20. Mortal Kombat (Parte I)
Oculto entre el abrupto relieve del Cañon Kakariko, más allá de la villa y de los principales caminos que lo atravesaban, se estaba celebrando una competición poco convencional.
Los eufóricos espectadores gritaban y animaban a sus contendientes, por los cuales algunos de ellos habían apostado. La confrontación entre esos dos luchadores se realizaba con extrema violencia, con esas estruendosas voces de fondo. Envueltos en barro debido a la lluvia que caía aquella noche, dejaban a un lado los restos de otros guerreros que habían pasado antes por la misma arena, pero que no tuvieron éxito. Su sangre se diluía entre aquel lodazal, en una extraña mezcla.
Siguieron luchando, nadie podría pararlos y tampoco es que los que les observaban quisieran hacerlo. Era una lucha a muerte, la mayoría lo eran. Y en esta ocasión, triunfó el instinto animal sobre la destreza de un Aeralfos.
-¡Nightwolf gana! ¡Tenemos un nuevo participante que competirá en el torno! ¡Quién nos diría que un simple chucho podría pasar las eliminatorias! ¡Ja, ja, ja! –comentó el árbitro.
Mientras algunos reían con el árbitro, otros lo miraban furioso al haber perdido su dinero apostando por su rival. Pocos creían que ese animal resultaría ser habilidoso, pero otros conocían las habilidades de su domador, Ingo.
La bestia había demostrado sus facultades en varias peleas, ahora le tocaría el desafío más grande que le podría tocar. Sus cicatrices reflejaban lo mucho por lo que había pasado, aún sólo pasado unas pocas semanas desde que se inició en el mundo de las peleas. Y si alguna vez ese monstruo gladiador tuvo corazón, después de esto debió deshacerse de aquello que le hacía débil y así poder sobrevivir.
Cuatro combates, ese era el único obstáculo que separaba a su amo y a él de la jugosa recompensa por ganar el torneo en el que ambos acaban de ingresar. Eso sí, de ahora en adelante, las cosas se pondrían más difíciles y nada de lo que había visto le sería parecido.
No por ello, amigo mío… ¡Bienvenido a Mortal Kombat!
Y suerte, la necesitarás…
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Guiado por las indicaciones de algunos individuos y los relatos de aquel malnacido que lo engañó y secuestró a su amigo, Malton llegó junto con su fiel Kargarok y su robusto Bullbo Vestro al Arenas MK, un lugar escondido donde se solían celebrar peleas y toda clase de intercambios comerciales de dudosa legalidad. Y en esa época, sucedería el mayor acontecimiento del año para los que frecuentaban el lugar: el Torneo Mortal Kombat.
Mortal Kombat era una competición donde cada aspirante debería superar cuatro combates para alzarse campeón, pero las luchas era poco menos que sangrientas y en cierto modo excitantes. Los mejores luchadores competían ahí, normalmente su adiestradores era bien conocidos entre el público. Malton había oído historias de un prometedor aspirante, sabía que sería su amigo lobuno.
No tardó mucho en desenvolverse por ese ambiente hostil, algunos incluso lo recibieron con júbilo. Habían pasado años, pero los residentes fijos de ese lugar lo reconocieron al instante. Conversó un poco con ellos, tomó un par de tragos y así pasó el día mientras esperaba a que diera comienzo el primer combate, que sería al día siguiente.
Y fue al caer el sol, cuando le llamó la atención un extraño recién llegado…
-¡Pschss! ¡Malton, míralo! ¿No crees que anda un poco perdido? ¡Ja, ja, ja! –se burló un colega suyo mientras bebía.
Malton estaba sentado a su lado, bebiendo en el único bar del lugar, que estaba al aire libre. El sujeto que llamó su atención acababa de llegar, junto a su caballo, y no parecía sentirse demasiado seguro en ese ambiente. Se levantó y fue a hablar con él, interesado en lo que pudiera estar haciendo allí.
-¡Ey, muchacho! ¿Te has perdido? ¡No pareces saber muy bien dónde estás! ¡Ja, ja, ja! –se rió animado- ¿Cómo te llamas, chaval?
Era un joven de estatura media; constitución delgada pero su musculatura estaba bien desarrollada, lo que le daba un aspecto ágil y atlético; tez clara, no parecía que en su vida hubiera tomado mucho sol; penetrantes ojos rojos; pelo largo y castaño; y facciones quizás demasiados suaves para un hombre, dándole un cierto toque afeminado. Respecto a su vestimenta, vestía una camiseta de manga larga negra y portaba una vieja chaqueta de cuero marrón. Llevaba unos pantalones vaqueros a juego con su chaqueta, sujetos por un firme cinturón, al que a su vez tenía atado la vaina de una fina y elegante espada cuyo mango era dorado. Unas botas, un sombrero ajado y unos guantes que poseía, seguían el estilo que quería conseguir el muchacho. Además, llevaba al cuello un pañuelo rojo, casi como si fuera una bufanda que le podía tapar el rostro. Como detalle, Malton se dio cuenta que bajo la chaqueta, tenía los antebrazos cubiertos por unas vendas, como si se hubiese hecho daño.
Tras la pregunta inicial de Malton, ese chico no parecía querer hablarle, notándose ciertamente nervioso ante su presencia.
-¿Qué te pasa? ¿Te ha mordido la lengua ese jamelgo que traes contigo? ¡Ja, ja, ja! –se rió de nuevo, le parecía graciosa la actitud del forastero.
Este siguió sin hablarle, impacientando a Malton.
-Mira, muchacho…no sé cómo has llegado hasta aquí, pero como no empieces a soltar por esa boquita, esos que ves ahí detrás no serán tan amables como yo. Así que si yo fuera tú empezaría a…-le advirtió, no por estar enfadado, sino por preocupación de lo que le podrían hacer si sospechaban.
-¡Está bien! Me llamo… ¡Denzel! ¡Sí eso, Denzel! –dudó un poco al contestar, pero finalmente lo hizo-¡Ahora déjame en paz, tronco! ¡No he venido hasta aquí para que un imbécil se me ponga "chulito"! ¡¿Y ese peinado? ¡Tienes pinta de pollo, macho! –su actitud nerviosa cambió a una más descarada.
-¡Jo, jo, jo! ¡Parece que el "chavalito" tiene carácter! –se burló de él, nada ofendido, pasándole un brazo por sus hombros- ¿Por qué vacilaste tanto a la hora de decir tu nombre? ¡Nos habríamos ahorrado esta conversación! ¡Ja, ja, ja!
-No me des la tabarra, que no eres mi viejo…-murmuró molesto, incómodo por la situación.
-¡Ja, ja, ja! ¡Me caes bien! ¡Pero te aconsejo que seas más amable de ahora en adelante! A los de por aquí se les ofende con mucha facilidad y no quisiera tener que recoger tus restos…amigo.-le aconsejó, esa arrogancia no le sería beneficiosa con esas gentes.
Denzel miró a los que les estaban observando y su actitud cambió radicalmente.
-De ser ese el caso, perdón por insultarle antes, señor. ¿Podría decirme su nombre? –le preguntó con extrema gentileza y educación, algo que sorprendió enormemente a Malton.
-¡Para el carro, amigo! ¿Y esas formas? ¿De dónde te han sacado? ¿De un señorío? ¡Ja, ja, ja! –se rió a carcajadas, eso sí que le resultó divertido- ¡En serio! ¡No te conozco, pero ya me caes genial! ¡Y no todos pueden ganarse la amistad del gran Malton! ¡Sí, señor! ¡Ese es mi nombre!
-¿Entonces tengo que utilizar el término medio? –preguntó como si fuera una pregunta así mismo- ¡Está bien, Malton! ¡Me vendrá bien tener a alguien como tú durante mi estancia aquí!
-¡Así se habla! –le golpeó amistosamente en el hombro, quizás un tanto brusco- ¿Y a qué has venido hasta aquí? ¡Si al "señorito" no le importa que se lo pregunte! ¡Ja, ja, ja!
-¿No es aquí donde se disputa ese torneo? –le preguntó dudoso, temiendo haberse equivocado de sitio, masajeándose el brazo que le golpeó.
-¿"Mortal Kombat"? ¿Has venido para presenciar los combates? ¿Y quizás apostar? –le preguntó interesado, aunque esa sería la respuesta habitual de alguien de por ahí en esa época.
-Eh… ¡Por supuesto! ¿A qué otra cosa vendría? He oído hablar de ese torneo y estoy realmente interesado en los combatientes de este año. Me han dicho que uno de ellos es un participante muy poco inusual…
-¿Tú también? ¡Pues ya somos dos! ¡Yo también vine por lo mismo! ¡Se nota que eres de mi clase, chaval! –se le acercó para hablarle por lo bajo- En realidad, yo antes pertenecía a este mundillo pero lo dejé hace años por circunstancias que ahora no vienen al caso. Pensé que jamás volvería a este lugar… ¡Y mira tú! ¡Ahora los dos estamos aquí para presenciar a esa fiera salvaje de la que tanto hablan! ¡Me da que este es el inicio de una gran amistad! ¡Ja, ja, ja!
-Ya, claro…-no parecía estar demasiado ilusionado con la idea.
-¡Ey, Malton! ¿Qué estás tramando? ¿Has averiguado a lo que venía a hacer el chico por estos parajes? –le preguntó desde lejos su compañero, que no sabía porque estaba actuando así.
-¡No te preocupes! ¡Sólo es uno más que viene a apostar! ¡Nada nuevo! –le comunicó mediante gritos Malton, haciendo que perdieran el interés en Denzel.
-¿Conoces a esos de ahí? ¿Son amigos tuyos? –le preguntó con interés, mirando a la barra y a sus ocupantes.
-¿Esos? ¡Qué va! ¡Sólo conozco a unos cuantos de hace unos años! Pero es mejor llevarse bien con todo el mundo, ya me entiendes…-le aconsejó disimuladamente.
Denzel captó el mensaje enseguida y poco después Malton se lo llevó para enseñarle el lugar, apartándolo de miradas desconfiadas. Le mostró el minúsculo valle, si es que le podía llamar así, escondido en la inmensidad del Cañon Kakariko. Había unas cuantas chozas destartaladas donde alojarse, que daban penas nada más verlas; la taberna improvisada al aire libre de antes, con algunas mesas y juegos recreativos a la vista; unos postes donde amarrar a sus monturas; un viejo pozo que aún daba agua; y lo más importante, el Arenas MK.
Era un estadio de lucha construido simulando un coliseo, con el campo de batalla unos metros hundido en el suelo, desde donde los espectadores verían desde arriba. En la arena se veían algunos restos esqueléticos de antiguos combatientes, además de marcas de sangre y de las propias peleas que habían acontecido ahí. Habían dos grandes compuertas, por donde los luchadores saldrían para pelear. Varias antorchas, ahora apagadas, se repartían alrededor del borde circular del campo, dándole un toque aún más lúgubre.
