32. Lo inevitable
La búsqueda de los instrumentos continuaba. Todos se habían reunido nuevamente en la cámara de la matriarca para discutir los puntos clave de su nueva expedición.
-Madre, nuestro próximo destino está al norte de los Bosques Misteriosos, cerca de los Altos Tal Tal.-le informó Nabooru a la matriarca.
-¡¿En serio?! Eso significa que podremos hacer una pausa en la aldea. Deberíamos avisar al anciano, a River y a los demás.-intervino Marin.
-¡Ya, claro! Aunque nos quede de camino, no vamos a quedarnos a saludar a un puñado de bichos raros escondidos en la selva.-se negó Aveil, no estaba dispuesta a perder el tiempo.
-¡Yo quiero ver al abuelo! –protestó la pequeña hada cerca de su oreja- Hace tiempo que no le vemos, seguro que le gustará ver que estamos bien y saber que sólo nos faltan dos instrumentos para finalizar nuestra búsqueda.
-A mí me parece bien, será un punto estratégico desde el que podréis llegar más fácilmente a los lugares donde se encuentran los dos objetos restantes. ¿Por qué no residís por un tiempo en ese lugar? –comentó la matriarca, mirando entonces a Linebeck- ¡Y de paso lo dejáis a él con esos lugareños! ¡Me estoy cansando de tenerle rondando por nuestra fortaleza!
-¡No podría estar más de acuerdo! ¡Al menos coincido contigo en algo, vieja bruja! –agradeció el capitán, sintiéndose aliviado- Prefiero aburrirme en ese lugar perdido antes que pasar un día más aquí. Y yo que pensaba que las cosas me iban mal allí…
-Bueno, está bien. No creo que por trasladarnos temporalmente vaya a ocurrir nada grave, la fortaleza seguirá siendo tan impenetrable como siempre.-aceptó su hija Nabooru, dirigiéndose luego a su hija- Así que pórtate bien mientras estoy fuera, ¿Vale, Joanne?
-¡Sí, mamá! ¡La abuela cuidará de mí y practicaré con mi nueva arma mientras estás fuera con Aveil! –respondió obedientemente su pequeña, tranquilizándola.
-¿Pero tendremos que pasar por la capital, no? Según los mapas esos bosques se encuentran al norte de Mabe.-puntuó Zelda observando la geografía insular reflejada en un mapa colgado en la pared.
-¿De qué te sorprendes? ¿Y cuándo fuimos a la Cueva Cola? Estaba oculta en la masa forestal que se extiende al sur de la ciudad, esta vez no será diferente. -Aveil se acercó a ella con cierta picardía- ¿O es que te da miedo volver a pasar una noche en algunos de los hostales de la ciudad?
-¿A qué os referís? –preguntó Link interesado por la forma en la que se lo había comentado.
-¡Ya está este! ¡Los hombres siempre os creéis dueños de todo! ¡Incluso de las mujeres ¡ -la Gerudo le pasó un brazo por los hombres de la joven- Aprovechando para descansar tras nuestro viajecito a la capital, salimos la noche anterior a pasárnoslo bien y a mofarnos de los hombres que se atrevían a acercarse a nosotras. ¿Tienes algún problema con eso, chaval?
-Eso lo hicisteis vosotras, yo simplemente me vi obligada a acompañaros…-discrepó la princesa soltándose de su abrazo- Mientras, tenía que ocuparme de vigilar que los soldados que custodian la ciudad no se fijaran en mí o en las integrantes de vuestro clan, hubiese sido catastrófico.
-¡Oh, por la Diosa! ¿Por qué no le seguiste el juego? ¡Sólo tratábamos de picar al muchacho! –se rió Nabooru, conociendo las intenciones de su compañera- De todas formas, siempre logramos camuflarnos entre los habitantes de Mabe. No habrá que preocuparse por ello, sino por el asentamiento Moblin que se encuentra muy cerca del lugar al que vamos.
-¡Moblin! ¿Esos monstruos viven allí? –preguntó con exagerado interés el niño- ¿Y dónde habitan, exactamente?
-Pues una vez atravesado ese laberíntico bosque en dirección norte, habría que ir al este y después…-en ese momento, se dio cuenta de que hablaba demasiado- ¿Y a ti por qué te interesa eso? ¿Es que irás solo a enfrentarte a esos monstruos, pequeño enmascarado? ¡Ja, ja, ja!
-Y de todas formas, tú te quedarás en la aldea la igual que el capitán Linebeck.-le recordó Marin como su fuese su niñera- ¿O acaso creías que te dejaríamos ir a un lugar tan peligroso?
-¡Bah! ¡Ya me he acostumbrado! Sólo preguntaba por interés…-respondió con un tono extraño, como si planeara algo- ¿Y él qué? ¿Ese inútil sí podrá ir?
-Ya me siento mejor, no volverá a pasarme algo parecido.-le respondió molesto el joven- Sé pelear y no es la primera vez que hago algo así.
-Eso lo sé, sería la segunda… ¡Ja, ja, ja! –se burló de él, hasta que Marin hizo un gesto de querer reprenderle- ¡De acuerdo! ¡No volveré a reírme de aquello! Qué carácter…
-¿Entonces está todo aclarado? ¡Pues váyanse! ¡Cuánto antes se vaya ese charlatán, mejor! –les incitó la anciana, ansiosa de que se marchara el capitán.
XOXOXOXOXOXOXO
En la aldea oculta, la vida seguía como siempre. Los animales parlantes y los comunes pasaban el día haciendo sus cosas. Mientras, el anciano, sus hadas acompañantes, el barco hechizado y el Zora se relajaban en el riachuelo que pasaba cerca de su poblado.
-¿Sabe, señor Mascarón Rojo? Desde que se fueron este lugar se ha vuelto bastante aburrido…-divagó River flotando en el agua- Y cuando vinieron esas Gerudo explicándonos lo ocurrido, me entristeció un poco saber que ahora se quedarían en su fortaleza. Esas mujeres son un peligro, sólo espero que no se topen con…
-¡Aaag! ¡Por la Diosa de las Arenas! ¡Este lugar está lleno de animalejos! ¡Te quedaste corta al describirme este lugar, Nabooru! –se oyó la voz furiosa de una mujer, Aveil, al parecer el grupo había llegado.
-¡Aaaah! ¡Esa voz! –su grito sonó muy afeminado- ¡Esa loca también ha venido! ¡¿Por qué?! ¡Vosotros no me habéis visto! ¡¿Entendido?!
El Zora se sumergió aterrorizado antes de que ellos se acercaron, dejando que los otros se ocuparan de recibirlos.
-¡Abuelo! ¡Hadas! ¡He regresado! –apareció volando Cielo- ¿Cómo habéis estado?
-¿Y tú? ¡Debe haber sido una aventura convivir con las Gerudo! –exclamó el hada Leaf.
-¿Y sabéis qué? ¡Allí estaba la reencarnación de Jolene! ¿Os acordáis de esa mujer de las que os hablé que perseguía a Linebeck? –habló emocionada ella.
-¿En serio? ¡Qué chulo! ¡En esta dimensión estamos encontrando reencarnaciones de muchos de los habitantes de nuestro antiguo mundo! –comentó su compañera Neri.
-Jo, jo…las guardianas os comportáis como si fuerais niñas, pero es gratificante que sea así. ¡Vuestra amistad lleva intacta desde que nacisteis, hace ya algunos siglos! –habló contento el sabio Siwan- ¿Habéis venido todos, incluyendo a la princesa y las Gerudo?
-¡Cómo si no lo supieras, abuelo! –suspiró-Y Aveil se encargó de anunciar nuestra llegada... pobre Walrus, estaba tan a gusto durmiendo la siesta.
-¿Así se llama esa mujer? Parece ser que a nuestro amigo River se siente intimidado por ella…-sugirió Mascarón Rojo, notando que nadaba por debajo de él- ¿Pero de qué podrá conocerla?
-Ese Zora suele a veces merodear cerca de su fortaleza, les gusta espiarlas. No me extrañaría que hubiese tenido alguna vez un encontronazo con alguna de ellas.-recordó Ciela, haciendo que asintieran sus amigas.
Al poco, apareció el resto del grupo que se reunió con ellos. Las Gerudos se sentían algo descolocadas en aquel lugar, al igual que la princesa, aunque ella y Nabooru habían estado anteriormente allí. Pero para Aveil, todo aquello era una experiencia nueva y no parecía gustarle demasiado.
-Nos agrada que hayáis querido volver a visitarnos. Siempre es un placer acoger a gentes de otros lugares que llegan con buenas intenciones.-saludó el sabio Siwan.
-Pues curioso que lo haya mencionado, porque al parecer vamos a pasar algún tiempo en este sitio. Es increíble lo bien escondida que está esta aldea, aparte de los seres extraños que habitáis aquí.-comentó Nabooru observando a su alrededor- ¿Cómo sobrevive solo un anciano como usted en plena jungla?
-Bueno, no estoy solo. Tengo a estas hadas y demás amigos que nos cuidamos mutuamente, se hace mucho más fácil así.
-¿Y vosotros? ¿Cómo avanza la búsqueda de los instrumentos? ¿Habéis tenido algún problema en el camino? –preguntó Mascarón Rojo, llamando la atención de ambas mujeres.
