24. Revelaciones (Parte 1)

Atravesando una verde y fértil llanura rebosante de cultivos y pastos, una vez descendida aquella montaña, se encontraron ante los portones de esa inmensa muralla que protegía a la colonia. Una vez la atravesaran, dejarían de estar en Calatia para entrar nuevamente a Hyrule, según los tratados entre ambos reinos. Nada más hacerlo, Link se quedó maravillado por lo que vio…

Era una ciudad de aproximadamente la misma extensión que la capital, quizás algo más grande. Era un lugar cuya arquitectura se asemejaba a la hyruliana, a pesar de tener influencias de otros lugares. Mientras que a un lado de la ciudad se encontraría el puerto, al otro había bellas y suaves colinas donde se asentaban los más ricos y poderosos del lugar. Curiosamente, aunque pareciera más grande, la población no difería mucho de la populosa capital, incluso había menos personas censadas allí. Pero aún así, debido a la afluencia de comerciantes y extranjeros venidos de todas partes, nadie diría que fuera así.

La llegada de la princesa causó gran expectación entre los habitantes de la colonia, pues casi nadie la había visto en persona. Los soldados destinados en aquel lugar tuvieron que unirse al grupo que la acompañaba, custodiándola hasta el puerto y ocupándose de los curiosos que obstaculizaban su avance. Durante el recorrido, pudieron apreciar las concurridas calles y comercios, bares y locales de ocio…todo era tan distinto, a la vez que igual.

Y una vez llegado allí, preguntaron por el barco que al día siguiente les vendría a recoger...

-¡Bienvenida sea, Su Majestad! ¡Es todo un honor para mí conoceros en persona! –le saludó con gran alegría el responsable de maniobras en el puerto, inclinándose ante ella.

-Igualmente, hacía mucho tiempo que no visitaba esta colonia.-le respondió la princesa Zelda- Siento ser tan directa, pero… ¿A qué hora zarparemos mañana hacia la isla Koholint?

-Eh…-aquel hombre parecía estar preocupado- Verá, majestad…hemos tenido un contratiempo.

-¿Qué clase de contratiempo? –preguntó disimulando su sorpresa.

-Se trata del navío en el que iba usted a ser transportada hasta la isla…-intentaba controlar sus nervios delante de una persona de su categoría- Al parecer, unos alborotadores se dedicaron a hacer de las suyas con él, provocándole serios daños en el casco, la cubierta y la bodega.

-¿Y cómo ocurrió, exactamente? ¿Se conoce la identidad de esos maleantes? –continuó la princesa, preocupada por el asunto.

-Consiguieron subirse al barco y destrozarlo con, entre otros, un pequeño incendio que fue sofocado enseguida. Creemos que los causantes de esto pudieron ser independistas radicales que, al enterarse de que vos vendríais a la ciudad, quemaron este barco para llamar vuestra atención. La guardia de la ciudad se está encargando de atrapar a esos criminales, pero por ahora no se han encontrado pistas de quién lo pudo haber hecho.

-Otra vez con lo mismo…-suspiró la joven- ¿Y no habría otro barco que pudiera sustituirlo?

-Lo lamento mucho, pero no disponemos de otro barco que podamos poner a vuestra disposición…-se disculpó el hombre- ¡Pero al menos hay una buena noticia! Desde lo ocurrido, lo hemos estado reparando y puedo asegurarle que en pocos días lo tendremos a punto para zarpar. ¡No creo que tardemos más de dos o tres días! ¡No se preocupe!

-De acuerdo…-le incomodaba la forma con al que le hablaba- No será tan malo, así tendré tiempo para hacer algunas cosas por la ciudad y ponerme al día con algunos asuntos.

-¡Estupendo! ¡No se arrepentirá! –exclamó- Me alegra que no le haya entorpecido nuestro descuido en la vigilancia… ¡Estamos tan ocupados con la oleada de piratas, que nunca pensamos que el golpe pudiera venir desde dentro!

-Y respecto a eso… ¿Cómo va la cosa? –intervino Auru- Nos preocupa que pudiera sucederle algo a la princesa durante el trayecto, debido al aumento de su actividad por nuestras costas.

-¡El problema está sobrevalorado! La mayoría han sido pequeños asaltos de tripulaciones menores, ninguna banda de gran reputación se atrevería a atacaros. Todos sabemos que suelen rondar por las inmediaciones de Koridai y que la ruta hacia la isla Koholint siempre ha sido una de las más seguras, debido a la relativa amistad existente entre ambas naciones.

-Es cierto, pero después del brusco cambio de gobierno que sufrieron…-Auru no parecía muy convencido- ¿Aún cree que sigue siendo seguro?

-Bueno, por ahora no se han registrado ataques por esa ruta…–siguió insistiendo, seguro de lo que decía.

-En ese caso, me deja más tranquilo. Lo último que queremos es una desgracia como esa…-comentó notándose más relajado, no queriendo pensar en aquellos hombres.

-Ahora, si me disculpan, tengo trabajo…-se despidió educadamente, mientras volvía a lo suyo- ¡Que tengan un buen día!

Mientras ellos habían estado hablando, Link se encontraba dormido en el carruaje, agotado por el viaje, perdiéndose aquella estampa tan bella del puerto.

Las murallas se extendían hacia el mar, formando una bahía en la que ningún buque podría entrar sin ser detectado…o atacado. Había grandes y numerosos cañones apuntando hacia el exterior, preparados para disparar en cualquier momento. Pero se les notaba que habrían sufrido algún ataque en el pasado, no demasiado lejano, debido a algunos desperfectos dispersos por la zona. Lejos de allí, tras unas rocas que servían de rompeolas, se encontraba una extensa playa que se extendía por todo el litoral de la colonia hasta su otra punta.

Y pensar que se estaba perdiendo aquel paisaje, con el océano de fondo…

XOXOXOXOXOXOXO

-Link, despierta…-le llamó una dulce voz en sueños.

-¿Qué pasa? ¿Ya hemos llegado al puerto? –le preguntó bostezando, con los ojos cerrados.

-¡Ya lo hemos hecho! Te quedaste dormido a medio camino, dormilón…-le contó mientras lo observaba, sentada junto a él en el carromato.

-¿Y dónde estamos? –le preguntó abriendo lentamente los ojos, acostumbrándose a la luz.

-Estamos aproximándonos a la mansión del alcalde y uno de los empresarios más importantes de la ciudad, el señor Smith.-le explicó Auru, mirándolo- Deberías mirar por la ventanilla…

Tras espabilarse, lo hizo y se percató de que estaban subiendo por una colina, en cuya cima había una hermosa casa rodeada por jardines y unos elaborados vallados.

-¿Qué te pasa? Te veo muy serio…-le preguntó Zelda al verlo mirar con desconfianza la mansión.

-No sé…-siguió mirando- Tengo un mal presentimiento…

-¡Jo, jo! ¡Tonterías, muchacho! ¡El señor Smith es un buen hombre! ¡No tienes por qué preocuparte! –se rió Auru, no entendía el comportamiento del chico.

Al llegar a la entrada, les abrieron las puertas, dejándoles pasar. Fue entonces cuando Link se bajó de la carroza y se asombró ante la visión que tenía tras esos barrotes que protegían la vivienda…

-¡Alucinante! ¡Desde aquí puede verse casi toda la ciudad! ¡Y mirad eso! ¿Es el océano? ¡No pensaba que se extendiera hasta el horizonte! –exclamó asombrado, mirando a través de la entrada- ¡Todo lo que he visto en mi vida son montañas y prados! ¡Menuda pasada! ¡Cuánta cantidad de agua!

Mientras los empleados de esa casa y los soldados miraban extrañados al muchacho, Zelda y Auru se compadecían de él, pues nunca había visto el mar. Y las vistas desde allí eran muy bellas, además de haber un día espléndido.

Todo aquello quedó arruinado cuando oyeron a alguien que jamás pensaron que estaría ahí…

-¡Zelda! ¡Al fin has llegado! ¡No sabes lo ansioso que estaba por verte nuevamente, querida! –gritó un hombre que salía corriendo desde el interior de la mansión.

-¡¿Facade?! ¡¿Pero qué haces aquí?! ¡Deberías estar en Gamelon! –exclamó aterrada la princesa, aquello sólo podía ocurrirle en la peor de sus pesadillas.

Facade se acercó y la abrazó fuertemente, levantándola y haciéndola girar debido a la alegría que sentía. Ella lo apartó nada más dejarla en el suelo, volviéndole a mostrar su repulsión hacia él.

-¿Qué haces aquí? ¿Por qué has venido? –le preguntó fríamente la princesa.

-¡Asuntos personales! ¡Pero me enteré de que vendrías y he alargado mi visita hasta entonces! ¡No sabes lo feliz que me hace tenerte otra vez entre mis brazos! –le explicó mientras la intentaba besar, pero ella no se dejaba.

-No vayas tan deprisa…-le recordó apartándole la cara, le daba asco sólo verlo- ¿Y has tenido que hospedarte aquí, me imagino?

-Por supuesto, tengo muy buena relación con ese hombre desde hace años y para él es un placer acoger a un destacado miembro de la aristocracia como yo…-le habló mientras hundía su cara en su cuello, para desgracia de ella.

Y mientras tanto, observándolos un poco más lejos…

-Lo sabía…-murmuró Link, furioso- Sabía que captaba un olor extraño procedente de esta casa…

-¿Eh? ¿Quién es ese chaval? –se fijó Facade en él, que lo miraba con desprecio- ¡Ey, tú! ¡El de verde! ¡Ven acá y dime cómo te llamas!

-Es Link…-le aclaró Zelda- ¿No te lo ha descrito mil veces tu hermano?

-Ajá, así que es ese…-no parecía nada contento- ¿Eres el guardaespaldas de mi prometida, cierto?

-Que yo sepa, aún no le ha dado su confirmación, majestad…-le contestó mirándolo firmemente, intentando controlar su enojo frente a él- Pero sí, mi función consiste en proteger y acompañar a la ilustre Princesa Zelda en todo lo que ella guste.

-Había oído hablar mucho de ti, quizás más de la cuenta…-le ofreció un apretón de manos, a lo que ambos se esforzaron en mostrar su fuerza- ¡Increíble! ¡Das la mano como un hombre!

Esa burla no le gustó a Link, que seguía cruzando miradas con Facade, a la vez que seguían forzando su apretón de manos.

-Caballeros…-interrumpió un mayordomo- El señor Smith les está esperando adentro, pueden pasar cuando deseen.

Link se soltó rápidamente del príncipe para acompañar a Zelda, mientras sabía que Facade le estaría observando.

-Maldito crío…-murmuró entre dientes, mientras intentaba recuperar la circulación en su mano- Si que tiene fuerza el bastardo ese…

XOXOXOXOXOXOXO

Ajeno a las maldiciones que sobre él lanzaba aquel príncipe, continuó recorriéndose junto a Zelda y Auru aquel lugar, mientras que Facade y los soldados se quedaron afuera. Guiados por una criada, llegaron a un amplio y distinguido despacho donde había un hombre que miraba hacia fuera a través de una ventana.

