Capítulo 88: El conmovedor juramento en nombre de la hermandad.
La batalla que los santos divinos del zodíaco sostenían contra los titanes se había modificado drásticamente. Las muertes de Febe, Rea y Mnemósine habían torcido la contienda a favor de los santos fantasmas.
Febe había caído a manos de Aioria de Leo y Aioros de Sagitario, tras un duro combate.
Rea murió a manos de su compañero, el titán Críos, quien había sido manipulado con el satán imperial de Saga de Géminis, que junto con Shaka de Virgo llegaron a los Mares Olímpicos, los territorios olímpicos del caído Poseidón.
Mnemósine fue derrotada por la acción conjunta de Mu de Aries y Dohko de Libra, en lo que fue un complejo enfrentamiento para el dúo ateniense, quienes fueron ayudados por las manifestaciones espirituales de Shion y Atenea, tras perder sus memorias, producto de una amnesia retrógrada. Gracias a ello recuperaron sus recuerdos después de recibir los terribles poderes de la titánide de la memoria.
El desenlace de la terrible batalla contra los titanes se aproxima…
Monte Olimpo.
Mares Olímpicos.
Cerca de la cúspide de la montaña de los dioses se alzaba un maravilloso océano, sus aguas eran trasparentes y puras. En aquel esplendoroso sitio se encontraban Saga y Shaka, que levitaban con las alas de sus armaduras divinas de Géminis y Virgo.
Tras sentir el cosmos de Críos acercarse, los santos ya habían pergeñado un plan estratégico para combatirlo.
—Ven Críos… —susurra Saga mientras sus largos cabellos son revoloteados por el viento.
Playa del Olimpo.
El titán Críos llega a la playa de los Mares Olímpicos, la hermosa arena blanca se hundía con los pesados pies del gigante. Estaba muy ofuscado por haber sido engañado por el satán imperial y clamaba venganza. Continuó caminando y en ese momento comenzó a sentir que la luz se mezclaba con la oscuridad en lo que parecía ser una poderosa manifestación del ying y el yang.
—¡Este cosmos! Es aquel maldito…
Repentinamente el titán pudo sentir la presencia de algo aproximarse, caminaba de forma aparatosa, como si no fuera humano. Se trataba de la armadura divina de Géminis que vestía a lo que parecía ser un fantasma, su rostro no podía verse.
—¡Eres tú, Junini! —el titán gritó y embistió contra su enemigo enfurecido, propinándole un gran golpe que entró en una nebulosa de planetas extraños, su puño comenzó a ser rodeado por una espiral cósmica, en ese momento el gigante encendió su cosmos y de sus ojos salieron estrellas incandescentes multicolores.
Mares Olímpicos.
Saga de Géminis es golpeado por un gran cúmulo de estrellas en su pecho y cae al océano de forma inevitable, Shaka de Virgo observa la escena comprendiendo lo sucedido, mostrando su imperturbable carácter.
—Críos atacó a través de las dimensiones abiertas por Saga… —reflexiona en silencio. —Es el titán de las estrellas después de todo, lo hemos subestimado…
Repentinamente se escuchó el revolotear de las aguas y emergiendo de ellas apareció el griego, podía verse que el peto de su armadura divina de Géminis estaba agrietado.
Nube de Oort.
Aioria de Leo y Aioros de Sagitario ya se habían recuperado de su victorioso combate con Febe, pero en ese momento se iluminó repentinamente el oscuro territorio olímpico con una luz blanca, que emanaba un calor símil al sol. Se trataba de aquel titán que los había vencido sin dificultad, Hyperión.
—¡Humanos descarados! Han acabado con Febe, pagarán por esa osadía…
—¡Febe nos subestimó! —bramó Aioria. —Como lo haces tú ahora… ¡lucharemos por Atenea hasta el final!
—¡Vamos Hyperión, esta vez te venceremos! —espetó Aioros.
