25. Revelaciones (Parte 2)

-¡Qué barbaridad, Smith! ¡Aquí hay comida para todo un regimiento, hombre! ¡Ja, ja, ja! –bromeó Auru sentado a la mesa, observando el abundante festín.

La mesa del comedor estaba completamente abarrotada de los más suculentos y exclusivos platos que el dinero podía comprar, no había escatimado en gastos. Apenas quedaba algún lugar libre a excepción de donde estaban colocados la cubertería y los platos, la mejor porcelana que poseía el alcalde. Varias sirvientas atendían la mesa con ahínco, preparadas para atender a sus comensales en cualquier cosa que necesitaban.

-¿Qué se supone que celebramos? En los días que llevo aquí, usted no había servido nada como esto hasta ahora, alcalde Smith.-preguntó intrigado el príncipe, preguntándose el por qué de todo aquello- ¿Y ese repentino cambio de lugares? ¿Por qué ahora ese chaval se sienta a su izquierda, señor? ¿No sería más apropiado que fuera yo o la princesa quienes ocupáramos ese asiento?

-¡Perdóneme, excelencia! ¡Pero todo tiene su razón! ¡Más adelantes les comunicaré el motivo! –se explicó ampliamente feliz, sonriendo y riéndose como jamás se le había visto.

-¡Pareces muy contento, Smith! ¿Qué ha ocurrido? ¿Al final te han nombrado presidente de la asociación de caza? ¡Ja, ja, ja! –se rió Auru, realmente no entendía el motivo de todo aquello.

-¡Mucho mejor que eso! ¡Hoy será un día memorable! –con unas palmadas, llamó a sus sirvienta- ¡Señoritas, traigan las copas de vino y la botella más antigua de la bodega! ¡Ya sabéis a cual me refiero!

-¡Smith, tranquilízate! ¿Vas a descorcharla? ¡Yo pensaba que la tenías reservada para un acontecimiento extraordinario! Si no me equivoco, lleva cincuenta años madurándose ese exquisito vino. ¡Me dijiste que te la entregó tu padre como recuerdo, Smith! –exclamó sorprendido Auru al escuchar que pondría sobre la mesa su mejor vino.

-¡¿Y qué mejor que hacerlo esta noche?! ¡No quisiera morir sin antes probar ese manjar, amigo! –habló mientras una chica le entregaba su copa y le servía un poco de esa delicia- ¡Brindemos por este grandioso día! ¡Que las Diosas nos bendigan por este gran regalo!

Todos brindaron juntos y degustaron aquel elixir divino que agradó con creses a todo el mundo. Incluso Smith le entregó un vaso a cada una sus asistentas y les sirvió un poco, sorprendiéndolas enormemente y sintiéndose muy agradecidas con él.

-¿Y por quién brindamos, señor? Quisiera conocer los motivos por los que usted ha cambiado tanto de humor desde este mediodía…-preguntó nuevamente Facade, bebiendo de la copa.

-¡Brindamos por mi legítimo heredero! ¡Link Gallagher! –anunció a todos colocando una mano detrás de su nieto, incomodándolo un poco.

-¡¿Qué?! –gritó tras escupir lo que se estaba bebiendo- ¡¿Ese muchacho es pariente suyo?!

-¡No seas tan grosero, hermano! ¡A ver si tienes más cuidado! –se quejó su hermano, limpiándose- ¡Y qué sorpresa, Link! ¿Por qué no nos contaste nada, pillín?

-¡No puedo creérmelo! ¿En verdad eres el heredero de la fortuna de los "Gallagher"? ¿Cómo es eso posible? –exclamó asombrado Auru, que no terminaba de creérselo.

-Bueno, en realidad aún no he escogido apellido…-murmuró tímidamente Link, no le gusta recibir tantas atenciones.

-¡Caprichos del destino, Auru! ¡Las Diosas me han devuelto a mi nieto perdido después de tantos años! –clamó eufórico- ¡Y todo gracias a la inestimable ayuda de la magnánima princesa de Hyrule! ¡Nunca podré estarle lo suficientemente agradecido, majestad!

-No fue para tanto, alcalde. Apenas con una pequeña investigación y de la encomiable labor del artesano que restauró ese emblema, pudo solucionarse todo.

-¡Pues yo todavía soy incapaz de creérmelo! El nieto de Smith…-de repente, se acordó de algo- ¿Pero no habías dicho que tu hija no te había dado heredero antes de morir?

-Tú sabías mejor que nadie que mi hija estaba embarazada cuando ocurrió aquel trágico suceso…-comentó entristecido- Lo que jamás conté, es que ella había dado a luz durante nuestro trayecto a la capital. No quería sufrir más con aquello, por lo que no les dije nada a las autoridades que investigaron esas muertes… ¡Pero ahora sé que logró sobrevivir! ¡Y finalmente acabó criándose en la pérdida aldea de Ordon! ¡Les estoy también muy agradecido a ellos!

-Vaya, vaya…-el que menos ilusionado estaba con la noticia era Facade- Debe de haber sido una sorpresa para ti también, Link. Acabas de pasar de ser un campesino corriente, a escalar posiciones hasta convertirte en el heredero de una de las familias burguesas más respetables de la zona. ¿Todo un logro, no crees?

-Y eso sólo por parte de la familia de su madre, pues por el lado paterno también hereda un gran prestigio.-añadió Auru- ¡Es el último descendiente de los nobles Caballeros Reales hyrulinanos! ¡De la estirpe roja, los "RedLine"! ¡Los Caballeros Rojos!

-¡Qué bien! ¡Siempre me ha gustado la historia extranjera! ¡Y aquí tenemos a un ejemplo viviente de ella! –aplaudió emocionado Gustaf- ¡Sabías que eras especial, chico! ¡Enhorabuena por haberte reencontrado con tus raíces!

-¡No nos demoremos más! ¡Que dé comienzo la cena! ¡Disfrútenla! –anunció Smith a sus invitados, comenzando a probar los manjares.

Entre se inició una larga conversación presidida por el alcalde, cuya participación se repartían entre los dos hombres ancianos, la princesa Zelda y Gustaf. Facade prefirió dedicarse a comer bien a costa del señor Smith, no estaba interesado en celebrar nada relacionado con su oponente. Y Link, a pesar de los intentos de los demás por incluirlo activamente en la conversación, prefería permanecer en el anonimato al sentirse tan acosado aquella noche.

-"¡Esto es fantástico! ¡El amo nunca nos había tratado tan bien! ¡Mira cuánta comida!"-ladró feliz uno de los sabuesos del alcalde, maravillado por la abundancia y variedad de comida de la que disponían él y su hermano.

-"¡Tienes toda la razón! ¡Viva el nieto del amo! ¡Nos esperarán más banquetes como este!"-afirmó devorando con ansias la comida que habían en esos platos.

-"¡Ey, compadre! ¡Qué bueno que ese viejito haya resultado ser tu pariente! ¡Se le ve bien animado! ¡Eres grande, cuate!"-llamó Valentín a Link desde el asiento de su dueño-"¡Ahorita de seguro que las cosas te irán bien! ¡La plata te saldrá por las orejas! ¿No está chido?"

A Link no le interesaba nada de eso, únicamente estaba feliz porque se había encontrado con su verdadera familia. Aunque reconoció que eso le concedería ciertas ventajas. Incluso puede que le ayudara a que cierta persona lo viera con mayor interés…

XOXOXOXOXOXOXO

-¿A dónde me llevas, abuelo? –le preguntó Link siendo conducido por el anciano por los jardines de su casa.

-Ya lo verás, no seas tan impaciente…-continuó caminando tranquilamente- ¡Me recuerdas a tu madre cuando era niña! ¡Siempre preguntando! ¡Creo que has heredado esa curiosidad suya!

-Y ella de usted, ¿No? –continuó su juego, haciendo que ese hombre se riera.

Tras el desayuno, el señor Smith había insistido en llevarlo a un lugar especial dentro de sus terrenos. Link no sabía nada al respecto, pero estaba seguro de que se trataría de algo muy importante. Tras un rato caminando, vio una adornada valla diferente a la que protegía los alrededores de la mansión, era de un aspecto más solemne. Detrás de ella pudo ver numerosas tumbas, por lo que enseguida entendió a qué habían venido.

-Aquí están enterrados mis padres… ¿Verdad? –le preguntó mostrando cierta tristeza por el lugar.

-Así es, aquí están enterrados numerosos miembros de nuestra familia, es nuestro cementerio común.-miró hacia una dirección en concreto- ¿Puedes ver esas dos de allí? Son las de ellos…

Link se acercó lentamente a las lápidas, leyendo en ellas claramente sus nombres. En ambas habían colocadas un ramo de flores, seguramente las habría puesto ahí su abuelo. También había flores en una tumba adjunta, pero no sabía de quién se trataba.

-¿Esa? Pertenecía a tu abuela, mi esposa. Murió cuando tu madre aún era muy joven, pero sigo trayéndole flores junto a las de tus padres.-le explicó Smith.

-¿Y cómo era ella? ¿También tengo algún parecido? –bromeó porque hasta ahora lo había estado comparando con sus padres infinidad de veces.

-¡¿Qué cómo era?! ¡Me llevaría horas relatártelo, joven! ¡Tendremos tiempo para hablar de ello en un lugar más apropiado! –sonrió alegre, recordando viejos tiempos- ¡Pero puedo contarte que era una mujer de armas tomar! ¡Y desesperantemente derrochadora! ¡Era impresionante lo que gastaba esa mujer!

-¡Pues tú con lo de ayer no mostraste menos! –se rió también Link.

-¡Era una ocasión especial, hijo! ¡Ella gastaba pastizales para todo! –se defendió su abuelo.

Tras eso, se quedaron unos minutos en silencio, contemplando las tumbas con semblante muy serio.

-Después de ver esto… ¿Qué piensas hacer? –le habló el hombre rompiendo ese silencio- Antes nos informó ese operario del puerto que afortunadamente mañana estaría lista la embarcación que usará la princesa para trasladarse a Isla Koholint. Esta noche tenía pensado que acudiésemos todos al teatro, habrá una actuación de ópera. ¿Has ido alguna vez a verlo?

-No, apenas he estado dentro de un teatro y menos he ido a ver la ópera.

-¿En serio? ¡Pero si en el Teatro Capital dan actuaciones magníficas! ¡Aunque no pueden compararse con las del Teatro Nacional! Por algo esta ciudad es considerada la capital cultural del reino. Seguro que te resultará al menos interesante, a mí me encanta.

-Está bien, si vais a ir todos, iré también. ¡No podría hacer menos! –le contestó con una sonrisa- ¿Tendré que ir elegante o algo así?

-¡Jo, jo, jo! ¡No te preocupes! ¡Te prestaré uno de mis trajes! –le dijo divertido por esa pregunta- Solucionado eso, todavía quedan muchas horas hasta que se haga de noche, que será cuando empiece.

-Tenía pensado cabalgar un poco por los alrededores, los paisajes por esta zona son impresionantes. Está lleno de jardines, haciendas enormes y campo abierto, además que desde esta colina se ve perfectamente el resto de la ciudad. ¡A Epona le encantará!

-Ah, así que vas a montar a caballo…-no parecía muy interesado- Está bien, haz lo que quieras. Yo estaré en mi despacho adelantando trabajo del ayuntamiento, así podré estar más tranquilo…-habló mientras caminaba sin demasiadas ganas.

-¿Qué te pasa? No pareces demasiado contento con la idea de que vaya a pasear con mi montura… ¿Ocurre algo? –preguntó extrañado por su comportamiento.

-No soy muy aficionado a los caballos, sinceramente. Los que tengo son solamente para tirar de las diligencias, nunca me ha gustado montarlos. Ni siquiera durante las cacerías, prefiero ir a pie o en carro a diferencia de la mayoría de los demás caballeros.-le explicó mostrándose esquivo con el tema.

