Capítulo 95: El corazón ambivalente del gemelo legendario.
La batalla por la gloria eterna entre Poseidón y Zeus concluyó con la victoria del rey del Olimpo, quien exhibió todo su ilimitado poder. Finalmente la ambición del emperador del mar se extinguió, junto con la vida de su último general marino en pie, Sorrento de Sirena, quien intentó defender a su dios de Zeus, pero terminó asesinado con toda crueldad por el emperador celestial.
Atenea ya se encontraba en el Templo de Plutón luego de haber dejado los Infiernos y ahora se dirigía a la batalla final.
Al mismo tiempo, Hyoga de Cisne, Shiryu de Dragón e Ikki de Fénix habían vencido a los dioses Eos, Selene y Helios respectivamente.
Templo de Júpiter.
Zeus había regresado a su palacio olímpico junto a su ángel Belerofonte, la deidad había sido herida en su pecho por el tridente de Poseidón. El sonido de unos pasos se sentía en los pasillos del recinto, se trataba de otro de los ángeles.
—¡Señor Zeus! —proclamó Aquiles al tiempo que hacía una reverencia. —Ha triunfado como era de esperarse… —en ese momento nota la herida en el pecho del rey de los cielos. —¡Pero ha sido herido mi señor!
—Después de todo estaba peleando contra mi hermano Poseidón, pero no te preocupes, no es más que un rasguño… —respondió el dios.
Templo de Neptuno.
Hyoga de Cisne llega a la entrada del palacio y camina con cuidado por el agua que había inundado el recinto, la cual llegaba a sus rodillas, rápidamente pudo advertir lo que eran los vestigios de una tremenda batalla.
—Aquí debe ser donde chocaron los cosmos de Zeus y Poseidón, jamás en mi vida había experimentado una colisión cósmica tan terrible…
—¡El poder de Zeus escapa a nuestra imaginación! —exclamó una voz que provenía de la entrada del recinto.
—¡Shiryu, sabía que volveríamos a vernos…!
Ambos santos se adentran aún más en el palacio, hasta que notaron un cuerpo calcinado flotando en medio del agua.
—Ese es… —susurra Hyoga al tiempo que se acerca con Shiryu al cadáver. —¡Sorrento de Sirena!
—Era un guerrero honorable y fiel. Los marinos conscientes o no, nos han dado una mano enorme en esta última guerra santa… —reflexiona Shiryu.
Una lápida de la más fina piedra flotaba contra toda lógica en la superficie del Espejo de Agua, único sitio del recinto que se mantenía inmaculado. En ella estaba incrustado el tridente de Poseidón.
—Le han dado los rituales fúnebres a Poseidón, pero han dejado a Sorrento tirado como un perro… —dice Shiryu con molestia.
—Eso muestra la diferencia que establecen entre ellos, los divinos y nosotros, los mortales, para ellos somos como insectos… —musita Hyoga.
—¡No para Atenea!
—Ella nos ama…es la única diosa, los demás no merecen ese título, son solo egoístas asesinos…
Bóveda Celestial.
Seiya de Pegaso se había encontrado con Pólux en su camino a Júpiter, un ángel que portaba una gloria divina y que confiado había venido a cortarle el paso.
—Soy Pólux, lo que contemplas es una gloria divina…es de alabar a dónde has llegado Pegaso. De ti se hablan en el Monte Olimpo, debes estar orgulloso de ello… ¡pero aquí terminará tu odisea!
—¡¿Pólux?! —exclamó Seiya sorprendido. —¡Entonces eres hermano de Cástor, quien fuera el estratega de esta gran guerra…el Patriarca elegido por Atenea!
—Mi hermano Cástor ha comandado al Santuario bajo las sombras en esta última guerra santa, lo cual es considerado blasfemia por el Olimpo, pero yo limpiaré su nombre, venciendo a todos los santos que han derramado tanta sangre en esta tierra santa…tú serás el primero Pegaso.
—¡Tu hermano no ha cometido ninguna blasfemia, ha luchado por sus semejantes ofreciendo a cambio su vida, fue asesinado por la espada de Aquiles…en su intento por evitar la muerte de Atenea! ¡No dejaré que insulten su memoria!
—Aunque Cástor estaba equivocado, eso no significa que no deba enaltecer su valor. Es un hombre que ha luchado por aquello en lo que cree. ¡Pero yo protegeré esta tierra santa con todo mi poder!