El titán encendió su cosmos sin hacer ningún movimiento en particular, todo el ambiente fue cubierto por lo que parecía un gran universo, lleno de estrellas que titilaban con gran intensidad, repentinamente estas comienzan a brillar con mayor potencia, haciendo que todo la Nube de Oort arda en un descomunal fulgor de fuego astral.
Aioria y Aioros dan un gran salto e impulsados por sus alas emprenden vuelo y bajan repentinamente, evitando el terrible ataque del enemigo y atacando al unísono.
—¡RAYO ATOMICO!
—¡PLASMA RELAMPAGO!
Una inaudita cantidad de relámpagos que formaban un espiral de plasma y fulminantes rayos dorados, cuan destellantes meteoros dorados que irradiaban electricidad, fueron atacando juntos, creando una bestial explosión, el titán se cubre extendiendo sus enormes brazos hacia adelante, pero la potencia del ataque era demoledora.
Finalmente Hyperión cae al suelo con grandes rasgaduras en su soma. Pero sin perder el tiempo se pone de pie, dispuesto a terminar con la contienda de inmediato. El impacto del golpe lo había enfurecido, había tocado su orgullo, por primera vez era herido por unos humanos.
—¡Hyperión! Ya hemos visto tus habilidades… ¡un ataque que ya fue visto por un santo no sirve nuevamente! —exclama Aioros. —¡Afronta tus últimos momentos de vida!
—¡Idiota! ¡Cómo te atreves a decir semejantes estupideces, no has visto el verdadero alcance de mi poder…! —contestó un iracundo Hyperión.
Inmediatamente todo el ambiente fue cubierto nuevamente por un gran universo, cubierto por estrellas que titilaban con gran luminiscencia, repentinamente los astros comienzan a brillar con una mayor potencia que antes, haciendo que todo el campo de batalla arda en un magnífico fulgor de fuego astral de inconmensurable magnitud.
Aioria y Aioros dan un gran salto para evitar el ataque como lo hicieran en la anterior oportunidad, pero esta vez el fuego astral surgía de sus propios cuerpos, lo que produjo que cayeran a uno de los asteroides del campo de batalla con gran dureza, las pieles de los atenienses tenían grandes quemaduras.
—Ahora se han esfumado sus esperanzas, debo ir por los otros cuatro que todavía se encuentran vivos…
—Espera… —bramó entrecortado Aioros, quien se reincorporaba con grandes dificultades. —No perderemos las esperanzas…
—¿Cómo puede ser que todavía se ponga en pie? ¡Estos humanos se aferran a la esperanza con todo su ser, aún con esas terribles heridas! ¡Debo matarlos antes de que sea demasiado tarde!
—Estás destinados a perder… —susurra Aioros. —¿Lo comprendes Hyperión? La esperanza ha sido liberada…
—¡La esperanza! —dice el titán meditando sobre las palabras de Sagitario. —Si es verdad que la esperanza ha sido liberada, entonces nuestra venganza está asegurada. Puesto que hemos estado esperándola con ímpetu y fe, entonces ahora por fin se está realizando.
—Triunfará entonces quién más se aferre a la esperanza de lograr sus objetivos… —contesta Aioros mientras escupe sangre.
—Hermano Aioros… —susurra el león divino al tiempo que se pone de pie. —Tienes razón, estamos vivos gracias al valioso sacrificio de Shun, alguien al que nunca le gustó la violencia dio su vida para que salvemos al mundo…
—Andrómeda, tú le has dado una nueva oportunidad al mundo con tu gran corazón…por eso… ¡seremos la luz que baña de esperanza de la humanidad! —exclama Aioros sacando la flecha de Sagitario y tensando la cuerda.
—¡Esa flecha solo causará tu muerte! —expresó Hyperión con confianza. —Sé cómo manipularla, te lo advierto, el tuyo será un sacrificio en vano…
Aioros no respondió y encendió su cosmos, apuntando con su flecha divina, luego la lanzó contra el titán, en su trayecto la flecha era seguida por una tiara de luz esplendorosa.
