16. Instintos básicos

Habían pasado algunas semanas desde aquel "accidente", del cual pudo reponerse pasados finalmente dos días. Eso sí, desde entonces habían circulado rumores sobre el espíritu de un animal que vagaba por el castillo, debido a un encontronazo entre Link y varios miembros del personal del castillo. A un guardia tuvieron que reanimarlo debido al susto…

En fin, dejando a un lado todo aquello, Zelda continuó buscando una cura para Link, aunque sin demasiado éxito. Aquel día se encontraban en el cuarto oculto, de nuevo, intentando avanzar un poco en su investigación. Era un lunes, que casualmente ese día no tenía estudios debido a una visita, de la que Zelda no había querido hablar. A ver si resultaba ser…

Link estaba tumbado sobre la mesa, habían quitado todo lo que había sobre ella para hacerle sitio, mientras Zelda seguía con él un ritual un tanto extraño. Le clavaba pequeñas agujas por ciertas zonas de su cuerpo, desinfectadas con alcohol para evitar infecciones. Ella lo llamaba acupuntura, una técnica importada de tierras lejanas que se usaba en la medicina alternativa, y que decían ayudaba a relajarse. Le resultaba molesto al principio, pero pasado un rato empezó a notarse bien. Y no sólo eso, además ella también le hacía un ligero y placentero masaje, a modo de concentrar sus energías en determinados puntos de su cuerpo, algo llamado "chakrás" o cosas así. Siendo sincero, no estaba convencido de que eso llegara a funcionar, pero comparado con los últimos "experimentos" que ella había hecho con él, era fantástico.

-"Uhm…esto es genial"-gimió por lo bajo, casi en un suspiro- "Sólo faltaba que me masajeara con algunos aceites aromáticos de esos que usa para bañarse en algunas ocasiones, y me sentiría en el paraíso. No todos los días tiene uno la oportunidad de ser mimado por una princesa, que además es considerada una de las mujeres más bellas entre diversos reinos, con la excusa de que esto puede ayudarme a devolverme a mi forma original. Sin duda, soy un hombre afortunado…no me importaría quedarme en esta forma durante algún tiempo más si hacemos más cosas de este tipo."-volvió a gemir, acostado con los ojos cerrados, casi entrando en un ligero sueño.

-¡No te duermas! –le llamó la atención- ¡Necesito que te relajes, nada más! ¡No te estoy haciéndote esto como un favor! –le dijo mientras le masajeaba el cuello y buscaba un lugar entre tanto pelo donde poder clavarle otra aguja.

-"Después de convertirme en fantasma; volver mi pelaje fosforescente; dejarme inconsciente durante 6 horas; hacer que durante dos días no hiciera otra cosa más que comer, no podía pasar más de media hora sin comer nada, ni siquiera por la noche; dejarme petrificado, por así decirlo, sin poder moverme para nada; inducirme en un sueño por el cual, al despertarme, estuve sufriendo alucinaciones hasta el día siguiente; y lo peor…provocarme una diarrea atroz durante tres días. Creí que me moriría y fue muy humillante…" -recordó muy incómodo- "¡Así que me lo debes! ¡Da gracias a que hoy haya aceptado regresar a esta "cámara de la tortura"! ¡No soy tu esclavo o sujeto de experimentos para que me hagas pasar por todo esto! ¡A ver si afinamos un poco más la puntería a la hora de buscar un hechizo, "guapa"! –ladró irónico y molesto- "¡Uf, creo que me he pasado con eso último! Menos mal que no me entiende…desde que soy un lobo, le he estado hablando con quizás demasiada confianza. Al no entenderme, no tengo que hablar con ella como normalmente lo haría, con todo ese protocolo y normas de lenguaje hacia su persona. Aunque no es propio de mí decir esas cosas, sobre todo por mi último comentario. Aunque llevo unos días que me siento realmente extraño…"

Y es que desde hacía algunos días, llevaba sintiéndose así. Por ejemplo, cuando Anabel o cualquier muchacha se acercaba él, sentía el impulso de levantarse y apoyarse sobre ellas, aunque a estas últimas les parecería un juego si no fuera por su tamaño y peso. Se había vuelto un tanto arisco, sólo con los hombres, y no podían acercarse a él a menos de un par de metros puesto que si no lo hacían les gruñía instintivamente. Se había vuelto más posesivo con sus cosas y más "territorial", tanto dentro del castillo como en la ciudad. Allí, notaba como otros machos perrunos caminaban ligeramente asustados cuando él estaba cerca, quizás por su actual puesto de "macho alfa" de la ciudadela. Estaba arisco con ellos y también con sus amigos los gatos, con los cuales tuvo algunas discusiones y sublevaciones, sobre todo con Louise. Lo más extraño para él era que durante esos días varias perras se habían acercado a hablar con él, con un extraño interés en conocerlo. Su olor corporal y su orina, que de por sí poseía un olor fuerte y penetrante debido a su condición, había aumentado. Además, se sentía más inquieto y le costaba conciliar el sueño.

Link no entendía lo que le estaba pasando, pero creía que sería algo pasajero que podría estar relacionado por su actual apariencia animal. Pero lo que más le inquietaba…era cuando estaba con Zelda. Había estado ocultándolo todo el rato, pero en alguna ocasión se le escaparon profundos quejidos y gemidos cuando ella pasaba sus manos sobre él, no precisamente porque le gustara el masaje. Era algo más profundo, como cuando pasaba sus manos por su lomo, cuello y sobre todo por sus caderas. Siempre se había sentido algo cohibido con el roce de ella, pero estos últimos días era diferente. No sólo eso, sino que además casi no se había separado de ella durante estos días, y el aroma característico de ella, le resultaba más atrayente. Lo más sorprendente de todo esto, era que le molestaba la presencia de otras personas cuando estaba con ella, incluso le había gruñido a Auru y a otros con los que normalmente se llevaba bien. Y para añadir más sucesos extraños a esta lista, por las noches había empezado a escuchar los aullidos de otros lobos de los territorios circundantes a la ciudad, haciendo un llamado colectivo y a la vez como señal de dominancia sobre sus tierras. Curiosamente, Link se vio impulsado a responderles, un instinto ancestral le decía que lo hiciera, a la vez que se comunicaba con otros de su "especie". Eso le había ocasionado algunos problemas, debido a que molestaba a algunos de los que dormían en el castillo y también a los guardias que hacían su ronda.

Dejó a un lado sus pensamientos cuando oyó a Zelda conjurar un hechizo, que hizo que las agujas que tenía brillaran con una calmante energía sagrada, haciendo que se sintiera en la gloria. Pronto, comenzó a salir de esas agujas hilos de magia negra retenidos dentro de su cuerpo, que a medida que salían se disipaban en el aire, como si fuera humo. De repente, el cuerpo de Link se iluminó con una luz intensa…

Pero no funcionó, seguía siendo un lobo. Ella, frustrada, fue quitándole las agujas hasta que no le quedó ninguna, y luego se sentó en una silla junto a la mesa. Link no se sentía diferente, a excepción de que se sentía como si recién hubiera salido de las termas de la Montaña de la Muerto, completamente repuesto. Se estiró con gusto sobre la mesa, y luego se volteó para mirarla.

-Ag…-suspiró- ¡Casi lo tenía! ¡Pensé que esta vez lograría librarte de tu maldición! ¡Soy un desastre! ¡Ni siquiera pude ayudarte cuando sufriste el maleficio que te lanzó Zant! –se reprochó a ella misma.

-"Ey…no deberías culparte. ¡Mira el lado positivo! ¡Por lo menos esta vez no me ha ocurrido ninguna desgracia! Aunque aún es pronto para confirmar eso…"-dijo jadeando mientras se rascaba detrás de la oreja con una de sus patas traseras, como un perro.

-He intentado de todo, e incluso fui ayer a la ciudad de incógnito, a pedirle consejo a esa famosa pitonisa. He oído hablar de sus proezas, y tú mismo me contaste que fuiste a consultarla en una ocasión, además de que acertó. Aunque no fue como me esperaba…

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"La princesa Zelda iba ataviada con su distintiva capa oscura, caminando por las callejuelas de la ciudad, a punto de ponerse el sol. Llegó a la casa de la gran pitonisa, Fanadi, con la esperanza de que pudiera darle alguna pista sobre cómo romper el encantamiento de Link. Normalmente no iría a este tipo de lugares, pero ella también era una hechicera y no podía ser demasiado escéptica en estos temas, además de que contaba con buenas referencias sobre ella. Llegó al lugar donde recibía a sus clientes esa misteriosa mujer, y como vio que la puerta no estaba cerrada con llave, entró sin más. La profetisa estaba de espaldas a ella, al parecer estaba organizando sus curiosas pertenencias y observando la exótica decoración de aquel lugar. Fue ahí, tras un momento de silencio incómodo, cuando Zelda se decidió a hablar.

-¿Es usted la gran pitonisa Fanadi? Si he entrado a destiempo, puedo volver mañana para no causarle ningún inconveniente…-se disculpó al ver que estaba a punto de cerrar.

-No hará falta que se vaya, para mí no es molestia atender a un último cliente, majestad…-le respondió serena, sin voltearse para mirarla.

-¿Cómo ha sabido quién soy? –le preguntó sorprendida, pero lo disimulaba.

-No es nada que no haga a menudo, aunque no suelo pronosticar la llegada de alguien, a no ser que se trate de alguien singular y con un asunto igual de complejo… ¿Me equivoco? –le volvió a responder, esta vez mirándola.

-Eh…sí, he venido para tratar con usted un asunto importante y con la esperanza de que pueda ayudarme.-le aclaró la princesa.

-Pues…siéntese, ahora mismo la atenderé, mi joven soberana.-le invitó a sentarse con mucha educación y mostrándole una ligera reverencia.

Ambas se sentaron en sus respectivos lugares, y la vidente continuó hablándole.

-Dígame, ¿Qué le trate por aquí? Con todos mis respetos, no es muy común que alguien de vuestra posición acceda a reunirse y buscar consejo en gente como yo. Aunque sé que usted también es una prodigiosa hechicera, quizás por ello haya accedido a venir hasta aquí. Pero aún así, mis poderes no son capaces de adivinar el motivo de su visita, que me imagino, será importante.-le comentó la adivina.

-Su intuición es muy sabia, y sí, vengo por un asunto que lleva preocupándome desde hace algún tiempo.

-¿Cuál? ¿Lo del joven, o lo del mago oscuro? –le preguntó tranquila la mujer, observando la bola de cristal.

Zelda se quedó asombrada por aquello, pero fingió no estarlo y le aclaró que se trataba de lo primero.

-Entonces…-cerró los ojos, y siguió hablando mientras entraba en una especie de trance al pasar sus manos por su misteriosa bola de cristal- ¿Se trata de la maldición de lo corrompe, o de algo más?

-¿A qué se refiere? –le preguntó extrañada.

-Nada, no importa…-evadió el tema la adivinadora- Si usted misma no logra comprenderlo, no es tarea mía incumbirme en algo a lo que no se me han pedido respuestas…-terminó de decirle, dejando a la joven con la duda- En fin, pasemos a lo que realmente ha venido a hacer aquí…-su ritual se volvió más místico- Sé de buena mano que a ese noble y valiente muchacho no es la primera vez que lo transforman en una bestia de pelaje plomizo, cuya identidad ha estado últimamente oculta gracias a vos, con la intención de no alarmar al pueblo. La primera vez fue el "Tirano de las Sombras" quién volvió al joven guerrero en animal de grandes aptitudes. Sin embargo, lo ocurrido ahora no tiene nada que ver con aquello… ¿O sí lo hay?

-¿Cómo? ¿Qué quiere decir con eso?

-Nada que vuestros ojos no sean capaces de contemplar, si osáis quitaros la venda que los cubre. Pero en esta ocasión no bastará con los meros sentidos mundanos. Habrá que ir más allá, más allá…-divagó la pitonisa.

-¿A dónde?

-A cuyo lugar fueron castigados aquellos que se rebelaron…sin embargo, no será ahí donde halléis la solución, sino en el origen del comienzo de un nuevo día y un nuevo anochecer.

-Por favor, continúe…-le pidió expectante.

-No es momento de metamorfosear aquello que debe continuar siendo lo que es, de aprender a convivir con su otro ser, de volver hombre al niño confundido…un error así se cometió en el pasado, de cuyas consecuencias sigue pagando un inocente.

-¿Quiere decir que Link no debe volver a su forma original todavía? –le preguntó alarmada y confundida.

-No soy quién para juzgar, mas sólo advierto que la senda a recorrer será tortuosa. Al igual que el camino hacia la espada… ¿Conocéis de qué os hablo? –le preguntó, abriendo ligeramente los ojos para mirarla.

-¿La Espada Maestra? –le confirmó.

-Uhm…espada ancestral forjada con el fin de combatir la maldad de este mundo. Pero ahora… ¿Quién disipará sus propias tinieblas? Un vil engaño poseerá lo que una vez sirvió para destruir aquello que pronto defenderá.

-¿Está hablando sobre la espada? ¿Qué significa todo eso? ¿Le ocurrirá algo a la legendaria arma? –Zelda estaba cada vez más confusa.

-Sólo cuando por fin el niño y la bestia convivan en paz, y encuentren la respuesta a lo que tanto llevan buscando, humildes habitantes de los bosques acudirán en su ayuda, buscando a su vez la suya propia. No dudéis jamás de nadie, quién por su condición pueda resultar insignificante. Sólo ellos conocen el verdadero y único camino hasta vuestro destino, pero habréis de ser pacientes y cautos, pues esto sólo es el principio de algo mucho más grande.

-¿Podría explicarme de una vez a lo que se refiere? –comenzó a impacientarse la monarca.

-Esa aptitud de control hacia los acontecimientos próximos sólo os traerá problemas. Debéis aprender a dejar fluir al mundo tal y como es, defendiendo aquello que de verdad os importa. Puede que tal vez os esté pidiendo demasiado, pero no podéis seguir anclada sufriendo con las desdichas del pasado, negándoos al mismo tiempo a que ese dolor desparezca.

-¿Qué tiene que ver todo esto con lo que le he preguntado? –le preguntó algo molesta e impaciente.

-Mucho más de lo que vos creéis…del mismo modo que el niño debe convertirse en hombre, la niña ha de volverse mujer. Un camino que deberéis seguir a la par si deseáis traer la paz a los que os rodean, los que no podéis ver, y a vosotros mismos. Dudas, desgracias, sacrificios…todo ello será necesario conociendo los peligros que entraña el mañana, que si no lográis superar, traeréis con vosotros la desgracia para todos.

-En resumen…-estaba ya un tanto cansada de que no le respondiera como ella quería.

-Es curioso que vos, portadora de la Sabiduría, andéis tan impaciente esperando de mí una respuesta a un problema tan obvio. Quizás sea por la prisa, puesto que vuestra juventud no es un obstáculo, pero creo que es porque os negáis a aceptar la verdad.-le respondió al ver la aptitud de la princesa- En fin…si lo único que deseáis es saber cómo romper la maldición de vuestro amigo, la respuesta siempre ha estado ahí. O más bien, en lo más oculto de los Bosques de Farone…

-Eso no es posible, la entrada al Templo del Tiempo está sellada debido a un incidente hace tiempo. ¿No existe otra forma de solucionar el problema?–le respondió seria.

-Si seguís negando lo evidente, jamás encontraréis el remedio que devolverá a su verdadera forma al muchacho.-tras decir esto, dejó la bola de cristal- Ya no puedo ayudaros más, ahora todo depende de vos. Espero haberos servido en algo, aunque me parece que todavía necesitáis asimilar lo que os he revelado.

Zelda pagó lo que debía a la profetisa, y se marchó sintiéndose un tanto confusa y a la vez decepcionada. Mientras, Fanadi lo único que podía hacer era observar como ella se marchaba, suspirando y rezando a las Diosas que le confirieran a la joven aquello que pedía…"

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-No me dijo nada que yo no supiera, además de irse por temas que a primera vista no tendrían sentido con lo que buscaba, tal vez de eso se trate su profesión. Sin embargo, no dejó de pensar en todo lo que me dijo, y desde entonces llevo buscándole un significado conjunto a todo eso.-comentó cansada- Pero aún así, seguiré buscando una cura, aunque esa mujer esté convencida de que la respuesta está en el santuario de la espada.-habló convencida.

-"Mientras vuelva a ser un hombre, me da igual el método que uses. Siempre que funcione y no me cause algún efecto secundario…"-pensó, mientras bajaba de la mesa de un brinco.

Después de eso, ambos lo recogieron todo para marcharse de allí y prepararse para recibir a la visita de la princesa. Pero seguramente, no agradaría a Link…

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Caminaban por los pasillos de camino al comedor, donde se reunirían con su esperada visita.

-Lo bueno de las visitas al castillo, es que durante el periodo que pasen nuestros huéspedes aquí, no tengo obligaciones con mis estudios. Debo ofrecer una buena imagen, y no puedo estar ocupada con asuntos que no sean puramente de gobierno, ya que he de cultivar las relaciones con las personalidades de prestigio que a veces se hospedan en mi palacio. Aunque no creo que haga demasiadas "alianzas políticas" cuando viene Gustaf…-comentó alegre.

-"¡Lo sabía!"-resopló, casi como si fuera un estornudo debido a la noticia- "¡¿Es que no puede quedarse tranquilo en su propio reino, y tiene que venir a molestar en este? Ahora tendré que aguantarlo a saber cuántos días…"-gimió decaído; bajando la cabeza y las orejas, con la cola entre las patas.

-No te pongas así, sólo serán unos días, hasta el viernes.-aquello hundió completamente a Link- ¡Bueno, no es para tanto! No sé si lo sabrás, pero se tardan algo más de cuatro días en llegar a la capital gameloniana desde aquí por el camino más corto, por supuesto estas distancias se miden a caballo y son relativas. Tienes suerte de que no nos visiten más a menudo…

De pronto, se oyó en la lejanía, la llamada de un hombre.

-¡Zeldaaa, cariñoo! ¿Dónde estás, mi bella flor? –se oyó gritar a un hombre, con una seductora y musical voz.

Link se alarmó por aquello, mientras que Zelda se quedó completamente petrificada y con una terrible cara de espanto.

-Link… ¿Has oído lo mismo que yo? –preguntó con miedo.

El lobo asintió, confundido por todo aquello.

-"No puede ser…él no, ¡Por favor que no sea él! ¡¿Pero qué he hecho ahora para merecer este castigo? ¿No haber encontrado aún la forma de romper el encantamiento de Link? ¡Diosas, prefiero que mandéis otra invasión contra mi reino antes que verlo a él de nuevo!"-suplicó en su mente que no fuera quién se imaginaba.

