31. ¿Todos tenemos dos caras?

La matriarca Jolene preparaba una pócima especial para Link, este acompañado del hada Ciela. Medía minuciosamente la cantidad de cada ingrediente y era muy escrupulosa en su preparación, llevaba varias horas haciéndola. Y eso, les ponía un tanto nerviosos.

-¿Cuándo cree que acabará señora? No es por incordiar, pero estar aquí sin hacer nada…-intentó convencerla el hada, pues la Gerudo había insistido en que estuvieran allí durante todo el proceso.

-¡Cierra el pico! ¡Ni siquiera debería molestarme en preparar algo como esto! ¡Vosotros os quedaréis aquí y punto! –le repitió firmemente la anciana, cansada de su impaciencia.

-Pero no es justo…-murmuró Ciela- ¡Él es quien la necesita! ¿Por qué tengo que quedarme?

-Pues porque tú tienes algo que ver en lo suyo… ¿Me equivoco? –insinuó la mujer- ¿Por qué me da sensación de que me ocultas algo, pequeña?

-¡Y ahora esto! –exclamó sin poder creérselo- ¡Señora, sólo quiero ayudar a Link! ¿De verdad puede ayudarle a que las fuerzas maléficas no le invadan y poder así continuar con la búsqueda de los instrumentos?

-De acuerdo, no haré más preguntas. Pero quizás deberíais ser más sinceros con quienes están a vuestro alrededor, ellos sí realmente se verían afectados si los mintierais…-comentó sugiriendo que otra vez ocultaban algo.

-Sí, lo sabemos…-suspiró cansada, volando al oído de Link- Esta anciana no me quita el ojo de encima… ¡Ya estoy harta! ¡Acabaré soltándolo todo! ¿Deberíamos contárselo a los demás?

-¡Que no! ¡Te he dicho una y mil veces que no quiero preocupar a nadie! –le habló bajando el volumen de su voz- Tal vez con el remedio de la matriarca logre aguantar lo suficiente para terminar con lo mío… ¡Así que no sigas!

-¿Sabes? Te creía más simpático…-refunfuño ella- ¿No has notado que últimamente tienes unos cambios de humor bruscos? Te enfadas con facilidad y no pareces el mismo. ¿Podría ser por…ya sabes…eso?

-Son imaginaciones tuyas, no estoy todo el día enfadado…-negó, precisamente, enfadándose- ¿Acaso no crees que tendría motivos para estarlo y sin embargo permanezco la mayoría de las veces tranquilo?

-Sí, sí…-ella no le creía- ¿Y cuando duermes? ¿Has tenido otra vez algún sueño extraño?

-Bueno…-le costó sincerarse- ¿Y qué pasa? ¡Deber ser porque estoy un tanto nervioso! ¡Los sueños no significan nada!

-¿Y ese sueño que tenías de pequeño? Los sueños recurrentes suelen significar algo y en este lugar tienen mucha confianza en lo que se revela en ellos. ¡No por algo se dice que esta isla nació de un sueño del Pez del Viento!

-Oye… ¿Qué sueño era ese del que me hablabas? –le preguntó como si lo hubiera olvidado.

Ciela no hizo más que golpearse contra la pared, cada vez estaba más desesperada por lo que le ocurría al chico. Y mientras ellos conversaban, Jolene escuchaba algunas de las cosas que ellos decían y sacaba sus propias conclusiones.

-"Olvidadizo, irascible, con ciertos hábitos extraños…"-pensó recordando su predilección hacia la carne o en su defecto el pescado, además de su olfato y vista prodigiosos, que había visto durante la pasada celebración- "¿Qué esconderá ese muchacho? Uhm…me pregunto si la extranjera sabrá algo sobre eso…"

XOXOXOXOXOXOXO

"Ya falta poco…

Pronto, se darán cuenta de lo que te pasa, chaval. Y por supuesto, alguno de los dos hará su aparición…. ¡Ja, ja , ja! ¡Aunque claro! ¡Saldré ganando en cualquiera de los casos!

-¿De qué hablas? ¿Por qué no dejas de atormentarme? –exigió Link, atrapado en un mundo oscuro.

Eres tú quien deberías saberlo, tantos años en el olvido… ¿Debería darte las gracias a ti o a quien me ayudó a renacer?

-¡Déjate de vacilaciones! ¿Cuándo se supone que apareciste en mi vida?

Desde el mismo momento en el que naciste, siempre he estado ligado a ti. ¡Podría decirse que soy tu maldición! No…sólo soy…tu sombra, aquello de lo que reniegas de ti mismo y sin mí no podrías ni existir. Ya sabes, todo ese rollo del equilibrio y eso.

-¿Y por qué ahora? ¿Por qué has esperado tanto para manifestarte? –pidió casi en una súplica, no podía seguir con esas dudas.

No he podido, y también, porque no me ha dado la gana. ¿Entiendes? ¡No volveré a ser humillado de nuevo! ¡Por fin he aprendido a esperar! ¡Y me está dando buenos resultados! Aunque tuve la oportunidad de hacerlo cuando entraste a la dimensión del Crepúsculo, pero ese saco de pulgas tuvo que quitarme ese privilegio.

-¿Acaso te refieres a mi forma animal? ¿Qué tiene que ver en todo esto?

Mucho… ¿Alguien tenía que quedar en medio, no? Tú y yo somos extremos, como luz y tinieblas… ¿Y cuál es la unión de los dos? ¡Bingo! ¡El alba y el crepúsculo! ¿No te parece casualidad que te convirtieras en ese animal cuando te viste envuelto por la energía del Crepúsculo? De todas formas, lo importante es que al estar en el centro, cualquiera de los dos podría beneficiarse de una bestia como él.

Hasta el momento, tú habías tenido ese privilegio, utilizándolo para tus propios fines y regalando sus habilidades a la beneficencia… ¡Puag! ¡Me repugna pensar que hasta lo del barco, esa fiera no era más que un perrito amaestrado!

-Hasta lo del…-enseguida entendió a lo que se refería- ¿Fuiste tú? ¿Asesinaste a ese pirata tan salvajemente?

¡Bravo! ¡Me sorprende que a estas alturas aún te acuerdes de algo! ¿Pero qué querías que hiciera? Reconócelo, su carne y su sangre nos ayudó a soportar mejor la tortura que nos impusieron esos bastardos. ¡Lástima que nos faltara sal y pimienta para condimentarlo!

Y claro, no olvidemos que, aunque no lo admitas, tú deseabas hacerlo, de ahí que aprovechara la situación… ¿Qué le hubiera ocurrido a nuestra pobre princesa si no hubiéramos destrozado a ese tipo? ¿Eres tan malo como para haber dejado que ese tío se la hubiese…?

-¡Cállate! ¡No vuelvas a recordarme eso! –gritó con furia- ¿A qué viene eso? ¿Y por qué te contuviste en aquel momento y no la atacaste?

¿Querías que lo hiciera? ¡Pero qué mezquino! ¡Ja, ja, ja! ¿Por qué iba a hacerlo? Tú querías protegerla y cumplí tus deseos, además no era el momento para gastar todo mi poder. Ese incidente fue sólo la puerta que me permitió salir y gracias a tu corazón no tan puro, poco a poco voy apoderándome de tu cuerpo y de tu mente.

-¿Por qué? ¿Qué pretendes con ello? –no comprendía nada- ¿Tienes algún motivo para querer destrozarme la vida?

¡No seas tan quejica! ¡Me das asco! ¡Todo el día lloriqueando! ¿Esa mujer te ha vuelto tan blando? ¡Qué digo! ¡Siempre lo has sido! ¡Por eso voy a ocupar el lugar que me corresponde y que siempre se me ha negado! Y cuando lo haga, todo lo que posees será mío, incluyendo a quien tú sabes…

-¡Déjala en paz! ¿No se supone que no tenías ningún interés en ella? ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? ¿O es que sólo quieres molestarme?

¡Ja, ja, ja! ¡Yo nunca dije eso! Además, quiera o no, me siento atraído por esa mujer. Es como una maldición… ¡Y no sólo eso! ¿Todo hombre tiene sus necesidades, no? ¡Je, je! También tiene algo que me interesa, algo que nos perteneció hace mucho tiempo. Es una vil ladrona, al igual que ese otro mequetrefe arrogante…

-¡Cierra la boca! ¡Sabes que no permitiré que lo hagas! ¡Lucharé hasta mis últimas fuerzas por evitarlo!

¿En serio? ¿Tú crees? ¡Mírate! Poco a poco vas olvidándolo todo, en un tiempo no sabrás ni quién eres. Sólo serás un cascarón vacío, conservando ciertos resquicios de tu faceta animal y que no te hará mejor que uno de ellos. Entonces, allí estaré yo, el verdadero ser que debería habitar ese cuerpo. Dejaré de permanecer en las sombras y al fin podré ser libre, dejando de ser el segundón tras alguien que no me llega ni a la suela de mis botas.

-¿Y por qué no te muestras? ¡Vamos! ¿Acaso eres tan cobarde que prefieres seguir escondido tras ese manto de oscuridad que envuelve este lugar? –trató de provocarlo, únicamente consiguiendo que se riera.

¡No esperes que muestre lo mejor antes del último acto! ¡Ya te he contado suficiente en una siesta! ¿Es que no te dejo dormir bien por la noches, eh?

-¿Una…?"

XOXOXOXOXOXOXO

Link se despertó de golpe, curiosamente no tan agitado como en otras ocasiones. Acaba de tener nuevamente otro de esos sueños, que lo atormentaban hasta el punto de pasar las noches en vela. Debido a eso, se había quedado dormido con la cabeza reposando en uno de los cojines que había en la cámara de la matriarca, que al parecer estaba a punto de terminar su poción.

-¡Vaya, Link! ¡Se nota que estabas cansado! –le habló Ciela enfrente de su cara- ¡Tú durmiendo y yo teniendo que ayudar a la anciana a preparar tu medicina! ¡Además del interrogatorio al que me ha sometido! ¿Se puede saber con qué estabas soñando?

-Déjale, pequeña hada. Si el muchacho necesitaba descansar, pues que lo haga. Además, todas sabemos que los hombres se echan a la bartola mientras las mujeres trabajamos para ellos…-comentó mezclando comprensión y cierta molestia hacia él, quizás por su cultura.

