Capítulo 80: La fuerza que sostiene la Tierra.
La batalla en la Nube de Oort había finalizado, los santos resucitados y que portaban las sapuris de sus constelaciones, vencieron tras mortales combates, eliminando a los 108 espectros diabólicos de Hades.
Solo los doce santos de oro y tres santos de plata sobrevivieron, a sus vidas de doce horas, todavía le quedaban diez.
La diosa de la sabiduría y los santos que portaban armaduras divina alzaban vuelo intentando llegar a las tierras olímpicas de Poseidón, pero Helios salió al paso de Seiya, dando inicio a una complicada pelea, el titán creó con su energía divina el astro de la corona solar, que despedía la misma luz del Sol, acercarse a él significaba quemarse hasta los huesos.
Nube de Oort.
Aioros de Sagitario volaba a través de oscuros vacíos del Universo, hasta que comenzó a notar que una de las lejanas estrellas que adornaban la noche comienza a brillar con gran intensidad. Mientras más se elevaba intentando alcanzar los Mares Olímpicos, más calor sentía y la noche se aclaraba a cada metro que ascendía.
—Es el Sol, está haciendo mucho calor, pero se supone que Apolo esta muerto… —piensa intrigado.
El calor se incrementaba en la medida en que el heleno avanzaba hacia su meta, llegó un momento donde la sapuris de Sagitario comenzó a arder, las llamas surgían de su piel envolviéndolo y sus alas se derritieron, provocando un vertiginoso descenso al vacío profundo. El grito de sorpresa y de dolor llenaba la nada.
Jardín de las Hespérides.
Shaina de Ofiuco, Orfeo de Lira y Pléyade de Orión habían llegado a lo que era uno de los lugares más hermosos del Olimpo, el radiante jardín de las manzanas de oro, los santos habían sido atraídos a ese lugar por un mal presentimiento, un cosmos poderoso podía sentirse en el lugar.
Tras dar unos pasos divisan a la lejanía el cuerpo de un gigante, sus pasos causaban temibles temblores, los santos plateados que portaban sus sapuris avanzaron, buscando a aquel ser, llegando a un sitio del jardín en el cual había una especie de fuente, pero esta tenía la forma de un cuerpo, de aproximadamente tres metros de altura, que sostenía una esfera gigante, que simulaba la forma de la Tierra. Orfeo de Lira no tardó mucho en comprender lo que había escuchado de la era mitológica.
—Esto solo puede significar que él es Atlas…quien fuera castigado a sostener en sus brazos la fuerza del planeta, un castigo ejemplar para uno de los titanes que se rebelaron contra el Olimpo…
—Te equivocas… —respondió una voz que provenía de aquella formación de agua y repentinamente tomó la forma de un cuerpo, el titán tenía largos cabellos rubios y ojos azules como el mar, tenía un rostro serio y algo tosco, portaba una soma de color azul, la cual lucía imponente. —Soy Océano, un compañero de Atlas, él es el único que posee una fuerza bruta incontenible tal, que es capaz de destruir los poderes de aquellos que gobiernan el Universo…
—¿Cuáles son sus intenciones en esta guerra? —pregunta Shaina y Océano rió a carcajadas. —¿Qué es lo que te resulta tan gracioso?
—Nuestras intenciones son las mismas de siempre, recuperar lo que por derecho nos pertenece, bajo el reinado de Cronos y los titanes hubo una época esplendorosa, llamada la edad de oro…los hombres eran puros, de buen corazón, leales y compartían la mesa con los seres divinos, luego de la Titanomaquia que diera lugar al reinado de Zeus, el hombre se corrompió por el poder y la avaricia, dando lugar a la edad de plata, dando por finalizada esta época…cuando una mortal, Pandora, liberara sobre la Tierra los males del mundo, el hombre, influenciado por estos males, se alejó de las divinidades en lo que es conocido como la edad de bronce. Ahora, los hijos de los humanos han dado lugar a la edad de hierro, donde lo único que florece es la degeneración de las relaciones sociales…
—Tu lección de historia no ha respondido a la pregunta de Shaina… —contesta Orfeo. —¿Buscas la caída de Zeus para recuperar la edad de oro y convivir con los mortales? ¿O buscas su aniquilación debido a que consideras que su degradación ya es irreversible?
