Capítulo 83: La belleza de la Justicia.

Las titánides Temis y Tea se enfrentaban a Máscara de la Muerte y a Afrodita respectivamente, éstos últimos portaban las armaduras divinas de Cáncer y Piscis tras adquirir la novena conciencia.

El despertar de Cronos modificó completamente el devenir de la guerra santa, con su infinito poder detuvo el tiempo. Dioses y mortales quedaron detenidos en un instante que se repetía así mismo al infinito, enmudeciendo de este modo el Universo, los astros dejaron de rotar abruptamente y la intensidad del brillo de las estrellas se volvió totalmente uniforme.

Zeus ahora se encontraba indefenso al igual que sus ángeles guardianes, todo estaba a pedir de los titanes.

Tras el conjuro de Cronos todo parece haber terminado… ¿habrá sido el final de la Guerra Olímpica?

Monte Olimpo.

Bosque de la Luna.

En aquel frondoso boscaje donde se filtraba la luz de la Luna a través de los firmes árboles, Máscara de la Muerte se había liberado del terrible poder de Temis, quien estaba boquiabierta, su rostro denotaba perplejidad.

—¿Qué es lo que te sucede? —se bufó el santo mientras se reía a carcajadas.

—Ya veo…el tiempo no corre en los muertos, caminas entre nosotros por la gracia de Hades…—respondió Temis pensativa.

—¿De qué estás hablando…?

—Con su incomparable cosmos, Cronos ha detenido el flujo del tiempo, si observas a tu alrededor verás de lo que te hablo…

Máscara de la Muerte mira al cielo y advierte que las hojas ya no caían de los árboles, el viento ya no soplaba, la Luna estaba estática, un silencio sepulcral se extendía por el Universo.

—Ahora entiendo… ¡el tiempo no afecta a los que estamos muertos!

—Mientras el tiempo esté detenido, tus ocho horas restantes perdurarán en el infinito, en cuanto Zeus haya caído los titanes tomaremos el control y el tiempo permanecerá estático por toda la eternidad y tú podrías vivir por siempre sirviendo a los titanes…

—¿Esta es la diosa de la justicia? ¿Vienes a sobornarme con la vida eterna a cambio de servidumbre? —preguntó irónicamente Máscara de la Muerte. —¡Ofréceme algo que me interese de verdad!

—¿No le parece justa a tu alma corrupta la bendición de la vida eterna?

—¡No me interesa vivir para siempre! Hasta suena aburrido, mis deseos son más grandes…

—¿Qué puede desear un mortal cruel y despiadado…egoísta y cobarde como tú?

—Deseo… ¡brillar! ¡Quiero tu rostro adornando mi colección…! —responde el italiano riendo estrepitosamente.

—Insolente, no tienes oportunidad ante mí y por si fuera poco, no aceptas mis benevolencias…estoy proponiendo un trato que puede exceder incluso lo que mereces.

—¡El poder de Athena es verdadera justicia, sus victorias lo confirman y su espíritu lo grita, mientras que tus ofrecimientos son trivialidades hipócritas con la que quieres comprar mi voluntad! No eres más que una triste demagoga…

—Pagarás por tus palabras, voy a hacer justicia enviando a un alma corrupta a lo más profundo del Infierno… ¡al Tártaro!

—Ya estuve ahí, es un lugar un poco aburrido… ¡FUEGO DEMONIACO!

Máscara de la Muerte levanta la palma de su mano y en ella se genera un fuego fatuo de un extraordinario poder, tras apretar su mano el cuerpo de Temis es rodeado por las llamas azules, que cubren el cuerpo de la titánide. Al concluir su técnica, el ateniense está confiando de su victoria, suelta una socarrona risa y avanza unos pasos, pero rápidamente percibe el cosmos de su enemiga, su rostro se pone tenso al comprender que su mejor técnica no había funcionado.

Temis estaba intacta, con un rostro que mostraba gran tranquilidad, esbozaba una sonrisa llena de confianza.

—¡Tu alma debería haber sido quemada!

—No se puede quemar el alma de un titán, nosotros somos inmortales, no obstante no debes afligirte, si tu enemigo hubiese sido un mortal hubiera funcionado…has sido capaz de herirme, pero eso no significa que saldrás victorioso…somos la raza de dioses más poderosos…

—¡Subestimas el poder de los santos, nuestro poder se equipara a los dioses…el Olimpo está cayéndose a pedazos, también les tocará a los titanes!