-¡Mi yegua no le hará nada! ¡Es muy mansa con cualquiera que sea conocido mío! –le agarró por el brazo- ¡Ven! ¡Te enseñar a montarla!

-¡¿Qué?! ¡No, no! ¡Joven, no es necesario! ¡Por favor, tengo cosas que hacer! ¡No quiero estar acercándome a las cuadras! ¡Espera, por…! –de nada servían sus súplicas, Link estaba dispuesto a que se subiera a un caballo.

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Venga, no te hará nada! ¡Acércate! –le animó Link viendo que se negaba a acercarse a la yegua.

-En serio, no es buena idea…-negó nada convencido- A tu abuela era a quien le gustaban estos animales, afición que luego heredó tu madre y al parecer tú también. Siempre he preferido los perros, esa clase de animales nunca han sido lo mío. Además, ese jamelgo es enorme…

-¿No me digas que les tienes miedo a los caballos, abuelo? ¡Qué tontería! ¡Epona nunca te haría daño! –exclamó sin darle importancia a sus miedos.

-Bueno, eso lo dirás tú. Nunca me habían atraído mucho los equinos, pero después del accidente que se cobró la vida de tu abuela, digamos que comenzaron a producirme pavor…-reconoció entristecido, nervioso cada vez que veía a alguno de los caballos del establo- Y tampoco me inspira mucha confianza ese monstruo de ahí detrás, no entiendo cómo Auru puede subirse a uno de esos.-le dijo mirando hacia el Bullbo.

-Ah, comprendo…-ahora lo entendía todo- ¡Pues hoy será el día en el que te enfrentes a tus fobias! ¡Vas a subirte a uno por primera vez en tu vida!

Link agarró al anciano y con ayuda de un pequeño taburete que había cerca, lo empujó a subirse sobre Epona.

-¡Basta! ¡No pienso subirme a una de estas bestias! ¡Bájame de aquí enseguida! –le exigió subido en parte a la yegua.

-"Por favor… ¿En serio tengo que llevar a este ancianito quejón sobre mi lomo?"-resopló cansada Epona, no le gustaba que la hicieran esperar.

-¡Vamos, no seas así! ¡Sólo tiene que coger confianza! –le habló sin darse cuenta de que su abuelo le estaba escuchando, creyendo que le hablaba a él.

Finalmente, consiguió ponerlo sobre la silla de montar, ante el terror de su pobre abuelo.

-Madre mía…-estaba paralizado, temblando como un flan- ¡Estoy sobre uno de ellos!

-Más bien sobre una de ellas, es una hembra…-le dio un golpe en los cuartos traseros a la yegua- ¡Arre! ¡Y despacio! ¡No quiero que se caiga!

Epona comenzó a caminar lentamente, con el anciano aferrado a sus riendas completamente recto sobre la silla.

-¡Se está moviendo! ¡Aaaah! ¡Bájame de aquí, Link! –le suplicó aterrado, incapaz de moverse.

-¡Relájate, abuelo! ¡Notarás enseguida como te empieza a gustar! ¡Y no tires tanto de las riendas! –le aconsejó mientras Epona daba la vuelta en su dirección.

-¡Uf! ¡Lo intentaré! ¡Pero no es nada sencillo eso que me pides! –aceptó su propuesta sin más remedio.

A medida que pasaba el tiempo, fue confiando cada vez más en la yegua y empezó a notarse que se estaba divirtiendo un poco.

-No se está tan mal…-admitió sorprendido- ¡Es una buena yegua! ¡No esperaba que nadie consiguiera que pasase más de un segundo sobre uno de estos!

-¡Me alegra que digas eso! ¡Voy a aumentar un poco la velocidad! –le avisó dándole otro pequeño golpe en el trasero a Epona, que comenzó a trotar suavemente.

-¡Wow! ¡Frena un poco! ¡Esto va muy deprisa! –dijo al principio nervioso, pero luego se acostumbró- ¡Esto es divertido! ¡Pídele que vaya más rápido!

Y así lo hizo, haciendo que comenzara a galopar y su abuelo se emocionara con aquello, sacando a Epona fuera del establo.

-¡Ja, ja, ja! ¡Esto es genial! –exclamó emocionado- ¡Ya es suficiente! ¿Cómo hago para que frene?

Link se lo explicó todo a distancia y él obedeció fantásticamente, terminando por bajarse él mismo de Epona.

-¿Qué te ha parecido? ¡Se nota que te ha gustado! –le dijo muy alegre por el trabajo bien hecho.

-Sí, reconozco que no ha estado nada mal…-parecía algo dolorido por sus partes inferiores- Pero me duele ahí abajo, chico… ¡No esperaba que se trabajase tanto las piernas!

-¿Pasando un rato junto a los caballos, señor? –apareció de pronto Facade, montado sobre un pura sangre de pelo grisáceo y crines negras.

Se bajó fácilmente de su montura y se acercó a ellos dos, agarrando las riendas de su caballo.

-¡Qué sorpresa! ¡No había caído en la cuenta de que este animal era tuyo, chaval! –pareció burlarse de su yegua- ¿De qué raza es? ¿O acaso se lo compraste a un ganadero cualquiera?

-Es de raíces salvajes, se separó de su grupo y la recogí cuando apenas era un potro que aún estaba en periodo de lactancia.-le contó no demasiado contento.

-¡Tal para cual! ¡Seguro que tenéis mucho en común! ¡Ja, ja, ja! –se rió descaradamente- ¡Y seguro que la usabas para pastorear ganado o cosas así! ¡El campo debe de haberte enseñado muchas cosas, muchacho!

-Sí, también eso hizo que adquiriera bastante práctica a la hora de cabalgar…-habló mirándolo provocativamente, sacándole al príncipe una sonrisa chulesca.

-¿Eso es un reto? ¿Pretendes retarme a una carrera? –le hacía gracia aquello, pero no estaba dispuesto a rechazar una oferta así.

Apenas apartaron la vista unos instantes de sus monturas y de pronto, Epona se alzó sobre dos patas contra el caballo de Facade y le relinchó amenazante, alejándolo de ella. Ambos dueños tuvieron que intervenir para frenar la disputa que se había originado entre los animales.

-"¡Maldito creído! ¡Trató de subirse sobre mí con la intención de montarme! ¡¿Qué se ha creído ese?!"-resopló alterada, siendo tranquilizada por Link, que se molestó bastante también.

-Lo siento mucho, no sabe controlarse…-se disculpó falsamente el príncipe, acariciando el hocico de su caballo- ¡Es un semental! ¡Apenas ve una hembra y se dirige directo a montarla!

-Me parece que no somos los únicos que nos parecemos en algo, príncipe Facade…-le insinuó refiriéndose a su gusto por cortejar a cualquier miembro del género opuesto.

-¿Entonces vais a competir en una carrera? –les recordó Smith- ¿Qué os parece correr unas vueltas alrededor de esta mansión?

-Acepto, serán tres vueltas… ¿Y tú, Link? –le preguntó con cierta altanería y burla.

-Muy bien, caballeros. Les pediré a mis criados que abran la puerta principal, yo seré vuestro árbitro.

Poco después de eso, los dos participantes se encontraban detrás de una línea que habían dibujado en el suelo, subidos en sus monturas esperando la señal del alcalde Smith para salir.

-¡Te voy a dar una paliza, chaval! ¡Tú y esa yegua asilvestrada no podréis con nosotros! ¡Nuestra sangre proviene de reyes y puras sangres legendarios! –se rió el joven príncipe.

-¡Ja! Eso ya lo veremos, no deberíais hablar tanto, majestad…-sonrió confiado sujetando con firmeza las riendas.

-¡Preparados! ¡Listos! ¡Ya! ¡A correr! –avisó Smith para luego soplar por un silbato, saliendo los jóvenes disparados al instante.

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Maldita sea! ¡No puede ser! ¡Me lleva demasiados metros de ventaja! ¡Va a llegar a la meta antes que yo! –maldijo el príncipe, que veía como su adversario estaba a punto de completar la última vuelta, tras haber realizado él una carrera nefasta.

-¡Ganaste, muchacho! ¡Tenía fe en que lo conseguirías! ¡Y esa yegua es verdaderamente impresionante, joven! –se acercó Smith con rapidez para felicitar a su nieto, llegando Facade unos segundos después.

-Menuda mierda, si no me hubiera equivocado durante la segunda vuelta…-murmuró enojado, herido en el orgullo- En fin, ha sido una buena carrera, muchacho. ¿Quién imaginaba que podrías ganarme? ¡Habrá sido la suerte! ¡Si no me hubieras hecho aquel truco, seguramente las cosas serían diferentes!

-Entiendo, también si su caballo no se hubiera tropezado al girar esa esquina…-le recordó sabiendo que eso lo molestaría y acertó.

-¡Lo importante es que al final habéis demostrado una gran destreza domando a esas bestias! ¡Deberíais estar orgullosos de ello, jóvenes! –habló admirando las habilidades de ambos.

-Bueno…después de esto creo que me iré adentro a descansar un poco. ¡Y no es porque lo esté! ¡Que lo sepáis! ¡Más tarde nos veremos, alcalde! –habló ciertamente enfado debido a la humillación que acababa de pasar, llevándose con él a su caballo de vuelta a los establos.

Una vez se marchó, abuelo y nieto quedaron solos, pensando en lo próximo que harían ese día.

-Creo que después de esto, lo mejor es que deje descansar a Epona un rato antes irme con ella a explorar los alrededores. ¿Te importa que la deje suelta por los jardines, abuelo? Te prometo que no destrozará nada, sólo quiero que paste un poco y repose fuera de ese establo.

-De acuerdo, así tendré tiempo para sacar mis lápices…-habló ciertamente alegrado, parecía estar planeando algo relacionado con Epona.

-¿Lápices? ¿Acaso te gusta dibujar, abuelo? ¿Quieres retratar a Epona? –le preguntó bastante interesado, no conocía esa faceta- ¡Ahora entiendo por qué me gustaba tanto dibujar de pequeño! ¡Pero he perdido práctica con los años!

-Me alegro, ese gusto por el arte lo habrás heredado de mí y de tu madre, pero a ella le gustaba más pintar y sabía combinar armoniosamente los colores. Y sí, reconozco que se me da muy bien dibujar a lápiz…-afirmó orgullo- ¿Recuerdas ese retrato de tu madre colgado en la habitación donde escondía uno de los perfumes? Su contorno lo hice yo, pero fue ella quién le dio ese acabado de color. Soy bueno dibujando, pero a la hora de darles color, soy un desastre. Por eso me gusta dibujar únicamente con un lienzo y un lápiz.-le contó observaba las proporciones de la yegua- ¿Y tú qué harás, chico?

-Pues haré lo mismo que el príncipe, entraré a la mansión y descansaré un poco. Tal vez me dedique a curiosear por las habitaciones… ¿Hay alguna donde no debería entrar?

-¡Jo, jo! ¡No te preocupes! ¡No tengo secretos para mi único nieto! –le permitió gustoso- ¡Pero respeta los cuartos de las doncellas! ¡En esos sí que no sería apropiado que anduvieras indagando, jovencito!

Link se rió por aquello, tampoco llegaría a ese extremo. Solamente quería familiarizarse con la casa, así haría tiempo mientras su abuelo se encontrara ocupado con Epona. Se separaron y cada uno se fue por su lado.

Y tras un rato, captó la esencia de la princesa, que parecía moverse. Él la siguió y acabó topándose con ella en el recibidor de la hacienda, cubierta por su habitual mato que la protegía de las miradas cuando salía del castillo.