En el momento que estaba a punto de dar alcance en el objetivo, Hyperión abrió la palma de su mano y la flecha divina de Sagitario regresó de forma vertiginosa, directo a Aioros, listo para darle una muerte segura, pero repentinamente antes de tocar su corazón Aioria se interpone en la trayectoria, recibiendo la flecha mortal en su corazón, en lugar de su hermano, salvándole la vida.
—¡Aioria! ¡¿Qué has hecho?! —gritó Aioros sumido en la desesperación.
—Hermano… —murmura Aioria con la voz temblorosa y lágrimas en sus ojos. —No quiero verte morir sin hacer nada…otra vez no, gracias a tu sacrificio Atenea pudo ser salvada, estoy muy orgulloso de ti hermano…
—¡Hermano! Eres un formidable santo de Atenea, defiendes los ideales del verdadero santo, luchas por proteger el amor y la justicia… —manifestó Aioros con gruesas lágrimas.
—Debes vencer a Hyperión… —susurró Aioria en el preciso momento en que sus ojos se cerraron.
—¡Aioria! —gritó Aioros conmovido. —¡Hyperión, te venceré, es una juramento que haré en nombre de mi valiente hermano, Aioria de Leo!
—¿Crees que puedes vencerme solo porque estás conmovido? Es natural…ustedes son seres muy sentimentales, pero ninguna motivación les dará la victoria en contra mía.
—¡Elévate cosmos al infinito! ¡IMPULSO DE LA LUZ DE QUIRÓN!
El santo divino de Sagitario junta sus alas frente a su cuerpo, así como sus brazos frente a su pecho, repentinamente abre los brazos a los costados de forma violenta y sus alas se abren, provocando una tremenda ventisca que se combina con su cosmos para generar un tifón de luz dorada, que arremetía en forma directa contra el titán.
La terrible ventisca dorada pasaba a los costados de la deidad, sin dañarlo.
—¡¿Cómo puede ser posible que no lo afecte semejante ataque?! ¡Al igual que contra Apolo, esta técnica no funcionó! —espetó Aioros con desazón.
—¡Tu técnica de luz no puede dañar a las deidades que representan el brillo de los fotones! —responde le titán con una sonrisa.
La ventisca dorada que había pasado a través del cuerpo de Hyperión se fue arremolinando a su espalda, Aioros miraba perplejo la escena.
El titán señaló con su dedo índice al griego y la ventisca arremetió contra su ejecutante, que cayó con dureza contra el suelo, la sangre se derramaba sin cesar.
No obstante las terribles heridas, Aioros vuelve a ponerse de pie, esta vez con mayores dificultades.
—¡Es asombroso tu tenacidad humano! Pero cualquier cosa que hagas es inservible, puesto que te has cruzado con el enemigo equivocado…
—Nuestros esfuerzos no serán en vano…todavía tengo un as en la manga, una última técnica…muere Hyperión… ¡INTÉRVALO INFINITO!
Aioros de Sagitario mueve sus manos en círculo al tiempo que su cosmos se intensifica, repentinamente mueve sus manos al frente, emergiendo de ellas poderosas flechas de luz, las cuales alcanzaban un calor tremendo, pero el titán enciende su cosmos y absorbe por completo la técnica, sin siquiera inmutarse, saliendo totalmente ileso.
El humano termina atónito, con una mirada de total decepción.
—¡Debes aceptar tu destino! ¡Ya no tienes nada que hacer! —exclama Hyperión, al tiempo que se abalanza contra su enemigo y le propicia un duro golpe en el mentón, Sagitario cae de forma aparatosa contra el suelo.
—No debo morir así, desperdiciaría el sacrificio de mi hermano Aioria… —musita Aioros moviendo su mano derecha lentamente para reaccionar.
Mares Olímpicos.
Críos aparece frente a Saga y Shaka, caminaba en el aire como si hubiera un firme piso, los santos divinos desplegaban sus alas, listos para entablar combate contra el titán de las estrellas.
—¡TESORO DEL CIELO!
