Capítulo 94: ¡La batalla por la gloria eterna!

La batalla entre los dioses Poseidón y Zeus sacudía todo el Universo, el primero era impulsado por su antigua ambición y su enorme vanidad, mientras el dios de dioses luchaba para mantener su autoridad como rey del Olimpo.

Al mismo tiempo que el Infierno, la Tierra, el Mar y el Cielo se estremecían ante la colisión divina, Hyoga de Cisne se enfrentaba a Eos, diosa de la aurora, por otra parte Shiryu de Dragón luchaba contra Selene, diosa lunar, y por último Ikki de Fénix se enfrentaba a Helios, antiguo dios solar. Abriendo así paso a Seiya, que volaba por los cielos olímpicos impulsado con las alas divinas de Pegaso…

Monte Olimpo.

Templo de Plutón.

Atenea había arribado finalmente al décimo templo olímpico tras dejar atrás el Tártaro, los círculos infernales y los Campos Elíseos, lugar desde el cual había llegado hasta los dominios olímpicos de Hades.

—¡Los cosmos de Poseidón y Zeus han estallado de repente, con una potencia inconmensurablemente poderosa…desde entonces no siento sus cosmos! ¡¿Habrán perecido ambos?! Si esto es así quizá todo haya terminado. Debo reunirme con Seiya, Shiryu, Hyoga e Ikki…

Mares Olímpicos.

En el cielo de los antiguos territorios del señor del mar, Shiryu estaba suspendido en el aire con sus alas divinas de Dragón, su rival Selene podía flotar con gran elegancia.

—¡Poseidón y Zeus han…! —exclama Shiryu perplejo. —¡Fue como si todo el Universo se hubiera estremecido!

—No es posible… —susurra Selene. —Zeus no puede haber… —dice sin querer terminar la frase. —Eso es imposible…

Nube de Oort.

Hyoga y Eos habían interrumpido su combate tras percibir que los cosmos de los dioses olímpicos estallaron.

—Es asombroso… —murmura el Cisne. —¿Todo ha terminado entonces…?

Mares Olímpicos.

Ikki perseguía a Helios alzando vuelo con sus alas, mientras que el segundo volaba con su carruaje solar de caballos de fuego, pero ambos detuvieron su marcha, y absortos miraron al cielo.

—¿Terminó…? —se preguntó Fénix.

El dios solar esbozo una sonrisa llena de confianza, ante la cara incrédula aun del santo.

Templo de Neptuno.

Tras la infinita explosión que sacudió los infiernos y los cielos, podía verse el palacio olímpico con grandes daños, Sorrento y Belerofonte estaban tendidos en el suelo, aturdidos y heridos.

Zeus había resistido con entereza, aunque tenía la respiración agitada, Poseidón estaba de pie también, pero pronto se resiente de un gran dolor, el rayo había alcanzado su cuerpo, había lastimado sus entrañas al ser atravesado por incontables volteos.

—Estás acabado Poseidón… —susurra Zeus encendiendo su ilimitado cosmos. —Tu ambición no te dará la fuerza para vencer, puesto que la justicia no está de tu lado…

—Pero ¿por qué? —se lamenta Poseidón. —Tu rayo era detenido por mi flujo marino, como es que ahora me has alcanzado…

—No importa cuales son los poderes que ostenten dioses o mortales, el que tenga el mayor cosmos triunfa. Antes mi rayo fue neutralizado, pero ahora mi cosmos arde a su máximo…ya te lo había mencionado antes, ¡no habías visto todo mi poder!

—¡Espera Zeus! —espetó Sorrento elevando su cosmos. —No dejaré que tomes la vida de mi señor Poseidón…

—Espera Sorrento… —musitó el herido rey de los mares. —No he renunciado a la victoria, a los ideales del nuevo mundo…

Poseidón encendió nuevamente su inmenso cosmos, pero Zeus no le dio tiempo y lanzó de su mano un rayo mortal, que electrocutó todo su cuerpo, hasta hacerlo caer duramente contra el suelo.

El rey de dioses se acercó para acabar con la contienda, pero en ese momento Sorrento se interpuso.

—¡Sal del camino Sorrento de Sirena, valiente es tu corazón pero fútil será tu resistencia, nunca podrás hacerme daño…! —amenazó Zeus con dureza.

