Capítulo 96: Lágrimas en la nieve.
Tras incontables batallas en el reino celestial, los momentos decisivos de la Guerra Olímpica habían llegado. Pólux, uno de los ángeles, había salido al paso de Seiya, Hyoga, Ikki y Shiryu, y mostrando su implacable poder, el ángel los venció a todos, enviándolos a otra dimensión. Los combates mostraron una revelación en el corazón del ángel, antiguos sentimientos de la era del mito, de cuando luchó como Pólux de Géminis, siendo uno de los santos legendarios de élite de Atenea. Sin dudarlo se reveló valientemente contra Zeus, pero cuando iba a ejecutar su técnica más temible su gloria abandonó cuerpo, circunstancia que el dios aprovechó para alcanzarlo con su temible rayo, electrocutando así su cuerpo hasta matarlo.
Pegaso, Dragón, Cisne y Fénix volvieron de la otra dimensión al desaparecer el cosmos de Pólux, y conmovidos por su muerte, la memoria de los santos legendarios inspiró los corazones de los cuatro últimos santos.
Mientras tanto, en el Templo de Plutón, Atenea ascendía por el Olimpo, en su búsqueda del enfrentamiento final contra Zeus.
Monte Olimpo.
Templo de Júpiter.
Zeus se encontraba sentado en el trono de su majestuoso palacio, estaba junto a sus últimos dos ángeles, Aquiles y Belerofonte, en dicho momento el primero sacó de entre su coraza divina una reliquia, se trataba del vellocino de oro, luego se acercó y apoyó el tesoro en el pecho de su dios, la herida causada por Poseidón en su terrible enfrentamiento cerraba poco a poco, no obstante su kamui mostraba una perforación perfecta, con la forma de la punta del tridente del caído emperador del mar.
—La reliquia de Jasón es gloriosa… —musitó Belerofonte con una sonrisa. —Al igual que Pólux, él nos traicionó, entregando el vellocino de oro a Shion de Aries…
—Aries opuso gran resistencia… —manifestó Aquiles recordando su enfrentamiento en el Templo de la Sabiduría. —El momento decisivo de la guerra santa ha llegado…
—Mi herida ha sido curada, Atenea no tardará mucho en llegar. —murmuró Zeus mostrando un semblante que mutaba de relajado a iracundo. —No debí dar mi sangre divina a ese maldito… —susurra mirando el cadáver de Pólux.
—¿A qué se refiere? —pregunta Aquiles.
—No te has dado cuenta, ¿conoces la diferencia entre los ángeles originarios y los cuatro elegidos…? —repregunta el dios, intentando hacer llegar la mayéutica socrática a su súbdito.
—Por supuesto que conozco la diferencia. Nosotros somos sus verdaderos guerreros, sus doce ángeles, nunca lo traicionaríamos, en cambio los cuatro elegidos han terminado colaborando para Atenea…
—Ganimedes luchó junto a los santos de Atenea, enfrentándose a los espectros de Hades y muriendo junto a Radamanthys de Wyvern, uno de los tres jueces del Inframundo. —dijo Belerofonte. —Así como te lo mencioné Aquiles hace un momento, Jasón curó a Shion, y ni hablar de Cástor que dirigió las tropas enemigas desde las penumbras. Y ahora su hermano Pólux, en quien todos confiamos, se atrevió a levantarle la mano a Zeus, nuestro señor.
—¡Mienten! —interrumpe Zeus. —Uno de los doce ángeles también me ha traicionado y ustedes lo saben. Ícaro siempre quiso ser un dios, y terminó convirtiéndose en un mortal que da la vida por otro mortal, eligiendo morir soñando junto con su hermana, en el conjuro de Morfeo…traicionó a lo divino por lo natural, lo eterno por lo efímero…
—Ícaro es un estúpido… —acota Aquiles ofuscado. —¡El ángel que se quemó las alas por querer alcanzar a los dioses!
