Capítulo 90: ¡El magnífico poder del amo del tiempo!
El titán Océano asesina con su gran poder a Mu de Aries, dolido por la pérdida de su amigo, Dohko de Libra enfrenta al antiguo dios, el santo de la séptima casa del zodíaco lucha valientemente, ocasionando algunas heridas en la divinidad, lo cual dispara su ira. Finalmente la deidad ejecuta un portentoso ataque marítimo, el oriundo de China salva su vida gracias a la otra dimensión de Saga de Géminis, quien irrumpe junto a Shaka de Virgo.
En un épico combate, Océano derrotó a Shaka de Virgo y ahora combatía contra Saga de Géminis, el desenlace del enfrentamiento era inminente…
Bóveda Celeste.
En aquel celestial y paradisíaco lugar, territorio del dios del cielo, un enfurecido titán de los océanos levanta sus brazos hacia arriba y sin mediar palabra alguna genera repentinamente un mar que inunda los cielos, sus aguas atrapan en su fricción al originario de Grecia. La antigua deidad expande su infinito cosmos, formando un tsunami que arrastra el cuerpo del enemigo, quien ya no tenía escapatoria y pronto sería víctima del rompimiento de la gran ola.
El enorme tsunami divino arrastra a los tres santos divinos del zodíaco, el rostro de Océano luce lleno de satisfacción y tranquilidad, luego apaga su cosmos y se alista para acompañar a Cronos. Sin embargo, antes de partir el titán voltea al sentir tres cosmos ardiendo con gran intensidad.
Shaka de Virgo y Dohko de Libra habían reaccionado y ahora encendían sus cosmos junto a Saga de Géminis.
—¡No puede ser…! ¡¿Cómo pueden estar vivos ustedes tres…después de recibir el rompimiento de las grandes olas?! —se pregunta el titán perplejo.
Saga, Shaka y Dohko lucían heridos, sus armaduras divinas presentaban severos daños, pero sus cosmos habían crecido de forma deslumbrante. Libra se pone en el medio de sus compañeros y se agacha en forma ceremonial, extendiendo sus manos apuntando a Océano, Géminis se sitúa al margen derecho del maestro de Shiryu, por su parte Virgo lo hace a la izquierda.
—Océano, es la hora de que terminemos con esto… —manifiesta Dohko mirando con dureza a su enemigo. —Conocerás la más terrible técnica que la propia Athena prohibió en la época del mito…ya no interesa como nos vean las generaciones futuras… ¡consideramos que es necesario en ocasiones romper con las más sagradas leyes, si es en nombre de la justicia!
—¡Ninguna técnica por más prohibida que sea podrá acabar conmigo! —contesta enfurecido Océano.
—¡No tienes idea del poder del que hablamos, esta técnica es capaz de reproducir el propio Big Bang que ha creado el Universo…! —responde Saga encendiendo su cosmos.
—El poder de la exclamación de Athena con la novena conciencia te derrotará sin dudas. —expresa Shaka con seguridad y un semblante imperturbable.
—¡Voy a matarlos humanos, es la hora de su juicio final! —responde un iracundo titán.
—¡EXCLAMACION DE ATHENA! —gritan los santos divinos de oro, explotando su cosmos al infinito.
Océano encendió su cosmos divino y los mares surgieron desde las profundidades de la Tierra y de los propios cielos olímpicos, enormes tsunamis se mostraban imponentes, una luz dorada de gran pureza encandila la visión del titán mientras lo atacaba de forma horizontal, finalmente toda la escena es cubierta por un aura de deslumbrante resplandor.
El gigante intenta detener la inconmensurable energía extendiendo sus dos enormes brazos hacia adelante, la luz comienza a brillar cada vez más, una explosión se genera desatando la violencia del mismísimo Big Bang, toda materia de un universo de dimensiones mega astronómicas, la cual evapora incluso el océano del Olimpo, junto al titán.
La incontenible explosión comenzó un proceso reversible, regresando la entropía de la física, bajando así la luminosidad de la magnífica técnica, pudiendo verse finalmente a los tres santos divinos encorvados y con gran cansancio, tras haber desatado y contenido la técnica prohibida por su diosa. El titán había desparecido…
. . .
Cronos voltea al sentir desaparecer el cosmos de Océano, estaba decepcionado de la derrota de su hermano, pero su semblante seguía imperturbable, la confianza en su poder era absoluta, en sus ojos podía verse los confines del tiempo, su soma era oscura y de un diseño imponente pero armónico. Su largo y negro cabello caía de su elegante casco, su pálida piel reflejaban un ser frío mientras que su cuerpo era enorme, del tamaño propio de los titanes. El rey de los titanes ya se encontraba en lo más profundo de la Bóveda Celestial, a pocos metros del templo de Júpiter.
