Capítulo 99: Una nueva era…
El juicio final de la humanidad había llegado, Seiya de Pegaso e Ikki de Fénix se enfrentaron a Zeus en el Salón Ecuménico, parte del Templo de Júpiter. Con su ilimitado poder, el emperador celestial tomó la vida del Fénix, quien justo antes morir lanzó su puño fantasma, la deidad vivió una terrible ilusión, que lo llevó primero al momento en que derrocó a Cronos, quién en su agonía le auguró un fatal destino: sucumbir a manos de uno de sus hijos, del mismo modo que su padre Urano cayera ante él; y en un segundo momento vivió su propia muerte a manos de su hija, Atenea.
Al percibir la muerte de su amigo, Seiya se reincorporó una vez más con gran tenacidad y encendiendo su cosmos de forma superlativa atacó con sus meteoros, que superando la velocidad de la luz resquebrajaron la barrera del dios, golpeando así su cuerpo. Un iracundo Zeus terminó venciendo a Pegaso y ahora se disponía a rematarlo.
Monte Olimpo, Templo de Júpiter.
Ruinas del Salón Ecuménico.
El fatídico destino se aproximaba, Seiya yacía indefenso y con sus fuerzas abandonadas, estaba abrumado, rendido, Zeus encendió su magnífico cosmos y en sus manos surgió un fulminante rayo, pero repentinamente una luz dorada resplandeció en todo el recinto, extinguiendo la centella del dios supremo.
—Aguarda Zeus, no dejaré que tomes la vida de Seiya… —susurra Atenea, que caminaba con cadencia hacia Pegaso y luego voltea, observando al soberano de los cielos con una mirada llena de determinación. —Resiste Seiya, es mi hora de protegerte.
—Saori…espera, Zeus tiene un poder infinito… —murmura entrecortado Seiya.
—Atenea, el momento culmine de la última guerra santa ha llegado… —dijo Zeus con un rostro de seriedad y autoridad. —Lamento profundamente enfrentarme a ti en batalla sagrada, ¡pero por mucho que le pese a mi corazón, tomaré tu vida con todo mi poder!
—No lo entiendo Zeus. ¿Por qué tenemos que tomar el camino de la guerra? Destruyéndolo todo… —musitó la diosa con pesadumbre en su semblante. —¿Por qué no puede la humanidad tener una nueva oportunidad para redimirse? Es una pena, pero no me temblará el pulso en ésta batalla predestinada, mi determinación es absoluta…
—Has crecido mucho en esta guerra santa, adquiriendo el poder implacable de antaño. Has dado muerte a Artemisa y a Hera, estoy orgulloso de tu poder, pero decepcionado de tu sentido de la justicia, ya no eres la diosa de la sabiduría como antes…
—Mi poder resplandece por los deseos de proteger a los débiles, no me interesa ser la diosa de la sabiduría, de hecho no me interesa ser una deidad, solo quiero proteger a los humanos que tanto han sufrido… ¡la justicia prevalecerá siempre Zeus!
Los dos dioses encienden sus cosmos, la energía de Atenea resplandecía en un tono dorado blancuzco, la de Zeus era blanca y pura, acompañada por relámpagos, el campo de batalla fue mutando hasta verse un universo cósmico imponente. Finalmente Atenea levanta a Nike y Zeus apunta con la égida, del báculo de la primera emergían destellos dorados de una gloriosa luminosidad y del arma del segundo emanan fulminantes rayos, truenos y relámpagos, ambas energías chocaban con ferocidad, estremeciendo todo el cosmos.
—¡El cosmos de Zeus irradia justicia, tal vez tenga verdaderos motivos para luchar después de todo! —pensaba la diosa absorta, su cuerpo tambalea debido a las múltiples heridas que llevaba consigo, el dios supremo también se veía cansancio, pero ambos seguían encendiendo sus divinos cosmos, los cuales colisionaban de forma colosal. —¡No puedo perder esta batalla sagrada! No puedo decepcionar a mis santos que tanto sacrificaron…
—¡Atenea! ¡Tu poder es grandioso, pero soy el dios que rige sobre el Universo, el supremo dios de dioses!
