
-"¡¿Qué me has hecho? ¡Parezco un espectro!" -de pronto, una de su patas se hundió en la mesa, atravesándola- "¡Aaaah! ¡No es una ilusión! ¡Soy un fantasma!"
Para mayor desgracia suya, de pronto comenzó a flotar sobre la mesa. Zelda miraba como avanzaba torpemente en el aire y atravesaba los objetos que de otra forma se hubiera chocado con ellos.
-Por las Diosas... ¿Qué he hecho? -se lamentaba, sin quitarle la vista a Link- Tiene que haber alguna manera de devolverle su anterior forma...-dijo mientras leía con más detenimiento todo lo referido al hechizo.
Mientras, Link seguía flotando por la habitación, con una sensación extraña en el cuerpo...
-"Me siento como en las nubes... ligero, sosegado, extraño..."-divagaba mientras se dejaba llevar en el aire-"Ahora que lo pienso, esta sensación es muy parecida a la que experimenté cuando era pequeño al comerme esas setas alucinógenas...podría decir que me siento como si estuviera drogado."
-¡Lo tengo! ¡Según esto, el hechizo desaparecerá en un determinado periodo de tiempo! Aunque no sé si aquí pone dos horas o dos días...-explicó concentrada en la lectura de libro- Debería haber leído toda la descripción del hechizo y haberme centrado más en su traducción...-se enfadó consigo misma- En fin, procura no atravesar nada en ese periodo de tiempo, no quiero tener que derrumbar un muro para sacarte de allí...
¡Lo que le faltaba! ¡Ahora se burlaba de su estado! ¡Y eso que era culpa suya! Le daba la sensación que tardaría mucho en recuperar su aspecto original...
Continuará...
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Nota de Alfax: Como ya dije, aquí está la segunda parte. Quizás no sea tan apasionante como la otra, pero por lo menos he logrado que os riáis un poco ¿Cierto? Además de haber descubierto nuevas facetas de la Princesa Zelda...
Esto de dividir capítulos por ser largos es un poco tedioso y está agrandando el número de capítulos que tenía previsto para esta historia, pero es una simple estrategia de lectura. ¿Acaso no os resulta más sencillo leer algo en dos partes, pues si no puedes continuar leyendo, te quedas con las ganas? Si lees algo largo, te acabas cansando y lego no quieres buscar el sitio donde te quedaste. Ah, y si sigo así voy a conseguir que leáis más que en un libro de Ken Follett... ¡Sus libros son máquinas de matar! ¡Primero porque acabas muerto después de leer más de 1000 páginas! ¡Y segundo, porque un golpe con uno de sus libros es mortal, debido a la cantidad de páginas y a su tapa durísima! ¡Ja, ja, ja!
Os aviso que los próximos capítulos van a ser más descriptivos, con eso me refiero a que dejaré un poco de lado la trama principal. Pero no os preocupéis, que conoceréis datos interesantes y habrán buenos momentos.
Si es que escribo al estilo de la saga The Legend of Zelda, pues aunque hay una trama principal, hay más cosas que puedes hacer. Eso lo traduzco en historias alternativas que den más sabor a la historia sin alejarnos de la trama, pues todo está entrelazado aunque nadie a parte de mí sepa esa conexión...
Me encuentro en la recta final para mi examen de matemáticas, y no podré publicar hasta pasada probablemente la primera semana de septiembre. ¡Hasta esas fechas!