-¡Diosa! ¿Otro bicho raro que también habla? ¡¿Qué lugar es este?! ¡Un barco que habla! –exclamó repugnada Aveil, que justamente pasaba junto al nombrado.
-No recuerdo que la última vez hablaras… –se interesó Nabooru, acercándose con más serenidad.
-Si vais a convivir con nosotros, debéis conocer y guardar ciertos secretos de esta aldea. Pensé que no sería conveniente hablaros cuando varias de vuestro clan se presentaron de improviso junto a la joven a la que buscábamos y nuestras amigas que habían ido tras otro instrumento. Y como también habíamos sido informados del secuestro de otros de los nuestros por parte de vuestra tribu, era lo más conveniente.
-Ciertamente, es insólito que un ser inanimado por naturaleza pueda cobrar vida.-añadió Zelda, igualmente sorprendida a pesar de que Link le había comentado aquello- Pensar que me buscaban y que al final fueron las Gerudo quienes los encontraron a ellos…
-Sí, una gran casualidad…-murmuró Aveil, que parecía obsesionada con algo, mirando el agua- Hay algo que me pone los pelos de punta en este lugar y no es por los raritos que habitan por aquí…
Le cogió a Zelda su arco y flechas de golpe, disparando al riachuelo repetidas veces. Nadie entendía lo que estaba haciendo y preocupaba además a los que sabían que River estaba escondido allí.
-¡Ya vale! ¡¿Pero qué te pasa?! ¡Estás loca! –emergió aterrado el Zora, saliendo a la orilla- ¡¿A quién se le ocurre disparar flechas al…?!
-¡Ja! ¡Sabía que ese olor a pescado podrido venía de ti! –le agarró bruscamente, sacándolo del agua- ¡Así que aquí era donde vivías, malandrín! Llevaba tiempo preguntándome dónde te escondías, me alegra haber venido…
-¿De qué lo conoces, Aveil? –preguntó Nabooru acercándose con curiosidad.
-En realidad es un malentendido, debe de haberme confundido con algún otro Zo…-trató defenderse asustado, pero no Aveil volvió a zarandearle e impidiéndoselo.
-¡¿Con qué otro Zora, bastardo?! ¡Eres el único cobarde que se atreve a espiarnos ocultándose bajo el agua! ¡Ya me tienes harta! –le recriminó apretándolo con más fuerza por el cuello.
-¿Ha ido varias veces a nuestra fortaleza? ¿Cómo no me lo has contado antes?
-E-eso…-apenas podía respirar- También…podrías…haberles comentado lo de…-intentó que lo soltase como fuese- ¡No puedo respirar!
Aveil lo soltó haciendo que cayese al suelo, respirando con agitación. Momentos más tarde, fue capaz de levantarse y explicarse con mucho miedo en el cuerpo.
-Como iba diciendo, deberías arreglar la entrada de agua que hay en el primer muro. Sé que es para que entre agua y podáis dejar amarrados ahí vuestros barcos.-comenzó a reírse nervioso- ¡La cuestión es que es muy fácil colarse por ahí para alguien como yo! ¡Je, je, je! Podríais poner una rejilla…o algo…
-¡¿Y yo qué te dije?! ¡¿Cuándo se supone que ibas a hacerlo?! –le amenazó de nuevo- ¿Has olvidado ya nuestro trato?
-¡Esperad un momento! ¿De qué estáis hablando? –interrumpió Nabooru al no seguir la conversación- ¡Aveil! ¿Quieres explicarme que está pasando aquí?
-¡Eso, no te cortes! ¡Sabías que algún día lo…! –siguió él incitando una discusión mayor, parecía que no se daba cuenta de la gravedad de la situación
-¡Cierra la boca, paleto! –le gritó obligándolo a callarse- A ver, Nabooru… ¿Por dónde empiezo?
XOXOXOXOXOXOXO
"Recuerdo que fue hace un tiempo, no me acuerdo exactamente cuánto. Lo que sé es que estaba ese día relajándome y pescando con caña a cierta distancia de nuestra fortaleza.
Me estaba aburriendo de no pillar nada, pero de pronto, algo enorme se enganchó en una red que las nuestras habían colocado algo más lejos de donde yo estaba. Dejé lo que estaba haciendo y corrí hacia allí al ver que se movía mucho, destrozando la red. Hice acopio de mis fuerzas para recogerla y arrastrarla junto a todo lo que llevase a la orilla, cosa que costó bastante.
Entonces vi a ese maldito Zora, que había estado robándonos los peces y se había enganchado en ella, pero que su torpeza le llevó a quedar atrapado él también. Tuve que rasgar nuestra red con mis espadas para sacarlo de allí, aunque en ese momento sabía que me lo pagaría caro.
-¡¿Qué se supone que estabas haciendo, eh?! ¿No sabes que este es territorio de las Gerudo? ¡Nadie se atreve a adentrarse por las cercanías del Desierto Yarna! ¡Ni siquiera por mar! ¡Nuestra fortaleza es impenetrable y nuestra flota, invencible! –le grité colocándole una de mis espadas a la altura de su cuello, deseando degollarle- ¿¡Y tú tienes la osadía de robarnos la pesca!?
-¡Je, je! ¿Es que esto era vuestro? ¡Qué gran metedura de pata por mi parte! –sabía que me mentía y luego me entregó el saco donde había estado metido el botín- ¡Siento mucho lo de la red, en serio! No volveré a adentrarme por aquí…
-¿Y tampoco sabrás por qué últimamente apenas hemos pescado por esta zona, verdad? Es curioso, porque este es uno de los mejores caladeros de la isla…-le insinuó conteniéndome mientras miraba lo que había cogido en su inmersión.
-No sé, quizás haya algún monstruo que esté acabando con los peces. Deberíais investigarlo…-trató de disimular, viendo como trataba de volver a meterse en el agua, pero se lo impedí.
-¡Tú eres el ladrón! ¡A mí no me engañas! –lo aparté de ahí con mis espadas- ¡Y desde hace un tiempo para acá he visto en varias ocasiones una sombra extraña en el agua! ¿Eras tú, no?
-¡Está bien! ¡Lo confieso! ¡Yo hice todo eso! –temblaba como un flan ante el filo de mis armas- ¡Tú misma lo has dicho! ¡Este es uno de los mejores caladeros de la isla! Y como tenéis varias redes colocadas por aquí, creí que por coger algunas piezas no ocurriría nada…-murmuró preocupado por su vida- Seré un Zora, pero soy un negado para pescar. ¡Soy la deshonra de mi especie!
-¡A mí no me vengas con tus dramas! ¡¿Entiendes?! –estaba a punto de asesinarlo- ¡Has profanado nuestro territorio, te has atrevido a espiarnos, a robarnos y te has cargado una de nuestras valiosas redes de pesca! ¡¿Crees que te vas a ir de rositas, engendro?!
-¡No, por favor! ¡No me mates! –se tiró a mis pies pidiendo clemencia- ¡Os tejeré una nueva red, no volveré a pescar por esta zona y os construiré una rejilla para que nadie pueda colarse buceando dentro de vuestra fortaleza!
-¿Para que nadie pueda…? ¡¿También te has atrevido a penetrar en nuestra base?! ¡Te voy a despellejar vivo! –eso había sido la gota que colmó el vaso, no sé como no terminé con su vida en ese instante.
Aún no sé por qué dejé posteriormente que se marchara, quizás porque consiguió convencerme endiabladamente. Desde entonces, lleva haciéndome algunos favores como si se tratara de mi esclavo, aunque siguió haciendo lo mismo que hacía antes de que lo pillase.
Ahora, me arrepiento de no habértelo contado antes, Nabooru."
XOXOXOXOXOXOXO
-River… ¿Por eso sabías tanto de las Gerudo? –preguntó Marin algo molesta, ese Zora era de lo que no había.
-¿Y esa era la razón por la que a veces traías contigo productos procedentes de alta mar o de otras zonas de la isla, sin ninguna explicación? –siguió Nabooru, esta vez con Aveil.
-¿Por qué me miras así? ¿Tengo que volver a repetirte lo que sucedió? –se sentía incómoda, pues su compañera parecía sospechar algo que le hacía dibujar en su rostro una ligera sonrisa.
-Aveil, Aveil, Aveil…-repitió acercándose a ella, negando con la cabeza- No hace falta que te expliques, esto lo hace. Ahora comprendo el porqué de su rechazo a los hombres, más allá del ámbito cultura que te precede. Nunca has querido, ni podido francamente, seducido a un hombre para fines puramente reproductivos o en el caso de algunas, por mero placer.
-¿Qué estás insinuando? ¿Dices todo eso porque lo lógico sería que le hubiese rebanado el cuello en aquella ocasión y en las posteriores en las que me lo encontré? –ella misma se puso en evidencia en ese instante, incomodando a la vez al Zora.
-Tú misma te has dado cuenta, eso es bueno.-se estaba vacilando de ella, algo que la molestaba mucho- Estado ciega obligándote a mezclarte con los hombres, cuando desde pequeña mostraste cuál era tu verdadero amor….
-¡No! No serás capaz de…-temía por algo, algún recuerdo de la infancia.
