29. Claves ocultas
Habían pasado varios días desde la desaparición de la princesa Zelda y seguían sin tener algún rastro de ella. Todos en aquel poblado colaboraban en lo que podían para ayudar a Link, pero sus esfuerzos eran en vano. Comenzaba a desesperarse, no la encontraban por ninguna parte y las constantes visitas de la gaviota al Castillo de Kanalet confirmaban que allí tampoco sabían nada de ella. La única referencia que tenía de ella era el testimonio de aquel extraño barco parlante, que insistía en que ella se encontraba con vida… ¿Pero dónde?
Ese día se encontraba sentado sobre un tronco caído, a la orilla del riachuelo, observando la distancia perdido entre sus pensamientos y la maleza. Marín se había percatado de su melancolía desde hacía tiempo y se sentó junto a él para hablarle.
-Sé que estás triste por ella y que es muy egoísta por mi parte pedirte esto, pero tal vez sería mejor que comenzáramos nuestra búsqueda de los demás Instrumentos de las Sirenas, ya han pasado días desde que decidiste ayudarnos con nuestra odisea. Y mira el lado positivo, quizás mientras busquemos demos con ella y aún así todos los de aquí te están ayudando a encontrarla.
-Lo sé, no hago nada lamentándome aquí sentado…-habló decaído- ¿Pero qué puedo hacer? Ella está ahí fuera, perdida en esta enorme y desconcertante isla. Y ella es una princesa, muy capaz de sí misma, pero nunca aprendió a sobrevivir en la naturaleza. Tengo miedo de que le ocurra algo, no podría perdonármelo si…
-¿La quieres mucho, no es así? –le preguntó comprensiva- Y no te ofendas, pero… ¿Cómo una mujer de tan alto rango como ella puede…?
-¿Estar con alguien como yo? –termino su frase sin ánimo- Yo todavía estoy sorprendido, que me haya aceptado y que entre nosotros haya dejado de existir esa barrera que nos costó tanto derribar. Y pensar que todo ocurrió en esta isla…apenas pudimos estar juntos después de que ambos nos abriéramos al otro.
-¿Entonces seguís ocultando eso a los ojos de los demás, no? –le preguntó como algo normal.
-Por supuesto, en eso nada ha cambiado…-en ese momento, se dio cuenta de su extraño interés- ¿Por qué estás tan interesada en eso?
-¿Eh? ¡Por nada! Es…pura curiosidad, nada más…-le respondió entristecida, agarrándose las rodillas.
-¿Tú eras amiga del príncipe Richard, verdad? ¿Es por eso que me preguntas eso? –atinó al recordar lo revelado por su padre Tarín, provocando en ella una expectación notable.
-Sí…-reconoció tristemente- Él murió por culpa de su malvado tío Onkled y lo echo mucho de menos. Desde entonces, no dejó de pensar en lo que podría haber surgido entre nosotros si nada de esto hubiera sucedido, aunque sus padres siempre insistieron en que se casara cuanto antes con una mujer de su misma clase social y por ello jamás hubiéramos podido permanecer juntos. Y aún así, tampoco mostró un interés en mí más allá de la amistad, aunque…
-Lo lamento mucho, en esta isla estáis sufriendo mucho por culpa de ese hombre y yo aquí sin hacer nada…-se disculpó al darse cuenta de que no era el único con problemas y preocupaciones.
-No, no es culpa tuya, tú aceptaste a ayudarnos.-difirió animándolo, poniéndose en pie- Esa es la razón que me impulsa a seguir adelante… ¡Pienso vengar la muerte de Richard y a terminar con la tiranía de ese falso y déspota rey! ¡También rescataremos a esa mujer y despertaremos al Pez del Viento!
-¡Bien dicho! –exclamó una voz que salía del agua, pero sin que hubiera nadie ahí.
Ambos se asustaron y retrocedieron casi de un salto, para que después saliera del agua un Zora pidiendo disculpas.
-¡Oh, River! ¡Tú siempre asustando a la gente! –suspiró Marín al reconocerlo- ¿Y dónde has estado estos últimos días? ¡Han ocurrido muchas cosas desde entonces!
-¡Ups! ¡Lo siento! ¡Me entretuve nadando por las vías de agua de la isla y explorando un poco el océano! ¡Los monstruos son cada día más abundantes! –se percató de la presencia de Link- ¿Y tú quien eres, chico?
-¡Ah! ¡Este es Link! Llegó a la isla junto a la princesa de Hyrule, por acción de los piratas y del rey Onkled. Se ha ofrecido a ayudarnos en la búsqueda de los Ocho Instrumentos de las Sirenas, aunque como sabes sólo debemos recuperar siete.-presentó a Link, que le dio la mano al Zora en cuanto este salió del agua.
-¡¿De Hyrule, dices?! ¡Algún día me encantaría visitar el Dominio Zora! ¡Por aquí no hay tantos de mi especie como en ese reino! –le saludó encantado.
-Ya, bueno…-su entusiasmo le ponía un poco nervioso- Por cierto… ¿No habrás visto por casualidad a una mujer sola y perdida por la isla, no?
-¿Una mujer? ¡Ja, ja, ja! –se rió sin más- ¡Las únicas que podrían ir así por la isla son las piratas Gerudo! Y créeme, chico…nadie estaría tan loco como para acercarse tanto a su fortaleza.
-Y hablando de ellas…lo mejor sería que mientras buscáramos no pasáramos cerca de su territorio. Y menos ahora, que desde que Onkled tomó el mando, andan de muy mal humor y atacan a cualquiera que atreva a acercarse.-añadió Marín.
-¿Y Zelda? ¿Qué le ocurriría si se la llegaran a encontrar? –preguntó preocupado Link.
-Pues…-ella se puso a pensar- Como es una mujer, quizás serían benevolentes con ella, a los hombres no les ocurriría esa suerte. Pero como está la cosa, no sé decirte cómo reaccionarían si eso llegara a ocurrir.
-¡No os preocupéis! ¡No tienen a ningún rehén con ellas en estos momentos y dudo bastante de que quieran hacerlo! –intervino despreocupado el Zora.
-¿Y por qué lo dices? –preguntó extrañado el joven guerrero.
-Siempre que atrapan a alguien, alzan una bandera especial en señal de que guardan algún prisionero en sus calabozos. Pasé hace nada por cerca de donde ellas habitan… ¡Y los motivos no importan ahora! –se excuso algo nervioso, sin motivo aparente- En fin, no estaba dicha bandera y la veía bastante atareadas, supongo porque deben estresadas manteniendo su hogar oculto de los soldados de Onkled y las criaturas malignas que han surgido últimamente. ¡Con todo esto, lo más probable es que si se la encontraran, la mataran en el acto! ¡No están para mantener rehenes! ¡Ja, ja, ja!
-¡River! ¡¿Cómo se te ocurre decir esas cosas, gafe?! ¡Mira cómo lo has dejado! –le reprochó al ver la palidez en el rostro de Link.
-¡Uh, uh! El muchacho no parece en condiciones de salvar a esta isla…-les habló una voz que provenía de los árboles, un gigantesco búho- ¿Seguro que podrás con esta pesada carga?