Repentinamente el cosmos del regente del Olimpo comienza a aumentar infinitamente, rayos, relámpagos y truenos comienzan a danzar alrededor de la silueta de Atenea y le infringen tremendos daños, la diosa se mantenía en pie, su cuerpo humeaba por doquier, finalmente termina arrodillada, con sus manos apoyadas en el suelo para evitar la caída, su kamui se va desmoronando de a poco, mientras que Nike había caído lejos de su alcance.
—Mi cosmos desaparece poco a poco, ¿por qué…?
—Tu cosmos ya está disminuyendo, tu camino fue largo y cruel, has luchado contra muchos de los dioses olímpicos… —susurra Zeus acercándose a su enemiga. —Te daré la última oportunidad Atenea, debido al lazo mitológico que nos convierte en padre e hija, abandona esta rebelión, crearemos juntos un nuevo mundo donde reine la justicia y la paz, aprovecha mi misericordia.
—Jamás aceptaré que la Tierra sea destruida junto a su gente. Decepcionaría la memoria de mis santos que tanto han sacrificado, nunca haré eso… ¡te venceré!
—¡No eres digna de ser una diosa! —exclamó Zeus y encendió su descomunal cosmos, una luz blanca dominó la escena. —¡Eres tan ruin como los humanos!
—Siento que mi cosmos está perdiendo su aura divina, el cosmos de Zeus se está haciendo cada vez más y más poderoso. ¡Es inaudito!
—Estoy quitando toda esencia de divinidad en tu cosmos, en poco tiempo caerás a la condición de una simple humana…soy el dios de los dioses, el que controla todo, el oráculo se ha confundido…
Una luz blanca encandiló la escena, al mermar el resplandor pudo verse a Atenea desplomada en el suelo, su kamui estaba completamente destruida, un fino hilo de sangre caía por la comisura de sus labios.
—¡La victoria me pertenece, nada pudo hacer Nike después de todo! —proclamó Zeus acercándose a su hija con un rayo en la mano, pero el dios rápidamente observó a un tambaleante Seiya de Pegaso, ya sin su armadura, apenas podía mantenerse en pie. —¡Pegaso! ¡Eres increíble, tu fuerza de voluntad te ha convertido en el más acérrimo rival del Olimpo!
—¡La llama nunca se apaga para un santo de la esperanza! —contestó Seiya encendiendo su cosmos. —¡Protegeré a Atenea, no puedo permitir que las muertes de Shun, Shiryu, Hyoga e Ikki sean en vano!
—Seiya… —murmura la diosa con lágrimas en los ojos. —Pegaso, el mejor guardián de Atenea.
—Eres admirable pese a ser hijo del barro, pero los humanos deben aprender una lección, el signo del progreso es la evolución. —manifestó Zeus. —¡La edad de hierro no puede continuar! ¡Será el advenimiento de una nueva edad de oro!
—Zeus, muchos humanos justos han caído bajo tu castigo divino. ¡Te venceré por todos los caídos y los moribundos de la Tierra, venceré al último de los dioses y demostraré que su era ha terminado! ¡METEOROS DE PEGASO!
El cosmos de Seiya alzaba al infinito, cuando lanzó su puño al frente los meteoros que superaban la velocidad de la luz se acumularon en la palma de la mano derecha de Zeus, extinguiéndose al instante, Pegaso mostraba un rostro sumergido en la perplejidad.
—¡Es increíble! ¡El poder de Zeus es el doble de poderoso que hace unos minutos!
—¡Mi cosmos no tiene límites Pegaso! Atenea está perdiendo su condición de diosa, pronto se convertirá en una simple humana, ya sólo existe un obstáculo, un humano sin armadura.
Zeus enciende su abrumador cosmos, en la égida se acumulaba el brillo del relámpago, pero antes de lanzarlo algo sujetó su mano repentinamente, el dios supremo volteó, divisando el alma de Shun, que portaba una armadura divina espiritual de Andrómeda, al tiempo que las estrellas de su constelación guardiana brillaban con un fulgor abrumador, haciéndola visible en el universo en que se había convertido el campo de batalla.