-¿Vas a salir? ¿Acaso quieres pasearte por la ciudad? –le preguntó Link frenando su huida.

-Tenía pensado hacerlo, volveré en unas horas para asistir con ustedes a la ópera.-le habló ajustándose la capa. Por cierto, buena carrera…

-¿Me viste? ¿Y desde dónde? Pensé que únicamente nos estaban observando mi abuelo y algunos criados.

-Desde el balcón de mi habitación y reconozco que me encantó verte derrotando a ese arrogante…-una ligera sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro- ¿Y Epona? Ella es la que más se merece ese reconocimiento. Y no es por menospreciarte, Link.

-No pasa nada, está con mi abuelo. Al parecer, quiere hacerle un retrato. ¿Tú sabías que le gustaba eso?

-Sí, además de que también conocía su fobia a los caballos…-sospechó- ¿Qué fue lo que hiciste, Link?

-¡Lo curé! ¡Soy un experto psiquiatra! ¡Logré que se montara sobre ella y creo que ahora le tiene cariño! ¡Quizás en un futuro se suba a uno por su propia cuenta! –le reveló muy contento por su labor.

-Vaya, se nota que ha depositado mucha confianza en ti…-murmuró sorprendida-Mejor me marcho, quiero aprovechar al máximo este día en la ciudad puesto que mañana zarparé hacia Isla Koholint. ¡Y yo que pensaba que pasaríamos más tiempo en esta ciudadela! ¡Por un lado es una lástima y por otro me alegro!

-Eh, esto…-no sabía cómo decírselo- ¿Podría acompañarte?

-¿Cómo? Pero…-la había cogido por sorpresa, pero al final se rindió- Haz lo que quieras…

-¡Estupendo! ¡Espera en la puerta! ¡Voy a contarle a mi abuelo que suspendo mi paseo con Epona! ¡Seguro que eso le alegrará! ¡Así podrá retratarla todo lo que quiera! –le pidió mientras se iba corriendo, haciendo que Zelda soltara un suspiro por esa excesiva energía suya.

Con la ayuda de su olfato, no tardó mucho hasta encontrarse a Epona paciendo de la hierba del jardín y a su lado a Smith con sus utensilios de dibujo preparados.

-¡Abuelo! ¡Me voy a la ciudad! ¡Volveré dentro de unas horas! –le avisó alzando la voz mientras se acercaba con prisas.

-¡¿Qué?! ¡Si apenas me ha dado tiempo a traer las cosas! ¿No podrías esperar un poco a que acabara? –le pidió esperando que le dejara pasar más tiempo con el animal.

-¡No, iré a pie! ¡Precisamente venía a hablarte de eso! ¡Puedes estar con Epona el tiempo que desees! –le explicó calmándolo un poco- ¡Tengo prisa! ¡Me están esperando! ¡Hasta luego!

-¡Espera un segundo! ¡Relájate, jovencito! ¿A qué viene ese cambio tan repentino? ¿Con quién vas a ir a la ciudad? –le preguntó sospechando que algo estaba ocurriendo.

-"¡¿Con quién va a ser?! ¡Con ella! ¡Abuelo, que todavía no te has enterado! Hay que ver, se le nota tanto al amo cuando va estar con ella a solas…"-resopló Epona mientras masticaba la tierna y húmeda hierba-"¡Madre mía, qué buena está! Se nota que cuidan con esmero este jardín. Me pregunto si el césped del castillo sabrá igual…"

-¿No me digas que vas a acompañarla, verdad? Puedo saberlo con sólo mirar tus ojos, no hubieras venido con ese ánimo si hubieras decidido ir solo.-parecía como si le hubiese entendido a Epona.

-¿Y qué tiene de malo? Los soldados van a lo suyo y se han ido también a la ciudad, por lo que sería aconsejable que me fuera con ella. Además, no quiere que la atosiguen, por lo que a ambos nos parece lo mejor.-se excusó lo mejor que pudo, pero no pareció convencerlo.

-¿Hacéis esto a menudo? Digo, que si en la capital a la princesa le gusta salir del castillo y a arriesgarse a que le ocurra algo, pero como tú estarás protegiéndola…

-¿Qué insinúas? ¿No te parece bien que ella quiera tomarse un respiro? ¿Y qué hay de malo en que la acompañe? –no le pareció apropiada esa pregunta.

-No, el problema es que la gente no es ingenua, luego va contando chismes por ahí…-le advirtió únicamente preocupándose por ellos- ¿Tú sabías que incluso aquí, llegué a enterarme del desapercibido escándalo que ocurrió cuando os fuisteis un fin de semana al Lago Hylia?

-¡Aaah! ¡No fastidies! ¡Pensé que casi nadie se había enterado! –exclamó aterrado- ¡¿Pero cómo te enteras de todo lo que pasa, abuelo?!

-Es que me gusta estar enterado de todo lo pasa en el reino, tengo muy buenos informadores…-ese comentario provocó un escalofrío a Link- ¿Cómo crees que he mantenido la alcaldía de esta colonia prácticamente toda mi vida? ¿Y qué me dices de mis negocios?

-Vale, no hace falta que me lo expliques…-ese hombre era una caja de sorpresas- ¿Puedo irme ya?

-¡Que sí, muchacho! ¡Ya eres mayorcito para que te anden diciendo lo que puedes o no hacer! –le animó de repente a irse- ¡Sólo os suplico que tengáis cuidado! ¡Y no regreséis muy tarde! ¡Recordad que esta noche iremos al teatro!

Link se marchó contradicho por lo todo lo que le había dicho su abuelo, mientras este se sentaba tranquilamente en el césped.

-Hay que estar un poco loco para querer bajar y subir esta colina sin ir acompañando de una criatura como tú, preciosa…-le habló a Epona con mucha confianza- ¿Te importaría seguir en esa posición durante un rato?

XOXOXOXOXOXOXO

-Hemos tardado más de lo que esperaba en bajar de esa colina, lo peor será cuando tengamos que subirla…-se quejó Zelda, a la que le dolían un poco los pies.

-Pero hay que admitir que valió la pena, esos paisajes eran preciosos.-difirió él, que se encontraba más animado.

Habían llegado finalmente al centro de la ciudadela, apreciando que no se distinguía demasiado de la capital en cuando a organización, pero su arquitectura y distribución eran completamente diferentes. Había tanto por ver que no sabían por dónde comenzar, pero decidieron pasear por las calles mientras se les ocurría algo que hacer.

Zelda le contó que había muchos edificios y lugares emblemáticos para poder visitar, pero que lamentablemente no les daría tiempo de hacerlo. El campus universitario se encontraba al otro lado de la ciudad, junto al Museo Nacional y a la Biblioteca Nacional. Allí, en el museo, entre otros muchos tesoros y objetos de gran valor científico y cultural, tenían expuestos uno de los Anillos Reales, el de la Reina. Y la biblioteca, poseía la mayor colección de libros del reino, muchos más que en la Biblioteca Real. El puerto y su faro también eran buenos lugares para visitar, les quedaba cerca del mar y eso era algo que Link deseaba ver de cerca. También podían comprar en los numerosos mercados productos que únicamente se encontraban en Sakado, gracias a sus conexiones marítimas. O tal vez entrar en el templo sagrado de la ciudad, un lugar que según la princesa era sinceramente acogedor.

-¡Cuando vuelva se va a enterar! ¡¿Qué hace el comandante de la Guardia Real siendo el recadero de una anciana?! ¡Y por mucho que sea mi madre, no deja de ser humillante! –se quejó ampliamente Valenzuela, muy apurado cargando innumerables bolsas y leyendo una larga lista que le habría dado ella.

-Creo que no está de buen humor, será mejor que no nos reconozca…-le dijo a Zelda mientras se la llevaba lejos de allí, no quería tener que vérselas con él.

Caminaron un rato mientras lo miraban todo, curioseando aquello que llamara su atención. Después de un tiempo, Zelda le pidió a Link que pararan un rato a descansar en un banco, todavía le dolían los pies por la caminata hasta allí.

Cerca de allí había unos cuantos bares y restaurantes. Y sentados en una mesa colocada fuera de uno de esos locales, estaban sorprendentemente Ashei y Shad tomándose unas bebidas.

-¿Qué miras con tanto interés? –le preguntó ella viendo que tenía su vista en un punto fijo- ¿Esos no son amigos tuyos? ¿Por qué no vas a saludarlos?

-¿Pero qué pasará contigo? ¿No te importa esperarme un rato? –no le parecía bien dejarla sola, pero quería reunirse con ellos después de tanto tiempo.

-Por supuesto, hace mucho que no hablas con ellos, debido a tu transformación en bestia. Ve, así tendré tiempo para reponerme y continuar nuestro camino más tarde.-le incitó a que fuera, masajeándose las piernas con insistencia.

-¡De acuerdo! ¡Muchas gracias! –le agradeció levándose muy animado- ¿Qué estarán haciendo por aquí? ¡Qué ganas tengo de saberlo!

XOXOXOXOXOXOXO

-¡No puede ser! –exclamó Ashei, viendo como Link se dirigía a ellos- ¡Shad! ¡Nuestro obsesivo amante del verde ha regresado! ¡¿Qué haces por aquí, chico?!

-¡Hombre, Link! ¡Cuánto tiempo! –se saludó Shad con un apretón de manos y ofreciéndole un asiento- ¡¿Se puede saber qué has estado haciendo hasta ahora?!

-¡Lo mismo os podría preguntar! ¡Nadie os ha visto en la ciudadela de Hyrule desde hace mucho tiempo! ¿Qué habéis hecho para desaparecer de esa manera, chicos?

-Pues verá nosotros…-Shad se detuvo cuando Ashei le indicó mediante un pequeño gesto que no hablara- Bueno…hemos estado bastante ocupados, así que es normal que no nos hayáis visto.

-Sí, por eso vinimos a esta ciudad. Así de paso nos cogíamos unas vacaciones…-habló seria la guerrera mientras bebía de su vaso, no parecía demasiado contenta por la curiosidad de su amigo.

Link sospechaba que le estaban ocultando algo, un asunto del que Ashei era la más reacia a hablar. Además, su instinto animal y su propia percepción le decía que algo no iba bien con ella, pero no sabía el qué. Prefirió no hacerles más preguntas directas sobre eso, pero estaba dispuesto a sacarles algo.

-¿Y cómo te va a ti, Link? ¿Ya has terminado con ese trabajo en el extranjero? –le preguntó Shad, que sólo conocía la mentira que le había contado Auru.

-¡Ah, sí! ¡Ahora estoy también aquí por un asunto de trabajo! ¡Aunque también aprovecho para hacer turismo! –les dijo algo nervioso, hacía tiempo que no le preguntaba nadie eso.

-Hemos oído que la princesa marchará a Isla Koholint para una reunión con su nuevo gobernante…-volvió a hablar Ashei, manteniendo ese semblante frío- ¿Se trata de eso, no?

-Su llegada ha causado gran expectación, debe de ser algo insólito para los habitantes de esta colonia encontrarse con ella aquí…-reconoció no muy sorprendido- Pero no es lo único que me ha pasado, a llegar aquí me he llevado una sorpresa increíble…

-¿De qué se trata? –le preguntaron al unísono.

-¿Recordáis que era huérfano, no? ¡Pues he encontrado a mi familia aquí! –exclamó emocionado, asombrando a sus amigos- ¡¿Y a qué no sabéis de quién se trata?! ¡Soy el único nieto del alcalde Smith Gallagher!

-¡¿Es verdad eso?! ¡Es fantástico, Link! ¡Felicidades! –le felicitó Shad, muy alegre- ¡¿Quién hubiera imaginado que resultarías pertenecer a una familia burguesa tan respetada como esa?! ¡¿Cómo te enteraste de eso?!