-¡Kaepora Gaepora! ¡Qué alegría verte! –exclamó Marín muy alegre- ¿Cómo has estado?
-Investigando sobre los últimos acontecimientos ocurridos en la isla, la energía maligna se ha extendido y muchos monstruos han surgido como consecuencia de ello.-le explicó mirando a Link- ¿Tú reunirás los objetos necesarios para despertar una vez más al Pez del Viento? –al ver cómo lo miraba, continuó hablando- No hace falta que me respondas, lo veo en tus ojos y estoy seguro que estarás a la altura del héroe que te precedió. Y en esta ocasión, la sabiduría que reside en la sagrada Trifuerza te guiará en tu periplo…
-¿La Trifuerza? ¿Acaso la ha visto? ¿A la mujer que estoy buscando? –le preguntó esperanzado.
-¡Uh, uh! Creo que mi respuesta se asemejará a la que ya te dieron…-esas primeras palabras terminaron por defraudarlo- Percibo las energías a grandes distancias, pero aún no he encontrado el origen de la energía sagrada que ha llegado a esta isla. Mi tarea será guiarte en la búsqueda de los objetos que necesitas para tu misión, pero encontrar a esa joven será cuestión del destino hacerlo.
-¡Un momento! ¿Sabes dónde podríamos buscar el primero de los instrumentos? –le preguntó al escuchar lo que dijo.
-¡Uh, uh! Os aconsejo que busquéis en una antigua mazmorra donde ahora los monstruos moran a sus anchas. Y donde una vez se necesitó una llave, ahora encontraréis el camino libre. Pero daros prisa, otro como vosotros busca también los instrumentos…
-¿Alguien más? ¿Pero quién podría ser? –quiso saber la joven, eso podría dificultarles su misión.
-¿Amigo o enemigo? De esa persona dependerá parte del éxito de vuestra misión… -alzó el vuelo- ¡Una mazmorra y una llave! ¡No lo olvidéis! ¡Y tened cuidado con quienes acechan entre las sombras!
Cuando se hubo ido, ellos se quedaron confundidos ante lo que acababa de ocurrir, únicamente siendo el Zora quien habló más tarde.
-¡¿Y a qué ha venido ahora toda ese misterio y palabrería?! ¡¿No le hubiera resultado más fácil decirnos directamente lo que queríamos saber, en lugar de estar resolviendo acertijos?! –exclamó indignado el Zora.
-¿Qué puede significar? Creo recordar que…–se preguntó a sí misma la pelirroja- ¡Ya lo tengo! ¡La Mazmorra de la Llave! ¡Esas extrañas ruinas perdidas algo más lejos del Pantano Goponga, en la desaparecida Pradera de Ukuku, ahora absorbida por la vegetación!
-¿Pues entonces a qué esperamos? Debemos darnos prisa y llegar antes de que esa persona encuentre lo que buscamos. Y averiguar también por qué los busca…-habló con determinación Link, la búsqueda estaba a punto de comenzar.
XOXOXOXOXOXOXO
-¡Por fin hemos decidido movernos! ¡Ya tenía ganas de que nuestra nueva aventura diera comienzo! –exclamó animada Ciela, revoloteando alrededor de sus cabezas.
Únicamente ella, Marín y la gaviota acompañaban a Link en su misión, guiándolo a través de la isla. Los demás se habían quedado en el poblado por diversos motivos, entre ellos, para seguir buscando a Zelda.
-¿Estáis seguras de querer ir? Soy el único que va armado y no quisiera que os ocurriera nada.
-¡¿Qué dices?! ¡Yo puedo ayudarte con mis habilidades! ¡Recuerda que si sigues vivo es gracias a mí! –le reclamó molesta el hada.
-¡Y respecto a mí no te preocupes! ¡Por algo me traje esta mochila! –le señaló lo que portaba a la espalda- ¡Sé defenderme sola! ¡Cuando se dé la ocasión, lo comprobarás!
Link continuó avanzando sin todavía estar demasiado seguro de aquello, pero esa compañía femenina le hacía recordar cuando estaba con Midna, así que no le molestó en absoluto.
Tras muchas horas caminando, acampando en la noche debido a la hora en la que partieron de la aldea, dieron finalmente con las ruinas donde supuestamente se encontraba uno de los Instrumentos de las Sirenas. La entraba estaba oculta entre la vegetación que había crecido por el lugar y rodeada por una pequeña laguna que tendría que atravesar para llegar ahí, aunque quedaban resquicios de unas extrañas estatuas que indicaban que ese era el lugar que buscaban. Sin embargo, estaba custodiado por criaturas malignas, que les impedirían el paso al lugar. Eran tres Stalfos que portaban afiladas espadas, dispuestos a aniquilar a cualquiera que se pusiera delante.
-¡Maldita sea! ¿Y ahora qué hacemos? Lo que tengo en mi mochila no sirve para esos monstruos…-murmuró molesta Marín.
-Vosotras quedaros aquí, para mí no es nada nuevo enfrentarme a esos esqueletos…-les ordenó Link mientras se escabullía entre la maleza, acercándose desde otro dirección hacia sus enemigos.
-¿Podrá él solo? No sé, estando en desventaja numérica…-la joven estaba más preocupada debido a lo que él les había pedido.
-¡No te preocupes! ¡Esto no será nada! –exclamó más convencida Ciela, que no dudaba ni un instante de él.
Mientras tanto, Link se aproximaba a los Stalfos, planeando como atraerlos hacia él y así no avisasen a posibles compañeros dentro del calabozo. Optó por lanzarles una piedra que les molestó y se dirigieron hacia él en conjunto. En eso aprovechó para realizar una de sus técnicas, el Tajo Relámpago, con el que despachó a uno de los esqueletos. Con los otros dos, un Ataque Circular y algunas estocadas fueron suficientes para dejar sus restos por el suelo. Y nada más acabar con ellos, el grupo salió de su escondite a felicitarlo.
-¡Ha sido alucinante! ¡Qué rapidez! ¡Qué técnica! ¡Qué…! –Marín estaba realmente emocionada.
-"¿De dónde ha salido este chico? ¡Qué útil nos será en el futuro!"-graznó la gaviota interesada.
-¿Sin palabras, eh? ¡Ya te lo dije! ¡Se sabe cuidar bien él solito! Aunque alguna vez le habrán dado una paliza, como cuando…
-Ya vale, Ciela. Y no es para tanto, en serio. Lo que deberíamos hacer ahora es centrarnos en encontrar el instrumento dentro de este lugar.-les recordó mirando a la entrada a las ruinas, ahora ya despejada.
Al entrar, comprobaron el desgaste de la estructura ocasionado por los años, el clima y la vegetación. Vieron en la sala cuatro antorchas encendidas que para Link no significaron mucho, pues estaba acostumbrado. Pero delante de ellos, había una puerta que dedujeron que sería por donde deberían pasar. Sin embargo, por muchos esfuerzos que hicieran, la puerta no cedía.
-¿Y por qué no vamos por el camino de la derecha? –preguntó Marín señalando en dicha dirección que les llevaría a otra sala.
