Capítulo 97: ¡El Dragón surca los cielos por última vez!
La muerte de Hyoga había dejado una profunda tristeza en los corazones de Seiya, Shiryu e Ikki, quienes avanzaban envueltos en lágrimas por las escaleras doradas que conducían al Templo de Júpiter, las mismas habían sido cubiertas por la triste tormenta helada del Cisne, con la cual venció a Belerofonte, un poderoso ángel que portaba una gloria divina.
Atenea atravesó finalmente el Templo de Neptuno, dejando lágrimas de sangre en la hermosa nieve que cubrió toda la Bóveda Celeste.
Zeus aguardaba la batalla final en el último palacio del Olimpo.
Monte Olimpo.
Bóveda Celeste.
Los santos de Pegaso, Dragón y Fénix caminaban por las escaleras de oro, su final mostraba el comienzo de otro escenario, se trataba de las ruinas de un templo, que no tenía techo ni paredes, aunque tenía hermosas columnas que relucían con un brillo celestial, nubes fastuosas danzaban al compás del imponente cielo.
—¡Estén alerta…siento un cosmos extremadamente poderoso! —advierte Shiryu mirando al frente.
—¡Este cosmos lo había sentido antes, poderoso y muy agresivo! —exclama Seiya apretando los dientes.
Repentinamente se escucha una explosión similar a un potente trueno, un brillo celeste baña la escena, tras mermar el fulgurante resplandor, una silueta se aproxima lentamente, el sujeto portaba una coraza divina, tenía alas celestiales que resaltaban por su belleza, su diseño era imponente y elegante, de su casco caían sus largos cabellos rubios.
—¡Desde los albores de ésta Guerra Olímpica que no nos reencontramos! Aquella vez en la Colina de las Estrellas Hermes me detuvo… ¡ahora no escaparán!
—¡Aquiles! —profiere Seiya reconociendo rápidamente al ángel. —¡Esa vez nos interrumpieron tus malditos dioses, nunca podrás derrotarnos!
—¡Por fin los asesinaré cruentamente, tiraré sus cadáveres del Monte Olimpo…y serán devorados por las aves de rapiñas! —responde ultrajantemente Aquiles. —Ésta guerra santa se ha cobrado la vida de valientes compañeros… —su rostro mostró penar de repente. —Primero ha sido Egeo, el venerable ángel de gran bondad, el segundo mártir ha sido el temible Diomedes, luego siguieron el prudente Edipo, el valeroso y soberbio Agamenón…el de la fuerza titánica, Ajax. El hábil e indescifrable Teseo, el sagacísimo Odiseo, el magnánimo Eneas, el sabio Erictonio, Ícaro y su confundido corazón, y por último, Belerofonte, de gran devoción a nuestro dios Zeus. Los doce ángeles, los verdaderos ángeles, mi corazón guarda rencor con ustedes los santos, incluso se filtraron como ratas en nuestro ejército, hablo de Ganimedes, Jasón, Cástor, y el peor de los traidores, ¡Pólux!
—¡No debes mancillar el honor de los santos legendarios! —contestó enfurecido Shiryu.
—¡No perdonaré tus palabras maldito! —interrumpió Seiya arrebatado por la cólera.
—El que no perdonará sus acciones seré yo, Zeus no debió confiar en antiguos santos, teniendo en consideración que ustedes ya habían traicionado a Hades, cuando los santos de oro fallecidos en la batalla de las doce casas fueron resucitados como espectros, ahora hicieron lo mismo como ángeles…
—¡Eres un estúpido, los santos de Athena son fieles a Athena, no a otro dios! —contesta ofuscado Seiya.
—Sus intentos furtivos serán en vano, ¡viles traidores! Ahora que poseo una gloria divina mi poder es inigualable, ninguno de ustedes está a mi altura, los venceré a todos al mismo tiempo… —espeta Aquiles encendiendo un voraz y espléndido cosmos.
