18. Sacrificio

Como le había pedido ese "antepasado" suyo, el lobo se recorría ahora el camino de vuelta a la populosa capital de Hyrule, trotando por la pradera en mitad de la noche.

De pronto, oyó a lo lejos como varios soldados a caballo se acercaban cada vez más a donde él estaba, con mucha prisa. Se escondió y esperó a que pasaran de largo. Pero antes de eso, oyó el atronador grito de lo que parecía ser un ave gigantesca y poderosa, allá en el cielo, perdido entre las oscuras nubes nocturnas. Al parecer, estos soldados perseguían aquello oculto entre las nubes, aunque no lo pudieran ver.

Unos momentos más tarde, Link salió de su escondite, confuso por lo que acababa de ocurrir. Eso provocó que se apresurara más en llegar a la Ciudadela, sabía que algo grave había ocurrido.

Cuando llegó, nada más cruzar los puertas de la Entrada Este de la ciudad, se encontró con numeras personas en plena calle. Le resultaba extraño, puesto que ya había pasado la media noche y el día siguiente sería día laboral, por lo que todo le resultaba aún más confuso. Avanzó entre la multitud, ignorado completamente por todos, parecían estar preocupados por algo. Escuchaba murmullos y rumores, pero no les prestó atención. Tras un rato, llegó a la Plaza Central, donde seguían habían demasiadas personas para esas horas de la noche. Y fue ahí, donde agudizó el oído para enterarse de lo que había ocurrido…

-¡Madre mía! ¡Era lo que nos faltaba! –escuchó exclamar a uno.

-Pobre Francis, debe estar destrozado…-suspiró una criada del castillo que estaba por allí- Era a él a quién le tocaba cocinar…

-Y también Valenzuela… ¡Por poco no lo cuenta! ¡Ni siquiera él pudo hacer nada! –exclamó un compañero suyo- Al menos logró evitar que escapara gracias a su magia…

-Los mejores médicos, hechiceros y curanderos de la ciudad han sido llamados para acudir al castillo, esto es muy grave…-habló otro, que formaba parte de otro grupo.

-¡¿Qué va a ser de nosotros? –gritó una mujer- ¿¡He sido la única que ha visto a esa monstruosa bestia? ¡Y por lo que he oído, ya apareció hace un tiempo en la Región de los Zoras! ¡Causó estragos en el Palacio Real de los Zoras!

-Y para colmo, también tuvo que aparecer uno de esos indeseables de "Los Seguidores"…-murmuró molesto un hombre.

-Primero esa extraña invasión, y ahora corremos el riesgo de que nos quedemos sin un gobernante para el reino…-suspiró decaído un anciano.

-Qué las Diosas se apiaden de ella…-rezó una mujer- ¿Cómo han logrado colarse en el castillo y atentar contra la vida de la Princesa? Sólo espero que logren encontrar una cura para ese veneno…

No hubo falta que Link escuchar esas últimas palabras, ya que como si de un relámpago se tratase, corrió hacia el castillo, con un enorme miedo en el cuerpo. Se presentó en los portones de entrada, custodiados por más guardias de lo normal. Estos miraron extrañados al animal, al ver que estaba ansioso por entrar.

-¿Ese no era el animal de compañía de la Princesa? –le preguntó uno a su compañero.

-Sí, lo reconozco por el collar verde que lleva, aunque esté un poco gastado y no se vea mucho entre tanto pelo.-le confirmó el soldado.

-¿Pero los Ministros no habían obligado a nuestra señora a abandonarlo? –preguntó otro- Creo que fue por lo que le hizo al Príncipe de Gamelon cuando vino de visita…

-Y porque es un lobo, no lo olvidéis…-les recordó el cuarto guardia- Aunque sinceramente no me parece un lobo corriente. Quizás antes de que la Princesa lo recogiera, perteneció a un excéntrico coleccionista de bestias o a un cazador.

-Pero aún así, no podemos dejarlo pasar. Y desde lo que le ha ocurrido a la Princesa, nadie puede entrar o salir de castillo sin que se someta a una exhaustiva revisión o sea alguien que esté plenamente autorizado para ello.-habló firmemente el primer guardia que habló.

Link gruñía ferozmente, insistiendo en que le dejaran entrar, aunque fuera a costa de dañar a alguno de esos hombres.

-¡Fuera de aquí! –le amenazaron apuntándole con sus lanzas- ¡Si desobedeces tenderemos que echarte a la fuerza!

Link siguió insistiendo, pero se retiró cuando una de esas lanzas le causó una herida en el hombro, aunque no era nada grave. Se marchó frustrado, tenía que encontrar una forma de entrar ahí fuese como fuese…

Volvió a la plaza, decepcionado y muy preocupado, pero no tardó mucho tiempo hasta que una pareja de gatos se acercó a él.

-¡Link, has vuelto! –exclamó Louise- ¡¿Dónde has estado? ¡Ha ocurrido algo terrible!

-Sí, lo sé…-habló sombrío- La Princesa Zelda ha sido envenenada…

-¡Era eso! ¡Ya me parecía a mí que las personas andaban muy nerviosas! –se sorprendió Hércules- ¡Es terrible! ¡Seguro que algo tuvo que ver ese pajarraco enorme que todos vimos volando sobre la ciudad!

-Eso he oído…ya me enfrenté una vez contra él en el Dominio Zora, pero no pude derrotarle…

-¿Y qué vas a hacer? ¿Vas a ir a ayudarla, no? –le preguntó Louise.

-¡Por supuesto! –le gritó molesto por la pregunta- ¡Maldita sea! ¡Esto no hubiera ocurrido si hubiera estado con ella! ¡Y encima no me dejan entrar esos estúpidos guardias por mi actual forma!

-¿No puedes entrar por la puerta principal? –la gata se quedó pensando- ¿Y por qué no utilizas la entrada que existe por las cloacas?

-¿Cómo? –se quedó pensando- ¡Claro, la que usé para ayudar a Midna! ¡Tengo que ir a la taberna enseguida!

-¡Espera un momento! Las cosas no son tan fáciles…-bajó las orejas la felina- La taberna está cerrada y el acceso a las alcantarillas para las personas también lo está, sólo lo puede abrir Telma.

-¡¿Y eso a mí en que me influye? –exclamó- ¡Aún queda el pasadizo por donde pasé aquella vez!

-Ya…-suspiró- ¿Recuerdas las reformas que hizo mi dueña después de la Invasión? En esas obras, taponó ese atajo, por lo que no va a ser posible ir por allí…

-¿No os estáis olvidando de algo? –les recordó el gato- ¡Mi dueño y yo dejamos de ser estatuas de oro hace mucho tiempo! ¡Link, yo puedo llevarte a mi casa sin problemas! ¡Es ahí donde entraste la última vez!

-¡Es verdad! –recordó de golpe- ¡Rápido, llévame allí cuanto antes!

Los tres animales corrieron velozmente por las calles y callejuelas de la enorme ciudad, hasta llegar a la entrada a la casa del amo de Hércules. Entraron al jardín sin dificultades, puesto que la puerta de la verja estaba abierta. Allí, un hombre de largos cabellos, voluminosa barba y aspecto humilde y desgarbado estaba tranquilizando a unos cuantos animales reunidos allí, alterados debido al estrés que les había contagiado las personas y a la feroz bestia que había sobrevolado la ciudad. Ese hombre era Giovanni, cuyo aspecto había cambiado bastante.

-¿Has traído a más animales necesitados de paz en esta inusual noche de calamidades? –le preguntó tranquilo, como si fuera un espiritualista.

-En realidad, no, vengo con alguien al que seguro que recuerdas…-maulló el gato, como si su dueño fuera capaz de entenderle.

Giovanni miró a Link y su sorpresa fue enorme, tanto que se acercó a él para saludarlo.

-¡Bienvenido seas, Link! ¡Hacía tiempo que no te veía! ¡Hércules me ha contado tus aventuras con él en la ciudad! ¡Esperaba que vinieras a visitarme algún día! Aunque me pregunto cómo es que has vuelto a convertirte en un lobo…–le cogió una pata, moviéndola como si fuera un apretón de manos.

-¿Acaso puedes entender a los animales? –le preguntó extrañado, zafándose de su "saludo".

-Desde que me liberaste de aquella maldición, tengo la habilidad de comunicarme con casi cualquier bestia o animal. Además, después de mi desengaño amoroso, me he convertido a una vida sencilla, ayudar a todas las criaturas y volverme vegetariano. Ahora uso toda la fortuna que me entregó ese demonio para ayudar a los pobres animalillos indefensos que viven en las calles, además de otras causas nobles como cuando doné una importante suma de dinero para reconstruir el castillo.-habló como si fuera un sacerdote, con su túnica incluida.

-Ah…-menudo cambio había sufrido aquel hombre, algo que le desconcertaba un poco- En fin, he venido porque necesito acceder al sistema de drenaje de la ciudad, para entrar a través de las mazmorras al castillo.

-¿Tu intención es ayudar a la Princesa, no? ¡Ningún problema! –exclamó- Acompáñame…

Link entró a su casa, que para llevar una "vida sencilla" era bastante acomodada. Giovanni apartó una alfombra que había en un rincón, mostrando la entrada a un pozo de alcantarillado.

-Esta casa fue construida por mi abuelo, aunque no sabía que aquí existía una entrada a la parte más antigua de las cloacas…-le explicó mientras retiraba la tapa- Te deseo suerte, espero que encuentres la forma de ayudar a nuestra bella princesa…

-¡Nosotros también te apoyamos! ¡Si necesitas algo, no dudes en buscarnos! –exclamó el gato.

- Los miembros de La Resistencia deben ayudarse en todo lo que puedan, más si es en pos de ayudar al reino… ¿No? -le apoyó una pata Louise, el "séptimo" y secreto miembro de aquel grupo.