Era un hombre hyliano de avanzada edad, quizás la misma que Auru. Sus ojos, de un color verde esmeralda, parecían mostrar una profunda tristeza interior a quién fuera capaz de mirar hacia dentro. Otra característica de él era su pelo largo y blanco, al igual que su cuidada barba. Tenía una estatura normal y era robusto para su edad, que junto a su vestimenta, tenía aspecto de hombre ilustre y ricachón.

-Bienvenida, alteza…-la saludó al verla, agachándose y besándole la mano cortésmente- Me complace ver que ha llegado sana y salva a la colonia, esperaba con ansias verla por aquí.

-Y yo, alcalde Smith. La última vez que vine, aún era una niña y veo que las cosas no han cambiado mucho por aquí…-le respondió satisfecha con su trabajo- Usted sigue siendo el alcalde y sigue desempeñando su función excelentemente desde entonces, señor alcalde.

-Gracias, es un placer oír esas palabras de vos, majestad.-le agradeció humildemente, luego se dirigió a Auru- ¡Auru! ¡Amigo mío! ¡Cuánto tiempo! ¡Me alegra que tú también hayas venido!

-¿Cómo no hacerlo? ¡Soy el Consejero Real! Pero jamás hubiera desaprovechado la oportunidad de visitarte, esta ciudad me trae buenos recuerdos…-le correspondió con un abrazo- ¡Aunque tampoco ha pasado tanto tiempo desde que regresé a la capital!

-Exacto, y mira cuánto has progresado…-le habló orgulloso- Has pasado de mentor de nuestra amada soberana, a ser su consejero de mayor confianza…

-Sí, pero gracias a que tuve un gran maestro en lo referente a la política y del que estuve trabajando como alguacil durante varios años...-le recordó agradecido.

-¡No seas tan modesto, Auru! ¡Te lo has ganado! –siguió felicitándole.

Una vez que terminó de hablar con él, se fijó en Link y lo miró bastante sorprendido. Parecía que le recordaba a alguien, mientras que Link lo miraba confundido. No entendía por qué lo miraba así, pero su olfato le avisaba de que había algo extraño y no podía adivinar el qué.

-¿Quién eres, muchacho? ¿Y qué haces aquí? Pensé que los demás soldados estarían esperando afuera en los jardines.–le preguntó con un extraño interés.

-Soy el guardaespaldas personal de la princesa y para mí es también un honor conocerlo en persona, alcalde.-le saludó educadamente, ofreciéndole una ligera reverencia- ¿Por qué lo pregunta? ¿Debería esperar afuera o algo?

-¡No, por nada! La simple curiosidad de un viejo…-suspiró, parecía agotado- En fin, volvamos a lo que íbamos…

El señor Smith caminó hasta su escritorio y se sentó en su silla, ofreciendo previamente asiento a sus invitados en un cómodo y ancho sillón. Unas criadas trajeron enseguida algunos aperitivos y bebidas para ellos, que agradecieron con gusto.

-¿Qué le ha parecido hasta ahora la ciudad, princesa? ¿Ha pasado ya por el puerto? –le preguntó el alcalde, retomando conversación con ella.

-En efecto, pero lamentablemente no he recibido buenas noticias…-le respondió bastante seria- ¿Cómo han podido sabotear nuestro barco? ¿Acaso la actividad de los independentistas ha aumentado?

-Oh, veo que no tendré que explicarle demasiado…-continuó sin inmutarse- El caso es que había pasado bastante tiempo desde la última actuación de uno de estos grupos, lo cual nos ha sorprendido a todos. Quizás hayan sido jóvenes que sólo hayan querido llamar la atención y armar jaleo, pero no descartamos que puedan ser partidarios del movimiento separatista.

-Entenderá que debido a lo ocurrido he de quedarme algunos días más como su huésped, señor Smith.

-¡Por supuesto! ¡No habrá ningún problema! ¡Estaré encantado de acogeros como he hecho con el príncipe y el duque de Gamelon! –exclamó alegre, dichoso de proporcionar alojamiento a figuras tan importantes como ellos.

En ese momento, Link se atragantó por lo revelado por el alcalde. No había querido reconocerlo, pero al igual que sintió la presencia de Facade con sus agudos sentidos, también sospechó que su hermano podría estar rondando cerca. Pero como parecía estar ausente, creyó todo lo contrario.

-Maldita sea…-murmuró tosiendo, siendo auxiliado por las criadas- ¿También ese lunático estará pululando por aquí? ¡Lo que me faltaba!

-¡Muchacho! ¡¿Se encuentra bien?! –preguntó el señor Smith, que se había levantado a ayudarlo- ¿Puede hablarme?

-Sí…-se estaba recuperando del susto- No ha sido nada, deben de haber sido los aperitivos.

-"Yo lo sabía…"-se rió por dentro la princesa- "Nada más nombrarle a Gustaf, se ha acabado atragantando…"

Una vez pasado el susto, continuaron su conversación en donde lo habían dejado.

-¿Usted lo sabía? Creo entender que el príncipe se emocionó al conocer la noticia de vuestra llegada y fue a vuestro encuentro. ¿Os habéis topado con él? –le preguntó mientras a él le servían un té y luego sus doncellas se marcharon.

-Sí, para mí fue una sorpresa encontrármelo aquí…-le confirmó disimulando su desagrado- Pero aún no me he encontrado con el duque Gustaf… ¿Sabe dónde se encuentra?

-Ha salido hace un rato, regresará para el almuerzo.-le explicó mirando un reloj que tenía anclado a la pared- Allí os podréis poner al corriente de vuestros asuntos, majestad.

-¿Por qué los dirigentes del reino vecino se encuentran estos días en la colonia, señor alcalde? –le preguntó directa, quería saberlo cuanto antes.

-¡Oh, directa al grano! ¡Así es como debe ser! –la alabó por su actitud- Pues están aquí por unos asuntos comerciales entre la colonia y Gamelon, además de visitar la ciudad. No sé si lo recordará, pero soy un allegado de su familia, mantenemos una fuerte amistad desde hace muchos años, debido a mi trabajo como alcalde y empresario de renombre.

-Lo entiendo, así que pasaremos los próximos días en compañía del duque Gustaf y el…príncipe Facade.-suspiró, no sabía si podría soportarlo.

-¿Ocurre algo? No quiero ser entrometido, pero parecía que a usted no le agradara la presencia del príncipe Facade. ¿No iba a convertirse en su prometido, majestad? –le preocupaba tales asuntos, pues afectarían a su gobierno y al reino en general.

-No adelantemos acontecimientos, alcalde Smith, aún no se ha confirmado nada sobre eso…-no le gustaba nada hablar de ello- ¿En las colonias se rumorea mucho sobre mi futuro compromiso?

-Bueno…-le incomodaba reconocerlo- Se oyen muchas cosas, incluso algunas personas que frecuentan la capital dicen que allí chismorrean sobre una posible relación amorosa con un joven héroe que hace meses salvó las provincias de una extraña invasión… ¡Qué sandeces se oyen por ahí! ¿Verdad?

En ambos implicados tuvieron que ocultar su rostro de la vergüenza que sentían en ese incómodo momento, algo que extrañó mucho a aquel hombre.

-¿Qué ocurre? ¿La he incomodado, majestad? –le preguntó preocupado- ¿Y tú, joven? ¿Por qué ha reaccionado igual?

-Es que yo soy ese héroe…-le contó realmente incómodo, deseando que jamás le hubiera contado eso.

-¡¿Qué?! Tú eres…-en ese momento, se arrodilló arrepentido frente a su princesa- ¡Disculpe mi indiscreción, majestad! ¡Yo sólo le he contado las historias que he oído por ahí! ¡No quería…!

-No importa…-le perdonó Zelda, recuperándose de aquello- Es bueno saberlo, dado que pocas personas se atreven a revelarme la palabrería de la que hace tanto alarde mi pueblo.

-Comprendo, pero…-se dirigió a Link- No imaginaba que usted podría ser ese héroe del que todos han oído hablar, incluso fuera de las provincias. ¡Me alegra que al fin lo haya conocido en persona!

-Por favor, no necesita tratarme con tantas formalidades…-le pidió aún avergonzado- Pero sí, yo fui quién salvó a la princesa de su cautiverio y al reino por igual. Aunque el mérito no es todo mío, estuve recibiendo ayuda constantemente.

-¡Eres un muchacho muy modesto! ¡Escasean los jóvenes como tú! –le alabó complacido- ¡No me extraña que seas ahora el protector de nuestra soberana!

-Hablando de juventud…-ella parecía interesarle otra cosa- Sin que sirva de precedente… ¿Todavía anda buscando un heredero para su fortuna, cierto?

-Veo que está informada del asunto…-su ánimo cambió radicalmente- Pues sí, aún sigo buscando a alguien a quien le pueda confiar toda mi fortuna. Toda una vida de esfuerzos para que ahora, vaya a contrarreloj para preservar mi patrimonio, sin tener a nadie a quien dejárselo y así morirme en paz. Si no hubiera ocurrido aquella catástrofe…

-Lo sé, amigo…-Auru se compadeció de él- Si tu amada hija te hubiera dado un nieto antes de morir, ahora no tendrías por qué preocuparte de esas cosas.

-Si te soy sincero, hubiera preferido perderlo todo antes que a mi hija y a mi yerno…-se lo notaba ampliamente triste, aunque parecía haber pasado tiempo de eso.

Hubo un silencio en la sala, ninguno quería hondar más en la herida que pesaba en el corazón de aquel anciano.

-Creo que no queda más que hablar aquí dentro. Salgamos y reunámonos con el príncipe Facade, que de seguro os espera con ansias, majestad.-les invitó a acompañarlo, deseoso de mostrarle su hacienda.

XOXOXOXOXOXOXO

-Ahora sé que no debe andar lejos, si su amo también ha venido a la ciudad…-murmuró Link mientras buscaba algo por los jardines de la mansión.

Le había pedido al señor Smith que lo dejara pasear por su casa, cosa que aceptó gustoso. No quería verse las caras con Facade, al menos hasta la hora de comer.

Su olfato le estaba conduciendo a ciegas por los jardines desde que se separó del resto, pero en ese momento comenzó a oír unos ladridos a lo lejos, que se aproximaban cada vez más.

-"¡Devuélvenos nuestro hueso, sabandija! ¡Cómo te cojamos te haremos trizas, enano!"-ladró gravemente un perro, que parecía estar persiguiendo a alguien.

Link se quedó estático esperando a comprobar la identidad de esos animales, hasta que algo pasó muy rápido frente a él y notó cómo se chocaba contra su pierna.

-"¡¿Qué pedo contigo?! ¡Me lastimaste, buey!"-gimió un perrillo con un hueso demasiado grande para él, que se aquejaba de su hocico debido al choque contra él.

-¿Valentín? –exclamó sorprendido- ¡Lo sabía! ¡Te reconocería a kilómetros de distancia!

-"¡¿Qué pedo?! ¡¿Quién eres, chavo?! ¡¿Cómo me conoces?!"-se apartó de él, asustado, no lo había reconocido.

-¡Soy yo, Link! ¡Tu colega lobuno! ¡Sólo huéleme! –le ofreció su mano, esperando que se acordara de él.

Valentín olfateó nervioso su mano, hasta que por su olor lo reconoció y saltó a sus brazos.

-"¡Ya volviste, cabrón! ¡Eres chavo de nuevo! ¡¿Cómo lo hiciste?!"-ladró insistentemente mientras le lamía la cara y agitaba la cola felizmente.