—No le temo a los peligros si es para defender a mi dios… ¡MELODIA DE LA MUERTE!

Sorrento entonó su dulce melodía, la cual entumece el cuerpo de Zeus sorpresivamente, las sirenas revoloteaban a su alrededor, pero el rey de dioses esbozó una mueca de decepción y elevó nuevamente su gigantesco cosmos, unos truenos retumbaron en todo el palacio, la música de la Sirena quedó anulada por el estruendo y el cuerpo del general marino fue electrocutado por doquier, sus escamas divinas fueron destruidas y su cuerpo cayó inerte al suelo.

—Sorrento… —susurró enderezando su cuerpo Poseidón. —Maldito tirano, ¡Zeus! Eres el mismo de siempre…

—Aquellos que se revelen ante mí morirán, seré implacable contra el mal, las ambiciones ennegrecen el corazón… —respondió con frialdad Zeus, mientras tanto, Belerofonte escuchaba atentamente las palabras de su señor. —Después de destruirlo todo, reestableceré la nueva orden de los olímpicos, y tú, no formarás parte de ella…

Poseidón escuchó con impotencia las palabras del dios de dioses, su cosmos comenzó a elevarse consumiendo en ello todo su odio, sus ojos brillaban con una luz roja y el palacio olímpico comenzó a caerse a pedazos, a espaldas del rey de mares comenzó a levantase desde las profundidades del Olimpo siete grandes tsunamis, los cuales se alzaron sobre el cielo, al cabo de unos segundos un octavo tsunami se vislumbró en el firmamento, era el más grande de ellos y estaba envuelto en enormes corrientes eléctricas, se trataba del Mar Olímpico.

Zeus se mostraba imperturbable, arrebatado por la inmensa cólera, el rey de los mares apunta a su hermano con su tridente y los ochos tsunamis convergieron en un único cauce demoledor, el más grande que el Universo haya visto alguna vez. El dios de dioses apunta con su égida, creando una infinita cantidad de rayos, pero el furor de los ocho océanos envuelve todo el campo de batalla, inundando todo el vasto Olimpo.

Tras terminar el tremendo poder del rey del mar puede verse a Zeus de pie, había resistido los divinos tsunamis extendiendo la égida.

—¡No es posible! —murmura Poseidón. —¡Ha detenido el poder de los ocho mares…!

—Cuando derrotamos a los titanes repartimos el mundo en tres… —contesta Zeus con sus ojos cerrados. —Hades se quedó con el Inframundo, tú con el Mar y yo con el Cielo, pero tú Poseidón, siempre has querido más, fuiste impulsado por tu ciega ambición. Pero nunca podrás oponerte a mi poder, ni tu tridente podrá contra mi égida. El poder de la égida es algo sin igual, puede canalizar mis truenos y hacerlos aún más poderosos, es un arma inigualable, la más poderosa que existe, tu traición será pagada de la forma más cruel, ¡mano de hierro para con los traidores!

El momento del clímax había llegado, los dos dioses se miraban dispuestos a terminar con el enfrentamiento.

—¡Voy a mostrarte todo mi poder y verás que mi tridente puede atravesar tu kamui! —gritó Poseidón encolerizado.

—¡Vamos a poner a prueba tus palabras!

—¡Voy a arrebatarte la gloria eterna…!

Las dos divinidades supremas elevan sus cosmos al infinito, empuñando cada uno sus armas y se disponen a realizar un último ataque final, lanzando el tridente y la égida, que iban imbuidos de todo su poder, el ruido de un fuerte maremoto y el de un colosal trueno se escuchó en todo el Olimpo.

El tridente de Poseidón había podido atravesar la kamui de Zeus, pero no en la profundidad suficiente para alcanzar su corazón, no obstante la kamui estaba perforada y la sangre divina del dios fluía por el exterior de su cuerpo.

La égida de Zeus yacía clavada en la pared, detrás del dios del mar, que mostraba su cuerpo perforado, segundos después se arrodilla y finalmente queda tendido en el suelo, mientras el aliento le abandona.

Nube de Oort.

Hyoga termina de percibir la derrota de Poseidón, su rostro se mostraba inmutable, sabía que tras la victoria de Zeus nada había cambiado.