-¿Es ahí donde se harán los combates? –le preguntó Denzel asomándose por el borde del recinto.
-En efecto, la mayor parte del año se utiliza para peleas con animales o seres de escaso poder, pero eso cambiará a partir de mañana. Comenzará oficialmente el torneo y con él el primer combate. ¿Debes de estar deseándolo, no? Pues tendrás que esperar hasta mañana al atardecer, para entonces habrán llegado muchos más de los que somos hoy.-le explicó- ¿Qué te parecería si te quedas conmigo y compartimos choza? ¡Aunque eso sólo nos supondrá un pequeña rebaja en la cuota que deberemos pagarle diariamente al viejo estafador ese! ¡Ja, ja, ja! ¿Qué dices? –le propuso bastante animado.
-Esto…vale, de todos modos iba a quedarme unos días. Me resultará más económico así y también tendré un compañero de lo más carismático con quién hablar.-le elogió ligeramente.
-¡Estupendo! ¡Ya sabía yo que aceptarías! –la pasó un brazo por sus hombros- ¡Perfecto! ¡Vamos a dejar a tu caballo junto con mi montura y a hablar con los encargados de este tinglado! –exclamó mientras se lo llevaba, olvidando por un instante que se acaban de conocer hacía apenas unos minutos.
¡Qué rápido hace amistad nuestro pelirrojo! ¿Y con quién? Esa es la gran pregunta, nada apunta a que se trate de un chaval demasiado normal…
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-Pues tenías razón, hay más gente que ha llegado a última hora para ver los combates.-afirmó Denzel, mientras se terminaba un plato de legumbres en una de las mesas del bar.
-¡Te lo dije! ¡Siempre ocurre lo mismo! ¡Y será mejor que termines si queremos coger un buen sitio para ver la pelea! ¡Comes como una de esas damiselas refinadas! ¡Date prisa! –le instó a engullir más rápido, estaba impaciente por ver quiénes serían los primeros en combatir.
Denzel se apresuró tanto que acabó por atragantarse, menos mal que Malton estaba allí para ayudarlo. Le pagaron al tabernero y se levantaron para asegurarse un sitio frente al arena, pero en el camino se encontraron con alguien que Malton conocía bien.
-¡Qué sorpresa! ¡Si es "Gallo Rosso"! ¡Al final has venido! ¿Cómo le va a tu familia? ¡Je, je! –le habló con cierto tono burlón Ingo.
-¡Maldito bastardo! ¡Sabes perfectamente la razón por la que estoy aquí! ¡Sabía que lo utilizarías para las peleas! ¡Devuélvemelo ahora mismo! –le amenazó, pasando su disputa desapercibida entre el público del lugar.
-No sé de qué me hablas, Malton.-se sacudió las ropas, arrogante- "Lo sono un uomo molto occupato"…el primer combate será entre "il mio gladiatore" y otro desdichado que caerá ante él. No puedes exigirme que te devuelva algo que no es tuyo, no tenía tu marca…-le habló con tono maléfico, frotándose el mostacho.
Malton se enfadó consigo mismo por ello, sabía que de haberle puesto su marca al lobo podría ahora reclamarlo ante todo esa marabunta, pues cada domador siempre grababa su emblema en sus bestias.
-"Se volete scusarmi…"-se despidió arrogantemente mientras se disponía a ocupar su sitio como domador.
Malton se quedó parado en el sitio, reprimiendo su furia como podía comprobar Denzel viendo sus puños apretados.
-¿Quién era ese? ¿Y a quién os estabais refiriendo? –le preguntó, su interés era notable.
-Eso ahora no importa…-le dijo sombríamente- Será mejor que nos situemos, tras el combate te lo explicaré…
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Decenas de personas se amontonaban alrededor del recinto de lucha, desesperados por que empezara la pelea. En un rincón apartado, en primera fila, estaban Malton y su misterioso colega Denzel. A cada lado del campo, elevados del resto por una plataforma, se encontraban Ingo y su contrincante, cuyo nombre no interesa ahora. Además, el árbitro se encontraba subido en otra, pero más grande.
Y mientras, abajo, los dos luchadores se encontraban esperando a que aquellas puertas se abrieran y pudieran al fin verse las caras.
-Un año más, como viene haciéndose habitual, nos hemos reunido para deleitarnos con un buen baño de sangre entre las bestias más temibles y sangrientas. ¡Aún me sorprende que esos patanes al servicio de este pútrido reino no hayan descubierto este sitio! –todos se rieron con el árbitro, a excepción de nuestros dos muchachos.- En fin, en esta ocasión el combate de apertura se realizará con un oponente poco común en este tipo de competición. ¡Seguro que algunos ya habréis oído hablar de él! ¡Logró entrar a última hora gracias a su fuerza y a la influencia de su entrenador! ¡Todos conocéis a ese rastrero, Ingo! –le señaló, haciendo que este se molestara por su comentario- ¡Y al otro lado tenemos a un principiante! ¡Prefiere permanecer en el anonimato, así que no diré su nombre! –hizo una pausa, cambiando su tono de voz para volverse más tenebroso y grave- Y ahora… ¡Qué comience el juego!
Todas las antorchas se fueron prendiendo en orden, con un chasquido de los dedos del árbitro. La gente se emocionó, deseaba que diera comienzo la matanza. Las puertas comenzaron a temblar, entre los nervios de las bestias y los hombres que desde arriba las abrían gracias a unas poleas.
Los dos luchadores salieron al campo, dispuestos a destrozar a su enemigo. Uno de ellos era un Staldra; una criatura con aspecto de dragón con tres cabezas, en cada una de ellas portaba una calavera. Tampoco poseía patas, semejándose también a una serpiente. Y después de él, salió un lobo.
-¡No! –exclamó Denzel, agarrando el borde- ¿Ese era el competidor misterioso del que tanto hablaban? –extrañamente, se mostraba más asustado que sorprendido.
-¡¿Qué hace un chucho aquí? ¡Esto no es una pelea de perros! –exclamó molesto uno.
-¡Qué dices, imbécil! ¡Es un lobo! ¡Todo un asesino! ¡Yo mismo lo he visto en acción! –le gritó otro, que lo había visto combatir antes.
-¡Vamos, Ingo! ¡A ver cuánto dura ese enclenque! ¿Dos minutos? ¡Ja, ja, ja! –se burló otro, seguido de más hombres.
-Malton… ¿Te referías a ese animal cuando discutiste con Ingo? –le preguntó Denzel, algo preocupado por la situación.
-Sí…pero lo veo muy cambiado, ya no es el mismo animal que se sacrificó por salvar a su dueña y a mi familia…-divagó, sin quitarle los ojos de encima al lobo.
-¿Cómo has dicho? –le preguntó extrañado por su respuesta.
-¡Eso no importa ahora! –le gritó, asustándolo- ¡Lo importante es que mi amigo está ahí abajo! ¡Y si no logra derrotar a su adversario morirá! ¡¿No lo entiendes?
Denzel calló, le impresionaba el cariño que le tenía al animal. Se quedó también observándolo… su rostro mostraba estar preocupado e impactado.
-¡Nightwolf! ¡Skull Dragon! –presentó a los participantes, con su nuevo tono de voz- ¡Ronda uno! ¡Preparados! ¡Listos! ¡Luchen!
El lobo lo amenazó desde la distancia, erizando su pelaje y mostrando sus puntiagudos dientes, pudiéndose comprobar que se los habían afilado. El Staldra chilló para intimidarlo, provocándolo.
Nightwolf se lanzó a por él, esquivando con gran soltura los intentos de ataque de las tres cabezas. Se situó en su espalda, su punto ciego, saltando sobre ella para intentar morderle. El Staldra se revolvió violentamente, intentando quitárselo de encima. Mientras, el animal le mordía uno de sus largos cuellos, provocándole serias heridas. Skull Dragon realizó un ataque sorpresa, golpeándolo con sus otras dos cabezas al echarlas hacia atrás con mucha fuerza, derribándolo.
Al lobo se le notó un poco aturdido durante unos instantes, antes de que reaccionara cuando este le embistió de nuevo. Sin embargo, debido a la limitación de sus movimientos al no poseer patas y su peso, terminó cayendo al suelo. Esta fue la oportunidad de Nightwolf para arremeter contra una de sus cabezas, mientras las otras se esforzaban por levantar al resto de su cuerpo consigo. Se aferró a su cráneo huesudo como si su vida dependiera de ello, y lo hacía. La cabeza más cercana intentaba morderle para que la soltara y la otra tiraba con fuerza del resto del cuerpo para apartarla de ahí. El lobo siguió oponiendo resistencia, manteniendo aquella cabeza anclada al suelo. Siguió tirando hasta que, de pronto, la cabeza se soltó, decapitándolo. En el suelo quedó aquel cráneo que cubría la cabeza, con algo de sangre a su alrededor. Para su asombro, del cuello dónde arrancó aquella cabeza, surgió otra en poco tiempo.
-¡Ja, ja, ja! ¡Qué estúpido! ¡Pobre animal! ¡No sabe que los Staldra pueden desprenderse de hasta dos de sus cabezas en caso de emergencia! ¡Y de que la única forma de acabar con uno de esos bichos es acabando con las tres cabezas a la vez! –se burló un espectador, seguido después por el resto.
Si ellos supieran…aquella información le era muy valiosa. Se fijó entonces en las compuertas por donde ambos habían salido, que por su forma y peso podrían actuar como una guillotina para ese maldito demonio. La clave era llevar al monstruo hasta allí y lograr que las puertas cayeran, una tarea que no era nada fácil.
Pensando en ello, no se dio cuenta que la cabeza del centro fue a por él, consiguiendo clavar sus colmillos en la piel de su lomo. Lo levantó en el aire, sin recurrir a la fuerza de las demás. Las otras comenzaron a golpearlo y a morderlo, una a cada lado. Mientras una le ataba en la cabeza y el cuello, la otra lo hacía por detrás, además de que la tercera lo sujetaba firmemente. El lobo intentó zafarse de su agarre, pero cuanto más lo intentaba, más se le clavaban los afilados dientes de la bestia en su carne. Sólo podía atacar a la cabeza que intentaba morderle la yugular, a base de mordiscos y arañazos. Consiguió morderle por debajo de la calavera a esa cabeza, con una fuerza descomunal y sus mandíbulas bien ancladas. Esta se agitó, pero no consiguió soltarse, al mismo tiempo que tiraba del cuerpo del animal y debido a que la otra cabeza a su lado lo mantenía sujeto, le causó daños importantes a su agresor. A pesar del dolor, Nightwolf siguió firme, esperando que su plan diera resultado. Y finalmente, como había ideado, la cabeza de en medio tuvo que soltarle para ayudar a la otra, dejándolo libre.
