Capítulo 82: La venganza de Cronos.
La muralla del Tártaro finalmente había sido destruida por Atlas, quien posteriormente sucumbió ante el majestuoso poder de Atenea, en lo que fue un terrible combate. Tras la destrucción de la puerta del Tártaro, el regreso de los titanes era inminente, por ello la diosa de la guerra y la sabiduría bañó con su sangre divina las doce armaduras doradas, las cuales se reconstruyeron, evolucionando a armaduras divinas.
En el templo de Júpiter, Zeus aguardaba el desenlace de los recientes acontecimientos. El final de la guerra santa había llegado, por ello el dios del cielo ofreció unas gotas de su sangre a las glorias que portan Aquiles, Belerofonte y Pólux, las cuales adquirieron la esencia divina, dado que los ángeles alcanzaron la novena conciencia.
El telón de una nueva guerra de tres frentes se ha abierto…
Monte Olimpo.
Templo de Júpiter.
En el esplendoroso recinto que se ubica al final del monte sagrado, Zeus estaba frente a sus tres guerreros, ahora devenidos en ángeles divinos. Repentinamente un extraño fenómeno comienza a actuar sobre el tiempo y el espacio, diversas grietas cósmicas comienzan a abrirse en el palacio.
—¿Qué es esto? —se pregunta anonadado y confundido Aquiles.
—¡Un fenómeno extraño está sucediendo! —exclama Pólux. —El tiempo y el espacio está fluctuando sobre todo el cosmos…
El dios y sus tres ángeles advierten que sus movimientos y sus palabras se vuelven lentos, como si fueran ralentizados por una extraña entidad.
—Esto solo puede significar una cosa… —dijo Zeus con calma. —El advenimiento del señor del tiempo, y su sed de venganza…
Ruinas de las Puertas del Tártaro.
Los santos de oro contemplaban sus ropajes divinos detenidamente, sus cosmos habían crecido de una manera exuberante y exponencial.
—¡Debemos darnos prisa! —interrumpe el momento Aioros. —No debemos olvidar que nuestras vidas son efímeras…
—¡Así es hermano! —manifiesta Aioria. —Debemos honrar el sacrificio de Shun de Andrómeda y detener a los titanes…
—¡Los titanes están ascendiendo al Olimpo! —exclama Athena. —Yo iré por Zeus, ustedes intenten retener a los titanes el mayor tiempo mientras logro derrocarle…
—Usaremos las horas que nos quedan de nuestra fugaz vida para detener la ambición de titanes… —tercia Dohko. —Se cumplirá la maldición de Urano, que el hijo derroque al padre de la misma forma que lo derrocaron a él…
—¡Por Athena! —gritan los santos de oro al unísono, mientras van en busca de los titanes.
Playa de Neptuno.
El viento soplaba en aquella hermosa playa que era parte de los dominios olímpicos de Poseidón, era plena madrugada, el sol se apoyaba sobre el mar, alumbrando el cuerpo de Sorrento de Sirena, quien había sido vencido por el ángel Belerofonte.
El general marino no había sido aceptado en el más allá, estaba débil y exhausto, sin fuerzas para moverse, pero había despertado. Juntando las pocas fuerzas que le quedaban logró mover torpemente sus brazos y piernas, arrastrándose rumbo al templo de Neptuno.
—Por mis compañeros y por Poseidón, no puedo quedar tan cerca, así tenga que arrastrarme por todo el Olimpo, llegaré…
Nube de Oort.
Los santos de Pegaso, Dragón, Cisne y Fénix se habían reunido, tras haber fracasado en sus solitarios intentos de destruir el sol de Helios.
—¡Uniremos todo nuestro cosmos…nada detendrá la esperanza…COMETA DE PEGASO!
—¡CIEN DRAGONES DE LUSHAN!
—¡EJECUCION DE AURORA!
—¡ALAS LLAMEANTES DEL FENIX!
Los dragones pasaban a través de la ejecución de aurora, convirtiéndose en cien dragones de hielo, el cometa que había lanzado Pegaso había sido alcanzado por el ave de fuego, transformándose en una energía esférica ardiente. Los dragones de hielo danzaban alrededor del cometa de fuego, en un vuelo directo al astro de corona solar.
Al entrar en contacto una gran explosión se produjo, liberando gran cantidad de energía en todas las direcciones de la Nube de Oort, arrastrando con ella a los santos, hasta los confines de la nube que rodea al sistema solar.
Bosque de la Luna.