Unos instantes más tarde, del fondo del pasillo, apareció un hombre. Era alto, de largos cabellos rubios, ojos verdes, buen físico y sin vello facial. Vestía completamente de blanco, con algunas marcas distintivas que le hacían parecer un caballero, con capa incluida. Sin duda, tenía aspecto de galán…

-¡Oh, por fin te he encontrado! ¡Ven aquí, querida mía! –clamó al verla, para después ir a su encuentro.

-¡Por las Diosas! ¡Es Facade! ¡¿Por qué ha venido así sin más? ¡Nadie me había advertido de su llegada! –exclamó espantada, nada más verlo.

Link por fin supo de quién se trataba, el hermano mayor de Gustaf, el Príncipe Facade de Gamelon. Y lo siguiente que hizo aquel hombre enfureció a Link, esto no empezaba nada bien…

Nada más tenerla enfrente, la agarró por la cadera, se arrimó contra su cuerpo descaradamente…y la besó. Aunque no duró, puesto que unos segundos más tarde tendría marcada la mano de la princesa en su cara.

-¡¿Cuántas veces te he dicho que no hagas eso? –le gritó furiosa, apartándose de él con desprecio.

-Cada vez notó que golpeas con más fuerza, me gusta…-se burló mientras se tocaba la rojez de su mejilla- De todas formas, a través de la suave seda de tus elegantes guantes, puedo notar que no lo haces con la intención de hacerme demasiado daño. En el fondo te gusta y lo deseas, tus ojos te delatan…-siguió hablando con narcisismo.

-"Si de verdad pudiera pegarte con toda la fuerza que poseo, hace tiempo que hubieras muerto…"-pensó con rabia, resignándose a tenerlo que aguantar y reprimiendo sus ganas de matarlo.

Mientras tanto, Link gruñía ferozmente a ese engreído. Gustaf era una bendición al lado de él…

-¡Qué curioso animal! –se percató de su presencia el príncipe- ¡Tú debes de ser ese del que tanto me ha hablado mi hermano! –y se agachó para acariciarlo, sin pararse a pensar. Link intentó morderlo, pero el apartó la mano a tiempo- ¡Vaya, menudo carácter! Cariño, deberías llevar a este animal ante un adiestrador, le vendría bien que alguien le enseñara modales y disciplina a esta bestia. Y encima se parece a un…-le comentó a Zelda, aunque ella no le prestaba atención.

Para "mejorar" la situación, unas cuantas criadas pasaron por allí, entre ellos Anabel, que al ver a Facade casi se le escapa un grito.

-¡Es el Príncipe Facade! –ahogó su grito de emoción, al igual que las otras- Espera un segundo…-en ese momento se percató de que su soberana la miraba muy seriamente, lo que hizo que se pusiera muy nerviosa.

-Anabel… ¿Podría hablar un momento contigo? –le ordenó, haciendo un gesto con la mano para que se acercara. Se apartaron del resto, y volvió a hablarle.- ¿Por qué no me informaste sobre la llegada de Facade? Se supone que si te doy las cartas que él me envía es para que tú me adviertas de una posible llegada suya…-le reprochó molesta y muy seria.

-¡No sabía nada, lo juro! –se defendió alterada- ¡En ninguna de las cartas que le ha enviado ponía nada acerca de una futura visita suya!

-¿A qué estás sorprendida? ¡Seguro que no te lo esperabas! Decidí hacerte una visita sorpresa en cuanto me enteré que mi hermano planeaba volver a Hyrule a visitarte.-confesó Facade, aclarándolo todo.

-En fin…puedes irte. Iros sin vacilación a realizar vuestras tareas, e informad en la Cocina Real que preparen más alimentos para atender como es debido a nuestros invitados…-habló seria, aunque no pudo ocultar un cierto tono despectivo al hablar de "invitados".

Antes de que las sirvientas se marcharan, apareció apurado Gustaf, que al parecer estaba buscando a su hermano.

-Uf…un momentito…-hablaba respirando agitadamente, mientras recobraba el aliento apoyándose sobre sus rodillas- ¿¡Se puede saber porque has salido corriendo de la diligencia? ¡Nuestro séquito de guardias y criados te estaba buscando! Como se entere de esto nuestra…

-¡Tonterías! ¡¿Qué hay más importante que ver de nuevo a mi querida futura esposa? –clamó alegre, interrumpiendo a su hermano.

-¡Te he dicho miles de veces que no me llames así! ¡Ni siquiera estamos comprometidos! –le recordó enfadada Zelda.

-Como si lo estuviéramos…tampoco es que te queden muchas opciones ¡Ja, ja, ja! –se rió con arrogancia.

-¡Aaagg! –se reprimió la princesa- Sólo hubiera faltado que también hubiera venido vuestra madre…

-Eh…glup…-la actitud de Gustaf no parecía anunciar buenas noticias- Hablando de mi madre…

Del otro lado del pasillo, acompañada de dos fornidos guardias venidos de su propio reino, como demostraban sus uniformes, más coloristas y con adornos diferentes de los que llevaban los soldados hyrulianos. También le acompañaba un muchacho joven y un tanto escuálido, con las ropas propias de un criado.

La mujer era tenía el aspecto de una "gran señora", con sus ropas caras hechas de exquisitas pieles, muy perfumada, y engalanada con multitud de joyas. Era más baja que Zelda, maquillada en exceso para que no se le notaran los años, pelo canoso recogido en un elegante moño, una pequeña tiara que demostraba que era la reina del país vecino, y un atributo bastante visible para todos era…su gordura.

-¡Oh, querida! ¡Cuánto tiempo! Ya veo que las cosas por aquí siguen como siempre…-habló con soberbia.

-"¡Ya llegó la "bruja"! ¡Por si fuéramos pocos! El tópico de la suegra insufrible se cumple con esta mujer…"-se quejó en su mente- Bienvenida a mi castillo, reina Galatea V de Gamelon y archiduquesa de Holodrum…-la recibió educadamente, con una ligera reverencia, fingiendo cortesía como les enseñaban a todos los nobles.

-Veo que sigues estando tal delgada como siempre…-comentó sin más, sin ni siquiera corresponderla en su saludo- De todas formas, "querida", eso no dura mucho, todas acabamos descuidándonos. ¡Pero debemos conservar esa figura hasta cazar a un buen marido! Después, sólo nos queda llevar nuestra figura corporal con sutileza…-alardeó la mujer.

-"Hay mujeres que llevan la gordura con elegancia, pero usted no es una de ellas…"-pensó con desprecio.

-¡¿Dónde puede alojarse una reina de mi categoría en un lugar como este? ¡Vosotras, llevadme hasta mis aposentos y guiad a mis siervos hasta allí para que descarguen mis maletas! ¡Y tú, Floyd, aligera el paso si no quieres otra represalia como la de antes! –les ordenó a todos los nombrados, como si estuviera en su propio castillo.

Los nombrados no tuvieron más opción que obedecerla, y se marcharon con ella y sus escoltas.

-¡Me voy también! ¡Dentro de un rato nos reuniremos de nuevo en el comedor! –Facade se despidió besándole la frente a Zelda, para seguir a su madre y acomodarse en la lujosa habitación que le asignaran.

Gustaf, Zelda, y un ignorado Link se quedaron solos en ese pasillo, con excepción de algún guardia que hacia su ronda cerca de allí.

-¿Hay algún miembro de tu familia que no haya venido hoy a mi castillo? –le preguntó retóricamente, molesta.

-¡Pues sí! –parecía que no había entendido la indirecta- Los primos John, Marx y Anne están de viaje en Labrynna; los tíos Frank y Margaret están ocupados con algunos asuntos agrícolas del reino; los gemelos Albert y Lucas están en la frontera sur visitando el puerto comercial de una de nuestras ciudades; mis otros tíos Frederick, James y Amanda, están organizando una reunión extraordinaria del gobierno para dentro de unas semanas; y por último, el tío Olsen estará seguramente con su nuevo "romance".

-No quería que me contarás todo eso…-murmuró la princesa.

-"¡Menuda familia! Comparándola con la Familia Real de Hyrule, claro…"-pensó Link, impresionado.

-¡En fin, será mejor que me vaya yo también a arreglar algunas cosas en la habitación que siempre me asignan! ¡Hasta luego! –se despidió con la mano, para irse por donde se habían ido los otros dos nobles.

-Y esta, es la Familia Real de Gamelon…-soltó incrédula, a la vez que cansada.

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La mesa estaba servida, con una amplia gama de delicias gastronómicas y la sala lucía aún más elegante de lo que normalmente lo hacía. Zelda estaba sentada como siempre en el puesto de honor, con la Reina de Gamelon a su derecha y el príncipe Facade a su izquierda, y a la derecha de este estaba su hermano. No sólo estaban vigilando los guardias de la princesa, sino también los que habían llegado de Gamelon, para proteger a sus señores. Varios empleados de la cocina trabajaban arduamente para complacer a los aristócratas, mientras Link esperaba tumbado cerca de la mesa donde comían, esperando su propio almuerzo.

De pronto, se abrieron las puertas del comedor, y tres animales entraron en él. Algunos con más prisa que otros…

-¡Voy-voy! –dijo el perrillo abriéndose paso- ¡Apuraos, los patrones ya comen!

-¡Qué perro más vulgar! ¡De nada sirve el pedigrí si lo contamina con esos modales! –habló altanera una gata blanca de largo y sedoso pelaje que también entraba en el comedor, llevando un caro collar con joyas incrustadas.

-¡Y qué lo digas! ¡A él le permiten hacer todo eso por su aspecto de muñeco! –se quejó un enorme perro pardo oscuro, aparentemente un dogo, con un collar engalanado de rubíes.

Desde hacía un rato Link llevaba sintiendo su presencia gracias a su olfato, al igual que con los recién llegados de Gamelon, pero no había sido capaz de reconocer quiénes eran. A excepción de Gustaf y de su alocada mascota…

El pequeño Chihuachua de pelo corto y de color pardo cremoso, con un collar igual de excéntrico que los de sus compañeros, se percató de la presencia de Link y fue corriendo a reunirse con él.

-¡¿Qué onda, compadre? ¡Te ves chingón! ¡Ya te echaba de menos, cabrón! ¡Tenemos mucho de lo que platicar! –ladró alegre Valentín, con su particular acento, alzando sus cuartos traseros en una posición juguetona y moviendo la cola alegre.

-Eh…yo también me alegro de verte.-dudó unos instantes- ¿Por qué siempre hablas con ese acento y esa forma de hablar tan extraña?

-¡Chinga tu madre! ¡Siempre igual! ¡Metiéndose con mi tamaño y mi forma de hablar! ¡Debería daros en la madre a todos, pendejos! –ladró y gruñó enfadado, no le había hecho ninguna gracias aquella simple pregunta.

-¡Vale, siento mucho haberte ofendido! –se disculpó, retrocediendo algo intimidado.

-Está bien…-se relajó- No debí ser grosero…pero es que mi acento lo llevan heredando mis ancestros desde que fuimos traídos de tierras lejanas al oeste, donde se rinde culto al sol. Sólo quiero que no se mofen de ello…

-¿Así que ya conocías a este individuo? –preguntó con cierto tono despectivo el perro gigante, acercándose a ellos.

-¡A huevo! ¡Es Link, el chavo del que os hablé! –exclamó animado.

-Pues su aspecto no es muy agraciado, para ser una mascota real…-comentó arrogante la gata, mientras se lamía una pata.

-¡No manches! ¿Sois tan mecos que no os habéis fijado que es un lobo? –se mofó de ellos.

Ambos gimieron un tanto asustados y retrocedieron unos pasos.

-¡Lo sabía! ¡Ese olor lo había sentido antes en alguna parte! ¡Me parecía extraño que me sintiera tan enojado! No me gustan los de tu calaña, maldito…-le gruño a Link.

-Tú tampoco es que me caigas bien, y eso que ni siquiera sé tu nombre todavía…-le respondió Link con lo mismo, desde el primer momento nunca le gustó.

Era como si lo considerara su rival, como llevaba pasando estos días con otros machos, aunque curiosamente no le molestaba demasiado la presencia de Valentín.

-¡Compadres, no hagamos de esto un desmadre! –intentó tranquilizarlos el perrito- ¡Y tú! ¡Aplácate! ¡Te notó muy sangrón! –le reprochó a Link.

-Patético…en fin, cosas de machos, y además en esta época…-divagó la gata, que parecía conocer algo más sobre lo que debía estar pasándole a Link.

Ambos se separaron, pero sin que la tensión desapareciera por completo. Valentín, al ver la situación, presentó a todos.

-Link, ese perro grandote se llama "Molto von Berger Swahsteiger", pero llámale por Molto.-presentó al susodicho- Ella es "Jardinet dels Gats", sólo Jannet para abreviar.-siguió con la gata- ¡Y aquí llega el más chingón! Mi nombre completo es "Valerio Leobardo del Tintagel", pero ya me conocen por Valentín.-se presentó a sí mismo- ¡¿Ves qué chingados de nombres nos pusieron? ¡Todo por el pinche pedigrí! ¡Qué putos!

-No te quejes, eso nos da prestigio entre tanto animal vulgar…-volvió a hablar la gata, mientras se marchaba a resguardarse en el regazo de la reina, su ama.

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Mientras, desde el punto de vista de las personas…

-¡Ven aquí, cariño! ¿Ya han colocado todas tus cosas en mi habitación? ¡Espero que lo pases lo mejor posible en este castillo! –le habló con extrema dulzura, como si fuera un bebé, mientras la cogía y restregaba sus nariz contra la de su gata.

-Ya veo que habéis traído también a vuestros animales…-comentó seria la princesa, mientras comían.

-¡Por supuesto, querida! ¡No iba a ser sólo mi hermano con ese "peluche"! –comentó acariciando la cabeza de Molto, su perro, que también se había acercado a la mesa. Y al mismo tiempo, le dio un toque de atención a su hermano con el codo, a modo de burla.

-¡Qué no es un peluche! –se quejó a su lado Gustaf, golpeándole también.

-¡Niños, dejad de picaros entre vosotros! –les reprendió su madre, como si fueran unos verdaderos críos.

-Sí, mamá…-bajaron los dos la cabeza, arrepentidos.

-En fin, Zelda, ¿Por qué alojas a ese pulgoso en tu castillo? Para unos aristócratas como nosotros, poseer un animal debe significar buen gusto y exquisitez a la hora de elegir, el pedigrí cuenta mucho. Caballos, gatos, perros, aves, toda clase de hermosos y exóticos animales… ¿No podías haber elegir otro que no fuera un vulgar chucho callejero, como me han contado tus mozas? –habló despectivamente de Link.

-¡Si no es un perro, es un lobo! –especificó Gustaf, metiendo completamente la pata por no saber cerrar la boca- ¡Lo siento! ¡Se me olvidó que eso era un secreto! –intentó disculparse, mientras se tapaba la boca.

-¡¿Un lobo? –exclamaron horrorizados los otros dos nobles.

-"¡Será imbécil!"-pensó al mismo tiempo que se golpeó a cara con la palma de la mano, alucinando con la imprudencia de su torpe amigo.

-¡¿Un qué? –se oyó una voz aguda asustada, la de una muchacha, y seguidamente se oyó romperse lo que sería una carísima porcelana.

Era Anabel, la única empleada que se encontraba en el salón en ese momento, y la noticia causó tal impacto en ella, que soltó la bandeja de fina plata que portaba, con todos los utensilios para servir una deliciosa infusión a sus comensales. Anabel se agachó avergonzada y humillada por su torpeza, intentando limpiar la bebida derramada y recoger los pedazos de todo lo que se había roto. Link se acercó a ella para ayudarla, y cuando esta levantó la mirada del suelo, vio el hocico de él pegado a ella. Se apartó un poco al pensar que había estado cuidando de una "bestia sanguinaria", pero al ver la nobleza en los ojos de Link, volvió a acercarse y le acarició la cabeza.

-Bueno…no has resultado ser un lobo cualquiera.-le habló Anabel- Al final Salomón tenía razón…si es que yo también he estado ciega. ¡Es de tontos no haberse dado cuenta antes!

-¡Tus empleados son un desastre! ¡Mira que desperdicio! ¡Si estuviéramos en mi palacio, esa niña iría ahora mismo a los calabozos por su torpeza! –se quejó la soberana.

-¡Lo siento muchísimo! ¡Lo limpiaré todo y enseguida os traeré otra bandeja con el té que pidieron! –se levantó rápidamente y se disculpó arrepentida con una gran reverencia.

-No te alteres tanto, ha sido sólo un pequeño desliz.-la tranquilizó la princesa, con un tono de voz suave y sereno- Límpialo todo y que otro de tus compañeros vaya trayendo lo acordado cuanto antes. Y recuérdales que los animales están todavía esperando para comer…

Anabel asintió agradecida por su compasión, y se marchó a la cocina a para informar de ello y conseguir algo para limpiar ese estropicio.

-Eres demasiado benevolente con tus siervos, al igual que lo era tu padre…-aquel comentario molesto a Zelda, pero ella siguió mostrando su semblante de neutralidad.

-Sólo pienso que tratarlos irrespetuosamente va contra mis votos como soberana de este país…-comentó seria, sin dignarse a mirarla.

-De todos modos, esta indisciplina por parte de tus criados cambiará en cuanto tu enlace con mi hijo mayor se haga oficial…-siguió hablando, sin "bajarse del estandarte".

-¡Eso, llevo años esperando a que me des tu aprobación! –exclamó Facade.

-No insistas, sabes perfectamente que eso no ocurrirá…-se defendió la princesa.

-¡Ja, ja, ja! ¡¿Y quién más podría quitarme a mi "preciado tesoro"! ¡Has rechazado a tantos hombres, que el único pretendiente que sigue en pie soy yo! ¡Hazte a la idea de una vez, serás mucho más feliz así! ¡Ja, ja, ja! –se burló de ella, mientras Zelda hacía todo lo posible para no perder la compostura.

-Es cierto, el único hombre que te sigue rondando es mi hijo, y así debe ser…-habló franca y orgullosa- No me he pasado todos estos años preparándolo todo para vuestro compromiso para que viniera otro y te cortejara…-de repente, se acordó de algo- A propósito, ¿Dónde está ese muchacho?

-¿Te refieres a Link, mamá? ¿Su guardaespaldas? –precisó su hijo menor, mientras comía.

-¡Ese, que al parecer le has puesto su nombre a ese engendro! ¡Todavía no puedo creerme que tengas a una bestia inmunda como esa alojada en tu castillo! Sólo sirven para atacar al ganado y provocar el caos en las aldeas…-habló despectivamente de Link, de nuevo, mientras le miraba de reojo.

