34. Todo tiene un precio

Después de haberse pasado la noche tratando de calmar y ayudar a dormir a Wolf Link, amaneció con él descansando con la cabeza apoyada en sus piernas y ella acariciándole suavemente con su mano derecha, haciendo un leve uso de la Trifuerza, intentando disipar las tinieblas que Dark Link había extendido en su interior.

Ella estaba cansada, no había dormido lo suficiente debido a eso. Y ese día partirían para buscar el último de los Instrumentos de las Sirenas, lo que no le beneficiaba en absoluto. Pero no podían postergarlo más tiempo, así que se espabiló y apenas tuvo que moverse un poco para que el lobo también lo hiciera. Zelda cogió su arco y su espada, para después reunirse con sus compañeros y empezar un nuevo día.

-El trayecto será largo, puesto que nuestro destino está en la zona más noroccidental de la isla y nosotros estamos prácticamente en la otra punta de la isla. Por no decir que es un terreno montañoso y de difícil acceso, por lo que esto se podría alargar varios días.-les explicó con detenimiento Nabooru- ¿Estáis todos listos?

Todos asintieron y no tardaron en aligerar el paso. Avanzaron por la isla sin demasiadas complicaciones y diversos lugares como el Pantano Goponga, la ahora selvática Pradera Ukuku y llegaron a los límites un lugar conocido como Laberinto de Postes, donde antaño sólo se situaban unas extrañas ruinas que también acabaron devoradas por el avance de la vegetación. Decidieron acampar ahí, puesto que se había hecho de noche, agotados por la caminata y pensando en que les quedaba por lo menos un día de camino.

-¡Estoy destrozado! –exclamó en un suspiro el pequeño príncipe, tumbándose en el suelo- Puede que no nos hayamos encontrado con monstruos feroces o peligros de diversa índole, pero el camino a la Roca Tortuga se me está haciendo eterno.

-Bueno, según el mapa, hoy hemos avanzado mucho.-comentó Marin observando su guía de referencia, tratando de quitarse a la adormilada gaviota de su hombro- Nos queda sólo medio camino y si mantenemos el paso, mañana a la noche podrías estar allí.

-¡Dejad de pensar en eso ahora! ¡Ya nos preocuparemos de lo que nos queda mañana! –se quejó Aveil- ¡¿Y dónde está la comida?! ¡Me muero de hambre!

-Con las demás provisiones…-le contestó Nabooru, tratando de dormir- No seas vaga y prepáratela tú misma. Pero deja algo, que con tu glotonería sé que podrías dejarme a mí sin nada. O si no caza o recolecta algo, así por la mañana tendremos un buen desayuno que llevarnos a la boca.

-Sí, parece muy dispuesta a ello…-murmuró Ciela, viendo como asaltaba la reserva de comida de las Gerudo.

Mientras tanto, Wolf Link permanecía tumbado bajo un árbol a varios metros del fuego del campamento, alejado del resto. Pronto se le acercó Zelda, que se sentó a su lado al verlo solo.

-Has estado muy callado hoy, en comparación con los dos días anteriores.-trató de iniciar una conversación- ¿Qué te pasa? ¿Estás cansado? Todos lo estamos y tu pata aún no te has recuperado del todo.

-"No he hablado para no retrasar a la manada…"-murmuró molesto- "Y lo de mi pata no es un problema, apenas queda algún resquicio de dolor. Además, un lobo puede recorrer en un día más distancia que un individuo cualquiera de vuestras razas, hasta cien kilómetros. Sois vosotros quienes estáis agotados, no yo."

-Eres demasiado orgullo en mi opinión.-a esas alturas, no le sorprendía en absoluto su carácter- Sí que estás cansado, sólo que no lo quieres reconocer. Por eso te has alejado, no sólo porque no soportes a las personas, sino porque odias mostrar tu debilidad abiertamente.

-"¿Cómo tú, no?"-le respondió sin más, sin levantar la barbilla del suelo- "Un lobo alfa debe mostrar fortaleza y sabiduría ante su grupo, sólo que los animales utilizamos más la emociones para expresarnos y no tememos en mostrarlas. En cambio, la gente se retrae y las niega, sobretodo cuanta más edad o estatus tenga. Y qué decir de lo que llamáis sentimientos negativos o buenos, cuando todo eso es sólo según cómo los canalicéis. Curiosamente, aunque a las hembras se os está permitido socialmente expresar vuestros sentimientos, tú te pareces más a un macho, que teme y odia sin motivo algo tan natural como eso."

-Muy gracioso…-le molestaba que le contestara de esa manera, siempre dando en el clavo- ¿Vas a empezar a criticarme de nuevo?

-"Si lo hago por tu bien…"-resopló manteniéndose en su misma posición-"No creo que sea bueno vivir en un mundo de mentiras creado por esas garrapatas zalameras que siempre te rodean por ser la líder de tu gran manada. O por ti misma, negándote a creer determinadas cosas por tu propio interés."

-Llegas a resultar un tanto molesto… ¿No crees?-le cansaba que en cuanto el hablase de cualquiera cosa, por ínfima que fuera, siempre acabase igual.

-"¿Soportarías al Líder si fuese como yo?"-le preguntó de golpe, como si se burlase de ella.

-Si te digo la verdad, no.-se rió un poco- ¡Creo que le hubiera echado del castillo al cabo de unos días!

-"¿Sabes que acabas de dejarte en evidencia?"-le habló no muy contento-"Si no sabes escuchar opiniones contrarias ti misma cuando en ningún momento éstas te han insultado, entonces no creo que puedas ser buena persona o líder. Creo que comprendo entonces por qué aprecias al Líder. Es porque es de buenos y honestos sentimientos, no un interesado como la mayoría que te han rondado, pero es demasiado lento para darse cuenta de determinadas cosas debido al aprecio que te tiene, algo que tú aprovechas para ocultarle lo que no quieres que sus inocentes ojos vean."

-¿Y tú no sabes que tanta sinceridad no es buena?-respondió ella, también molesta por sus palabras.

-"Eso sólo si se sale del contexto, yo sólo te respondo en función a la temática de la cual estamos hablando."-insistió él-"Por eso pareces guardar tantos secretos, no sólo los que se refieren a tu intimidad, que es obvio que no quieras revelarlos; pero aquellos que afectan a otras personas además de a ti, poniéndolas incluso en peligro, sólo demuestra tu cobardía y tu deseo de mostrar una imagen de ti que no es cierta."

-¿En qué te basas para hacer una acusación tan grave como esa? –ahora sí que estaba enojada, no permitiría que se pasara con esos asuntos.

-"Estás a la defensiva, mostrando enfado para ocultar tu miedo. Soy un animal, no puedes engañarme en ese sentido."-ellas se quedó unos instantes paralizada, y antes de que le respondiera, él continuó-"Respondiendo a tu pregunta…Dark Link sabe bastantes cosas, debido a la libertad que ha poseído antes de querer adueñarse del Líder y a sus propios poderes oscuros. "

-¿Dark Link?-ahora no estaba tan segura-¿Qué tiene él que ver con lo que estamos hablando?

-"Al igual que puedo acceder a parte de los recuerdos del Líder, también puedo entrar en la mente de Dark Link. Él me concedió esa valiosa información sin darse cuenta, puesto que a mí no me daba importancia por ser un animal. El Líder no sabe nada al respecto, lo cual no quiere decir que yo no tenga motivos para desconfiar de ti."