—¡Según nos contó tu valeroso hermano, ustedes lucharon por Atenea en la era mitológica…fueron los primeros en vestir la armadura de Géminis! ¿Cómo puede ser que luches contra Atenea después de ser un santo de oro?
—En esta era he reencarnado como uno de los ángeles, no como un santo dorado…he sido elegido directamente por el rey de dioses, pese a su gran valor, Cástor no deja de ser un traidor al Olimpo, al igual que lo es Atenea. Zeus es la máxima autoridad de la tierra sagrada y del universo…son ustedes los que han destruido la comunión de los doce olímpicos.
—¡Tu hermano dio la vida por nuestra diosa, el será recordado como un ejemplo para la humanidad, un guerrero de suma importancia para la Guerra Olímpica, de gran valor y dedicado por completo a la justicia! En cambio tú serás considerado como aquel que le dio la espalda a su propia raza… ¡tú eres el verdadero traidor!
—No tiene sentido que discutamos Pegaso, además yo ya no soy un humano, soy un dios y deseo ver el nuevo mundo, un planeta Tierra purificado y cimentado sobre la justicia de Zeus.
—¡Eres muy distinto a tu hermano Cástor, tú eres un ser despreciable Pólux…ESTRELLAS FUGACES DE PEGASO!
Un furioso Seiya traza con sus manos las estrellas de su constelación guardiana y luego extiende su puño al frente, liberando así decallones de estrellas fugaces, al mismo tiempo Pólux enciende su cosmos y abre la palma de su mano derecha, todos los meteoros son atraídos hasta desaparecer misteriosamente, en su mano puede verse un portal de espacio tiempo.
En un instante la imagen de Pólux se diluye de forma fantasmagórica y repentinamente aparece frente a Pegaso, encajando en ese instante un poderoso golpe de puño que impacta en su pecho, provocando que caiga al suelo de espaldas, cuando el santo se levanta rápidamente advierte que el peto de la armadura divina se encuentra trizado.
—¡Impresionante…su puño es demoledor! —se quejó Seiya con dolor. —Pero te venceré en nombre de Athena…
—Voy a vencerte Pegaso, desde tiempos mitológicos eres el más leal guardián de Atenea…mereces un reconocimiento… ¡pero no puedo permitir más blasfemias…! ¡EXPLOSION DE GALAXIAS!
—¡Ya he combatido a Saga de Géminis en el pasado, conozco sus técnicas…COMETA DE PEGASO!
Pólux junta sus manos y detrás suyo surgen planetas y enormes asteroides, se trataba de millones de astros que chocan los unos contra los otros, Seiya extiende su puño derecho, lanzando un inmenso cometa de color blanco, los dos ataques que superaban la velocidad de la luz colapsan el uno contra el otro.
El ambiente era afectado por la terrible colisión entre el cometa de Pegaso y la explosión de galaxias, sorpresivamente el cosmos del ángel se rebalsa al infinito y Seiya es alcanzado por todo el fulgor de la explosión, cayendo violentamente al suelo. La armadura divina de Pegaso había sido rasgada por doquier, pero había resistido la gran colisión.
Pólux esbozaba un rostro de confianza, pero pronto advierte que su gloria también había sido rasgada en el peto y la hombrera, producto de la inmensa colisión.
—Este hombre es muy poderoso… —susurra Seiya tratando de mover su cuerpo en vano, estirando su mano. —Me recuerda al poder de Saga…un poder implacable…
—Ya entiendo, tu armadura divina fue reparada en la Fragua del Olimpo, de otro modo hubieras muerto ante semejante ataque. Eres fuerte, pues el choque de nuestras técnicas ha rasgado mi gloria… —musita Pólux mientras se acerca a su enemigo derrotado, listo para tomar su vida. —Tus hazañas serán recordadas por generaciones…debes estar conforme después de todo…
Repentinamente la mano derecha de Pólux se congeló y a los segundos su brazo entero sufrió la misma suerte, el ángel apretó su puño y el hielo se resquebrajó rápidamente. Una brisa helada sopló y detrás de ellas pudo verse al Cisne y al Dragón.
—¡Hyoga, Shiryu! —pronuncia Seiya con algarabía. —¡Son ustedes amigos…!
—¿Cómo te encuentras Seiya…? —preguntó Shiryu, que sujetaba a Pegaso de la espalda, tras una sonrisa el segundo se puso de pie con dificultad.