-¡Y también son excelentes trofeos de caza! –añadió Facade- ¡Cariño, un día te enseñaré todo lo que tu apuesto príncipe ha cazado gracias a su prodigiosa pericia con el arco! ¡Entre otros, la estupenda alfombra que me hice con la piel de una de esas bestias! –alardeó el príncipe.

Aquello enfadó enormemente a Link, haciendo que le gruñera al no poder aguantar más esas humillaciones.

-¡Zelda, haz que se calme ese monstruo! –le ordenó asustada, abrazando a su gata igualmente aterrada.

-"Si fuera por mí, dejaba que os comiera vivos…"-pensó molesta, haciendo un gesto con la mano para tranquilizarlo.

Link la obedeció a regañadientes, y se tumbó junto a Valentín, que estaba esperando ansioso en la puerta de la cocina.

-¡Uf, deberías amarrar a ese animal en los jardines! ¡La única utilidad que le veo es como guardián! –añadió de nuevo la insoportable reina- Dejando eso a un lado… ¿Cuál era el tema que nos ocupaba antes de esta desagradable interrupción?

-Del muchacho que siempre acompañaba a mi futura esposa…-le recordó molesto, mientras comía.

-¡Ah, sí! ¡Ese plebeyo! Si no recuerdo mal, se sentó a tu lado durante la celebración de tu pasado cumpleaños… ¿No es así? –recordó no muy feliz- ¡Por favor, qué descaro! ¡Ahí debería haberse sentado alguien de verdadera valía como para merecer ese lugar tan privilegiado junto a una princesa! ¡Mi hijo, por ejemplo! No sé si lo sabrás, pero no quedaste muy bien a la vista de los demás nobles y gente de prestigio que había aquella noche…

-Salvó a mi reino, a mis súbditos y a mí.-habló franca- No creo que nadie se mereciera ese sitio más que él, además de ser mi escolta…

-¡Ju, ju, ju! ¡No me hagas reír! –se mofó, desplegando un elegante abanico- ¡Sólo es un vulgar plebeyo! ¡Un campesino nada menos, por lo que he oído! Ese niñito sólo tuvo suerte, además de que buscaba un reconocimiento que ningún súbdito puede llegar a merecer. Para ello están los caballeros, los soldados, y por supuesto, los hombres de alta cuna como mi hijo. ¡Ellos son los verdaderos héroes, y no ese muchacho! –defendió a muerte su postura.

En esos momentos, la furia contenida de la princesa estaba ya en un punto crítico, al igual que la de Link. Pero siguieron manteniendo la calma, para evitar problemas…

XOXOXOXOXOXOXO

Volviendo con los animales…

Un camarero salió, portando en una bandeja los deliciosos platos cárnicos para los perros, y una suculenta Locha de Hyrule marinada. Los animales corrieron ansiosos a por la comida, y comenzaron a devorarla como lo que eran. No tardaron demasiado, y se tumbaron tranquilamente sobre el suelo.

-¡Todo estaba padrísimo! Tengo la timba tan llena, que me dan ganas de echarme una jetita…-dijo Valentín en un bostezo, tumbado panza arriba.

-No me extraña, tan canijo y cobarde que para lo único que sirves es para eso…-le ofendió Molto.

-Ay, güey…no me vas a enojar…-bostezó tranquilo- No soy quién huye como nena cuando ve un borrego o prenda de lana…

-¡Cállate! ¡No me lo recuerdes! –se mosqueó el perro, apartándose del grupo.

-¿Por qué se ha puesto así? –le preguntó Link.

-Cuando era un chamaquito, un cachorro, los patrones lo llevaron a un rancho con borregos lanudos, por cosas del reino. Pasó que uno de ellos le lastimó, por andar encabronando a sus compadres, y desde entonces no puede ver uno. También le teme a lana, porque le hace recordar aquello. En invierno lo encierran en su recámara por eso mismo…-le explicó tranquilo Link.

-Ya que andas contando anécdotas de mí, lo justo es que divierta contando algunas tuyas. ¿No crees? –volvió Molto, resultaba igual de irritante que su dueño.

-¿Quién te manda zopilote? ¿Qué confabulas? –le preguntó desconfiado.

-¡Hay tanto que contar sobre ti! Pero en esta ocasión hablaré de cuando tu "pequeño" problema con aquella hechicera…-y comenzó narrar- Resulta que a este enano le dio por escaparse del castillo, para ir a la ciudad como suele hacer. Paseando por sus calles encontró una extraña tienda, y le interesó comprobar lo que había dentro. Allí, había muchos artilugios raros, y como no puede estarse quieto, acabó tirando varias de esas cosas al suelo. La dependienta se enfadó mucho él y le roció con una pócima rarísima, haciendo que ese Chihuahua cobarde huyera. Su pelo se volvió de mil colores que brillaban como si fueran fuegos artificiales; comenzó a tener convulsiones; y a verlo todo distorsionado. ¡Me divertí muchísimo cuando lo trajeron al palacio! –se burló el perro.

-¡Eres un hijo de la chingada! ¡Fue muy penoso! ¡Parecía que andaba pedote o pacheco! ¡Lo veía todo psicodélico y tenía alucinaciones! ¡Estuve una semana así! ¡Y durante todo un mes no puede reposar bien! Por las noches veía colorines cuando cerraba los párpados…fue horrible.-recordó incómodo tapándose el hocico con sus patitas.

-Así que no he sido el único que ha sufrido por culpa de la magia…-descubrió el lobo.

-Pero tú eres muy menso, para volverte lobito… ¿No echas de menos tu otra vida? –preguntó el perrito.

-¿Cómo? ¿A qué se refiere el pequeñajo? –preguntó confuso el dogo.

-Pues a que antes era chavo, como nuestros patrones…-le aclaró Valentín.

Molto se quedó estupefacto, al igual que la gata, que se acercó al oír lo que dijo.

-¡Eso es imposible! ¡¿Un hombre? ¡No me hagas reír! –ladró a la defensiva el gran perro.

-¡Pues lo es! ¡Unas horas antes era hombre, y después, se volvió lobo! ¡Al principio, tampoco tragué bola! ¡Pero cuando lo olisqueé, era él! ¡Además, lo volvieron malvado y me lastimó! ¡La princesa Zelda rompió su embrujo, y ahora es como nosotros! –habló emocionado Valentín.

-He oído historias sobre hombres que se transforman en lobos, creo que los llaman licántropos o más coloquialmente hombres-lobo, pero nunca imaginé que fuera verdad…-comentó Jannet, mientras limpiaba su pelaje- Espera un momento… ¿Eso significa que entiendes todo lo que las personas dicen?

-¿Por qué? ¿Acaso vosotros no lo hacéis? –le preguntó extrañado.

-¡No todo! A veces sólo oímos "bla-bla-bla", pero entendemos normalmente algo.-le explicó Molto- ¡¿Y vosotros? ¡No sois capaces de entendernos, en ocasiones incluso para lo más básico! Nosotros poseemos un sexto sentido, y podemos sentir emociones que a las personas les pasaría desapercibidas. Somos superiores en lo que se refiere a intuición…-añadió con arrogancia.

-El mundo sería muy chido si pudiéramos entendernos…-gimió decaído Valentín- Pocos animales pueden platicar con ustedes, y generalmente no muy bien. Es por eso que nos tratáis como si fuéramos mecos, pero no lo somos…quizás no seamos tan "inteligentes", pero tenemos nuestro corazoncito.

-Oh…resulta muy interesante…-aquella información le impactaba bastante.

Después de eso se relajaron de nuevo, pero la tensión entre Link y Molto proseguía, pues a ese perro le gustaba molestar a Link. Por ejemplo, marcando territorio por el lugar, restregándose por todas partes al haber sido educado para no orinar bajo techo. Ese tipo de ofensas era algo que últimamente alteraba a Link con facilidad…

XOXOXOXOXOXOXO

Y regresando a la mesa, entre un ir y venir de sirvientes…

Ahí seguía Zelda, aguantando a la reina y a su hijo mayor, que hablaban como cotorras. Eso sí, siempre de ellos mismo, burlándose de algo o criticándolo todo, poniendo a prueba la paciencia de la princesa. Mientras, Gustaf se centraba principalmente en comer, aunque a veces participaba en la conversación. Normalmente, cuando tocaban ciertos temas…

-…y ahí fue cuando el maricón de mi hermano, y mi tío Olsen que es igual de afeminado, fueron apresados por los guardias locales por alterar el orden público durante el último carnaval. ¡Eso demuestra que no se puede mezclar la homosexualidad con el alcohol! ¡Ja, ja, ja! -terminó Facade de contar su historia, y Gustaf no parecía muy contento por aquello.

-¡No te permito que hables así de mí, del tío Olsen, ni de ningún homosexual! –le gritó furioso.

-Sí, tu tío, uno de los hermanos de tu padre…menuda deshonra para nuestro reino. Una cosa es que permitamos la homosexualidad, por razones de hace siglos, pero que uno de sus dirigentes lo sea… ¡Imperdonable! ¡Pobre hijo mío, por su culpa tu también acabaste así! ¡Lo suyo es una enfermedad! Y tu padre… ¡Menudo blando! ¡Aaag! ¡Esto no pasaría en Holodrum, de donde provenimos mi familia y yo! ¡Nosotros, los archiduques de ese noble país, juntándonos con una panda de amariconados! Si no fuera porque nuestro enlace proporcionó prestigio a mi familia…-se habló despectivamente la señora, mostrando como siempre una enorme insensibilidad.

-¡No hables así de papá, él te quería aunque no te lo merecieses! ¡Y fue un gran rey, de una gran nación! ¡No tienes derecho a criticarle de esa forma! ¡Métete conmigo si quieres, pero ni se te ocurra hablar mal de él en mi presencia! –le amenazó aún más enfadado, y comenzó así una discusión con su madre.

Mientras estos discutían encarnizadamente, Zelda intentaba disfrutar de su cena, hasta que Facade se le acercó y comenzó a hablarle por lo bajo, cerca del oído.

-Sabes, he estado pensando…-le habló con una voz seductora.

-¡No me digas! ¿Pensando? ¿No lo habrás confundido con un dolor de cabeza? –le respondió sarcástica.

-Adoro tu sentido del humor, preciosa…-y le besó la mejilla, algo que revolvió por dentro a Zelda- En fin, dado que lo de nuestro compromiso se va a retrasar más de lo que tenía esperado, otra vez… ¿Qué te parecería si no "esperamos" hasta esa fecha? –ella sabía cuáles eran sus intenciones.

-¡Ja, sigue soñando! –le volvió a rechazar.

-No he querido contártelo durante estos años, pero creo que lo mejor es que te sea sincero…si lo "hiciéramos" no sería mi primera vez, me he acostado con otras mujeres en todos estos años de desplantes y rechazos por tu parte. Puede que te haya roto el corazón diciéndotelo, pero así tienes la garantía que tu hombre ya es todo un experto en lo que se refiere al amor. Pero compréndelo, a un hombre necesitan que lo "consuelen" cuando se ve frustrado al no poder estar con la mujer que ama…eso sí, siempre he pensado en ti cuando estaba con todas esas chicas y en mis noches en "solitario".-le confesó manteniendo su galantería y chulería.

-Qué bonito…-expresó con ironía y asco- Te comprendo, a veces necesitamos a alguien que nos "consuele"…-le contó intentando provocarle.

-¡¿Qué has querido decir con eso? ¡¿Acaso ese miserable se ha propasado contigo? ¡Cuando lo vea, probará el acero de mi espada! –estaba muy enfadado por aquello.

-¡Ja, ja, ja! ¿Te refieres a Link? –se burló del príncipe- En primer lugar, está lejos de Hyrule en una misión especial que yo misma le encomendé…y segundo, lo de antes era una broma.

-¡Uf, no vuelvas a darme esos sustos! –suspiró aliviado- ¡Sabía que tú jamás te regalarías a cualquier "niño guapo"! Sé que te estás reservando para mí…como debe ser.-le volvió a susurrar en al oído, haciendo que Zelda se estremeciera muy incómoda.

Ella comenzó a cargar una de sus Bolas de Energía en su mano, aunque en un tamaño mínimo. Cuando Facade lo vio, se colocó recto en su sitio, dejándola por fin en paz.

-¡Vale, de acuerdo! ¡Esperaré hasta el día que nos casemos! ¡Ya hemos tenido más de un incidente con esas cosas! –se defendió asustado, seguramente no sería la primera que lo amenazaba de ese modo, y parecía haber sufrido en sus carnes las poderosa magia de la princesa- Aunque…me tienes intrigado. He "conocido" a alguna que otra hechicera, y todas han sido geniales en la cama, siempre guardan alguna sorpresilla…me gustaría saber qué es lo que puedes ofrecerme tú. Además, al poder controlar la magia, me resultáis muy exóticas y excitantes…-volvió de nuevo a aproximarse a ella, con la misma osadía, no aprendía este hombre.

Esta vez no se reprimió, pero en vez de atacarle con ese hechizo, lo que hizo fue darle un "pellizco eléctrico". Aquello le dolió bastante, y después de eso dejó aquel tema y se puso a comer.

Pero no pasó mucho tiempo hasta que…

-¡Miaaauuuu! –salió disparada la gata hacia su dueña, completamente asustada y con el pelaje erizado.

Se había iniciado una brutal pelea entre Link y la mascota del príncipe Facade, una contienda entre dos animales muy peligrosos. Mientras, Valentín les ladraba nervioso intentando parar la pelea, pero en cuanto vio que no pudo, corrió a esconderse tras su dueño.

Zelda y Facade se levantaron enseguida de la mesa, mientras la reina lo hacía para alejarse de esas bestias. Los criados se asustaron y se apartaron rápidamente, algunos escondiéndose en la cocina.

-¡Ey, dejad de pelear de una vez! –les ordenó enfadado Facade, pero ni caso le hicieron.

Zelda intentó persuadir a Link, pero cuando fue a intentar separarlos junto a Facade, Gustaf les detuvo.

-¡¿Estáis locos? ¡Unos animales de ese tamaño y fuerza os destrozarían! ¡Cuando pelean, nunca hay que interponerse entre ellos! Tenéis que dejar que ellos solos terminen lo que empezaron…-les explicó, al mismo tiempo que se interponía delante de ellos con los brazos extendidos.

Zelda miraba impactada como Link peleaba contra ese perro con tanto odio, como si realmente fuera uno de ellos…y no entendía el por qué. No pasó demasiado hasta que Link consiguió vencer a su adversario, que cayó herido en el suelo. El lobo se mostró dominante al enseñar sus afilados dientes, furioso y gruñéndole, encorvándose para parecer más grande y erizando ligeramente el pelo de la espalda. Facade se agachó para auxiliar a su fiel amigo, y apartó con muy mal gesto a Link. Y no lo pudo tolerar…

Le mordió el brazo, con una fuerza impresionante, y él trató de quitárselo de encima, ayudado por sus guardias. Logró apartarlo de una patada al hocico, pero Link se dispuso a saltar sobre él como venganza por haberle hecho eso. Sin embargo, la princesa lo sujetó firmemente con todos las fuerzas que poseía, intentando tranquilizarlo. Tardó tiempo en conseguirlo, y cuando lo logró, mandó a llamar a su sirvienta Anabel.

-¡Anabel, enciérralo en su habitación y quédate vigilándolo! ¡Iré dentro de un rato a reprenderlo! –le ordenó con autoridad y muy enfadada.

Anabel se sentía intimidada y muy asustada, nunca la había visto tan enfadada. Agarró a Link por el pellejo del cuello y el collar, para arrastrarlo hasta su alcoba. Zelda se quedó para ayudar a Facade y llevarlo a su cuarto, para curar sus heridas y las de su perro.

XOXOXOXOXOXOXO

Había pasado un rato desde que Anabel lo había traído hasta su habitación, y se encontraba tumbado en la cama, dándole la espalda a sirvienta, mosqueado.

-En qué lío te has metido…-le habló compasiva, mientras le acariciaba- No sólo tenías que pelear contra la mascota del príncipe, sino tan bien atacarlo a él. La Princesa está muy enfadada contigo. Prepárate para una buena regañina, porque nunca la había visto así de furiosa, y con razón…

El lobo gimió asustado al recordarlo, mostrando estar preocupado al echar las orejas hacia atrás y esconder la cola entre las patas.

Poco después, se oyeron los pasos de alguien no parecía estar de buen humor, Zelda…

-¡Anabel, abre la puerta! –le ordenó golpeando con fuerza la puerta.

Ella fue a recibirla sin dilación, y cuando lo hizo, la mirada asesina de Zelda hacia Link heló el ambiente. Ahora sí que estaba aterrado el gran guerrero…

-¡Que nadie se acerque a esta habitación hasta que haya terminado con él! ¡¿Entendido?

-¡Sí, majestad! –le respondió como un soldado a su general, con mucho miedo.

Cerró la puerta y pudo oírla marcharse apurada, ahora estaba solo ante el peligro.

-¡¿Se puede saber en qué estabas pensando? ¡¿Te crees que eres uno de ellos? ¡Te recuerdo que eres un hombre, deberías ser más inteligente que ellos! ¡¿Cómo has podido encararte contra un chucho del tres al cuarto? ¡Y encima has tenido también que atacar a Facade! ¡¿Te gusta causarme problemas, eh? ¡Su madre está furiosa! ¡Y cuando se enteren los Ministros será terrible! ¡¿Y sabes qué? ¡Estoy agotada! ¡¿Por qué? ¡Porque he tenido que usar mi magia para curar el brazo de Facade y parte de las heridas de su perro! ¡Pero eso no es lo importante! ¡Reza para que esto no genere un conflicto entre Hyrule y Gamelon! ¡O peor aún! ¡Qué me obliguen a sacrificarte como un animal por lo que has hecho! –estaba histérica, enrojecida por la furia.

Estaba muy aterrado y avergonzado. No se atrevía a mirarla, manteniendo la mirada baja y oculta. Sabías que su comportamiento no había sido el adecuado, pero le había sido imposible controlarse. Estaba desesperado, no sabía que le estaba ocurriendo y además le estaba ocasionando graves problemas…

-Como veo que te comportas como un animal, voy a tratarte como tal…-le habló con extrema frialdad y sosteniendo la llave de esa habitación- Te dejaré encerrado aquí dentro indefinidamente, hasta que lo considere oportuno. Y espero, que se solucionen finalmente las cosas…de lo contrario, serás tú quién pague las consecuencias.-cerró de un portazo la puerta, encerrándolo con la llave.

Link se quedó tumbado muy preocupado, hasta ese momento no se había percatado de la gravedad de la situación. Estuvo un momento sumergido en sus pensamientos, hasta que notó un bulto moviéndose bajo su alfombra de piel de cabra. Olisqueó el aire, y supo quien era…

-Qué mal pedo trae la chava…-dijo asomando la cabeza de debajo de la alfombra- La cagaste pero bien, güey…

-¿Cómo has venido hasta aquí?