-Y exactamente…-se mostraba cautelosa- ¿Qué es lo que más te inquieta de mí?

-"La información de la que dispongo no es muy clara o exacta, pero podría resumirlo todo en una sólo palabra…"-se acercó a ella-"¡Cartas!"

Zelda se puso pálida y su corazón parecía querer salírsele del pecho, sin duda esa sola palabra la había conseguido poner realmente nerviosa.

-"¿He acertado, verdad?"-parecía feliz por descubrirlo-"Dejaré este tema que parece incomodarte tanto, sólo diciéndote antes que no podrás seguir ocultando determinadas cosas o hechos por demasiado tiempo. Más pronto que tarde, tendrás que revelarle por lo menos al Líder todo eso. Tanto porque deberás hacerlo cuando sea imposible ocultarlo ya, como porque tú misma llegarás a un punto en el que no podrás con tanta presión. Pero déjame decirte que aguantar tanto tiempo con una carga así, demuestra que eres fuerte de carácter."

Ella se marchó al momento, no quería hablar más con él. Mientras, el lobo la observaba y veía cómo volvía con los demás, dejándole a él nuevamente solo y en paz.

-"Je, je…supuse que se marcharía. Pero no soy su perrito faldero, protegeré al Líder de quien sea, aunque se trate de ella."-pensó para sí mismo, firme en sus convicciones-"Y lo mejor de todo, es que tú, mi Líder, estás viendo, oyendo y percibiendo todo lo que pasa mientras yo controlo nuestro cuerpo. No sé si decírselo cuando sepa que tú volverás a manejar a nuestra pequeña manada, porque así se vería obligada a contárnoslo todo. Es una lástima que no sepa exactamente qué nos oculta, eso sólo lo puede saber Dark Link, que no está dispuesto a colaborar con nosotros."-de pronto, se sintió inquieto-"Guárdate esas energías para pelear con Dark Link, no es mi problema. Ella es tu compañera, la elegiste tú. Yo sólo la acepto por eso mismo, lo cual no quiere decir que mi visión de ella esté tan idealizada como la tuya, la de un enamorado. Soy tu subordinado, no tu esclavo, recuérdalo. Y hasta que recuperes el orden en nuestro interior, disfrutaré de estos momentos sintiéndome como un alfa y diciéndole lo que considere. Al fin y al cabo… ¿Todo lo que le he dicho no era cierto?"

XOXOXOXOXOXOXO

Al día siguiente, el grupo prosiguió la marcha. Y mientras Wolf Link iba a lo suyo, Zelda no se dignaba a dirigirle la palabra y trataba a su vez de evitar mirarle. A simple vista no se podía ver si era por temor o enojo con él, lo único que notaron sus compañeros fue que permanecieron así varias horas.

Pasaron por una pequeña llanura a los pies del Monte Tamaranch llamada Pradera de Koholint y después cogieron un desvío a los Altos Tal Tal, para evitar subir por la enorme montaña que coronaba la isla. De todos modos, finalmente tuvieron que caminar por terreno montañoso, aunque menos abrupto de lo que hubiera sido ir optando por el primer camino.

Llegaron a un punto en el que tenía que atravesar un profundo acantilado a través de un puente colgante, algo que disgustó a la mayoría. Mas no tenía opción, pasando con cautela uno por uno en fila. En cabeza iba Aveil y en la cola Marin, que era la que más miedo tenía. Tanto era así, que cuando todos lo habían cruzado, ella seguía aún por la mitad del puente.

-¡Vamos, pelirroja! ¡No tenemos todo el día! –le gritó Aveil- ¡Si pudo aguantar el peso de todos! ¡No te pasará nada!

-Si es que…-Richard no se lo creía- ¡Creía que habías superado su miedo a las alturas!

-N-no es a las alturas…-le corrigió Marin- Es este puente, tengo un mal presentimiento. No sé, es como si en otra vida hubiera pasado por una situación parecida que no acabó bien.

No pareció equivocarse cuando, el impredecible y cambiante tiempo de la montaña hizo que soplasen fuertes ráfagas de viento que desestabilizaron el puente. Se agitaba con brutalidad y Marin sufría toda su fuerza, mientras los demás la observaban impotentes. Acabó perdiendo el equilibrio y se cayó, sobrándole apenas un segundo para agarrarse a las cuerdas que constituían la estructura del puente. El viento no cesaba y ella seguía balanceándose, en cualquier momento podía caerse. Su gaviota Niram y Ciela luchaban contra el viento, intentando ayudarla en vano. Los otros trataban de estabilizar el puente tensándolo, mas no conseguían mucho.

-¡Zelda! ¡Se me ha ocurrido una idea! –le llamó Richard- ¡Utiliza aquí tu Viento de Farore!

-¿Por qué? Ese hechizo sólo sirve para...

-¡Tú hazlo, por favor! –le suplicó el niño príncipe- Deja el punto de referencia aquí mismo e intenta pasarme por unos minutos el conjuro.

-Creo que sé lo que intentas hacer…-meditó ella- Pero es arriesgado, no sabemos si funcionará y tú no eres un mago. Será difícil hacerte dicho traspaso, además de ponerte en peligro.

-¡Eso no me importa! ¡Quien sí lo está realmente es Marin! ¡Y no puedo dejarla como está!

Ella no tuvo otra opción más que ayudarle, no tenían otro plan. Dejó al acabar un destello verde en el lugar donde se encontraban y le entregó como pudo una diminuta esfera de igual tonalidad, que no duraría mucho.

-El hechizo apenas permanecerá en ese estado unos minutos. Ni su mascota ni el hada pueden acercarse demasiado debido al viento. ¿Cómo piensas hacer que llegue a ella?

La acción instantánea de Richard al entregarle aquello fue su respuesta. Se subió nuevamente al puente, ante la negativa de todos y el riesgo que suponía. Se acercó a la joven con paso firme y lento, aferrándose a las cuerdas y tratando de no perder el equilibro, a la vez que sostenía en una mano el sortilegio. Se agachó en cuanto estuvo frente a ella y trató de agarrarla con la mano en la que tenía la bola mágica. Cuando la tocó, se llevó un gran disgusto al descubrir que no pasaba nada. Pero tras unos segundos apretando con todas sus fuerzas y teniendo todos sus deseos depositados en la esfera mientras estaba con Marin, ésta brilló y desaparecieron al instante, reapareciendo con resto en el lugar donde estaba la marca del Viento de Farore.

-¡Mu-muchas gracias, Richard! ¡Ha sido una experiencia horrible! –le abrazó fuertemente al comprobar que ya no estaba en el puente- ¡Y a ti también, Zelda! ¡Muchas gracias a ambos!

-Bueno, el mayor mérito lo tiene Richard, que es quien tuvo la idea.-alabó al príncipe- Nunca imaginé que se pudiera usar el Viento de Farore de esa manera. Y también me ha sorprendido que pudieras usar el hechizo, tanto porque no estaba segura de habértelo entregado bien como que tú supieras usarlo.

-Compartimos linaje, aunque no seamos familiares directos.-le contestó todavía abrazado a Marin- ¿Algún resquicio de magia debería estar recorriendo mis venas, no crees?

-A mí lo que me sorprende es que atravesaras el puente en esas condiciones…-Aveil comenzó a reírse- ¡Y yo que tenía otra idea de ti! ¡Pensé que eras más cobarde!

-¡No digas eso! ¡Siempre ha demostrado ser un valiente! –se molestó Ciela- Aunque siempre arriesgándose desmesuradamente…-suspiró- En eso sí que no ha cambiado.

