Capítulo 84: ¡Compartiendo el heroico y fatídico destino!

La Guerra Olímpica había sido interrumpida por el incomparable cosmos de Cronos, quien detuvo el tiempo del Universo, los titanes ascendían por el Monte Olimpo en busca de su tan ansiada venganza en contra de Zeus, que estaba bajo la influencia del dios del tiempo.

Todos los seres del Universo se encontraban paralizados, a excepción de los santos de oro, quienes al estar muertos no se veían afectados por el recorrer del tiempo.

Máscara de la Muerte de Cáncer y Afrodita de Piscis se sacrificaron a costa de vencer a Temis y a Tea, dos de las titánides. Milo de Escorpio y Camus de Acuario se enfrentaban al titán Ceo. El destino del Universo ahora estaba en las manos de los santos dorados que habían adquirido la novena conciencia…

Monte Olimpo.

Desierto de Hierro.

Camus había lanzado el polvo de diamantes, generando una ventisca helada que dificultó la visión de Ceo, aprovechando esta situación, Milo lanzó catorce agujas escarlatas, el titán desvió el ataque del escorpión dorado al alterar la gravedad de la tierra, las agujas salieron disparadas contra el suelo, excepto una que se clavó en su pierna.

Ceo medía tres metros, tenía el cabello largo, de color rojizo, sus ojos marrones café miraban con furia la herida causada en su pierna, su rostro era algo tosco y mostraba sorpresa y bronca. Pese a que apenas divisaba la herida provocada por la aguja venenosa en la inmensidad de su ser.

—¡Demonios! Un insecto me ha picado, os sepultaré en lo más profundo de este Desierto de Hierro por cometer tal barbarie en contra de un titán…

—No esperaba otra cosa de un titán, al igual que los dioses están cegados de soberbia… —responde Milo apuntando a Ceo con su aguja.

—Los santos llegaremos hasta el fin… —continúa Camus. —Salvando al mundo para extender la supervivencia de nuestra especie, por ello seguiremos combatiendo con frialdad, incluso en contra de los seres divinos.

El titán se fastidia de las palabras proferidas por los atenienses y enciende su cosmos, repentinamente Milo y Camus sienten sus cuerpos paralizados y repentinamente son atraídos hacia el suelo, cayendo de cara al piso, chocando contra el sólido hierro.

—¡No me puedo mover! —se queja Milo con impotencia mientras gotas de sangre caían de la comisura de sus labios.

—¡Es como si fuéramos atraídos por la gravedad de la tierra! —dijo Camus con dificultad.

—¡Has acertado Acuario, puedo manejar la gravedad a mi antojo, aumentando la presión sobre sus cuerpos, pero no me conformaré solo con paralizarlos!

Los cuerpos de los atenienses se elevan medio metro y vuelven a bajar abruptamente, chocando contra el suelo nuevamente, repitiendo dicha secuencia en varias oportunidades, pero repentinamente la mitad del cuerpo de Ceo se congela. El titán enciende su cosmos e intenta romper el hielo, pero su cuerpo se paraliza y comienza a sentir un gran ardor en el interior de su cuerpo.

—¿Qué es esta horrible sensación que siento dentro?

—Es el veneno del escorpión… —explica Milo, murmurando, desplomado en el suelo. —¡Tras adquirir el noveno sentido y obtener la armadura divina el poder de mi veneno ha crecido infinitamente!

—¡No me subestimes, soy un titán! —respondió Ceo y encendió su cosmos con mayor determinación, soportando el dolor del veneno y liberándose del hielo, luego aplastó la espalda de Milo con su pie, destruyendo esa parte de la armadura divina de Escorpio, si no fuera por su manto hubiera muerto inmediatamente. —¡Ahora muere! —intenta repetir la acción pero su pierna se congela abruptamente. —¡Demonios!

—¡No dejaré que mates a mi amigo! —dijo Camus poniéndose de pie con dificultad. —Serás una enorme estatua de hielo, titán Ceo…

—En la edad de oro los humanos nos rendían pleitesías, ahora nos atacan sin vergüenza… ¡entonces los mataré de la forma más cruel e inimaginable!

Ceo apretó sus puños y repentinamente la gravedad volvió a afectar a Camus, que cayó duramente al suelo, adherido a él sin poder moverse, abruptamente la tierra se abre en dos y traga a ambos santos a su interior, a lo más profundo de la corteza terrestre. El titán esboza una media sonrisa y camina con tranquilidad por el Desierto de Hierro, pero inesperadamente dos luces doradas brillan desde interior de la tierra, cegando la mirada de Ceo. La tierra se resquebraja y Escorpio y Acuario emergen lanzando sus técnicas.