-¡Fue un milagro! ¡Con eso te digo todo! –le dijo mientras se reía por las cosquillas que le hacía.

-"¡Espera, güey! ¿Me entendiste? ¿Y cómo yo te entiendo todo? ¡Esto es muy raro!"-al perro le sorprendió aquel detalle, puesto que creía que ningún hombre podría entenderlo.

Mientras Link le explicaba aquello, dos perros de proporciones descompensadas, orejas extremadamente largas y patas muy cortas, se acercaron corriendo agotados hasta ellos dos. Ambos parecían ser de la misma raza y además gemelos, por su parecido más que apreciable.

-"¡No volveremos a hacerlo!"-jadeó uno de ellos- "¡Somos buscadores! ¡No corremos tras la presa! ¡Eso lo hacen otros!"

-"Pero ese enano nos ha robado nuestra golosina…"-el otro estaba también agotado-"¡Y ese hombre lo ha atrapado por nosotros!"

Los dos gruñeron enfadados a Valentín, que les había robado su comida y lo habían estado persiguiendo. Curiosamente, al ladrón no le importó y además se quejó por su actitud.

-"¿Qué onda, perros? ¡Cojan su comida y váyanse! ¡Ya tengo a otro con quien jugar!"-les ladró molesto, confundiendo a los otros dos canes.

-"¿Y a este qué le pasa? ¿Quién es el chico con quién está ahora? No es su dueño…"-olfateó curioso uno de ellos a Link, preguntándose quién sería.

-"¿Será un invitado del amo? Es extraño, porque no parece la clase de persona que vendría a verlo en nuestra casa…"-le siguió el otro, tan confundido como el primero.

-Me llamo Link y acabo de llegar a la ciudad hace poco…-se presentó educadamente- Y no soy un ladrón, si es lo que pensabais… ¡Ah! ¡Y conozco a Valentín desde hace un tiempo! ¡Somos buenos amigos!

-"¡Imposible! ¡Nos ha hablado! ¡¿Cómo nos ha entendido, hermano?!"-gimió uno de ellos.

-"¡No lo sé! ¡Las personas y los animales no pueden entenderse entre sí! ¡Pero nosotros lo estamos haciendo!"-ladró nervioso el otro, poniéndose a la defensiva.

-"¡Apláquense, compadres! ¡Valentín se los cuenta todo!"-se bajó de los brazos de Link para explicárselo todo.

Tras una larga y complicada explicación, finalmente los perros comprendieron más o menos lo que sucedía.

-"¿Es un hombre, que se volvió un lobo, que ahora es hombre?"-razonó uno.

-"Entonces, si todo ha sido por magia… ¡Es un hombre lobo! ¡Son monstruos horribles que salen en las leyendas! ¡Y transformará al amo en uno de los suyos!"-ladró alterado su hermano.

-"¡A poco! ¿Es que no entendieron? ¡No es peligroso! ¡Es mi compadre, perros!"-intentó solucionarlo el chiquitín, pero la inteligencia de esos dos no parecía ser muy alta.

-No los regañes…-Link se reía de aquello- Si para una persona es complicado entenderlo, no espero mucho unos perros como vosotros.

-"¿Qué estás insinuando, bosquecillo? ¡Somos pura raza perfectamente adiestrados para reconocer y buscar cualquier cosa que guste!"-le gruñó uno de ellos, bastante enojado.

-"¡Eso! ¡No ponga jamás en duda nuestras capacidades, hombrecillo! ¡Y pensar que una vez pudo asemejarse a nosotros!"-le siguió su compañero, igual de enfadado.

-"A mí también me enojó lo que dijiste, cuate… ¡Respétanos!"-le exigió también el Chihuahua.

-¡Vale, vale! ¡Lo siento mucho! No sabía que os ofenderíais tanto…-se disculpó no muy convencido- Por cierto… ¿Cómo os llamáis?

-"¡Yo soy Nicolás III von Frenchleft! ¡Pero me llaman Nico!"-exclamó el que parecía un centímetro más alto.

-"¡Y yo Arthur V von Frenchleft! ¡Llámame Arthur, sólo!"-alardeó el perro-"¡Somos hermanos! ¡Y tenemos un excelente pedigrí! ¡Provenimos de una larga y famosa dinastía de perros sabuesos! ¡Nuestro olfato es legendario!"

-Ah, ya veo…-esperaba otra respuesta más corta- Valentín… ¿También ha venido la mascota de Facade?

-"¡No, güey! ¡Esta vez no! ¡No te apures!"-le confirmó el perrillo- "¡Pero Facade estará chingándote ahora que eres chavo! ¡Le caes bien gordo!"

-Lo sé, tuvimos un encontronazo nada más llegar a este sitio…-le contó no muy contento- ¡Si hubiera podido, le habría roto la cara a ese baboso!

-"Oh, entiendo…"-el perrillo se aguantó la risa- "¿No te gusta que ronde a tu hembra, no?"

-Eso y muchas cosas más, amigo…-gruñó al recordarlo- Y todavía es peor debido a que mi transformación fue incompleta… ¡No lo soporto!

-"¡Pero eso está padre! ¡Con tus poderes lobunos tendrás la ventaja! ¡Ese huevón no sabe con quién se mete!"-le animó su colega perruno, que deseaba que tuviera éxito.

-¿Y eso qué más da? No tengo posibilidades, ya te lo dije en su momento…-suspiró- Además, pretende echarme del castillo después de este último viaje.

-"¡Qué mal pedo! ¡¿Cómo te hace eso?!"-de pronto, se dio cuenta de algo- "¿Desde cuándo te importa? ¿No te encabronaste conmigo muchas veces por preguntarte sobre esa vieja? ¿Qué ocurrió?"

-Digamos que acabé cambiando de opinión…-admitió algo incómodo- Pero nada ha cambiado, ella sigue siendo una princesa y yo un humilde siervo. Y en cuánto me obligue a marcharme, acabará casándose probablemente con ese maldito Facade. Yo me convertiré en un fugaz recuerdo en su memoria y ambos volveremos a hacer nuestras vidas por separado, no me queda otra opción.

-"Da lágrima que digas eso…"-gimió el Chihuahua-"¿Qué pasó con ese lobo alfa que conocí? ¿A dónde fue?"

-Murió en las peleas clandestinas…-recordó triste- Ahora sólo queda un cobarde que se lamenta con el rabo entre las piernas…

-"¡Qué meco! ¿Peleas de perros? ¡Pelea ahora, cuate! ¡O la perderás!"-le regañó enfadado- "¿Es lo que quieres?"

-No, pero…-no sabía qué hacer- ¡Déjame en paz! ¡Sólo eres un chucho! ¿Qué sabrás tú sobre las personas?

-"Algo sé, pero me lastimaste con tus palabras…"-comenzó a irse- "Aún sigues muy sangrón, deberías aplacar tu ira antes de consultar a nadie. Ahí te quedas…"

Link se sintió impotente al ver cómo su amigo se iba tras gritarle de ese modo, aún cuando sólo quería ayudarlo. Los otros dos perros se habían quedado al margen, pero en ese momento decidieron irse también para evitar más conflictos.

Y él se quedó solo, pero no quedaba mucho tiempo para la hora de comer…

XOXOXOXOXOXOXO

Sentados a la mesa se encontraban, en medio de todo, el alcalde Smith. A su derecha, estaba sentada la princesa Zelda, seguida de Auru y al lado de este Link. Y a la izquierda del anfitrión, estaban Facade y su hermano Gustaf.

Todos comían en un comedor cuya decoración hacía honores al resto de la casa, a pesar de tratarse del comedor más pequeño. Varios mozos y doncellas les servían las viandas, los licores y toda clase de manjares, donde la actividad en la cocina era frenética. No llevaban mucho tiempo allí, pero la conversación fluía como si llevaran horas.

-Aún me sorprende que comas con nosotros…-comentó Facade, refiriéndose a Link- Tú y los demás soldados deberíais comer en una de esas tabernas que tanto os gusta frecuentar y dormir junto a las habitaciones de los criados. ¿A qué vienen tantos honores?

-En primer lugar, yo no soy un soldado…-le reveló molesto- Sólo me encargo de la protección de la princesa, para todo lo demás sigo siendo un civil como la mayoría de sus súbditos.

-¿Entonces jamás has recibido una instrucción oficial, cierto? ¿Y sin embargo eres el máximo responsable de su protección? –siguió preguntándole, incordiándolo todavía más.

-No fue necesario, sus habilidades quedaron bien demostradas cuando salvó a mi reino y también a mi persona.-le respondió Zelda, harta de sus desprecios- ¿Y desde cuando te importa eso?

-Sólo me preocupo por ti, querida…-le habló falsamente- No me gusta que alguien de su calaña esté rondando por tu castillo y cobrando por una labor para la que no está preparado.

-¡Qué exagerado eres, hermano! –se rió de su argumento- ¡Es capaz de hacer eso y mucho más! ¡Si ella confía en él, no debemos hacer menos!

-Gracias, Gustaf…-murmuró sintiéndose algo alabado.

-¡De nada, tesoro! ¡Yo siempre estaré aquí defendiéndote del celoso de mi hermano! –le devolvió con un guiño, poniéndole nervioso- ¡No sabes cuánto te he echado de menos! ¿A dónde te fuiste?

-Eso, nos interesaría saber por qué cuándo visité a mi prometida tú te encontrabas ausente…-secundó a su hermano, muy interesado por la historia.

-Lo lamentamos, pero son asuntos de estado…-interrumpió Auru- El joven no puede contaros nada de lo que hizo durante su ausencia, entendedlo.

-Como veo que la conversación se ha centrado inesperadamente en ti, muchacho…-el alcalde parecía ser el más interesado- ¿Por qué no nos cuentas algo más de ti?

-¿Cómo? –Link estaba sorprendido- En serio, no es…

-¡Venga, anímate! ¡A todos nos gustaría conocer mejor al gran héroe que salvó el reino de mi amada princesa! –le incitó con gran ironía el príncipe.

-¡Eres demasiado tímido! Pero me gusta…-comentó Gustaf, provocando un escalofrío al chico- ¿Por qué no le haces caso al señor Smith y empiezas a soltar por esa boca?

-¿Quién diría que causarías tanta impresión, muchacho? –le dijo Auru al oído, con un notable tono burlesco.

-Está bien…-refunfuñó entre dientes- ¿Por dónde quieren que empiece?

-En primer lugar…-el alcalde se adelantó- ¿De dónde provienes?

-De una pequeña localidad al sur de Hyrule, en la provincia de Latoan, Ordon. ¿Lo conoce?

-Sí, estuve allí de joven, cuando todavía no se notaban severos signos de decadencia por la zona. Y al igual que yo, su alcalde lleva muchos años en el gobierno. Bueno… ¡Ha sido desde siempre un negocio familiar! ¡Es una democracia bastante cuestionable! –continuó bastante interesado- ¿A qué te dedicabas antes de comenzar a trabajar para Su Majestad?

-Ayudaba en el campo, en mi aldea somos todos campesinos. Mayormente, me dedicaba a cuidar del rebaño de cabras que tenemos allí.-le explicó amenamente.