Link asintió como agradecimiento y se lanzó adentro sin vacilación. Cayó en agua, que obviamente no estaba muy limpia, y fue arrastrado por ella hasta llegar a una zona donde fluía más calmadamente, haciendo que se condensara y oliera peor. Salió de allí y comenzó a buscar una salida de aquel laberinto, hasta que consiguió a través de un pasaje bajo el agua, penetrar en los calabozos del castillo. Avanzó por ellas, nadando durante la mayor parte del camino para evitar que algún guardia que hubiera por ahí le viera, aún entre tanta oscuridad. Sin embargo, llamó la atención de un par de presos, que observaban como algo grande y peludo se movía entre las turbias aguas. Algunos le hicieron caso omiso, pensaban que sería una rata enorme, mientras que uno incluso llegó a escupirle, con la puntería de asestarle a Link en el ojo.

Tras salir de ese asqueroso lugar, en varios sentidos, fue esquivando a los guardias gracias a sus desarrollados sentidos a medida que avanzaba entre los jardines y el castillo. En varias ocasiones pasó cerca de lugares donde había reunidos varios conocidos suyos, como Francis, que lloraba lamentándose de su desgracia.

"C´est terrible"! ¡"Une honte"! ¡Mi carrera esta "fini"! ¡¿Cómo puede ocurrirme esto? ¡Yo, el gran chef Francis! ¿Cómo pudo envenenar mi comida ese "canaille"? ¿"Ce que je fais"? –lloriqueaba sonándose constantemente.

-Tranquilízate, cariño, todos estamos igual de consternados que tú…-intentó animarle Brunilda.

Siguió avanzando hasta llegar a la Enfermería Real, donde varias enfermeras y el médico del castillo atendían a varios soldados heridos. Además, allí estaban reunidos más médicos como el Doctor Borville, además de algunos hechiceros y curanderos. Link pudo comprobar el alcance del ataque de aquel intruso, por lo que pudo ver en los jardines y algunas zonas del castillo. Aún así, parecía que ese criminal había entrado con extremo sigilo, y todo lo ocurrido después seguramente fue porque alguien lo descubrió. Y ese alguien, parecía haber sido Valenzuela, que se retorcía en una de las camas…tenía suerte de haber salido vivo de la contienda. Para mayor desgracia, el médico del castillo notificó con pesar la defunción de un soldado, que murió debido a una herida bastante profunda provocada por las garras de aquella bestia infame, como mostraba su deformada cara y ensangrentadas sábanas.

Sin duda, aquello había sido una masacre, pero podría haber sido mucho peor si a ese sujeto se le hubiera ocurrido atacar a la Princesa por otros medios. Continuó caminando con prisas, hasta que llegó a la puerta del dormitorio de Zelda. Tragó saliva nervioso, sabía que lo que iba a ver no le iba a gustar nada, pero hizo un esfuerzo y se levantó para intentar girar el pomo de la puerta, que por fortuna estaba abierto.

Cerró la puerta silenciosamente, en medio de la oscuridad de la habitación. Se acercó con sigilo a la cama de ella, oyendo sus quejidos lastimosos y cómo tosía.

-¿Qui-quién…anda…ahí? –preguntó desconfiada y entrecortadamente, con dificultad para respirar, afónica.

El lobo pegó un brinco sobre la cama y se acercó a ella, preocupado. Podía verla perfectamente gracias a su visión nocturna propia de los lobos, al contrario que ella. Pero aún así, aunque sólo pudiera divisar una sombra entre la oscuridad y su estado, lo reconoció enseguida.

-Link… ¿E-res…tú? ¿Qué-haces…a-aquí? –le preguntó dificultosamente, para luego toser con fuerza, forzando cada vez más su débil voz.

Link estaba muy preocupado, no estaba nada bien. Podía sentirlo, y olerlo, una de sus muchas habilidades como lobo. Su piel estaba demasiado pálida, sus labios tenían una ligera tonalidad azul, un fuerte dolor de cabeza acompañado de una fiebre espantosa que le hacía incluso sudar, estaba muy débil, respiraba a duras penas y tosía constantemente, con un desalentador sonido que no gustaba nada a Link. Notaba como su corazón latía más rápido de lo normal y se aquejaba del pecho y el abdomen. También, siguiendo con esta lista de síntomas, veía como algunas partes de su cuerpo estaban entumecidas y la notaba un tanto mareada y confusa. Además, debido al veneno, poseía un mal aliento significativo, que el lobo obviamente notaba con mayor intensidad.

De pronto, mientras Link estaba sumergido en sus pensamientos, un débil brazo se posó sobre su cuello y lo acercó hasta ella, abrazándolo como sus escasas fuerzas la dejaban.

-M-me alegra que hayas vuelto…-le dijo débilmente y luego le olió el cuello- ¿Has entrado por las alcantarillas…verdad? Hueles un poco mal…por si no t-te habías dado cu-cuenta…-intentó sonreír, pero le resultaba imposible, al toser de nuevo- Me recuerdas a las primeras veces que nos vimos, junto a Midna…

Link agachó las orejas, más por preocupación que por vergüenza. Y poco después, Zelda volvió a hablar.

-Valtimore…-soltó en un suspiró- Fue él quien penetró en el castillo y no sé cómo, me hizo esto…-le contó como medianamente podía- Intentó huir con una de e-esas esferas mágicas, pero Valenzuela se lo impidió…-tosió otra vez- Desgraciadamente, apareció ese monstruo de las alturas, ayudándolo a escapar…-casi no podía hablar- Y atacando a mis guardias…

Volvió a toser, y Link le hizo un gesto para que no siguiera forzando la voz, lo único que estaba haciendo era causar más daño a su destrozada e irritada garganta.

-"¡Maldita sea! Si hubiera estado con ella, podría haberla alertado de el veneno que estaba presente en su comida, gracias a mi olfato…"-se enfadó consigo mismo- "¡¿Y no se suponía que todos los reyes tenían a alguien que probaba su comida antes que ellos? ¡¿Cómo ha podido ocurrir esto?"-gruñó furioso, aquello nunca debió haber pasado.

-Y lo más extraño…-volvió a hablar, desobedeciendo a Link- Mira e-esto…

Le pidió que le quitara el guante de su mano derecha, revelando así su marca de nacimiento. Para sorpresa de Link, la Trifuerza de ella estaba brillando tenuemente, con un brillo igual de débil que ella. Ese brillo se intensificaba y disminuía todo el tiempo, como si fueran los latidos del corazón de la Princesa, pero mucho más lento.

-Siento como si me estuvieran robando las fuerzas…-dijo en un aliento- Es como si la energía de mi Trifuerza se estuviera marchando poco a poco, hasta un lugar desconocido…-tosió de nuevo- Creo…que todo esto ha sido para robármela…como a ti…

El animal gruñó de nuevo, con más cólera y mostrando los dientes, como una verdadera bestia. Poco después, ella comenzó a cerrar los ojos, estaba perdiendo el conocimiento…

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Se despertó de golpe al oír un ruido procedente del baño, cuyas luces estaban apagadas. Aún era de noche lo que significaba que había dormido muy poco, quizás sólo dos horas. Link salió del baño, un tanto nervioso por algo que había hecho.

-Link… ¿Qué hacías en mi baño? –le preguntó, llamando su atención.

El lobo se sorprendió de que estuviera despierta y saltó de nuevo a la cama para tumbarse junto a ella. Esta captó un olor penetrante que provenía de él y se dio cuenta de lo que había pasado.

-Idiota…-soltó de pronto- Ese perfume valía más que tu sueldo…-no estaba enfada, sino que le divertía que hubiera intentado camuflar su fétido olor a cloaca con ese perfume. Lo que oyó fue aquel frasco rompiéndose.

Link se avergonzó, la había despertado y además le había pillado in fraganti. Además, lo único que había conseguido era romper un caro perfume de mujer y empeorar su olor con ello.

-No ha pasado mucho...desde que me dormí… ¿Cierto? –le preguntó- ¿Ha entrado alguien a revisarme?

Link movió la cabeza, negando a ambas preguntas…

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Pasaron tres días, en los que ella no mejoró lo más mínimo, al contrario. Link permaneció con ella todo el tiempo, no se despegaba ni un minuto. Muchas personas entraron y salieron de la habitación durante ese tiempo, pero gracias a sus sentidos animales, era capaz de esconderse a tiempo bajo la cama, nadie le había descubierto por ahora. Varios expertos en diferentes materias intentaron encontrar un antídoto para el mal que corroía a la Princesa, pero sin éxito.

Era tal la desesperación, que se prometió una desorbitada cifra a quién encontrara algún remedio para ella. Por supuesto, no faltaron los pícaros y estafadores que intentaron aprovecharse de la situación, que por supuesto acabaron de cabeza en la cárcel.

Lo peor de todo, era que Zelda no había comido nada en esos días, algo que la estaba debilitando más rápidamente. Para mayor desgracia, lo poco que había logrado ingerir, lo vomitó dado la intolerancia de su estómago a la comida en esas condiciones.

-Por favor, majestad…-le suplicó Anable, sentada a su lado portando una bandeja con comida- Lleva tres días sin comer, así lo único que conseguirá será enfermar aún más…

-Me da igual, no pienso hacerlo…-le repitió débilmente- No puedo ingerir nada sin que a los dos minutos acabe devolviéndolo…

Link escuchaba la conversación desde debajo de la cama, muy preocupado por la salud de la Princesa. De pronto, vio como Anabel se levantaba, rindiéndose.

-Está bien…-suspiró- Iré a hablar con el Doctor Borville y con el resto, a ver qué se puede hacer con usted…

El lobo salió por fin de la cama, después de estar un rato allí, impotente a lo que sucedía. Se subió a la cama y la miró serio, ella sabía por qué.