—¡No presumas tanto, te haré pedazos yo sólo Aquiles, tu soberbia nubla tu pensamiento, ángel maligno…METEOROS DE PEGASO!
Seiya traza con sus manos las estrellas de su constelación guardiana y luego extiende su puño cerrado al frente, liberando así decallones de estrellas fugaces, Aquiles esquiva con gran agilidad cada uno de los golpes y termina ejecutando un gran salto, para caer atrás de su enemigo, que revela un rostro lleno de perplejidad.
—¡No puede ser, ninguno de mis meteoros que superan la velocidad de la luz lo ha alcanzado! —balbucea anonadado Seiya.
—¡CASCADA ATMOSFERICA!
Aquiles eleva sus dos brazos al cielo y sobre ellos empiezan a brillar fotones electromagnéticos, haciendo un verdadero espectáculo parecido al de las luces de láser al pasar sobre el humo, luego baja los brazos, cruzándolo a la altura de su pecho, todas aquellas luces se conviertan en una corriente, en un río luminoso que fluye en una violenta creciente, alcanzando a Seiya, hasta tumbarlo duramente contra el suelo, en donde quedó un cráter producto del impacto.
—¡Seiya! —gritan Shiryu e Ikki al unísono.
—Eso te sucede por engreído, Pegaso… —susurra Aquiles acercándose a Seiya.
—La habilidad de este hombre es grandiosa… —expresó Shiryu dando un paso al frente e interponiéndose entre Seiya y Aquiles. —Eres tú Aquiles quién ha vencido a mi maestro, Dohko de Libra, allá en el Desierto de Hierro…por eso, yo seré tu rival.
—Oh sí, lo recuerdo… —contesta Aquiles. —Era un hombre fuerte, pero no importa que tan fuerte sea un guerrero sagrado, ninguno se compara a mi velocidad, a mi destreza, ni a mi divino cosmos…
—Te admiro por vencer a alguien como mi maestro, pero yo tomaré revancha por su derrota… —manifiesta con devoción Shiryu. —¡LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE LUSHAN!
Unos verdosos y resplandecientes dragones emergen repentinamente en el campo de batalla, atacando violentamente con sus terribles colmillos, Aquiles sonríe y se mueve velozmente de un costado al otro, sorpresivamente uno de los dragones surge desde las profundidades del suelo, con el objetivo firme de atacar sobre su talón, pero el ángel ejecuta un acrobático salto a último momento, el dragón sube a los cielos sin dar en el blanco.
—¡No ha funcionado! Es como si supiera su plan desde el inicio… —se lamenta Seiya apretando su puño.
—Es inútil, Libra tuvo la misma estrategia que tú Dragón, por eso nunca lograrías siquiera darme alcance. —expresó confiado Aquiles. —No eres el rival adecuado para mí, Dragón Shiryu…
Repentinamente la hombrera divina del Dragón estalló, emergiendo la sangre de la inesperada y sorpresiva herida, Aquiles no solamente se había defendido, había atacado sin que ninguno de los tres santos lo advirtiera.
—¡¿En qué momento lo hizo…?! —murmura Shiryu mientras se encorva y se agarra el hombro del dolor.
—¡Shiryu, resiste…! —manifiesta Seiya al tiempo que asistía al Dragón.
—Aquiles. Has vencido a Seiya y a Shiryu, pero todavía no te has enfrentado al Fénix… —dijo Ikki tomando la posta de la batalla con una dura mirada. —¡Mi técnica ha sido capaz de lastimar al todopoderoso Apolo, te destrozaré…ALAS LLAMEANTES!
—¡Muéstrame de que eres capaz Fénix! —responde Aquiles devolviendo una brava mirada a su enemigo.
Un exuberante e incandescente fénix cósmico que irradiaba llamas por doquier ataca de forma vertical a Aquiles, ascendiendo levemente justo cuando se encontraba cerca del ángel, pero éste da un medio giro al costado, la terrible técnica asciende hacia los cielos, perdiéndose entre las nubes.