-Bueno, al menos esto se ha quedado en sólo un susto.-respiró aliviada Nabooru- Para el regreso, mejor será que busquemos otro camino. No quiero verme envuelta en una situación como la que acaba de pasar.

En cuanto Marin se repuso, continuaron su camino. Un rato más tarde, llegaron a la entrada de una cueva, que al parecer tenía una salida a unos cuantos metros por debajo de donde estaban ellos, lo que les facilitaría llegar a la entrada de Roca Tortuga. Entraron en ella sin saber que estaba infestada de Keese, que volaron en grupo hacia ellos y también de las trampas ígneas, que a punto estuvieron de abrasarles.

-¡La madre que hizo a esos bichos! ¡Cuánto los odio!-gritó furiosa nada más salir de la caverna, con la espada en la mano.

-Y por poco no acabamos achicharrados bajo el fuego…-comentó Richard- ¡Casi me quemo el pelo!

-"Pues yo aproveché y he conseguí mi comida…"-habló Wolf Link con el cadáver de un Keese entre sus mandíbulas, dispuesto a comérselo.

-Cómo se nota que es el último instrumento…-suspiró Marin- Nos está costando horrores llegar hasta él. Y pronto atardecerá, por lo que sólo podremos avanzar un poco más.

Eso hicieron, para desgracia del lobo que tuvo que tragarse el cuerpo casi entero, a grandes trozos, sin poder degustarlo con calma. Anduvieron por un sendero durante buen rato, donde Aveil se aburría y para entretenerse pataleaba una piedra que acabó lanzando al barranco. Rodó y chocó contra otras piedras que le acompañaron en su descenso, produciendo un eco que retumbaba por toda la montaña. Durante unos segundos se produjo un silencio que inquietó al grupo. Y de pronto, algunas piedras de pequeño tamaño cayeron sobre ellos, seguidas por una avalancha que les obligó a guarecerse del peligro como fuera. Afortunadamente, pidieron ponerse a salvo apretujándose dentro de una grieta entre la pared rocosa, viendo como las enormes piedras que sucedían a las pequeñas del principio, rodaban ladera abajo.

-Si te vuelvo a ver jugando con una piedrecita, la próxima vez yo patearé tu cráneo y haré que ruede cuesta abajo.-le amenazó Nabooru a su compañera, notablemente enfadada mientras salía del improvisado refugio con dificultad.

-¡Por la Diosa de las Arenas! ¡Ni que yo supiera que por una cosa así se iba a montar todo este embrollo! –se defendió ella, sintiendo que todos estaban en contra suya.

-Dejemos de pelearnos, pronto anochecerá.-intervino Zelda- Tenemos que apresurarnos a salir de esta zona inestable y encontrar un lugar donde acampar.

-¿En serio? ¿Otra noche más sin encontrar esa maldita mazmorra? –se quejó Marin- ¡Ya me estoy cansando de esto!

Mientras ellos seguían a lo suyo, Wolf Link miraba un punto en concreto a lo lejos.

-¿Qué miras? ¿Has encontrado algo interesante? –le preguntó Ciela, revoloteando a su lado- ¡Pero qué tonta soy! ¡Si no puedo entenderte!

-"Estoy usando mi percepción animal y noto algo en esa dirección…"-le señaló con el hocico.

-Eh… ¿Por ahí? –no estaba segura de lo que intentaba comunicarle, pero ante su insistencia, acabó por entenderle- ¿Quieres que vuele hacia allí?

El lobo asintió y sin que los demás se percataran de ello, se ausentó durante un rato mientras ellos proseguían su marcha sin nada claro. Posteriormente, apareció el hada volando hacia ellos a toda velocidad, totalmente exaltada.

-¡Ey, respira Ciela! –trató de calmarla Marin- ¿De dónde vienes con tantas prisas?

-E-el lobo me dijo… ¡No! ¡Me señaló un sitio en la distancia que le llamó la atención! Fui y volé hacia allí y… ¡Había una enorme cabeza de reptil que parecía una puerta! ¡Quizás sea la Roca Tortuga! –soltó casi sin respirar- ¡Y-y no está muy lejos! ¡Seguidme!

Todos corrieron para seguir su frenético ritmo, bajando por una no muy inclinada pendiente y superando después algunos pequeños obstáculos geográficos, terminando finalmente frente a la entrada de Roca Tortuga, situada en un acantilado. Se alegraron muchísimo ante aquella visión, agradeciéndoselo a Ciela, que aunque insistía en que había sido Wolf Link, éste prefería que no se le acercaran.

Como era tarde y estaban agotados, pensaron que lo mejor era descansar esa noche ahí y por la mañana temprano se aventurarían dentro. Y como había ocurrido antes, mientras todos reponían fuerzas con las provisiones y descansaban tras un arduo día, Wolf Link permanecía al margen de todo. No pareció extrañarse mucho cuando Zelda volvió a sentarse con él después de un rato, aunque no le había hablado desde la conversación que tuvieron la noche pasada.

-¿Cómo supiste en qué dirección estaba el templo? –le preguntó curiosa Zelda.

-"Gracias a mi percepción animal, con la que vi extrañas energía provenientes de este sitio. Me las ingenié para pedirle a esa hada que investigase por mí, ya que puede volar."-le respondió sin más- "¿Es que ya no estás molesta conmigo? Creí que no te había gustado lo que te dije anoche."

-Si vas a ponerte a hablar de nuevo de esos temas, entonces me iré.-por su tono, parecía una amenaza.

-"¿Qué necesidad tengo de retomar una conversación que quedó zanjada? No estamos hablando de nada referido a eso, por lo que a no ser que sigas incitando el tema, no hablaré. No estoy para perder mi tiempo con discusiones."

-Me alegro por ello…-se sentía aliviada, podría estar tranquila por un tiempo.

Pasaron los minutos y no se dijeron nada, simplemente disfrutaron del silencio. Al final, acabó hablando Wolf Link, llamando la atención de la joven.

-"El silencio es hermoso, más si sois las personas quienes lo guardáis. Hacéis mucho ruido y sin embargo la mayoría de los sonidos que gesticuláis están vacíos de contenido, teniendo que hablar vuestros cuerpos por vosotros mismos."-habló en tono filosófico-"¿Pero a ti te gusta el silencio, no? Eres muy callada y aprecias mucho tu intimidad. Quizás porque has permanecido sola mucho tiempo. Y ahora que lo pienso…si una persona no puede comunicar lo que lleva dentro con palabras… ¿Es infeliz? Como habéis perdido gran parte de lo que es la comunicación no verbal y además de que sois seres sociales por naturaleza, os debe resultar duro soportar la soledad y la indiferencia."

-¿Y eso a qué viene ahora?

-"No sé, me vino a la cabeza al notar que no estábamos hablando. Desde que me conoces, dadas tus ansias de conocimiento, has estado preguntándome y queriendo averiguar todo sobre mí."

-Eso es porque, al fin y al cabo, eres una parte de Link. Y también me interesan los razonamientos que puede llegar a tener un animal.

-"Recuerda que aun así, no soy del todo un lobo. No todos los animales se preocupan de esas cosas, la mayoría se preocupan de lo suyo y sólo observan los comportamientos de las demás especies para su supervivencia."-contestó no muy contento-"Pero dejando eso a un lado, me sorprende que no hayas cogido mi indirecta cuando de hablé del silencio y todo eso. ¿Acaso tratas de evitar una situación que te resulta incómoda?"