-¿Recordáis cuándo la princesa Zelda fue a Ordon? Rusl y su mujer le entregaron un emblema muy deteriorado donde podía estar la clave para descubrir quién era mi familia, pidiéndole a ella que asumiera los elevados costes de su restauración. Gracias a eso y una pequeña investigación por su parte, logró reunirme de nuevo con mi familia biológica.

-Qué tierno…-se rió por lo bajo Ashei- ¡Esa mujer debe tenerte mucho cariño para molestarse en hacer algo así! ¡Ja, ja, ja!

-¡No seas así, Ashei! ¡Deberías alegrarte porque Link haya conocido al fin sus raíces! –de pronto, a Shad le vino una algo a la mente- ¡Espera un segundo! ¡Eso también significa que eres el último descendiente del clan de los Caballeros Rojos! ¡Eres también uno de ellos!

-¡No jodas! ¡¿Este piltrafilla también ese descendiente de los Caballeros Reales?! ¡Haberlo dicho antes, hombre! –le pasó un brazo por los hombres, muy contenta con la noticia- ¡Sabía que tenías algo especial, muchacho! ¡Eres de los míos! ¡Y los únicos que quedamos vivos de esas familias de guerreros legendarios! ¡Menos mal que no eres sólo un niño rico, chaval! ¡Quizás algún día te pida que continuemos con la estirpe! ¡Ja, ja, ja! ¡Es broma!

-Déjalo ya, Ashei. Le causas vergüenza ajena…-suspiró, debería estar acostumbrado a su carácter.

-¿Y ahora qué? ¿Qué piensas hacer ahora que sabes que tu abuelo es un ricachón con amplia influencia política en las colonias del oeste? –le preguntó serenándose.

-Por el momento, no lo tengo muy claro. Después de recorrerme algunos rincones de Sakado, he de regresar a su mansión para esta noche. Iremos él y yo, junto con algunas personalidades a la ópera, en el Teatro Nacional.

-¡Ay, el Teatro Nacional! ¡Añoro las noches cuando era estudiante e iba allí a ver todo tipo de representaciones! ¡La ópera es algo que me encanta! –clamó emocionado Shad, recordando viejos tiempos.

-Sí… ¡Es tan conmovedor ver a hombres barbudos y señoras gordas gritando de tal manera que son capases de reventar los cristales del lugar! ¡Por no hablar de los tímpanos, claro! ¡Y qué decir de esos muchachos amariconados que se visten con mayas y cantan como si les estuvieran agarrando de los…! –habló sarcástica la guerrera, burlándose de todo aquello.

-No hacía falta que fueses tan explícita…-murmuró molesto el joven- ¡Pero sí! ¡Ojalá pudiera volverá mis días en la facultad! ¡No ha cambiado mucho desde que me gradué, sinceramente!

-¿Has ido allí? Ojalá pudiera hacerlo y también visitar el museo, pero me temo que si hago eso no tendré tiempo para nada más…-le contó decepcionado- ¿Qué estudiaste allí?

-Soy licenciado en Ciencias de la Tierra e Historia, lo que me acredita como investigador de culturas antiguas e historiador. ¡Y fui uno de los primeros de mi promoción, nada menos!

-Sí, lo recuerdo perfectamente, eres un sabelotodo…-a ella no le agradaban sus historias- ¡¿Sabías que en el Museo Nacional están expuestas armaduras y objetos que pertenecieron a ancestros míos en el pasado?! ¡Qué descaro! ¡Deberías ir a reclamarles a esos codiciosos lo que me pertenece por derecho!

-¿Y por qué no lo haces? Creo que nuestro amigo Link nos facilitaría las cosas, tiene influencias muy importantes…-le propuso molesto porque le hubiera interrumpido- Sólo tendría revelarles a todos que eres la descendiente de esos caballeros… ¿Qué problema podría haber?

-¡Claro, lo que tú digas! –exclamó irónica, luego comenzó a pensar- "Sobre todo en esta ciudad, lo único que conseguiría es que me acribillaran…"

-Por cierto… ¿Ashei ya estaba contigo cuando todavía estudiabas? ¡Es que me sorprendió que ella hubiera estado en tu ceremonia de graduación! –les preguntó interesados por su relación.

-¡Oh, sí! ¡Fue uno de los días más dramáticos de mi vida! ¡El día cuando nos vimos por primera vez las caras! –se lamentó Ashei, comenzando a relatárselo.

XOXOXOXOXOXOXO

"Llegué a esta ciudad con la intención de encontrarme con él, en aquel entonces tenía mis motivos para querer conocerlo en persona. En fin, seguí las indicaciones que Telma me dejó en la capital para seguirlo, más tarde fue Auru quien me ayudó, porque en por esa época había estado viviendo por aquí.

Junto a mi caballo, entramos en el campus buscándolo con la única pista que su nombre y apellido. Fui preguntando a varios alumnos donde se le podía encontrar, confirmándome varios que se encontraría en las cuadras del club de equitación. Cuando llegué allí, me encontré a varios jóvenes observando el entrenamiento de un muchacho.

Era todo un hombre: musculoso, serio, velludo…nada que ver con lo que había imaginado. Y ahora entenderás porque digo esto…

Lo observé un poco y pensé en aquel momento que llegaríamos a congeniar bien. Una vez que acabó con su demostración de destreza y habilidad, decidí acercarme a él para hablarle. Pero mientras estaba distraída con mis cosas, alguien se chocó conmigo…

-¡Que cago en…! ¡¿Estás ciego, cuatrojos?! ¡Mira por dónde vas, joder! ¡Casi logras romperme la nariz con esos puñeteros libros del demonio! ¡¿Qué llevas ahí?! ¡¿Piedras?! –reconozco que no me hizo ninguna gracia aquello, lo hubiera asesinado en el acto si no hubiera estado quejándome.

-¡Lo siento mucho, señorita! ¡N-no era mi intención lastimarla! ¡Deje que la ayude! –se ofreció nervioso el pimpollo este, recogiendo sus libros del suelo.

-¡¿Señorita?! ¡¿Te estás burlando de mí, eh?! ¡¿Quieres te rompa esa cara de idiota que tienes, no?! –aquello me enfureció bastante y lo agarre de la camisa con la intención de pegarle.

-¡No, no, no! ¡Por favor, seamos civilizados! ¡Sólo quería ayudarla, joven! ¡No esperaba que se ofendiera por algo así! –era patético, me estaba suplicando casi de rodillas que no le golpeara.

-¡Pues buena la has hecho! ¡Por tu culpa ahora tengo que empezar la búsqueda otra vez! –le grité al darle cuenta de que ese mozo había desaparecido de escena- ¡¿Y ahora cómo voy a encontrar a Shad Bravoleón?!

-Espere un momento…-me miraba bastante extraño, recolocándose sus gafas- ¿A quién ha dicho que busca?

-¡A Shad Bravoleón, imbécil! ¡¿Es que además de ciego, eres sordo?! ¡Tengo asuntos pendientes con él! –estaba a punto de estallar, ya casi estaba por irme y dejarlo allí plantado.

-¡Aaaah! ¡¿No me digas que eres uno de los lacayos del banco?! –se tiró al suelo, temblando como un gallina- ¡Ya les dije que les devolvería el importe de la matrícula de estos dos últimos semestres en cuanto se regularice lo de la herencia de mi padre y la beca que me concedió el reino! ¡Mi abogado no ha sabido administrarlo como me esperaba! ¡Por eso he tenido que contratara a uno mejor, pero más caro! ¡Déjenme sólo unas semanas más!

-¡¿Pero de qué coño me hablas, tarado?! ¡Yo no trabajo para ningún banquero! ¡Sólo lo busco porque hasta hace un tiempo éramos amigos por correspondencia! ¡Mi nombre es Ashei Violette! –estaba a punto de darle una patada, su cabeza estaba en la posición idónea para ello.

-¡¿Qué?! ¡¿No eres uno de ellos?! ¡Uf! ¡Qué alivio! Y qué humillante…-se levantó más tranquilo, quitándose el polvo- ¡Espera! ¡¿Tú eres Ashei?! ¡Yo soy Shad Bravoleón!

-¡¿Qué?! ¡No jodas! ¡Eso es imposible! ¡¿Tú?! –me llevé una decepción enorme, no podía creerme lo que estaban viendo mis ojos.

Nos quedamos observándonos con detenimiento unos minutos, ninguno de los dos era capaz de creerse que el otro fuese así. Y sinceramente, el panorama era desolador…

-Jamás pensé que fueras un intelectual torpe y cegato, además tienes pinta de que con sólo tocarte te puedes romper…-le dije mientras giraba alrededor suyo, mirándolo.

-Pues a mí nadie me dijo que fueras una mujer tan vasta y bruta, debes de ser una guerrera como tu padre…-me dijo eso mientras hacía lo mismo.

Nos quedamos unos instantes en silencio, hasta que ambos no pudimos soportarlo más…

-¡Oh, Diosas! ¡¿Por qué tenía ser así?! ¡Es completamente opuesto a mí! ¡¿Y para esto nuestros padres querían que nos conociéramos?! ¡¿En qué estaban pensando?! –clamamos al cielo al unísono, exactamente con las mismas palabras, lo cual nos sorprendió a los dos.

Después de eso, puede decirte que las cosas al principio no nos fueron bien y mira ahora dónde hemos acabado… ¡Recordaré ese día como uno de los más nefastos de mi vida!"

XOXOXOXOXO

-Es impresionante la memoria que tienes, pero…-Shad estaba incómodo por algo- ¿Tenías que contárselo sin obviar ningún detalle? ¿No podías haberte guardado lo de mi penosa equivocación?

-¡Claro que sí! ¡Era lo más divertido! ¡Ja, ja, ja! –se tronchó de risa, continuando una vez paró- Comenzamos a vivir juntos en un apartamento que él había alquilado, compartiendo así los gastos. Y debido a sus contactos en la universidad, encontré trabajo limpiando los laboratorios de ciencias y también ayudaba a los profesores con sus cosas, era casi como una secretaria.

-¡Es lo más cerca que ha estado de la cultura! ¡Y le venía al dedo! ¡Le encantaba estar con los cadáveres en Medicina! Tiene unos gustos esta mujer…-se lamentó Shad, pero a la vez estaba contento con ello- Aunque me parecía sospechoso que a veces la viera por la biblioteca de la universidad o por la Biblioteca Nacional, pero desde que descubrí que era una lectora prolífica en secreto, ahora me pregunto qué era lo que buscaba en la secciones de anatomía y todo lo relacionado con la medicina…

-¡¿Pues qué iba a estar haciendo?! ¡Tenía que ayudar a ese pelele del profesor Augusto Méndez y a todo el departamento a buscar documentos e información para sus clases! ¡Pero esos imbéciles nunca valoraron mi trabajo, por ser sólo una ayudante! –se quejó muy molesta, bebiendo de su jarra de cerveza- ¡Era realmente deni…!

No puedo acabar su frase, pues en ese momento comenzó a toser violentamente, haciendo que se cayera el vaso y se rompiera en mil pedazos. En ese momento, Link pensó que se había atragantado con el líquido y que sólo tosía así por lo exagerada y bestia que era. Sin embargo, en cuanto vio a Shad levantándose rápidamente de la mesa para ayudarla, dejó de pensar en eso. Se preocupó bastante cuando la cosa se alargó, parecía bastante. Ella agarró un pañuelo de tela que su amigo le dio, tosiendo sobre él. Finalmente, logró parar y no parecía estar demasiado bien, aunque era fuerte y sabía disimularlo.

-¿Podría traerme un vaso de agua? –le pidió a Shad con voz ronca, aún con el pañuelo en la boca.

-Sí, por supuesto…-estaba bastante asustado- Pagaré la cuenta de paso, no deberíamos demorarnos más de la cuenta… ¿Verdad?

