27. Atrapados por los piratas
Horas después de que el barco hubiera abandonado el puerto, lo único que se podía observar era una gran masa de agua a su alrededor. Ese día, podía notarse como el mar estaba algo revuelto, el vaivén de las olas golpeaba al barco. Para marineros experimentados, era como el suave balanceo de una cuna. Y en ese momento, la princesa y el viejo Linebeck bromeaban sobre aquello, saliendo del camarote del capitán.
-¡Vaya! ¡Parece que hoy tendremos marejada! –exclamó Zelda manteniendo el equilibrio, un movimiento brusco le había pillado por sorpresa.
-Se veía venir desde esta mañana, pero los muchachos están acostumbrados a ello.-añadió Linebeck- ¿Usted no será propensa a los mareos, no?
-No, aunque hace mucho que no navego. Además, esa infusión que tomamos antes era bastante efectiva -le agradeció por el detalle- ¿No recuerda cuando usted nos trasladó a mi padre y a mí a Wayaway? ¡Recuerdo que tuvimos que soportar una tempestad terrible! –le recordó al anciano.
-¿Eh? ¡Ah, claro! ¡Esa vez! –no se acordaba demasiado- ¡Y fue su primera travesía en barco, si no me equivoco! De eso hará más de 15 años, más o menos…-inspiró profundamente- ¡Qué tiempos! ¡Por ese entonces aún conservaba mi fortaleza! ¡Cuánto se ha deteriorado mi cuerpo! ¡Es un asco hacerse viejo! ¡Pero al menos después de esto me jubilaré con gusto!
-Sí, qué tiempos…-ella no lo decía demasiado emocionada.
-Pero ha de admitir una cosa…-continuó hablando el hombre, con cierta curiosidad- Usted ha cambiado mucho, esa niña traviesa que fue antaño ya no está. ¡Y permítame mi atrevimiento, pero os esperaba con un carácter completamente diferente! ¡Ja, ja, ja! ¡Veo que también habéis madurado!
XOXOXOXOXOXOXO
"Años atrás, el rey de Hyrule y su hija, acompañados de sus dos súbditos más fieles y varios soldados, navegaban junto al capitán Linebeck y su tripulación rumbo al lejano reino de Wayaway, travesía que duraría aproximadamente un mes.
Allí, el rey Daltus charlaba animadamente con Linebeck, que se veía muy diferente de como era actualmente. Pero de pronto, su conversación fue interrumpida de forma un tanto peculiar…
-¡Ja, ja! ¡¿Qué andáis haciendo, panda de vagos?! ¡Fregad con más brío! ¡Quiero ver mi hermosa cara reflejada en la madera! –clamó la princesa Zelda vestida con ropajes muy diferentes a los habituales, además de portar un puñal en una mano y un libro en la otra, que parecía estar leyendo.
-¡Ten más cuidado, niña! ¡Acabar de derramar toda el agua del cubo! –se quejó un grumete que estaba fregando la cubierta.
Llevaba puesto un atuendo marinero que constaba de camiseta, un chaleco azul sin mangas, pantalones de estilo pirata blancos y unas sandalias oscuras. Además, llevaba al cuello un pañuelo rojo y una cinta de igual color a modo de cinturón, más unas vendas que adornaban sus muñecas. Y como detalle, su había hecho una coleta alta intentando imitar un rizo, normalmente llevaba suelto su cabello.
-¡Moveros, inútiles! ¡Decídeme cuándo veremos tierra! ¡Debemos estar próximos a nuestro destino! ¡Tú, el de arriba! ¡Infórmame de las novedades ocurridas desde que regresé a mi camarote! –le gritó al nombrado, que se encontraba vigilando el horizonte desde su posición, mientras se alongaba por la barandas de la embarcación.
-Zelda…-su padre no entendía nada- ¿Qué estás haciendo?
-Vaya, vaya…-se acercó a él con descaro- Parece que tenemos un polizón en la nave… ¡Y es nada menos que el mandamás de Hyrule! ¿Qué haces por aquí, pez gordo? ¿Cómo se le ocurre a alguien como tú intentar infiltrarse en el barco de los piratas de Tetra? ¡Pagarás muy caro tu error! –le amenazó acercando el puñal.
-Sabes que no me gusta que estés jugando con armas…-le habló mientras le quitaba aquello con un solo movimiento- ¿De dónde has sacado esto?
-¡Ey, sabandija! ¡Devuélveme eso! ¡En cuanto recupere mi puñal te sacaré las tripas! –intentó saltar para cogerlo, pero su padre le supera ampliamente en altura y su brazo estirado se lo dificultaba aún más.
-¡¿Qué clase de lenguaje es ese, Zelda?! –no le hacía ninguna gracia- ¿Qué clase de libro es ese que estás leyendo? –se lo quitó también- No me gusta que andes leyendo todo aquello que acabe en tus manos, hay ciertos libros que una niña como tú no debería leer.
-¡Papá! ¡Venga ya! ¡Sólo estaba jugando! –se quejó tratando de recuperar sus cosas- ¡Y no es nada malo! ¡Son "Las aventuras de la capitana Tetra"! ¡Y devuélvemelo ya, que me quedan muchas páginas que leer!
-¿Ese libro? No sé, trata de piratas y su lenguaje no es el más apropiado para que lo anden leyendo niños como tú. Quizás te lo devuelva más tarde, por ahora quiero que estés tranquila en tu camarote.
-¡Estás muy equivocado, gordito! ¡Tú a mí no me mandas! ¡Serás un rey, pero en este barco pierdes toda tu autoridad! ¡Sólo el capitán puede dar órdenes aquí! ¡Y esta pirata jamás le será leal a un aristócrata como tú! –se defendió empujándolo con todas sus fuerzas, con la esperanza de que le diera finalmente sus cosas.
-¿Una pirata? ¿No ibas a convertirte en una reina? –bromeó su padre, haciendo inútiles sus esfuerzos.
-¿Y qué problema hay? ¡Seré la reina de los piratas! ¡Las dos cosas en una! ¡Yo uso la cabeza, papá! ¡No como tú! –continuó resistiéndose- ¡Es mi segundo sueño de la infancia! ¡Y mientras esté en este barco llámame Tetra! ¡Yo ya no soy tu hija, barrigón!
-Lo que tú digas…-no le dio importancia- ¿Y ahora me dirás de dónde sacaste estas cosas, Zelda?
-¡¿De quién narices me hablas, bellaco?! ¡Yo no conozco a ninguna Zelda! ¡Y aunque la conociera jamás te diría nada! –se negó a contestarle, estaba muy metida en su papel.
-¡Vale, está bien! ¡Dime cómo conseguiste esas prendas y el puñal, pirata! –estaba harto, pero tendría que seguirle su juego.
-¡Buena pregunta, reyezuelo! Pues da la casualidad de que me las encontré entre las posesiones de uno de estos marineros de agua dulce, probablemente sea de su hija o algo así, aunque eso no me importa. Y como diríamos los piratas, lo "tomé prestado" y me he dado cuenta de que me sienta estupendamente. ¡Me he hecho con un botín bastante interesante en esta ocasión! ¡Ja, ja, ja!
-¡Zelda! ¡¿Cómo se te ocurre rebuscar entre las posesiones de los hombres que están a nuestro servicio?! ¡Vete a tu habitación a cambiarte y quédate allí hasta que vaya a regañarte por lo que has hecho! –le ordenó furioso, aquello había sobrepasado su paciencia.
-¡Qué tú no me das órdenes! ¡Aquí quien manda es otro! ¡Y Tetra sólo hará caso a otro marinero de su mismo rango! –se reveló contra su padre, estaba llevando las cosas demasiado lejos.
-¡Ya basta, niña! –intervino Linebeck, cansado de juegos infantiles- Haz caso a tu padre y vete a tu camarote. ¡O mejor! ¡Por haberle faltado al respeto a nuestro rey, te condeno a la pasarela!
Esa última frase la había dicho con intención de mofarse de ella, pero jamás esperó aquella reacción por parte de ella. Deprimida, desapareció haciendo creer a todos que había vuelto a sus aposentos. Sin embargo, minutos más tarde apareció con un largo y pesado tablón de madera entre los brazos colocándolo en el lugar apropiado para que este se mantuviera en equilibrio.
-¿Zelda? ¿En qué estás pensando? –le preguntó su padre muy preocupado, a saber que loca idea se estaría pasando por la mente de su hija.
-¡Jamás podrán decir que Tetra no era una pirata de palabra! ¡Cumpliré lo señalado por el capitán de este navío a morir en las aguas! ¡Pero algún día pagaréis esta injusticia que hoy se ha cometido en mí! ¡Y os maldeciré a todos cuando haya entrado en el infierno, malditos! –soltó su discurso mientras se subía al tablón, horrorizando a todos los presentes.
-¡Espera, hija! ¡No lo…! –pero fue demasiado tarde, cayó al agua a causa de su propio peso.
Todos se dirigieron allí para tratar de verla, pero lo único que vieron fue a una sombra que instantes más tarde apareció sobre la cubierta, con la joven princesa en los brazos. Era Pamila, la había salvado de caer al mar y morir ahogada, al ella no saber nadar.
-¡¿Se puede saber qué está pasando aquí!? –exclamó Auru que hasta hacía sólo unos momentos volvía al exterior del barco acompañado de la mujer.
-Muchísimas gracias, Pamila. Has llegado en el momento justo…-le agradeció el rey, enormemente aliviado de ver a su hija a salvo, rodeado por los marineros.
-No ha de dármelas, es mi deber proteger a la futura heredera del reino.-habló mientras la dejaba en el suelo, algo desconcertada- Si hubiera llegado sólo un segundo después, se hubiera acabado hundiendo en las profundidades del océano.
-¡¿Se puede saber qué estabas haciendo?! –le gritó histérico Auru- ¡Podrías haber muerto, niña estúpida! ¡¿Y a qué viene ese aspecto tan vulgar?! ¡Deberías madurar de una vez y dejar atrás esos malditos juegos infantiles tuyos! ¡No tienes remedio, jovencita!
-¡¿Y qué iba a hacer?! ¡El capitán Linebeck me ordenó que lo hiciera por haberle faltado el respeto a mi padre! ¡Y él es quien gobierna este barco! ¡No podía desobedecerlo! –se excusó ella, siendo abrazada por su padre, a quien casi le da un infarto.
-Eh… ¿Su hija es siempre así? –Linebeck no entendía nada y mucho menos se sentía culpable por lo sucedido.
-Déjelo, eso ya no importa…-suspiró el rey Daltus, sería un viaje muy largo si su hija tenía ahora una doble personalidad."
XOXOXOXOXOXOXO
-Ya, bueno…-no le gustaba recordarlo- Reconozco que me metí demasiado en mi papel y todavía sigo siendo una buena actriz…-no pareció decirlo con buen ánimo- Menos mal que esos tiempos ya pasaron, pero me da vergüenza recordar todas las cosas que hice durante mi niñez.
-¡Ja! ¡Tampoco os sintáis ofendida! Admito que fue un viaje interesante, con usted siempre ocurría algo… ¡Y la moral de la tripulación nunca decayó! –reconoció el capitán.
-¡Maldita sea! ¡Esta es la segunda vez que tengo que fregar el suelo por culpa de ese niñito endeble! –maldijo un marinero que pasaba la fregona cerca de allí.
A la princesa y al capitán les llamó la atención ese comentario, acercándose al hombre cuyo humor no estaba en su mejor momento.
-¿De quién habla, señor? ¿Ha habido algún problema? –le preguntó educadamente la princesa.
-¡De ese de ahí! –le indicó señalando a Link- ¡Ya ha vomitado dos veces en lo que llevamos de trayecto! ¡Menudo inútil! ¡Si apenas se mueve este maldito trasto!
Zelda se acercó preocupada a Link, que se apoyaba sobre la barandilla sintiéndose enormemente mal. Ella tuvo que mirar hacia otro lado cuando volvió a vomitar, sintiéndose todavía peor.
-Definitivamente…-murmuró desganado, su cara hacía juego con sus ropajes- ¡Odio el océano! ¡Esto no para de moverse!
-No sabía que eras tan sensible a marearte, Link. Podrías habérmelo dicho y así…
-¡¿Y qué iba a saber yo?! –se lamentó mareado, tratando de reincorporarse correctamente- Es la primera vez que viajo en barco y no me está gustando nada.
Después de eso, caminó unos pasos y se apoyó en ella, avergonzándola enormemente debido a la posición tan comprometida en la que estaban.
-Por favor…-era casi una súplica- Dime que conoces algún remedio contra el mareo…
-¡Link! –le llamó por lo bajo, nerviosa, notando las miradas de algunos tripulantes sobre ellos- ¿No crees que no es el mejor momento para esas confianzas?
