Capítulo 85: Recuerdos que fortalecen el espíritu…
La última guerra santa entre el Santuario y el Olimpo había entrado en un paréntesis. El renacer de Cronos y los titanes había generado una gran confusión en la Guerra Olímpica.
El tiempo ya no corría en el Universo, pues había sido paralizado por el padre de Zeus. Este poder no funcionaba en los santos dorados, ya que eran fantasmas revividos por el señor del Inframundo. Tras alcanzar el noveno sentido y usar sus armaduras divinas, luchaban a muerte contra los titanes.
Milo de Escorpio y Camus de Acuario murieron a manos de Hyperión, quien mostró su enorme e implacable poder, revelándose como uno de los más poderosos entre los titanes. En la Fragua del Olimpo comenzó un nuevo enfrentamiento entre la titánide Tetis y Aldebarán, que salió al paso para detenerla en su ascenso.
Monte Olimpo.
Ciudad de Olimpia.
En la fortaleza que había sido protegida por la luz divina de Apolo y que ahora estaba cubierta por oscuras sombras tras la caída del dios olímpico, se enfrentaban el titán Jápeto y Shura de Capricornio.
—¡Te partiré en dos en un instante…EXCALIBUR!
El suelo se iba abriendo en dos por la hoja de luz cósmica que avanzaba contra el titán, quien da un gran salto y cae sobre el piso, el cual vibró repentinamente tras la caída del mastodonte.
—Tus intentos serán en vano, ya sé cómo evitar la espada que tanto te enorgullece…
—¡No podrás evitar mi espada por mucho tiempo! —respondió Shura.
Jápeto enciende su cosmos y sus ojos comienzan a brillar con una llamativa luz ámbar, el piso de la ciudadela comienza a resquebrajarse, dando paso a un lodo del cual emana una actividad cósmica virulenta, el barro comienza a tomar forma repentinamente, al cabo de unos segundos podía apreciarse tres enormes seres mitológicos, los Hecatónquiros, quienes tenían cien brazos y cincuenta cabezas. Uno de ellos tenía una armadura roja, el otro amarilla y el restante azul.
—Al parecer posee un poder similar al de Prometeo… —reflexiona Shura.
—Mi cosmos puede crear vida, alterarla o incluso acabarla… ¡esto me vuelve invencible!
El Hecatónquiro de armadura roja se ve envuelto en llamas y se abalanza con vehemencia contra Shura de Capricornio, sujetándolo fuertemente con varios de sus fuertes brazos, pero entonces el ateniense distribuye su cosmos hacia sus cuatro extremidades y con un violento movimiento corta todos los brazos que lo aprisionaban, la armadura divina le había ayudado a soportar el fuego del ardiente abrazo enemigo.
—¡EXCALIBUR!
Shura hace un movimiento horizontal cruzando sus dos brazos al frente, como emulando una tijereta de espadas, dos destellos de luz sumamente afilados degollaron las cincuenta cabezas del Hecatónquiro.
No obstante, mientras eso sucedía, el otro ser de armadura amarilla atrapaba por la espalda al español y descargaba sobre él miles de volteos, el cuerpo del dorado estaba paralizado. El ateniense concentra todo su cosmos en su brazo derecho, logrando tener el control de los músculos de ese miembro y ejecutando una incómoda pero eficiente excálibur, que divide al Hecatónquiro en dos. El tercer monstruo quiso sorprenderlo, pero Shura se escabulló con un gran salto, atrapando entre piernas a una de sus cabezas.
—¡SALTO DE PIEDRA!
—¡Que tenacidad, entonces este es el valor de los humanos que tantos milagros consiguieron! —reflexiona el titán.
Shura impulsa por los aires al monstruo, lanzándolo contra el mismo Jápeto, el cual no duda en destruir a su creación con tan solo un dedo antes de llegar a lastimarlo.
—Estoy sorprendido, nunca pensé que las criaturas creadas por mi hijo Prometeo pudieran desarrollar un cosmos tan intenso, ahora comprendo cómo es que algunos de mis hermanos y hermanas han perecido…
—Jápeto, nosotros hemos superado todos nuestros límites con el objetivo de vencer a los dioses, nuestro cosmos se eleva desde lo más profundo de nuestro ser, para defender el amor y la justicia… ¡por Athena! ¡EXCALIBUR!
El español extiende su brazo derecho apuntando al suelo, dejándolo completamente recto y lo levanta verticalmente hacia arriba en un violento movimiento, liberando así una energía cósmica capaz de cortar cualquier cosa que se interpusiera a su paso. Jápeto esboza una sonrisa de confianza y pone la palma de su mano derecha al frente, la espada sagrada se desvía sorprendentemente ante el desconcierto de Shura, quien no podía creer que su rival haya salido completamente ileso.