Podía verse claramente las marcas y desgarros provocados por la dentadura del Staldra en su lomo, del que brotaba abundante sangre. Además, también su cola había sufrido desperfectos por la tercera cabeza. Skull Dragon también tenía varias heridas por su cuerpo, sobre todo en la espalda y en uno de sus cuellos, donde le mordió.
-Esto no marcha bien…-comentó preocupado Denzel- Compáralos, a ese Staldra casi no le ha hecho daño, mientras que el lobo…
-Vamos…-murmuró por lo bajo su compañero- Pudiste con esa araña monstruosa mucho más grande que eso. ¿No recuerdas a las criaturas con las que nos enfrentamos en ese bosque? Recuerda tu tiempo conmigo, aunque fuese corto, tienes que ganar esta pelea como sea…
Mientras, la bestia se debatía por su vida, cada vez más débil debido a la pérdida de sangre y el cansancio. Todo ello junto que no había comido, un hambre atroz le corroía por dentro. Eso al menos acrecentaba su instinto asesino, haciendo también que su instinto de supervivencia se viera implicado. Se limitaba a esquivar los golpes y embestidas de Skull Dragon, aún sin saber cómo atraerlo hacia las compuertas, que por suerte las dejaban abiertas.
Corrió hacia una de ellas, metiéndose en el hueco por donde antes había estado. Sobre él, estaba la tranquilla por donde se introducía a los luchadores, aunque estaba demasiado alta para alcanzarla y aún así no podría accionarla aunque quisiera. El Staldra siguió arrinconándolo, no había espacio para escapar. Aunque intentara salir, siempre acababa frente a una de las cabezas. Miró hacia arriba de nuevo, fijándose en las afiladas puntas de la puerta que se sostenía sobre las cabezas de Skull Dragon. También observó un mecanismo que parecía sostenerlas, mediante acción externa.
Se le ocurrió que si dañaba el mecanismo…las puertas caerían. Así que saltó sobre su enemigo para coger el impulso necesario para llegar hasta ahí, intentando aguantarse sobre la esquina en la que estaba el mecanismo, ayudándose de él para hacerlo. Intentó morderlo mientras seguía aferrado a él, intentando no caerse. Skull Dragon intentaba llegar a él, furioso, alzándose y estirándose lo más que podía. Mientras, el público intentaba ver lo que estaban haciendo ahí dentro.
El Staldra abrió una de sus bocas, mostrando estar concentrando una especie de fuego verde. Nightwolf pudo esquivarlo justo a tiempo, haciendo que la llamarada impactara contra el mecanismo. La cabeza por la que salió ese fuego se notaba dolorida, quizás era una táctica poco usada por su especie para situaciones límite. Por fin, el animal logró salir de allí, y haciendo que su adversario comenzara a dar los primeros pasos para seguirlo.
Todo acabó cuando la puerta cayó, con toda su fuerza, sobre las tres cabezas del Staldra. El fuego había dañado el mecanismo, además de la ligera manipulación que ocasionaron los dientes del vencedor. Ahora sólo quedaban restos de huesos, sesos y sangre que brotaba a borbotones por debajo de la puerta, sin dejar ver el resto de cuerpo.
-¡Nightwolf gana! ¡Ha sido impresionante, señores! ¡¿Quién diría que ese Staldra encontraría su propia muerte debido a sus propias artimañas? ¡Y qué decir de ese lobo! ¡Ha tenido mucha suerte esta vez! Ya veremos si la próxima la gana tan fácilmente como hoy…-habló dándole énfasis diferentes a cada frase.
Muchos estaban consternados, sobre todo el dueño del Staldra, que se marchó sin mediar palabra con nadie. Algunos incluso lo celebraban, eran pocos, pero habían apostado por el lobo y ganaron. Y por supuesto, Ingo estaba orgullo de su adquisición.
-"¡Impressionante! Un altro che scende al mio gladiatore…"-aplaudió despacio, bastante orgullo.
Paró de hacerlo cuando vio al lobo intentando sacar provecho de los restos de su oponente, empapándose las patas y el hocico de sangre.
-¡"Smettila, ragazzo"! ¡Te prometí que si vencías te daría de comer! ¡Esos restos no valen la pena para un gladiador como tú! ¡Ja, ja, ja! –se burló de su desesperación, haciendo que este le gruñera desde abajo.
En otra parte, Malton y Denzel observaban la escena, el segundo bastante indignado.
-¡Será canalla! ¡Y encima se lo restriega! ¡¿No podemos hacer algo, Malton? –se preguntó furioso.
-No hay mucho que podamos hacer, ahora es de su propiedad. Y con toda esta gente que desea verlo continuar, nos resultará imposible arrebatárselo.-le contestó en un suspiro- Por cierto, si te molesta tanto esto… ¿Por qué has venido hasta aquí entonces? –le preguntó sospechando de su actitud.
Denzel se quedó callado, dudando. Hasta que tras reflexionarlo unos instantes, habló.
-En realidad…estoy aquí porque quería ver algo diferente al ambiente al que estoy acostumbrado, nunca pensé que esto llegaría a afectarme tanto. Ya sabes, el típico muchacho imprudente que quiere experimentar nuevas sensaciones y conocer otras cosas, aún sabiendo que es una completa locura…-le habló en un tono convincente, quizás algo apagado.
-¿Y cómo encontraste este lugar? Es muy difícil hacerlo para alguien que no está acostumbrado a este tipo de vida. Yo lo hice hace años gracias a Ingo, la peor influencia que he tenido...-le confesó, interesado en su historia.
-Bueno…-se rascó el cuello, nervioso- Investigué un poco por los barrios bajos de la capital, allí siempre se acaba obteniendo información sobre esta clase de lugares.
-Uhm…-se quedó pensando, mirándolo- Es un chico de lo más interesante, pero será mejor que sigamos hablando de esto en otra parte. Alguien podría oírnos dentro de esta multitud…
Mientras se marchaban, Denzel miró una última vez al recinto, mirando cómo sacaban a la fuerza a aquel lobo una vez terminado el combate. Sólo suspiró, antes de volverse con su compañero.
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Como muchos, al acabar el combate inaugural, se marcharon a sus chozas o al bar. Y nuestros amigos hacían eso mismo, regresar al lugar donde se alojaban para charlar sobre determinados temas. Sin embargo, cuando llegaron, dos hombres de poderosa musculatura intentaban sacar de allí a la Kargarok de Malton. Les acompañaban un viejo barbudo y desaliñado, junto a un tipo que parecía acabar de llegar.
-¡¿Qué narices estáis haciendo? –grito furioso Malton- ¡Déjenla en paz! ¿Qué te propones, viejo? –le preguntó molesto al jefe de esos dos matones y dueño de las chozas.
-Este hombre que ves aquí me ha ofrecido más dinero por alojarse en esta cabaña que tú. Son sólo negocios, Malton.-le habló con un tono realmente molesto.
-¡Pero eso no es justo! ¡Todavía quedan libres algunas barracas! ¡No puede quedarse con la nuestra! –se quejó, harto de la política empresarial de ese anciano.
-Es que al cliente le gusta especialmente esta, está bastante bien situada… ¡Je, je! –siguió, enfureciéndolo aún más.
-¿Vas a poner alguna pega a ello, "gallito"? –le amenazó de frente uno de sus gorilas, buscando provocar debido a la cercanía.
-Por lo menos tengo algo en la cabeza, además de un cerebro…-le siguió el juego, no le intimidaba pues él también tenía una buena constitución.
Las cosas comenzaban a caldearse, hasta que Denzel puso fin al asunto, una manera bastante sorprendente.
-¡Caballeros, no nos precipitemos! ¡Las cosas pueden solucionarse sin recurrir a la violencia! –habló bastante confiado, acercándose al decrépito hombre- Si usted sólo entiende de negocios, entonces eso no es un problema para mí…-sacó del interior de su chaqueta una pequeña bolsa, sacando unas rupias- Tenga, creo que con esto pagaré mi estancia y la de mi amigo mientras dure el torneo.
El anciano se quedó pasmado ante lo que sostenían sus esqueléticas manos… ¡Nada menos que trescientas rupias!
-Y esto es una pequeña propina, para que mantengáis nuestra cabaña alejada de curiosos… ¿Entendido? –y les dio a cada matón, una rupia naranja por valor de cien rupias.
-Je, je…claro, no hay problema. No les volveremos a molestar… ¿Verdad, jefe? –le habló al muchacho haciéndole una reverencia.
-¡Por supuesto! ¡Disculpe si le hemos molestado, señor! –le agradeció enormemente, incluso besándole una mano como si fuera su vasallo- ¡Muchachos, llévense a este patán que ha intentado apropiarse rastreramente de la cabaña de nuestro generoso amigo y de Malton!
Los dos gigantes se llevaron al hombre, ante la incredulidad de este. Mientras, el viejo se relamía ante esa suculenta suma de dinero tan poco usual.
Entre tanto, Malton estaba asombrado, no tenía palabras para describir lo que acaba de pasarle. Y la Kargarok miraba a su amo igualmente confundida.
-¿Entramos? No quiero permanecer más tiempo aquí, está empezando a hacer frío…-le dijo como si nada, apartando a la Kargarok para poder pasar adentro.
Finalmente, este le siguió, cerrando puerta para poder descansar. Aquella criatura se acomodó en un nido improvisado que había hecho en el suelo, mientras Denzel se subía al piso superior de la única litera de aquel estrecho lugar.
-No dejas de sorprenderme, muchachito…-le habló Malton, echándose en su cama por debajo de él- ¿De dónde has sacado todo ese dineral? No te ofendas, pero no es la primera vez que veo a ese viejo echándose a los pies de alguien. ¡Y eso es mucho decir! ¡Ja, ja, ja!
-Bueno…-vaciló un poco antes de contestar- Digamos que es mejor llevar siempre algo de dinero para esta clase de…"contratiempos".
-¡Sí, algo! ¡Pero lo tuyo no tiene nombre! –se levantó de su lecho y miró al joven al reincorporarse- ¡Venga, al gran Malton no se le escapa una! ¿Qué "secretito" me ocultas, pillín?
Este dudó en contestarle durante un rato, pero acabó contándoselo mientras miraba al destartalado techo.
-Habrás notado que no soy de la clase de gente que suela frecuentar estos lares…-comenzó como introducción- Podría decirse…que poseo un cierto capital que me permite vivir como yo quiero, no sé si me entiendes…
-Ajá…-ahora lo entendió todo- ¿De familia adinerada, acierto?
-Tal vez…-se tapó la cara con su sombrero, dispuesto a dormir- Te lo advierto, que no se te pase por la cabeza intentar…-lo miró de reojo, bajo el sombrero.
