Capítulo 87: El límite de la mente.
La batalla contra los titanes continuaba su curso con nuevos enfrentamientos, ya habían caído seis de los doce santos divinos del zodíaco. Aldebarán de Tauro, Máscara de la Muerte de Cáncer, Milo de Escorpio, Shura de Capricornio, Camus de Acuario y Afrodita de Piscis se sacrificaron venciendo a cinco de los titanes tras épicas y heroicas batallas.
La Guerra Olímpica se encontraba suspendida por el infinito cosmos del gran Cronos, el líder de los titanes.
Mu de Aries y Dohko de Libra se enfrentaron a la titánide Mnemósine, quien con su gran poder dejó fuera de combate al dúo ateniense. Saga de Géminis y Shaka de Virgo se enfrentaban en conjunto a Críos, titán de las estrellas. Mientras que por otro lado, Aioria de Leo y Aioros de Sagitario se enfrentaron a Hyperión, titán de la luz, que con su formidable cosmos los derrotó.
Nube de Oort.
En el vasto e infinito territorio que pertenecía al dios Hades desde la era mitológica, se encontraban los hermanos griegos fuera de combate. Estaban tendidos en uno de los incontables y enormes asteroides que se levantaban por aquel infernal lugar.
Con dificultad Aioria abre sus ojos lentamente, cayendo en cuenta que había sido derrotado junto a su hermano, luego se levanta con dificultad y se acerca a Aioros, sujetándolo y levantándolo levemente.
—¡Aioros! ¡Despierta!
—Aioria… —susurra Aioros aturdido, un fino hilo de sangre escapaba de su boca. —Hyperión ha escapado, debemos ir tras él…
Repentinamente los hermanos atenienses sintieron un luminoso cosmos acercarse, el cielo comenzó a alumbrarse poco a poco hasta verse una imponente Luna llena, los griegos fueron encandilados por la creciente luminosidad.
—¿Quién eres? ¡Muéstrate! —gritó Aioria mientras divisaba una figura entre la luz.
—Soy Febe, la titánide de la luz lunar. —se presentó la mujer que llevaba una soma plateada como la Luna y una corona en su cabeza, la cual poseía un resplandeciente color dorado, tenía ojos grises y cabellos del mismo color que su aureola, su piel era trigueña. —Hyperión no cumplió su tarea de forma satisfactoria, parece que subestimó su tenacidad… ¡yo pondré fin a sus estériles intentos de evitar la nueva edad de oro!
—¡Febe! Nuestros intentos no serán en vano… —respondió Aioros dando un paso al frente. —Hyperión ha fracasado al igual que lo harás tú… ¡siente el poder de Sagitario, RAYO ATOMICO!
Febe encendió su sublime cosmos platinado y comenzó a levitar con delicadeza ante la terrible técnica de su enemigo, una cantidad inusitada de meteoros dorados que irradiaban electricidad avanzaban sin cesar. Tras finalizar el monstruoso ataque de Aioros, podía verse a la titánide sin heridas, había adivinado cada uno de los golpes, pese a que estos superaban con creces la velocidad de la luz.
—¡Imposible! —exclaman al unísono los hermanos.
—No os sorprendan tanto. Soy la titánide que recibió de manera prístina el control del oráculo de Delfos, por lo cual mis poderes proféticos son de gran utilidad ante las técnicas enemigas. Aunque debo felicitarte por semejante exhibición…
—¡Entonces tienes poderes similares a los de Apolo! —concluye Aioros recordando al dios Sol. —Al igual que Hyperión tiene poderes de luz similar a Apolo, esta titánide tiene poderes de adivinación como el dios Sol…
—Hyperión y quien les habla somos los titanes de la luz, por lo tanto ocupamos en la edad de oro un papel idéntico al del Sol y la Luna. Pero Apolo ha muerto y en poco tiempo sucederá lo mismo con Zeus. Yo soy quién ilumina la noche…
Febe levanta sus brazos, generando un poderoso cosmos que emanaba una extraña sensación en los presentes, repentinamente la Luna aparecía a escasos kilómetros de distancia. Se trataba de una Luna nueva, momentáneamente oscura, sin embargo poco a poco comenzó a vislumbrarse el ardiente reflejo de la luz solar sobre su superficie, tal cual como un eclipse, la compañera de la Tierra se iluminaba más y más, alcanzando la fase de cuarto creciente.