Link reaccionó débilmente a sus palabras, separándose de ella bastante incómodo y completamente avergonzado consigo mismo. La princesa pudo notar eso en su actitud, pero únicamente le pidió que esperara y un poco más tarde trajo un vaso con una bebida que le ayudaría a combatir los mareos en cuanto hiciera efecto.
-¡Por fin! ¡No soportaría estar más así! –se lo arrebató, estaba desesperado, pero luego tuvo que escupir el primer trago- ¡Puag! ¡Qué sabor más amargo! ¿Estás segura de que no devolveré esto?
-No te quejes tanto, bébetelo y verás como mejoras en una media hora. Y procura aguantar hasta que se cumpla ese plazo, porque no habrá servido de nada si lo acabas echando.
Durante un momento, ella se quedó mirando con nostalgia el mar, mientras Link la miraba intentando imaginarse lo que estaría pensando.
-¿Habrás oído hablar del Archipiélago del Gran Rey, verdad? ¿Sabes por qué se llama así? –le preguntó de repente, sin dejar de observar el mar.
-Pues no, sólo sé que es un territorio marítimo que pertenece al reino, la segunda de sus dos colonias ultramarinas.-le respondió como mejor puedo, bebiéndose ese brebaje que le había traído.
-Muchas leyendas se fraguan sobre el origen de ese archipiélago, conformado por nada menos que ochenta y una tierras emergidas. La gran mayoría no son más que islotes y muchos se encuentran muy juntos unos de otros, lo que hace posible incluso la construcción de puentes entre algunas de las islas. Otras, se encuentran algo más alejadas, pero no suelen estar habitadas o se usan con fines militares. La historia de ese territorio y la Isla Koholint parecen ir muy arraigadas, pues su origen aún es un misterio, sólo se poseen testimonios de marineros y gente de la época.
-¿Y cuáles son las leyendas? ¡Vamos! ¡No me dejes con la duda ahora! –le pidió al ver que se hacía la interesante e intentaba atraer su atención.
XOXOXOXOXOXOXO
"Primero te contaré la historia del archipiélago, seguro que te resultará interesante…
Hace varios siglos, una flota de navíos hyrulianos navegaba rumbo a la isla Koholint, con la intención de estrechar lazos económicos y políticos con sus gentes. En una de las naves iba el rey hyruliano de la época, el gran Daphnes Nohansen I, quien comandaba la expedición.
La mar estaba en calma, todos ellos aseguraban que sería un viaje relajado…
Pero de pronto, es cielo se oscureció de repente, como si la noche hubiera caído en ese instante. Confundidos, aquellos marineros jamás esperaron que aquello cambiara sus vidas y nuestro mundo para siempre…
A lo lejos, a muchas leguas de distancia, pudieron ver como se formaba un gigantesco remolino de proporciones inimaginables, parecía como si el océano estuviera siendo tragado por los mismísimos fondos abisales. Y a pesar de la enorme distancia a la que estaban del centro de todo eso, pudieron ver con detalle como una inmensa esfera salía del centro del torbellino.
Nadie puede asegurar exactamente qué es lo que vieron, pero increíblemente muchos de ellos coincidieron en sus declaraciones sobre que habían visto un enorme castillo y diversas tierras a su alrededor, como si fuera un mundo aislado que emergía de las aguas. Cuando esta se alzó en el cielo, brilló tan intensamente que los hizo retroceder, incapaces de soportar tanta luz. Lo más curioso, es que los propios habitantes de la isla Koholint, afirmaron haber visto la misma luz y con igual intensidad, conociendo de la enorme distancia que los separaba del lugar donde ocurrió. Cuando cesó ese resplandor, las aguas se enfurecieron y enormes olas sacudieron a los barcos. Según los testimonios, sólo duró una hora, para luego cubrirse todo por una misteriosa neblina.
Lo que ellos no sabían, era que esas olas también se dirigieron a la isla Koholint, aumentando su fuerza y altura hasta límites aterradores. Los nativos tenían un nombre para ese suceso: tsunami. Olas gigantescas que arrasaban con todo al llegar a la costa, cuando su verdadero poder se hacía vigente. También llegaron resquicios de aquello a Sakado, que provocó cuantiosos daños y la pérdida de numerosas vidas, pero esas olas fueron mucho menos letales que las que se aproximaron a la aquella isla. Algo así la hubiera destruido por completo, arrastrándola hasta el fondo del océano. Y sin embargo, un milagro les ocurrió ese día a los habitantes de la isla…
Las leyendas cuenta que la deidad que protegía la isla, un ser parecido a una ballena, al que adoraban con el nombre de Pez del Viento, apareció y cubrió a la isla con un poderoso campo de energía, impidiendo que las olas lo devastaran todo a su paso.
Y volviendo con la flota hyruliana, allí decidieron a riesgo de sus propias vidas, adentrarse entre la espesa niebla e investigar lo sucedido. Algún tiempo después de eso, el cielo comenzó a despejarse y la niebla también desapareció, los cálidos rayos del sol se colaron para iluminar aquella maravilla que pronto verían. Y ante ellos, un grupo de islas que hasta ese momento no aparecían en los mapas ni en los océanos apareció de la nada. Aquel era un territorio virgen y repleto de diversas geografías diferentes entre ellas, parecía un paraíso en la tierra.
Nadie sabe por qué, pero para el rey Daphnes Nohansen I, le supuso convertirse en leyenda al conquistar nuevo y misterioso territorio, al que le dieron el nombre de Archipiélago del Gran Rey. No fue únicamente por él, sino porque ese archipiélago apareció en el lugar en el que chocaban dos corrientes marinas que delimitaban dos océanos de características diferentes: el Gran Mar y el Océano Rey, nombrado así por otro mandatario, esta vez de isla Koholint, que fue el primer rey conocido de la isla. Eso hacía que sus aguas fueran ricas en recursos pesqueros y proporcionaran a la mayoría de las islas un clima privilegiado, garantizando la prosperidad de esa nueva colonia.
Y como curiosidad, aquel día vieron una enorme ballena blanca emerger del agua para mostrar su majestuosidad y nuevamente volver a sumergirse en lo más profundo de los mares…
Algunos dicen que podría ser la misma deidad de la isla Koholint, pero las descripciones que los marineros hyrulianos dieron a los habitantes del lugar, no coincidían del todo con su espíritu protector. A lo mejor, se trataba de una nueva deidad que protegería las nuevas islas para siempre."
XOXOX
"Y ahora, te contaré la leyenda de la isla Koholint, tan sólo dos o tres siglos antes…
Sucedió de forma parecida al archipiélago del Gran Rey, pero todo fue más rápido y misterioso. De nuevo, fueron unos marineros hyrulianos, cuyo barco sufrido severos daños días atrás causados por una fuerte tormenta, por lo que habían estado navegando sin rumbo y no les quedaban demasiadas esperanzas de sobrevivir.
Pero de repente, todo comenzó a brillar alrededor de ellos, impidiéndoles ver absolutamente nada de lo que estaba pasando. Cuando recuperaron la visión, no pudieron creerse lo que vieron…
Una enorme isla salida de la nada estaba frente a ellos, les pareció en ese momento que era sólo un espejismo. Pero al llegar a sus costas, confirmaron que era cierto y pudieron salvarse de morir en ese vasto océano.
Lo que más le sorprendió, fue que cuando exploraron más a fondo la isla, cubierta por una frondosa vegetación tropical y un elevado monte que se erigía sobre ella, encontraron aldeas y una ciudad, con su castillo gobernándola cerca. Esa isla estaba habitada y ninguno de sus habitantes supo lo que les había ocurrido, tan sólo se habían quedado inconscientes. Ellos les hablaron de cosas y lugares que para el resto no existían, como si vinieran de un mundo paralelo.
Fue entonces, cuando el joven rey Richard I, defendió y reclamó oficialmente para todas las naciones su territorio nativo, fundando un nuevo reino.
Con el paso de los años, ese extraño suceso quedó como una leyenda incluso para los nativos de la isla.
Pero hasta, nadie ha sido capaz de explicar con claridad cómo aparecieron esos lugares en medio del océano, intactos e incluso con población en el caso de la isla Koholint, como si hubieran venido de dimensiones alternas por arte de magia…"
XOXOXOXOXOXOXO
-¿Sabes lo más extraño de todo esto? –le preguntó una vez acabó de relatar esas historias- Los científicos establecen que las islas se pueden formar por diversos motivos, ya fuera por actividad volcánica u otras razones. Sin embargo, para que fuesen habitables y poseyeran tal variedad biológica y geológica, deberían haber pasado miles de años. Y en estos casos, no fue así, aparecieron sin más. Y lo que más desconcierta a los geólogos, es que la composición de las rocas y sustratos que se encuentran en las diferentes islas, coinciden totalmente con las muestras sacadas en diversos lugares de las provincias de Hyrule, como si esas hubieran sido sustraídas allí, lo cual no tiene sentido. Por ejemplo, se han encontrado rocas que sólo se encuentran en la Montaña de la Muerte, cerca de una de esas islas… ¿No te parece sospechoso? ¿Cuántos misterios esconderán esas islas? ¡Me emociona saber que aún nos queda tanto por saber!
-¡Sí, a mí me cuesta creerlo! ¡¿No es extraño?! –exclamó afirmado lo que decía- "Todo lo que me ha dicho coincide con lo que me reveló el espíritu del Héroe del Tiempo aquella noche, lo que significa que esos lugares fueron a acabar a este mundo. ¿Qué razón habría pasar que sucediera?"
Mientras pensaba en aquello, oyó un profundo suspiro proveniente de ella y la vio cómo miraba nuevamente al mar, estaba mucho más triste que antes.
-Mi padre siempre me decía me llevaría a conocer ese archipiélago, donde él y mi madre pasaron la mayor parte de su luna de miel por decisión propia. Fue durante el viaje obligado que tuvieron que hacer tras ser coronados reyes, en el que debían visitar todas las provincias del reino para presentarse como los nuevos soberanos del reino.-habló para sí misma, decaída, no parecía estar hablando con Link- Me prometió que algún día lo haría, pero finalmente no pudo ser así…
El joven se sintió fatal al oírle decir eso y peor se sintió cuando la vio marcharse lentamente del lugar, seguramente preferiría irse a su camarote antes que perderse entre sus recuerdos. Pero de pronto, algo acabó llamando la atención de los dos. Unas criaturas acuáticas que saltaban entre las olas, emitiendo sonidos extraños, miraban con curiosidad al barco y a sus pasajeros.
-Son delfines dorados, les gusta acercarse a las embarcaciones y jugar cerca de ellas. Les atraen mucho los sonidos, por lo que hubiera sido muy oportuno haber traído un silbato o algo similar. ¡Hacen toda clase de acrobacias según la tonalidad que escuchan! –explicó la princesa mirando a los animales, animándose un poco.
-"¡Ey! ¡¿Vais a hacer algo?! ¡Estamos esperando a que os decidáis!"-habló mediante chasquidos uno de los delfines.
-"Aunque también os agradeceríamos que nos dierais algo que llevarnos a la boca… ¡¿No tenéis alguna sardina por ahí?!"-preguntó otro, más interesado en la comida.
-Zelda…-le habló Link mirándolos- Creo que esos peces quieren que hagamos algo, se están impacientando y parecen estar aburriéndose.
En ese momento, notó como ella se aguantaba la risa, cosa que lo confundió bastante pero a la vez lo alegró, luego ella se lo explicó todo.
-Los delfines no son peces, al igual que otros cetáceos, como las ballenas, esas que tanto nombré en mis relatos. Y quizás tengamos la suerte de ver una también, pero será más complicado. Todos ellos pertenecen al orden de los mamíferos, al igual que nosotros, los hylianos. Paren a sus crías, no producen huevos.
-¡Oh, interesante! –los miró más detenidamente- Pues no lo parecen, pero me parecía extraño que fueran tan inteligentes para llegar a entenderlos.
-"¡Un respeto! ¡¿Quién se ha creído que es ese hombrecillo verde?!"-chilló estridentemente uno de ellos, haciendo notar su enfado.
Los delfines se estaban empezando a cansar de esperar a que ellos quisieran interactuar con ellos, pero a simple vista parecía que no había mucho que hacer.
-Será mejor que volvamos a dentro, tú debes descansar. Y tampoco hay que darles falsas esperanzas a estos animales, es mejor que sigan su camino si no podemos entretenerlos con algo que les guste.-habló Zelda mientras caminaba hacia la entrada a los camarotes, volviendo la decepción a ella.