-¡¿Qué dices? ¿Piensas que te voy a robar mientras duermes? ¡Ja, ja, ja! –se rió carcajadas, impactado por su intento de amenaza- ¡En serio, chico! ¡Eres lo máximo! ¡Ja, ja, ja! Ahora en serio, si fuera cualquier otro de por aquí, lo haría sin dudarlo. ¿Pero esta cara tan hermosa podría ser la de un vulgar ladrón? ¡Yo creo que no, amigo! –le dijo presumiendo, algo típico de él.
-En fin…mañana seguiremos hablando. Buenas noches…-y se acomodó mejor en aquel duro colchón.
-¡Espera un segundo! ¿Por qué siempre contestas con evasivas? –llevaba tiempo queriéndoselo preguntar- ¿Aún no tienes la suficiente confianza en mí?
-¡Buenas noches! –le repitió molesto, no tenía ganas de seguir con la conversación.
Malton desistió, no era conveniente forzarlo. Pero aún le quedaban muchas preguntas que hacerle...
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Al día siguiente, se encontraban en los "improvisados" establos de aquel sitio inmundo, dándole de comer a sus respectivas monturas.
-¿Así que no es el único Bullbo que posees, cierto? –le preguntó Denzel admirando a aquella bestia de nombre Vestro.
-En efecto, tengo otro que ahora está con mi mujer y mi hijo.-le contestó mientras le daba unos golpes amistosos al animal en el lomo.
-¿Cómo has dicho? –le preguntó confuso- ¿Acaso tienes familia?
-¡Jo, jo, jo! ¡Y tanto! ¡No veas la lata que dan a veces! –se rió- Pero es cierto… ¡Este gran semental que ves aquí ya está pillado! ¡Y menuda "yegua" la que me tiene preso! ¡Je, je! –se acercó al muchacho, pasándole una mano por su hombro- ¿Y tú qué? ¿Hay alguna moza rondándote por ahí, picarón? ¡Tienes pinta de ser todo un donjuán!
-Eso es algo que no te interesa…-le respondió algo incómodo.
-¡Oh, vamos! ¡Sé más amable conmigo! ¡Yo no tengo ningún reparo en hablarte sobre mí! ¡Merezco el mismo trato por tu parte! –se quejó, esa actitud le disgustaba.
-Eso es porque eres un egocéntrico y todo un "libro abierto"…-le reprochó- Al contrario, yo soy un hombre de pocas palabras y al que no le gusta que se entrometan en su vida…
-¡Quieto parado! ¿"Un libro abierto"? ¡No te adelantes! –le aclaró- Créeme, a pocas personas les cojo la suficiente confianza para hablarles tanto sobre mi vida. Y si te lo cuento a ti, es porque mi instinto me dice que eres de fiar. ¡Y no suelo fallar en eso!
-¿En serio? –no estaba muy convencido- Pues no lo aparentas, parece que te encanta lucirte ante todo el mundo. Además, no creo que te convenga depositar demasiada confianza en mí…
-¡Bueno, es cierto que soy un poco ególatra! ¡Pero lo valgo! –se pasó la mano por su cresta, orgullo- ¿Y por qué dices que no debería confiar en ti? ¿Acaso me ocultas algo? –le dijo cambiando de tema.
-No…sólo que… ¡Bah, qué importa! –pasó del tema, como siempre hacía cada vez que se sentía acorralado.
Volvió a escabullirse de nuevo, algo que molestó a Malton. Denzel se dedicó a seguir dándole forraje a su montura, que poseía un gran apetito.
-Lo reconozco, posees un buen caballo…-alabó al animal, pero cuando fue a tocarse, este casi lo ataca- ¡Cuidado, grandullón! ¡Menudo carácter tiene tu amigo, muchacho!
-En primer lugar, es una hembra.-le indicó, parecía que no se había dado cuenta de algo tan obvio- Y segundo, es muy testaruda y no deja que se le acerque mucha gente. ¡Incluso a mí me cuesta que me obedezca! ¿Por qué crees que tengo estos vendajes en los antebrazos? –le contó mientras se los mostraba- Menos mal que acabó entendiendo mis motivos, no estaría aquí de no ser por ella…era necesaria para cumplir la misión…-habló para sí mismo, mientras la acariciaba, sin darse cuenta de que Malton lo había escuchado.
-¿Misión? ¿A qué te refieres? ¿Esa yegua no es tuya? ¿Te la han prestado o algo así? –le preguntó interesado, sospechando de él.
-Eh…-se volvió a ver acorralado- ¡No te preocupes! ¡Son términos insignificantes! ¡A veces uso palabras que no tienen nada que ver con el tema en cuestión! ¡Ja, ja, ja! –intentaba disimular, pero no colaba.
Malton volvió a encontrarse nuevamente con una de las mentiras del muchacho, pero no le dijo nada al respecto.
-¿Has acabado ya? –refiriéndose a la alimentación de su montura- ¿Te parece si nos vamos al bar a tomar algo?
Denzel se sintió algo extrañado por su proposición, pero le hizo caso y enseguida se marcharon al susodicho lugar.
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Cuando llegaron, vieron que estaba más lleno de lo habitual, quizás porque el primer combate del día no se celebraría hasta pasado el mediodía. Denzel se sentía algo incómodo entre esa clase de hombres, y alguna mujer cabe decir.
Malton buscó una mesa cercana a la barra, pero al mismo tiempo, adecuada para la aparente "timidez" de su compañero. No tardaron en pedirle al tabernero unas cervezas y después se dedicaron a esperar pacientemente. Curiosamente, a Denzel le llamó la tención un hombre sentado en la barra, que tenía a su lado a dos mujeres con las que estaba coqueteando.
-Malton… ¿Conoces a ese hombre? No sé, pero me parece haberlo visto en algún lado. –le preguntó por lo bajo, señalándolo disimuladamente.
-Y no me extraña…ese no es otro que el mismísimo Kurtis Stryker, el Capitán de la Guardia de Kakariko. ¿Cómo crees que este lugar ha pasado desapercibido por las fuerzas del orden de Hyrule? ¡Está claro que ha sido por alguien desde dentro! Si no fuera porque él mismo tiene bastantes intereses aquí, esto habría caído hace tiempo.
-¡Despreciable! ¡¿Cómo se atreve ese maldito a…? –su furia era tal, que se levantó indignado de la mesa, llamando la atención de algunos. Menos mal que ahí estaba Malton para detenerlo.
-¡Ssch! ¡¿Estás loco? –le dijo por lo bajo, agarrándolo y tapándole la bocaza para que no montara un escándalo, haciendo que se sentara de nuevo- ¡¿Qué se supone que haces? ¡Si te encaras con él, lo más probable es que te aniquile! ¡Y si no, te llevaría a prisión! Por mucho dinero que puedas tener, me parece que poco harías si te acusaran de agresión a un alto cargo de cualquiera de las guardias del reino.
Denzel se relajó, lo último que quería era meterse en un lío. Pero para su desgracia, Malton observó como a ese tal Stryker se le acercó un individuo de mala pinta, parecía estar contándole algo sobre ellos. Cuando acabó, aquel hombre por el que se había sobresaltado Denzel, los miró. Se levantó lentamente, sin prisas, como si le resultara divertida la situación.
Era un humano alto, musculoso y rubio. Su vestimenta era mayoritariamente negra, a excepción de su camisa azul marino, que no se apreciaba demasiado bajo su chaqueta. Destacaba su sombrero ajado, parecido al de Denzel, pero de color negro. Además, llevaba atado al cinturón su espada, que intimidaba bastante. No sólo intimidaba su arma, también su constitución y su expresión ruda, un hombre con el que habría que guardar las distancias. Seguro que muchos lo temían cuando se encontraba en su papel de capitán, allá en Kakariko.
-¿Es cierto lo que me han dicho? –preguntó no demasiado contento, delante de su mesa- ¿Acaso ese amiguito tuyo tiene algo conmigo, "gallito"? –le provocó, ambos se conocían desde hace tiempo.
-No, sólo que le pareció ver tu cara en algún lugar y le estaba explicado la situación…-le contestó, sintiendo como los demás los observaban.
-Ah… ¡¿Me ves cara de imbécil? –explotó, golpeando la mesa con el puño- ¡Llevas junto a ese forastero desde que llegó hace unos días! ¡Todos se preguntan qué es lo que ambos os traéis entre manos! ¡Llevabas años sin venir aquí! ¡Y de repente apareces de la nada! –miró ahora a Denzel- ¡¿Y tú, eh? ¡Te vi en la ciudadela rondando por los barrios bajos! Parecías estar muy interesado en encontrar este lugar… ¡¿Por qué? –lo agarró de la chaqueta bruscamente, elevando la tensión en el ambiente.
-¿Acaso uno no tiene derecho a rondar por dónde le dé la gana? –le respondió- ¿Y qué hacías tú en la ciudad? ¿No se suponía que deberías ocuparte de tus asuntos en la villa? –ese tono engreído sólo le traería problemas.
-¡Ja! ¿Te crees muy listo, no? –le dijo soltándolo- No sé tú, pero yo tendría cuidado y cerraría la boca antes de tener un problema con la ley…-le habló con cierta burla, ajustándose su sombrero y encendiendo un cigarro.
-Pues con esas pintas no pareces un capitán… ¿Dónde te has dejado el uniforme? ¿Con tu mujer y tus dos hijas? –le siguió el juego, sin ningún miedo.
-¿Cómo narices sabes tú eso? –aquel comentario le sorprendió.
-¿Y quién no conoce al famoso Kurtis Stryker? ¡Contigo, ese Valenzuela no es nada! –le habló mientras se levantaba de la mesa, jugando él mismo con su propio sombrero.
-Te veo muy confiado… ¿Estás tratando de desafiarme? –le preguntó, expirando humo.
-Al contrario, no deseo problemas…-le habló sincero- Sólo quiero que nos dejes a mi amigo y a mí tomarnos unas cervezas y después nos marcharemos a ver los combates.
-Je…-escupió el cigarro y lo apagó con las botas- Pues me parece que no podrás "irte de rositas" después del comentario que dijiste sobre mí antes… ¿Lo recuerdas? Además, todos están ansiosos por vernos pelear. ¡Y no vamos a defraudarlos! ¿Verdad, muchachos?
Se oyó cómo todos los allí presentes deseaba ver algo más que peleas entre monstruos, alguna pelea entre hombres. Mientras, Malton estaba muy preocupado por lo que podría pasarle a su amigo, esa delgadez no le era favorable.
-No quiero luchar contigo…-le repitió de nuevo, mostrándose firme.
-¡Al gallo le tenía que acompañar una gallina! ¡Esto parece un corral! –se oyeron las burlas de los demás, después de su comentario- ¡Venga, enfréntate a mí si eres hombre! ¡A mí nadie me habla con esa arrogancia! ¡Y menos un mequetrefe como tú!
Se quitó la chaqueta, su sombrero negro y sorprendentemente, su espada.