El titán se abalanza contra Shaka de Virgo, demostrando que el tesoro del cielo no podía contenerlo. El santo de la virgen había abierto sus ojos y nombraba los sentidos que le iba quitando al titán uno a uno, pero nada detenía su cósmica carrera.
De repente Shaka advierte que estaba inmovilizado, atrapado en una fuerza gravitacional gigantesca y sintió como enormes estrellas arremetían contra su cuerpo, rápidamente comenzó a sangrar por doquier, mientras su armadura divina recibía enormes daños, siendo destruida una hombrera y una pierna de la coraza divina.
—¡EXPLOSION DE GALAXIAS!
Saga de Géminis junto sus manos frente a su pecho y de entre sus palmas generó una irresistible explosión en cadena, que luego soltó contra su adversario, liberando enormes planetas incandescentes, dispuestos a destruirse en una colisión kamikaze contra el titán.
En ese momento la composición de los planetas cambia repentinamente, generando ardientes estrellas que cambiaron la dirección de su vuelo, colapsando sobre el santo de Géminis, quién perdió gran parte de su armadura divina, en una devastadora explosión, de la cual no pudo escapar, ni siquiera con la otra dimensión.
El titán toma del cuello a sus dos enemigos, cada uno en una mano, los mantiene levantados a la altura de su rostro, en ese momento ambos santos divinos apuntan contra la frente de Críos, lo cual enfurece a la deidad, que estrangula con fuerza sus cuellos, quebrándolos, hasta extirpar las cabezas de sus cuerpos, la sangre de los atenienses manchan las manos de su opresor y continúa saliendo con gran presión desde que éste suelta los cadáveres.
Cuando Críos decide emprender la retirada se da cuenta de que el mar se ha tornado rojo como la sangre y sus sentidos lo abandonan uno a uno, incluyendo el séptimo, octavo y noveno sentido, de repente no puede percibir nada.
Saga y Shaka se encuentran lastimados, pero con sus cabezas en sus correspondientes lugares.
El dúo ateniense ha conseguido engañar a su enemigo en el momento que apuntaron a su frente, causándole una gran ilusión y quitándole todos sus sentidos.
Shaka de Virgo se acerca al inerte cuerpo del titán mientras levitaba y golpea fuertemente con su palma abierta la frente del mismo, su cerebro repentinamente comienza a colapsar, producto de sus daños mentales y del letal golpe recibido, finalmente su cráneo estalla en pedazos y su cuerpo cae en la profundidad del mar olímpico.
Nube de Oort.
Las heridas de Aioros eran cada vez más graves, le costaba mucho mantener la cordura, su visión se nublaba, pero intentaba reincorporarse con gran dificultad. Hyperión miraba con dureza a su enemigo, al tiempo que pudo sentir como el cosmos de Críos desaparecía repentinamente.
—¡No puede ser…Críos, tú también has muerto! ¿Qué es lo que está pasando con ustedes hermanos?
—Lo que sucede es que el mal nunca triunfa… —susurra un tambaleante Aioros. —No importa el poder que alberguen los seres malignos… ¡el bien siempre triunfará!
—¡Silencio, los seres malignos son ustedes que han contaminado el mundo con toda su corrupción! —exclamó un ofuscado titán.
—Deja de decir sandeces… —responde el santo divino intentando atacar, pero sintió repentinamente el dolor de sus graves heridas, que lo hace encorvarse. —Mis heridas…
—Tu vida pende de un hilo, te mataré para que puedas reunirte con tu hermano en el más allá…a pesar de que sean enemigos valoro su fuerte hermandad… ¡pero ustedes los humanos están muy equivocados! —dijo Hyperión al tiempo que extendió su mano para atacar, pero en ese momento pudo sentir como alguien lo sujetó de su espalda fuertemente. —¡¿Tú?! ¡Qué demonios haces!
—¡Aioros, hermano, te daré la posibilidad de acabar con él! —exclamó Aioria, que sujetaba con sus dos brazos a Hyperión, a pesar de que la sangre caía a borbotones de su corazón, Aioros miraba anonadado. —¡Vamos Aioros, hazlo de inmediato, dispara la flecha de Sagitario!