—Había escuchado que el Fénix era el más fuerte de los santos de bronce, tal vez lo seas, pero los tres me resultan muy débiles… —dijo Aquiles con arrogancia, soltando una risa que provocó bronca en Ikki. —Tiembla ante mi poder Fénix… ¡RAYO GAMMA!
—¡Tengo que ver sus golpes, no me sorprenderás…! —respondió Ikki encendiendo su cosmos al infinito.
Aquiles extiende su puño e incontables partículas radioactivas son expulsadas a una velocidad superior a la luz, formando un cúmulo infinito de rayos eléctricos, Ikki se mueve de un lado a otro con gran agilidad, evitando los rayos magistralmente, Seiya y Shiryu observan sorprendidos, pero los rayos gamma iban aumentando en cantidad y velocidad, hasta que el Fénix es alcanzado y golpeado en todo su cuerpo, la armadura divina se desintegró repentinamente.
—¡Ikki! —gritan Seiya y Shiryu al unísono.
—Que terrible son sus puños, ha desintegrado la armadura divina del Fénix. No quedan ni sus cenizas… —balbucea Ikki, su cuerpo tenía unas terribles heridas.
—Santos de Atenea, ni siquiera los tres al mismo tiempo podrían vencerme, mi poder es absoluto e infinito, ninguno de los ochenta y ocho santos de Atenea podría derrotarme, he vencido a Dohko de Libra primero y a Shion de Aries después, puedo vencerlos a todos juntos, mi gloria será inigualable… —dijo Aquiles con tranquilidad.
—¡No podemos darnos por vencido, por muy fuerte que sea Aquiles tenemos que derrotarlo…! —espetó Seiya en el preciso momento en que Shiryu e Ikki lo secundaron, listos para atacar unidos.
Los tres santos se abalanzan contra el ángel, Shiryu e Ikki atacan con puñetazos de luz, su enemigo esquiva el ataque pero repentinamente Seiya aparece detrás de él y lo sujeta sorpresivamente de su espalda.
—¡DESTELLO RODANTE DE PEGASO! ¡Ahora!
—¡DRAGON NACIENTE!
—¡ALAS LLAMEANTES DEL FENIX!
El ángel viajaba por los aires con Seiya, víctima de su técnica, pero desapareció repentinamente, el dragón naciente que se dirigía contra el tobillo de Aquiles, dio en el tobillo de Pegaso. Shiryu rápidamente fue a auxiliar a su compañero herido.
Cuando Aquiles cayó al suelo, un inconmensurable fénix cósmico alcanzó su cuerpo, sin embargo la terrible técnica parecía no surtir efecto, algo en el cuerpo del ángel repelía la mortal llama del ave inmortal.
—¿Qué sucede…? —se preguntó anonadado Ikki. —¡Mi técnica que fue capaz de herir a los dioses no le ha hecho efecto, aun cuando lo ha alcanzado!
—¿Entienden ahora que soy invencible…? —respondió Aquiles soltando una carcajada. —Mi cuerpo ha sido bañado en la era mitológica en la Laguna del Estigia, mi cuerpo se ha vuelto inmortal desde entonces, incluso ahora que he reencarnado tras cientos de años, pero les diré algo, me he dejado alcanzar por tu técnica a propósito, para que vean que lo que digo es cierto.
—Eres un maldito arrogante Aquiles. —espetó Ikki enfadado. —¡Siempre hemos vencido a nuestros enemigos tarde o temprano…eres sólo un obstáculo más!
