26. Revelaciones (Parte 3)
-¡Te queda fabuloso, hombretón! –aplaudió Gustaf- ¿Pero por qué no escogiste el otro modelo?
-Porque no quería que estuvieras mirándome…-habló muy incómodo, sentado sobre la arena.
Las tres personas y el perro estaban ahora en la playa, ambos hombres iban únicamente con un bañador. Diferían bastante, pues el duque había optado por uno más atrevido y ajustado, mientras Link otro más parecido a un pantalón.
-Es una lástima que no hayas decidido bañarte con nosotros, te hubiera comprado ahí mismo algo para ti…-habló algo desilusionado.
-Deberías agradecerme que al menos haya accedido a entrar en la playa. Eres demasiado caprichoso en mi opinión, Gustaf.-le respondió no muy contenta, sentada al lado de Link intentando ocultarse con su manto.
-¡No seas así! ¡Sólo quiero que os divirtáis un poco! –le reclamó dolido- ¡Y tú tampoco quedas exenta de pecado! ¡Eres demasiado puritana! ¿Qué te cuesta bañarte con nosotros? ¿No me habías contado que este mozo te había enseñado a nadar? Además, conmigo no tienes nada que ocultar. Sabes que siempre he preferido el pescado a la carne…-comentó mirando a Link.
-Pues creo que me voy a hacer vegetariano…-respondió muy incómodo a sus insinuaciones.
-¿Ah, sí? Pues te recomiendo que para empezar hagas…-por alguna razón, se estaba aguantando la risa- ¡La dieta del pepino! ¡Ja, ja, ja!
Link se quedó boquiabierto y completamente rojo ante aquellas palabras, mientras Gustaf se reía de él como si no hubiera mañana.
-Admítelo, te la ha jugado…-le habló por lo bajo Zelda- Es un maestro con los juegos de palabras, no vuelvas a intentar algo parecido nunca.
-Lo tendré muy en cuenta…-habló mientras cogía su espada envainada y la agitaba a ras de suelo, barriendo al noble.
-¡Je, je! ¡Muy gracioso! –escupió arena- ¡Qué bruto y descortés por tu parte! ¿A quién se le ocurre traer sus armas a un lugar como este? ¡¿Qué hacen esa espada y ese escudo ahí?!
-No me separaría de ellos ni durmiendo…-dijo mientras los acomodaba junto a sus ropajes verdes.
-Tú mismo, aunque esa actitud es un poco obsesiva…-habló mientras se levantaba- ¿Os vais a quedar ahí como dos estatuas?
-Francamente, yo no…-admitió Zelda, levantándose y quitándose la arena- No quiero llenarme de arena más de la cuenta, prefiero caminar o hacer algo, antes que sentarme en ella.
-Pues os tendré que seguir, no pienso quedarme aquí solo…-suspiró Link, que se vio obligado a levantarse.
-¡Ay, qué bien! ¡Ya estamos todos! –aplaudió feliz- ¡Vamos a aclimatarnos charlando un poco junto a la orilla!
No les quedó otra que seguirlo, evadiendo las miradas de otros bañistas que los miraban de diversas maneras. Mientras Gustaf y Zelda por delante hablando de sus cosas, Link se mantenía a unos pasos de distancia, callado y notando la fría agua bajo sus pies.
-¡Oye, Gustaf! –lo llamó de repente, al acordarse de algo- Si tú estás aquí… ¿Dónde está tu hermano?
-¡Y yo que sé! ¡Ese idiota hace lo que le viene en gana! ¡No te preocupes por ese zopenco! –le contó un poco molesto, retomando su conversación con Zelda.
Volvió a quedarse en silencio, esta vez mirando las volteretas que hacía Valentín arrastrándose por la arena y mojándose.
-Vas a acabar estropeando eso que llevas puesto, no te revuelques tanto…-le avisó sin mostrar demasiado interés.
-"Eso es lo que intento…"-él seguía con sus juegos- "¡Pinche sombrero inútil! ¡Ya déjame libre!"
Link se rió por su desgracia, pero no pasaron más de unos minutos hasta que se metió en problemas. Un agudo gemido de dolor llamó nuevamente su atención, viendo después que cojeaba de una pata.
-"¡Auch! ¡¿Con qué chingados me lastimé?! ¡Serán pendejos! ¡¿Cómo tiran basura por acá?!"-gimió molesto y adolorido el perro, que se acercó a Link para que lo revisase.
-Déjame ver…-le observó la pata con detenimiento- Parece que tienes una pequeña espina clavada, pertenecería a algún animal y la corriente lo habrá arrastrado hasta aquí.
-"¡Pinches erizos marinos! ¡Chingan más que los terrestres!"-gimió nuevamente- "¡Ya quítala! ¡Duele un chingo!"
-No te quejes tanto…-con cuidado, logró sacarla sin problemas- ¡Lo ves! ¡Ya estás bien!
-"Pero aún molesta…"-se acurrucó en él- "¿Me llevas? Estoy inválido…"
A Link no le quedó otra que cargarlo en brazos, mientras veía como esos dos se habían alejado bastante. Caminó durante un rato solo por ahí, hasta que un grupo de jóvenes se acercó a él con gran curiosidad.
-¡Qué mono! ¡Y mirad que traje lleva puesto! –gritó emocionada una de las chicas, mirando al Chihuahua- ¿Es tuyo?
-Eh, no…-aquel grupo le recordaba a esas admiradoras suyas de la capital- Es de un amigo, lo llevo porque acaba de lastimarse con una pequeña púa.
-¡Oh, qué lindo! ¡Además de guapo, gentil! –exclamó otra- ¿Eres un guerrero?
-¿Qué? –miró a su espalda, donde tenía su escudo y su espada, además de que llevaba atada al cuello una bolsa con su ropa- Más o menos, pero no soy ningún soldado o mercenario.
-¡Qué bien! ¡Pareces demasiado amable para pertenecer a ese grupo! –comentó otra.
-¡Chicas! ¡Mirad que musculatura! –dijo otra, tocándolo sin permiso- ¡Está duro como una roca!
-¿Estás soltero, guapo? ¡Nos encantaría que salieras con nosotras esta noche! –exclamaron al unísono- ¡Y puedes traerte al chiquitín, si quieres!
-¡No! –respondió ruborizado- Bueno, es cierto que soy soltero… ¡Pero qué digo! ¡Iré a la ópera esta noche!
-¡¿A la ópera?! ¡Ahí sólo va gente rica e intelectuales! –exclamaron sorprendidas- ¿Eres rico? ¿Estudias en la universidad? ¿Vives por aquí o estás de paso? ¡Queremos saberlo todo sobre ti!
-"Sí, soy muy lindo…"-murmuró recostado en los brazos de Link- "A las chavitas les gustan los perros, deberías darme las gracias por haberlas atraído contigo."
-¡Ahora no! ¡No es el mejor momento! –estaba muy nervioso- ¡Y además están como unas cabras! ¡Vienen a por mí!
XOXOXOXOXOXOXO
-¡¿Pero dónde estará este hombre?! –exclamó al cielo Gustaf, harto de buscarlo- ¡Hace media hora que lo perdimos de vista! ¡Y tampoco encontramos a mi pequeño Valentín!
-Esto no es normal, debería estar por aquí…-ella estaba más preocupada- ¿Dónde estará?
-¿Eh? ¡Mira a lo lejos! –forzó la vista- ¿Quién ese que está siendo acosado por aquellas muchachas? ¿Qué está pasando allí?
-Deberíamos acercarnos para comprobar lo que está pasando…-habló notándose algo molesta y caminando con prisas hacia el lugar.
-¡Ey, espérame! ¡Qué carácter! –le pidió esforzándose por alcanzarla.
XOXOXOXOXOXOXO
-¡Soltadme! ¡No estoy interesado en ninguna! ¡Por favor! –les suplicó tendido en el suelo, con las jóvenes agarrándolo.
-"¡Ayuda! ¡Me están secuestrando!"-ladraba alterado el perrillo, siendo manoseado por las mujeres- "¡Ya déjenme! ¡No me apachurren!"
-¡No seas así, hombre! ¡Sólo queremos que te bañes con nosotras! –le habló una que estaba sentada sobre él, poniéndolo en un aprieto.
-¡Vamos! ¡Sólo será un rato! ¡Será divertido! –le dijo otra, que lo mantenía agarrado por un brazo- ¡Ey! ¡Cuidado! ¡No vayas tan rápido, pillín!
-¡¿Cómo?! ¡Sólo trato de liberarme! ¡No penséis mal! –le respondió debido que le había rozado el pecho mientras forcejeaba con ella.
-¿Qué está pasando aquí? –preguntó una voz seria y fría- ¿Y quiénes sois vosotras?
Link se puso pálido al ver desde el suelo la silueta cubierta de la princesa delante de él, y no parecía demasiado contenta. En ese instante aprovechó la confusión para zafarse de sus captoras y salir de esa embarazosa situación.
-¡N-no es lo que parece! –habló apenas manteniendo el equilibrio, debido a los nervios- ¡Ellas empezaron! ¡Yo no he tenido nada que ver! –miró a una y le quitó a Valentín- ¡Y devuélvanme al perro de una vez!
En ese momento, Gustaf logró alcanzar a Zelda y pudo ver lo que estaba sucediendo.
-Uuhh…-sabía que su amigo se había metido en un buen lío- ¿No se te puede dejar solo, eh?
-¿Quién eres tú? ¿Y por qué vas tan cubierta? –preguntó molesta una de ellas.
-¿Seríais tan amables de dejar en paz al joven, señoritas? –les pidió con educación, forzando amabilidad.
-¡¿Quién te crees que eres para decirnos lo que debemos hacer, eh?! –se reveló la siguiente, acercándose a ella con provocación.
-¡Eso! ¡Déjanos tranquilas, monja! ¡El templo se encuentra en el centro, no aquí! ¡Deberías comprarte un mapa! –se mofó de ella otra, jugando con la paciencia de la princesa.
-Deberían moderar su palabras, ahora que están a tiempo, no vaya a ser que acaben arrepintiéndose de ellas…-estaba en su límite, no podía esperarse nada bueno.
-Oh, Diosas…-Gustaf se mordía las uñas- Se avecina una pelea de gatas…
La tensión aumentaba a cada segundo que esas mujeres permanecían en silencio, lanzándose miradas que parecían cortar el aire. Link estaba paralizado, abrazado al perro que también temblaba de miedo.
-¡Tranquilícense, jovencitas! ¡Podemos aclarar esto! –intervino el duque, separándolas- ¡Ha sido todo un mal entendido!
Agrupó a las muchachas y se las llevó de allí, con la intención de contarles algo en privado.
-No se peleen por el muchacho, no vale la pena…-les habló por lo bajo- Le gustan las ensaladas con mucho pepino… ¿Entendéis lo que os digo?
Ellas lo miraron tremendamente horrorizadas, desvaneciéndose sus ilusiones en un segundo…
-¡Ya decía yo que era demasiado bueno! ¡Siempre es lo mismo! –pataleó una muchacha.