—¡Estás vivo Aioria! ¡Espera, no puedo matarte!
—¡Tienes que hacerlo, de todas maneras moriré… solo quiero darte la posibilidad de vencer a este demonio! —expresa Aioria mientras comenzó a sentir el cosmos de Hyperión, que le quemaba el cuerpo, incinerando la armadura divina de Leo poco a poco. —¡Vamos hermano hazlo antes de que muera en vano!
—¡Suéltame maldito! —manifestó Hyperión encendiendo su cosmos, la armadura de Leo pronto se desintegró.
—¡Perdona Aioria, tú eres un verdadero santo que lucha por la justicia!
Aioros se despojó de sus dudas y sacó el arco divino de Sagitario, lanzando finalmente la flecha, la cual marchó superando largamente la velocidad de la luz, atravesando en el mismo acto el corazón de Hyperión y Aioria, dando muerte inmediata al titán y al humano.
La tristeza más profunda invadía al Sagitario divino, que estaba agachado, con sus ojos cerrados y las lágrimas que caían por su mejilla. Se trataba de una gran pena que solo podía alivianarse con la victoria de Atenea, el sacrificio de Aioria no podía ser en vano.
Tras tomar fuerzas nuevamente, Aioros dio un salto que lo proyectó en una luz dorada, con rumbo al templo de Júpiter, el último de los doce templos olímpicos, donde se encuentra el rey de los dioses, congelado en el tiempo.
La Bóveda Celeste.
Un descomunal paisaje de nubes se levantaba con total majestuosidad tras el templo de Neptuno. Las nubes se encontraban condensadas y estancadas, dado que el flujo del tiempo se encontraba afectado por Cronos.
Se trataba de la zona más alta de la montaña de los dioses, solo el Templo de Júpiter se encontraba arriba, dos titanes habían llegado hasta aquel sitio.
—No puedo creer que también Hyperión haya caído… —murmura Océano frunciendo el ceño. —¡Es algo inconcebible con su gran poder! No ha sido sólo Hyperión, también el cosmos de Críos ha desaparecido… ¿cómo es posible?
—Hyperión es un idiota…al igual que Críos, como pueden caer ante seres tan insignificantes como los humanos… —responde Cronos despreocupado, con una inusitada frialdad. —Ya queda poco para tomar la cabeza de Zeus…
—Puedo sentir el cosmos de Aries y Libra aproximarse a la Bóveda Celeste. ¡Iré a detenerlos, los aplastaré con todo mi poder! Tomaré venganza por Mnemósine…
—Océano, el nombre de los titanes no puede ser deshonrado, debes reivindicar nuestro estatus divino aplastando a esos humanos. ¡No puedes fallar!
—Descuida Cronos, tú encárgate de tomar la cabeza de Zeus, cumple tu tan ansiada venganza, yo mataré a esos dos santos.
. . .
Saga de Géminis y Shaka de Virgo llegan a la cima del Olimpo, el territorio de Zeus, el lugar parecía la descripción bíblica de los cielos Judeo-Cristiano, con nubes espesas y puertas de oro, una vista encantadora.
—Qué lugar tan paradisíaco… —murmura Saga mientras observaba con detenimiento. —Este lugar me recuerda al paraíso de Dante, un lugar tan puro e inmaculado como lo sueñan los humanos antes de morir, luego de llevar una vida virtuosa…
—Este es el último cielo, gobernado de forma exclusiva por el emperador celestial. —contesta Shaka. —Puedo sentir el cosmos inigualable de Cronos, debe estar aproximándose al Templo de Júpiter…
—El cosmos de Aioria ha desaparecido, pero el enorme cosmos de ese titán también, solo quedan dos titanes vivos… ¡la victoria está cerca!
—Aioria, tu sacrificio no será en vano… —musita Shaka con serenidad. —Puedo sentir el cosmos de Aioros superando la Nube de Oort… ¡es hora de alcanzar la cúspide del Monte Olimpo!