-No insistas…-le habló ronca- Sufro todo el tiempo nauseas y la comida lo único que hace es matarme aún más por dentro…-tosió- Y tú tampoco has comido mucho…

-"No me valen esas excusas, yo estoy sano y puedo buscar comida cuando quiera, además de que puedo aguantar más tiempo sin comer por mi condición. Tú en cambio, eres la más necesitada de alimento, cada vez estás más débil…"-gimió preocupado, agachando las orejas.

Un rato más tarde, ella se durmió. Un gran alivio para Link, puesto que ella tampoco había dormido mucho, al igual que él. Y eso que la atmósfera de la habitación instigaba a ello, puesto que Zelda se había vuelto muy sensible a la luz y las cortinas tapaban la única ventana del lugar, haciendo que todo estuviera oscuro. Ni siquiera la luz de la chimenea, que estaba apagada y era todo un privilegio poseer una en el castillo, sólo en las habitaciones más importantes.

Se quedó un rato paseando por la habitación, hasta que recordó algo. Rebuscó en los cajones de la mesas de noches de ella, buscando la llave de su cuarto, el suyo propio. Zelda se la había guardado desde que tuvo que expulsarlo del castillo y ahora necesitaba urgentemente buscar algo en su alcoba.

Cuando llegó, tras un rato, abrió como puedo la puerta, aunque le llevó tiempo debido a su condición. Cerró la puerta y empezó a buscar un sobre especial, que conservaba del día de su cumpleaños. Cuando al fin lo encontró, suspiró aliviado al comprobar que no lo había perdido.

-"Aquí está la carta que me envió Yeta, junto a la receta de sopa de su marido. Esa sopa es milagrosa, hizo que se recuperara lo suficiente en pocas horas para acompañarme hasta su dormitorio, en la otra punta de la mansión, y eso que estaba afectada por la magia del Espejo de Crepúsculo. Espero que esto logre ayudar a Zelda…"-pensó mirando el papel- "¡Maldita sea! Varios ingredientes de esta sopa los tenía con la cesta de comida que me regalaron en mi cumpleaños. Si no me los hubiera comido…bueno, se hubieran acabado estropeando junto con el resto de los alimentos que había, así que tampoco hay que lamentarse."-suspiró, mirando sus garras- "El gran problema ahora, es que con estas torpes patas no puedo cocinar y tampoco puedo entrar a la Cocina Real para ello, puesto que ahora las medidas de seguridad son más grandes. Y aún queda lo de conseguir el resto de ingredientes que me faltan…"

De pronto, tuvo una idea. Guardó ese papel en el sobre, retirando la carta antes, y la cogió con cuidado intentando no romperla ni salivar en exceso. Buscó insistentemente el olor de Anabel, ya que era una de las pocas personas que tenían acceso a la cocina tras lo ocurrido. Curiosamente, la encontró en su sala común, sola. Intentó empujar suavemente la puerta, sin que le oyera, para dejarle el sobre de modo que ella descubriera la receta por sí misma. Pero ocurrió algo que no se esperó…

-¿Qué haces aquí? –le miró confusa y extrañada, al darse cuenta de su presencia- ¿Cómo has entrado al castillo? ¿Y qué es eso que traes ahí?

Se levantó de la silla en la que estaba para quitarle el sobre de la boca y sacó el papel de su interior. Estaba un poco baboseado, pero no impedía en absoluto poder leerlo.

-¿Una receta de sopa especial? ¿De dónde has sacado esto? –ahora estaba más confundida.

Link sólo pudo agachar las orejas, no podía explicar nada. Anabel estuvo unos minutos asimilando todo esto, hasta que finalmente decidió no darle más vueltas al asunto.

-En fin, probaré a cocinar esto que me has traído, con suerte la Princesa accederá a probarla. Aún así, he de ir al mercado a por unas cosas, como el queso y la calabaza ordonianos o el Barbo Oloroso. Espero poder encontrarlos, porque sólo los traen a la ciudad cada cierto tiempo…-agarró un pequeño bolso de cuero marrón y se lo colgó del hombro- ¿Y qué voy a hacer contigo mientras tanto, eh? –le preguntó con una sonrisa.

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Link y Anabel estaban en la Cocina Real, preparando la sopa para la Princesa. Durante el tiempo que ella estuvo buscando los ingredientes que faltaban en la ciudad, que afortunadamente los encontró todos, él estuvo escondido en los jardines a la espera de que regresara. Y aún ante la negativa de Anabel, él se coló en la cocina antes de que ella la cerrara para que no le molestaran. Al final, tuvo que resignarse a trabajar en la cocina con él al lado.

-¡Ya está! Ahora tiene que dejarse unos minutos con el fuego al máximo…-habló para sí mientras echaba más leña al fogón para aumentar el fuego- Mientras, iré a buscar unas cosas a la Despensa Real.

Comenzó a andar hacia una puerta un poco alejada de lugar donde estaba, hasta que se acordó del animal.

-¡Ah, sí! Estate quieto y no toques nada ¿Vale? Vuelvo en un momento…-le miró fijamente, indicándole que se estuviera quieto.

Anabel entró a una habitación con múltiples estanterías repletas de alimentos, separadas por categorías e incluso una habitación aparte para los alimentos más perecederos. Estuvo buscando algunas cosas para la sopa, pero por un traspié, acabó tirando unas cestas con frutas y verduras al suelo, algo que hizo que blasfemara enormemente al hacerse daño en un pie. Pasó un rato recogiendo ese estropicio y dejándolo todo impoluto para que nadie se diera de lo que había ocurrido. Al darse cuenta del tiempo que había transcurrido desde que entró a la habitación, se alarmó.

-¡Por las Diosas! ¡La sopa debe de habérseme quemado! –exclamó mientras corría con algunas cosas en las manos.

Para su asombro, vio como aquel animal había empujado una caja de madera para llegar a mejor a donde estaba la cacerola sobre el fogón. Había bajado el fuego, echando un poco de agua y retirando unos leños con el atizador de hierro que se utilizaba para ello. Además, estaba removiendo la sopa con un cucharón de madera, agarrándolo con las mandíbulas. Y por si fuera poco, de vez en cuando lo veía leer la receta y añadirle unos condimentos, para luego lamer el cucharón como si lo estuviera probando.

Link estaba tan concentrado en su tarea, que no se dio cuenta hasta más tarde de que Anabel lo miraba, sin decir nada. Ambos se quedaron paralizados, mirándose fijamente, hasta que el lobo decidió bajarse de la caja y tumbarse como si no hubiera pasado nada. Anabel se acercó, sin quitarle la vista de encima, para dejar aquellas cosas y continuar preparando la comida de su señora.

-Uhm…-probó la sopa, que sabía bastante bien- Parece que has seguido la receta al pie de la letra, por lo que sólo me queda añadirle un par de cosas, dejar que se cocine a fuego lento y que repose…-divagó, aún estaba analizando lo que había ocurrido.

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Zelda se encontraba sola en sus aposentos, preguntándose dónde estaría Link. De repente, alguien abrió la puerta y por ella entró el lobo, que saltó a la cama para recibirla.

-¿Dónde…has estado? No es bueno que salgas de día del cuarto, podrían descubrirte…-le habló sosegada y débil, acariciándole la cabeza.

-¿Acaso usted ya lo sabía? –le preguntó una voz desde la entrada.

Zelda se asustó al oír hablar a Anabel, que entró empujando una mesa rodante que tenía encima una cazuela de la provenía un exquisito olor.

-¿Ha estado ocultando a su mascota todo este tiempo? ¿Y cómo hizo ese animal para entrar aquí? –le preguntó seriamente Anabel- Un guardia me dijo que lo vio hace unos días en la entrada, insistiendo en entrar. Fue la noche que os envenenaron y me sorprende que nadie os haya descubierto hasta ahora.

Zelda dudó en contestarle, lo que aumentó las dudas de Anabel.

-Sí…este lobo ha estado escondido en mi habitación…durante estos últimos días en los que me he visto indispuesta…-le contestó lo más firme posible, pero no podía por su voz ronca- Y respecto a lo otro…el olor…-no pudo acabar su frase, al toser.

-¡Claro! Ese raro olor que ha estado rondando por su habitación estos días…-recordó- Por eso me encontré ese frasco de perfume hecho pedazos, seguro que fue por la curiosidad de vuestro animal de compañía.-habló tranquila, aunque parecía estar sospechando de algo.

-Eh…sí, es eso…-le respondió intentando disimular- Por cierto… ¿Qué eso es que traes? –le preguntó al oler aquel delicioso aroma.

-Es una sopa que he hecho siguiendo la receta que me entregó un amigo…-se inventó sobre la marcha aquella excusa- Sabe igual que huele, así que no le decepcionará.-la animó a probarla, sirviéndole un cuenco.

-No…ya te he dicho que…-Link la tocó para que le mirara y ella se dio cuenta del motivo tras unos instantes- Bueno…sírveme una ración, pero no mucho…

Su criada la alimentó, debido a que ella no podía levantarse. Y nada más tragar las primeras cucharadas, notó sus efectos.

-Está deliciosa…-se sorprendió de aquello- Y no le hace ningún mal a mi estómago…es verdaderamente milagrosa…-opinó contenta, incluso mostrando una ligera sonrisa.

En ese momento, alguien llamó a la puerta, era el Doctor Borville. Link se apresuró a esconderse debajo de la cama para evitar que lo viera, sorprendiendo a la sirvienta con su rapidez.

-Estás ahí, jovencita…-se acercó el doctor a las damas- Traigo algo que puede hacer que la Princesa empiece a comer algo…-le dijo enseñándole un bote con medicamentos.

-Ya no hará falta, he encontrado algo que no le sienta pesado a nuestra soberana y que además posee un grato sabor…-le explicó la situación ofreciéndole un poco de aquella sopa.