-Ya empezamos…-estaba un poco harta- ¿Incluso si no hablo te pones a deducir cuestiones con las que sabes que lograrás imponer tu opinión?

-"Considérame como un sujeto con el cual mejorar tu capacidad de debate y negociación. Seguro que nadie hasta ahora te ha resultado tan problemática como yo."

-¡Y qué lo digas!-sonrió un poco- Me da hasta vergüenza que un animal logre hacerme perder la compostura mientras hablo.

-"Olvidaré ese ofensivo comentario que acabas de hacer…"-gruñó por lo bajo, aunque no parecía que fuese del todo por ella-"¿Podríamos dejar esta conversación para otra ocasión? Estoy cansado y sabes que por culpa de Dark Link me cuesta conciliar el sueño."

-¡Sorprendente! ¡He conseguido que no quieras seguir hablando!-se burló ella por un momento- Ahora en serio… ¿Quieres que me quede y te ayude a dormir?

El lobo asintió y se recostó junto ella, tratando de descansar. Se sentía intranquilo, percibiendo que la energía oscura que emanaba de la mazmorra fortalecía a su lado oscuro. Por eso mismo no quiso gastar más energías en hablar, las necesitaba todas para la larga noche que se le avecinaba.

XOXOXOXOXOXOXO

-¿Os distéis cuenta de algo curioso? La entrada a este sitio estaba semiderruida, pero no por el paso del tiempo.-Marin comenzó a contar su historia- Hace tiempo oí un cuento que decía que para entrar aquí había que despertar al guardián de piedra en forma de reptil de la entrada, con una melodía llamara "La Canción del Alma", que se supone que sólo sabía Mamu, una rana cantante. Y por las leyendas que circulan sobre un antiguo héroe que salvó la isla, lo más probable es que él la usara y derrotara a la cabeza de tortuga para entrar donde ahora mismo estamos.

-Me da igual todo eso.-respondió Aveil- Pero si es cierto todo eso, demos gracias a ese "héroe" que nos ha facilitado el recorrido.

Subieron por unas escaleras desde la primera sala y nada más llegar a la siguiente habitación se dieron cuenta de que no tenía salida.

-¡Oh, venga ya! –exclamó Richard- ¡No hemos avanzado apenas y resulta que nos topamos con un callejón sin salida! ¡Y encima no hay otro camino!

Mientras el resto se quejaba de su suerte y se planteaban retroceder para volver a explorar la primera estancia en busca de algún detalle que se les hubiera escapado, Wolf Link olisqueaba la habitación con esmero. Se detuvo frente a una pared en concreto, percatándose Zelda al momento de su extraño comportamiento. Dio unos ligeros golpes al muro y sonó a hueco, además de haber en él unas delatadoras grietas, por lo que le pidió a Marin que preparase una bomba lo suficientemente potente como para derribarlo. Haciendo uso de sus habilidades y de gran cantidad de material, logró construir el explosivo que acabó revelando el pasaje oculto que había intuido el lobo.

En la siguiente sala había dos puertas que sólo se abrirían utilizando una llave, pero les separaba de ellas un gran precipicio. Únicamente había ahí una plataforma flotante, atreviéndose a subir en ella pensando que les conduciría hacia el otro lado, mas no se movió. Debido a su desigual distribución de peso, esto hizo que se inclinara la plataforma ligeramente, sorprendiéndolos cuando se movió hacia un lado. Tras de sí dejaron una estela de baldosas que aparecieron mágicamente de la nada. Al momento dedujeron que tal vez deberían recorrer la habitación entera sobre la plataforma, mientras rellenaban su inexistente suelo con baldosas a medida que lo hacían. Izquierda, arriba, derecha, abajo, derecha…así hasta que consiguieron completar la sala. Un sonido se oyó por toda la sala, habían completado el puzzle, cayendo entonces una llave del techo.

-¿Y ahora qué hacemos? –preguntó Nabooru con la llave en la mano, pisando suelo firme- Hay dos puertas y parece que encaja en las dos… ¿Por cuál iremos?

-¡Yo opto por la derecha! –intervino su compañera- ¡Si da lo mismo! ¡Seguro que ambos caminos acaban convergiendo en uno!

Cuando las Gerudos fueron abrir dicha puerta, Wolf Link se interpuso y casi les arrebata la llave de un mordisco, enfureciendo a Aveil.

-¡¿Se puede saber qué bicho te ha picado, chucho pulgoso?! –le gritó enfurecida Aveil.

-"Me da mala espina lo que hay tras esa puerta…"-gruñó a la defensiva-"Percibo energías negativas tras ella."

-¿En serio? Pues no sé qué decirte…-se sorprendió Marin, explicándoselo después a quienes no entendían el lenguaje animal- Dice que tiene un mal presentimiento respecto a lo que haya tras la opción que escogió Aveil.

-Pues ahora que lo dices, a mí me da también miedillo…-un escalofrío recorrió el cuerpo de la pequeña hada- Yo haré caso al lobo, creo ambos hemos sentido lo mismo.

Dado que nadie las apoyaba, abrieron la otra puerta y se encontraron caminando por un pasillo recto y vacío, haciéndoseles una caminata corta y muy tranquila. Llegaron finalmente a una habitación donde sólo había una estatua de un búho en lo alto de la pared, con un extraño ojo retratado en su vientre, además de una puerta que seguramente sería la entrada a una nueva sala. También había otra puerta a unos metros de por donde habían entrado, suponiendo entonces que se trataría de la salida del segundo camino.

-Me pregunto cómo nos habría ido si hubiésemos optado por el otro camino…-se preguntó Richard observando aquella otra entrada- Anda, si aquí hay un botón…

Al momento se abrió y pudieron acceder a un pequeño balcón junto a una escalera que serviría para llegar a él, pero estaban demasiado ocupados fijándose en otras cosas. Apenas podían ver el final del camino, siendo este extremadamente enrevesado, largo y lleno de trampas, así como de algunos monstruos. No tardaron en retroceder a la anterior sala antes de que alguno de ellos se diera cuenta de su presencia.

-¡Je! Como yo decía…-Aveil se sentía incómoda- ¡Convergían en el mismo sitio! ¡Ja, ja, ja!

-Si es que al final, este animal nos va a resultar más útil que tú…-murmuró mosqueada Nabooru.

Antes de que nadie sugiriera nada, Zelda ya había disparado una flecha que acertó de lleno en el ojo de la estatua, accionando el mecanismo que abría la puerta. Lo que no se esperaron es que de pronto cayese sobre ellos una llave mayor que la que habían recibido antes, reconociéndola enseguida como la Llave Pesadilla, la que abría la cámara del jefe.

-Qué extraño…normalmente conseguimos esto después de derrotar a un monstruo.-se preguntó Marin- ¿Por qué esta vez no ha sido así?

-Yo creo que es porque si hubiéramos optado por el otro camino, hubiera sido reto más que suficiente.-habló Richard, suspirando de tranquilidad al saber de lo que se habían librado.

Sin darle más vueltas al asunto, avanzaron hasta una sala elevada en cuyo fondo había un foso de lava ardiente. Debían pasar por un puente de roca, que afortunadamente era robusto, pero los Keese y su variante ígnea no les dejaron ni un momento en paz hasta que llegaron al otro lado. Todos hicieron fuerzas para levantar el pesado portón de piedra que les separaba de la siguiente estancia, mientras aguantaban como podían los mordiscos y embestidas de esas criaturas aladas.