-¡El señor Jabu-Jabu! ¿Aún te acuerdas de él, verdad? –le preguntó como si a su compañera le doliese recordar aquello.
-Je, je…perdonen que me inmiscuya, pero…-interrumpió tímidamente River- ¿De quién están hablando?
Nabooru se alegró de su pregunta, revelándole con detalle todo sobre aquel ser. En el pasado, cuando Aveil era aún una niña, adoptó como mascota un pez de grandes dimensiones al que le dio el nombre de "Señor Jabu-Jabu". Lo mantenían en uno de los acuarios donde su clan guardaba hasta su sacrificio el marisco vivo que capturaban. Ella solía meterse con él en su pecera, por así decirlo, para jugar con él y le tenía un gran cariño. Pero pasados los años, cuando ya era adulta, murió a causa de la edad y supuso un trauma para ella. Y ahí fue cuando el mal carácter de Aveil, comenzó a brotar, según le contó su compañera Nabooru.
-Lo más curioso de esto…-concluyó River tras oír su historia- Jabu-Jabu era también el nombre de una antigua deidad Zora, que vivió hace siglos en un territorio de nuestra raza que se asienta en el reino de Hyrule.
-¿Lo ves? ¡No era casualidad! –Nabooru se sentía muy animada, canturreando- ¡Le gustan los peces! ¡Y ahora se ha buscado un hombre-pez! ¡Vivan los Zoras!
-¡¿Pero qué estás diciendo?! –Aveil no pensaba lo mismo, deteniéndola- ¿Es que has olvidado que estoy contigo?
-¡Oh, querida! No veas lo nuestro como un impedimento para esta nueva relación…-siguió jugando con ella- Sé que tú no eres de esas que podría abandonar el clan por un hombre, pero todas allí estamos de acuerdo en que deberías darle una amiga a mi pequeña Joanne… ¡O amigo! ¡Quién sabe!
-¡Qué obsesión! ¿Por qué estáis empeñadas en que tengo que ser la madre del próximo rey que nazca en la tribu?
-Lo dicen los astros, mi madre es la matriarca y sacerdotisa… ¿Lo recuerdas? –señaló al cielo- ¡Y algo así sólo podría salir de una unión tan extraña!
Nabooru se acercó entonces al Zora, que estaba inmóvil debido al miedo y le habló sin ningún tapujo.
-¿Tú no tendrás inconveniente en acostarte con ella, verdad? –le preguntó sin más, aunque parecía decirlo en broma- Ya sabes, necesitamos al género opuesto de una raza compatible para garantizar la continuidad de la nuestra. ¡Y me nos harías un favor si con ello también le quitases ese mal humor que lleva encima siempre! ¡Yo sería la primera en agradecértelo!
-¡¿Estarás de broma, no?! ¡Yo no quiero acercarme tanto a una Gerudo! –estaba a punto de llorar, parecía un niño pequeño- ¡Y menos a ella! ¡Sois mujeres muy guapas pero también sois mortíferas como las serpientes que habitan por la selva!
XOXOXOXOXOXOXO
-Eh… ¿Seguimos escuchándoles o volvemos a lo nuestro, abuelo? –le preguntó incómoda Ciela, ante el espectáculo que estaban dando.
Todos optaron por dejar a las Gerudo y al Zora con sus propios asuntos, les pondrían al día más tarde.
-¡Ah, casi se me olvidaba! Señor Siwan, sólo nos faltan dos instrumentos para poder invocar al Pez del Viento.-recuperó el tema Marin- Uno se encuentra al norte de los Bosques Misteriosos, que es nuestro próximo objetivo.
-Está bien, pero no olvidéis que muchos se han perdido en ese lugar y no han regresado jamás. Es un auténtico laberinto.-advirtió sereno, aferrándose a su bastón- ¿Y tú, muchacho? ¿Te encuentras con fuerzas para ir en esta misión?
-Seguro que lo está, más porque se ha reencontrado con la joven a la que buscaba.-añadió el barco rojo- ¿Usted es la única heredera al trono de Hyrule, cierto? Es una dinastía legendaria, que según lo que se dice lleva gobernando esa tierra desde sus inicios.
-Me alaga, Mascarón Rojo, pero mi condición no es importante ahora.-respondió Zelda- Tanto el capitán Linebek, como Link y yo acabamos en esta isla por culpa de una entramada conspiración para secuestrarme. El actual soberano de esta isla es uno de los culpables y para derrocarle necesitamos al Pez del Viento, debido a que parece haber adquirido un poder misterioso y potencialmente peligroso. Eso es lo importante ahora, derrotarle y salvar este reino, para poder regresar al mío.
-Demostráis tener vuestras ideas claras al hablarme así, eso me gusta.-asintió la cabeza el navío, mostrándole respeto- Pero de momento, será mejor que descanséis. El viaje desde el Desierto Yarna os habrá agotado y hoy ya no podréis llegar a Mabe antes del anochecer. Necesitáis todas vuestras fuerzas para enfrentaros a este nuevo desafío.
XOXOXOXOXOXOXO
Temprano en la mañana, continuaron su viaje hasta la capital, atravesando la frondosa y extensa selva que les separaba de su destino. Cayendo la tarde, finalmente pisaron la ciudad. Descansarían esa noche en algún hostal y proseguirían al día siguiente. Link, Zelda y Marin iban cubiertos cada por extensa una capa para evitar que les reconocieran los soldados o conocidos de la joven isleña, mientras Ciela también iba escondida entre el manto de Link por su condición de hada. Y las otras dos mujeres disimularon un poco su aspecto y sus formas, para que no las señalaran por pertenecer a la raza de las Gerudo.
Una vez encontraron refugio en una humilde posada, el grupo respiró aliviado.
-¡Ya era hora! ¡No veía el momento de quitarme esa manta de encima! –se quejó Link sentado en una cama y tirando al suelo su cobertura, dado que la humedad y el calor del clima tropical no favorecía a quienes llevasen carga extra.
-¡No te quejes tanto, niñito del continente! ¡Este calor no es nada en esta época del año! –le reprochó Aveil- ¡Suerte que no habéis llamado la atención! ¡Porque con esas pintas y andando en fila, parecíais una secta! ¡Ja, ja, ja!
-Déjalo, Aveil, todo eso pasó. Lo mejor será irnos a dormir hasta mañana, que a saber lo que nos espera en ese maldito lugar.-bostezó Nabooru.
-¿No quieres salir un rato aprovechando que estamos en la capital? –le preguntó Aveil con aparentes ganas de armarla por ahí.
-No, hoy no, tanto ir y venir de un lado a otro no me sienta bien…-bostezó de nuevo su compañera- ¿Y tú qué, chico? ¿No te vas?
-¿Cómo? ¿Por qué yo? –preguntó confundido el muchacho.
-¿No lo captas? ¿O es que estás ciego? ¡Hay dos literas! –señaló Aveil- Aquí solo cabemos nosotras, cuatro mujeres. Y eso sin contar con que dormirán también esa mascota emplumada y el hada.
-¡¿Y entonces donde dormiré yo?! ¡¿En el suelo?! –exclamó indignado.
-¡Ja, ja, ja! ¿No sería mala idea, no crees? No sería el primer comportamiento de perros que te vemos hacer…–comentó Nabooru- Te conseguimos sitio junto a otro inquilino en la habitación más barata de la pasada, al lado del baño masculino.
-¡¿Qué?! –se taponó al momento la nariz, sabiendo que sufriría por su desarrollado don- Sois unas…
-¡Hey! Si quieres voy contigo y así no estás solo.-se ofreció amablemente Ciela, ya que ella no ocupaba espacio.
-No, gracias. Es mejor que no te vean, la gente suele fascinarse por las hadas y si comparto habitación con alguien más, no sería conveniente.-suspiró- Sólo espero ese alguien sea agradable…
XOXOXOXOXOXOXO
Para su desgracia, le había tocado dormir junto a un hombre gordo y que había estado sudando durante el día, quizás fuese un obrero. Llegó al cuarto sobre las once de la noche, completamente borrachoso y sin ducharse. Después de gritarle durante un rato, cayó redondo sobre su cama, roncando como un oso.
Desde entonces, permanecía despierto e inmóvil sobre su cama, aguantando los olores de aquel hombre y del baño que se encontraba justo al lado, además de los ronquidos que producía su compañero.
Para pasar el rato, se situó frente a la única ventana que había allí y se quedó observando el exterior largo rato, aburrido e incapaz de pegar ojo. De pronto, entre las sombras vio escabullirse una pequeña silueta, que gracias a su visión lobuna y su olfato reconoció enseguida. Era Ricardo, el niño enmascarado. Le sorprendió mucho verle allí, ya que debería estar en esos momentos en la aldea perdida, no caminando por las calles de esa ciudad. Supo al instante que estaría tramando algo, por lo que cogió sus armas y abandonó la posada en silencio, dispuesto a seguirlo. No le costó seguir su rastro gracias a sus avanzados sentidos y poco después lo tuvo a escasos metros de él, oculto entre la oscuridad. Continuó manteniendo aquella distancia hasta que salieron de la capital, dirigiéndose al norte. Comprendió que se estaban dirigiendo al mismo lugar al que al día siguiente irían para recuperar otro de los instrumentos, por lo que lo detuvo al momento, antes de entrar al bosque.