-¡Espera! ¡Se me ha ocurrido una cosa! –trató de llamar su atención y lo consiguió- Esto lo hacía durante mi aventura, cuando era un lobo para así imitar ciertos sonidos…
Colocándose las manos para que amplificaran el sonido, comenzó a aullar emitiendo melodías al bajar y subir de tono. Eso a los delfines les encantó, haciendo piruetas y saltos acompañando a los aullidos, mostrándose enteramente felices. Ella se mantenía expectante, sintiendo una mezcla de asombro y diversión por aquello. Los marineros y también un pequeño grupo de soldados que había subido a bordo para proteger a la princesa, se quedaron observando el espectáculo, pero ellos parecían estar esperando a que acabara para dar su veredicto. Y una vez lo hizo, sus voces se hicieron presentes…
-¡Aaauuu! ¡Qué bueno! ¡Ja, ja, ja! –comentó uno, riéndose como el resto- ¡Él si es un verdadero lobo de mar! ¡¿Lo pilláis, muchachos?!
-¡Sí! ¡Aaauuu! –siguieron burlándose- ¡Deberíamos seguir si ejemplo! ¡Esta noche le cantaremos a la luna con nuestras voces! ¡Al cuerno con los instrumentos musicales! ¡Él será nuestro solista particular!
-¡Qué suerte! ¡Ya sé a quién darle los huesos que siempre sobran en mi cocina! ¡Aaauuu! ¡Ja, ja, ja! –añadió también el cocinero del barco, que también se había unido a la fiesta.
Las burlas continuaron, haciendo que Link se sintiera muy mal. La princesa Zelda lo miraba desconsolada, pero no podía hacer nada por él, por mucho que les exigiera a esos hombres que pararan.
-"¡Venga! ¡Hazlo otra vez! ¡No habíamos escuchado algo así desde que una vez nos acercamos demasiado a la costa! ¿Alguien sabe cómo se llamaban esos bichos?" -dijo uno de los cetáceos, bastante animado tras la demostración de Link.
-"Creo que eran lobos, les encanta aullar por las noches… ¡Y quizás es sea un híbrido! ¡O los imita muy bien! ¡Es muy gracioso!" –para el colmo, los delfines también se reían de él, a pesar de que les había hecho pasar un buen rato.
Link no pudo tolerarlo más, regresando al interior del navío con la intención de encerrarse en su cabina. Agradecía haber tenido la suerte haberse apropiado de uno de los pocos compartimentos privados del barco, porque si no le hubiera tocado compartir lecho esa noche con los demás hombres.
Zelda no pudo hacer más que observarlo, sintiéndose culpable en parte por lo ocurrido…
XOXOXOXOXOXOXO
Se había hecho de noche desde hacía bastante, la mayoría de los marineros y los soldados ahora estaban disfrutando tras una larga jornada, comiendo y bebiendo sin parar. Mientras, la princesa Zelda se dirigía al camarote de Link llevando una pequeña bandeja con comida. No había salido de allí desde aquello, por lo que no había comido nada. Ya frente a la puerta, la golpeó con delicadeza, esperando que no se encontrara dormido. Sin embargo, se encontró con un panorama completamente diferente…
-¡¿Otra vez vosotros?! ¡¿Queréis dejarme en paz de una maldita vez?! –gritó furioso, asustándola- ¡¿Volvéis otra vez con el vacilón de que el perro tiene cuarto propio?! ¡¿Os jode que vosotros tengáis que dormir todos juntos sobre unas redes?! ¡Cómo volváis a tocar otra vez mientras esté durmiendo, os arrancaré la cabeza! ¡Imbéciles!
Ella volvió a tocar, esta vez con algo de miedo, pero lo único que logró es oír sus pasos que se dirigían a la puerta con paso firme y molesto. Y de golpe, abrió la puerta, golpeándola y haciendo que se cayera todo lo que llevaba en la bandeja.
-¡¿Qué os acabo de decir?! ¡¿Queréis verme verdaderamente enfa…?! –en ese instante, notó su presencia- ¡Zelda! ¿Pero qué haces a…? –vio todo eso por el suelo- ¿Eso era para mí?
No fue capaz de mirarla a los ojos, volviendo a entrar y sentando en la cama, echándose las manos a la cara, humillado. Ella entró también y cerró la puerta tras de sí, sentándose junto a él.
-¿Llevan todo el día molestándote, verdad? –le preguntó tranquila, esperando una respuesta.
-Bueno…-no iba a admitirlo- Tampoco es para tanto, sólo que llega un punto en el que acaban tocándote las narices. Y perdón por lo de antes, estaban tan furioso que no fui capaz de darme cuenta de tu olor…
-¿Olor? ¡Ah, cierto! Es una de tus…-no pudo continuar, al parecer le dolió que se sorprendiera tanto.
-Seguramente debes sentir vergüenza ajena, tener como acompañante a un loco que aún conserva ciertos resquicios de su faceta animal…-habló avergonzado de sí mismo.
-No digas eso, no es así. Tú no tienes la culpa de lo que te sucede y lo de este mediodía fue únicamente para entretener a esos animales y también para animarme.-le respondió seriamente- Y he de admitir…que fue bastante curioso, pero no de la manera en la que estás pensando.
Link se quedó en silencio, no parecía que fuera a contestarle. La tensión aumentó considerablemente durante unos momentos, hasta que Zelda trató de romper ese silencio con una pregunta que no ayudó mucho.
-¿Por qué insististe tanto en venir? No lo entiendo, ya no estás a mi servicio y podrías haberte quedado con tu abuelo para estrechar lazos. Y tu llegada fue bastante brusca, por muy poco no hubieras logrado subir al barco. Y me dijiste que querías que aclaráramos la conversación que tuvimos anoche, creo que es el momento de que expliques tus motivos.
-¿Y qué más da? Quería hacerlo, ya tendré tiempo para familiarizarme con mi nueva vida de burgués…-seguía aguantando, ella no se mostraba demasiado contenta con eso.
-Pero sigues sin darme una respuesta… ¿Por qué? –ella estaba muy interesada en lo que tendría que decirle, era incapaz de entenderle.
-¿Es que acaso te molesta que esté aquí? ¿Debería haberme quedado en tierra? –le preguntó serio- Piensas… ¿Que no soy digno de acompañarte?
-¿Cómo? ¿A qué viene eso? Yo no he dicho nada, tan sólo quiero saber los motivos de tu insistencia para acompañarme en este viaje.-ella se desentendía, no comprendía lo que le estaba pasando.
-No hace falta que me mientas, me lo dejaste bien claro la noche anterior, cuando me dijiste que no estaba a tu altura…-recordó decepcionado- Y ese Facade me lo dejó bastante claro también…
-¿Facade? ¿Qué ocurrió entre vosotros? ¿Acaso fue después de que te fueras de mi habitación? –le preguntó preocupada, conocía a ese príncipe y su obsesión con ella.
Link se arrepintió de haber revelado esa información, pero únicamente negó los hechos.
-No importa, olvídalo. Al fin y al cabo, está hecho. Y si te molesta mi presencia, te sugiero que no nos veamos demasiado durante este viaje, será lo mejor.
-¡¿Pero de qué me estás hablado?! –estaba harta de sus lamentaciones- ¡¿Quieres dejarte de victimismos y responderme de una vez a lo que te pregunté?! ¡Y además yo no quería decir eso cuando tuvimos esa conversación! ¡Sólo quería evitar que cambiaras!
-¿Cambiar? ¿El qué? –estaba sorprendido, ahora se cuestionaba lo que había estado creyendo.
-Si te dije todo aquello, fue para protegerte…-le confesó con sinceridad- Quería que estuvieras enfadado conmigo para evitar que cometieras una locura y aceptarás tu nueva identidad a la fuerza. Además…tenía miedo. No sabía cómo reaccionarías al conocer que disponías de tanta influencia y dinero, debido a que todo eso corrompería a cualquiera. Pero me equivoqué, lo único que conseguí fue ofenderte y te pido perdón por ello.
-Entonces… ¿Sólo era por eso? ¿No piensas que por no pertenecer a la nobleza sea inferior e indigno? –le preguntó esperanzado.
-¡Por supuesto que no! –pareció molesta por ello- ¿De verdad lo creías? ¡Para mí vales más que alguno de esos aristócratas egocéntricos y despreciables! ¡La condición de una persona no debería ir en función a su rango o posesiones! ¡Eso es algo que detesto mucho de esta sociedad!
-Oh…gracias.-sentía una infinita felicidad y algo de vergüenza- Perdóname por haber pensado mal, quizás debería habérmelo meditado mejor antes.
-No, la culpa es mía, porque mi intención era esa. Siempre acabo haciéndote daño, pero es la única forma que conozco para hacerte entrar en razón…-reconoció triste- ¿Vas a contarme ahora, por qué a pesar de lo que te hice, viniste al puerto para seguirme en mi viaje?
-Yo, es que…-no podía decírselo así- ¿No te das cuenta de que no quiero quedarme con ese hombre?
-¡¿Pero por qué?! ¡Pensé que te sentías a gusto con el honorable alcalde Smith! ¿Qué ha cambiado, Link? –estaba impactada por la noticia, no entendía cómo de la noche a la mañana había cambiado su opinión acerca de su familia biológica.
-No es exactamente así, me cae bien Smith y no me importaría vivir con él.-le explicó tranquilizándola- Pero mi vida no está en Sakado, prefiero regresar a las provincias y estar más cerca de los míos. No puedes pretender que cambié mi vida sólo porque ahora conozca mis orígenes. Si él está de acuerdo, regresaré a Hyrule para seguir como estaba hasta ahora. Y si me lo permites…me gustaría seguir viviendo en el castillo.
-Link…-estaba cansada de repetírselo- Quizás regreses a la ciudadela, pero no dejaré que vuelvas a estar a mi servicio ni vivirás en ese castillo. Sabes por qué lo hago y me molesta que te niegues a aceptar esa realidad.
-¿Por qué te cuesta tanto entender que quiera seguir a tu lado? –le preguntó decepcionado, dejando estupefacta a ella- ¿Por qué no dices nada? ¿Te sorprende que por fin haya respondido a tu pregunta?
-Pe-pero… ¡No lo entiendo! ¡¿Por qué?! –estaba desconcertada, quizás hubiera sido mejor que no se lo hubiera dicho- ¿Después de todo lo que has pasado por mi culpa? ¡Tienes gente que se preocupa por ti ahí fuera! ¡¿Qué razones tienes para querer seguir así?! ¡Serías más feliz y libre si dejaras el castillo! ¡Ahora sabes que no pasarás necesidad pues tu abuelo se ocupará de ello! ¡Veo ilógico que quieras seguir conmigo!
-Ya lo sé, me lo han dicho y repetido muchas personas aparte de ti…-reconoció serio- Pero me da igual, sé lo que quiero y no podrán hacerme cambiar de opinión. La única persona que podría hacerlo…-le agarró una mano- Eres tú.
-¿Y-yo? ¿Por qué yo? ¿Qué tratas de decirme? –estaba aterrada, seguía negándose a lo evidente, era incapaz de reaccionar.
-Llevo un tiempo preguntándome algo…-se acercó a ella, mirándola a los ojos, tomando definitivamente el valor para confesárselo- Y me gustaría que me respondieras a ello. Todo lo que he hecho y me ha ocurrido ha sido por ti, pero no fue sólo por mi deber y lealtad hacia tu persona por ser mi soberana. Hay algo mucho más profundo tras mis actos…
Link se acercó más a ella, casi acorralándola y poniéndola aún más nerviosa. Al parecer, estaba dispuesto a decírselo como fuera.
-Zelda…yo…
Pero en ese momento, esa declaración fue interrumpida drásticamente por una brutal sacudida del barco, que acabó por dejarlos por el suelo.
-¡¿Qué ha sido eso?! –exclamó debido a la impresión causada por el golpe.
-Eso ha sonado como una explosión…-ella se temía lo peor- ¡Nos están atacando! ¡Tenemos que salir a fuera cuanto antes!
Link no tardó en coger sus armas y acompañarla, además de que ella también hizo una parada en su cuarto para hacerse con su propia espada. Precisamente, fue cuando notaron una segunda sacudida.
-¡Otra más! ¡Vienen de arriba! ¡Están destruyendo los mástiles para impedir que nos movamos! ¡Es muy peligroso que nos quedemos aquí! ¡Quizás se les ocurra volar las bodegas y los camarotes! –a ella se la notaba enormemente alterada, a nadie se le pasó por la cabeza que pudiera ocurrir aquello.