—No me interesa el destino de los humanos, ustedes jamás podrían derrotar a Zeus, si han llegado hasta aquí es porque Zeus así lo ha permitido, cada una de las muertes que ustedes han repartido, han sido permitidas por aquel que gobierna los cielos, aquel parricida que usurpó el trono…
—Entonces irás por la cabeza de Zeus. —murmura Shaina.
—No, yo no haré eso, una orden así solo puede dictarla el legítimo rey del Universo, yo solo he de sostener el peso del mundo, mientras la fuerza incontenible arrasa con lo dictaminado por el rey olímpico…
—¿Qué es eso de la fuerza incontenible? —pregunta Pléyade.
—Es Atlas, él es quien realmente debería estar sosteniendo el peso del mundo, si Océano esta acá cumpliendo el castigo del hijo de Jápeto… ¿dónde puede estar Atlas? —se pregunta Orfeo.
Nube de Oort.
Atenea se había detenido en un asteroide, mientras observaba el nuevo Sol que había aparecido en el Cielo.
—Helios…al parecer los titanes que viven en el Olimpo han decidido pelear en nombre de Zeus, pero además de eso…presiento que hay algo más, algo aún más terrible que se interpone en el final de esta guerra…
Playa del Olimpo.
En la blanca y fina arena que era casi como polvo, Sorrento y Belerofonte combatían con el mar olímpico a sus espadas, cuyas aguas eran conformadas por todos los estados, sólido, gaseoso y líquido.
—Estás acabado Belerofonte… ¡CLIMAX FINAL!
Cuando Sorrento estaba a punto de entonar su técnica final el cosmos de Belerofonte explotó inesperadamente, entumeciendo el cuerpo de su enemigo, que dejó de tocar.
—¡TERROR DEL ASIA MENOR!
Belerofonte levanta su rostro al cielo y junta sus manos, haciendo arder su cosmos comienza a invocar un extraño espíritu, de un momento a otro, violentamente hace un paso hacia adelante, extendiendo sus brazos en la misma dirección, entonces aquel espíritu y su cosmos se mezclan dando paso a una gigantesca quimera, aquel ser mitológico que poseía tres cabezas, una de león, otra de cabra y una tercera que surgía de su cola como una serpiente, la cual embiste contra el general marino, produciendo innumerables heridas en su cuerpo, tras lo cual cae violentamente al suelo.
Sorrento se levanta con dificultad, las escamas de la Sirena estaban severamente dañadas, faltando pedazos de la misma por doquier.
—General marino, ahora comprenderás que los niveles entre ustedes y nosotros, los ángeles, están separado por una enorme brecha… —expresa Belerofonte.
—Tus conclusiones son apresuradas… —susurra Sorrento. —Te mostraré el nivel de los generales marinos…
Sorrento arremete a toda velocidad en dirección al ángel, usando su flauta como arma, soltando cientos de golpes y estocadas contra su rival, sin embargo Belerofonte evade los ataques del marino, desapareciendo para reaparecer a las espaldas de este.
—¡TERROR DEL ASIA MENOR!
El ángel eleva su rostro al cielo y junta sus manos, haciendo explotar su cosmos e invoca una extraña alma, repentinamente hace un paso hacia adelante, extendiendo sus brazos en la misma dirección, tras lo cual el espíritu y su cosmoenergía se fusionan dando paso a una gigantesca quimera, el ser mitológico que poseía tres cabezas, una de león, otra de cabra y una tercera que surgía de su cola como una serpiente.
La quimera arremete contra el general, que es alcanzado por la serpiente que le muerde una pierna y permite de esta manera la cornada de la cabra, que atraviesa el pecho de Sorrento, que termina zamarreado en las fauces del león.
—Te dije que nuestros niveles no tenían comparación…
En ese momento el ángel se percata que una hermosa y suave melodía, que había estado sonando de fondo, era entonada desde que lanzó su ataque, fue ahí que comprendió que ha sido víctima de una ilusión. Entonces cientos de hadas comienzan a revolotear a su alrededor, la melodía resuena con más intensidad.
Jardín de las Hespérides.