Él se fue con prisas al interior del local, quedando ella y Link solos. Algo que desconcertó y preocupó a Link fue que captó el olor de sangre en el pañuelo, que Ashei se había molestado en ocultar a la vista de él. Fue ahí, donde decidió hablarle seriamente…

-No hace falta que digas nada, figura…-era como si le hubiera leído la mente- ¿Es posible que hayas olido la sangre de este pañuelo?

-¿Pero cómo lo has sabido? –no encontraba explicación para que supiera sobre sus habilidades animales.

-Vaya, así que también conservas ese prodigioso olfato incluso cuando permaneces como un hombre. Interesante…-sonrió, parecía saber demasiado- ¿Ahora podrías contarme cómo te mantienes en pie después de la paliza que te dieron? ¿Cómo te has podido recuperar tan rápido, muchacho? Y aún así, desde el principio me di cuenta de que aún conservas daños de aquello, se te ve bastante cansado.

-¿De qué me estás hablando? ¿Qué sabes tú sobre todo eso? –se levantó de la silla, era imposible que supiera de aquello.

-¡Relájate, chaval! ¡Me había dado cuenta desde hace tiempo! ¡Y recientes informaciones lo confirman! ¿No es así, lobito? –parecía estar muy segura de lo que decía, asustando a Link-Siempre supe que había algo en ti que no era normal, que tenías una ventaja sobre el resto. Por eso lograste tantas cosas, siendo capaz de atravesar en esa forma los territorios afectados por la energía oscura del Crepúsculo, sin que tu cuerpo se convirtiera en un ánima incapaz de ver la realidad perversa de su alrededor. ¡Quién imaginaría que fueses un licántropo! ¡He visto cosas extrañas a lo largo de mi vida! ¡Pero lo tuyo es la caña, pulgoso!

-¡Alto, explícame eso! ¡¿Desde cuándo lo sabías?! –él estaba consternado, quería saber cómo se había enterado- ¿Te lo ha contado Auru?

-¡Ah, ya entiendo! ¡Por eso nos vino con esa patética excusa aquel día en la taberna! ¡Y yo que pensaba que era la única que lo sabía! –se divertía con eso, consiguiendo confundirlo más- Sospeché de ti desde un principio, pero tuve una revelación cuando te vi ascender el Pico Nevado durante aquella ventisca convertido en un lobo. Y más tarde, cuando te encontré por la ciudad acompañado de unos gatos, entendí más o menos lo que estaba pasando.

-Vale, quizás hayas logrado deducir milagrosamente eso…-Link intentaba permanecer tranquilo- ¿Pero cómo pudiste saber lo ocurrido en las peleas clandestinas? ¡Y para eso no puedes tener una explicación tan simple, Ashei!

-Tengo mis fuentes, te sorprendería saber hasta qué punto sé de eso y de lo ocurrido en el Crepúsculo…-esas palabras helaron a Link, era muchísimo peor que su abuelo- Sinceramente, no me interesa preguntarte cómo lograste volver a tu forma original. Todo lo que querría saber de ti, ya lo sé. Y no te preocupes, mi especialidad es guardar secretos, no pienses que voy a ir revelándole a la gente dicha información.

-De acuerdo, dejemos el tema. Me estás asustando…-prefería no continuar con aquello- Ahora hablemos de ti… ¿Qué está pasándote? Puedo notar que no estás demasiado bien de salud, además parece preocupante por la reacción de Shad cuando comenzaste a toser con esa vehemencia.

-¿A ti tampoco se te escapa nada, eh? ¿Te habrás enterado de que hace tiempo tuve un trabajillo con los Lizalfos, no? Seguro que sí, ese paleto se lo habrá largado a todos en la taberna, se fue muy enfadado cuando discutimos sobre aquello.

-Yo estaba allí, escondido en la parte alta…-le dijo recordándolo- Él estaba borracho y soltó algo sobre el veneno de esos monstruos durante su época reproductiva. ¿Acaso…?

-¡Bingo! ¡Lo has clavado! ¡Esos malditos me tendieron una trampa y casi muero allí! –lo decía con gran sentimiento, pero seguramente habría sido traumático.

-¿Y cómo conseguiste sobrevivir?

-Porque ese debilucho fue a buscarme, salvándome la vida…-reconoció difícilmente, recordando lo sucedido.

XOXOXOXOXOXOXO

"Yo había logrado escapar por los pelos de esas criaturas, pero estaba herida y el veneno comenzaba a recorrerme el cuerpo. Había perdido a mi caballo, me encontraba completamente sola en la zona norte de la Pradera de Hyrule, la que linda con el Dominio Zora. Estaba huyendo de ellos y apenas podía moverme debido al veneno. Tuve que pararme a descansar apoyándome en un árbol que se encontraba allí, después de eso no pude volver a levantarme. En poco tiempo, esos monstruos me alcanzaron, no iban a permitir que su presa se escapara. En aquel momento, perdí toda esperanza de salir con vida de aquello, hasta que…

Mi caballo apareció y cargó contra ellos, atropellándolos y apartándolos de mí. Justo después apareció Shad, montado sobre su yegua. Me di cuenta de que a pesar de que Centaurus había huido durante la lucha, lo hizo para buscarme apoyo y no para abandonarme. Más tarde Shad me contó que había salido a buscarme a la pradera puesto que habían pasado más días de lo esperado, cuando le avisé de que sería un trabajo fácil y no me llevaría demasiado. Debido a las salpicaduras de sangre que tenía mi caballo sobre su pelaje, fueran mías o de los monstruos, hizo que Shad fuera rápidamente a por mí. Ese necio…podrían haberlo matado.

Pero no lo hicieron, ambos animales lograron disuadir a varios miembros de ese pequeño grupo de Lizalfos, que se había dividido del principal para acorralarme. Pero uno de ellos trató de rematarme, yo no podía hacer nada por defenderme. Y ocurrió algo verdaderamente insólito…

Shad sacó ese puñal que usa como marca páginas en ese cuaderno que siempre lleva consigo, apuñalando en el corazón a la bestia. Eso le causó la muerte, apenas duró unos minutos. Sus compañeros vieron eso y se asustaron, prefiriendo huir antes que arriesgarse por una presa que moriría igualmente a causa del veneno.

Después de eso, sólo recuerdo que me desmayé, ya no podía aguantar más con aquel veneno en mi sangre…"

XOXOXOXOXOXOXO

-Desperté en la clínica del doctor Borville al cabo de unos días, con una fiebre terrible y mi cuerpo no respondía. Shad estaba allí y casi se echa a llorar cuando me vio despertar, fue algo que me incomodó muchísimo.-siguió contándole- Desde un primer momento, ese anciano no me dio demasiadas ilusiones sobre lo de recuperarme, pero Shad no se dio por vencido. Les consultó a todos los médicos y farmacéuticos de la ciudad, incluso preguntó a los Zora y fue a Kakariko con la esperanza de encontrar una solución. No sé cómo pasó, pero mi cuerpo resistió gracias a sus cuidados y logró rechazar el veneno, algo que jamás se había visto. ¡El propio doctor se quedó asombrado con eso! ¡Me dijo que hasta ahora nadie había sobrevivido al veneno de los Lizalfos!

-Pues es un alivio, la suerte estuvo de tu parte en esa ocasión…-comentó alegre por la noticia- ¿Y entonces por qué sigues así?

-Porque a pesar de todo, ese veneno daño mi cuerpo y quedaron efectos secundarios bastante perjudiciales, según el doctor, a corto y medio plazo. Nos recomendó a un médico especializado en tóxicos que tenía su consulta en esta ciudad, por lo que vinimos hasta aquí para seguir su tratamiento. Y hasta, estoy notando cierta mejoría, pero sólo es experimental. Sólo espero acabar con eso cuanto antes, Shad me está poniendo de los nervios…

-¿Por qué? Yo lo noto bastante preocupado por ti, Ashei…-sabía que a ella no le gustaba que la ayudasen tanto, era muy orgullosa.

-¡Por eso mismo! ¡No se ha separado de mí en ningún momento! ¡Se ha hecho cargo de todos los gastos e incluso ha tenido que abandonar su trabajo para poder ocuparse de mí! ¡Yo no le pedí que lo hiciera! ¡Ese imbécil sólo conseguirá acumular enormes deudas con lo que está haciendo! ¡Y encima no escatima en gastos a la hora de hacerlo! ¡Me tiene con más comodidades y caprichos que una condesa, joder! ¡Lo único que le pedí fue algo de dinero para venir a esta ciudad y le prometí que más tarde se lo devolvería! ¡Pero no me hizo caso y ahora no dejo de sentirme culpable por ello, maldita sea! –no era capaz de comprender lo que estaba haciendo por ella, era incapaz de verlo debido a su orgullo.

-Eso sólo demuestra que te tiene mucho aprecio…-Link no quería que siguiera molestándose por aquello- ¿Por qué te cuesta tanto admitirlo?

-Tú te callas, nadie te ha pedido tu opinión…-era imposible, esa mujer nunca lo reconocería.

XOXOXOXOXOXOXO

Mientras él hablaba con sus amigos, Zelda se encontraba observándolo, aún sentada en el banco. Pero entonces, alguien le habló…

-¿Ese es el muchacho? ¡Qué cambiado está! –exclamó alegre una persona, que parecía estar mirando también a Link y que se había sentado a su lado.

Ella se volvió rápidamente hacia él y se levantó del banco, asustada por aquella voz. Entonces vio a un hombre alto, robusto y pelirrojo, con una cresta inconfundible para ella…

¿Qué estaría haciendo allí Malton? ¿Se debería a su trabajo como mercader ambulante?

-¿Qué le ocurre? ¿Está sorprendida de verme de nuevo? –le preguntó con normalidad, como si la conociese de toda la vida.

-Creo que se equivoca, señor…-intentó proteger su identidad- Nunca nos hemos visto, quizás me haya confundido con otra persona.

-Oh, perdóneme entonces…-se disculpó aunque no parecía estar muy convencido- Siento haberla importunado, señorita. Pasaba por aquí cuando creí que me había encontrado a alguien familiar… ¡Aunque la verdad es que hacía algún tiempo que no pasaba por aquí! ¡Mi familia y yo nos perdemos cada vez que venimos!

-No importa, una equivocación la puede tener cualquiera…-le dijo disimulando su nerviosismo, preguntándose cómo había sido capaz de reconocer a Link.

Cuando creía que se iba a marchar, se le acercó peligrosamente al oído y le dijo…

-Por favor, dele recuerdos de mi parte y de mi familia a Link…-le pidió como un amigo- Y siga cuidando del muchacho que lo ha estado haciendo hasta ahora… ¡Es increíble que haya logrado recuperarse tan rápido después de aquella paliza!

-¿Cómo sabe todo eso? ¿Y por qué me lo cuenta a mí? –le preguntó realmente asustada, no entendía lo que pasaba.

-Hasta luego, majestad…-eso dejó helada a la princesa- ¿O debería decir…Denzel?

Comenzó a separarse de ella y a proseguir su camino, mientras Zelda se veía incapaz de reaccionar ante aquello.

-¡Espere! ¿Cómo lo ha sabido? ¡Vuelva! –le gritó entre la multitud, esperando a que regresara.

-¡No se preocupe! ¡Mantendré este secreto! ¡Usted sólo preocúpese por el chaval! –de pronto, comenzó a reírse- ¡Y no se exceda con el alcohol!

-¿Qué no me exceda con el…? –en ese momento, lo entendió todo- No, no, no… ¡No puede ser! ¡Fue aquella noche! ¡Me mintió cuando me le pregunté si le había contado algo mientras me encontraba indispuesta! ¡¿Pero qué fue lo que le conté?!