Aioria y Aioros comienzan a sentir los efectos radioactivos de la luz solar reflejada por la Luna, inmovilizándolos por la fuerza gravitatoria y envolviéndolos en un sofocante calor.
—¡No puedo moverme! —dice Aioria con una apariencia exhausta, luego guarda silencio al notar sorprendido como su hermano haciendo un gran esfuerzo toma una flecha y apunta con su arco.
—¡Voy a terminar con esto hermano!
El eclipse lunar ya develaba una luz de media luna, en ese momento una flecha dorada atravesó el espacio, buscando el corazón de Febe, pero la titánide usa la influencia del satélite lunar para cambiar la trayectoria de la flecha, usando las fuerzas gravitacionales del astro.
Aioros recibe su propia flecha, aunque atina a moverse lo suficiente para evitar recibir un impacto mortal, no obstante su flecha queda atravesada en su hombro, hasta salir por su omoplato, algunos hilos de sangre corrían alrededor de la herida y de la flecha, que de su punta goteaba fluido vital.
—¡Aioros, hermano! —grita Aioria corriendo al encuentro de Sagitario.
—Hermano, ésta herida no detendrá mi ímpetu…
El león dorado miraba con orgullo a su hermano mayor, contemplando toda la grandeza de quien fuera señalado como un traidor, cuando en realidad fue el salvador de Atenea. Inmediatamente, sentimientos de vergüenza vinieron a su mente, recordando los momentos mientras crecía creyendo que su hermano era un traidor, sus ojos se llenan de lágrimas aunque no pueda expresar palabra alguna.
La luz lunar había llegado a su fase de cuarto menguante. El calor y la gravedad hacían nocivo el ambiente.
—En unos momentos la Luna resplandecerá completa con el brillo del Sol. Entonces, sus cuerpos arderán y sus almas volverán al Hades…
Las piernas de Sagitario flaquean, obligándolo a arrodillarse en el suelo, Leo hace un gran esfuerzo, logrando pararse, interponiéndose entre su hermano y la titánide.
—Hermano, voy a pagar la deuda que siento por no haber confiado en ti desde que era niño. Yo me encargaré de esta titánide para que tú puedas ir por Cronos, esta vez tú serás el salvado…
—Espera Aioria, el enemigo es tremendamente fuerte… —responde un malherido Aioros.
El astro alcanza su última fase, la Luna llena, convirtiendo el potente rayo de luz en un rayo de plasma solar, que desintegraba todo a su paso, en ese momento Aioria lanza su plasma relámpago, superando la velocidad de la luz con facilidad y con su potencia bloqueaba el rayo plasmático rebotado en el astro.
No obstante, el fluyo de luz no cesaba, aunque Aioria mantenía la intensidad de su plasma relámpago.
—¡RAYO ATOMICO!
Aioros extiende su puño lanzando resplandecientes esferas que contenían una explosión nuclear de reacción en cadena. Sorpresivamente el ataque no se dirige hacia Febe, sino hacia la Luna, destruyéndola en cientos de pedazos, ante la expectante mirada de la titánide, en ese momento el plasma relámpago de Aioria que había estado conteniendo el rayo plasmático de luz, se libera con toda su potencia hacia Febe, que no había podido evitar las acciones de Aioros. Como consecuencia, el plasma relámpago golpea fuertemente a la titánide, destruyendo parte de su soma y evidenciando en su cuerpo considerables heridas.
Febe comienza a levantarse con dificultad y observa los pedazos de la Luna esparcidos en los cielos, unas lágrimas comienzan a correr en sus ojos, hasta que repentinamente una extraña luz comienza a surgir de su cuerpo y un intenso dolor la consume por dentro, hasta hacerla estallar en refusilos dorados.
Archipiélagos Celestiales.
Isla del Norte.
Aquel nevado lugar estaba extrañamente suspendido en el tiempo, pues el suelo estaba formado por hielo. La caída de la nieve había cesado, el cielo mostraba un lugar oscuro y denso.
Saga de Géminis y Shaka de Virgo se habían adelantado tras haber dejado a Críos en los seis mundos, aparentemente, dado que repentinamente sintieron que unas estrellas iluminaban la escena y tras su resplandor aparece el titán.