-¡El queso ordoniano es famoso en todo el reino! ¡Me alegra conocer a uno de los humildes pastores que lo fabrican! ¡Soy un consumidor habitual! ¡Y también admito que he comercializado con ellos! –exclamó con gusto, al parecer le encantaba ese queso- Pero es curioso, porque tenía entendido que en esa aldea sólo vivían una pequeña comunidad de humanos. ¡Aunque los tiempos cambian! ¡Esa aldea debe de estar ahora mucho más poblada!

-Bueno, en realidad…-no quería dar cierto tipo de detalles sobre su vida- ¡Tampoco ha cambiado tanto!

-¡No me sorprende! –le sonrió- ¿Y tus padres? Seguro que deben estar orgullosos de que su hijo haya llegado a donde ahora te encuentras. De un campesino, a acabar sirviendo a la futura reina y además de eso salvar el reino. ¡Es un logro memorable!

-Ya, bueno…-seguía evadiéndolo- Seguramente deben estarlo, todos en Ordon somos como una familia…

-¿A qué viene ese desánimo? ¿Te he vuelto a importunar o algo? –le preguntó confundido, que lo había notado algo incómodo.

-Verá, señor Smith…-Zelda intervino para explicárselo- Usted tenía razón en una cosa, sobre que en Ordon sólo conviven humanos.

-¿Y entonces? ¡Creía que la teoría de la generación espontánea había quedado descartada en lo referente a las especies superiores! –se mofó el príncipe, enfadando más a Link.

-Desgraciadamente, perdió a sus padres biológicos cuando era muy pequeño…-continuó Zelda, molesta porque le interrumpiera- Fueron un matrimonio de la zona quien lo encontró y lo crió como hijo suyo, por lo que sería el único de su raza en su aldea.

-¡Pobrecito! ¡Arrancado de los brazos de sus padres cuando apenas era un bebé! ¡No soporto las historias tan tristes! –se lamentó Gustaf, con alguna lágrima en los ojos.

-Je, je…seguro que lo abandonaron…-murmuró para sí mismo Facade, creyendo que nadie lo había escuchado, pero Link tuvo que reprimir su furia disimulando no haberlo oído.

-Adoptado, qué curioso…-Smith comenzó a mostrar un mayor interés- ¡Ah, qué cabeza la mía! ¡No recuerdo haberte preguntado cómo te llamas! ¡La edad cada vez pasa mayor factura! Por favor, perdóname por este despiste, joven.

-¡No pasa nada! ¡Mi nombre es Link, caballero!

-¿Link? –sus ojos se abrieron como platos- ¿Y cómo se les ocurrió a tus padres adoptivos ese nombre tan singular?

-No lo sé, nunca se los he preguntado…-no le daba importancia- ¡Aunque he de reconocer que no es un nombre muy común!

-No hace falta que lo digas…-era increíble que nadie se percatase de sus intenciones- ¿Qué edad tienes?

-Alrededor de veinte años, me acogieron cuando debía tener pocos días de vida. Así que no conozco mi fecha de nacimiento, por lo que pusieron en mis papeles el día cuando me encontraron.

-¡Smith! ¿A qué viene este interrogatorio? –le preguntó bromeando- ¡El muchacho es de fiar! ¡No lo atosigues con tantas preguntas!

-¿Eh? ¡Jo, jo! ¡Tienes razón! ¡Disculpa, muchacho! –evadió el tema- ¡Mi curiosidad a veces sobrepasa los límites!

-No importa… ¡A mí también me pasa! –confesó animado Link.

-¡Bueno, ahora pasemos a otro tema! –habló Gustaf, cambiando de asunto- ¿Alguien ha visto a mi chiquitín? ¡No lo he visto desde esta mañana y tampoco ha acudido a comer!

-La última vez que lo vi le estaban persiguiendo los perros del alcalde, tal vez les haya servido de aperitivo… ¡Je, je! –se rió Facade, que ya estaba degustando la sopa que habían traído a la mesa.

-¡Tú siempre con lo mismo! ¡¿Qué problema tienes con mi perro?! –se quejó su hermano.

-Dirás con esa rata que pretende parecerse a uno… ¡Esa cosa no da ni para empezar! ¡Sirve más de muñeca animada que de guardián o mascota! –siguió el príncipe, enfadando a Gustaf.

-¡Pues tu mascota parece un caballo más que un perro! ¡¿Has visto lo que come?! ¡Y también el tamaño de sus…!

-Ejem…-tosió la princesa, no era lugar para hablar de esas cosas- Por favor, esa clase de conversaciones deberíais reservarlas para otro sitio, no mientras estamos comiendo.

-¡Ahora caigo! ¡Nos hemos olvidado de alguien importante! ¿Dónde está ese pulgoso que casi logra arrancarme el brazo? –recordó el príncipe, dado que estaban hablando de sus animales.

-Desgraciadamente, fue secuestrado y utilizado en peleas ilegales que se estaban celebrando cerca del pueblo de Kakariko. No consiguió sobrevivir…-relató con falso pesar.

-¡Aaah! ¡No puede ser! –gritó Gustaf, completamente disgustado- ¡A Valentín le entrará una depresión en cuanto se entere!

-Permitidme que me entrometa, pero…-el alcalde se encontraba fuera de situación- ¿De quién están hablando, majestades?

-¡Del antiguo animal de compañía de mi princesa! ¡Y era nada menos que un lobo! –contestó Facade, con cierta repugnancia.

-¿Un lobo? ¡Válgame el cielo! ¡Qué extraña elección! –exclamó sorprendido- ¿Dónde conseguisteis un ejemplar así?

-Lo encontré perdido por los jardines de mi castillo, desconozco cómo pudo llegar hasta allí, y lo adopté durante un tiempo. Pero parece ser que a alguien le llamó mucho la atención y se lo llevó, acabando muriendo por las heridas que le provocaron.-continuó disimulando, manteniendo su semblante neutro.

-¿Y no te quedó otra que ponerme casualmente el nombre de tu protector? –preguntó con cierto retintín- ¿Tú lo sabías, chico? Ahora empiezo a entender por qué lo hizo, tienes un cierto parecido a él…

-Ya me lo habían comentado, está claro que ese animal fue un buen sustituto mío…-comentó mostrando un ligera sonrisa que molestó a Facade.

-Con respecto a un detalle que comentasteis antes, princesa…-Smith estaba más atento otras cosas- ¿Son ciertos los rumores de que usted misma participasteis personalmente en la desmantelación de ese pútrido lugar? Incluso a esta colonia han llegado noticias de esa increíble operación que vos comandasteis, donde acabaron atrapándose a varios criminales muy buscados y se descubrió además la traición del capitán de la guardia de Kakariko, que encubría todo aquello.-luego miró a Link- Se comenta que tú, muchacho, también estabas presente en el lugar y acabasteis mal parado… ¿Es por ello que presentas ese aspecto cansado y algunas heridas, joven?

-¿Cómo es posible que las noticias se transmitan tan rápido? –expresó sorprendida la princesa- Me cuesta reconocerlo, pero así es. Mi guardián se encontraba precisamente investigando ese sitio a petición mía, de ahí la causa de su ausencia. Pero acabaron descubriéndolo, sufriendo una represalia de esos maleantes.

-Interesante…-soltó mientras bebía una taza de té- ¿Y cómo os encontráis después esa arriesgada hazaña? ¿Alguno de los apresados tenía relación con el intento de asesinato que sufristeis?

-¡¿Cómo?! ¡¿Cuándo fue eso?! ¡¿Y quién puedo atreverse a hacer algo así?! –exclamaron los dos hermanos, impactados por la noticia.

-¿No se os escapa nada, cierto? –le impresionaba lo bien informado que estaba ese hombre- En realidad, desde el principio conocíamos la identidad de los que me hicieron aquello. Fueron nada menos que Los Seguidores, en otro de sus intentos para demostrar su poderío, ahora que han vuelto a las andadas en las provincias de Hyrule.

-¡Esos malnacidos! ¡¿Cómo se atreven?! ¡Ahora sí que me han cabreado! –clamó el príncipe Facade, verdaderamente furioso- ¡No pienso consentir que amenacen a mi futura esposa! ¡Nada más volver a Gamelon, doblaré los efectivos para que los busquen dentro de mis fronteras!

-¡Excelente afirmación, señor! ¡Los diferentes reinos deben estar unidos para combatir el crimen organizado! –aplaudió el alcalde- Y por curiosidad… ¿Quién logró encontrar un antídoto para lo vuestro? Oí que ofrecieron una cuantiosa recompensa por un remedio eficaz para curaros, pero hasta ahora nadie sabe quien os lo proporcionó.

-Digamos que prefirió permanecer en el anonimato, además de que no quiso nada a cambio…-habló acordándose de aquel hombre, Malton, para luego mirar disimuladamente a Link.

-Pues yo creo que no era más que uno de esos cobardes que acabó arrepintiéndose…-opinó Facade, que se había dado cuenta de la mirada que le había lanzado a Link, sin que este se diera cuenta.

-¿Qué dices, Link? ¡Seguro que si tú hubieras estado, ningún malandrín hubiera entrado al castillo! –animó Gustaf al chico, confiaba en sus habilidades- ¡Entre eso y el monstruo que también nos atacó a ella y a mí, no ganáis para sustos!

-¡También he escuchado hablar de eso! Tuvo que ser una experiencia traumática, sin duda…-reconoció Smith- ¡Parece que le traes suerte a la princesa, joven!

-Bueno…-no estaba muy a gusto con esa afirmación- Si fuese así entonces no nos hubieran atacado esos asaltantes mientras veníamos hacia aquí…

-¡Vaya, qué infortunio! –exclamó Facade- ¿Y fue así cómo te hiciste esa pequeña herida en el cuello, querida? ¡Me repugna que uno de su calaña te haya puesto las manos encima!

-A mí tampoco me agradó, pero afortunadamente mi guardaespaldas estaba allí, que a pesar de su pésima condición física, logró vencer a su líder y espantar a sus secuaces.-alabó a Link, con el que se sentía enormemente agradecida.

-¿Ah, sí? Pues quién lo diría…-dijo sin mucho entusiasmo el joven heredero- En ese estado pocos podrían defenderse a sí mismo, mucho menos a otra persona…

-¡Pues ese es el auténtico espíritu de un caballero! –elogió el alcalde al muchacho- Es una lástima que no queden descendientes de aquellas nobles estirpes…

-Sí, como tu yerno…-suspiró Auru- Era un gran hombre, sin duda… ¡Y un gran amigo de la infancia de nuestro difunto rey!

-No hablemos del pasado, ahora todo es diferente…-le pidió el hombre- Pero aún nos queda el consuelo de que existan jóvenes tan competentes que aseguren la continuidad de nuestra monarquía, de su única heredera.

-Muchas gracias por el cumplido, señor Smith…-le agradeció un poco avergonzado- Quisiera hacerle una pregunta… ¿Dónde se encuentra el servicio?

Y antes de que pudiera contestarle, lo hizo una de las doncellas que había por ahí.

-No se preocupe, caballero…-intervino una criada, que estaba sirviendo en la mesa en ese momento- Yo le acompañaré al más cercano, sígame.

-¡No hace falta que lo haga, señorita! –le dijo amablemente- Yo lo llevaré hasta allí, reconozco que estaba pensando ausentarme en breve para lo mismo. Tú continúa con tus labores…

-Sí, señor alcalde…-obedeció sin objetar, volviendo a lo suyo.