-¡Aaaaaa! ¡Por favor, no me haga nada! –se arrodilló al momento, asustado- ¡Sólo soy un niño que se ha perdido!
-Me parece que te queda un poco lejos el lugar de dónde vienes…-contestó irónico- ¡Que soy yo, Link! ¡¿Se puede saber que estás haciendo aquí?!
-¡Ah, eres tú! –suspiró y se levantó, quitándose el polvo- Pensé que sería algún malandrín o un soldado, ya veo que no tenía de qué preocuparme.
-¡Deja de remolonearme! ¡Contesta a mi pregunta, niño!
-Lo que me haya traído hasta aquí no es asunto tuyo…-le respondió provocativo- Anda, déjame tranquilo y vuelve con tu querida princesa a donde quiera que os hayáis hospedado. Yo en cambio, tengo cosas importantes que hacer.
-¿Y pretendes adentrarte en ese bosque sin ningún arma, de noche y con criaturas de todo tipo vagando en él? Por no hablar de que al parecer en esta isla son muchas las personas que se han perdido intentando atravesarlo.
-Eeeh…-pareció replanteárselo- ¡Eso es asunto mío! ¡No necesito que nadie me ayude!
-¿Y no te preocupa lo que te ocurra? Seguro que Marin se pondría muy triste si llegase a pasarte algo.
-¡¿Y-y a ti eso que más te da?! ¡Yo no te caigo bien y tú a mí tampoco! ¡Así que déjame en paz! –y salió corriendo, aunque no tardó en alcanzarle Link.
-Puede ser, pero no dejaré que vayas solo.-le agarró del hombro, tratando de explicárselo- Si has venido hasta aquí, será por un asunto muy importante. ¿Cierto?
-Bueno…-dudó en responderle- Sí, lo es, al menos para mí. ¿Es que acaso pretendes ayudarme?
-Tal vez, aunque sinceramente preferiría llevarte a hombros hasta donde estamos todo el grupo alojados y contarles lo que pretendías hacer… ¿Te parece mejor esa idea?
-¡Vale, de acuerdo! ¡Pero harás lo que yo te diga! ¿Entendido? –le habló con un tono demasiado caprichoso y autoritario para su situación.
-No te emociones, recuerda que estoy a tiempo de hacer lo que te acabo de decir…-le recordó molesto con sus exigencias.
-Está bien…-suspiró vencido- Entonces sígueme, no debe estar demasiado lejos.
-Pero… ¿A dónde vamos exactamente? –le preguntó mientas iba tras él.
-A la guarida de los Moblins.-contestó con total naturalidad, sin aminorar el paso.
-¡¿A la qué?! –gritó alarmado- ¡¿Estás loco?! ¡¿Qué se supone que se te ha perdido en un lugar así?!
-Mi regalo de compromiso…-murmuró sin darse cuenta.
-¿Tu qué? –ahora él estaba aún más confundido, si cabe.
-¿Eh? ¡Olvídalo! ¡Ha-ha sido un lapsus! –aceleró la marcha entre la vegetación- ¡Tú sólo cállate y sigue caminando!
Tras lo que parecieron ser algunas horas, Link comenzó a temer que se hubieran perdido, pero poco más tarde vieron que comenzaba a abrirse la vegetación, llegando recóndita zona en los límites del bosque. Captó entonces el olor de monstruos en los alrededores y acabó viendo a uno de ellos montando guardia a lo lejos, en lo que parecía ser la entrada a su guarida.
-No veo absolutamente nada…-comentó por lo bajo el niño, escondido en unos arbustos- ¿Tú sientes algo?
-Sí, veo a lo que parece ser un Moblin a lo lejos, en la entrada a una cueva. Y si no me equivoco, creo que no deben de haber más de diez de ellos en los alrededores o dentro de esa guarida.
-¿Me estás tomando el pelo? ¿Realmente puedes ver con esta oscuridad o saber esas cosas? Al final me vas a resultar útil y todo…
-No te pases, niño, no vaya a sirva como desayuno a esas criaturas…-comentó reprimiendo su enfado- ¿Y ahora qué? ¿Vas a decirme que buscamos exactamente?
-Una máscara con la forma de un sol, es lo único que quiero.
-¿Una máscara? ¿En serio? ¿Vas a ponerte en peligro por una cosa así? –trataba de mantener el tono de voz bajo y no alarmarse.
-No me importa si no comprendes el significado que tiene para mí ese objeto, pero haré lo que sea por recuperarlo. Y si no quieres venir, allá tú, has venido hasta aquí porque te ha dado la gana no porque te lo haya pedido.
-No he dicho que no vaya a ayudarte, sólo que todavía estoy asimilándolo…-lo meditó unos segundos- ¿De verdad es tan importante para ti? ¿Y cuándo se supone que te robaron aquel preciado tesoro?
-Eso no importa ahora, debemos quitárselo antes de que se haga de día, para que a esas bestias no se percaten de nuestra presencia.
-Por una vez estoy de acuerdo contigo, debemos aprovechar ahora que la mayoría de ellos está durmiendo.
Fueron acercándose al lugar sigilosamente y arropados por la densa vegetación hasta que estuvieron lo suficientemente cerca como para que hasta Ricardo pudiera ver al guardia somnoliento que custodiaba la entrada.
-Je, je…qué tonto…-se rió por lo bajo el niño enmascarado- Está prácticamente dormido, menudo guardia.
-Cierra el pico, aprovechemos para entrar y buscar esa maldita cosa. Espero que los demás también estén durmiendo y no tengamos que entablar combate.
Con gran cautela y resguardándose tras la oscuridad, avanzaron por la guarida tratando de no despertar a alguno y evadiendo los focos de luz. No era muy grande, por lo que pudieron comprobar con la vista una a una todas las salas que lo componían, sin éxito. Llegando a la última y más alejada, se encontraron con un enorme Moblin durmiendo a pierna suelta, probablemente sería su jefe. Cuando apenas le quedaban esperanzas al muchacho, vio amontonada entre otros tesoros a su preciada máscara. Rápidamente, en un impulso, salió a por ella, olvidándose de la cautela por unos lamentables segundos. Y en cuanto la tuvo en sus manos, el líder de aquellos monstruos despertó y se percató de la presencia del muchacho, reaccionando enfurecido.
Link tuvo que intervenir para que el niño no fuera atravesado por su gran lanza, cuyo sonido metálico al chocar contra la espada de Link y el alboroto ocasionado despertó al resto. Sin embargo, sus secuaces permanecieron al margen mientras veían a su jefe arrinconaba a los intrusos . Link bloqueaba como podía sus golpes, mientras el niño trataba de ponerse a salvo de la pelea y de los otros Moblin que bloqueaban su salida. Su jefe, enfurecido por la resistencia del joven, cargó contra él y su acompañante con toda su fuerza, esquivándolo estos justo a tiempo y chocando este contra la pared. Eso sólo lo enfureció más y Link vio entonces la oportunidad de escapar. Él y Ricardo se situaron frente a los demás Moblin, a unos prudentes metros de ellos y sus armas. Cuando el líder volvió a empuñar su lanza y cargo contra ellos, no se dio cuenta que detrás de ellos estaban sus compañeros y se los llevó por delante cuando Link y el niño volvieron a evadirlo, dejando el camino libre para ellos. Con prácticamente toda la tropa noqueada o en el suelo, se apresuraron a salir de la cueva. Aunque sólo les sirvió para encontrarse de bruces con el guardia y ser además acorralados por su líder, que no se daba por vencido tan fácilmente.
Link trató de hacer retroceder al guardián lo suficiente para que Ricardo pudiese escapar, quedándose él solo contra aquellas grandes moles de músculo y fuerza bruta. Le era agotador mantener a raya a tan poderosos enemigos, sabiendo que tras estos llegarían para relevarles los otros miembros de su cuadrilla, si en un casual lograba derrotarles. Se llevó una grata sorpresa cuando observó que Ricardo no le había abandonado y le estaba lanzando piedras a la cabeza del guardián para enojarlo y así dejar que él escapara. Su táctica funcionó y el guardia fue directo a por el niño, que salió huyendo. Con el jefe de los Moblin aún pisándole los talones, corrió a por el que perseguía a Ricardo y le asestó un poderoso tajo en la espalda, seguido de una estocada en el vientre en cuanto este se giró hacia él. Su piel era gruesa y resistente, como sus músculos duros como la roca, por lo que el monstruo pudo seguir peleando a pesar de aquellas heridas. Alternando combate entre este y su líder, pronto vio como al resto se le acababa la paciencia y fueron a por él y el chico. La situación era crítica y sabía que no podrían huir si no acababa antes con ellos. Haciendo un gran acopio de fuerzas y de astucia, logró que su líder tumbara al guardia esquivando uno de sus golpes, aprovechando para darle al caído el Golpe de Gracia en todo el pecho, acabando con su vida.