Subieron a la cubierto y vieron lo que estaba pasando… ¡Eran piratas! Y no cualquier banda de malhechores, les había tocado la desgracia de toparse con una de las tripulaciones más sanguinarias de esos mares, reconocidos por la típica bandera negra y una calavera de color rojo sangre. Los conocían por "Los Diablos de Koridai", procedentes de esa nación. Eran conocidos por saquear navíos y asesinar a todos sus integrantes, jamás hacían rehenes. Ahora ellos atacaban su barco. Lo que parecía increíble es que jamás habían sido vistos en esa ruta y además nadie se había dado cuenta de su llegada, que a pesar de ser de noche los vigilantes deberían haberlos vistos acercarse y haber dado tiempo para disparar primero.
Curiosamente, una vez que destruyeron las velas y los mecanismos de navegación, dejaron de atacarlos con sus cañones y abordaron el barco. Los soldados y marineros se hicieron a las armas, se defenderían a muerte pues no les quedaba otra opción. Las espadas de aquellos hombres chocaron numerosas veces, a la vez que las flechas volaban de una embarcación a otra. Los piratas eran muy certeros con estas últimas, disparando a los torsos de los arqueros y demás combatientes. No hubo piedad ni siquiera para los que trataron de huir y esconderse, pues los sables de esos asesinos acabaron arrebatándoles sus vidas. Lo más lamentable de esa batalla es que aún superándolos en número, aunque no por mucho, ellos habían usado el factor sorpresa a su favor, unido a una elaborada y maliciosa estrategia.
Link luchaba con todas sus fuerzas para proteger la vida de Zelda y la suya propia, al verse incapaz de ayudar al resto, debido a su persistente debilidad debido a las heridas que le hicieron por las peleas clandestinas y a la desventaja en la que se encontraban. Y por alguna extraña razón, los piratas se centraron más en acabar con los marineros que pelear contra ellos dos, parecía como si únicamente estuvieran cercándolos. Tras un rato, entre ellos dos habían logrado derrotar a algunos de sus enemigos, pero no era nada comparado con las bajas que había sufrido su bando. Pronto se dieron cuenta de que se habían quedado solos, en medio de extensos charcos de sangre procedente del resto de la tripulación, ahora los piratas los habían rodeado por completo.
-Je, je…ya sólo queda uno de ellos, capitán Gonzo… ¿Qué hacemos con él? –preguntó un individuo de baja estatura y cara de aspecto bobalicón, vestido con una camiseta a rayas y una pañoleta azul en atada a la cabeza.
-Niko, no vinimos aquí para acumular despojos en la bodega…-habló un hombre alto y robusto, que cubría su calvicie con una pañuelo rojo bajo- ¡Nudge, sujétalo!
Un hombre también de aspecto fortachón desarmó a Link de un brutal golpe en la cabeza y después lo sujetó firmemente, a pesar de la enorme resistencia que oponía el joven, mientras otro sujetaba a Zelda. Cuando afianzó su agarre, lo colocó de rodillas y esperó a que su jefe desenvainara su espada, colocándola sobre su cuello, con la intención de decapitarlo.
-¡Nooo! ¡Espera, por favor! –le suplicó Zelda en un grito desgarrador, viendo como levantaba su sable para sentenciarlo- ¡Podréis ganar mucho más si lo dejáis con vida!
Ese hombre llamado Gonzo detuvo su acción en el acto, acercándose con un extraño interés a ella.
-¿Cómo sabes que pretendíamos hacerte nuestra rehén, señorita? –le preguntó bastante intrigado.
-He oído hablar de vuestra banda y sé que nunca deja supervivientes, sólo os interesa robar y no tener que complicaros con negociaciones en lo referente a las posibles víctimas de las que os podríais apropiar. No habéis intentado dañar en exceso el barco, tampoco atacarnos con todas vuestras fuerzas. Lo que significa que estabais limpiando el terreno para luego capturarme… ¿Acaso me equivoco? ¿Debo pensar que en verdad desconocéis mi identidad? –les dijo con una mirada fría, se había dado cuenta de sus intenciones en el momento en el que los rodearon.
-¡Ja! ¡Sois una mujer muy inteligente, princesa de Hyrule! –reconoció satisfecho con su respuesta- ¡La fortuna hizo que a nuestros oídos llegara la noticia de vuestro viaje a la isla Koholint! En circunstancias normales, no nos hubiera interesado ingresar en esta ruta y mucho menos secuestrar a una aristócrata, a pesar de ser piratas nuestra banda sigue ciertos principios. ¡Pero esta vez decidimos hacer una excepción! ¡Queríamos probar algo nuevo! ¿Verdad, muchachos?
Todos sus hombres se rieron, acompañando a su líder. Uno de ellos se acercó a Zelda; un hombre alto, moreno, pelo en pecho y una barba, además hacía unos gestos un tanto inquietantes.
-Y sabiendo que eres la única heredera de tu reino, con el cual nuestro país natal está enemistado, se nos hizo interesante la idea de hacernos contigo. ¡Pero estaré encantado de negociar con los dirigentes de tu reino por tu vida! Puedo ser muy persuasivo… ¿Sabes? –le habló aquel pirata, no le inspiraba ninguna confianza.
-¡Cállate, Senza! ¡Eres demasiado charlatán! –le gritó su capitán- ¿Puedes darnos una razón para que perdone la vida de este muchacho, al que pareces tenerle mucho aprecio?
-Pertenece a la estirpe de los Gallagher… ¿Os suena de algo ese apellido? –les respondió nuevamente manteniendo su semblante helador con ellos.
-¡No fastidies! ¡Es familiar de ese alcalde metomentodo! ¡Ya hemos oído hablar de las últimas reformas defensivas que le ha hecho al puerto de Sakado! ¡Ahora se les va a complicar la cosa a muchos de los que traten saquear esa ciudad! –exclamó con una mezcla de asombro e ironía, dirigiéndose a Link- ¿Entonces ese abuelo pagará por ti una buena suma, no? Aunque también ese sería un motivo más para rebanarte el pescuezo, ese hombre no nos cae demasiado bien a los piratas…-le amenazó acercando de nuevo su espada- Pero haré una nueva excepción sólo por esta vez… deberías agradecerle a tu princesa el que te haya salvado la vida, chaval.
Después de eso, ordenó a algunos sus hombres llevarlos a su barco, dejándoles de momento en la cubierta, y al resto a llevarse todo lo que pudieran del otro. Cargaron todo lo que pudieron, prácticamente no dejaron nada que pudiera utilizarse. Dejaron tirados los cadáveres de sus camaradas caídos allí, aunque apenas serían media docena o menos. La nave pirata se alejó un poco del destartalado barco, cuando entonces varios arqueros dispararon flechas encendidas que al impactar contra la embarcación incendiaron el barco. Link y Zelda vieron desolados cómo todo ardía y acabaría hundiéndose con los cuerpos de aquellos hombres, cuyas familias no volverían a verlos.
No pasaron demasiado tiempo contemplando la desgarradora escena, pues fueron llevados a una especie de bodega y allí los encadenaron con grilletes a una de sus piernas, cuyos garrotes estaban sujetos a las paredes del lugar. En cuanto ellos se marcharon y cerraron la puerta enrejada que los separaba del exterior, no pudieron hacer otra cosa que lamentarse por lo ocurrido, en medio de la terrible oscuridad y de la distancia a la que los habían separado.
-Esto es un desastre…-murmuró Zelda llevándose las manos al rostro- Nos han capturado y toda la tripulación ha muerto bajo las manos de esos asesinos. Esto no podría ir a peor… ¿Qué nos espera ahora?
-Lo sé, ha sido todo tan brusco…-no sabía qué decir, estaba consternado- Y te agradezco haber detenido a ese hombre antes de que me matara, si estoy vivo es gracias a ti.
-No me las des, no iba a permitir que a ti también te asesinaran. De eso es lo único de lo que puedo sentirme bien…-le dijo pensando en el terror que sintió cuando pensó que lo iban a degollar delante de ella, probablemente no hubiera sido capaz de sobrellevarlo.
XOXOXOXOXOXOXO
Al día siguiente, apenas podían percibirlo debido a que sólo entraban algunos esquivos rayos de sol, los dos seguían encadenados como la noche anterior. No parecía que fueran a salir de allí, al menos no muy pronto. Ninguno de los dos había conciliado el sueño, algo normal después de la traumática experiencia que habían y seguían viviendo, era como una pesadilla de la que no podían despertar. La humedad y la falta de higiene del lugar seguramente harían mella en ellos, pero por el momento conservaban sus fuerzas intactas. Las oxidadas cadenas dañaban sus tobillos, era una sensación que al menos Link había vivido durante la invasión del Crepúsculo. Sin embargo, para ella era más molesto, pues el metal tenía contacto directo con su piel, pues llevaba un calzado plano, a diferencia de Link al que le protegía su bota aunque también su agarre era más fuerte por eso mismo.
-No deberías moverte, así sólo te harás daño…-le pidió preocupado Link, al ver que no estaba nada cómoda con eso en su pierna.
-Sé que no debería quejarme tanto, pero es que me duelen demasiado estas cadenas. Con un solo movimiento que haga, me está rozando la piel…-de repente, el sonido de un barril cayéndose y gritos en la cubierta hizo que realizara un mal movimiento, debido al susto- ¡Aaagg! ¡Lo sabía! ¡Apenas me he movido y ya creo que me he hecho algo!
Link la miraba preocupado sin poder acercarse a ella para ayudarla, viendo cómo se sujetaba la pierna soportando aquel dolor. Pero lo que más le alarmó, fue el ligero olor a sangre que provenía de ese lugar y un pequeño hilo sangriento que reveló la pequeña herida abierta.
-Te has hecho un corte con esa cosa oxidada, eso puede ser peligroso…-deseaba que la distancia que los separara fuera un poco menos para alcanzar a auxiliarla.
-No exageres, es sólo una herida superficial. Tan sólo debo preocuparme de mantener inmóvil la pierna para que no vuelva a pasar o se empeore esta herida.-ella hablaba con demasiada tranquilidad para su gusto, quizás porque no estaba acostumbrada a esa clase accidentes.
Poco después, uno de los piratas abrió la puerta y bajó unas pequeñas escaleras para dejarles en el suelo una bandeja con agua y algo de comida.
-¡Aprovechen! ¡El primer día invita la casa! ¡Pero quizás mañana o pasado no tengáis tanta suerte! ¡Y a saber cuánto vais a estar aquí encerrados! ¡Ja, ja ,ja! –se burló de ellos mientras volvía a encerrarlos, dejándolos solos nuevamente.
-Maldición, aquí apenas hay para una ración…-gruño Link al ver lo que les había traído- ¿Cómo esperan que aguantemos con esto? ¿Y además que seamos capaces de ingerir esa bazofia?
-Cómetelo tú, ayer no comiste nada debido a que te recluiste primero en la mansión de tu abuelo por la mañana y luego en el camarote del barco, después de aquello. Y no estás en condiciones de negarte a hacerlo, sigues débil porque a tu cuerpo no le ha dado tiempo de recuperarse de los daños que sufriste en las peleas.-le recordó ella, sabía que él era el más necesitado de alimento.
-No pienso hacerlo, no voy a dejar que tú pases hambre y sed por mi culpa. Si tú no quieres, yo tampoco.-se mantuvo firme en su decisión, no dejaría que se sacrificara por él.
-Eres un estúpido, Link…-le habló mordazmente, sorprendiéndolo- ¿Vas a dejar que esa comida se estropee por una nimiedad como esa? Sé donde están mis límites, puedo aguantar más de lo que crees. No es la primera vez que soy retenida y sufro las consecuencias… ¿Tengo que explicártelo precisamente a ti?
Link no dijo nada más, sus palabras lo dejaron bastante claro. Se estiró lo máximo que pudo para alcanzar la bandeja, ya que estaba en medio de los dos, con cuidado para no derramar nada. Comenzó a comer no sin antes sentirse culpable por ello, además de que lo que había en el plato no era muy apetitoso.
-¿Entonces por eso te encontrabas tan débil cuando Midna y yo te visitamos mientras estabas cautiva en tu propio castillo? –le preguntó recordando aquellos momentos, hasta ese momento no había reparado en eso- ¿Por eso te desvaneciste cuando ayudaste a Midna, debido a que esas eran tus últimas fuerzas?
-Por eso te digo que puedo soportar sin ingerir nada durante un cierto tiempo, no soy tan débil como piensas. Además, en aquel entonces me veía afectada por la influencia del Crepúsculo, lo cual también me debilitaba.
Y mientras ella decía eso, Link se esforzaba por hacerle llegar la bandeja, a pesar de la insistencia de ella.