—¿Sorprendido? —pregunta con ironía el titán. —Has quedado mudo… ¿dónde ha quedado tu discurso?
—¡He usado todo mi cosmos en ese golpe! ¿Cómo puedes haberlo bloqueado con una mano?
—Te hace falta un espejo… ¡recuerda que has sido alcanzado por mi cosmos, ya estás envejeciendo! —dijo Jápeto y a continuación creó con sus manos un reflejo símil a un espejo, en donde Shura puede verse así mismo con un rostro envejecido. —¿Lo entiendes ahora?
—Malditas seas…estoy perdiendo la fuerza de mi juventud…
—Idiota, tu vida es una farsa, eres solo un fantasma revivido por el poder de Hades… ¡respeto a los humanos por luchar contra los dioses con tal valor, pero nosotros somos quienes representamos los poderes supremos del cosmos, somos el cosmos mismo, por eso lo que ustedes lograron hasta aquí ha sido un milagro, pero esa emoción no puede salirse de control!
Shura mira a su enemigo para seguir oponiendo resistencia, pero su mente lo transporta a un lejano recuerdo…
Montañas de Los Pirineos, España, hace muchos años.
Un niño de nueve años entrenaba solitariamente bajo pleno sol, era un sofocante verano. Su cuerpo era atlético, de repente levanta su brazo recto hacia arriba y lo baja bruscamente, una hoz de luz dorada hace un profundo corte.
Repentinamente se siente unas pisadas y entre la polvareda que dejó el filoso ataque puede verse a otro joven de cabellos castaños a la altura de los hombros, tenía una vincha y unos ojos marrones que mostraban bondad y sabiduría.
—¿Quién eres tú…?
—Mi nombre es Aioros, así que tú eres el nuevo santo de oro…
—En efecto, soy Shura de Capricornio. —voltea con recelo. —No te conozco…
—Oye, no seas tan descortés Capricornio…
—No me fastidies…tienes suerte porque a los santos no nos tienen permitido luchar por cuestiones personales.
—Vaya humor el tuyo, además de malhumorado eres confiado, si te sientes fastidiado ataca de una vez, corregiré tu temperamento…
—¡Maldito, te dije que no tenías que fastidiarme!
Shura embiste en un santiamén a Aioros y lanza un movimiento a la velocidad de la luz, el joven griego lo esquiva con gran agilidad y se sitúa delante del español en un instante.
—Entonces tú… —dijo Shura eludiendo una esfera dorada. —¡Has esquivado un ataque a la velocidad de la luz!
—Soy Aioros de Sagitario, si tomas el combate a la ligera morirás…hace solo días que has conseguido tu armadura de oro.
—Sagitario…gracias por el consejo, el Patriarca me señaló que hay que comenzar los preparativos para la nueva guerra santa…
Batalla de las Doce Casas.
Casa de Capricornio.
Los recuerdos de Shura se había trasladado ahora a la batalla entre los santos de bronce guiados por la diosa Atenea y los santos de oro, comandados por el Patriarca impostor.
En una sangrienta batalla, Shiryu había utilizado su técnica definitiva, el último dragón, como el último recurso para morir junto con el enemigo, mientras se apagaba el fuego de Capricornio.
—¿Y esta técnica?
—¡Os pido disculpas por oponerme a vuestra voluntad maestro! ¡Seiya, Hyoga, Shun, salvad a Atenea!
—¡¿Ya…ya sabes lo que haces?! ¡Si seguimos ascendiendo a esta velocidad terminaremos ardiendo culpa de la fricción…! ¡Y tú serás el primero en morir al no llevar armadura alguna!
—¡Me…me da igual! ¡Desde el principio estaba dispuesto a morir!
—¡¿Tan grande es tu ansia de victoria?! ¿Qué valor tiene el triunfo si tienes que morir para obtenerlo? ¿Por qué tienes que luchar hasta el extremo?
—¡Siendo un caballero, tú deberías saberlo Shura…! ¡Lo hago por Atenea! ¡Vine a luchar creyendo en Saori como reencarnación de Atenea, y tras esta batalla estoy todavía más convencido! ¡Cuando ella haya terminado su cometido, este mundo estará en paz y ya no habrá más niños desgraciados como lo fuimos nosotros! Mi vida no es un precio tan caro a pagar por ello…
—¡No lo puedo creer, que en el mundo haya gente como tú! ¡Yo pensaba que todas las personas en el mundo luchaban en beneficio propio…! Por eso pensaba que estaba bien que el Patriarca se hiciera con el control del Santuario, pensaba que era el más fuerte, el más justo, pero estaba equivocado…
Ciudad de Olimpia. Presente.