-Por algo le acompañaba esa monja…-suspiró su amiga- Quizás esté tratando de enderezar a ese depravado.
-¡Aaag! ¡Qué pérdida de tiempo! ¡Larguémonos!
Y así, esas chicas continuaron con lo suyo y se alejaron rápidamente de allí. Link respiró aliviado, se había librado de esas psicópatas y se encontraba enormemente agradecido con el duque.
-Muchas gracias, nunca pensé que te las daría…-respiró profundamente- ¿Pero qué fue lo que les dijiste?
-Nada…-respondió mientras cogía a su mascota- Les conté que eras vegetariano, no les sentó nada bien… ¡Ja, ja, ja!
-¡Gustaf! ¡No vayas diciendo esas mentiras de mí a la gente! –le gritó furioso- ¡¿No se te podía haber ocurrido otra cosa?!
-Eh…-señaló a su espalda- ¿No deberías estar hablando con otra persona?
Recordó en ese momento que Zelda estaba de espaldas a ellos, parecía bastante molesta con lo sucedido. Se acercó a ella con temor, no podría explicar fácilmente lo que había ocurrido.
-¿Es que no puedo dejarte ni un segundo solo, Link? –le habló antes de que abriera la boca.
-¡Ellas se abalanzaron! ¡Sólo trataba de defenderme! –no encontraba argumentos- ¡Fue el perro quien las atrajo! ¡A las mujeres os encantan los animales! ¡¿No?!
-Yo no me voy arrimando a cualquier hombre que cargue un perro entre las manos…-ese comentario no le había gustado nada- ¡Y deja de poner excusas! ¡No estamos hablando de ese animal en estos momentos! ¡Lo hacemos de tu falta de prudencia! ¡Se supone que no deberíamos llamar la atención!
-¡Por favor, relájate! ¡No ha sido para tanto! –intentó sosegarla- ¡Y además! ¡Yo puedo pasearme por ahí y hacer lo que quiera! ¡Eres tú quien está obsesionada con su intimidad y de lo que piensen lo demás! –señaló a Gustaf- ¡Míralo a él! ¡Es un noble! ¡Y no veo que él ande escondiéndose como tú!
Zelda se mantuvo callada durante unos tensos momentos, dándole tiempo a Link para meditar sobre las cosas que le había dicho.
-Eh, yo…-no encontraba palabras- Siento lo de antes, no pretendía…
No puedo acabar, pues en ese momento ella pasó una mano por su rostro y la dejó quieta ahí, avergonzándolo enormemente.
-Que no se te olvide que estás tratando con la princesa de Hyrule…-le habló neutra, sin mostrar emoción, dándole ligeros golpecitos en la mejilla- Sólo te digo eso…
Después se separó de él, sin decir más. Comenzó a andar, alejándose de ellos a cada paso que daba…
-Me voy a pasear, no quiero que me sigáis…-les ordenó autoritaria- Y recoge tus cosas, Link, no vayan a estropearse con la arena o el salitre. Nos veremos luego…
Mientras ella se alejaba, perdiéndose entre los demás bañistas, Link se limitó a recoger sus cosas que habían acabado en el suelo por culpa de aquellas muchachas.
-"La cagaste pero bien, güey…"-asintió Valentín-"Creo que se molestó, no deberías haberle dicho esas cosas."
-Qué malas vibraciones hay en el ambiente…-comentó su dueño- Será mejor que no la molestemos. Nunca había visto ese talante en ella, no puede ser nada bueno.
-Genial, ahora he acabado como el culpable de todo esto…-murmuró dándole una patada a la arena- ¡Maldita sea! ¡Tú y ese perro "adorable"! ¡No hacéis más que causarme problemas!
-No le hagas caso, pequeño…-le habló a su mascota- Está enojado, no sabe lo que dice. Aunque, ojalá ese aspecto coqueto atrajera algo más que mujeres, ya me entiendes…
-¡Uy! ¡Mirad a quien tenemos allí! ¡Si es "Gusty"! –se oyó la afeminada voz de un hombre por detrás.
-¡No puede ser! –se volteó emocionado- ¡Ricardo! ¡Álvaro! ¡Cuánto tiempo!
Eran dos hombres muy corpulentos, enormes. Gran musculatura, pelo oscuro en pecho y abundante también en el resto de su cuerpo, moreno resaltante…
Ricardo se diferenciaba de su acompañante, Álvaro, porque él lucía un voluminoso bigote y el otro llevaba una fina barba recortada. Para todo lo demás, se dirían que fuesen parientes o algo así. Y al igual que Gustaf, les gustaba lucir su cuerpo cubierto únicamente con un pequeño y ajustado bañador de colores chillones, muy desacorde con sus proporciones.
-¿Qué haces por aquí, picarón? ¡No nos habías avisado de que venías! –exclamó Ricardo, muy alegre por encontrarse a su amigo.
-¡Oh, ya sabes! Asuntos políticos aquí, negociaciones por allá… ¡Y si es en Hyrule, aún más! ¡Me encanta este reino! –admitió el duque- Lástima que tenga que acompañarme mi hermano, ese odioso… ¡Aag! ¡No lo soporto!
-¡Pues qué bueno que te encontramos! ¡Podríamos hacer muchas cosas esta noche! –aplaudió Álvaro- ¡Pero no pienses mal, maricona! ¡Me refiero a que podríamos quedar con algunos amigos! ¡Julián se ha comprado una casa a las afueras que está de lujo! ¡¿Habría que estrenarla, no creen?!
-¡Je, je! ¡Lo siento, chicos! ¡Tengo compromisos! –se disculpó animado- Esta noche voy a ir a la ópera con el alcalde y algunas personas más, así que tendremos que dejarlo para otra ocasión.
-¡Qué lástima! ¡Con la ilusión que nos hacía! –suspiró Álvaro- ¡Eres malo, Gusty! ¡Muy malo!
-Eh, chicos…-Ricardo le tocó el hombro al duque, mirando tras de él- ¿Quién es ese mozalbete?
-¡¿Él?! ¡Un amigo! –les contó Gustaf- ¿Por qué no vais a saludarlo? Se llama Link, es algo tímido.
-¡¿Cómo?! –no estaba demasiado interesado- ¿Es que estos salen de debajo de las piedras? ¡No debería haberme quedado solo con él! ¡Ahora han aparecido sus amigos! Tengo miedo…
-¡¿Qué dices?! ¡No nos tengas miedo! –se acercó a él Ricardo, saludándolo con una fuerte palmada en la espalda.
-¡Eso! ¡No mordemos! –hizo ese mismo gesto su acompañante- ¡Estás genial, rubiales! ¿Qué clase de entrenamiento llevas?
-Nosotros podríamos aconsejarte algunos ejercicios para tonificar el abdomen y desarrollar los músculos de los brazos…-habló mientras exponía su musculatura- ¿Acaso eres espadachín?
-¡No nos sorprende! Entre nosotros, en el ejército se rumorea que…-habló bajando la voz- ¡Bueno, tú ya nos entiendes! ¡Por algo acabaste conociendo a Gusty!
-¡¿De qué demonios me estáis hablando?! ¡Fuera de aquí si no queréis que os machaque, pirados! –les amenazó realmente furioso, no estaba dispuesto a que lo humillaran de esa forma.
-Muchachos…-les avisó Gustaf- ¡Bandera roja! ¡No lo enfurecías! ¡Pertenece al otro lado de la acera!
-¡¿En serio?! Qué mal…-suspiraron desanimados- ¡Pues es raro! ¡Para que un hombre ande a tu lado ha de ser bien…! ¡¿O no lo sabía?!
-Claramente sí, nos conocemos desde hace algún tiempo…-habló recordando aquel día- Pero os convendría dejarlo en paz. Es un poquito…irascible.
-¡No hace falta que lo menciones! ¡Homofóbico! ¡Todos son ellos son iguales! –exclamaron al unísono- Somos tan pocos… ¡Ojalá hubieran más hombres de mentes tan abiertas como nosotros!
-No sabéis lo que me alegra oír eso…-murmuró molesto- Sólo debe de haber un puñado de vosotros repartidos por ahí, eso me deja más tranquilo. ¿Y no podrían ser más moderados? ¿Les gusta llamar la atención o qué?
-Muchachote…-le llamó uno de los hombres- ¿Ya has probado a meterte en el agua?
-Pues iba a hacerlo, pero creo que ya no…-intuía que algo malo iba a ocurrir.
Sin previo aviso, esos hombres agarraron a Link y lo levantaron como si fuese una pluma.
-¡¿Qué estáis haciendo?! ¡Soltadme! –gritó revolviéndose inútilmente.
-¡Hagámosle el rito de iniciación! ¡Que su primera vez en el mar sea memorable! –anunció uno, dispuesto a lanzarlo al agua- ¡Se supone que le hacen esto a los marineros novatos!
-¡Y seguro que desconoce a qué sabe el agua! ¡Tiene pinta de venir de las provincias! –habló el otro.
-¡No, no, no! ¡Ni se les ocurra! ¡Les juro que cómo lo hagan…! –leas amenazó aterrado, mientras iban acercándose cada vez más al agua.
-¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! –contaban mientas lo bamboleaban- ¡Uno! ¡Dos! Y…
XOXOXOXOXOXOXO
Al otro lado de la playa, donde había numerosas y grandes rocas pertenecientes a la escollera que se extendían mar adentro, Zelda permanecía sentada sobre una de ellas. Cerca de allí no había mucha gente, por lo que podía permanecer tranquila sin que nadie la molestase.
No estaba enfadada con él, pero aún así seguí sin comprender el motivo de su disgusto. En esos momentos, con la mirada puesta en el astro rey ocultándose tras el horizonte, sólo le venían a la mente pensamientos que deseaba olvidar.
Y también, algunos recuerdos…
XOXOXOXOXOXOXO
"Habían pasado muchos, pero lo recordaba cómo si fuera ayer…
El Rey de Hyrule y su hija, la princesa Zelda, habían venido a esa ciudad por un asunto político. Pero no irían solos, les acompañaban el mentor y tutor de la joven, Auru, además de una hechicera y maestra de la misma, la señora Pamila.
Sería un viaje largo, marcharían a un reino lejano navegando por los mares, una travesía que duraría aproximadamente un mes. Ese reino era Wayaway, famoso por su comercio y productos exóticos, por lo que a Hyrule le interesaba fortalecer sus relaciones con él.
Y mientras que en el puerto de la ciudad lo preparaban todo para tan largo viaje, la Familia Real y sus dos acompañantes se deleitaban captando los últimos rayos del sol del día y bañándose en las agradables aguas de Sakado, vigilados atentamente desde un distancia respetuosa por sus guardias. Habían reservado una extensa zona de baño sólo para ellos.
Por aquel entonces, ella tendría siete años. Y aunque era su primera vez cerca del mar, no parecía tener demasiado interés…
-¡Ven acá, hija mía! ¡El agua está excelente! ¡No tienes nada que temer! –le animó su padre, esperándola en la orilla.