-¡Deliciosa! –se quitó las gafas por la sorpresa- ¡Y además parece ser muy nutritiva, por los ingredientes que veo en esa cazuela! ¡Nunca había comido nada igual! –exclamó animado- ¡¿Por qué has tardado tanto en preparar esta magnífica sopa, niña? –le reprochó, cambiando drásticamente su humor.

-¡Lo siento! ¡Acabo de encontrar esta receta que tenía guardada en un cajón! –se intentó defender, aunque no era culpa suya.

-Pues sigue así, mientras nosotros los profesionales encontramos la cura para la dolencia de la Princesa…-refunfuñó el viejo y luego se dirigió a su soberana y le hizo una reverencia- Con su permiso…

El médico abandonó la habitación, para alivio de Anabel y de Link, que pudo salir de su escondite. La criada siguió alimentando a la Princesa, hasta que esta le ordenó que lo dejara, aunque no había comido mucho. Se marchó, tras prometer no decir nada sobre la presencia de Link en el castillo. Esta estaba contenta por aquel pequeño progreso y también dudosa por la extraña reaparición del lobo y de su misterioso comportamiento…

-Esa sopa…-habló un rato después de que Anabel se hubiera marchado- ¿Es esa de la que me hablaste…hace tiempo? ¿La de aquellos yetis?

El animal asintió y esperaba que aquella receta la ayudara a aguantar hasta que encontraran una cura…

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Sin embargo, ella seguía empeorando día tras día…

Dos días después de aquello, Zelda se encontraba en las últimas. El veneno la estaba matando lenta y dolorosamente, nadie tenía la respuesta a su problema. Y mientras, Link continuaba a su lado, sin saber qué hacer, cuidándola y acompañándola cuando nadie más estaba.

Olisqueó el aire y sintió como Auru se aproximaba a ellos, lo que hizo que nuevamente se escondiera aunque fuera él. Tras un momento, se le oyó tocar la puerta y entró.

-Majestad, su criada Anabel me ha comunicado que deseaba verme…-se presentó bajando la cabeza en señal de respeto- ¿Para qué me quería?

-Pues…-tosió con fuerza- Es para hablarte de un asunto importante…eres mi consejero…-volvió a toser, preocupando más a Auru.

El hombre miró por toda la habitación, como si buscara algo.

-Alteza…-dudó en preguntar- ¿Dónde está Link? –al ver la cara de sorpresa de la princesa, se explicó- No me mienta, Anabel me ha hablado de ello. Pero no se preocupe, sólo me lo ha contado a mí porque creía que era lo adecuado. De todas formas, me imaginaba que podría estar por aquí, por ciertas señales que deja y porque sabía que al enterarte de la noticia acudiría a ayudaros.

Link asomó la cabeza y Auru lo vio, indicándole que saliera.

-Al final conseguiste entrar de nuevo sin que te vieran…-le saludó acariciándole la cabeza amistosamente- No sé si eres realmente bueno o si los guardias son unos patanes…

-Auru…-le recordó con voz ronca.

-¿Qué queréis?

-La razón por la que te he llamado es…-hizo una pausa- Quiero que elijáis ente tú y los Ministros al candidato…más apropiado para sucederme en el trono…-le confesó en un aliento, casi afónica.

Auru se quedó de piedra, mientras que Link se lo tomó a peor…

-"¡¿Qué estás diciendo? ¡¿Es una broma, no? ¡No puedes rendirte tan fácilmente! ¡Vas a recuperarte y tú lo sabes! ¡Todos se están esforzando para ello! ¡Tu reino te necesita, no puedes fallarles! ¡¿Me oyes? ¡No puedes abandonar ahora!" –le gritó desesperado, en el fondo estaba aterrado.

Mientras, ella sólo escuchaba ruidos ensordecedores, que hacían que sufrieran sus ahora delicados oídos. Con todas las fuerzas que disponía, acercó una mano a su hocico y lo calló.

-Calla, por favor…-le dijo con una lágrima en ojo, debido al dolor- Vas a hacer que me explote la cabeza…

-¿No cree que se está precipitando? Replánteselo, aún hay una posibilidad de que logre usted curarse.-le pidió Auru, intentando darle ánimos.

-No…-suspiró- Tal vez tengas razón…pero no quiero a-arriesgarme…-tosió- Si algo llegara a…ocurrirme, quiero que mi reino tenga un sucesor…-volvió a toser- No quiero que se inicie una guerra…p-por mi culpa…-una lágrima rodó por su cara.

-¡Majestad, esto no es culpa suya! ¡Los culpables de esta tragedia son esos miserables de "Los Seguidores"! ¡Y le aseguro, que todos los expertos que están trabajando ahora mismo encontrarán un antídoto para usted! –explotó Auru, no podía soportar oír esas palabras.

-¿Y si no fu-fuera así? –le preguntó débilmente- Por favor…haz lo que te pido…sé que hay buenos candidatos al trono…parientes lejanos míos, quizás…-tosió nuevamente- Reuniros los Ministros y tú en secreto…esto no ha de saberlo nadie…hasta que me sea demasiado tarde…

Auru se quedó callado, mientras Link se subía a la cama y se tumbaba, muy tenso. El hombre se marchó tras unos minutos de reflexión, tras despedirse de ellos dos. Mientras, Link observaba a Zelda, que a cada minuto la veía peor.

-"¿Por qué ahora? ¿Por qué te rindes sin más? No puedes perder la esperanza, no es propio de ti…"-gimió preocupado- "Debería haber estado contigo, maldita sea… ¡¿Por qué tuve que morder a ese imbécil? ¡¿Y por qué nos han hecho esto? ¡A mí me transformaron en un lobo y a ti te están matando! ¡¿Qué es lo que quieren de nosotros? ¡¿Por qué tiene que ocurrir esto? ¡Y encima soy incapaz de hacer nada por salvarla!"-aulló desesperado, esa visión de ella lo estaba destrozando.

Zelda lo estaba mirando, sabía que estaba muy preocupado y que se sentía frustrado por no poder hacer nada. Con un gesto, le indicó que se acercara y esta lo abrazó, o más bien, el lobo tuvo que ayudarla a colocar su brazo sobre él.

-He de pedirte di-disculpas…-aquello confundió a la bestia- Ahora tendrás que buscar tú solo la forma de romper tu maldición…ya no podré ayudarte…-suspiró- Si hubiera sido más capaz…

-"Olvídate de eso…eso es lo que menos me preocupa ahora."-gimió agachando las orejas.

-Sabes…-le acarició la melena del cuello- Hoy, hace poco más de un año, salvaste a mi reino…y a mi…-eso llamó la atención del lobo- Y aunque la fecha exacta pasó…me hubiera encantado celebrarlo contigo, como un hombre…-tosió- ¿Recuerdas? To-todo el reino estuvo hablando de eso…de por qué no había celebrado e-ese día en tu honor, pero… ¿Qué sentido tendría si nadie podía aclamarte?

El lobo estaba confundido, no sabía por qué le estaba contando todo eso. Le preocupaba, y mucho, cada vez la sentía más apagada y débil.

-Y en todo este tiempo…-continuó hablando, sorprendiendo a Link- Para mí…has sido más que mi guardián…-suspiró- Y más, que un amigo…-le confesó con un extraño tono, mientras lo acariciaba.

Link no entendió a lo que quiso referirse, pero por alguna extraña razón, aquellas palabras provocaron en él una enorme aflicción. De pronto, Zelda comenzó a toser más violentamente de lo normal, le estaba dando una crisis. Pero al contrario de las otras, ella al toser esa vez, expulsó ciertas partículas que impactaron contra la cara de Link. Sintió un olor extraño, algo que lo dejo completamente horrorizado…estaba tosiendo sangre.

Tosía y tosía, expulsando cada vez más sangre. Cada vez le costaba más respirar, su pulso se aceleraba hasta límites insospechados y su Trifuerza parpadeaba con más fuerza. Aquello lo alarmó y fue corriendo hasta el pasillo para ladrar como un poseso en busca de ayuda. Varios guardias se acercaron, confusos por la presencia de ese animal, pero pronto llamaron a los médicos cuando descubrieron lo que le estaba pasando a la princesa…

XOXOXOXOXOXOXO

Estuvieron bastante rato, eterno para Link, para lograr estabilizar a la Princesa Zelda. Link estaba tumbado junto a la puerta del dormitorio, esperando afuera con varios criados y soldados, que lo observaban extrañados. Y mientras, Auru disimuladamente le intentaba dar ánimo y despreocuparlo un poco.

-Ahora sé quién hacía esos extraños ruidos cuando la Princesa necesitaba ayuda…-comentó un soldado ahí reunido- Era ese animal, aunque pensé que los Ministros la habían obligado a echarlo del castillo…

-A mí lo que me sorprende, es cómo ha logrado colarse en el castillo…-comentó otro- ¡No me extraña que si se cuela esta bestia, logre colarse uno de esos sabandijas! –se quejó.

-¿Y cómo es que nadie se dio cuenta hasta ahora? –preguntó una joven- Muchas personas han estado entrando y saliendo de la habitación, es imposible que haya sucedido esto.

-A mí lo que me perturba, es que estando enferma nuestra soberana, haya estado con ese sucio animal salvaje…-habló con asco un compañero- Recordemos, que es un lobo, no hay más que verlo. Y esa fue la razón de que los Ministros lo echaran a patadas, temiendo que ocurriera algo peor de lo que le ocurrió al Príncipe Facade.

-Ya, pero sin duda, un lobo de lo más particular…-le defendió Anabel, que también estaba ahí.

Mientras, Link hacía caso omiso de lo que decían de él, perdido en sus propios pensamientos y preocupaciones. Después de un rato, el Doctor Borville y unas personas más, salieron del dormitorio sin aparentar demasiado optimismo.