—Era esperable… —musita Eos con tranquilidad. —La ciega ambición de Poseidón tenía un destino previsible. Su cuerpo mitológico ha sido destruido finalmente, es Zeus decididamente el ser más poderoso y justo, aquel que debe reinar sobre todos los reinos.

—No dejaremos que Zeus se quede con la victoria, lo venceremos aunque tengamos que morir todos, ahora Eos, sal de mi camino si no quieres morir… ¡estoy perdiendo el tiempo, llegaré con el rey de dioses en este instante!

—¡No seas insensato, lo que no pudo hacer Poseidón jamás lo conseguirán los humanos…!

—¡La insensata eres tú al querer oponer resistencia!

—Silencio Cisne… ¡EL SENDERO DE LA AURORA!

La diosa emite un reflejo de luz multicolor, que teletransporta al Cisne y así misma hasta un recóndito lugar de los dominios de Poseidón en el Olimpo, allí donde comenzaba el Polo Norte Celestial. Más allá se encontraba el Mar Olímpico y luego la playa que hacían de antesala al Templo de Neptuno.

—¡¿Cómo llegamos a este sitio…?! —se pregunta Hyoga confundido.

—Convertí nuestros cuerpos en energías electromagnéticas que fluyeron directo al polo más cercano, en este caso se trata del Polo Norte Celestial. Así como el Polo Sur Celestial se encuentra más allá de las órbitas del templo de Artemisa. Son los dos lugares más fríos del Olimpo…

—¿Con que motivo me has traído hasta aquí?

—En este lugar mi poder se potencia, alimentado por las auroras que surcan los cielos, en este sitio no tienes oportunidad de vencer…

—¡El frío forma parte también de mí…!

—No se trata de la temperatura, sino de la energía que fluye en este cielo.

—¡Veamos a quien le resulta más favorable el campo de batalla que has propuesto…!

—¡Morirás inmediatamente Cisne! ¡ESPECTRO LUMINICO DE LA AURORA!

Eos cerró sus ojos y su divino cosmos se encendió de forma desbordante, el gran magnetismo polar empezó a aumentar su intensidad en el campo de batalla, al tiempo que una aurora de tonos verdes y azules se reflejaba en el cielo. Los distintos tonos de luz iluminaron el cuerpo de Hyoga, quien quedó paralizado, encorvando su postura al cabo de unos segundos.

Una sonrisa victoriosa se reflejaba en el rostro de la deidad, quien decidida intenta dar el golpe de gracia, pero en dicho momento su cuerpo comienza a temblar de frío de forma inesperada, el cielo mostraba finas capas de hielo que lo cubrían, el Cisne suelta una risa al tiempo que erguía su cuerpo.

—¿Qué sucede Eos? Es inútil, para nosotros que hemos enfrentado tantas batallas, tú, Selene y Helios no sois más que dioses menores…ahora muere… ¡EJECUCION AURORA!

El cuerpo de Eos fue alcanzado por un mortífero aire frío que superaba la velocidad de la luz, su temperatura estaba más allá del cero absoluto, la soma de la diosa se congeló por completo y estalló hasta quedar reducida a añicos, la diosa cae al suelo segundos después.

—Ya no tienes nada que hacer Eos, la victoria me pertenece, iré a ayudar a Seiya…

—Espera Cisne… —susurra en el suelo Eos. —¡No has golpeado ninguno de mis puntos vitales…! ¡¿Por qué me has perdonado la vida?!

—Mi objetivo no es tomar tu vida, si derrotamos a Zeus todo acabará…en mi duro camino de santo he tenido que arrebatar la vida de mi maestro Camus en la batalla de las doce casas, y en la guerra santa contra Poseidón hice lo mismo con mi amigo Isaac… —dijo Hyoga mientras una lágrima resbalaba por su mejilla. —De alguna manera encuentro cierta vinculación entre tu persona y ellos…adiós Eos, diosa de la aurora.

—Hay nobleza en los mortales… —respondió la diosa mientras observaba el vuelo del Cisne.

Mares Olímpicos.

Selene había desplegado su cosmos al infinito, para reflejar la luz de la Luna en Shiryu, pero este último se cubría con el escudo del Dragón, protegiéndose así del poder lumínico de la diosa.