—Amigos… —susurró Seiya mientras se reincorporaba, su tobillo sangraba, pero la armadura divina de Pegaso había evitado una lesión grave. —Aquiles, ya verás que Ikki tiene razón, ésta no es distinta a otras batallas que sostuvimos en el pasado…
—¡Esta vez atacaremos al unísono Aquiles! —dice Shiryu encendiendo su cosmos. —A los santos nos gusta combatir uno contra uno, pero estamos en una situación excepcional, eres el último escollo antes de Zeus…
—¡Vengan todos juntos, con sus mejores técnicas, nada funcionará! —gritó Aquiles con su cosmos encendido al infinito.
—¡COMETA DE PEGASO!
—¡ALAS LLAMEANTES DEL FENIX!
—¡LOS CIEN DRAGONES DE LUSHAN!
Las tres técnicas atacaban mezclándose en una terrible explosión de color blanco, anaranjado y verde, al instante se sintió un descomunal estallido ensordecedor, el campo de batalla había sufrido daños por doquier, al disiparse el polvo podía verse a Aquiles de pie, sin ningún daño, esbozando una sonrisa, había eludido con gran agilidad cada manifestación cósmica de sus enemigos.
—¡No puedo creerlo! —se lamentó Seiya apretando su puño. —¡Usamos todo nuestro cosmos y ni aun así tiene un solo rasguño!
—Santos, dejen que la desesperanza abrace su estéril ilusión de vencer… —expresó Aquiles dando la espalda y soltando una pequeña risotada. —Soy un guerrero perfecto, no tienen ninguna posibilidad.
—Yo derrotaré a Aquiles… —manifestó Shiryu encendiendo su cosmos, ante la mirada de Seiya e Ikki, que miraban perplejos la escena. —Conozco bien la historia de Aquiles, sé cómo vencerlo…
—¡Pero Shiryu…! —responde Seiya. —¡Este hombre es capaz de combatirnos a todos al mismo tiempo, morirás!
—No me importa, estoy preparado para morir hace tiempo…como santos de Atenea debemos salvar a la humanidad. —dijo Shiryu con determinación. —No importa el precio, así sea la vida…
—Shiryu tiene razón… —susurra Ikki con los ojos cerrados. —Sé que un verdadero dragón no morirá sólo… ¡Zeus espera más adelante, vamos por su cabeza!
—¡Esperen…nadie avanzará por este sitio…! —recrimina Aquiles con vehemencia.
Los santos dan un gran vuelo fugaz, para evitar la huida, el ángel lanza miles de rayos que superan fácilmente la velocidad de la luz, pero Shiryu se interpone, recibiendo algunos golpes en su escudo y otros en su cuerpo, permitiendo así que huyan sus compañeros.
—¡Estúpido, como te has atrevido, incluso expones tu cuerpo moribundo para que escape…! ¿Qué clase de hombre eres…? —preguntó Aquiles.
—Soy un hombre que viene a ofrecer lo poco que le queda de vida, te llevaré conmigo así sea lo último que haga… ¡LOS CIEN DRAGONES DE ROZAN!
—¡Insensato…!
El ángel elude el ataque de los dragones que volaban surcando los cielos e infringe un puñetazo a su enemigo en el rostro, quien cae al suelo duramente, dejando un cráter en el campo de batalla. Al cabo de unos segundos, Shiryu apoya una mano en el suelo y consigue con mucho esfuerzo ponerse nuevamente de pie.
—Es el héroe de la leyenda…un guerrero excepcional. ¡Pero aprendí que no siempre el más fuerte triunfa, sino el que tiene una razón que lo haga dar el máximo…!
—¡Lo siento, pero en los enfrentamientos a muerte lo que decide el combate es el cosmos y la estrategia… por otro lado yo también tengo razones importantes para luchar…RAYOS GAMMA!
Aquiles hace un movimiento imperceptible con sus manos y una soberbia cantidad de rayos electromagnéticos atacan sobre el cuerpo de Shiryu, su armadura divina se desintegró, a excepción del escudo, que cae al suelo, adolorido, el oriental llega hasta donde había caído el escudo y lo coloca en su brazo, sabiendo que es la última defensa que le queda.