—Shun, eres tú… —susurró Seiya que se encorvaba de dolor, las lágrimas recorrían su rostro. —Tu alma ha venido a combatir por última vez…
—Querido Seiya, no debemos permitir que Zeus destruya nuestro planeta Tierra.
—Andrómeda… —musita con sorpresa Zeus. —Vienes con tu espíritu desnudo luego de haber encerrado el alma de Hades. ¿Qué clase de hombres son ustedes?
—No quiero ser un héroe, ni el más fuerte, no me place lastimar a otros… —contesta Shun agachando la mirada. —¡Sólo busco el bien, la humanidad seguirá existiendo…CADENA NEBULAR!
Tras hacer grandes espirales, la cadena divina de Andrómeda atacó desde diversos puntos, superando la velocidad de la luz e impulsando un voraz viento, pero todo fue inútil, ya que Zeus bloqueó la cadena con su égida.
Seiya miraba asombrado como el cosmos de Shun rebalsaba por doquier, alcanzando un gran manejo del noveno sentido.
—¡Admiro tu sacrificio Andrómeda! —expresó Zeus con una mirada seria. —¡Estás dispuesto a darlo todo, incluso toda tu existencia, con tal de salvar a tu especie, pero no obtendrás la victoria!
—Eso lo sabremos al final, encenderé el cosmos como nunca antes lo hice… ¡ONDA DEL TRUENO!
Shun levantó su cadena cuadrada y ésta arremetió de forma zigzagueante, haciendo surcos en el campo de batalla, el emperador celestial encendió su cosmos y una nube celestial lo protegió, estaba completamente indemne.
—Andrómeda, te diré algo… —sisea el dios supremo reflexivo. —Tienes un cosmos lleno de bondad, pero tu espíritu de lucha es exiguo, no disfrutas el combate y eso solo puede contener tu verdadero potencial…
—¡Tienes razón Zeus! —contestó Shun cambiando su semblante a uno de mayor seguridad. —Es la hora de mostrar mi verdadero poder… ¡TORMENTA NEBULAR!
—¡El cosmos de Shun muestra una mayor determinación! —dijo Seiya observando como vientos nebulares se iban mezclando a una velocidad superior a la luz, convirtiéndose en una descomunal tormenta rosada.
—Una tormenta nunca podrá dañar al dios del cielo, eres un completo iluso. —murmuró Zeus con desdén.
La tormenta nebular pronto envolvió todo el campo de batalla, los feroces vientos no mostraban el resquicio de ninguno de los guerreros, al cabo de unos minutos la técnica finalizó, la escena mostraba a Shun encorvado del cansancio y a Seiya observando a Zeus erguido, sin daños aparentes.
En medio de un silencio atroz, el rey de dioses se dispuso a acabar con el alma de Shun, pero en dicho momento su brazo derecho comenzó a congelarse abruptamente, el dios rápidamente advirtió que alguien lo tomaba de su brazo, era el alma de Hyoga, que portaba la armadura divina del Cisne en forma espiritual, a sus espaldas la constelación de la cruz del norte brillaba destacándose en el cúmulo de estrellas.
—¡Otro más…no es posible! —se lamentó Zeus y de sus ojos salieron emitidos violentos rayos que arrastraron el alma Hyoga hacia atrás, antes de caer fue interceptado por Shun.
—¡Hyoga…eres tú! —dijo Shun con lágrimas en sus ojos. —¡También has venido a la batalla final!
—Hyoga, tú también… —expresó Seiya conmovido. —¡Amigos, hermanos, que valientes son!
Un aura verdoso de gran resplandor adornaba la escena, cuando Seiya, Shun y Hyoga voltearon, pudieron observar conmovidos el alma de Shiryu, portando la armadura divina espiritual del Dragón, las estrellas que conforman a su constelación guardiana se destacaban en los cielos.
—¡Yo también estoy acá amigos, aunque perdamos nuestros espíritus nosotros conseguiremos la anhelada victoria, no hemos luchado todas estas largas batallas para darnos por vencidos! —exclamó Shiryu encendiendo su cosmos. —¡LOS CIEN DRAGONES DE LUSHAN!
Zeus enciende su cosmos y repentinamente es cubierto por una densa nube celestial, los dragones desaparecieron abruptamente al sentir el contacto con el nubarrón, Shiryu mira asombrado como su mejor técnica fue contrarrestada.