—Señor Zeus. —espeta Belerofonte hincándose ante su dios. —Los santos de Pegaso, Dragón, Cisne y Fénix avanzan por la Bóveda Celeste. Levantaré el nombre de los ángeles que Ícaro ha ensuciado, yo terminaré con esta guerra santa.
—Espero que no me decepciones… —susurra Zeus dando la espalda a sus ángeles.
Aquiles y Belerofonte expandieron sus portentosas alas, cual estrellas fugaces que caen del cielo.
El Santuario.
Colina de las Estrellas.
Kiki acababa de llegar al lugar más inaccesible del Santuario, su cuerpo exhibía varias heridas tras su combate contra una de las vestales de Hestia, la poderosa Astrea. Repentinamente nota una silueta meditando, que miraba en dirección al alba.
—¡No puede ser, eres tú! ¡Gliese! —dice al tiempo que sus ojos se humedecen por lágrimas de emoción. —Pensé que era el único sobreviviente…
—Fui a parar al Tártaro en cuerpo y alma cuando fui vencido por Pólux, sin embargo, a diferencia de los demás yo entré al Tártaro estando vivo, al romperse el sello que liberó a los titanes yo también pude escapar…gracias a haber alcanzado el octavo sentido pude conservar la vida en el mundo de los muertos.
—¿Los titanes han escapado finalmente del Tártaro? —pregunta Kiki preocupado.
—Sí, pero han sido derrotados por los doce santos de oro. —contesta Gliese.
—¿Cómo puedes saber eso?
—Porque lo he leído en las estrellas, he pasado toda la noche aquí…
—¡A mí se me ha ocurrido hacer lo mismo, por eso vine a este lugar, quería aprender a leer las estrellas para saber cómo ayudar a Seiya!
—En este momento no hay nada que podamos hacer, hay que confiar en éstos legendarios santos de bronce. He leído en los cielos que cuatro de ellos, Seiya, Shiryu, Hyoga e Ikki, han ingresado en los dominios más altos del Olimpo, ¡al cielo de Júpiter! Hogar de Zeus…
Bóveda Celeste.
Seiya, Shiryu, Hyoga e Ikki corrían a través del extenso llano de nubes, hasta que vieron relucir algo en el camino, dada su gran velocidad en un par de segundos llegaron a su objetivo, asombrándose por una inmensa y exuberante escalera de oro que se levantaba, cubriendo el horizonte. Apenas pisaron el primer escalón, unos rayos cósmicos comenzaron a atacarlos de forma violenta, producto de la sorpresa, los santos fueron alcanzados, golpeados y tumbados al suelo, un nuevo enemigo se hacía presente. Los santos se levantaron y observaron a un ángel que portaba un ropaje divino.
—Soy Belerofonte, un ángel al servicio de Zeus. ¡No permitiré que sigan avanzando!
Repentinamente las piernas del ángel se congelan, ante su estupefacción, el frío del Cisne que superaba el cero absoluto era algo aterrador, unos anillos de hielo rodean la cintura de Belerofonte de forma imponente.
—¡KOLISO! Yo me enfrentaré al ángel…Seiya, Shiryu, Ikki, vayan por Zeus. Yo los alcanzaré luego de derrotarlo…
—Escucha Hyoga… —murmura el prudente Shiryu. —Este hombre es sumamente poderoso, recuerda que ha derrotado a Kanon de Géminis ¡combate con todo tu poder…! Te veremos en el Templo de Júpiter...
—Estos anillos me han inmovilizado… —pensaba Belerofonte observando como los anillos se convertían en hielo cristalizado.
—No me confiaré Shiryu, hemos prometido salvar a Atenea a cualquier costo… —responde Hyoga con una sonrisa.
—¡Es una promesa Hyoga…! —manifiesta Seiya visiblemente emocionado, mientras Ikki miraba fríamente al ángel.
—Así será Seiya. ¡Vayan, no pierdan el tiempo, vengaré a Kanon…! —responde Hyoga mirando a sus hermanos, los cuales avanzan como estrella fugaces.