-¡Fácil! ¡La seguí! –le respondió saliendo de su escondrijo- Ella llevó a su recámara a Facade y… ¡Híjole, le alivió con su magia! ¡Qué chido! ¡Nunca vi nada como aquello! También curó a ese mamón…-habló molesto refiriéndose a Molto- ¡Todo esto es bien gacho! ¡Fue él quien te provocó! ¡Se armó un borlote por ese bravero! ¡Menos mal que me hice ojo de hormiga cuando la seguí, y luego me escondí bajo ese tapete!

-Todo por culpa de esos dos imbéciles…-gruñó mosqueado el lobo, viendo como Valentín se subía a su cama con cierta torpeza.

-A mí también me cae gordo ese perro, pero… ¿Quién es el otro? –le preguntó ladeando la cabeza.

-¡¿Quién va a ser? ¡Facade! ¡Desde que conozco a ese y a su madre, me compadezco de Gustaf! –gruñó furioso- ¡Puede que tú no oyeras ni entendieras todo lo que él decía, pero yo sí! ¡Estaba haciéndole insinuaciones a ella! ¡Me pone de los nervios ese pretencioso! ¡Y además estaba su "mascotita" para defenderlo y provocarme aún más! ¡Todo tiene un límite, incluida mi paciencia!

Valentín estaba intimidado por la furia que desprendía Link, sintiéndose muy sumiso ante él.

-Relájate, cuate…-le habló tranquilo- Por cierto… ¿Sabes algún lugar donde pueda obrar? –habló incómodo apretando sus cuartos traseros.

-¡¿Cómo? ¡Nos han encerrado aquí dentro! ¡Y no sé cuándo podremos salir! ¡¿Es que no habías pensado en que esto pasaría? –ladró alarmado.

-Puedo "dejártelo" ahí mismo, te lo preguntaba por educación…-le contestó molesto.

-¡Aaag! ¡Está bien! ¡Ahí tienes el baño! –le indicó señalado con el hocico a su pequeño baño personal.

-No entiendo…-le dijo confuso.

-¡Ven, te lo enseñaré! –se bajó de su salto de la cama y fue hacia el cuarto, seguido del perrito.

Entraron al diminuto baño provisto solamente de un lavamanos, un modesto espejo, una ducha muy simple y un inodoro.

-¡Ahí es donde lo harás! –le mostró abriendo la tapa del retrete.

-¡¿Quieres que zurre de aguililla acá? ¡Ni pedo! ¡Me puedo ahogar si caigo! ¡Es grandote! –gimió asustado, retrocediendo- A estos… ¿Qué es? Mi patrón me lo mostró una vez, todas las personas en la ciudad lo usan…creo que lo llama "wáter" o así.

-A mí también me llamó la atención cuando vi uno de estos en la ciudad y más tarde en la Región de los Zoras. Yo vivía en el campo, en una pequeña aldea, y allí no tenemos esta clase de artilugios.-le explicó empático- En Kakariko usan algo parecido, pero en seco. Estos inventos son bastante curiosos y fáciles de usar. Sólo siéntate y mantén el equilibrio…sé que siendo un animal resulta incómodo, pero no ocurrirá nada.

Valentín se subió desconfiado e hizo lo que Link le dijo, dejando que "todo siguiera su curso". Cuando acabó, se bajó y Link tiró de la cadena, impresionando al chucho.

-¡Órale! ¡Eso es lo que quería enseñarme mi patrón! –ladró emocionado- ¡Intentó algunas veces subirme en eso, pero creí que me quería ahogar! ¡Se pondrá dichoso cuando me vea hacerlo! ¡No tienes cuate, muchas gracias! –le agradeció feliz.

Salió corriendo del baño y saltó a la cama, acurrucándose sobre el almohadón que le regaló Uli a Link por su cumpleaños.

-¡Ya no te cuelgues, ven acá! ¡Tenemos mucho tiempo para platicar! –le invitó a subir a la cama, sin soltar el cojín e incluso mordisqueándolo ligeramente, haciendo que Link se lanzara a quitárselo y empezando así un juego…

XOXOXOXOXOXOXO

Pasaron las horas, en las cuales habían destrozado la habitación por sus juegos. También conversaron, más bien se diría que Valentín había hablado. Parecía una cotorra en lugar de un perro, y a veces Link tenía que interrumpirle para preguntarle el significado de algunas palabras de su curioso vocabulario.

Ahora se encontraba tumbado en su desordenada cama, somnoliento. Mientras, el Chihuahua dormía plácidamente abrazado a la almohada, le había cogido gusto. Hacía horas que se había puesto el sol, perdiendo la esperanza de poder al menos cenar. Aunque tampoco resultaba un problema, siendo un lobo no necesitaba comer tan a menudo. Pero aún seguía dándole vueltas a lo ocurrido…

De pronto, olió el aroma inconfundible de su princesa, que al parecer era acompañada por Gustaf. Pasaron unos instantes hasta que oyó en la distancia sus pasos, y poco después, se encontraban frente a su puerta. Oyó como intentaba encajar la llave en la cerradura, y finalmente la abrió. Encendió una de las lámparas que estaban ancladas a la pared, y ambos nobles pudieron ver la conmovedora escena.

-¡Lo sabía! ¡Tenías que estar aquí a la fuerza! –exclamó Gustaf, despertando a su mascota y cogiéndola- ¿No querías dejar a tu amiguito solo, eh? ¡Qué tierno! Aunque te has perdido la cena…

El perro no estaba demasiado despierto cuando le dijo todo aquello, pero recordó algo. Se soltó del agarre de su amo, y fue corriendo al baño. Repitió el mismo procedimiento que antes, pero esta vez para orinar, pero le seguía resultando incómodo. Tiró de la cadena y el grito de emoción de su dueño hizo el resto…

-¡Aayyy! –gritó agarrándose la cara emocionado- ¡Lo has hecho, no me lo puedo creer! ¿Te lo ha enseñado el lobito? ¡Es fabuloso! ¡Zelda, tienes un animal de compañía espectacular! ¡No me creo que Valentín haya aprendido a usar el váter! –cogió a su mascota y se dirigió a la puerta- Bueno, me marcho, que por lo desordenado de la habitación, me imagino que estos dos no han parado desde que los encerraste aquí dentro. Si no me equivoco, este es el cuarto del "buenorro" de tu guardaespaldas. ¿No? Si supiera lo que está ocurriendo desde que se marchó… ¡Adiosito! –se despidió con la mano.

Link se retorció de asco al oír el calificativo que le acababa de dar ese aristócrata, si es que ese hombre no cambiaba…

-Ejem…-tosió la princesa para llamar su atención, no parecía demasiado contenta- Tenemos que hablar…-le dijo seria mientras cerraba a la puerta para que no los escucharan.

Rusl siempre le había dicho que lo peor que te podía decir una mujer era "tenemos que hablar". Y debía estar en lo cierto, porque aquellas palabras provocaron en él un temor indescriptible…

Ella se sentó a su lado, y para sorpresa suya, ella le acarició la cabeza…

-Siento mucho haberte gritado antes, pero la situación era muy tensa.-se disculpó sinceramente, hablando serena y relajada- Aún así, lo que hiciste no tiene excusa, me has metido en un gran problema por no saber controlarte…

Link gimió arrepentido, con las orejas hacia atrás, y ella siguió hablando.

-Fueron a la ciudadela a informar a los Ministros tras el incidente, que acudieron enseguida, no demasiado alegres con la noticia. Entre ellos, y la reina Galatea, me supuso un gran esfuerzo negociar la situación. Suerte que estaba Gustaf, cuya opinión influyó en los ministros. Además, no me costó demasiado disculparme ante Facade, dado que quedó impresionado cuando curé su herida y parte de las de su perro. Mañana lo verás a él con el brazo vendado, y un veterinario rondando por su habitación…-contó con una ligera sonrisa- Eso sí, para que esto no llegara a mayores, tuve que negociar con él para que aceptara mis disculpas…y no es algo que me agrade demasiado. Tras una larga negociación, acordamos que mañana pasaríamos el día juntos. Ordenó reservar el mejor restaurante de la ciudad, ubicado en el barrio rico, donde "disfrutaríamos" de una velada con buena comida, además del grandioso espectáculo que ofrecen también en el local, como complemento lúdico para importantes personalidades. A los ministros les encantó la idea, y ha puesto todo su empeño en que lo de mañana salga bien. Así que mañana no ve verás mucho, puesto que estaré con él primordialmente en el Salón Real, una sala a la que a ti no se te permitía entrar cuando todavía eras un hombre, puesto que sólo se usa para recibir a visitas de gran importancia. También estaré por los jardines, y lo que te conté antes…

A cada minuto que pasaba, las ganas de matar a ese "principito" aumentaban. Zelda se dio cuenta de ello y añadió…

-Lo que tengo que hacer por ti…no te preocupes, ya me devolverás este favor a su tiempo.-su tono no gustaba nada a Link- Pero te advierto, que te saldrá caro…-le dijo agarrando con fuerza la melena de su cuello, con cierta rabia contenida.

Eso no le gustó nada a Link, a saber qué cosas se le estarían pasando por la cabeza como venganza por aquella "tortura" con Facade.

-Buenas noches, espero que mañana no ocurran más incidentes como el de hoy, porque te echaré del castillo…-él no sabía si lo decía en broma o si cumpliría sus amenazas si ocurría algo parecido.

Cuando ella se fue, él se dispuso a descansar. Sin embargo, pocas horas más tarde, los llamados originados por los de su especie, habituales durante estos últimos días, hicieron que Link sintiera el impulso de contestarlos…

XOXOXOXOXOXOXO

A la mañana siguiente, se levantó cansado, no había podido dormir bien, como le llevaba ocurriendo desde hacía días. Además, esa noche se la había pasado aullando, comunicándose con sus semejantes en la distancia. Buscaba una respuesta a lo que le sucedía, pero ellos no parecían querer responderles. Y justo cuando estaba empezando a enlazarlo todo, un guardia pateó la puerta muy enfadado, ordenándole que se callara. Los que peor lo pasaban eran los que residían en el castillo, puesto que sus aullidos no les dejaban dormir…

Link fue hacia la puerta aún somnoliento, y cuando la abrió, algo pasó corriendo a mucha velocidad, espabilándolo de golpe por la impresión. Centró su vista, y pudo ver que se trataba de Valentín, que corría frenético por los pasillos como si estuviera loco.

-¡Buenas, güey¡ ¡Pareces que andas con el ojo pelón! ¡Ya te escuché anoche! ¡No parabas de aullar, cuate! ¡No gustó nada a los patrones ni a los veladores! ¡Y tampoco a los mozos y a las criadas! –habló deprisa, mientras daba vueltas persiguiéndose la cola.

-¡¿Quieres estarte quieto? –le ordenó malhumorado- ¿Por qué estás tan alterado?

-¡A mi patrón se calló el café mientras desayunaba! ¡Café, güey! ¡Me encanta! ¡Te perdiste el desayuno! ¡Hace horas que salió el sol! –siguió hablando acelerado, saltando.

-Ah… ¿Y qué está haciendo ahora Zelda? –le preguntó interesado.

-¡Pues con Facade! ¿Por qué lo dices? –dijo moviéndose en el sitio, muy nervioso.

-Por nada…-suspiró- En fin, no tengo nada que hacer. ¿Se te ocurre algo?

-¡Órale, esperaba a que me lo dijeras! ¡Podríamos salir de aquí a la sorda! ¡Visitaremos la ciudad! ¿Cómo ves? –le ladró emocionado.

-¿No crees que podría ser peligroso para ti? Además, seguro que si te vas, Gustaf se preocupará bastante…-intentó convencerlo, en realidad no tenía demasiadas ganas de aguantar a ese perrillo.

-¡Pero si tú estás bien mamado! ¡No pasará nada! ¡Achingatas sólo con olerte de lejos! ¡Serás mi güarro, así no me lastimarán o algo peor! –le alabó el Chihuahua.

-Ag…está bien, pero no esperes a que te saque de todos tus líos. Me seguirás a donde vaya y me obedecerás sin rechistar. ¿Entendido?

-¡Ándele compadre, ya vámonos! ¡Salgamos a andar de cabrones por la ciudad! –y salió disparado.

Link sólo pudo resignarse a seguirlo, menudo día le esperaba…

XOXOXOXOXOXOXO

Fueron pasando las horas, hasta llegar el crepúsculo. Ese día se lo habían pasado paseando, curioseando y de paso consiguiendo algo que echarse a la boca. Valentín estaba encantado, y quería seguir con su excursión por la ciudadela.

-¡¿A dónde me llevas, compadre? –le preguntó alegre.

-Te voy a presentar a unos amigos, un grupo de gatos que de seguro les caerás bien. Me imagino que deben de estar reunidos cerca de la taberna de una muy buena amiga, de cuando todavía era un hombre.

-¿Nos vamos a una cantina? ¡Qué chido! ¿Nos dejarán entrar?

-No, sólo vamos a estar sobre el tejado o cerca de allí.

-¿Te subes los tejados de las casas como gato? ¡Eso está padrísimo! ¡No tienes cuate! ¡Eras medio lobo y medio hombre! ¡Ahora también gato! –se burló el enano.

Tras un rato, llegaron a la taberna, donde Link vio a uno de sus camaradas subidos sobre la edificación, entrando al local. Unas cajas amontonadas le servirían para llegar a donde ellos estaban, como hizo una vez para atajar por la taberna y así salvar a Midna de una muerte segura. Link agarró al Chihuahua por el pellejo del cuello, como si se tratase de un cachorro. Así podría acompañarlo…

-¡Cuidado, buey! ¡Este collar vale un chingo de rupias! –le recordó para que tuviera cuidado con aquel collar.

El lobo subió ágilmente por ahí, hasta encontrarse en delante de la pequeña entrada secreta a la taberna. Entró con cuidado, seguido de Valentín, y comprobó que su olfato no le había engañado. Ahí estaban, ocultos entre varios objetos que Telma almacenaba allí donde estaban, mirando todo lo que ocurría en la taberna desde arriba. Pero cuando trató de saludarles, Louise le bufó.

-¡Schh! ¡Cállate y escóndete! ¡Estamos intentando descifrar lo que le ocurre a Shad! –le regañó por su imprudencia.

Link se agachó e intentó camuflarse lo mejor que pudo, intentando no tirar nada. Valentín hizo lo mismo, pero él lo tenía más fácil por su diminuto tamaño. Se acomodaron, y el lobo pudo ver a un emborrado Shad, lamentándose en la barra charlando con Telma, mientras esta atendía a los demás clientes.

-¡Vuestro amigo cuatro-ojos anda muy pedote! ¡Completamente briago! ¡Qué penoso! –se burló el chiquitín.

-¡Cállate, chucho! –bufaron al unísono los gatos, haciendo que Valentín huyera a esconderse entre las patas de Link.

XOXOXOXOXOXOXO

Mientras, abajo en la taberna…

-¡Vaya, mi preciosa gata debe de andar de mal humor! ¡Acabo de oírla bufar con el resto de sus amigos ahí arriba! Es extraño, puesto que siempre que se esconde ahí, se vuelve muy silenciosa…-comentó Telma, mientras servía una jarra de cerveza a un cliente.

-¡Hip! Te habráss dado cueeenta que me importa una miiierda lo que haga tu… ¡Hip! –más que borracho, era un milagro que siguiera en pie todavía.

-Shad, como empresaria me resulta beneficioso que sigas consumiendo. Pero como amiga, debo pedirte que lo dejes. Estás dando una imagen muy lamentable, esto no es propio de ti…-le aconsejó preocupada por su amigo.

-¡Cállate, tú sólo poon más whisky en este vaso! –se lo señaló, y ella no tuvo más remedio que servirle otra ronda- ¡No, noo! ¡Esta es la única maneeera que tengoo de desahogarme! ¡Tooodo essto es una mieeerda! ¡Hip!

-¿Me quieres decir de una vez que es lo que te pasa? –le preguntó insistente- ¡Ey, de aquí no sale nadie hasta que me paguéis, grupillo! –le amenazó a un grupo de jóvenes que estaban tomando unas cañas en una de las mesas del local.

-¡¿Veees? ¡Esoo es lo que me passa! ¡Nuuunca hace caso! ¡Qué le den por cuuulo! ¡Estoy canssadoo de esa imbécil con complejo de hombre! ¡Hip! –hablaba realmente enfadado.

-¿Te refieres a Ashei? –aquello le sorprendió, pero no demasiado- A ver… ¿Qué es lo que te ha hecho ahora, hijo? Nunca te has puesto así por ella…-se sentó a su lado, como si fuera una madre que consolaba a su hijo.

-¡Nooo mee ha hecho nada! ¡Esa cabezoota va a conseguir que la maateeen! –gritó mientras se servía él mismo otra copa.

-¿Podrías especificar un poco más? Tengo que atender a otros clientes…-le pidió con prisas.

-¡Su maldiiito trabajo como mercenaria! ¡Ha aceptaaado un misión suiciiida! ¡Hip! ¡Naadie en su sano juicioo iríaa a cazaar Lizalfos en estaa épooca del añoo! –se tiró de los pelos.

-¡Ja, ja, ja! ¿Y te preocupas de eso? Ella ha matado a muchas más bestias como esas, es como nuestro querido muchacho. No te preocupes, no le pasará nada…-se rió un poco de su desgracia, mientras servía la comida en una mesa.

-¡¿Te creess que no lo sée? ¡Peroo sigue siendo peligrooso! ¡Pero esoo noo importa! ¡El probleemaa es que por estas fechaas aumeeenta la peligrosidad de esos monstruoos! ¡Sus hijos deben de estar empezaaando a salirrr de los hueeevos! ¡Hip! ¡Y duurante las próximaas semaaanas, los Lizalfos produciráan un poteeente veneeno para abasstecer de comida a sus crías! ¡Porrrque en eseee tiempo sus hijos noo pueeden digerir la comidaaa si no es infectaada con ese veeeneno! ¡Poor eso naadie queríaa aceptar ese encargooo! ¡Pero ellaaa hace lo que seeea por dineroo, siempreee que no seaa algo indigno! ¡Hip!

-Me imagino que Ashei ya conocerá la clase de peligros a los que se enfrenta, pero lo que dices me deja un tanto preocupada…-le habló tratando de calmarlo, pero no podía evitar sentirse también perturbada por el asunto.