Y mientras, Malton caminaba sonriente recordándolo todo…

-¡Qué grata coincidencia! ¡Encontrármelos aquí en Sakado! –exclamó alegre- ¿Y quién diría que ese lobo tuviera tan buen ver siendo un muchacho? ¡No me extraña que esa mujer fuese a buscarlo! Todavía recuerdo palabra por palabra todo lo que me reveló aquella noche…

XOXOXOXOXOXOXO

"Después de haberlo llevado a la cabaña para que descansara, Malton no tuvo tiempo para echar una cabezadita por culpa de los desvaríos de su compañero, que se despertó poco después de acostarlo en su litera.

-Todo esto me está matando…-lloraba el muchacho, incapaz de levantarse de la cama- ¡Debí haberme quedado en casa! ¡No puedo soportarlo más!

-¿Y ahora qué te pasa, chaval? –le preguntó cansado, sentado en un taburete- ¿Por qué dices eso?

-Toda mi vida igual, sólo he sido una carga para los demás…-siguió desahogándose- ¡Por mi culpa han sufrido muchos! ¡Y por mucho que haga, jamás lograré cambiarlo!

-¿Pero a qué viene eso? ¡Duérmete de una vez! –le exigió Malton, no quería escuchar los problemas de un borracho.

-¡¿Cómo puedo hacerlo?! ¡¿Tú podrías dormir sabiendo que alguien a quien amas está sufriendo por tu culpa?! ¡Y que podría morir si no haces nada! –le gritó enfadado, preocupando a Malton.

-¿De quién puñetas me hablas? –no entendía porque le estaba siguiendo el juego a un borracho, pero eso se estaba poniendo cada vez más interesante.

-¡Del lobo, maldita sea! ¡¿Es que hay que señalártelo con luces?! ¡¿Cómo puedes haber participado en esas horrendas barbaridades?! ¡Deberían meterte en el calabozo! –siguió acusándole, perdiendo cada vez más el juicio.

-¿Y tú de qué conoces a ese animal? Es trágico, lo sé…-admitió triste- ¡Pero ni que fuese una persona para andar con tanto dramatismo!

-¡¿Cómo te atreves?! ¡Link es la persona más maravillosa que he conocido en mi vida! –sus chillidos estaban a punto de hacerle perder la voz.

-¡¿Y quién es Link?! –exclamó asustado- ¡Y deja de gritarme! ¡Así vas a acabar dejándome sordo!

-Es el lobo… –le aclaró serenándose un poco- ¿Acaso eres estúpido o qué?

-¿El lobo? –definitivamente, ya no entendía nada- ¡Acabas de decir que era una persona! ¡Me estás confundiendo!

-El lobo era antes una… ¡Persona! –le explicó molesto- ¿Te cuesta tanto entenderlo, Malton?

-¡¿Qué?! –esa información era demasiado- ¡Imposible! ¿Qué clase de magia podría transformar a alguien en una bestia?

-¿Lo tuyo no es pensar, verdad? ¡La magia lo puede todo! ¡O casi! ¡Las transmutaciones y maldiciones son algo común en la hechicería! –le contó alterado- ¡Sólo tienes que verme a mí! ¡Parezco un hombre hecho y derecho! ¡Nada más lejos de la realidad! ¡Ni siquiera desarrollé los atributos masculinos!

-¡¿Qué narices…?! –Malton se cayó de la silla, cayendo sobre su Kargarok que dormía a su lado- ¡¿Eres una mujer?!

-Técnicamente, nunca has tratado con un hombre, he seguido siendo una mujer porque mi transformación fue incompleta…-habló mareado- ¿A que esta voz engaña?

- ¡Ahora todo encaja! ¡Tú olor no es el de un hombre! ¡Y qué rechazaras borracho a esa atractiva hembra me pareció surrealista! ¡Además parecía que no sabías comportarte entre otros hombres! ¡Y tu aspecto aún conserva ciertos resquicios afeminados!

-¡¿Te crees que es tan fácil?! ¡Por culpa de este cuerpo maldito estoy sufriendo como un perro! ¡Casi me da algo cuando olvidé tomarme ese día la poción estabilizante! –se quejó atormentado- ¿Por qué ese hechizo tenía que estar incompleto? ¡Esa magnánima reina de la antigüedad debió haberse puesto de acuerdo si ponerlo entero o no! ¡Ahora me encuentro yo, la princesa Zelda de Hyrule, atrapada en este cuerpo hasta que todo esto acabe!

-¡¿Estarás de broma, no?! ¡¿Eres de verdad la Princesa Zelda?! ¡¿Y qué haces por aquí?! –le preguntó asustado, abrazado a su Kargarok.

-¡Estoy aquí por tu culpa, imbécil! ¡Por haberle exigido a él que se entregase a cambio de aquella medicina! ¡Y para colmo encima lo secuestraron y acabó en este lugar! –le culpó de todos sus males, con lágrimas en los ojos- ¡¿Cómo se te ocurrió pedírselo?! ¿No podías haber ido a cobrar la recompensa como todo el mundo? ¡Link es demasiado noble! ¡Hubiera dado su vida si así lograba salvar la mía! ¡¿Por qué no cogiste las malditas rupias en lugar de a él?!

Comenzó a llorar a mares, haciéndose sentir realmente mal a Malton. Se había dado cuenta de que su elección no había sido la correcta, debió haber cogido el dinero y marcharse sin dañar a nadie.

-Karol…-le habló a su criatura- Ya que las dos pertenecéis al género femenino… ¿No me podrías ayudar a controlar esto?

La Kargarok hizo caso omiso a sus peticiones y comenzó a caminar torpemente por esa estrecha choza para acabar saliendo afuera, emprendiendo el vuelo una vez tuvo suficiente espacio para despegar.

-Maldito pajarraco…-murmuró enfadado, golpeando el suelo- ¡Se ha largado! ¡Ahora tengo que resolver solo este problemón!

-No le eches la culpa…-le dijo Zelda haciendo que él mirara hacia arriba- Sólo quiere dormir y por mi embriaguez le resulta imposible. No sé ni siquiera porque sigo hablándote de esto…

Para sorpresa de él, parecía haberse calmado y ahora no quería seguir hablando. Pero dada la curiosidad de Malton, no dejaría que lo hiciera.

-Es increíble que hayas abandonado las comodidades de su castillo para buscarlo, si es cierto todo lo que me estás diciendo…-comenzó buscando llamar su atención- ¿Por qué te has tomado tantas molestias por, según tú, un muchacho al que desgraciadamente convirtieron en una bestia?

-Pues…-comenzó a pensar- No lo sé, sólo sé que no podía abandonarlo después de todo lo que ha hecho por mí.

-¿Es tu amigo, no? Porque recuerdo que el tiempo que lo mantuve cautivo, sirviéndome de perro cazador, siempre lo encontraba muy abatido y mirando en dirección al Castillo de Hyrule.

-Es normal, a nadie le gusta estar preso y él es un amante de su libertad…-habló serena, mirando al techo- ¿Y por qué me cuentas esto?

-Por nada, es que me resulta llamativo los sacrificios que habéis hecho ambos para que el otro no acabase mal…-siguió buscándole, deseando que se confesara.

-Bueno, él siempre es así, sacrificándose por los demás sin pensárselo dos veces…-dijo entristecida, sintiéndose culpable de ello.

-No hace falta que lo digas, yo también le debo mucho…-admitió contento- ¿Y tú? ¿Existe otro motivo, a excepción de devolverle el favor y vuestra amistad, que te impulsa a seguir adelante con esta locura?

Ella se quedó en silencio durante un buen rato, llegando a hacerle creer a Malton que se había dormido. Y justo cuando ya se daba por vencido, la oyó murmurar algo.

-Podría seguir disimulándolo, como lo he hecho toda mi vida, pero eso sería mentirme a mí misma…-suspiró derrotada- ¿Pero de qué serviría hacer todo lo contrario?

-¿Entonces sientes afecto por ese tal Link? –le preguntó al escucharla, con una sonrisilla de satisfacción dibujada en la cara debido a lo cotilla que era.

-Sí…-confesó difícilmente en un suspiro- Ya está, lo he dicho… ¿Estás contento?

-¿Y a mí que me cuentas? Yo ahora mismo estoy actuando como un psicólogo, escuchando todo lo que dices y sacando mis conclusiones al respecto.-se defendió falsamente sorprendido.

-Me imagino lo que estás pensando…-dijo molesta de sí misma- ¿Qué alguien de mi categoría se haya interesado en un pobre muchacho? ¡Y que debería avergonzarme de ello!

-Eso lo has dicho tú, no soy de esa clase de personas que se interesan en los romances de la nobleza y esas cosas. ¡Tengo mejores cosas que hacer! –dijo riéndose de las habladurías de la gente.

-Para mí Link es mucho más que un simple amorío egoísta e interesado…-le reprochó disgustada- ¡Yo lo amo! ¡Lo quiero como no he amado a otra persona en mi vida! ¡No puedes ni imaginarte lo mucho que significa para mí!

-Vaya…-esa confesión le resultó incómoda- Quizás no debería haber hablado…

-Hace mucho tiempo me ocurrió algo que hizo que desconfiara e incluso odiara a todos los de mi alrededor…-le contó evitando, incluso en su estado, darle más detalles- Aquel dolor y resentimiento quedó guardado en mi interior durante muchos años, volviéndome una persona fría y solitaria. Bajo una falsa apariencia regia y neutral, se escondía un ser vulnerable que se negaba a mostrarle a nadie su debilidad, para no sufrir de nuevo…

Malton se abstuvo de hacer algún comentario, dejándola que continuara donde lo había dejado, después de una misteriosa pausa.

-Durante la Invasión del Crepúsculo, me vi obligada a entregarme para proteger a mi pueblo.-continuó con su historia- En realidad, jamás le tuve aprecio a mi propia vida, me daba igual lo que me ocurriese. Además, con mi sacrificio, quería saldar mis deudas con todos con los que hasta ese momento, habían sufrido o muerto por mí. Y sin embargo, dichosas las Diosas del destino que tenían preparado para mí…

-¿Y qué pasó? ¿Lo conociste en aquel entonces? –le preguntó expectante el pelirrojo.

-Pues sí, aunque la primera vez que nos vimos fue en su forma animal. En las leyendas se hablaba de un héroe legendario que vendría a salvar el reino cuando fuese verdaderamente necesario, pero nunca esperé encontrarme con un licántropo… ¿Comprendes ahora que su maldición proviene de mucho antes? Aunque por entonces logró encontrar una cura que parecía ser permanente, si no hubiera sido por la mala fortuna.

-Interesante…-Malton estaba pensando detenidamente en ello- ¿Y después?

-Una vez terminó la crisis del Crepúsculo, ambos volvimos a nuestras rutinas sin que nada hubiera cambiado. Yo sólo me había relacionado con él para aliarnos, jamás pensé que lo nuestro llegara más allá de la cooperación.-reconoció divagando un poco- Más tarde, nos encontramos nuevamente debido a que participó activamente en la reconstrucción de mi castillo, ahí fue cuando nació entre nosotros una ligera amistad. Y sorprendentemente, a petición del comandante de mi guardia, acabó siendo mi guardaespaldas personal.

-Lo dices como si te hubieran obligado a hacerlo… ¿O fue así? –le preguntó extrañado, esa última frase no lo había convencido demasiado.

-Todavía sigo pensando por qué acepté, quizás fuera para no decepcionarlos. Pero a cada momento que pasa me convenzo más de que probablemente fue una de las peores decisiones de mi vida…-reconoció tristemente.

-¿Tan malo era? ¡Tampoco creo que haya que exagerar, mujer! –bromeó con ella.

