30. Sorpresas y preguntas sin respuesta

Link caminaba por los alrededores de la aldea meditabundo, habían pasado algunos desde su expedición a la Caverna de la Llave. Avanzaba siguiendo el dulce sonido de un instrumento musical que aseguraba haber oído antes, hasta que se encontró a Marin sentada sola sobre un tronco caído, tocando una melodía con una ocarina rojiza. No se atrevió a interrumpirla, pues la música era muy agradable y también le recordaba a Zelda cuando en alguna ocasión la escuchó tocar también una ocarina como esa.

-¿Cuál era la canción que tocabas? –le preguntó unos instantes después de que acabara, acercándose a ella.

-Ah, eres tú…-al principio le pareció creer que la había sorprendido, pero ese tono no reflejó lo mismo- Bueno, es una melodía antiquísima típica de nuestra isla, la "Balada del Pez del Viento". Según la leyenda, es lo que hará que una vez que reunamos todos los instrumentos, podamos invocar a dicha deidad.

-¿Sabes? La princesa Zelda también sabe tocar ese instrumento, yo en cambio creo que he podido aprender un poco observándola.-le contó anecdóticamente, tratando de hacer más amena la conversación.

-El príncipe Richard también sabía tocar este y otros muchos instrumentos…-suspiró triste, indicando a Link que no había sido buena idea hacer ese comentario.

Hubo un silencio incómodo entre ambos, luego Link trató disculparse y continuar la conversación. Lo que ninguno sabía es que estaban siendo observado por un niño con una máscara al que no le hacía ninguna gracia aquella escena.

-Otra vez te he pillado, duendecillo verde…-murmuraba lleno de rabia- ¿Aprovechándote de su situación, eh? ¡Pues te vas a enterar! ¡No te quitaré el ojo de encima! ¡Seré como tu sombra!

En apenas un segundo, su actitud cambió radicalmente, acercándose a ellos como un niño alegre y risueño.

-¡Ey! ¿Cómo estáis? ¡Hace un día estupendo! –se acercó a Marin-¿Por qué no hacemos algo divertido, Marin? ¡Me prometiste que nos iríamos a bañar al río!

-¡Ah, es verdad! Pero ahora no tengo demasiadas ganas, además de que no me apetece meterme con la ropa puesta, las demás mudas están secándose después de que antes las lavara.

-¡Bah! ¡Eso no es problema! ¡Soy un niño! No pasa nada porque nos bañemos sin ropa…-comentó entre pequeñas risas con cierta malicia, algo que desconcertó a Link.

-No, Ricardo, ahora no.-le habló cansada, como una madre a su hijo- Además, debería prepararme para ir al próximo lugar donde se encuentra uno de los instrumentos.

-¿Cómo que "prepararte"? ¿No voy a ir yo también? –preguntó Link, confundido.

-Bueno, eso quería comentarte…-le costaba decírselo- Después de lo que te ocurrió en la Caverna de la Llave, todos pensamos que deberías quedarte en la aldea hasta que sepamos qué fue lo que te ocurrió exactamente. No nada personal, créeme…

-¡Eso no puede ser así! ¡No me quedaré esperando aquí como un inútil! ¡¿Quién va protegerte de los monstruos que pueda haber en ese lugar?! –replicó enfadado y decepcionado con ella.

-Yo no lo recuerdo así cuando te quedaste paralizado durante la pelea contra esa Pesadilla…-intervino el niño- ¿Quién fue quien acabó con el él y te salvó el trasero? Sólo eres un bocazas con espada que anda todo el día lamentándose de su propia miseria y que no fue capaz ni siquiera a la propia princesa de su reino. ¡Ja! ¡Y a saber si todavía sigue viva!

Ricardo se quedó pasmado cuando Marin le dio una cacheta que impactó de lleno contra su protección facial, que apenas amortiguó el golpe. Había hablado demasiado y su acción se lo dejó bastante claro.

-¡No vuelvas a hablar así, malcriado! ¿Cómo se te ocurre decirle esas cosas? ¡Eres…! -ella estaba roja de furia, lo cual asustó mucho al pequeño.

-Déjalo, tiene razón…-le defendió completamente hundido- ¿No dicen que los niños son sinceros? Pues él lo ha sido en esta ocasión…

Para empeorar la situación, apareció Ciela volando para avisar a Marin de su aventura en solitario o al menos eso parecía ser.

-¡Hey! ¿Cómo te va Marin? ¿Tienes tus municiones listas para el viaje? ¡Yo espero ayudarte en todo lo que pueda!

-¿Tú también? Bueno, al menos será más seguro para las dos ir juntas. Seguro que esa gaviota también irá, con ese pájaro seríais tres…-murmuró Link al enterarse de aquello, sintiéndose más miserable.

-¡Oh! ¿Ya te lo ha contado? Oye, no te pongas así…-trató de animarlo- ¡Así podrás descansar y ayudar en la aldea! ¡Y quizás encuentres pistas de dónde puede estar esa princesa!

-¡¿Y-y yo?! ¿También puedo ir? –preguntó emocionado Ricardo, ajeno a los sentimientos del joven.

-¡Claro que no! ¡Eres un niño! –le regañó Marin- ¡Por poco logras salir vivo de tu última aventura! Te quedarás aquí con Link.

-¡Pero no es justo! ¡Vais a explorar con mi mapa! ¡Y yo tengo cualidades ocultas! ¡Sé manejarme con las armas!

-¡Un mapa que seguro robaste del castillo, ladronzuelo! ¡Y con la ayuda de ese búho, nada menos! –le dio un pequeño golpe en la cabeza, reprendiéndolo- ¡No! ¡Te quedarás aquí y no se hable más!

-Jo, qué rollo…-se quejó abiertamente y luego murmuró por lo bajo- No sabía que pudiera ser tan mandona, quizás por su posición en el castillo. Y yo me quejaba de mis padres…

-¿Qué dijiste? –sabía que había dicho algo de ella, pero no llegó a entenderlo.

-¡Nada, nada! ¡Me quedaré! ¡Suerte para encontrar ese Instrumento de las Sirenas! –disimuló temiendo iniciar una nueva discusión con ella.

XOXOXOXOXOXOXO

Marin, Ciela y aquella gaviota habían partido hacía horas, quedándose Link herido en el orgullo. El chaval también parecía molesto con aquello, pero eso no dejó que continuara molestando a Link.

-¿Qué se siente al saber que un pajarraco es más útil que tú? –le preguntó mirando burlonamente con su careta de mapache.

-¿Se puede saber que tienes contra mí? ¿Qué te hecho yo? –preguntó bastante harto, no estaba dispuesto a aguantar las insolencias de un niño.

-¡Nada! Sólo que me pareces un inútil autocomplaciente; un embaucador listillo, con cara de no haber roto un plato; además de haber resultado ser un falso héroe que tiene que dejar que una muchacha, un hada y un animal cualquiera hagan su trabajo. ¿Quieres más? Tengo más cosas que decirte y tenemos tiempo para que te las diga todas.-le dijo sin tapujos, mirándolo con falsa inocencia.

