36. Asalto al castillo (Parte 2)

Las Gerudo no pudieron creerse lo que vieron sus ojos al día siguiente, cuando Marin se presentó ante ellas dispuesta a colaborar. Debido, tuvieron que aceptar, un tanto resignadas, la propuesta de Zelda.

A partir de ese día, la vida en el tranquilo Pueblo de los Animales, cambió. Mientras Nabooru y y Aveil regresaron con su clan para buscar su apoyo; Marin estuvo muy ocupada preparando todo lo que necesitarían para el asalto. Enseñó tanto a animales como personas los materiales que necesitaba que recolectaran, como hongos, plantas y demás elementos. No hubo un momento de descanso, todos participaban activamente en lo que podían, hasta el egoísta capitán Linebeck, que llevaba la lista con el inventario.

Sólo hubo una excepción, que era la del sabio Siwan y las tres hadas. Ellos estaban ocupados con un asunto que no quisieron revelar a nadie, ni siquiera al propio Mascarón Rojo, que si había servido al resto como transporte de mercancías.

Dos semanas más tarde, las Gerudo llegaron en barcazas a la playa que había al sur de la aldea. Era un grupo numeroso, más de cincuenta mujeres, todas ellas fuertemente armadas y preparadas para la lucha. Muchas de ellas quedaron impactadas cuando llegaron al diminuto poblado habitado principalmente por animales, sobre todo cuando escucharon a algunos hablarles. También se burlaban o reprochaban que sus líderes hubieran decidido aliarse con, según su criterio, gente mucho más débil que ellas e incapaces de hacer nada sin su ayuda.

Zelda, Marin y las líderes Gerudo se encargaron de explicar los detalles de la estrategia que había elegido al reducido ejército. Esas mujeres siguieron sin estar del todo conformes con evitar la violencia a toda costa, pero debían ser fieles a sus jefas y también les unía un fuerte deseo por eliminar a Onkled, además de las promesas de dinero.

Después de esa larga charla, Marin dio a cada unidad un lote con dardos y bombas de humo que les servirían para dejar inconscientes a los solados del castillo procurándoles un largo y profundo sueño. También les entregó una mascarilla que les protegería de inhalar los gases de las bombas de humo, construidas rudimentariamente pero muy eficaces y que además podían llevar tras los velos que cubrían sus rostros.

Con todo el equipamiento y las provisiones listas, esa noche el batallón se quedó esa noche a dormir en la aldea, que apenas disponía de espacio para alojar a tanta gente y algunos tuvieron que descansar fuera.

Debían descansar bien esa noche, ya que sería la última antes de la gran batalla.

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Al día siguiente, el grupo que iría por mar, comandado por Aveil, decidió esperar a zarpar cuando el sol comenzara a ponerse, dado que así les sería más fácil avanzar, bajo en amparo de la oscuridad. Y como llegarían más rápido navegando que andando por la selva, era una forma también de darles ventaja al grupo terrestre.

Estos últimos, dirigidos por Nabooru, aceptaron la extraña propuesta de Mascarón Rojo de acortar camino remontando en barca los ríos de la isla. Ataron los botes restantes que habían traído las Gerudo en fila, siendo el barco encantado quien iría en cabeza, dejando también que este les guiara. En él iban, aunque bien apretados; Nabooru, Marin y su fiel mascota alada, Zelda, Link, River y sorprendentemente, Linebeck. También iban con ellos Ciela, que después de haber estado ausente durante días, volvía para acompañar a la cuadrilla.

-¿Ocurre algo, valiente dama? –preguntó Mascarón Rojo a Naboory mientras navegaba tranquilamente por las aguas del río- ¿Qué le perturba?

-De por sí me sorprendía que un barco sin vela pudiera moverse, pero remontar un río…-miraba constantemente el agua- ¿Es mi imaginación o la corriente está invertida?

-¡Ah! ¿Era eso? ¡Ja, ja, ja! –rió al darse cuenta de ello- Sí, todo gracias al Pez del Viento, protector de la isla. Nos está dando una pequeña ayuda para que cumpláis con éxito esta misión.