—No te subestimo, cinco santos de bronce y los doce santos de oro han conseguido la proeza de equipararse a los dioses, alcanzando la novena conciencia, pero tú sucio cosmos no puede vencer a la deidad que rige sobre la justicia…

—¿La justicia? ¡El poder es la justicia, la justicia está conmigo puesto que llevo la bendición de Athena!

—La justicia es una, las cosas son justas o injustas, no es cuestión de subjetividades caprichosas…

—¡La justicia es pura subjetividad!

—Eres un mortal terco e ignorante que no puede comprender el concepto de la justicia.

—La justicia está incorporada al destino del ser, a su accionar, la justicia es personal, situacional, no es una verdad universal, es la verdad del juicio de quien se considera superior al resto y juzga en base a los beneficios que cree merecer, si tiene la fuerza para imponerse, entonces su justicia será la verdadera justicia y los demás deberán someterse a lo que les toca. ¡Voy a hacer prevalecer mi justicia!

—Qué idea más estúpida y alejada de la realidad, un concepto egoísta… ¡cerraré tu boca de inmediato para que dejes de decir sandeces!

La titánide acumula una pequeña porción del fuego fatuo que había quedado en su cuerpo y lo lanza hacia el santo italiano, repentinamente el pequeño fuego cubre su cuerpo y se expande, creciendo violentamente.

—No puedo ser vencido… —se lamentaba Máscara de la Muerte al tiempo que enciende su cosmos entre las llamas azules. —¡SEPULTURA DE ALMAS!

El fuego azul danzaba pero se alejaba de su víctima, tras unos segundos, miles de almas levitaban entre las llamas, luego las ánimas explotaron esparciendo una peligrosa energía, Temis recibe gran daño en el peto de su soma, la cual la protege, pero resulta trizada por doquier.

—¡Maldito, me has herido!

—¡Tu armadura es muy resistente…! Deberías haber muerto después de semejante ataque…

—Nuestras armaduras se llaman soma, su resistencia es algo sobrenatural, son las vestimentas otorgadas por Gea, con la cual vencimos a Urano… ¡Cáncer, has sido capaz de herirme por segunda vez!

Temis desaparece envuelta en una luz titilante y aparece frente a su enemigo, incontables haces de luz golpean su cuerpo, el casco de su armadura divina estalla al igual que la hombrera, la sangre goteaba de sus heridas. Al cabo de unos segundos Máscara de la Muerte se desploma sobre el piso.

—El circo duró demasiado…

Un tiempo atrás.

Monte Yomotsu.

El santo de Cáncer recordaba en su inconsciente los momentos finales de su combate con Shiryu, durante la batalla de las doce casas. Observó cómo la armadura dorada de Cáncer se desprendía su cuerpo.

—¿Por qué? ¿Por qué mi armadura de oro me ha abandonado?

—Es la voluntad de la armadura, a causa de tus terribles crímenes la armadura de oro te rechaza como un santo, ya no eres digno de llevarla…

—¡Cállate santo de bronce…!

Shiryu se desprende de su armadura de Dragón, su orgullo le impide aprovechar su ventaja.

—¿Por qué te quitas tu armadura?

—Ahora pelearemos en iguales condiciones, el que haga arder más su cosmos vencerá…

—¡Eres un tonto, crees que puedes compararte a un santo de oro, has perdido tu única posibilidad! ¡ONDAS INFERNALES!

Repentinamente atrás del santo de bronce aparecen unos dragones, los cuales bloquean las ondas infernales con sus rugidos, luego Shiryu se abalanza contra su rival.

—¡DRAGON NACIENTE!

El poderoso golpe impacta en el pecho del santo de oro, su cuerpo asciende por los aires y cae directo en el hoyo de la Colina del Yomotsu.

Tiempo presente.

Su alma no quería volver a sentir aquella sensación de fracaso, estaba decidido a brillar hasta lograr un milagro. Por eso el santo de Cáncer despierta y enciende su cosmos, el cual brillaba con gran determinación.

—Así que todavía no quieres regresar al mundo de la muerte…pensaba que un alma tan depravada como la tuya no sería capaz de mostrar tal tenacidad.

—¡ONDAS INFERNALES!

Temis intenta bloquear las ondas doradas que se abalanzaban sobre ella, pero a diferencia de la anterior vez, la técnica la succionó hacia un oscuro vacío.

Monte Yomotsu.