-No voy a escucharte, sólo tratas de enfadarme y luego venirle llorando a Marin acusándome de haberte pegado sin motivo. Suerte que ahora no está, porque podría hacerlo.

-¡Eh, un respeto! ¡Aquí el único llorica eres tú! –se defendió de dichas acusaciones-"¡Eso no me vale! ¡Mientras ella está sola, yo estoy esforzándome para salvar a un reino que no tiene nada que ver conmigo! ¡Y ni siquiera los que conocéis esta isla, sois capaces encontrarla!"-se mofó hablando con tono molesto y ridículo- ¿No fue eso lo que les dijiste a todos cuando volviste tras encontrar uno de los instrumentos? ¡Como si tú hicieras mucho!

-¡Aquí nadie hace nada interesante! ¡Todos los de por aquí son una panda de chiflados! –se quejó de fondo el capitán Linebeck, que se acercaba a ellos haciéndoles ver su mal humor- Quizás os interese saber que ese Zora necesita ayuda para traer cestos con pescado y marisco a este poblado. Ese ingenuo se pensó que tal vez… ¡Ja! ¡A no ser que encuentre un tesoro en esa playa, no veo motivos para tener que ayudar a nadie! ¡Y menos a mi edad! –sentenció con un golpe de bastón- Aunque reconozco que estoy aburrido y me gustaría estar fuera de esta jungla por un rato, a lo mejor… ¿Vendréis?

XOXOXOXOXOXOXO

Finalmente, para no aburrirse y hacer algo de provecho, decidieron acompañar al anciano y a River hasta la playa más cercana. Así de paso, cambiaban de ambiente y esperaban distraer sus mentes de la preocupación que sentían por Marin y sus acompañantes, por lo menos el joven y el niño.

-¡Gracias de nuevo por haber venido! ¡Y a usted también, anciano! No esperaba que alguien de su edad quisiera hacer el recorrido desde la aldea hasta aquí.-le alabó el Zora, cargando una red de pesca.

-¡No te emociones! Sólo vengo a relajarme bajo el sol…-admitió tumbándose plácidamente sobre la arena- Y no dudes en coger además cualquier cosa que pueda poseer algún valor, yo siempre digo que hay un tesoro esperando a encontrarlo en los lugares más insospechados.

-Ya, bueno…-no le gustaba que fuera tan sincero- ¡Pues al agua! ¡Regresaré dentro de un rato con la red llena! ¡O eso espero!

Enseguida se sumergió y se perdió en el mar, dejando nuevamente sin nada que hacer a ellos tres.

-Relajaos, ese seguro no volverá en un buen rato. Olvidaos de la selva que tenéis detrás y tumbaros al sol…-les aconsejó el capitán.

-Je, je…a ver si se duerme y acaba enterrado en la arena…-de pronto, Ricardo recibió un fuerte golpe en la cabeza al haberle escuchado el anciano- ¡Ya vale! ¡Era sólo una broma!

-No me he pateado esa jungla que ser molestado por un mocoso enmascarado como tú…-le recordó molesto- ¿O quieres que juguemos a un juego de cartas? Eso sí, apostando.

-¿Apostar? ¿El qué, exactamente? –el niño parecía estar bastante interesado.

-No sé, ahora que lo dices, no creo que tengas nada de valor…-pensó un poco- ¿Qué te parece darme tu ración de comida de esta noche? Si con suerte ese Zora logra pescar algo, pienso elegir las mejores piezas y comer hasta hartarme.

-Es usted un rastrero, mira que apostar contra un niño… ¡Vale! ¡Trato hecho! ¡Pero si yo gano me dará su ración! –aceptó dándole la mano y cerrando el acuerdo.

-¡Ja, ja, ja! ¡Eso si logras ganarme! –parecía más que confiado, sacando una baraja de su chaqueta.

Mientras ellos estaban ocupados con su partida de cartas, Link sólo miraba al horizonte donde se extendía el mar. Se sentía inútil y preocupado doblemente, por Marin y por supuesto por Zelda, de la que aún no tenía noticias. Así, dejaron que pasara el tiempo, hasta que un extraño escalofrío recorrió el cuerpo del capitán Linebeck.

-¿Qué sucede, viejo? ¿Tiene miedo de perder? –le preguntó descaradamente el muchacho.

-¡Cállate, chaval! ¡Sólo ha sido una corriente de aire, nada más! –recalcó el marinero- "Qué extraño, esta sensación…mi instinto no me falla, debe haber algo peligroso cerca. Aunque también pueden ser imaginaciones mías… ¡Bah! ¡Qué más da! ¡Ahora sólo me queda estafar a este niño! ¡Je, je! ¡Pensar que podría ganarme! ¡Qué absurdo!"

Sin embargo, su instinto no estaba engañándole. No se imaginaba que a lo lejos, entre la maleza, les estaban vigilando.

-Debe ser él, su apariencia encaja perfectamente con la que nos dio.-habló alguien mirando a través de un catalejo- Y además viene acompañado de un viejo y un niño… ¿Qué hacemos?

-Nos los llevamos también, ya conoces nuestra política. Da igual la edad, siguen siendo lo que son…-contestó tajante uno de sus acompañantes- Pero recordad, tenemos que darles el "trato de favor", aunque no sé porque deberíamos molestarnos en ello. Así que no vayáis a romperlos… ¡Je, je! ¿De acuerdo? ¡Al ataque!

XOXOXOXOXOXOXO

Mientras tanto, Marin y sus compañeras aladas habían recorrido un largo camino hasta el lugar donde se supone que estaba la entrada a la Cueva Cola, localizada al sur de la capital de la isla y perdida entre la densa jungla. Eso les hacía extremar las preocupaciones, para no encontrarse con nadie que les pudiera complicar las cosas.

-Me pregunto cómo estará Link. Se quedó bastante frustrado cuando lo dejamos en la aldea y quizás a lo mejor deberíamos haberlo traído con nosotras. ¿No crees? –le preguntó la muchacha al hada.

-Eh…no. Es mejor que descanse y el abuelo averigüe qué paso.-no parecía querer dar detalles al respecto- ¡Y no le des más vueltas! ¡Podemos ocuparnos solas de esto!

No objetó nada más, hasta que llegaron a la entrada a la supuesta cueva. Pero allí, había una bola de luz brillante flotando justo en la entrada, de un intenso color verde. Marin se acercó con cautela, pero Ciela pareció estar verdaderamente emocionada con aquel descubrimiento.

-¡No me lo puedo creer! ¡Es la variante no ofensiva del Viento de Farore! ¡Qué envidia! –exclamó el hada revoloteando alrededor de ese conjuro- ¡Es un hechizo que sirve para salir automáticamente de lugares específicos, sobretodo sitios cargados de energía mágica! ¡Con esto no tendríamos que dar media vuelta cada vez que nos adentráramos en alguna mazmorra o templo! ¡Quien lo haya conjurado debe ser alguien con grandes dotes mágicas!

-¡Espera un momento! ¿Eso quiere decir que alguien más se encuentra ahí dentro? –habló preocupada, mirando hacia el fondo de la cueva- ¿Y si son esos que también buscan los Instrumentos de las Sirenas?