Belerofonte eleva su gran cosmos y se libera del hielo expandiendo sus alas divinas violentamente. Ambos enemigos se miran fijamente y encienden sus cosmos, midiendo sus fuerzas.
—Cisne Hyoga, dijiste que me derrotarías, puedo asegurarte una cosa, en este sitio perderás tu vida… ¡lo juro por mi señor Zeus!
—¡Les hice una promesa a mis hermanos y la cumpliré, te venceré y luego derrotaremos a Zeus! ¡POLVO DE DIAMANTES!
Hyoga de Cisne realizó su característica danza, imitando los movimientos de un cisne, culminando con un puñetazo al frente, un helado aire frío que supera el cero absoluto se abalanza sobre Belerofonte, al extender sus manos hacia adelante, el ángel detiene la técnica con maestría, sin embargo parte de su cuerpo se congela, pero el guerrero de Zeus vuelve a encender su gran cosmos y el hielo se derrite.
—Ha podido detener el polvo de diamantes. Era de esperarse de un ángel divino…al igual que con Pólux el polvo de diamantes no funciona.
—Soy uno de los doce ángeles originarios, fuimos elegidos desde tiempos mitológicos para ser guardianes personales de Zeus, somos los guerreros de élite del Monte Olimpo. Fue muy ingenuo pensar que el polvo de diamantes sería suficiente para lastimar a un ángel…Hyoga, no será igual que con los dioses menores, ésta vez tu enemigo no es solamente un ser con cosmos infinito, sino que es además un guerrero que ha dedicado su vida a perfeccionarse en el combate.
—¡He acumulado una gran experiencia, mi aire frío fue letal incluso para los dioses olímpicos, tu señor Zeus es el único que queda en pie…no deberías subestimarme sólo por haber detenido el polvo de diamantes!
—¡Tienes razón, los dioses del Olimpo han sido débiles, pero Zeus es distinto! Él es invencible incluso para Atenea…es el rey de dioses, el rey del Universo, el supremo Zeus, quien ha acabado con Poseidón. Ustedes están mancillando su grandeza, causando alborotos en el Olimpo, incluso Pólux se ha revelado…él no era un ángel después de todo, sino un legendario santo de oro que usaba una gloria divina…un traidor al fin.
—¡Pólux al igual que Cástor son dos grandes héroes, valientes guerreros que lucharon por aquello que más sentían desde lo profundo de sus corazones, fieles así mismos sobre todas las cosas…!
—Cástor de Géminis también…no sólo él…Ganimedes de Acuario y Jasón de Aries nos han traicionado. Pero déjame reconocer que pese a su traición, los admiro por cómo han luchado, pero todo es en vano, ustedes no podrán vencer al rey de dioses…puesto que como te dije, Zeus es invencible…
—Los santos de oro han logrado vencer a Cronos, ¿por qué nosotros no podríamos vencer a Zeus? Maestro Camus de Acuario, honraré su memoria con una victoria… ¡salvaremos la Tierra y protegeremos a Athena!
—Cronos no se compara a Zeus, sentirás el poder de mis puños, los puños de un ángel que ha alcanzado el noveno sentido… ¡RAYOS CÓSMICOS!
Belerofonte genera una pequeña estrella en su mano, aplastándola luego, liberando así un potente rayo radioactivo que superaba la velocidad de la luz, comparable con los rayos cósmicos emitidos al explotar una supernova, capaces de arrasar con planetas enteros, el cuerpo de Hyoga fue alcanzado y golpeado en repetidas ocasiones, hasta caer al suelo herido.
El ángel sonríe, el ruso japonés se pone de pie con grandes dificultades, en dicho momento Belerofonte advierte que su mano estaba congelada, lo que significaba que su técnica no había tenido todo su potencial.