En los territorios de la difunta Artemisa, bajo la imponente luz de la luna que se filtraba sobre la arboleda, Máscara de la Muerte de Cáncer lucía su armadura divina y llegaba ahí persiguiendo el cosmos de uno de los titanes.
—¡Un cosmos muy poderoso se encuentra en este lugar, tiene que tratarse de un titán, ya que de los olímpicos solo queda Zeus…! —dijo riendo a carcajadas.
Repentinamente ese gran cosmos empezó a crecer cada vez más al tiempo que se acercaba, dicha energía divina emanaba justicia absoluta, una figura se visualiza bruscamente, se trataba de una mujer de dos metros, tenía un rostro joven, unos largos cabellos rubios y unas preciosas mejillas, portaba una armadura de color negra como la ceguera de la justicia, la cual tenía una apariencia armónica.
—Humano, yo soy Temis, la titánide de la justicia, la que rige el orden…
—¡Tendré que luchar contra una mujer entonces, no me importa si mi enemigo es un hombre o una mujer, yo colecciono rostros de todas mis víctimas, no discrimino raza, religión ni género, todos valen lo mismo…nada!
—Descuida, puedo sentir tu cosmos, es muy sencillo percibir lo espeluznante y retorcido que es…pero olvidas a quién enfrentas…no tendrás oportunidad, yo seré quién te sentencie a la peor de las penas…
—¡Yo seré quien te condene a los infiernos y luego cortaré de tu enorme cuerpo tu rostro para que adorne mi templo…ONDAS INFERNALES!
Máscara de la Muerte levanta la mano derecha y apunta con su dedo índice al cielo, luego baja la mano bruscamente al frente, enviando a su enemiga unas grandes ondas de color dorado, pero Temis junta sus dos manos en forma de cruz sobre su cuerpo, la energía del ateniense la hace retroceder un poco, pero termina deteniendo el ataque.
—¡No es posible, fue el ataque más poderoso que he lanzado en mi vida y pudo bloquearlo la primera vez que lo lancé!
—Estás subestimando el poder de los titanes, nosotros somos verdaderamente poderosos, estamos más allá de los dioses…
La titánide cierra sus ojos y un cosmos de color blanco empieza a expandirse sobre el bosque lunar, el cuerpo del mortal empieza a entrar en una extraña debilidad.
—¿Qué me está sucediendo? —se preguntó Máscara de la Muerte al tiempo que su cuerpo entra en un poderoso conjuro.
—Soy aquel ser que tiene el derecho y la obligación de impartir justicia sobre éste mundo…es la hora de tu juicio humano…pagarás por tus graves pecados, has mancillado el cosmos con tu maldad.
Temis pone las palmas de sus manos hacia arriba y delante de ella aparece un aura dorada, esta pronto comienza a tomar una forma extraña, transformándose en una hermosa balanza incorpórea.
—¿Qué es esto?
—Esta es la balanza de la justicia, la que determina el castigo de los hombres en base a la vida que han llevado, por lo que percibo de tu cosmos el peso de tus pecados ha de ser enorme. Para equilibrar la balanza será necesario un enorme castigo.
—¡Algo está retorciendo mi alma!
El santo italiano pronto siente un gran peso y termina de rodillas, mirando el suelo con dolor, trata de encender su cosmos pero no lo consigue, su cara esboza una mueca de espanto cuando comienza a ver que del suelo y de su propio ser emanan las almas de sus víctimas, que lo toman de sus extremidades y de su torso, rasguñándolo y apretándolo, sin poder quitárselos de encima.
—Has matado a cientos de inocentes, sin importar si eran mujeres o inclusos niños, por si fuera poco has profanado sus restos, arrancando los rostros de sus cuerpos, con el solo objetivo de intimidar a los enemigos que entren a tu templo…el desprecio por tus víctimas agrava la culpabilidad de tus asesinatos…pero el peor motivo es tu falta de razón y de sentido para arrebatarle el suspiro a quienes se cruzan en tu camino…
—Te equivocas, la razón y el sentido son lo que justifica el desprecio a la vida de quienes se entrometen en mis asuntos, puesto que los mismos están más allá de la vida individual de unos pocos, mi accionar es justicia…el fin justicia los medios… —dijo Máscara de la Muerte excusándose, mientras se retorcía en el suelo con gran dolor, su armadura divina comienza a presentar pequeñas rasgaduras.