-Perdone, pero… ¿Está listo ya? –preguntó él con educación- ¿Y ha venido alguien mientras estaba dormido?

-No, nadie se ha molestado en venir a verte, si es lo que preguntas…-ese comentario incomodó un poco al joven- Las muchachas deben estar reunidas, tal vez hablando de sus cosas o debatiendo su próxima expedición en busca de los instrumentos restantes. Y el niño y ese inútil de Linebeck, también deben estar con ellas… ¡No creo que se atreviesen a deambular tranquilamente por nuestra fortaleza! ¡Y menos ese cobarde y viejo charlatán!

Sirvió el brebaje en una botella que luego entregó al muchacho. Desprendía un olor nauseabundo y debido al fino olfato de Link, se le hacía aún más insoportable.

-¿A qué esperas? ¡Bébetelo de una vez! ¡Tendrás que tomar dos dosis diarias durante varios días! –le explicó la mujer.

-¿En serio esto es bebible? ¿No podría haberle echado algo que neutralizara parcialmente el olor? –no estaba seguro de que eso le beneficiara, prefería seguir como estaba.

-¡Cállate y bebe, cobarde! ¡No me esforzado tanto con mi magia y los ingredientes para que un debilucho como tú se niegue a probarlo! –empujó el contenido de la botella hacía el gaznate de Link, haciéndoselo tragar sin la posibilidad de devolverlo.

-¡Cof, cof! ¡Cof, cof! ¡Qué…era eso! ¡Además de su fétido olor, sabe horrible! –dijo retorciéndose, tosiendo y sufriendo náuseas- ¿Tendré que beberme esto durante cuántos días?

-Los que a mí me parezcan, así que aguanta y no te quejes. Podría haber disimulado perfectamente el olor y el sabor, haciéndolos mucho más agradables… ¡Pero no me iba a tomar esas molestias con un hombre! –reconoció ante él, que no sabía si enfurecerse o pedir clemencia.

XOXOXOXOXOXOXO

Reunidas el grupo de mujeres y el resto, la matriarca se dispuso a escuchar lo que tenían pensado hacer.

-Madre, nuestro próximo destino serán las ruinas del Templo del Rostro, al norte del Desierto Yarna y nuestra propia ubicación. Quizás deberíamos haber ido allí en un principio, pero el camino estaba bloqueado y un pequeño grupo de las nuestras ha estado trabajando para despejarlo, mientras la mayoría permanecían aquí y el resto buscábamos tanto los instrumentos como al chico.

-Perfecto, Nabooru, eso significa que no os llevará mucho llegar allí y podréis estar de vuelta en poco tiempo. ¿No?

-Eso esperamos, con un grupo tan pequeño como el nuestro deberíamos movernos más rápido. Además, esta zona es nuestro hogar y lo conocemos mejor que nadie, llegar a las ruinas será un paseo para nosotras.-añadió Aveil.

-¿Tú irás, Aveil? No me extraña, así os resultará más fácil y la verdad es que las demás sabrán proteger la fortaleza sin vosotras. Pero aún así… ¿Sólo iréis cuatro mujeres? No sé, quizás convendría llevar a alguien más con vosotras.

-¡No se preocupe, señora! ¡Marin puede valerse por sí misma! ¡Y yo y Niram estaremos a su lado si necesitan refuerzos aéreos! –intervino Ciela, confiando mucho en sus posibilidades.

-Bueno, no creo que dos seres alados tan pequeños resulten determinantes para el éxito de la misión, pero cualquier ayuda es válida.-admitió algo más tranquilo- ¡Y de todas formas, el grupo queda siendo enteramente femenino! ¡Nada podría salir mal!

Las tres Gerudo rieron a carcajadas, mientras los del género opuesto tuvieron que mantener la boca cerrada. Las otras permanecieron en silencio, no querían ofenderlos.

-En fin… ¿Lo tenéis todo listo? ¿Cuándo partiréis? –preguntó Jolene volviendo al tema.

-De inmediato, en cuanto tú lo ordenes, madre.

-Muy bien, Nabooru, podéis iros. Yo cuidaré de Joanne, así que no te preocupes por ella.-comenzó a reírse por lo bajo- ¡Y si no queda más remedio, también tendré que hacerme cargo de estos tres! ¡Aunque mi nieta me ayudará a mantenerlos a raya! ¡Ja, ja, ja!

XOXOXOXOXOXOXO

Se dirigieron al norte, atravesando el Desierto Yarna, siguiendo lideradas por Nabooru y Aveil. Avanzaban rápidamente por el lugar gracias a su conocimiento del terreno, algo innato para las Gerudo que originalmente vivían en zonas desérticas y que para las de esta isla era su hogar, aunque su fortaleza estuviera junto al océano.

Era curiosa la geografía de ese lugar, habiendo una región árida en medio de una isla tropical. Aunque también el nombre de "desierto" le quedaba un poco grande, pues era más bien un páramo protegido de las lluvias en un amplio valle y cuya arena había sido traído desde el mar con el paso de los siglos, penetrando en el valle debido al viento y a la ausencia de la frondosa vegetación que dominaba la mayor parte de la isla.

Antes de llegar a su destino, pasaron ese valle y un antiguo cementerio del que nadie se acordaba en esos días, consumiéndose poco a poco bajo la influencia del desierto. Después llegaron a un río nada más salir de la zona, cruzándolo a nado para llegar a la otra orilla y subir por un pequeño acantilado hasta las ruinas. Allí, viejas estatuas custodiaban el calabozo y parecían estar casi vivas, pero no les dieron importancia.

-¡Ya hemos llegado! ¡Esto es lo que queda del antiguo Templo del Rostro! Es una lástima que todo esto se eche a perder, dentro se encuentran grabados bastante interesantes sobre la historia de esta isla.-contó Nabooru, interesada en esas ruinas- ¡Pero no perdamos más tiempo! ¡Entremos!

Lo que quedaba de aquel lugar maltratado por los años daba bastante pena, además de que en realidad no era el verdadero templo. La entrada al auténtico había desaparecido tragada por la montaña y su única esperanza era los rumores de una entrada secreta en el lugar donde se encontraban. Así pues, buscaron por algún indicio que les condujera a la mazmorra, pero sin éxito. Lo único que encontraban eran inscripciones y grabados antiguos, que se podían admirar gracias a los polvos mágicos de Marin, encendiendo los pebeteros de la zona e iluminando el lugar.

"Al buscador... La isla Koholint sólo es ilusión... humanos, monstruos, cielo, mar, una escena en el párpado del dormido…despierta al soñador y Koholint desaparecerá cómo una burbuja en un clavo... además… ¡Deberías saber la verdad!"

-¿Qué es todo esto? ¿Se refiere a la leyenda de que la isla era un sueño del Pez del Viento? ¿Y quién era ese buscador? –se preguntó Zelda, contemplando las paredes y todo lo que se describía en ellas.

-¡Deber ser el héroe que salvó la isla! –exclamó Marin- En mi familia se lleva contando desde generaciones la historia de un héroe que derrotó a las Pesadillas del Pez del Viento y reunió los Instrumentos de las Sirenas. ¡Yo me fijé en Link porque estoy segura de que ambos tienen relación entre sí!

-Estupendo, el muchacho ese es ahora la reencarnación de un héroe pasado…-suspiró cansada Aveil- ¡Diosa! ¡Ya bastante tenemos con aquel relato del muchacho que se hermanó con nuestra tribu cuando aún residíamos en Hyrule! ¡Y eso fue hace siglos! ¡Tampoco es que tengamos constancia en nuestras escrituras de algo así, más que de las palabras de una antiquísima sabia de nuestra tribu!

-No nos entretengamos en cuestionar palabrería antigua escrita en unas paredes, debemos encontrar cuanto antes ese pasadizo. ¡Aunque estoy empezando a dudar de que de verdad exista! –entonces, Nabooru miró a una esquina de cámara- ¿Eh? ¿Qué es eso?

Se acercó a lo que parecía ser una enorme y vieja armadura abandonada, quizás perteneció a algún fornido guerrero que no tuvo suerte. Sin embargo, no se esperó lo que sucedió después…

-¡Aaah! ¿Qué es esto? ¡La armadura está viva! –gritó sorprendida en cuando vio a las piezas volar a su alrededor- ¡¿Qué está pasando?! ¡Ayuda!

-¡Nabooru! ¡Sal de ahí! ¡Esa cosa pretende atraparte! –trató de auxiliarla Aveil, tirando de su brazo para que la magia de la armadura no la arrastrara hacia su interior.

Pero sus esfuerzos fueron en vano, finalmente Nabooru fue encerrada dentro de esa armadura encantada, que se valió de su cuerpo para volver a la vida.

-¡Oh, no! ¡Es igual que el Templo del Rey del Mar! ¡Es como uno de esos espectros! –exclamó el hada, recordando vivencias pasadas- ¡No podemos hacer nada contra ella!

-¡Cállate! ¡Tenemos que salvarla! ¡No voy a irme sin ella! –habló firmemente Aveil- ¡Debe haber alguna forma de…!

Antes de poder acabar, tuvo que esquivar el golpe que trató de asestarle la ahora Nabooru poseída con una enorme espada que tenía consigo. Por más que le esquivaran y huyeran, a cada momento se veían más apuradas y sin ninguna estrategia para derrotar a la armadura y rescatar a Nabooru. Ni las flechas de Zelda, los sables de Aveil o los proyectiles de Marin tenían efecto sobre aquella robusta coraza. Durante los continuos ataques del monstruo, la estructura se vio afectada, con riesgo de que se viniera abajo. De hecho, se abrió un agujero enorme en uno de los muros, encontrando allí otra de esas armaduras, siendo ligeramente diferente.

-¡Ya lo tengo! –enseguida descartó la idea- ¡No, no, no! ¡Es una locura! ¿Cómo podría hacerse?

-¿En qué has pensado, Ciela? –le preguntó Zelda, que se encontraba a su lado.

-¡No me hagas caso! ¡Sería muy peligro! ¡Y tampoco sé si funcionará! ¡Podríamos acabar en una situación peor! –negó rotundamente ella.

-¡No hay tiempo! ¡Cualquier cosa que nos ayude a defendernos contra esa criatura nos ayudará! –insistió la princesa.

-¡De acuerdo! ¡Pero no digas que no te lo advertí! –le señaló el lugar donde estaba la armadura- ¿Ves eso? ¿Podrías usar tu magia para controlar esa armadura y enfrentarte a Nabooru?

