23. Rumbo a los Mares del Oeste

Después de aquel incidente ocurrido cuando la Princesa Zelda trataba de sanar a Link, pocos días más tarde ambos estaban listos para partir hacia Sakado, la ciudad marítima. Ella no tardó en recuperarse, aún con el elevado esfuerzo que realizó para curar escasamente a su guardián. Mientras, él apenas lograba mantenerse en pie y caminar, lo suficiente para que le permitieran ir. Aunque las cicatrices estaban cerradas y la mayoría había prácticamente desaparecido, gracias a la magia de Zelda y a la ayuda que recibió de aquel espectro cuando lo salvó, sentiría dolores y cansancio acumulado en el cuerpo durante bastante tiempo, debido a su terquedad por acompañar a su princesa. Pero aún así, lucía orgulloso sus vestimentas verdes, su escudo hyliano y la espada que le regaló Zelda, que por fin podría estrenar.

Frente a las puertas del castillo estaba preparado un carromato tirado por dos caballos blancos, los mismos que les llevaron una vez a los dominios de los Zoras para la coronación de su rey, el joven Ralis. Allí se encontraban el capitán de la Guardia Real, Valenzuela, junto a un pequeño grupo de soldados y sus caballos. Y además, también estaban presentes los habitantes de Ordon, preparándose para despedir a su allegado.

-¿Estás seguro? ¿No crees que aún es pronto para que hagas un viaje como este? –le preguntó Rusl, preocupado por el estado del muchacho.

-Puedo mantenerme el pie y caminar, con eso es suficiente…-le contestó serio- Además, voy a pasarme la mayor parte del viaje metido en esa carroza, así que tampoco me forzaré demasiado.

-Sí, lo sabemos, pero deberías tomártelo con más calma…-le habló suavemente Uli, con su niña en brazos- Al fin y al cabo, tú ya no deberías seguir trabajando para…

-Lo sé, por eso tengo más motivos para cumplir con éxito este último trabajo…-siguió manteniéndose en su postura, sin escuchar lo que tenían que decirle.

-¡Bueno, tú mismo! ¡Por lo menos tendrás unas pequeñas vacaciones a una isla exótica antes de jubilarte! ¡Eres un chico listo! –le dijo animado, Bono, golpeándole en la espalda.

-¡Papá! ¡Ten más cuidado! ¡Eres un bruto! –le reprochó enfadada su hija, había sido un duro golpe.

Mientras el resto le recriminaban al alcalde su acción, Link en lo único que pensaba era lo que dijo Bono…"jubilarse".

Muchos estarían encantados con la simple idea de pasarse sus días viviendo a cuerpo de rey, sin preocupaciones de ningún tipo. Pero a él no le gustaba, no exactamente por convertirse en un mantenido por méritos propios, sino por las condiciones en las que tendría hacerlo. La razón era ella, Zelda, a la que pocas veces llegaría a verla después de eso…

-Ey, Link…-le hablaron por detrás, apoyando una mano en su hombro.

-¿Eh? ¿Qué? ¿Ocurre algo, Auru? –le preguntó saliendo de sus propios pensamientos.

-No, nada, sólo venía a avisarte de que en breves instantes partiremos.-le explicó- ¿Estás bien, muchacho? Te veo algo decaído, pienso que deberías permanecer más días en cama y…

-No, estoy bien, en serio. Sólo estaba pensando…-suspiró- ¿Y la Princesa?

-Está esperándonos dentro del carro, así que date prisa en despedirte.-le indicó señalando al vehículo- Bueno, voy a revisar por última vez cómo están Okima y Epona…

Link miró a los animales, su yegua le acompañaría en esta excursión para así que hiciera algo de ejercicio y saliera un poco de esos establos. Tanto ella como ese Bullbo servirían para cargar con diversos utensilios y provisiones que necesitarían para el viaje. Aunque desde hacía un rato había algo que le perturbaba…

-XOXOX-

-"¡¿Te lo puedes creer? ¡De nuevo podré sentir la hierba bajo mis pesuñas! ¡Estoy muy feliz de que Link haya decidido llevarme con vosotros!"-relinchó animada la yegua.

-"¡Mira cómo se alegra la novata, Hyo! Ella no tiene que tirar de este pesado armatoste…"-se quejó un de los caballos que tirarían del carruaje.

-"¡Y qué lo digas, Rule! ¡Parece que será un largo viaje!"-resopló el otro golpeando con sus cascos el suelo.

-"¡Cerrad el hocico, par de mulas! ¡Peor es trabajar para los Bullblins!"-les dijo Okima, gruñéndoles desde atrás.

-XOXOX-

-Me lo suponía, no son imaginaciones mías…-murmuró incómodo Link, completamente rígido.

Del mismo modo que seguía conservando sus capacidades animales intactas, también había logrado mantener la habilidad de entender a los animales, cosa que llevaba suponiendo desde hace unos días. Se dio cuenta de ello cuando descansaba en su cama y oía cantar a algunos pájaros cerca de su ventana, entendiendo algunas frases que se decían entre ellos cuando paraban de entonar sus cánticos.

-¿Qué te pasa, Link? ¿Te sientes mal o algo? –le preguntó Ilia.

De nuevo, se volvió a sorprender cuando lo sacaron de sus propios pensamientos, recordando que tenía que despedirse antes de que volvieran a llamarlo. Tras hacerlo con todos, fue a la carroza y se subió, colocándose junto a Auru en uno de los laterales, dejando el otro completamente a disposición de la princesa. Cuando se acomodó junto a la una de las ventanas, el conductor dio la orden a las bestias de que comenzaran a moverse, haciendo que todo el pelotón lo hiciera.

Las puertas se abrieron, dejándolos salir a ellos y a los ordonianos, que volverían a casa. Y uno de ellos, Ilia, rezaba a las Diosas para que no le ocurriera nada a su amado…

XOXOXOXOXOXOXO

Habían transcurrido horas desde que salieron, y como habían salido a mediodía, veían como estaba comenzaba a atardecer. Frente a ellos, se encontraba el Cañón Kakariko, un poco más adelante estaría el poblado.

No había habido problemas en todo el recorrido, la Pradera de Hyrule había estado muy tranquila después de la crisis del Crepúsculo. Pero eso no era lo que más preocupaba a Zelda, lo era el hecho de que Link no había pronunciado palabra alguna en todo el trayecto, sólo miraba al exterior con una mirada melancólica y murmuraba de vez en cuando palabras que no alcanzaba a oír.

-Muchacho, no has dicho nada en todo el viaje… ¿Qué te pasa? –le preguntó Auru al fijarse en que la princesa lo miraba preocupada.

-Nada, sólo estoy cansado…-le respondió sin mirarlo, no estaba mintiendo- ¿Cuánto queda para que lleguemos a la villa?

-Ya te lo advertí, no deberías haber insistido tanto en venir con nosotros. Sólo conseguirás ponerte aún peor…-le habló preocupado.

Mientras, los jóvenes hylianos seguían sin dirigirse la palabra, ni tampoco se dignaban a mirarse. Ninguno de los entendía la actitud del otro, sobre todo Zelda, que estaba molesta por la situación a la que habían llegado.

-Quién me mandaría a llevarme a este conmigo, no lo necesitamos y lo único que está haciendo es ponerse aún peor…-murmuró por lo bajo, en un suspiro casi imperceptible- Al menos esto acabará en cuanto lleguemos a Sakado…

Link cerró los ojos, disimulando estar descansando la vista. Pero en realidad, lo que hacía era reprimirse por su comentario, la había oído y eso le había dolido mucho. Ahora sabía que su presencia para ella era indeseada, un estorbo. Sabía que había sido un acto muy caprichoso por su parte pedirle eso, pero no podía dar marcha atrás. De hacerlo, quedaría en mal lugar delante de todos y no quería entorpecerlos aún más.

Poco después, tras penetrar en el cañón, llegaron al pueblo. Allí les recibieron con mucha expectación, pues la venida de la princesa era un acontecimiento muy especial. Renado y su hija fueron los primeros en presentarse, pues él además de sacerdote y curandero, se convirtió en alcalde de la villa después de la catástrofe.

-Bienvenida sea a nuestra humilde villa, majestad. Esto todo un honor para mí y los demás habitantes del pueblo que haya decidido hospedarse esta noche a…-le saludó cortésmente Renado, mostrándose una reverencia, pero no llegó a terminar su frase.

Paró al ver cómo el joven de ropas verdes bajaba del carruaje, junto con la princesa y su consejero. Fue él mismo quién auxilió de emergencia al muchacho hacía apenas unas semanas, le parecía imposible que pudiese estar ahí.

-¿Ocurre algo, don Renado? –le preguntó la princesa al notar su sorpresa.

-Oh, no se preocupe, alteza.-le contestó aún incrédulo- Es sólo que me resulta bastante increíble que el joven guerrero se encuentre acompañándoos en este día, considerando que traté sus heridas antes que nadie.

-Sería correcto decir que la voluntad del joven, junto con mi magia y los excelentes cuidados médicos que recibió en mi castillo, han hecho posible este milagro.-le explicó- Sin embargo, al igual que usted, considero que es demasiado pronto para que haga un viaje como este. Apenas puede mantenerse en pie y caminar, como puede verse. Pero debido su insistencia, decidí traerlo conmigo.

-¿Y no cree que, tal vez, haya sido una decisión poco adecuada? –le preguntó, preocupado por el chico, sabiendo que esa conversación sólo la estaban escuchando ellos dos.

-Sí, en efecto, pero intente no preocuparse por eso ahora.-le tranquilizó- Créame cuando le digo, que los motivos por los que el joven Link nos acompañe en esta travesía, van más allá de un simple capricho…-le contó sin decirle más detalles.

-¿A qué se refiere?-ese comentario le resultó intrigante.

-¿Eh? ¡Olvide lo que le he dicho! En realidad son detalles sin importancia…-intentó evadir el tema.

Renado se quedó confuso, dudaba sobre qué habría querido decir la princesa. Lo que ninguno de los dos sabía, ajenos al bullicio de su alrededor, era que Link los había escuchado. Con su agudo oído animal, logró descubrir que no estaba allí por pena, algo tenía Zelda planeado para él. ¿Qué era? Eso no lo podía saber, pero al menos se sintió un poco aliviado al oír eso.

Mientras algunas personas ayudaban con el equipaje y guardaban a los animales, él se quedó observando el ambiente renovado de la villa. Lo habían reconstruido todo, era muy diferente de la visión devastadora que le impactó a su llegada al pueblo. Las rocas y escombros que taponaban el acceso a varias zonas del poblado, habían sido retiradas. Veía pasar algunos caballos y reses, junto a varias personas, por el camino central de Kakariko. Algunos iban fuera de los límites del pueblo, por diversos caminos; otros regresaban a sus hogares, algunos de ellos teniendo que ingeniárselas para llegar a las casas construídas en los lugares más díficiles, aprovechando en el espacio en el cañón. También había algunos Goron, ya no tenían inconvenientes en bajar a la villa de vez en cuando, la invasión había pasado. Era una estampa bastante tranquilizadora, ver como esa localidad asentada en un árido y extenso cañón se había podido recuperar después de la tragedia.

Le molestó no haber regresado antes a este maravilloso lugar, o más bien, voluntariamente…

Miró hacia el horizonte, sin un punto fijo, preguntándose la ruta que pudo seguir Ingo para traerlo hasta ese lugar. Le habían explicado que era un lugar bastante escondido, recorriendo caminos olvidados y atravesando una cueva, hasta llegar allí. Recordar eso no le era beneficioso, sólo conseguía ponerlo nervioso. Tanto, que llamaba la atención…

-¿Qué te ocurre, jovencito? Estás muy nervioso…-le preguntó una anciana, al comprobar cómo le temblaban las manos.

-¿Eh? ¡Impaz! ¡Cuánto tiempo! ¡Qué alegría verla así de bien! –exclamó al reconocerla, aunque sabía desde hacía un rato que se encontraba cerca.

-Bueno, la vida en Kakariko es muy tranquila, perfecta para mí y mis pequeñines…-le contó feliz, hablando de sus gatos- ¿Qué haces aquí? Hace unas semanas llegaste gravemente herido a la villa, acompañado de algunos soldados y de la joven soberana, fue un milagro que Renado te atendiera a tiempo. ¿Cómo has logrado recuperarte tan rápido? ¿No deberías estar ahora recuperándote de tus heridas?

-Lo sé, no es la primera persona que me lo dice…-suspiró cansado de oír lo mismo- Pero es que yo…

-¿Acaso querías acompañar y proteger a la joven durante este viaje? –le interrumpió.

-¿Cómo lo ha sabido? ¿Se nota tanto? –le preguntó sorprendido.

-Sí, para una anciana esta clase de cosas no son ningún misterio… ¿Me equivoco? –le habló como si conociera algo más de lo que Link creía.