La titánide despierta lentamente y se pone de pie, Máscara de la Muerte estaba erguido frente a ella.

—¡Te traje aquí para que todas las almas injustamente condenadas pongan a prueba tu justicia, su resentimiento terminará por despedazar tu espíritu!

—Tu cosmos no es el mismo, ahora brilla con gran intensidad, pero no seré vencida, puesto que a mí me protege la justicia…

—¡Vengan aquí…! Animas errantes que desean venganza, ¡SEPULTURA DE ALMAS!

Alrededor del campo de batalla comienzan a surgir espíritus errantes, que danzaban exhibiendo todo su rencor, gritaban con gran dolor mientras se arrojaban sobre Temis, al hacer contacto con ella explotaban consumiéndose a sí mismas. La titánide sufría cada embestida sin poder defenderse, pero con gran esfuerzo se abalanza sobre Máscara de la Muerte y lo sujeta entre sus brazos.

—¡Detén esta locura o tú morirás conmigo! —dice Temis al tiempo que otras dos almas explotaban sobre ellos.

—¡Cariño, no tengo miedo a la muerte, de hecho será divertido verte la cara de tan cerca mientras mi justicia te condena!

El momento de clímax de la batalla había llegado, las almas de miles de muertos convergieron al mismo tiempo en un salto kamikaze hacia la titánide que sujetaba entre sus brazos al ateniense. Una gran explosión en cadena terminó en un estrepitoso final, una gran parte del Monte Yomotsu ha desaparecido, dejando solo ruinas. Los cuerpos de los combatientes han desaparecido y sus cosmos se han apagado.

Jardín del Edén.

En el hermoso y paradisíaco prado de la diosa del amor, rodeados por flores de todos los colores, Afrodita de Piscis intentaba detener a la titánide Tea. Las rosas demoníacas reales y las rosas pirañas no habían surtido efecto en ella, pese a que el santo sueco había alcanzado la novena conciencia.

—Así que éste es el poder de un titán, mis hermosas rosas no tuvieron éxito, sin embargo no has visto a todas ellas aún…

—Soy la titánide de la vista, puedo diferenciar tus rosas con solo verlas, tus rosas rojas propagan una fragancia mortal, por eso me mantengo alejada de ellas, tus rosas pirañas desgarran todo a su paso, mira el daño que has causado al Jardín del Edén… —dijo Tea mirando parte del suelo rasgado. —Pronto irás al Infierno Piscis…

—Te haré conocer mi rosa más bella, la rosa blanca…

Afrodita saca de entre su armadura divina una rosa blanca, la cual brillaba deslumbrantemente, Tea observa la rosa y su rostro se pone tenso, pero luego recupera su semblante normal.

—Esta rosa blanca es la más letal de todas, ella tomará la dirección correcta hasta tocar a su víctima, debes sentirte honrada Tea, ¡recibirás la rosa blanca bendecida por Athena!

—No le temo a tu rosa blanca, te demostraré todas mis cualidades…

—¡ROSA SANGRIENTA!

El santo de Piscis estiró su mano y la rosa blanca tomó una dirección lineal a la titánide, era acompañada por una luz blanca que trataba de cegar a su víctima. Tea saltó con enorme habilidad y la rosa siguió su camino lineal, repentinamente alrededor de Afrodita aparecen levitando en el aire diversos diamantes y joyas, luces de múltiples colores se expanden abruptamente, el ateniense es afectado por la luz, cayendo de rodillas al suelo, su armadura divina comenzaba a agrietarse. Cuando la diosa se preparaba para acabar con el mortal siente un repentino dolor en su pecho, se trataba de la rosa sangrienta.

—¡No puede ser! La había esquivado…

—La rosa sangrienta busca a su enemigo sin descansar hasta el fin, no debiste tomarla a la ligera… —murmura Afrodita mientras se pone de pie con dificultad. —La rosa sangrienta succiona toda la sangre del enemigo en pocos segundos y si intentas extraerla te morderá el corazón, he vencido.

—No seré vencido por un humano tan fácilmente… —responde Tea mientras tambalea al haber perdido parte de su sangre. —¡Tengo que deshacerme de esta rosa sangrienta cuanto antes!

Los diamantes y joyas que levitaban se posicionan frente al pecho de la titánide, expandiendo luces de diversos colores que apuntan a la rosa blanca, al cabo de unos segundos la rosa blanca se seca y se despedaza por completo, Afrodita muestra una completa desazón en su rostro, la desesperanza lo había tomado como presa.