El cuerpo del español se había avejentado súbitamente, en estos momentos aparentaba tener más de cien años, su fuerza era nula, su estabilidad inexistente.
—Mi cuerpo ya no me responde, apenas puedo conservarme en pie…
—¡Tu cuerpo está decrépito, este es tu final Capricornio!
Jápeto apretó sus nudillos y un trueno se manifestó, luego se lanzó en una carrera vertical contra Shura y lo golpeó con un terrible puñetazo, que explotó su cuerpo, litros de sangre bañaron el cuerpo del titán. Inmediatamente después un filoso destello dorado de luz cósmica tomó la forma de una gigantesca espada y atacó con violencia, el titán intenta contener con sus manos el filoso haz de luz.
—Esta técnica, esta es el alma jovial de Capricornio… ¡la última llama de su cosmos que quiere arrebatarme la vida antes de irse al Tártaro!
Tras la luz que intentaba contener Jápeto, podía apreciarse a Shura de Capricornio.
—La fortaleza de los recuerdos de mi pasado permitieron afilar mi espíritu y cuando tú destruiste mi decrépito cuerpo, desenvainaste mi espada más filosa… ¡EXCALIBUR!
El afilado brillo de la espada de Capricornio adquirió una renovada fuerza que terminó por rebanar primero las manos y luego el gigante cuerpo del titán, mientras este se cortaba en dos, un fino hilo de sangre se dibujó de forma vertical por el recorrido dejado por la espada, en unos instante la presión de la herida fue tal que chorros de sangre salieron disparados a gran presión mientras el cuerpo del enemigo se dividía a ambos lados.
De Shura no quedaba ni el atisbo de su cosmos.
Fragua del Olimpo.
Aldebarán había sido alcanzado por las fuertes corrientes lanzadas por la titánide Tetis, el vapor se expandía por las cavernas de lava y el magma, el fragmento de la espalda de la armadura divina de Tauro había sido destruido tras el fortísimo golpe, pero el ateniense no iba a rendirse. Con dificultad se levanta y divisa que el panorama del campo de batalla había cambiado radicalmente. En donde había lava y magma, podía apreciarse distintos afluentes de agua, la temperatura del lugar ahora era agradable, pero para Tetis el campo de batalla se había vuelto a su favor.
—El campo de batalla ahora no es tan hostil… —reflexiona el brasileño al disfrutar del nuevo clima que se había generado en la Fragua, mucho más ameno que el sofocante calor de hace un momento. —Tengo que aprovechar esta situación… ¡GRAN CUERNO!
Una potentísima onda de devastación se proyecta contra Tetis, pero ella se humedece y el toro cósmico lanzado por Aldebarán la atraviesa sin causarle daño, golpeando contra una de las paredes del campo de batalla, de esa perforación emerge una violenta corriente de agua que embiste contra Tauro, este pone sus dos manos de frente para detener el paredón de agua y es arrastrado poco a poco, centímetro a centímetro. El agua comienza a tomar fuerza y repentinamente se convierte en Tetis, quien apoya sus dos manos en el suelo y ataca con acrobáticas y demoledoras patadas que golpean el mentón del ateniense, que cae violentamente, sumergiéndose en uno de los ríos que se habían formado.
—Tu fuerza física seguramente se compara a la de un titán, no te tomaré a la ligera…te sepultaré junto con la raza humana.
Repentinamente una luz dorada se fue abriendo desde el interior del río, podía verse a Aldebarán de brazos cruzados, ya parado, de forma imponente.
—¡Nuestro papel en esta guerra es primordial, por eso tengo que obtener la victoria… tú eres un río, entonces no me queda otra que convertirme en la piedra que soporta al río, dejándolo fluir a su alrededor…desde ahora seré calmo y sereno como la piedra callada y quieta!
—El río cuando es constante y fuerte es capaz de romper cualquier piedra, ahora verás la violencia que puede tener una crecida.
Tetis hace danzar las aguas que han sustituido a la lava que cubría al volcán, de repente el caudal de cada uno de los chorros de agua se acrecienta desmedidamente, generando en su caída un afluente e incontenible río de aguas rápidas y violentas, cuya masa chocó por completo el cuerpo de un Aldebarán, que había decidido soportar el embiste cruzando sus brazos y asentando su estabilidad en sus poderosas piernas. El impacto arrancó de su lugar a Tauro, arrastrándolo varios metros hacia atrás, sin embargo el ateniense aún mantenía su postura y poco a poco la velocidad de su derrape se reducía, al cabo de un momento consiguió mantenerse en pie sin ser arrastrado. El acaudalado y violento río fluía a su alrededor, había conseguido ser la piedra que se acomoda en la corriente.