Una vez lograron pasar todos, sintieron un frió helador recorriendo sus cuerpos, contrastando con el sofocante calor que habían experimentado en la sala anterior. Se dieron de bruces enseguida con una habitación cuyo suelo y paredes estaban cubiertas de hielo, erigiéndose además antes ellos un muro de hielo construido con grandes bloques de dicho material. Pero combinando los Polvos Mágicos de Marin con el Fuego de Din de Zelda, consiguieron abrir un pasaje a través de ellos, pudiendo llegar al otro lado de la habitación. Allí había bloques de hielo de distintos tamaños y un enorme portón sobre una plataforma a varios metros de altura. Wolf Link, haciendo uso de los recuerdos de sus aventuras, se adelantó patinando torpemente sobre el hielo hasta los bloques, empujándolos para que estos también lo hicieran y colocarlos en un lugar adecuado. Los demás le siguieron enseguida, intentando resolver el puzzle que consistía en formar una escalera con los cubos de hielo. Y tras un arduo trabajo después, completaron la escalera, subiendo por ella no sin resbalarse numerosas veces hasta llegar al enorme portón que les llevaría a conseguir el último de los Instrumentos de las Sirenas.

-E-esta cosa es lo único que no está co-congelado en este lugar…-se quejó Aveil, tiritando de frío e intentando calentarse sus manos- ¡¿Quieren a-abrirla ya?! ¡Acabaré enfermando si-si continúo en este lugar! ¡Cómo o-odio el frío! ¡Las Ge-gerudo no estamos acostumbradas a estas temperaturas!

Tan pronto como pasaron adentro, el portón tras ellos se cerró. Quedaron solos en aquella enorme sala, en absoluto silencio. De pronto, se oyó una corta y siniestra risa, que le produjo un escalofrío a Zelda y a Wolf Link. Durante apenas unos segundos, al fondo de la habitación pudieron ver a un la figura completamente oscura de un misterioso hombre, que se desvaneció al instante. Ese hombre era bien conocido para la princesa y el lobo.

-No puede ser…-murmuró nerviosa- Debería estar muerto. Es…

Antes de que pudiera acabar, las tinieblas se arremolinaron y la Pesadilla que custodiaba el último instrumento cobró la negra forma de una enorme bestia con cierta semejanza a un jabalí o a un cerdo.

-¡No cabe duda! ¡Es Ganondorf! ¡O más bien su álter ego, Ganon! –exclamó Zelda- ¿Pero cómo es posible?

-No sé de quién hablas, pero las Pesadillas tienen poder suficiente para penetrar en nuestros más profundos miedos y tomar su forma.-le explicó Richard- Debe haber adquirido esa apariencia por eso mismo.

El falso Ganon se lanzó a embestirles con su enorme potencia y casi estuvo a punto de barrerlos del mapa, llevándose por delante algunas columnas que servían de refuerzo a la estructura. Pero antes de empotrarse contra la pared, se desvaneció.

-¿A dónde ha ido? –preguntó Richard- ¡Es imposible que algo tan grande pueda…!

Y antes de que le arrollase, Wolf Link le agarró de las ropas y tiró fuertemente de él, logrando que evadiese el ataque a pocos centímetros del desastre. La Pesadilla se había materializado a varios metros tras él, sin que nadie se diese cuenta.

-Oh…por…-el joven no podía creérselo- Muchas gracias, amigo. De haber sido por ti habría…

El animal no se quedó ahí para escucharle, ya que al momento corrió a ayudar al resto que se encontraba en problemas. El monstruo repitió numerosas veces la misma táctica, agotando al grupo que se mantenía con sus cinco sentidos alerta esquivando sus embestidas y tratando de adivinar en qué punto se materializaría la próxima vez.

Wolf Link se maldecía a sí mismo por no tener en esos momentos a Midna a su lado, ya que si aquella cosa era una especie de copia de Ganon, sólo combinando sus habilidades podrían derrotarlo. Su rabia y frustración se iban acrecentando a medida que le costaba más proteger a Zelda y a los demás, dejando que inconscientemente las tinieblas tomaran posesión de su cuerpo. Finalmente, Dark Link volvió a hacer acto de presencia.

Enfurecido, se situó en medio de la sala, incitando al monstruo a que se dejase ver y fuera contra él. No tuvo que esperar mucho hasta que sintió detrás suya como corría hacia él. Apenas tardó un segundo en volverse hacia la Pesadilla, manteniéndose firme en el sitio. Todos pensaron que se había vuelto loco de repente y se imaginaron lo peor al ver que esa cosa estaba a punto de embestirle.

Sin embargo, sucedió algo insólito. Energía oscura brotó del cuerpo del lobo, envolviendo a su adversario como si se tratasen de sogas que lo inmovilizaban. Y haciendo un esfuerzo sobrenatural, logró derribarlo y en ese momento se lanzó a su vientre, destrozándoselo sin compasión. Una vez liberado toda su rabia sobre su rival, se apartó de él y éste débilmente se uso en pie, parecía que lo había vencido.

-"Nacimos de las pesadillas... para tomar esta isla. E hicimos al Pez Viento dormir, pero eso ocurrió hace mucho tiempo. Podríamos haber sido los amos de este lugar, pero un joven de otra tierra llegó y creyó exterminarnos. Ahora teníamos otra oportunidad para cumplir nuestros planes, pero hemos vuelto a fracasar."-habló entre desagradables gruñidos la Pesadilla- "Ya no nos importa lo que ocurra de ahora en adelante con el destino de esta isla…pero… ¡Je, je! ¡No podrás derrotarnos tan fácilmente!"

Pero se confió, pues él, utilizando sus últimas fuerzas, cargó contra él llevándoselo por delante y chocando contra una pared. El impacto fue tan bestial que terminó derribándola y cayéndose por el precipicio que quedaba al otro lado, desvaneciéndose al ser definitivamente derrotado.

El grupo se apresuró a comprobar el enorme agujero que había dejado la criatura y buscaron sin cesar por los alrededores algún rastro del lobo.

-¡Maldita sea! –gritó frustrado el pequeño príncipe mientras observaba el precipicio- Este lugar está construido en el extremo noroeste de la isla, lindando con los acantilados. Una caída desde esta altura sería mortal. Eso, si sobrevivió al brutal placaje de ese monstruo.

-¡¿Quieres callarte, Richard?! –le reprendió por su inoportuno comentario, bajando la voz- No ves que ella está delante…

Se refería a la princesa Zelda, que ojeaba el lugar con el corazón encogido. Él debía haber caído por ahí, puesto que no lo encontraba por ninguna parte. Miró hacia abajo durante unos momentos, percibiendo entonces un aura oscura que parecía ascender por la pared rocosa. Creyó en por un instante que se trataría de la Pesadilla, pero después se dio cuenta que era Wolf Link aferrándose con todas sus fuerzas con sus garras e intentando subir. Lo hacía mientras con las mandíbulas sujetaba lo parecía ser un pequeño tambor, tratándose seguramente del Tambor de Trueno. Se estiró lo máximo que pudo para alcanzarle, mientras el resto la sujetaban. Los dos seres voladores apoyaban al lobo en lo que podían, tirando de él combinando sus escasas fuerzas.

Al final, lograron subirle y él se apartó al momento de ellos, soltando el instrumento y gruñéndoles ferozmente. Estaba muy cambiado, ya lo había notado Zelda cuando peleó contra la Pesadilla. Sus ojos rojos y la emanación de energía maléfica de su cuerpo le hacían entender que Dark Link tenía en esos momentos el total control del cuerpo del lobo y podía esperarse de él cualquier cosa.