-¡Baf! Nada extraordinario…-murmuró resentida Marin- Puede cambiar el curso natural del río, pero luego…

-¡Pues a mí me parece que ese dios es la monda! –difirió el Zora- ¡Casi me dan ganas de tirarme al agua y dejar que me lleve la corriente! Pero mejor no…-bostezó y no tuvo reparos en estirarse completamente- ¡Hay que guardar fuerzas para la batalla! ¡Alguien tiene que colarse por el foso del castillo!

-Es verdad, pero aquí hay alguien que sobra realmente…-el hada miró de mala manera a Linebeck- ¡¿Se puede saber qué haces con nosotros?! ¡Seguro que te has colado aquí para echarle mano al tesoro del castillo en cuanto te despejen el camino para llegar a la cámara donde lo guardan!

-¿Y a ti qué más te dan mis motivos? –respondió sin inmutarse- Si bien es cierto que reclamaré mi parte del botín, se necesitará a alguien para que, en caso de emergencia, salga corriendo a buscar ayuda y a informar de lo sucedido.

-O lo que es lo mismo: si las cosas se ponen feas, tú saldrás por patas…-suspiró derrotada, ese hombre no iba a cambiar.

Mientras tanto, Link estaba ensimismado con su recién recuperada espada, la cual no parecía haber cambiado demasiado. Únicamente notaba su filo algo diferente y la presencia de tres pequeñas gemas de colores incrustadas en la empuñadura del arma.

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"Justo antes de partir…

-¡Hey, Link! ¡Espera! –le llamó una aguda voz, era Ciela, que trataba de alcanzarle.

-¡Vaya, por fin apareces!-exclamó él-¿Dónde habéis estado tú, tus amigas y Siwan?

-Mejorando tu espada, joven guerrero.-contestó el sabio que se acercaba sin prisa a él- Después de un largo y arduo trabajo, aquí está. ¿No estarías pensando en marcharte sin ella verdad?

-No, la verdad es que no. Estaba a punto de ir a buscarlos, pero os habéis…

Antes que terminara la frase, le entregó su espada al verlo tan deseoso de tenerla entre sus manos. Link al momento la sacó de la vaina, quedándose algo decepcionado con el resultado.

-¿Ocurre algo?

-No, es que…-no estaba convencido- Después de todos estos días que he pasado sin ella, no me parece que le hayáis hecho algo significante.

-¡Hey, respeta nuestro trabajo!-le reprochó molesta el hada Leaf.

-¡Después de todo lo que nos ha costado trabajarla, podrías al menos mostrar un poco de agradecimiento!-le siguió Neri.

-¡Sobre todo por el abuelo!-añadió también Ciela- ¡Gracias a él ahora ya no es una espada corriente!

-¿De verdad?-preguntó confundido- Pero… ¿En qué se diferencia de la original que me regaló Zelda?

-¡Jo, jo, jo! ¡Todo a su tiempo, muchacho! –le divertida verle dudar- Cuando llegue el momento de necesitarla, lo sabrás."

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-¿En qué piensas?-escuchó de repente a Zelda, sacándole de sus pensamientos- ¿Por qué observas tanto tu espada?

-Por nada, sólo…-la sacó de la vaina-¿Crees que haya podido cambiar en algo? Yo no estoy seguro, pero el sabio Siwan insistió en que así era.

-Bueno…-ella la miró más detenidamente- Su apariencia es muy similar a la original, pero quizás le haya hecho algo que a simple vista no se puede apreciar.

-¡No debes preocuparte, muchacho! –exclamó Mascarón Rojo, que lo estaba oyendo todo-¡Sólo ten fe en las palabras de ese anciano y usa el arma como siempre has sabido hacerlo!

Link dejó a un lado sus dudas por un rato, mientras observaba el frondoso y bello paisaje de la jungla. Llevaban tiempo navegando por sus aguas, le preocupaba que alguien de alguna población cercana les pudiese descubrir.