El rey Daltus era un hombre alto y de constitución robusta, que debido a eso disimulaba una barriga que hacía notable que se había estado descuidando con los años, acumulando algunos kilos de más. Llevaba el pelo corto, ligeramente rizado y castaño como la madera del árbol al que daba nombre, al igual que sus ojos. Destacaba su cara perfectamente depilada, dándole un aspecto poco serio, reflejando su personalidad relajada y bonachona. Debido a su apariencia, quedaba un tanto ridículo al llevar puesto un pequeño bañador rojo, le quedaba algo ajustado.
Más adentro, tumbado en la arena, se encontraba Auru, viéndose sorprendentemente más joven. A su lado, estaba su acompañante Pamila, una mujer sólo un poco más joven que él y que mostraba rasgos demasiados parecidos a los de un Sheikah. Cuerpo atlético y robusto, era más alta que Auru. Ojos rojos y pelo grisáceo, debido a la edad. Además, enseñaba a Zelda a dominar su magia y provenía de una familia que llevaba generaciones sirviendo a la Familia Real de Hyrule, quizás tendría algún antepasado originario de esa raza.
Y en medio de esos dos, estaba sentada la pequeña princesa, que permanecía inmóvil a la petición de su padre.
-¿Por qué no vas con tu padre? Lleva un buen rato tratando de convencerte y le haría ilusión que fueras con él.-le preguntó la mujer, extrañada por su comportamiento.
-Bueno…-dudaba- Prefiero ver el paisaje, es la primera vez que veo el mar y el sol lo hace todavía más bonito.-de repente, pareció querer evadir la conversación- ¿Hasta dónde llegará toda esa agua? ¿Podría ahogarse el sol? ¡Está desapareciendo bajo el agua!
-Y si te gusta tanto, ¿Por qué no vas a bañarte? –siguió Pamila- Es la mejor experiencia que puedes tener al ver este hermoso océano, además de que vuestro padre desea que le acompañes.
-Déjalo, Pamila. Es una pequeña terca, al igual que su padre.-intervino Auru, cansado de tratar de convencer a la joven- Si no quiere bañarse, pues que no lo haga.
-¡Ey! ¡No digas eso! –reclamó la pequeña- ¡Tú eres la razón por la que no quiero meterme en el agua!
-¡¿Yo?! ¡Qué disparate! –exclamó sorprendido su mentor- ¡¿Y se puede saber por qué me acusas de eso?!
-No importa, Auru…-se le acercó compasiva, con una extraña sonrisilla, acariciándole el pelo- Estás viejito, es normal que no te acuerdes… ¡Ji, ji!
-¡¿Me crees viejo demente, niña?! –habló molesto, apartándola- ¡No sé qué te ha dado ahora, pero tu comportamiento deja mucho que desear! ¡Dime de una vez por qué no quieres meterte en el agua!
-El invierno pasado, cuando me caí al agua congelada…-admitió con timidez- No me gustó, por eso no quiero bañarme en el agua profunda.
-Ah, entiendo…-divagó un poco- Así que desde entonces, le tienes pánico al agua. Pero…-había algo que no entendía- ¿Qué tengo que ver yo en eso? ¡Si fui quien te rescató!
-Ya, pero al estar ahí, causaste que se rompiera el hielo…-le explicó infantilmente- ¿No te has dado cuenta? ¡Siempre te ocurren desgracias cuando estás conmigo! ¡Traes mala suerte! ¡Y ese día me tocó a mí!
-¡¿Qué yo te traigo mala suerte?! ¡Eres tú la que hace mis días desgraciados! –se defendió- ¡Lo que hay que oír! ¿Algún día empezaras a comportarte como una verdadera princesa y aprenderás a respetar a tus mayores?
-Auru, querido…-irrumpió Pamila- Sólo es una niña, además de que ha heredado ese carácter travieso de su padre. Y algún día, será una gran gobernante como lo ha sido su progenitor.
-¡Qué aciago día será ese! –clamó a los cielos- ¡Ojalá las Diosas me lleven antes de ver eso! ¡No quiero ver a mi amado reino caer en la desgracia por culpa de su rebelde reina!
-¡Espera, Auru! –le miró seria y con mal gesto- Tú sabes que no nos llevamos muy bien, pero… ¿No pensarás morirte tan pronto? ¿Un abuelo como tú aún puede aguantar algunos años más, no? Es que, no sé…-hablaba algo nerviosa, pegada a Auru- ¡Te ordeno que vivas hasta que me convierta en reina! ¡Quiero que estés en primera fila ese día para reírme en tu cara, tonto! ¡Y no se te ocurra volver a decir esas cosas feas sobre que no quieres verme convertida en reina!
-¡Oh, mírala! –exclamó enternecida su cuidadora- ¡La has asustado! ¿Ves? Eso demuestra que te tiene un gran cariño, a pesar de sus jugarretas y sus contestaciones. ¿Quién sabe? A lo mejor sólo lo hace para llamar tu atención, siempre te muestras tan serio con ella…
-¡Tonterías! ¡Es una joven caprichosa y desobediente! –replicó Auru- ¡Y por supuesto que soy serio! ¡Soy su mentor, no su amigo! La educación de una princesa ha de ser rigurosa, no hay lugar para contemplaciones. Lo que necesita esta niña es disciplina, al igual que el antiguo rey la ejerció con su hijo, el actual gobernante.
-Pero aún así…-miró disimuladamente a su rey, que se divertía haciendo payasadas delante de los guardias que custodiaban la playa- ¿Crees que logró algo significativo?
-Bueno, ahora que lo dices…-se sintió incómodo con eso- ¿Piensas que su hija será como él en el futuro?
-Sólo hay que verlos…-suspiró- De tal palo, tal astilla. ¡Al menos no faltará buen ambiente en las reuniones de gobierno!
-Madre, mía…-se lamentó el hombre- ¡Sólo espero que la princesa madure lo necesario para que nuestro amado Hyrule prospere! ¡Que las Diosas me concedan este regalo!
-¡Ey! ¿Queréis dejar de hablar de eso y atender a quien deberíais estar atendiendo? –les reprochó la joven, le molestaba que la ignoraran- ¿Por qué no hacemos algo divertido?
-Eso…-una voz sonó detrás de ella- ¡¿Por qué no hacemos algo divertido, eh?! ¡¿Y si te vas a bañar con tu padre, pequeña?! –le agarró sorpresivamente por detrás y la levantó, jugando con ella como si fuera una muñeca de trapo.
-¡Aaah, papá! ¡Suéltame! ¡Estás frío y mojado! –le gritaba mientras se retorcía en sus brazos-¡Déjame en paz! ¡No quiero ir, pesado! ¡¿No te das cuenta de que con esa grasa en esa barrigona no sientes frío?! ¡Yo soy un palillo! ¡No sobreviviré!
-¡¿Quién te ha enseñado eso?! ¡Eres una pequeña marisabidilla! –siguió jugando con ella, sacudiéndola como castigo por su atrevimiento.
-Majestad, modérese…-le pidió su sirvienta- Acabará mareando a la joven si continúa así…-se acercó a Auru y le preguntó por lo bajo- ¿Lo que le dijo lo sacó de tus clases de biología, verdad?
-En efecto, se le queda todo, a pesar de que odia estudiar.-admitió desanimado- Y lo peor es que los utiliza ese conocimiento a su conveniencia, soltándolo en algunas de sus "perlitas".
Cuando el rey finalmente soltó a su hija, ella dio unos pasos mareada y se dejó caer de frente en la arena, junto a sus maestros.
-¿Se encuentra bien, princesa? –preguntó preocupada Pamila.
-Ay…-se oyó de la niña tirada sobre la arena- Está loco, luego pregunta por qué no quiero jugar con él. Y tengo frío…una toalla, por favor.
Su maestra le colocó delicadamente sobre su cuerpo una suave toalla, haciendo que la princesa enseguida se abrigara con ella.
-¡No exageres, hija! ¡Ya verás como en cuanto te metas olvidarás esa sensación de frío! –habló su padre.
-Olvídalo, papá… ¡Achís! –dijo abrigada con la toalla- No me vas a convencer, no hay nada que puedas…
-Te compraré todos los dulces de aquella pastelería que vimos esta mañana si lo intentas al menos…-le propuso su padre, tratando de convencerla.
-No voy a caer, papá…-le miró seriamente- Aún tengo mi dignidad y orgullo, soy una princesa. No puedes sobornarme con esas minucias…
-Esta niña me sorprende más cada día…-admitió Auru- ¿Y ahora de dónde se ha sacado ese vocabulario?
-Tú misma, igualmente los compraré y me los comeré todos. Y además, me voy a dar un refrescante baño y me lo pasaré en grande, yo solo…-le habló soberbio, intentando picarla mientras caminaba con altanería hacia la orilla.
Zelda se mantuvo firme en su decisión durante unos instantes, hasta que de repente salió corriendo detrás de él.
-¡Espérame, papá! ¡No te bañes sin mí, caradura! –le llamó mientras se apresuraba por alcanzarlo.
-¿Qué ha pasado con su orgullo y dignidad, princesa? –se burló Auru, riéndose junto a Pamila por su reacción.
-Lo siento mucho, es que todavía no soy una princesa…-le contestó parándose un momento- ¡Soy una niña! ¡Y a los niños nos gustan los dulces! Además, conozco a mi papá… ¡Y sé que los comerá todos! ¡Tengo que salvarlo de un atracón!
Mientras ellos dos continuaban riéndose, la joven princesa se aproximó con cuidado hacia la orilla, temerosa.
-¿Tú estás seguro de que no me pasará nada, verdad? –le preguntó a su padre, metido en el mar a unos metros de ella- No sé, se mueve más que el agua del lago. Y por aquí cerca no hay ningún río que la agite…
-¡Es el océano! ¡Lo que estás viendo es el oleaje! –le gritó para que la oyera- ¡Es algo natural y hoy apenas se mueve! ¡Déjate de excusas y métete!
-¿Y qué pasa con los monstruos marinos? ¡Eres un plato muy suculento para ellos, papá! ¡Los podrías atraer hacia mí! –se rió su hija, intentando quedarse allí.
-Si no quieres conocer la ira de un verdadero monstruo…-se estaba empezando a enfadar- ¡Zelda, entra al agua y ven aquí enseguida!
-¡Papá! ¡No grites! –le pidió asustada- ¡No sé nadar! ¿Lo has olvidado? ¡Ayúdame!
-Oh, es cierto…-reconoció al recordar- Espera ahí, voy a buscarte.
Mientras el rey caminaba hacia la princesa, ella se quedó mirando el agua con curiosidad, cogiendo un poco con las manos.
-¿Qué estás haciendo? –le preguntó su padre al verla tan ensimismada con ese líquido.
-Tengo sed, papá, voy a beber…-le contestó brevemente, antes de empezar a ingerirla.
-Hija, el agua del mar no es…-comenzó a explicarle, pero ya era demasiado tarde. La expresión de asco en la cara de su hija lo dijo todo.
-¡Aaagh! ¡Esta agua está envenenada! ¡Y me la he tragado! –soltó mientras se agarraba el cuello y tosía- ¡Huye papá! ¡Aún estás a tiempo! ¡Ya no puedes hacer nada por mí!