Probaron a intentarlo y en cuando cruzaron en pequeño pasillo, se vieron sobre una plataforma con un abismo frente a ellos y un camino que conducía a otra plataforma con un extraño orbe en medio. Nada más poner Link un pie en ese camino, notó la inestabilidad del suelo y se apartó enseguida, viendo como se les cerraba otra vía.
-¿Y ahora qué haremos? Estoy seguro que esa extraña esfera es importante para continuar. ¡Ag, ojalá tuviera un arco y unas flechas para poder activarla! -pateó enfadado al no disponer de los objetos necesarios.
-Eh, creo que yo podría…
-¡Nada de eso! –interrumpió Ciela a Marín- ¡Níram! ¡Tú y yo podemos volar e intentar hacer algo con esa bola! ¡Vamos!
Marín le indicó a la gaviota que obedeciera al hada y enseguida voló junto a ella para tratar de ayudarla.
-¡Reventaremos esta pelota a golpes si hace falta! ¡Ayúdame con tu pico!
Comenzaron a golpear la esfera con toda la fuerza que poseían, pero no ocurría nada y Ciela se impacientaba cada vez más, embistiendo con brutalidad hasta tal punto de dañarse a sí.
-¡Rómpete! ¡Reacciona! O haz algo…-gritó casi sin aire, posándose mareada y cansada sobre el orbe.
De repente, la esfera comenzó a brillar y aparecieron varias grietas que terminaron por destruirla. Tras eso, un misterioso cofre apareció de la nada en esa plataforma, haciendo que Ciela volara hacia él como podía.
-¿Un cofre? ¡Qué bien! –parecía completamente desorientada debido a los golpes- ¡Ábrete, vamos! ¿No querrás enfadar a Ciela, verdad?
La gaviota finalmente tuvo que valerse de su pico para abrir el cofre, cosa que no le resultó demasiado difícil al sólo tener que levantar la tapa. De ahí sacó una llave y después voló en dirección a su amiga Marín, dejando a una confundida Ciela tras de sí. Pensaron que con esa llave abrirían la puerta del principio, regresando a la anterior habitación para comprobarlo.
-Uhm, curioso…-ese tono con el que habló Ciela no auguró nada bueno- Esta puerta… ¡No tiene cerradura!
Voló histérica por toda la habitación, fuera de sí, al haberse esforzado tanto para nada. En un momento dado, se metí dentro de una vasija de cerámica antigua que quedaba como decoración en aquel lugar, levantándola con una fuerza que no creían posible para un hada tan pequeña.
-¡Ya no sé qué hacer! ¡Sólo nos queda tirarle cosas a ver si se abre! –exclamó dirigiéndose a gran velocidad contra la puerta, metida dentro del jarrón.
Sorprendentemente, en cuanto la cerámica impactó contra la puerta, rompiéndose, la puerta reaccionó abriéndose y dejándolos a todos asombrados.
-Je, je…je,je… ¡Je, je, je! –se reía completamente trastocada- Antes pateamos la puerta, por poco no os caéis en ese abismo y casi me rompo mis alitas tratando de destruir aquella esfera…y resulta que tirándole un jarrón es como se abría… ¡Je, je, je! –en ese entonces, miró que tenía sujeta entre sus manos una rupia azul- Hey… ¿Esto estaba dentro de la vasija? ¿Pero quién anda escondiendo rupias en sitios como este? La gente es tonta, tonta, tonta…
-Descansa, Ciela. Te has esforzado mucho…-le pidió Marín haciendo que el hada se posara en sus manos- Yo guardaré esa rupia para…
-¡No! ¡Es mía! Mi tesoro…-habló posesivamente, aferrándose a su preciada rupia entre las manos de Marín- ¡No dejaré que me la robéis! ¡Yo fui quien la encontró! ¡Sois unos avariciosos! ¡Y eso que os he abierto la puerta y conseguido esa llave!
-Por el Pez del Viento, no volvamos a dejar que se golpee en la cabeza nunca más…-dijo mientras la colocaba en uno de sus hombros, el que no estaba ocupado por la gaviota.
-Je, je… ¿Seguimos? –y pensaba que con Midna había vivido situaciones raras durante sus aventuras.
Al pasar a la siguiente cámara, acabaron rodeados por enemigos semejantes a Chu-chu, llamados Zol, que Link no tardó en derrotar rápidamente. Allí nuevamente había dos caminos, pero optaron por el de la derecha porque parecía más accesible. Atravesaron otras dos salas más, sin ningún contratiempo, a excepción de una desviación que fue corregida enseguida. Pero en la tercera habitación, se vieron en un callejón sin salida y se quedaron estancados al no saber cómo avanzar.
-¿Por qué no bajamos por las escaleras esas, que están ocultas bajo tus pies? –sugirió Ciela aún recuperándose, curiosamente percatándose de ese detalle ajeno al resto.
Tras apartar una pesada baldosa que la cubría en parte, bajaron hasta el nivel inferior y allí se vieron en una habitación que estaba dividida en dos por un pequeño abismo, no tan grande como el anterior, pero cuya distancia era mejor no intentar saltarla. También aparecieron poco más tarde cuatro enemigos extraños semejantes a aves rechonchas, referidas por Marín como Pairodd, que se teletransportaban de un lado a otro por la sala y al mismo tiempo trataban de golpearlos con sus cuerpos. Link se vio con muchas dificultades para atinar con su espada en aquellas criaturas, soportando sus golpes con su escudo.
-¡Link, agáchate! –le ordenó Marín con un tirachinas en la mano y unos pequeños proyectiles esféricos- ¡No respires!
Disparó la bola que impactó contra uno de los monstruos, paralizándolo con un extraño polvo amarillo. Fue ahí cuando Link aprovechó para acabar con él con su espada, repitiéndose la misma operación hasta que todos fueron derrotados.
-Gracias, Marín…-habló un poco cansado- ¿Eso era lo que guardaba en esa mochila?
-Sí, tengo buena puntería con esta cosa y también he aprendido a fabricar estas bolitas como proyectiles. Las hago con las esporas de los diferentes hongos que hay por la isla, a mi padre le encantan las setas y por eso los conozco tan bien.-le explicó humildemente- ¡Y puedo hacer más cosas! ¡Espera y verás!
-Je, es curioso…-recordó mirando el tirachinas- Yo también tenía uno en Hyrule y me sirvió durante los primeros momentos de un viaje que realicé hace tiempo, aunque sólo llegué a usar piedras. A los niños de mi aldea natal les encantaba este tipo de cacharros, les divertía mucho la verdad.
Escasos segundos después oyeron un estruendo que venía del piso superior, suponiendo que algo había cambiado en la anterior habitación. Y en efecto, parte de la pared que les bloqueaba al principio había desparecido y podían continuar con la exploración. Entraron entonces en una habitación más grande que las anteriores, por la que más tarde optaron por ir por un camino adjunto. Tras varias salas, eliminar a varios enemigos como Stalfos, Keese o Zol y activar algún mecanismo, acabaron regresando a la misma sala a la que entraron tras derrotar a los Pairodd.
-¡Genial! ¡Hemos estado avanzando en círculos! ¿Alguna idea, genios? –exclamó molesta Ciela, ya recuperada.
La repuesta no tardó en llegar cuando una de las paredes se derrumbó, ver una cerradura por la parecía encajar la llave que habían conseguido al principio y que Marín le dio uso en ese momento.