XOXOXOXOXOXOXO

Después de despedirse momentáneamente de los aristócratas, el señor Smith guió a Link hasta uno de los baños, que este último encontró muy cómodo y vistoso.

-Entra tú primero, joven. Yo esperaré a que termines…-le ofreció educadamente.

-Pero es su casa, usted debería entrar primero. Además, tampoco es demasiado urgente, puedo esperar.-insistió en lo contrario.

-¡Insisto, ve tú! Es la cortesía propia de un anfitrión…-continuó el anciano, convenciendo a Link.

Una vez acabó, salió del baño mientras se colocaba sus guantes, que se los había quitado para hacer sus necesidades y luego se las había lavado.

-¡Tienes unas manos fuertes, muchacho! –comentó mirándolas- ¡Se aprecia que han sido curtidas trabajando en el campo!

-Gracias, aunque no suelo presumir de…-se dio cuenta de que miraba excesivamente sus manos- ¿Ocurre algo?

-¿Eh? No, nada en especial…-suspiró como si pareciese estar decepcionado- ¿Volvemos con los demás comensales? No es apropiado hacer esperar a tan distinguidos invitados.

El señor Smith comenzó a andar, pero fue interrumpido por Link, que se acordaba de algo.

-¿Pero usted no había venido conmigo porque también iba al servicio? –le preguntó confuso ante la actitud del hombre.

-¿Cómo? ¿Venía para eso? ¡Qué despiste! –exclamó extrañamente sorprendido- ¡Creo que sólo fue una excusa para estirar las piernas!

Link se quedó dudando, llegándole a preocupar el extraño interés que tenía ese hombre por él… ¿Le había seguido hasta el baño? ¿Y para qué?

XOXOXOXOXOXOXO

Una vez acabaron de almorzar, cada uno se marchó a descansar a sus propias habitaciones, se reunirían nuevamente más tarde.

Aunque Link prefirió investigar la mansión en busca de su amigo peludo, con la intención de disculparse con él y de devolvérselo a Gustaf, que lo había estado buscando. Rastreó con su olfato donde se encontraría, pasando por infinidad de pasillos y algunas habitaciones.

Finalmente, sintió su presencia en una habitación cuya puerta había sido abierta ligeramente, dándose a entender que los animales se habían colado al no estar bien cerrada. Entró con precaución en la habitación, viendo que era un pequeño salón privado.

Algunos sillones, una chimenea, algunos trofeos de caza, alfombras y mesillas…aparte de eso, destacaba el cuadro de una joven mujer colocado sobre la chimenea. Era rubia y muy hermosa, ataviada con un elegante vestido rosáceo. Su rostro reflejaba bondad y alegría, cuyos ojos verde esmeralda parecían reflejar una gran vitalidad.

-"Se ve bien linda… ¿Quién será?"-habló Valentín, que había permanecido callado cuando él entró.

-¡Valentín! ¡Por fin! ¡Te estaba buscando! ¡Gustaf estaba preocupado por ti! –exclamó al verlo a su lado.

-"¿Ya te aplacaste, lobo?" –no parecía contento- "¿Cuándo dejarás de ser tan meco? ¡Puedo cuidarme solo!"

-¿Sigues enfadado, eh? Lo siento…-se disculpó arrepentido- Estaba enfadado, tengo muchas cosas en la cabeza y…

-"¡Ey! ¿Podrían echarnos una pata? ¿No ven que estamos ocupados en algo muy importante?" –les ladró uno de los gemelos sabueso, que olisqueaba con insistencia la chimenea.

-"¡Ya déjenlo! ¡No lo encontrarán!" –ladró el Chihuahua, al parecer molesto por lo que hacían.

-¿Pero qué están buscando? Ahí no hay nada, más que algunos adornos sobre esa chimenea y ese cuadro.-les preguntó Link.

-"Andan rastreando algún perfume que está bien chido… ¿No hueles?"-le explicó olisqueando.

-Ahora que lo dices…-inspiró profundamente- Es cierto, puede notarse en el ambiente una fragancia muy atrayente y que extrañamente…-negó lo que estaba pensando- No es imposible, es la primera vez que lo huelo… ¿Pero de dónde proviene?

-"¡En eso estamos! ¡Se acaba aquí mismo! ¡No entendemos nada!" –exclamó el gemelo Nico.

-"¡El amo debe de haberlo escondido! ¡Es la única explicación!" –pensó el otro, Arthur.

-"¡Sí, pero siempre acabamos encontrando la botella de todos modos! ¿No, hermano?"

-"¡Claro, somos sabuesos del linaje von Frenchleft! ¡No pueden superar a nuestro legendario olfato!"

-¿Por qué os interesa tanto un simple perfume? ¿Qué tiene de especial? –les preguntó confundido.

-"¡Pues que el amo lo guarda con mucho recelo! ¡Y no sabemos por qué!"-respondió Arthur.

-"¡Y nos encanta su aroma! ¡Es muy dulce y maternal!"-añadió Nico.

-Pues si os doy mi opinión, pensaría que lo esconde detrás de ese cuadro…-dudó unos instantes- ¿Lo compruebo?

Los perros ladraron ansiosos esperando que tuviera razón y les entregase aquello que deseaban. Rodó el cuadro y comprobó que tras él había un hueco donde había una pequeña caja fuerte, imposible de abrir sin la combinación.

-Lo lamento, chicos, pero me parece que no podrá ser esta vez…-les habló con pena al escuchar sus gemidos lastimosos.

-¿Se puede saber que están haciendo aquí? –les habló una voz nada contenta a su espalda- ¿Cómo habéis entrado?

Link se volvió rápidamente hacia él y sus pulsaciones se dispararon vertiginosamente, aterrado al igual que los sabuesos.

-¡Señor Smith! ¡No es lo que parece! ¡Tan sólo estaba…! –trató de defenderse, aunque era difícil de explicar lo que parecía ser un robo.

-¡No te preocupes, joven! ¡Sé lo que estabas haciendo! –le habló despreocupado- Estos granujas entraron y luego se dedicaron a rebuscar por el salón algo que les he repetido mil veces que no hagan. ¿Les seguiste el juego, muchacho?

-Eh, bueno, sí…-admitió nervioso- Pensé que eso les tranquilizaría y dejarían de husmear por la zona.

-Aaagg…-suspiró cansado Smith- Perros estúpidos, no saben contentarse con nada…

Tras pedirle a Link que se diera la vuelta, el anciano abrió en segundos aquella caja fuerte y sacó de ella una botella de perfume femenino que enloqueció a los sabuesos.

-Está bien…-roció sólo un poco en el aire- ¡Olisquéenlo y váyanse! ¡No quiero volverlos a ver en este sitio! ¡¿Me oyen?!

Los cánidos salieron de la habitación algo intimidados, después de que los gemelos se deleitaran con ese aroma.

-Parece que a ti también te gusta, muchacho…-le habló al ver su expresión de gusto.

-¿Eh? Bueno, un poco…-reconoció incómodo- ¿Podría preguntarle de qué está hecha esa fragancia?

-¡Buena pregunta, joven! ¡Ni yo mismo lo sé! –se rió de la pregunta- Le encargué un gran lote de estas botellas a un viejo perfumista que murió hace algunos años, se llevó ese secreto a la tumba y hasta ahora no he encontrado a ningún otro que pueda hacerme copias buenas de este perfume.

-Pero…-algo no encajaba- Es un perfume femenino… ¿Acaso le perteneció a su difunta hija, señor? ¿Y ese cuadro no será su…?

-Eres listo, joven…-suspiró mirando la botella- Sí, esa es mi hija y encargué este perfume exclusivo para ella. Era su seña de identidad, por así decirlo…-se animó un poco- ¡Y parece que a esos dos les gustó también! ¡Por su culpa ahora sólo me queda otra botella como esta! ¡Menudos sabandijas están hechos! ¡La de cosas que han destrozado para conseguir un poco de esta fragancia!

-Debe significar mucho para usted, alcalde…-le acompañó en el sentimiento- Le pido disculpas, no debería haberlos ayudado. Y por mi culpa ha tenido que gastar un poco de ese perfume, de veras lo lamento.

-¡No pasa nada! ¡Al final hubiera tenido que hacerlo igualmente! –le perdonó como si nada- Y hablando de eso, quisiera entregarte esto…-y en sus manos colocó la delicada botella de fino y reluciente cristal en sus manos, sorprendiéndolo enormemente.

-¡Pe-pero señor Smith! ¡No puedo aceptar esto! ¡Es un tesoro para usted! –le negó entregándoselo de nuevo.

-¡En serio! ¡Quiero que te lo quedes! –se lo devolvió insistente- Hasta ahora, aparte de mis dos sabuesos, nadie se había interesado y admirado la fragancia de mi hija tanto como tú, joven. Es más, me harías un gran favor si te lo quedarás. Aún conservaré la otra, así que no tienes de qué preocuparte. ¡Quiero que el aroma de mi hija salga de estas paredes y que la gente vuelva a admirarlo como antaño! ¿Me concederías ese deseo?

-Yo, es que…-ante la mirada del anciano, aceptó algo incómodo- ¿Quiere que me lo rocíe ahora mismo?

-¡No! ¡Ja, ja, ja! ¡Por las Diosas! –su pregunta le levantó el ánimo- Al fin y al cabo, sigue siendo un perfume para mujeres. No te he pedido que lo utilices sobre ti, puedes disfrutarlo en privado. O si lo consideras oportuno, se lo podrías regalar a alguna jovencita que te agrade…

-Eh, bueno…-ese comentario lo avergonzó- No correrá esa suerte, no se preocupe. Estará en buenas manos, se lo prometo.

-¡Estupendo! ¡Confío en ti, muchacho! –le felicitó dándole una palmada en la espalda- ¿Podrías hacerme otro pequeño favor? ¿Te importaría sacar al jardín a mis perros y jugar con ellos un rato? Estoy bastante ocupado, entre la alcaldía y la llegada de tales celebridades. ¡Pero sé que esta noche no me dejarán dormir si antes no han descargado esas energías! ¿Lo harás por mí?

-Por supuesto, no se preocupe.-aceptó gentilmente- Me gustan los perros, digamos que tenemos una conexión especial…

-¡Excelente! ¡Llévalos más tarde a mi despacho! ¿Recuerdas dónde se encontraba?

-Más o menos…-su olfato o los perros lo guiarían- ¿Me puedo ir ya? Si no los perros volverán a escaparse y tendré que…

-¡Sí, claro! ¡Vete ya! ¡Cuidar de unos animales siempre da trabajo! –le incitó a irse- ¿Cree que a la princesa le importe que no esté acompañándola, joven?

-En absoluto, está descansando en su alcoba tras este largo viaje…-bajó la voz- ¡Si le soy sincero, no creo que despierte hasta dentro de unas horas! ¡Je, je!

-¡Me gustas, chico! Te pareces mucho a mí en algunos aspectos…-admiró orgulloso- ¡Vamos, que se le escapan, joven!

Link salió apurado de la estancia tras poner a buen recaudo aquel perfume, con la intención de perseguir a los animales. Y mientras, el alcalde colocaba con cuidado el retrato de su querida hija…

-Ojalá fuese cierto…-suspiró- ¿Podría ser posible? ¿O acaso sólo son los delirios de un viejo?