—Has congelado mi mano antes de que lanzara mis rayos cósmicos, por eso no he podido causarte heridas mortales…sin dudas Cisne no estás aquí por causalidades, los cinco santos de bronce que han logrado tantos milagros, Pegaso, Andrómeda, Dragón, Cisne y Fénix son santos legendarios, pero sus grandes historias quedarán sepultadas en ésta Bóveda Celeste…
—¡Belerofonte, el motivo de nuestra lucha es superior a nuestra gloria…nuestros lazos se mantendrán unidos hasta la victoria, siempre! Recibe la técnica que me enseñó mi venerable maestro Camus. ¡EJECUCION AURORA!
Hyoga levantó sus brazos con sus manos entrelazadas y los bajó al tiempo que un brillante aire helado salió disparado contra Belerofonte, todo el campo de batalla había sido cubierto por la nieve.
—¡RUGIDO DE LA QUIMERA!
Belerofonte extiende ambos brazos hacia adelante, haciendo una posición rara con los dedos de ambas manos, una bestia cósmica con la forma de la Quimera aparece, aquel monstruo del mito griego que tenía tres cabezas, una de león, otra de cabra y una tercera de serpiente, ésta última emergía de su cola, la primera de sus tres cabezas, la leonina, se interpuso en el viento glacial, su melena se crispa mientras prepara su grito y absorbe la ejecución aurora del Cisne, emitiendo un poderoso golpe sónico que afecta el equilibrio de Hyoga.
Sin embargo, el Cisne se recupera y sin amainar su cosmos dispara nuevamente su ejecución aurora y luego otra, la primera congela la melena y la segunda ataca a su enemigo, el ángel intenta detener la técnica extendiendo sus dos manos al frente, pero éstas se congelaron, junto con todo su cuerpo.
Aprovechando la ocasión, Hyoga se abalanzó sobre su enemigo para destruir de un puñetazo la estatua en que se había convertido el ángel, pero en dicho momento una llamarada detuvo su embestida, sus ojos pronto contemplaron el aura del gigante monstruo de tres cabezas. La cabeza de la cabra escupía fuego sobre el campo de batalla, al cabo de unos segundos Belerofonte había derretido el hielo y se hallaba erguido frente a su rival.
—¡Ese terrible monstruo, la Quimera…! En la era mitológica el Asia Menor era acechada por la terrible Quimera, pero el héroe Belerofonte liberó al pueblo de aquella pesadilla.
—Así es Cisne, desde aquella victoria he quedado fascinado por los ataques de la Quimera, ahora puedo imitarlos con mi cosmos, inclusive llevándolos a una escala mayor…FULGOR DE LA QUIMERA!
Un aura celeste se desparrama sobre el campo de batalla bruscamente, repentinamente aparece la silueta del horrible monstruo, que pronto se abalanza sobre Hyoga, despidiendo fuego de la boca de la cabra. Las tremendas llamaradas incineran toda la circunferencia alrededor del Cisne, cubriendo al instante su cuerpo, el cual ya no podía verse, pronto sus pulmones iban a llenarse del terrible fuego, pero antes de perecer, Hyoga eleva su cosmos al máximo y las llamaradas se cristalizan repentinamente y luego explotan.
—Las llamas no son nada nuevo para mí, luego de mi combate con uno de los sacerdotes de Apolo, Lino de Dodona, he aprendido a contrarrestar terribles llamas, no me vencerás de ese modo Belerofonte…
—La Quimera no sólo se valía del fuego… ¡SECRECION CORROSIVA!
Belerofonte se agacha y golpea con la palma de su mano el suelo, la inmensa Quimera surge desde las profundidades y la cabeza de serpiente que tenía en la cola escupió un líquido verde, Hyoga atina a cubrirse, extendiendo sus brazos hacia adelante, pero una sustancia corrosiva lo había impregnado en algunas partes de sus brazos y en el peto de la armadura divina.
—¿Qué demonios es esto…? —el santo miraba como un extraño líquido se extendía lentamente por su armadura divina. —¡Este extraño líquido es capaz de expandirse por todo el cuerpo!
—La cabeza de serpiente que tiene la Quimera en su cola es mortal, cuando su secreción corrosiva se disemina es capaz de destruir rápidamente cualquier superficie, dañará tu armadura divina y tu cuerpo, carcomiéndolo de afuera hacia adentro, hasta penetrar en lo más profundo de tus vías respiratorias… —contestó el ángel.