-¡Gracias! -le agradeció irónica, volando hacia la nueva sala, pero un momentos después retornó agitada- ¡Por el Rey del Mar! ¡Acabo de ver dos cosas enormes y feas allí dentro!
Al instante de entrar el grupo en la habitación, la puerta tras de sí se cerró y los dejó atrapados junto a dos extrañas criaturas negras serpenteantes y con un tamaño considerable.
-Son Serpientes Dodongo, tan impredecibles como ciegas. No deberíamos molestarlas, pero estamos atrapados aquí dentro…-miró a su alrededor- ¿Qué hacemos?
-Si nos han encerrado, quiere decir que estos monstruos podrían ser los segundos más fuertes de este lugar…-recordó sus vivencias pasadas en los templos- Si los vencemos probablemente nos llevemos algo bueno y además no tenemos otra elección. ¿Sabes cómo las podemos vencer?
-Lo siento, sólo he leído sobre ellas, nunca me he tenido que ver las caras con una de estas.
-¡Pues nada! ¡Córtalas a la mitad con tu espada, Link! ¡Y tú, Marín, utiliza tus trucos extraños con el tirachinas! –les ordenó sobrevolando a los monstruos, hasta que uno de ellos trató de comérsela debido a que su gritos, esquivándola por los pelos- ¡Y deprisa! ¡Estos bichos parecen tener hambre!
Link se puso detrás de una para arremeter contra ella, pero sus tajos no dañaron su dura piel. Y los proyectiles de Marín tampoco hicieron efecto, dejándolos sin alternativas.
-¿Y ahora? ¡Las hemos enfadado bastante! –exclamó asustada Marín viendo como se orientaban por la habitación, buscándolos para atacarles.
-¡Eso! ¡Y con esas bocas podrían zamparnos de un bocado! –añadió Ciela, protegiéndose tras Marín y su mascota.
-Bocas…-la mente de Link comenzó a imaginar- ¿No tendrás algo que pueda explotar?
-¿Eh? Pues creo que sí, tengo material para fabricar pequeños proyectiles explosivos y algunos hechos. También tengo…-le contó sacando algunas cosas del pequeño saco que llevaba a su espalda.
-¡Pues dame todo lo que tengas! ¡Haremos que se lo traguen, literalmente! ¡Así lo dañaremos por dentro! –cogió todo lo que tuvo a mano casi sin permiso y provocó a una de las criaturas para que se abalanzara sobre él.
Afortunadamente, su plan tuvo éxito y la serpiente sufrió la explosión que debió dejar sus órganos internos muy dañados, provocando su muerte. Lo mismo hizo con la otra, obteniendo el mismo resultado. Al vencer, las puertas nuevamente se abrieron y oyeron el sonido de algo metálico sobre una repisa en lo alto de la sala.
-Qué bestia…-suspiró Marín mirando su bolsa prácticamente vacía- Les echó todo lo que tenía, incluso lo que se suponía que no era necesario. No me extraña que la explosión fuera tal para que acabaran muriendo, ahora sólo me queda la mitad del polvo mágico inflamable…-se lamentó mirando una bolsita de tela a la mitad de su capacidad- Con esto no podré apañármelas con mi arma, me siento inútil…
-¡Ey, tranquila! ¡Y lo siento! Si yo me hubiera traído mi saco para las bombas, no tendría que haberte robado todo aquello…-se disculpó algo incómodo, viendo lo deprimida que estaba.
-Pues cuando lleguemos a la aldea te las vas a pasar recolectando hongos por los alrededores…-le amenazó con una mirada inquisitoria, poniéndolo nervioso.
Mientras tanto, Ciela y Níram habían volado hasta ese lugar elevado donde había caído algo, que resultó ser muy valioso.
-¡Qué llave tan grande y brillante! ¡Seguro que esta es la llave del jefe de este lugar! ¡Hacía tiempo que no veía una! –trató de cogerla, pero era demasiado para ella- ¡Y tampoco recordaba lo que pesaban! ¿Eh? ¿Qué pone aquí? "Llave Pesadilla"… ¡¿Qué?!
-¡Ey! ¿Qué hacéis? ¡Bajad esa cosa para que la veamos! –les llamó Marín desde el suelo.
Con la ayuda de la gaviota, consiguieron bajar hasta el suelo la llave y entregársela a Link en mano. La miró contento al revivir esa experiencia, convencido de que pronto darían con el primer instrumento, o más bien el segundo, pues ya poseían uno.
-¿Sabéis? He hecho un esbozo mental de la arquitectura de este lugar… ¡Y se asemeja a una llave! ¿No es curioso? –comentó Marín bastante sorprendida con su descubrimiento.
-Y yo me he dado cuenta de que gran parte del recorrido estaba hecho desde un principio, como si alguien se nos hubiera adelantado. Por ejemplos, había varios cofres abiertos y desgastados dispersos por todo este sitio, entre otras cosas. -añadió como curiosidad Ciela.
-Bueno, la leyenda dice que el héroe que salvó la isla hace siglos tuvo que superar ciertas zonas para llegar a los instrumentos, esta es una de ellas.-le explicó la joven- ¡Podemos darle las gracias por habernos facilitado el camino!
-Ya, pero también encontré evidencias más recientes, que no parecían de la época de la que me hablas. No sé…-el hada seguía sospechando, algo no encajaba.
-¿Ese búho no nos advirtió de que alguien más buscaba los instrumentos? –le recordó Link- ¿Creéis que se nos ha podido adelantar?
-¡¿Qué?! ¡¿Lo sabíais y no dijisteis nada?! ¡Hemos estado perdiendo el tiempo! –voló hacia la siguiente sala- ¡Vamos! ¡Deprisa, gandules!
Después de bajar por unas escaleras y pasar por algunas habitaciones con enemigos menores, acabaron ante un portón cuya cerradura cedería con la peculiar llave que habían encontrado.
-Está bien, preparaos…-les avisó pues tras esa puerta debería estar la cámara del jefe.
Sin embargo, lo que se encontraron fue un largo pasillo que parecía conducir a más habitaciones y además esa zona parecía haber sido modificada. Ahí parecía residir un grupo de monstruos, pero que ya no estaban, además de algunas celdas carcelarias donde podrían haber retenido a alguien. Ese lugar era más oscuro y tétrico que todo lo demás que habían superado.
-¿Qué está pasando aquí? ¡Deberías estar enfrentándonos a un monstruo poderoso en estos momentos! –se quejó Ciela, que parecía ser la que más tenía ganas de pelear contra algo así.
De pronto, comenzaron a oír el dulce y melodioso sonido de una campana, que parecía hacerse más fuerte a cada momento.
-¡Esa debe ser la Campana Blanca Marina! ¡Estoy segura! –exclamó alegre Marín- ¿Pero por qué está sonando? ¿Y por qué se la escucha cada vez más cerca de nosotros?
También oyeron los pasos apurados de alguien y los jadeos de esta persona, que apareció corriendo por un pasillo por el que todavía no habían ido. Era un niño con una extraña máscara de mapache que el tapaba el rostro, portado lo que parecía ser la susodicha campana.