-Espere, no quiero que piense que yo…-intentó excusarse, sabiendo lo que pretendía.

-Hace tiempo me demostraste que tú eras el héroe que mis antepasados predijeron que aparecería cuando llegara el momento, no creo que necesite saber más acerca de ti.-le respondió serena- Los destinos de la Familia Real y del espíritu del héroe legendario siempre han estado ligados, tu propia historia sólo acaba de comenzar. Las Diosas os reunieron de nuevo a vosotros dos, es elección vuestra aprovechar esta ocasión o dejarla pasar hasta que vuelvan a pasar siglos antes de reencontraros nuevamente…-divagó la anciana.

-¿Qué quiere decir? –estaba confundido.

-¡Jo, jo! ¡Nada, jovencito! ¡Sólo es la edad, que hace estragos la mente! –se disculpó con el muchacho- ¿Pero entendiste lo que quise decir, verdad?

-Bueno…más o menos…-le incomodaba reconocerlo, más sabiendo las sospechas que tenía sobre él.

-Esas dudas no te llevarán por buen camino, debes intentar liberarte del miedo. Tú tienes ventaja frente a eso, pues la sabiduría tiende a dudar de todo y no consigue nada sin un poco de valor…-le explicó metafóricamente

-¿Se refiere a la Princesa Zelda?

-Es posible, si es que estamos hablando de la misma persona…-le dijo confundiéndolo aún más.

-¿Por qué lo dice? ¿A qué quiere llegar? –estaba muy interesado en lo que tenía que decirle.

-Me refiero a que si pensáis que sois únicamente eso que decís ser, jamás llegaréis a encontrar la verdadera razón por la que estáis aquí ahora. Pensáis que vuestra única virtud que poseéis es la que os hizo ser elegido de las Diosas, no hablo sólo del poder divino que reside en vosotros. Tú te guías por tu corazón, ella se deja llevar por su mente…-suspiró- Nunca alcanzaréis la paz si esas fuerzas no están en equilibrio dentro de vosotros, así como los tres fragmentos de la Trifuerza han intentado reunirse de nuevo en varias ocasiones, sin éxito. Se os ha concedido una nueva vida para enmendar los errores de vuestro pasado, no os limitéis pensando que vuestras actuales identidades son un impedimento para ello. Es un consejo de esta pobre anciana…-le habló con una leve sonrisa.

-¿Por qué me cuenta esto, señora Impaz?

-Porque mi pueblo os vio antes de que fuerais héroes, reyes o diosas…-le contestó simplemente.

-Impaz… ¿A qué raza perteneces realmente? –le preguntó creyendo estar llegando a una respuesta sólida.

-Creo que eso ya lo sabes…-respiró profundamente- Los Sheikah hemos cuidado de vosotros desde las sombras desde tiempos inmemoriales, desapareciendo de la escena en cuanto ya no nos necesitarais.

-¿Los Sheikah? ¿No se habían extinguido? ¿Eres su última descendiente, Impaz?

-Sólo apareceremos cuando se nos necesite, creo que lo dejé claro hace un instante. ¿O es que por no poder ver algo, significa que no exista? Actuamos al amparo de la oscuridad, sin estar al servicio de ella. Gracias a los conocimientos de mi pueblo, ahora disperso por el mundo, sé cosas que quizás a ustedes os resulten reveladoras, a la vez que fantasiosas…

-¿Qué clase de conocimientos atesora usted, si puede saberse? –estaba intrigado.

-¡Jo, jo, jo! ¡Todo a su tiempo, muchacho! –se río animada- Eso es algo que debéis descubrir por vosotros mismos, no es necesario que intervengamos nosotros. Además, creo que tu amigo sabe mucho más de lo que ha querido contarte…

-¿Eh? ¿Dé quién habla? –le resultó extraño ese comentario.

-Ese espíritu que te acompaña…-habló mirando a un punto concreto, cerca de él- Ahora cuida de ti, además de servirte como guía. Por no hablar de su gran contribución a la prosperidad de la Familia Real. Y aún así, se muestra reacio a contarte más sobre la verdad que se os oculta…

Link se quedó perplejo, impactado por lo que acababa de oír… ¿Acaso podía ver al espíritu del Héroe del Tiempo?

-No te pongas nervioso, es una cualidad innata en los descendientes de los Sheikah, poder ver las almas errantes que vagan por nuestro mundo. Y el hecho de que te acompañe otro distinguido héroe, aunque más bien estaríamos hablando de una personalidad tuya del pasado, es realmente extraordinario. Quizás lo haga para un propósito más allá del puro altruismo, con ello busca liberarse…-tras decir estas palabras, se rió por lo bajo.

-¿Qué pasa? ¿Por qué se ríe? –su actitud sólo lo confundía aún más.

-Porque no parece que le haya gustado que te revele esa información…-le contó tranquila, sonriendo.

-¿Y por qué él no se aparece ante mí para decírmelo? ¿Qué me está ocultando? –le preguntó algo molesto.

-¡Ji, ji! ¡Ahora sí que lo has enfadado! ¡Dice que ya te ha hablado sobre su pésima condición de fantasma! ¡No puede aparecérsete en cualquier momento! Es más, también dice que es un milagro que esté viéndolo y escuchándolo ahora, pues no estaría presente si no fuera porque sufres una lucha interna muy intensa, está bastante descontento e intranquilo con la situación.

Link se quedó en silencio, no pensaba que se le notara tanto. Eso lo incomodó, a lo que la anciana reaccionó para tranquilizarlo.

-¿Podría conocer la razón por tu alma está inquieta? ¿Podría deberse a lo acontecido hace algunas semanas? ¿O es algo más?

-Bueno…no quiero ser maleducado, pero creo que eso es asunto mío, señora.-le contestó intentando evadir la conversación.

-¡Jo, jo! ¡No intentes engañarme, jovencito! ¡Él te delata! ¡Sabe los motivos por los que estás así! –le contó sonriendo- Estás preocupado por las consecuencias resultantes de tu milagrosa recuperación, no sé exactamente a que se está refiriendo. Y también, algo relacionado con…

-¡Ya basta, dígale que se calle! –le gritó, asustándola- ¡Si lo sabe, pues que me ayude! ¡Con todos mis respetos, deje de meterse en mis asuntos!

-Oh…-estaba bastante decepcionada- De acuerdo, entiendo que a veces no nos agrada que otras personas conozcan nuestros problemas, aunque con esto intenten ayudarnos. En fin, jovencito, será mejor que ambos volvamos a nuestros asuntos. Hasta pronto…

La anciana se fue alejando poco a poco, cabizbaja. Mientras, Link se sentía fatal por lo que había hecho, no culpa suya todo lo que le estaba pasando y lo había pagado con ella.

-¿Estarás satisfecho, no? –le habló al fantasma- Si te hubiera quedado calladito, esto no habría pasado. En vez de usar un traductor para hablar conmigo, podría aparecer tú mismo en escena y explicarme unas cuantas cosas…-estaba molesto- ¿Qué narices me ocultas, eh? ¿Por qué apareces cuando te da la gana? ¡Manifiéstate de una vez!

No ocurrió nada, tan sólo se oyó el sonido del viento recorrer el pueblo, sumergido ya en la noche. No se veía la luna, era una noche nublada y oscura. Uno de los soldados salió de la posada donde se alojarían esta noche, reservada enteramente para ellos, buscándolo. Esa había sido la misma que le sirvió de refugio durante su estancia en Kakariko y había estado en ruinas, ahora completamente restaurada. Link se dio cuenta en ese momento que su conversación con Impaz se había alargado más de lo que esperaba, además de que se había alejado de allí mientras paseaba con ella inconscientemente. Era el momento de descansar…

XOXOXOXOXOXOXO

Tras ser recibidos por los dueños y empleados del lugar, con una magnífica cena y unas habitaciones bastante acogedoras, la mayoría se fueron a dormir. Excepto uno, Link, que permanecía pululando por los pasillos mientras los demás dormían, tanto huéspedes como clientes.

Aún en tan malas condiciones físicas y sentirse agotado, no era capaz de conciliar el sueño. Vagabundeaba mientras reflexionaba sobre sí mismo y su situación, pasando repetidas veces por la puerta tras la que descansaba Zelda, guiado sin darse cuenta por su olfato. Era una obsesión, por culpa de eso se había enojado con Impaz y estaba enfadado con su "espíritu guardián". Eso sólo le hacía más daño, tanto a nivel físico como psicológico.

Descansó unos instantes, junto a esa puerta, exhausto por el esfuerzo que acababa de hacer. Entonces decidió que era mejor pensar en eso en su propio cuarto, por lo menos tendría la posibilidad de descansar tras ese día de locos. Sin embargo…

-¿Qué estás haciendo a estas horas de la noche, Link? –oyó una voz detrás suya, cuando ya se había alejado un poco.

Su corazón se aceleró rápidamente, lo había pillado y no tenía una explicación razonable para que estuviera rondando cerca de su habitación. Zelda se acercó a él, que no había querido darse la vuelta.

-¿Puedo saber a qué viene esa actitud hacia mí? –le habló cuando ya lo tenía cara a cara- ¿Por qué no me has dirigido la palabra en todo el día?

Link seguía sin hablarle, ahora además estaba atento a otras cosas. Ella llevaba puesto un camisón bastante elegante, lo cual hacía resaltar aún más su estilizada figura. Y claro, al prestar atención a "otras cosas", acabó por apartar la mirada avergonzado, confundiéndola.

-¡¿Se puede saber qué carajos te pasa? ¡Ya ni siquiera te dignas a hablarme a la cara! –estalló finalmente- ¡Se supone que eras tú el que quería venir a esto! ¡Y ahora parece que yo tuviera la culpa de que estés así! Eres un…

-Inútil…-terminó su frase, triste- Un estorbo, una carga para ti y todos en esta misión, ahora sé que no debería haber venido…

-¿Eh? ¿Qué? Yo no iba a decir…-intentó excusarse, realmente lo que había querido decirle era algo muy diferente.

-No lo intentes, sé que piensas eso aunque no te atrevas a decírmelo a la cara, pero tienes razón. En mi estado, no seré de ayuda para ninguno de vosotros, y mucho menos para ti. No te preocupes, me iré mañana junto con Epona al castillo, donde descansaré y antes de que vuelvas de tu reunión con ese rey, me habré ido y desaparecido de tu vida para siempre, tal y como estaba acordado en ese documento…-le habló cansado, suspirando.

-No intentes hacerme sentir culpable ni darme lástima, nunca escribí algo como eso.-le respondió seria, ajena a los sentimientos del chico- Lo exageras hasta tal punto que parece como si te hubiera obligado a firma tu sentencia de muerte, cuando debería ser todo lo contrario.

-No importa, mañana se acabará todo…-volvió a herirle, era la segunda vez en un día- En fin, si me disculpas, me gustaría poder dormir aunque fuesen sólo unas horas…buenas noches…

Mientras Link caminaba lentamente y con esfuerzo hasta su habitación, a Zelda le invadieron unos sentimientos de culpabilidad y duda que no quiso revelárselos a él, hablándole de nuevo con un tono muy autoritario.

-No pienso consentir que regreses a la ciudadela…-le dijo seria- Tú elegiste venir a esta misión, así que no te queda más opción que continuar con esto. Si quieres, podrás volver a la ciudad, pero eso será cuando lleguemos a Sakado…

-¿Cómo? –estaba sorprendido- ¿Por qué insistes tanto en llevarme a esa ciudad?

-No sé a qué te refieres con eso…-dudaba sobre si la habría oído hablar con Renado- Pero sí, esa es la principal razón por la que te dejé venir conmigo. ¿Creías que lo hice por compasión o lástima hacia ti? Eso hubiera sido muy irresponsable por mi parte, sabiendo que no estás en las mejores condiciones para realizar un viaje y que me puse en riesgo para ayudarte.

-¿Y entonces por qué fue? ¿Qué tienes planeado para mí? –ahora estaba verdaderamente intrigado.

Zelda no le habló, simplemente se dirigió hacia su puerta y se dispuso a dormir. Y cuando Link pensaba que se quedaría con la duda, ella giró la cabeza y le dirigió una sincera sonrisa.

-Es una sorpresa…-le dijo sonriéndole levemente- Será mejor que duermas, mañana nos espera un día bastante agitado. Traspasaremos la frontera y entraremos en un nuevo reino que se encuentra tras la Montaña de la Muerte. ¿No querrás quedarte dormido cuando eso ocurra, no? Buenas noches…

Cuando cerró finalmente la puerta, dejó a Link muy sorprendido, a la vez que contento. A pesar de lo que había pasado, ahora sabía que no estaba enfadada con él y que algo bueno parecía estar esperándole en esa misteriosa ciudad. Se sentía tranquilo y alegre, lo cual hizo que su cuerpo liberara un profundo bostezo, indicándole que estaba preparado para dormir plácidamente como un niño…

XOXOXOXOXOXOXO

A la mañana siguiente, todo estaba preparado para continuar su viaje. De nuevo, una multitud se agrupó cerca de ellos, con la intención de volver a ver a la princesa. Y mientras Zelda y Link estaba en la carroza, presenciaron todo un espectáculo…

-¡Oh, mamá! ¡Venga ya! ¡Estoy de servicio! ¡No tengo tiempo para tus caprichos! –se quejó a una mujer de avanzada edad.