—¡AGUJA ESCARLATA!

—¡EJECUCION AURORA!

El titán recibe los ataques, producto de la sorpresa y del encandilamiento, su cuerpo resulta congelado y con tres perforaciones. Sorprendido e iracundo, enciende su cosmos destruyendo el hielo que lo aprisionaba, su primera reacción fue atacar pero en ese momento sintió como su cuerpo se entumeció en un segundo.

—¡Malditos humanos!

—Es tu turno de estar inmovilizado… —contestó Milo con una sonrisa. —¡RESTRICCION! ¡Ahora Camus!

—¡EJECUCION AURORA!

Un majestuoso viento glacial comenzó a congelar todo el cuerpo del titán, envolviéndolo en un frío inimaginable, que superaba con creces el cero absoluto, parte de su soma estalló al no poder resistir la congelación, pero no estaba dispuesto a morir de esa forma, por lo que encendió su cosmos de una forma inusitada, el hielo se fue descongelando poco a poco.

—¡Esto es demasiado…morirán!

Ceo levantó sus dos manos y una fuerza magnética atrajo a los dos santos divinos hacia él, que en un movimiento veloz y demoledor golpeó con su puño derecho a Camus y con su puño izquierdo a Milo. Las armaduras divinas se agrietaron poco a poco, hasta ser destruidas a mitades.

—La fuerza de los titanes es inimaginable… —masculla con dificultad Milo. —Mis costillas se han roto.

—Ya no puedo moverme, mis huesos están destrozados… —dice agónicamente Camus.

—¡Es su fin, han dado pelea a un titán, eran fuertes…levantarme la mano fue su último pecado! —expresa Ceo mientras se retira.

—No puedo perecer así… —musita Camus pensando en su discípulo. —Hyoga, nosotros tenemos que abrirte el paso a Zeus…

—Tienes razón, esto no puede terminar así… —contestó Milo mientras intentaba levantarse. —Le abriremos paso a Hyoga y los demás, ellos son la esperanza de la humanidad…

El titán se había adelantado en las profundidades del Desierto de Hierro, caminaba cadenciosamente, pero frente suyo se divisa una brisa glacial, que tras pasar revela la figura de Milo y Camus, sujetándose el uno al otro para no caer.

—¡Que ganas de sufrir! ¿Es esta la pasión de los mártires de Athena? —dice la deidad bufándose.

—El martirio ha quedado en el pasado… —contestó Camus. —¡Ahora somos fantasmas, que vienen a atormentar a los que se enfrenten a Athena!

—Vamos a dar todo lo que tenemos en un último ataque conjunto que terminará por exterminarte titán, aunque nuestro espíritu se consuma en ello… —manifestó Milo elevando su cosmos junto a Camus.

—¡Qué tontería! Ya he visto lo que pueden hacer, no son más que un bicho y viento frío, cosas molestas pero no mortales…

Milo se lanza en una vertiginosa carrera, impulsado por las alas del escorpión, las cuales simulan las tenazas del arácnido, con su cosmos al máximo disparó diez de sus agujas escarlatas, Ceo se vio sorprendido por el veloz ataque, sin embargo intuyendo la estrategia de los santos se deja impactar por las agujas previendo el ataque sorpresa de Acuario, que no tarda en llegar.

—¡EJECUCION DE AURORA!

Camus había aparecido por la retaguardia a pocos pasos del titán, el golpe de su máxima técnica estaba garantizado, sin embargo Ceo ya esperaba el ataque, logrando contenerlo y desviarlo hacia Milo, quien recibió el viento glacial del mago del frío.

Instantes después se acerca a un anonadado Acuario, sujetándolo fuertemente del cuello, levantándolo del piso a considerable altura, entonces lo arrojó fuertemente contra el suelo, de cabeza.

—¡Finalmente ha terminado! —el titán se dispone a irse, pero entonces siente que una de sus piernas ha sido atrapada, se trata de la última resistencia del francés. —Qué heroica tontería… —en ese momento el cosmos de Acuario seguía creciendo y la pierna del titán comenzaba a congelarse. —¡Estás intentando el manotazo de ahogado! Ahora deja de molestar… —dice intentando resquebrajar el hielo que se había formado en su pierna, sin tener éxito.