XOXOXOXOXOXOXO

"¡Tira la pelota otra vez! ¡Y esta vez más lejos!" –le pidieron los sabuesos, ladrando ansiosos por el juguete.

Link se la lanzó nuevamente con fuerza, haciendo que ambos perros recorrieran aquel inmenso jardín y desaparecieran entre las plantas. Sin embargo, apenas les había prestado atención desde que pisó los jardines, estaba más atento a la pequeña alforja de su cinturón donde guardaba aquel frasco.

"Te ves distraído, compadre… ¿Por qué aventaste la bola con ese desánimo?"-se subió a él, en cuanto este se sentó sobre el césped- "¡Platica conmigo! ¡Lo necesitas!"

-No me atosigues, Valentín…-estaba cansado- No sé, todo esto es tan extraño…

-"¿Qué? ¡¿Qué pensaste?! ¡Dime!"-insistió el perrillo, su curiosidad era grande.

-¿Por qué me lo habrá regalado? –se preguntó a sí mismo tocando su alforja- ¡Apenas nos conocemos! ¡Y me confía uno de sus mayores tesoros! ¡¿A quién le entra eso?!

-"¡Es que no tienes cuate! ¡Se puede confiar en ti con sólo verte!" –le alabó su amigo-"Pero algo no cuadra, tienes razón… ¿Por qué? ¿Qué onda con el viejo? Debe andar demente…"

-No lo creo, parece un hombre bastante sensato y cuerdo. Y eso a pesar de que parece olvidarse de cosas bastante simples a veces. -sospechó- He notado que me trata de una forma extraña…

-"¿Ah, sí? ¡No lo vi! ¡No estuve en la comida! Pero me late que oculta algo…"-sospechó también, viendo a los sabuesos acercarse.

-Yo también, no hace falta que lo jures…-continuó hablando, mientras lanzaba la pelota distraído y sentado- ¿Qué piensas de ello?

-"Pues que al amo le recuerdas mucho a su yerno, señorito…"-le respondió Arthur, sentado junto a su hermano.

-¿Cómo? ¿No habíais ido a por la pelota? –les preguntó al encontrárselos delante de ellos.

-"¡Estás lanzándola sin ganas! ¡Eso no es divertido!"-le ladró Nico- "¡Céntrate! ¡O al menos déjanos olerte ahora que estás impregnado del perfume del amo!"

-¿Acabáis de decir que me parezco al yerno del alcalde, verdad? –les preguntó retomando la conversación- ¿No había muerto al igual que su hija?

-"Pues sí, fue hace muchos años…"-le respondió uno, oliéndolo- "Nosotros no estábamos, sólo hemos visto una imagen de él…"

-"Es una fotografía guardada en el escritorio del despacho del amo, apenas abre ese cajón. Y cuando lo hace, se pone triste."-continuó su hermano- "¡El amo guarda muchos secretos!"

-En su despacho…-se puso a pensar- ¿Os encontráis cansados?

-"¡Para nada! ¡Aún tenemos fuerzas para algunas carreras más!"-ladraron los sabuesos, agitando sus colas emocionados.

-¡Pues vais a correr como si esto fuera una cacería, muchachos! –se animó Link, levantándose con la intención de lanzarles todo lo que estuviera a mano.

XOXOXOXOXOXOXO

En su despacho, el alcalde Smith miraba tras la ventana el paisaje idílico de la colonia, con semblante serio y meditativo. En sus manos portaba una vieja fotografía y un emblema característico, mirándolos con nostalgia y desánimo.

Se asustó un poco al oír cómo alguien llamó a la puerta, pero enseguida recuperó la compostura y guardó rápidamente ambos objetos.

-¿Puedo pasar? –le preguntó Link junto a la puerta- Le traigo a los perros, espero no haberle interrumpido en algo importante.

-¡En absoluto! –exclamó fingiendo normalidad- ¿Ya has jugado con ellos? ¡Me sorprende que lo hayas hecho tan rápido!

Mientras, ambos sabuesos jadeaban y salivan completamente exhaustos, apenas manteniéndose en pie sobre sus cortas patas.

-"¿Quién pidió un adiestrador profesional? ¡Sólo queríamos jugar a la pelota!"-se quejó uno de ellos.

-"Nos la ha jugado…"-comentó su hermano-"Lo ha hecho para espiar al amo, seguro."

-"¡Ya dejen de quejarse! ¡Sois perros bien huevones!"-ladró el perrito, que apenas estaba cansado.

-"¡Tú cállate, enano! ¡Has sido su cómplice desde el principio!"-les ladraron los perros, tumbándose sobre el suelo.

-¡Impresionante, muchacho! –exclamó satisfecho el alcalde- Solamente te había pedido que los cansaras un poco… ¡Qué barbaridad!

Cuando su amo se agachó para acariciarlos y hablarles, uno de ellos se percató de lo que había estado haciendo su dueño antes de que llegaran.

-"Tiene abierto ese cajón…"-murmuró jadeante Arthur-"¿Estaría mirando la fotografía?"

-¿En serio? –preguntó Link interesado, mirando el escritorio.

-¿Has dicho algo, joven? –le preguntó Smith mientras mimaba a sus mascotas.

-¡No, para nada! ¡Estaba pensando en alto! –intentó excusarse, no podía explicarle que podía comunicarse con los animales.

-"Sólo te daremos unos instantes, aprovéchalos bien…"-le habló Nico, preparándose para hacer algo.

En ese momento, ambos cánidos se alborotaron y comenzaron a ladrar a su dueño, huyendo de él rápidamente.

-¡¿Qué os pasara ahora?! ¡Volved aquí enseguida! –les ordenó molesto por su comportamiento, yendo tras ellos.

-"¡Apúrate, compadre! ¡No te cuelgues! ¡Vendrá pronto!"-le ladró Valentín avisándole de la situación.

Link se dio prisa en buscar en aquel cajón la fotografía, lo que no le llevó mucho tiempo. Cuando la tuvo en sus manos, se quedó paralizado ante lo que veían sus ojos…

-"¿Qué pasó? ¿Y ese rostro? ¡Reacciona, güero!"-intentó llamarlo, pero no conseguía nada.

-Es…-no daba crédito a lo que veía- ¡Es idéntico a mí! ¡Mira esto!

-"¡Híjole! ¡Se ve como tú, cuate! ¡Puede que tenga más edad!"-exclamó en un gemido agudo- "¡Tienes que resolver este misterio a como dé lugar! ¡No es normal!"

-¡Ya lo sé! ¡Aún no puedo creerme que esté viendo esto! –estaba trastornado- ¡¿Qué está pasando aquí?! ¿Quién es este hombre? ¿Y por qué se parece a mí? ¡Esto no tiene sentido!

Guardó rápidamente la imagen de nuevo en el cajón, muy nervioso y agobiado. No entendía nada de lo que estaba pasando, demasiadas coincidencias en un mismo día.

-¡Por fin os atrapé, maleantes! ¡No pensé que aún les quedaran fuerzas para evadirme! –habló el señor Smith mientras entraba a la habitación arrastrando por el collar a los dos perros- Siento la interrupción, estos animales cada día están más…

No pudo terminar la frase, pues Link se le atravesó y salió con prisas del despacho, al parecer bastante nervioso. El viejo alcalde se quedó pensando en lo que podría haberle ocurrido al muchacho para que se marchara tan bruscamente. Y debido a lo meticuloso que era, se percató enseguida de que la gaveta donde estaba guardada la fotografía de su yerno y su hija no estaba cerrada de la misma manera que la había dejado él.

-¿La habrá visto? –se preguntó a sí mismo- En ese caso, creo que será mejor que no me entrometa…

XOXOXOXOXOXOXO

-Te lo digo en serio, Zelda. Hay algo en ese hombre que me resulta extraño…-le comentó Link, que estaba asomado al balcón de la habitación de ella, contemplando el mar y la ciudad.

Tras aquel incidente con el alcalde, Link permaneció vagando por los pasillos de la mansión, pensando en lo que estaba pasando. Fue entonces cuando decidió buscar a Zelda para hablar con ella, algo que jamás había hecho, pero ahora la necesitaba con urgencia. Y mientras él meditaba sobre ello, Zelda se encontraba sentada en la cama, reposando un poco mientras disfrutaba del cálido sol y la brisa que entraba gracias a Link.

-¿Por qué lo dices? Lo conozco de toda la vida, no es mal hombre. Admito que desde que llegamos ha mostrado un elevado interés por ti, pero de eso a quererte espiar mientras iba al lavabo…-razonó con él, dándole escasa importancia a lo que le decía.

-No lo digo únicamente por él, sino también por otras cosas…-suspiró, estaba confundido.

-¿Link? –se acercó a él preocupada- ¿Qué te pasa? No es propio de ti desanimarte por estas minucias, puedes contármelo.

-Pienso que es disparatado contarte esto pero…-temía que no le creyera- Entré a su despacho, por un asunto que ahora mismo no importa. Y cuando se despistó, aproveché para buscar en su escritorio una extraña fotografía de la que me habían hablado sus mascotas. Cuando la observé, me sentí aterrorizado…

-¿Qué fue lo que viste? –le preguntó preocupada, al verlo tan nervioso.

-En ella aparecía la hija del alcalde, junto a un hombre…-comenzó a relatarle- Según tengo entendido, era su yerno. Pero…era muy parecido a mí, con más edad por supuesto.-se dio la vuelta y la miró- ¿Qué significa esto? Nada más ver al señor Smith, sentí algo extraño. Su olor me pareció familiar, aunque jamás nos habíamos visto… ¿Cómo es eso posible?

-Deberías tratar de calmarte, está sacando las cosas de contexto…-intentó tranquilizarlo- Puede que sólo sean coincidencias, tú tampoco te encuentras en las mejoras condiciones para razonar como es debido.

-¡¿Y qué me dices de esto?! –le mostró el frasco de perfume- ¡Pertenecía a su hija! ¡Y me lo ha regalado como si nada! ¡¿Por qué?! –le gritaba muy alterado- ¿Crees que me estaré volviendo loco por culpa de mis habilidades animales?

-En realidad…-parecía estar ocultándole algo- Podrías no estarlo…

-¿A qué te refieres? –le preguntó al notarla tan misteriosa.

Ella no le dijo nada y simplemente rebuscó en su equipaje, evitando que Link se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Después, se acercó a él y le cogió la mano, poniendo colorado al pobre muchacho.

-Ven conmigo, tenemos que solucionar un asunto con otra persona…

XOXOXOXOXOXOXO

El señor Smith aún continuaba dándole vueltas a lo ocurrido en su despacho, observando el exterior con rostro meditativo y preocupado, fumando de una cara y estilizada pipa.

Al igual que Link, también tenía sus dudas respecto a la identidad del muchacho, negándose a creer que pudiera tener alguna conexión con él. Estaba confuso, y a pesar de las evidencias, seguían quedando interrogantes que no estaba dispuesto a intentar resolver. Quizás para evitar dolor…

-¡Imposible! –exclamó golpeando la mesa- ¡No es él! ¡Han pasado demasiados años! ¡Debe ser sólo una maldita coincidencia! ¡Todos murieron aquel trágico día! ¡No pudo sobrevivir! ¡Son sólo las alucinaciones de un anciano, Smith! ¡Acéptalo!