-¡Hey, niño! ¡Alto ahí! ¡¿Y qué se supone que haces a…?!
El niño frenó en seco, llevándose por delante a Ciela que no terminó de preguntarle. Se quedó observándolo un momento, para luego gritarles a viva voz.
-¡¿Qué hacéis?! ¡Tenéis que huir enseguida! –les avisó con prisa el muchacho- ¡Vendrá a por vosotros!
-¡Tranquilízate! ¿De qué tenemos que…? –Marín no pudo terminar su pregunta, pues en la dirección de la que había venido el chico apareció un monstruo que como un Zol gigante e imbuido por la oscuridad.
-¡Aaaah! ¡Ya está aquí! ¡Nos matará a todos! –gritó asustado el chaval.
-¡No te preocupes, chico! Yo me encargaré de…-se alzó Link con valor, pero algo no fue bien.
En ese preciso instante, una sensación extraña recorrió el cuerpo y le impidió atacar, cayendo de rodillas al suelo casi paralizado y con dificultad para respirar.
-¡Hey! ¡Este no es el momento para bromear! ¡Levántate! –le exigió Ciela, viendo como esa cosa se acercaba botando hacia ellos.
Pero por mucho que quisiera, su cuerpo no reaccionaba, era como si la energía maligna que desprendía ese ser le afectara. Algo así jamás le había pasado, ni siquiera bajo influencia del Crepúsculo. Y su Trifuerza, parpadeaba de una manera extraña bajo su guante, definitivamente algo no iba bien.
-¡¿Pero qué hace ese tío?! ¡Va a conseguir que lo maten! –exclamó el niño atónito con lo que estaba pasando.
Él era una víctima fácil para esa bestia, por lo que esta se centró en Link y se dirigió a atacarlo, golpeándolo con violencia con su voluminoso cuerpo y lanzándolo contra una de las paredes cercanas. Link seguía sin poder moverse, pero extrañamente apenas sentía el dolor causado por aquel golpe. Al ver que seguía vivo, el monstruo trató de acabar con lo que había empezado, tenía la intención de aplastar y asfixiar al joven. Pero sus intenciones se vieron truncadas ante las provocaciones que le hacía Marín lanzándole piedras o llamando su atención.
-¡Nooo! ¡Quítate de ahí! ¡No lo provoques! –le ordenó preocupado el niño por lo que estaba a punto de hacer ella- ¡Huye, rápido!
La fuerza de los movimientos de la criatura al desplazarse hicieron que Marín perdiera el equilibrio y quedara a merced del monstruo. Cuando todo parecía estar perdido para ella, le lanzó lo único que le quedaba en su bolsa, el polvo mágico inflamable. Para su sorpresa, su enemigo comenzó a arder con más vehemencia de la que sería habitual y al poco tiempo el fuego terminó por consumirlo, despareciendo.
Tras eso, Link recuperó el control de su cuerpo y volvió en sí, sintiéndose confundido por lo ocurrido.
-¡A buena hora que reaccionas! ¡Si no hubiera sido por Marín hubiéramos acabado muertos! –le reprochó el hada al joven guerrero.
La gaviota Níram se posó en el hombro de la consternada pelirroja, feliz de que estuviera a salvo. Y tras ella, llegó el niño también muy apurado.
-¡¿Te encuentras bien?! ¡¿Te has hecho daño?! –le preguntó muy preocupado- ¡¿No estarás herida, no?!
-Eh…no, estoy bien.-le contestó aún sin entender lo que había sucedido- ¿Y lo estáis vosotros?
-¡Por suerte, no! ¡Pero ya veremos la próxima vez si este se vuelve a quedar atontado como ahora! –le recriminó Ciela al muchacho- ¡¿Qué fue lo que te pasó, eh?!
-Es muy raro, lo que te ocurrió no fue normal…-se aproximó Marín a él, comprobando su estado- ¿En serio te encuentras bien, Link?
-Sí, más o menos…-afirmó decepcionado consigo mismo y algo avergonzado por las atenciones de ella.
Mientras a él le atendían y le preguntaban sobre lo ocurrido, el niño le miraba fijamente, como si la máscara no fuera suficiente para ocultar su envidia.
-¿Y tú, chico? ¿Qué se supone que haces aquí? –se dirigió Marín hacia él, sacándolo de su pensamientos.
-¡Hey, es cierto! ¡Este lugar es muy peligroso! –revoloteó Ciela a su alrededor, regañándolo- ¿Y qué haces con esa campana? ¡La estábamos buscando!
-¿Cómo te llamas, chaval? –intervino Link- ¿Y dónde están tus padres?
-Yo…eh…-dudaba en hablar- No tengo padres…
-Oh…-el hada se compadeció de él- ¡Qué triste! ¡Y encima casi es devorado por un terrible monstruo! ¿Y qué te pasa en la cara? ¿Por qué llevas esa careta con forma de mapache?
-¡No la toques! –apartó al hada cuando esta trató de quitársela- ¡Era una costumbre de mi familia! ¡No podemos mostrar nuestros rostros a nadie! ¡O al menos hasta que yo lo decida!
-Vaya, curiosa tradición…-comentó la joven- ¿Y por qué un mapache? ¡Es que me recuerdas a mi padre! ¡Él siempre se disfrazaba de ese mismo animal en el carnaval! ¡Y también siempre que podía!
-Sólo es un animalejo, no importa la forma que tenga la máscara…-murmuró incómodo por su interés.
-"!¿Animalejo?! ¡¿Eso piensas de nosotros?! ¡Menudo niñato! ¡Aprende a cerrar el pico, maleducado!"-graznó la gaviota picoteándole la cabeza por tal insulto.
-¡Yo no soy un niñato! ¡Sólo que no me gusta que me pregunten por qué llevo esto! –se defendió de las acusaciones del ave.
-¡¿Cómo lo has hecho?! ¡Pudiste comprender lo que dijo! –exclamó sorprendida Marín, llamando también la atención de Link- ¿Tú también puedes entender a los animales?
-Eh, bueno…sí…-no estaba muy a gusto con la pregunta- ¿Ocurre algo malo?
-¡No! ¡Qué va! ¡Eso me pone muy alegre! –afirmó abrazándolo con fuerza, avergonzándolo- ¡Ya somos tres en este lugar los que podemos hablar con los animales!
-¿Así que ese muchacho también puede? –lo preguntó no con buen tono- ¿Y tú quien eres?
-Yo me llamo Link, vengo del reino de Hyrule.-se presentó amablemente, dándole la mano- ¿Tu nombre?
-Eh…-parecía que se lo estaba pensando, aceptando el saludo- Ricardo, soy de esta isla… ¿Un poco lejos queda ese lugar, no?
-¡Ya vez! ¡Hola, soy Ciela! –se presentó el hada- ¡Y ella es Marín! ¡Ah! ¡Y el pájaro se llama Níram!
-¿Podrías decirnos ahora cómo acabaste aquí y qué hacías huyendo de esa criatura? –le preguntó con interés la joven.