Repentinamente un meteorito de resplandeciente luz dorada cayó al frente de Cronos, revelando la silueta de un guerrero con dorada armadura divina.
—¿Y tú quién eres humano? —preguntó el rey de los titanes, ninguneando al recién llegado.
—¡Soy Aioros de Sagitario, un santo ateniense, no permitiré que lleves a cabo tus planes, te derrotaré y el flujo del tiempo volverá a transcurrir normalmente! ¡Atenea vencerá a Zeus y todo habrá terminado…!
—Ni siquiera los doce santos divinos del zodíaco juntos podrían conmigo, no te esfuerces en vano… ¡Soy invencible!
—¡No existe nadie invencible para un santo de la esperanza…RAYO ATOMICO!
Aioros extiende su puño, lanzando resplandecientes esferas que contenían una explosión nuclear de reacción en cadena, Cronos mantenía su inmutable porte, su cuerpo se desplazaba horizontalmente con gran agilidad, evitando los rayos dorados, pese a que su velocidad era superior a la luz.
Al finalizar la portentosa técnica, un meteoro dorado sorprende al titán y lo golpea en el abdomen, Aioros esboza una sonrisa. Cronos le devuelve la sonrisa y se ríe con gracia, luego enciende su cosmos y un aura multidimensional cubre su estómago.
Entonces sucede algo que el santo divino no podía entender, comienza a ver el meteoro que había golpeado a Cronos surgir de las entrañas del mismo, en dirección inversa, como si estuviera viendo los acontecimientos que acababan de suceder ir hacia atrás, un anonadado Aioros recibe su propio meteoro en su pecho, derribándolo así con fiereza.
—¡No es posible, ha regresado el tiempo, entonces…pero el tiempo se encuentra detenido! —reflexiona Aioros.
—Solamente moví la entropía del caos, haciéndolo fluir en sentido inverso, de esa manera he curado mi cuerpo y he usado tu propio ataque en tu contra. ¡Soy el señor del tiempo! Mi cosmos es infinito, la derrota de mis hermanos no me preocupa en absoluto…me basto sólo para gobernar el cosmos…y si así lo decidiera podría traerlos a la vida con tan solo proponérmelo, pues soy aquel que mueve las flechas del tiempo, aquel que escapa a la física, al desorden del caos.
—Su poder no tiene parangón con los enemigos al que nos hemos enfrentado… —murmura por lo bajo Aioros. —Cómo puedo vencer al titán del tiempo, tengo que darle un golpe mortal… —reflexiona silenciosamente.
—¿Qué tanto balbuceas? No podrás vencerme jamás, debo aceptar que han llegado muy lejos… ¡han vencido a los otros titanes! Nunca creí que eso podía pasar con unos humanos…lo mismo le ha ocurrido al maldito Zeus, los dioses olímpicos han caído uno a uno… ¡pero conmigo, Cronos…el rey de los titanes, no sucederá, como tampoco podrían lograrlo con Zeus!
—¡Nosotros creemos en Atenea, sé que su luz nos dará esperanza…el tiempo no afecta los cuerpos que nos brindó el poder de Hades! Puesto que no están vivos, son simplemente recipientes momentáneos que contienen nuestro espíritu, tu poder no tendrá influencia en mí…
El sonido de un reloj comenzó a resonar misteriosamente, detrás de Cronos podía verse un enorme reloj, enormes galaxias se entremezclaban, las nebulosas se bifurcaban en la visión de Aioros, quien miraba asombrado e intimidado por semejante demostración.
Cronos observaba con una fría mirada a su enemigo, su cosmos era capaz de cubrir al Universo entero. Al mover sus manos el tiempo se ralentizó.
—¡Atenea, bríndame tu luz…! ¡IMPULSO DE LA LUZ DE QUIRÓN!
El santo divino de Sagitario junta sus alas frente a su cuerpo, así como sus brazos frente a su pecho, repentinamente abre los brazos a los costados de forma violenta, sus alas se abren provocando una tremenda ventisca que se combina con su cosmos para generar un tifón de luz dorada, el cual arremetía en forma directa contra el dios tiempo.
El tifón envuelve a Cronos, comenzando a quemar su soma y su cuerpo gracias a su elevadísima temperatura, de repente se repite el extraño suceso de recién y Aioros observa como el tifón de luz corre hacia atrás y el cuerpo del titán comienza a curarse, sus yagas se cierran y su soma vuelve a su estado anterior, sin daño alguno.