-¡Haaz memoriaa! –le gritó furioso- ¡¿No recueerdas como murió mi paaadre? ¡Fuue asaltaado por esos demonios! ¡Murió por culpaa de una de sus mordeduraas, dejándolooo moribuundo sobree la camaa hasta que murió! ¡Hip! Primeero ese veneno te ressta movilidad, y si no mueeres a manoss de esas beestias, el veneeno se propagaráa aún máss por tu cuerpo y moriráas en poco más de unas semanas… ¡Sufrieendo comoo un animaaal! –se derrumbó sobre la barra- Fuee horriiible ver morir a mi padre de essa manera… ¡No quiero peerder a alguieen más así! –y se echó a llorar, daba verdadera lástima.

-No llores, así das pena…-habló compasiva y algo triste al acordarse de aquello- Tengamos fe en ella y en que las Diosas la protejan…

XOXOXOXOXOXOXO

Arriba, observándolo todo…

-Vaya, el muchacho está destrozado. He percibido que ha estado hablando de Ashei, unos monstruos y el dolor de una muerte…-comentó confusa Louise- ¿Sabes exactamente de lo que hablaba, traductor? –le preguntó con cierta burla la gata, a su amigo licántropo.

-Pues que Ashei ha ido a cazar Lizalfos por un encargo, que al parecer le proporcionará mucho dinero, pero Shad no estaba de acuerdo en que lo hiciera. Me imagino que habrán discutido, y Shad no ha soportado el hecho de imaginarse que a ella le pudiera ocurrir lo mismo que a su padre, que murió por la mordedura venenosa de esas bestias.-le explicó- Nunca pensé que los Lizalfos llegaran a ser tan peligrosos. Me han puesto en apuros en más de una ocasión, en incluso me mordieron un vez, aunque afortunadamente no fue nada grave. Lo que no sabía es que en determinada época del año, su mordedura resultara venenosa…-comentó algo incómodo, al pensar en lo que podría haberle sucedido en aquella ocasión si hubiera peleado contra ellos en esta época.

-¡Esa chava parece ser un poco pendeja! ¡Mira al pobre chavo! ¡Se ve que la aprecia mucho!

-¡Oye! ¿Quién es ese pequeñajo, tu nuevo amigo? –preguntó Hércules, mirando como los otros gatos al nuevo.

-¡Ya estamos buenos! ¡Otra vez insultando! –se quejó el perro.

-Se llama Valentín, y es mejor que no le critiquéis por su tamaño o forma de hablar…

-¡Pero qué cuco! ¡Parece un muñeco! –Louise posó una pata sobre la cabeza del Chihuahua, mientras los otros se acercaban a curiosearlo.

-¡Ya no me apapachen! ¡Sois todos gatos muy huevones! –se escabulló entre esa mata de pelo.

-¡Menudo maleducado! En fin, como es un perro…-se resignó la gata.

-Perdóneme, señorita. Si me dejan, puedo ser más educado…-se disculpó el can.

-¡Esto no se ve todos los días! ¡Un cánido con modales! –y todos los gatos se rieron, la reunión iba para largo.

XOXOXOXOXOXOXO

La noche había cubierto Hyrule desde hacía tiempo, y aún los dos seguían por la ciudad. La curiosidad del can les había llevado hasta los confines de la ciudadela, entrando en los barrios bajos…

-¡Ay nanita…! -gimió asustado el perro- Estamos en una colonia de agachados…

-Nadie te obligó a venir aquí, podemos marcharnos si quieres…-le recordó Link.

-¡Ni modo! ¡Ándale, sigamos como machos! –habló enérgico y convencido el pequeño.

Siguieron andando, y cada minuto que pasaba Valentín no paraba de quejarse.

-¡Qué guarro se ve este suelo! ¡Y todo! Las otras colonias se veían mejor…-se quejó el chucho mimado.

-Si comparas esto con el barrio rico de la ciudad…se queda en nada. Los diferentes barrios pagan una determinada cantidad de impuestos por la limpieza de sus calles. Pero aquí…puedes ver que no pagan mucho.

-¡Ya recuerdo! ¡Pasamos cerca de la colonia con esas puertas de entrada tan lindas y guachos vigilando constantemente! ¡Allá había un chingo de gente chismorreando, debido a lo de la cena de tu patrona con Facade! ¡Da lágrima que no entráramos! ¡Se veía todo muy lindo!

-No me lo recuerdes…-resopló molesto refiriéndose a lo de la cena- Aunque la verdad es que me gustaría pasear algún día por ese barrio. Ahí es donde residen los más ricos de la ciudad, y todo allí posee una estética perfecta. Por supuesto, no permiten entrar a todo el mundo, debes ir con cierto decoro y clase. Allí se encuentran los locales más caros y selectos, además de la sede de Banco Nacional. ¡Y no te creas! Zelda me contó una vez que es casi imposible robar en ese lugar, además de que el dinero se encuentra repartido en cámaras acorazadas repartidas por la extensión subterránea de esta y otras localidades importantes del reino, y muy pocas personas conocen los lugares donde se sitúan todas ellas. Normalmente, sólo se dice la ubicación de una o dos de ellas a una determinada persona, para evitar traiciones…-le explicó.

De pronto, oyeron algo que les llamó la atención, y avanzaron un poco más para ver que era. Cuando llegaron, vieron a una mujer vestida provocativamente, incitando a un hombre a entrar en el local donde trabajaba. Los dos animales se escondieron, para evitar ser vistos.

-¡Híjole, es una azotacalles! ¡Y eso de allá debe ser un putero! –reprimió un agudo ladrido de sorpresa.

-¿Tanto te sorprende? Aunque debo reconocer que cuando descubrí que aquí se ejercía la prostitución encubierta, que no es lo mismo que los espectáculos de cabaret, me sorprendí mucho. Vivir en una aldea hace que luego descubras muchas cosas que no siempre son agradables…-habló un tanto desanimado, mientras se alejaban del lugar con sigilo.

-¿Has entrado alguna vez allá dentro? Ya sabes…-preguntó tímido.

-¡¿Crees que soy de esa clase de hombres que suele frecuentar esos lugares? –le gruñó furioso.

-¡Aplácate conmigo, cuate! Sólo era una pregunta…-intentó disculparse- ¿Y has retozado con una hembra alguna vez?

-¿Cómo has dicho? –aquello le sorprendió.

-¡No te hagas el cucho! ¡Sabes a lo que me refiero! –insistió el perrillo.

-¡¿Quieres dejar de ser tan pesado? ¡No! ¡¿Contento? –le gruñó aún más enojado.

-Ay, güey… ¿Cuántos años tienes? –siguió insistiendo.

-Veinte, ¿Por qué? –le contestó un poco harto.

-En años de hombre…-parecía estar calculando- ¡Compadre, si tú estabas hecho un cuero! ¡Un macho cuyo poderío sexual debería estar por las nubes!

-¿Podrías dejar el tema? Me resulta incómodo hablar sobre estos temas, más si es con un animal…-intentó evadir el tema- Será mejor que salgamos de aquí y volvamos al castillo…

-Perdón…es que Facade…-intentó excusarse, mientras lo seguía.

-¡Ni se te ocurra compararme con ese cretino! ¡¿Entendido? –se volvió violentamente hacia él, gruñéndole.

-¡No me lastimes! ¡Oí que la curiosidad mató al gato, no al perro! –retrocedió aterrado, incluso se cayó al hacerlo- ¡Ahorita sé que eres diferente a Facade! ¡Por algo te volviste lobo!

-¿A qué te refieres? –le preguntó confuso, ladeando la cabeza.

-Pues a que estás esperando a tu loba, no mientas…-le contestó relajado.

-¡¿Qué estás diciendo? –ahora era él el que retrocedió por la sorpresa.

-No lo niegues…-insistió- Además, te pareces mucho a ellos, no sólo por cómo te ves. Eres un macho bragado, defiendes a los de tu manada; respetas a tu patrona, como buen lobito sumiso; eres noble y fiel a lo que eres; y también eres muy sangrón a veces. Quién sabe…puede que te volvieses lobito por una razón.

-¿Algo más que decir? –le preguntó cansado.

-Pues…me puse a pensar hace tiempo, sobre perros y lobos. Los lobos son muy dados al amarre, normalmente pasan sus vidas con la misma pareja. Los perros no, andamos más de agarrón, pero en todo hay excepciones.- comenzó a filosofar- Si los lobos son nuestros ancestros salvajes… ¿Cómo es que acabamos siendo promiscuos? ¿Nos influyeron las personas? ¿Significa eso que vuestra naturaleza es esa? ¿Y por qué eso cambia según el güey o la chava? ¡No entiendo!

-No sabía que un animal pudiera hacer esa clase de reflexiones…-comentó sorprendido.

-Y más, compadre…-la cosa no parecía quedarse ahí- Pensando en eso, llegué a la conclusión de que os vale más la educación, que el instinto. No sois animales… ¿O sí?

-Explícate…-no se podía escuchar filosofar a un animal todos los días.

-El caso del hombre que es infiel a su vieja, y que luego se excusa diciendo que esa es la naturaleza de un macho. ¿¡Algún güey me explica esto? ¿Por qué negáis ser animales, a menos que hagáis algo malo y os sirva de excusa? ¡Sois unos moscas muertas!

-Tus razonamientos son muy curiosos y no dejan de ser ciertos…-habló impresionado.

-Al final, me vale madre, es mejor que sean las personas quienes filosofen. Pero no dejo de pensar en que fui hombre en otra vida…-divagó el can, mirando el cielo nocturno.

-¿También crees en la reencarnación? Pensé que los animales no se preocupaban por esas cosas…

-No muchos, pero ya viste que no soy como otros animales. A veces resulta frustrante…-gimió decaído- Podría ser como Molto, y sólo preocuparme de coger con tantas hembras como pudiese durante la época de celo…pero no, soy Valentín, las hembras quieren a machos grandotes y bien mamados. No a enclenques como yo, todas suelen ser más grandes…

-¿Así que tú tampoco eres un galán, no? –le preguntó con cierta burla.

-No, pero hay una…es Chihuahua, como yo, aunque no tenga pedigrí. Es la perrita de uno de los jardineros del palacio, muy amigo de mi patrón. ¡Es una hembra de carácter! Ayuda cavando hoyos para las plantitas y cacha animalejos e insectos para que no chinguen. La conozco desde que era chamaquito, y solemos jugar por los jardines. ¡Nos manchamos como chanchos! Por otro lado, es muy linda. Sus largas greñas son blancas, con unas pocas manchas marrones. Me gusta sobre todo las que tiene en la oreja izquierda y rodeándole un ojo, se ve muy cagadita así. Además, tiene cada ojo de un color, uno azul y otro gris.

-¿Te atrae, me equivoco? ¿Y entonces por qué te quejas tanto de mí, en vez de ocuparte de lo tuyo?

-¡Porque soy un güey de pocos huevos! No me atrevo, me da calambres…-gimió entristecido- ¿Te has sentido como yo?

-Eh…prefiero no dar detalles…-evadió el tema.

-¿Uhm? Ocultas algo, lo sé…

-¡Lo que eres es un entrometido! ¡Venga, a este paso nunca llegaremos al castillo! –y se puso a correr con mucha prisa.

-¡Es por la princesa! ¿Acerté? –ladró mientras intentaba seguirle el ritmo.

Link frenó en seco, haciendo que Valentín se chocara con él. Se quedó con la cabeza baja, hablando para sí mismo.

-¿Por qué todo el mundo está empeñado en que guardo sentimientos más allá de la admiración y la amistad hacia ella, además de que es mi soberana? Puede que me resulte atractiva de diversas formas, pero no llega a más…-murmuró harto, con rabia contenida.

-¿Quizás porque eres el único pendejo que está viendo y no mira? –le contestó el perro, colocándose en el punto de visión de Link- La veo muy linda, y basándome en los cánones de belleza para las chavas… ¡Está bien culo! ¡A un chingo de machos parecen atraerles!

-¿Quién te ha preguntado…? –habló molesto, apartando la mirada.

-No soy el más chingón en lo que se refiere a los sentimientos de las personas, pero veo que andas confundido…-intentó ayudarlo.

-¡Oh, el gran sabio perruno tiene la respuesta! ¿Podríais decirme el por qué? –habló con sarcasmo y burla.

-No pitorrees…-dijo molesto- ¿Hay otra chava, no?

-¡Eso no te interesa! –le gruñó, pero al ver su mirada firme, confesó- Está bien…al igual que tú, hay una chica a la que conozco de toda la vida, que lleva años interesándome.

-¡Nos parecemos, cuate! Te sientes cohibido, pero siento que no es lo único que te retiene…

-¿El qué…? –empezaba a estar harto de que ese perro se metiera en su vida personal, como si supiera más que él.

-Acabas de darme la respuesta a mis dudas de antes, gracias…-habló aliviado el chucho.

-¿Qué?

-Las personas sois promiscuas en el sexo, no en el amor. Se complementan, pero no siempre van juntos. Algunos potencian más un lado que otro, es como lo ser bueno o malo. Sólo se ama de verdad a unos pocos. Se tiene un apá, una amá, un cuatacho…por eso debéis aprender a ser selectos, pues si no intentaréis cundir ese vacío con algo que, en realidad, no cuadra ahí. La vida es aterrizar y volverse a levantar, vosotros lo sabéis bien. Algunos tendréis suerte y la voluntad necesaria para atinar con lo que de verdad vale, otros no tanto. Da lágrima que algunos se den cuenta tarde o nunca lo hagan... pero así debe ser, no hay ganadores sin algún pendejo. ¿En qué lado quieres estar tú? –divagó el perro, como si estuviera poseído, mientras miraba las estrellas.

Link estaba sin palabras, nunca había escuchado una reflexión tan profunda de nadie. Tras unos instantes, Valentín dejó de mirar el cielo, y se volvió hacia el lobo.

-¡Andas avionado, compadre! ¡Ándele, ya vámonos! ¡Mi patrón debe sentirse mortificado! ¡Ya no te cuelgues, sígueme! –y se echó a correr, dejando a Link atrás.

XOXOXOXOXOXOXO

Tras estar un buen rato recorriéndose las calles de la ciudadela, por fin llegaron a las puertas del castillo. Los guardias de la entrada se sorprendieron, y uno de ellos avisó al resto.

-¡Ey, el de arriba! ¡Qué alguien avise al duque Gustaf! ¡Su perro está en la entrada, junto con el animal de compañía de la Princesa! –le gritó al soldado más cercano que hacia su ronda sobre los muros que protegían el castillo.

Se oyó pasar el comunicado entre varios de ellos, mientras los de la entrada abrían las puertas para dejar paso a los animales. Valentín salió disparado hacia una de las fuentes que adornaban los jardines, ansioso por beber. Necesitó la ayuda de Link para hacerlo, así ambos se remojaron y bebieron un poco. Más tarde, olieron a Gustaf acercarse…

-¡Por fin te encuentro! ¡Me has tenido muy preocupado! –le habló y besó inmensamente feliz, abrazando a su mascota cuando esta fue corriendo hacia él- Me imaginaba que estarías con tu amiguito, y al parecer os habéis dado una vuelta por la ciudad. Habrá que daros un baño a los dos, sobre todo a ti, lobito…

Link le gruñó, no estaba dispuesto a pasar por esa humillación. Ya lo habían lavado varias veces en pocos días, debido al aumento misterioso de su olor corporal.

-¡No te enfades, de todos modos es Zelda la que debe ordenarlo! –intentó tranquilizarlo- Aunque me parece que va estar muy ocupada con Facade esta noche, a estas horas deben de estar cenando juntos en aquel restaurante…

Volvió a gruñir, la sola idea de que ese imbécil estaba con ella a solas le volvía loco. Después de eso, Gustaf lo llevó hasta su habitación. Y él esperaba poder dormir esa noche…

XOXOXOXOXOXOXO

Sin embargo, no pudo hacerlo. Continuaron los aullidos de sus semejantes, y sólo él era capaz de escucharlos, al menos la mayoría dado que los dueños de aquellas voces estaban a kilómetros de distancia. Esta vez, logró reprimirse y se limitó a escuchar, al menos la mayor parte de la noche.

Pero lo que le mantuvo en despierto toda la noche no fue eso, sino algo más profundo. Se había sentido intranquilo, excitado, y tenía que liberar tensiones de alguna manera. Nunca había sido obsesivo en lo referente a tocarse, quizás alguna noche…

Pero durante esos días había sentido la imperiosa necesidad de hacerlo, sólo que desde que era lobo, había sustituido la masturbación manual por lamerse sus partes, por puros impedimentos físicos. ¡Pero no penséis mal! No se había pasado la noche así, sino que entre los reclamos de sus congéneres, sus "necesidades", y ella…

Sí, se trataba de la Princesa Zelda. Se sentía intranquilo por el hecho de que estuviera con Facade, además de su creciente y misterioso apego a ella durante los últimos días. La estuvo esperando tendido en su cama, y sobre las tres de la madrugada, sintió su aroma que últimamente le estaba atrayendo demasiado. Salió a los pasillos, y pronto se reunió con ella, cosa que a la princesa le sorprendió bastante. Ella estaba agotada y no se paró demasiado a hablar con él, sólo quería irse a dormir. Se dirigió hacia sus aposentos y se tiró sobre la cama cuando llegó, cayendo en un profundo sueño. Lo que ella no sabía, es que Link le había seguido, y se encontraba frente a su puerta. Estuvo allí toda la noche, como pudieron comprobar los guardias que hacían guardia cerca de allí. Daba vueltas en círculos sin sentido, se tumbaba en el suelo cambiando constantemente de posición, a veces gemía un tanto nervioso sin saber por qué… fue una noche muy larga, apenas concilió el sueño.

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Por la mañana, Link dormía junto a la puerta de su ama, aunque no llevaría más de una hora en ese estado. Se levantó bruscamente cuando oyó ruidos proceden del cuarto de la princesa, eso significaba que estaba despierta. Corrió a esconderse antes de que ella saliera, a tiempo gracias a sus agudos sentidos y a sus rápidos reflejos.

Cuando la vio alejarse, le pareció el mejor momento para salir de su escondite y seguirla. Zelda no se dio cuando de ello hasta que lo tenía a su lado, pero no le pareció extraño puesto que iban a desayunar. El llamado "sigilo del cazador", su presa no se dará cuenta de su presencia, hasta que sea demasiado tarde…

Dejando las metáforas a un lado, el desayuno transcurrió con tranquilidad, a excepción de las miradas envenenadas que le lanzaron la reina Galatea y ese Facade. Por lo demás, él agradeció la ausencia de Molto, que estaría comiendo cómodamente en su habitación; y también le encantó ver a Facade con el brazo vendado, ojalá se lo hubiera roto…

Después de la comida, los nobles se marcharon a conversar y a pasar el tiempo en el Salón Real, llevándose la reina a su querida gata. Mientras, él y Valentín decidieron ir de nuevo a la ciudad, a ver qué cosas les sucedían hoy…

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-¡Qué bueno, compadre! ¡Me cayeron bien esos cuacos! ¡Y también ese chancho peludo y grandote! –ladró contento mientras paseaban.