-Pues…fui apresado por los monstruos que habitaban este lugar, cuando vagaba sin rumbo por la selva. Sin embargo, poco después algo pareció asustarlos y muchos se fueron, dejándome la oportunidad para escapar. Y mientras lo hacía…
Antes de que pudiera terminar su explicación, un pergamino enrollado se deslizó por su ropa. Al abrirlo vieron que era un mapa de la isla con ciertas indicaciones y marcas correspondientes a los lugares en los que según la leyenda, se encontraban los Instrumentos de las Sirenas.
-¡Hey, él es quien también busca los instrumentos! ¿Pero por qué un niño iba a embarcarse en una aventura así? –se preguntó Ciela- ¡Responde! ¡Tú sabías lo que hacías desde el principio! ¡Y no se te ocurra mentirnos!
-¡Vale, es verdad! ¡Buscaba la Campana Blanca Marina! ¡Pero no mentí cuando dije que me capturaron! –se excusó el chico, molestó porque le hubieran descubierto.
-¿Y por qué buscas los Instrumentos de las Sirenas? –insistió Marín- ¿Qué motivos tienes para arriesgar tu vida en esa búsqueda?
-¿Y vosotros? ¡No me digáis que no lo sabéis! –les acusó el niño- ¡Es para despertar al Pez de Viento!
-¿Pero con qué motivo? ¿Qué quieres de una divinidad como esa? –continuó Marín con su interrogatorio, sin entender las acciones del muchacho.
-Pues para acabar con ese falso rey que ahora gobierna la isla…-confesó apretando los puños debido a la rabia- Durante la rebelión mis padres murieron y desde que gobierna ese tirano, muchos sufren por su culpa… ¡¿Estás satisfecha?!
-Hey, este niño tiene coraje…-comentó Ciela sintiéndose un poco mal- ¿Vendrá con nosotros, cierto? ¡No podemos dejarlo solo! ¡Y además tiene un mapa!
-¿E-en serio me ayudaréis? ¿Queréis lo mismo que yo?
-¡Claro! ¡Nosotros también queremos derrocar a ese malvado! ¡Y con la ayuda de Link seguro que lo conseguiremos! –abrazó al muchacho, que se ruborizó bajo esa careta.
-Ya…eso si no vuelve a quedarse pasmado mientras os atacan…-le recriminó el niño al joven guerrero.
-"Uhm…quizás sea consecuencia de lo que la Gran Hada pronosticó…"-pensó Ciela, mirando a un desanimado Link- "Tal vez por eso no debería acompañarnos, la energía oscura de estos lugares podría llegar a afectarle nuevamente…"
XOXOXOXOXOXOXO
Una vez salieron de las ruinas, no tardaron mucho hasta encontrarse con el búho, que les sorprendió hablándoles desde la copa de los árboles.
-¡Uh, uh! Veo que habéis salido triunfantes de vuestro primer desafío. Y alguien más se os ha unido…-miró al muchacho de la máscara- ¿Te resultó de utilidad ese mapa?
-¿Ya os conocíais? –preguntó sorprendida Marín- ¿Tú sabías que él era quien estaba buscando también los instrumentos?
-¡¿Pero cómo se le ocurre, Kaepora Gaepora?! ¿Dejó que un niño indefenso fuese solo a un lugar como este?! –le recriminó el hada, volando hacia él- ¡¿Se le ha ido la cabeza?!
-No fui yo quien lo alentó a ir, fue él quien me lo pidió…-les explicó tranquilo- Yo sólo le hice el favor de volar hacia el castillo y recuperar un mapa guardado entre las estanterías de aquella enorme biblioteca.
-¡Ahora todo tiene sentido! ¡Este es el mismo mapa que había allí! ¡Gracias a que me lo memoricé pude saber que debíamos venir a este lugar! –atinó la joven con su deducción- ¿Pero cómo tú podías saber de su existencia? Nunca te he visto por el castillo y recuerdo que siempre acababa en un sitio diferente debido al uso que hacíamos de él.
-Es extraño… ¿Este joven aún no…? –cortó en ese momento al ver que el niño le negaba disimuladamente, pidiéndole que no hablara- ¡Oh, no importa! ¡Lo único que os debe importar es encontrar los demás objetos! Y debéis tener cuidado con las pesadillas que custodian los sueños del Pez del Viento, ya que por lo que veo, habéis tenido dificultades para derrotar a uno de ellas.
-¡¿Esa cosa es producto de un sueño de ese ser?! ¡Por el Rey del Mar! –exclamó Ciela asqueada- ¿Hay más de esas cosas por ahí?
-No puedo afirmarlo, pero creo que así es. Esta vez, para su propia supervivencia, han querido repartirse por toda la isla, en vez de esperar a que alguien tuviera la fortuna de superar todas las pruebas. Seis pesadillas, en seis lugares diferentes. La más débil ha sido ya derrotada, todavía quedan cinco. Son ocho los instrumentos que habéis de recolectar, dos en vuestras manos ahora están. Sin embargo, también he notado la disminución de la energía malévola, más seres deben han dar tras estos…
-¿Más? ¿Todavía hay más gente tras los instrumentos, además de nosotros? –preguntó Marín desconsolada- ¿Y qué es eso de la reducción de la influencia maligna? ¿Acaso quienes también buscan nos están adelantando?
-No descarto que en estos momentos posean en su poder, al menos, uno de los objetos que necesitáis. Pero esta vez, desconozco quien podría ser. Tengo mis sospechas, pero no son nada halagüeñas…-les habló decepcionado- De momento, tened cuidado, temo que los que también buscan no sean gente con buenas intenciones. Volved entonces a la aldea, debéis preparaos cuanto antes para vuestro siguiente destino.
Después de que se marchara, todos se quedaron preocupados por las palabras del sabio búho. Si era verdad aquello, se verían en serios problemas.
-¿Nadie ha pensado que ese búho sabe más de la cuenta? –comentó el niño- Tengo la sensación de que podría estar ocultándonos algo, como si fuera una especie de prueba.
-Tal vez, pero su expresión no era nada buena…-añadió Marín con preocupación- Si se ha puesto así, significa que algo malo podría sucedernos si llegáramos a encontrarnos con ellos.
-Y he ahí la cuestión, son "ellos"…-señaló ese detalle el joven guerrero- Lo que quiere decir, que pueden ser muchos. Probablemente, hayan tenido tiempo de buscar mejor y más rápido que nosotros, de ahí que ese búho haya notado una disminución de la influencia de la maldad en la isla, al derrotar a los monstruos que deben estar custodiando los instrumentos.
-¡Y seguro que Siwan y Mascarón Rojo también lo habrán notado! ¡Seguro que no nos habrán dicho nada para no agobiarnos! ¡Tenemos que regresar enseguida! –gritó la pequeña hada, haciendo que el resto comenzara a moverse.
XOXOXOXOXOXOXO
Tras un largo camino de regreso a la aldea oculta, el sabio Siwan y Mascarón Rojo no dejaron de alagar sus esfuerzos y el haber encontrado al extraño niño de la máscara, otra más se unía a la comunidad. Pero después de eso, el grupo quiso confirmar lo que el búho les había dicho.
-No podemos negarlo, nosotros mismos hablamos con él poco después de que os marcharais.-afirmó el anciano Siwan- Es algo que nos desconcierta, hace apenas unos días todo seguía igual, y ahora creemos que uno de los instrumentos ha sido sustraído del lugar donde está guardado.