Repentinamente el tifón se dirige hacia Sagitario, envolviéndolo por completo y dañando su armadura divina y su piel.
—Nos separa una brecha infinita, abismal…tienes suerte porque tengo ganas de divertirme. —susurra en forma burlona Cronos y luego suelta una risa perversa. —No te he matado porque todavía no me apetece, incluso me caes bien… —soltó una última risa cargada de mucha ironía, mientras observaba a su enemigo con sus ojos en donde podía vislumbrarse el mismo Universo.
—¡No debes subestimarme, ésta flecha ha sido capaz de matar a Dionisio y a Hyperión! —dijo Aioros sacando el arco de Sagitario. —Tú no manejas poderes de luz como Hyperión o Apolo, si recibes la flecha en tu corazón morirás inmediatamente, sin poder regresar el tiempo…
—Presumido, no hay forma de vencerme, el único que ha sido capaz de vencerme ha sido Zeus. ¡Por eso clamo venganza, un humano no me privará de mi dulce venganza!
Aioros endureció su mirada y lanzó su flecha, una tiara de luz resplandeciente acompañaba la dirección de la flecha que superaba largamente la velocidad de la luz, Cronos sonrió y la velocidad comenzó a bajar bruscamente, repentinamente el santo de Sagitario sintió un enorme cosmos al lado suyo, se trataba del titán que lo miraba de forma intimidante, el ateniense retrocede abrumado. Su visión se nubla tras sentir las graves heridas que padecía desde sus enfrentamientos contra Febe e Hyperión, más las nuevas heridas provocadas por sus propios ataques.
—Estás cayendo en cuenta de lo estéril de tu comportamiento Sagitario, has de ser un hombre sabio… es natural que sientas impotencia, pero debes comprender que mi poder está más allá de cualquier cosa a la que te hayas enfrentado. Manejar el noveno sentido, usar una armadura divina…nada es suficiente…
Repentinamente el fluyo del tiempo se aceleró y Cronos se abalanzó contra un indefenso Aioros, súbitamente el puño del titán estalló contra una pared invisible, que detuvo el ataque, sin embargo a los segundos se resquebrajó, hasta estallar en pedazos.
Shaka de Virgo había usado el Kahn y era acompañado por Saga de Géminis y Dohko de Libra, este último asiste a Aioros, que se desploma al sentir cómo sus piernas aflojaron, el griego era víctima del agotamiento y de sus gravísimas heridas.
—Resiste Aioros… —murmura Dohko mirando con esperanza a su camarada. —¡Lucharemos todos juntos, para que aquellos que heredarán nuestro espíritu puedan vencer al Olimpo!
—Ustedes son la última resistencia que se opone a mi venganza, están aquí todos juntos, me desharé de ustedes en un instante…
—Cronos, tu tiempo en el Universo ha expirado hace mucho… —musita Shaka. —Lo sabes mejor que nadie, eres el pasado y el Universo sólo corre hacia el futuro.
—El tiempo es pasado, presente y futuro. —responde Cronos. —El tiempo me obedece, yo puedo hacer que el pasado sea el futuro. Cambiaré futuro por pasado, todo volverá a ser como en aquella lejana edad de oro…donde yo gobernaba y la entropía era mucho más ordenada de lo que es ahora.
—Seremos soberanos de nuestro destino, la Tierra es de su pueblo… —contesta Saga con una dura mirada. —Que los dioses se peleen por los cielos…
Aioros se reincorpora lentamente mientras encendía su cosmos, ante la atenta y conmovida mirada de sus camaradas.
—¡Compañeros, este es el momento que da sentido a nuestra existencia! —expresó Aioros con ímpetu. —¡El momento en el que podemos hacer algo por nuestra especie, es el momento de liberarnos de las ambiciones de los dioses! Por una humanidad más justa y honrada…vamos a quemar nuestro cosmos una vez más, el resto será de Atenea y los jóvenes santos de la esperanza…
Los santos elevan sus cosmos al infinito y se abalanzan con sus técnicas más poderosas en contra del titán del tiempo.
—¡RAYO ATOMICO!
—¡EXPLOSION DE GALAXIAS!
—¡TESORO DEL CIELO!
—¡LOS CIEN DRAGONES DE LUSHAN!
Al unísono unos rayos de plasmas eléctricos inundan los cielos, acompañados por el vuelo de incontables dragones dorados que danzaban entre los rayos, en ese momento enormes planetas comenzaban a caer y estallar violentamente contra el titán, quién sufría los efectos del tesoro del cielo, estando totalmente paralizados y perdiendo sus sentidos uno a uno. Los dragones y los truenos dañan el enorme cuerpo de Cronos, que volaba de aquí para allá producto de las explosiones galácticas.