-Y para hacerlo más interesante, no usaremos nuestra espadas. ¡Pura fuerza física! ¡Como verdaderos hombres! –se preparó los puños, iba completamente en serio.
-No tengo tiempo para esto…-y se dispuso a marcharse, acompañado de Malton.
Sin embargo, ese gesto no gustó nada a Stryker y le propinó un puñetazo en la cara que lo tumbó contra su mesa. Lo dejó aturdido y Malton tuvo que levantarlo para reanimarlo. Cuando el joven se levantó, podría apreciarse como un hilo de sangre salía de su boca.
-Deduzco por tu acción que no me dejarás marchar hasta que acabemos con esto… ¿Verdad? –le preguntó, entregándole a Malton su sombrero, chaqueta y espada.
-¡Corrección! ¡Hasta que yo acabe contigo! ¡Ja, ja! –se corrigió muy confiado.
Se alejaron un poco de aquel bar, seguido por la masa que deseaba verlos en acción, rodeándolos en círculo.
-Esto no va a acabar bien... -murmuró Malton, temiendo una carnicería.
Ambos combatientes observaban a su oponente a cierta distancia, esperando que el otro diera el primer golpe. Lo hizo Kurtis, lanzándose a por él. Este consiguió esquivarlo, mientras el otro intentó agarrarlo. Lo sujetó por los hombros y le rodeó el cuello, intentando ahogarlo. Pero gracias a la constitución delgada y ágil de Denzel, se escabuchó por debajo y luego lo remató con una patada en toda la cara. Al corrupto le sorprendió su acción, no pensaba que tuviera talento para pelear. Curiosamente, más sorprendido estaba Denzel, como si fuera la primera vez que lo hacía.
Y mientras los espectadores animaban al capitán, Malton rezaba por Denzel, para que al menos saliera vivo de la contienda.
Stryker demostraba gran fuerza física en cada uno de sus movimientos, que esquivaba una y otra vez Denzel con su prodigiosa agilidad. Era algo que molestaba enormemente al hombre.
-¡¿Quieres estarte quieto? ¡¿Cuándo puñetas vas a pelear en serio, eh? –le insistió, estaba harto de ser el único que verdaderamente combatía.
-¡Ni de coña! ¡Ven tú a mí! –le gritó nervioso, atrayéndolo a él rápidamente.
Se lanzó nuevamente a por él, pero cuando casi lo tenía, este se apoyó en sus hombros y saltó para colocarse detrás suyo y derribarlo con una patada a las rodillas. Sin embargo, agarró a Denzel de un pie y lo tiró también al suelo, igualando la lucha. Se colocó sobre él, imposibilitándolo a escapar e intentando golpearle repetidamente en la cara. Denzel se defendía como podía, agarrándole las manos en un intento desesperado por que no le alcanzara, soportando a su vez el peso de su cuerpo. Se inició un encarnizado duelo de fuerza, en la que parecía que iba a ganar Kurtis.
Sorprendentemente, Denzel soltó una de sus manos y la colocó delante de la cara de su enemigo, que vio dibujada en él una extraña sonrisa. Y no fue para menos, porque en ese instante una luz intensa lo cegó, logrando que el muchacho se apartara y lograra reincorporarse.
-¡Maldita sea! ¡¿Qué eres? ¡¿Un brujo? –le preguntó aún recuperando la vista, mientras se levantaba.
Denzel respiraba agitadamente, parecía como si ese simple truco lo hubiera agotado.
-¡Ja! ¡Menudo estúpido! ¡He visto mejores aspirantes a mago durante mis redadas en los alrededores de Kakariko! ¡No eres nadie contra mí! ¡Admítelo! –se burló, una vez que comenzó a ver con normalidad.
La debilidad del chico hizo que Stryker viera su oportunidad, que fue a por él. Mientras, Denzel lo observaba impotente con sus penetrantes ojos rojos. Y en ese momento, la lucha dio un giro inesperado…
Cuando su adversario intentaba cargar contra él, este sólo se movió un poco y le golpeó el estómago con su rodilla. Paró al hombre unos segundos, antes de que este lo agarrara el brazo e intentara golpearlo contra el suelo. Sin embargo, este volteó sobre su espalda y con la inercia de aquel movimiento fallido, lo lanzó con una impresionante fuerza contra el suelo, devolviéndole a su adversario lo que había querido hacer con él. Kurtis se levantó furioso, comenzando a atacar a bocajarro infinidad de veces, siempre esquivadas con relativa facilidad por Denzel.
Y en medio de ese aluvión de golpes, el muchacho logró golpearle una vez con el puño, siendo el inicio de un contraataque inesperado. Hizo lo mismo que su rival, sólo que acertando cada uno de sus golpes y a una velocidad digna de un ninja. Nada podía hacer Stryker por defenderse, estaba igual de impactado que todos, incluyéndose Malton más que ninguno.
Con una potente patada a la cabeza, terminó Denzel por derribar nuevamente a su oponente.
-Ag… ¿Có-mo…es…po-sible? –soltó tras escupir sangre, levantándose- ¿De dónde has sacado esa fuerza…muchacho?
-¡Ni yo mismo lo sé! Es realmente impresionante…-exclamó maravillado mirándose las manos, sorprendido por su propia fuerza y habilidad.
Y mientras él estaba absorto en sus pensamientos, logró apartarse justo a tiempo antes de que su enemigo lo rajara con una navaja que llevaba oculta desde el principio. Aún así, se hizo un ligero corte en la mejilla por el que brotaba sangre.
-¡Oh, pobrecito! ¡Le he estropeado su preciosa cara angelical! ¡Ja, ja, ja! –se burló, lamiendo la navaja con su sangre- ¡Venga, marica! ¡¿No aguantas un corte de nada? ¡Porque te voy a destripar, sabandija!
Ahora la cosa se había vuelto más peligrosa y descompensada, debido a que Denzel no tenía en ese momento un arma. Mientras Kurtis blandía su navaja, a él no le quedaba otra que apartarse y esperar el momento oportuno para responderle. Y por un capricho del destino, tropezó al esquivar una vez en donde aquel filo casi lo toca. Allí en el suelo, el hombre intentó apuñalarlo, logrando Denzel apartarse un poco, pero su oreja puntiaguda resultó levemente dañada y sangraba. La navaja se quedó enterrada en el suelo, momento en el que Denzel golpeó a Stryker en la cabeza y lo apartó de su arma. Lo distrajo a base de golpes, aunque al hacerlo también recibió unos cuantos, y bien duros. Uno de ellos fue directo a su estómago, del cual se resintió bastante, acabando de rodillas en el suelo y vomitando algo de sangre. Temió por su vida cuando vio que Kurtis Stryker se acercaba peligrosamente a donde había dejado la navaja, iba a acabar con esto de una vez por todas.
De pronto, una vez más el instinto de supervivencia afloró en Denzel, que logró que su cuerpo se moviera tan ágilmente como el de un felino a pesar de sus heridas, logrando en el último momento agarrar la navaja y darle una patada justo por debajo de la mandíbula a ese rufián. Eso le dejó tiempo para acertarle unos últimos golpes fulminantes, haciendo que su enemigo cayera al suelo por última vez. Y cuando este intentó levantarse, Denzel ya lo tenía inmovilizado y lo estaba amenazando con su propia arma.
-Aquí acaba todo, canalla…-le habló al oído- Te dejaré vivir por esta vez, pero...-se rió por lo bajo- En cuanto ambos volvamos a nuestras respectivas vidas fuera de aquí, las cosas no te irán tan bien como hasta ahora…disfruta mientras puedas, sucio traidor.-lo dejó libre, quedándose la navaja como recuerdo.
Todos se quedaron expectantes, sin pronunciar palabra. ¿Quién hubiera dicho que un muchacho como él pudiera enfrentarse al veterano Capitán de Kakariko y salir con vida?
-¡E-esto no quedará así! –le gritó mientras intentaba reincorporarse a duras penas- ¡No podrás esconderte aquí siempre! ¡Y en cuando lo hagas, yo y la tropa de soldados que me espera en Kakariko vendremos a por ti! ¡Pasarás el resto de tus días en la cárcel, eso si no te ejecutan! ¡Duerme con un ojo abierto desde hoy! ¡Y lo mismo te digo a ti, Malton! –les amenazó furioso.
-Je…-se rió, mientras se colocaba su sombrero y cogía las otras cosas que le había entregado a Malton- Créeme, eres tú, quién debe dormir con un ojo abierto desde ahora…
Y sin inmutarse, se llevó a Malton en dirección a su cabaña, quería descansar desde del combate. Su actitud enfureció aún más al capitán, que juró una venganza por todo lo alto y que ahora se marchaba de vuelta a la villa, seguramente le estaría esperando…
XOXOXOXOXOXOXO
Nada más entrar a la cabaña, Denzel se subió a su litera y se dejó caer en la cama, agotado y sufriendo algunas molestias.
-Has estado bastante bien, has dejado a todos boquiabiertos…-le alabó, aunque no con su típico humor de siempre- ¿Dónde has aprendido a luchar así, muchacho?
-¡No tengo ni idea! ¡Era como si mi cuerpo se moviera solo! ¡Un instinto nacido de lo más profundo de mi ser! ¡Ha sido…! –no pudo continuar, aún estaba mal por las heridas y sobre todo por el brutal golpe en su estómago.
-Me impresionas…-soltó en un suspiro- ¿No sales mucho de casa, verdad? Por lo que pude ver, te sorprendías de ti mismo cuando ejecutabas esos golpes tan sorprendentes y te movías de esa forma que a muchos nos gustaría hacerlo.
-Bueno…-miró al techo, apartando su sombrero y algunos mechones de su larga cabellera- Es la primera vez que me ocurre algo semejante, nunca me habían preparado para esto. Y sí, es cierto que quizás pase demasiado tiempo en mi hogar, pero esa ha sido mi vida desde que tengo uso de memoria.
Cuando acabó de responderle, oyó nuevamente otro suspiro. Entonces recordó lo que había dicho ese Kurtis Stryker antes de que ellos se marcharan.
-¿Te preocupan las amenazas de ese despreciable? Te noto algo preocupado desde que acabó la pelea…-le preguntó asomándose por el borde de la cama, dejando caer su cabello.
-¡¿Cómo no voy a estarlo? ¡Irá a la villa y detendrá a mi familia! ¡Y después nos cogerá a los dos y nos meterá entre rejas! ¡¿Te das cuenta del lío en el que nos has metido? –se lamentó muy preocupado, se le notaba hasta en la cresta.
Denzel se bajó de la cama, con rostro serio, agachándose para hablarle.
-Malton…-le empezó a decir serio y convencido, con una mano en el hombro del grandullón- Ese miserable no os pondrá la mano encima ni a ti ni a tu familia, te doy mi palabra. Y créeme cuando te digo, que será él quien acabará en las mazmorras del Castillo de Hyrule cuando este torneo haya finalizado.