-¡No se te ocurra contestarme así, Valencio Zurren! ¡Soy tu madre y debes hacerme caso! –le reprochó la mujer.

-¡Que no me llames así! ¡Soy Valenzuela, Comandante de la Guardia Real! ¡Y no recibo órdenes de nadie! –le gritó molesto, como un niño pequeño.

-¡Claro que lo harás! ¡Me traerás las cosas que están en esta lista! ¡Sólo se consiguen en Sakado, en el puerto comercial! –le exigió colocándole un papel en las manos.

-¡¿Pero qué mierda es esto? ¡¿Te crees que soy tu recadero personal? –se quejó mirando la lista.

-¡Vigila tu boca, niño! ¡No deberías decir esas cosas a tu edad! –le regañó su madre.

-¡Tengo treinta y un años! ¡Soy mayorcito para hacer lo que me dé la gana! –le grito enfadándose aún más- ¡Hasta pronto, mamá! ¡Ya nos veremos cuando regresé de la misión!

-¡Y no te olvides de visitar a tu tío Freud! ¡Tampoco te olvides de…! –le recordó mientras su hijo se alejaba.

-¡Que sí! ¡Ahora déjame en paz! ¡Hasta otra! –la interrumpió sin darse la vuelta para despedirla.

Cuando llegó a donde estaban sus camaradas, se percató de que se estaban riendo por lo bajo, cosa que lo molestó enormemente.

-¡¿De qué os estáis riendo? ¡Todos a vuestros puestos inmediatamente! –les ordenó furioso, haciéndolos volver a sus respectivos puestos.

Lo que no sabía era que también se estaban riendo dentro del carruaje…

-¿Quién lo diría verdad? ¡El valeroso Comandante de la Guardia Real siendo mangoneado por su madre! –le dijo a Link, mirando a través de la ventanilla.

-Sí, es bastante divertido…-afirmó- ¿"Valencio Zurren"? ¿En serio?

-A él siempre le ha dado vergüenza su nombre, por lo que siempre ha firmado como "Valenzuela" o en su defecto, con sus iniciales. Es normal que no supieras cuál era su verdadero nombre, no se lo dice a nadie. Yo lo sé porque en su ficha ha de estar reflejado su autentico nombre.-le explicó- Lo peor es que ahora estará de mal humor durante el resto del día, suele gritar bastante…

XOXOXOXOXOXOXO

Una vez abandonada la villa, continuaron su camino a través del Cañón Kakariko, un paraje árido y rocoso, pero por el cual existían caminos por los que los viajeros y lugareños circulaban. A Link le resultó curioso ver como algunas personas iban y venían por diversos caminos que no parecían conducir a ninguna parte, hasta que Zelda se lo explicó.

-Por esos senderos se llegan a pequeños valles fértiles que pertenecen a algunos terratenientes de la zona, no son muchos en realidad. Mi reino se caracteriza por ser una monarquía aislada, abunda más la burguesía que las propias familias nobles originarias del reino. Y si no me equivoco, por los alrededores deben haber tres familias de la nobleza hyruliana, las únicas que siguen basando su riqueza en sus tierras, a diferencia del resto que se abastece de sus negocios en las ciudades.

-¿Y entonces por aquí hay valles lo suficientemente extensos y fértiles para cultivar a gran escala?

-Sí, su situación estratégica les garantiza estar protegidos contra invasiones y demás, al estar encerrados en pequeños valles. Además, no sólo se ganan la vida con sus cosechas, también son dueños de la mayor parte del ganado de Kakariko, junto con otros negocios.

-¡Ya lo ves! ¡Esto no es tu pequeña aldea! ¡Aquí la gente suele estar al servicio de un señor! ¡No son propiedades comunitarias como en Ordon! –le contó animado Auru- ¡Esto no es lo tuyo, muchacho!

-Y que lo digas…-le afirmó sincero- ¡¿Me imaginas a mí como noble o burgués?

-¡Ja, ja, ja! ¡No viviría para verlo! ¡Hundirías tu imperio en dos días! –se burló del chico, sabiendo que no se le daban bien las cuentas y que su carácter no era propio de un patrón.

Ellos dos comenzaron a bromear entre sí sobre sus fortalezas y debilidades, mientras la princesa estaba observando el paisaje, sumergida en sus propios pensamientos.

-¿Y por qué no? A lo mejor te llevarías una sorpresa…-murmuró por lo bajo, contestando a la pregunta que formuló antes el muchacho, aunque fuese en broma.

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Dejad paso a Su Majestad! ¡Nuestra soberana y sus guardias desean traspasar la frontera! –gritó un soldado hyruliano sobre una atalaya.

Al pronunciar esto, unas enormes puertas de hierro se abrieron, dejándolos pasar a ellos y a otros interesados en pasar, en ambas direcciones. Se entontaban en ese momento en una zona intermedia entre el Cañón Kakariko y la Montaña de la Muerte, que comenzaba a hacerse más difícil de transitar por su carácter montañoso.

Eso era lo único que veía Link…montañas. Nunca imaginó que Calatia resultara ser un reino cuya orografía fuese tan abrupta, a pesar de haberlo escuchado durante las clases de Zelda. Tampoco se esperó que viera a tantos Goron, según los libros abundaban por el pequeño país.

Estuvieron horas avanzando por un escarpado camino, donde había numerosas subidas y pocas bajadas. Se habían alejado de la principal ruta comercial para evitar incidentes, a la vez que de senderos poco transitados donde podrían abundar los saqueadores. No habían visto ninguna población desde que penetraron dentro de las fronteras, por lo que acamparían al anochecer en un lugar seguro.

Al hacerlo, los soldados montaron un campamento, repartiéndose cada uno las tareas a hacer. Y Link, a pesar de su estado decidió explorar un poco los alrededores, guiado por un instinto desconocido…

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Ey, mirad! ¡Las trampas que pusimos dieron resultado! ¡Mirad que hermosas piezas tenemos aquí! –comentó animado uno de los soldados, mostrando dos liebres que habían capturado.

-¡Ja, ja, ja! ¡Estupendo! ¡Estoy seguro a que Su Majestad y a mí nos encantará el delicioso estofado que vais a prepararnos! –les habló irónico Valenzuela, que no tardo en quedárselas.

-¡Pero señor! ¡Somos nosotros quienes las capturamos! ¿No podríamos por lo menos…? –se quejó su compañero, era un abuso de poder.

-¡A callar, mequetrefes! ¡Yo estoy al mando de esta misión! ¡Decidiré todo lo que se haga con la comida! ¡Y tenéis suerte de que sea tan generoso! ¡¿Por qué narices no trajisteis más caza o verduras silvestres? ¡La comida de los suministros es una bazofia! ¡¿Quién fue el imbécil que hizo los preparativos? ¡Saben perfectamente que soy alérgico al pan de centeno! ¡Y no hay otra mierda que comer aparte de eso y chorizo! –gritó furioso Valenzuela, conservando su mal humor de esa mañana.

-Bueno, la Princesa y el señor Auru tienen más variedad. Podríais pedirles que…-se excusó uno de los hombres, intimidado por su superior.

-¡Silenciooo! ¡Ahora por tu atrevimiento te pasarás la noche vigilando! ¡No habrá cambio de guardia y puedes olvidarte de cenar! –le gritó furioso, enrojecido por la furia- ¡Y ahora moveros! ¡Quiero que cocines estas dos liebres enseguida! ¡Y ni se os ocurra hacer esperar a nuestra princesa y al consejero real! ¡Vamos, moved el culo!

Toda la tropa se movilizó para cumplir con las órdenes de su comandante, que parecía estar a punto de asesinar a alguien. Mientras, la princesa y Auru observaban la escena desde la distancia, disfrutando ellos de una mayor variedad de alimentos y en un ambiente más refinado que comer en el suelo descubierto.

-Lo imaginaba, no le sentó nada bien que su madre lo dejara en ridículo delante de sus hombres…-comentó el hombre mientras disfrutaba de una taza de té.

-Y me parece que se está pasando, no es cuestión de atosigar así a los soldados, están haciendo un impecable trabajo…-le secundó mientras comía unos sándwiches diminutos- Pero tiene razón en algo… ¿Quién elaboró la lista con los suministros? Todo el mundo conoce su problema con el pan de centeno, así que me resulta confusa esta situación.

-No querría delatar a nadie, pero creo que el "chiquitín" podría tener algo que ver…-le contó por lo bajo a la monarca, refiriéndose al tesorero real, Grialdo- Debido a la enemistad que mantiene con Valenzuela, no me sorprendería que hubiera sobornado a alguien para que encargaran pan de centeno en vez del corriente…

-¿Corrupción en mi castillo? ¡Esto es un golpe desde dentro! ¡Hay que tomar medidas rápidamente! –bromeó la princesa, cosa que en realidad no solía hacer.

Ambos se rieron, las cosas que ocurrían en tan sólo un día. Pero esa alegría no duró mucho, pues enseguida retornó la seriedad en la joven. Pero el viejo hombre se percató de que además estaba preocupada por algo, sabía lo que era.

-No se preocupe, no creo que tarde en regresar…-la intentó calmar, notándola nerviosa.

-Lo sé, pero lleva demasiado tiempo ahí fuera…-habló algo intranquila- Es de noche y estamos en un reino extranjero, además de que no está en las mejores condiciones para cuidar de sí mismo.

-¿Acaso quiere que enviemos a alguien a buscarlo? ¿Cree que es necesario?

-Bueno…está bien, esperaremos un poco más. Tal vez sólo se haya entretenido explorando, suele pasarle a menudo…-decidió una vez logró controlarse y pensar con serenidad.

Y mientras tanto, a pocos metros de ellos, los dos hombres que habían traído las liebres mantenían una conversación sobre su situación.

-¡Serás tonto! ¡¿Cómo pudiste perder la otra liebre que también cogimos? ¡Se supone que la tenías ahí mismo! ¡Estaba muerta, joder! ¡Ni que se hubiera puesto a dar saltos de repente! –le recriminó a su compañero, dándole un golpe en la cabeza.

-¡Ay, ya te dije que no lo sé! La dejé un momento en el suelo para sacar a las otras de sus trampas… ¡Y desapareció! ¡No sé cómo pudo haber pasado! –le explicó nervioso.

-¡¿Qué cómo puedo haber pasado? ¡Pues que un animalejo se la llevó en cuanto de diste la vuelta, zopenco! ¡Más estúpido no podrías haber nacido! ¡Ahora por tu culpa me ha caído una gorda! ¡Me moriré de hambre si no como nada! ¡Y encima trasnocharé por eso mismo! –se lamentó, enfadado con su compañero.

Más lejos, ellos los habían escuchado, bastante intrigados con lo sucedido. Y precisamente, esa historia hizo preocuparse aún más a Zelda…

XOXOXOXOXOXOXO

Más tarde, cuando los demás comían y se divertían un poco, Zelda se escabulló en la noche en busca de Link, aún con la negativa de Auru que finalmente tuvo que cubrirla. Caminaba por una zona por la que era difícil avanzar, rodeada de maleza y algunos árboles. Durante un buen rato estuvo buscándolo, sin éxito. Se temió lo peor, que le hubiera podido ocurrir algo.

De pronto, oyó un extraño ruido que le heló las venas. Sonaba como un animal devorando con ansias su presa, quién sabe si sería aquella desdichada liebre. Se armó de valor para localizar el lugar de donde provenía ese sonido, no pasando demasiado tiempo hasta que lo hizo. Esa criatura estaba frente a ella, oculta tras un árbol, lo sabía porque se podía oír claramente los gruñidos y la respiración agitada de aquella bestia. Tragó saliva, antes de atreverse a apartar unos arbustos…

Reprimió un grito al descubrir lo que era, nada menos que el muchacho de ojos azules. Devoraba como un animal salvaje su presa, la que había robado a los soldados. Se había quitado la ropa, únicamente iba con sus calzoncillos, con el fin de no ensuciarla en su frenesí de dentelladas. Arrancaba la carne cruda de la piel y los huesos; roía los propios huesos, una vez los dejaba limpios; se deleitaba con la sangre que brotaba del cadáver del animal, lamiéndola y empapándose en ella; y qué decir de las vísceras, era lo más sabroso…

Durante unos incómodos y espeluznantes minutos, Zelda se quedó paralizada contemplando la escena, incapaz de irse debido al miedo. Link no pareció en ningún momento darse cuenta de su presencia, estaba demasiado ocupado con su banquete. Después de un rato, comenzó a tranquilizarse, lamiéndose las manos tratando de limpiárselas y de saborear unos instantes más aquel líquido rojizo.