El imponente espectáculo del exuberante cosmos de la élite ateniense tuvo como resultado el cuerpo calcinado de Cronos. No obstante, la perplejidad se apoderó de los santos divinos, que comenzaron a ver la regresión del fortísimo ataque que habían combinado, regresando así los acontecimientos y re direccionándolos en contra de ellos mismos. Las armaduras divinas resultan completamente destruidas, los atenienses presentaban gravísimos daños, sus cuerpos estaban desplomados en el piso.
—El momento que tanto esperaba desde el encierro en el Tártaro ha llegado. Y ustedes santos han sido una pieza importantísima en mi plan de venganza, en el momento en el que Pegaso recibía la herida de la espada de Hades y escuchaba el desgarrador grito de Athena en los Campos Elíseos…ahí supe que sería el momento de sembrar la caída del Olimpo…
—¿A qué te refieres con sembrar…? —pregunta Dohko desde el piso.
—Desde que Atenea mi pidió que la llevase al pasado para revivir a Pegaso, he intentado aprovechar la oportunidad, primero intenté matarla…pero fracasé culpa de un santo dorado de aquella época, Shijima de Virgo, no obstante esto, me dieron otra oportunidad…el despertar del santo maldito de Ofiuco y con él la resurrección de Seiya de Pegaso, esto provocó la ira de los olímpicos, que comenzaron a temer de los humanos, durante esta intensa Guerra Olímpica…el poder del Olimpo ha mermado a casi su mínima capacidad y el sello que aprisionaba a mis hermanos y a mi cuerpo pudo ser quebrantado, mi poder ahora es infinito, aquel que heredara al tomar el trono de Urano y el mismo que Zeus me arrebató cuando envió mi cuerpo al Tártaro…ahora, libre y en plenitud terminaré esta guerra que empezaron ustedes y el Olimpo. Hoy termina su guerra y termina la mía, este es el capítulo final de la Titanomaquia.
—Siempre tuve la sospecha que había una tercera voluntad manipulando los acontecimientos de esta Guerra Olímpica, pero no creas que mereces algún laurel de los que supimos conseguir… —exclama Dohko mientras se pone de pie. —No voy a dejar que te robes la esperanza de mis compañeros que dieron sus vidas por el futuro de la humanidad, esta es nuestra lucha y nosotros seremos quienes la concluyan…
—Pese a las victorias conseguidas ante otros dioses, conmigo es completamente diferente, mi poder está más allá del de un titán, o cualquier otra deidad, no solo soy el primogénito de Urano, el dios original, sino que yo he arrebatado todo su poder, convirtiéndome en el ser más poderoso del Universo, ningún dios puede equipararse a mi…
—¡La necedad es el punto débil de los dioses, Cronos, un humano va a llevarte de regreso al Tártaro! ¡DRAGON NACIENTE!
El oriundo de China ejecutó su ataque más básico, llevando el puño del dragón en un vuelo dorado que superaba la velocidad de la luz contra su enemigo. No obstante, en lugar de golpear a Cronos, Dohko deshizo su ataque y usando el impulso del vuelo de su técnica ejecutó un magistral salto, que lo dejó detrás de su enemigo, ocasión que aprovechó para sujetarlo de su espalda, mientras explotaba su cosmos al infinito.
—¡Adiós compañeros, protejan a Athena y guíen a los jóvenes de la esperanza a la victoria final! ¡ULTIMO DRAGON!
Un gran agujero se formó en el sitio donde estaba combatiendo el titán con los santos, producto del terrible cosmos, el impulso del último dragón había dejado el escenario reducido a un montón de escombros.
—¿Esta es tu mejor técnica…? —preguntó Cronos con una sonrisa. —Es tragicómico, tu mejor técnica es totalmente inofensiva para mí, sin tu armadura divina tu vida se consumirá en un momento, mientras que mi cuerpo no sufrirá ningún rasguño, yo puedo atravesar el Universo desafiando y superando la velocidad de la luz…puedo inclusive atravesar estrellas si así se me apetece…
—¡Si eso es cierto…tendré que hacer un último esfuerzo, verás el estallido del último dragón!
Dohko sujetaba con fuerza a Cronos, ya habían ascendido al espacio exterior, el cuerpo del santo de Libra se había tornado rojo por la fricción y su cosmos estaba aumentando, llegando a la misma intensidad que usó para emprender éste último vuelo. Sin embargo, lejos de hacer algo parecido a lo que intentase en un primer momento, liberó toda su energía, generando una terrible explosión kamikaze…