-¿Era eso? No lo… ¿Y si también estuviese maldita? Probablemente también quedaría atrapada bajo su influjo mágico…-dudó ella, temiendo que después no hubiese forma de devolverle su aspecto original.

-¡Ya te lo dije! Busquemos otra forma de…-se quedó pasmada al verla acercarse a la armadura- ¡¿Qué haces?! ¡Nooo! ¡Apártate de esa…!

Antes de que pudiese actuar, la armadura reaccionó ante la energía mágica de la princesa, envolviéndola a ella como ocurrió con Nabooru. Ella se resistió usando todas sus fuerzas, hasta que al final también fue absorbida por la armadura. Pero cuando todo lo daban por perdido, una luz dorada iluminó por un instante la armadura y el símbolo de la Trifuerza apareció en su mano derecha.

-Ooh… ¿Lo he conseguido? –retumbó una voz desde dentro, sonaba confusa- ¿Eh? ¡Increíble! ¡Puedo manejar este cuerpo a mi antojo!

-No es posible…-el hada no podía creérselo- ¡¿Qué estoy diciendo?! ¡Venga! ¡Dale su merecido a ese demonio!

-¡Un respeto! ¡Nabooru está dentro! –habló Aveil mientras se defendía del guerrero espectral, mirando hacia donde estaban ellas- ¡¿Pero qué?! ¡Ahora hay dos! ¿Y dónde está Zelda?

-¡Es ella! ¿No lo viste? ¡Ha logrado controlar con su magia otro de esos chismes! –intervino Marin, que lo había visto todo desde la distancia.

-¿En serio? ¡Pues más le vale tener cuidado! –exclamó asombrada, frenando con sus espadas los golpes de su adversario- Y respecto a la pregunta de antes… ¡Por supuesto que no la vi! ¡Estoy demasiado ocupada intentando que no me maten! ¡No como tú, niña!

En ese momento Zelda arremetió contra la otra armadura, en un combate cuerpo a cuerpo donde la balanza no parecía decantarse por ninguna y las demás animaban con ahínco a la princesa. Y aunque no era algo propio de un miembro de la realeza, tuvo que valerse de la fuerza bruta para derrotar a su adversario, aplastándole el yelmo con sus poderosos puños de acero y después golpeando un extraño símbolo de en su espalda. Ante aquella muestra de fuerza, el guerrero comenzó retorcerse y después se desvaneció, dejando a Nabooru inconsciente en el suelo.

-¡Nabooru! ¡Despierta! ¿Te encuentras bien? –trató de hacerle reaccionar su compañera- ¡Háblame!

-Auch… ¿Qué narices ha…? –en un segundo espabiló en cuanto vio a Zelda- ¡Por la santísima Diosa de las Arenas! ¡¿Qué es ese horrible engendro?!

-Gracias, como si tú hubieras tenido mejor aspecto…-le contestó irónica, con esa voz grave.

-¡Es Zelda! ¡Se metió dentro de una de esas cosas para rescatarte! ¡Tú también quedaste atrapada en otro espectro de metal! –le contó emocionada Ciela.

-Oh, es como en una pesadilla que tuve…-le dolía mucho la cabeza- ¿Y por qué no te quitas ese disfraz de una vez?

-Me gustaría, pero…-por mucho que lo intentara, era incapaz- ¡No puedo!

-¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo vamos a liberarte de ese cuerpo? –le observó Aveil- ¿O quizás podríamos beneficiarnos de tu repentino cambio?

-¡Ey, mirad! ¡Ese monstruo se ha dejado su arma aquí! –Marin trató de levantar el arma, pero le fue imposible- ¡Es inútil! ¡Es demasiado pesada! ¡Lo malo es que debajo está mi bolsa de polvos mágicos! ¡Se me cayó y sin ellos no podré seguir iluminando otras zonas oscuras!

Las tres mujeres usaron todas sus fuerzas para moverla la enorme espada, pero ni tan siquiera lograron desplazarla ni un milímetro. Zelda se acercó con su torpe cuerpo metálico para ayudarla y apenas con una mano, logré levantarla fácilmente.

-Pues a mí me parece bastante ligera…-opinó agitándola en el aire, dándose cuente de que la miraban de una manera extraña- ¿Qué estáis mirando?

-¡Nada, nada! –apartó la mirada Marin, recogiendo su bolsa- ¡Gracias por ayudarme a recuperar mis polvos! Los meteré en mi mochila junto con las demás cosas para que no vuelva a pasar…

-¡Admítelo! ¡Esa armadura te favorece! ¡Ja, ja, ja! –bromeó Aveil.

-Personalmente prefirió no verme las caras con algo así nunca más…-Nabooru no parecía estar tan a gusto- Bien… ¿Qué hacemos? Me temo que nuestra batallita ha dejado esto para el arrastre, podría caerse el techo sobre nuestras cabezas en cualquier momento. Y como tampoco hemos encontrado nada que nos conduzca al verdadero templo, lo mejor será irnos y buscar en otro sitio.

Resignadas, las mujeres comenzaron a marcharse del lugar, tendrían que ingeniárselas para descubrir como entrar a la mazmorra. Mientras, la princesa estaba bastante molesta por ello y el hecho de no saber cómo librarse de aquel cuerpo empeoraba más la situación.

-¡Rayos! ¡Hemos perdido el tiempo! ¿Cómo voy a desenvolverme con esto? –golpeó la pared con el puño, frustrada.

Lo que ninguna se esperó, es que debido su colosal fuerza, derrumbara el muro y dejara al descubierto lo que parecía ser un pasaje que se perdía en la oscuridad, probablemente un túnel hacia el templo.

-¡Ja, ja, ja! ¡Estás hecha toda una mujer de acero! ¡Qué portento! –vaciló Aveil, alegre por su desproporcionada suerte, entrando la primera.

-Al final resultará que nos servirás incluso con ese disfraz… ¡Eres una caja de sorpresas, cariño! –le felicitó Nabooru, siguiendo a Aveil a través del recién descubierto pasadizo.

-Qué bestia…lo ha derrumbado con un solo golpe…-les siguió Marin, observando los daños junto a su mascota.

-¿Qué impresión has causado, no crees? –le habló Ciela, revoloteando a su lado- ¡Ey! ¡Esperadme!

Mientras, Zelda se quedó sin saber cómo reaccionar ante lo que acaba de ocurrir, dándose cuenta de que desconocía su propia fuerza.

-¡Tengo que reconocerlo! ¡Esto va a ser divertido! –dijo observándose las manos y siguiéndolas después con pasos cuyo chirrido metálico retumbó en toda la estancia.

XOXOXOXOXOXOXO

Entraron al templo después una corta caminata por el túnel, llegando a una habitación que no parecía tener nada fuera de lo común, más que un interruptor y muro que parecía ser la puerta a otra habitación.

-¿Deberíamos pulsarlo? ¿Abrirá solamente la puerta o pasará algo más? –se preguntó Marin, dudando si deberían acercarse.

-¡¿Y qué otra cosa podemos hacer si no?! ¿Ves algún otro camino que podamos seguir? –le contestó Aveil- ¿Qué piensas tú, Nabooru?

-No sé, tengo un mal presentimiento…-no estaba muy segura- ¿Por qué no lo pulsas tú, Zelda?

-¿Por qué yo? ¿Es por cómo soy ahora? –discutió con ellas mientras se acercaba al interruptor sin mucho ánimo- Probablemente no sea más que…

Todas las demás tuvieron que resguardarse tras un bloque unos segundos después de que lo pisara, pues una explosión surgió como consecuencia de su acción, volando la puerta y cubriendo la habitación con una espesa nube de polvo.

-¡Zelda! –exclamaron todas, pensando que habría resultado malherida tras aquella brutal explosión.

Para su sorpresa, cuando el ambiente se despejó un poco, se quedaron con la boca abierta al verla sin un rasguño, a pesar de la destrucción de su alrededor.

-¡Cof, cof! ¡Nabooru! –tosía debido al polvo- ¡Era un trampa! ¿Cómo eres tan despreciable de pedirme que lo pisara?

-Sí…-Ciela era la única que podía hablar- La resistencia de los espectros es increíble, casi nada es capaz de hacerles daño…

-Ya sabemos a quién usar para que compruebe el resto de habitaciones…-comentó Aveil, las demás asintieron sin poner ninguna objeción.

-¡Te he oído! ¡Y pienso volver a hacerlo! ¡Podría haber muerto! –exclamó furiosa, ante la indiferencia de sus compañeras.

-¿Y quién va hacerlo? Princesa, usted es la única que podría soportar todo lo que nos depara este calabozo… ¡Tiene que guiarnos! –habló Marin, temiendo una mala reacción por su parte.

-¡No te quejes tanto! ¡Piensa que gracias a tu transformación ningún enemigo podrá hacernos frente! –intentó explicárselo Nabooru- ¿No te parece eso una ventaja?

-No tratéis de encubrir el hecho de que me habéis usado como carne de cañón…-murmuró molesta- ¿Seguimos? La puerta está abierta gracias a mí, os lo recuerdo…

Con miedo de que pudiera hacerles algo, entraron rápidamente en la siguiente habitación, habiendo dos estatuas en el centro la habitación y un extraño mecanismo cerca de la siguiente puerta.

-¿A ver si lo adivino? Hay que hacer algo con esas estatuas y parecen demasiado pesadas para vosotras…-ellas asintieran ante su brillante deducción- ¡Oh, por las Diosas! ¿Es que tengo que hacerlo yo todo?

-A saber que deberá hacer con las estatuas, sólo espero que no sea nada peligroso…-comentó Marin mientras se arrimaba junto a las otras a la puerta que seguía cerrada.

-Créeme, aquí lo más peligroso es ella cargando esas dos moles de piedra…-tragó saliva Aveil, viendo como levantaba ambas estatuas, una con cada brazo.

-¿Y ahora qué se supone qué…? –cortó su frase cuando la pared rotó y se llevó con ella a sus compañeras- ¡Oh, no! ¡Lo que me faltaba! ¡¿Cuántos trucos tiene este lugar?!

Corrió en dirección a la pared por donde habían desaparecido, tranquilizándose al oírlas tras ella.