Lamentablemente, también captó el aroma de Zelda, volviéndose hacia ella agresivamente. La princesa retrocedió rápidamente ante aquello, jamás se esperó que pudiera hacer algo como eso. Sólo fueron unos instantes, pero pudo ver en sus ojos la ferocidad de una bestia, mucho más peligrosa que lo que pudo haber sido siendo un lobo. Eran los mismos ojos que vio cuando la atacó mientras ambos estaban en un cuerpo extraño, durante la competencia clandestina de monstruos. No sólo su mirada reflejó ese sentimiento, también le mostró los dientes y le gruñó, como una bestia salvaje.

Sólo fueron unos segundos, tras los cuales Link volvió en sí, dándose cuenta de lo que estaba haciendo.

-¿Qué? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? –se preguntó a sí mismo, intentando ubicarse- ¡Zelda! Yo no…

-No pasa nada, sólo te buscaba para que cenaras con nosotros, pero veo que ya estás bien servido…-habló intentando ocultar su pánico al verlo- Eh…si no te importa, será mejor que me marche…

-¡No! ¡Espera! ¡Vuelve! ¡No es lo que tú…! –intentó llamarla, pero fue inútil, viendo como huía.

¿Podía haber algo peor? Estaba casi desnudo, ensangrentado por todas partes por culpa del animal, casi la había agredido…

Pudo oler su miedo, verlo en sus ojos. Nunca había sentido una sensación tan horrible, sentir que la mujer que amaba lo temía como a un monstruo. Nada comparado con lo que sufrió mientras fue un lobo durante su aventura con Midna, era infinitamente peor.

En ese momento se derrumbó, era lo que le faltaba. Hasta ahora había llevado bastante bien su oculta condición animal, que no había desaparecido del todo. Se odiaba a sí mismo, sabía que en esas condiciones sería un individuo muy peligroso.

Y lo último que quería, era acabar dañándola a ella…

XOXOXOXOXOXOXO

Al día siguiente, siguieron su camino tras recoger temprano el campamento. El paisaje seguía siendo el mismo, montañas. Al parecer pronto llegarían a un valle donde se podrían ver algunos pueblos en la distancia, pero todavía faltaba para eso.

Ese reino poseía eso sí numerosos puertos de montañas, donde la gente paraba obligatoriamente en esos sitios para descansar y comerciar. Esa era su principal fuente de riqueza, así como la minería, el ganado, la agricultura, la explotación forestal y en cierto porcentaje el turismo. Era una nación pacífica, nunca se había metido en una guerra, como mucho había apoyado a sus aliados. Tenía muchas cosas en común con Hyrule, lo que hacía que ambos reinos fueran hermanos. La Reina Seline IX era la encargada de salvaguardar su hermoso y próspero país, a quién sus súbditos le rendían gran respeto.

Con todo esto, se me olvidaba narrar qué fue lo que ocurrió después de lo ocurrido entre Zelda y Link. Pues bien, las cosas no pintaban nada bien entre ellos dos. Ambos volvieron a no hablarse, ella por miedo y él por vergüenza. Auru notó que algo extraño sucedía entre ellos dos desde que la noche anterior Link regresó al campamento, bastante tarde. No quiso entrometerse, pero le empezó a preocupar cuando pasaron horas y ni siquiera se habían mirado.

Entendió que el primer día notó al muchacho cansado y decaído, debido a sus lesiones, por lo que se mantuvo en silencio durante todo el viaje. Sin embargo, al día siguiente parecía que estaba de mejor humor con la princesa, hasta que acamparon. Y ahora, volvía el silencio, esta vez ninguno de los dos se atrevía a hablarse.

-Sé que no es correcto que me entrometa, pero…-comenzó como excusa- ¿Por qué estáis tan distantes entre vosotros, jóvenes?

-No ocurre nada, Auru…-le contestó evasiva Zelda, mirando al exterior- No reposamos bien anoche, eso es todo.

-¿Y tú, muchacho? ¿Qué dices a eso? –le preguntó Link, dado que no le había contestado.

-Apoyo su argumento, dado que es eso lo que ocurrió.-le contestó de igual manera que Zelda, aunque más nervioso- Nos gustaría que no siguieras haciendo preguntas, estamos cansados…

Auru calló ante la incomodidad de los jóvenes, que no parecían querer hablar del tema. Y en medio de ese silencio, Link seguía atormentado por lo que sucedió esas noche, además de escuchar las desgracias de otros…

-XOXOX-

-"¡Maldita sea! ¡Estas herraduras me están matando!"-relinchó molesto Hyo, uno de los caballos que tiraban del carruaje.

-"¡Y a mí también! ¡¿Cuándo se va a dar cuenta ese mequetrefe que no podremos avanzar deprisa en este estado?"-le secundó Rule, su compañero.

Ante la rebeldía de los caballos, el conductor agitó en aire su látigo, con el fin de asustarlos para que fueran más rápido.

-"¡Ya vale! ¡No hace falta que uses esa cosa! ¡Qué carácter!"-volvió a quejarse Hyo.

-"¡Hombres! ¡Nosotros hacemos todo el trabajo por ellos y nos vienen con exigencias! ¡¿Dónde se ha visto esto en el reino animal?"-resopló Rule, molesto con su domador.

-"¡Yo sólo espero que no se le ocurra tocarnos con eso! ¡Le propinaré una buena coz como lo intente!"-siguió comentando Hyo, bastante enfadado.

Como era de esperarse, aquel hombre utilizó de nuevo su látigo, esta vez impactando en los cuartos traseros de los dos corceles.

-"¡¿Qué decías? ¡¿Quién era el semental que iba a mandar a volar al hombrecillo ese?"-le preguntó irónico Rule a su compañero, acelerando el paso.

-"¡Cállate y trota más rápido! ¡Con algo de suerte nos dejará en paz por un rato!"-resopló hastiado Hyo, aumentando también la marcha.

Y mientras, atrás los demás caballos y el Bullbo también se apresuraban a seguirles el paso, sintiéndose más afortunados que sus compañeros."

-XOXOX-

Dentro de la carroza, el ambiente seguía igual. A excepción de Link, que escuchó la conversación de los dos caballos y su estado de ánimo cambió. No por ellos, sino porque el sonido del látigo lo ponía muy nervioso…

XOXOXOXOXOXOXO

Llegó otro atardecer en esas tierras montañosas, parando nuevamente para pasar la noche. Mientras los soldados se disponían a armar nuevamente las tiendas y demás, Auru y la princesa decidieron pasear cerca de allí, seguido por una pequeña escolta de dos personas.

Entre ellas, no estaba incluido Link, que había decidido acercarse al lugar donde descansaban los animales y estaba aparcada la diligencia, un poco más apartados del resto. Allí fue a comprobar el estado de los dos caballos principales, sabiendo que probablemente necesitarían un cambio de herraduras o alguno de los clavos les estaría haciendo daño.

Sin embargo, al llegar allí, se encontró al conductor reprendiendo bastante enfadado a los animales.

-¡¿Os dais cuenta del día que me habéis dado? ¡Malditos alimañas consentidas! ¡Todo el tiempo haciendo caso omiso a mis órdenes! –les gritó furioso, había estado todo el día pendiente de ellos.

Ese tono con el que les habló no gustó nada a los caballos, haciendo que uno de ellos le golpeara con cascos, como un toque de atención. Aunque no fue nada, aquel hombre encolerizó y sacó su látigo para castigarlos.

Comenzó a golpearlos con la intención de que se estuvieran quietos y se sometieran a su dueño, intentando doblegarlos. Eso nos les gustaba, les dolía y no podían hacer nada para defenderse. Los demás animales se quedaron callados observando la escena, temiendo que pudiera ocurrirles lo mismo. Y también Link, que observaba la escena horrorizado…

Cada golpe producía un sonido que retumbaba en los tímpanos del joven, mientras al mismo tiempo escuchaba una maléfica y molesta risa de fondo. Su corazón se disparó, la respiración se hizo más intensa y su cuerpo se paralizó, temblando aterrorizado. En ese momento se bloqueó, echándose las manos a la cabeza y cayendo de rodillas al suelo, sintiendo un intenso dolor por todo el cuerpo.

Aquel hombre se percató de su presencia y de lo que estaba pasándole, dejando lo que estaba haciendo para socorrerlo. Pero cuando se agachó, cuando Link lo miró se apartó unos centímetros. Él no lo sabía, pero en esos momentos lo veía a él como al criminal que lo torturó hace tiempo, Ingo. Link se abalanzó sobre él violentamente, creyendo por unos instantes que era ese malnacido.

-¡¿Qué estás haciendo? –le giró a la cara, completamente fuera de sí- ¡¿Te sientes poderoso con un arma entre tus manos y abusando de unos animales? ¡¿Estás acomplejado con tu físico, gordo enano de mierda?

Realmente esos eran sus atributos, no era muy atractivo que digamos, e incluso le recordaba un poco a Ingo debido a su voluminoso mostacho. Este hombre estaba temblando aterrorizado, sólo hacía su trabajo y nunca nadie le llamó la atención por ello. Las amenazas de Link no acabaron ahí, pues lo lanzó contra él suelo que pisaban los caballos y luego le tiró a la cabeza un pequeño saco, causándose daño.

-¡Ponte a cambiarles las herraduras, imbécil! ¡¿O esperas una invitación de mi parte? –le ordenó colocándose junto a él, para vigilarlo.

Por supuesto no dudó en hacerlo, aunque debido a su nervioso le costaba concentrarse con el martillo y los clavos. Alguna vez les hizo daño a los animales debido a eso, además de hacerse él mismo llagas en las manos por no poder controlarle, a lo que Link respondió propinándole una fuerte patada que acabó abriéndole una brecha en la cabeza.

Las cosas se le estaban yendo de las manos al muchacho, que nublado por la ira, estaba vengándose de todo lo que le había hecho Ingo con ese hombre. Cuando acabó su trabajo, volvió a agarrarlo y tirarlo al suelo, mirándolo desde arriba con aires de superioridad y sin sentir lástima por él.

-¡No, por favor! ¡Déjame en paz! ¡Ya he aprendido la lección! ¡Socorro! –intentó huir, pero su miedo le impedía levantarse.

Link sujetaba en sus manos el látigo con el que había atizado a aquellos dos animales…no dudó en usarlo contra él. Fueron algunos golpes directos hacia su espalda, debido a que se protegía haciéndose una bola. Otros fueron a parar cerca de él, como advertencia. Tras escasos instantes, paró para contemplar la figura de aquel hombrecillo. Este alzó la vista para ver lo que pasaba y luego Link le devolvió su látigo, tirándoselo a su lado. Después emitió un chillido agudo cuando vio como alzaba su espada contra él…

Por suerte, no fue contra él aquel golpe, sólo la clavó a su lado, cortando previamente su fusta. Link se agachó a su lado, y le dijo algo antes de irse…

-La próxima vez te atravesaré con esta misma espada… ¿Te ha quedado claro? –le advirtió en un tono sombrío y amenazante.

Asistió repetidas veces, su cuerpo parecía estar hecho de gelatina. Fue entonces cuando Link se retiró del lugar satisfecho, hasta que se dio cuenta de lo que había hecho y se fue corriendo.

Aquel lugar quedó en completo silencio, nadie se enteró de lo que había pasado. Sólo quedaron los animales y un hombre que lloraba en el suelo como un niño…

XOXOXOXOXOXOXO

Tras un rato, la princesa y su consejero regresaron de su corto paseo por el territorio, que había sido muy fructífero a la hora de conocer la geografía física del lugar. Sin embargo, cuando lo hicieron, se encontraron a los soldados reunidos en torno al conductor de la diligencia, que sufría un ataque de ansiedad.

-¿Qué ha sucedido en mi ausencia? ¿Por qué este hombre está así? –les preguntó con autoridad a los militares.

-No lo sabemos, majestad…-habló Valenzuela- Hasta el momento no nos ha podido relatar lo que le sucedió, está demasiado nervioso. Lo encontramos llorando junto a los animales hace escasos minutos, con varias heridas en la cabeza, manos y espalda. También encontramos su látigo destrozado, el que usa para alentar a los caballos a que corran más rápido. Es como si se hubiera autolesionado a propósito…

La princesa miraba afectaba a su siervo, que estaba completamente traumatizado. Se balanceaba constantemente, mientras se guarecía con una manta. Además, oía como le castañeaban los dientes debido al terror que sentía. Parecía inmune al dolor que debía estar sintiendo mientras uno de los soldados le curaba las heridas, eso no era nada bueno.