Se retorció y exageró la situación como una verdadera actriz, ante la mirada incrédula de su padre. Ella siguió con la actuación hasta caer finalmente al suelo, boca arriba, pareciendo estar agonizando.
-Zelda…-aquello le parecía excesivo- ¿No crees que estás exagerando?
-Me estoy muriendo, papá…-le habló entristecida, cogiéndole débilmente la mano- No llores por mí, papá, aún sabiendo que es culpa tuya. Mi vida…ha sido buena, no me quejo.
-Déjalo ya, lo único que había en el agua era sal…-le contó esperando que parara ese teatro.
-¡Déjame acabar, tonto! ¡¿No ves que me muero?! –le habló tras toser unos instantes- Por donde iba… ¡Ah, sí! ¡Pues eso! Os quiero a todos, incluso al viejo cascarrabias. El reino se ha quedado sin princesa, pero sé que podrás seguir sin mí. Ojalá pudiera quedarme más tiempo…-tosió unos segundos- No te aflijas por mi pérdida, porque…-preparó sus últimas palabras con gran sentimiento- La vida es mi tortura y la muerte será mi descanso.
Terminó así su monólogo, haciéndose la muerta tras aquel discurso. Mientras, un poco más lejos sus mentores la habían escuchado.
-Esa última frase la sacó de "Romeo y Julieta", de William Shakespeare. Estoy convencido de ello…-reconoció Auru, que quedó asombrado por cómo la había utilizado.
-Sí, ya veo que le gustan las clases de Literatura…-se rió levemente, observando a la joven princesa aún sobre la arena.
-¡Oh, pobre de mí! –le siguió el juego el rey- ¡¿Qué haré ahora?! ¡¿Quién heredará el reino cuando yo ya no esté?! –de pronto, se levantó muy tranquilo- En fin, aún tengo tiempo de tener otra hija con alguna hermosa doncella de por ahí...
-¡Eso ni se te ocurra! –se levantó enseguida su hija, muy molesta- ¡Tú a mí no me haces eso! ¡Soy tu hija! ¡No puedes abandonarme así! ¡Soy diferente a todas esas mujeres, mujeriego!
-¿Cómo? –esa palabra le sorprendió- ¿Dónde has oído eso? ¿Sabes lo que significa?
-Oí a los guardias hablar de eso, creo que significa que te gusta ir con muchas mujeres a divertirte. Pero una vez que lo has hecho, las olvidas y vas con otras… ¿Eso significa, no? –le explicó lo mejor que podía su mente infantil.
-Me parece que voy a tener que tener una charla con los muchachos…-murmuró mirándolos de reojo, asustándolos- No les hagas caso, yo nunca te dejaría por otras mujeres. Eres mi hija y para mí vales más que cualquier otra cosa en este mundo, pequeña.
-¿Y con mamá? Auru siempre habla de que hasta que la conociste, eras mujeriego… ¿Te aburriste y luego sólo querías divertirte con mamá? –le preguntó inocente, poniendo en un aprieto a su padre.
-¡Auru! –le gritó furioso y avergonzado- ¡¿De qué clase de cosas hablas delante de mi hija?! ¡Ahora me está haciendo preguntas complicadas de explicar a una niña!
-¡Majestad, cálmese! ¡Le juró que jamás le he hablado de nada indebido a su retoña, señor! –se disculpó arrepentido desde allí- ¡Seguro que lo ha relacionado con algo que oyó de otras fuentes, alteza!
-¿Entonces yo me parezco a mamá? –le preguntó nuevamente su hija, llamando la atención del rey.
-Eh, pues…-una nostalgia le invadió- Sí, has heredado la belleza de tu madre, aunque ella era rubia…-le dijo acariciándole tiernamente el rostro- ¡Lo bueno es que no has recibido de ella su mal carácter! ¡Je, je! ¡En eso te pareces más a mí! –luego de unos instantes, suspiró- ¿La echas de menos?
-Papá…-no entendía la pregunta- ¿Cómo voy a echar de menos a alguien que no conozco?
-¿Eh? –su respuesta lo dejó perplejo- Claro, es cierto. Murió cuando tú naciste, así que es imposible que te acuerdes de ella.
-Pero sabes…-ella continuó- A veces pienso cómo sería que mamá estuviera viva, no sé cómo es tener una… ¡Pero no estoy triste! Te tengo a ti, a Pamila, a Auru y al señor Nagahim. ¡No necesito nada más! –le contó alegre, sonriendo.
-No sabes lo que me tranquiliza que digas eso…-suspiró aliviado.
-¿Dónde está Nagahim? ¿Por qué no ha venido con nosotros? –le preguntó interesada.
-Ya sabes cómo es él, es muy reservado y además debía quedarse en el castillo mientras yo no esté.
-¡¿Sabes, papá?! ¡Me he dado cuenta de que le gusta mucho quedarse en castillo! ¡Como si le gustase mandar a todos! ¿Qué raro, no? –exclamó con su inocencia pura.
-Lo sé, pero sigue siendo mi hombre de confianza. Créeme, a pesar de sus excentricidades, es un buen hombre.-le habló convencido.
-Ya, bueno…-cambió de tema drásticamente- ¿Te gustaba eso de ser mujeriego? ¿Crees que yo también lo seré?
-¡Oh, Diosas! Aquí viene otra vez…–se lamentó- Mira, hija, lo que hiciera el loco de tu padre no lo debes hacer tú. Eres una mujercita, debes hacerte respetar.-entonces se rió- ¡Además, siempre te acabas peleando con los hijos de los aristócratas! ¡No les haces ningún caso!
-¡Claro, papá! ¡Son niños tontos y aburridos! ¡Se creen más listos que yo! ¡Y no puedo dejar que se rían de mí! ¡Yo soy una princesa! –habló con orgullo.
-Qué lástima…-siguió bromeando- Por lo que me estás diciendo, vamos a tardar en encontrar a tu príncipe azul.
-¡¿Azul?! ¡Papá! ¡Eso está pasado de moda! ¡Yo no quiero un Zora! ¡Apestan a pescado! –sacó la lengua asqueada- ¿No hay más colores? Rojo, amarillo, naranja, violeta, blanco…
-¡Perdóneme, princesa! ¿Y de qué color le gustaría que fuera su príncipe? –continuó aguantándose la risa.
-Uhm…-se lo pensó detenidamente- Quizás verde…
-¿Y eso?
-No sé, me gusta el verde.-le argumentó simplemente- Además, he visto dibujos de una raza de niños que vivían en los bosques, los Kokiri. Siempre iban de verde… ¡Y parecían duendes con sus hadas! ¡Yo quiero un niño Kokiri! –suspiró desanimada- Aunque ya no existen…
-¡Jo, jo! ¡Qué gustos tienes, hija! –exclamó entre risas- ¡A lo mejor tienes suerte y encuentras al último niño Kokiri! ¡Ja, ja, ja!
-Ya vale, papá…-le ordenó con mal gesto- No hace falta que te rías de los sueños de una niña, eres muy cruel.
-¡Vamos, era sólo una broma! –intentó disculparse- ¡Venga, volvamos a lo que estábamos haciendo! ¡Al agua!
-¡Espera un segundo! –le pidió asustada- ¿Hay algo más que debería saber sobre esa cosa? ¿Y por qué sabe tan rara esa agua? ¿Y porqué da sed cuando la bebes?
-Ya te lo dije, es por la sal.-empezó a explicárselo- Eso hace que no la puedas beber, como en un río o un lago. Y cuando te metas, quizás te dé escozor en los ojos y notarás que puedes flotar más que en el agua dulce, que es el agua corriente.
-No lo entiendo…-tenía dudas- ¡¿A quién se le ocurre echar sal o azúcar al agua?! ¡No tiene sentido! ¡Pero qué estúpidos son los de por aquí!
-¿Vas a entrar o qué? ¡Llevo esperándote desde que llegamos a esta playa! –le replicó su padre.
-¿Sabes? He cambiado de opinión, no soy Zora. Mi sitio está en tierra, con los hylianos…-se fue alejando caminando de espaldas- Adiós, papá… ¡Diviértete!
-¡Ese no era el trato! ¡Vuelve aquí inmediatamente! –le ordenó autoritario- ¿Vas a huir como una cobarde?
-¡Si lo intenté, papá! ¡Pero el océano está lleno de peligros! –miró el horizonte- ¡No pienso meterme por nada del mundo! ¿Y si me ocurriera algo? ¡No pasaría nada si tu mueres, papá! ¡Pero yo tengo que ser la próxima reina! ¡No puedes arriesgar mi vida así! ¡Eres un irresponsable!
-Aaagg…-suspiró cansado, echándose las manos a la cabeza- ¿De dónde se sacará esta niña tantas escusas?
Zelda caminó nuevamente hacia dónde estaban sus mentores, sentándose entre ellos resistiéndose a volver con su padre.
-El agua es para los peces, no para mí…-habló convencida- ¿Cuándo se va a dar cuenta?
-Pues parece que sí le afecto aquel accidente en el hielo…-dijo Pamila mirando a la niña- ¿Por qué no la ayudas, querido?
-¡Ni hablar! ¡Es su problema! –se negó- Quizás sea mejor así, a lo mejor se está unos segundos quieta y tranquila.
-¡De eso nada! ¡Le voy a quitar ese miedo de una vez por todas! ¡Ven aquí, Zelda! –le gritó el rey corriendo hacia ella.
-¡Aaah! ¡Se ha vuelto más loco! –esprintó en un segundo- ¡¿Qué haces, tonto?! ¡Con esa barriga no puedes cogerme! ¡Ji, ji!
-¡Y encima se ríe, la muy…! –se mordió la lengua- ¡Que vengas aquí! ¡Te lo ordena tu padre, el rey Daltus!
-Majestad…-la mujer no comprendía su comportamiento, viéndolos correr alrededor de ellos- ¿Por qué no deja que la princesa haga lo que quiera? ¿En qué le afecta a usted que no se bañe?
-¡Es por orgullo! ¡Y para que se le quite esa tontería! ¡Desde aquel accidente me vuelve loco con el tema del baño! ¡Quiero que combata sus miedos! –le explicó algo sofocado, persiguiendo a su hija.
-¡Pues corre más! ¡Te estás quedando atrás, gordito! –se burló de él, cambiando de rumbo- ¡Eres un mentiroso! ¡Nunca has podido estar en el ejército! ¡Y menos ganar una guerra! ¡Te cansas muy rápido!
-Mira…-se paró en seco, respirando exhausto- Es cierto que me he descuidado con los años, pero antes tu padre tenía un cuerpazo…-no lograba recuperarse- ¡Uf, si que corres! ¡No puedo más!
-¿Ves, papá? Te supero en todo, no puedes hacer nada contra mí. Soy más rápida, lista, guapa…-le explicó acercándose a su agotado padre.
-¿Ah, sí? –mostró una extraña sonrisa- ¿Te crees más lista que yo?