—¡Críos! —exclaman Saga y Shaka al unísono.
—Tus seis mundos son un truco mediocre Shaka de Virgo, aunque reconozco que me has retrasado…pero realmente ¿creías que podría atraparme en los seis mundos? ¡¿A mí que he escapado del Tártaro?!
Críos enciende su cosmos, que brilla irradiando una poderosa energía, un cúmulo de astros se aprecian detrás suyo y arremete enfurecido contra Virgo.
—¡KHAN!
La divina energía de Shaka genera un majestuoso escudo de energía dorada, el titán da un fuerte puñetazo sobre la férrea e infranqueable muralla energética, repentinamente la barrera comenzó a estremecerse ante el impacto titánico y fue destruida por completo, el hindú fue golpeado por los fragmentos de su barrera energética y cayó varios metros atrás, dejando un hilo de sangre por el suelo.
—¡Shaka! —grita Saga. —La fuerza bruta de un titán es algo difícil de concebir… —susurra mirando con dureza a su enemigo. —¡Críos, prometo vencer al final del combate! ¡Te mostraré como despedazo las estrellas!
—¿Qué puede saber un humano de las estrellas?
—Espera Saga… —susurra Shaka reincorporándose, su cosmos brillaba con mayor intensidad. —Críos, te mostraré una técnica que te sorprenderá, el mayor secreto de la constelación de Virgo… ¡TESORO DEL CIELO! —gritó al tiempo que sus ojos se abrieron.
Críos mostró un rostro de enojo y luego intentó atacar, pero repentinamente sus músculos se detuvieron en seco, no podía mover un solo dedo, alrededor de su cuerpo comenzó a apreciarse imágenes del budismo.
—¡No puedo mover un solo dedo! ¿Por qué?
—He destruido tu sentido del tacto, por eso has perdido toda tu motricidad… —expresa Shaka con calma.
—¡Estás indefenso, conspiraré en contra de tu señor! —manifiesta Saga mientras estira su mano. —¡SATAN IMPERIAL!
Un fino haz de luz ataca al inmovilizado titán, sus ojos repentinamente se desorbitan, su mente comienza a ser maniatada con la técnica secreta que controla el cerebro del oponente. Críos estaba fuera de sí, las ataduras mentales comenzaron a afectarlo con mucho rigor, sus ojos brillaban con un color rojo carmesí.
Templo de la Sabiduría.
Mu de Aries y Dohko de Libra estaban desplomados en el majestuoso e imponente recinto, habían quedado fuera de combate tras el terrible poder de Mnemósine. Al cabo de unos segundos el santo oriundo de China se levanta con suma dificultad, se agarraba la cabeza tratando de recordar, las armaduras divinas de Aries y Libra habían vuelto a su forma original.
Mnemósine por su lado se había adelantado junto a Rea, con el norte en el Templo de Júpiter, en donde se encontraba Zeus bajo el conjuro de Cronos.
—¿En dónde estoy? —susurra Dohko con dificultad, tenía un gran dolor de cabeza. —No puedo recordar nada… —murmura al tiempo que a su mente venía un lejano y borroso recuerdo, el rostro de un antiguo amigo. —Ese hombre… ¿quién es?
—¿Qué ha pasado…? —preguntó Mu al tiempo que se reincorporaba con gran desconcierto.
—¡Mu, Dohko, tienen que recuperar su memoria! —exclamó una tercera voz al tiempo que una lejana proyección se materializó en un alma, que develaba la figura espiritual de Shion. —¡Mnemósine ha causado un gran daño en su memoria, borrando sus recuerdos!
—Tú eres… —murmura Dohko. —¡Eres el hombre que ha venido a mis borrosos recuerdos!
—¡Soy Shion, hemos luchado en la antigua guerra santa, fuimos los únicos sobrevivientes de la guerra contra Hades, en el siglo XVIII! Mu, tú también debes recordar, eres quién ha heredado esa armadura de Aries tras recibir mis enseñanzas…
—Shion… —musita confundido Mu. —¿Mi maestro?
—¡Escuchad! —exclama con ímpetu el alma de Shion. —El ataque de su enemiga, la titánide Mnemósine, ha creado una amnesia retrógrada en sus mentes, por ello no recuerdan nada, tenéis que encender su cosmos al noveno sentido, es la única forma de vencer a los titanes…
—¿El noveno sentido? —preguntan Mu y Dohko al unísono.