—Antes te venceré, mi frío glacial puede mermar un poco los efectos de esta maldita sustancia, no me subestimes… —respondió Hyoga encendiendo su cosmos, pero antes de atacar siente su cuerpo paralizado, al sentir su sistema respiratorio inundado por los tóxicos gases de la técnica del enemigo. —¿Qué sucede…?
—Al igual que tú paralizas con tu frío, yo puedo hacerlo por medio de esta técnica, he jurado acabarte Cisne y lo haré, tu tumba se encuentra en esta tierra santa, te ha llegado la hora… ¡TERROR DEL ASIA MENOR!
Belerofonte levanta su rostro al cielo y junta sus manos, violentamente hace un paso hacia adelante, extendiendo sus brazos en la misma dirección, el espíritu de la gigantesca Quimera y su cosmos se mezclan, embistiendo contra el santo y produciendo innumerables heridas en su cuerpo, tras lo cual cae violentamente al suelo, la sangre comienza a brotar de las fisuras de su armadura divina.
—Este hombre es demasiado fuerte, por algo Kanon de Géminis ha caído bajo sus puños…
—¡Oh, Kanon de Géminis! Era un santo extremadamente fuerte. Recuerdo aquel combate, para su desgracia, él ya se encontraba gravemente herido, puesto que había luchado contra Erictonio…
El cosmos de Hyoga se enciende repentinamente, congelando sorpresivamente la secreción corrosiva que lo había cubierto, para momentos después desprenderse de su cuerpo y romperse al caer en el piso como pequeños fragmentos de hielo.
—Veo que has podido librarte, tu aire frío es grandioso. —susurra Belerofonte.
—Entonces se trató de un combate injusto… —dijo Hyoga reincorporándose con dificultad y elevando su frío cosmos al máximo. —De lo contrario apuesto a que Kanon te hubiera derrotado.
—Eso es contrafáctico, jamás lo sabríamos, tu armadura divina ya ha sido rasgada, sin embargo la voluntad que llevas es absoluta…
—¡Hemos estado muchas veces al borde de la muerte, nunca nos hemos rendido, así detuvimos la ambición de Poseidón y Hades, antes de que este día termine, habrá caído Zeus…!
—¡Es increíble, su cosmos se eleva cada vez más…! —expresó Belerofonte para sí mismo, sintiendo su cuerpo levemente paralizado por el frío.
—¡Mi cosmos ha crecido hasta el infinito, recibirás la aurora de muerte…EJECUCION AURORA!
—¡Conoce mi verdadero cosmos Cisne…TERROR DEL ASIA MENOR!
Hyoga entrelazó sus manos y levantó sus brazos al cielo, luego bajó abruptamente dichas extremidades, liberando un magnífico viento de un frío aterrador. Al mismo tiempo Belerofonte levanta su rostro al cielo y junta sus manos, violentamente hace un paso hacia adelante, extendiendo sus brazos, el espíritu de la gigantesca Quimera atacó vorazmente, pero antes de alcanzar a su enemigo se congeló por completo y segundos después estalló, el rostro del ángel mostraba toda su perplejidad.
—¡La Quimera ha sido destruida! ¡No puede ser…!
—He destruido tu mejor técnica Belerofonte, estás en problemas…
—¡No debes subestimarme maldito, mi cosmos es superior al tuyo…!
—¿Un cosmos superior a otro…? Que idiotez, cuando luchas por el amor y la justicia tienes un motivo superior, no importa tu nivel de combate, sino cuanto puedes hacer crecer tu cosmos, impulsado por tus sentimientos más profundos… ¡te ha llegado la hora, debo acompañar a Seiya, Shiryu e Ikki a derrotar a Zeus! ¡EJECUCION AURORA!