-Al contario, era demasiado bueno. No se separaba de mí en ningún momento, lo que resultaba desesperante en algunas ocasiones. Yo no estaba acostumbrada a esa clase de atenciones desinteresadas, sobre todo por culpa de la mala experiencia que tuve con otro guardaespaldas años antes. Aún así, poco a poco fui cogiéndole cariño y nuestra amistad creció, además reconozco que sentía cierta atracción física hacia él. No podría especificar con detalle cuando comencé a sentir algo más por él, pero simplemente sucedió.

-¡Suele pasar! ¡Me pasó lo mismo con mi mujer! –expresó animadamente Malton.

-Link es el hombre más maravilloso que he conocido. Nunca volveré a encontrarme con alguien así, que consiga que sienta lo que estoy sintiendo ahora. Lo logró lo imposible, cuando yo me había dado por vencida. Quizás el destino quiso que nos encontráramos, porque demasiadas coincidencias se dieron para ello. Y estoy profundamente agradecida por eso…

-¡Qué aptitudes debe tener el chaval! ¡Debe estar hecho un seductor! ¡No todos los días se conquista el corazón de una princesa! ¡Y menos a la que sus muchos pretendientes la conocían como la "Reina del Hielo"! –en ese momento, se mordió la lengua- Creo que me he pasado con eso último…

-Fue capaz de sacarme de mi absoluta soledad y pesadumbre, permaneciendo conmigo hasta en los peores momentos o cuando me esforzaba para apartarlo de mi lado, por mera costumbre; logró hacerme reír y divertirme como no lo había hecho en años, devolviendo la dicha a mi corazón; me enseñó cosas y lugares que jamás había visto, haciéndome sentir como una niña otra vez; me protegió innumerables veces contra los más temibles enemigos y contra otros que también me hacían daño, a pesar de mostrarse como iguales…-enumeró emocionada algunas de sus virtudes, impresionando a Malton.

-La veo muy enamorada, princesa…-comentó satisfecho- Ahora comprendo la desesperación del muchacho cuando me intentó robar aquella poción, seguro que te aprecia en igual medida.

-Ojalá fuera así, pero…-suspiró triste- Lo que nos une es sólo una amistad y me guarda gran respeto por mi posición. Y que se sacrificase por mí, no es ninguna novedad, lo haría por cualquiera. Además…hay otra…

-¡Ups! –había metido la pata hasta el fondo- Lo siento, no pensé que…

-No importa, no es culpa tuya ni de él.-le explicó comprensiva- Es una amiga de la infancia, se llama Ilia, se ha criado con él en su aldea. Él no me lo ha querido contar abiertamente, pero sé que ella ha sido su primer amor, aunque no se ha atrevido a confesárselo. Es más, lo que sí me contó, es que la razón por la que comenzó sus andanzas durante la Invasión del Crepúsculo, fue para rescatarla de las garras de unos secuestradores que se la llevaron a ella y a los niños de su aldea. Si me conoció a mí, fue gracias a eso.

-Bueno, mujer, dicho así suena fatal…-intentó darle ánimos- ¿No podría haber cambiado con el tiempo?

-Tal vez, pero de nada serviría…-negó dolorida- Soy la heredera de un próspero reino. Aunque finalmente nos correspondiéramos, no podríamos permanecer juntos. Yo deberé contraer matrimonio seguramente con un imbécil, déspota e interesado, al que sólo le intereso por mis tierras y mi belleza. Por eso, prefiero creer y afirmar que sigue enamorado de esa chica, porque tampoco me ha demostrado lo contrario.

-¿Y ahora? ¿Por qué haces esto? ¿No crees que será peor el sufrimiento que te cause vivir con esa duda? –le preguntó sin poder entenderla.

-Puede, pero es lo mejor para los dos, sobre todo para él. En cuanto acabe esto, le obligaré a volver a Ordon y que regrese a su vida normal. Es demasiado honorable, lo único que he hecho nombrándolo mi protector, es aprisionarlo entre esas paredes de roca que conforman mi castillo. Le he robado su libertad y lo he puesto en peligro demasiadas veces, no puedo seguir conviviendo con eso. Y aunque me duela, sé que tengo que apartarlo de mi lado e intentar olvidarme de él para siempre. Aunque probablemente no sea capaz de hacerlo jamás…

-¡Oh, por favor, no sigas! ¡Qué me pongo melancólico! –parecía que a él le entristecía más todo aquello, reprimiendo sus lágrimas.

-Gracias…-soltó en un suspiro- A pesar de que nos acabamos de conocer y de que te he estado mintiendo desde que nos vimos, has estado escuchándome aunque no hayas tenido la obligación de hacerlo.

-¡Je, je! ¡No es para tanto! ¡En el fondo soy un romántico! –admitió avergonzado.

-Y quisiera pedirte un último favor…-le habló somnolienta, bostezando-Mañana es probable que me levante sin recordar nada, debido a que a mi embriaguez. Quizás me acuerde de algo, pero me negaré a creerlo o fingiré hacerlo. Tú procura que no sospeche nada, miénteme sin miramientos.-le pidió convencida, cerrando los ojos- Tienes algo especial, como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo, a lo mejor nos vimos en otra vida. Es más, puede decir sin temor a equivocarme…que te considero mi amigo, eres una gran persona. Ojalá no tuviera que olvidar esto que lo que has hecho por mí esta noche…

-¡Je, je! ¡Qué me pongo rojo, majestad! ¡No hace falta que diga esas cosas tan bonitas de mí! –le agradeció ruborizado, preguntándose si sería capaz de mentirle- ¿En serio quieres que…?

No siguió hablando, pues la escuchó respirar profundamente dormida. Malton pasó unos momentos analizando todo lo que acababa de decirle, dudando si habría sido verdad o invenciones de un borracho.

-¡Qué locura! ¿Será verdad todo? Porque parecía muy convincente…-meditó confundido- Si fuera así, acabaría de hablar con la soberana del reino… ¡Con una princesa! Aunque con esa voz masculina, cualquiera se imagina en su mente a una bella moza…-un escalofrío le recorrió el cuerpo- Pero según él o ella, hay una forma sencilla de demostrar lo que me dijo…

La curiosidad le hizo que se le pasara por la cabeza la opción de comprobar si poseía realmente los atributos masculinos, cosa que confirmaría si lo que le contó era cierto. Sin embargo, Malton reacción ante esos desvariados pensamientos, jamás se le ocurría hacerlo y menos si era una señorita.

-¡¿Estás loco?! ¡¿Cómo se te ocurre pensar en esas cosas?! ¡Dazel te mataría si te pillara haciéndolo! –se habló a sí mismo- ¡Me dejaré llevar por mi instinto! ¡Sé que no me ha mentido! ¡Los borrachos, según dicen, no suelen hacerlo!

Volvió a mirar a su acompañante mientras dormía, sorprendido por la rapidez con la que se había dormido y preguntándose cuando despertaría.

-Lo que sí sé con seguridad, es que mañana va a tener una resaca real…-comentó en lo que tal vez quisiera hacer un chiste."

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Y parece que no me equivocaba! –inspiró profundamente, mientras caminaba por esas concurridas calles- Me gustaría saber cómo acabará esto, promete ser una historia fascinante…

XOXOXOXOXOXOXO

-Perdóname por haberte dejado sola antes. Me dejé llevar por la conversación y acabé olvidándome de que estabas conmigo…-se disculpó Link, mientras bajaban por una calle amplia e inclinada.

-No importa, hacía mucho tiempo que no podías entablar conversación con ellos, debido a tu estado.

Continuaron paseando y mirando los escaparates de tiendas y locales, pasando rápidamente el tiempo para ellos. Había tanto por ver y tan poco tiempo, dado que al día siguiente partirían hacia la Isla Koholint. Esperaban poder hacer un recorrido más a fondo cuando regresaran de allí.

Esa noche conocería iría al teatro junto con ella, su abuelo y aquellos dos hermanos. Pero le gustaría conocer la universidad; el museo; los espacios verdes; los barrios más exclusivos y también los más vulgares; restaurantes y comercios; el puerto y su faro; la inmensa playa…

-¿Quieres que te muestre algo? Sígueme… –le preguntó de pronto ella, sin darle tiempo a contestar.

Lo agarró por sorpresa y lo animó a ir tras ella varias calles hacia abajo, en una persecución que para ambos les resultó muy entretenida. A Link le sorprendió la rapidez con la que se movía, a pesar de que le había dicho que sólo había estado una vez en la ciudad. Cuando llegó a darse cuenta, ya la había perdido.

-¡Estupendo! ¡Me he perdido! –se lamentó golpeándose en la cara- ¡¿Y ahora cómo voy a dar con ella?! –en ese instante, le vino una idea a la mente- ¡Espera un segundo!

Recordando que poseía el agudo olfato de un lobo, comenzó a tratar de encontrar su esencia por los alrededores. Tal era su insistencia y su concentración, que ignoraba los comentarios y las miradas de la gente que pasaba a su lado.

-¿Qué está haciendo? ¿Se habrá vuelto loco? –preguntó una mujer al verlo olisquear el suelo.

-Deberíamos avisar a la guardia, lo de este chico no es normal…-murmuraba un hombre a un conocido.

-No te acerques a él, pequeño, no parece estar bien de la cabeza…-le advirtió una madre a su hijo, que pasaron de largo intentando evitarlo.

Una vez lo consiguió, caminó por las enrevesadas calles de esa ciudad marítima, notando cada vez más fuerte ese olor que tanto le atraía. Y así, a la salida de un callejón, en una pequeña y pintoresca plazoleta; se la encontró a unos metros de distancia, de espaldas. Al aparecer, ella estaba esperándolo preocupada, junto a una esquina cercana a la salida de la plaza. En esos momentos, al joven se le pasó por la cabeza gastarle una pequeña broma. Aunque las cosas no salieron como planeó…

-¡Cuidado! ¡Que soy yo! –se quejó dolorido al recibir un buen golpe en la cabeza, al tratar de sorprenderla por detrás.

-¡Perdón! ¡Lo siento, Link! Pensé que se trataba de algún ladrón…-se disculpó ella bastante sorprendida- ¿Te duele mucho? ¡Aunque no sé para qué lo pregunto! ¡La culpa es tuya por atreverte a acecharme por la espalda!

-¿Y tú? ¡Me dejaste atrás y ni siquiera volviste a buscarme! ¡Da gracias por haberte encontrado! –se defendió aún sintiendo ese dolor- ¿Cómo recuerdas tan bien las rutas por esta inmensa y entramada ciudadela? ¡Ibas muy deprisa!

-En realidad…-parecía divagar- A medio camino, perdí el rumbo y comencé a ir de un lado a otro sin saber a dónde íbamos. Fue cuando me encontré con un amable anciano que me indicó el lugar exacto a donde quería ir, cuando desaparecí y acabamos aquí los dos.

-¿Así que hemos estado perdidos todo este tiempo, no? –preguntó incrédulo y algo molesto.

-Yo no lo llamaría exactamente así…-trató de excusarse- Más bien, ambos buscábamos diferentes rutas alternativas hacia nuestro destino.

-Ya, bueno…-no iba a comenzar a discutir- ¿Qué era eso que querías enseñarme?

-Está un poco más adelante…-le dijo únicamente antes de comenzar a andar de nuevo, esta vez mucho más relajada.

Link la siguió sin saber que era lo que se proponía, pero poco más tarde, entraron a una amplia avenida…

-Este es el paseo marítimo, una de las principales zonas turísticas de la ciudad.-le presentó el lugar- ¿Qué te parece?

Mientras, Link estaba más interesado en lo que había a uno de los lados del paseo: la alargada lengua de arena que se extendía de un extremo a otro de la línea costera de la colonia y el océano que la bañaba.