No hubo tiempo para dar una respuesta, pues en ese momento el hechizo se activó revelando que quienes fueran los que lo habían conjurado regresaban al exterior. Una intensa luz cegó momentáneamente al pequeño grupo, descubriendo a los causantes de aquello…

XOXOXOXOXOXOXO

Poco a poco fue abriendo los ojos, Link se encontraba confuso e incapaz de situarse al principio. Le bastó unos momentos para que oyera una voz conocida a su lado, reaccionando al instante.

-¡Vaya, chaval! ¡Por fin te has despertado! ¡No he visto a nadie dormir tanto como tú, muchacho! –le habló Linebeck, el cual estaba encadenado de brazos y pies.

-¿Qué esperabas? ¡Seguro que ni sabes qué es lo que nos ha ocurrido! –añadió enfadado Ricardo, en el mismo estado que el capitán- ¡Ya ni me acuerdo cuánto tiempo llevamos aquí! ¡Y tengo mucha hambre!

Pronto él también descubrió que estaba encadenado y encerrado en una habitación de construcción simple, similar a una celda. No recordaba nada de lo que había sucedido, así los otros tuvieron que ponerlo al día de lo ocurrido.

-¡No podía tocarnos peor suerte! ¡Nos han capturado las piratas Gerudo! ¡Esas mujeres son más peligrosas que cualquiera bestia común! ¡Yo lo sé muy bien! –se quejó el marino intentando disimular su miedo- ¡Debería haber huido en cuanto sentía aquella sensación en mi cuerpo! ¡Eso lo que me ha salvado la vida hasta el momento!

-¿Con los niños serán más suaves, no? ¡Yo no todavía no soy un hombre! ¡Ellas los odian a muerte! ¡Socorro! –se sacudió el muchacho intentando liberarse, en vano.

-¡Créeme! ¡No importa la edad! Tal vez te usen de esclavo, por tener la edad que tienes…-pensó en sus posibilidades- O de entretenimiento, no sé por qué no te han quitado esa horrenda máscara de mapache que llevas.

-¡Porque fui el único que estaba consciente cuando nos capturaron! ¡A vosotros os noquearon al instante! –le repitió insistente- Aunque no pude ver cómo llegamos aquí, porque me colocaron un saco en la cabeza para no poder ver y me cerraron la boca con una mordaza.

-¿Y ahora que vamos a hacer? ¿Creéis que River vio cómo nos secuestraban y habrá ido a la aldea a por ayuda? –les preguntó Link tratando de mantenerse tranquilo ante la situación.

-¡Sí, claro! ¡Un puñado de animales y poco más van a sacarnos de aquí! –se burló el capitán de su planteamiento- ¡Admitámoslo! ¡Estamos perdidos! ¡Será un milagro si logramos salir con vida de su fortaleza!

No mucho después la puerta de la prisión se abrió y por ella entraron varias Gerudo armadas. Todas llevaban vestimentas exóticas o del estilo propio de los piratas, cubriendo sus rostros con finos velos para guardar su identidad.

-Más os vale estaros tranquilos en presencia de nuestras líderes, si no queréis que os cortemos las cabezas antes de tiempo. ¿Entendido? –les amenazó una de las guardianas, que portaba una lanza y en la cintura llevaba atado un sable.

No tuvieron que esperar mucho hasta que ellas se saludaron respetuosamente a dos Gerudo de mayor rango y después apareció una mujer diferente al resto, también ocultándose bajo un velo. Y nada más entrar a la habitación, se quedó pasmada al ver a Link y se quitó dicha prenda, dándose a conocer.

-¡¿Zelda?! –exclamó sorprendido el muchacho al verla tan diferente- ¡¿Pe-pero qué haces aquí?!

-Bueno, se acabó el asunto. Soltar al rubio y a los otros dos, al final ha resultado ser a quien la extranjera buscaba.-ordenó una guardiana al resto, liberándolos de sus cadenas.

Nada más quedar libre, él se levantó a abrazarla siendo gratamente correspondido por ella, ambos emocionados hasta el punto de besarse tras ese reencuentro.

-Por las Diosas…-se sentía cansado tras la angustia que había vivido- Pensé que podría haberte ocurrido algo, nadie conseguía encontrarte. Y resulta que al final, tú me has encontrado a mí… ¿Y esas ropas?

Llevaba puesto un atuendo marinero que constaba de camiseta, un chaleco azul sin mangas, pantalones de estilo pirata blancos y unas sandalias oscuras. Además, llevaba al cuello un pañuelo rojo y una cinta de igual color a modo de cinturón, más unas vendas que adornaban sus muñecas. Y como detalle, su había hecho una coleta alta.

-¿Esto? Las Gerudo me prestaron gentilmente estas ropas, que curiosamente son idénticas a las de una pirata que se describen en un libro de aventuras que me leí de niña. Al parecer, ellas también sienten admiración por aquella figura literaria. Era mi segundo sueño de la infancia ser una pirata… ¡Y podría decirse que lo he cumplido! –admitió alegre, sintiéndose bastante favorecida con aquellos ropajes.

-Vaya, no sabía eso de ti…-le gustaba haber descubierto esa faceta suya- ¿Qué más cosas escondes?

-Tal vez algún día descubras algo más, pero eso sólo si lo considero oportuno…-le habló insinuante- ¡Y si no vuelves a perderte, por supuesto! ¿Dónde has estado?

-Disculpa, querida…-interrumpió una de las dos Gerudo líderes- ¿Podríais aplazar tus asuntos pendientes con ese muchacho para más tarde? No creo que una celda sea el mejor lugar, aunque si fuera por mí dejaba a esos tres ahí dentro.

Se sintieron un poco avergonzados al darse cuenta de que sólo quedaban ellos dos y esas Gerudo, por lo que decidieron salir al exterior. Allí, Link se encontró en medio de una fortaleza hermética y organizada, donde una torre de vigilancia en el centro custodiaba el lugar. Las guerreras iban y venían, desplazándose por aquel lugar con total tranquilidad las que no estaban vigilando. Aunque ese día, la expectación por la liberación de los presos y el regreso de una de sus líderes de una misión importante, hacía que el ambiente estuviera más agitado.

-Nabooru, ya habrán llevado a esos dos junto a la matriarca, donde también está esa muchacha y el hada. Deberíamos ir también a su cámara para informar de lo acontecido.-le habló su compañera.

-De acuerdo, Aveil. Pero tú vete a buscar a la niña antes, seguro que se alegraran de vernos.

Link se quedó estupefacto al ver cómo se despedían con un beso en plena boca, hasta que Zelda tuvo que hacerlo reaccionar con cierta molestia.

-En una cultura como la suya, los hombres sólo son meros objetos reproductivos. Es normal que formen parejas entre sí, con la única excepción del nacimiento de un hombre cada cien años. ¿Te resulta tan chocante como con los hombres?

-¡No! Curiosamente, no me molesta…-tuvo resarcirse tras la mala mirada que le lanzó- ¡De acuerdo! ¡Era una broma! ¡Tú sabes que estoy abierto a diferentes perspectivas de la vida!