-¿Cómo puedes prometerme eso? ¿Quién eres tú que puedes rebatir las palabras de un militar de alto rango? –le preguntó dudando de él, confuso.
-Aparte de dinero, tengo ciertas amistades con gente de la cúspide de este reino…-le insinuó, mostrando una ligera sonrisa- Y mi palabra, vale mil veces la de ese sinvergüenza…
-¿Quién eres tú? –le preguntó, apartándose levemente de su lado.
-Para ti, un amigo…-le contestó, mientras se subía nuevamente a su cama- Y para ese Kurtis Stryker, seré el mismísimo Rey de los Demonios…-terminó de añadir con gran rabia contenida, para luego dejarse llevar por el sueño.
Malton se quedó pensando durante un rato, hasta que se levantó y decidió marcharse, dejando que su compañero disfrutase de un merecido descanso.
-Me pregunto qué clase de sorpresas ocultas aún, muchacho…-pensó en alto, antes de cerrar la puerta al salir.
XOXOXOXOXOXOXO
A la mañana siguiente, más o menos sobre las diez, Malton y su compañero estaban apiñados al borde del recinto de lucha, esperando el segundo combate de su luchador predilecto.
-¡Anímate, hombre! ¿Tienes agujetas por tu "peleíta" de ayer? ¡Ja, ja, ja! –se burló, al ver el estado pésimo de su amigo, dándole un golpe amistoso en la espalda- ¡Vamos, si te pasaste el día de ayer durmiendo! ¡Casi no te levantas esta mañana! ¡Y además te perdiste tres combates espectaculares en el día de ayer!
-Cállate…-le suplicó, ocultando su cara bajo su sombrero y pañuelo rojo, agotado- Ni me hables, me encuentro fatal…si no fuera por el combate de hoy no me habría ni levantado…
-¡Pues espabila! ¡A ver si te vas a dormir en medio de la lucha y te lo vas a perder! –le advirtió, volviendo a golpearlo en la espalda a lo bruto, cosa que molestó a Denzel.
Mientras tanto, el árbitro se preparaba para anunciar el primer combate del día.
-¡Tercer día de enfrentamientos, aquí, en el Arenas MK! –gritó por todo lo alto- Esta pelea será la primera de los cuartos del primer grupo, después de que ayer se terminaran los octavos de este mismo. Aparte de este, hoy sólo habrá otro combate más…-hizo una pausa- ¡Pero no se desanimen! ¡Mañana tendremos nada menos que cuatro combates, todos ellos del segundo grupo que aún no ha empezados con sus respectivas matanzas! –aquella noticia animó enormemente a los espectadores- ¡Y ahora, anunciaré a los participantes de esta nuevo baño de sangre! ¡En primer lugar, la sorpresa del torneo de este año, Nightwolf! ¡Y a su entrenador, Ingo! –señaló la puerta por la que saldría el lobo, y al hombre- ¡Y en segundo lugar, uno de los contrincantes más fuertes y veteranos de esta competición, Reptile! ¡Y su domador, Shao Khan! ¡Tendrá suerte ese lobo si muere rápido! ¡Ja, ja, ja! –volvió a burlarse, seguido del resto, mientras señalaba a la puerta por la que saldría esa bestia y a su dueño.
Aquel hombre que decían ser el domador de aquella misteriosa bestia, daba bastante miedo. Llevaba el torso al descubierto, mostrando su trabajada musculatura y algunas cicatrices. Llevaba el rostro tapado por una especie de yelmo exótico, de otra región, además de mostrar por delante una calavera. Poseía unas hombreras, unos brazales y unas grebas de aspecto agresivo, propio de un guerrero. Además, también sus piernas estaban expuestas, portando únicamente una prenda de cuero que ocultaba su entrepierna y su cintura.
Y respecto a su criatura, se oían extraños ruidos provenientes de su portón, parecidos a los que emitía un Lizalfos.
-¡Mierda! ¡Tenía que ser uno de ellos! ¡Ya me intuía que al final acabaría viéndose las caras con uno de ellos! –se lamentó Malton, echándose las manos a la cabeza.
-¿A qué te refieres? ¿Es tan grave la situación? –le preguntó, mostrando estar también algo preocupado.
-¡Es Shao Khan! ¡Uno de los veteranos de Mortal Kombat! ¡Y ha venido con Reptile! –le gritó- ¡Aparte de él, hay otros nueve de la llamada "Pirámide Arcade"! ¡Y en este año tres de ellos! ¡Dos en este grupo! ¡No sobrevivirá! ¡Y menos contra Reptile! ¡Es uno de los mejores! –estaba destrozado, no era para menos.
Denzel tragó saliva, la cosa estaba realmente cruda. ¿Tendría alguna oportunidad ese lobo?
Antes de que pudiera contestarse a sí mismo esa pregunta, las puertas de los gladiadores se abrieron, dejando ver como el lobo salía a la arena dispuesto a combatir. Sin embargo, cuando se abrió la puerta de Reptile, no había nada. Eso confundió a todos desde un primer momento, a excepción de unos pocos que parecían saber lo que ocurría.
Al lobo no le dio tiempo de reaccionar cuando sintió una brutal embestida, que hizo que acabara unos metros lejos de su posición inicial. En ese momento, se dejó ver Reptile, un Lizalfos bastante especial. Se había camuflado, hasta hacerse invisible. Ahora se encontraba amenazándolo con su larga lengua, mostrando sus dientes y rugiéndole.
El cánido no dudó en cargar contra él, pero cuando lo tenía a un palmo, desapareció de repente. Volvía a estar en aprietos, ahora no sabía dónde estaba. Y mientras lo buscaba con la vista, su enemigo volvió a atacarlo repetidas veces, invisible. Esa táctica desconcertaba a Nightwolf, pensó que le sería imposible alcanzarlo si seguía así.
De no ser, por supuesto…de su olfato, oído y su visión espectral. No caería dos veces en la misma trampa, y se valió de esos recursos para dar con su posición rápidamente. Cuando se lanzó al cuello del Lizalfos, volvió a hacerse visible para todos, sorprendiendo tanto a entrenador como a la propia bestia. Quizás, porque era una técnica que usaban a menudo, pocas veces les habría fallado. El público también estaba sorprendido, no pensaban que un animal acorralado pudiera concentrarse en pelear bien en esas circunstancias. Precisamente era el factor psicológico de esta maniobra: el desconcierto y la tensión de no saber por dónde te atacará tu oponente.
Reptile logró deshacerse del animal a tiempo, antes de que se aferrara a su cuello. Entonces, decidió cambiar de estrategia. Sorprendentemente, escupió una bola de moco verde a las patas de su rival, pringándolo por completo. Le costaba moverse, cosa que aprovechó Reptile para golpearlo. Se acercó a él velozmente; para luego propinarle un zarpazo en la cabeza, seguido de un puñetazo que por muy poco no le lesiona gravemente el cuello; para acabar con un rodillazo en las costillas, que hizo que se despegara de su prisión. Nightwolf salió mal parado de aquello, le costaba levantarse y además estaba sangrando por una brecha en la cabeza. Le enfurecieron los gestos provocativos de su contrincante, esperando a que se levantara para seguir con la lucha, parecía estar muy confiado.
La bestia decidió entonces mantenerse a una distancia cautelar de ese reptil humanoide, observando cada uno de sus movimientos. Este se lanzó contra él, intentando herirlo a base de zarpazos, usando su cola como látigo y hasta morderlo, siendo siempre evadido por el lobo. Aquella actitud molestó a Reptile, sacando su lengua y mostrando que era más larga de lo normal, logrando que esa viscosa y pegajosa lengua camaleónica se adhiriera a él y le rodeara el cuello, atrayéndolo hacia él. Intentó así asfixiarlo, usando su lengua y sus garras para estrangularlo. Nightwolf no se dejaría vencer tan fácilmente, así que mordió con todas sus fuerzas aquella lengua que lo mantenía sujeto, provocando un intenso dolor al dueño de la misma. Soltó sus manos del cuello del lobo e intentó que soltara su lengua, cosa a la que se resistía el lobo. Lo mantenía controlado así, tirando de ella con todas sus fuerzas, entre los gritos desgarradores del Lizalfos. Nada podía hacer Reptile por liberarse, y al final, ocurrió…
Debido a la lucha de fuerzas, el lobo acabó arrancándole un buen pedazo de su preciada lengua, su grito retumbó por el pequeño estadio y algunos espectadores sintieron escalofríos al oírlo. De su boca brotaba gran cantidad de sangre, verde, al contrario que otras criaturas. De nada le serviría ya ese órgano, más bien ahora resultaba un estorbo. Sus ojos reflejaban la furia que sentía por el dolor y ver como parte de él se encontraba en el suelo, junto a su competidor. Fue entonces cuando inició una carrera descontrolada contra él, dispuesto a vengarse. Nightwolf consiguió esquivarlo a tiempo, cuando sorpresivamente volvió a escupir un líquido verde, en este caso, un ácido. Repitió varias veces su acción, no contento con que el lobo siempre lo eludiera.
Desgraciadamente, eso no duró…uno de los disparos de ácido impactó contra la piel del animal, causándole gran dolor y una importante quemadura. Se restregó por el suelo, gimiendo de dolor, intentando quitarle ese maldito líquido corrosivo. Era horrible aquella sensación, peor que si le hubiera caído una olla de aceite hirviendo. Mientras, Reptile descansaba después del tremendo esfuerzo, por la pérdida de sangre de su boca y que debido a la hemorragia, él mismo se había visto afectado por el ácido. No sabía si después de esperar un poco a segregar más de esa sustancia, podría volver a utilizarla sin dañarse más aún. Apenas podía cerrar la boca debido al dolor y al escozor…
Cuando su rival se levantó, Malton y Denzel vieron horrorizados como la zona afectada por el ácido, su costado derecho, había perdido pelo y se encontraba hinchada, enrojecida. No era mucha la superficie dañada, pero era bastante desagradable. Tenía ampollas y pus amarillento rodeando la piel, acompañado de pequeñas marcas blancas y otras oscuras. El lobo se mantenía a duras penas en pie, salivando en exceso y gruñendo ferozmente.
El Lizalfos se lanzó a por él, antes de que pudiera moverse. Sintió un potente latigazo realizado con la poderosa cola del monstruo, en la cabeza y después en la quemadura, tan rápido que no pudo reaccionar. Siguió asestándole golpes rápidos y contundentes, de los que no podía protegerse. Por un golpe de suerte, logró agarrarle la cola antes de que siguiera golpeándolo, pero aún así lo tenía muy difícil. Aquel lagarto agitó violentamente su apéndice, intentando quitárselo de encima. Pero sus férreas mandíbulas lo mantenían sujeto aún cuando este lo golpeaba brutalmente contra el suelo. En un momento dado, el lobo se ancló al suelo con sus patas e impidió que siguiera agitándolo como si fuera un muñeco. Ambos se forzaban para resistir al empuje del otro, logrando Nightwolf ganar de nuevo. Con una fuerza impresionante, lanzó a Reptile contra una pared cercana. Su cabeza impactó de mala manera contra la pared de piedra y le causó serios traumatismos.