—No puedes matarme todavía, remátame si es que eres tan fuerte… —desafió Shiryu, mostrando toda su tenacidad y encendiendo una vez más su cosmos, que crecía segundo a segundo.
—¡Tú lo has pedido…te concederé tu deseo, RAYO GAMMA!
—¡Ahora…! —gritó Shiryu e instantáneamente se ubica a espaldas de su enemigo. —¡DRAGÓN NACIENTE!
Un enorme dragón surge desde el suelo, pero el ángel da la media vuelta y clava su puño derecho en el corazón de Shiryu en un santiamén, la sangre cae a borbotones de su pecho.
—Te lo dije antes, ya conozco los trucos de tu maestro Libra, ya conocía el punto débil del dragón naciente, si no me hubiera enfrentado a tu maestro quizá hubieras tenido una mejor performance, pero igual hubieras sido vencido…
Aquiles retira su puño del pecho de su enemigo con bravura, Shiryu cae al suelo inerte, derramando una gran cantidad de sangre.
—Reconozco valentía en los santos, pero ninguno podrá con Aquiles, mi gloria es infinita, debo liquidar a Pegaso y Fénix, y todo terminará…
Cuando el ángel estaba a punto de partir pudo sentir el cosmos de Shiryu encendiendo nuevamente, al voltear aprecia al Dragón poniéndose de pie nuevamente con dificultad y tocando su corazón con sus manos, tratando de detener la mortal hemorragia.
—Con una herida así no tienes ni siquiera un minuto de vida… ¡tus últimos esfuerzos también serán en vano! Mi gloria será infinita, seré recordado como el ángel de Zeus que exterminó a los últimos rebeldes del Olimpo…
—La gloria eh, porque poca cosa luchas Aquiles… —murmura Shiryu al tiempo que el ángel devolvía una mirada de molestia, a pesar de que su cuerpo tenía heridas mortales, su cosmos encendía cada vez más. —Nosotros damos nuestra vida por cosas más importantes, no por la gloria personal, sino para proteger el mundo junto con Atenea, la diosa de la sabiduría…
—Bonito discurso Dragón, pero todo es inocuo ante el verdadero poder, mi implacable fuerza tuerce cualquier voluntad, tengo que liquidarte para luego ir con los demás…tendrás el honor de perecer ante mi espada sagrada, tengo que exterminarte cuanto antes, ninguno llegará con Zeus…
Aquiles desenfunda su imponente y hermosa espada de su gloria, la cual emite un enorme y exuberante brillo que alumbraba todo el campo de batalla.
—¡Qué espada tan poderosa! ¿De qué se trata?
—Se llama la hoja del Olimpo…es por lejos la más poderosa de las armas que Hefesto haya hecho en toda la historia. Otorgada al más fuerte de entre todos los guerreros del Olimpo… ¡no me gusta valerme de las armas, prefiero usar mis puños, pero Pegaso y Fénix están por llegar al Templo de Júpiter, tengo que evitarlo…!
Aquiles levanta su espada y unos potentes relámpagos aparecen desde las nubes y luego caen sobre la hoja, al hacer un movimiento vertical sobre su enemigo, una lluvia de truenos arremeten contra Shiryu, quién interpone su escudo, pero su arma defensiva estalla en miles de pedazos, sin embargo no pierde el tiempo y contragolpea rápidamente.
—¡Te mostraré el poder de mi espada sagrada…EXCALIBUR!
El ángel pone la espada recta y bloquea la terrible técnica cortante del santo, la cual se desvanece en un segundo, el rostro de Shiryu muestra una gran sorpresa.
—No ha funcionado…
—Deja de intentar cosas imposibles, sin tu escudo no tienes protección alguna…estás a mi merced, te cortaré la cabeza Dragón…
Tras dar un gran vuelo, Aquiles se sitúa a espaldas de Shiryu, en ese momento embiste con su espada y con un hábil movimiento corta la piel de su enemigo lentamente, la sangre brotaba por las extremidades y el torso del ateniense, que hacía arder su cosmos cada vez con mayor fulgor.