-Te lo repito otra vez… es un Bullbo, no un cerdo gigante.-le repitió algo cansado repetírselo.

-¡Ya veo! ¡Ahorita sé porque se encabronó tanto conmigo! ¡Fallo mío! –por fin, la mente "brillante" de ese perro, hizo acto de presencia.

La razón de todo esto era que se habían colado en los establos, para que Valentín conociera a los amigos equinos de Link.

-Snif, snif…-olisqueó el perrilo- Oye, güey… ¿No hueles algo rancio? –le preguntó confuso.

-Uhm…-él también olisqueó el ambiente- Sí, creo que lo he olido antes…-comentó intentando recordar.

-¡Vamos a fisgonear! –ladró al mismo tiempo que echaba a correr.

A Link no le quedó más remedio que seguirlo, y tras un rato, llegaron a la entrada de un callejón cerrado. Su aspecto era un tanto fúnebre y oscuro, daba algo de repelús, pero no se encontraban en los barrios bajos. En aquella calle había unas pocas edificaciones, pero sólo una parecía ser una vivienda. De una de las casas, salía un espeso humo blanco por la chimenea, aunque eso no era nada anormal. Al lado, había otra casa donde por fuera habían varias personas vestidas de negro, que parecían estar de luto. En ese mismo lugar, había un pequeño campanario, y se oyó sonar en ese momento la campana del lugar. Y por último, había lo que parecía ser la entrada a los subterráneos de la ciudad, a los cuales se accedía por unas escaleras. La entrada ese sitio estaba hecha de piedra, decorada con elementos solemnes y una representación de las Diosas lamentándose por algo. Allí, personas entraban o salían del lugar, bastante tristes.

-Creo que ya sé donde estamos…-comentó incómodo Link- A este callejón se le conoce por la "Calle de la Muerte". Es donde está la entrada a las catatumbas de la ciudadela, la funeraria, el velatorio y la incineradora. Además, aquí es también donde vive el verdugo de la ciudad. Y por lo que veo, se debe estar realizando la quema de algún muerto y también velando a otro…

-¡Híjole, lo que olí fue a morongas! ¡Qué mal pedo! –gimió asustado, temblando- Además… ¡Aquí reside el sayón!

-Sí, resulta incómodo pensar en eso…-añadió- Pero siento lástima por ese hombre, sólo cumple con su obligación. A nadie le gusta vivir cerca de un verdugo, por eso se decidió que viviera aquí, una decisión tomada desde hace unos siglos.

-¿Aquí dan cuello a alguien en público? En Gamelon sólo se hace si es un individuo muy buscado o lacra…-le preguntó con temor el perrillo.

-Sé que para que condenen a muerte a alguien en Hyrule, tiene que ser alguien que responda al perfil que tú dices o haber cometido un crimen aberrante. También puede llevar a la muerte ciertos actos deshonrosos o dañinos para el reino o su soberano, pero eso suele ser en el Ejército, a los cuales los juzgan mediante un consejo de guerra. De todas formas, este es un país muy tranquilo. Y te aseguro, que a nadie le gustaría ser encerrado en las mazmorras, sobre todo si es mucho tiempo o de por vida. Las condiciones de vida son muy pésimas, muchos de los que pasan años encerrados, acaban suicidándose…-le contó con cierto repelús- Respecto a lo de las ejecuciones en público, creo que hace años que no se hacen, desde el reinado del abuelo de la princesa, Harkinian XIV.

-¿Podríamos irnos? Se pone el pelaje en punta al estar aquí…-los animales pueden sentir cosas que a las personas les resultaría imposible, quizás por eso estaba tan nervioso.

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-¿Ahorita a dónde vamos? –le preguntó impaciente de nuevo, y eso que apenas se habían alejado algunas calles de ese lugar tan siniestro.

-Me apetece ir a la taberna de Telma, de nuevo…-le comentó sereno.

-¡Qué chido! ¡Allá ocurren muchos dramones! ¡Me pregunto qué ocurrirá hoy en la cantina! –ladró feliz, era demasiado chismoso para ser un perro.

Link suspiró, se había acostumbrado a la extraña personalidad y gustos de aquel chucho. Y poco antes de llegar, volvió a incordiarlo con alguna de su "urgencias"…

-Si no te importa, voy a echar una firma en esa esquina…-y se dispuso a orinar.

-¡Ahí no! ¡Hazlo en otra parte! –le gruño enfadado.

-¡Cuate, no lo iba hacer allá! ¡Sé que tienes tu marquita puesta! ¡Y es una gran ofensa mear donde otro macho lo hizo! –habló intimidado y sumiso.

Link se disculpó, no sabía que le había pasado. Y de pasó, él también fue a vaciar la vejiga, remarcando su territorio.

-¡Aaagg! –se apartó intimidado y sufriendo por su olfato- ¿Eso es pis o es ácido, compadre?

-Lo siento, sé que de por sí la orina de un lobo es más potente que la de un perro, pero últimamente su olor es más fuerte.-le confesó algo avergonzado.

-Pues eso es bueno…a las hembras les gusta eso. Pero soy macho, a mi me achanta…-habló incómodo y precavido.

-Un momento… ¿Es por eso que varias perras se han acercado a mí durante estos días, con una actitud que no me ha gustado nada? –se preguntó a sí mismo, pero también iba para su amigo.

-¡Órale, está muy claro! ¡También dijiste que le tumbaste el título de alfa a un perro bravero! ¡Eso da prestigio entre las damitas! ¡Aunque te debes ver raro en tu situación! –se burló de él, para luego reírse como lo hace un perro.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Link, erizando un poco su pelaje. Siguieron andando hasta que casi llegaron al callejón donde estaba la taberna, pero un curioso olor atrajo a Link.

-¿Qué hueles? –le preguntó Valentín al ver que olisqueaba el suelo.

-Recuerdo este olor, pero ahora mismo no sé de quién podría ser…-habló oliendo con más insistencia la zona, frustrado.

De pronto, oyó la voz de una chica que estaba a punto de salir del bar.

-¡Es Ilia! ¡Tengo que esconderme antes de que me vea! –y lo hizo, concretamente detrás de unas cajas de madera.

Valentín lo imitó, pero no supo el motivo de aquello. Ilia salió acompañada de Telma, y se quedaron un momento charlando en la puerta.

-¿Entonces dices que Link se ha ido de Hyrule y no sabes cuándo volverá? –le preguntó Ilia a Telma, apoyada en la pared y con los brazos cruzados.

-Así es, a todos nos cogió por sorpresa esa noticia. Fue Auru quién nos lo contó, al parecer tuvo que irse tan a prisa que no le dio tiempo a despedirse. Y según él, su tarea es tan secreta e importante que tuvo que irse en otro caballo, sin sus armas, y creo que incluso disfrazado para que no lo reconocieran. Me sorprende que Auru no os haya mandado una carta a los que vivís en Ordon, ya que incluso mandó una carta a Renado contándoselo.

-Pues no, por eso vine aquí a enterarme de por qué no hemos sabido de él desde que volvió a la Ciudadela tras su cumpleaños. Pero ahora que me cuentas esto…-habló al principio molesta, pero pasó a estar decaída- En fin, no se puede hacer nada, habrá que esperar a que vuelva de lo que tenga que hacer fuera de Hyrule…sólo espero que no le pase nada.

-¡No te preocupes, el muchacho sabrá ingeniárselas solo! ¡Ya lo ha demostrado en más de una ocasión! –le animó la tabernera- ¡Bueno, tengo trabajo que hacer! ¡Pásate luego por mi casa, dormirás en el cuarto de invitados y tendrás un buen plato de comida caliente! ¡Hasta luego, jovencita! –se despidió alegre, entrando de nuevo en su local.

Ilia se quedó cerca de allí, suspirando…

-¿Dónde estás…Link? –murmuró triste, mirando al cielo.

Cuando se marchó, Link se quedó callado, pensando en que había estado preocupándolos a todos, y sobre todo a ella.

Llevaba sospechando que Ilia había llegado a la ciudadela desde que visitó los establos ese día. Percibió su olor en los establos, y además vio a Laurel y Hardy, dos machos cabríos. Ellos eran especiales, ya que en Ordon los usaban como sustitutos de los caballos. Eran bastante más grandes, rápidos y fuertes que el resto de las cabras. Los ordonianos los habían criado desde que nacieron, eran gemelos, puesto que nacieron prematuramente más grandes de lo normal y su madre no pudo resistir al parto. Link quiso hablar con ellos, a riesgo de que se asustaran o algo peor, para preguntarles el motivo de que estuvieran allí. Pero no pudo hacerlo, debido a que Valentín tenía muchas ganas de conocer a los amigos de Link en el establo, y tuvo que resignarse.

Aparte de todo eso, en el momento de llegar al callejón donde estaban la taberna y la casa de Telma, vio que la puerta del almacén donde solía guardar esta su carromato no estaba bien cerrada, se había olvidado de pasar la llave por la cerradura. Seguramente, porque antes habría tenido que meter el carro de Ilia, y además percibió también el olor de esas dos cabras.

-¿Esa la chavita que te gustaba? Es muy linda…-comentó Valentín saliendo de su escondrijo- Se ve que anda preocupada por ti, compadre.

-Ya lo sé, y no me gusta que esté así…-dijo molesto consigo mismo.

-¿Cuándo volverás a ser un hombre? –le preguntó con curiosidad.

-Ojalá lo supiera…esto de ser lobo a tiempo completo está empezando a hartarme, y también a afectarme.-suspiró decaído.

-No te apures, cuate…-le animó colocándose a su lado- Por cierto, calé antes que se sentiste muy nervioso cuando ella estaba cerca, y no por tener frío a que te viera…

-¿Qué quieres decir?

-Te sucede igual con la princesa...-siguió insistiendo el perrillo.

-¡No sé lo que me pasa! ¡¿Vale? –le gruñó enfadado- ¡Llevo días sin poder pegar ojo más que un rato por la noche! ¡Y no vengas con la excusa de que los lobos son principalmente nocturnos! –le disuadió- Ya no puedo más…esto me está volviendo loco. Anoche estuve rondando cerca de la habitación de Zelda…se está convirtiendo en una obsesión para mi.-se derrumbó, estaba harto de lo que le sucedía.

-Oh, cuate…-se apoyó en él para animarlo- Pensaba que lo sabías…

-¿Acaso tú sabes lo que me ocurre? –levantó la cabeza, ansioso por conocer su respuesta.

-¡A huevo! ¡Eres lobito! ¡Andas fierro todo el día, es normal!

-¿Cómo? –no entendía nada.

-¡Está claro, compadre! ¡Qué menso! ¡Eres chavo de cabeza, pero te ves animal ahora! ¡Debe ser tu primera vez, por eso andas tan confundido! ¡Te cachó la estación del amor! ¡Estás en celo, cuate!

-¡¿Cómo? –se apartó de él bruscamente, asustado- ¡Pe-pero eso es imposible! ¡Sigo siendo un hombre, aunque mi apariencia diga lo contrario! ¡Debería ser capaz de controlar esos impulsos!

-No puedes, meco…-negó con la cabeza- No te apures, pronto pasará. Sólo durará unos días, después serás el mismo. Tienes suerte, no tocó con el celo de las perritas este año…aunque tus feromonas las excitaron también. ¡Qué gran macho está hecho! ¡Por eso le caíste gordo a Molto, él es otro alfa!

-Por las Diosas…debe ser verdad. ¡Y estaré así hasta que se termine la temporada de apareamiento! –aulló frustrado hacia el cielo.

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-¡Venga, trae el palito! ¡Se supone que es algo que os gusta a todos los cánidos! –le incitó Gustaf, pero Link seguía sin moverse, mirándolo atravesado.

El día después de que descubriera todo eso, Gustaf no quiso que su mascota se marchara sola a la ciudad, quería pasar más tiempo con ella en el castillo, y se encontraban en ese momento en los jardines. Era por la mañana, y Link no estaba de buen humor, le había pasado lo mismo de la noche anterior…

Ahora el duque quería que fuera tras un palo, después de haberlo intentado con una pelota y un hueso de res para tentarlo. El lobo estaba sentado, sin moverse.

-¿Por qué no vas tras la rama? ¡Es muy padre! ¡Y jugar con la bola también lo es! –le animó el perro, jadeando alegre y moviendo la cola.

-No soy un perro…aún conservo mi dignidad como hombre.-le contestó serio, sin apartar su mirada firme hacia su dueño.

De pronto, olió el aroma de su princesa, que se acercaba tranquila hacia donde ellos estaban…

-¡Menos mal que estás aquí! –exclamó el duque- ¡Tu mascota es de lo más aguafiestas! ¡No se ha querido mover de ahí en toda la mañana! ¡Mi pobre Valentín ha tenido que jugar solo conmigo!

-Te olvidas de que es un lobo, no creo que quiera divertirse con ese tipo de entretenimientos…-le explicó algo incómoda, sabiendo lo humillante que sería para Link todo eso.

-¡Seguro que a ti te hará caso! ¡Ten, coge esto! –le ofreció el palo.

Zelda se quedó sin saber qué hacer, y Link esperando que rechazara la oferta rotundamente.

-¡Te prometo que si lo haces, me entretendré a mi hermano y a mi madre durante unas horas!

-¡De acuerdo, te demostraré lo que es capaz este animal! –le arrebató el objeto, la había convencido del todo.

Link retrocedió con la intención de marcharse, no estaba dispuesto a sufrir aquella humillación…

-¡Link, ven aquí! –le ordenó autoritaria.

No supo por qué volvió, pero se arrepintió de ello enseguida. Zelda comenzó a ordenarle hacer trucos sencillos, de esos que les enseñaban a los perros. Sin embargo, él se negó, hasta que de repente ella se agachó, y le susurró al oído…

-Será mejor que colabores…-aquello estremeció a Link, debido a la cercanía- Si lo haces, podrás quitarte de encima a esos tres durante un buen rato… ¿No te parece un buen precio por la poca dignidad que aún te queda?

Al final, aceptó, le parecía un buen trato. Lo siguiente que hizo fue sentarse, dar la pata, tumbarse panza arriba, saltar, rodar, alzarse sobre las patas traseras e incluso avanzar un poco dando brincos…todo para entretener a ese "duquesito".

-¡Qué cool! –aplaudió emocionado- ¡Lo tienes bien adiestrado! ¡Ojalá Valentín supiera hacer todo eso! ¡Y sé que no me lo has enseñado todo! ¡Trato hecho, dentro de un rato, me llevaré a mi familia de compras por el barrio rico!

-Me parece bien, tal y como acordamos…-asintió solemne- Me marcho, he de atender unos asuntos…-mientras se alejaba, pudo ver como parecía aguantarse la risa. Y cuando ya desapareció de su vista, la oyó reírse a carcajadas. Link se sentía ridículo…

-"¡Serás mentiroso! ¡¿Cómo que dentro de un rato? ¡Márchate ahora, lo prometiste!"-le ladró y gruñó enfadado.

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Órale! Ha estado chido…-comentó Valentín, tumbado boca arriba- ¡Estamos chamagosos, nomás compadre! ¡Me gustó estar por los jardines! ¡Y darnos unos regaderazos en las fuentes! Estoy deslechado…-y abrió completamente la boca para bostezar.

Ambos descansaban tumbados con las panzas al aire, bajo un árbol. Se estaba poniendo el sol, y Valentín estaba esperando a que volviera su amo. Oyeron como los guardias abrían la enorme puerta algo más lejos de donde estaban ellos, y el Chihuahua se levantó corriendo, muy ansioso. Vinieron pasar a Facade y a su madre, escoltados por sus guardias, mientras un par de siervos cargaban lo que habían comprado en la ciudad. Gustaf caminaba detrás de ellos, portando él mismo una pequeña bolsa. Su perro fue corriendo hacia él, y saltó como una liebre para que lo arropara entre sus brazos.

-¡Hola, chiquitín! ¿Te lo has pasado bien durante mi ausencia? –le habló como si fuera un bebé- Ya veo que sí, estás sucio e incluso tienes algo de barro en las patas.

El animal lo olfateó, y se quedó un tanto extrañado.

-¿Te gusta? ¡Me he comprado este perfume en la ciudad! ¡Se llama "Miss Dior Cherie"! ¡Me pareció curioso, aunque sea un perfume para mujeres! –y se rió alegre.

-"Ay, qué joto…nunca cambiará" –comentó, aunque a la vista de su amo sólo estaba jadeando- "¡Ahí te ves! ¡Nos vemos mañana, cuate!" –ladró indicándole que él y su dueño se marchaban.

Link sólo pudo suspirar, y al ver que se iban, aprovechó para dar una vuelta por la ciudad. Había algo que llevaba alterándolo desde hacia unas horas…

XOXOXOXOXOXOXO

Pasaron una o dos horas desde que se puso el sol, y el olfato de Link le había conducido finalmente a la Entrada Sur de la Ciudadela. Todavía quedaba algún carro o viandante que se dirigía a entrar a la populosa ciudadela, aunque ya no había tanta actividad como hacía sólo un rato. Pero él no se quedó en esa pintoresca entrada, sintió el impulso de salir a campo abierto, conociendo los peligros que podía entrañar eso. Aunque desde que terminó la invasión, no era tan peligroso circular por las tierras de Hyrule.

Siguió andando durante bastante rato, puede que una hora o algo más, mientras seguía escuchando los aullidos de otros lobos, esperando no penetrar en el territorio de ninguna manada. De pronto, captó el olor de algo que le cautivó bastante, su aroma era muy atrayente. Llevaba siguiendo precisamente ese rastro desde que salió del castillo, aunque con muchísima menor intensidad. Sabía que el dueño de ese olor se encontraba muy cerca, y sus sospechas se confirmaron al oírlo acercarse.

Se volvió violentamente hacia ese individuo, debido a que se le había acercado por la espalda. Se relajó un poco al comprobar que se trataba…de una joven loba. Aquel animal poseía un pelaje plomizo, al igual que él, pero era más pequeña y delgada. Poseía unos ojos almendrados amarillentos, como cualquier lobo normal, algo que pareció sorprender a la hembra cuando vio a Link, puesto que los suyos eran azules.

-Eres un macho de lo más curioso, me gustas…-su tono interesado y la manera en la que se acercaba puso muy nervioso a Link- ¿Qué pasa? ¿No dices nada, "lobito amaestrado"?

-¿Qué quieres decir con eso? –fue lo único que se atrevió a decir, su presencia le imponía misteriosamente.