-¡Por supuesto! ¡Y dentro de poco tendré más conocimientos que tú! ¡Ya lo verás! –mostró su mano derecha- ¡Por algo nací con esto! ¡Mira! ¡La Trifuerza de la Sabiduría! ¡Es la prueba de que las Diosas me consideran más inteligente que tú!
-Bueno, hay una gran diferencia entre inteligencia y sabiduría…-siguió respirando- Pero tampoco eres tan lista, porque acabas de cometer un gran error…
En ese momento, la agarró sorpresivamente y la subió a su espalda como si fuera un saco, enfadando mucho a su pequeña hija.
-¡Eres un tramposo! ¡Fingiste estar cansado para pillarme por sorpresa! ¡Suéltame! –se retorcía y golpeaba su espalda esperando que la soltara.
-No fingía, estaba agotado…-reconoció humildemente- Solamente aproveché la situación, ahora no podrás escapar.
Caminó hacia el agua mientras su hija pedía que la liberase cada vez más histérica, debido a la humillante situación y a su terror al agua.
-¡Socorro! ¡Auxilio! ¡Quiere librarse de mí! ¡¿Es que nadie va a ayudarme?! –pidió asustada- ¡Por favor, no dejen que lo haga! ¡Los recompensaré, en serio! ¡No sean crueles! ¡Soy sólo una niña indefensa!
A pesar de sus gritos, nadie hizo nada y se dedicaron a observar la escena desde lejos.
-¿Quién crees que es peor? ¿El padre o la hija? –le preguntó Auru a su compañera.
-La princesa tiene excusa, aún es una niña. Pero su padre…-suspiró- No cambiará, llegará a anciano con esa actitud tan poco apropiada.
-¿Eh? Mira eso…-le indicó hacia el lugar donde debería estar la joven- ¿Dónde está? ¿Y por qué su padre parece tan alterado?
Se miraron el uno al otro y entonces…
-¡La princesa! ¡No sabe nadar! –exclamaron al unísono- ¡Rápido, hagan algo! ¡Guardias!"
XOXOXOXOXOXOXO
Ella sonrió al recordar aquellos momentos que ahora se hacía tan lejanos. Sin embargo, no pudo evitar derramar unas lágrimas, que se secó enseguida con su capa al sentir la presencia del perro de Gustaf.
-¿Qué haces aquí, pequeño? –le habló mientras lo acariciaba- ¿Me has seguido?
-¡Valentín! ¿La has encontrado? ¡Estupendo! –oyó la voz exhausta de Link, que se movía entre las rocas con dificultad.
-¿Link? ¿Qué haces aquí? –le preguntó más que molesta, sorprendida- Estás empapado… ¿Por casualidad decidiste bañarte al final?
-¡Yo no lo diría así! –exclamó recuperando el aliento, parecía nervioso- ¡Ese lunático y unos amigos suyos me tiraron al agua! ¡Diosas! ¡Debo haberme recorrido dos veces la distancia que hay entre las dos orillas del Lago Hylia! ¡No había otra forma de huir de ellos más que nadando!
-"Ya, güey…"-el perrillo no estaba convencido- "¡Te molestaste con esos hombres y les retaste a una carrera! ¡Y la cagaste! ¡Te vencieron! ¡Eran demasiado grandotes!"
Link disimuló no haberlo escuchado y simplemente lo empujó ligeramente con el pie, haciendo que resbalara de la roca.
-¿Y por qué has venido? Creo que dejé bien claro que no quería que…
-Nos tenemos que marchar, debemos prepararnos para lo de esta noche. Gustaf está esperando en una diligencia que tenía planeado recogerle aquí a estas horas, nos ha invitado a que subamos con él.-le recordó Link, que se agarraba a las resbalosas rocas- ¿Te ayudo? Esto parece peligroso…
-No hace falta, puedo bajar sola…-habló mientras se ocultaba con su manto y bajaba con facilidad por las rocas- ¿Vienes?
Mientras ella se marchaba, Valentín finalmente pudo volver a subirse a la roca, donde le habló a su compañero mientras la miraba ladeando la cabeza.
-"Ey, güey…"-gimió el perrito- "¿Lo notaste? Antes estaba… ¿Llorando? No lo viste, pero ella se secaba las lágrimas como recordando algo triste…"
-¿En serio? –estaba preocupado- ¿Pudo haber sido culpa mía? ¿Crees que debería hablar con ella?
-"No sé…"-jadeó- "Sólo soy perro…"
XOXOXOXOXOXOXO
El Teatro Nacional era un lugar realmente increíble, todo estaba cuidadosamente preparado para la gran noche que se avecinaba. Una enorme sala que sería digna de un palacio, con hermosos decorados de oro y cientos de lámparas alumbrando el lugar. Cortinas rojas y alfombras carmesí recubrían el lugar, proporcionando un ambiente de lujo para cualquiera que entrara por sus puertas.
El alcalde y sus acompañantes fueron al palco privado, desde donde verían la ópera con una perspectiva inigualable. También se habían traído a sus perros, ya que curiosamente a las mascotas del alcalde les encantaba aquello y él tenía la suficiente influencia para evadir ciertas normas referidas a eso.
-¡Magnífico, muchacho! ¡Ese traje mío te queda como anillo al dedo! ¡Ja, ja, ja! –le comentaba a su nieto mientras tomaban asiento.
-Bueno, tienes razón…-se sentía algo incómodo- ¡Debería haberme traído el traje que me regalaron en mi pasado cumpleaños! ¡Para una vez que podía haberlo usado!
-¡No te preocupes! ¡Tendrás tiempo de estrenar y usar trajes una vez que hayas decidido mudarte definitivamente conmigo! –le recordó animado, sentada en la butaca.
-Pero como dicen…-oyó murmurar al príncipe- "Aunque la mona se vista de seda, mona se queda" ¡Je, je! ¡Qué ingenuo!
Tuvo que reprimir su descontento debido a las circunstancias, pero eso no le impidió pensar en lo que le había dicho su abuelo.
¿Realmente quería eso? ¿Se iría a vivir con él ahora que conocía sus raíces? Todo aquello le parecía demasiado confuso, apenas tendría una noche para reflexionar antes de decantarse por cualquiera de las opciones.
Volviendo al teatro, su distribución se hacía lateral, de izquierda a derecha: en el primero irían los perros, apretujados en el asiento; seguiría Link; el alcalde Smith; el consejero, Auru; la princesa Zelda; el príncipe Facade y por último su hermano, el duque Gustaf. Eso no le había agradado demasiado a Link, pues tenía al despreciable de su competidor al lado de Zelda, sin que él pudiera hacer nada al respecto.
En pocos minutos, la sala se oscureció y comenzó a oírse la música. Todos estaban atentos al recital, aunque al principio al joven al pareció un tanto aburrido. Le llamó la atención que todos los demás portaban unos diminutos y extraños prismáticos, por lo que tuvo que preguntárselo a su abuelo.
-¿No te los dieron? Se usan para observar desde los lugares más distanciados del escenario todo lo que ocurre allí.-le habló mientras los utilizaba- Y seguramente tampoco entenderás lo que dices… ¿Me equivoco?
-Je… ¿Tanto se me nota? –reconoció algo avergonzado.
-¡Qué despistado eres, hijo! –exclamó sacudiéndole el hombro- ¡Tienes suerte de que cogiera dos guiones por equivocación! ¡Y también dos binoculares!
Link agradeció enormemente ese gesto por su parte, permaneciendo nuevamente en silencio por respeto a los demás, ahora enterándose de la trama de la obra. Sin embargo, había alguien que todavía no le veía demasiado al musical…
-"¡Pos ni modo! ¡Ya quítense, orejones! ¡¿Y qué pedo?! ¡¿Por qué se oye agonizar allá lejos?!"-ladró nervioso, buscándose un sitio en el sillón ocupado por los dos sabuesos.
-"¡Cállate! ¡No nos dejas escuchar! ¡Y estate quieto de una vez!"-le gruñeron los hermanos, cuyas orejas reposaban sobre sus orejas en vez que estará colgando como era habitual.
-"Pinches perros egoístas…"-murmuró mientras saltaba del asiento-"¡Ey, compadre! ¿Queda sitio acá? ¿Y podría subirme a tu cabeza? ¡No veo!"
Link aceptó a regañadientes su petición, sólo esperando que no se le cayera en medio de la actuación.
-"¡Esto está padre! ¡Ya veo todo! Pero cuesta, güey…"-forzó la vista- "¡Híjole! ¡¿Qué es eso?! ¡Se ve como vaca esa ruca! ¡Y grita como tal! ¡Parece como si le doliera algo!"
-Como no te calles te bajo del golpe, ¿Entendiste? –le amenazó queriendo seguir la obra mediante el guión.
Durante un buen rato, nadie se percató del que el pequeño Chihuahua se encontraba sobre la cabeza de Link, aferrándose a él como podía. La sorpresa se la llevó Facade, cuando en uno de sus vistazos furtivos a la esbelta figura de la princesa, se quedó mirándose fijamente con el cánido.
-"¡Mira hacia otro lado, cabrón! ¡No estés viendo a la chava de mi compadre! ¡Se te ve bien desde aquí, necio!"-le advirtió seriamente, pero para el príncipe sólo fueron algunos ladridos.
Facade se quedó un tanto perturbado cuando el perro le ladró, pero enseguida comenzó a hablar con la princesa sobre eso mismo.
-¿No te parece curioso el nuevo sombrero que lleva el muchacho, querida? –le habló disimuladamente, señalando a escondidas al chico.
-¿Te importaría dejarte de tonterías y dejarme oír la ópera en paz? ¿No puedes intentar mantenerte en silencio al menos por un rato? –le pidió molesta tras echar un vistazo rápido, pero no le interesaba lo que estuviera haciendo ese animal sobre la cabeza de Link.
Facade se acomodó sobre su asiento como un niño al que no sus padres no le hacían caso, apenas le encontraba diversión a lo que estaban haciendo. Tampoco su hermano, que llevaba tiempo durmiendo a pierna suelta, tumbado con el guión cubriéndole el rostro.
Y así transcurrió la velada, donde actores y músicos se esforzaron por complacer a sus distinguidos espectadores. Apenas quedaban unos minutos para que acabase el primer acto, cuando de repente los dos sabuesos comenzaron a jadear nerviosos.
-"¡Es esa! ¡Tenías razón! ¡Es una de nuestras favoritas!"-habló uno, temblando en la butaca.
-"¡Va a terminar en breve! ¡Qué emoción!"-gimió su hermano, igualmente emocionado.
-"¿Qué les pasa? ¿Qué tanto andan chismorreando?"-les preguntó confundido Valentín, que no entendían lo que sucedía.
-Y ahora el gran final, a mis perros les encanta. Ya lo verá…-le dijo el señor Smith a su soberana, dando a entender que sus mascotas hacían algo cada vez que venían al teatro.
-¿Pero qué ocurre? ¿Qué se supone que va a pasar a continuación? –les preguntó Link, intrigado a los canes.
-"¡No hay tiempo! ¡Sólo aúllen cuando la mujer diga su última estrofa!"-ladraron exaltados, sentándose en el sillón.