—Shiryu, este hombre es Pólux de Géminis… —susurra Seiya con la voz cansada.
—Pólux de Géminis, entonces es uno de los santos legendarios. —espetó Shiryu observando a su enemigo. —Es el hermano de Cástor, papa del Santuario en los albores de la Guerra Olímpica…
—Cástor estaría muy decepcionado de tu comportamiento… —musita Hyoga mirando a Pólux con un fría expresión. —Seré tu nuevo oponente…
—¡Espera Hyoga, no puedo dejar las cosas así, él no me derrotará…! —dijo Seiya encendiendo su cosmos, en dicho momento se resiente de una de sus heridas y encorva su cuerpo.
—¡Seiya! Deja este combate a Hyoga… —balbucea Shiryu mientras observaba como Hyoga y Pólux encendían sus cosmos, detrás del primero podía verse el aura de un Cisne, detrás del ángel podía verse el aura de Géminis, dos niños alados que mostraban una cara buena y otra mala.
—Comenzaré por enfriar tu cuerpo poco a poco… ¡POLVO DE DIAMANTES!
Hyoga danza y después extiende su puño derecho al frente, incontables diamantes finos surgen acompañados por un terrible viento que superaba la velocidad de la luz, pero Pólux detiene la técnica con una mano y luego mueve la palma, cambiando de dirección la técnica, el viento glacial termina por derribar al propio Cisne.
—¡Hyoga! —gritan Seiya y Shiryu.
—Cisne, te confieso que admiro su valor, siendo tan solo cinco santos de bronce han hecho proezas dignas de los dioses… —susurra Pólux mientras contempla a Hyoga levantarse con suma dificultad. —Apenas puedes ponerte en pie…
—Apenas podemos ponernos en pie, pero mientras eso ocurra la esperanza brillará para nosotros… ¡EJECUCIÓN DE AURORA!
Hyoga enciende su cosmos y junta sus dos manos, al bajar abruptamente sus brazos apuntando a su enemigo, un gélido viento atacó por diversos sectores del cielo olímpico, desde los mismos caía nieve, repentinamente la mitad derecha del cuerpo del ángel resulta congelada. Despreocupado, Pólux enciende su magnífico cosmos y el hielo se derrite poco a poco.
—La temperatura que supera el cero absoluto tampoco le afecta… —murmura Shiryu asombrado.
—¡Que poder tan grande alberga este hombre…! —piensa Hyoga.
—Es inútil, conozco las técnicas de Ganimedes, no me podrás vencer jamás… ¡Te derrotaré al igual que a Pegaso, muere Hyoga de Cisne… EXPLOSION DE GALAXIAS!
—¡No puedo cometer ningún error, sino me eliminará…! —manifestó Hyoga observando la trayectoria de la técnica.
Pólux pone sus palmas enfrentadas y extiende su mano derecha hacia adelante, desencadenando una colisión de astros, el santo del Cisne intenta evitar el ataque pero le resulta completamente imposible y es herido en diversos puntos, su armadura divina presenta múltiples daños y un ala rota.
—¡Hyoga! —gritan sus hermanos al unísono.
—Este hombre es muy fuerte, pero…no puedo ser derrotado… —dijo Hyoga mientras se levanta malherido, encendiendo su cosmos de gran forma.
—¡Espera Hyoga! —masculla Seiya. —Deja que yo venza a Pólux.
—Seiya, usaré mi última estrategia… —responde Hyoga con una mirada fría que hace retroceder a Pegaso.
—¿Ultima estrategia? Veamos de qué se trata… —contesta Pólux con sus ojos cerrados, mostrando un rostro de gran confianza.
—¡TRUENO DE AURORA!
Hyoga junta sus dos manos entrelazadas hacia arriba y las extiende hacia su rival, atacando sorpresivamente contra el suelo, un viento helado se diseminaba por todo el campo de batalla, congelando de este modo el piso.
—No resistirás mi golpe letal una vez más… ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!
Una inconmensurable cantidad de estrellas y planetas chocan entre sí, generando una enorme explosión, Hyoga esquiva la embestida deslizándose en el hielo que había formado con su trueno de aurora y a continuación sujeta las piernas de Pólux, congelándolas en unos instantes.
—¡Me ha inmovilizado, que frío se siente, no siento las piernas…! —exclama Pólux con dolor.