Unos segundos más tarde, escuchó cómo alguien llamaba a la puerta, molestándolo enormemente.

-¡Estoy ocupado! –gritó enfadado- ¡Ahora mismo no puedo atenderle! ¡Márchese y vuelva más tarde!

-Alcalde Smith…-le habló suavemente la joven tras la puerta- Soy la princesa Zelda, ¿Le importaría hacer una excepción esta vez? Necesito hablar con usted sobre algo importante.

-¡La princesa! –exclamó por lo bajo- ¡En seguida le abro, majestad!

No tardó en hacerlo, pero cuando lo hizo y antes de poder disculparse con su soberana, se sorprendió al ver que le acompañaba su joven protector.

-¿Qué haces aquí, muchacho? –preguntó ciertamente incómodo, como si temiera encontrárselo cara a cara.

-¿Por qué nunca lo trata por su nombre, alcalde? ¿Le incomoda en algo su presencia? –le preguntó cuidadosamente Zelda, esperando una reacción de su parte.

-¿Podría conocer el asunto que le ha traído hasta aquí, alteza? –preguntó intentando evadir aquel tema.

-He notado que guarda un extraño interés en mi guardaespaldas. Me gustaría saber por qué…-continuó indagando, incomodando al hombre.

-Majestad, por favor…-le habló preocupado Link- Déjelo, no tiene por que involucrarse en esto, no es necesario.

-Silencio, Link…-le ordenó autoritario- Es hora de que conozcas la verdad.

-¿De qué hablan? ¿Qué verdad es esa, majestad? –ahora Smith se encontraba realmente interesado.

-Sólo quiero que me conteste únicamente a una pregunta…-en ese momento, le mostró un emblema- ¿Esto le perteneció a usted? ¿Sí o no?

-¡¿De dónde lo ha sacado?! –el hombre agarró bruscamente el objeto- ¡¿Cómo lo ha conseguido?!

-¿Qué es eso, majestad? ¿Por qué es tan importante? –le preguntó confuso Link, mirando la expresión de asombro del alcalde.

-Me lo entregaron tus padres adoptivos cuando fui a Ordon. Me pidieron que resolviera este misterio de una vez por todas…-le contó brevemente- Supuestamente, debió pertenecerte a ti y lo encontraron tiempo después de acogerte.

-¿Qué es todo esto? ¿Quién eres tú, chico? –miró el hombre a Link muy asustado, a la vez que esperanzado.

-¡Ey! ¡¿Qué es esto?! –exclamó al acercarse al emblema- ¡Mi nombre está escrito ahí!

-¡Majestad! ¡¿Qué está ocurriendo aquí?! –exclamaron al unísono ambos varones.

-Las pruebas así lo delatan y a menos que me equivoque…-hizo una pausa- Link…él es tu abuelo biológico, tu auténtica familia.

Ambos se separaron y quedaron mirándose en silencio durante unos momentos, impactados por tal revelación. Intentaban verse a sí mismo reflejados en el otro, buscando algún parentesco que pudiera sostener dicha afirmación.

-No es mi nieto…-habló finalmente Smith, furioso- ¡En su mano izquierda no hay nada! ¡Mi nieto nació con la misma marca sagrada que vos, majestad! ¡Jamás olvidaría algo tan singular como eso! ¡No traten de engañarme!

-Tranquilícese, señor Smith…-intentó apaciguarlo- Todo tiene su explicación, no es ninguna broma de mal gusto. Este joven perdió aquella marca en un terrible incidente, pero le doy mi palabra de que antes portaba esa misma seña en su mano izquierda.

Link se sentía perdido en todo aquello… ¿Era en verdad familiar suyo? ¿Era él entonces un rico burgués y no un muchacho corriente? Todo era muy confuso, y más observando la mirada atónita de aquel hombre al que tanto le pesaban los años.

-Tantos años…-los ojos del anciano comenzaron a aguarse, debido a la infinita alegría que sentía en ese momento- Snif… ¡Y ahora he podido verte de nuevo! ¡De verdad eres mi nieto, Link!

El hombre lo abrazó enormemente emocionado, ante la sorpresa e incredulidad del joven. No sabía cómo reaccionar, no estaba preparado para asimilar tan rápido la noticia.

Y en medio de ese entrañable reencuentro, Zelda decidió que lo mejor era marcharse de allí y dejarlos a solas.

-¡Cuánto has crecido! –exclamó emocionado Smith- Cuando desapareciste apenas tenías unos días de vida… ¡Y mírate ahora! ¡Estás hecho todo un hombre! ¡¿Dónde has estado todos estos años, muchacho?!

-Eh, verá…-todavía estaba acostumbrándose- ¿Podría explicármelo todo antes que nada?

-¡Oh, es cierto! –entendió enseguida- ¡Toma asiento, hijo!

El señor Smith a un lado de la mesa y él al otro, en lo que sería una charla bastante reveladora.

-¿Podría aclararme que significa exactamente ese emblema? –le preguntó mirando aquel objeto metálico de reciente restauración.

-¿Esto? –agarró con cuidado aquello- Lo encargué para ti, junto con este que también tengo guardado…-abrió el cajón y sacó el otro, junto a la foto- Yo mismo grabé tu nombre en ambos, junto a tu fecha de nacimiento. En este está reflejado en el emblema de tu familia materna, o sea, yo. Y en el otro, el símbolo de los Caballeros Reales de la línea roja…

-¿Los Caballeros Reales? ¿Mi padre era un caballero? –preguntó asombrado.

-En efecto, la última familia superviviente de la antigua casta de los Caballeros Reales. Los "RedLine", más conocidos como los Caballeros Rojos. Tu padre, este que vez aquí…-le señaló en la imagen- Era el último caballero que quedaba con vida y era un gran amigo del anterior rey, el padre de nuestra soberana actual.

-Entiendo…-poco a poco, iba encajando las piezas- ¿Cómo se llamaban mis padres?

-Raven RedLine, era tu padre…-habló señalándolo- Aryll Gallagher, tu madre…

-Oh, vaya…-no mostraba mucho entusiasmo- Eran buenos nombres…

-¿Qué te pasa? Te noto algo distraído, apenas haces preguntas…-le habló al notarlo tan extraño, aunque comprendía los motivos.

-Es que…-se levantó de la silla y se puso a caminar- ¡Todo esto! ¡De golpe! ¡Jamás imaginé que lo que me tenía preparado fuera esto!

-¿Cómo? ¿A qué te refieres, muchacho? –el alcalde era el primer sorprendido.

-Eh, bueno…-le avergonzaba reconocerlo- Digamos que Su Majestad me hizo un gran favor al traerme consigo hasta aquí, a pesar de que debería haberme quedado en el castillo recuperándome de algunas heridas que tengo.

-Es cierto, ha sido gracias a ella por lo que hemos podido encontrarnos después de tanto tiempo…-miró a su alrededor- ¿Se marchó hace un momento, no?

-Sí, supongo que no quería interrumpirnos…-murmuró con una ligera sonrisa de agradecimiento hacia ella.

-Realmente curioso…-su abuelo lo miraba interesado- ¿Y esa cara, jovencito?

-¿Eh? ¿Qué cara? ¿De qué habla? –habló saliendo de sus propios pensamientos, no se había percatado.

-Uhm…-se levantó también- Cuando te observó veo reflejado a tu padre, eres su viva imagen. Y esos ojos…

-¿No irá a decirme que son los de mi madre, no? –bromeó con él.

-¡No! ¡¿Qué tonterías dices?! –se rió alegremente- ¡¿De dónde has sacado eso?! ¡Los de tu madre eran brillantes esmeraldas! ¡Y los de tu padre, eran de un azul diferente! ¡Esos ojos son sólo tuyos, muchacho!

-¡Me alegro! –sonrió animado- ¡Entonces soy único!

-Bueno, a lo que íbamos…-intentó recordar- ¡Ah, claro! ¡Todo esto venía por esa extraña sonrisa que te vi dibujada antes! ¿En qué pensabas?

-¡¿Yo?! –se sonrojó enseguida- ¡En nada! ¡¿Por qué lo pregunta?!

-Seré viejo, pero sé perfectamente lo que se le pasa por la cabeza a un joven como tú…-intentó no presionarlo- Tus expresiones son las mismas que las de tu madre, cuando sospechaba que se estaba viendo con un hombre a escondidas y le preguntaba sobre ello. Apenas te conozco, pero al ver eso me has recordado lo prendada que se quedó mi hija de tu padre en cuanto lo conoció…-sonrió ligeramente- ¿Quién te ronda por esa cabeza?

-¡En serio! ¡No es nada! –intentó defenderse- ¡Deben de ser imaginaciones suyas!

-Comprendo…-no estaba demasiado satisfecho- Me pregunto por qué se habrá molestado en una investigación tan arriesgada como esta, no había muchas garantías de éxito…-comenzó a hablar, mirando aquel símbolo- Se aprecia que ha sufrido una larga restauración, seguramente se encontraría en penosas condiciones. El emblema de esta familia… ¿Curioso, verdad?

-Ella siempre ha sido muy amable conmigo, sólo quería compensarme algunas que hice por ella…-habló notando que sospechaba de algo.

-¡Estaba predestinado! ¡Finalmente las Diosas quisieron que os encontrarais! –clamó feliz.

-¿Se puede saber de qué habla? ¿Qué es eso de que estábamos predestinados? –le contestó bruscamente, ruborizado.

-Me refiero a que en cuanto naciste, o incluso antes, se decidió que tú serías el protector de la hija del antiguo rey, el gran Daltus.-le explicó tranquilo- Al igual que tu padre servía al suyo, tú harías lo mismo. ¡¿Y quién sabe?! ¡Seguramente acabaríais formando una amistad como vuestros progenitores! –sonrió e hizo una pausa- ¡Y mirad ahora! ¡Sucedió! ¿No te parece curioso?

-Entonces, desde un principio…-le agradaba esa idea- ¿Íbamos a conocernos y a convivir en ese castillo, conmigo a su servicio?

-¡Claro! ¡Vuestros padres así lo hubieran querido! ¡Ja, ja, ja! –se acercó a él, hablándole por lo bajo- No le comentes nada de esto a nadie… ¡Pero esos dos cuando eran unos chavales eran unos atolondrados! ¡Sería la juventud, supongo! Por ello sus padres, vuestros abuelos, hicieron todo lo posible por enderezarlos.-le relató animado- ¡Diosas! ¡Qué carácter tenían esos hombres! ¡Completamente opuestos a sus hijos!

-¡Vaya! ¡Qué sorpresa! –estaba bastante interesado en ello- ¿Debían ser como hermanos, no?

-¡Más que eso! ¡Eran la sombra del otro! –recordó entre risas- ¡Y eran unos juerguistas! ¡No se tomaban nada en serio! Ya fuese metiéndose en problemas, buscando mujeres o emborrachándose en las tabernas… ¡Menudo par! –le costaba reconocerlo- Por eso, no me cayó demasiado bien tu padre cuando descubrí que él y tu madre estaban emparejados. Tenía fama de mujeriego, igual que el rey, así que pensé que tan sólo querría aprovecharse de su belleza y su amplia fortuna. ¡Pero todo cambió! ¡Nunca pensé ver a esos bribones sentando la cabeza! ¡Tu padre con mi hija y Daltus con aquella hermosa condesa! ¡Esas mujeres sí que eran opuestas!