Y tal y cómo ellos predijeron, la soprano comenzó a exhalar su última estrofa que mantuvo durante un intervalo bastante elevado, incluso para una cantante. Los sabuesos aullaron fervientemente, acompañándola con sus propias voces desde su palco. Unos segundos después les siguió Valentín, intentando imitarlos. Por alguna extraña razón, casi al instante de que los tres perros empezaran a aullar, un instinto primario le obligó a seguirles también.
Los otros lo miraron estupefactos, a excepción de Gustaf que seguía durmiendo. Mientras Auru, Smith y Zelda se quedaron callados los escasos instantes que duró eso, Facade se mantuvo observándolo reprimiéndose la risa.
Cuando la mujer terminó de entonar, el público aplaudió emocionado…
-¡Ja, ja, ja! ¡No me lo creo! ¡En serio, es demasiado incluso para él! –el príncipe no pudo contenerse más, carcajeando como un loco- ¡Bravo, bravo! ¡Otra! ¡Y yo que pensaba que la ópera era aburrida! ¡Doy gracias de que todavía queden dos actos más! ¡Quiero volver a ese cuarteto otra vez!
Tal era su excitación, que acabó cayéndose sobre su hermano, despertándolo muy bruscamente. Link se echó las manos al rostro, quería ocultar la infinita vergüenza que sentía en esos momentos.
-"No te preocupes, no fue para tanto…"-le habló uno los sabuesos intentando que reaccionara tocándolo con una de sus patas, en un gesto compasivo-"Para ser tu primera vez, no fue tan desastrosa. ¡Podrás intentarlo nuevamente más tarde! ¡Todavía quedan te dos oportunidades!"
-"No eres el más indicado para dar consejos, Nico…"-le reprendió su hermano, Arthur-"¡Te ha quedado una octava más grave de lo que debería haber sido! ¡¿En qué estabas pensando?!"
-"¡Tengo la garganta seca! ¡No pude aclarar la voz adecuadamente!"-se defendió gruñéndole- "¡¿Y tú qué?! ¡Alargaste demasiado la penúltima nota! ¿Es que no llegabas a tan alto, hermano?"
Una discusión a base de gruñidos y algún leve mordisco se originaron allí, mientras Link no hacía más que lamentarse de lo que su instinto animal le había obligado a hacer.
-Soy un completo desastre…-murmuró para sí- ¿Qué pensarán ahora mí el abuelo y Zelda? Pensarán que estoy loco o algo así. Maldita sea mi suerte…
XOXOXOXOXOXOXO
Ya era tarde, habían pasado algunas horas desde que acabó la ópera. Zelda se encontraba preparándose para dormir, desmaquillándose tras esa larga jornada. Afortunadamente, se había traído consigo ropajes más formales de lo habitual para eventos como este, lo cual le había resultado verdaderamente útil. Lo malo, es que debido a eso, ese baboso de Facade no le había quitado el ojo en toda la noche. Tanto en el teatro, como durante la cena tras regresar a la mansión. Y hablando de eso, Link no había acudido a cenar…
Se imaginó que todavía se sentiría mal por lo ocurrido, le hubiera resultado muy incómodo pasar el resto de la velada con ellos. Seguramente, Facade hubiera hecho bromas al respecto.
Pero lo que más le preocupaba no era eso, sino lo que pasaría al día siguiente…
Mientras se cepillaba el cabello, se preguntaba qué decisión tomaría Link. No había ninguna razón para que continuase ese viaje, había encontrado lo que tantos años había estado buscando. Ahora, era el rico heredero de una importante familia burguesa muy conocida y querida en las colonias del oeste. Por no hablar de que era un descendiente de la noble estirpe de los Caballeros Reales, lo que le otorgaba aún más prestigio.
Ella se preguntaba… ¿Influiría todo eso en su comportamiento? ¿Cambiaría su forma de ser debido a ese descubrimiento?
No le gustaba la idea de que eso pudiera ocurrir, pero debía atenerse a las consecuencias de sus actos. Quizás debería haber hablado un poco más con él respecto a eso, pero desde lo sucedió en la playa no había cruzado con él más que unas escasas palabras. Temía marcharse sin hablar con él antes…
De pronto, oyó tocar la puerta, asustándose debido a las altas horas de la noche en la que se encontraban.
-Zelda…-reconoció esa tímida voz enseguida- ¿Puedo hablar contigo?
Ella se aproximó lentamente a la puerta, preguntándose por qué querría verla ahora. Cuando abrió, se lo encontró justo delante de ella, todavía con el traje puesto.
-¿Qué haces aquí tan tarde? ¿Y por qué no te has cambiado aún? –fueron las primeras preguntas que le vinieron a la mente.
-Bueno, no he tenido ganas de hacerlo…-le contestó mientras entraba y ella cerraba la puerta- ¿Puedo quedarme aquí un rato?
-Eh, yo…-le había tomado por sorpresa- ¿Por qué no viniste a cenar?
-No tenía hambre…-dijo mientras se tiraba en la cama, desanimado- ¿Por qué siempre tienes la mejor cama para ti? Con lo cansado que estoy…-bostezó- Decidido, me pienso quedar esta habitación en cuanto te vayas.
-¿Entonces ya has decidido lo que vas a hacer mañana? –le preguntó disimulando su descontento por la noticia.
-Más o menos, Smith vino a hablar conmigo después de cenar.-se reincorporó al ver que ella se sentaba en la cama- Después de una pequeña charla…acabé aceptando su proposición de quedarme aquí. ¿Qué opinas? ¿Te parece bien?
-¿A mí? Por supuesto, mientras a ti te lo parezca. Además, todavía no han sanado tus heridas por completo… ¿Me equivoco? –lo miró a la cara- ¿Es por eso por lo que estás tan cansado?
-¡Je! ¡Y también por el ejercicio que he hecho hoy! ¡Entre los caballos, nuestro paseo y posteriormente nadar; he acabado cansándome más de lo que creía! –reconoció algo más animado, pero tumbándose nuevamente- Aunque ahora me duele todo…
-No deberías haberlo hecho, podría resultar nefasto para tu salud. Te has querido reponer más rápido de lo que tu cuerpo es capaz de hacerlo, acabarás haciéndote daño si no tienes cuidado.-le recordó seriamente preocupada por él, lo notaba bastante débil.
-No sólo venía a hablarte de eso, también venía a disculparme…-le dijo abatido, sintiéndose culpable.
-¿Por qué? ¿De qué deberías disculparte? –le preguntó confusa.
-Por lo que te dije en la playa, me excedí demasiado…-admitió entristecido- ¿Por eso estabas tan decepcionada cuando vine a buscarte?
-¿Decepcionada? No sé de qué me estás hablando…-en realidad, intuía a lo que se refería- Pero si acaso, no era por lo que me dijiste. En realidad, más tarde me di cuenta de que tenías razón y no estoy enfadada contigo por eso. Lo que sí te reprochó fue ese lenguaje, puesto que hasta ahora no te había atrevido a revelárteme… ¡Y eso, sí que me enfadó!
-¿Ah, no? Pero entonces…-no lo entendía- ¿Por qué parecías tan triste cuando te encontré escondida entre esas rocas?
-Serán imaginaciones tuyas, sólo estaba pensando en cosas…-no le interesaba que supiese sobre eso- En serio, estoy bien, no debes sentirte mal por ello.
Durante un momento, se quedaron callados, preguntándose qué pensaría el otro sobre aquello. Y Link sospechaba que le había mentido, pero prefirió continuar con la conversación y no ocasionar más problemas entre ellos.
-¿Sabes? Había oído hablar muchas cosas sobre el océano, pero es más curioso de lo que me imaginaba…-habló mirando al techo, cambiando de tema- ¡El agua sabía horrible y si intentas bucear, al rato los ojos te escocían! ¡Es más impresionante cuando lo vives que cuando te lo cuentan!
-Me alegra que te haya gustado, pero deberías darle las gracias a Gustaf por haberte permitido bañarte.-le recordó sabiendo que no lo admitiría.
-¡Sí, sí! ¡Mañana mismo se lo digo! –soltó irónico- ¡Lo mejor es que después de que tú te vayas, ese y su hermano también se irán! ¡Qué bien voy a estar aquí solo! ¡Toda esta mansión para mí y mi abuelo!
-¿Pero volverás a las provincias, no? ¿No pretenderás marcharte sin antes habérselo comunicado a tus amigos? –le preguntó con cierto tono de desánimo y preocupación.
-Por supuesto, no sería capaz de abandonarlos de esa manera…-soltó en un suspiro, sentándose a su lado- Por cierto… ¿Y qué pasará con lo que acordamos? ¿No hará falta que se cumplan las condiciones de ese contrato, no?
-¿Por qué lo dices? ¿Al acaudalado señor le incomoda ese pequeño detalle? –bromeó un poco- No, estarás bien con el señor Smith. No veo necesario que deba concederte tales privilegios en tu situación.
-Tengo una pregunta…-la tenía rondando por la cabeza desde hacía rato- ¿Por qué me obligaste a firma eso, si conocías mis raíces y su situación social?
-Lo hice por precaución, en aquel momento no estaba segura si de verdad resultarías pertenecer a dichas familias.
-De acuerdo, lo entiendo. Puedes estar segura de que estaré bien, te doy fe de ello. Pero…-todavía le quedaba una duda- ¿Y qué pasará contigo?
-¿A mí? No sé de qué me hablas, yo estaré bien. Seguiré con mi vida en el castillo como hasta ahora, nada cambiará supongo.-le contestó mostrándose neutra con el asunto.
-Ya, lo sé…-no le parecía demasiado bien aquello- Se debe de sentir muy solo en un castillo como ese…
Hubo un largo silencio, él sabía que era debido a su último comentario. No vio nada en el rostro de Zelda, pero sabía que por dentro esa idea le intimidaba.
-Tampoco es para tanto, he vivido prácticamente la totalidad de mi vida entre esos muros. El hecho de que salgas de ellos para siempre, no debe suponer ningún cambio drástico en mi rutina.-habló con extrema frialdad, haciéndose sentir culpable a Link.
-¿Pero podremos seguir en contacto, verdad? Digo, porque no continúe trabajando para ti, no significa que no podamos vernos alguna vez.-le dijo esperanzado, esperando una respuesta de su parte.
-¿Eh? Bueno, es obvio…-le notó dibujarse una ligera sonrisa forzada en su rostro- ¡Al ser el nieto del ilustre señor Smith, acabaré teniendo noticias tuyas!
Y volvió el silencio, Link sabía que algo iba mal. En realidad, preferiría seguir en el castillo con ella y más cerca de los suyos que viviendo en la colonia. Pero parecía como si ella sufriese una contradicción al incitarlo a irse, al mismo tiempo que le entristecía.
-Quiero que me respondas sinceramente…-pronunció serio- ¿Realmente deseas que me vaya?
-¡¿Có-como?! ¡¿Qué clase de preguntas es esa?! –la había alterado notablemente- ¡E-es decisión tuya! ¡Y además igualmente te exigí que te fueras por tu propia seguridad! ¿Es que acaso has olvidado las cosas que te han sucedido por mi culpa?