-Déjalo, cariño. No esperes demasiadas explicaciones por parte de un hombre… ¡Y pensar que jamás nos habíamos esforzado tanto en buscar a uno! ¡Qué suerte tienes de que estemos a favor de la princesa, joven! –exclamó Nabooru- ¡Y movámonos! ¡Las explicaciones vendrán cuando lleguemos junto a la matriarca!

Mientras caminaban, las miradas de las Gerudo se intercambiaban entre respetuosas y amigables con las dos mujeres, a indiferentes cuando pasaban junto a Link. Al poco, llegaron a los aposentos de la matriarca, una anciana cuyo cabello era negro y no pelirrojo como sus congéneres, recogido como la mayoría con una coleta. Vestía con una túnica verde, a diferencia de la predilección del rojo del resto de mujeres y también iba más tapada por la edad. Y además, portaba un collar de flores que la hacía verse más elegante y jovial.

Allí también estaban Linebeck y Ricardo, junto a una niña Gerudo y Aveil. Sorprendentemente, también estaban Marin, su mascota y Ciela.

-¿Marin? ¿Ciela? ¿Qué hacéis aquí? –les preguntó confundido al verlas allí reunidas.

-¿Por qué no os sentáis? Creo que así podríamos aclarar la cosas.-les pidió la matriarca, sentándose en el suelo sobre unos cojines- En primer lugar, enhorabuena Aveil y al resto de mujeres que participasteis en la búsqueda del muchacho amado de la joven extranjera. Comunícales mi satisfacción por su buen trabajo.

-¡Eso haré, señora! ¡Quien nos diría que nos costaría tanto! ¡Si es que siempre digo que los hombres sólo dan problemas! –agradeció la mujer.

-Y gracias a ti, hija mía…-habló mirando a Nabooru, revelando tras de sí tres objetos, todos ellos eran Instrumentos de las Sienas- ¡Cómo no! También debo agradecértelo a ti, princesa extranjera. Gracias a ti y con la ayuda Nabooru hemos conseguido lo que hasta ahora nos había sido imposible. Y también habría que felicitar al resto, pero eso será en la fiesta de esta noche.

-¡No es nada, madre! Ya tenemos tres, aún nos faltan otros cinco. Pero confío que a este ritmo conseguiremos nuestro propósito en poco tiempo.-admitió orgullosa Nabooru, ante quien sería su madre.

-¡Esperen un momento! ¿Vuestro clan era quien también buscaba los instrumentos? –preguntó Link, llamando la atención de las Gerudo.

-¡Dínoslo a nosotras! Nos sorprendieron justo cuando íbamos a entrar a la Cueva Cola, saliendo de allí usando un conjuro llamado Viento de Farore. ¡Qué miedo pasamos cuando las vimos! ¿No, Ciela? –contó Marin, quien todavía no se creía lo sucedido.

-¡Sí, es cierto! ¡Pero reconocí a Tetra entre ellas! ¡Y menos mal! ¡Ahora sabíamos que estaba bien! –exclamó emocionada Ciela.

-Mi nombre es Zelda, sólo es casualidad que estas ropas se le parezcan…-suspiró cansada de repetirlo.

-¡Qué gracioso! Mi nieta Joanne en verdad sí se parecería a esa pirata si llevara esa ropa, pues su moreno y su pelo casi rubio se le asemejan más.-comentó alegre la anciana.

-¡Abuela! ¿Y ahora qué harás? ¿Por qué están todas estas personas aquí? –le preguntó la niña nombrada, que más tarde se sentó junto a su madre Nabooru y Aveil.

-Joven… ¿Cuántos instrumentos tenéis en vuestro poder? –le preguntó serena la matriarca.

-Hasta el momento dos, uno era una antigua reliquia de la Familia Real de la isla, que se encontraba, creo, en un lugar llamado Torre del Águila que se derrumbo hace mucho tiempo. Y el otro, lo conseguimos en la Caverna de la Llave hace poco.

-¡Ja! ¡Nosotras tenemos ventaja! ¡Deberíamos quitarles los que tienen y no andarnos con contemplaciones! –exigió Aveil, preocupando a Link y a sus compañeros.

-Tranquilicémonos, no debemos llegar a esos extremos.-tranquilizó la anciana, mirando luego a Marin- Si mal no me ha informado, tú muchacha me has explicado que andáis tras el mismo propósito… ¿Cierto?

-Eh… ¡Sí! ¿Pero por qué estáis tan interesadas en derrocar a Onkled? –preguntó muy interesada la joven Marin.

-¿Es obvio, no? Desde que él llegó al poder hemos tenido que intensificar la vigilancia por el aumento de monstruos y las continuas patrullas costeras que recorren la isla. ¡No hemos tenido un momento de descanso! –se quejó Nabooru- Me cuesta admitirlo, pero creo que estábamos mejor con el antiguo rey y con su heredero, ese inútil del príncipe Richard.

-Bueno, tampoco hay que exagerar… ¿Verdad? –añadió el niño algo incómodo, fijándose en cómo le miraba curiosa Joanne- ¿Qué quieres?

-¡Ji, ji! ¡Eres el primer niño que veo! ¡Y eres muy raro! –se rió de él- ¿Por qué llevas esa máscara tan rara? ¿Me la prestas?

-¡No! ¡Es un tesoro familiar muy importante! ¡No puedo quitármela bajo ningún concepto! ¡Eran normas de nuestra familia! –se negó en rotundo Ricardo, ocultándose.

-¿Lo ves, hija mía? Incluso siendo sólo críos son unos egoístas interesados. Además, definitivamente es un niño de lo más raro…-apartó Nabooru a la pequeña, sentándola nuevamente junto a ella.

-¡Pero es que a mí me gustan las cosas raras! ¡Y disfrazarme! ¡Aunque prefiero ser una sirena! –contestó incomodando al niño, que se aferraba a su máscara.

-¿Vosotras no os creéis que el príncipe Richard asesinara a sus padres? –les preguntó esperanzada Marin.

-Ciertamente nos da igual quien haya sido, lo único es que no nos gusta este nuevo gobierno y pretendemos tirarlo abajo. Quien luego gobierne o no, no es cosa nuestra.-contestó rápidamente Aveil- ¡A nosotras sólo nos interesa nuestra seguridad y poco más!

-¿Entonces nos ayudaréis? –retornó al tema Marin- Podríamos colaborar para conseguir los tres restantes y después derrotar al malvado Onkled.

-¡Ja, ja, ja! ¡Nosotras las Gerudo no necesitamos de nadie! –rió Nabooru- Podemos valernos perfectamente nosotras solas, no necesitamos de gente como vosotros.

-Ejem…-interrumpió sutilmente la matriarca- Personalmente, creo que deberíamos aceptar esta alianza por el bien de todos. ¿Debo recordarte la leyenda de la que se habla en la isla y las propias de nuestras ancestros?

-¡Por la Diosa de las Arenas, madre! ¡Ya tenemos suficiente con acoger a la soberana del reino de Hyrule! No lo digo porque sea malo, creo que entiendes que nuestras gentes históricamente han tenido sus roces…-trató de explicarse a Zelda- ¡Pero poner nuestro destino en manos de un hombre! ¡Eso es demasiado!