Furioso por la muerte de su compañero, se abalanzó sobre él con toda su fuerza, logrando derribarle y dejándolo durante unos instantes aturdido. A penas le dio tiempo para esquivar la punta de su afilada lanza, que sólo le rasgó la túnica y le causó una herida en su brazo izquierdo. Volvió a levantarse y plantó cara al jefe y al resto de sus secuaces que se había reagrupado alrededor de él. Centrándose en acabar con su líder y evadir al resto con su Gran Ataque Circular, causándoles gran daño, finalmente consiguió alcanzarle la cabeza, cuello y parte del torso a su líder con el Mandoble Volador, dejando en el suelo a merced de su espada y su Golpe de Gracia. Con él vencido, los demás que quedaban, con heridas de mayor o menor gravedad, dudaron en enfrentarse a él después de haber vencido a su líder. Afortunadamente para Link, optaron por la retirada y salieron despavoridos huyendo de él.
Cansado y con algunas heridas de poca gravedad, caminó lentamente hasta donde estaba escondido el muchacho, que había estado presenciando el combate atónito con lo que veían sus ojos.
-¿Qué? ¿Nos vamos ya? –le preguntó tratando de esbozar una sonrisa, notándosele agotado por la lucha y la falta de sueño- Deberíamos darnos prisa, no creo que quede mucho para que amanezca. Y no creo que a ellas les agrade tener que buscarme… ¿No crees?
El niño no dijo nada, simplemente se limitó a caminar tras Link de regreso a la ciudad, aferrado a su preciada máscara. Continuaron avanzando en silencio, mientras el sol comenzaba a salir y se elevaba cada vez más. Sólo una vez llegaron a las afueras de la capital, casi a mediodía, el chico se dignó a hablar.
-Eh…muchas gracias, Link.-le dijo finalmente- No sólo me has ayudado a recuperar mi tesoro sino que además me has salvado la vida, te estoy muy agradecido y en deuda contigo.
-No me las des, chaval. No iba a dejar que un niño corriera tales peligros él solo…-habló agotado, quejándose por el corte en su brazo predilecto.
-¡No, es la verdad! –difirió él- ¡Hasta este día no te había tomado en serio en ningún momento! ¡Para mí no eras más que un inepto al que le habían proporcionado una espada y un escudo! –se arrodilló en el suelo, pegando la cabeza a él- ¡Te pido que me perdones! ¡He sido un idiota que no merece lo que has hecho por él!
-¡Ey! ¡Tampoco es para tanto! –se rió un poco por su actitud- Por lo menos me alegra saber que ahora me respetarás un poco. ¡Sinceramente, estaba cansado de nuestras riñas! ¡Quién debería estar avergonzado soy yo, por ponerme a la altura de niño tan pequeño!
-No, quien debería estarlo soy yo…-murmuró por lo bajo- Se supone que me educaron para…
-¿Eh? ¿Qué estás diciendo? –preguntó al oírle hablar con la cabeza aún en el suelo- ¡Levántate! ¡Me resulta incómodo ver a alguien haciendo eso!
-Es verdad, qué torpe…-se sacudió el polvo y se acomodó la careta de mapache- En fin, es mejor que me vaya. ¡Y ya lo sabes! Algún día te devolveré este gran favor que me has hecho y que le estás haciendo a mi… ¡Quiero decir, al reino de Koholint!
-¿Estás seguro de querer irte ya? ¿Podrás volver sin meterte en problemas?
-¡Por supuesto! ¡Si pude venir hasta aquí, regresar será como un juego de niños! –contestó orgullo- Vaya, que ironía con la frasecita…
-¡Sí, de eso estoy seguro! Me sorprende todavía más que no nos perdiésemos cuando atravesamos ese bosque en plena noche... ¿Cómo conseguiste guiarnos?
-Bueno…-no sabía qué decirle- Me conozco este lugar como al palma de la mano; estudié un mapa antes de adentrarme en él; pregunté a un par de lugareños; seguí las señales del bosque y las criaturas que lo habitan; y sobre todo… ¡En esta época no abundan los llamados "duendes del bosque"!
-¿Y quiénes son esos duendes?
-No son exactamente eso, en realidad son una amplia variedad de criaturas que confunden a todo el que ose entrar al bosque. Puede ser desde un feroz monstruo hasta el más inofensivo de los animales. Se cree que es el propio bosque quien, usando una energía misteriosa y valiéndose de estos aliados, trata de protegerse a sí mismo en determinadas épocas del año para que las personas no irrumpan en su territorio con la intención de talar sus árboles o interrumpir el ciclo reproductivo de diversas plantas.
-Vaya…sabes bastantes cosas a tu edad, chaval.-alagó al muchacho- Tú inteligencia me recuerda a la de Zelda.
-Je, je…no es para tanto…-no quería vanagloriarse- La verdad es que es fácil aprender con tantos…
-¡Link! ¡Por fin te encontramos! –gritó una voz reconocible a lo lejos- ¡Venid todas! ¡Está ahí parado hablando con alguien!
-¡Oh, mierda! –el niño se alarmó al instante, tratando de esconder la máscara- ¡Es Marin! ¡Será mejor que me vaya enseguida! ¡Recuerda que tú no me has visto! ¿Vale?
-¡Alto ahí, Ricardo! ¿Te crees que no te había visto? –le replicó la joven, oculta tras una capa, que se había acercado al lugar lo más rápido que pudo- ¿Qué se supone que haces aquí?
-¿Yo? Je, je…-trataba de esconder como podía aquella máscara- ¡Haciendo turismo! ¿Qué te parece?
-Vaya, vaya…-murmuró Nabooru en cuanto llegó junto a las otras- Así que este enano también estaba metido en el asunto…-se dirigió a Link- ¡Ey, tú! ¿Qué se supone que has estado haciendo esta noche?
-¡Link! ¿Qué son estas magulladuras? –le preguntó preocupada Zelda al verle, mientras le colocaba su manto para evitar que les reconocieran- ¿En dónde te las has hecho?
-Peleando contra unos Moblins…-le contestó mientras ella lo inspeccionaba- ¡Auch! ¡Cuidado! ¡No me toques ese brazo! ¡Aún me duele!
-¡¿Estás loco?! ¿Atravesaste el Bosque Misterioso en plena noche? –replicó Ciela desde dentro del capote de Zelda- ¡¿Y por qué hiciste algo así?!
-¡No le echéis la culpa! ¡Lo hizo para ayudarme! –le defendió el muchacho.
-¡Ja! ¡Te lo dije, Aveil! ¡Menuda mal pensada estás hecha! –exclamó de pronto Nabooru- ¡Suelta esas rupias ahora!
-¡Oh, maldita sea! ¡Este "angelito" me va a dejar en la ruina! –se quejó su compañera mientras le daba el dinero.
-¿De qué están hablando? –le preguntó Link a la princesa.
-Tonterías suyas…-le contestó mientras trataba de aliviarle un poco con su magia- Apostaron sobre el motivo por el que no estabas en tu habitación esta mañana. Aveil insistió en que te habías ido a la casa de alguna doncella para cortejarla, mientras Nabooru apostó a que sería cualquier cosa menos eso.
-Vaya, qué confianzas las suyas…-comentó un tanto molesto- ¿Y tú que pensabas?
-¿Realmente tengo que contestar a eso? –le preguntó como algo obvio, haciendo que se callase sintiéndose un poco mal por haber sospechado de ella.
-¡¿Vas a decirme de una vez la verdad, Ricardo?! –le gritó nuevamente Marin, que había estado discutiendo con él mientras tanto- ¡¿Y qué es eso que escondes ahí con tanto esmero?!
-Eh…y-yo…-estaba temblando, no quería darle aquello por nada del mundo.
-¡¿Por qué pusiste tu vida y la de Link en peligro anoche?! ¡¿Eh?! –estaba realmente furiosa- ¡¿Cómo se te ocurre ir a un sitio tan peligroso?! ¡¿Y con qué motivo?! ¡Será mejor que confieses antes de que…!
-¡Vale! ¡Tómala! ¡Ya no lo aguanto más! –y se abalanzó sobre ella de repente, entregándole aquella máscara.
Marin se quedó atónita observando aquel objeto. Era una máscara en forma de sol, que parecía recordad a la perfección.
-E-esto…-no sabía que decir- ¿De dónde lo has sacado?
-Lo tenían aquellos Moblin, que me la había robado hace algún tiempo…-confesó entristecido, como si temiese revelarle algo más.
-Pero…esto estaba en el castillo, se supone que debería haberse destruido o perdido para siempre cuando Onkled se reveló.-le miró fijamente- ¿Cómo es que lo tenías tú?
-Porque cuando huí del castillo, fue lo único que conseguí llevarme junto con lo puesto…-soltó casi en un suspiro, elevando el suspense.
-¿Cuándo huiste del castillo? –en ese momento, su mente se iluminó- Espera, es imposible que…
Entonces, el niño comenzó a quitarse la careta de mapache que había ocultado su rostro todo ese tiempo. Y en cuanto vio aquel rostro juvenil, lo reconoció enseguida.
-¡Richard! ¡E-eres tú! ¡¿Pero cómo es posible?! –estaba al borde de las lágrimas- ¡Tienes la misma cara que cuando éramos niños!