Atlas, el gigantesco titán de casi cuatro metros, tenía cabellos cortos y ojos de color marrón como la tierra y no portaba ninguna soma, caminaba de forma cansina, pero dando grandes zancadas, repentinamente detuvo su andar al sentir tres cosmos que se aproximaban, volteó y espero unos pocos segundos que tardaron en llegas los santos plateados.
—Atlas, ¿a dónde te diriges…? —murmuró Orfeo.
—¡Eso no te incumbe mortal, volveremos, volveremos a gobernar como en la era mitológica una vez más! —responde el titán con una potente voz.
—¿Acaso lucharás contra Zeus? —pregunta Shaina.
—No, desaceré lo que él hizo, aboliré la condena que él ha ajusticiado…
—¡Entonces vas al Tártaro! —musita sorprendido Orfeo tras darse cuenta de las intenciones del titán.
—Correcto… —contesta Atlas mientras sigue su trayecto.
—Significa que va a intentar destruir los sellos que contienen las puertas del Tártaro cerradas, si esto ocurre los titanes serán liberados aprovechando las circunstancias de la Guerra Olímpica, para tener una inmejorable posibilidad de venganza… —comenta Orfeo.
—¿Entonces deberemos evitar la liberación a los titanes? —pregunta Pléyade.
—A toda costa… —responde Orfeo.
—¡No perdamos más el tiempo! —dijo Shaina corriendo hacia el titán. —¡Atlas!
El gigante voltea y ve acercarse a los santos de plata.
—¡Atlas, no podemos permitir que rompas el sello del Tártaro! —manifiesta Pléyade.
—¡Ustedes no pueden permitir ni negar nada a nadie, son simples humanos!
—Vamos a darlo todo para evitar la catástrofe… —expresó Orfeo y con su réquiem tocó su hermosa melodía. —¡SERENATA MORTAL!
Atlas calmó sus ánimos al escuchar la bella melodía de Orfeo, su cuerpo estaba relajado, Shaina y Pléyade atacan por los dos costados del titán.
—¡GARRA DEL TRUENO!
—¡CACERIA DE ESTRELLAS!
Una serpiente dorada ataca con sus colmillos, trayendo chispas eléctricas consigo y una soberbia cantidad de estrellas revoloteaban con una imponente luz, Atlas permanecía inmóvil, los dos ataques golpean contra su cuerpo pero no lo dañan.
—¡Pero lo hemos golpeado! —exclama perplejo Pléyade.
—¿Por qué no ha sido herido…? —se preguntaba Shaina.
—Será acaso que la resistencia de los titanes los hacen invulnerables… —murmura Orfeo. —Su cuerpo es puro músculo, en la mitología se decía que su fuerza física no tenía parangón.
—¡No hay ser más fuerte que un titán, si lo hubiera deseado serían picadillo…si escapan les perdonaré la vida! —expresó Atlas.
—¡Los santos de Athena no escapan, asumen el peligro si es necesario! —manifestó Pléyade y se lanzó al ataque.
—¡Ten cuidado Pléyade! —alertó Orfeo preocupado, sabía que atacar de ese modo era un acto temerario.
Atlas pisó el suelo con fuerza y la tierra se resquebrajó, una gran cantidad de rocas golpearon a los santos, principalmente a Pléyade, que tras la colisión había perdido su sapuris de Orión, mientras que Shaina y Orfeo se encontraban aturdidos, aquello había sido de una violencia similar a un terremoto.
—¡Adiós santos, ya no se levantarán más…! —manifiesta Atlas dando la espalda a sus enemigos.
—Espera… —balbucea con dificultad Shaina mientras se ponía de pie.
—Rendirse es para perdedores… —murmura con rebeldía Pléyade, que también se había puesto de pie.
—Lucharé por el mundo que amó Eurídice, lucharé por todas las personas puras de la Tierra…y por aquellos que aún se pueden arrepentir de sus pecados… —expresó Orfeo mientras encendía su cosmos, ya reincorporado al combate.
—¡Mi paciencia se ha agotado! —manifestó enojado Atlas.
—¡NOCTURNO DE CUERDAS!
—¡GARRA DEL TRUENO!
—¡CACERIA DE ESTRELLAS!