-¡Es obvio! ¡Nunca he visto a un lobo que resida en un asentamiento de esas bestias! ¡Y con collar incluido! ¿Te capturaron cuando eras un cachorro o te hiciste pasar por un vulgar chucho para acceder a un suministro casi inagotable de comida? –le preguntó curiosa, mientras lo observaba muy de cerca.

-Podría decirse…algo parecido a lo segundo.-le contestó tras dudar unos instantes, mientras la loba seguía investigándolo con interés.

-Eres un chico listo, aunque eso te haya obligado a abandonar tu dignidad como lobo. No me importa, no todo tu territorio debe abarcar solamente ese infecto lugar…-comenzó a hablarle mientras rozaba ligeramente, algunas veces, su cuerpo contra el de él.

-¿M-mi territorio? –le preguntó paralizado, aquello no le gustaba en absoluto.

-No te hagas el tontito, sabes a lo que me refiero…-se colocó delante- He olido tus marcas, y sé que eres el macho alfa del lugar, además que me has tenido encandilada con tu aullidos…-oyó un ligero gruñido procedente de ella, no precisamente porque estuviera enfadada.

-Sólo hacia lo mismo que vosotros…-intentó excusarse, jadeando debido a su incapacidad transpirar por la piel. Ya que si siguiera siendo hombre, ahora estaría sudando.

-Uhm…-acurrucó la cabeza unos segundos en el cuello de Link- Me gustan los machos que saben el lugar que les corresponde, en presencia de una hembra, pero también me gustan que sean dominantes cuando la situación lo requiera… ¿Sabes a lo que me refiero? –le dijo con una voz sensual, un gemido por su parte al restregar su cuerpo cariñosamente contra él, y mirándolo muy de cerca a los ojos.

-"¡Maldita sea! ¡Lo que me faltaba! ¡Ahora me estoy volviendo zoofílico! Aunque siendo un lobo, no sé si se podría definir así… ¡¿Pero en qué estoy pensando? ¡Eso es una aberración!"-pensó nervioso, sin quitarle la vista a la loba.

La situación en la que se encontraba le tenía muy preocupado. Sobre todo, por el aroma atrayente de aquella hembra, más concretamente…de sus genitales. La loba también lo olfateaba por todos lados, parándose una vez en los genitales del licántropo. Pero cuando Link ya estaba al borde de la locura, dudando entre quedarse o salir huyendo, algo molesto bastante a la hembra…

-Oh, vaya…-suspiró decepcionada la loba.

-¿Qué te pasa? –le preguntó curioso, recibiendo un gruñido por parte de ella.

-Tu olor no es el de un macho soltero, o al menos todavía no habéis consolidado vuestra unión…-le habló desconfiada, para luego casi rugir- ¡Aaag! ¡Menuda perdida de tiempo! Deberías estar cortejando a tu compañera, en vez de dar falsas esperanzas a hembras solteras como yo…-le aconsejó mientras se marchaba con malos humos y gruñendo por lo bajo- Maldito promiscuo…

Link se quedó confuso, no sabía lo que acababa de pasar…

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Miau, miau, miau! –se rió felinamente Louise- ¡¿Aquella loba hizo eso? ¡No me lo puedo creer!

Todos los gatos se reían debido a la historia que les acababa de contar Link, que había regresado corriendo a la ciudadela tras lo ocurrido, buscando el consejo de sus amigos felinos.

-No me hace ninguna gracia…-gruñó por lo bajo- Y aún sigo dándole vueltas a lo que me dijo…

-¡Pobre tonto! ¡Aún no se ha dado cuenta! –se burló Hércules- En términos hormonales, tus feromonas dicen que ya estás comprometido con una hembra…

-¡¿Cómo? –se apartó de ellos horrorizado- ¡Eso es imposible! Y en todo caso… ¡¿Con quién?

-¡Apuesto mi leche por Ilia! –intervino Louise- ¡Si hubierais visto como se puso cuando Ilia se reunió con mi ama ayer! ¡Fue divertidísimo! ¡Lo pude ver todo desde el tejado de mi casa! Y cuando ese chucho le explicó lo que le pasaba… ¡Ja, ja, ja! ¡Fue tronchante! –se burló la gata.

-Pues yo apuesto también por ella, aunque no la conozca…-añadió Cris, la otra gata del grupo.

Poco a poco, cada uno fue haciendo sus apuestas, ante la estupefacción de Link…

-¡Bueno, bueno! ¡No nos precipitemos! –hizo callar a sus congéneres la gata de Telma- Gatos, seamos sinceros, quién tiene de verdad coladito a nuestro amigo es… ¡La Princesa Zelda! –maullaron al unísono esto último.

Link retrocedió alarmado, incluso se cayó de espaldas.

-¡No, estáis locos! ¡¿Yo con la Princesa? ¡Eso no puede ser! –defendió con uñas y dientes su opinión- ¡Me parecerá bella, pero ni que fuera la única mujer atractiva que existiera!

-¡Qué gracioso! ¡Es como en "La Bella y la Bestia"! –maulló emocionada Louise.

-¿Qué es eso? –preguntaron curiosos los otros gatos.

-Es un cuento para niños, Telma suele contarme historias cuando retozamos tranquilas en el sillón del salón, junto a la chimenea.

-¿Y entiendes lo que pone? –preguntó curioso Wiskas, otro gato de la pandilla.

-Más o menos me acabo enterando de lo me narra, además de que es un libro con imágenes, y me guio bastante por los dibujos.

-Vaya… ¡Qué raro que le cuenten cuentos a un gato! –habló con su típico tono bobalicón el gato arrabalero, Lucas.

-¿Hay algún problema en que mi dueña me cuente cuentos? –le preguntó amenazándolo, sacando las garras.

-¡Miau! ¡No, si es bueno! ¡Fomentemos la cultura en los gatos! –maulló nervioso, intimidado por su líder.

-Eh… ¿Podríamos volver al tema que nos ocupaba? –les recordó Link, que había sido ignorado desde que Louise nombró lo de aquella historia fantástica.

-Ay…-suspiró la gata, tumbada en el suelo mirando al cielo- Hombrecito tonto…tal vez por eso tu animal interior es ese, porque no pareces querer andar conquistando hembras para satisfacer tus instintos, como hacen otros. Qué bonito…los lobos se emparejan de por vida, aunque no sé si eso es una virtud o un problema. ¡Ja, ja, ja! –se burló de aquello- Los gatos solemos ser más liberales…a cuántos amantes habré dejado atrás a lo largo de mi corta vida…-divagó la gata.

-No deberías ser tan arrogante…-bufó molesto Hércules.

-Je, je…no deberías quejarte, tú también eres un cortejador nato…-se acurrucó cariñosamente en él- Aunque debo admitir, que eres mi favorito…-le dijo en un tierno ronroneo.

Hércules le correspondió, algo que incomodó a Link, dado que él veía las relaciones desde el punto de vista de las personas.

-Bueno, dejando esto a un lado…-habló recostada junto a su gato- Deberías hacer caso a tus instintos, no creo que sea nada malo…-el lobo se quedó callado, sin darle una respuesta.

-Me parece que todavía anda dudando sobre con quién quedarse, si con Ilia o su princesa…-añadió Hércules.

-¡Yo no estoy dudando de nada! ¡Sois vosotros quienes me estáis confundiendo! –le gruñó enfadado, marchándose definitivamente de allí.

-Qué cabezota…-suspiró Tony, uno de los gatos- Admitámoslo, tendrá la apariencia de un animal, pero su mente sigue perteneciendo a la de un hombre.-los demás gatos asistieron ante tal verdad.

XOXOXOXOXOXOXO

Estaba en el castillo, vagabundeando por los pasillos. Había llegado tan tarde, que todos ya estaban durmiendo, a excepción de los guardias del turno de noche. Iba pensando en todo lo que le había ocurrido, sin darse cuenta del rumbo que estaba tomando. Sólo se dio cuenta cuando chocó contra la puerta de la habitación de Zelda, aullando frustrado por haber acabado ahí de nuevo.

Sin embargo, aquel día no se limitó a quedarse esperándola en la puerta, sino que gracias al cabezazo que le dio a la puerta, comprobó que no estaba del todo cerrada. No supo que se le pasó por la cabeza en ese momento, pero abrió finalmente la puerta. La cerró de nuevo con cautela, y se acercó con sigilo, casi acechando, a la cama de ella. Observó que dormía plácidamente, algo que hizo que misteriosamente se sintiera sosegado. Su mente le ordenaba que se marchase de allí, pero su cuerpo se quedó estático, tumbado en la alfombra que había a los pies de la cama. Estuvo así toda la noche, mirándola nervioso, e incluso se le escapó algún que otro gemido de cachorro temeroso, pero que logró reprimir en algunas ocasiones.

Pasaron las horas, y cada vez el cansancio hacia más mella él, pero se espabiló enseguida al oír despertarse a la princesa. Se alarmó, como nunca antes lo había hecho, y no se le ocurrió otra cosa que escabullirse bajo la cama. Desde allí, vio apoyar los delicados pies de ella en la alfombra y la oyó bostezar al estirarse. Caminó hacia su armario, y eligió el vestido que se pondría ese día, aunque normalmente solía ponerse uno del mismo modelo. Cogió otros adornos, perfume y algo de maquillaje para su persona, y se fue a su baño a prepararse, cerrando la puerta. Link suspiró realmente aliviado, lo único que le faltaba era verla desnuda…

Estuvo un buen rato ahí metida, preparándose, durante el cual Link pudo irse. Pero no lo hizo, estaba paralizado. La princesa salió del baño, lista para afrontar un nuevo día, y en ese momento alguien tocó la puerta.

-¡Majestad, se presenta ante usted su fiel sirvienta Anabel! –anunció su llegada- ¡Deme permiso para entrar, junto con otras dos criadas, para hacernos cargo de sus aposentos!

Zelda abrió la puerta, y en efecto era ella, con otras dos chicas y todo lo que necesitarían para cumplir con su trabajo.

-Ya sabéis que hacer…-les recordó mientras salía al pasillo- Cuando acabéis, cerrad la puerta con llave, como todos los días.

Ellas asintieron, entrando a la habitación tras haberse marchado la princesa.

-¡Bueno, chicas! ¡A trabajar! –animó Anabel a las otras dos.

Las chicas fueron limpiando y ordenando la habitación de su soberana. Mientras, Link se arrimaba más a la parte de atrás de la cama, escondido maldiciéndose a sí mismo.

-"¡Mierda! ¡Ahora sí que no podré salir! Si me ven, se lo dirán a ella… ¡¿Por qué no me escape cuando Zelda estaba en el baño?"-gimió asustado, observando y escuchando todo lo que sucedía.

-¡Anabel, voy a retirar las sábanas! ¡Y de paso limpiaré debajo de la cama! –dijo una de las chicas. Link podía darse por perdido en ese momento…

-¡No, sabes que la Princesa le gusta dormir con las mismas durante varios días! ¡Y ya limpiamos debajo de la cama ayer! ¡No se ensucia tanto de un día para otro! –le recordó Anabel.

-¡Ah, es verdad! ¡Qué torpe! –se golpeó la frente al recordar, al mismo tiempo que todas se reían.

-Bueno…-paró de reírse Anabel- Lo que sí podrías hacer es sacar la ropa sucia de Su Majestad de la cesta del baño, eso sí que hay que hacerlo todos los días.

La muchacha fue a hacerlo, mientras su compañera hacía la cama. Un momento más tarde, se vio a la joven cargando con la cesta de ropa sucia, pero por un descuido se le cayeron algunas prendas. Entre ellas…la ropa interior de la princesa.

-"¡Por las Diosas!"-se tapó los ojos avergonzado, al ver las bragas de su soberana por el suelo. Pero sintió la curiosidad de mirar unos segundos, le parecía interesante y hasta excitante…

Continuaron limpiando, planchando, barriendo…hasta que lo dejaron todo impoluto. Se disponían a salir de la habitación, cuando una de ellas comentó…

-¿No se nos olvida algo? ¿La Princesa no nos decía siempre que preparáramos algo para cuando se fueran sus visitas, sobre todo las del Príncipe Facade? Creo que era algo relacionado con el baño…–preguntó dudando una de las chicas.

-Ahora que lo dices…creo que sí, pero no recuerdo que podría ser.-afirmó Anabel, también dudando- ¡Bah, luego volveremos! ¡Se lo preguntaremos a alguien! ¡Ahora lo que quiero es desayunar, que seguro que nuestros señores ya habrán acabado! –y con esto, se fueron, cerrando la puerta al salir.

Link salió de su escondrijo, acercándose a la puerta para mirarla desconsolado, seguramente no saldría de allí en todo el día. Se dedicó a curiosear la amplia y lujosa habitación, digna de una princesa. Fijó su vista en la cama, sintiendo el impulso de subirse sobre ella. Dudó en hacerlo, pero se encontró poco después tumbado sobre el lecho de su princesa. Se recostó gustosamente en aquella enorme cama, no por algo era la de un monarca. Nunca había tenido la oportunidad de disfrutar del maravilloso colchón y de sus sedosas ropas de cama, todo ello en una estructura de roble exquisitamente construida y tallada. Se arrastró un poco hasta el lado de la cama donde ella solía dormir, el derecho, y se sumergió en un mar de sensaciones que jamás imaginó. Entre la comodidad que proporcionaba aquella maravillosa cama, y el delicioso olor de la princesa que se había quedado impregnado en sus sábanas, daba gracias de que no las hubieran cambiado, hicieron que poco a poco entrara en un profundo sueño…

XOXOXOXOXOXOXO

Se despertó somnoliento, bostezando abiertamente y estirándose sobre la cama. De pronto, oyó un extraño ruido procedente del baño, que estaba casi cerrado, sólo dejando que el vapor saliera por aquella ínfima separación entre la puerta y el marco de esta. Link se alarmó, pero aún seguía atontado, y dedujo…

-"Ya me habrán descubierto…en fin, me imagino que será una de las chicas que andará limpiando el baño. ¿Eso era a lo que se referían, no?"-estando completamente despierto, jamás se le hubiera ocurrido semejante estupidez. Pobre ingenuo, si ya era de noche…

Se bajó de la cama, para mirar que estaría haciendo la muchacha. Total, tendría que enfrentarse con Zelda de todos modos, debido a lo que había hecho. Craso error…

Con el hocico abrió ligeramente la puerta, y lo que vio le dejó clavado en el sitio…

Allí estaba ella, la princesa, dándose un relajante baño caliente y aceites perfumados, además de una ligera capa de espuma, en su enorme y lujosa bañera. El agua caía con delicadeza sobre ella, mientras se relajaba y tarareaba alegre bajo la cascada de agua que producía su ducha. Se iba masajeando suavemente la piel, mientras se aplicaba aquellos aceites.

Link miraba todo aquello con una mezcla de terror y excitación, temblando al ver todo eso. Su mente le repetía una y mil veces que se subiera de nuevo a la cama e intentara disimular, pero su cuerpo no estaba por la labor de obedecerle. Estuvo observándolo secretamente durante un rato, hasta que lo peor llegó…

Se levantó, tras cerrar el grifo de su ducha, con la intención de acabar su baño. Antes, la espuma y el agua habían estado ocultando sus atributos femeninos, pero ya no…ahora la veía completamente desnuda.

Sus largos cabellos castaños caían sutilmente por su esbelta silueta…

La luz de las velas aromáticas que habían puestas en los bordes de la bañera reflejaban su húmeda, tersa y perfecta piel, cubierta en algunas partes por una fina espuma…

Y su curvas, era lo que más excitaba al pobre muchacho, ahora que podía verlas en todo su esplendor…

Link abrió los ojos como platos, y comenzó a respirar agitadamente. Su temperatura corporal subió aún más de lo que había estado esos últimos días…y claro, los lobos transpiran por la boca, por lo que empezó a jadear alterado. Habría que imaginarse cómo sería la escena si todavía fuera un hombre…quedaría realmente penoso. No pudo aguantar más la presión, y la poca razón que aún le quedaba, logró hacerle huir hacia la cama, haciendo un esfuerzo en vano por tranquilizarse y disimular. Ocultó la cabeza bajó las patas, intentando tranquilizarse, pero se alteró aún más cuando se dio cuenta de un detalle…

-"¡Nooo! ¡Ahora no! ¡Esto era lo peor que podía pasarme!"-se lamentó reprimiendo un agudo gemido, al ver a lo que le había llevado su excitación.

Se quedó anclado firmemente a la cama, esperando poder ocultar por todos los medios su rojizo miembro erecto. Sentía una vergüenza abismal, lo que impedía que pudiera aparentar tranquilidad. Tras un corto rato, apareció en escena Zelda, vestida un fino y elegante camisón y tapada con una bata roja igualmente lujosa. Ella, sin darse cuenta, estaba echando más leña al fuego…

-Vaya, vaya…-su expresión era un mezcla entre asombro y desprecio- ¡Debería darte vergüenza! ¡¿Te crees que no me había dado cuenta?

La cara de espanto de Link era ampliamente notable, y eso que entre tanto pelo no podía verse su palidez casi mortal. Lo había…

-¡Odio descansar en el lado izquierdo de la cama! ¡Apártate, hombre! –le ordenó molesta.

Link retrocedió sin despegarse de la cama, si entender lo que sucedía.

-¡Mucho mejor! –habló satisfecha mientras cogía un libro que había dejado en la mesa de noche de aquel lado, y se acomodaba para leer.

-"Debo estar soñando aún, esto es surrealista…"-pensó muy nervioso-"Vamos a comprobar si de verdad es un sueño…"-pensó para luego golpearse con fuerza contra el cabecero de la cama, pero el dolor le reveló que no era así.

-¿Podrías dejar de intentar romper el cabecero de mi cama? –le preguntó sin ganas, concentrada en su libro.

Link estaba alarmado, y de vez en cuando comprobaba si seguía manteniendo su erección, pero parecía que iba a seguir empalmado.

-"¡Por las Diosas! ¡Y encima no es la primera vez que me ocurre! Ya me sucedió durante el festival, mientras veíamos los fuegos artificiales; cuando conversábamos en los baños de aquella posada en el lago; y ahora esto…"-recordó incómodamente- "En aquellos baños, no pudo verme porque estábamos separados…pero durante el festival… ¡Maldita sea, por poco me descubre! ¡Si no hubiera sido por las palabras de esa borracha de Ilia! ¡Se me quedó mirándome desconfiada porque se me fueron los ojos observándola mientras recordaba aquello! Menos mal que no se le ocurrió mirar ahí abajo…ahora que lo pienso, ¿Por qué iba a mirar ahí? ¡Aaag! ¡No, quítate eso de la cabeza!" –se martirizaba a sí mismo con la idea.