-¡Silencio! ¡Debemos darle al joven y sus acompañantes una oportunidad! Luego decidiremos si son dignos o no de seguir con esta odisea. Además, ellos han logrado reunir dos siendo apenas un grupo tan reducido, creo que tienen suficiente potencial.

-¡Si tampoco se equivoca demasiado! Ese muchacho apenas ha hecho nada…-comentó Ricardo volviendo a humillar a Link, esta vez siendo reprendido por el hada- ¡Auch! ¡Pero si tengo razón!

-¡Cierra la boca! ¡Que tú lo único que hiciste fue ser capturado por los monstruos y casi ser devorados por ellos! ¡Lo de Link sí tiene explicación! –le recordó Ciela, enfadada por su imprudencia.

-¿A qué se refiere, Link? ¿Has tenido algún problema? –preguntó Zelda algo preocupada.

-¡Se quedó de piedra! ¡Vio a la Pesadilla y se quedó paralizado! ¡No podía ni moverse! ¡Si no hubiera sido por Marin, le hubiera matado seguro! –de nuevo, un golpe por parte de Marin impactó contra su cabeza- ¡¿Pero por qué?! ¡¿Es que no puede ser sincero?! ¡Dejadme ya!

-¿Es eso cierto, Link? ¿Pero te encontrará mejor, supongo? –insistió Zelda, que ahora estaba más nerviosa por aquello.

-Exageró un poco, no me ocurrió nada grave. Quizás fuera algún hechizo o algo así, no te preocupes…-intentó evadirla, sintiéndose algo incomodado por sus preguntas y siendo observado por Ciela con cierta lástima.

-¡Estupendo! ¡Lo sabía! –refunfuño Aveil- ¡El chico se asusta por uno de esos monstruos! ¡Y para colmo seguramente deben de quedar más por ahí!

-No hables como si nosotras fuéramos inmunes a la influencia maligna de esos demonios llamados "Pesadillas"…-le recordó molesta la anciana- Si no hubiera sido por la energía sagrada de la princesa hyruliana, combinada con el poder del espíritu de mi hija Nabooru, no hubiéramos conseguido lo que ahora tenemos y quizás os hubiera pasado a alguna lo mismo que al muchacho.

-¡Oiga, señora! –revoloteó Ciela a su alrededor- ¿Conoce algún método que proteja a Link de las energías maléficas?

-Bueno, quizás encuentre algo que le pueda servir, aunque no es seguro de que funcione. Además, probablemente tenga que esperar un tiempo hasta que pueda volver a entrar a un lugar donde se esté custodiando alguno de los instrumentos.

-¡No importa! ¡Cualquier ayuda nos servirá! ¡¿No te alegras, Link?! –agradeció el hada, mirando emocionada a Link.

-Ya, claro…muchas gracias, señora…-él no parecía tan animado, Zelda y Ciela lo notaron enseguida, aunque sólo esta última sabía por qué.

-Te noto bastante tenso…-le habló la anciana al capitán Linebeck- ¿Por qué no has dicho ni una palabra desde que has entrado?

-No trates de engañarme, Jolene. Han pasado muchos años, pero aunque parezca que hayas cambiado, no me olvidaré de las cosas que pasaros cuando éramos jóvenes…

-¿Usted conocía a este hombre, madre? –preguntó Nabooru.

-Por supuesto…-se rió un poco- ¡Recuerdo las veces que me hizo enfurecerme tu padre!

-¡¿Qué de quién?! –exclamaron varios al unísono, notándose sobre todo la sorpresa de su hija y el capitán.

-¡Madre! ¡Por la Diosa! –quedó observando con detenimiento a Linebeck- ¿No podrías haber elegido a alguien más favorecido? ¿Qué le viste a este viejo?

-¡Eso! ¿No me digas que fue aquella vez? –habló horrorizado el capitán- ¡Con suerte logré escapar de aquí después de que tú y aquellas Gerudo nos capturasteis a mí y más hombres durante vuestro asalto a aquel barco! ¡Por poco no lo cuento!

-¡Y tú por supuesto huiste dejando al resto aquí tirado! ¡Siempre has sido un cobarde, Linebeck! ¡Por eso no descansé hasta atraparte! ¡Y después tu maldita suerte te ayudó a salir airoso de nuestra fortaleza! ¡No olvidé aquella humillación, bastardo! –enfureció la mujer, que hasta el momento había permanecido inalterable.

-¡No me hables así! ¡Que luego resulta que me elegiste para tu cometido! –él parecía tenerle bastante miedo- ¡Ya bastante tengo con el nieto que tengo en Sakado! Él sí que es listo, con su negocio de compra-venta de tesoro en el puerto… ¡Él nunca tuvo que jugarse la vida para buscar tesoros! ¡El tercero de los Linebeck ha resultado ser un hombre de tierra! Aunque comparado con mi difunto hijo, es normal que decidiera quedarse en tierra…-se golpeó la cara, disgustado- ¡Qué desastre! ¡Podría haber continuado como tasador al igual que su hijo! ¡Y yo soy estúpido por haberme embarcado nuevamente en otro viaje!

-¡Qué sorpresa! ¿A qué mujer lograste engañar para que tuviera un hijo contigo? ¡Ah, es verdad! ¡Tú sólo has tenido ojos para los tesoros! ¡Seguro que sería de una familia adinerada o poseería algún negocio relacionado con algo similar! –le siguió acusando la anciana.

-Ey, señor…-le tiró de la chaqueta la niña- ¿Es usted entonces mi abuelo?

-Eh…-no sabía qué contestarle, apartándola con delicadeza- Mira, niña, mejor que olvides lo que ha dicho esa vieja loca y continúes con tu vida como hasta ahora.

-Te he oído…-murmuró la matriarca- ¡Joanne, déjalo! ¡No vas a conseguir nada con él a no ser lo amenaces o tengas objetos valiosos que poder darle!

-Quien diría que tendríamos este giro de los acontecimientos por el capitán Linebeck…-le habló Link por lo bajo a Zelda, que asintió bastante sorprendida.

-Y te lo iba a preguntar más tarde, sobre cómo había logrado sobrevivir ese hombre…-añadió ella- Pero creo que puedo imaginármelo, con un historial así.

-¡Oye, tú! –Aveil le tiró su espada y su escudo justo a su lado- Aquí tienes lo que te requisamos cuando te capturamos. Ciertamente son armas demasiado buenas para que las maneje un hombre, deberías estarte agradecido por ello.

-¡Ah, casi me olvidaba! Tengo tu espada en el lugar donde he estado residiendo últimamente. ¿Puedes adivinar quién las tenía? –le preguntó como algo muy obvio.

-¡Linebeck! ¡Ya nada me sorprende de ese hombre! –exclamó nada sorprendida, a pesar de que al principio tenía una idea muy diferente del capitán.

-Que conste, majestad, que sólo las cogí pensando en la seguridad.-intervino el nombrado tratando de excusarse con su soberana, inclinándose ante ella- Pensaba escapar con vos y el muchacho cuando tomamos tierra, pero la mala fortuna quiso que se me os adelantarais y los piratas os acabaran descubriendo. Obviamente, no iba a esperar a que regresaran, así que tuve que huir deseando que nos os atraparan de nuevo.