—Es la esencia más profunda del cosmos, también llamado el sentido de los dioses… —ilustra Shion. —Sus espíritus han evolucionado a un punto tan alto que han podido alcanzar este noveno sentido, tienen que hacerlo de nuevo…ustedes son santos de Atenea y los santos luchan por el amor y la justicia… ¡los dioses quieren destruir el planeta Tierra, tenéis que evitarlo!
El cosmos del antiguo Patriarca comienza a rodear a Mu y Dohko, bañándolos de recuerdos antiguos, los entrenamientos en la Torre de Jamil del primero bajo sus enseñanzas. Los entrenamientos de Dohko junto a Shion y Suikyo vinieron a la mente del chino, como así también fragmentos de la guerra santa contra Hades en el siglo XVIII.
Repentinamente, los dos santos de oro logran recordarlo todo, puesto que los recuerdos de Shion despertaron el resto de sus memorias. Sin perder el tiempo Mu y Dohko encendieron sus cosmos al infinito, un color dorado resplandeciente y de gran pureza irradió en el recinto, las armaduras de Aries y Libra se volvieron divinas nuevamente. La imagen de Shion desapareció con una sonrisa de confianza.
—¡Gracias Shion, has evitado que olvidemos quiénes somos! —espeta Dohko.
—Mi maestro ha rescatado nuestra historia. ¡Vamos a cumplir con nuestro cometido!
Archipiélagos Celestiales.
Isla del Norte.
En la nevada isla otrora defendida por Bóreas, las dos titánides Mnemósine y Rea arriban, luego dan unos pasos, encontrándose con Críos en su camino.
—¡Críos! Eres tú… —dijo Rea acercándose a su par, quien tiene un rostro serio y no le contesta nada. —¿Sucede algo?
Sin emitir sonido alguno Críos enciende su cosmos y repentinamente atraviesa a Rea en su corazón con un puñetazo, la sangre sale a borbotones del pecho de la reina de los titanes. Mnemósine exhibe un rostro de consternación, se encontraba presa del espanto y la sorpresa.
—¿Qué has hecho Críos? —preguntó Rea antes de caer devastada al suelo, entre un río de sangre.
—¡Maldito Críos! ¿Por qué diablos has hecho tal atrocidad? —pregunta Mnemósine enfurecida.
Pese a la pregunta y a la bronca de Mnemósine, el titán Críos no contesta y se agarra la cabeza, atormentado comienza a comprender todo…las ataduras mentales que lo manipulaban comienzan a diluirse.
—Entonces tú… —susurra Mnemósine leyendo la mente de Críos. —¡Has sido manipulado por un diabólico poder!
—¡Comienzo a recordar, fue ese maldito Saga de Géminis! —exclamó Críos lleno de bronca, luego golpeó el suelo descargando toda su furia. —¡La pagarás maldito humano!
—He sentido los cosmos de Géminis y Virgo, ellos deben haber llegado a la Nube de Oort, no…capaz se encuentren ya en los Mares Olímpicos…
—¡Iré de inmediato a vengarme de esos osados que han engañado a un titán! La pagarán caro… —enfurecido y lleno de sed de venganza, Críos da un gran salto que lo convierte en una estrella fugaz.
Mares Olímpicos.
Saga de Géminis y Shaka de Virgo emprendían vuelo con sus alas divinas en medio del imponente paisaje, el mar del Olimpo mostraba una total transparencia y pureza en sus aguas, la playa eran una hermosa antesala de aquel profundo Océano.
—¡Críos ha acabado con uno de sus hermanos! —exclama Saga y se detiene abruptamente al igual Shaka. —¡Pero el efecto del satán imperial se ha diluido como era de esperarse, puedo sentir su cosmos aproximándose…!
—Esperaremos a que llegue, lo combatiremos sin tregua, seremos impecables…no podrá valerse de su prodigiosa fuerza física. —musita Shaka.
—Sus puños son capaces de destruir cualquier cosa por más dureza que tenga, seremos prudentes, caerás en una terrible trampa, Críos… —susurra Saga.
Archipiélagos Celestiales.
Isla del Norte.