El brasileño puede notar que la fricción del agua ha dañado considerablemente su armadura divina, agrietándola y desgastándola por doquier. Consciente de que es poco el tiempo que le queda antes de que su protección divina desaparezca decide contraatacar estando dentro del fluido mismo de la técnica del enemigo.
—¡GRAN CUERNO!
—¡Que intentas, date por vencido!
Aldebarán extendió sus brazos al frente, generando en ellos un aura cósmica que tomaba la fuerza de un gigantesco toro, emulando a aquel que el mito que decía que Zeus había tomado forma alguna vez.
El violento y enorme ataque del ateniense detuvo el flujo de la corriente y poco a poco comenzó a cambiarla en dirección opuesta, al cabo de unos segundos el río fluía a la velocidad y potencia que lideraba el toro dorado en su andar hacia su objetivo, la titánide. El impacto sumergió en la presión de su propio ataque a Tetis, quien diluyó el río en cuanto pudo, sin embargo su soma se había resentido.
—Voy a detenerte cueste lo que cueste… —dice Aldebarán con convicción. —tengo que ser como el Curupira…
—¿Qué dices? —preguntó la titánide intrigada.
—¡En mi país de origen, Brasil, existió una leyenda popular…un demonio llamado Curupira, tenía largos cabellos de color verde, siempre estaba descalzo y cazaba sin piedad...pero no era maligno, él protegía al bosque y cualquiera que pudiera atentar contra el ecosistema era castigado por sus poderes!
—Interesante leyenda, pero ningún demonio podría en contra de los titanes, nosotros somos leyenda, somos los dioses que gobernamos la edad de oro…
—¡Los santos somos los guardianes del Universo, por eso nunca perderemos!
Tetis mira a su adversario con enojo, la humedad comenzó a aumentar considerablemente, habían burbujas de aguas que flotaban en el ambiente, las paredes de la caverna fueron perforadas por unos flujos de agua, el techo se fue resquebrajando bruscamente hasta caer sobre la humanidad del brasileño, pero aquel da un puñetazo a una de las enormes piedras y la onda de devastación de su puño fue arrastrando a las otras piedras. El suelo descendió abruptamente dos metros, Aldebarán era tapado hasta el cuello.
—¡Su poder divino crece a cada momento!
—Como diosa de las aguas estoy invocando a todos los ríos que fluyen en el mundo. ¡Muere humano!
Las aguas taparon el enorme cuerpo de Tauro, una corriente gigantesca atrapó su cuerpo y comenzó a arrastrarlo una infinidad de millas, descendiendo abruptamente por el Monte Olimpo.
La titánide sonreía tras la victoria.
Aldebarán de Tauro caía vertiginosamente primero por el Desierto de Hierro, luego había caído sobre el Jardín del Edén y ahora estaba cayendo por los aires de la base del Olimpo, se encontraba inconsciente, aunque su mente recordaba distintos momentos de su vida como guerrero…
Batalla de las doce casas. Pasado.
El brasileño se encontraba defendiendo la segunda casa del zodíaco, Shiryu, Hyoga y Shun habían quedado fuera de combate, después Seiya lo atacó en repetidas oportunidades con su meteoro de Pegaso, pero para el santo de oro aquellos ataques eran realizados en cámara lenta, tras golpear al santo de bronce varias veces con el gran cuerno, este se encontraba inconsciente. Cuando Aldebarán se retiraba sintió repentinamente un enorme cosmos.
—¡Seiya! Aún estás…
—¡Aldebarán! ¡Lo único que puedo hacer para detenerte es hacerte sacar de nuevo el puño! Cómo si se tratara de detener una espada de samurái…
—¿Y qué? Con tu fuerza no podrás obligarme a sacar los puños. —responde Tauro con los brazos cruzados.
—¡Lo conseguiré con mis METEOROS DE PEGASO!
—¡Idiota! Aunque tus golpes superen la velocidad del sonido, no le harán nada a un santo de oro que puede moverse a la velocidad de la luz. ¡Tus puñetazos son tan lentos para mí como el caminar de una tortuga!
Repentinamente los meteoros comienzan a transformarse en un enorme cometa de gran resplandor y poder.