-Si no comes al menos bebe algo, te he dejado la mitad del agua que nos dieron…-le pidió esperando que aceptara.
Zelda se quedó mirando aquello, él dudaba si de verdad aceptaría. De pronto, agarró su vestido y lo rasgó, arrancando un trozo de tela. Se lo colocó con dificultad entre la escasa separación entre el grillete y su tobillo, a modo de vendas protectoras para evitar que volvieran a rozarle la piel. Una vez comprobó su eficacia, se esforzó por alcanzar lo que le había dado Link, ahora no tenía ningún problema en moverse.
-Por un momento llegué a pensar que te negarías…-le dijo con una ligera sonrisa, aliviado.
-Llegué a planteármelo, pero tampoco estamos en condiciones de pelearlos por algo así. Además, ahora me siento mucho más cómoda con esto, estaba a punto de enloquecer por culpa de esta maldita cadena. Aunque creo que es más es factor psicológico, que el verdadero daño físico que puedan ocasionarme.-le explicó mientras bebía gustosa.
Durante un rato, ese lugar se quedó en silencio, sólo perturbado por los ruidos que venían de fuera.
-¿Cuándo crees que nos sacarán de aquí? –le preguntó Link, estaba muy preocupado por su futuro en ese navío pirata.
-Sinceramente, no lo sé…-respondió tristemente ella- A mí me preocupa el hecho de que en algún momento, el reino se enterará de mi secuestro o tal vez pensarán que he muerto. Si ocurriera el segundo caso, habría muchas probabilidades de que hubiera disputas por la sucesión que dividieran al país, provocando una guerra civil.
-Eso es muy grave…-enfadado e impotente, lo único que pudo hacer fue golpear la pared- ¡Esto es de locos! ¡¿Por qué ahora?! ¡Tú misma me dijiste que ellos no habían atacado nunca en la ruta por la que nos movíamos! ¡¿Qué fue lo que les hizo cambiar de opinión?! ¡¿Y cómo podían saber dónde nos encontrábamos, si por un imprevisto el barco salió con dos días de retraso?! ¡Maldita sea! ¡Ahora nosotros estamos aquí atrapados y todos los que nos acompañaban han muerto!
-¡Ya lo sé, Link! ¡No sigas repitiéndolo! –le gritó enfurecida, haciendo que se callara- No necesito que me lo recuerdes a cada rato, ya me siento bastante culpable por lo que sucedió. Y sí, antes de que digas nada, todo esto ocurrió por ser quien soy. Nuevamente, muchos han muerto por mi culpa…-a pesar del sufrimiento, ella seguía mostrándose firme y seria- Y por si fuera poco, tú casi mueres también allí. Deberías haberte quedado en la mansión, idiota…
Link pudo sentir en ese momento la preocupación y el miedo que ella debía estar pasando. Lo que más le dolía era que ella misma se autoculpaba de lo sucedido, como solía hacerlo cada vez que pasaba algo parecido. También se sintió inútil cuando pronunció su última frase, pues si él seguía con vida era por ella, no había podido hacer nada.
¿Qué ocurriría con ellos dos a partir de ahora? Sólo los piratas parecían conocer la respuesta…
XOXOXOXOXOXOXO
Dos días más tarde, las cosas habían ido a peor. Ninguno había comida nada y escasamente había bebido algo, los piratas estaban poniéndolos al límite. Las condiciones de aquel calabozo flotante eran pésimas y notaban como su salud se veía afectada por ello.
Quien más sufría eso era Zelda, que durante las noches pasaba mucho frío debido a la humedad y había comenzado a sentirme mal. Su cuerpo se había debilitado debido al estrés por permanecer cautiva, a la escasa movilidad a la que se veía limitada, la falta de alimento y agua, además de otros factores. Tenía una ligera fiebre que había comenzado ese mismo día, lo único que podía intentar hacer era descansar acostada sobre ese suelo, pero seguía sin poder dormir durante mucho rato seguido.
-No me gusta cómo estás, podría ser debido a la pequeña herida que te hiciste hace dos días.-le habló Link desde su posición, deseaba poder ayudarla- Quizás hayas contraído…
-¿Tétanos? No me hagas reír…-ella se lo tomaba con más filosofía- Sólo estoy así por lo que ambos estamos pasando, nada grave por ahora. Si lo dices porque me corté, te diré que esa enfermedad tarda más tiempo en manifestarse y sus síntomas son diferentes. Se caracterizan por espasmos y rigidez muscular, debido a que es el sistema nervioso el que se ve afectado.
-Puede que tengas razón, pero me preocupa que enfermes en este lugar. A esos malnacidos no les importará lo que te pase, tan sólo quieren su recompensa.-en esos momentos prefería que fuera él quien estuviera en su lugar, a pesar de que también se encontraba débil- Procura descansar lo máximo que puedas… ¿De acuerdo?
Ella sólo hizo un pequeño sonido indicándole que lo haría, al parecer no tenía ganas ni fuerzas para seguir hablándole. Todo eso le preocupaba, no sabía cuánto podrían aguantar…
XOXOXOXOXOXOXO
Esa misma noche, apenas conseguían dormir puesto que a los piratas se les había ocurrido pasarse la noche de juerga, podían oírlos cantar y gritar desde allí. Probablemente estarían bebiendo más de la cuenta, el desarrollado olfato de Link se lo indicaba. El alboroto que estaban montando era realmente ensordecedor, era el colmo para ellos.
De pronto, oyeron a uno de ellos acercarse a la celda canturreando y pronunciando palabras sin sentido, estaría borracho. Abrió la puerta y entró al compartimento, cerrándola después.
Se quedó quieto durante un rato, algo que llamó su atención a pesar de que se le notaba que estaba bebido. Lo que no les gustó nada, sobre todo a Zelda, es que en ese tiempo había estado observándola con una mirada extraña.
-No me explico cómo el capitán nos ha prohibido acercarnos a una mujer tan apetecible…-le habló a Zelda, haciendo que ese comentario alertara a los dos hylianos- ¡Pero a la mierda lo que diga el jefe! ¡Yo quiero divertirme esta noche! ¡No sabes el tiempo que llevo sin gozar con una ramera como tú!
Zelda se levantó nerviosa y trató de alejarse de él lo más que pudo, pero aquella maldita cadena se lo impedía, quedando arrinconada contra la pared. Aquel hombre se fue acercando a ella tranquilamente, observándola lascivamente y viendo lo asustada que estaba. Link trató de soltarse como pudo, se sentía impotente y no podía dejar que ese depravado le pusiera la mano encima a ella.
El pirata la arrinconó finalmente, sin dejarle la posibilidad de escapar. El corazón de Zelda se disparó en el instante en el que se quedó mirándola fijamente a los ojos e intentó pasar sus manos por sus caderas, pero ella se resistió. Al parecer, eso le causó gracia a aquel hombre, pero esta vez arremetió contra ella de una manera más violenta, dejándola inmovilizada.
-Te voy a dejar ver lo bien que me lo voy a pasar con tu princesita, así que disfruta del espectáculo…-le dijo a Link con la intención de provocarlo, pues sabía que no podría hacer nada para impedirlo.
Link veía destrozado cómo pasaba sus manos descaradamente por el cuerpo de ella y tratando de arrancarle su ropa, forcejeando intensamente con ella. Llegó a un punto en el que hundió su cabeza en su cuello, provocándole un terrible asco a la princesa. En un momento dado, Zelda se defendió dándole con gran fuerza, logrando apartarlo de ella por un instante. Sin embargo, eso encolerizó al hombre y la golpeó brutalmente, dejándola inconsciente en el suelo, sangrando ligeramente por una brecha en la cabeza.
-¡Maldita perra! ¡Yo no quería que fuera así! ¡Esa jodida puta no dejaba de resistirse! ¡En fin, me la tendré que follar dormida! –se quejó mientras comenzaba a desabrocharse los pantalones.
El terror y la furia de Link se acrecentaban cuando más se aproximaba a ella, viendo cómo comenzaba a desnudarla sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Extrañas sensaciones recorrieron su cuerpo, sintiendo intensamente los latidos de su propio corazón. Ella estaba en peligro, no podía dejar que eso sucediera…una metamorfosis había dando comienzo.
Y antes de que aquel desgraciado pudiera hacer nada con el cuerpo inmóvil de ella, vio cómo se le abalanzaba una bestia cuadrúpeda fuera de sí, sin darle tiempo a reaccionar. Trató de zafarse de él desesperadamente, en medio de desgarradores gritos de dolor. El monstruo gruñía y rugía ferozmente, desfigurándole sin ninguna piedad. No tardó demasiado en acabar con él, de una forma verdaderamente horrible y dolorosa. Y aún muerto, seguía desgarrándole la carne, destrozando sus huesos, arrancándole partes de su cuerpo…
La violencia con la que atacaba hacía que desparramara su sangre por toda la habitación, además de los órganos. Finalmente, el cadáver quedó completamente irreconocible, era algo espantoso. Por si fuera poco, comenzó a devorar los restos de aquel hombre con ansias, estaba hambriento y el agua contenía en su sangre le serviría para calmar su sed. Apenas dejó nada, pues trituró también muchos de sus huesos, dejando sólo su ropa y algunos partes desperdigadas por ahí. Tanto su pelaje como aquel calabozo estaban manchados de abundante sangre, había sido una matanza en toda regla.
El lobo pudo escuchar los pasos de algunos piratas que se acercaron corriendo al lugar, pero ya era demasiado tarde. Cuando abrieron la puerta, sólo vieron a una bestia que parecía salida del mismísimo infierno cuyos ojos rojos brillaban en la oscuridad, junto a los restos de su compañero, dispuesto a asesinarlos también a ellos. Corrió hacia ellos con la intención de abalanzarse sobre los piratas, pero estos lograron encerrarlo a tiempo. Arañó y mordió la puerta, furioso, tratando de perseguir a sus presas. Tras un rato insistiendo, se tranquilizó un poco y puso su miraba en el lugar donde yacía Zelda.
Se acercó a ella lentamente, observándola detenidamente y comprobando su estado. Varias veces junto su hocico contra su cabeza, intentando que reaccionara. Las únicas muestras de sentimientos que mostró fueron algunos gemidos que emitió cuando trataba de despertarla y lamiéndole con delicadeza la pequeña herida que le había hecho aquel despreciable individuo, mostrando estar triste por lo que le había sucedido. Se fijó entonces en la oxidada cadena que la mantenía presa, concentrando entonces su furia en ella. Trató de quebrarla con sus colmillos, procurando no herir a la mujer. Probó en varias zonas donde poder romperla, encontrando un lugar donde finalmente lo consiguió. Gracias a la potencia de sus mandíbulas y al mal estado de los eslabones en aquel punto. Aún así, ella seguiría arrastrándola, pero ahora estaba libre. Volvió a su lado y dio varias vueltas alrededor de ella, hasta colocarse finalmente bajo sus brazos y quedarse profundamente dormido…
XOXOXOXOXOXOXO
A la mañana siguiente, Zelda se despertó con un terrible dolor de cabeza, apenas recuperando la visión de lo que había a su alrededor. Se despertó totalmente cuando recordó lo que había pasado la noche anterior, comprobándose a sí misma con extremo pavor. La tranquilidad momentánea que sintió cuando descubrió que misteriosamente no le había ocurrido nada, se truncó cuando vio la macabra escena que había a su alrededor. Creyó reconocer al hombre que trató de violarla entre algunos trozos de carne, algún hueso y pequeñas partes de su cuerpo, pero sobre todo por su destrozada y ensangrentada ropa. Aquella sangre lo teñía todo, ella misma se veía con algunas manchas en su vestido.
En ese momento, se percató de la presencia de Link a su lado, sorprendiéndola bastante. Había estado dormido junto a ella todo ese tiempo, pero hasta ese momento no se había dado cuenta. También le pareció extraño que ella ya no estuviera encadenada a la pared, pero aún conservaba el grillete y algunos eslabones. Sin embargo, él no tenía nada atado a su pierna, más bien la suya estaba intacta, como si se hubiera deslizado a través de ella o si su pierna hubiera disminuido de grosor momentáneamente permitiéndole sacarla.
Y entonces, escuchó murmurar tras la puerta a dos piratas…
-No he oído nada desde que fuimos a comprobarlo anoche…-le habló a su compañero- ¿Tú crees que estará dormido?
-¡Como si no lo está, Zuko! ¡Ese monstruo destrozó a nuestro amigo! ¡Nadie nos había avisado de que trataríamos con bestias! ¡Es imposible fuera un hombre normal! ¡No tiene sentido! –exclamó aterrado su camarada.