-¡Ja, ja, ja! ¡Como siempre mintiendo para evitar un castigo! ¡Seguro que ocurrió todo lo contrario y estarías pensando en vender sus pertenencias! –corrigió Jolene intencionadamente la versión del capitán, conociéndolo perfectamente.

-Hasta la Jolene de esta dimensión está de acuerdo conmigo…-suspiró Ciela- Aunque me da repelús pensar en que… ¡Ugh! ¡No puedo! ¡Son demasiado distintos!

Apenas se cruzaron más frases entre los que estaban reunidos allí, cuando Jolene les pidió a todos que abandonaran sus aposentos, quizás la edad y el deseo de desprenderse de Linebeck fueran los motivos para esa repentina petición.

-En fin, será mejor que os marchéis todos. Me gustaría descansar un poco, continuaremos hablando mañana si queda algo de lo que hacerlo, ya que esta noche tendremos una celebración. Que cada uno se dedique a sus asuntos y se ponga al día de lo que solemos hacer por aquí. Vosotras dos les explicaréis todo eso… ¡Y no olvidéis darles una habitación a nuestros invitados! –les ordenó la anciana, que parecía querer quedarse a solas y descansar para noche.

XOXOXOXOXOXOXO

En la noche, las Gerudo hicieron una hoguera inmensa en medio de la plaza central de su fortaleza, olvidándose momentáneamente de la seguridad de su fuerte. Abundaba la comida y la bebida, donde ellas bailaban alegremente al compás de la música.

Mientras tanto, Link y Zelda estaba un poco más alejados del bullicio, con algunas viandas con ellos y recostado sobre unos inmensos cojines que las guerreras habían colocado por el lugar para los que quisieran descansar, contándose mutuamente lo que les había ocurrido a cada uno en el tiempo en el que habían estado separados.

-¿Así que las Gerudo te encontraron flotando y te trajeron hasta aquí?

-Sí, al principio dudé en revelarles mi identidad, puesto que la raza de las Gerudo ha tenido con Hyrule ciertas hostilidades en el pasado. Pero al parecer a ellas no les importaba, quizás porque soy mujer y no me juzgaron como si hubiera sido un hombre. Además, habían escuchado sobre mi llegada a la isla, por lo que dedujeron por mi aspecto que podría ser una aristócrata importante.-le explicó tranquila- ¿Y tú? Esa muchacha llamada Marin me contó que te encontró tirado en una playa… ¡Y que la confundiste conmigo mientras todavía seguías inconsciente! Aunque he de reconocer que parece buena persona, me alegro que estuvieras a salvo en esa aldea oculta de la que me habló.

-Es cierto, ha sido muy amable conmigo y se lo agradezco. Aunque también siento lástima por ella…-comentó algo desanimado- Lo digo porque creo que podría haber tenido con el príncipe Richard una historia parecida a la nuestra. Pero debido a su muerte, lo que ahora la mueve son los deseos de venganza con ese rey Onkled.

-Vaya, es…curioso, si puede decirse así.-le sorprendió un poco aquel hecho- Y al igual que yo, tú también has estado buscando esos objetos para despertar a la deidad protectora de la isla.

-¡A mí me parece hasta demasiada coincidencia! –bromeó él- ¿Pero cómo en el tiempo que ha transcurrido habéis logrado encontrar tres de ellos? ¡Nosotros sólo conseguimos uno, pues el otro era una herencia de la Familia Real de aquí que guardó Marin!

-Es una larga historia, pero con tantas guerreras que conocen cada palmo de esta, resultó bastante fácil sabiendo además las localizaciones de los lugares donde estaban guardados los instrumentos. Cada uno de ellos supuso un reto diferente…

XOXOXOXOXOXOXO

"En primer lugar, fuimos en barco recorriendo la costa, hasta llegar a un lugar llamado Bahía de Marta. Allí buscamos una roca llamada "Boca del Barbo", que hacía honor a su nombre. Sólo era visible con la marea baja, por eso ese día las Gerudo decidieron ir allí. Entramos buceando por un pasadizo sumergido a una caverna aislada bajo el agua.

Nos enfrentamos a varias trampas y acertijos, además de monstruos. Recuerdo como a Nabooru le desquició un Stalfos que nos atacó varias veces en la mazmorra, huyendo cada vez que se veía acorralado; o a un Gohma que nos causó bastantes problemas.

Al final de todo, nos enfrentamos a la criatura más fuerte, algo a las que las Gerudo llamaron Lanmola demoníaco o así. También más tarde se le dio el nombre de "Pesadilla", basándose en las antiguas leyendas de Koholint y el Pez del Viento. Era muy rápido, los ataques convencionales y las flechas no llegaban a acertar. Entonces decidí atacarle con magia, concretamente con el Fuego de Din, que acabó con él sorprendentemente rápido. Conseguimos así nuestro primer Instrumento de las Sirenas, la Marimba de Viento, semejantes a unos tambores con teclas de xilófono sobre ellos y que producían un rítmico sonido."

XOXOXOXOXOXOXO

-¿Y qué es eso del Viento de Farore? Yo pensaba que era la ráfaga que desprendía mi boomerang cuando lo lanzaba, pero según Ciela existe otra variante.-le preguntó con curiosidad.

-¡Es cierto, no te lo había comentado! Además del Fuego de Din y el Amor de Nayru, existe un tercer hechizo de las Diosas, el Viento de Farore, que sirve para volver a la entrada de lugares posean gran influencia mágica, como los que hemos visitado. Es parecido a los portales que creaba Midna cuando llegabas al final de un templo, según por lo que me contaste.-le explicó brevemente- Y al igual que los demás hechizos de las Diosas, consume demasiada energía y por ello me ha costado avanzar por los diferentes calabozos. ¡Pero reconozco que ha sido divertido! Ahora puedo imaginarme con detalle cómo lograste superar aquellas pruebas durante la crisis del Crepúsculo, con la ayuda de Midna para superar solos todos aquellos peligros.

-¿Quién? ¿De qué me hablas? –le preguntó confundido, sorprendiéndola bastante.

-¿Es que no me escuchaste? Hablaba de Midna, la princesa del reino del Crepúsculo, quien te ayudó en tu viaje para salvar Hyrule.-le explicó ella, bastante extrañada por su repentina amnesia.

-¿Eh? ¡Ah, sí! ¡Ella! ¡Es verdad! –notó cierto nerviosismo en él- ¡Me acuerdo perfectamente! ¡Cómo no! ¡Es que esta noche estoy un poco despistado! –bostezó cansado- Ag…pensar que ahora vuelvo a tener una aventura como esa, no sé si me gusta o se me hace pesado.

-¿Qué pasa? ¿El héroe desea colgar la espada tan pronto? ¡Ni has tenido tiempo de usar adecuadamente la que te regalé! –se rió un poco de él, debido a que ella se encontraba a gusto con la aventura.

-Ya…-él no parecía estar de acuerdo- Gracias de nuevo por ella, se nota que la forjó un herrero experimentado. Aunque sinceramente, preferiría no tener que usarla…-habló recostándose más sobre los cojines, parecía preocupado por algo.