Sorprendentemente, escasos minutos más tarde se desmayó y quedó tendido en el suelo. Toda esa energía oscura desapareció de golpe y pareció volver a la normalidad, quizás Dark Link había agotado por el momento sus fuerzas. Todavía inconsciente, Zelda se acercó a él para comprobar su estado y afortunadamente no vio heridas de gravedad por su cuerpo, a pesar de lo ocurrido. Decidió entonces que era hora de utilizar el Viento de Farore y regresar a la entrada del calabozo.

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Una vez estuvieron fuera, brotaron emociones dispares. La mayoría estaban eufóricos con el hecho de haber conseguido el último de los Instrumentos de las Sirenas, a la vez que se sentían agotados con tan sólo pensar en el camino de regreso al Pueblo de los Animales. Mientras, Zelda seguía preocupada por el animal que seguía durmiendo.

-¿Qué te pasa, Zelda? –se acercó a ella el hada- ¿No estás contenta el resto?

-Sí lo estoy, pero…-miró al lobo- Él es lo que me preocupa. Sé que Dark Link fue quien derrotó a la Pesadilla tomando el control de la faceta animal de Link. Lo que no comprendo es el por qué.

-"Porque es un orgulloso. Y además, no hubiera dejado que esa bestia acabase con el cuerpo que tanto anhela poseer."-habló con voz tenue el lobo, en medio de leves gruñidos.

-¡Estás despierto! –exclamó Ciela al oír leves quejidos provenientes de él- ¿Cómo te encuentras? –se golpeó su pequeña cabeza- Pero qué tonta, otra vez me olvidé… ¡No puedo entenderte!

-"De todos modos, estoy bien. Dentro de lo que cabe…"-resopló cansado, aún sin levantarse.

-Parece que Dark Link ya no te controla, me alegro.-comentó la princesa- Y paradójicamente, además de ayudarlos con el monstruo, también nos consiguió el último de los instrumentos.

-"Eso fue casi como un regalo de su parte, cierto. Pero para él representa un trofeo que obtuvo al vencer a la criatura. Le importa poco lo que pretendáis hacer con él."

-¡Vaya, ya te despertaste! ¡Yo que creía que esa cosa te había dejado para el arrastre! ¡Estás loco, tío! –intervino de repente el pequeño príncipe- Pero mejor así, porque podremos marcharnos de una vez de este maldito lugar.

-¡Eso es lo que más rabia me da! –se quejó Aveil- ¡Tener que volver a esa estúpida aldea sólo para recoger los otros instrumentos que dejamos ahí! ¡Y teniendo el Monte Tamaranch ahí al lado! ¡¿Es que a nadie pensó en ello?!

-Sabes perfectamente que no teníamos otra opción.-le recordó su compañera Nabooru- Con todas las desdichas que hemos sufrido para llegar hasta aquí, tal vez se nos hubiesen roto o extraviado. A mí también me molesta regresar sólo por eso, pero no queda otra.

Mientras ellos discutían sobre su situación, Marib permanecía observando el horizonte, poniendo toda su atención en algo de considerable tamaño que volaba hacia ellos.

-¡Es él! ¡Ey, señor Kaepora Gaepora! ¡Estamos aquí! –le saludó la joven pelirroja con el brazo.

El gran búho se aproximó a ellos y antes de aterrizar, soltar con cuidado la carga que sujetaba con sus garras.

-¿Qué es esto? –preguntó Richard, curioseando el saco que había dejado ahí- ¡No puede ser! ¡Si son los demás Instrumentos de las Sirenas!

-¡¿Qué?! ¿Lo dices en serio, chico? –le apartó bruscamente Aveil- ¡Es verdad! ¡Ese pajarraco nos ha traído lo que pretendíamos ir a buscar!

-¡Uh, uh! Me alegra que estéis tan contentos, no ha supuesto para mí un gran esfuerzo. El sabio Siwan me pidió que os los trajera, ya que seguramente estáis impacientes por ir a ver al Pez del Viento en el Monte Tamaranch. Sería una pérdida de tiempo haceros volver al poblado sólo porque no queríais que estos objetos sufrieran algún daño.-contestó el ave- Por cierto… ¿Tenéis ya el último?

-Sí, aquí está.-le mostró el tambor al búho- Nos ha costado conseguirlo, pero al fin es nuestro.

-¡Uh, uh! ¡Perfecto! ¡Lo más difícil ya lo habéis superado! Sólo queda ascender la montaña y por fin podréis pedir ayuda al Pez del Viento.-alzó la vista al monte- ¿Veis esa enorme piedra redondeada de la cumbre? Se la conoce como el "Huevo del Pez del Viento", tratándose antaño de la entrada al extraño lugar a donde residía dicha divinidad. Mas con el paso de los siglos, se fue petrificando y ahora ha quedado como un monumento en su honor.

-Sí, yo conozco esa leyenda…-añadió Marin, mirando en la misma dirección- ¿Saben? Me da algo de lástima ese pobre viejo, el capitán Linebeck. Tenía tantas ganas de subir al monte para ver al Pez del Viento.

-Pues no te equivocas, señorita. En cuánto se enteró que iba a daros los instrumentos para que fuerais directos a ver al Pez del Viento, se abalanzó sobre mí pidiéndome que le llevara con vosotros.-le contó animado- ¡Uh, uh! ¡Y casi lo consigue! ¡Ese hombre es de ideas firmes!

-Para lo que le interesa…-murmuró Ciela- Menos mal que no vino con nosotros, sería una carga tanto por su edad como por lo aprovechado que es.

-¡Uh, uh! Yo ya me voy, ahora todo queda en vuestras manos.-batió sus inmensas alas, alzando el vuelo- ¡Buena suerte! ¡Y regresad sanos y salvos a la aldea!

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Antes de ascender por la montaña, decidieron acampar a unos pocos kilómetros de su falda, después del día tan agotador que habían tenido entre la mazmorra y llegar hasta ese lugar.

Todos estaban ya dormidos, a excepción de uno, Wolf Link, que vagabundeaba por los alrededores pensativo. Al poco rato, se percató de la presencia de Richard, quien se había alejado del resto y también parecía meditativo.

-¡Anda, eres tú! ¿Tú tampoco puedes dormir, amigo? –le saludó tratando de acariciarle la cabeza, pero le gruñó y la retrajo al instante- ¿Y también continúas con tu mal humor, cierto?

-"¿Por qué no estás durmiendo como el resto?"-le preguntó molesto, así sin más.

-¿Yo? Pues…-miró al cielo nocturno- No sé, me siento intranquilo, no sabría cómo explicarlo. Es como si después de esta noche fuera a pasar algo que…-se rió al momento- ¡Qué idiota soy! ¡Seguro que es que estoy ansioso porque el Pez del Viento pueda devolverme mi cuerpo adulto! ¡No debería darle tantas vueltas!

-"Odio reconocerlo, pero me pasa lo mismo que a ti."-admitió sentándose a cierta distancia del niño- "Mañana seguramente aquel al que tú conoces como Link pueda volver a controlar este cuerpo y su apariencia de hombre retornará, gracias al poder del Pez del Viento. Y yo…volveré a quedar en la sombra."

-¡Es verdad! ¡No había caído en eso! –lo miró empático- ¿Es por eso que tú no puedes dormir?

El lobo le contestó disimuladamente con un gruñido, indicándole que así era.