—Sin tu armadura no tienes ninguna defensa. Ríndete…
—Sin mi armadura puedo alcanzar mi mayor poder, el dragón libre de toda atadura.
El ángel miró sorprendido cuando vio resplandecer en la espalda de Shiryu el tatuaje de un dragón.
—Así que un tatuaje surgió de tu espalda…interesante. —murmura Aquiles en tono burlón.
—¡Cuando alcanzo mi máximo poder el dragón aparece en mi espalda, y cuando muera desaparecerá, pero antes de eso moriremos juntos…! —exclamó Shiryu envuelto en heridas y sangre. —¡DRAGÓN NACIENTE!
—Penetraré esta hoja sagrada en tu corazón, tu hora ha llegado…
Shiryu levanta su puño hacia arriba y la energía de un dragón verdoso surge, pero en un instante, Aquiles se ubica en frente del primero y clava su espada en el corazón, en ese momento Shiryu recibe la espada a través de su pecho y luego oprime todos los músculos de su cuerpo.
—¡Está haciendo explotar su cosmos…! —dijo Aquiles con un rostro que denotaba temor. —¿Qué diablos quieres hacer?
—¡Te lo dije antes, no moriré solo…un verdadero dragón nunca muere solo, te llevaré conmigo al lecho de muerte, en las estrellas!
Aquiles sorprendido, suelta la hoja que queda atravesada en el pecho del ateniense, quien explotando su cosmos se sujeta a las espaldas del último ángel.
—¡ULTIMO DRAGON!
—¡No puedo soltarme, este cosmos es muy superior al que tenía antes, está ardiendo!
—¡Ahora volaremos hacia el espacio y nos convertiremos en polvo estelar…!
—¡Espera…no lo hagas, que ganarás si no podrás ver el nuevo mundo!
—¡No me interesa vivir el nuevo mundo si la Tierra es destruida, me sacrificaré para que el resto de los humanos puedan vivir un mundo sin guerras, de todos modos no iba a sobrevivir a mis heridas! ¡Perdóname Shunrei, Shoryu, cuida bien de tu madre, porque seguramente ella cuidará bien de ti! —dijo Shiryu mientras unas lágrimas caían de su rostro. —¡Seiya, Ikki, lo dejo en sus manos, y en las de Atenea!
Un gran resplandor verde cubre a los dos enemigos y los eleva por los aires, el campo de batalla se comienza a derrumbar tras el impresionante cosmos verdusco.
—¡De esta manera vamos a convertirnos en polvo cósmico, estúpido! ¿Qué sentido tiene vencer así si ni siquiera sabes cómo terminará la guerra santa?
—¡No lucho para ganar, sino que apuesto mi vida para el futuro de los demás…!
—Mi cuerpo empieza a sentir la fricción…los santos son hombres valerosos, no he podido cumplir mi misión, espero que el mundo sea purificado sea quien sea quién lo gobierne. —piensa Aquiles mientras tiene los ojos cerrados.
. . .
Los santos de Pegaso y Fénix se desplazaban con gran velocidad cuando sienten el cosmos del Dragón explotar repentinamente, y voltean, observando un grandioso dragón que ascendía a los cielos.
—¡Shiryu! —grita Seiya envuelto en lágrimas, mientras que Ikki mira hacia al horizonte, ocultando su tristeza.
—¡Shiryu, has usado uso el último dragón, presentía que así sería nuestra última despedida! —exclamó Ikki. —Es hora de continuar…Shiryu ha dado su vida para que nosotros venzamos a Zeus, no podemos desperdiciar su sacrificio…
—¡Amigo! —dijo Seiya recordando los momentos que más marcaron su vida en compañía del Dragón. —Prometo que venceremos a Zeus aún costa de nuestras vidas…