-¡Diosas! ¡Es más impresionante desde cerca! –exclamó arrimado a la barandilla de piedra que acotaba la playa- ¡No hay montañas! ¡Ni tampoco prados o arena! ¡Es todo agua!

-Sabía que te gustaría, desde aquí se aprecia desde una perspectiva más llana lo que es el horizonte y el mar. Desde la mansión del alcalde se observa bastante bien, pero seguramente tú preferirías un contacto más directo.

-Es cierto…-miró hacia su espalda, en dirección a la casa- Las residencias más acomodadas se asientan en las partes más altas de la ciudad, sobre esa colina. Y así, van bajando hasta llegar a la costa, donde nos encontramos ahora. ¡Ya comprendo por qué esta ciudadela tiene una distribución tan confusa! ¡Se adapta al terreno!

Además de la hermosa playa, el paseo estaba salpicado de tiendas, bares y restaurantes que hacían las delicias de los turistas y locales. Era muy amplio y su extensión cubría desde el puerto, al otro lado de la ciudad, hasta una escollera que delimitaba el territorio marino de la colonia fuera del alcance de sus muros. Además, variedad de elementos decorativos como bancos, plantas y farolas le conferían un aspecto muy lúcido.

-¿Seguimos o vas a quedarte ahí mirando? –le preguntó al mismo tiempo que comenzaba a andar.

-Ya voy…–suspiró- ¿Por qué no habré traído algo para poder bañarme?

XOXOXOXOXOXOXO

Avanzada un poco la tarde, los dos aún continuaban por los alrededores del paseo disfrutando de las hermosas vistas. Y Link, estaba descubriendo algo bastante interesante.

-¿Cómo se llamaba esta cosa viscosa y fría? –le preguntó tratando de averiguar cómo comerse ese tentempié que Zelda le había sugerido probar.

-Es un helado, no tiene nada de extraño.-le explicó mientras ella degustaba el suyo- Está hecho a base de leche y otros ingredientes, dependiendo de la variedad. Descubrí ese local cuando viene aquí hace años, era la primera vez que veía algo así. Claramente, se requiere de muchos recursos para elaborar uno de estos, hacen falta temperaturas muy bajas para lograr algo así. Y la creación de hielo no es nada barato, se recurre normalmente a un hechicero para realizar dicha tarea, además de otras medidas técnicas para preservar el frío.

-¿Y cómo se puede comer esto? ¡Me duelen los dientes! ¡Está demasiado frío! –se quejaba él, desesperado por comérselo- ¡Y se está derritiendo!

-Pareces un crío…-suspiró cansada- ¡Lámelo! ¡Así atenuarás esa sensación de frío!

-¿En serio? ¿Con la lengua? –preguntó extrañado, le parecía una forma curiosa de saborearlo.

-¿De qué te quejas? Yo no soy quien se crió en una aldea que se alimenta de larvas de abejas…-le recordó maliciosamente recordando aquel sucesos en Ordon.

Link se quedó unos momentos en silencio observando como ella se acababa el suyo. Los repetidos y lentos movimientos de su lengua sobre el helado hicieron que quedara hipnotizado mirándola, como si el tiempo se hubiera ralentizado. Lo encontraba bastante…excitante.

-Se te está derritiendo…-le habló concentrada en lo suyo- ¿Se puede saber qué estás mirando?

-¡Y-yo, nada! –comenzó a lamer el suyo, ocultando su vergüenza- Tenías razón, es mucho mejor saborearlo así que a mordiscos…

-"¡Ey, güey! ¡Se te ve apenado! ¿Qué confabulabas?"-oyó una aguda voz proveniente del suelo.

-¿Eh? ¿Quién? –miró al suelo- ¡Ah, eres tú! ¡Valentín!

-"¡¿Qué haces?! ¡Dale un poco a tu compadre! ¡Se ve delicioso!"-pidió ansioso el animal, agitándose nervioso.

-¡Qué curioso! ¿Eres la mascota de Gustaf, no? –exclamó Zelda al percatarse de la presencia del can.

Su apariencia lucía algo diferente, pues portaba un pequeño gorro blanco y una camiseta para perros con estampados de flores tropicales. Además, olía a una de esas cremas costosas que las mujeres acaudaladas usaban para protegerse del sol, con un curioso aroma a coco.

-¿Por qué vas vestido así? –Link intentaba aguantarse la risa- ¡Estás ridículo!

-"¡Vete a la chingada! ¡Y no pitorrees!"-ladró enfadado, saltando para tratar de estar a su altura- "¡Ese joto me las pagará! ¡Me da mucha pena que me vean así! ¡Y él dice que es para protegerme del sol! ¡Es un mentiroso!"

-No parece nada contento…-dedujo la princesa observando su comportamiento- ¿Gustaf estará por aquí?

-"¡A huevo! ¡Andará gastándose la plata en tonterías! ¡No tardará!"-comentó mirando a una zona de tiendas por donde debería estar su dueño.

-Oh, mierda…-se le había acabado la diversión- ¡Ahora que estábamos tan tranquilos!

-Será mejor que lo esperemos, probablemente esté buscándolo.-opinó la joven- Esperémosle sentados en aquel banco.

Los jóvenes lo hicieron con la esperanza de que ese aristócrata apareciera pronto, mientras cada uno continuaba disfrutando de su helado.

-Link…-le habló ella mirando a sus pies- Me parece que quiere un poco…

-"¡Eso! ¡Hazle caso a la chava! ¡Llevo pidiendo un rato!"-jadeaba el perrillo, alzado sobre sus patas traseras. A Link no le quedó más opción que compartirlo.

-¡Es gracioso ver cómo ese animal sabe acabar con ese postre mejor que tú! –bromeó ella, atenta a los lengüetazos del animal.

-"Ya…pero no se le salen los ojos cuando me ve comer…"-murmuró el enano mientras lamía con ansias.

-Me pareces que te vas a quedar con hambre…-murmuró con los ojos cerrados, ruborizado, intentando olvidar ese comentario- ¡Ah! ¡Se ha comido hasta la galleta!

-"¡Qué bueno! ¡Tengo la pancita llena!" –bostezó el cánido, relamiéndose el hocico- "¡Prefiero el pistacho, pero me vale madre! ¡Estuvo padrísimo! ¡Gracias por invitarme, cuate!"

-Ya, claro…-suspiró- Sólo eres un aprovechado, eso es todo.

Hubo un silencio relajante durante unos segundos, mientras Zelda ya había acabado con el suyo y se dedicaba a observar a los paseantes.

-"¡Psch! Compadre…"-lo llamó por lo bajo el perro, tocándole en el pecho con una de sus patas.

-¿Qué quieres? –le respondió igual para no llamar la atención de nadie, menos de Zelda.

-"¿Por qué la trajiste hasta acá?"-le preguntó extrañado- "¿No sabes en qué lugar estás?"

-Es el paseo marítimo, una zona bastante turística de la ciudad. ¿Por qué lo dices?

-"¡Qué meco! ¡¿No ves que está lleno de enamorados?! ¡Les gusta pasearse por acá! ¡Porque se ve todo muy lindo!"-le avisó en un agudo ladrido.

Casi le da un infarto cuando se lo contó, hasta ese momento no se había dado cuenta de ello. Ahora, no hacía más que ver entre la gente, parejas que iban y venían tranquilamente por la avenida por donde ellos mismos habían estado paseando. Y se sentía muy incómodo…

-"¡Je, je! ¡No finjas! ¡Se te ve, cabrón! ¡Andabas camelándola, guëy!"-lo miró fijamente, acusándolo.

-¡No digas tonterías! ¡Yo no tengo nada que ver en esto! –se defendió hablando entre dientes, esperando que no lo oyera su acompañante- ¡Fue ella quien me trajo hasta aquí!

-"¡A poco! ¿Fue cierto eso?"-miró a la joven- "¿Tampoco lo sabría?"

-¿Qué te ocurre, pequeño? –le acarició al notar que la miraba- ¿Estás nervioso porque tú amo aún no ha regresado?

-"¿Se estará haciendo la mosca muerta? No creo, parece fiable…"-murmuró mientras era acariciado por ella.

-Zelda…-no sabía cómo planteárselo, sentía mucha vergüenza- ¿Por qué me trajiste hasta aquí?

-¿Y eso? ¿Por qué lo preguntas? –no entendía el motivo de que se lo preguntara- Es un sitio bastante popular, además de que sabía que te gustaría estar cerca del mar. Y también, porque había pasado mucho tiempo desde la última vez que vine por aquí.

-¿Sólo eso? –quizás no debió decirlo en alto- Mejor así….

-¡Valentín! ¡Al fin te encuentro! –exclamó una voz- ¡Y además te encontraste con la parejita!

El perro saltó del banco y corrió en dirección a su dueño, aunque no con la intención de saludarlo.

-"¡Quítame esto, puto! ¡Me veo ridículo! ¡Como vuelvas a hacerme esto, te juró que te…!"-ladraba estridentemente el perrillo, manteniéndose sobre sus patas traseras mientras se lo decía.

-¡Oh, qué cosita! ¡Estás guapísimo con esa ropa! ¡Me alegra que te guste! –exclamó feliz el duque, luciendo también un conjunto muy playero.

-"Será hijo de la…"-gruñó por lo bajo, abatido- "¿Por qué tengo que pasar por esto?"

-¡¿Y cómo estáis vosotros?! ¡¿Disfrutando de este día como yo?! –les saludó una vez terminó de atender a su mascota- ¿Sabéis? Je, je… ¡Me sorprende veros por aquí, pareja!

-A nosotros también nos agrada verte, Gustaf, pero te pido que seas más discreto…-le habló la princesa, ajustándose su manto protector- No quiero que haya un escándalo debido a mi presencia.

-¡Ay, lo que tú digas! –no parecía haberla escuchado- ¿Ya os habéis bañado? ¡Dicen que el agua está buenísima!

-Por supuesto que no, Gustaf.-le respondió ella, cansada de sus comentarios- Esta noche deberemos acompañar al señor Smith a la ópera, no es conveniente hacerlo. Además, debo mantener mi identidad oculta. Por no hablar de que ninguno de nosotros trae consigo un traje de baño, no es algo que hubiésemos planeado hacer.

-¡Tú lo que eres es una aguafiestas, querida! ¡Hay tiempo para todo! –exclamó alzando los brazos, con las bolsas de sus compras colgando de ellos- ¿Y tú, chico? ¿Te vienes conmigo a nadar?

-Antes preferiría que me ahorcaran…-retrocedió horrorizado unos pasos- ¡Y tampoco tengo nada que ponerme!

-¡No te preocupes! ¡Te presto uno de los míos! –rebuscó en sus bolsas- ¿Los prefieres anchos o un poco más ajustados?

-Gustaf…-ese hombre ni se daba por vencido- No vamos a…

-¡Venga, mujer! ¡El sol está bajo! ¡Es el momento perfecto para darse un buen baño! –continuó igual- Si no quieres exponerte, puedes andar descalza por la orilla. Mi médico dice que eso es bueno para la salud, te vendría bastante bien. Estás pálida, chica…

-¿No dejarás que nos marchemos, verdad? –preguntó ella ante aquella obviedad.

-¡Pues no! ¡Tú sabes cómo soy! –reconoció abiertamente- ¡Vamos, Link! ¡Busquemos un sitio donde puedas cambiarte!

-Que conste que no pienso desnudarme delante de él…-añadió mientras era arrastrado por aquel lunático, mientras Zelda se quedaba atrás pensando en lo que se habían metido.

Continuará… ¡Ánimo! ¡Sólo os queda la última parte de este extenso capítulo dividido en tres!

XOXOXOXOXOXOXO

Nota de Alfax: ¡Sigan, sigan! ¡No se detengan! ¡Mis comentarios al respecto los pondré al finalizar la tercera parte!