-No es propio de ti hablar de esa manera…-se acercó más a él para hablarle- ¿Qué ocurre? Creo que esa hada y tú estáis escondiendo algo relacionado contigo, quizás ese suceso misterioso que ocurrió mientras conseguíais uno de los instrumentos.

-¿Eh? Sólo son imaginaciones tuyas, lo único extraño fue eso que tu dijiste y la anciana ya dio una teoría que podría explicarlo…-habló evasivo mientras bebía un poco de vino- ¿No ibas a contarme las otras dos historias sobre los instrumentos?

A ella no le hizo demasiada gracia que volviera a cambiarle de tema cada vez que preguntaba por aquello, pero prefirió seguir contando sus aventuras.

XOXOXOXOXOXOXO

"El segundo lugar que visitamos fue el Túnel del Pez Gigante, oculto bajo una poderosa cascada en la Sierra Tal Tal, mucho más al norte de donde estamos. Subimos en una balsa río arriba, queríamos evitar cruzar la densa jungla en la medida de lo posible, aunque finalmente tuvimos que cargar con ella en algunos tramos. Además, según lo revelado por la matriarca, teníamos que encontrar la forma de cortar el flujo de agua que formaba la catarata que ocultaba el túnel. Así, por sus indicaciones, dimos con una ranura donde introducir una llave que las Gerudo habían encontrado al acabar con un Lanmola que molestaba por los alrededores de su territorio.

¡Por cierto! Se me olvidó comentarte que un Lanmola es como un gusano de arena gigante, al igual que los Moldorm o los Tail, así puedes hacer una idea de cómo era el primer monstruo con el que nos enfrentamos.

Retornando a la historia, Nabooru encontró dicha ranura metros más arriba de donde estaba la cascada. Cuando esta desapareció, no se le ocurrió mejor idea que tirarse desde esa altura suicida hasta el lago donde la esperábamos en la barca, y por supuesto nos acabó tirando debido a su pequeño jueguecito.

Continuamos avanzando con la balsa por el laberinto de canales, enfrentándonos a alguna criatura en el camino, pero nada sin importancia. Llegamos finalmente a una gran caverna inundada, donde comenzaron a haber temblores y desprendimientos de rocas. Y de repente, apareció del fondo un pez abisal gigante, que nos cegó nada más salir con la luz que producía su antena, ya que nos habíamos acostumbrado a la oscuridad del lugar. También tenía a su alrededor bancos de peces muy agresivos y que nos resultaron molestos a la hora de acabar con su líder, nuestra única protección era una insignificante balsa.

Eso sí, el optimismo y la energía de Nabooru eran envidiables en una situación así…

-¡Vamos, chicas! ¡Unos peces no van a amedrentar a las Gerudo! ¡Y cuando hayamos terminado con el gordo, tendremos comida para todo el clan durante un mes o más! –animó así a sus compañeras, que lanzaron conjuntamente su estridente grito de guerra.

Yo me centré en apuntar en esa ocasión a su antena, con un arco que me habían dado las Gerudo. Tuvimos que tener cuidado con los peces más pequeños y con el oleaje que provocaba el más grande cuando embestía contra las paredes con la intención de sepultarnos con algunas piedras que caían, hiriéndose él mismo a veces. Concentrando mi magia, logré disparar una fulminante flecha casi con la misma energía sagrada que las que tenía cuando combatíamos contra Ganondorf. Con eso derrotamos al pez, haciendo que el resto se retiraran. Conseguimos en esa ocasión montañas de pescado, que varios grupos fueron a recoger más tarde; y el Arpa de Oleaje, que al igual que el otro, su sonido era realmente acorde con un instrumento musical de leyenda."

XOXOXOXOXOXOXO

-Las tiras secas de pescado que estás comiendo ahora mismo, son de ese pez que derrotamos.-le contó mirando como comía Link de un plato cercano.

-¡Pues está muy bueno! –reconoció satisfecho- ¿Esa mujer llamada Nabooru te acompañó siempre en tus expediciones?

-Sí, mientras su compañera Aveil comandaba al grupo que te buscaba a ti. Precisamente, una de las condiciones que me dieron para ganarme su confianza y así que formaran una partida de búsqueda, era demostrar que estaba a su altura. Tenía que ayudarlas con mis habilidades mágicas a entrar y superar aquellos lugares, por ello me esforcé en demostrárselo en el primer calabozo.

-Vaya…-se sentía inútil y despreciable- Tú teniendo que trabajar tanto, mientras yo quejándome de los que me ayudaban no lograsen encontrarte, a pesar de que se ofrecieron altruistamente para ello.

-Lo importante es que nos hemos vuelto a encontrar, no pienses más en ello. Tendrás tiempo de disculparte cuando regreses a esa aldea perdida en la selva.-intentó animarlo, sintiéndose feliz por su reencuentro.

-Y hablando de la selva… ¿Cómo os fue en ese último templo que visitasteis, en el que más tarde os encontraríais a Marin y a Ciela?

XOXOXOXOXOXOXO

"Buscamos unas ruinas antiguas en la selva que hay al sur de la capital, Mabe, con cuidado de que nos reconocieran allí mientras tomábamos el camino más directo hacia nuestro destino. Allí, su acceso fue viable y sencillo, avanzando por ella sin demasiadas complicaciones hasta la cámara del jefe del lugar.

Definimos a nuestro enemigo como "Pesadilla Moldorm", ya que poseía la misma energía oscura que la de otro ser igual que combatimos anteriormente y a su vez también poseía la forma de un Moldorm gigante. Se movía extremadamente rápido y era muy agresivo, estuvo atacándonos en todo momento. Menos mal que descubrimos su punto débil, su cola. Centramos nuestros golpes ahí y una vez lo derrotamos, conseguimos el Violonchelo de la Luna Llena, otro instrumento místico.

Y bueno, tras eso, regresamos a la entrada gracias al Viento de Farore y nos encontramos con ellas. Después fuimos a dicha aldea, donde nos encontramos con animales extraños y ese Zora, que se asustó mucho al vernos. Eso era debido a que el otro grupo te había encontrado antes que nosotras, llevándote a la fuerza a ti y a los que te acompañaban a su fortaleza. El resto, ya lo conoces…"

XOXOXOXOXOXOXO

-Qué historias más interesantes…-opinó finalmente- ¿Sólo quedan tres, verdad? Después de lo que te he contado y lo tuyo creo que ya estamos enterados de todo lo que ha acontecido recientemente.

-Eso parece, ahora podremos centrar todos nuestros esfuerzos en su búsqueda, no como hasta ahora.-reflexionó ella- ¿Pero qué haremos después? Tengo una gran duda al respecto, pues deberíamos organizar un golpe de estado contra Onkled y después alguien tendría que acceder al mando de la isla.

-Bueno, ya nos preocuparemos de eso… ¿No creen? –les contestó una voz infantil tras de sí.

-¡¿Tú otra vez?! ¡¿Por qué estás espiándome a cada momento?! –le gritó molesto Link, pues no se había dado cuenta de su presencia hasta ahora.