-¿Y ahora cómo pasaras? ¡Aquí parece haber dos huecos donde pueden caber esas estatuas! –habló Aveil desde la otra sala.

-Bueno… ¡De la misma forma con la que entramos aquí! ¡Apártense! –se dispuso a romperla por la fuerza, no dudaría en usas sus puños para ello.

Sin embargo, no se esperó que la pared girarse y no se rompiese, devolviéndole el golpe y haciéndola caer al suelo. Su cuerpo metálico tembló por el impacto, sacudiéndola de tal modo que le resultó más que humillante.

-Nunca…más…-estaba muy enfadada consigo misma- ¡¿Cómo he podido cometer un fallo así?! ¡Debería haber dado en el centro, no en las esquinas! ¡No me extraña que girase!

-¡Ey! ¿Estás bien? ¿Por qué no has roto la puerta? –le preguntó Nabooru- ¿A qué estás jugando?

-A nada, no te preocupes…-levantó una de las estatuas- Será mejor que os vayáis más lejos esta vez…

Y con una fuerza descomunal, lanzó la escultura contra la pared, esta vez destruyéndola. Entró sin ningún complejo a la habitación, trayéndose consigo la otra estatua y colocando a ambas en sus respectivos pedestales. Una puerta se abrió ante ellas, lo que les permitió seguir avanzando.

-¿No os parece que está un poco susceptible? ¿Creéis que el espíritu maligno que reside en la armadura puede estar empezando a controlarla? –murmuró Marin a las otras.

-No lo creo, yo pienso que está así porque no está cómoda con eso. Se debe ver como una enorme masa de acero a la que las cortesías y el protocolo de una mujer de su rango no le sirven.-comentó Ciela, haciendo que el resto se rieran.

-¡¿De qué os estáis riendo por ahí atrás?! ¡No perdamos más tiempo! –les llamó la atención con autoridad, caminando delante de ella con pasos que mostraban irritación y prisa.

-¡Sí, mi sargento de acero! –exclamaron al unísono, riendo a carcajadas sólo un instante después e enfureciendo a la joven soberana.

Avanzaron por algunas salas más, con sólo teniendo que exterminar a algunos monstruos menores y sin ninguna trampa o acertijo importante que les impidiera el paso. Llegaron a una sala vacía, cubierta en su totalidad por baldosas que presentaban un aspecto extraño.

-Me recuerdan a las que Link me describió cuando…-comentó Zelda, antes de que mágicamente se levantaran y fueran contra ellas.

Arrinconándose en una esquina, se protegieron de aquella lluvia de piedra ocultándose tras el enorme cuerpo de Zelda, que irremediablemente sufrió todos los impactos de las baldosas. Afortunadamente no le causaron daño alguno, pero sí bastantes molestias.

-¡Uf! ¡Al fin ha parado! ¿Por poco no lo contamos, eh? –suspiró aliviada el hada, siendo agarrada de repente por su salvadora- ¡Vale, vale! ¡No te enfades! ¡Las demás también lo han hecho!

-Ni un solo comentario más… ¿Entendido? –casi aplastó al hada- ¿Por qué no vais vosotras delante?

Marin se colocó la primera en la fila para pasar a la siguiente habitación, entrando en una cámara amplia, donde había una curiosa criatura negra de aspecto medianamente simpático. Se arrastraba graciosamente por el suelo y mecía la bola que coronaba su cola con elegancia, ganándose el afecto de Marin en cuestión de segundos.

-¡Qué bonito! ¡No creo que sea un monstruo! ¡Es pequeño y mono! ¡Y mira esa cola! ¡Esa bola está bastante descompensada con su tamaño! ¡Seguro que debe pesarle mucho! –alagó a la criatura, acercándose a ella y acariciándola con mimo.

-También hay muchas bolas parecidas ancladas en las paredes, casi me recuerdan a balas de cañón… ¿No os parece extraño? –sospechó Nabooru.

-¿Y sólo está esa cosa aquí? ¿Dónde está la salida? –se preguntó Aveil, observando la habitación.

Mientras cada una observaba la sala, la puerta por la que habían entrado se cerró y la criatura lanzó en ese instante la bola que había sobre su cola, cayendo al suelo justo al lado de Marin y abriendo un agujero en el suelo.

-¡Por la Diosa de las Arenas! ¡Y parecería inofensivo! –exclamó Nabooru, preocupada por la potencia de esos proyectiles.

El monstruo atrajo con su cola la esfera, como si de un imán se tratase. Giró y la lanzó contra las Gerudo, esquivándola a tiempo por sólo unos centímetros.

-¡Es rápido y preciso, el muy…! ¡Démosle una lección! –Aveil sacó sus dos espadas y se dispuso a atravesarlo, pero los resultados no fueron buenos- ¡Mierda! ¡Su cuerpo es duro como la piedra! ¡No puedo dañarlo!

Los sables de las Gerudo no servirían y poco después se demostró que la magia de Nabooru o el tirachinas de Marin tampoco servían. Apenas pasaba tiempo entre un lanzamiento u otro, pues disponía siempre de una bala cerca que lanzarles, desperdigadas por la habitación. En alguna ocasión intentaron quitarle su munición, pero eran demasiado pesadas y siempre acaba siendo atraída hacia la cola de la bestia.

En una ocasión, una de las bolas impactó de lleno contra el yelmo de la princesa, aturdiéndola unos instantes y ocurriéndosele así una idea. Mientras la bestia tenía acorraladas a las demás ella lanzó hacia arriba aquella bola, aplastando a la criatura y acabando con su vida de aquella brutal forma.

-¡Diosa! ¡Menos más! ¡Ojalá te pudras en el infierno, bastardo! –pateó Aveil el cadáver del monstruo.

-Je, je…-Marin se sentía avergonzada- ¿Quién diría que algo así pudiera causarnos tantos problemas?

Oyeron dos puertas abrirse, por la que habían entrado y por la que tendrían que seguir. Además, escucharon un curioso sonido que todas habían oído antes, era un cofre que había aparecido en la habitación.

-¡Lo escuché! ¡Está en el pasillo! ¡Vamos, pájaro! –volaron ambas criaturas aladas hacia allí, seguidas por las mujeres.

No tardaron mucho en divisar en una repisa elevada el brillo del cofre que habían oído aparecer, siendo Ciela y la gaviota quienes lo abrieron, esta última valiéndose de su pico para forzar la cerradura. Una vez abierto, Ciela se emocionó y quiso sacar sola la enorme llave, aún sabiendo que pesaba mucho para ella.

-¡Cha, cha, cha, chaaaaaaaaan! –gritó levantándola en el aire- ¡La Llave Pesadilla! ¡Nos abrirá la cámara donde se encuentra el jefe de la mazmorra!

-¡Deja de hacer tonterías y bájala con cuidado! –le ordenó Nabooru- Madre mía… ¿Qué se supone que fue eso? ¡Es ridículo!

-¡Oye, no te pases! –se defendió Ciela, bajando la llave con ayuda de Niram- ¡Quedaba original al encontrar un nuevo objeto! ¿No crees?

-¡Ji, ji! ¡A mí me gustó! –opinó Marin, recibiendo la llave de su mascota- ¿Nos acabamos de enfrentar a un sub-jefe? ¿Eso quiere decir que nos queda poco para encontrarnos con el más fuerte del lugar?

-Es lo más seguro, esa clase de enemigos sirven para poner a prueba a quien entra en estos lugares. Por eso se cerró la puerta en cuanto entramos, además de que sólo estaba esa criatura en la sala. Todas hemos superado algo parecido mientras reuníamos los instrumentos. Y también Link me contado anécdotas sobre eso mismo, es algo bastante corriente.-intervino Zelda explicándoselo con más detalle.

-¡Sí, sí! ¡Tú querido muchacho está hecho todo un aventurero! ¡Qué lástima que no nos acompañe, querida! –hubo cierto tono de ironía en sus palabras- Además, si necesitaba quedarse bajo los cuidados de mi madre, no creo que nos hubiera servido de mucho.

-¡Puf! ¡¿Para qué?! ¡Nos valemos perfectamente nosotras solas! ¡No necesitamos a un hombre! –clamó Aveil, defendiendo su ideología y la de su tribu.

-Bueno, no seamos tan radicales…-Marin estaba algo incómoda- Tal vez para la próxima nos pueda acompañar, seguro que pronto estará bien y su ayuda nos vendría bastante bien.

-¡Oh, sí! ¡Qué ilusión! –olía a sarcasmo en el ambiente, se notaba en las Gerudo- Vamos, sigamos nuestro camino…

-Con que se acuerde de que tenemos que buscar los instrumentos, me conformo…-suspiró Ciela.

-¿Qué dijiste? –preguntó con interés Zelda, la había escuchado.

-¡Eh, nada! ¡Es que es un vago! ¡Tal vez se eche a la bartola debido a que se está recuperando de aquello! ¡Je, je! –no se le ocurrió mejor excusa que esa, lamentándolo en su interior.

-Link no es así, jamás dejaría que nadie más que él se pusiera en peligro para salvar si él estuviese en condiciones o incluso bajo la adversidad… ¿A qué vienen esos comentarios? –sospechaba y Ciela se había dado cuenta hacía rato.

-¡Mejor no perdamos más tiempo! ¡No quiero que nos dejen atrás! –salió volando con prisas siguiendo a las demás, dejando con las dudas a Zelda y obligándola a continuar sin una respuesta coherente.

Cuanto más avanzaban, más oscuro se hacía todo. No encontraban antorchas que iluminasen su camino y tampoco encontraban pebeteros o algún lugar donde prender fuego para alumbrar aquel sitio.

-Por lo menos nos queda el ligero resplandor que admite tu cuerpo, Zelda… ¡Y el de esa luciérnaga que nos acompaña! ¡Ja, ja, ja! –se burló Nabooru, molestando al hada.

-¿Ah, sí? ¡Puedes eres mayor para dormir con la luz apagada! ¿No crees? –le recriminó molesta, disminuyendo su brillo.

-¡Oh, venga! ¡No os pongáis a discutir! –se quejó Aveil, apenas veía nada- ¡No seas terca, Nabooru! ¡Discúlpate!

-¿Lo veis? Podría casi apagarme si quisiera, pero tendría que dormirme para ello, de otra forma sería muy peligroso para mi salud. ¿A qué es impresionante? –les habló Ciela en la penumbra.