Nightwolf no tardó en abalanzarse sobre su rival, aprovechándose de su debilidad. Fue directo a su cuello, mordiendo con la intención de que esta vez no pudiera escapar. Por mucho que se resistió Reptile, finalmente pereció bajo las fauces del animal.
Y allí quedó su cuerpo, otro más que caída en el Arenas MK. De su cuello salía aquella sangre verde, además de por la hemorragia infectada de su boca. Esos ojos amarillentos, sin vida, contrastaban con los oscuros y temibles ojos de su asesino. Por supuesto, el lobo no tardó en reclamar su premio, las entrañas de la bestia. Las devoraba gustosamente, hambriento, mientras aquella multitud lo aclamaba y otros lo miraban incrédulos. Eso desató en él un instinto de rugir triunfante sobre su presa, como cualquier gladiador o bestia feroz que se precie. Esa actitud gustaba a Ingo, que veía los progresos de su luchador tanto a nivel físico como psicológico.
-¡Increíble! ¡Nadie hubiera imaginado que pudiera ganar a uno de los oponentes más duros de esta competición! ¡Nos has decepcionado, Shao Khan! ¡Un simple lobo te ha vencido! ¡Ja, ja, ja! –ese comentario por parte del árbitro molesto al hombre, que se marchó furioso del lugar.
-Lo sabía…-murmuró Malton- Lo ha cambiado, se ha vuelto un asesino…
-¿Cómo es posible? –se preguntó el muchacho, impotente.
-Cuando a uno lo tratan como una bestia, acaba siéndolo…-suspiró mientras observaba en qué se había convertido su amigo.
La escena era desoladora, ver cómo un pobre animal se había vuelto un gladiador por culpa de la avaricia de unos cuantos. Y su aspecto, era una mezcla entre terror y asco, a causa de las heridas.
-Malton…-le llamó- Te oí comentar algo sobre que él había ayudado a tu familia en el pasado y también a su "dueña", durante su primer combate. ¿A qué querías referirte con eso? –era una pregunta que llevaba queriéndosela hacer desde hacía dos días.
-Uhm…-se quedó meditando- Volvamos a la choza, allí podremos hablar más tranquilos…
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Ya en la choza, Denzel se sentó junto a Malton en su cama, dispuesto a escuchar su historia.
-¿Tú sabrás que ese animal era antes mío, verdad? –le preguntó como algo obvio.
-Sí, por eso discutiste con ese tal Ingo. ¿No? –le aclaró sus dudas- ¿Pero exactamente cómo os llegaste a conocer? Me refiero al lobo, claro está.
-Lo que estoy a punto de contarte quizás te impresione, e incluso puede que no me creas…-se preparó- ¿Oíste hablar sobre el intento de asesinato contra la Princesa de Hyrule?
-¡Por supuesto! ¡Yo estaba en la ciudad cuando ocurrió todo! –exclamó algo alterado- Muchos intentaron encontrar una cura para los males de la princesa, algunos incluso intentaron estafar a los médicos. Por suerte, en el último momento alguien dio con el remedio y pudo salvarse.-se quedó pensando- Aunque…curiosamente, no se sabe quién pudo hacer llegar ese elixir al castillo. En la ciudadela se preguntan la identidad se ese sujeto, es la comidilla de todos en la capital.
-Pues…-le daba algo de vergüenza reconocerlo- Un servidor aquí presente, fue el que hizo llegar aquella pócima hasta Su Majestad…
-¡¿Cómo? –se sobresaltó, casi logrando caerse al levantarse de la cama- ¡¿Tú? Pe-pero… ¡¿Entonces tú eres…? –se calló de pronto, antes de continuar- ¡¿Y por qué? ¡¿Qué tiene ese lobo que ver en todo esto?
-De no haber sido por él, ella habría muerto…-sus firmes palabras relajaron al chico- Yo me encontraba bañándome con mi familia una noche, en el Lago Hylia. De pronto, mi Kargarok dio el grito de alarma y corrí hacia donde estaba. Había capturado a un pequeño ladronzuelo, ese lobo. Lo que más me sorprendió, fue que se estaba llevando una botella medio llena de Rocío de las Hadas, un potente remedio para cualquier enfermedad o herida. Entonces, vi que llevaba un collar verde con el distintivo de la Familia Real de Hyrule. Pensé que podría ser una mascota…-se mantuvo en silencio unos instantes- Pero cuando vi la nobleza y la desesperación en sus ojos, me acordé de lo que dijeron unos Zoras horas antes, acerca de que habían envenenado a la princesa de este reino. Fue ahí cuando hice un trato con él…a cambio de la botella que salvaría a su dueña, él me entregaría su libertad.
-¡Pero eso no tiene ningún sentido! ¡¿Cómo ibas a darle algo tan valioso a un simple animal? –exclamó quizás algo sobreactuado- ¿Y si no llega a dársela? ¡Te estabas jugando la vida de un monarca, por las Diosas! ¡¿Por qué no fuiste tú en persona para dársela? ¡Hubieras cobrado una cuantiosa recompensa, idiota!
-¡No me lo recuerdes! –se lamentó- Pero me resultaba imposible hacerlo, por culpa de un estúpido y estricto código familiar, que me impide meterme en asuntos de esta magnitud.-se sosegó- Aún así, en el fondo sabía que no era un animal corriente, mi intuición nunca me ha fallado… ¡Y ya ves! ¡Cumplió su promesa! ¿Qué tienes que decir a eso?
-Digo que resulta un tanto surrealista…-añadió desconfiado- Tal vez…sí, quizás era ese lobo del que todos en la ciudad decían que era propiedad de la Princesa. Algunos incluso, dijeron que lo habían visto varias veces durante la Invasión.
-¿Ves? Y el amor que sentía hacia ella, lo que hizo que renunciara a su propia libertad para salvarla. Fue algo que con el tiempo, ha llegado a conmoverme…-habló sintiendo una gran admiración por el animal.
-¿Qu-qué? –ese comentario lo había confundido- Debes de estar exagerando, un animal no puede sentir eso hacia una persona. Y menos si se trata de un animal salvaje…
-¡Jo, jo, jo! ¡Qué equivocado estás! –se río alegre- Soy cazador, y mis animales me son más fieles que cualquier persona en este mundo. Y he de decirte, que ese lobo no es la excepción.-hizo una pausa- Incluso te confieso, que alguna vez pensé que no era realmente un lobo…
-¡Oh, venga ya! ¡Ahora seguro que me vendrás con rollos mágicos o paranormales! –se quejó Denzel, no podía creerse esas cosas.
-¿No eras tú capaz de realizar algunos trucos? Te luciste con esa pequeña artimaña que usaste contra Kurtis ayer, algo simple pero efectivo.
-Eh…-lo había pillado- ¿Y por qué dices que no era sólo un animal? –le preguntó retomando el tema.
-No lo estoy afirmando, pero creo que ese lobo guarda un secreto.-le habló dando énfasis al asunto- ¡No sé, es más inteligente de lo normal, demasiado diría yo! Si yo te contara…
-Cuéntame, creo que tenemos bastante tiempo…-insistió su joven amigo, bastante interesado.
Malton vio en sus ojos la curiosidad y no dudó en satisfacer sus deseos. Comenzó a contarle un poco de todo: sus cacerías, la convivencia, la actitud del animal e incluso aquel incidente con esa araña monstruosa en los Bosques de Farone.
-Vaya, es realmente…-comentó al acabar Malton su historia.
-¿Impresionante? –terminó su frase- Ya ves, hay cosas inexplicables en este mundo, pero estoy seguro que lo de ese lobo tiene algo más profundo. Sólo hay que verlo, un lobo común jamás hubiera ingresado en este torneo, ni mucho menos vencido a un veterano como Reptile.
-La razón por la que has vuelto aquí, ha sido para rescatarlo… ¿No? –ahora entendía sus motivos.
-Por fin lo has comprendido, sí, estoy aquí para eso.-hizo una pausa, cabizbajo- Pero temo que no podré hacer nada, con ese Ingo y el torneo, tendré suerte si logro recoger sus restos…
-¡¿Cómo puedes decir eso? ¡¿Vas a dejar que tu amigo muera ahí fuera? ¡Si has llegado hasta aquí, no puedes echarte atrás ahora! –le reprendió su actitud perdedora.
-¿Y qué quieres que haga? ¿Cómo voy a enfrentarme no sólo a Ingo, sino también a todos los que quieren verlo pelear hasta el final? ¿Se te ocurre alguna idea? –le preguntó molesto, él no era nadie para criticarlo.
Denzel no pudo objetar nada, tenía razón...
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Tras acudir al segundo combate del día anterior, tiempo después de aquella conversación, ese día decidieron que no irían a ver ningún otro. Malton temía que cuatro combates en un mismo día pudieran traumatizar al chico... ¡Qué demonios! ¡Lo único que querían era tomarse un respiro!
Volviendo al asunto, se encontraban en ese momento en el bar, tomando unos tragos.
-Apuesto a que no eres capaz de clavar ni un solo cuchillo en esa diana…-le retó Malton mientras señalaba un lugar donde algunos hombres se dedicaban a ello.
-¿A qué viene eso? ¿Dónde dices que…? –antes de que pudiera acabar, Malton se encargó de que su cabeza mirara al lugar deseado.
-¿Te atreves? La apuesta mínima para participar son diez rupias, muchacho.-le habló de pronto el camarero y dueño de la improvisada taberna- ¡Me pregunto si serás tan bueno con los cuchillos como peleando! ¡Ja. Ja, ja!
-De acuerdo, puede ser divertido…-se levantó seguido por Malton, interesado en aquel juego.
Al acercarse, captó la atención de los que ya estaban jugando. Entre ellos, una mujer joven bastante atractiva y que portaba dos grandes cuchillos atados a su pantalón, como defensa. Como todas las mujeres del lugar, aunque no fueran muchas, eran de "armas tomar".
-¡Mirad a quién tenemos aquí! ¡Si es nuestro misterioso hombre que osó enfrentarse a Stryker! ¡Y le acompaña como no, Gallo Rosso! –exclamó la mujer, con cierto tono de burla.
-¿A qué vienes, muchacho? –le preguntó rudamente un hombre, masticando tabaco- ¿Vas a probar tu puntería en este jueguecito? ¡Je, je! ¡La apuesta mínima son diez rupias!
Denzel se rió por lo bajo, para luego soltar una rupia morada por valor de cincuenta rupias.
-Esto va a ser un chiste…-habló muy confiado, ajustándose su sombrero y agarrando los cuchillos.