-Por favor, cálmese, señor Talon…-le habló suavemente, intentando tranquilizarlo- ¿Quién le hizo esta barbarie?

-¡Fue él! ¡Es un monstruo! ¡Un lunático! –soltó de repente, muy exaltado.

-¿Pero quién es él? –le preguntó preocupada e intrigada.

-¡Ese muchacho de ropas verdes! ¡Link! ¡Está loco! ¡Sólo hacía mi trabajo! ¡Trató de matarme y por poco lo consigue! –confesó a todos, sorprendiéndolos enormemente- ¡Es peligroso! ¡No os acerquéis a él! ¡Os matará si hacéis algo malo! Ya me lo hizo a mí y yo no…

Comenzó a llorar de nuevo, echó un manojo de nervios. Todos los presentes guardaron silencio ante lo que acababan de oír, sobre todo Zelda. ¿Qué le había impulsado a hacerlo?

Nadie lo sabía, pero la tensión pronto se adueñó de todos, nerviosos por el hecho de que el muchacho había atacado a uno de los suyos. La princesa ordenó a todos volver a sus tareas y ocuparse del hombre. Mientras, ella necesitaba una explicación para todo esto…

XOXOXOXOXOXOXO

Buscó sola por las cercanías del campamento, era la segunda vez que tenía que buscarlo en lo que llevaban viajando. Esta vez, se guió por unos extraños murmullos que oía desde hacía rato, hasta que lo encontró sentado y apoyado detrás de una roca. Pronunciaba frases por lo bajo, de igual manera que el individuo al que había agredido, mostrando estar también traumado.

-Maldita sea… ¿Por qué? Yo no lo hice, sólo me estaba defendiendo…-se excusaba a sí mismo de lo sucedió, mientras se movía adelante y atrás ocultando la cabeza bajo sus manos.

-¿Link? ¿Estás bien? –le preguntó muy preocupada, sabía que le ocurría algo grave.

-¿Por qué? Ese látigo, ese bigote…-seguía en su mundo- Era Ingo, lo sé…estaba ahí, dañando a los caballos y luego apareció ese hombre… ¿Qué pasó? ¿A dónde se fue? Me engañó de nuevo, todo es por su culpa, yo no estoy loco…

A Zelda le resultaba trágica esa escena, era algo que hubiera no tenido que contemplar jamás. Acababa de darse cuenta de que no sólo guardaba secuelas físicas de aquella experiencia, sino también psicológicas, además muy graves.

-Link, por favor…-le pidió preocupada- Ese hombre está muerto, te lo conté hace días. Yo misma me encargué de él…

-No, él sigue ahí…-no pareció reconocer su voz- Todas las noches, está ahí esperándome…

-Link… ¿Por qué atacaste a ese hombre? –intentó sacarle información, con la esperanza de que se tranquilizara.

-No lo soportaba, ese látigo…-siguió hablando fuera de sí- Era lo que usaba Ingo conmigo, estaba aterrado… ¡Sólo me defendía! ¡No quería herir a nadie! ¡Y quería liberarlos de ese sufrimiento! –comenzó a ponerse cada vez más nervioso- ¿Por qué utilizan fustas? Yo no lo hago, sólo un golpe de atención para avisarla de que corra más deprisa, pero eso no le hace daño…

Zelda se puso cada vez más nerviosa, no lograba que reaccionara y cada vez estaba peor. Se colocó delante de él intentando de la mirara a los ojos, agarrándole la cara para ello.

-¡Escúchame, por favor! ¡Tienes que recobrar la cordura! ¡Fue un accidente! ¡No sigas torturándote con eso! –le gritó desesperada, intentando controlarlo.

Link estaba fuera de control, comenzó a agitarse violentamente intentando que la soltara, pero ella no lo hizo. Tras momentos de tensión y lucha, poco a poco el muchacho fue rindiéndose hasta que se calmó, agotado. Zelda también lo estaba, pero seguía manteniendo su agarre, ahora abrazándolo contra su hombro.

-¿Qué? ¿Dónde? ¿Qué está pasando? –preguntó confuso, respirando agitadamente- ¿Dónde estoy?

-Link, tranquilízate…-le susurró manteniendo su abrazo- Ya pasó todo, ahora sólo quiero que te relajes y me digas que te está pasando…

En ese momento el guerrero se dio cuenta de la situación en la que estaba, separándose de ella bastante incómodo y avergonzado.

-¿Te encuentras bien? ¿Eres capaz de conversar conmigo civilizadamente? –le preguntó suavemente Zelda, viendo que volvía a estar nerviso.

-¿Qué se supone que hacías? ¿Por qué has venido hasta aquí? –le preguntó desconfiado.

-Link…-intentaría decírselo suavemente- Agrediste al conductor de nuestra diligencia, me tenías preocupada…

No oyó respuesta por su parte, tan sólo se llevó las manos a la cara, completamente desesperado y arrepentido. Ella temió que volviera a perder el control, por suerte eso no ocurrió.

-Todo esto es por mi culpa…-admitió por lo bajo- Nunca debí venir a esta misión, sólo estoy causando problemas y me estoy volviendo loco…-en esas palabras habían contenidas un profundo sentimiento de culpa- Ya no lo aguanto, este dolor…no sólo estas heridas que cubren mi cuerpo, sino también las…

-Las que no se pueden ver, lo sé…-terminó ella su confesión- Por favor, Link, sé sincero conmigo… ¿Tu transformación fue incompleta, verdad?

Suspiró, tratando se despejar su mente, manteniéndose unos minutos en silencio. Después, habló…

-Puedo oír, ver, oler y sentir cosas que los demás no pueden…-comenzó contándole- Entiendo las conversaciones de los animales; siendo atracción hacia la carne cruda; y cada vez soy más violento…-le confesó- Odio la compañía de otras personas, sobre todo si son hombres. Además, cualquier tontería puede significar una provocación para mí, podría atacar a cualquiera sin razón aparente…-siguió relatándole- No puedo dormir por las noches, tengo pesadillas constantemente, porque no dejo de pensar en todo lo que me ocurrió estando con Ingo. Todo en mi mente es un caos, además de que mis heridas me están matando…

-¿Por qué no me lo dijiste? –le preguntó dolida- De haberlo sabido, jamás hubiera permitido que vinieras conmigo. Aún estamos a tiempo de…

-¡No! –gritó enérgicamente, sorprendiéndola- Ese era el motivo, porque sabía que te preocuparías por mí e intentarías protegerme a toda costa. Si te lo hubiera dicho, nunca hubiera podido venir hasta aquí, aunque ahora esté pagando las consecuencias…

-¿Por qué haces esto? ¿Qué es lo que te impulsa a hacerlo? –le preguntó, incapaz de entender sus motivos- ¿No lo ves? Sólo lograrás hacerte más daño, y eso es lo último que quiero que te ocurra…

Al principio, dudó, pero pasados unos minutos, Link se decantó por hablar, contestando así a sus preguntas.

-Porque esta es la última vez que podré pasar tiempo contigo, antes de que me obligues a abandonar tu castillo. Y también tenía el presentimiento de que podría pasarte algo si yo no estaba, como ocurrió cuando te envenenaron.- le confesó sincero, abriendo su corazón- Pero ahora me doy cuenta de que el verdadero peligro soy yo. Y lo que más temo es que en uno de mis arranques de locura, pueda dañarte a ti…

Un silencio incómodo envolvió el ambiente, ninguno de los dos quería continuar hablando.

-Link, yo…-comenzó seria, no parecía que fuese a decir algo agradable.

-No hace falta que digas nada, lo sé…-le interrumpió- Mañana me iré junto con ese hombre al que agredí, aquí también termina mi viaje. ¿No es así? Seguro que ya lo tenías planeado, me refiero a sabías que debido a lo que hice, no podrá seguir guiando el carruaje. Así ahorraremos tiempo y tú tendrás la seguridad de que regreso sano y salvo a Hyrule…-comenzó a andar- Ahora, si me disculpas, me gustaría estar solo…

Antes de que pudiera dar dos pasos, notó como ella lo agarró por la manga y le impidió marcharse.

-Ya te dije que no pienso dejar que lo hagas…-le recordó firme- Es muy importante para ambos que continuemos este viaje, tú al menos hasta Sakado…

-¿Y por qué? ¿Qué es eso tan importante? –le preguntó confundido- ¿Por qué estás tan empeñada en que llegue a esa ciudad?

-Es por una promesa que hice, ahora no importan los detalles…-le contó sin darle demasiada información- Pero sé que si no me equivoco en esto, me estarás enormemente agradecido…

-Bueno, si tú lo dices…-se le dibujó una ligera sonrisa en la cara- Estoy impaciente por llegar a Sakado y ver lo que me tienes preparado, ya que al parecer será algo bastante bueno.

-Preferiría que no te ilusionaras demasiado, no es algo tangible lo que quiero ofrecerte ni tampoco es seguro de que pueda hacerlo. Todo dependerá de la suerte y los hechos…-le advirtió con un continuo aire de misterio.

-¡¿Pero qué se supone que es? ¡¿Acaso estás jugando conmigo, Zelda? –le preguntó en broma.

-¡No! ¡Por supuesto que no! –se sintió ofendida- ¡Y deja de preguntar tanto! Si todo sale como lo previsto, no habría por qué preocuparse…

Link dejó de insistir, le bastaba con haberse animado un poco. Estuvieron un momento en silencio, hasta que Zelda le recordó que tenían que volver con los demás. Y eso volvió a desanimarlo…

XOXOXOXOXOXOXO

Con dos hombres menos, el señor Talon y un soldado junto a su caballo, volvieron a retomar su camino. Durante todo ese tiempo, Link se sintió incómodo en presencia de los guardias, siento cierto miedo y desprecio por parte de algunos. Menos mal que ahí estaba Zelda, la única que conocía sus problemas y era capaz de comprenderlos, aunque empezaba a dudar si se lo habría dicho también a Auru.

Siguió durante el viaje contemplando los bellos paisajes que ofrecía Calatia, rodeado siempre por montañas, algunos valles y lagos. Aún así, siempre se quedó con las ganas de pasar por algún pueblo de la zona, a los que sólo consiguió ver desde lejos.

-¿Por qué siempre evadimos los poblados? Podríamos descansar en ellos por las noches, en lugar de acampar a la intemperie.-le preguntó a Zelda, llevaba tiempo queriéndolo saber.

-¿Acaso al muchacho de campo le molesta dormir en el suelo? –le preguntó irónica- Es para evitar distracciones o retrasos inesperados, además de para evitar llamar la atención.

-¿Y no es peligroso? ¿No podrían atacarnos por evadir las rutas más comunes? Apenas he visto viajeros desde que cruzamos la frontera… -opinó- Por cierto… ¿Dónde está asentada la capital?

-Nosotros estamos pasando por la zona suroeste del reino, su capital está más al norte. Se asienta sobre un fértil y enorme valle, personalmente nunca he estado ahí. Pero sí conozco y mantengo buenas relaciones con su gobernante, la Reina Seline IX, es una fantástica mujer.

-Y quién sabe, quizás algún día tenga el placer de visitar su palacio, majestad.-intervino Auru- Yo he estado allí, y es realmente majestuoso, además de estar edificado en una ciudad tan hermosa.

-Es probable, sí…-dijo sin mucho ánimo- Pero antes de eso tendré que convertirme en reina, para lo cual tendré que hacer algo que seguirá sin agradarme durante el resto de mis días…

-¿Se refiera a casarme, alteza? –le preguntó al verla molesta por ello- Lo sé, pero lleva sabiéndolo desde hace años. No puede usted decirme que no se le han presentado candidatos suficientes para que pudiera escoger abiertamente, majestad.

-¡Ya lo sé! ¡No es necesario que me lo recuerdes! –le habló enfadada- ¡¿Te crees que es fácil para mí? ¡Si logras encontrar a un pretendiente adecuado para mí y el reino te nombraré ministro! ¡O mejor, te haré noble! ¡Tendrás títulos, tierras y lo que quieras!

-¿Va en serio, princesa? –le preguntó sorprendido y algo burlón- ¿Tan desesperada está? ¿Acaso no simpatiza con el Príncipe Facade?

-¡¿Pretendes enojarme, Auru? –le gritó realmente enfadada- ¡El hecho de que regresaras después de tantos años tras abandonarme no quiere decir que no hayas tenido tiempo de ponerte al día con estos asuntos! ¡Y se supone que eres mi consejero real, Auru!

-¿Perdone? –algo en esa confesión lo perturbo- ¿Qué quiso decir con "después de que la abandonara"?

Zelda se mantuvo en silencio, en ese momento se dio cuenta de que había dicho eso inconscientemente, sin pensar en lo que decía.