Atlas mostró sus dientes mientras encendía un increíble cosmos y lanzó un potente puñetazo al aire, que generó una potente onda de devastación, el aire era arrastrado con tanta violencia que contrarrestó las tres técnicas y arrasó contra los atenienses, que cayeron al suelo con sus sapuris destruidas y una copiosa cantidad de sangre que se expandía por el piso del jardín.
—Esta vez ha terminado…
Unas luces doradas brillaron repentinamente, encandilando levemente la mirada del titán, tras ceder el brillo pudo verse a Dohko, Shaka y Mu.
—Más mortales, que débiles terminaron siendo los dioses. Tantos humanos que causaron desgracia en el Olimpo… —espetó Atlas con una amplia sonrisa.
—Que tres santos de plata de sus niveles hayan sido tan fácilmente vencidos solo significa una cosa… —manifestó Dohko. —El poder de un titán…
—¡Estoy cansado que estorben! —expresa Atlas. —Los matare rápido, no merecen mi piedad…
—¡LOS CIEN DRAGONES DE LUSHAN!
—¡REVOLUCION DE POLVO DE ESTRELLAS!
—¡EL TESORO DEL CIELO!
Alrededor de Atlas se formaron unas imágenes sagradas de Buda, al tiempo que cientos de dragones y estrellas doradas se entremezclaban, atacando en un mismo punto.
El titán permaneció quieto, recibiendo todo el impacto, sin sentir el menor daño, ante la perpleja mirada de los atenienses. Atlas mostró sus dientes mientras incineraba un increíble cosmos y lanzó un potente puñetazo al aire, que generó una potente onda de devastación, el aire era arrastrado de forma calamitosa.
—¡MURO DE CRISTAL!
La pared de cristal creada por Mu con su telequinesis, resultó destruida al instante, la onda de devastación arrastró contra el suelo a los tres atenienses, sus sapuris resultaron completamente destruidas.
—Todavía respiran… —susurra Atlas. —Parece que esa pared invisible atenuó un poco mi ataque. Voy a matarlos de una buena vez…
Repentinamente el plasma relámpago ataca al titán por sorpresa, quien extiende un brazo y con su mano contiene todo el ataque del santo de Leo, que acababa de llegar, junto a Géminis, Cáncer y Escorpio.
Atlas mostró sus colmillos mientras incineraba un asombroso cosmos y lanzó un potente puñetazo al aire, que generó una potente onda de devastación, el aire era arrastrado de forma desastrosa. Pero los santos dorados recién llegados logran esquivar el ataque del titán, el cual se ve sorprendido ante lo sucedido.
—¿Cómo pudieron evitar mi ataque?
—Pudimos verlo a la distancia, cuando lo ejecutabas contra nuestros compañeros… —exclama Saga. —Esa técnica no te será de utilidad con nosotros. ¡OTRA DIMENSION!
—¡RAYO RELAMPAGUENTE!
—¡AGUJA ESCALATA!
—¡FUEGO DEMONIACO!
Todos los ataques impactan en el titán pero no le causan el menor rasguño, los santos están anonadados.
—Ni siquiera nuestras técnicas en simultáneo funcionaron… —se lamenta Máscara de la Muerte.
—Entonces voy a terminar esta pelea con un truco que aún no han visto…
Atlas da un fuerte pisotón al suelo y este comienza a resquebrajarse, generando que las rocas se levanten y embistan contra Saga, Máscara de la Muerte, Aioria y Milo, los cuales son golpeados duramente, siendo sus sapuris destruidas.
—Que fuerza tiene…los titanes son algo increíble… —murmura Saga en el suelo.
Atlas camina hacia los santos, con la intención de aplastar sus cabezas, pero en ese momento descubre que una gran cantidad de rosas rojas han cubierto el Jardín de las Hespérides, despidiendo unas esporas peligrosas.
—¡Detente titán! —irrumpió Aioros junto al restos de los santos dorados, quien tenía las alas de su sapuris derretidas. —Nuestros compañeros están dando todo para vencerte, nosotros terminaremos nuestra misión…
—¡ROSAS PIRAÑAS!
—¡EXCALIBUR!
—¡EJECUCION DE AURORA!