-¡Por favor, Ciela! ¡No juegues! ¡A las aves diurnas no les gusta nada la oscuridad! –reclamó Marin notando que su fiel amiga temblaba en su hombro- ¡Aaag! ¡Este suelo está asqueroso! ¡Llevo un rato pisando porquería por todas partes!

Palpando por la zona, la muchacha acabó encontrando lo que parecía ser una figura de piedra con ceniza en una concavidad, percatándose de que allí podría usar sus polvos mágicos para prenderlo. Al hacerlo, otras también se prendieron iluminándolo todo, averiguando que era lo que había estado pisando hasta ese momento…

-¡Puag! ¡Zol! ¡Mis zapatos están pringosos por culpa de esas gelatinas que pululan por todas partes! –exclamó comprobando su calzado.

-¿Alguien me puede explicar en qué se diferencian los Zol de los Chu-chu que habitan en el continente, por ejemplo? –preguntó preocupada Ciela, viendo como aquellas criaturas se aproximaban a ellas- ¡A mí me parecen todos gelatina!

-¡Pues que estos son sólo rojos y verdes! ¡Creo que los otros tienen mayor gama de colores! –contestó Nabooru, aplastándolos y golpeándolos con su espada.

-¡Y que de los fluidos de los Chu-chu, pueden fabricarse diversas pócimas! –aclaró Zelda, usando su cuerpo para acabar con la masa.

Había por todas partes, desde el suelo hasta el techo. Se dividían en partes más pequeñas cada vez que se les golpeaba, aumentando su número y a su vez haciéndolos más débiles, pero su desventaja era ampliamente compensada. Además de atacarles, ralentizaban sus movimientos cuando se aferraban a sus piernas y en el caso de Zelda a todo su cuerpo acorazado, imposibilitándola para moverse con soltura.

De pronto, vieron abrirse a una enorme esfera de piedra que adornaba la sala, provocando un intenso viento que absorbía a los Zol. Sin embargo, su potencia también era capaz de arrastrar consigo al grupo y Zelda tuvo que ponerlas contra una columna, aferrándose a ellas para protegerlas del viento.

-¡No nos sueltes, Marin! ¡Somos tan pequeñas que nos llevaría sin problemas hacia su interior! –le pidió el hada ocultándose en los brazos de Marin, junto a la gaviota, ambas con mucho miedo.

-¡Y tú aguanta! ¿De acuerdo? ¡Ese cuerpo tan pesado no puede ser absorbido por esa cosa! –animó Nabooru a la princesa, resguardándose bajo su cuerpo de acero.

-Ya…-incluso a ella le costaba mantener el equilibrio- Es muy fácil decirlo…

Durante unos momentos de tensión, todos los Zol acabaron siendo tragados por la esfera y cuando no quedó ninguno, amainó aquel vendaval.

-¡Vaya, ha faltado poco! –respiró tranquila Ciela- ¡Al menos ya no están esas cosas por aquí molestando!

-Sí, aunque creo que hasta siento lástima por esas cosas…-dijo con cierto repelús Aveil, viendo rezumar un líquido rojo y verde de la esfera.

-Gracias, querida. Aunque quizás te hayas pasado un poco…-le agradeció Nabooru a la princesa, mirando las grietas que habían dejado sus enormes y potentes manos en la columna de roca- ¡Cuántas trampas tiene este lugar! ¿No creéis?

-Demasiadas, este lugar no coincide demasiado con las habitaciones del mapa original…-dedujo Marin mirando el mapa que consiguió el niño- Muchas salas están bloqueadas o han sido modificadas, quizás porque después de tantos años y el paso del antiguo héroe, hubiera que remodelar este lugar. ¿Pero quién o qué pudo hacer eso?

-"¡¿No te lo imaginas?! ¡Con tantas criaturas y cosas raras por aquí, deber de haberles resultado fácil! Tengo la carne de gallina…"-graznó Niram, con su plumaje desordenado- "¡Maldita la hora en la que me obligaste a acompañarte! ¡Que se ocupe sola esa bola con alas de ayudaros! ¡Acabaré convirtiéndome en el primer plato de algún monstruo!"

-¡Ey, Marin! ¡A tu pajarraca no parece gustarle este lugar! ¡Ja, ja, ja! –rió Nabooru- ¡Deberías haberla dejado con los hombres!

-¡Tampoco! ¡No creo ni que un loro aguantase su charlatanería! ¡No seas tan dura! –le siguió Aveil, burlándose de los tres que habían dejado en su fortaleza.

-Da igual, de todas formas según este mapa, deberíamos estar cerca de la cámara del jefe. Si esto no se equivoca también en eso, claro…-habló algo molesta, probablemente por las indicaciones anticuadas del mapa o por burlarse de su amiga- ¡Rápido! ¡La próxima sala debería ser la definitiva!

Tal y como vaticinó, acabaron en una habitación sin salida, habiendo un enorme bloque de piedra que les bloqueaba el camino y tras el cual debería estar la gran puerta.

-Todo suyo, princesa…-se inclino Nabooru, dejándole paso para que se ocupase del bloque.

-¿Sabéis que vais a tenerme que compensar por esto, verdad? –les recordó apoyándose en el bloque.

-¡No vayas tan rápido! ¡Bastante nos esforzamos yo y mis compañeras para buscar a ese chico! ¡Y con ese cuerpo no te ha costado nada superar este templo! –le recriminó Aveil, aún sintiendo que esforzarse tanto para buscar a un hombre era una deshonra para su tribu.

-¡Sólo espero poner quitarme esta armadura algún día! –golpeó con todas sus fuerzas la mole de piedra, pero sorprendentemente no fue capaz- ¡No! ¡Ahora no! ¡Estamos demasiado cerca!

Cambió de estrategia, tratando de moverlo, con el mismo resultado. Siguió y siguió empujándolo, sin que se moviera un milímetro, hasta acabar exhausta. Todas trataron de ayudarla, en vano, pues permaneció como estaba y sólo consiguió cansarlas.

-¡Muy bien, señorita! ¿Hay algún otro camino para llegar hasta el instrumento? –le preguntó Nabooru a Marin, sentada y respirando cansada.

-Según esto, no. Es lo único que no parece haber cambiado, la posición de la cámara donde reside el más fuerte.-observó con detenimiento el mapa- ¿Qué vamos a hacer ahora?

-¿Y todo eso que llevas ahí? ¿No podrías fabricar una bomba o algo? –propuso Aveil, señalando su mochila.

-Bueno, aunque no creo que pueda romper algo así…-sacó sus materiales, comenzando a trabajar- ¡Dadme un rato! ¿Vale? ¡Veré lo que puedo hacer!

Esperaron pacientemente mientras ella lo preparaba todo, hasta que escucharon un extraño ruido que se oía por toda la sala.

-¡Genial! ¡Me apuesto lo que sea a que es un enemigo! –Aveil sacó sus dos espadas- ¡Muéstrate! ¡No te escondas!

Una criatura con aspecto de mago apareció de la nada, lanzándoles un hechizo que por poco no logra alcanzarles y teletransportándose hacia otro rincón de la habitación, repitiendo el proceso varias veces.

-¡Tenéis que protegerme! ¡No puedo hacer con ese monstruo atacándonos! ¡Y como uno de sus conjuros caiga cerca de lo que estoy haciendo, tendremos bastantes problemas! –avisó Marin, temiendo que su munición y materiales explotaran por la batalla.

-Si pudiera usar mi magia, sería más sencillo eliminarlo…-murmuró Zelda, colocándose junto a Marin para servirle como escudo.

-¡Nabooru! ¡Nos toca encargarnos de ese Wizrobe! ¿Qué te parece? –miró a su compañera, preparándose para el combate con sus dos sables.

-Pues que nos valdremos de mi magia y nuestras espadas… ¡Será entretenido! –contestó ella con determinación, desenvainando su propia espada y concentrando en la otra mano energía mágica.

Aveil trató de cargar contra la criatura y destrozarla con sus espadas, pero siempre desaparecía en cuanto se acercaba un poco. Nabooru le ordenó que lo distrajese, mientras ellas le lanzaba uno de sus hechizos. Aunque como era escurridizo, más de una vez se escapó y cuando uno logró impactar sobre él, enfureció de tal manera que hizo reír a las Gerudo.

-Ya sabes devolverle lo que nos lance… ¿De acuerdo? –le recordó Nabooru, sabiendo que usaría sus espadas para devolverle su propia magia.

Casi como si estuvieran jugando con él, la magia iba y venían de un lado a otro de la sala, esquivando cada uno los movimientos de su enemigo. Marin trabajaba bajo tensión, esperando que nada le alcanzase y provocara un desastre. Precisamente, si no hubiera sido por la rápida actuación de Zelda a la hora de bloquear un hechizo perdido, hubiese acabado bastante mal parada.

-¡Por poco! ¡Eso ha estado a punto de darnos! –exclamó aliviado Ciela- ¿Cuánto vas a tardar?

-¡No me presionéis! ¡Una bomba con la potencia suficiente para romper algo tan gran lleva su tiempo!

-¡Ya está! ¡Sólo un golpe más y está acabado! –celebró Aveil viendo como su adversario se encontraba débil.

Nabooru no tardó demasiado en asestarle el golpe final, haciendo que desapareciese consumido en su propio fuego. Aquella corta pero intensa batalla había debilitado a Nabooru, que no estaba acostumbrada a utilizar su magia más que en contadas ocasiones, prefería usar su fuerza física.

-Como odio esto, estos lugares acabarán conmigo…-suspiró descansando sobre el hombro de su compañera.

-¡No te preocupes! ¡En cuanto asaltemos el Castillo de Kanalet y nos ocupemos de ese bastardo, nos llevaremos como compensación parte del tesoro real y nos cogeremos unas buenas vacaciones! ¡Ya lo verás! Dicen que el Archipiélago del Gran Rey está perfecto para visitar en esta época del año, deberíamos ir a verlo.-trató de animarla Aveil.

-No, prefiero quedarme en casa, sabes que no me gustan los viajes tan lejos, aunque sólo esté a unos días en barco. Todas nos hemos criado en esta isla y me quiero quedar en ella el resto de mi vida, tal vez hagamos un viaje en el futuro fuera de aquí. Pero de momento, prefiero disfrutar con las chicas de la fortaleza y la familia, nada de más aventuras después de esto.