Segundos después un ave de fuego atacó vorazmente al dios supremo, éste puso su brazo congelado, con lo que repelió las llamas y descongeló parcialmente su extremidad.
—Mi brazo sigue congelado, su poder ha sido capaz de congelar mi kamui, debo reconocer vuestra valentía santos, arriesgan sus almas con tal de obtener la anhelada victoria.
Zeus levanta la égida apuntando a los santos, soltando una tremenda descarga eléctrica sobre Seiya, en ese momento las almas de Shun, Shiryu, Hyoga e Ikki cubren a Pegaso, recibiendo el ataque del dios, que los derribó al suelo, sin embargo sus armaduras espirituales estaban intactas y habían logrado proteger a Seiya.
—Esas armaduras han surgido del espíritu de las armaduras divinas y están siendo protegidas por el poder de las estrellas de sus constelaciones guardianas, son armaduras inmateriales… —espetó la deidad pensativa. —La última esencia de las armaduras divinas, una armadura indestructible o casi… —susurró elevando su cosmos y apuntando con su égida a la constelación de Andrómeda, los relámpagos la extinguieron abruptamente en un segundo, en ese momento la armadura divina perdió su brillo y se desmoronó por completo del alma de Shun, quién quedó desprotegido.
—¡Shun! —gritó Ikki y se abalanzó contra Zeus. —¡ALAS LLAMEANTES!
Las ardientes alas del Fénix que superaban la velocidad de la luz desaparecieron en un instante, tras un resplandor que emitieron los ojos de Zeus.
—Calma Fénix, tu turno no ha llegado. —contestó Zeus encendiendo su cosmos, un trueno se sintió repentinamente, la constelación del Cisne se extinguió en un instante y la armadura divina espiritual se despedazó.
—¡EXCALIBUR!—exclamó Shiryu atacando vorazmente.
Zeus esquivó la espada sagrada heredada por Capricornio y se ubicó detrás de Shiryu, que rápidamente volteó y atacó con su dragón naciente, pero la deidad desapareció y cuando el dragón verdusco terminó ascendiendo por los cielos reapareció, atacando con su égida a las constelaciones de Dragón y Fénix, segundos después las armaduras divinas espirituales estallaron en pedazos.
Finalmente el dios apunta con su égida a Seiya y cuando el fulminante ataque es disparado choca con las alas llameantes, los cien dragones, la ejecución de aurora y la tormenta nebular, con lo cual se genera una terrible explosión en el campo de batalla, tras disiparse la reacción en cadena generada por el choque de los ataques puede verse a los cinco santos de bronce desplomados en el suelo.
Zeus se toma el abdomen mientras un hilo de sangre se cae de la comisura de sus labios, sin embargo sonríe, con cansados pasos se acerca a una inconsciente Atenea y atraviesa su corazón con su mano desnuda.
El Santuario.
La Colina de las Estrellas.
Kiki y Gliese se encontraban leyendo las estrellas, sus caras de preocupación cambiaron a una mueca de horror, rápidamente comenzaron a llorar mientras se miraban entre sí desahuciados.
—¿Qué será del mundo ahora? —preguntó el pequeño santo de bronce.
—Estamos condenado, Atenea ha muerto… ¡el mundo ahora es de Zeus!
Monte Olimpo.
Ruinas del Salón Ecuménico.
El lugar que hace segundos era un infinito universo, había regresado a su forma habitual, allí Zeus miraba el cuerpo sin vida de Atenea, en ese momento Seiya vuelve en sí abruptamente.
—¡Saori! ¿Qué ha pasado con Saori? —musita Seiya, levantándose aturdido y con esfuerzo, entonces observa la escena donde el asesino contempla a su víctima, la sangre hierve dentro de sí, una ira incontrolable de deseos de venganza se apodera de su ser, su cosmos crece y los cosmos de las almas de sus hermanos se transfieren a él, así como un agujero negro trae el brillo de las estrellas que lo circundan, haciéndolo más y más fuerte.
—¿Qué está sucediendo? —preguntó Zeus desorbitado.
—¡Jamás voy a perdonarte esto Zeus! ¡Me has arrebatado a Saori!