-La Princesa está estable…por ahora.-habló franco el viejo doctor- Pero tenemos malas noticias…-hizo una pausa, bastante incómodo- Será un milagro, si logra recuperarse. Aunque encontráramos el antídoto, los daños están hechos. Me temo, que si no logramos encontrar la cura antes de dos días…morirá.-habló con pesar.

-Y lo peor, aún no sabemos que es en realidad lo que ingirió.-habló un hombre con pinta de hechicero- En todos mis años de práctica en el dominio de la magia, jamás había visto un conjuro que se combinara a la perfección con un veneno tan potente. Quién haya hecho esto, no sólo ha buscado asesinar a nuestra soberana, sino también robarle sus fuerzas para hacerse aún más poderoso. Es realmente temible…

-Por ahora, la única pista que tenemos es que lo que pudo tomar es una variante más letal del ácido que producen los Deku Baba, a la que le han añadido un cierto componente maligno. No sabemos a qué especie podría pertenecer este veneno, es algo que jamás se había visto.-habló un curandero especializado en la materia.

-¿Y no se puede hacer nada por ella? –le preguntó preocupado Auru.

-De momento, sólo podemos rezar…-habló serio el doctor- Esperemos que alguien, ya sea movido por la bondad o por el dinero, logre encontrar el remedio para nuestra princesa.

-Y que se dé prisa, ya no le queda tiempo…-comentó triste una enfermera.

-Lo recomendable sería, que ese animal no entrara a la habitación.-habló franco el médico del castillo- Su salud es muy delicada y esa bestia podría poner en peligro la vida de nuestra mandataria, debido a su naturaleza salvaje. Aún me resulta increíble el hecho de que no se volviera loco al ver escupir sangre a la Princesa y que además haya estado avisándonos durante estos días cuando su dueña sufría una crisis. Normalmente, ante la debilidad y la sangre, hubiera sido de esperarse que se le lanzara al cuello, pero no ha sido así.

-"Más te vale callarte, si no quieres que cumpla eso contigo…"-le gruño enfadado, mostrando los dientes, pero Auru lo sosegó para que no hubiera problemas.

-¿Y qué haremos en el animal? –preguntó Auru, disimulando el comportamiento de Link.

-Lo único, es que no entre a los aposentos de la Princesa.-contestó el hechicero- Por lo demás, mientras no ataque a nadie, puede quedarse.

-¿Y los Ministros? Ellos ordenaron que ese lobo no pudiera estar en el castillo…-recordó Anabel, preocupada.

-Pues eso es asunto suyo, no nuestro.-respondió el viejo Borville- Hagan lo que consideren más oportuno, a mí me da igual.

Al final, todos pasaron del tema, ninguno quería verse las caras con los Ministros. Sólo dos guardias y Link se quedaron esperando en la puerta, mientras los demás fueron a seguir con sus ocupaciones. Los dos hombres miraban un tanto desconsolados al lobo, al que en esos momentos sólo lo vieron como a un perro fiel a su ama. Tras un rato, cambiaron de turno, y otros dos vinieron para reemplazarlos. Estos, para sorpresa de Link, le dieron algo de la comida que traían con ellos, unos bocadillos.

Link, después de varias horas, ya en la noche, decidió marcharse para dar un paseo y despejarse. Llegó a pasar al lado de la Sala de Reuniones, de la que escuchó provenir extraños murmullos. Se acercó a las puertas de la regia sala, que estaba cerrada, y colocó su oreja en la cerradura para alcanzar a escuchar algo.

-Muy bien, autoridades superiores de Hyrule…-oyó hablar a Auru- Los he reunido en secreto esta noche, para tratar con ustedes un asunto que implicará a todo el reino y a petición de nuestra soberana, que se encuentra debatiéndose entre la vida y muerte. Se trata, como os comenté antes, de elegir un nuevo gobernante para Hyrule, una selección previa en caso de que nuestra líder no logre recuperarse.-habló con extrema frialdad, aunque en el fondo sufría por ello- Aquí tengo una lista de los posibles candidatos a ocupar el trono, basándome en el árbol genealógico de la Familia Real. Comencemos…

Los oyó debatir sobre nombres de personas que no conocía ni le importaban, como si estuvieran eligiendo un banal complemento para la Corona de Hyrule. Link salió corriendo de allí, no podía seguir escuchándolos. Corrió por todo el castillo, hasta llegar a los jardines. Y no supo cómo, salió del castillo sin darse cuenta de ello, al escaparse cuando los guardias abrieron las puertas para dejar salir a unos empleados del castillo, estos sólo vieron una sombra pasar al lado suyo. Y así continuó, perdido en su propio mundo.

Se sentía frustrado, inútil y traicionado por Auru, al ver que había perdido la fe en que ella se recuperara. Nadie creía ya en esa posibilidad, a excepción de él, lo que le hacía aún más daño. Se plantó en medio de la ciudad, recuperando el aliento.

-"No… ¡No lo permitiré! ¡No voy a dejar que muera así!" –rugió- "¡Seré yo quien consiga encontrar una cura! ¡Lo haré solo, sin ayuda de nadie! ¡No puedo seguir esperando que alguien haga algo, ya no!"-paró un momento, para pensar- "¡Ya está! ¡La Fuente de Lanayru! ¡Allí hay de vez en cuanto hadas! ¡Traeré algunas hadas curanderas para que me ayuden!"

Se emocionó mucho por la idea, no entendía cómo no se le había ocurrido a nadie. Pronto lo descubriría…

XOXOXOXOXOXOXO

Recorrió de nuevo el camino al Lago Hylia desde la Entrada Este, corriendo sin descanso durante largo tiempo, pero que su motivación y resistencia lobuna le hicieron más ameno. Bajo al fondo del cráter, para ir por tierra y agua hasta llegar al altar del Espíritu de la Luz. Observó la entrada, todo parecía demasiado tranquilo, hasta que le preocupó. Entró y la visión de la fuente lo dejó destrozado…no había ningún hada, ni una. Nada…

-"¡Nooo!"-aulló profundamente- "¡He venido hasta aquí para nada! ¡Y he perdido mucho tiempo!"-su desesperación cambió a furia- "¡¿Dónde estás, Lanayru? ¡Sal de donde estés! ¡Esto es muy importante y sé que tú me puedes ayudar!"-esperó un poco, pero no recibió respuesta- "¡¿Por qué no apareces? ¡Maldita sea! ¡Ayúdame! ¡El futuro de Hyrule depende de ello!"

Comenzó a tirar unas piedras a la fuente, intentando llamar la atención de la deidad que debería estar presente. Estuvo llamándolo constantemente, pero no obtuvo respuesta. Al final, decidió abandonar el santuario, derrotado.

Al salir, captó un curioso olor que le atrajo, olía a una fogata en la que estaban asando pescado. Caminó por la orilla del lago, cruzando puentes entre las pequeñas islas, hasta llegar a un lugar donde además de lo que había olido, estaba un gran carromato. Parecía servir para transportar a la familia que se encontraba bañándose, en plena madrugada, un poco más lejos de donde él se encontraba. También había dos grandes Bullbos, descansando tranquilamente, lo que le pareció curioso a Link puesto que no era común ver Bullbos con seres que no fueran los Bulblins o estuvieran en libertad. Se acercó al carro, viendo que en su interior había una especie de pequeña vivienda móvil, junto con un montón de objetos específicos. Pudo ver armas, pieles, criaturas expuestas…parecía ser una familia de cazadores. Le parecía extraño que no hubieran decidido alojarse en la posada de los dos ancianos, pero tampoco es que le importase demasiado.

De pronto, olió algo que le llamó la atención y entró adentro para buscar lo que era. Buscó entre el desorden, hasta encontrarse guardado en una caja una botella llena hasta la mitad, con un líquido brillante rosa que le sonaba mucho.

-"¡No puede ser! ¡Es Rocío de las Hadas! ¡Lo mismo que me entregó la Reina de las Hadas cuando superé la Caverna de las pruebas, en el Desierto Gerudo! ¡Ja, ja, ja!" –la euforia que sentía era indescriptible- "¡Estamos salvados! ¡Con esto logrará recuperarse! ¡Se dice que es capaz de curar cualquier herida o enfermedad!" –de pronto, recordó algo- "¡Maldita sea! Si no se hubiera roto la botella en la que tenía ese mismo elixir, por culpa de ese Portal del Crepúsculo…"

No era momento de lamentarse, lo importante era llevar eso al castillo. Buscó un saco o bolsa donde meter la botella y poder cargarla. No sabía quiénes eran los dueños de ese sitio ni por qué las Diosas habían decidido cruzar sus caminos, pero no tenía otra opción que robarle para salvar a Zelda. Agarró la pequeña bolsa, con mucho cuidado, y se dispuso a marcharse con ella sin que nadie lo viera.

Sin embargo, desde las alturas, apareció un temible Kargaroc que cargó contra él, impidiéndole escapar. Link se resistió y luchó, atrapado entre las garras de esa criatura, que no lo dejaba moverse del suelo. Los gritos del monstruo alertaron a los Bullbos y a la familia que se estaba bañando, que vino corriendo al lugar de los hechos tras vestirse rápidamente.

-¡¿Qué está pasando, Karol? ¡¿Por qué nos has alertado a todos? –le preguntó el padre de familia, seguido de su mujer y su hijo pequeño.

El hombre era un hylian de alrededor de treinta años, alto, corpulento, peludo, con barba y cabello pelirrojos, vestido con ropas simples pero resistentes para su oficio de cazador. Mostraba una apariencia firme y robusta, que llegaba a intimidar bastante. Como detalle, llevaba un cuchillo atado a la cintura.

-¿Qué tienes ahí? –miró confuso a su presa-. ¿Un lobo? ¡Ja! ¡Qué extraño! ¡Debe estar desesperado para venir a robarnos la comida! ¡Seguro que es un exiliado o un macho soltero!