El cosmos de Temis crece hasta el infinito, rápidamente el alma de Máscara de la Muerte es atraído hasta el interior de la energía divina de su enemiga, el alma del mortal comienza a observar cada uno de los crímenes que había cometido en vida, pero desde otra óptica, ahora los veía como si fuera un tercero, muertes de enemigos, pero también atroces crímenes cometido contra niños, ancianos y quién haya estado cerca de un combate, el cuerpo de Cáncer estaba desplomado en el suelo, inconsciente.
—La justicia ha dictaminado sentencia de culpabilidad, eres de los peores criminales, ¿cómo puede un guerrero sagrado que pelea por sus dioses matar a inocentes sin el mayor descaro? Incluso te enorgullecía tu perversidad…
La titánide mira hacia el horizonte, finalmente voltea, lista para ir por Zeus, pero inesperadamente observa a su alrededor unos seres incorpóreos que rodean su cuerpo, eran de color celeste, se trataba de niños, ancianos y demás personas inocentes.
—¡De que demonios se trata esto!
—¡Pese a encontrarme culpable todavía no has podido deshacerte de mí!
—¡Tú…!
—¡Me rehúso a pagar el castigo, tengo que ayudar a mis compañeros, ellos confían en mí, pese a mis crímenes!
—¿Por qué te resistes a pagar tus crímenes?
—¡Me valdré de inocentes si es necesario para vencerte!
Máscara de la Muerte levanta la palma de su mano, generando un fuego fatuo, las almas de los inocentes se llena de fuego azul, finalmente los espíritus errantes se abalanzan sobre la titánide, quién siente como su espíritu flaquea, quedando encerrada en una horrible sensación, su casco explota y con ello también su furia, tras una potente descarga de cosmos las almas son alejadas y pronto se diluyen.
—¡Esta mujer es muy fuerte!
—¡Pagarás este desacato, serás castigado por siniestro y perverso…!
Temis cierra su puño y el cuerpo del mortal repentinamente vuelve a sentir un enorme peso, como si tuviera miles de toneladas encima, pese a haber adquirido el noveno sentido, apenas podía hacer fuerza para no caerse, por lo que no lograba poner su cuerpo erguido, al cabo de unos segundos su armadura divina comenzó a agrietarse nuevamente y su cuerpo exhibía nuevas heridas.
—¿Es que no te arrepientes de tus horrendos crímenes y atrocidades?
—¡No es tiempo de arrepentirse del pasado! Cuando sea el momento cumpliré esa maldita condena, pero ahora lucharé por lo que creo justo.
Máscara de la Muerte cierra sus ojos y hace estallar su cosmos al infinito, su cuerpo finalmente se libera de la sensación de entumecimiento.
—Fue una estupidez querer castigarme con el sufrimiento de mis víctimas, yo soy amo y señor de los espíritus que robo…
Jardín del Edén.
La titánide Tea se había detenido a observar la divina pradera, cuya belleza hacía recordar a los Campos Elíseos. En dicho lugar se levantaban árboles que tenían hermosas flores rosadas, amarillas, flores de cerezo con su tonalidad azul, otras blancas y violetas. Sin dudas pediría ese sitio para cuando se repartan las ruinas del Olimpo. La deidad lucía una prominente figura y un rostro sensual, tenía cabellos dorados brillantes y sus ojos eran de un azul intenso, sus labios se coloreaban en un rojo carmesí, su estatura era similar a sus congéneres, medía dos metros setenta, su soma estaba hecha de preciosas gemas y diamantes. Pronto advirtió que unas hermosas rosas rojas habían aparecido súbitamente en distintos lugares del jardín y despedían una dulce fragancia.
—Estas flores, aunque son hermosas tienen algo peculiar…un brillo oscuro está escondidas en ellas… —susurró y pronto comprendió que no se encontraba sola. —¡Muéstrate!
Un cosmos dorado resplandeció, revelando a un bello hombre, que portaba una imponente armadura alada, que parecía tener aletas de pez en sus espaldas.
—Soy Afrodita de Piscis, reconozco tu belleza, pero no se compara con la mía, yo soy el guerrero divino de la belleza…
—Mi nombre es Tea, titánide de la vista, los colores, los brillos y las gemas…
—Tus joyas son preciosas, voy a quedarme con ellas cuando te derrote…
—Tu belleza se ve opacada por la densidad de tu ego.
—Ahora puedo contemplar todas las bellezas, las físicas, psíquicas y las espirituales, he abierto mi ser a todos los planos de la existencia. He comprendido tras la batalla que sostuve con Andrómeda en las doce casas que una de las mayores bellezas era la del honor y la justicia, lo vi más bello que yo cuando entregó su vida por sus ideales…y ahora lo ha vuelto a hacer, lucharé por ello… ¡ROSAS DEMONIACAS REALES!