-No fue nada de relevancia, utilicé ese término incorrectamente…-habló después de un rato- Y en vez de prestar atención a esa clase de detalles, deberías estar más atento al significado global de mis palabras…

-Discúlpeme, majestad…-se disculpó desanimado- No volveré a incordiarla con esa clase de preguntas…

Esta vez, en vez de ser los dos jóvenes quienes dejaban de hablarse, fueron la princesa y su consejero. Mientras, Link se había mantenido al margen durante toda la conversación, ahora se sentía bastante incómodo en esa situación.

Pero había notado un sentimiento de dolor guardado por parte de Zelda, cuando soltó todo eso. ¿Por qué lo habría dicho? ¿Y Auru? ¿Cuál era la razón de que le acusara de eso?

Tal vez… ¿Vendría relacionado con ese hecho que ocurrió hace años? ¿Ese del que nadie se atrevía a hablar o lo desconocían?

Hacía tiempo que no pensaba en eso, su mente había estado ocupada en otras cosas. Tampoco en qué estarían ahora metidos esos malnacidos de la banda Los Seguidores, que por su culpa había sufrido todo eso.

Ojalá no se hubiera acordado de ellos…

-¿Qué te ocurre? –le preguntó Zelda, notándolo ausente.

-No es nada, es sólo un extraño presentimiento…-le contestó divagando.

Sentía desde hacía rato la presencia de alguien o algo, quizás fueran más de uno. Pero eso sólo podían ser imaginaciones suyas… ¿O no?

Los animales comenzaron a sentirse intranquilos de repente, negándose a continuar avanzando. Algo no iba bien, Link lo sabía mejor que nadie. Los demás desconocían la situación, teniéndose que bajar de la carroza ellos para reunirse con los guardias.

Todos se pudieron en guardia, a la espera de la amenaza de una emboscada. Y como un relámpago, algo pasó entre todos ellos, para luego verse rodeado por varios hombres encapuchados y vestidos completamente de negro.

-Je, je… ¿Qué se os ha perdido por aquí, forasteros? –preguntó un hombre, subido sobre la diligencia.

Cuando Link miró a su lado, donde debía estar Zelda, no la encontró. Eso hizo que se pudiera infinitamente nervioso…

-¿Buscas esto, rubiales? –se mofó del muchacho uno de los hombres, haciendo que miraba en la dirección de la que provenía esa voz.

Los soldados miraron horrorizados como uno de ellos mantenía sujetada a su princesa, con un cuchillo rondando cerca de su cuello. Intentaron ir a defenderla, pero los bandidos no les dejaron, rodeándoles. Eran seis hombres, descontando a Link y Auru, contra diez saqueadores que además tenían de rehén a la Princesa Zelda. Por no hablar de que se movían más rápido de lo que habían visto a hacerlo a alguien jamás… ¿Qué podían hacer?

Desde luego, Link no iba a quedarse de brazos cruzados, pero su condición física no era la más idónea para combatir y corría el riesgo de que hicieran daño a Zelda…

-Tenéis pinta de ricachones, me refiero por supuesto a esa mujer…-habló de nuevo el líder, aún sobre el carruaje.

-¡Y qué lo diga, jefe! ¡Mire estas hombreras de oro! ¡Y todas estas joyas! ¡Seguro que es una noble o burguesa muy importante! –exclamó el hombre que tenía retenida a Zelda.

Su cabecilla bajó finalmente del vehículo, acercándose a Zelda y agarrándola de la barbilla, mirándola con detenimiento.

-¿Cómo te llamas, preciosa? –le preguntó descaradamente, interesado en saber su identidad.

A esto ella le contestó escupiéndole en la cara, algo que pareció no alterar demasiado a aquel hombre.

-Vaya, vaya…-se limpió la cara- Me parece que aquí tenemos a una pequeña gatita montesa a la que le gusta sacar las uñas… ¿No, chicos?

Sus secuaces se rieron junto con él, provocando a los soldados y sobre todo a Link.

-¡Guarde más respeto por la Princesa de Hyrule, sabandija! –le gritó un soldado, cometiendo un grave error.

-¡Ajá! ¡Ya lo tengo! –exclamó el líder de la banda- ¡No puedo creer que tengamos a la mismísima Princesa Zelda en nuestras manos! ¡Hoy estamos de suerte, muchachos!

Todos ellos lo festejaron, mientras los demás soldados le recriminaban al que había revelado la identidad de su soberana su acción.

-¿Quién iba a decir que sería tan fácil? –habló volviendo a acercarse a Zelda- En fin, eso significa que en tu reino ofrecerán una buena recompensa por ti. Y mientras esperamos a que eso ocurra, tendremos tiempo de divertirnos un poco cuando te llevemos a nuestro escondrijo…

No pudo seguir aguantándolo, así que Link se lanzó a por él a con una rapidez increíble para su estado. Casi logró acertar con su espada a aquel hombre, pero lamentablemente lo esquivó y lo golpeó tirándolo al suelo.

-¡Qué sorpresa! ¡¿Quién diría que te pudieses moverte así estando hecho unos zorros? ¡Ja, ja, ja! –se burló de Link, estando este en el suelo.

-¡Déjalo en paz! ¡De quién debes ocuparte es de mí! –le recordó Zelda, intentando proteger a Link.

-¡Uuuu! ¡¿Lo oís, muchachos? ¡Me parece que estos dos están bastante encariñados! ¡Qué tierno! –volvió a reírse, seguido por los suyos.

Tras ese comentario, desenvainó su propia espada y la acercó al cuello de Link, mientras pisaba fuertemente su pecho.

-Acabas de cometer un gran error, señorito…-lo amenazó molesto- Nadie se atreve a atacarme por la espalda y vive para contarlo. Despídete…

Contra todo pronóstico, cuando todos lo daban por perdido, Link hizo algo que nadie se imaginó…agarró la fina espada con los dientes y se la arrebató a su dueño, levantándose de un salto del suelo instantes después.

-¡¿Pero qué coño…? –no se lo acababa de creer- ¡¿Cómo lo ha hecho?

Link respiraba algo cansado, con la espada aún en su boca. Algunas gotas de sangre cayeron de ella, seguramente porque se habría cortado un poco con el filo del arma. Después la escupió y se puso en guardia, preparándose para luchar contra él con su propia espada.

-Me parece que has olvidado que tenemos a la chica, yo me lo pensaría antes de hacer alguna otra maniobra arriesgada…-le recordó recogiendo con cautela su espada, señalando a Zelda.

Aquel hombre que la tenía cautiva presionó la navaja contra el cuello de Zelda, haciéndole un ligero corte por donde salían algunas gotas de sangre. Eso enfureció enormemente a Link, que volvió a atacar de nuevo, esta vez con más violencia. Sorprendió a los asaltadores con esa acción, pues no sólo fue capaz de esquivar al jefe, sino golpear al que tenía presa a Zelda y liberarla, hiriéndolo y tirándolo al suelo.

-¡Atacad! ¡No dejéis a ninguno con vida! ¡Yo me encargo del muchacho y la princesa! –les ordenó furioso, dispuesto a acabar con todo de una vez.

Comenzó así una batalla entre los soldados y los bandidos, mientras Link se veía las caras con su líder. Y al mismo tiempo, Zelda tuvo tiempo de buscar en el carruaje su espada, con la que participaría también la batalla y ayudaría a Auru, también armado por seguridad.

-¿Sabes que acabas de firmar vuestra sentencia de muerte? –le contó amenazante- ¡No podrás vencerme en un combate como este! ¡Estáis todos muertos!

Sus espadas se cruzaron numerosas veces, notándose la superioridad de aquel hombre en cuanto a agilidad y velocidad. Sin embargo, para su sorpresa, pronto Link comenzó a seguirle el ritmo y arremeter contra con cada vez mayor fuerza y violencia. Ese criminal no pudo hacer nada contra él, llegando a temer por su vida. Veía en sus ojos la furia que corroía su cuerpo, haciendo que llegara a olvidar su debilidad física.

Y el trágico momento llegó, al menos para él, cuando Link consiguió acertar un tajo contra su cuerpo…

Así le siguieron varios más, que desgarraron su carne con una brutalidad terrible, aún cuando ya había perecido y se encontraba sangrando en el suelo. La pelea terminó cuando los delincuentes se dieron cuenta que su líder había muerto, con una crueldad impresionante. Eso les causó pánico, haciendo que huyeran y los dejaran tranquilos.

Los soldados lo festejaron, habían vencido sin recibir ningún daño considerable y logrando proteger a su futura reina. Aunque el mérito se lo merecía Link, que había sido el verdadero héroe de todo esto. Pero él no se sentía como tal…

Miraba horrorizado lo que había hecho, algo que normalmente no le afectaría. Aunque se había pasado un poco con ese hombre, no era motivo para que ahora estuviera tan nervioso.

En ese momento vinieron a su mente imágenes de cuando combatía en la arena, cuando despachaba a criaturas sin compasión o lástima. Recordó cuando lo obligaban a combatir, lo desesperado y asustado que estaba al hacerlo…

En ese momento volvió a bloquearse, además de que su cuerpo le recordó que no estaba en condiciones de hacer esa clase de esfuerzos. Se echó las manos a la cabeza y cayó al suelo, sufriendo otra crisis como la que había ocurrido la noche anterior con ese cochero.

Todos se acercaron rápidamente hacia él, al ver que le estaba ocurriendo algo. Zelda era la más estaba preocupada, sabía que estaba pasando por lo mismo que la noche anterior. Además, su corazón latía demasiado deprisa y respiraba agitadamente, parecía estar sufriendo un ataque al corazón. También tenía ligeros espasmos, sus músculos contraídos y los ojos muy abiertos.

Nada bueno podría salir de esto…

XOXOXOXOXOXOXO

Horas después de aquel incidente, todos estaban recuperados del susto y las heridas para entonces. Excepto uno, Link, que aunque habían logrado estabilizarlo, no quería hablar con nadie sobre lo ocurrido…

-Link… ¿Estás bien? ¿Por qué no dices nada? –le preguntó nuevamente, no le había contestado desde que subieron al vehículo.

Ella intentó tocarlo para llamar su atención, pero él se apartó ligeramente indicando que lo dejara en paz.

-Si me bloqueo al matar a alguien, sea un monstruo o un criminal, porque me hace recordar aquello…-murmuró mirando al exterior- ¿Qué va a ser de mí? ¿Cómo pude existir un guerrero que no es capaz de defenderse o defender a otros, sólo porque no puede ver un cadáver?

Eso era lo que lo tenía confuso y asustado, haber acabado con una vida, aunque fuera la de un bandido. Nunca tuvo dudas al acabar con bestias y monstruos durante sus aventuras, tampoco de alguna persona. Jamás mataría a nadie o algo sólo por diversión, sólo para defenderse a él y los otros…

¿Qué fue lo que cambió? Fueron esas malditas peleas clandestinas, que acabaron por desmoronarlo por completo. Ni él mismo pudo imaginarse el alcance que tuvo esa horrible experiencia en su cuerpo y su psicología. Ahora nadie podía ayudarlo, tan sólo podía esperar a que todo eso fuera borrado de su mente y volviera a ser él mismo…

-Si seguimos a este ritmo, mañana al mediodía aproximadamente llegaremos a Sakado. Aunque para ellos tendremos que seguir avanzando un poco más una vez que haya anochecido y levantarnos bastante temprano…-le habló Zelda- ¿Qué te parece?

Link no le contestó, dándose por vencida. Sin embargo, más tarde lo hizo y eso la tranquilizó un poco.

-Me parece bien, no quiero seguir más tiempo viajando en este chisme…-le contestó sin mirarla, observando el cielo- ¿Cómo te encuentras?

-¿A qué te refieres? –le preguntó confusa.

-A tu herida en el cuello…-siguió hablándole estando atento a otra cosa, pero preocupado por ella.

Zelda se tocó la gaza que cubría su corte, aunque no era mucho. No le gustaba que estuviera tan atento con ella, en vez de centrarse en sus propios problemas, que eran mucho más graves.

-Estoy bien, no te preocupes…-le comunicó tranquila- Quien me inquieta eres tú, lo que pasó antes no fue…

-Déjame, por favor…-le pidió cansado- Preferiría no hablar en lo que queda de día…

Auru suspiró, no había habido un día desde que comenzaron su viaje en el que no pasara lo mismo. También le dolía ver al muchacho así, si hubiera sido por él jamás hubiera venido con ellos.

Y todavía quedaba para llegar a la ciudad…

XOXOXOXOXOXOXO

Bajo el amparo de las estrellas, Link pensaba a solas como venía haciéndose costumbre todas las noches, apartado de todos. Rogaba a las Diosas que le entregasen la solución a sus problemas, no podía soportarlo. De haber sabido que le ocurrirían tantas cosas, se hubiera quedado descansando en el castillo, tranquilo. Aunque de haberlo hecho probablemente hubieran secuestrado a su amada Zelda, era lo único por lo que se sentía orgulloso…

-"¿Dándole todavía más vueltas? Deberías descansar, mañana te espera un largo día…"-le habló una voz a su espalda.