-Por eso la mantuve oculta, porque sabía que me reconocerías al momento.-le explicó arrepentido- Y tampoco es que el nombre que me inventé difiriera demasiado del mío, creo que ya tenías tus propias sospechas. Nunca he sido bueno con los…
Antes de que acabase, Marin lo abrazó y comenzó a llorar de la emoción, haciéndole sentir aún peor por haber mantenido aquel secreto. Mientras, el resto seguía sin entender demasiado lo que estaba ocurriendo, ajenos al resto de personas que pasaban por allí ignorándolos.
-Esto es muy raro…-comentó Ciela- ¿Y cómo pudo transformarse en niño?
-Sí, es realmente un misterio…-le siguió Zelda, hablándole luego a Link- Menuda noche habrás tenido, seguramente no habrás podido dormir nada.
-Tampoco es que pudiera haberlo hecho de todos modos…-le respondió apoyando su cabeza contra la suya, cansado- Mi compañero de habitación no incitaba demasiado al sueño con su ronquidos y su poco gusto por la higiene personal, además de tratarse de un borracho.
Ella simplemente se rió, mientras las dos mujeres Gerudo seguían todavía dándole vueltas al asunto y Marin seguía manteniendo su agarre.
-¿Cómo acabaste en este estado, Richard? N-no lo comprendo…-le preguntó aún con los nervios a flor de piel.
-¡Eso! Tu historia es un tanto increíble, ¿No crees? –añadió Nabooru, que seguía desconfiando del asunto- ¿Cómo acaba un adulto regresando a su etapa infantil?
-Pues yo tampoco lo sé, lo último que vi antes de transformarme en esto fue a un monstruo…-recordó con pavor.
-¿Un monstruo? –preguntaron al unísono.
-Sí, no puedo describirlo, porque apenas pude verlo. Se encontraba en el castillo cuando nos atacaron y parecía alguien lo había traído hasta allí con la intención de esconderlo. Esa criatura me sorprendió cuando trataba de huir de quienes pretendían asesinarme y me hizo esto. Logré escapar como pude de allí irónicamente gracias a este cuerpo, puesto que nadie me reconoció. Y no fue hasta que estuve a salvo cuando me percaté de mi transformación.
-¡Link! ¡Entonces era eso! ¡El sonido monstruoso que venía de la puerta que daba a lo más profundo del castillo debía ser esa cosa! –exclamó Cielo, acordándose de lo sucedido cuando trataron de rescatar a Zelda.
-¿Eh? ¿De qué me hablas? Yo no me acuerdo de nada…
-¡Link! ¡¿Cómo puedes haberte olvidado de algo así?! ¡Y además tan reciente! –le regañó el hada desde su escondida posición- ¡Eres de lo que no hay!
-Así que en esta absurda historia también tenemos a un monstruo envuelto en el misterio…-meditó Nabooru- ¿Qué te parece, Aveil?
-¡Pues que no correrá mejor suerte que el resto de las bestias a la que hemos vencido! ¡Uno más no significará nada! –opinó ella con gran altanería y dispuesta a hacer pedazos cualquier cosas que se le pusiera por delante.
-Y una última cosa, Richard…-Marin seguía con la conversación- No quiero saber cómo te la robaron, pero sí me interesa una cosa… ¿Por qué tanto interés en recuperarla?
-Bueno…-por primera vez, pudieron ver su verdadera cara ruborizada- ¡Eso no importa! ¡Quizás te lo cuente más adelante! Lo importante ahora es ir a por ese instrumento. ¿No?
-¡Por fin! ¡Ya hemos perdido mucho tiempo! –exclamó al cielo Aveil- ¡Movámonos de una vez si no queremos que la noche se nos eche encima mientras atravesamos ese maldito bosque!
-Ag…-a Link no le parecía tan buena idea- Otra vez a ese sitio…con lo cansado que estoy.
XOXOXOXOXOXOXO
De vuelta al bosque, siguieron el mismo camino que con anterioridad habían cogido Link y Richard hacia la guarida de los Moblin, sólo que desviándose un poco más al noroeste, cerca de los Altos Tal-Tal.
-Entonces cuándo te encontramos en aquel templo… -Marin seguía hablando con él mientras caminaban hacia su siguiente destino- ¿Buscabas los Instrumentos de las Sirenas para poder invocar al Pez del Viento y pedirle que te devolviese tu cuerpo adulto?
-Exacto, aunque nunca me esperé encontrarme contigo. Aunque ahora me alegro por ello, así pude quitarme un problema de la cabeza.
-¿Estabas preocupado por mí?
-¡Por supuesto! –le ofendió la duda- ¡Desde del ataque al castillo pensé que podrían haber hecho cualquier cosa! ¡Tú me importas muchísimo!
-Ah…-ella se ruborizó un poco y trató de cambiar de tema- ¿Y de dónde te salió la idea de esconder tu rostro bajo una careta?
-Bueno…-no le gustaba admitirlo- Me daba vergüenza verme como un niño, así que le robé a un tendero esta careta de mapache, que me llamó la atención porque tu padre siempre se disfrazaba de ese animal durante el carnaval.
-Sí, mi padre…-suspiró entristecida, pero de pronto le vino algo a la cabeza- ¡Acabo de caer en una cosa! ¡El comportamiento que has demostrado desde que te encontré ha sido muy infantil! ¿Desde cuándo eres así? No conocía esa faceta tuya…
-E-eh… ¡Estaba actuando! ¡Sólo me metía en mi papel! –trató de defenderse en vano- ¡Sigo siendo el mismo apuesto y educado príncipe de siempre!
-Ji, ji… ¿Apuesto? Me parece que con ese cuerpecillo sólo le resultarías atractivo a una niña de ocho años.-se burló de él- ¿Y educado? Pues no lo aparentas, me pareces que te has metido demasiado en tu papel. Sólo hay que ver cómo has tratado al pobre Link desde que os conocisteis.
-¡¿Qué?! Una niña de ocho años…–se sintió defraudado con sus palabras- ¡Y lo otro no es verdad! Bueno… ¡Tal vez en parte sí! ¡Pero todo eso ha cambiado! ¿Verdad, tío?
-A mí no me metas más en tus problemas, por hoy ha sido más que suficiente…-respondió cansado mientras ignoraba al príncipe proscrito.
Mientras aquellos dos conversaban, el grupo siguió avanzando por la espesa vegetación hasta que finalmente vieron la entrada a la Gruta Botella.
-Esa debe ser la entrada.-señaló Zelda- Ahora nos toca lo que probablemente sea la parte más difícil… ¿Vienes, Link?
Mientras todos los demás la siguieron, Link se quedó unos pasos por detrás. El hada se dio cuenta de ello y voló hacia él disimuladamente.
-¿Qué te pasa, Link? ¿Hay algún problema?
-Eh…-señaló a la princesa- ¿Puedes recordarme cómo se llamaba?
-¡¿Qué?! –gritó de asombro, pero enseguida se moderó y miró a los lados para asegurarse de que nadie les oía- ¿Cómo puedes haberte olvidado de ella? ¡Es Zelda! ¡La princesa de Hyrule y tu amada! ¿De verdad no te acuerdas?
-¡Vale, lo siento! ¡Ha sido sólo un instante! –trató de excusarse- ¡Claro que me acuerdo de ella! ¿Por quién me tomas?
-Ay, Link…-ella estaba realmente preocupada- Primero lo del monstruo y ahora esto. El proceso se está acelerando, quizás sea por la proximidad a esta mazmorra. Quizás no deberías haber venido…
-¡Mentira! ¡Puedo ser de gran ayuda incluso en mi estado! –aceleró nuevamente la marcha, enojado, dirigiéndose con el resto del grupo. Ciela le siguió, sin quitarse aquella preocupación de encima.
En cuanto entraron a la mazmorra, en la primera sala, Marin vio algunos pebeteros en los que podía echar sus Polvos Mágicos para iluminar mejor la estancia, sorprendiéndose cuando una puerta a la derecha se desbloqueó. Entraron y al momento esta se cerró, apareciendo en ese momento de los restos óseos esparcidos por la habitación unos cuantos Stalfos. Todos se enfrentaron con valentía a los esqueletos, incluyendo Richard que ayudaba con los proyectiles a Marin. No tardaron demasiado en despacharlos y al momento cayó una llave pequeña del techo.
"¡Inútiles! ¡Menuda pérdida de tiempo! ¡Con esta clase de enemigos uno se acaba aburriendo! Espero que más adelante la cosa se ponga interesante…"
Link miró a su alrededor buscando el origen de esa voz, pero no encontró nada.
-¿Te ocurre algo, Link? –le preguntó Zelda viéndolo confundido.
-¿No has oído algo? ¿Una voz tal vez?
-¿De qué estás hablando? Nadie ha hablado, a lo mejor te has confundido con los gruñidos de los Stalfos.
-Sí… ¡Debe ser eso! ¡Je, je! –trató de disimular- Será el cansancio, mejor acabemos cuanto antes y así podré dormir como es debido.
Zelda le miró extraña por un momento y después continuó hacia la siguiente puerta que se abrió gracias a la llave que habían obtenido.
-Será mejor que no hagas demasiados esfuerzos, no quiero que te ocurra nada. ¿Entendido?
"Sí, sí…tú disimula. No es tan estúpida como para creer en una patraña así, llevas algún tiempo causándole ciertas sospechas. Te sugiero que aprendas de una vez a mentir mejor, chaval."