-¡Quién te oye, Nabooru! ¡Me parece que a ti no te ha sentado bien tu experiencia con esa armadura endemoniada! –se rió un poco, entendiendo su cansancio.

-¡He terminado! ¡Probémosla cuanto antes! –avisó la muchacha, con una enorme invención en su mano.

La colocó junto al bloque de piedra y lanzó con su tirachinas desde una distancia segura un proyectil que acabó haciendo estallar la bomba. Desgraciadamente, a pesar del esfuerzo, sólo consiguió agrietarla.

-¡Mecachís! ¡Tanto esfuerzo para nada! –se dejó caer de rodillas- ¡Otra vez he malgastado productos!

-A lo mejor ahora consigues romperla tú, Zelda.-le habló Nabooru- ¿Por qué no pruebas?

-Tal vez, sólo déjame ver donde sería mejor darle…-palpó la roca, colocándose en el lado contrario por el que habían estado empujando, apoyándose- Quizás haciendo presión se desquebraje un….

Por caprichos del destino, ahora sí pudo mover la roca que bloqueaba el camino, con mucha más facilidad de la que había imaginado.

-¡Je, qué gracioso! ¡Sólo teníamos que empujar por el lado izquierdo! –vaciló el hada con cierta ironía- A veces la solución a los acertijos es de lo más…

-¡Bah! ¡No importa! ¡Ahí tenemos la puerta! ¿Es esa, no? –cambió de tema Aveil, observando el enorme portón que había frente a ellas.

-Será mejor que la abramos, quiero salir de aquí lo más pronto posible…-murmuró Marin, introduciendo la Llave Pesadilla dentro de la cerradura.

La gran puerta se abrió de par en par, dejándoles vía libre para su último enfrentamiento en ese templo, el jefe del lugar.

-¡Menos mal que con esa coraza, ese monstruo no tendrá nada que hacer! ¡No sabe lo que le espera! –celebró Ciela, revoloteando alrededor de Zelda.

Sin embargo, nada más dar un paso tras abrirse la puerta, la armadura se desplomó en el suelo y se desvaneció, a causa de la enorme influencia mágica de la próxima habitación.

-¡Chís! ¡ No debería haber hablado! –se lamentó molesta el hada, pues habían perdido una gran ventaja.

-¿Y tenía que ser precisamente ahora? ¿No podría haber esperado a que saliéramos de aquí con el instrumento? –preguntó con ironía Nabooru, ahora se le complicaban más las cosas.

-¡Qué lástima! ¡Casi me había acostumbrado a esa cosa! –exclamó Marin.

-¡Pues yo me alegro de haberme librado de esa armadura! –agradeció estirándose y comprobando el carcaj y el arco que llevaba a la espalda.

Todas entraron juntas por la enorme, que inmediatamente se cerró tras ellas. Se prepararon para la difícil confrontación que les esperaba, apareciendo de entre las sombras una nueva Pesadilla. Según las antiguas leyendas de la isla, se llamaba Dethl, que poseía dos poderosos brazos y un ojo que permanecía cerrado.

-Por el tamaño de ese ojo, deduzco que ese es su punto débil. Es algo que también me contó Link hace tiempo, parece ser una característica común…-dijo apuntando y disparando al ojo, pero la flecha revotó pues su párpado lo recubría.

-¿Y también el muchacho te enseño a esperar a que lo abriese? ¡Hay que lograr que lo deje al descubierto, mujer! –le recordó Nabooru, dada la impaciencia de Zelda por acabar con la bestia.

El monstruo comenzó a agitar los brazos y atacarles con ellos, moviéndolos de una forma que al principio a las Gerudo les pareció un juego.

-¿Te acuerdas de las veces que jugamos a la comba cuando éramos pequeñas? ¡Hacíamos un dúo fabuloso! –recordó con nostalgia Aveil, saltando para esquivar uno de los brazos.

-¡Pero ahora eres una dejada! ¡Podríamos continuar haciéndolo aún nivel más extremo! ¡Como esto! –le dijo Nabooru casi riéndose, viendo que empezaban a enfadar a la Pesadilla- ¿Y si lo distraemos mientras las muchachas se encargan de ese ojo que no parece querer abrirse?

Casi burlándose de él, continuaron esquivando sus ataques mientras Zelda y Marin eperaban apuntando a que abriese su ojo.

-¡Oye! ¿Y si vamos a molestarlo? ¡A lo mejor picándole se abre! –le propuso Ciela a la gaviota, volando ambas a picotear o golpear dicho órgano- ¡Es duro de pelar! ¡No lo abrirá por las buenas!

Todas aquellas provocaciones le enfurecieron aún más, haciendo que zarandease los brazos con mayor virulencia y golpease a las Gerudo por sorpresa, dejándolas por el suelo. Ellas se defendieron clavando sus espadas en su brazo para así defenderse, aumentando su furia. Continuó atacando a ciegas al no querer abrir su único y gran ojo. Trataron de esquivar y protegerse de sus golpes, pero apenas podían hacer nada contra aquel demonio. A cada momento, su ira iba en aumento y sus ataques se hacían más brutales.

Finalmente, cansado de atacar sin objetivo, abrió su enrojecido órgano visual y se lanzó a por ellas. Gracias a las flechas de Zelda y la munición de Marin, lograron vencer al jefe del templo, desintegrándose.

-¿Sabéis? Se me ha hecho extrañamente fácil y sencillo, pensé que nos daría más problemas.-comentó Zelda.

-¡¿Te ha picado el gusto por la aventura, eh?! ¿O es que desde que te transformaste en esa cosa, te las das de omnipotente con los monstruos? ¡Ja, ja, ja! –bromeó Nabooru, a la que también se le había hecho bastante simple.

Avanzaron a la siguiente habitación, sabiendo lo que les esperaba. Allí, sobre un pedestal, se encontraba otro de los Instrumentos de las Sirenas. Era el Triángulo de Coral, un pequeño y modesto instrumento musical que aún así hacía honor a su renombre, poseyendo un timbre armonioso y sereno.

Una vez lo tuvieron en sus manos, Zelda usó el Viento de Farore para regresar a la entrada, concluyendo así una curiosa y fascinante aventura…

XOXOXOXOXOXOXO

-Te noto tenso, muchacho… ¿Acaso quieres abandonar? –le preguntó confiando el capitán, con sus cartas en mano.

-¡Cállate, viejo! ¡Aún nos queda mucha partida por delante! –reclamó el niño de la máscara.

-Ya, es lo malo…-bostezó- ¿Cuándo van a dejarnos salir de aquí?

Los hombres estaban descansando en una habitación bajo un régimen de "semi-libertad", si podría definirse así. Dos guerreras custodiaban la entrada al habitáculo, intimidándolos y así evitando que estuvieran paseando por su fortaleza. Su trato al género masculino, incluso siendo aliados, dejaba bastante que desear en lo referente a hospitalidad y tolerancia.

-¡Ojalá lleguen pronto! ¡Sólo Marin o la princesa conseguirían que nos dejasen un momento de respiro! –se quejó abiertamente Ricardo.

-Pues intenta ponerle más atención a la partida, chaval. ¡Pienso desplumarte como me llamo Linebeck! ¡Ja, ja, ja! –rió él, manteniendo que iba a ganar.

-¿Y por qué no se echa una siesta, anciano? A su edad, le vendría bien descansar un poco…-se burló el pequeño, mirando en dirección a Link- ¡Ese no ha hecho otra cosa que dormir desde que se fueron las mujeres! ¡Menudo holgazán!

-A saber que le habrá echado esa víbora en la medicina que lleva tomando desde hace unos días, tal vez haya sido por su culpa…-un escalofrío recorrió su cuerpo- ¡Me pongo enfermo sólo de recordar su feo rostro!

-¿Seguro? Ya…-insinuó el joven- ¿Y me vas a decir que tener una hija con esa mujer en sus años mozos también te ponía enfermo, no? ¡Je, je! –recibió un bastonazo por su comentario- ¡Auch! ¡¿Qué?! ¡¿No tengo razón, o sí?!

-Me da en la nariz que eres demasiado espabilado para tu edad…-definitivamente, a Linebeck no le gustaba su actitud- No debe interesarte los temas de adultos, además lo que me hizo no fue bajo secuestro… ¡¿Entiendes?!

-Venga, no te enrolles con tus traumas y sigue jugando…-parecía no estar interesado en escucharle, mirando su baraja- ¡Esta vez te voy a ganar, tramposo!

-¡¿Tramposo?! ¡¿Yo?! ¡Yo soy el capitán más honrado de estos mares! –se defendió tajante- ¡No es mi problema si un niño como tú no sabe jugar y además es mal perdedor!

-¡No me extraña! ¡Eres la única persona de por aquí que es capitán! ¡Ja, ja, ja! –se burló de su declaración- ¡Admítelo! ¡Eres un rastrero, Linebeck! ¡Un viejo lobo de mar cobarde y codicioso! ¡Eres capaz de estafar incluso a un niño!

-¡Cállate! –se golpeó como reprimenda- ¿Tus padres nunca te enseñaron a respetar a tus mayores?

-Sí, pero con el tiempo he aprendido que el respeto hay que ganárselo. Si se lo regalas a cualquiera, al igual que tu confianza, en cualquier momento podrán acabar contigo…-le respondió más serio y maduro de lo normal, notando pesar en sus ojos- ¿Seguimos con la partida o nos vamos a dedicar a decir habladurías?

-¿Sabes? –le habló descartando- Tengo la impresión de bajo esa máscara escondes algo más que tu rostro…

-¿Tú crees? ¿No dicen que por algo la vida es un carnaval? ¡Esto es sólo un juego, viejo! –le confesó dejando con grandes dudas al capitán.

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Abran la puerta! ¡Han regresado! ¡Y vienen con el tesoro! –avisó una guardiana desde su puesto de vigilancia- ¡A la matriarca le encantará esto!

La expectación por su llegada fue enorme, celebrando las Gerudo aquella reunión con su grito de guerra característico. Hubo felicitaciones entre todas las mujeres de la tribu, agradeciéndoselo también a las foráneas, elevando su confianza en ellas. La matriarca Jolene y su nieta aparecieron, mostrando su abiertamente su felicidad y reuniéndose con su hija y madre, respectivamente.

-¡Aquí tiene, madre! ¡El Triángulo de Coral! –le entregó con sumo respecto dicho objeto a su madre- ¿Cómo ha estado? ¿Le ha costado controlar a esos hombres?