Con lágrimas en sus ojos y un profundo pesar, Seiya hace arder su cosmos al infinito y salta como un cometa, arrojándose sobre Zeus, pero éste apunta con la égida al cometa y dispara con su abrumador poder, colisionando los dos ataques, el santo repentinamente se convierte en una flecha de luz directa, destruyendo su propio cuerpo pero logrando atravesar el corazón del dios supremo.
El Santuario.
Colina de las Estrellas.
Gliese se exaltó de repente, no podía comprender lo que acababa de acontecer en las estrellas, quizá la Tierra se había salvado.
—¿Qué está pasando? —preguntó Kiki.
—Terminó…la guerra terminó…
—¡Lo lograron, Seiya, Shun, Shiryu, Hyoga e Ikki, lograron el mayor de los milagros, detuvieron al Olimpo!
—Aún no estoy seguro… ¡algo extraño está pasando en el cielo, Júpiter se está encendiendo!
—¿Cómo que se está encendiendo?
—Júpiter, un planeta de la categoría de los gigantes gaseosos es en realidad una estrella extremadamente fría, que posee su propio sistema planetario a su alrededor, convirtiendo al nuestro en un sistema solar binario. Esta teoría supone que Júpiter llegará a encenderse convirtiéndose en una enana roja o marrón…que será más longeva que el Sol, pero que destruirá el equilibrio magnético actual y con ello nuestro planeta será irradiado por dos soles al mismo tiempo y sin una protección magnética adecuada, la vida de la Tierra se extinguirá en un par de horas…
—¿Entonces el Olimpo ganó?
—Quizá… —susurra Gliese con infinita desazón.
—Esta extraña sensación, este cosmos de esperanza…es un llamado. —manifestó Kiki mirando al cielo.
Monte Olimpo.
Templo de Júpiter.
Las almas de Shun, Shiryu, Hyoga e Ikki vuelven en sí, un poco confundidas y observan el cuerpo de Zeus tendido en el suelo, de Seiya ya no hay rastro, se ha consumido en el polvo.
—¿De dónde viene ese descomunal cosmos, si Zeus está aquí tirado? —preguntó Shiryu. —¿Por qué su cosmos arde tan intensamente?
—Sin dudas, es el cosmos de Zeus y viene de allí… —dijo Shun señalando a la cúspide de Júpiter, el Salón del Trono.
Los santos se dirigen rápidamente a donde se encontraba el cosmos del dios supremo.
Salón del Trono.
Los mortales irrumpieron en el lugar más sagrado del Olimpo, un recinto majestuoso y resplandeciente, se trataba de los aposentos de Zeus, allí en el trono se encontraba el dios de dioses, con su kamui intacta.
—¿Cómo es posible que esté aquí? ¡Si está muerto allá!—pregunta Shun.
—Al igual que nosotros es un alma encarnecida… —manifestó Hyoga. —Un alma divina y viste un kamui espiritual.
—¡Nosotros no tenemos armadura ni protección alguna! —dijo Ikki. —¡Y expondremos nuestra alma y nuestra existencia en un ataque suicida! Pero lo haremos convencido de lograr la victoria, por Seiya y Atenea.
—¡ALAS LLAMEANTES!
—¡TORMENTA NEBULAR!
—¡EJECUCION AURORA!
—¡LOS CIEN DRAGONES DE LUSHAN!
Los dragones son congelados en el viento de la aurora y danzan a través de la tormenta nebular, que se concentraba sobre su objetivo, circundada por las llamas ardientes de un fénix cósmico. Zeus se protege con la égida al levantarla, generando un campo electromagnético que absorbe y destruye todas las técnicas enemigas.
—Ahora dejarán de existir para siempre, atrevidos humanos que me arrebataron la vida carnal, yo arrebataré todo rastro de su existencia.
Repentinamente un cometa gigantesco aparece en el horizonte y se acerca a una velocidad superior a la luz, directo a Zeus, que decide golpear el cometa con la égida, generando una fuerte onda de choque que derribó a las heridas almas de los santos, finalmente se aprecia la silueta de Seiya de Pegaso, portando la armadura divina espiritual.