-¡Cállate! –le gritó furioso a aquella voz que retumbaba en su cabeza.
-¿Eh? ¡Link! ¡No pagues tus malos humores conmigo! –le recriminó Zelda, creyendo que esa orden iba para ella- ¡No seas tan terco y hazme caso!
"Je, je… ¡Ups! ¡La liaste, chavalín! Deberías también aprender a cerrar la boca cuando es debido o parecerás un loco."
Link se mordió los labios y continuó andando ignorando los comentarios de aquella voz. Pasaron por algunas salas más, en las que se encontraron con algunos enemigos menores, como Keese o Zol. Encendiendo algunos pebeteros y pulsando algunos interruptores, llegaron a una sala a oscuras en la que apenas había un estrecho camino pegado a una pared, siendo el único camino por el que podían ir. Debían tener muchísimo cuidado al caminar por ahí, debido a que un solo paso en falso les haría caer al foso. Link iba en cabeza y de él dependía el resto, pero aquella voz seguía sin dejarle en paz.
"Suerte que conservas tus sentidos lobunos, porque con esta oscuridad no hay quien vea nada. Y por cierto, más adelante no hay camino por el que podáis salir…"
-¡¿Cómo?! –se frenó en seco al oír eso, haciendo que todos parasen bruscamente.
-¡Ey! ¡¿Eres idiota o qué?! ¡Avisa antes de detenerte! –le gritó Aveil desde el otro lado de la fila.
-¿Se puede saber en qué pensabas, Link? –le reprochó la princesa, que se encontraba a su lado.
"¡¿Pero tú eres imbécil o qué?! ¡¿Es que quieres suicidarte junto con los demás, retrasado?! Llegando al final tienes que golpear con fuerza la pared para que esta gire y os lleve a la siguiente sala. Eso sí, os tendréis que agarrar bien si no os queréis caer al vacío antes de que esta dé una vuelta completa."
Link continuó avanzando hasta que, como había dicho la voz, llegaron a un callejón sin salida.
-¡Estupendo! ¿Y ahora? –se quejó Aveil- ¡Hemos hecho todo este tortuoso camino para nada! ¡Espero que ninguno se caiga en el camino de vuelta!
-¡Esperad! Creo que esta pared tiene algún truco.-les comentó Link disimulando sobre el tema.
-¿Tú crees? ¿En qué habías pensado? –le preguntó Ciela, que hasta el momento le había servido como fuente de luz.
-Tal vez golpeando esta pared pase algo…-se preparó para darle- Mejor agarraos por si ocurre algo.
Justo como había dicho la voz, al golpearla esta giró y terminaron en otra sala completamente distinta.
-¿Has hecho esto antes, verdad? –le preguntó Richard.
-Bueno, podría decirse que…
No pudo terminar, porque en ese momento vieron a un monstruo levantarse del suelo, después de lo que parecía haber sido un largo sueño. Tenía el aspecto de un cíclope, con su único ojo abriéndose hasta que mantuvo contacto visual con el grupo. Al verlos, se enfureció y cargó contra ellos.
Ellos le esquivaron como pudieron, pero les causó gran alarma cuando arrojó una bomba que tenía guardada en un saco atado a la cintura. La explosión no fue grande, pero sí lo suficiente para haber causado daños considerables de haber estado más cerca. La onda expansiva dejó atontados por un momento a Marin y Richard, lo más cercanos al área de la explosión. Antes de que el monstruo les hiciera nada, Link le atacó por la espalda tratando de atraer su atención. Mientras él se batía en duelo con él, Aveil aprovechó para robarle tras mucho esfuerzo aquella bolsa cuyo contenido podría hacerles volar por los aires. La criatura, al darse cuenta de eso, entró en cólera y agarró a Link, levantándolo sobre su cabeza. Zelda actuó de inmediato asestándole una flecha en su único ojo, haciendo que se retorciera de dolor. En el acto, acabó lanzado a Link al centro de la sala y siguió pataleando a ciegas hasta que casi pisa a Link. Y en ese momento, oyeron crujir el suelo bajo sus pies.
-¡Cuidado, Link! ¡El suelo de la sala es antiguo y de aspecto frágil! –le avisó Ciela alarmada- ¡Y el peso de ese grandullón podría…!
Y lo peor ocurrió. Debido al mal estado de la habitación, la explosión y el revuelo del combate; el suelo del centro de la habitación cedió, cayendo con él Link y el monstruo. Un gran estruendo hizo retumbar las paredes y una espesa polvareda se levantó. Todos se acercaron al hoyo realmente preocupados, especialmente Zelda.
-¡Link! ¿Me oyes? ¡Responde! –suplicó ella, golpeando el suelo impotente- No… ¡No es posible!
-Espera, iré con Niram a ver lo que se cuece ahí abajo.-se ofreció el hada- A lo mejor sólo está inconsciente…
Ella y la gaviota descendieron por el oscuro foso hasta llegar a donde habían quedado todos los escombros. Gracias a la luz que desprendía el cuerpo de Cielo, buscaron alguna señal de vida entre todo aquel desastre.
-¡Aaaah! ¡Es el monstruo! –gritó aterrada Cielo, ahuyentado a la gaviota, que voló de vuelta con su dueña- ¿Eh? No se mueve… ¡Viva! ¡Está muerto! Eso significa qué… ¡Por el Rey del Mar!
-¿Ciela? ¿Qué ocurre allá abajo? –le preguntó Marin al oír tanto alboroto y mientras calmaba a su mascota.
El hada siguió buscando exhaustivamente, con el temor de que Link no hubiera sobrevivido. Y de pronto, casi arrastrándose entre los escombros pero con vida, apareció Link de la nada.
-¿Link? ¡Sí, eres tú! ¡Qué alegría me da que estés bien! –revoloteó alegre a su alrededor- ¡Me encontré con esa bestia muerta y pensé que a ti te había pasado lo mismo! ¿Cómo lograste sobrevivir?
-Eh, pues…no lo sé.-confesó sincero- Me desperté sobre todo esto sin apenas rasguños, yo tampoco me lo explico.
-¡Ciela! ¿Lo has encontrado? –preguntó Zelda aguardando una respuesta positiva.
-¿Eh? ¿Eres tú, Zelda? –respondió Link al oírla- ¡Sí, estoy con ella! ¡Y me encuentro perfectamente!
-¡Es cierto! ¡Ha tenido mucha suerte esta vez! –añadió el hada inmensamente feliz.
-Eso me deja mucho más tranquila, me temí lo peor…-respiró aliviada- ¿Pero cómo vas a subir?
-Pues…-miró a su alrededor y observó que podía seguir avanzando por ese lugar- Creo que podré arreglármelas para subir a vuestro piso si avanzo por este en busca de una escalera o algo parecido.
-¡No os preocupéis! ¡Yo iré con él y le alumbraré el camino! –se unió el hada- ¡Vosotros seguid y encontrad el instrumento!
A pesar de que a la princesa no le agradaba tal idea, no le quedaba otra opción que proseguir sin él. Y nada más poner un pie la siguiente sala, un gran cofre les aguardaba con la Llave Pesadilla, que les abriría la cámara del jefe. Siguieron avanzando por una par de salas más, que les condujeron a unas escaleras descendentes. Quizás allí podrían encontrarse con Link. Sin embargo, les llevó a una plataforma que continuó bajando como un ascensor, dejándoles enfrente de una gran puerta.
-Es aquí…-murmuró Zelda con la llave en las manos, decepcionada de no haberse encontrado a Link- Espero que logremos encontrarle más tarde, una vez tengamos el tesoro en nuestras mano.
XOXOXOXOXOXOXO
Mientras tanto, en otro lugar de la mazmorra…
Link seguía buscando alguna forma de subir a los pisos superiores, acompañado únicamente de Ciela, que alumbraba su camino a través de las sombras.
"Si no llega a ser por mí, hubiéramos muerto. Menudo despojo estás hecho, no sirves para nada."
-Cállate…-murmuró por lo bajo, esperando que el hada no le oyera.
"¡Me tienes harto! Cállate, cállate, cállate… ¿Es lo único que sabes decir? ¡No toleraré ni un minuto más esas faltas de respeto! ¡Ya es hora de que yo tome el control!"
Un fuerte dolor recorrió su cuerpo, haciendo que se arrodillase sobre el suelo. Se agarró la cabeza sintiendo que estaba a punto de estallarle y gritando como un poseso.
-¡Link! ¡¿Qué te ocurre?! ¿Te duele mucho? –le preguntó Ciela, sin saber qué hacer.
Una mala sensación recorrió el pequeño cuerpo del hada, al sentir como las tinieblas se arremolinaban alrededor de su amigo.
-¡Vete, Ciela! ¡Lárgate de una vez! –consiguió decirle en medio de su trance.
-¡No puedo! ¡No dejaré que la oscuridad te corrompa! –se negó tratando de acercarse a él como podía, hasta que una onda de poder maligna la alejó de él.
XOXOXOXOXOXOXO
Zelda se había quedado sola en la batalla, puesto que sus compañeros habían sido alcanzados por los hechizos paralizantes del ente al que se enfrentaban. Era una Pesadilla, que había adoptado la forma de un poderoso hechicero.