—¡Estás a mi merced, despídete…EJECUCIÓN AURORA!
Un magnífico viento glacial que superaba el cero absoluto embiste contra el ángel, quien atina a cubrirse con sus manos, su piel se cristaliza, pero termina deteniendo la terrible técnica.
—No es posible… —musita un anonadado Hyoga.
—No importa qué estrategia utilices, mi poder es ilimitado, me he convertido en un dios, es hora de que tome tu vida… —dijo Pólux encendiendo su cosmos.
Repentinamente un cosmos agresivo y poderoso inquieta al ángel divino, este último observa atrás de los santos, donde unas terribles llamas surgían inesperadamente, mostrando la silueta de un hombre que portaba una armadura divina.
—Ikki… —murmura Hyoga. —Eres tú…
—Ikki de Fénix… —masculla Pólux. —Has derrotado a Helios finalmente. Los titanes de segunda generación no estuvieron a la altura, pero Fénix, conmigo será diferente…
—Helios no ha tenido suerte, he combatido contra Apolo en el pasado, eso me ha brindado una ventaja. Así que tú eres Pólux de Géminis...hermano de Cástor. ¡Él era un verdadero guerrero, tú en cambio defiendes la maldad de los dioses!
—No se trata de suerte, nosotros…guerreros sagrados que hemos alcanzado el noveno sentido, logramos igualar el cosmos de los dioses… —manifestó Pólux. —Pero poseemos una ventaja, puesto que los dioses en su mayoría no son guerreros y nunca han entrenado, nunca han pulido sus artes bélicas…a excepción de unos pocos olímpicos y titanes…mientras que nosotros hemos dedicado nuestras vidas a ser más y más fuertes. Puliendo así nuestras técnicas hasta la perfección…
—Estoy de acuerdo contigo, por eso sé que esta batalla será más entretenida que las que he tenido últimamente… —responde Ikki encendiendo su cosmos.
—No perdamos el tiempo Fénix, veamos si algún santo divino está a mi altura… ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!
Pólux extiende sus dos manos a los costados, creando planetas y enormes estrellas, luego extiende su mano derecha hacia adelante, pronto se siente un sonido ensordecedor, Ikki observa detenidamente la técnica y pone sus dos manos al frente, con gran fuerza comienza a contener el ataque, siendo arrastrado unos metros atrás, finalmente ha bloqueado el gran poder del enemigo, pero su cuerpo exhibe varias heridas.
—Este hombre es muy fuerte…a pesar de conocer su técnica mediante Saga y Kanon en el presente y por intermedio de Caín y Abel en el pasado, no pude detener por completo su técnica… —dijo Ikki mientras una gota de sangre sale de la comisura de sus labios.
—Es admirable que puedas detener mi técnica, pero la explosión de galaxias es demoledora, no podrás vencerme… —contesta Pólux con una mirada fría.
—Veremos en estos momentos si tus palabras son ciertas o no… ¡ALAS LLAMEANTES DEL FÉNIX!
Tras extender sus brazos hacia adelante, Ikki lanzó una gloriosa ave de fuego cósmica, sus llamas ardientes arremetían contra Pólux, quien encendió su enorme cosmos y extendió las palmas de sus manos, las alas ardientes fueron succionadas en ellas y desaparecieron, ante la atónita mirada de Seiya, Shiryu y Hyoga. Sin embargo, una de las alas del ángel comienza a arder en llamas inesperadamente y se incinera al cabo de unos segundos.
—¡Debería haber muerto, no es posible! —espeta Ikki.
En un instante Pólux aparece frente a Ikki y en unos segundos comienza a atacarlo con duros puñetazos que agrietaban por doquier la armadura divina de Fénix. El impacto del último puñetazo del ángel arrastra por los suelos a todos los santos, dejándoles aturdidos.
—Reconozco que han acumulado una gran cantidad de experiencia, pero mi cosmos es superior al de ustedes cuatro… —manifiesta Pólux encendiendo su cosmos. —¡Adiós santos de la esperanza…OTRA DIMENSION!
El tiempo espacio de todo el escenario comienza a distorsionarse, un infinito territorio espacial se vislumbra, se trataba de una infinidad de espirales dimensionales que se mezclaban, la técnica finalmente termina por arrastrar a los cuatro santos divinos.
Templo de Júpiter.
Zeus lucía seguro en su gran sillón, a su lado se encontraban sus ángeles Belerofonte y Aquiles.