—¿Los meteoros se transforman? ¿Cómo? ¡No puede ser! ¡¿Acasos esto es un…?! ¿Big Bang?
Aldebarán descruza sus dos brazos y los extiende sobre el cometa, el cual lo hace retroceder varios metros pero consigue detenerlo.
—¿Acaso Seiya ha despertado el séptimo sentido que constituye la base del cosmos que solo poseemos los santos de oro?
—¿Y ahora que Tauro? ¡He conseguido que abras los brazos! Ahora te partiré esos cuernos de oro...
—Si consigues ese milagro aceptaré mi derrota de inmediato… ¡no te confíes por haberme hecho cambiar de postura! ¡De todos modos mi fuerza seguirá igual de demoledora! ¡GRAN CUERNO!
Un demoledor cosmos dorador avanzó contra Seiya, que resulta estampado contra una pared. Pero Pegaso volvía a levantarse con dificultad con su aura más esplendorosa.
—¡Vuelvo a notar como crece el cosmos de Seiya…! ¿Significa eso que cuantos más golpes y heridas recibe se vuelve más poderoso? ¡Si sigue aumentando su cosmos de esta manera es posible que termine superando a los santos de oro!
La Guerra Olímpica.
La Batalla en el Santuario.
Templo de Tauro.
Los recuerdos de Aldebarán se encontraban en un tiempo más cercano, en la batalla contra los ángeles, hace pocos días…
Egeo se retiraba victorioso tras un duro combate con Aldebarán, pero de entre los escombros se siente un cosmos dorado, la figura de un toro se vislumbra.
—Este cosmos, no puede ser…
Los escombros que hacían de sepultura al caballero dorado empezaron a irradiar una luz que venía de su interior, repentinamente el cosmos salió expulsado con violencia en todas las direcciones, producto de la fuerza titánica ejercida por el toro de oro, el cuál se levantaba imponente, mostrando grietas en su manto pero con su rostro decidido a continuar el combate.
—El gran cuerno no te dará la victoria…eso puedo garantizártelo.
—¡Te venceré cueste lo que cueste!
—Eres valiente pero es inútil, aunque resistas a todos mis ataques, todavía no me has hecho un daño de gravedad, la batalla depende del poder, no de la voluntad, una gran voluntad sin poder no tiene la fuerza para lograr la victoria, humanos acepten sus destinos… ¡INFLUENCIA HERCOLOBUS! es tu fin…
Egeo levanta los brazos con las palmas apuntando al cielo, un metro y medio arriba de sus palmas empieza a aparecer un planeta que crece más y más.
—Estoy sintiendo mi cuerpo muy pesado… ¡de su cuerpo puedo sentir un cosmos increíble! —dijo anonadado Aldebarán.
El poder gravitacional aumenta considerablemente, en ese momento el planeta invocado por el cosmos del ángel empieza a brillar, despidiendo radiaciones que quemarían el cuerpo del santo dorado, siempre y cuando la gravedad no lo aplaste primero.
—Ahora te mostraré el verdadero poder de un santo de oro….cosmos elévate al máximo, ahora verás mi más grande técnica, nadie sobrevive a esto… ¡NOVA DE LOS TITANES!
Aldebarán se eleva y lanza un golpe a mano abierta contra el planeta monstruo, la energía de la nova de titanes y el colosal poder del ángel colapsan, generando una gran explosión que consume el templo de Tauro y a los dos guerreros, convirtiendo sus cuerpos en polvo cósmico.
Ciudad de Olimpia. Presente.
Tetis corría sobre la ciudadela. Repentinamente un temblor tronó sobre el sitio, la titánide se detiene prudentemente y voltea, observando a Aldebarán, su armadura divina había sido destruida por completo, pero su cosmos se elevaba superando sus límites.
—¡Cómo puedes elevar tu cosmos en tus condiciones actuales!
—La caída ha sido dura, pero la armadura divina ha evitado mi muerte, ahora sé que para vencerte tengo que destruirlo todo nuevamente…
—¡No tienes forma de sobrevivir en estos momentos…pulverizaré tu cuerpo y todo se habrá acabado!
La humedad comenzó a aumentar formidablemente, había burbujas de aguas que flotaban en el ambiente, paredones de agua fluyeron en toda la ciudadela olímpica.
—¡NOVA DE LOS TITANES!
Aldebarán se eleva y lanza un golpe a mano abierta contra todos los flujos de agua, la energía de la nova de titanes y el colosal poder de la titánide colapsan, generando una gran explosión que consume la Ciudad de Olimpia y a los dos enemigos, convirtiendo sus cuerpos en polvo cósmico.