-¡Ey! ¡Relájate! ¡Sólo escuché lo último que dijisteis! ¡No la tomes conmigo! –se defendió el niño de la máscara con su típico carácter.

-¿Y Marin? ¿No deberías estar con ella, por todo el cariño que le tienes? –volvió a hablarle molesto, quería terminar con la discusión cuanto antes.

-¿Estás un poco irascible, no? –le preguntó irónico- ¡De acuerdo! ¡Te dejaré solo! Total…

-¿Podría hacerte una pregunta? –intervino la princesa, dirigiéndose a Ricardo- ¿Por qué tú y Link estáis tan enemistados? Puedo llegar a comprender tus circunstancias, pero noto cierto rencor tuyo hacia el joven guerrero.

-Eso fue al principio, ahora él es quien está enfadado conmigo…-explicó mirándose ambos implicados- ¿Y puedo hacerte yo una pregunta? ¿Cómo un noble y un súbdito pueden permitirse tener esas "confianzas"? ¿No es algo extraño?

-¿A qué viene esa cuestión tan personal? No creo que a un niño de tu edad le debiesen interesar esos temas.-quiso eludir explicaciones, más para alguien con tan corta edad.

-¡Pues a mí me interesan! ¡¿Vale?! –explotó de repente- ¿Y tu reino? ¿Y los demás miembros del gobierno? ¡Ellos siempre querrán a otro noble como conyugue de su gobernador! ¡Y mientras vosotros tan alegres sabiéndolo! ¿Acaso no os importa eso?

-¿Y a tú por qué no los dejas tranquilos, eh? ¿Acaso tengo que andar tras de ti como si fuera tu madre? –le habló Marin detrás de él, apareciendo para llevárselo consigo.

-Ay… ¡Qué niño más entrometido! ¡Podrías empezar a comportarte con más cautela! –exclamó Ciela, negando con la cabeza.

-Lo siento mucho, princesa de Hyrule. Es bastante hablador y tiene la típica curiosidad de un niño, no se lo tome como algo personal.-se disculpó en nombre de Ricardo, jalándolo del brazo- ¡Y tú te vienes conmigo! ¡Te dejaré con una guardiana Gerudo si vuelves a hacer algo como esto!

-¡Por el Pez del Viento! ¡Esto una tortura! –se quejó harto el niño enmascarado- ¡Ni mis padres me trataban así cuando era…! ¡Baf! ¡Déjalo! Sólo conseguiré humillarme más aún…

Y mientras se lo llevaban, Ciela le lanzó una mirada a Link que pareció transmitir entre ellos mucha más información de la que parecería a simple vista, antes de marcharse con los otros dos. Nuevamente, ambos volvieron a quedarse solos, rondando en sus mentes dudas sobre lo que acaba de ocurrir. Pero eso no les impidió recostarse sobre los almohadones y seguir disfrutando de la celebración, viendo a las Gerudo bailar alrededor del fuego.

XOXOXOXOXOXOXO

En la madrugada, después de una larga noche de fiesta, todos dormían plácidamente en sus habitáculos, a excepción de las pocas Gerudo que vigilaban durante su turno. Zelda dormía profundamente también, pero su compañero de habitación no parecía poder conciliar el sueño.

Se encontraba fuera, charlando con Ciela en un rincón apartado no muy lejos de allí, manteniendo una conversación un tanto extraña.

-¿Procedencia? –preguntó él- ¿Lugar de nacimiento?

-Eh… ¡Ordon! ¡Eso es! ¡Es una minúscula aldea al sur de Hyrule! ¡Se dedica a cuidar cabras! –contestó el hada.

-¿Gente especial de ese lugar?

-Pues me dijiste que todos eran especiales para ti, pues sois como una pequeña familia. Pero sobre todo, están un matrimonio que te crió y sus hijos: Rusl, Uli, Colin y su pequeña Alice. También está el fornido alcalde Bono y su hija Ilia, que es tu amiga de la infancia.

-¿Algo más? ¿Cuántas preguntas llevamos?

-¡Epona! ¡Es tu yegua! ¡Debe estar con tu abuelo en el continente! –contestó brevemente- ¡Y a lo otro no tengo respuesta! ¡Perdí la cuenta hace rato!

-Vale, creo que aún recuerdo algo…-forzó su memoria- ¿Y quién es Midna? Antes Zelda me habló de ella, pero no logro recordarla demasiado. Sé que fue mi compañera de aventuras durante mis viajes por Hyrule, que cada vez me cuestan más recordar.

-No lo tengo muy claro, es confuso…-dudó Ciela también- Dijiste que al principio tenía aspecto de duendecillo con una cosa extraña en la cabeza y que más tarde descubriste que era una hermosa princesa de un reino crepuscular o así, que había adoptado su anterior forma por la maldición de un tal Zant. Además, según tú tenía un carácter peculiar y en ocasiones era bastante caprichosa, pero también era una gran persona.

-Bueno, con eso tengo de momento, por si vuelve a hablarme de ella otra vez…-suspiró cansado y decaído.

-Esto es preocupante…-comentó ella- Se está acelerando el proceso… ¡Está sucediendo exactamente como la Gran Hada vaticinó!

-¡Ya lo sé! ¡No me compliques más las cosas! –alzó la voz molesto, moderándose para que no le oyeran- ¡Tú sólo cumple con lo que acordamos! ¿De acuerdo? ¡Y ni una palabra a nadie! ¡Y mucho menos a Zelda!

-¿Y qué harás cuando sea más grave? Yo no podré hacer como si fuera tu biografía siempre…-le recordó tristemente- ¿No crees que acabarán por darse cuenta? ¿Y si les pidieras ayuda?

-¡No! ¡Eso sólo les haría preocuparse sin remedio! –insistió- ¡Ya oíste lo que dijo esa Gran Hada! ¡Es algo que debo enfrentar yo solo! ¡Debo luchar contra lo que me está corroyendo por dentro antes de que pueda hacer algo más grave! ¿No lo entiendes?

-Sí, lo entiendo. Pero…-no estaba tan segura- ¿Qué crees que podría pasar si no lo consigues?

-No lo sé…-admitió derrotado- Y eso, es lo que más temo…

Continuará…

XOXOXOXOXOXOXO

Nota de Alfax: ¡Sí, lo sé! ¡Después de tanto tiempo, un capítulo tan corto es un crimen! ¡Pero el próximo será muy pronto! ¡Lo prometo!

¡Al menos ya me funciona el ordenador! Después de cambiar la fuente de alimentación y la tarjeta de vídeo, arreglar algunas cosillas… (¿Tendré ordenador propio y de mediana calidad para la universidad?)

Bueno, espero que ahora no sea el ordenador quien me impida publicar, aunque me estoy dando cuenta que mis capítulos son cada vez más cortos… ¿Por qué será?

¡Quizás deba buscar de nuevo las ganas de escribir! ¡Y pensar en escribir algún Oneshot! ¡Si queréis podéis elegir de qué, me gustan los retos! ¡Pero siempre cuando sean de Zelda, que es el fandom en el que estamos!

¡En fin, hasta otra! ¡Y no dudéis en comentar! ¡Sólo así podré mejorar! ¡Que conste que aunque a veces no conteste, leo todos los comentarios!