-¡Ja, ja, ja! ¡Tú siempre con lo mismo, hija mía! –río la anciana- ¡No te preocupes! ¡Han estado a buen recaudo! ¡Bien alimentados y seguros! ¡Son tan dóciles como el ganado!

-¿Y Link? ¿Se ha acordado de tomar su medicina? –preguntó Ciela, volando a su alrededor.

-¡Vaya si lo ha hecho! –exclamó entre risas- ¡Hasta me he tenido que pelear con él para que lo hiciese! ¡Qué terco es ese chico! ¡Y tampoco es que haya hecho mucho desde que fuisteis! Se pasa los días durmiendo, pero luego por la noche no hay quien lo ponga a dormir… ¡Parece un animal nocturno! ¡Qué barbaridad!

-¿Y dónde se encuentra él? –preguntó Zelda, deseando verlo.

-Allí, en esa caseta de allí…-señaló con el dedo la mujer- Está con los otros dos, que no paran de parlotear ni un instante. ¡Casi prefiero al rubito, que apenas nos causa problemas a excepción de todo lo que sea echarse a la boca!

-¿Por qué lo dice? ¿Es por la pócima? –intervino Marin, preocupada por su amigo.

-¡Aparte de eso! Este chico es raro hasta para lo comida… ¡Aunque tampoco nos podemos quejar mucho! No toca nada que no sea carne o como mucho pescado, además de que no le gusta que esté demasiado cocinado. ¡Le encasquetamos las partes que jamás nos comemos de una pieza y no se nos quejó! ¡Es como un perrito dócil y manso! ¡Ja, ja, ja!

A todas les resultó algo incómodo lo que acababa de decir, aunque sólo Zelda puedo comprender el por qué. El hada Ciela no dijo nada y simplemente se marchó en dirección a donde debía estar el muchacho, sin llamar demasiado la atención.

-En fin, Marin y yo nos vamos a la habitación donde se encuentran ellos. Muchas gracias por el recibimiento, nos veremos después…-se despidió junto a la pelirroja, caminando en dirección a ese lugar, ya que habían visto al hada volar hacia allí con cierta prisa.

-¡Esperen! ¿No os quedáis? ¡Ya podréis ver a esos paletos más tarde! ¡No se moverán de dónde están! –le pidió Aveil, queriendo celebrar su éxito con todas sus compañeras.

-Lo sentimos, pero créeme que iremos después…-bostezó Marin, acariciando a su amiga.

-¡Puf! ¡Increíble! –Aveil no podía creerse que se estuvieran marchando- ¡Prefieren estar con ellos antes que con nosotras!

-Compréndelo, no comparten nuestro pensamiento. Las mujeres de su cultura pueden llegar a desvelarse por ellos…-le explicó comprensivamente Nabooru, relajándola- Además, ya nos las traeremos con nosotras más tarde. Aún queda preparar la cena comunal… ¡Y que tú cumplas tu promesa con mi hija!

-¡¿Promesa?! ¡¿De qué me hablas?! –reaccionó sorprendida por lo que dijo.

-¡Aveil! ¡Dijiste que me forjarías mi primera arma cuando regresaras con mamá de esa misión! ¿No te acuerdas? –le recordó la pequeña Joanne, mirándola tiernamente.

-Yo también lo recuerdo…-irrumpió la anciana- Es tu deber como compañera de mi hija y también segunda tutora de mi nieta hacerlo. Algo tan sagrado para nosotras no deber ser objeto de vacilaciones, si es lo que pensabas.

-¡Oh, vamos! ¡Sólo bromeaba aquella vez! ¡Le dije que así ese niño haría lo que quisiese si lo intimidaba con su propia arma! ¡¿No estaréis hablando en serio? –se defendió de las risas de sus compañeras, que lo estaban escuchando todo- ¡Ni siquiera es mi hija!

-¡Ya, pero yo tampoco tendría por qué aguantarte! –Nabooru le pasó un brazo por los hombros, mirando al resto de su tribu- ¿O acaso alguna de vosotras podría aguantar a una mujer con su carácter y su ambición por conseguir tesoros? ¿Por qué creéis que todavía mi hija no tiene una amiga con quién jugar? ¡No podría cortejar a un hombre ni aunque este estuviera ebrio! ¡Ja, ja, ja!

-¡No os riáis! ¡No necesito acostarme con un hombre! –estaba bastante enfadada debido a la vergüenza que estaba pasando- ¿Y tú por qué no le das una hermana, Nabooru?

-¡No, gracias! ¡Una vez fue suficiente! –se desentendió ella- ¡Pero seguro que si tú lo hicieras nacería nuestro rey! ¡No creo que haya muchos más nacimientos antes de que vuelva a nacer el hombre del siglo! ¡A lo mejor tú serías la "afortunada"!

-¡No hemos tenido un hombre desde que el anterior murió poco antes de que naciera tu madre, Nabooru! ¿Por qué tendría que ser yo? –se molestó por ello.

-¡No, por nada! ¡Ja, ja, ja! –las demás la siguieron, como si hubieran estado hablando de ello a sus espaldas- ¿Nos vamos a nuestra habitación? ¡Ah, no! ¡Tú tienes que ir a la forja con las herreras y hacerle algún arma a Joanne!

-¡¿Por qué me cambias de tema, Nabooru?! ¡No me ignores, maldición! –salió corriendo tras ella, mientras su tribu se divertía con la discrepancias de sus líderes.

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Ricardo! ¡He vuelto! –le llamó alegre nada más aparecer- ¿No te alegras de verme?

Sin embargo, no movió ni un músculo para responderle, totalmente absorto en su partida de cartas con el capitán Linebeck. Ciela estaba mirando a ambos, también centrada en ello y apenas le correspondió el saludo a Marin y la princesa.

-Oye, que estoy aquí…-se agachó junto a él para que le prestase atención, creyendo que a lo mejor no la había oído.

-¡Oh, por el Pez del Viento! ¡Déjame en paz! –le gritó estresado, apartándola un poco- ¡¿No ves que estoy ocupado?!

Su cara se quedó pálida cuando se percató de a quien le había dicho eso, haciendo que el resto se golpease la cara incrédulos con lo que acababa de decir.

-Yo acabo de regresar de un templo infestado de trampas y monstruos horribles, regresando animada para verte después de todo eso…-habló completamente decepcionada y controlando su rabia- ¡Y tú prefieres acabar tu maldita partida de cartas antes que ni siquiera saludarte! ¡No sé por qué me molesté en recoger estas bayas por el camino de vuelta! –le dijo enseñándole un pequeño saco repleto de ellas.

-¡Ah, son esas! ¿Las pequeñas rojizas que si las aprietas sale un montón de zumo y su cáscara es deliciosa machacada y untada en pan o para preparar una infusión que combina a la perfección con un entrante de setas silvestres y es buenísima para los resfriados? –miró maravillado su mercancía, casi babeando.

-Oh, vaya… ¿A ti también te gustan? Eran las favoritas del príncipe Richard y es curioso el menú que me acabas de decir…–comentó con malicia, sabiendo que así le haría daño- Durante la temporada en la que más abundan, solía pedirme que le preparase para desayunar tostadas con mermelada y zumo hechos con estas mismas bayas, mientras que su entrante favorito siempre fueron las setas y mejor si iban acompañadas de las mismas. Por no decir que era aficionado a las infusiones y más de una vez le prepare una con ellas cuando estaba resfriado…-apartó la bolsa de su vista, indignada- La diferencia es que el príncipe se comportaba como tal, siempre fue amable y educado conmigo. Un niño tan malcriado como tú no se merece ni uno de estos deliciosos frutos.

-Je, je… ¡Vamos! ¡No me di cuenta! ¡No te lo tomes tan a pecho! –trató de disculparse, interesado en lo que traía- ¿No irás a comértelas tú sola, no?

-Tienes razón, demasiadas dejan un sabor empalagoso…-la ilusión se mostró en los ojos del niño enmascarado- ¡Las compartiré con todos menos contigo, interesado!

-¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! ¡No puedes hacerme esto! –exigió él- ¿No puedo hacer nada para que me perdones?

-Cuando empieces a comportarte medianamente como lo hacía el príncipe Richard, entonces hablaremos…-pronunció dándole la espalda.

-¡¿Qué me comporte como…?! –exclamó incrédulo, murmurando enfadado- Pues si es por eso deberías dármelas… ¡Lo que hay que oír! ¿Tú no tienes al príncipe colocado en un pedestal demasiado alto? –de pronto, pareció avergonzarse al pensarlo mejor- Bueno… ¡Aunque tampoco es malo! ¡Je, je!

-¿Y ahora qué te pasa? Qué niño tan raro…-exhaló viéndolo contradecirse a sí mismo.

Mientras tanto, Zelda se acercó al lugar donde estaba Link, descansando en un lugar apartado del cuarto. Ciela también estaba a su lado, había preferido no despertarlo hasta ese momento.

-¿Link? ¡Despierta! ¡Algunas hemos venido a verte! –le llamó a voces la pequeña hada, a pesar de que no era la mejor forma para ello.

-¿Eh? ¿Ciela? ¿Por qué gritas? –abrió un poco los ojos, viendo a la joven- ¿Qué ocurre, Zelda?

-¿No lo ves? Las demás y yo hemos regresado del Templo del Rostro, con un nuevo instrumento que añadir a nuestra colección.-le explicó entendiendo que acababa de despertarse- ¿Cómo has estado desde que nos fuimos?

-Pero…-se restregó los ojos, despejándose- ¿Cuándo os habéis ido? Sinceramente, pensé que todavía estabais en la fortaleza, quizás reunidas con esas Gerudo o paseando por ahí.

-¿Eh? Link, no hemos estado afuera precisamente sólo unas cuantas horas…-parecía algo molesta por aquello- Además… ¡Tú fuiste a desearme suerte antes de que abandonara la fortaleza! ¿O es que tampoco lo recuerdas?

-¿En serio fui a…? –notó que sólo estaba empeorando las cosas- ¡L-lo siento! ¿Pero qué esperabas? ¡Me acabo de despertar!

-¿Y durmiendo en pleno día, no? –le recriminó ella- ¿Qué te ocurre? Desde que nos reunimos has estado muy extraño, no solamente lo he notado yo.