Un viento descomunal se desencadena por toda la Bóveda Celeste, el cosmos del Cisne crecía de forma exuberante, tras unos segundos de la terrible tormenta de hielo podía verse a Belerofonte deteniendo la técnica con sus dos manos, los brazos de la gloria del ángel estallaron a los segundos, producto del frío que superaba el cero absoluto.
—¡No puedes haber detenido semejante técnica, mi cosmos se elevó al máximo y sin embargo…! —exclama Hyoga anonadado sin terminar la frase.
—He visto varias veces tu técnica… —masculla Belerofonte con la respiración agitada. —La muerte te saluda Cisne, irás al Tártaro… ¡RAYOS COSMICOS!
Hyoga enciende su cosmos intentando congelar los potentes rayos radioactivos que superaba la velocidad de la luz, algunos se congelaron al entrar en proximidad con el objetivo, pero otros se filtraron e impactaron en todo su cuerpo, hasta tumbarlo con dureza, pero la lucha del santo no iba a ser en vano. Rápidamente se levanta malherido ante la fría mirada del ángel, pero pronto advierte que la armadura divina del Cisne tenía huecos y abolladuras, al tiempo que dispersaba una extraña radiación.
—Mi armadura divina… ¿tan fuertes son sus golpes…?
—Mis rayos cósmicos son capaces de arrasar con planetas enteros, y después de despertar el noveno sentido mi técnica es capaz de pulverizar incluso una armadura divina, tu lucha acaba aquí, lejos has llegado, pero el Olimpo tiene gloria eterna… ¡RAYOS COSMICOS!
—Elevaré mi cosmos más allá de mis límites, quizá mi hora haya llegado, pero no seré derrotado… ¡EJECUCION AURORA!
Hyoga y Belerofonte elevan sus cosmos a su máximo, lanzando sus poderosas técnicas, desencadenando un terrible choque de brillos incandescentes blancos y celestes, cuando termina la colisión puede verse a ambos de pie, dándose la espalda mutuamente.
—Has sido un extraordinario oponente Hyoga de Cisne… —susurra el ángel mientras su cuerpo se congela y se despedaza en pequeños fragmentos de hielo.
—Seiya, Shiryu, Ikki, ahora todo depende de ustedes, siento no cumplir mi promesa…mamá por fin nos uniremos… —dijo Hyoga en su último aliento, mientras un reflejo de luz sale de su pecho, despedazando esa parte de la armadura y de su cuerpo, para luego caer de espaldas, inundando las doradas escales con un color carmesí.
. . .
Seiya, Shiryu e Ikki se detienen abruptamente en su carrera por la escalera dorada, los tres sintieron el cosmos de Hyoga desparecer, mientras una suave brisa trae consigo una delicada y triste nevada sobre los territorios del emperador celestial.
—Hyoga se está despidiendo de nosotros… —murmura entrecortado Shiryu al tiempo que una gruesa lágrima brota de entre sus parpados. —Continuaremos la misión por la que has entregado tu vida amigo, tu melancólico cosmos se unirá ahora con tu madre y con tu maestro Camus, juntos seguramente nos guiarán desde las estrellas…
Seiya aprieta su puño fuertemente y mira hacia abajo sin poder contener las lágrimas que caen sobre las escaleras que ya se encuentra cubiertas por la nieve.
—¡Hyoga, juro que tu sacrificio no será en vano…!
—¡Que los sacrificios de Hyoga y Shun nos inspiren para llegar a la victoria! —exclama Ikki cuando una pequeña lágrima escapaba de su rostro, recorriendo su mejilla.
Templo de Neptuno.
La diosa de la guerra justa se encontraba en el palacio inundado de Poseidón, contemplando su lápida, en ese momento siente la pérdida de Hyoga y nota como la luz que corría por las afueras del recinto anunciaban una clara despedida del Cisne. Atenea se apresura a salir del templo y observa que el Olimpo se encuentra nevado, entonces eleva su cosmos a las estrellas, para acariciar su energía cósmica una última vez.
—Mi querido Hyoga, descansa en paz… —dijo mientras lágrimas de sangre caen sobre la nieve.