Tea observa detenidamente como incontables pétalos de rosas rojas revoloteaban a su alrededor, pero ella sonríe con delicadeza y cierra sus ojos, en ese momento el color de los pétalos desaparece y los mismos comienzan a desintegrarse, ante la mayúscula sorpresa de Afrodita, que tenía los ojos desorbitados.
—¿Qué es lo que te sorprende? —preguntó Tea. —Tus rosas nunca fueron una amenaza para mí…
—Reconozco que es bello tu poder, lo que significa que mi victoria será aún más hermosa… ¡ROSAS PIRAÑAS!
Un torbellino de rosas negras revoloteaban, sus tallos, espinas y pétalos estaban sumamente afilados y destruían todo lo que tocaban, el voraz cardume de rosa negras se acercaban a Tea, pero con gran habilidad salta de un lugar a otro, evitando así cada una de las rosas pirañas, que dejaban enormes grietas por donde pasaban.
—Tampoco funcionó… —dijo Afrodita desilusionado.
—No te esfuerces en vano, mi victoria está garantizada, el resurgir de Cronos se aproxima y con ello tanto Zeus como Atenea quedarán indefensos, nuestra victoria es segura…
Laguna de Cronos.
En algún lugar del Olimpo, allí donde el tiempo y el espacio se combinan, mostrando diversas galaxias que se entremezclan, una mujer de dos metros y medio, de largos cabellos castaños y ojos del mismo color, con un rostro sumamente bello, arriba al lugar con un cuerpo inerte a cuestas, podía verse que se trataba de otro gigante, de largos cabellos negros y test blanca, su rostro era tapado por su pelo.
—Tras miles de años ha llegado el momento, seremos nosotros quienes pondremos los cimientos del nuevo mundo, aquel que recapitulará la edad de oro, lo que ahora llaman la utopía… —susurra la mujer y posiciona el cuerpo inerte que traía consigo en un lugar específico.
La laguna cósmica comienza a danzar, moviéndose cada vez con mayor excitación, hasta alcanzar el cuerpo de aquel gigante, que es elevado sobre extrañas galaxias, absorbiendo de ellas el polvo cósmico de sus estrellas muertas, registro del tiempo mismo y la edad del universo, entonces el gigante comienza a llenarse de vitalidad, sus músculos comienzan a responder y sus párpados se abren, en sus ojos puede vislumbrarse los confines del tiempo.
—Mi señor, por fin ha despertado…
—Ha llegado el momento de la venganza, añoraba este momento, he estado esperando esto desde tiempos inmemoriales, pero siempre supe que este día llegaría, puesto que para mí el tiempo y los sucesos que en él ocurren no son más que una pequeña variable…
—¡Imagino que ha de ser gigantesca la angustia y el rencor que guarda tu alma, el castigo de Zeus ha sido terrible!
—Todavía no puedo quitarme el amargo sabor de la derrota, recuperaré el control del universo, Zeus sufrirá por el resto de la eternidad…
El cosmos de Cronos comenzó a manifestarse, rasgaduras del tiempo y del espacio acontecieron en todo el universo.
Templo de Júpiter.
—¡Este cosmos, finalmente Cronos ha regresado! —dijo Zeus preocupado. —Lo derrotaré en este momento como lo hice en la antigua guerra de la era de los mitos…
—¡Puedo sentir los terribles cosmos de los titanes ascendiendo por el Monte Olimpo! —manifestó Aquiles. —No tardarán en llegar, señor déjeme encargarme de ellos…
—¡Hagan lo que quieran con los hermanos y hermanas de Cronos, pero él es mío! —respondió Zeus.
En el momento en que Zeus y sus ángeles se disponían a abandonar el salón del trono, algo que nadie esperaba ocurrió, el tiempo se detuvo, dioses y mortales quedaron detenido en un instante que se repetía así mismo al infinito, enmudeciendo el universo, los astros dejaron de rotar, la intensidad de los brillos de las estrellas se volvió totalmente uniforme.
Laguna de Cronos.
El rey de los titanes esbozaba una media sonrisa, mostrando una confianza absoluta.
—He detenido el flujo del tiempo en el Universo. Dioses y humanos quedarán atrapados en un eslabón roto de la cadena del tiempo presente…para toda la eternidad, así nosotros los titanes podremos darles muerte a todos nuestros enemigos, sin que ellos puedan defenderse, la victoria ha concluido, ahora solo resta consumar la venganza…