-Papi…-habló dulcemente su pequeño hijo- ¿Qué tiene el lobo en la bolsa? –le preguntó curioso mirando la bolsa que se le había caído a Link.

El hombre la cogió, aún cuando Link se resistió a que lo hiciera. Y lo que vio, lo dejó bastante sorprendido.

-¿La botella con el Rocío de las Hadas? Fue un regalo de mi hermano pequeño…-divagó- ¿Por qué un animal querría algo como esto? –se acercó a él, sujetándolo- ¿Acaso estás adiestrado para robar, muchacho? –lo observó y encontró algo que le llamó la atención- ¿Llevas collar? ¿Y este símbolo? ¿Perteneces a la Familia Real? –se quedó extrañado al ver un pequeño símbolo dorado con la forma de la Trifuerza, que le había grabado Auru aunque no se notara mucho y estuviera escondido entre tanto pelo.

-¿La Familia Real has dicho? –le preguntó su mujer, con rasgos parecidos a los suyos- Antes oí a unos Zoras hablando de que la Princesa está luchando por su vida al haber sido envenenada por un individuo de una peligrosa banda. Es tan grave, que ofrecen una cifra desmesurada como recompensa a quién encuentre la cura para sus males.

-Ahora entiendo por qué no había hadas en la fuente cuando llegamos hace unas horas. Seguramente porque varios insensatos intentaron atrapar algunas para conseguir la recompensa, pero estas huyeron. -razonó su marido- Ilusos…deberían saber que sólo un tipo de hadas son capaces de ayudar a sanar las heridas, las denominadas "sanadoras rosas", pero su poder no es demasiado alto. Las únicas que podrían ayudar a la Princesa son las Grandes Hadas o la mismísima Reina de las Hadas, que casi nunca se dejan ver.

Link resopló como si fuera un estornudo, al darse cuenta de su error.

-Ahora que lo pienso, el Rocío de las Hadas sólo puede ser entregado por estas últimas, es su esencia…-se quedó mirando a Link- ¿Acaso viniste a por esto, "lobito"? –le decía en broma, sacudiéndole la cabeza y agarrando provocativamente la botella.

Para su sorpresa, este asintió, mirándolo fijamente. El cazador vio en sus ojos la nobleza y la desesperación, algo que le impactó bastante.

-Soy yo… ¿O me parece que tú no eres un lobo normal y corriente? –se quedó observándolo.

Paseó alrededor suyo, mientras el animal seguía atrapado gracias a su Kargaroc. Tras un rato, volvió a hablar.

-Por culpa de ciertos códigos familiares, no se me permite involúcrame directamente en asuntos que puedan tener gran escala, como es el caso.-comenzó a reírse- ¡Qué pena! ¡Dejar escapar todo ese dinero! ¡Aunque tampoco sabría qué hacer con él! ¡Ja, ja, ja! –se secó las lágrimas de la risa- Aunque también quiero ayudar…y tú lo harás por mí.-se acercó a Link, de nuevo- Me das la impresión de que eres un lobo más inteligente de lo habitual, aunque no sé la razón. Así que…te propongo un trato. Llevarás esta bebida mágica a tu soberana, salvando así su vida. Pero me gustaría llevarme algo a cambio…a ti. Por mi profesión, me resultarás muy útil, pero lo dejo a elección tuya…-habló sombríamente- Tú libertad o su vida…tú decides.

-Cariño, ¿No crees que te estás pasando? Un animal no va a poder…

-¡Calla! –le pidió- A lo largo de nuestros viajes, has visto criaturas que se salían de la lógica…-le recordó- Y sé, que este animal también es extraordinario, mi intuición nunca me ha fallado.

Link lo pensó durante un tiempo, la decisión no era fácil. Si quería salvarla, tendría que entregarse a esa misteriosa familia a cambio del remedio para ella…

-¿Aceptas o no? –le acercó la mano, como si quisiera sellar el trato.

Link lo hizo, y nada más rozar su mano, un brillo lo cegó por unos segundos, para luego ver una marca extraña en su pata, que desapareció unos segundos más tarde.

-Además de cazador, soy comerciante y sé algo de magia. Este hechizo lo utilizo para marcar a presas que se me hayan podido escapar y poder localizarlas, en caso de haberlas tenido entre mis manos. Es una estratagema para que me conduzcan hasta su nido o manada…-le explicó- Eso hará que no puedas incumplir nuestra promesa, mi preciosa Karol se ocupará de ello.

La Kargaroc graznó, soltando a Link para que cogiera la bolsa con la botella. Cuando él se disponía a marcharse, esta lo agarró de nuevo, bruscamente.

-"Muy bien, lobito, voy a llevarte a la ciudad. Así llegarás más rápido…"-le dijo antes de emprender el vuelo, transportándolo como había hecho con Midna antes.

Mientras desaparecían en el horizonte, las tres personas se quedaron observando el cielo nocturno.

-¿Tú crees que lo hará? ¿Salvará a la Princesa Zelda? –le preguntó su mujer, con su hijo en brazos.

-Lo hará…-contestó mientras acariciaba a sus dos bestias de cargas, los Bullbos- Por alguna extraña razón, me da que esa bestia haría lo que fuera por ella…

XOXOXOXOXOXOXO

-"Ya lo sabes…"-le habló la Kargaroc cuando aterrizó frente a la Entrada Este- "Volveré más tarde, y espero verte dispuesto a venirte conmigo… ¡Je, je! ¡Hasta luego!"

La bestia emprendió el vuelo, dejando solo a Link. Había tardado poco en comparación con el tiempo que se tardaba a caballo, que eran unas cuatro horas. Ya casi estaba amaneciendo, como veía por los escasos rayos de sol que se perdían en el horizonte. Dudó un poco en entrar, pero pronto se vio corriendo por las calles hasta llegar al castillo. Allí, estaban varios guardias custodiando los portones y volvió a ocurrir lo mismo.

Sorpresivamente, los guardias se tranquilizaron un poco cuando vieron al Doctor Borville aproximarse, que venía de recoger unas cosas en su consulta.

-¿Qué es todo este ajetreo? –les preguntó malhumorado el anciano.

-¡Es ese lobo otra vez! ¡Entra y sale del castillo cuando le da la gana! ¡Y no podemos permitírselo! –se quejó un soldado- ¡Qué desprestigio para el noble cuerpo de defensa de este reino! ¡Qué una vulgar bestia se cuele en su fortaleza más prestigiosa! ¡Una deshonra!

El viejo miró a Link, con algo de dificultad debido a la escasa luz que todavía había. Acercó su candil al lobo para observarlo mejor y se dio cuenta de que llevaba un saco agarrado con la boca.

-¿Qué llevas ahí? –le cogió lo que portaba y rebuscó dentro- ¿Qué es esto? –lo observó con más detenimiento- ¡Es imposible! ¡¿De dónde has sacado esto? –su sorpresa fue tal, que casi se le caen las gafas.

-¿Por qué se ha sorprendido tanto, señor? –le preguntó un soldado- Seguramente no será más que algo que se encontró tirado por la calle…

-¡Imbéciles! –se sobresaltó por su ignorancia- ¡Esto es Rocío de las Hadas! ¡Justo lo que necesitábamos! En medicina, también se estudia los remedios mágicos y este es uno de los más valiosos. ¡Sanará a la Princesa! ¡¿Sabéis lo que significa? ¡Qué el reino está salvado! –se emocionó el anciano- ¡Rápido, abran las puertas para suministrarle cuanto antes esta poción milagrosa!

Los guardias obedecieron enseguida, casi sin poder comprender la situación. El anciano corrió lo más deprisa que pudo, seguido por Link. La noticia se extendió como la pólvora, todos querían ver la milagrosa recuperación de su soberana. Todos los expertos y multitud de personas más estaban reunidas en la habitación, con Link como principal testigo, esperando con impaciencia al pie de la cama. El Doctor Borville le suministró a Zelda, que se encontraba aún inconsciente, la mitad del contenido de la botella, quedando sólo un poco.

Cuando lo hizo, algo espectacular sucedió. Su cuerpo comenzó a brillar con un suave destello rosado, al mismo tiempo que energía oscura salía de su boca entreabierta, escapando a través de la ventana del cuarto aún estando cerrada. De pronto, su cuerpo brilló con más intensidad, esta vez la luz cálida y sagrada, cegándolos a todos. Cuando terminó aquello, todos vieron maravillados el resultado. La Princesa había recuperado su color natural, no estaba pálida de modo que pareciera estar muriéndose. Su respiración, latidos, temperatura…los médicos lo comprobaron todo, verificando lo que veían sus ojos.

-¡Alabadas sean las Diosas! ¡La Princesa se ha salvado! –clamó un soldado, desatando la alegría colectiva de todos los presentes.

Se felicitaron, se abrazaron, algunos lloraron…la dicha era tal, que no tardó en propagarse por todo el castillo y más tarde a la ciudad. Mientras, Link se subió disimuladamente en la cama de Zelda, en la que seguía dormida plácidamente. Se acurrucó junto a ella, apoyando su cabeza en su vientre, viviendo esa indescriptible felicidad dentro de sí.

Sin que él lo supiera, debido a que estaba ensimismado con ella, el viejo doctor lo estaba observando. Su mirada refleja una profunda confusión ante los hechos, no entendía como un simple animal había sido capaz de salvar no sólo a su futura reina, sino a todo el reino.

-¿Qué le ocurre? –le preguntó el médico del castillo, al ver que no lo estaba celebrando.

-Ese lobo…-lo miró ocultando su asombro- Ese animal, acaba de salvar a la Princesa y ha evitado una catástrofe… ¿Cómo es posible?

-Quizás…-apareció Auru, metiéndose en su conversación- Porque su lealtad y devoción a nuestra líder, es mucho más grande que la de cualquiera de nosotros…-habló sereno, aliviado porque todo se había solucionado.