-¿Sólo porque estuviese aburrido y me haya echado una siesta empiezas a deducir que me pasa algo? –le preguntó sorprendiéndola por su tono irónico y mal humor- ¡Por favor! ¡No voy a repetírtelo más! ¡NO-ME-PASA-NADA! ¡¿Qué es lo que no entiendes?!

-Link, no creo que…-trató de evitar una discusión mayor el hada, pero no resultó.

-Marin, creo que hubiese sido mejor habernos quedado con las Gerudo como ellas nos pidieron. Hoy parece que no están de humor…-caminó hacia la puerta- ¿Vienes?

Ambas mujeres salieron de ahí bastante enfadadas, tratando de controlarse y dirigiéndose lejos de allí. Los dos implicados se quedaron meditabundos pensando en lo que acababan de hacer, sintiéndose miserables ante lo ocurrido.

-¡Ay, chavales! ¡No sabéis tratar a las mujeres! –comentó Linebeck- ¡Qué digo! Ningún hombre lo sabe…-recordó al momento, acordándose de Jolene- Aunque lo tuyo, Link, fue lo más grave con diferencia. ¡Debes tener mucha suerte y carisma para hablarle así a la princesa de nuestro reino y salir airoso, muchacho! ¡Ojalá fuese como tú!

-No lo alagues, Linebeck…-suspiró Ciela- ¿Qué has hecho, Link? ¿Te das cuenta de que tenía razón cuando te dije que…?

-¡Cállate! –gritó asustándola- ¡Ni una palabra más, entiendes! ¡¿Por qué no me despertaste antes para avisarme de esto?! ¡¿Y nuestro trato?!

-¡Hey, no te enfades conmigo! ¡No esperaba que te olvidaras de eso también! –se defendió con algo de miedo- Deberías relajarte, te noto bastante tenso y eso no te ayudará a disculparte con ella.

-Ya lo sé…-se echó las manos a la cabeza- ¿Qué voy a hacer?

-¡Estamos en las mismas, tío! ¡Seguro que nos costará disculparnos! –respondió Ricardo, sabiendo que el día y la noche se les iba a hacer muy largos.

XOXOXOXOXOXOXO

-¡Un brindis! ¡Ya sólo nos faltan dos, compañeras! –celebró Nabooru, gritando todas al unísono.

Esa noche era de celebración y se notaba. Todos se habían sentado en el suelo, compartiendo la mesa comunal de las Gerudo, disfrutando de buen vino y variedad de manjares en la mesa. Las líderes y sus invitados estaban todos sentados cerca, integrando incluso a los hombres en la mesa. Y en ella, cada uno lidiaba con sus propios asuntos.

-¡Venga! ¡Venga! Vengaaa…-insistía el niño, agarrándole de la manga- ¿No me vas a perdonar? ¡Odio verte con esa cara! ¡Y deja de beber, por favor! ¡Tampoco es para cogerse una depresión!

-¡Cállate, niño! ¡No es sólo por eso! –le levantó la voz rellenando su vaso, mostrando signos de embriaguez- ¡Es por todo! ¡Mi padre! ¡La isla! ¡Ese maldito traidor de Onkled! ¡Esta locura de búsqueda! ¡El príncipe Richard! –terminó con el vaso de un trago- ¡Y el tener que cargar con un niño huérfano que apenas me presta atención! ¡Me recuerdas tanto a él!

-¡Oh, no! ¡Eso no! ¡No te pongas a llorar, mujer! –trató de consolarla, abrazándola y dándole palmaditas en la espalda- ¡Todo se solucionará, ya lo veras!

-¡¿Cómo?! ¡¿Acaso eres capaz de resucitar a los muertos?! –ese comentario sólo hizo que llorase con más intensidad.

-Madre mía…-se veía en un aprieto- A ver cómo arreglo yo esto…

XOXOX

-No has dicho ni una palabra esta noche, me tienes preocupado…-se decidió a hablarle tras haber estado sentado a su lado en silencio- ¿Por qué no dices nada?

-Os respondo lo mismo que vos a mí…"no-me-pasa-nada".-le contestó unos minutos más tarde, ya que estaba más centrada en cenar.

-¿Y esas formalidades? ¿Desde cuándo te diriges a mí de esa forma? –estaba preocupado, notaba la tensión en el ambiente.

-La cuestión sería por qué, Héroe de Hyrule, no os dirigís a mí con el respeto que se merece la soberana de vuestro reino.-respondió igual que antes- ¿Habéis olvidado el protocolo y las formas estando en esta isla?

-De acuerdo, sé que no debería haberte hablado así, pero es que…-no podía decírselo, aunque ella se enfadase aún más con él.

-¿Qué? ¿Sigues renegándolo? ¿Por qué no hablas claro? Sé que me ocultas algo, es lo que más me enfurece de todo este asunto.-volvió a hablarle normal, sólo para complicar las cosas.

-Si te digo que no te oculto nada, es porque es verdad…-mintió descaradamente, cansado de su insistencia- A diferencia de ti, yo no he tenido reparos en contarte mi vida y de revelarte más de lo que a una princesa debería interesarle de su súbdito…–en ese momento, terminó por arruinarlo todo- ¡O-olvida eso último! ¡No quería recriminarte por eso! ¡De verdad!

-Comeré más tarde, ahora no tengo demasiada hambre…-se levantó de la mesa- Saldré a pasear por la fortaleza un rato, no hay mucha gente fuera y esta noche sopla una brisa agradable.

XOXOX

-¡Ja, ja, ja! ¡Te lo dije, hija! ¡Ninguno de los dos iba a conseguirlo! –se burló la anciana de lo que acababan de presenciar- ¡Uno ha conseguido hacerla llorar y el otro que se marchara! ¡Ya estás soltando las rupias!

-Maldita sea, sólo a mí se me ocurre apostar con algo así…-murmuró entregándole a su propia madre las correspondientes rupias que habían acordado, hablándole luego a su hija- ¡Nunca se te ocurra apostar contra la abuela! ¿Entendido?

-Sí, mamá…-respondió obediente, comiendo fruta- ¡La abuela siempre ha sido más astuta que tú, mamá! ¡A mí no se me ocurriría hacerlo!

-¡Hasta tu propia hija me da la razón! ¡Pero qué niña más inteligente! –abrazó a su querida nieta, dejando en evidencia a Nabooru.

-¿Cómo se te ocurre, Nabooru? –le habló por lo bajo Aveil- ¡Y además a favor de esos dos!

-En primer lugar, apostar contra ella es sólo una inversión, lo recuperaré en el futuro…-se defendió algo disgustada- Y segundo, pensé que serían más sensibles ante sus súplicas, veo que me equivocaba. Aunque eso no es malo, me demuestra que fuera de estos muros hay mujeres con carácter.

-¿Lo dirás por la princesa, no? Porque la otra parece que tiene dos cascadas fluyendo por sus ojos, principalmente por ese príncipe que debe estar criando malvas desde hace meses. Si es que a algunas no les sienta nada bien la bebida…

-¿Quieres ver a otra que va a soltar lágrimas en cuanto vea esto? –le dio una bolsa que pesaba bastante- ¡Ábrelo, no te cortes!

-A saber qué me habrás…-al abrirlo, gritó de alegría- ¡Joyas! ¡Tesoros! ¡¿De dónde has sacado esto?!

-De los otros lugares que visitamos, los fui recogiendo por el camino y pensaba dártelo después de que me acompañaras en esta expedición. A ti te encanta todo lo que brille y tenga valor, como si tú fueras la hija de ese capitán…-miró incómoda al hombre- ¡Francamente, tu feminidad parece reducirse a esto! ¡Qué obsesión!

-¡Gracias! ¡Me encanta! –le plantó un beso en toda la boca, que fue correspondido- ¡Ya tengo ganas de lucirlas!

-¿Y le hiciste su arma a mi pequeña? ¡A lo mejor quedaría bien como adorno una de esas joyas al fundirla! –cambió súbitamente de tema.

-¡Sí, mamá! ¡Mira lo que me hizo Aveil! –le mostró un puñal con su funda- ¿Está bien?

-¡Vaya, cumplió su promesa! ¡Qué sorpresa! –la miró admirando su detalle- Sin duda, has hecho un buen trabajo. Siempre has tenido maña para forjar diversas hojas y regalarle un puñal ha sido una buena idea, es estupenda para una niña por su ligereza y tamaño.

-¡Y porque me llevaba menos tiempo! ¿O pensabas que le daría una espada que es más grande que ella? ¡De un arco ni hablemos! ¡Lo último que quiero es que se ponga a jugar con flechas cerca de mí! –argumentó mirándose a un espejo con los abalorios puestos- ¿Tú crees que combinarían con los otras? ¿Crees que me excedo, Nabooru?

XOXOXOXOXOXOXO

Después de un rato, Link había salido a buscarla tras lo que había ocurrido durante la cena. La buscó por toda la fortaleza hasta que la encontró apoyada en una torre de vigilancia, mirando al cielo. Ella se dio cuenta enseguida de su presencia, pero no le dijo nada, dejándole a entender que no le sería fácil disculparse.

-No eres el mismo, Link…-habló mostrando estar triste- Sé que es por algo que no quieres contarme, pero tú sigues mintiéndome. Si fuese por una causa común y corriente, no tendrías reparos en revelármelo, me lo dirías. Y el hecho de que esa hada también parezca guardar el mismo secreto que tú, agrava más la situación. Tu carácter y tu forma de ser están cambiando, además de que parece que te olvidas de las cosas con suma facilidad.-le miró a los ojos, acercándose buscando una respuesta- ¿Qué te está ocurriendo, Link? Y por favor, prefiero que no me digas nada antes de que uses excusas baratas conmigo.

-Pues entonces, no diré nada…-contestó bajando la cabeza, evitando él mirarla.

Continuará…

XOXOXOXOXOXOXO

Nota de Alfax: ¡Lo prometido es deuda! ¡No podéis decir que esta vez he tardado!

Si es que me he puesto escribir cinco páginas diarias, para tener aproximadamente un capítulo a la semana y si al final las páginas son menos de ese número, pues mejor porque no escribiré hasta que empiece la siguiente semana. ¡Claro, de seguro que más de una vez me saltaré este propósito! ¡Así que no os desesperéis!

¡Pues eso! ¡Espero que os haya gustado! ¡Hasta la próxima!