—No podrás esconderte todo el tiempo, tarde o temprano intentarás atacar a ciegas y entonces morirás…

—No necesito ver a mi oponente para combatirlo, la vida me ha enseñado a pelear sin mis ojos, estoy seguro que pudiste sentir el cosmos de Eos desvanecerse, pronto lo mismo le pasará al tuyo…

—Que insolente, ahora verás el sufrimiento de la corteza lunar, que arde por la radiación del Sol, para poder entregarles la hermosa Luna que los humanos ven todas las noches… ¡ARDIENTE REFLEJO DE LUZ!

Repentinamente el campo de batalla se trasmuta a la superficie lunar, en el momento en que un amanecer ilumina todo el lugar con un fulgor fulminante que incinera todo lo que toca, Shiryu seguía cubriéndose con su escudo, solamente que ahora no podía bajar la guardia porque si la luz lo alcanzaba, seguramente moriría incinerado.

—Ahora estás paralizado, si te mueves tan solo un poco tu cuerpo arderá producto de la intensidad de la luz que la Luna recibe del Sol, al no tener ninguna atmósfera que filtre los rayos ultravioletas e infrarrojos…tu suerte es negra.

—¡Nosotros somos los santos de la esperanza y no creemos en la suerte, nosotros forjamos nuestro destino, ahora verás la fuerte convicción de los designios del dios dragón…!

El santo se lanza en una corrida a ciegas, siempre detrás de su escudo para protegerse de la diosa Selene, cuando finalmente estuvo lo suficientemente cerca de la diosa soltó su ataque.

—¡DRAGON NACIENTE!

Shiryu intenta conectar un mortífero gancho para desatar el vuelo del dragón, sin embargo sus movimientos se vuelven lentos y pesados, la diosa lunar con facilidad evade el puño del dragón y toda agua cósmica similar a la Cascada de Rozan se vislumbraba alrededor del santo.

Lejos de conformar al dragón que habría de violentar a Selene, el agua cósmica convergió sobre el propio santo del dragón, arrojándolo al Mar Olímpico.

—Así como la Luna influye sobre las mareas de la Tierra, mi cuerpo influye en los fluidos del cuerpo de los mortales…volviendo tus movimientos lentos y por si fuera poco tu cosmos imita la violencia del agua, elemento sobre el cual, como te dije, influye la Luna. Esta vez no te saldrás con la tuya…

Repentinamente el sector del mar donde había caído el ateniense comenzó a hacer ebullición, hirviendo por el cosmos, abruptamente las corrientes del mar se elevaron conformando un poderoso dragón de agua, que volaba en dirección a la diosa lunar, sin embargo la deidad extendió su mano en dirección a la bestia acuática, frenando su recorrido y luego revirtiendo su curso, en dirección a su propio ejecutante.

Shiryu observa sereno como su propia técnica regresaba hacia él, pero entonces expande su cosmos al infinito y suelta una patada voladora ascendente al centro de la corriente marítima con forma de dragón, haciendo contacto así con su anterior dragón naciente, logrando cambiar nuevamente el curso del ataque inicial y dándole nueva potencia en dirección a la diosa lunar, guiando esta vez al dragón naciente con su patada voladora.

Selene intenta nuevamente detener la técnica del adversario, pero esta vez su poder no es lo suficientemente fuerte para frenar el curso del dragón naciente, que yace en la pierna de Shiryu. La patada del dragón golpea en los brazos de Selene, levantando así su guardia y logrando que el dragón naciente que venía detrás embista por completo a la diosa, que caía derrotada al mar, su cosmos se extingue mientras su cuerpo se hunde.

. . .

Ikki perseguía en un vuelo rasante al dios Helios, impulsado por las alas de la armadura divina de Fénix, la deidad tiraba de las riendas de sus caballos de fuego, el carro solar tomaba direcciones impensadas, esquivando con destreza las embestidas del japonés. Ambos se movían superando la velocidad de la luz, en su trayecto vertiginoso Helios repentinamente siente una ardiente corriente de aire que se aproxima, el dios volteó observando al mortal a unos centímetros suyo.