Más tarde, todos se habían marchado, para dejar descansar a su princesa. Algunos fueron a celebrarlo a la ciudad, mientras otros tuvieron que continuar con sus obligaciones. Los únicos que se quedaron fueron Auru y el médico anciano, junto al animal que no se despegaba ni por un segundo de ella. Los Ministros, que acabaron enterándose rápidamente de la noticia, se apresuraron a ver ese milagro con sus propios ojos. Aquel grupo de diez personas, bien diferenciadas del resto, se abrió paso entre los pasillos, caminando con paso firme y enérgico hacia el dormitorio de la Princesa Zelda. Entraron todos a la habitación, casi sin avisar, observando atónitos la escena.

-¡Por las Diosas! ¡Es un milagro! ¡Verdaderamente no nos han mentido! –exclamó una mujer.

-¡Esto hay que celebrarlo! –clamó un ministro- ¡¿Quién ha sido quién nos ha proporcionado la cura para nuestra amada soberana?

-¡Un momento! –frenó a todos uno de los hombres de ese selecto grupo- ¡¿Qué hace esa bestia junto a la Princesa? ¡Le prohibimos terminantemente que volviera a pisar este castillo! ¡Después de lo que le ocurrió al heredero de Gamelon, ese animal salvaje no puede quedarse aquí! ¡Daríamos una mala imagen alojando a alimañas como esa aquí!

-¡Callaos, ineptos! ¡Mostrad un poco más de respecto por este animal! –se enfureció enormemente el anciano- ¡Ha sido él quién ha traído el milagroso remedio que la ha salvado!

Todos ellos se quedaron sin palabras, murmurándose entre ellos al resultarles imposible asimilar eso. Mientras, Link hacía caso omiso a lo que pudieran estar diciendo o a lo que hubieran dicho de él, sin moverse de su posición. Sabía que no podría quedarse con ella mucho más tiempo…

XOXOXOXOXOXOXO

Antes de eso, en otra región de Hyrule…

-¡¿Qué está pasando? –preguntó nervioso un hombre encapuchado, que sostenía un misterioso reloj de arena en su mano.

Su secuaz veía como temblaba en la mano de su jefe, obligándolo a soltarlo. Este se quedó levitando en el aire, sacudiéndose brutalmente. Comenzó a agrietarse el cristal que protegía la arena dorada que había en su interior, que casi había caído en su totalidad al nivel inferior. Finalmente, explotó, liberando esas partículas mágicas, que quedaron suspendidas en el aire formando el símbolo de la Trifuerza. Unos instantes más tarde, el viento se llevó el polvo, en dirección a donde se asentaba la ciudad y el castillo…

-¡Aaargg! –gritó furioso al cielo- ¡Ya casi lo tenía! ¡Cuando cayera el último grano de arena, su Trifuerza sería mía y ella moriría! ¡¿Qué es lo que ha pasado?

En ese momento, apareció en el cielo su fiel sirviente alado, parecía tener noticias frescas.

-¿Qué es lo que traes, Kranos? –le preguntó a su enorme bestia cuando aterrizó.

Esta comenzó a hablarle en su idioma, él era el único hombre que podía entenderlo. Cuando acabó, sus ojos se enrojecieron aún más de lo que ya eran naturalmente.

-¡¿Quéee? ¡¿Ese estúpido muchacho consiguió algo que logró curarla? ¡Debería haberme librado de esa alimaña cuando tuve la ocasión! –se enfadó por sus errores.

El monstruo tuerto siguió revelándole más detalles de lo que había sucedido…

-¿Cómo? –ahora estaba confuso- ¿Él? ¿Pero qué hacía en el Lago Hylia? -apretó un puño, intentando controlar su furia- ¿Cómo consiguió eso? Maldito inoportuno, por su culpa todo mi plan ha fallado…-suspiró, relajándose- En fin, a fin de cuentas, sólo ha sido un bache sin importancia…-parecía como si en realidad no le guardara ningún rencor a esa persona, más bien lo contrario- Espero que la próxima vez no se entrometa nadie más de su calaña…

-¡¿Pero qué dice? ¡Debe pagar por lo que nos ha hecho! ¡Ayudó a ese licántropo a curarla! ¡Sea quien sea, yo mismo me encargaré de eliminarlo! ¡Volaré ahora mismo sobre Kranos para ello! –se ofreció con grandes deseos de asesinar a quien hubiera ayudado al lobo.

Sin embargo, el pájaro monstruoso lo amenazó, casi atacándolo. Valtimore no entendió ese comportamiento y sus dudas fueron mayores cuando su jefe reaccionó igual.

-¡Ni se te ocurra! ¡No es asunto tuyo! –lo alejó de la bestia- Tengo mis razones para no querer dañar a ese hombre ni a nadie de su familia…

-¿Cuál es el motivo? ¿No le tendrás miedo? –le preguntó esperando que esa no fuera su respuesta.

-No es eso, son implicaciones personales…-hizo una pausa- ¿Recuerda quién fue tan "generoso" de suministrarnos el veneno para nuestro propósito? Aún sigo pensando en cómo pudo encontrar algo así, más sabiendo que es un débil y un cobarde…-se quedó meditando.

-¿Ese "raríto"? ¿Qué tiene que ver él con ese hombre? –le preguntó extrañado.

-La misma relación que tiene conmigo… ¿Vas entendiéndome? –le habló sin darle demasiados detalles.

-¡Ja, ja, ja! ¡Te está volviendo muy blando! ¡No conocía esa faceta tuya! –se rió, lo había entendido todo- ¡Algún día tienes que presentármelos! ¡Seguro que nos montamos una agradable fiesta!

-Me parece que no, hace mucho que se olvidaron de mí…-divagó, incluso parecía un tanto entristecido.

-¿Y qué harás ahora? –cambió de tema Valtimore- Por culpa de ese maldito Comandante de la Guardia Real, he vuelto a saltar las alarmas en el reino, cada día mi cabeza se cotiza más. No puedo seguir arriesgándome a que todo salga mal a última hora, necesito un plan que sea infalible y del que nadie sospeche de nosotros.

Su poderoso líder caminó un poco en el sitio mientras pensaba en algo. Y la "inspiración" no tardó en llegar…

-Me parece que vamos a tener que visitar a un viejo amigo, a uno al que le hicimos un importante favor hace un tiempo…-habló fríamente, mostrando malicia en su sonrisa.

-¿No será alguien que "casi nos arruina" de quien hablamos, no? –le respondió de la misma manera, sabiendo a quién se refería.

-En efecto, ese mismo, de seguro que estará encantado de ayudarnos en este "trabajito", no por algo él también recibirá una pequeña recompensa por su colaboración…-se rió- Créeme, si todo sale como espero, tendremos a nuestra merced a esa Zelda…

XOXOXOXOXOXOXO

Habían pasado horas desde que Zelda se curó, pero aún seguía dormida. Link estaba preocupado por ese hecho, pensó que se despertaría pronto…

De repente, escuchó un fuerte ruido que venía de fuera, algo estaba golpeando la ventana. Vio que era esa Kargaroc, graznando y golpeando el cristal para avisarlo de que se le había acabado el plazo.

-"¡Se acabó el tiempo! ¡Es hora de marcharnos! ¡Je, je, je!"-le habló con malicia y cierto retintín.

Desapareció de su vista, seguramente para esperarle en un sitio mejor. Link se bajó de la cama, cabizbajo, le había llegado el momento de despedirse. La miró una última vez, desconsolado, antes de abandonar la habitación…no sabía si volvería a verla.

Cuando llegó a los jardines, casi no pudo reaccionar al verse atrapado de nuevo entre las garras de esa criatura. Curiosamente, en pleno día, nadie se dio cuenta que un lobo volaba sobre sus cabezas, antes de desaparecer en lo alto.

Tiempo después, notó cómo empezaban a descender, hasta observar el Lago Hylia desde la altura. Fue bajando cada vez más, casi como si estuviera cayendo en picado. Pronto empezó a ver más detalles, entre ellos la familia que le estaba esperando. Antes de que pudiera darse cuenta, comenzó a balancearlo en el aire con sus patas, para lanzarlo dentro de una jaula que le tenía preparada su amo, con una excelente puntería y fuerza al hacerlo.

-¡Perfecto! Lo has hecho muy bien, preciosa…-le felicitó el cazador a su ave de presa cuando esta se posó en el suelo- ¡Muy bien! ¡En marcha! ¡Pongamos rumbo a los Bosques de Farone!

El hombre cargó la estrecha jaula en la que iba metido Link fácilmente, aunque algo bruto al hacerlo. Su mujer y su hijo se metieron en el complejo y adornado carromato, mientras que él se sentaba delante para dirigir a los Bullbos. La Kargaroc se subió también, colocándose junto a su amo para descansar y dormir un poco.

Nuestro héroe se veía atrapado entre unas rejas, como un verdadero animal…

XOXOXOXOXOXOXO

Era de noche, habían estado viajando todo el día. Ahora estaban en los bosques, aunque sólo en la entrada a los profundos Bosques de Farone. La familia cenaba tranquila, junto a sus animales. Mientras, él seguía ahí dentro, sin posibilidad de escapar. De todas formas, el estado de ánimo de Link no le permitía pensar ni siquiera en eso, se había rendido finalmente.

Oyó un ruido al fondo del carromato, cosa que le asustó un poco. Sin embargo, al olisquear el aire y ver una cuantas plumas azules, se dio cuenta de quién era.

-¡Qué sorpresa! ¿Cómo estás, lobito? –le saludó amistosamente Trino, el pájaro de plumaje azul y cuyas plumas en la cabeza era similares al peinado de su dueño, Palomo.

Se había colado por la parte trasera del carromato, por la pequeña ventana que había en la puerta trasera.