-Déjate de tonterías, no fue culpa tuya.-le respondió tajante- Y respecto a eso, ¿Pretendes enfrentarte a los que han ido contra nosotros hasta ahora, tú sola?
-Soy la princesa de Hyrule, dispongo de multitud de recursos a mi alcance para dar con un puñado de criminales de tres al cuarto. Yo me encargaré de solucionar este asunto, ya no tienes ninguna obligación de hacerlo.-continuó defendiendo su postura- Y encontraré la forma de recuperar tu Trifuerza, pues estar seguro de eso.
-A pesar del tiempo que ha pasado, me sorprende que aún no te hayas dado cuenta…-le habló decepcionado- Nunca tuve la obligación de protegerte, lo hice porque quería y porque era lo correcto. Todo lo que hice durante la invasión no fue por obligación, debía hacerlo por mí mismo y por todos los que estaban sufriendo. Y si crees que voy a dejar que hagas esto tú sola, entonces significa que no me conoces lo suficiente…
-¿Es que de repente, por conocer que tienes algo de influencia y poder en esta maltrecha sociedad, te da la osadía de pensar que podrás solucionarlo todo? –en ese momento su tono de voz mezclaba sarcasmo y frialdad- No eres más que un burgués y un descendiente de caballero, no pienses que puedes estar a mi altura. Hay cosas que no están a tu alcance...
-Ya, así que eso es lo que piensas…-aquel comentario le había dolido en el alma- Creo que está todo aclarado. Si me lo permites, me iré a dormir.
Se levantó de la cama y salió de la habitación sin mediar palabra, dejándola solo ahí dentro. Ella en ningún momento se vio arrepentida por lo que dijo, o al menos no lo mostró. Sin embargo, para Link era completamente diferente.
Se quedó unos minutos parado en el pasillo, intentando reprimir la rabia que sentía en aquel momento. No podía creérselo, todos se lo había dicho en más de una ocasión, de que debía acordarse de cuál era su lugar. Pero que se lo dijera ella, con esas palabras…
XOXOXOXOXOXOXO
"No eres más que un burgués y un descendiente de caballero, no pienses que puedes estar a mi altura. Hay cosas que no están a tu alcance..."
XOXOXOXOXOXOXO
Resonaban como tambores en su cabeza, había conseguido derrumbarlo por completo. No le quedaban dudas de las intenciones de ella, quería librarse de él a toda costa. No entendía por qué, después de todo lo que había hecho por ella. Y en ese momento se dio cuenta de que tal vez sólo lo vio…como a un hombre corriente, nadie que pudiese codearse con gente de su rango. Le enfurecía aquello y tras meditarlo unos minutos, decidió volver a su habitación.
Mientras caminaba meditativo por los pasillos, al cabo de un rato acabó topándose con la última persona que hubiese querido encontrarse esa noche…
-Qué sorpresa encontrarte a estas horas vagando por los pasillos, chavalín…-le habló el príncipe a su espalda, oculto entre las sombras con sus ropas de dormir puestas- ¿De dónde vienes?
-Con todos mis respetos, señor, me gustaría poder irme a dormir…-le contestó ignorándolo, prosiguiendo su marcha.
El príncipe se rió un instante y después arremetió violentamente contra él, proporcionándole un puñetazo en la cara y después encarándolo contra la pared, sujetándolo por el cuello de la camisa.
-Tú a mí no me vengas con gilipolleces… ¡¿Entendiste?! –le gritó enfurecido pero procurando no levantar demasiado la voz- Sé que fuiste antes a su habitación y quiero saber que estabas haciendo a estas horas allí.
-¿La habitación de quién, majestad? No sé de qué me habla…-le contestó provocativamente, mostrándose bastante seguro de sí mismo.
-Uhm…-sonrió maliciosamente y le golpeó en el estómago- A mí nadie me viene con jueguecitos, será mejor que empieces a cantar si no quieres que ocurra un accidente…
-¿Por qué se molesta conmigo? Sólo fui a hablar con ella, nada más…-le contestó resintiéndose del golpe anterior.
-¿Y con qué propósito, mequetrefe? ¿Te crees que son horas normales para entrar al cuarto de una mujer "sólo" para hablar? ¡¿Te crees que soy imbécil, eh?!
-Ya le he dicho la verdad, debería saberlo si ha estado siguiéndome…-se defendió conociendo que desde hacía rato lo venía siguiendo- ¿Por qué tiene tanto miedo de mí? ¿Cree que realmente estoy teniendo algo relevante con la princesa?
-Eso me gustaría saber a mí. Todo el puñetero día juntos…-apretaba sus mandíbulas furioso- ¿Creías que no lo sabía? Has estado con ella la mayor parte del día, y lo peor es que nadie sabe lo que habéis podido hacer a escondidas… ¿Cuántas cosas se pueden hacer durante el tiempo que estuvisteis paseando por la ciudad antes de encontraros con mi hermano? Creo que la respuesta se contesta por sí sola.
-Por favor, príncipe Facade, me sorprende…-habló sarcástico- ¿Piensa que me acuesto con la princesa? Permítame que lo niegue, ya que a diferencia de las mujeres con las que seguramente usted frecuenta, ella sabe imponerse y hacerse respetar. Le aseguro que sería una buena esposa para cualquier hombre, pero dudo mucho que usted estuviera a su altura.
-¡Je, je! Yo no sé cómo es que no te he partido la cara aún, bastardo…-le amenazó apretando más su agarre- Puede que te sientas con algo de poder ahora que ese anciano demente te tiene como su heredero…pero a mí no me la juegas. Quizás hayas logrado engañarlo a él, pero para mí sigues siendo un sucio perro de la calle al que la suerte le cayó del cielo. Lo que me parece inaudito es que ella te ayudara con todo este teatro...
-Quizás sea porque en verdad sé tratar a las mujeres y las considero algo más que simples pedazos de carne…-juntó su frente con él- Sólo somos amigos, pero si alguna vez me entero de que le haces algo indebido…ni cien hombres podrán protegerte, príncipe Facade.
-Entiendo, amigos…-se rió un poco- ¿Es por eso que saliste tan decepcionado de su habitación? ¿Esperas algo más, sabandija?-Link permaneció callado, afirmando lo que acababa de decir- Ya veo, así que eran ciertos los rumores. ¡Iba a echarte del castillo de todos modos! ¡Menudo desgraciado! ¿Qué se siente cuando la mujer que amas te echa a la calle como un perro?
Aquellas palabras hicieron que Link reaccionara violentamente contra su agresor, dejándolo a él contra la pared, pero no parecía nada intimidado.
-¡Ja, ja, ja! ¿Duele, eh? Admítelo, tú nunca serás nadie a los ojos de ella, sólo eres un pordiosero. Te las darás de héroe y señor, pero no eres más que otro de sus súbditos. No te enfades conmigo, la vida es así. Están las personas como yo que estamos en la cima…y luego están los de tu clase, rogándonos para que os demos de comer y no sufráis una guerra devastadora. Nosotros podemos hacer lo que queramos, pero tú no perteneces a esa distinguida clase. Quédate en tu lugar, chaval, así no tendrás ningún problema.
Link dudó unos segundos hasta que finalmente lo soltó, sintiendo una inmensa furia y desprecio hacia él.
-¿Qué está pasando aquí? ¿Qué es todo este escándalo? –se oyó la voz del señor Smith acercarse, viniendo del fondo del pasillo.
Apenas iba con su pijama y una vela que alumbraba escasamente la zona. Se había despertado debido a que cerca de allí se encontraba su dormitorio, algo que al parecer ninguno de los dos se había dado cuenta. Y Link había estado demasiado distraído como para notar su presencia.
-Nada, alcalde Smith. Estábamos entablando una agradable conversación entre hombres…-mintió descaradamente- ¿Verdad, Link?
-Sí, es cierto, abuelo…-le apoyó avergonzado de sí mismo.
-¡Pues eso! Deberías volver todos a nuestras respectivas habitaciones, mañana será un día agitado. Le deseo buenas noches, señor Smith…-le saludó educadamente mientras caminaba de regreso a su alcoba.
Una vez se hubo marchado, el abuelo Smith miró entristecido a su nieto, que ocultaba su mirada y se mantenía en silencio.
-Pude oír parte de la conversación mientras me dirigía hacia aquí…-le habló mientras se acercaba a él- Ya te lo había advertido… ¿Recuerdas?
-Por favor, abuelo, no hace falta que me lo repitas. ¡¿Vale?! ¡Me ha quedado más que claro esta noche! ¡No necesito que nadie más venga a restregármelo! –le contestó realmente dolido y enfadado- ¡No volverá a ocurrir! ¡Conozco mi lugar dentro de esta mierda de sociedad! ¡Y quiero que no volvamos a hablar de este incidente jamás! Ahora, déjame solo, quiero irme a dormir…
Mientras más se alejaba su nieto de él, perdiéndose en aquellos oscuros pasillos, más se lamentaba por la desgracia que le acontecía.
-Ojalá las cosas hubieran sido de otra manera, hijo…-suspiró- Quizás si hubieras vivido en el castillo con ella desde el principio y su padre siguiera vivo, las cosas serían de otra manera.
XOXOXOXOXOXOXO
Al día siguiente, el señor Smith y Link se encontraban a solas en el despacho del alcalde, comentando lo que harían de ahora en adelante. La princesa Zelda estaría en el puerto embarcando en aquellos momentos, siendo despedida por su consejero y los dos aristócratas extranjeros. Smith se había despedido de ella en su casa, pues tendría que atender una reunión ese día y debía prepararse. Y Link, había decidido no acudir esa mañana a desayunar para evitar encontrársela, por lo que no había podido despedirse de ella.
-¿Le tienes mucho apego a esas ropas tan curiosas, no? –bromeó su abuelo, sentado frente a su escritorio leyendo unos documentos- ¡Es gracioso, porque a tu padre no le agradaba el verde! ¡Prefería el color simbólico de su familia, el rojo!
-¿En serio? Pues sí que es gracioso…-habló sin interés, suspirando, sentado en el sillón de la habitación mirándose a sí mismo.
-Por favor, anímate un poco. Pronto te acostumbrarás a esto y olvidarás tu anterior vida… ¡Verás qué bien lo vamos a pasar! ¡Tengo tantas cosas que quiero hacer con mi querido nieto! –exclamó extremadamente feliz- ¡Y no olvides que quiero conocer a los que te criaron! ¡Debo darles las gracias por darme a un nieto tan maravilloso como tú! ¡Por hablar de que tenemos que trasladar tus cosas! ¡Vamos a estar muy ocupados resolviendo unos cuantos asuntos relacionados con tu identidad muchacho! Y también quisiera comentarte…
Comenzó a hablar sobre el futuro de Link realmente emocionado, pero Link no le estaba escuchando. No tenía ningún interés en eso…su mente estaba perdida en todo lo que le hubiese querido decir a Zelda y no se atrevió, ahora nunca podría decírselo. No estaba tranquilo, las cosas no podían quedarse así…
¿Quedarse allí había sido decisión suya? ¿Iba a dejarlo todo sólo por un estatus y un puñado de rupias? ¿Hasta ese entonces no había sido quien realmente era…o no lo era ahora?