-¿Sabes? Tengo que darte las gracias.-cambió de tema de repente- Hoy podría haber muerto si tú no me hubieras salvado de la Pesadilla, por no hablar que también protegiste a Marin y a las demás. Eso me recuerda cuando tú, o más bien tu faceta de hombre, me ayudó a recuperar aquella máscara que me habían robado los Moblin. O cuando él y Marin me encontraron en aquellas ruinas mientras yo también buscaba uno de los instrumentos y estaba siendo perseguido por su guardián…-suspiró- Sí, he tenido relativa suerte desde que asaltaron mi palacio. A veces pienso que debería haber muerto en aquel asalto, junto con mis padres…

Hubo un profundo silencio que acompañó a esa oscura noche durante un rato, hasta que el joven se levantó y se despidió del lobo para irse a dormir. Él por en cambio, se quedó aullando a la luna en lo que probablemente sería su última noche como dueño de ese cuerpo.

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Al día siguiente, el grupo se veía escalando aquel monte. Aunque afortunadamente, existía un camino que los llevaba directamente a la cima, ya que era lugar de peregrinación común. Ya fueran locales o extranjeros, coronar la cima más alta de la isla era siempre gratificante para el que lo hacía.

Pero, a veces, no eran sólo personas quienes ascendían por la montaña.

-¿Qué te pasa, enano? ¿Por qué te detienes? –le preguntó mosqueada Aveil a Richard, al notar que se había detenido de golpe.

-No lo sé, algo me da mala espina…-el joven sintió al momento un escalofrío.

-¿Y eso? Esta montaña es segura. No suelen haber desprendimientos y las únicas criaturas que podríamos encontrarnos serían aves o criaturas voladoras que fácilmente podríamos vencer con un arco y flechas.-comentó Nabooru- ¡Y esa princesa hyruliana es una experta en eso!

-Además, ya estamos cerca de la cumbre. ¿Qué podría suceder? ¡Anda, mueve el culo que Marin y Zelda ya se nos han adelantado bastante! –Aveil se agachó junto al niño, burlándose de él- ¿O es que al "principito" le gusta ser un niñito llorón y que su querida Marin le trate como si fuera su hijito? ¡Oh, qué tierno!

-"Tienen razón, aunque…"-el lobo dudaba- "Desde que subimos he notado un extraño olor en el ambiente, no sé qué podrá ser. Pero como el viento está soplando desde mi espalda, tendría dificultades para captar el olor de cualquier ser que se nos atravesara en lo que queda de camino."

-¡Ay, dejadme en paz! –se zafó de las Gerudo, que seguían incordiándole- ¡Iré corriendo y adelantaré a ellas dos! ¡Así no tendré que soportaros!

-Qué carácter tiene ese príncipe…-murmuró Ciela, meciéndose con el viento- No se parece en nada a lo que Marin me contó de él antes de que nos lo encontráramos.

La gaviota Nirám graznó, que planeaba a su lado, dándole la razón. Richard consiguió finalmente colocarse el primero del grupo, dejando varios metros tras a él a las que hasta el momento habían estado a la cabeza. Respiró agotado por la carrera y después se dispuso a mirar al frente, cada vez más cerca de su objetivo.

Mas no tuvo que avanzar demasiado para que, de repente, se diera de bruces contra un portentoso paseante que contrario a él bajaba de la cima. Aquella fue su desgracia, porque se trataba de un Moblin que pasaba por el lugar. Al parecer los monstruos también les gustaba pasear por la montaña…

Él pareció reconocerlo enseguida, notando Richard como se le enrojecían los ojos y su furia estaba a punto de ser liberada contra él, seguramente se trataría de un Moblin superviviente de la guarida de donde se llevó su preciada máscara.

-¡Richard! ¡No te adelantes tanto! –le llamó Marin, que cada vez se acercaba más- ¡¿Pero qué…?! ¡¿Qué es esa cosa?!

-¡Es un Moblin! ¡Aléjate de él, Richard! –le avisó Zelda, tensando su arco para defenderse.

Tal era la rabia que sentía contra él, que cargó contra él y las muchachas apuntándoles con su afilada lanza. Mientras Marin y Richard consiguieron esquivarle a duras penas, Zelda estuvo a punto de caer por la empinada ladera, sujetándose a tiempo a un saliente. Pronto aparecieron las Gerudo que trataron de ayudar a Zelda y Wolf Link que se lanzó a por él. Este le repelió furioso de un golpe, lanzándolo contra las rocas y dejándolo inconsciente debido al golpe. Marin se encontraba en la peor posición, sin poder escapar de la criatura que se encontraba frente a ella.

Fue entonces cuando Richard, desesperado, trató de llamar su atención ya que sabía que era con él con quien tenía cuantas pendientes. Su plan funcionó y corrió en ascenso por el camino montañoso, perdiéndose a la vista del resto durante unos momentos. En ese tiempo las Gerudo lograron subir a Zelda y el lobo se despertó, yendo tras el arriesgado joven. Él y el Moblin eran rápidos, se habían alejado bastante cuesta arriba y les costó seguirles. Justo cuando lograron avistarlo, vieron como el joven hacía uso de toda su fuerza para placar contra él y hacerle perder el equilibrio cuando este se encontraba en un borde, cayendo la criatura al vacío. Él se quedó mirando como moría desde allí y parecía abrazarse a sí mismo, notándose agotado por la pelea.

-¡Richard! ¡Menos mal que estás bien! –exclamó Marin- Pensé que podrías…

En ese momento, se percató de un agujero en la parte de atrás de su camisa, del cual brotaba un líquido rojo que espantó a la pelirroja. A su lado, la lanza ensangrentada de aquel Moblin que había provocado eso. El joven no tardó en caer al suelo, siendo recogido por Marin que vio que la herida le atravesaba hasta el pecho, a la altura de los pulmones.

-Vaya…-no tenía no fuerzas para hablar- Así que este presentimiento era el que no me dejaba dormir anoche.

-¡¿Qué estás diciendo, Richard?! ¡Tenemos que llevarte con el Pez del Viento y pedirle que cure tus heridas! –lo cogió en brazos y trató de hacer presión sobre la profunda herida, apenas sin hacer efecto- Sólo nos quedan unos metros, aguanta…

-"Esa herida es demasiado grave. No creo que aguante hasta que ese dios aparezca…"-gimió aceptando la cruda realidad, pareciendo insensible a los ojos de Zelda.

-¡Silencio! ¿No te das cuenta que ella sí pide entenderte? –le reprendió por lo bajo ella, pero ya era tarde.

Marin se quedó paralizada unos segundos debido a ese comentario, antes de que prosiguiera su carrera hasta la cima. Ya allí, Marin dejó con cuidado en el suelo a Richard y le pidió a Zelda que le cuidase. Mientras, las Gerudo ayudaban a prepararlo todo frente al gran huevo de piedra para la invocación.

-Está muy grave, tengo que ayudarle…-murmuró mientras concentraba su magia para sanarle.

Sin embargo, antes de que pudiera hacerle, Wolf Link mordió sin remordimiento su brazo y se vio incapaz de continuar con el conjuro.

-¡¿Se puede saber qué haces?! –le gritó furiosa aquejándose de su brazo- ¡No podemos perder un segundo!

-"¡Acéptalo! ¡Es una herida mortal! ¡Si tú sola trataras de salvarle, podrías correr peor suerte que cuando curaste las heridas de Midna! ¡No pienso dejar que lo hagas!"-le gruñó enfurecido, nada le sacaría de sus trece.