—¡He regresado del más allá para terminar nuestro combate!
—Sus armaduras no son eficaces ante mí, puedo destruir cualquier astro… —clamó Zeus y apuntó la égida a la constelación de Pegaso, disparando sus rayos letales, los cuales despedazaron las estrellas, repentinamente la armadura de Pegaso perdió su brillo y se desintegró. —¡Ahora voy a aniquilar las almas de los cinco santos que se atrevieron a enfrentar al dios supremo! Ya he escogido el destino para la Tierra, Júpiter se convertirá en una estrella que transformará el sistema solar en un sistema binario, y la radiación a que será expuesta la Tierra la exterminará en tan solo una hora…como veréis eliminarlos ahora es un acto de misericordia.
—¡Seguramente Atenea no permitirá que nada malo le pase a la Tierra! —expresó Seiya que estaba parado pero tambaleaba.
—Atenea está muerta.—contesta Zeus con frialdad.
—No más que tú o que nosotros… —replica Shun.
—¿Acaso el espíritu de Atenea está…? —medita el dios silenciosamente. —No importa que intente el espíritu de Atenea, nada pueden hacer en contra de mi voluntad, guerreros del Santuario. —apunta la égida a sus enemigos y les dispara pero en ese momento un brillo dorado cubre y protege a los santos.
Se trata de las doce armaduras doradas divina en forma astral, cinco armaduras se separan y revelan a Ikki de Leo, Shun de Virgo, Shiryu de Libra, Seiya de Sagitario y Hyoga de Acuario.
—¡No importa cuántas armaduras divinas espirituales vengan en su auxilio, voy a destruirlas a todas!
Zeus apunta con la égida a la constelación de Sagitario y dispara su gran poder, en dicho momento las armaduras de Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Escorpio, Capricornio y Piscis se interponen en la trayectoria del ataque y protegen las estrellas de la constelación del centauro.
—¡El alma de todos los santos dorados están apoyándonos ahora! —manifiesta Seiya emocionado.
—Las otras armaduras divinas del zodíaco protegerán las estrellas de la órbita solar… —expresa Shun. —Haciendo que nuestras armaduras sean indestructibles.
—¡Ahora Zeus, nosotros tenemos la ventaja! —espetó Ikki.
—¡Terminemos con esta batalla de una vez! —dijo Seiya sacando el arco divino de Sagitario. —¡Atravesaremos tu corazón con esta flecha divina! ¡Es la flecha de la diosa, que va a ser usada por primera vez después de más de doscientos años!
—¡Una flecha no podrá detener al dios de dioses!
Seiya eleva su cosmos junto a sus hermanos, las energías cósmicas de los cinco es depositada en la flecha, que brillaba con esplendor, al soltar la cuerda tensada la flecha de la diosa fue disparada a una velocidad que superaba por lejos la velocidad de la luz, llevaba un poder tan magnífico que ningún dios podría detener, Zeus, percatado de ello, logra esquivar la flecha milagrosamente.
—¡Que poder tiene la flecha de la diosa, pero ni así pudieron vencerme! Mi destino es triunfar y la Tierra está por ser purificada por las llamas del cielo.
—En realidad no hemos fallado Zeus, solamente que tú no has sido capaz de ver el verdadero objetivo de nuestro ataque… —expresó Shiryu.
En ese momento la flecha de la diosa irrumpió en atmósfera de Júpiter y se adentró en las profundidades de la naciente estrella, una vez que la flecha golpeó el núcleo del planeta, la combustión sorpresiva del astro se detuvo y rápidamente regresó a su temperatura habitual, entonces Zeus vio como su kamui perdía su brillo y se despedazaba ante sus ojos.
—¡Esto no es posible! —se lamentaba Zeus al tiempo que los santos rodean al rey del Olimpo, dejándolo en el medio.
—¡ALAS LLAMEANTES!
—¡TORMENTA NEBULAR!
—¡LOS CIEN DRAGONES DE LUSHAN!
—¡EJECUCION AURORA!
—¡ESTRELLAS FUGACES!