—¿Ves ahora? Tu tercera rosa tampoco dio resultado… ¿tienes otra para seguir intentando o prefieres afrontar tu muerte de inmediato?

Un chorro de sangre sale con fuerza del pecho de la titánide, expulsando en él todos los fragmentos que quedaban de la rosa blanca, luego la herida cerró mágicamente.

—No es posible, ya no percibo el cosmos de Máscara de la Muerte ni de su enemigo. No me daré por vencido…apenas has visto un fragmento de mi poder, verás el poder de mi jardín. ¡ROSAS DEMONIACAS REALES!

Las rosas rojas revoloteaban alrededor de Tea, el ambiente estaba contaminado con una fragancia mortífera, los tallos se incrustaban en sus pies, paralizando todo su cuerpo.

—¡Este hombre…tu estrategia es tan interesante como tu belleza, debo enaltecer tu poder!

La titánide enciende su cosmos y recupera sus movimientos poco a poco, las rosas demoníacas son extinguidas al cabo de unos segundos, pero estas no tardan en reaparecer.

—¡ROSAS PIRAÑAS!

Al torbellino de rosas rojas se suman las rosas negras, aquellas cuyos tallos, espinas y pétalos están tan afilados como el acero, Tea se protegía del veneno de las rosas demoníacas y del peligro del filo de las rosas pirañas, evadiendo con destreza la trayectoria de cada rosa. El frenesí de la secuencia llevaba a que cada vez aparecieran más rosas rojas y negras, lo cual dificultaba y exigía a la titánide, que haciendo gala de gran maestría lanza entre sus volteretas un pequeño cristal amarillo de intensa luminosidad, el cual golpea en la cadera de Afrodita.

—Estás condenado Afrodita, la batalla ha terminado. En unos momentos te convertirás en una hermosa joya…

El sueco acusa el golpe recibido, pero resta importancia a las palabras de su adversaria.

—Es cuestión de tiempo antes de que te atrapen mis rosas, y en ese momento será tu final, seguiré llenando este campo con más y más flores mortales… ¡ROSA SANGRIENTA!

Tea presta suma atención a la rosa blanca que se abalanzaba de manera letal a su corazón, ya había visto su trayectoria antes y aprovechando este conocimiento la esquiva con agilidad, también sabía que la rosa sangrienta volvería por ella. Sin embargo, las rosas demoníacas aún continuaban tirando sus peligrosas esporas, las cuales finalmente ingresan en el sistema respiratorio de la titánide, infringiéndole los efectos del veneno, sus movimientos se hacen más lentos, sus sentidos disminuyen y las rosas negras la cubren por completo, desgarrando como las pirañas a su soma, la rosa blanca yace clavada en su corazón.

Mientras el cuerpo de Afrodita ha comenzado a transformarse en un duro y bello diamante, tras unos segundos el santo de Piscis queda convertido en una estatua de deslumbrante belleza, un guerrero brillante entre el cielo y la tierra.

La titánide luce pálida, sus carnes están desgarradas, en el pecho brota una flor roja ensangrentada.

Desierto de Hierro.

En los territorios de Hermes el suelo estaba hecho totalmente de hierro, conformado por pequeñas dunas, montículos e inclusos cerros, así como planicies, el sitio se encontraban a temperaturas extremadamente bajas, el frío del lugar era abrumador. Milo y Camus son derribados por el golpe de un titán, pero se levantaban encendiendo sus cosmos.

—Máscara de la Muerte y Afrodita nos han mostrado que hay esperanzas para los humanos, vamos Milo, juntos podremos vencerlo…

—¡Muestra tu rostro titán! —recriminó Milo.

—¡Yo soy Ceo, represento los ejes de la tierra, los polos del planeta!

—¡Sentirás en lo más hondo de tus extrañas el veneno del escorpión! —responde Milo apuntando con su uña al gigante, que tenía una soma de color blanco como el hielo y detalles en diversos colores como la aurora. —¡AGUJA ESCALATA!

—¡POLVO DE DIAMANTES!

Una tormenta feroz de cristales de hielo se desencadenó cuando Camus extendió su puño, Milo aprovecha la poco visibilidad que había producto del polvo de diamantes y lanza catorce agujas. Ceo enciende su cosmos y generó una presión más alta en la gravedad, lo cual termina por desviar las agujas escarlata al suelo, con excepción de una que logró escapar del campo gravitacional e impactar en la pierna derecha del titán.