En ese momento Camus con su otro brazo logró agarrar la otra pierna de Ceo y empezó a congelarla rápidamente. El titán se agacha para tomar el cuerpo de su rival con sus manos. El santo comenzó a levantarse con dificultad, ante el desconcierto del titán, que miraba como repentinamente el veneno de las catorce agujas encestadas producían una súbita hemorragia y su sangre era despedida de las pequeñas perforaciones de sus heridas dilatadas. Aprovechando la indefensión momentánea, Camus logra ponerse de pie, levantándolo por sus piernas.

El titán suelta un grito de furia y toma con su mano la cabeza de su enemigo, dispuesto a arrancársela, pero en ese momento se siente explotar un gran cosmos.

—¡ANTARES!

El griego pareció caer desde los cielos, tomando desprevenido al titán, clavando su aguja más temible, la fricción del golpe termina rompiendo el hielo que unía a Ceo con Camus, terminando el primero en el suelo, con Milo arriba, que desenterraba lentamente su dedo de la décima quinta herida.

Fragua del Olimpo.

En las cavernas subterráneas del volcán en donde el caído dios Hefesto trabajaba en las kamuis, glorias u otras vestimentas de los guerreros de los dioses, Aldebarán avanzaba con prudencia, observando como las burbujas del magma brotaban a cada segundo en la caldera de lava, gracias a la protección de la armadura divina de Tauro su cuerpo estaba completamente protegido, aunque sentía el sofocante calor de aquella cueva. Había sentido un cosmos divino que avanzaba, finalmente había localizado en donde se encuentra.

—¡Aguarda! ¡No avanzarás de este sitio, ustedes los titanes no se entrometerán en el enfrentamiento de Athena y Zeus! —dijo el brasileño cruzando sus brazos e impidiendo el paso.

—Ustedes se han convertido en un escollo… —dijo una voz al tiempo que frente a Tauro una humedad surgía, mostrando el esbelto cuerpo de una mujer extremadamente alta, que medía dos metros treinta de altura, tenía largos cabellos rubios y un rostro refinado, sus ojos eran azules como un cristalino río, su soma era de un imponente diseño, en tonalidades azules y celestes. —Estorbas el paso de Tetis, diosa de las aguas, ya estás advertido, usaré todo mi poder después de ver las muertes de Temis, Tea y Ceo…

—¡Tú misma lo has dicho, seguiremos siendo sus escollos en su estéril venganza, Athena derrocará a Zeus y ustedes no intervendrán! Y así se cumplirá entonces la profecía de Urano…

—No ningunees a los titanes ni a nuestro rey Cronos, reinamos sobre el Universo. ¿Pueden acaso unos humanos decirles que hacer a los dioses?

—No es la voluntad humana solamente, es la voluntad divina de Atenea, guardiana de la Tierra…tengo que detenerte en este sitio… ¡GRAN CUERNO!

Aldebarán extendió sus brazos al frente, con sus palmas extendidas, una descomunal onda de devastación se extendió de forma súbita, los dos puños viajaban a una velocidad superior a la luz, acompañados por un toro dorado cósmico.

Tetis enciende su cosmos y su cuerpo se convierte en agua y desaparece, luego aparece un metro arriba, levitando y tomándose el hombro, en donde podía verse un hilo de sangre emerger.

—¡Que fuerza que tienen estos humanos que han alcanzado el noveno sentido!

—Has logrado evitar parcialmente el gran cuerno, si te hubiera dado habría muerto…

—No seas presumido, estoy protegido por mi soma, es la hora de que pruebes mi poder, el poder de los antiguos dioses…

Tetis endurece la mirada y acumula en sus manos unas pequeñas corrientes de agua, a continuación extiende sus manos arriba y alrededor de Aldebarán comienzan a danzar poderosas corrientes de agua que generaban en el ambiente vapor, el cual se extendía al entrar en contacto el agua con el magma. El clima se enfriaba repentinamente, las poderosas corrientes capturan el cuerpo de Tauro, que no podía moverse, tras verse envuelto en un poderoso y vertiginoso torbellino de agua, fue arrojado contra la pared, en un tremendo golpe que estalló el fragmento de la armadura divina de la espalda.

Desierto de Hierro.

Milo y Camus caminaban con grandes dificultades tras vencer al titán Ceo, sus cuerpos se veían ensangrentados y sus armaduras divinas estaban destruidas en gran parte, rasgadas en los fragmentos que habían resistido a los tremendos impactos. Todavía estaban vivos y no tenían pensado rendirse hasta derrotar al último titán.