-¿Qué estás haciendo? –preguntó confuso su abuelo cuando lo vio levantarse con decisión- ¿A dónde vas con tanta prisa?
-¡Iré a recoger mis armas y me llevaré a Epona hasta el puerto! ¡Voy a subir a ese barco! –habló convencido, sus palabras no reflejaban ni un ápice de duda.
-¡Pero eso es una locura! ¡Puede que haya embarcado ya! ¡¿Y qué harás si todavía tienes tiempo?! ¡¿En serio pretendes ir tras ella?! –le avisó muy alterado y asustado, no quería que nada malo le sucediese a su nieto.
-¡Abuelo, no trates de detenerme! Espero no disgustarte, pero sólo con conocerme dos días no puedes llegar a comprender lo que siento o pienso. Debo hacerlo, sino no me lo perdonaré nunca…-le dijo con la esperanza de que lograra comprenderlo.
-¡¿Y qué vas a hacer?! ¡¿Decir delante de todos que te estás enamorado?! ¡No tientes a la suerte, muchacho! ¡Podrías originar un conflicto sin precedentes! ¡Incluso podrían arrestarte, Link! ¿De verdad es eso lo que quieres? –intentó convencerlo, pero no estaba seguro de hacerlo.
-¡No estoy tan loco para hacer eso! –se rió- ¡Lo único que quiero es acompañarla en este último viaje y que ella decida después lo que pasará! Después de esto, estaré dispuesto a irme a vivir contigo… ¿Podrás esperarme un poco más, abuelo?
-Eres tan cabezota y alocado como tu padre, hijo…-suspiró derrotado, pero satisfecho- Llevo esperándote durante más de veinte años, esperar un poco más no le ocasionará problemas a este viejo…-lo miró a los ojos- ¡Corre, márchate si no quieres perder esa embarcación!
-Gracias, abuelo…-fueron las últimas palabras antes de salir corriendo por la puerta- "Eres la primera persona que confía en mí desde hace tiempo, en verdad te lo agradezco…"
XOXOXOXOXOXOXO
Mientras tanto, en el puerto, la princesa Zelda se encontraba ya a bordo del inmenso buque capitaneado por el genuino capitán Linebeck, este sería probablemente su último viaje antes de jubilarse.
Era un hyliano anciano, cuya espalda estaba algo deteriorada y poseía un bastón que le ayudaba a manejarse con soltura. Debido a eso, y a pesar de que en el pasado fue un hombre relativamente alto, ahora su estatura había disminuido considerablemente. Su cabello canoso, algunas arrugas y sus característicos ojos de contorno oscuro le hacían que se notase claramente su edad. Como llamativo, su nariz ligeramente enrojecida le daba un aspecto cómico. Además de eso, poseía un pequeño bigotillo y un mechón de pelo en la barba. Por último, su vestimenta consistía en una camiseta blanca bajo otra camisa abotonada de color celeste; una chaqueta azul; un pantalón y unas botas corrientes; y una pañoleta roja que iba anudada a su cuello.
-Pronto saldremos a la mar, princesa. Sólo queda que los muchachos ultimen los preparativos para que podamos zarpar. ¿Le parece bien? –le habló prestando atención a un valioso reloj de bolsillo que guardaba con recelo.
Ella asintió, después el capitán la invitó a su camarote para hablar sobre la ruta que seguirían. Mientras él se adelantaba, ella echó un último vistazo a la muchedumbre que la despedía desde el andén.
Y también, miró por última vez a la colina donde se asentaba aquella mansión, antes de entrar al camarote del capitán…
XOXOXOXOXOXOXO
-¡Ey! ¡Cuidado! ¡Vas lanzado, muchacho! –le gritó un hombre que había logrado esquivar al caballo por los pelos.
-¡¿Qué está haciendo?! ¡Está loco! –chilló una mujer que lo vio pasar unos segundos.
-¡Llamen a los soldados! ¡Ese maleante va acabar atropellando a alguien! –exigió un comerciante al que por poco no destrozan su puesto de hortalizas.
-¡Vamos, Epona! ¡Tienes que llevarme cuanto antes al puerto! ¡Apresúrate! –le suplicó Link a su montura mientras la conducía por las calles a toda velocidad.
-"¡Ya lo intento! ¡Hago lo que puedo!"-relinchó sofocada, galopando a máxima velocidad-"¡Esto es una locura! ¿No lo has pensado?"
-¡Por favor, Epona! ¡No estoy para discusiones! ¡Tengo que llegar antes de que ella se vaya en ese barco! ¡Puede que no tenga otra oportunidad para aclarar las cosas! –la incitó a seguir con un ligero golpe con la mano, para luego gritarles a los transeúntes- ¡Apártense! ¡Tengo prisa!
-"Este amo mío cada día está más majareta…"-resopló saltando un desnivel.
XOXOXOXOXOXOXO
-¡Soltad amarras! ¡Izad las velas! ¡Levad anclas! ¡Nos marchamos rumbo a Isla Koholint, muchachos! –ordenó a la tripulación el primer oficial.
Apenas habían comenzado a moverse, cuando Epona irrumpió en el puerto provocando el caos entre las gentes. Y de un salto, Link bajó de ella con las pulsaciones en su punto crítico.
-¡¿Qué estás haciendo aquí, muchacho?! ¡¿Y qué manera es esa de aparecer de repente?! ¡Podrías haber herido gravemente a alguien, Link! –le reprochó sobresaltado Auru, que no entendía lo que estaba pasando.
-¡No hay tiempo, Auru! ¡Llévate a Epona más tarde! ¡Mi abuelo cuidará de ella en mi ausencia! –le pidió rápidamente mientras recuperaba el aliento- ¡¿He llegado demasiado tarde?!
-¡¿En qué estás pensando?! ¡Ya han quitado la escala y el barco ha comenzado a moverse! –exclamó Gustaf, nervioso- ¡Es imposible que puedas subir! ¡¿Pero qué te ha dado ahora, chico?!
-¡Eso! ¡Has perdido, chaval! ¡Ja, ja, ja! –se burló cruelmente el príncipe Facade.
-"¡Güey, güey! ¡Mira eso! ¡No han subido del todo el ancla!"-ladró nervioso Valentín mirando al agua- "¡Apúrate! ¡Puedes nadar y agarrarte a ella!"
Link no lo dudó ni un instante antes de lanzarse al mar y avanzar con todas sus fuerzas hasta aferrarse al ancla, siendo elevado por los miembros de la tripulación.
-¡Este joven va a conseguir un día que lo maten! ¡Es demasiado temerario! –se lamentó Auru, sujetando las riendas de Epona.
-¡Ánimo, chico! ¡Ya lo has conseguido! ¡Sólo queda que te suban esos marineros! –le apoyó Gustaf, viendo como se iba alejando cada vez más.
-Será idiota…-murmuró molesto Facade- ¿Qué pretende conseguir? ¡No le servirá de nada!
Ya en la cubierta del barco, los hombres que tiraban del anclaje se sorprendieron cuando Link subió a bordo completamente empapado y exhausto. La noticia de que un polizón se había colado a bordo se propagó enseguida, haciendo que apareciera el capitán Linebeck realmente enojado.
-¡¿Pero cómo se te ocurre hacer esa locura, chaval?! ¡¿Quién te crees que eres para abordar un barco dirigido por el legendario capitán Linebeck, eh?! ¡Responde, sabandija! –le exigió agarrándole de la túnica y sacudiéndolo con fuerza a pesar de su edad, mareando al pobre muchacho que se encontraba de rodillas.
-Qué mareo, deje de agitarme de una vez…-murmuró viendo su mundo girar a su alrededor, echando la cabeza hacia atrás completamente aturdido.
Varios gritos del capitán y los murmullos de los miembros de la tripulación llamaron la atención de la princesa, que salió a cubierta para comprobar lo que estaba pasando.
-¡¿Link?! ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cuándo has subido al barco? –preguntó enormemente sorprendida al verlo allí.
Al oír su voz, Link recuperó el sentido rápidamente y se zafó del agarre del capitán, acercándose y arrodillándose ante ella.
-Majestad, le prometí que la acompañaría en este último viaje y eso es lo que voy a hacer. Siento haberme demorado en llegar, princesa.-le habló solemnemente, como un caballero- Y si me lo permite, me gustaría que más tarde concluyéramos la conversación que ayer terminó de una manera no muy agradable… ¿Me haría ese favor?
-Por supuesto, mi leal sirviente…-sonrió ligeramente dándole la mano, ayudándolo a levantarse.
Ambos sentían que al otro le alegraba enormemente su presencia en esa nave, pero dudaban de sus intenciones. Zelda se preguntaba por qué había hecho todo eso, mas no iba a objetar nada al respecto, era lo que había deseado.
Y mientras ese barco avanzaba cada vez más hacia aquella isla, ellos dos se preguntaban que sería lo próximo que sucedería en ese último viaje juntos…
XOXOXOXOXOXOXO
-Ya ha salido su embarcación, me sorprende que esos obreros hayan conseguido arreglarlo lo bastante rápido…
-¡Je! ¡Y pensar que no nos costó nada retrasar su salida! ¡Ha salido todo como planeaba, jefe!
-Sí, ahora todo queda en manos de ese corrupto y de esos malandrines. Sólo espero que no me fallen, si no me las pagarán caro. Por cierto…me contaste que ese joven finalmente logró recuperar su forma original. Según tú, lo viste junto a la princesa ayer espiándolos mientras paseaban ingenuos por las calles de la ciudad.
-¿Cómo lo habrán conseguido? Pensé que tu maldición había suficiente para incapacitar al chico. ¿Qué pasarán cuando ellos les alcancen? ¿Lo necesitamos a él también?
-Les di órdenes claras acerca de esta misión, sinceramente me da igual lo que le ocurra a ese muchacho, sólo la quiero a ella. Tú únicamente debes esperar que todo salga como estaba previsto, Valtimore. Y entonces actuaremos…
Continuará…
XOXOXOXOXOXOXO
Nota de Alfax: ¿Qué os ha parecido? ¿"Revelador", verdad? ¡Esperaré con ansias vuestros comentarios al respecto!
Ahora trabajaré en mi otro fanfic, "Los Orígenes de Hyrule", que no será tan extenso el capítulo como este que acabo de escribir. Y después, retomaré los otros dos a los que he abandonado un poco, debido a que me centré más en los otros dos.
Por si nadie se había dado cuenta, como dato curioso, la Ciudadela de Hyrule y Sakado representaría en la realidad a ciudades como Madrid y Barcelona, respectivamente. ¿Habíais caído en eso? ¡Porque yo sólo he estado en Barcelona! ¡Arriba Barça!
¡Pues nada! ¡Sólo espero que os haya valido la pena aguardar mi regreso! ¡Y deseo que este curso este plagado de nuevas publicaciones! ¡Hasta más ver, lectores! ¡Viva !