Las cinco técnicas convergieron sobre el dios, que era víctima de las agobiantes colisiones fulminantes que se producían sobre él, no obstante Zeus no estaba dispuesto a perder y en un arrebato de rebeldía contra el destino, logró convertir su cuerpo en energía eléctrica que desparramó fulminantes y poderosos rayos por el universo, repentinamente las doce armaduras del zodíaco perdieron su brillo y colapsaron, siendo destruidas en pedazos.
—Zeus ha conseguido destruir todas las estrellas de las constelaciones zodiacales… —susurra Shun abrumado.
El dios supremo se encontraba exhausto, descansando sobre sus rodillas y exhibiendo varias heridas espirituales al recibir los ataques enemigos, en ese momento el espíritu de Atenea se manifiesta en el recinto, vistiendo su kamui divina espiritual.
—Tu hora ha llegado Zeus… ¡aquí se terminan tus caprichos!
—¿Cómo es posible que hayas recuperado el estatus de diosa? —preguntó el dios supremo anonadado.
—Porque he experimentado el alcance total del noveno sentido, ya no podrás detenerme.
—¿No lo entiendes Atenea? Simplemente no pueden vencerme, yo soy el poseedor de un cosmos que está más allá del noveno sentido, un poder que solo se puede heredar o más bien arrebatar, un poder que perteneció a Urano y luego a Cronos, que ahora me pertenece a mí. Eres una soberbia Atenea.
Los dos dioses se apuntan con sus armas divinas y de ellas emergen dos siderales cosmos, que chocan el uno contra el otro, el poder de Zeus comienza a crecer y obliga a retroceder a Atenea, pero entonces las almas de Seiya, Shun, Shiryu, Hyoga e Ikki se unen a la diosa y le otorgan sus cosmos, las estrellas de las constelaciones de Pegaso, Andrómeda, Dragón, Cisne y Fénix comenzaron a brillar nuevamente.
Sorprendentemente las constelaciones del zodíaco también volvieron a brillar, manifestándose en ellas las almas de Mu de Aries, Aldebarán de Tauro, Saga y Kanon de Géminis, Máscara de la Muerte de Cáncer, Aioria de Leo, Shaka de Virgo, Dohko de Libra, Milo de Escorpio, Aioros de Sagitario, Shura de Capricornio, Camus de Acuario y Afrodita de Piscis, quienes elevan sus cosmos uniéndolo al de los cinco santos de bronce. En cuestión de segundos podía verse el espíritu del Patriarca Shion y no sólo a él, sino las almas de los santos legendarios: Jasón de Aries, Cástor y Pólux de Géminis y Ganimedes de Acuario, quienes lucharon en los albores de la Guerra Olímpica como ángeles. Luego comienzan a aparecer las almas de todos los santos de plata y bronce.
Los santos de Atenea caídos en batalla estaban reunidos en el firmamento y le brindaban sus cosmos a su diosa.
—¡¿Cómo es esto posible?! Han escapado del Tártaro…
—El poder combinado de todos los santos que estaban encerrados allí fueron guiados por mi cosmos, pudiendo escapar del Tártaro y de las distintas prisiones del Infierno, para luchar todos juntos.
Entonces dos almas más llegan, pero no desde el mundo de los muertos, sino desde el Santuario, se trataba de Gliese de Altar y Kiki de Buril, las ochenta y ocho constelaciones brillaban con fulgor, el cosmos acumulado de todos los santos y de su diosa llegó hasta el soberano de los cielos.
—¡Nunca podrán derrotarme, yo soy invencible!
Los ojos de Zeus se tuercen en blanco mientras chispas eléctricas escapan de ellos, el dios está negado a la derrota y su cosmos se extiende al infinito, entrando en colisión con el poder de Atenea y su ejército de santos, lo cual genera una explosión como nunca antes se había visto en el Olimpo, cubriendo con luz todo el territorio de los dioses.
El Santuario.
Colina de las Estrellas.
Los cuerpos desplomados de Buril y Altar se ponen lentamente de pie, tras regresar sus almas a sus cuerpos.
—Finalmente ha terminado… —susurra Gliese. —La Tierra ha sobrevivido, la era de los dioses ha llegado a su fin. Nosotros construiremos los cimientos del nuevo Santuario, que continuará velando por mantener esta paz que tanta sangre nos ha costado...