-¡Silencio, Mako! Nos podría oír…-murmuró tratando de mantener la calma, mientras se lo llevaba de allí- Al final resultará que las historias de los hombres lobo eran ciertas…
La princesa Zelda entendió entonces lo que había pasado, apartándose instintivamente de él sin quererlo, imaginándose cómo pudo haber pasado eso. Lo que no comprendía era cómo había vuelto a transformarse y regresado a su forma original tan fácilmente. Y se asustó cuando lo oyó quejarse un poco en sueños, lo que significaba que estaba a punto de despertarse.
-¿Link? ¿Eres…tú? –fue lo único que salió de sus labios, tenía miedo- ¿Estás despierto?
Tardó bastante en reaccionar, se le veía bastante confuso y cansado. Pero reaccionó unos minutos más tarde y se dirigió a Zelda muy preocupado.
-¡Zelda! ¡Gracias a las Diosas estás bien! –la abrazó en el acto, aún recordaba lo de la noche anterior- ¿Qué pasó? ¿Dónde está ahora ese malnacido? ¡Si se atreve a acercarse a ti de nuevo le cortaré sus partes! –en ese momento, notó que algo había cambiado, mirándose la pierna- ¡Ey! ¡No estoy atado! ¡Y tú tampoco, aunque sigas conservando parte de ella! ¿Puedes decirme que ha pasado aquí?
-Link…-ella lo apartó incómoda, algo que lo desconcertó- ¿De verdad no recuerdas nada?
-No sé de qué me hablas, lo único que recuerdo es que ese individuo te dejó inconsciente y trató de aprovecharse de ti en ese…-su olfato captó un extraño e intenso olor, fijándose mejor en lo que había sucedido a su alrededor- ¡¿Pero qué es esto?! ¡¿Por qué está todo salpicado de sangre y hay un cadáver completamente destrozado en el suelo?! ¡Zelda! ¡¿Qué fue lo que pasó?!
Link estuvo a punto de perder la cordura cuando se percató que su cuerpo parecía sentirse lleno y pesado, como si hubiera asistido a un banquete. Y además, un sabor desconocido para él estaba presente en su paladar, lo cual le hizo plantearse muchas dudas.
-No, no, no, no, no….-se repetía a sí mismo, completamente ido- ¡No puede ser! ¡Es imposible! ¡¿Yo hice todo eso?! ¡¿Pero cómo?! ¡¿Y por qué?! ¡Esto no tiene ningún sentido!
Zelda lo miraba completamente desolada, la evidencia era clara y los testimonios de esos piratas eran suficientes pruebas para corroborar lo que sucedió. Ella trató de acercarse a él para tranquilizarlo, pero sólo consiguió que este la apartara aterrado.
-¡No te acerques a mí! –le gritó violentamente, recluido en una esquina- ¡¿No entiendes la gravedad de la situación?! ¡He aniquilado salvajemente a ese hombre! ¡Seguramente habrá sido en el periodo de tiempo en el que no recuerdo nada! ¡Y no me engañes, Zelda! ¡Me transformé nuevamente en bestia! ¡¿Verdad?! ¡Respóndeme!
Ella no pudo negárselo, diciéndole con su silencio que así era. Él se quedó lamentándose entre sus paranoias, hasta que tras un amargo rato, volvió a hablarle algo más serenado.
-¿Me tienes miedo, cierto? –le preguntó de golpe- Esa es la razón por la que has estado tan extraña desde que desperté…ahora sabes mi maldición aún sigue vigente y se ha vuelto incontrolable. He sido capaz de convertirme en bestia y retornar a mi verdadera forma sin ser consciente de ello, además tan fácilmente. No puedo imaginarme cómo maté a ese pirata, pero sé que tuvo que ser abominable, sobre todo porque acabé devorándolo. Y lo peor de todo, es podría haberte atacado a ti también, puesto mi cuerpo animal ya no está bajo mi control…-estaba completamente destrozado, no podía confiar en sí mismo- ¿Cuándo ocurrirá la siguiente? ¿Te mataré la próxima vez que vuelva a transformarme?
Ella reconoció que estaba asustada, pero no por ello rechazaría a Link, gracias a él se había salvado de ser violada por uno de esos malhechores. Quiso acercarse más a él, a pesar de sus negativas e intentos por apartarla, logrando sentarse a su lado mientras él quedaba arrinconado en esa esquina.
-Te prometí que encontraría la manera de librarte de esa maldición, no pienso abandonarte ahora…-le recordó abrazando a su brazo y colocando su cabeza en su hombro- Y muchas gracias por…bueno, ya sabes…
Le horrorizaba recordar lo que había pasado esa noche y mucho más imaginarse lo que podría haber sucedido si él no hubiera intervenido. Link se quedó unos instantes inmóvil, indeciso frente a lo que tendría que hacer en esa situación. Sin pensárselo demasiado la juntó más a su cuerpo, fortaleciendo su agarre. Ella se sorprendió, pero no dijo nada y simplemente se recostó más en él, quedando así abrazados en aquella maltrecha mazmorra.
XOXOXOXOXOXOXO
Pasaron otros dos días, las fuerzas de Zelda habían mermado peligrosamente. Desde aquel incidente, ningún pirata se había atrevido a dejarles ni siquiera algo para beber, era lo más grave que podría sucederles en una situación así. Además, ella no había probado alimento en casi una semana, lo que complicaba bastante su situación. Y para empeorar todavía más la situación, los restos de aquel pirata estaban comenzándose a pudrirse, mareándolos con su desagradable olor y la oleada de moscas que invadían ese insano lugar.
Estaban sucios; ambos necesitaban beber y ella comer con urgencia; se sentían débiles, comenzaban a enfermar; sus necesidades las habían tenido que guardarlas en recipientes que "amablemente" les habían proporcionado los piratas cuando fueron encerrados, no era nada agradable para ambos; y después de lo ocurrido, temían por una posible venganza de los piratas por la muerte de uno de sus compañeros.
Casi habían perdido la esperanza, únicamente acompañándose en medio de la oscuridad de esa tarde que ya se estaba volviendo noche, en aquel calabozo apartado.
-Todo esto es por mi culpa…-se lamentaba él mientras la protegía entre sus brazos- Al menos antes nos dejaban algo de agua para que pudiéramos subsistir, pero ahora están aterrados por la posibilidad de que pudiera volver a atacarlos y se niegan a acercarse a la celda. Y tú estás pagando las consecuencias de mis actos…
-No importa, no debes echarte la culpa por ello…-le respondió ronca, tenía la garganta seca- Pero me preocupa que no se hayan acordado de nosotros, quizás hayan cambiado de opinión y vayan a dejarnos morir aquí dentro… ¡Cof, cof!
Pasaron momentos de angustia al pensar en aquella posibilidad, pero el destino quiso que no fuera así. Link fue el primero, gracias a sus sentidos lobunos, en darse cuenta del elevado número de piratas que se aproximaban a ellos, probablemente por precaución. Abrieron la puerta bruscamente y se los encontraron a ambos juntos, liberados de sus cadenas.
-Al menos no te has comido a la princesa, qué destalle por tu parte…-dijo no muy contento el capitán Gonzo, observando el putrefacto cuerpo de su subordinado- ¡Pronto tocaremos tierra! ¡Más os vale no intentar nada extraño! ¡¿Entendido?!
Varios de sus hombres se quedaron custodiándolos en el calabozo, mientras el resto de la tripulación atracaba en ese lugar desconocido. Les apuntaban con sus armas muy pegadas a ellos, podían notar la inseguridad que sentían al estar cerca de Link. Un tiempo después, fueron sacados bruscamente de allí y los bajaron hasta una playa escondida en una cala, donde había acampado la tripulación. Era de noche, pero su visión se había acostumbrado a la oscuridad y reconocieron que estaban en un lugar cuya vegetación era bastante diferente a la del continente. El muchacho era, por obvias razones, quien mejor podía captar los detalles del lugar donde estaban, preguntándose en a dónde los habrían llevado.
-¡Bienvenidos a la isla Koholint! ¡Al final ha resultado que no os habéis desviado de rumbo! ¡Ja, ja, ja! –le reveló uno de los piratas, seguido por el resto.
-¿La isla Koholint? Eso significa que podríamos…-murmuró Zelda, pero apenas tuvo tiempo para planteárselo.
Los sentaron cerca de la fogata que habían hecho y durante un rato estuvieron observándolos detenidamente, no con buena cara. Más tarde, le dejaron a Zelda una cantimplora con agua y un plato de comida, que ella aceptó desesperada. Mientras tanto, todos los hombres estaban pendientes de Link, esperando quizás algo de él.
-¿Qué pasa? ¿Te sientes tan tranquilo porque has matado a uno de los nuestros? ¿Te crees que le tememos a un perro como tú? –le amenazó Gonzo, molesto por su actitud- ¡Muchachos! ¡Dadle una paliza a ese maldito imbécil! ¡Y no os reprimáis! ¡Nadie volverá a burlarse de nosotros de esa manera!
Un par de hombres separaron a Zelda de él, que fue acorralado por otros muchos. Trató de defenderse como pudo, pero desarmado, la desventaja era demasiado grande para hacerle frente. Los golpes, patadas y puñetazos se repitieron una y otra vez, mientras Zelda era la espectadora de todo aquello. Link luchó con todas las fuerzas que poseía con ellos, pero siempre veían otros a apoyar a sus compañeros. Ya en el suelo, seguían apaleándole cruelmente a pesar de que ya no era capaz de levantarse, estaban dispuestos a acabar con él para así cobrar su venganza.
Ella no supo cómo, pero encontró las fuerzas para zafarse de sus captores y apartar a los hombres que continuaban arremetiendo con Link, interponiéndose entre ellos.
-¡Ya basta, por favor! ¡No puede moverse! –les suplicó protegiéndolo entre sus brazos, su cuerpo estaba repleto de moratones y heridas- ¡Os lo suplico! ¡Dejadlo en paz!
Los piratas se rieron ante aquella demostración de afecto, consiguiendo incluso divertir al serio capitán.
-La princesa de Hyrule suplicándonos por la vida de ese muchacho… ¡Qué conmovedor! –se mofó de ella- Pero esta vez no caeremos en tu trama… ¡Apártate si no quieres que recibir también!
-¡Espere, capitán Gonzo! –le interrumpió Senza, el más charlatán de la tripulación- Deberíamos conservarlo de momento, todavía podría sernos útil… ¿No recuerda a ese hombre?
-¿A quién te refieres? –tardó un poco, pero finalmente lo captó- ¡Ah, él! ¡Tienes razón, Senza! ¡Ese hechicero quizás podría ayudarnos con esta alimaña! Sería buena idea averiguar cómo dejarlo permanentemente siendo un monstruo, tal vez podríamos vendérselo como extravagancia o arma a algún rico codicioso.-se dirigió a ellos dos- Te has vuelto a salvar, muchacho, pero dudo que llegues a durar lo suficiente después de la paliza que te han dado mis hombres… ¡Llevadlos nuevamente al barco! ¡Mañana seguiremos con el trabajo!
Uno agarró por el brazo a Zelda y se la llevó con él a la prisión, mientras uno de los hombres más fuertes cargaba a Link como si fuera un saco. Empujaron a la princesa con brusquedad hacia dentro del calabozo, haciéndole perder el equilibrio, para luego el otro lanzar a dentro a Link como si fuera un despojo. Una vez los volvieron a encerrar, Zelda se acercó a Link rápidamente con la intención de auxiliarlo, estaba gravemente herido.
-Diosas, estás horrible…-dijo al borde de las lágrimas, conteniéndose con él acostado en sus piernas- ¡No deberías haber venido! ¡Te han vuelto a dar otra paliza por mi culpa, cuando aún no te habías recuperado de tu primera experiencia!
-Eso…es…mentira…-apenas podía hablar, ni mantener los ojos abiertos- ¿Qué habría…ocurrido? Si no…hubiera venido…tú…
-¡Deja de preocuparte tanto por mi! ¡Mírate cómo estás! –le reprochó dolida- ¡No podrás aguantar mucho más así! ¡Podrías morir si nuestro encarcelamiento se prolonga demasiado!
Él no habló, únicamente usó sus escasas fuerzas para agarrar una de sus manos y no soltarla una vez que se durmió. Zelda se sintió algo incómoda por ese gesto, manteniendo esa unión a pesar de todo. Seguramente sería una noche muy larga…
XOXOXOXOXOXOXO
Pocas horas más tarde, Link apenas había conseguido dormir, se aquejaba de sus dolores y ello le impedía descansar. Zelda había permanecido con él en todo momento, ella tampoco podía dormir debido a su preocupación por el estado de él.