Las alas llameantes del Fénix alcanzan el carro de la deidad, tras el impacto el carruaje explota por completo, la silueta del dios ha desaparecido, pero su imagen vuelve a aparecer súbitamente, flotando delante de su enemigo.

—No puedo creer que me hayas alcanzado… —musita Helios, que expandía un terrible brillo de sus ojos. —Sé todos tus secretos e incluso sabiendo lo que pensabas hacer no he podido detenerte…

—Eres un iluso si crees que por saber lo que haré lo podrás neutralizar… —contesta Ikki fríamente. —He superado tu velocidad Helios, en breve morderás el polvo…

—No me subestimes Fénix, es hora de que te muestre mis habilidades… ¡RESPLANDECER FULGURANTE!

Helios comenzó a irradiar de sus ojos una luz solar enceguecedora, Ikki se tapa sus ojos para detener el encandilamiento total, pero sus manos pronto comienzan a sentir que se quemaban, ardían producto del sofocante calor, atrás de la deidad podía verse todo el resplandor del Sol, que aumentaba su calor hasta quemar todo rastro de Ikki.

El dios sonreía complacido, pero repentinamente unas llamas se avivaron del campo de batalla, su rostro reflejaba una súbita preocupación, en su afán por seguir luchando acumuló en su mano derecha una esfera de luz solar. Sin salir de su asombro, la deidad observó cómo su pequeño sol se agigantaba, sin poder manejarlo, su cuerpo era cubierto por unas desbordantes llamas, su piel se quemaba, dejando sólo los huesos.

—Esa fue la ilusión fantasma del ave Fénix… —musita Ikki mirando el inerte cuerpo de Helios caer en las aguas del mar olímpico.

Repentinamente el calcinado cuerpo de Helios emerge de entre las profundidades del mar olímpico, alcanzando la altitud del Fénix, el dios aumenta su tamaño de forma desproporcionada y donde había cenizas reaparecen sus carnes, para dar forma a su cuerpo agigantado. El mismo comienza a brillar intensamente como el Sol y de un brusco movimiento de manos, Ikki termina atrapado entre las enormes y ardientes palmas del dios, que culminaron por quemar al santo.

Sin embargo, repentinamente ambos oponentes se miraban fijamente, todo había sido una ilusión, tanto lo que Ikki había intentado contra Helios, como este último que había dibujado una pesadilla en el primero.

—Conozco todas tus mañas, se perfectamente del puño fantasma, eso nunca me sorprendería, y tus alas llameantes no pueden hacerle daño al dios solar…

—Tienes razón, mis llamas nunca quemarán al Sol, sino sólo avivaran su fuego, no obstante los puños de un verdadero santo son capaces de despedazar las estrellas…

—Tus puños no podrán alcanzarme porque puedo anticipar por donde vendrán…

—¡Aunque sepas lo que voy a hacer, eso no significa que puedas evitarlo!

Ikki embiste a Helios a puñetazos limpios, pese a que el dios podía anticipar los movimientos de su rival no tenía la velocidad suficiente para escapar de ellos. Finalmente la deidad es alcanzada por un puñetazo del Fénix, que lo desestabilizó y lo dejó a merced de una ráfaga de incontables puñetazos, que terminó con un último golpe en el estómago, que hizo explotar sus entrañas por la espalda.

El cuerpo sin vida del dios cayó al mar.

Bóveda Celeste.

Seiya avanza por un camino de nubes sólidas, hasta que logra advertir que el tiempo espacio se distorsiona en algunos puntos, emergiendo de ello un sujeto que porta una gloria divina, revelando la vestimenta final de un ángel, la coraza se asemejaba a la armadura divina de Géminis, pero era de un puro color blanco, su casco tapaba entre las sombras su rostro.

—¿Un ángel? Viste una armadura divina… ¡¿Quién eres?!

El ángel soltó una risa ante la pregunta del santo y se sacó el casco de su gloria, revelando sus largos cabellos de color negro y su fino rostro. Seiya miraba a su enemigo tratando de saber quién era.

—Soy Pólux, lo que contemplas es una gloria divina…es de alabar a dónde has llegado Pegaso. De ti se hablan en el Monte Olimpo, debes estar orgulloso de ello… ¡pero aquí terminará tu odisea!