Por alguna extraña razón, le causaba gran incomodidad pelear contra él, creía recordarle a alguien. Y su patrón de ataque era igualmente desconcertante, como si quiera enfrentarse únicamente a ella. Continuó lanzándole sus conjuros contra ella, que repelió con los suyos propios. La confrontación se alargó y Zelda empezó a sentir el cansancio de utilizar repetidas veces su magia. Esa debilidad fue aprovechada por la Pesadilla y consiguió derribarla con uno de sus hechizos. Ya en el suelo, se preparó para lanzarle un último golpe que la noquearía definitivamente.
Pero antes de que aquella energía impactase contra su cuerpo, algo le devolvió su propio hechizo contra él, recibiendo después un veloz y mortal tajo que acabó con su existencia. Y con su muerto, el efecto paralizante de sus hechizos sobre los demás desapareció.
Debido a la velocidad con la que había sucedido todo, nadie vio al autor de aquella proeza hasta que lo vieron en el altar donde se encontraba el objeto que buscaban, el Cuerno de Caracola, sujetándolo orgulloso. Aquella figura provocaba conmoción en todos…
-¿Qué ocurre, Zelda? ¿No estás contenta de que te haya quitado de en medio a ese despreciable insecto?-le habló con una voz profunda y grave, mostrándose agradable.
Era Link, o más bien, un sujeto que se le parecía muchísimo. Su figura era oscura y tenebrosa, intimidando aún más con aquellos brillantes y rojizos ojos.
-¿Qué te pasa? ¿Es que acaso no me reconoces? –su tono mostraba impaciencia y un creciente enojo por el silencio de la princesa.
-¿Quién eres tú? –se mostró desconfiada con él, levantándose del suelo.
-¡Ja, ja, ja! ¿En serio no lo ves? ¡Soy Link, ilusa! –extendió los brazos, tratando de lucir inocente.
En ese momento apareció Ciela volando lo más rápido que podía. Parecía agotada e incluso herida, por lo que tuvo que posarse en el hombro de Zelda para tomar aliento.
-Vaya, eres tú…-ese individuo no parecía estar agradado con su presencia- Pensé que me había librado de ti en aquella sala o que habrías salido despavorida en cuanto me viste.
-¿Qué está ocurriendo, Ciela? ¿Quién es este hombre? –le preguntó Zelda ayudando a reponerse a la pequeña hada.
-Es…-tomó aire- ¡Él es Link!
-¡¿Qué?! –exclamaron los demás al unísono, incrédulos.
-¡Ja, ja, ja! ¿No te lo dije? Al final ha tenido que ser esa bola brillante con alas la que te ha tenido que confirmar lo que ya te había dicho…-caminó hacia ella, lanzándole el instrumento para que lo cogiese.
-No…-se negaba a creerlo- ¡Eso es imposible! ¡Tú no eres él!
-¡Eres demasiado terca, princesita! –no le gusta su actitud- Aunque tienes razón, no soy enteramente ese patán del que pareces haberte enamorado… ¡Soy alguien mucho mejor! ¡Dark Link!
-¿Por qué has poseído su cuerpo? ¿Qué eres exactamente?
-Soy algo mucho más antiguo de lo que nadie piensa…alguien que lleva reencarnándose junto con su alma y que por fin ha podido reclamar lo que es suyo.-se acercó a ella y le cogió la barbilla, mirándola a los ojos- En otras palabras, soy aquello de lo que él mismo reniega y que se encuentra en todos y cada uno de los seres que habitan el mundo. Su lado oscuro, en resumen.
-¿Cómo has conseguido adueñarte de la voluntad del verdadero Link? ¡Deberías permanecer oculto en lo más profundo de su ser! –se reveló contra él, apartándose de su lado.
-¿El verdadero Link? ¡Ja! –se mofó de su argumento- Ese "Link" del que me hablas no es más que un ser dividido e incompleto, cuya alma se desprendió de su propia maldad hace milenios y que no resurgió hasta que un ser maligno la invocó para que peleasen entre ellos hace demasiado tiempo.
-¿Y entonces qué ha hecho que esta vez hayas podido juntar esas dos partes en una y poner ambas bajo tu dominio?
-Es una historia demasiado larga, que podría haber tenido varias causas…-se desvaneció y volvió a aparecer a su lado- Tal vez hubiera sido el contacto con el Crepúsculo; su inoportuna transformación después de eso; las influencias malignas de esta isla… ¡Todo puede estar relacionado!
Mientras ellos dos hablaban, el resto no lograba seguir la conversación y se mantuvieron al margen mientras escuchaban todo aquello.
-De todos modos, creo que tuviste tiempo de detener esto o al menos retrasarlo…-sonrió con malicia- Claro, eso hubiera podido ser si tú no hubieras sido tan lenta e ingenua. Por no hablar que tanto el muchacho como el hada se negaron a revelarte nada de lo que estaba pasando.
-¡¿Qué?! –miró a Ciela, enfadada- ¿Tú sabías de todo esto? ¿Por qué no dijiste nada?
-¡No! ¡Jamás supe que esto pudiera suceder! ¡Sólo sabía que algo muy malo estaba corroyendo el interior de Link! –trató de excusarse- ¡Pero fue él quien me suplicó que no te lo dijera! ¡Por no sabíamos que era exactamente y no quería preocuparte!
-¡Ja, ja! No te enfades con ella, te está contando la verdad…-caminó alrededor suyo, de manera intimidante- ¿Lo ves? Todos los factores han favorecido que haya podido hacerme con la voluntad y el cuerpo del muchacho. Pobre, pensar en lo agobiante que ha sido para él ir transformándose en lo que soy ahora.-se rió con gusto- Comportamientos extraños, constante mal humor, perder progresivamente su memoria…
-¿Pérdida de memoria? –en ese instante, lo entendió todo- ¿Eras tú quien lo provocaba todo?
-Exacto, y hablarle de vez en cuando en sueños o más recientemente incluso despierto, hizo que su cordura se consumiera más rápido de lo que me habría imaginado… ¡Ja, ja, ja!
-¡Eres un…! –Zelda le apuntó con su arco, amenazante.
-¿En serio? ¿Vas a atacarme? –le resultaba graciosa su acción- Creo que te olvidas de una cosa: si yo muero, él también lo hará. Convivimos en el mismo cuerpo, todo lo que me suceda le ocurrirá a él también.
Zelda bajó su arco dolida, no podía hacerle eso al hombre al que amaba. De repente, se arrimó a ella como un relámpago y la agarró del cuello, cortándole la respiración.
-¡¿Tuviste la osadía de apuntarme con esa cosa?! ¡¿Quién te crees que eres en mi presencia?! –le gritó furioso, apretando aún más- ¡Ya veo que no me deseas tanto como a ese inútil rubio de ojos azules! ¡Pues muy bien! ¡Te llevaré conmigo a la fuerza!
Ante esas palabras, los demás fueron a socorrerla al instante, pero se vieron superados por la impresionante fuerza que demostraba Dark Link. Con una sola mano, invocó una ráfaga de energía oscura que les hizo volar y chocar con brutalidad contra la pared más cercana, dejándoles indefensos ante su poder.
Cuando los dejó por los suelos, soltó también a Zelda y trató de llevársela consigo. Mas algo se lo impidió.
-Maldita sea…-sentía como si se ahogase- No podías estarte quietecito un rato más… ¿Verdad?
Zelda entendió que debía ser Link tratando de protegerla e intentando recuperar su cuerpo, en una lucha interior contra él. Veía como se retorcía tratando de controlarse a sí mismo, hasta que, agotado, le dedicó unas últimas palabras.
-Me parece que tendré que retirarme por el momento, princesa…-habló respirando agitadamente- Pero estaré de vuelta muy pronto y te llevaré conmigo, de eso puedes estar segura. Espero que para entonces, me hayas cogido un poco más de cariño que en esta fatídica ocasión.
Y tal como apareció, se desvaneció en la nada. Ella se quedó ahí, inmóvil, presintiendo que a partir de ese momento, las cosas cambiarían para peor.
Continuará… ¡Sí, que no me marcho a ningún lado!
XOXOXOXOXOXOXO
Nota de Alfax: Sí, lo sé, no hay perdón para esta tardanza y lo que pudo parecer un abandono.
No tengo excusa, aunque sinceramente el año no me fue propicio. Parece que se me viene todo encima de golpe al cumplir 18 años, más en lo material que en cualquier otra cosa.
Y lo siento mucho, intentaré actualizar lo más pronto que pueda a partir de ahora, no tras más de seis meses. Me puse las pilas para publicar cuanto antes capítulo debido al enfado que me causó cierto comentario anónimo que afirmaba que había abandonado este sitio y tuve que borrarlo, cosa que nunca antes había hecho. (¿Tendría que darle las gracias?)
*Si no es mucho pedir, me gustaría que leyesen mi fic "Una maldición deseable", que fue lo último que subí antes de esta larga ausencia. Y también otro que recién acabo de publicar, "Trauma". El primero es de un sólo capítulo y el segundo está dividido en dos partes, no se alarmen.
En fin, mil disculpas y hasta otra. Intentaré organizarme para escribir un poco cada día.