—¡Pólux ha vencido! Los cosmos de los santos han desaparecido… —expresó Belerofonte aliviado.
—Se trata de una farsa…una gran farsa… —susurra el dios mirando al frente, repentinamente entre diversas dimensiones aparece Pólux. —Eres tú…
—¡Pólux! —manifiesta Aquiles con recelo.
—Mi señor Zeus… —musita Pólux y se arrodilla a continuación. —Quiero hacerle una petición…que nace desde lo más profundo de mi corazón.
—¡¿Qué ocurre Pólux?! ¿Por qué no has acabado con los santos…? —recrimina Zeus con vehemencia ante la atenta mirada de confusión que tenían Aquiles y Belerofonte.
—La batalla contra los santos me ha brindado muchas revelaciones. Mi cosmos y mi nivel de combate fueron inexpugnables para los jóvenes santos, sin embargo, sintiendo sus cosmos y su determinación… ¡entendí que ellos me vencerían si seguía combatiendo!
—¡Entonces eres un cobarde Pólux…! —manifestó Aquiles. —¡Tienes miedo a la muerte!
—No intervengas Aquiles, no le temo a la muerte, ¡renunciaría a mi vida con tal de hacer justicia! —contradice Pólux con disgusto.
—Pólux no es un cobarde, eso deberías saberlo Aquiles… —susurra Zeus zanjando la disputa. —Te diré una cosa Pólux…yo soy el rey de dioses, soy justicia verdadera. ¡Parece que ahora crees en Atenea y sus santos, en el mundo corrupto!
—Mi señor, como lo dije antes, esos jóvenes santos me han hecho recordar los sentimiento de cuando luché en la era mitológica, como Pólux de Géminis.
—¡Mi señor Zeus! ¡Mataré a este traidor! —intervino Aquiles enfadado, encendiendo su cosmos.
—Tranquilízate Aquiles, no intervengas… —contestó Zeus con tranquilidad. —Al igual que tu hermano Cástor de Géminis eres un traidor, no solo ustedes dos, también Jasón de Aries y Ganimedes de Acuario, ustedes eran santos de Atenea…
—He servido su voluntad con empeño, sin embargo no puedo darle la espalda a mi propia especie... —susurra Pólux apretando su puño.
—Mis verdaderos guerreros son los doce ángeles originarios. —expresa Zeus. —¡Ustedes son unos malditos conspiradores, humanos despreciables después de todo…! Siempre han sido santos de Atenea…
—Tienes razón Zeus, yo mismo lo desconocía, pero ahora comprendo que mi lugar es junto a Atenea y los santos…espero que Atenea y mi hermano me perdonen, he abierto los ojos demasiado tarde. ¡Por Athena, por el mundo…EXPLOSION DE GALAXIAS!
Pólux elevó su cosmos al infinito, su poder era inmenso, cuando estaba por ejecutar su técnica más poderosa su gloria abandona inesperadamente su cuerpo, en dicho momento el otrora santo de Géminis es alcanzado por un descomunal rayo que recorre su cuerpo con gran intensidad, quemando sus órganos por dentro, en su rostro podía verse unas pequeñas lágrimas, finalmente cae al suelo devastado.
—Se acabó Pólux… —dijo Zeus con un rostro serio y apenado.
—Atenea, santos de la esperanza. Confío en ustedes… —susurra entrecortado Pólux en su último suspiro.
Bóveda Celestial.
Seiya, Shiryu, Hyoga e Ikki regresan de la otra dimensión de Pólux, la muerte del ángel terminó diluyendo la técnica. Los jóvenes santos pudieron sentir estallar el cosmos de Pólux para luego extinguirse.
—Entonces Pólux intentó… —murmura Shiryu dejando caer una lágrima. —Zeus ha acabado con su vida, intentó salvar nuestras vidas al enfrentar a nuestro más terrible enemigo.
—El hermano gemelo de Cástor, entonces tú también has luchado valientemente por Athena… —manifiesta Seiya emocionado. —¡Juro por vuestras vidas que triunfaremos por Athena!
—Debemos vencer por los santos legendarios también… —espeta Shiryu conmovido. —Por Jasón de Aries, Cástor y Pólux de Géminis y Ganimedes de Acuario…que al final resultaron ser leales a Atenea.
—¡Por Athena! —gritan los cuatro hermanos y emprenden vuelo.