-¿Por qué ya no me sorprende encontrarme conmigo? –se preguntó así mismo- ¿Qué se supone que haces aquí?

Era el espíritu del Héroe del Tiempo, que esa noche se había vuelto a aparecer ante él, en su forma lobuna. No parecía que le importara jugar con la poca cordura que aún le quedaba a Link, apareciéndose así de repente.

-¿Por qué ahora? ¿Por qué no apareciste cuando te lo pedí en Kakariko? –le preguntó desesperado.

-"Mira hacia arriba…"-le dijo señalando con el hocico, sentado a su lado.

Link miró al cielo, pero no encontró gran cosa. Sólo nubes, oscuridad, estrellas, y la luna…

-Hay luna llena…-murmuró- ¿Es eso?

-"Exacto, ya te conté que sólo puedo hacerme visible a los ojos de los mortales cuando la luna se encuentra en esta fase…"-le recordó.

-Pues no parecía que sucediera lo mismo con la señora Impaz…-le reprochó molesto.

-"Eso es porque los Sheikah tienen esa capacidad. Tú también la tendrías si siguieras siendo una bestia como lo soy ahora…"-le explicó sereno, obviando su enfado con él.

-¡Fantástico! ¡Debe ser lo único que perdí en mi regreso a mi cuerpo hyliano, aparte del pelo y la cola! –exclamó irónico, quejándose de su transformación incompleta.

-"¿Acaso creías que Zelda y yo podríamos obrar tal milagro? ¿Devolverte íntegramente a tu forma original? Sólo pudimos curar apenas las heridas, lo suficiente para que aguantaras hasta Kakariko y posteriormente a la capital, además de devolverte tu apariencia verdadera."

-¡Pues podrías haber advertido de los efectos secundarios! ¡Me estoy volviendo loco! –se echó las manos a la cabeza, desesperado.

-"Tal vez, pero la gran mayoría de esos instintos serían inofensivos si no fueses por los daños psicológicos que traes contigo. Por culpa de eso, estás descontrolado…"

-¡Ya lo sé! ¡No necesito que me lo recuerdes! –le gritó enojado- ¡¿Y no puedes hacer nada por ayudarme?

-"No, pero te aconsejo buscar una fuente de poder sagrado más poderosa que la que usamos para salvarte la vida. Creo que sería de gran ayuda…"-le habló con cierto tono de ironía y burla muy bien camuflado.

Link se enfadó por su comentario, lo que hizo que quisiera golpear al fantasma con su puño. Como era de esperarse, al hacerlo, su brazo lo atravesó y difuminó si imagen unos instantes, como si fuese humo.

-"Contrólate, esa no es la actitud que ha de tener un héroe…"-le reprochó con seriedad y firmeza, sin moverse lo más mínimo.

-Lo siento…-se disculpó arrepentido, agarrándose la mano- No sé lo que me pasa, últimamente cualquier cosa que me digan me hace cabrearme…

-"¿Y entonces por qué no te quedaste en el castillo? Reconócelo, tanto tú como los demás que te acompañan hubieran estado mejor así."

-¿Y has aparecido sólo para eso? ¿Para recordarme algo que ya sé? –le preguntó decepcionado- Si es para eso es mejor que te marches, no te necesito…

-"Por otro lado, salvaste a Zelda de una banda de atracadores. Eso está muy bien…"-siguió hablando, haciendo caso omiso a esas palabras.

-Bueno, sí…-admitió triste- No sé lo que me pasó, estaba demasiado débil para luchar y sin embargo, cuando esos malnacidos la atraparon, yo…

-"En ese momento experimentaste algo de lo que te has olvidado con el tiempo…"-continuó su historia- "Un verdadero héroe se caracteriza por ser capaz de sacar fuerzas ocultas que residen en su interior, cuando realmente quiere proteger algo importante para él. Puede tener todos los huesos rotos, estar desangrándose hasta la muerte, sufrir todo tipo de penurias…pero conseguirá detenerlo, hasta que logre su objetivo."

-¿Y de qué me sirve? Cuando acabé con la vida de ese maldito bastardo, volví a perder el control. Nunca me había pasado…-de repente, estalló- ¡¿Cómo voy a proteger a nadie si no estoy seguro de poder enfrentarme a su agresor?

-"¿Piensas que tu único cometido es salvar al mundo o a una persona utilizando únicamente tu espada?" –le preguntó relajado, mirando a las estrellas.

-¿Cómo? ¿Por qué me preguntas eso? ¡Pero sí está muy claro! –para él estaba muy clara la respuesta, no entendía por qué le decía eso.

-"¿Por qué denegaste la propuesta del General Russell de entrar en el ejército y ser su sucesor en un futuro?" –le siguió preguntando, sin escucharle.

-¿Eh? Pues…

-XOXOX-

"General Russell...no puedo aceptar su propuesta. Siento gran admiración por vuestra labor con el reino, pero aún así no puedo aceptar. Si alguna vez Hyrule volviera a estar en peligro, yo sería el primero en acudir a salvarlo. Pero el resto del tiempo, prefiero ser un ciudadano normal, y ayudar a quién lo necesite. Quiero ayudar a la gente porque siento que debo hacerlo, no sólo porque mi profesión me obligue a hacerlo. También quiero que la gente me vea como a alguien a quién acudir cuando hay problemas, sin ningún tipo de condicionamiento, no quiero que se me vea como una figura de la autoridad y la ley, podría intimidar a algunos. Y la razón más importante...me gusta ser un hombre libre. Tendría que acatar demasiadas órdenes, a veces sin poder cuestionarlas, y no creo que siempre pudiera hacerlo, no al menos sin sentirme algo frustrado, y sólo podría aceptar órdenes de personas de mi confianza. Es por eso, y algunas razones más, por las que no puedo aceptar entrar en el ejército."

-XOXOX-

-Básicamente, es porque no sería capaz de cumplir una orden sin cuestionarla primero y porque me gusta ser libre. ¿Hay algo malo en eso? –no entendía a qué quería llegar.

-"¿Y según tú, cuál es la diferencia entre un guerrero y un soldado?" –volvió a plantearle otra pregunta.

-¡¿Por qué me lo preguntas? ¡No hay ninguna! ¡Son sinónimos! –exclamó algo cansado de tantas preguntas, en apariencia, sin sentido.

Aquel espíritu se rió por lo bajo, apenas unas carcajadas que se confundirían con una tos seca.

-¿Qué he dicho que es tan gracioso? –le preguntó ciertamente molesto, parecía que se estaba riendo de él.

-"Nada, tan sólo que acabas de ofendernos a los dos…"-le dijo animado- "Cuando estaba vivo, aprendí algo que se me ha quedado grabado a fuego en mi memoria…no existen los sinónimos, como tú los llamas, cada palabra encaja en una determinada circunstancia o situación. Y sobre todo, un soldado y un guerrero no se parecen en nada…"

-¿Y esa conclusión la sacaste tú solo? Pues permíteme decirte que estás muy…

-"¿Equivocado? Me parece que ese eres tú, no yo. Esta noche estás muy centrado en ti mismo, demuestras una soberbia incorregible…"-le advirtió molesto- "Si continuas así, probablemente acabe dejándote aquí solo, para que resuelvas tú mismo tus problemas, listillo…"

-¡Vale, de acuerdo! Continua, por favor…-se disculpó, como haría un aprendiz con su maestro.

-"Y contestando a tu pregunta de antes…"-retomó la conversación- "No, en realidad lo aprendí de Zelda, su reencarnación pasada. Como princesa que era, debía cultivar su vocabulario y su dicción, para ser una buena oradora. Te vendría bien recibir clases de tu querida princesa, probablemente aprenderías muchas cosas si lo hicieras…"

-¿Podrías decirme de una vez cuál es la diferencia entre un guerrero y un soldado? –le pidió algo impaciente, deseando que no se fuera por las ramas.

-"La diferencia radica en que un soldado será siempre el primero en ofrecerse para iniciar o continuar una guerra…"-comenzó su explicación- "Mientras tanto, un guerrero será el primero que se ofrezca, para finalizarla…"

-¿Qué? ¡Pero si eso no tiene ningún sentido! –exclamó decepcionado.

-"El único cometido que ha tenido siempre un soldado, es para luchar. La guerra es su modo de vida, cuando hay paz no está cumpliendo su función, es sólo carne de cañón…"-continuó, callando a Link- "No es capaz de actuar por sí mismo, nació para recibir órdenes. Es por eso que encuentro un poco contradictorio el término "inteligencia militar", pues nadie realmente inteligente, acataría una orden aún sabiendo que no es lo más adecuado. ¿Habrían guerras, si todos los soldados del mundo se negasen participar en ellas? Además, pertenecen a una de las profesiones menos racionales que existen, son demasiado pasionales…"

-¿Pasional? ¿Un militar? –no entendía esa definición- ¿No te estarás confundiendo?

-"En absoluto, algunos son capaces de experimentar un amor tan profundo por su patria o señor, que llega a nublarles la vista por completo. Por algo dicen que el amor es ciego, lo cual hace que sea muy peligroso, si se convierte en un amor platónico…"

-¿Acaso nunca sentiste lealtad por Hyrule? –le preguntó muy sorprendido e impactado.

-"Depende de lo que crees que es Hyrule o de lo que vale…"-siguió hablándole con ese aire de misterio- "Nuestro reino, en esencia, no es más que la tierra que tenemos a nuestros pies, aunque ahora estemos en Calatia. Da igual que los hombres se hayan empeñado en dibujar fronteras en los mapas y separar a sus gentes manteniéndolos con una identidad común y propia, con la excusa de poder atacar a los otros cuando lo crean oportuno. ¿Cuántas vidas cuesta un simple trozo de tierra y la arrogancia de una nación? Lamentablemente, muchas, demasiadas a lo largo de la historia…"

-¿Qué es entonces Hyrule? –quería saber más, ahora empezaba a interesarle la conversación.

-"Son las personas, todas aquellas criaturas a las que su único deseo es vivir en paz y armonía. Todos los que nacieron o decidieron vivir en ese territorio, tienen derecho a ello. Las Diosas crearon este mundo para que tuviéramos un lugar donde vivir, no para que peleáramos por codicia y odio a los que no fueran como nosotros, creyéndonos dueños de las vidas ajenas y de todas sus posiciones. Según las leyendas, Hyrule fue el lugar donde las Diosas descendieron de los cielos, desde donde extendieron su creación hasta el infinito. Por eso, somos muy afortunados por haber nacido en la sagrada tierra de Hyrule, por lo cual debemos defender a sus gentes y a toda la naturaleza que reside en ella. Pero no debemos pasarnos, pues debemos recordar que no somos los únicos en este mundo, toda la creación es suya y debemos cuidarla y respetarla en igual medida."

-Hablas como si fueras un sacerdote…-le alabó animado, sonriendo un poco.

-"Gracias…"-asintió agradecido- "Durante todos estos siglos, he obtenido una gran sabiduría y me gusta reflexionar sobre nuestro mundo, es lo único que puedo hacer estando muerto."

-¿Y qué significa ser un guerrero? –le preguntó recordándole que aún no se lo había explicado.

-"Un guerrero, en cambio, es un amante de la paz. Aparece cuando se le necesita, y cuando finaliza su misión, desaparece. Aunque suene contradictorio, lucha para restablecer la paz. En realidad, odia luchar, y lo que le gustaría es poder pasar el resto de sus días sin tener que desenvainar su espada, viviendo en armonía con los suyos. Es ajeno a cualquier institución, únicamente sigue a su corazón y trabaja con su mente. Sólo es leal a una causa mayor, jamás servirá a los intereses de una nación o señor particular. Para él, el fin jamás justificará los medios, llegando a un grado de grandeza superior. E incluso, perdonará a su enemigo…"

-¡¿Perdonar a un enemigo? ¡¿Tú hubieras perdonado a Ganondorf después de todo lo que hizo? ¡¿Eh? –le gritó enojado, recordándolo a él y a Zant- ¡¿Y qué me dices de Ingo, Valtimore o aquellos bandidos? ¡¿Por qué tendría que perdonarlos?

-"Pues aunque te resulte difícil de creer, hace tiempo que yo perdoné a mis enemigos, incluido Ganondorf…"-le contestó serio, diciéndolo con mucha convicción.

-¿Pe-pero cómo…? –no entendía nada- Debes estar mintiendo, eso es imposible…

-"Hay muchas y valiosas razones por las que deberías hacerlo, principalmente porque eso te hará estar en paz contigo mismo…"-le explicó- "Por ejemplo, acabarías olvidando a Ingo, si dejaras de mantener ese miedo y odio en tu corazón. Y respecto a los otros, la prueba de que algo va mal en tu interior, es cuando te bloqueaste al asesinar a ese delincuente. Su muerte te recordó las veces que tuviste que matar para sobrevivir, pero aunque tus rivales intentaran matarte, tú nunca quisiste hacerlo. Es por ello que te arrepientes de muchas de las cosas que hiciste, por no ser capaz de perdonar a tu mayor enemigo, tú mismo…"

-Ya, si tú lo dices…-aún no estaba convencido.