—¿Cómo te encuentras de tus heridas? —interrogó el santo heleno.

—Seguiré luchando hasta el final con frialdad… —contestó el maestro del Cisne mientras se erguía con dificultad. —La armadura divina de Acuario me da fuerzas para continuar…

—Es prioritario detener el plan de Cronos, cuando lo venzamos el tiempo volverá a transcurrir nuevamente y Athena vencerá…

—Estoy seguro que Zeus teme a la profecía oracular, sabe que uno de sus hijos lo destronará y esa es nuestra diosa.

Los santos se miraron con confianza y entusiasmo, dieron unos pasos, habían recuperado las fuerzas para estar de pie sin tener que encorvarse, sin embargo sus cuerpos tenían graves heridas, sus huesos estaban fracturados, incluso sus cráneos lo estaban tras los titánicos golpe recibidos, solo el noveno sentido les permitía seguir. Una luz comenzó a brillar a la lejanía, los santos se detuvieron prudentemente, repentinamente el Desierto de Hierro comenzó a iluminarse en distintas tonalidades de brillo, detrás del destello se podía contemplar una silueta, que tras acercarse reflejaba un ser que medía tres metros de altura, lo vestía una armadura que desprendía una luz blanca, la cual tenía formas elegantes, del casco caía su largo cabello castaño claro, sus ojos color pardo miraba a los humanos con seriedad.

—Otro titán más… —susurró Milo adoptando pose de combate.

—Amigo, que nuestro noveno sentido crezca a su máximo… —espetó Camus mientras acumulaba una esfera de hielo en su mano.

—Soy Hyperión, titán de la luz, haber alcanzado el noveno sentido no será suficiente para vencerme…Temis, Tea y Ceo fueron muy imprudentes, a mí no me ocurrirá lo mismo.

—¡Ceo luchó con todo su poder…! —responde Milo enfadado. —¡Tratas de sacar crédito a nuestro milagro, mientras el cosmos arda seguiremos logrando milagros!

—Milo, tus palabras guardan una gran verdad… —manifiesta Camus. —Pero no debes perder la concentración, nos enfrentamos a un titán.

—¡Vamos Camus, unamos nuestros cosmos!

—¡EJECUCION AURORA!

Acuario entrelazó sus manos y dedos, levantó sus brazos, a sus espaldas se podía contemplar a una bella mujer sosteniendo una vasija, al bajar abruptamente sus extremidades un viento glacial majestuoso comenzó a congelar todo el Desierto de Hierro. El aire congelante rodeó a Hyperión, súbitamente apareció Milo frente al titán y con gran agilidad embistió con su aguja escarlata, pero la deidad encendió su descomunal cosmos y su cuerpo fue rodeado por una luz blanca que lo protegió de todos los ataques, repentinamente el hielo fue derritiéndose, como si los rayos del sol atravesaran los eternos glaciares de Siberia, los cuerpos de los santos comenzaron a ser afectados poco a poco por una extraña radiación.

—¡No puedo resistirlo…mi cuerpo se queda sin energía! —se lamentaba Milo, quien al estar más cerca de Hyperión sentía los efectos de su poder con más intensidad. —Mi cosmos está siendo absorbido por este titán…

—¡Milo! —exclamó Camus mientras se cubría los ojos con sus manos.

El cosmos de Milo perdía su brillo y luego su color, su aura terminó desapareciendo, su cuerpo comenzó a colapsar, parecía deshidratado, la armadura divina de Escorpio estallaba lentamente y el cuerpo del griego cayó súbitamente al suelo, la sangre salía de sus ojos, nariz y oídos a borbotones, su vida había expirado.

—La vida del Escorpión divino ha terminado, ahora es tu turno…

—Aunque venzas este combate sé que Athena vencerá…lo dejo en las manos de Aioros y el resto… ¡pero antes…EJECUCION AURORA!

Camus levanta sus dos manos por encima de su cabeza pero en ese momento sus brazos comenzaron a arder por un extraño fuego de diversos colores.

—¡Sucumbe bajo el fuego astral, el fuego de las estrellas!