-No podemos seguir así, mañana ellos continuaran con su plan para chantajear al reino y aprovecharse de tu situación…-habló seriamente, llena de convicción- Tenemos que escapar.
-¿Qué estás diciendo? Es una…locura.-intentó hablarle, pero le costaba- Si nos cogieran…seguramente…
-Tienes razón, además en tu estado no podríamos hacerlo…-recapacitó entristecida por aquella realidad- Pensé que podríamos utilizar las llaves de aquel hombre usó para abrir la puerta de este calabozo, cuando pasó aquello. Las escondí pensando que si los piratas no se daban cuenta, al final las utilizaríamos para salir de aquí. Y ahora que estamos en tierra firme, pensé que habría una posibilidad de hacerlo, huyendo en dirección a la capital de la isla, donde pediríamos ayuda a su rey. Sin embargo, no contaba con que te hicieran esto…
No hablaron más durante bastante tiempo, intentando sobrellevar la situación. Casualmente, a pesar de la dañada salud de él, pudo escuchar hablar en la distancia a dos piratas que a esas horas todavía se mantenían despiertos.
-¡Aaag! ¡Estoy harto! ¡Menos mal que mañana terminaremos con esto! –se quejó uno.
-Sí, una vez entreguemos a esa princesa al rey Onkled, recibiremos nuestra parte de la recompensa.-añadió su compañero- ¡Y después a ver qué haremos con ese chaval endemoniado!
-De eso se encargará el capitán, después de todo ese hechicero fue quien encargó a ese rey la tarea de atraer a la mujer hacia su reino, con la excusa de una reunión política. No nos habló de un muchacho que la acompañara, pero seguramente sabrá encargarse de él.
-¡¿Quién lo diría, no?! ¡Un rey corrupto, piratas y una banda de criminales como ellos! ¡Esos "seguidores" se lo han montado bien! ¡Ja, ja, ja! ¡Sobre todo cuanto hicieron que su barco saliera con retraso, para darnos tiempos a situarnos donde queríamos! –se rió ampliamente- ¡Venga, tío! ¡Vámonos a dormir! ¡El alcohol me tiene por los suelos!
Link sufrió un pequeño espasmo al enterarse de eso, había sido todo una trampa desde el principio. La idea de Zelda de pedirle ayuda al gobernante de la isla ya no servía, él era quien los había conducido hasta su actual situación, usando a los piratas como sus peones. Y si mal no había oído, todo ello era estratégicamente planeado por aquellos criminales conocidos como Los Seguidores.
-Zelda…tienes que irte de aquí…cuanto…antes…-trató de avisarla, apenas podía vocalizar.
-¿Qué pasa? ¿Por qué ahora has cambiado de opinión? –no entendía nada, aquel cambió de actitud no era normal en él.
-Acabo de…escuchar hablar a unos…es una trampa.-tenía que acortar, buscaba fuerzas para tratar de moverse.
-¿Una trampa? Explícate mejor, Link. Y no te esfuerces, tienes que permanecer en reposo.-le pidió preocupada, viendo como trataba de sentarse.
-Ellos…el rey Onkled, los piratas…están compinchados… ¡Aaag! –un intenso dolor recorrió su cuerpo, sabía que no debía hacerlo pero no quería ser una carga para ella- La culpa es de Los Seguidores…ellos lo han pensado todo…incluido el retraso con el que salió nuestro barco…
-¡¿Pero qué estás diciendo?! ¿De verdad has oído bien? –esas acusaciones eran muy graves y dudaba si creerle o no- ¿No es posible por tu debilidad hayas escuchado erróneamente? Piénsalo, yo no he oído nada.
-No…mis sentidos no me han fallado…sé lo que escuché…-milagrosamente, consiguió a duras penas levantarse, ayudado por ella- No podré serte de gran ayuda, pero…mis habilidades te facilitarán la huída…démonos prisa…la mayoría están durmiendo…
Aquello le parecía demasiado arriesgado, pero confiaba en él y esperaba salir airosa de ese lugar. Cogió las llaves de lugar donde las había escondido y abrió silenciosamente la puerta, atenta a las indicaciones de Link. Se maldijo a sí misma cuando escuchó el chirrido de la cadena al arrastrarse, eso les dificultaría las cosas. Precavidos, fueron avanzando por los pasillos del buque hasta llegar a la cubierta, donde les esperaban piratas durmiendo allí y en la playa continua. Ya habían tenido que soportar la tensión de caminar por el interior de ese barco, esperando no despertar a nadie, para que ahora tuvieran que lidiar con otros tanto y algún guardia nocturno.
Link miró hacia todos lados, tratando de descubrir a los que podrían estar de guardia o no estuvieran del todo dormidos. Casi les da un infarto cuando al salir de allí, uno de ellos pareció despertarse unos instantes, teniendo que esconderse entre las sombras de aquella noche. Siguieron su camino y bajaron por la pasarela que daba a tierra, entrando en contacto con el agua nada más hacerlo. Algunos piratas dormían alrededor de la extinta fogata, esperaban no despertarlos.
Pero sin embargo, no habían caído en el vigilante que estaba subido en lo más alto del navío…
-¡Alerta a todos! ¡Los prisioneros se escapan! ¡Levántense, rápido! –gritó con todos sus fuerzas el hombrecillo, al cual conocían como Zuko.
Ellos no dudaron en echar a correr, mientras sus captores se organizaban para perseguirlos. Quizás fuera la adrenalina y el miedo a ser apresados nuevamente, porque Link pudo seguir a Zelda a pesar de su maltrecho estado. Entraron en la selva, huyendo de ellos valiéndose de la frondosa vegetación. Ni ellos mismos podían orientarse allí dentro, lo único que buscaban eran despistarlos y encontrar un lugar donde esconderse. Hubo un momento en el que Link tropezó, forzando a Zelda a utilizar uno de sus conjuros para cegar a sus perseguidores, llevándose a Link en el acto. Debido a su desesperación, no se dieron cuenta que iban directos a un desnivel empinado, rondando ladera abajo hasta impactar contra el barro. Quedaron doloridos y embarrados, durante un rato apenas pudieron moverse.
Afortunadamente, los piratas no se dieron cuenta de su accidente, continuando por el camino por el que creyeron que debían haber seguido. Eso les facilitó las cosas momentáneamente, hasta que comenzó a llover repentinamente con gran intensidad, algo propio del clima tropical. Zelda ayudó a Link a levantarse, estaba exhausto tras la carrera y la caída. Él insistió en que podría continuar, por lo que decidieron proseguir su marcha en busca de un lugar seguro donde cobijarse.
Por más que avanzaran, lo único que veían era jungla y agua que no dejaba de caer, se preguntaba dónde estaba la civilización en esa isla. Ella estuvo todo el tiempo a varios pasos por delante de Link, que se esforzaba por seguirla. Pero hubo tras mucho caminar sin descanso, no pudo soportar más su propio peso, cayendo de rodillas al suelo.
-No puedo más, Zelda…-estaba agotado y la lluvia no le ayudaba en nada- Sigue tú…tienes fuerzas para poder seguir un poco más…
-¡¿Estás loco?! ¡No voy a dejarte aquí tirado! ¡Esos piratas no se harán contigo mientras esté a tu lado! –se agachó junto a él, ofreciéndose para que se apoyara en ella- Vamos, te ayudaré a continuar.
Él aceptó su oferta, esforzándose por mantener el equilibrio y caminar guiado por ella. Así siguieron durante bastante tiempo, parecía que ese diluvio nunca acabaría. Zelda se impacientó por el hecho de que no encontraran nada, creyó incluso que estaban dando vueltas en círculos. A cada paso que daba, veía como las fuerzas de Link iban desapareciendo cada vez más, tratando de animarlo a cada rato.
-Tú puedes, Link…-sabía que no estaba bien- Sólo un poco más, seguro que pronto encontraremos algún lugar donde descansar…
Esa vez, no le dijo nada, era como si estuviera llevando a un cadáver andante. No le quedaba mucho tiempo, eso lo sabía. Y sus peores temores se hicieron realidad cuando más tarde, no pudo aguantarlo más y cayó de bruces contra la tierra, inconsciente. Ella hizo todo lo posible para despertarlo, no reaccionaba. Entonces, como venido del cielo, creyó ver entre la lluvia y la distancia una escueta choza oculta entre la vegetación, quizás le pertenecería a un ermitaño. Queriendo comprobar si aquello eran sólo ilusiones, trató de cargar a Link sobre su espalda, pero al final tuvo que llevárselo casi a rastras. Con gran esfuerzo, descubrió que no había sido una alucinación, entrando en ella sin ningún reparo.
La cabaña estaba construida con madera y materiales del entorno, cubierta por un espeso y eficaz techo de hojas cuidadosamente compactadas entre sí. En ella había varios enseres que podrían serle útiles, como mantas para abrigarse y leña para calentarse, aunque esta última estaba humedecida. Se veía limitada por el escaso espacio del que disponía esa choza, pero al menos Link podría descansar allí. Encontró una cama hecha en el suelo, con otra cobija sobre ella. Y cuando la apartó para acomodar en ella a Link, se llevó una desagradable sorpresa. En ella, había un esqueleto que parecía pertenecer al antiguo dueño del lugar, probablemente hubiera muerto durmiendo y parecía que eso había ocurrido hace tiempo. Después echar fuera esos restos con cierto repelús, acostó a Link y lo cubrió con la manta, esperando a que lograra descansar un poco.
Al verse a sí misma y a él, pensó que cogerían una pulmonía si no lograban secarse. Así que su cabeza comenzó a buscar la manera de mantenerse calientes…
XOXOXOXOXOXOXO
Link comenzó a despertarse, sintiéndose extremadamente cansado e incapaz de moverse debido al dolor. Tras unos momentos de reflexión y aclimatación, se dio cuenta de que estaba en un lugar desconocido, protegido de la lluvia que afuera sólo un metro de él seguía cayendo con intensidad. Buscó más a fondo algo que le resultara familiar y la encontró a ella, cubierta en su totalidad por una cálida manta, concentrada en el extraño fuego que había sobre unos troncos, situados en una especie de cocina rudimentaria de esa casa. Lo más extraño, es que colgadas sobre una cuerda, estaban sus ropas y las de ella, que parecían haber intentado limpiar y ahora se secaban al fuego.
-Estoy desnudo…o casi…-murmuró al darse cuenta de que sólo llevaba su ropa interior bajo esa frazada.
Zelda creyó escuchar algo proveniente de donde él estaba, descubriendo entonces que se había despertado.
-¡Link! ¡Al fin despiertas! ¡Has pasado toda la noche durmiendo y parte de este día también! –exclamó alterada y feliz por verlo despierto, esforzándose por taparse- Me imaginé lo peor al ver cómo te desmayabas…
-¿No ha parado de llover? Me estoy empezando a marear de tanta agua…-soltó sin pensar, aún no se había acostumbrado a estar despierto.
-Bueno, sí lo ha hecho, pero ha vuelto a caer más veces. El clima de esta isla es muy diferente al nuestro, sin duda…
-¿Por qué estamos casi desnudos? ¿Has sido tú? ¿Por eso están ahí secándose? –le preguntó por curiosidad, avergonzándola un poco.
-Lo hice sólo que evitar que ambos enfermáramos y he intentado lavarlas. Hasta ahora jamás me había visto en una situación así, por lo que no creo que me haya salido demasiado bien.-trató de explicarse, pero a Link le hizo cierta gracia el imaginarse la cara que ella tendría cuando le estaba quitando la ropa.
-No, está bien…-le agradeció tranquilo- ¿Pero cómo has conseguido hacer fuego con toda esta humedad?
-No es un fuego corriente, tiene un origen mágico. Probé a usar uno de los hechizos que aprendí en mi libro de magia, Fuego de Din, aunque es sólo una de sus variables. Sólo necesitaba algo que sirviera como combustible, daba igual que la madera estuviera mojada.-le explicó humildemente- Ahora estoy esperando a que nuestras ropas se sequen, lo que creo que llevará un rato más.
Y así lo hicieron, esperando pacientemente a que el calor de ese fuego secara sus vestimentas. Durante todo ese tiempo, habían permanecido en silencio, quizás fuera por lo incomodo de la situación. Una vez ella decidió que estaban lo suficientemente secas, las recogió y entonces se acordó de un detalle que la molestó.
-¿Podrías mirar hacia otro lado? –le pidió incómoda, al tener que vestirse delante de él.
-¡Vale! ¡Pero luego me explicas cómo me voy a vestir si apenas puedo moverme! –se burló un poco de ella, manteniendo su buen humor a pesar de las circunstancias.