-Déjalo, Zelda…-tosió más tarde lo que pareció sangre- No quiero ponerte en peligro, que sea lo que las Diosas quieran…-suspiró cerrando los ojos, cansado.

-No te rindas, príncipe Richard.-trató de animarle Ciela- ¡La isla entera te necesita! ¡No puedes dejar que tu linaje se acabe aquí!

-Eso…es fácil decirlo…-habló apenas, sin abrir los ojos- Pero no lo he conseguido…mi cuerpo adulto…y…ni siquiera…he podido decirle…a Marin…

-¡Y se lo dirás! ¡Sea lo que sea que tengas que decirle! ¡De eso esto segura! –siguió el hada- Sólo espera y el Pez del Viento aparecerá.

Finalmente, los Instrumentos de las Sirenas estaban en posición y Marin se colocó entre ellos, tocando con su ocarina la Balada del Pez del Viento, haciendo que los instrumentos reaccionaran y formaran una orquesta. Al momento, el gran huevo de piedra se iluminó y emitió un gran destello que cegó a todos. Entonces, nada más poder abrir los ojos, vieron a lo que parecía ser más una ballena que un pez flotando frente a ellos, ataviada con exóticos accesorios.

-¡Por favor, Pez del Viento! –le suplicó de rodillas Marin nada más verlo- ¡Salve a Richard! ¡Está a punto de morir!

-Comprendo, debe ser ese niño que está tendido en el suelo.-su voz retumbó en toda la montaña- No hace falta que me expliquéis nada, sé los motivos por los que habéis venido hasta aquí. Retornaré antes que nada su forma original tanto al lobo como al joven, además de intentar curar sus males.

Un nuevo destello envolvió a todos, haciendo que se desmayaran. Cuando Zelda se recuperó, encontró a Link, el hombre, tumbado en el suelo e inconsciente.

-¡Link! ¿Eres tú? ¡Despierta! –lo movió un poco tratando de que despertara.

-¿Eh? –abrió los ojos lentamente- ¿Zelda?

En el momento en el que se percató de su situación, la alegría tan inmensa que ambos sentían hizo que se correspondieran con un abrazo.

Sin embargo, apenas a unos metros de ellos…

-¿Richard? –Marin estaba a su lado, aún convertido en niño y sin que esa herida pareciera haber sanado- ¿Po-por qué…?

-Lo lamento…-su tristeza se hacía notar- Murió apenas un instante antes de que despertase de mi largo sueño. Y yo, por más que lo desee, no puedo resucitar a los muertos. Es una gran tragedia, la isla Koholint se ha quedado sin legítimo heredero.

Instantes más tarde, el cuerpo de Richard se desvaneció y se convirtió en un polvillo brillante que la brisa se llevó, probablemente porque ese cuerpo no era el suyo y había sido causa de una maldición.

Eso sólo hizo que el dolor de Marin la consumiera aún más, derrumbándose sobre el suelo y agarrando con las manos la tierra donde hasta hacía sólo un momento había estado el cuerpo de su amado.

Nadie se atrevió a decir nada, ni siquiera la propia deidad ahí presente, escuchando solamente los sollozos y los gritos agónicos de la joven pelirroja, compartiendo su luto.

Continuará…

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Nota de Alfax: ¡Ey, muy buenas a todos! Me he retrasado un poco esta vez, pero espero que me perdonen y que les haya compensado este capítulo. ¡No olviden comentar! ¿De acuerdo?

He estado ocupada las últimas semanas de agosto porque a la casa donde me he mudado y estoy en estos momentos repitiendo el último año de preparatoria (con tres asignaturas, por lo que tengo muuuuuucho tiempo libre…) no hay internet y quería "abastecerme" de entretenimiento a modo de mangas, juegos, animes y películas antes de ir a ese lugar. Pero no se preocupen, porque la biblioteca pública sí lo tiene y podré publicar desde allí mis capítulos, aunque en mi antigua localidad también lo hacía a veces.

También esta tardanza, ya en septiembre, se ha debido a que (¡POR FIN!) estuve jugando a Zelda Wind Waker, el único juego en 3D de Zelda que no había jugado y que llevaba tiempo buscando. Lo jugué en emulador, dado que el lector de mi Wii pasó a mejor vida y a estas alturas encontrar un original de dicho juego es dificilísimo. En resumen, fue un JU-E-GA-ZO. Las personalidades de Tetra (aunque ya había jugado a Phantom Hourglass) y de Ganondorf me encantaron; además del colorido de los gráficos y… ¡El sistema de transporte más avanzado de TODOS los Zelda! Ni con el Pelícaro de SS; ni con Epona en OoT, MM o TP; ni el barco de Linebeck en PH; o el tren en ST… ¡El "elocuente" barquito de vela de Wind Waker! En los demás juegos, tenido que permanecer atento normalmente para manejar y proteger tu medio de transporte… ¡Pero aquí ponía el viento en la dirección a la que querías ir y podías normalmente dejarlo en "modo automático" hasta que llegaras a tu destino (media hora más tarde…)! Eso si un **** tiburón no se te cruzaba en el camino…

Además también estuve viéndome una serie: Ranma 1/2. ¡Tiene todo lo que me gusta, es fantástica! (Sin contar con numerosos fallos en el doblaje con respecto al inglés de los carteles del panda o "visiones de futuro" y "amnesia" que tienen algunos personajes) Lástima que no tenga final y que la serie se haya quedado corta respecto al manga que sí "tiene" un final. Curiosamente, empecé a vérmela por el capítulo 18 o 19 y me la he estado viendo salteada, porque a excepción de los capítulos donde incorporan personajes nuevos o los retornan si son esporádicos, no me dificulta seguirla de ese modo. Algo parecido me pasó con Inuyasha el verano pasado (ambas series de la grandiosa Rumiko) que empecé a verla a partir del capítulo 21 o por ahí, aunque esta sí me la vi entera sin salteármela y no vi los primeros capítulos hasta que me la acabé. Y fue gracias a mi hermana por la que empecé a verlas a las dos, porque aunque yo las tenía en mente verlas algún día, fue verme un capítulo por encima con mi hermana y me prendé de ambas.

Y como dato curioso, ambas me las he visto en formato latino y sus voces son estupendas; al igual que en Wolf´s Rain, otra gran serie y demás animes o películas. No sé cómo será el doblaje de Ranma ½ en España, pero sí lo sé de Inuyasha, y personalmente me gustan más las voces de Latinoamérica. Será que me acostumbré a ellas, pero después comparé el sentimiento de las voces de los personajes y cierta escena de Inuyasha que me hizo reír a carcajadas…y no es lo mismo. No tenía ni la gracia ni el mismo sentimiento aquí en España que quienes pusieron sus voces al otro lado del Atlántico. Debido a estas experiencias y a otras muchas, cada día se me hace más ridículos los debates que se originan en internet por esto mismo. ¡Es una solemne tontería! ¡Cada uno se acostumbra a lo que oye y no le gusta que le cambien ni las voces ni las frases! Luego hay que ser críticos, pero eso es harina de otro costal.

¡Vaya, qué largo se me hizo esto! Si es que me he emocionado… ¡Hasta otra entonces!

*P.D: Por favor, no me manden más mensajes privados ni dejen comentarios sobre cuando voy a subir otro capítulo, porque ni yo misma lo sé. Hay otras alternativas que da esta página para saber cuándo se publica, utilíncelas.