Hyperión encendió su cosmos cerrando sus ojos pero sin hacer ningún movimiento en particular, todo el ambiente fue cubierto por lo que parecía un gran universo, lleno de estrellas que titilaban con gran intensidad, repentinamente estas comienzan a brillar con mayor potencia, haciendo que todo el Desierto de Hierro arda en un magnífico fulgor de fuego astral, al finalizar la tremenda exhibición puede verse el cuerpo Camus desplomado, su piel estaba quemada y cubierta de sangre.

—Esto es lo que debieron hacer desde un comienzo…Tea, Temis, Ceo, debieron luchar con todo su cosmos desde el principio, sin subestimar a aquellos que lograron tantos milagros…

Ciudad de Olimpia.

La ciudadela del Olimpo era hermosa como siempre, con antiguas edificaciones de una hermosa arquitectura. Siempre había sido la ciudad protegida por Apolo, el dios olímpico del Sol, pero desde su caída las sombras habían tomado la ciudadela, en aquel lugar uno de los titanes avanzaba convertido en un rayo de luz, pero sorpresiva e intempestivamente una hoz de luz cortante lo atacó desde atrás. Con mucha dificultad pudo eludir el ataque y saltó arriba de una casa antigua, la cual retumbó al soportar el peso del titán.

—¿Quién eres cobarde guerrero?

—¡Soy Shura de Capricornio…los titanes no conseguirán la venganza que tanto anhelan, es Athena quién vencerá a Zeus! —se presentó el español con su mano recta y las alas de su armadura divina extendidas.

—Soy Jápeto, somos los dioses quienes tenemos el derecho y el privilegio de crear un nuevo orden en el cosmos, ustedes son tan solo unos peones hecho de barro… —dijo el titán con desprecio, tenía el típico tamaño de sus congéneres, lo protegía una armadura de color marrón, su rostro era severo, tenía ojos y cabellos negros.

—Somos peones de Athena, ella tiene el derecho y el privilegio del que hablas, solo ejecutaremos su voluntad con fidelidad. Ella sostiene que los humanos somos dueños de nuestro destino y por ello debemos defender nuestro mundo, creo firmemente en eso.

—Nunca creí que seres tan inferiores como los humanos serían capaces de poner al Olimpo de rodillas, ni menos vencer a algunos de nosotros…

—¡Tu hijo Prometeo confió absolutamente en nosotros los santos, nos proveyó de un nuevo cuerpo para proteger a los más débiles de las manos del Olimpo!

—Prometeo siempre ha sido un previsor, un titán muy inteligente, pero se encariñó con sus creaciones… ¡por su memoria debo vencer a Zeus, él lo asesinó y lo pagará…! Como también lo pagará Athena por haber tomado la vida de Atlas, ahora lacayo serás tú la primera víctima de mi venganza…

—Eso está por verse… —dice Shura poniéndose en guardia.

—Consumiré tu vida y en segundos ese falso cuerpo se volverá cenizas…

—¡EXCALIBUR!

Shura extiende su brazo apuntando al suelo, dejándolo completamente recto y lo levanta verticalmente hacia arriba en un violento movimiento, liberando así una energía cósmica capaz de cortar cualquier cosa que se interpusiera a su paso.

El titán extendía sus manos para atrapar el filo de excálibur, lográndolo, no obstante, al concluir el ataque observa sorprendido un corte en cada una de las palmas de su soma y un hilo de sangre en su piel.

—Sorprendente que el cosmos de un humano arda en un nivel tan elevado, no obstante gran parte de este milagro se lo debes a la sangre divina que habita en tu armadura, estás usando prestados los poderes de Atenea y aun así apenas conseguiste cortar mi piel levemente…

—Este es tan solo el principio, mi espada se seguirá afilando conforme avance el combate…

—No tendrás tiempo de afilar tu cosmos, voy a consumirlo en este momento… —susurra Jápeto al tiempo que hace un ademan con sus manos y una energía se extiende desde su cuerpo, envolviendo a Capricornio. —En unos segundos habrás envejecido hasta que tu cuerpo colapse y muera, en tan solo minutos serás cenizas…

Para sorpresa del titán la apariencia de Shura no parecía cambiar.

—¡Parece que tu poder no me afecta!

—Tonterías, es tu armadura la que está demorando los efectos de mi poder divino, pero tan solo has ganado un poco más de tiempo, tu cuerpo irá envejeciendo y tu espada perdiendo su filo… tus piernas se cansarán, tus brazos se convertirán en pesas sumamente difíciles de mover. La vejez oxidará tu espada y tarde o temprano la muerte te alcanzará.

—No será antes de que mi espada pruebe tu sangre…