-Lo que indica que son poderosos y hábiles, además de conocer la ubicación exacta de los diferentes instrumentos. Aunque eso último quizás no sea relevante, podrían haberlos deducido según lo relatado en las numerosas leyendas de la isla.-habló el barco, notándose algo angustiado- En algún momento, os tendréis que ver las caras con esos nuevos enemigos y arrebatarles los que hayan podido conseguir para ese entonces.
-¿Y todavía no hay rastro de ella? –él estaba más preocupado por el estado de su princesa- ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Y si llegara a encontrárselos?
Ambos sabios permanecieron en silencio durante unos instantes, para luego informar al muchacho de lo poco que sabían.
-No hemos encontrado ninguna pista que nos diga su paradero, pero…-comenzó el barco, aumentando la tensión de Link.
-Hemos sentido hace poco como su energía sagrada ha chocado con la maldad que estaba cubriendo esta isla.-siguió Siwan- Quizás pueda ser debido a un enfrentamiento con alguna criatura hostil. Afortunadamente, su energía vital sigue intacta, por lo que significa que salió victoriosa de ese encuentro y por el momento parece estar ingeniándoselas para sobrevivir.
-¡Eso no me vale! ¡Mientras ella está sola, yo estoy esforzándome para salvar a un reino que no tiene nada que ver conmigo! ¡Y ni siquiera los que conocéis esta isla, sois capaces encontrarla! –se marchó después de que les gritara a todos, dándoles a recordar eso mismo.
-Sólo está preocupado por ella, no le demos importancia. Aunque deberíamos considerar eso de que nos ayude…-comentó Ciela.
-¿Por qué lo dices? ¿Ocurrió algo en el lugar al que fuisteis? –le habló Siwan ante esa insinuación.
XOXOXOXOXOXOXO
Link se encontraba descansando en la cabaña que le habían asignado, sintiéndose algo mal por sus palabras y por la ausencia de Zelda, de la cual nadie sabía. Pronto sintió a Marín acercarse a él, que se sentó a su lado portando una curiosa máscara con la silueta de la luna en ella.
-¿Por qué traes eso contigo? ¿Y además por qué me buscabas? –le preguntó no con buen ánimo.
-Es por lo que dijiste antes, que te estás esforzando para ayudarnos y nosotros todavía no hemos conseguido ayudarte en absoluto.-le contestó mirando a la máscara- Y esto, bueno…tiene que ver con lo que hablamos la otra vez sobre Richard. No sé, cuando hablaste de esa mujer, me acordé de esto que me dio el mismo día en el que nos separamos.
XOXOXOXOXOXOXO
"El Castillo de Kanalet estaba siendo atacado por monstruos, súbditos dispares y soldados del propio castillo, convencidos o engañados por el Duque Onkled, hermano del rey de la isla, para realizar un levantamiento contra los actuales reyes. Dos jóvenes se estaban escondiendo de aquellos asaltantes, el príncipe Richard y su amiga de la infancia Marín.
-¡Maldita sea! ¡A este paso acabarán encontrándonos! –maldijo el príncipe comprobando lo que estaba ocurriendo- Sé que me están buscando, seguramente mis padres hayan…
-¡No digas eso! ¡Todavía podemos huir del castillo! ¡Tú y yo conocemos todas las salidas posibles de este lugar! –intentó animarle la joven.
-¿Y tu padre? ¿No estás preocupada por él? –le recordó intentando mantener la compostura, pues cabía la posibilidad de que lo asesinaran.
-Bueno, sí…-admitió triste- Pero antes vi como muchos criados huían sin que los atacaran, por lo que quiero creer que este ataque sólo va dirigido a tus padres y ti…
-Exacto, y si me fuera contigo, podrían hacerte daño…-en ese momento, le entregó un paquete que tenía guardado consigo- Llévate esto, me gustaría que lo guardases por mí, si no es mucho pedir.
-¿Qué es esto? ¿Por qué me entregas algo así en un momento como este? –pronto se dio cuenta de sus intenciones- ¡No! ¡Es una locura! ¡No pienso marcharme sin ti, Richard!
-¡¿Y qué otra cosa podemos hacer?! ¡No te buscan a ti! ¡Y tal vez logre evadirlos más tarde!
-¡Me niego! ¡Además de tu amiga, soy tu súbdita! ¡Tengo el deber de cuidar y proteger al legítimo…!
No pudo acabar, pues se paralizó al recibir un abrazo del joven monarca, despidiéndose de ella segundos más tarde.
-Cuídate… ¿Vale? –fueron sus últimas palabras antes de marcharse, pretendiendo atraer la atención de quienes querían verle muerto.
Marín no pudo hacer otra cosa que ver cómo se defendía de ellos, huyendo de ahí para dejarle a ella la posibilidad de escapar con vida. Después de eso, nadie volvió a verlo…"
XOXOXOXOXOXOXO
-Vaya, es realmente desolador…-admitió Link, sintiéndose afortunado- Perdóname, no debería haberme quejado de mi situación, al menos puedo tener la esperanza de que ella sigue con vida.
-No lo hagas, no es culpa tuya…-negó con lágrimas en los ojos, abrazando la máscara- Existe en la isla una creencia importada de alguna tierra lejana, que dice que si dos personas se comprometen entregándose dos máscaras representando al sol y a la luna en el día grande del carnaval, traerá la prosperidad a sus vidas. Por aquel entonces aún quedaba mucho para esa fecha, por lo que me quedaré el resto de mi vida con la duda de por qué me dio esto aquel fatídico día…
Rompió a llorar debido a las fuertes emociones que evocaba al recordar todo aquello, aceptando él consolarla algo incómodo pero comprendiendo lo que estaba pasando. Lo que ninguno de los dos sabía, era que estaban siendo observados por el pequeño Ricardo, que a pesar de la careta era notable su molestia por la situación.
XOXOXOXOXOXOXO
Tras recomponerse, su actitud cambió bastante ante Link. Lo primero que hizo al día siguiente fue ordenarle que fuera a recoger setas y hongos por los alrededores, para proporcionarle materiales con los que elaborar munición para su tirachinas. Ricardo se ofreció ayudarlo, pues afirmó que no tenía nada mejor que hacer y parecía querer ganarse el favor de la muchacha.
Sorprendentemente, fue de gran utilidad a la hora de recolectar, debido al desconocimiento de Link de las extrañas variedades de hongos que crecían en la isla. Volvían al poblado cargados con cestas y varios kilos de lo que habían estado buscando, con tanta diversidad de setas para que Marín hiciera proyectiles de todo tipo.
-¡Seguro que estará encantada con todo lo que le traemos aquí! Y así también espero que me perdone por lo ocurrido en las ruinas…-comentó recordando aquel incidente.
-¿Sois muy amigos, no? –preguntó Ricardo con cierto retintín- Si no me equivoco, tú andas buscando a una mujer a la que parecías tenerle mucho aprecio. Y ella, parece haber perdido a una persona muy querida, es bastante vulnerable.
-¿Qué quieres decir con todo eso? –le preguntó extrañado por lo que insinuó.