Afrodita lanzo sus poderosas rosas negras, las cuales rodeaban al enemigo mientras un poderoso haz de luz, que dividía todo lo que se cruzaba a su camino y era impulsado por una brisa que alcanzaba el cero absoluto. Aprovechando el resquicio, Aioros saco la flecha de su sapuris y la lanzó contra el titán, detrás de las técnicas combinadas de sus compañeros.
—¡GRAN CUERNO!
Un toro dorado parecía darle potencia a la flecha de Sagitario, que la perseguía por detrás.
El ataque de Capricornio, Acuario y Piscis no afecto al titán, la flecha que venía por detrás del ataque, en cuanto tocó el pecho de Atlas y recibió el empuje del gran cuerno, se despedazó sin hacerle siquiera un rasguño.
—¡Imposible! —dijeron los cinco santos al unísono.
Repentinamente Atlas se situó frente a sus enemigos y soltó un centenar de golpes sobre ellos, pulverizando su sapuris y arrojándolos por los aires.
—¡Que débiles son los santos de Atenea, no puedo creer que estos sean los humanos que tantos problemas han causado al Olimpo!
—Los santos de Atenea no somos débiles… —murmura Aioros poniéndose de pie. —Nosotros somos capaces de hacer milagros…
—Que puede hacer un hombre solo… —dijo Atlas. —Cuando la elite completa de los santos dorados no ha podido siquiera tocarme.
—No está solo… —musita Saga mientras se reincorpora.
—Saga… —susurra Aioros con sus ojos bien abiertos de la sorpresa.
—Aioros, dame el indulto de luchar a tu lado, sé que no lo merezco, pero hagámoslo por Athena…
—No tengo rencores contigo Saga, has demostrado ser un valeroso santo de Athena, ya has purgado tus pecados y será un honor fundir mi cosmos con el tuyo para alcanzar la victoria…
—¡Por Athena! —dicen ambos al unísono.
—¡RAYO ATOMICO!
—¡EXPLOSION DE GALAXIAS!
El escenario se transformó bruscamente en un enorme espacio en donde los planetas se chocaban entre sí, mientras unos destellantes meteoros dorados viajaban a la velocidad de la luz. Las dos técnicas fueron combinándose entre sí, pero para Atlas aquello no era más que una bonita demostración, el titán se agachó y golpeó con su puño el centro de la tierra, lo que generó un terrible cimbronazo que afectó a los dos santos, una onda expansiva se fue creando, en la cual quedaron extinguidos el rayo atómico y la explosión de galaxias. Los atenienses fueron envueltos en la onda expansiva hasta caer duramente al suelo.
—¿Ven ahora el alcance de mi fuerza? ¡Son hormigas para mí…! —manifiesta Atlas.
—Los que viven por siempre nunca entenderán los sentimientos humanos… —susurra Aioros al tiempo que se pone de pie. —Nosotros hemos sufrido mil penalidades para poder salvar al mundo…seguiremos intentándolo hasta nuestro último aliento, luchando por Athena, aunque enfrentemos a los dioses o a los titanes…
Las palabras de Aioros calan hondo en los corazones de los santos de oro, quienes también se reincorporan lentamente. Sus cosmos se encienden con un deslumbrante color dorado.
—¡Antes de morir abriremos paso a Seiya, el mal no vencerá! —exclama Aioria.
—¡Ustedes mismos son el mal, sus sermones están empezando a fastidiarme, y créanme, eso es muy malo! —expresó el titán mientras estira sus brazos, sus músculos se marcan en todo su cuerpo.
—Recuerden su ataque… —advierte Saga.
Atlas se ríe de las palabras de Saga de Géminis, el titán se agacha y da un gran puñetazo en el suelo, un terrible terremoto y una onda expansiva ataca a los santos, quienes dan un gran salto hacia atrás, cuando la onda expansiva ataca, Mu crea el muro de cristal, el cual comienza a resquebrajarse, cuando la pared de cristal es destruida y la onda expansiva avanza, Shaka utiliza el khan, que también es destruido y arremete contra los santos. Encendiendo sus cosmos al unísono los atenienses ponen sus manos de frente, generando un escudo de energía, finalmente el terrible ataque es contrarrestado.
—¡Asombroso! —exclama el titán sin poder entender lo que había ocurrido.
—Te dije que no debes subestimar a los santos de la esperanza. —contestó Aioros.