-Te noto muy nervioso… ¿Hay algo que quieras contarme? -le preguntó mientras seguía atenta a su libro- ¡Qué disparate! ¡Si no puedo entenderte! –le golpeó en la frente al recordar esa obviedad.

-"¿Qué estas tramando? Esto no es normal, y tú lo sabes…"-gimió asustado, a saber que se le estaría pasando por la cabeza a la princesa.

-Me imagino que te estarás preguntando: "¿Cómo es que está actuando así conmigo, sabiendo el descuido que he cometido al quedarme dormido sobre su cama?"-parecía que hablara para sí misma- Pues bien, descubrí que estabas aquí gracias a mis criadas, que volvieron a mi habitación a prepararlo todo para que disfrutara de un relajante baño, me lo merecía. ¡No sabes cómo disfruto eso después de que Facade o cualquier otro huésped indeseable se marche de mi castillo! –habló aliviada y alegre- Por cierto, he visto que te has hecho muy amigo del animal de compañía de Gustaf, no pudiste despedirte de él…

-"¡Oh, rayos! ¡Todo por dormirme!"-se reprochó a sí mismo- "¡¿Pero qué estoy diciendo? ¡Eso no importa ahora!"

-Aparte de eso, llevo oyéndote merodear cerca de mi habitación desde hace algunos días. Y al entrar a mis aposentos anoche, no me dejaste dormir bien…-le comentó algo molesta.

-"¡¿Lo sabías? ¡Por las Diosas! ¡¿Y qué tratas de hacerme?"-se apartó sin despegarse de la cama, por algo obvio.

-¡No te asustes! ¡Sé lo que te ocurre! ¡Está todo en este libro! –le señaló el objeto- Se titula "Biología de los Bosques". Hay un capítulo muy interesante y completo sobre el Canis Lupus, o lo que viene a es lo mismo, los lobos…

-"¡Conoce mi estado! ¡Este es mi final!"-se tapó la cabeza avergonzado.

-Según este libro, estás pasando por una época emocionalmente inestable donde las hormonas y feromonas juegan un papel fundamental en tu comportamiento. Me imagino que ese es el motivo de tus molestos aullidos nocturnos, tu obsesión hacia las muchachas y en concreto hacia mí, tu carácter voluble durante estos días hacia los hombres u otros machos animales…y la razón por la que estás ahora mismo aquí, temblando ante mi presencia.-le miró de reojo, con una extraña sonrisilla- ¡Mírate, pareces un adolecente con las hormonas alteradas! Aunque sólo tienes veinte años…una edad muy avanzada para un lobo ¿No crees? –se burló de él- Bromas aparte, acabas de salir de esa fase vital o por lo que estoy viendo aún continuas en ella, das pena. Tendré solamente dos años y algunos meses más que tú, pero soy mucho más madura.

-"¿Algo más que decir? ¿Me tienes aquí acorralado sólo por eso?"-murmuró nervioso, pero Zelda se dio cuenta de ello.

-¿Jamás pensaste que tu actual forma te influiría tanto, verdad? ¡Me río al imaginarme a Gustaf sufriendo la misma situación que tú! ¡Ja, ja, ja! –bromeó optimista.

-"Sí…muy peligroso…"-un escalofrío recorrió el cuerpo de Link.

-¿Quieres que te cuente un dato curiso? –le preguntó retóricamente- ¿Sabes el motivo de que se permita la homosexualidad en Hyrule, Gamelon, Calatia, Labrynna, y hasta hace poco también en la Isla Koholint? Es porque todos esos países, exceptuando la Isla Koholint dado que este adoptó esa ley por su vinculación con Hyrule, tienen una importante población de Goron dentro de sus fronteras.

Parecían que le habían pisado la cola a Link, por el quejido que salió de él.

-"¡¿Qué tratas de decirme con eso?"-ladró espantado.

-Link… ¿No lo sabes verdad? –le preguntó algo incómoda- Aunque no es raro, suelen llevarlo con bastante secretismo fuera de sus territorios…-divagó- ¿Nunca has visto una mujer Goron, cierto? ¿Cómo crees entonces que se reproducen?

-"No tengo ni idea, pero seguro que me lo contarás… ¿Verdad?"-gimió asustado echando la cabeza y las orejas hacia atrás.

-A mí también me impactó cuando me lo explicaron en clase de "Culturas y Razas" cuando tenía 14 años, pero resulta interesante saberlo…-usó como preámbulo- El caso, es que física y anatómicamente son hombres, excepto por una pequeña parte…lo que los convertiría en hemafroditas.

-"¡¿Qué narices es eso?"-ladró nervioso.

-Por tu reacción, debo suponer que no conoces el significado de esa palabra. Si hubieras atendido más a mis clases…-le reprochó- En fin, "hemafrodita" significa que un individuo posee tanto el aparato reproductor masculino, como el femenino. Un ejemplo de ello son los caracoles o las lombrices de tierra, aunque lo que le ocurre a los Goron es algo más complejo. Son machos, sus genitales así lo demuestran, pero en su interior poseen algo parecido a lo que sería el útero y los ovarios de una mujer. Así que, se reproducen entre ellos, lo que a simple vista sonaría a…

-"¡Homosexualidad!"-siguió opinando, cada vez más horrorizado.

-Te explicaré de forma sencilla como nace un Goron. Parece como si te estuviera explicando de dónde vienen los niños…-y comenzó su explicación.

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"En sus relaciones sexuales, el Goron "domintante" penetra al "sumiso", por donde te puedes imaginar…y si coincide con una determinada época del año, el único periodo donde es fértil un Goron, quedará "embarazado". Durante diez meses, su embarazo será parecido al de una mujer. Se le hinchará el vientre, comerá más, deberá intentar no hacer ningún esfuerzo físico, sufrirá cambios en su carácter debido a las hormonas…lo de siempre.

Pero hay cosas que varían, como que la temperatura del interior de sus cuerpos ascenderá a más de 200ºC, algo que en condiciones normales, provocaría la muerte del individuo. Pero eso es necesario, dado que su cuerpo se prepara para transformar el alimento que consume el "padre" en nutrientes para su hijo. Ellos se alimentan principalmente de rocas y minerales especiales, aunque su organismo está adaptado para sobrevivir en casi cualquier medio, y también pueden comer lo mismo que nosotros. Funden esas rocas dentro de su cuerpo para extraer nutrientes para formar los cuerpos de sus hijos…

Durante el tiempo que dure su embarazo, no se dejará ver por extranjeros, si el Goron vive dentro del territorio de su clan. Y si habita en otra parte, casi no saldrá de casa. Cuando llega el momento de dar a luz, el parto será de lo más curioso…al no poseer una vagina, vomitaran. Sí, se dilatarán sus mandíbulas como si realmente fuera la vagina de una mujer, y traerán así a su hijo al mundo. Algo extraño, puesto que la fecundación se hizo por…

Un Goron recién nacido, es casi como un feto envuelto en algo parecido a lava incandescente, que se irá enfriando y solidificando el cuerpo del recién nacido en pocas horas, tras cortarle una especie de cordón umbilical. Aún así, seguirá expulsando esa materia durante toda su niñez, puesto que son los residuos que su cuerpo produce para crecer, que no es lo mismo que cuando defecan. ¿Nunca te has fijado que los niños Goron poseen un pequeño volcán en la cabeza? Precisamente esa es su función, aunque con la edad las "erupciones" se hacen menos frecuentes. Cuando son ancianos, algunos de ellos también presentan ese pequeño volcán, sólo que ahora en vez de crecer, están expulsando masa de su propio cuerpo. Por eso los Goron más viejos suelen ser pequeños…

Los Goron no suelen tener más de dos o tres hijos a lo largo de su vida, debido a su escasa fertilidad. Suele nacer normalmente un bebé, aunque no es raro que nazcan gemelos. Si preguntas cómo se alimentan los bebés Goron, te diré que no es lo que estás pensando, no los amamantan. En su lugar, se alimentan de papillas especiales que les preparan sus progenitores.

Cuando dos Goron conviven en pareja, cada uno tiene sus propios hijos del otro. Y los niños Goron, consideran a ambos sus progenitores, llamándolos "papás" con sus respectivos nombres. Suelen usar un apelativo más cariñoso al Goron que les "trajo al mundo", y usan otro distinto para su "padre". Normalmente, verás a un Goron acompañado de su hijo, puesto que algunos son padres solteros, están allí sin su pareja o disimulan su condición. Y si ves a una pareja con sus retoños, parecerá que sólo son amigos. Ten cuidado al juzgar a dos Goron que vayan en pareja, puesto que estos pueden ser sólo amigos, hermanos o su pareja.

Para terminar, te explicaré ahora que lo que se sucede cuando hay hibridación entre ellos y personas de otra raza, cosa no demasiado común. Normalmente, será con una mujer con la que se acuesten y podrán incluso tener hijos. Pero habrá algún caso en los que se juntan con algún hombre, pero eso es aún más raro."

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-¿Qué te ha parecido la explicación? Seguro que ahora verás a los Goron con otros ojos…

-"Estoy sin palabras, y al contarme lo del parto de un Goron, debe ser precioso contemplarlo…"-dijo irónicamente- "Además de lo raro que resulta todo esto, me he quedado con una duda…"-echó las orejas hacia atrás- "Los Goron tiene el cuerpo macizo y duro como una piedra, quizás por su alimentación, y poseen una fuerza descomunal… ¿Cómo podría aguantar una mujer mantener relaciones sexuales con un Goron? ¡La destrozaría! ¡Y no quiero pensar en lo que pasaría si lo hicieran con un hombre! ¡Qué horror! ¡¿Cómo he podido estar tan ciego? ¡Seré ingenuo! ¡A lo mejor saldrían de las piedras, quién sabe! ¡Como cuando me contaban de pequeño que los bebés brotaban de las huertas! ¡Soy imbécil! ¡Debería habérmelo imaginado! ¡Por tu culpa, y la de ese Gustaf, me estáis volviendo homófogo! ¡Yo que pensaba que sólo era una extravagancia, puesto que me calló bien Jeremías, ese hyliano gitano que tiene un negocio con cuccos en el Lago Hylia!" –aulló, era demasiada información que asimilar- "¡Mira qué bien! ¡Se me ha bajado la erección! Si me vuelve a ocurrir algo parecido, me acordaré de cómo se reproducen los Goron… ¡Seguro qué funciona!"-se fijó al darse cuenta que al aullar, se había levantado y ahora se encontraba sentado en la cama.

-¡Bueno, no te alarmes tanto! Es un tanto chocante, pero lo acabarás asimilando…-después de decir eso, bostezó- No sé tú, pero estoy cansada…-se quitó la bata y la colgó en el perchero que había tras la puerta del baño- Por cierto…puedes quedarte a dormir hoy si quieres.-le comentó seria, sin mirarlo.

Link estaba asombrado… ¿Le estaba pidiendo que durmiera en su cama? ¿Con ella?

-No saques conclusiones precipitadas, lo hago porque sé que por tu estado estarás acosándome.-aclaró con seriedad- Tras estos últimos tortuosos días, en los que no he dormido bien, quiero que me dejes dormir… ¡Más teniendo en cuenta que mañana será sábado! Además, ya dormimos cerca el uno del otro durante tu cumpleaños, así esto es parecido. Bueno, a excepción de que dormiremos más juntos y en una verdadera cama como esta… ¿Qué dices? ¿Te vas o te quedas? –le preguntó con un extraño tono.

Link no respondió, así que ella lo interpretó como una afirmación. Apagó todas las lámparas y se durmió dándole la espalda a Link, sin taparse con las mantas, quizás porque no le apetecía. El lobo, sin embargo, había dormido todo el día y le costaría conciliar el sueño. Estuvo un rato inquieto, nervioso, tumbado a su lado sin saber bien qué hacer. En un par de ocasiones, su vista rodó hasta las posaderas de la princesa, apartando la vista avergonzado.

-"Tranquilízate…no es cuestión de ponerse a pensar en eso ahora."-intentó mentalizarse- "Puede que esté bien pensar en eso, cuando uno está solo en su cuarto…pero no es lo correcto, y menos con ella delante. Puede que sea por lo que me dijo Valentín, pero temo que esto tenga consecuencias a largo plazo. No sé, siento que lo que me está pasando no es lo único que me tiene obsesionado con ella…"-suspiró- "En fin, intentaré dormir, pero va a llevarme un buen rato quitarme aquella imagen de la cabeza…"-al pensar en ello, se estremeció.

Como pronosticó, tardó dos horas en dormirse, hasta que se dio la vuelta, y dejó que el sueño lo consumiera…

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A la mañana siguiente, la luz del sol incidió sobre la princesa, haciéndola despertar de su placentero sueño. Se desperezó sin levantarse de la cama, rozando algo peludo. Se sorprendió un poco, pero luego recordó que ella misma le había propuesto dormir ahí. Se quedó mirándolo con una extraña mirada, y pasó su mano por su suave pelaje, acariciándolo. De pronto, retiró la mano bruscamente, y se dio la vuelta. Se sentó, y lo miró de reojo un tanto confundida, antes de levantarse para ir al baño. Allí, abrió el grifo de su ostentoso lavamanos, y se lavó la cara con insistencia. Se secó con una toalla y se miró al espejo, seria. Volvió a mirar a Link, que seguía dormido profundamente y suspiró. Volvió a mirarse al espejo y se dijo…

-Zelda… ¿Qué estás haciendo? –se preguntó a sí misma, mirándose al espejo y apoyándose en el lavamanos.

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Link caminaba por las calles de la Ciudadela, en un día nublado. Pero en esta ocasión, le acompañaba alguien especial, la princesa Zelda. Iba con su típica capa negra, guiando a Link a algún sitio.

-"Me pregunto en que estará pensando…lleva así de extraña toda la mañana"-se preguntaba Link, al mirarla cuando caminaban.

Llegaron a un callejón poco transitado, y ahí fue donde por fin le habló.

-Link…tengo que decirte algo importante…-le habló muy seria, algo que preocupó a Link- Ayer, después de una dura conversación con los Ministros, se decidió una cosa…no podrás permanecer más tiempo en el castillo.

Link se sorprendió enormemente por la noticia, y quiso que se lo explicara mediante un par de ladridos lobunos.

-Fue por atacar a Facade y porque el estúpido de Gustaf reveló que eres realmente un lobo. Te consideran demasiado peligroso, por eso ahora vivirás en la calle.

Link se quedó sentado, con la boca abierta mirando al suelo. Su acción había desencadenado reacciones que él jamás se esperó…

-De ahora en adelante, vivirás en la calle, como un vagabundo. Aunque no creo que te ocasione un problema, has demostrado que te las sabes ingeniar perfectamente solo…-intentó ser optimista, pero Link notaba que estaba triste- El mayor obstáculo que le veo, es que retrasará mi investigación, y tampoco podré tenerte controlado. Seguirás conservando tu collar, como garantía para que no te ataquen. Pero Auru me ha informado de que en la ciudad saben de tu tapadera como mi animal de compañía, y también desde hace unos días, que eres un lobo. No sé si esto podría ocasionarte problemas, sólo te pido…-se agachó de repente, y lo abrazó- Ten cuidado…

Link se quedó paralizado ante la acción de Zelda, y luego se marchó. Se quedó solo en aquel lugar, sintiendo como gotas de lluvia empezaban a caer del cielo, como si fuera una señal de que las cosas a partir de ahora serían más difíciles. Link sabía que sobreviviría perfectamente en la ciudad, con sus amigos gatunos, pero había algo que le preocupaba…

¿Pasaría algo si él no se encontraba en el castillo?

Continuará…

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Nota de Alfax: ¡Por fin, otro capítulo publicado!

-Sé que ha sido largo, pero espero que os haya gustado…porque ha sido mi primer intento de Lime. ¡Sí, Lime porque no han habido relaciones sexuales! Por eso cambiaré la calificación de este fic a "M", por cosas que pasarán y que no son solamente temas sugerentes...

-He de añadir que parte de esta historia fue posible gracias a "Instinto" de la generala, en la cual me basé un poco si os fijáis bien.

-Por otro lado, he de informaros que finalmente…suspendí mi examen. ¡Pero me da igual! ¡Pasaba igualmente de curso! Ahora me encuentro en Bachillerato, lo que sería una preparatoria para la universidad. Y por ahora me va bien, por lo menos me tocó unos grandes profesores de Matemáticas y Física y Química, las asignaturas que se me dan regular. Curiosamente, uno me dio clases hace dos años, y ambos me acompañaron al viaje de fin de curso. ¡Menudo cachondeo!

-¡Ah, por cierto! Para todos los lectores mexicanos, si me he equivocado accidental o intencionadamente (esto último por caracterización del personaje, no saquéis conclusiones), al escribir algo en los diálogos del "pequeño cuate", háganmelo saber. ¡No estoy para andar reprochando la forma de hablar de nadie! Qué siendo canaria, se sufre también…

Aunque curiosamente, en "TuBabel" ponen a Canarias como un país diferente, aún habiendo palabras canarias en el diccionario de España. Me huele a nacionalismo...

-Dejando a un lado mis batallitas, para terminar os contaré dos curiosidades de "The Legend of Zelda" en las que quizás ninguno se haya dado cuenta.

1º: ¿Recordáis el capítulo "Sucesos Inesperados" en el que Uli y Rusl poseían un dibujo muy lindo hecho por Link de pequeño? Pues bien, eso no me lo inventé yo…

Si tenéis el juego de "Zelda Twilight Princess", tenéis que ir a la casa de Rusl en Ordon, e investigarla con el zoom de la cámara. Si sois agudos, encontraréis el dibujo que os digo. Además, está ahí desde el comienzo de la historia, por lo que supuse…Si la hija que esperan no nace hasta casi el final de la historia, ¿Cómo es que está ahí? Por lo que deduje que el niño pequeño debería ser Colin (estoy harta del nombre en español, a partir de ahora lo llamaré así) y el mayor Link. ¡¿Curioso, no?

2º: Desde que salieron los primeros trailers del nuevo "Zelda Skyward Sword", muchos vieron por primera vez a esos pájaros gigantes tan curiosos. Pájaros…menudo comodín del habla, yo identifiqué enseguida en que especie real estaba basada, por mi devoción a la zoología desde los dos años. Se trata del Balaeniceps rex, o lo que es lo mismo, el Picozapato. Es un ave muy rara, y no me gusta nada su extraña mirada…en fin, que los "pájaros" del ZSS son simplemente una copia exacta de ellos. Sólo les pudieron una apariencia un poco más amigable, les cambiaron los colores y los hicieron algo más grandes.

¡Bueno, me despido! ¡Ya he hablado demasiado! ¡Y no dejen de comentar! ¡Chao!