-¡Tú lo que eres es un aprovechado! –le acusó dejando la recolecta en el suelo- ¡A mí me ha enseñado que hombres como tú no son de fiar! ¡Aprovechas la ausencia de una, para cortejar a otra! ¡Y valiéndote del papel de muchacho comprensivo y amable! ¡¿No tienes vergüenza?!
-¡¿Pero qué te ha picado, chico?! ¿A qué viene todo eso? –entonces, se dio cuenta del asunto- ¿Nos estuviste espiando, verdad?
-¡¿Qué?! ¡N-no os estaba espiando! ¡Pasaba por ahí y escuché su historia! ¡Lo que ocurrió hace meses y todo eso! ¡Pero te vi demasiado amable con ella! ¿Desde cuándo os conocéis?
-Apenas una semana o algo así, pero eso no debería importarte…-en su rostro de dibujó una extraña sonrisa- ¿Estás celoso?
-¡¿Celoso?! ¡Sólo soy un niño! Además es demasiado mayor para mí…-intentó excusarse sin demasiado éxito- ¡Pero eso no importa! ¡No deberías estar tan "amable" con ella si se supone que ya tienes una novia perdida por ahí! ¡Y seguro que ella sí que está buscándote!
En ese momento Link se rió un poco, recogiendo todo para caminar nuevamente hacia la aldea.
-¿Por qué te ríes? ¿Qué te hace tanta gracia? –le preguntó molesto mientras cargaba nuevamente con lo suyo.
-Es porque usaste ese término, hasta este momento no me lo había planteado… ¡Y hasta suena mal para alguien como ella! –continuó divertido por aquello.
-¿Y quién es exactamente ella? Todavía no sé quién es la mujer a la que buscas.-su actitud pasó a ser más interesada, dejando a un lado la conversación.
-Pues a alguien muy especial, a la princesa de Hyrule…-respondió en un suspiro.
-¡¿A la princesa de qué?! –exclamó el muchacho sorprendido, cayéndose algunas setas que enseguida recogió- ¡¿A Zelda?! ¡¿Pero cómo alguien como tú puede haber logrado el afecto de alguien así?!
-¿Eh? ¿Cómo es que la conoces? –le preguntó confuso- ¿Y por qué hablas así de ella?
-Eh… ¡Es la soberana de Hyrule! ¡Es normal que sepa algo de los gobernantes que había en los diferentes reinos! ¡Y además su familia está emparentada con la que gobierna esta isla!
-Ah, es verdad, ella me lo había comentado.-trató de recordar- Creo que el príncipe Richard podría haber sido…
-Su primo tercero, la hermana menor de su abuelo se casó con el del príncipe y de ahí el árbol genealógico que une a las familias. Y Onkled era primo de su difunto padre, por lo que sería primo segundo suyo.
-¡Ag, déjalo! ¡Me hago un lío con los rollos familiares! –le pidió desconcertado- Aunque tú pareces saberlo bastante bien…
-¡Eso porque soy mucho más inteligente que tú! ¡Sólo eres un chaval al que le han dado una espada y lo han puesto a combatir! ¡Y ni siquiera te he visto hacerlo! No sé porque tienen tanta confianza en ti, sobre todo ella…
Poco después llegaron al poblado, donde les estaba esperando Marín con ansias, llevándose una grata sorpresa cuando vio lo que le había traído.
-¡Aquí te traigo de todo! ¡Podrás hacer cualquier tipo de munición! ¡Paralizante, inflamable, venenosa, adormecedora, explosiva…! ¡Y también hemos traído algunos comestibles! ¡Mira este champiñón! ¡Lo encontré yo! ¡Es más grande que mi cabeza! –le mostró la mercancía tratando de impresionarla.
-¡Gracias, pequeño! ¡Con esto tendré más que suficiente para nuestra próxima aventura! –le abrazó enormemente agradecida y feliz- ¿Tú también eres un amante de las setas, verdad?
-Sí, es realmente impresionante. Yo solía recolectar setas en mi aldea, pero la mayoría de los de por aquí son desconocidos para mí.-admitió sorprendido por los conocimientos del muchacho.
-¡Ah, es verdad! ¡Todavía no me has contado nada de ese lugar! ¡La vida en el campo ha de ser fantástica! –se aproximó a Link para hablarle, iniciando así una conversación en la que terminaron ignorando al pobre Ricardo.
-Maldito seas, rubiales…-murmuró furioso, apretando un puño- Yo hago todo el trabajo y después ella sólo me da un abrazo, para después irse a charlar contigo y olvidarse por completo de mí…
-¡Oh, exquisito! ¡Con esto prepararé una deliciosa cena para todos! –exclamó la osa Kuma, aficionada a la cocina, cogiendo todas las setas comestibles que habían traído y quitándole de las manos al niño ese enorme champiñón.
-¡Devuélveme eso! ¡Esa cosa es para Marín! ¡Ni se te ocurra comértelo! ¡¿Me oyes?! –le amenazó mientras la seguía hasta su morada- ¡Este lugar está lleno de criaturas extrañas!
XOXOXOXOXOXOXO
Después de aquella copiosa cena, Link reposaba tranquilo en su choza, esperando a dormirse lo más pronto posible. Aunque en esos momentos estaba hablando con Ciela, por lo que su descanso reparador tendría que esperar.
-¿Sabes? He estado dándole vueltas a lo de esa princesa…-divagó ella en un momento de la conversación- Había pensado… ¿Por qué no usas tu olfato para buscarla? ¿No se suponía que eras capaz de percibir cosas a bastante distancia?
-No exageres, no puedo oler a tantos kilómetros de donde yo me encuentro…-le explicó molesto- Además de que la diversidad de olores me confunde y la lluvia ha borrado su rastro,
-Ya, aunque es curioso que no hicieras uso de tus sentidos animales cuando estábamos en la Caverna de la Llave o cómo sea…-insinuó el hada- ¿Puede deberse a lo que te ocurrió cuando luchábamos contra esa Pesadilla?
-Tal vez, no dije nada, pero me sentí extraño nada más aproximarme a la entrada de ese lugar…-le confesó molesto con ello- Y respecto a lo de Zelda, aunque estuviera lo suficientemente cerca como para detectar su olor, no sería capaz de reconocerlo…
-¿Y eso? ¿Por qué? –preguntó interesada, sabiendo que algo iba mal.
-Porque…-le costó horrores admitirlo, sintiéndose inútil- ¡Lo he olvidado!
El silencio se hizo en aquella cabaña, Ciela sabía lo que significaba aquello y las cosas se estaban poniendo cada vez más complicadas.
Continuará…
XOXOXOXOXOXOXO
Nota de Alfax: ¡Por poco! ¡Entre el ordenador, la desgana y la escuela casi no publico!
*Por cierto, quien sepa que significa que el ordenador arranque pero no funcione, además de que lo único que hace es el sonido de la disquetera abriéndose y cerrándose, pero sin que haga nada… ¡Ayuda! ¡Que no hay dinero para el diagnóstico de un técnico!
En fin, probablemente hasta navidad o después no pueda publicar, pero espero que pueda hacer otro capítulo antes.
¡Hasta otra! ¡Espero que os guste este capítulo! ¡Y no dudéis en comentar!