El objetivo era obtener la mayor cantidad de puntos posibles con cuatro lanzamientos, algo bastante simple. Y para sorpresa de todos, en poco menos de unos segundos todos los cuchillos estaban clavados milimétricamente en el centro de la diana, algo que parecía imposible.
-Bueno, creo que ahora toca cobrar la…-pretendía llevarse el montón de rupias, pero uno de los hombres del lugar lo paró.
-De aquí no te vas hasta que repitas eso que acabas de hacer, chico…-le amenazó interponiéndose entre el dinero y él, mostrando no estar nada contento.
Denzel tuvo que resignarse y repetirlo de nuevo, cosa que no le resultó un problema. Lo hizo esta vez más lento, para hacerles entender que no había hecho trampa alguna. Y aún así, no los convenció demasiado, pero al final tuvieron que entregarle el dinero.
-¡Je, je! ¡Así uno se hace rico enseguida! ¡Y eso que a mí no me hace falta! –se rió contento, acomodando su bolsa de rupias dentro de su chaqueta.
-¡Has estado increíble! ¿Desde cuándo tienes esa puntería? –le alabó impresionado, mientras se marchaban del lugar.
-¡Es algo innato en mí! ¡Y ojalá pudieras verme con un arco! –exclamó alegre.
Esa alegría se disipó cuando algo más lejos de allí, Denzel se paró en seco. Sentía una fuerte presión en el pecho y le costaba respirar. Se sintió mareado y no pudo aguantar mucho tiempo de pie, cayendo al suelo entre convulsiones.
-¡¿Qué te pasa? ¡Dime algo, joder! –le pidió asustado, creía que le estaba dando un ataque al corazón.
Denzel logró sacar del interior de su chaqueta una pequeña cantimplora de la que bebió como pudo, intentando mantener el pulso. Tras unos minutos, aquellos síntomas pararon, tranquilizando a ambos.
Cuando notó una mejoría en el estado de su amigo, Malton lo ayudó a levantarse del suelo.
-¡¿Qué narices ha sido eso? ¡¿Y por qué a ha parado cuando te has tomado lo que llevas en esa cantimplora? –le preguntó alucinando, eso no era normal.
-Eh…-aún estaba recuperando el aliento, apoyado sobre él- Es una medicina...la necesito para evitar esta clase de contratiempos, debí olvidarme de tomármela esta mañana.
-¿Estás enfermo? Vaya…-en ese momento, sintió una profunda lástima por él- Oye, si hay algo que pueda hacer por ti sólo tienes que…
-No te preocupes, no es nada grave. Además, es algo temporal, nada crónico. -le tranquilizó, apoyando una mano en su hombro.
-¡Pues a mí no me parece normal que tengas esa clase de síntomas! –opinó- ¿Quién es el médico que te diagnosticó? ¡A lo peor eres víctima de una estafa!
-¡Ja, ja, ja! –se rió a carcajadas- ¡No exageres! ¡En serio, no es nada!
-¿Y cuánto te queda de esa medicina? ¿Durarás para ver el final del torneo? –le preguntó temiendo que tuviera que marcharse antes de tiempo.
Ese comentario preocupó a Denzel, que volvió a coger su cantimplora y a comprobar su contenido, no parecía estar demasiado animado.
-Parece que sí…-contestó finalmente, cerrando el recipiente- Mientras no vuelva a olvidarme de tomar mi dosis diaria, no debería haber ningún problema. Y si mis cálculos no me fallan, para cuando no quede ni una gota de este brebaje, ya no lo necesitaré más…
-¡Fantástico! ¡Mucho mejor así! –le felicitó animado, golpeándole amistosamente- ¿Y qué es lo que tienes? ¿Una alergia o algo así?
-Algo así, en teoría…-volvió a contestar usando evasivas, tocándose la zona en la que Malton le golpeó.
-¿Y ahora qué hacemos? ¿Quieres ir a ver alguna pelea o tienes pensado algo? –le preguntó ignorando aquella respuesta incompleta.
-Eh…-parecía estar pensándoselo- Ve tú, yo tengo que hacer unas cosas… ¡Nos vemos luego!
Y se marchó sin dar explicaciones, a toda prisa, confundiendo a Malton.
-¿Qué le pasa ahora? –se preguntó alucinando- ¡A este no hay quién lo entienda!
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Aquella bestia de ojos azules se encontraba encadenado a un árbol muerto, cercano a la choza de su amo. Podía notarse las marcas de aquellas cadenas oxidadas, en conjunto con un collar que le resultaba bastante dañino para su cuello. Eso garantizaba que desistiera en cualquier intento por escapar.
Se encontraba siempre en alerta, más ahora que su amo no se encontraba allí con él. Y sobre todo, estaba hambriento. Siempre lo estaba…
Apenas le daba que comer, con suerte algunos restos o huesos. Así buscaba sacar todo el instinto depredador de su ser, sabiendo que el hambre agudizaba el ingenio.
No sólo estaba hambriento, también se encontraba recuperándose de las heridas del día anterior. Tenía el costado vendado, mientras sanaba aquella terrible quemadura. Tenía cosidas algunas heridas a lo largo de su cuerpo, algunas más recientes que otras. Por todo el cuerpo tenía cicatrices, aunque entre aquel sucio y desordenado pelaje costaba verlo. Su aspecto era un tanto deprimente, a la vez que intimidante. Sus garras y colmillos más afilados de lo natural, ahuyentaban a cualquier incauto que se acercase a él, sabiendo lo bien que sabría utilizarlos.
En ese momento, se sentía intranquilo, más de lo habitual. Llevaba rato sintiendo la presencia de alguien que se acercaba, oliendo su olor en la distancia.
Era un olor que lo perturbaba…familiar, pero al mismo tiempo desconocido. No era la primera vez que lo captaba desde que había llegado allí, ya lo había sentido otras veces, durante los combates. Probablemente, se trataría de uno de los espectadores que acudían a verlo, pero tenía un especial interés en saber quién era. Y sobre todo, por qué se estaba acercnado cada vez más a su posición…
Tras un rato, hizo contacto visual con aquel individuo que lo tenía en ascuas, poniéndose en posición de defensa en cuanto lo vio. El lobo no lo sabía, pero se trataba de Denzel, el nuevo compañero de Malton. Sabía que Malton se encontraba en aquel lugar, reconoció su olor nada más llegar al lugar. Pero desconocía la identidad de ese muchacho, algo dentro suyo le decía que estuviese alerta.
-Es terrible…-suspiró, parecía dolerle verlo así- Muestras un aspecto horrible, no puedo imaginarme por lo que has pasado…
Al lobo le molestó la manera con la que le estaba hablando, como si lo conociera.
-¡Tranquilo! ¡No vengo a hacerte daño! –intento calmarlo, al ver cómo le gruñía y salivaba rabioso mientras le mostraba los dientes- ¿Tienes hambre, no? ¡Pues aquí tienes!
Le tiró un buen pedazo de carne envuelto en unas telas, quizás lo hubiera comprado al tabernero. El animal sabía que lo había traído consigo, pero no pensó que se lo fuera a dar.
Sorprendentemente, se apartó de la comida y se mostró más arisco con aquel que sólo intentaba alimentarlo.
-¿Por qué lo rechazas? ¿No hueles que esa carne no contiene nada? –le preguntó desconcertado- Anda, come…lo estás deseando.
Sin embargo, la bestia siguió amenazándolo desde cierta distancia, cada vez más furioso. Le daba igual que esa carne estuviera bien o no, no aceptaría nada de nadie, y menos de un desconocido.
Desde hacía un tiempo, había aprendido a desconfiar de todo, hasta de su propia sombra. Cualquier cosa que se moviera, era una amenaza para él. Poco le importaban las intenciones de quién se aproximara a él, pues lo atacaría e incluso llegaría a matarlo sin piedad. Era un completo paranoico, ni siquiera podía dormir más de media hora seguida por las noches. Su único y principal objetivo se había vuelto sobrevivir, no importaba el precio.
-Vamos, por favor…-suplicó por lo bajo, al ver que el animal seguía sin acercarse a la carne.
Unos momentos después, notó que el lobo estaba temblando ligeramente, como si tuviera miedo de algo. ¿De qué, exactamente? Poco después, lo averiguó…
-¡¿"Che cosa stai facendo, bambino"? –le gritó desde la distancia su dueño, Ingo.
Ahora sabía lo que era, había notado que su amo regresaba desde bastante antes que él. Y no parecía gustarle su presencia, se encontraba en un buen lío.
Ingo llegó rápidamente a su posición, que entró en cólera cuando vio aquel trozo de carne en el suelo, al que apartó de una patada.
-¡¿"Come vi capita di nutrise la mi bestia"? ¡¿Quién te crees que eres? –le gritó nada contento con su acción.
-Si quisiera ganar más combates, debería empezar a tratar mejor a sus luchadores…-le habló firme y conteniendo su rabia- ¡Este animal vive en condiciones demenciales, debería darle vergüenza! ¡No sé cómo todos aquí pueden salir impunes de algo así!
-¡Ja, ja, ja! –se rió irónico- ¡Veo que Gallo Rosso te ha transmitido esos valores tan propios de alguien de mentalidad corta! ¡"Fammi un favore e vattene"! ¡No voy a perder el tiempo con alguien como tú!
Su criatura reaccionó de la misma manera, gruñéndole ruidosamente para que se largara.
-¡"Zitto, cane"! –le ordenó mientras le atizaba con el látigo que llevaba atado al cinturón, le molestaban las ruidosas vocalizaciones del animal.
-¡¿Qué está haciendo? ¡Ni se le ocurra agredirlo en mi presencia! –le apartó bruscamente, tirándolo al suelo.
Ingo se levantó hecho una furia, maldiciéndolo en su propio idioma.
-¡"Fuori di qui"! ¡"Sacco di merda"! –le gritó enrojecido por la furia- ¡Si te vuelvo a ver cerca de mi gladiador, él mismo te destripará!
Denzel tuvo que marcharse antes de que pudiera ocurrirle algo grave, intentando no imaginarse las cosas por las que ese malnacido le haría pasar al desgraciado animal.
¿Cuál era la razón de su altruismo y defensa hacia aquel animal? No es normal…
Continuará…a continuación, pasa al siguiente capítulo si quieres ver cómo acabara esto.
XOXOXOXOXOXOXO
Nota de Alfax: Por favor, las explicaciones las daré al final de la segunda parte, no sean impacientes. (Ya han sabido esperar bastante...)
Y los comentarios, le agradecería que también los hicieran tras leer la segunda parte. Prefiero calidad de comentarios antes que calidad, no como a otros muchos de por aquí. Así puedo contestarlos a todos, al menos los que estén registrados, y no me tengo que repetir más de lo necesario.
¡Qué disfruten con lo que aún les queda! (Y suerte...)