Eso volvió a incomodarla, ahora que lo había recordado. Ya había pasado mucha vergüenza al desvestirlo, como para ahora tener que hacer la acción contraria. Una vez que él apartó la mirada, ella se vistió lo más rápido que pudo. Después cogió la ropa de él y se convenció para ayudarlo, pero él la detuvo.
-No importa, ya lo hago yo…-agarró las suyas y luego le habló con un tono burlesco e infantil- ¡Pero no mires! ¡Que me molesta! ¡Je, je, je!
-Tú y tus bromas…-le reprochó ruborizada, apartando la mirada a petición suya- No sé cómo eres capaz de mantener ese humor, incluso en estas circunstancias…
-Es que trato de no amargarme, necesito ser positivo si quiero no hundirme por la presión…-le contó mientras se colocaba sus pantalones como podía, seguido de su túnica y demás prendas.
Esperó un rato a que acabara, hasta que finalmente lo vio completamente vestido, a excepción de sus botas que las había dejado a un lado, estas todavía necesitaban secarse.
-¿Te sientes mal, verdad? Sé que tratas de disimularlo para no preocuparme en exceso, pero…
-No pasa nada, al menos ya puedo hablar más seguido…-le dirigió una pequeña sonrisa, indicándole que al menos estaba feliz con eso.
-Aún así no puedes moverte, la paliza que te dieron anoche fue horrible…-se le encogía el pecho al recordar aquello- Y eso fue a causa de tus locuras, seguiré repitiéndote que jamás deberías haber venido.
-Y yo seguiré repitiéndote que no me arrepiento de ello. Te hubieran sucedido cosas horribles si no hubiera insistido en acompañarte, así que déjalo como está…-le pidió decidido y algo decepcionado con sus palabras.
-¡No, Link! ¡Esto no está bien! –le gritó enfurecida, colocándose sobre él para hablarle directamente a la cara- ¡Siempre estás poniendo excusas! ¡No te importa nada lo que te pase! ¡Eres un idiota! ¡No me explico cómo sigues vivo todavía, con lo testarudo que eres! ¡Me tienes…!
No tuvo tiempo de acabar con sus críticas, pues Link empujó uno de sus brazos a propósito, haciéndole perder el equilibrio. Eso fue lo que aprovechó para agarrarla y besarla de una vez por todas, algo que había querido hacer desde hace tiempo. Con su acción, concluía todo lo que había querido decirle en el barco, siendo interrumpido desgraciadamente por esos piratas.
Ella quedó conmocionada por su acción, profundizando más en aquel beso después de unos instantes de duda. Fue algo torpe, quizás por ser la primera vez de ambos, a pesar de ella la pasión y el cariño no faltaban. Echados uno encima del otro, continuaron deleitándose con aquellas nuevas y fascinantes emociones que los desbordaban. El deseo de continuar y no enfrentarse a la realidad después de aquello era grande, pero sabían en el fondo que eso no duraría eternamente. Cuando ambos fueron quedándose paulatinamente sin aire, poco a poco fueron despertando de aquel dulce sueño momentáneo, separándose Zelda de él de una forma que defraudó al segundo. Al verla como le miraba, tuvo que excusarse…
-Lo siento, es que era la ocasión idónea para hacerlo…-le habló entristecido- Esto era lo que quería decirte en el barco y con lo de los piratas no tuve la ocasión intentarlo de nuevo, hasta ahora.
Al ver que no le decía nada, se sintió destrozado por completo. En ese momento pensó que lo había arruinado todo, ya no habría forma de repararlo. Había besado descaradamente a la princesa de su reino, algo así sería imperdonable. Y sin embargo, su desdén fue interrumpido por una simple pregunta…
-¿Por qué? –fue lo único que le dijo, confundiéndolo- No lo entiendo, pensaba que tú…
-¿Seguía enamorado de Ilia, cierto? –comprendió lo que sucedía, sintiéndose más aliviado- Eso dejó de ser hace mucho tiempo, debo reconocer que acepté mis verdaderos sentimientos hacia ti cuando seguía siendo un lobo. Cuántas cosas han cambiado desde entonces…
-No me refería sólo a eso y sigo sin poder asimilarlo…-había estado casi toda su vida ocultando sus sentimientos, le costaba horrores llegar a entender lo que había pasado entre ellos dos sin basarse en un razonamiento lógico.
-¿Qué es lo que no entiendes? –le preguntó indignado- ¡Te quiero! ¡Eso es lo único que te estoy diciendo! ¿Por qué no eres capaz de responderme? ¿A qué vienen esas preguntas? ¡Si me he equivocado contigo, házmelo saber de una maldita vez! ¡No puedo seguir con la vergüenza de haber besado a la soberana de mi reino, si sólo ha servido para incomodarte!
-No lo has hecho, nunca he dicho que fuera así…-reconoció con esfuerzo, impactándolo con esa respuesta.
Sorprendentemente, ella se lanzó a abrazarlo tiernamente, cosa que lo conmovió y disfrutó bastante. Sabía que era una mujer a la que le costaba exteriorizar sus sentimientos, por lo que de momento a él le pareció suficiente, ese gesto significaba que le correspondía.
-Creo que ambos hemos convivido demasiado tiempo con el mismo miedo…-le dijo Zelda a él, manteniendo su agarre- Siento haberte causado tanto dolor, al negarme a aceptar lo que yo misma sentía hacia ti. Te pido perdón por ello, pero entiende que me han educado así y que hubiera resultado escandaloso que la princesa de Hyrule y un hombre corriente llegaran a amarse el uno al otro. Paradójicamente, eso fue lo que me dio valor para ir a buscarte yo misma cuando te obligaron a pelear contra aquellos monstruos, tú habrías hecho algo así por mí muchas veces. Y lo más lamentable de esto, es que haya dado cuenta de ello en estas circunstancias…
Para su sorpresa, ella volvió a besarlo y no dudó en corresponderle. Después de todo, al final las cosas habían salido bien en algo, ahora ninguno de los dos tenía necesidad de reprimir el amor que sentían por el otro.
Pero aún quedaban muchos asuntos por resolver, como escapar de aquella isla…
XOXOXOXOXOXOXO
Al día siguiente, Link había empeorado gravemente, necesitaba atención médica adecuada urgentemente. Su frente ardía y sudaba a mares, además de que los dolores de su cuerpo se habían intensificado. Zelda temía que hubiera contraído alguna enfermedad extraña, contraída por alguno de los incansables insectos que merodeaban por el lugar. Ella ponía todos sus esfuerzos en cuidar de él, pero eran en vano y la probabilidad de que los encontrara se hacía mayor cuanto más tiempo estuvieran allí.
También había intentado que comiera, recolectando frutas de algunos árboles cercanos que ella conocía o había visto en los libros, eran diferentes a las que solía estar acostumbrada. Inesperadamente, a pesar de que ella misma había probado las frutas, a él le sentaron muy mal y acabó vomitando copiosamente. Le parecía extraño que pudiera ser alérgico, pues con todas las variedades que pudo encontrar, obtuvo el mismo resultado. Él le suplicaba que no siguiera dándole esa clase de comida, que prefería morirse de hambre antes que volverse a tragar aquello. Le pedía insistentemente algo diferente, como carne o pescado. Sin embargo, dentro de sus posibilidades no entraban esas dos cosas, pues no sabía cazar y conseguir peces era algo arriesgado, pues tendría que alejarse para buscar donde pescar y aún así no sabría cómo hacerlo. Se sentía inútil por ello, como princesa nunca necesito aprender a sobrevivir en la naturaleza y ahora su amado estaba sufriendo las consecuencias.
-Todo está saliendo mal…-se lamentaba ella, echándose las manos a la cabeza- Tú estás empeorando y no hay nadie a quien podamos acudir, estamos solos. Los piratas estarán buscándonos y al parecer tampoco podemos pedir auxilio al soberano de esta nación, pues también está involucrado en esto. La única salida que tendríamos sería obtener una embarcación como fuese y tratar de llegar al archipiélago del Gran Rey, lo cual nos llevaría unos tres o cuatro días. Por otro lado, eso nos volvería muy vulnerables a que nos detectaran y nos atraparan de nuevo… ¿Qué vamos a hacer?
-Tranquilízate…no lograrás nada…estresándote así…-intentó calmarla mientras le acariciaba la mano.
-¡Ya lo sé! ¡Pero no se me ocurre ninguna solución! ¡Quizás lo mejor sería que me entregara voluntariamente y ponerles como condición que te llevaran a una consulta para que te repusieras! –estaba desesperada, ya no sabía qué hacer.
-Eso…nunca…-le prohibió apretando su mano- Pasarán por encima…de mi cadáver…antes que…
Se detuvo en ese instante, notando una desagradable sensación. Había captado un olor extraño, que se intensificaba cada vez más, algo se acercaba. Eran ellos, no tenía ninguna duda. Eso lo puso realmente nervioso y Zelda fue capaz de darse cuenta de ello.
-Vienen…son muchos…tienes que huir…-le pidió desesperado, sabía que le sería imposible poder escapar, se había forzado demasiado en su primera huída.
-¿Puedes olerlos? No puede ser, tan pronto no…-temía por la vida de Link, con la cual esos despreciables no tendrían compasión- No huiré, no pienso dejarte aquí para que te maten. Usaré mi magia para enfrentarme a ellos, si es preciso.
-Es una locura…sólo conseguirás…enfadarlos….-él se lo suplicaba, cada vez estaban más próximos a su posición- Están cerca…tienes que esconderte…
Ella se negó a abandonarlo, estaba dispuesta a defenderlo aunque diera su vida para ello. Más pronto que tarde, aparecieron entre los matorrales los hombres comandados por el capitán Gonzo. Vieron enseguida que ambos se habían refugiado en aquella destartalada choza, confiados que por su mayoría numérica lograrían recuperarlos fácilmente.
-Nos habéis dado muchos problemas, princesa…-le habló bastante molesto, con su espada en la mano- Si no queréis hacernos enfadar más de la cuenta, te sugiero que os….
Esquivó a tiempo el ataque le lanzó Zelda, una de sus bolas de energía. Aquello enfureció enormemente al capitán, ordenando a sus subordinados que la capturaran a la fuerza. Ella protegió la cabaña con una barrera protectora realizada con el Amor de Nayru, haciendo que algunos chocaran con esa protección. Envalentonados, atacaron una y otra vez la barrera, que Zelda defendió lanzando todo un arsenal de magia usando el Fuego de Din y sus bolas de energía. Causó daños severos a algunos miembros de la tripulación, pero sabía que eso no duraría mucho tiempo. Eran demasiados y dos de los hechizos que usaban, los que poseían los nombres de las diosas, aún les costaba dominarlos y agotaban sus fuerzas rápidamente.
-Basta…acabarás haciéndote daño…si continúas con esto…-le pidió Link, incapaz de hacer nada por ayudarla.
-No lo haré, seguiré con esto hasta que…
No pudo continuar, estaba demasiado débil debido a las circunstancias y su magia la consumía vorazmente. Cayó de rodillas al suelo, incapaz de seguir. Los piratas aprovecharon la ocasión para hacerse con ella sin demasiado esfuerzo, después de una corta pero intensa batalla. Gonzo entró en la choza y vio a Link echado en el suelo, no podía ni siquiera moverse. Acercó su espada a él e hizo un amago de querer asesinarlo, pero finalmente envainó su arma y ordenó a sus hombres llevarse a Zelda al barco.
-No vale la pena, no sobrevivirá aquí solo…-habló con desprecio refiriéndose a él- Hasta nunca, chico…
Y allí quedó él, completamente solo e impotente, no pudo hacer nada por salvarla. Ahora su futuro era incierto, sin ella o alguien que lo cuidara no duraría mucho y si él moría no quedaría nadie quien ayudara a Zelda.
¿Qué sería de él? ¿Y qué le harían a ella? Esas preguntas perturbaban su alma…
Continuará…
XOXOXOXOXOXOXO
Nota de Alfax: ¡Aquí tenéis otro! ¡Espero vuestro comentarios al respecto! (lo digo en serio, me ha costado bastante escribirlo y quiero saber en qué puedo mejorar)
Ahora una pregunta antes de irme…me estoy viendo desbordada al tener que verme en la obligación de actualizar cuatro fanfics, por lo que quisiera preguntaros, lectores…
¿Queréis que me centre únicamente en este fic y empiece a publicar nuevos capítulos de los otros una vez lo termine? ¿O también que continúe con alguno de los otros que tengo?
Os lo dejo a vosotros, haré lo que vuestra voluntad quiera… ¡Amén!
¡Bueno, hasta pronto! ¡Y no dudéis en comentar! ¡Yo siempre los leo aunque no responda!