-"Además, recuerda que sin un gran antagonista, los héroes como nosotros no resplandeceríamos…"-siguió contándole- "A mayor luz, mayor es la sombra que proyecta… ¿Nunca lo has oído? Todo tiene su contrario, el bien y el mal no son menos. Incluso, estos dos conceptos son muy relativos a cada criatura. Lo que es bueno para uno, puede ser malo para otro, por lo que la tarea de un héroe es conseguir el mayor bien para todos. Y aunque los demonios y otros seres perversos se empeñen en demostrar su poderío, el equilibro radica en que haya una igualada entre la luz y las tinieblas. Es una lucha eterna, pero vital para mantener a nuestro mundo en movimiento. Y así, se puede aprender mucho de los malos actos cometidos por otras personas o por nosotros mismos…"

-¿Y qué hago? ¿Hacer como si nunca hubiese ocurrido nada? Lo que tú dices resulta muy difícil de realizar…-le comentó decaído.

-"Si aquellos que te hicieron daño ya recibieron su justo castigo… ¿Por qué sigues torturándote con ello? Tú serás el único perjudicado, además arrastrar inconscientemente a otras gentes inocentes contigo." –de pronto, cambió de asunto- "¿Qué pasaría si todas las naciones olvidaran sus rencores con las otras y se dieran la mano? Enemigos que se reconcilian, que perdonan sus actos pasados… ¿No sería estupendo?" –le habló con sentimiento y un tanto emocionado, mirando al cielo.

-Eso que dices es muy utópico…-le recordó la cruda realidad- Pero sí, estaría bien.

-"¿Lo ves? Tan sólo está en nosotros hacer realidad esa fantasía, pero si uno no empieza consigo mismo…"-hubo un silencio- "¿Lo comprendes?"

-Bueno…-miró al cielo estrellado- ¡Tienes razón, lo intentaré! ¡Aunque me llevará tiempo!

Ambos se quedaron en silencio, admirando el bello paisaje nocturno, con una tranquilidad y sosiego indescriptibles.

-Te doy las gracias, ahora estoy mucho más tranquilo…-le agradeció mientras respiraba profundamente, disfrutando de la brisa- De no ser por ti, ahora le estaría dando vueltas a todas esas cosas.

-"Bueno, no me les des todavía…"-no pareció estar de acuerdo con él- "Aún nos queda un asunto más que tratar…"

-¿A cuál te refieres? –él no recordaba que le quedara algún asunto pendiente por discutir.

-"¿Recuerdas que hablé sobre el amor platónico? Adivínalo entonces…"-no lo dio más detalles, era suficiente para entenderlo.

-Oh, no…-suspiró, le encantaba meterse en su vida- ¿Otra vez volveremos a hablar de eso?

-"Nunca hemos dejado de hablar de ella, pues aunque no te hayas dado cuenta, ha sido el tema central de toda nuestra conversación…"-le reveló incomodándolo- "Es más, todo lo que te ha ocurrido o has sentido, está relacionado con ella directa o indirectamente."

-¿Y qué harás tú? ¿Darme consejos amorosos? ¡No me hagas reír, por favor! –le pidió molesto, estaba cansado de hablar con él del mismo tema.

-"Bueno, por lo menos yo me atreví a decírselo…"-le recordó ofendido- "¿Tú que has hecho hasta ahora?"

-Nuestras circunstancias no son las mismas, tú te criaste con ella y casi logras formar parte de la Familia Real. Yo, en cambio…-suspiró- Ella ya tiene planes, en los que no entro yo. Sea por un lado o por otro, acabaré desapareciendo de su vida. ¿Por qué debería arriesgarme a decírselo, cuando conozco el resultado de antemano?

-"¿Y no se te ha pasado por la cabeza, que ella podría tener la misma duda respecto a ti?"

-¿Cómo? ¡Eso es imposible! –se negaba a creerlo- ¿Por qué podría estar interesada en mí?

-"¿Y por qué se arriesgó a buscarte a ese infecto lugar? ¿Por qué ha estado constantemente pendiente de ti desde que volviste a ser un hombre? ¿Por qué no quiere que sigas trabajando para ella, redactando un escrito que te otorga numerosos privilegios de por vida? ¿Por qué…?"

-¡Ya basta, lo he entendido! –le gritó para que parara- ¡Pero no tiene ningún sentido!

-"Eres tú quien se niega a creerlo, pero yo no soy nadie para obligarte a hacerlo. Es cosa tuya…"-le habló como si buscara enojarlo y así le contestara lo que quería oír.

-Mira…-lo había conseguido, estaba molesto- Tú ya tuviste tu oportunidad, ahora es decisión mía si hacerlo o no. Preferiría que dejaras de molestarme con este tema, porque siempre acabamos en un punto muerto. No deberías…

Y así empezó lo que para él parecía ser un monólogo por la poca atención que le estaba prestan aquel espectro, en el cual defendía su posición ser libre de elegir lo que quería hacer y que sus asuntos con Zelda sólo le involucraban a él. Después de unos minutos, comenzó a impacientarse por el hecho de que no había estado escuchándolo, sólo miraba a un punto fijo tras de sí, permaneciendo callado.

-¡¿Me estás escuchando? –le gritó intentando llamar su atención, se sentía ofendido.

-"Deberías mirar a tu espalda…"-sólo dijo eso, sin dejar de observar aquello que lo tenía tan intrigado.

Link miró sin muchos ánimos hacia atrás, cansado de las excentricidades de ese fantasma…su ánimo cambió radicalmente.

Allí estaba ella, no sabía desde cuándo. Lo miraba algo intimidada, dudaba si era por oírlo hablar aparentemente solo o porque escuchó lo que estaba diciendo.

-"No te preocupes, ella no puede verme…"-comentó el espíritu en medio de esa situación.

-¡Genial! ¡Ahora sólo me tomará por loco! ¡Muchas gracias! –le murmuró entre dientes, con gran ironía y nerviosismo- ¿Y me ha escuchado decir todo eso?

-"Esperemos que no…"-contestó vagamente, como si no importara.

Mientras, Zelda seguía ahí de pie, en silencio. Hasta que finalmente, pudo hablar…

-Link…-se lo tomó con calma- No es por asustarte, pero creo que tienes un gran problema…

Ella se acercó lentamente hacia él, este sudando muy nervioso. Se sentó junto a él, al lado contrario de donde estaba ubicado su espíritu guardián. Pensó que ella creería que estaba loco, pero en vez de decirle nada sobre eso, simplemente se puso a observar el cielo nocturno.

-Es una agradable noche…-comentó disfrutando de la brisa- Creo que se ha hecho costumbre estas pequeñas reuniones nocturnas… ¿No te lo parece a ti? ¿Me seguirás teniendo en vela durante el resto del viaje? –le dijo aparentando estar bastante animada, mostrándole una ligera sonrisa.

-Eh…-no tenía argumentos- Perdóname entonces por todo esto, no deberías estar levantada a estas horas. Sé que te he robado horas de sueños a lo largo de estos días y…

-No importa, es elección mía hacerlo…-le negó con la cabeza- Además, por las noches el ambiente está más tranquilo y puedo pararme a contemplar todo esto.

Durante un momento, estuvieron en silencio, Link no sabía que se le estaría pasando por la cabeza a ella en estos momentos. Y para colmo, el fantasma no dejaba de incordiar.

-"No deberíais deteneros, ahora que las cosas iban bien…"-le aconsejó, esperando a que retomaran su conversación.

-Mañana llegaremos a Sakado…-rompió su silencio- ¿No estás interesado en lo que te aguarda tras la murallas de esa ciudadela?

-Parece que la que está más emocionada con la idea eres tú, Zelda…-le sonrió- ¿Has estado allí antes?

-Sí, fue hace muchos años, cuando aún era una niña…-suspiró- Pero te gustará, de eso estoy segura. Y quién sabe, si te portas bien, tal vez te enseñe algunos lugares interesantes…-le comentó con cierta picardía.

-Lo que me intriga saber realmente, es qué es esa sorpresa que dices tenerme preparada en esa ciudad…-le contestó de igual manera.

-¡Ah, te aguantas! –lo picó un poco- ¡Y ya te dije que no es seguro que pueda dártela! Depende factores que están fuera de mi alcance…

-Bueno, como quieras…-no le dio importancia- ¡De todos modos, acabaré encontrando la manera de entretenerme! ¡Ja, ja, ja!

-Se te nota muy animado, eso me tranquiliza…-dijo aliviada- ¿Es que hablar solo te ayuda a aclarar las ideas?

-¿Eh? Bueno…-estaba avergonzado, no podía decir nada al respecto- ¿Acaso es algo malo?

-¡No, en absoluto! –exclamó- ¡Y tampoco soy la persona más adecuada para juzgarte!

-¿Y eso? ¿Tú también hablas a solas? –le preguntó sorprendido e interesado.

-Más bien, solía hacerlo, ahora no tanto…-le confesó- Digamos que un momento dado apareció un "hombrecillo de verde" que no paraba de hablar, así que acabé siguiéndole la corriente…-se burló un poco, agarrándole su sombrero.

-¿Entonces somos un par de locos, no es cierto? –le dijo siguiéndole el juego, recuperando su preciada prenda.

-¡Es triste, pero es cierto! ¡Pero debo admitir que tú me ganas con diferencia! ¡Te encontré debido a que oía murmullos en la distancia! ¿Qué dices a eso? –siguió bromeando.

-¡Oh, me halaga, majestad! ¡Usted es la princesa de Hyrule y yo el príncipe de los lunáticos que hablan solos! ¡La alianza de nuestras naciones sería muy beneficiosa para ambos! –continuó aquel teatro, haciéndole una reverencia.

Ambos se rieron, era la primera vez que se hacían bromas de ese tipo, habían llegado a un punto elevado de confianza entre ellos dos. Después de eso, se relajaron de nuevo y contemplaron nuevamente el paisaje, con la luna como reina en los cielos.

-"Buen comienzo, me ha gustado…"-habló nuevamente el espíritu- "¿Qué vendrá ahora?"

-Link…-murmuró en un suspiro, algo triste.

-¿Uhm? –no entendía ese cambio de humor.

-Ya he comprobado que te encuentras bien, así que será mejor que me vaya a dormir…-se levantó, sin nada más que decirle- ¿Te quedarás aquí un rato más?

-Eh…-ahora no podía irse, deseaba que se quedara con él- ¿Y no podrías quedarte aquí conmigo? Podríamos charlar un rato más, bromear o lo que tú quieras…

-¿Cómo? –le impactó aquella propuesta, pero no sabía qué hacer- Lo siento, no puedo…

Ella comenzó a caminar, mientras Link se quedaba parado sin hacer nada. Y entre tanto, aquel fantasma estaba sobresaltado.

-"¡¿Qué hacéis? ¡No podéis dejar las cosas así! ¡¿En qué estáis pensando?"-ladraba constantemente, esperando ser escuchado.

-Cállate de una vez, por favor…-le pidió por lo bajo, tenía suficiente para que encima él estuviera quejándose.

-¿Decías algo? –le preguntó Zelda de espaldas, parándose.

-No nada…-no podía hablar- Buenas noches…

-Buenas noches…-le respondió igualmente, con cierta frialdad.

Con ella se marchó, Link se quedó sentado, lamentándose por lo que había sucedido y por su desgraciada situación. Aquel espíritu sólo suspiró…

-"¿Para qué me molesto…?"-fueron sus últimas palabras, antes de que una ráfaga de viento se llevara su cuerpo etéreo.

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Destino a la vista! ¡Estamos a pocos kilómetros de Sakado! –clamó uno de los soldados, mirando a través de un catalejo.

Se encontraban sobre un relieve elevado, por el cual les llevaría tiempo descender y llegar a la llanura donde se asentaba la colonia, junto al mar. Todos estaban impacientes, ya podían captar incluso el olor de la fresca brisa marina.

Tanto Link como Zelda tenían asuntos que atender en esa ciudad…

¿Qué será lo próximo que les espera?

Continuará…

XOXOXOXOXOXOXO

Nota de Alfax: Después de mucho tiempo de espera y mucho trabajo por mi parte, al fin llega este nuevo capítulo. Sé que muchos estáis deseando que continúe con los capítulos, pero es época de exámenes y dudo poder publicar a partir de Junio. ¡Pero no es desaniméis! ¡Intentaré seguir actualizado los demás fics antes de este mes!

¡En fin! ¡Comenten y sigan leyendo! ¡Hasta pronto!