Mnemósine voltea con una mirada de completa determinación, una luz dorada de gran divinidad resplandece y de ella emergen Mu y Dohko, quienes levitaban con las alas de las armaduras divinas de Aries y Libra.
—No puedo creer que hayan regresado, he causado una amnesia retrógrada, no deberían recordar absolutamente nada de su pasado… ¿cómo han hecho para volver a encender su novena conciencia nuevamente?
—Un amigo lo consiguió, Shion, ¡hay sentimientos que Shion supo rescatar desde lo más profundo de nuestro ser! —contestó Dohko.
—Nos indicó con meridiana claridad nuestro noble empeño de luchar por nuestra diosa Atenea, protegiendo a nuestros semejantes de la destrucción que quieren llevar a cabo los dioses… —manifiesta Mu.
—¡Por eso venceremos Mnemósine…LOS CIEN DRAGONES DE LUSHAN! —gritó Dohko, tras impulsar sus brazos hacia adelante incontables dragones surcaron por los cielos y se abalanzaron superando la velocidad de la luz contra la titánide.
Mnemósine intentó evitar la técnica, pero fue alcanzada por un centenar de dragones, sus colmillos rasgaron su soma, la titánide se resiente de los golpes, en el preciso momento en que Mu se teletransporta y aparece detrás suyo.
—¡EXTINCION DE LA LUZ DE LAS ESTRELLAS!
Una excelsa luz cubre el cuerpo de Mnemósine, su soma comienza a destruirse poco a poco, hasta resquebrajarse por doquier, en ese momento el cuerpo de la titánide desaparece, segundos después aparece levitando unos metros arriba de los atenienses.
Estaba herida, había resistido a la muerte pero su soma había sido destruida por completo.
—Ha salvado su vida milagrosamente… —musita sorprendido Mu. —Estás perdida Mnemósine, ríndete y te perdonaremos la vida…
—Acabar con los recuerdos de su pasado no fue suficiente para enervar sus esperanzas, pero en tal caso serán incapaces de todo a partir de mi próxima arte…
La titánide de la memoria pone la mano recta y de ella surgen incontables haces de luces azules, la energía estremece los cuerpos de los asiáticos con enorme rigor, finalmente terminan desplomados en el suelo.
Con gran dificultad los santos vuelven a ponerse de pie, ante la atónita mirada de Mnemósine.
—No perderemos otra vez Mnemósine… —murmura Dohko mientras se reincorpora. —¡LOS CIEN DRAGONES DE LUSHAN!
Mnemósine se ríe y para sorpresa de los santos divinos los dragones pierden fuerza y surgen apenas treinta, ni siquiera alcanzando la velocidad de la luz.
—¿Qué ha pasado? —pregunta anonadado Mu, mostrando un rostro de incredulidad ante los sucedido.
—Mi cosmos es capaz de causar un gran daño en la corteza motora primaria, una región cerebral que los humanos tienen en el lóbulo frontal, por eso tus movimientos se tornarán bruscos e imprecisos, la información recibida del exterior se irá volviendo cada vez más difícil de obtener. Aunque hayan destruido mi soma no podrán vencerme…
Mu y Dohko sienten repentinamente dolores en sus cabezas, la confusión se apodera de sus mentes, no obstante semejante martirio, atacan con la revolución estelar y los cien dragones. Desafortunadamente para los atenienses sus técnicas tienen un poder muy reducido, lo que produce una sonrisa en Mnemósine, quien luce divertida y con la batalla a su favor.
Cuando todo parecía terminado a favor de la titánide, los santos ven una imagen en sus cerebros, la de una diosa rodeada por una dorada energía de gran pureza, repentinamente los guerreros recuperan todo su ímpetu y se sitúan frente a frente, a una distancia de cinco metros, dejando a Mnemósine en el medio.
—¡REVOLUCION DE POLVO ESTELAR!
—¡LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE LUSHAN!
—¡No es posible! —grita Mnemósine presa del terror.
Una incontable cantidad de estrellas y dragones verduscos adornan la escena, chocando las unas contra los otros, la colisión es abrumadoramente poderosa, generando que Mnemósine sea atacada mortalmente, al final de la terrible exhibición puede verse a Mu y Dohko de frente. De la titánide no quedó ningún rastro…