-¿Qué haces ahí? ¿Por qué estás encerrado? ¿Y por qué has vuelto a ser un lobo? –le preguntó curioso, acercándose a la jaula.

-Eso no importa…-le contestó sin ganas, pasando de él- ¿Y tú qué haces aquí en plena noche? ¿Dónde está tu dueño? Pasamos antes por donde debería estar su cabaña, pero no es más una estructura de madera a punto de caerse…

-¡Es porque mi amo se mudó a Ordon, finalmente! ¡Ahora vive con Braulio, hasta que consiga dinero para construirse una casa allí! –le explicó- ¡Yo sólo estaba volando por el bosque! ¡Me gusta hacerlo a veces! Aunque puede ser peligroso…

-¿Ya no tienes que encargarte de aquella tienda? –le preguntó, aunque en realidad lo hacía por inercia.

-Pues…-se rascó las plumas del ala con el pico- No te voy a mentir, pero esa tienda esa una farsa. El aceite que vendía no era bueno, era aceite rancio y por eso no era de buena calidad…-se confesó- Y al cántaro de Poción Roja le ocurría lo mismo, por eso sus cualidades como bebida energética y regenerativa no eran tan buenas.

-Y me timasteis las veces que fui al bosque, bastardos…-gruñó al descubrirlo.

-¡Espera, no te sulfures! Palomo me colocó ahí por culpa de algo malo que le hice, me castigó abandonándome en esos bosques, con la excusa de esa tienda. No venía nadie, tan sólo tú y algún leñador o cazador, pero nadie quiere ir casi nunca a ese lugar. Me sentía muy solo y temía por los monstruos…-agachó la cabeza- Pero todo cambió cuando Palomo visitó tu aldea mientras la mayoría estaba trabajando en la ciudad por lo del castillo, tras tus viajes. ¡Nos reconciliamos y eso me hizo muy feliz! –agitó sus alas contento, liberando algunas plumas.

A Link le importaba poco sus historia, tenía cosas mejores en las que preocuparse. Y debido a eso, se le ocurrió una idea.

-Trino…-dudó en decírselo- ¿Podrías hacerme un favor?

-¿Cuál? ¡Trino está para servirte! –se ofreció animado.

-Me gustaría que llevaras un mensaje a la Princesa Zelda...

XOXOXOXOXOXOXO

La luz de la mañana iluminó el cuerpo de la bella princesa, despertándola de su largo sueño. Se sintió extraña, como si algo en su cuerpo hubiera cambiado. Aún seguía estando muy débil, pero para nada en comparación al dolor que sentía antes. No pudo hacer otra cosa que quedarse observando el cuarto desde su cama, incapaz de moverse. Al explorar la habitación con la mirada, descubrió una botella casi vacía encima de su mesa de noche. En ella había un líquido de color rosa, que ella estuvo observando hasta que apareció Auru, que venía a ver cómo se encontraba.

-¡Por fin ha despertado! ¡No sabe la alegría que me produce verla despierta! –exclamó su consejero, nada más verla.

-Esa pócima… ¿Es por casualidad Rocío de las Hadas? –le preguntó cansada, pero con su suave voz de siempre.

-Sí, gracias a eso, os habéis salvado…-hizo una pausa, sonriendo ligeramente- ¿Os imagináis quién encontró ese milagroso producto? Nada menos, que vuestro noble y fiel protector Link. Nadie sabe de dónde ha podido obtener algo tan escaso y valioso, pero lo importante es que vos estáis bien.

Zelda sonrió levemente, debido al cansancio. Pero en el fondo, se encontraba enormemente feliz y agradecida a Link. Pero le extrañó que no estuviera allí con ella, dado que no lo había hecho hasta ahora.

-Auru… ¿Dónde está Link? –le preguntó con interés.

-Eso es lo más raro, no se lo ha visto desde ayer. Pensé que quizás se marchó para despejarse un poco, pero me sorprende que aún no haya vuelto.

Ambos se quedaron meditando sobre el asunto, no era normal que no hubiera aparecido aún.

De pronto, escucharon unos golpes sobre el cristal de la ventana de la habitación, era un loro de plumaje azulado y un tanto extravagante en la forma de sus plumas. Al principio, lo ignoraron, pero su insistencia acabó haciendo perder la paciencia a Auru. Se levantó para abrir la ventana y espantar a ese pajarraco, pero al hacerlo logró colarse por ella y empezó a graznar revoloteando por toda la estancia. Auru lo persiguió, sólo consiguiendo que soltara plumas por todas partes y que continuara graznando aún más alterado.

-¡Cruaaac! ¡Mensaje para la Princesa! ¡Mensaje para la Princesa! –repetía constantemente.

Eso llamó la atención de ella, que ordenó a Auru parar y dejar que el animalillo se acomodara para hablar.

-Pequeña ave parlanchina, ¿Cuál es el mensaje que deseáis comunicarme? -le habló con mucha educación, estando postrada en la cama.

-¡Cruac! ¡Un mensaje de Link! ¡Lobo querer hablar contigo! –su lenguaje al hablar con las personas no era, en absoluto, tan fluido como con los animales.

-¿Has dicho "Link"? ¿Cuál es su mensaje? –le preguntó muy interesa en lo que pidiera decirle.

-Pues… ¡Adiós! –agitó bobaliconamente un ala, como si fuera una brazo.

-¿Adiós? ¿Por qué dices eso? –le preguntó ligeramente preocupada.

-¡Porque está enjaulado! –habló inocentemente, pero alarmó a los dos hylian presentes.

-¡¿Qué has dicho? –exclamó Zelda, impactada por la noticia.

-¿Por qué está en una jaula? ¡Dinos! –le ordenó Auru, esperando su respuesta.

-¡Dar miedo! ¡Estar en carro con cosas de mucho miedo! ¡Cosas afiladas, bichos muertos, cadenas y más cosas feas! ¡No, no, no! –negó con la cabeza- ¡No gustar eso! ¡Tener problemas gordos! ¡Muy gordos! ¡Cruaac!

-¿Y cómo acabó Link atrapado ahí? –le preguntó de nuevo la princesa, a la que cada vez le iban subiendo las pulsaciones.

-Para traer agua rosa mágica…-señaló la botella- Tener que hacer trato con… ¡Cruac! ¡Cazador! ¡Darle agua rosada por él! ¡Ser suyo ahora! ¡Animal de trofeo! ¡Perro de caza! ¡Cruaac! –batió las alas emocionado.

Zelda se quedó pasmada, no podía hablar debido al torrente de emociones que brotaron al escuchar aquello.

-Link decir gracias también…-eso llamó de nuevo la atención de Zelda- ¡Estar contento de conocerte! ¡Cruaac! ¡No poner triste! ¡Feliz de que tú estar bien! –voló hacia ella, dándole unas "palmaditas" de ánimo- Decir que continuar sola, que no dejar que malos andar sueltos y pagar por ello. Él no poder acompañar a ti, pero desear suerte…

Aquello le destrozó el alma a la joven, aunque no lo mostraba más allá de la preocupación. Y en eso, debido a la presión, Auru agarró bruscamente al pájaro, obligándolo a confesar.

-¡¿Dónde está? ¡¿Quién es el que lo tiene cautivo? ¡Habla! –le exigió sacudiéndolo y apretándolo con fuerza.

-¡Cruaac! ¡No puedo! ¡No puedo! –intentó zafarse de su agarre, pero Auru lo tenía bien agarrado.

-¡¿Por qué? –le gritó cerca de su cara.

El ave logró liberarse picando al viejo Auru, logrando así huir por la ventana. Mientras lo hacía, graznó unas últimas palabras.

-¡Link no querer que lo busquen! ¡Trato estar hecho! ¡No poder cambiar las cosas! ¡Cruaac! –se le oyó mientras se alejaba en la distancia.

Auru se quedó lamentándose en la ventana, no podía creer que hubiera perdido al muchacho.

Y la peor sensación la sentía Zelda, que se sentía inútil y culpable de que hubiera tenido que entregarse sólo para salvar su vida, algo que la destrozaba aún más de lo que estaba.

XOXOXOXOXOXOXO

Y más lejos, allá en la Provincia de Farone,

Link continuaba su travesía por los bosques junto a ese misteriosa familia, adentrándose en partes en las que pocos osarían a entrar, en buscar de buenas piezas de caza.

Se replanteaba muchas cosas mientras estaba encerrado en ese espacio tan pequeño, buscando los motivos para hacer eso.

Hizo lo que un verdadero héroe hubiera hecho…renunciar a su propia dignidad, para salvar la vida de ella.

Lo había hecho por eso, sí, pero…

¿Y si en el fondo, la razón de entregar una de las cosas más valiosas para él, su libertad, hubiera ido más allá del deber, la lealtad y la amistad a la Princesa?

Continuará…

XOXOXOXOXOXOXO

Nota de Alfax: ¡Nuevo capítulo! ¡Creo que más corto comparándolo con el anterior!

Para este capítulo, como va haciéndose costumbre, me basé en uno de los primeros fics que leí. Se titula "Por Ella" de Megumi-Zhian. Aunque en este caso, el desenlace no fue tan trágico...

Quiero aclarar de antemano, que no subiré un capítulo de este fic hasta fin de año o el próximo, así que sean pacientes. Y respecto a los otros, intentaré subir también un nuevo capítulo, pero no hago promesas a nadie.

¡Qué ganas de que llegue Navidad! ¡Y tener el Zelda SS en mis manos! Ya me estoy sobrecargando de spoilers, algunos bastante importantes sin habérmelo buscado...como me ocurra como con el OoT 3D...no respondo.

Espero que como siempre dejen sus comentarios, sigan leyendo mis historias y pasen felices fiestas.

¡Jo, jo, jo! (¡Cof, cof! Mi garganta...) ¡Hasta la próxima! ¡Nos veremos pronto! (o no, depende...)