-¿Por qué lo dice? –preguntó muy interesado.

-Mientras tu madre era dulce, inocente y sosegada; la antigua reina tenía un carácter…-se rió por lo bajo- ¡No tenía paciencia con su marido! ¡Y eso que aparentaba ser una mujer muy paciente y recta! Aunque pienso que él lo hacía a propósito, tal vez le gustara eso…

-Sí, reconozco que cuando Zelda se enfada da miedo…-murmuró recordando.

-¿Y esa confianza? ¿Cómo te atreves a llamarla únicamente por su nombre incluso en privado?

-¡Oh, vamos! ¡No es para tanto! –lo había pillado- ¡No ocurre nada por llamarla por su nombre!

-Está bien, sólo era una pregunta…-había conseguido lo que quería- ¿Guardas una hermosa amistad con ella, cierto?

-Bueno, sí…-contestó algo desanimado- Justo como nuestros padres… ¿No?

-¿Por qué pareces tan decaído, muchacho? ¿Te ocurre algo, Link? –le preguntó sorprendido por su reacción, pero entonces se dio cuenta de algo- Ya entiendo, eso es lo que te pasa…

-¿En qué está pensando? ¿Por qué me mira así? –le preguntó desconfiado.

-No puedes engañarme, te delatas a ti mismo…-habló muy seguro- Desde hace un rato me lo estaba imaginando, pero acabas de demostrarme que mis suposiciones eran correctas…-hizo una ligera pausa- ¿Estás enamorado de esa joven? Y no hace falta que contestes, tu expresión lo dice todo.

-Habla de ello como si fuese algo tan simple o como si me conociera lo suficiente para juzgarme…-le reprochó molesto, apartando la mirada.

-Francamente, no me sorprende lo más mínimo.-continuó hablando- Conozco a la princesa desde hace muchos años, me sorprendió que te tratara con tanta confianza y que además nos haya ayudado a encontrarnos de nuevo. Si te soy sincero, no era propio de ella actuar así, se limitaba a cumplir con sus obligaciones. Quizás tú seas el causante de ese radical cambio…

-Si lo que quiere es reírse de mí, hágalo en otra parte. No estoy para juegos…-le molestaba que hablara así, sus palabras no significaban nada.

-¿Qué ocurre? ¿Sólo eres tú el que está interesado por el otro? –volvió a preguntar, indagando más aún en la herida.

-Mire, usted…-eso lo había enfadado mucho- Quizás haya resultado ser mi abuelo biológico, pero no espere a que le hable de cosas en las que no debería estar metiendo las narices, señor.

-Deberías tranquilizarte, joven…-no se inmutó- Sé que en ocasiones puedo resultar ser algo entrometido, pero únicamente me preocupo por ti. No quiero que te confíes por descubrir que de ser un simple campesino, has pasado a pertenecer a una rica familia burguesa y a la noble estirpe de los Caballeros Reales. Procura controlarte delante de nuestra soberana, más aún con el pretendiente más probable para su futuro matrimonio rondando por aquí.

-¡No soy imbécil! ¡¿Sabe?! –le gritó enfadado- ¡No he recibido la educación de un burgués, pero sé cuáles son mis límites! ¡Nunca cometería una tontería como esa!

-¿Y qué harás? Ahora que sabes quién eres…-parecía querer convencerlo de algo- ¿Seguirás a su servicio como un simple guardaespaldas?

-Yo…-tomó asiento en un sillón- En realidad, ya no sigo siendo su protector…

-¿Cómo? ¿Y qué haces aquí entonces? –esa confesión le sorprendió enormemente.

-Debido a ciertas circunstancias, firmamos un contrato en el que dejaba claro que debía marcharme del castillo…-suspiró- Logré convencerla, a pesar de mi lamentable estado, para acompañarla en este último viaje y así poder estar con ella.

-¿Eso quiere decir que te vendrás a vivir conmigo? –le preguntó con muchas esperanzas en su respuesta- Al haberte quedado huérfano, puedes escoger entre dos apellidos…-habló mostrándole ambos emblemas- Uno de ellos es de una rica familia que te proporcionará riquezas y poder en el reino, serás ampliamente respetado en las colonias. Y el otro, representa a una antigua casta, casi extinta, de valientes guerreros que sirven al supremo gobernante de Hyrule. ¿Cuál elegirás? ¿Qué destino escogerás? ¿Gallagher o RedLine?

-Me está poniendo en un aprieto…-murmuró estresado- Ni siquiera me ha contado cómo perdí a mis padres, si es que lo sabe.

-¡Perdóname, hijo! ¡Sabía que se me olvidaba algo! Tampoco es algo de lo que me guste conversar…-se acomodó en el sillón- Y por favor, no me trates con tantas formalidades.

-Está bien…-se esforzó por sonreír- Abuelo…

XOXOXOXOXOXOXO

"No puedo contarte mucho, pero te relataré lo que sucedió aquel día…

Íbamos atravesando la región de Latoan, en un pequeño carruaje, debido a que nos habíamos vistos obligados a desviarnos de nuestro rumbo original. Nuestra intención era llegar a la ciudadela para que tu madre diera a luz allí, pero te nos adelantaste algunos días.

Tu padre y yo nos vimos obligados a auxiliarla en pleno bosque, a riesgo de la salud de ella y la tuya. Afortunadamente, todo salió bien y resultaste ser un niño muy sano. Y en ese momento, te coloqué sobre el cuello dos colgantes con los emblemas de nuestras familias, con tu nombre y fecha de nacimiento grabados en ellos con mi cuchillo. Todavía me pregunto por qué tu madre te puso ese extraño nombre…

Al día siguiente de tu nacimiento, proseguimos nuestra marcha hacia el castillo. En un momento de la travesía, me adelanté a tus padres para comprobar el terreno a pie. Parecía augurarse una fuerte tormenta, no quería poneros en peligro a ninguno de los dos.

Sin embargo, cuando regresé más tarde…

Tus padres estaban tirados por el suelo, sangrando abundantemente. Yo hice lo que pude para salvarlos, pero fue inútil. Fue entonces cuando comencé a buscarte a ti desesperadamente, pero sin éxito. Lo único que encontré fue uno de los dos colgantes, el que representaba a la familia de tu difunto padre.

Aquello me supuso un golpe devastador y regresé como pude para contarles lo ocurrido al castillo. Nunca les hablé de ti, pensé que estabas muerto y que no conseguiría nada intentando buscarte. Ahora te pido perdón por haber tratado de olvidarte, querido nieto.

Siempre creí que os habían atacado unas bestias salvajes, no se me ocurría otra explicación.

Me alegro de que al final, lograras salvarte, doy gracias a las Diosas por tal regalo…"

XOXOXOXOXOXOXO

-Mi familia adoptiva me encontró en una canasta durante una noche de tormenta, en un río cercano a Ordon.-terminó por añadir Link- Pero jamás me hablaron de ese colgante o sobre las posibles condiciones en las que tenía que estar si habían asesinado a mis padres. Seguramente, vieron algunas manchas de sangre o encontraron algunos signos de violencia explorando los alrededores.

-Yo encontré el otro emblema al borde de un río, sobre un ligero desnivel. Probablemente se tratara del mismo río o algún afluente del mismo.

-Y eso explicaría además la extraña pesadilla que siempre tenía cuando era pequeño. Aunque algo no encaja en la descripción…-pensó detenidamente, recordando.

-¿Una pesadilla? ¿De qué clase? –preguntó intrigado su abuelo.

-Era la misma escena dramática que tú me describiste, pero la silueta no parecía pertenecer a una bestia. En realidad, se asemejaba más a la de un hombre.

-¿Un hombre, dices? –comenzó a considerarlo- Pero no había nadie por los alrededores, tampoco habían rastros de saqueadores o cualquier indicio que apuntara a que fuese un persona la que cometiera tal atrocidad. Tenían marcas bien claras de desgarros provocados por unas afiladas uñas, no podría haber sido un hombre corriente el que lo hubiera hecho. Y menos aún, que lograra vencer tan fácilmente a tu padre.

-Bueno, ahora qué dices…-no estaba seguro- Es probable que hubiera sido así.

-Por cierto, quisiera hacerte una pregunta…-parecía muy interesado en conocer la respuesta- ¿Cómo perdiste esa marca de nacimiento tan característica que tenía en tu mano izquierda?

-No estoy muy seguro, apenas recuerdo lo que sucedió…-le respondió decepcionado- Tuvo que ser un hechicero muy poderoso para poder logar arrebatarme la Trifuerza, además después de eso sufrí algunos efectos secundarios.

-¿Cómo? ¿Qué clase de efectos secundarios? –preguntó extrañado.

-¿Eh? ¡Nada, nada! ¡Creo que hablé sin pensar! –no podía contarle nada sobre su transformación en bestia.

-Uhm…-sospechaba de él- Aún así me parece extraño… ¿Por qué alguien querría apropiarse de algo así? Sé que porta innumerables poderes sagrados, pero ese sujeto tendría que haber sabido desde un principio que tú custodiabas unos de sus fragmentos. ¿No te parece extraño?

-Hasta ahora no había caído en eso…-se sorprendió de que no se le pasara por la cabeza aquello- ¿Qué clase de persona podría haberlo sabido?

-No lo sé, pero algo así sólo lo conocerían personas muy allegadas a ti o a tus amigos…-le intrigaba ese asunto- ¿Y la princesa? ¿También han intentado robársela?

-Hemos sufrido varios ataques, pero ahora que lo mencionas estoy seguro de que también iban a por ella por eso mismo…-recordaba cuando la envenenaron- ¡Todo esto es muy confuso!

-Lo mejor será no precipitarnos, además preferiría de no hablaron de esas cosas.-le pidió prudentemente- ¡Para mí lo importante ahora es que me he reencontrado con mi nieto! ¡Debemos celebrar este acontecimiento y no pensar en otra cosa! ¡Esta noche daré una gran cena en tu honor, Link!

-¡Je, je! Sólo espero que no sea nada exagerado…-algo le decía que sería precisamente así.

Continuará… ¡Part continuación! ¡No se vayan!

XOXOXOXOXOXOXO

Nota de Alfax: ¡Sí, lo sé! ¡Critíquenme lo que quieran! ¡Sé que prometí publicar más seguido! ¡Pero este verano ha sido imposible! ¡Pero por mi santos ******* que eso cambiará este curso! ¡Pienso continuar con mis cuatro historias! ¡CON LAS CUATRO!

Para compensar mi ausencia, os dejó tres capítulos que inicialmente formaban uno de más de noventa páginas. ¡Para que os hartéis! ¡Tri-tri-tri-triiiiple emoción, señores!

¡Y comenten donde quieran! ¡Les contestaré a todos! (Y disculpen por no haber atendido a la peticiones que me dejaron en los comentarios o por mensaje privado, pero les aseguro que los he leído todos.)

¡Y ahora sigan! ¡Os quedan todavía más de sesenta páginas por leer, entre las dos partes restantes! ¡Buena suerte y espero que no estéis leyendo esto de noche! ¡Y que no tengáis que madrugar!