-No te preocupes…-le respondió con antelación el barco encantado- También el Pez del Viento se ha encargado de eso. En estos momentos, mientras no desembarquemos, cualquiera que observe el río no notará que la corriente fluye al revés ni que nosotros estamos sobre sus aguas. Estarán viendo un espejismo, un sueño.

-¿Y sólo es con nosotros o también presta ayuda a Aveil y a las mujeres que van con ella?-preguntó entonces Nabooru, interesada en la seguridad de sus compañeras.

-Por supuesto, nadie podrá localizarlas hasta que pongan un pie en tierra. Puedes estar tranquila, el Pez del Viento las protege.

-Qué sorpresa…-volvió a murmurar con desprecio Marin- Otra cosa que también sabe hacer esa divinidad.

-"Esta chica…"-oyó lamentarse Link a la gaviota, seguía pudiendo entender a los animales- "Nunca había sido rencorosa con nadie, pero me da que a esa ballena voladora no la va a perdonar en la vida, por no haber sido capaz de salvar a Richard."

Graznó y salió volando un segundo más tarde, cuando Marin le arrancó una pequeña pluma a modo de reprimenda por sus palabras, dado que podía entenderla.

-¡Te lo mereces, Niram!-le dijo mientras ésta planeaba a unos metros sobre ella- ¡Ahórrate esos comentarios en mi presencia!

Link se sentía algo intimidado por el nuevo carácter de la joven pelirroja. Seguía siendo como siempre, pero con el añadido de que no podía nombrarse al Pez del Viento o al Monte Tamaranch delante ella, pues todavía no había superado la muerte de Richard.

Continuaron su camino hasta que, como muchos se esperaron, se toparon con desniveles en el curso del río. De por sí les era extraño que el agua de la cascada que tenían delante no cayera, sino que subiera. Pero dejando eso a un lado, se preguntaban cómo subirían por ahí.

-¡Hasta aquí hemos llegado! ¡Nos bajamos aquí! –proclamó Nabooru al ver la situación-No es muy alta, así que la bordearemos cargando con los botes y después retornaremos al río.

-Espera, no hace falta que lo hagáis…-habló Mascarón Rojo, mirando la catarata- Sentaos y agarros bien, voy al saltarla.

-¡¿Saltarla?!-exclamaron todos los que iban en él, asustando a los que iban en los otros barcos.

De pronto, bajo ellos surgió un pequeño tornado que, uno a uno, fue subiendo los botes hasta la parte alta de la cascada. Las Gerudo y el resto se quedaron impresionados y sin palabras para describir lo que había sucedido, haciendo que Mascarón Rojo riera enérgicamente.

-A ver si lo adivino… ¿Otra vez el Pez del Viento?-preguntó sin muchas ganas Marin.

-¡Jo, jo, jo! ¡Esta vez no!-su respuesta sorprendió a los todos los presentes-Este es un truco mío, que aprendí hace mucho tiempo. En alta mar, no podéis imaginaros lo útil que resulta poder esquivar enemigos de esta forma.

-Ciertamente, eres un barco de lo más extraordinario…-comentó Linebeck-¿Qué te parecería ser el barco de recreo del legendario capitán Linebeck? Con una vela, podríamos darnos largos paseos por las costas de Sakado y otros bellos destinos turísticos. Además, últimamente está de moda entre la alta burguesía y la nobleza de estos lugares un deporte conocido como "vela", que trata básicamente de manejar con destreza un velero de no muy grandes proporciones, en función del número de tripulantes. ¡Podríamos hacernos ricos en las competiciones individuales!

-¡Ja, ja, ja! Gracias, capitán, pero debo rechazar su propuesta. Después de esta pequeña aventura, espero poder dejar de navegar. Otra vez…

-¿Qué quiere decir con eso?-el viejo marino no entendía a lo que se refería.

-¡Déjale en paz, viejo aprovechado! ¡Te ha dicho que no y punto!-le regaño Ciela dado su elevado interés en Mascarón Rojo.

-Dime la verdad, pequeña hada…-se acercó a ella sospechando algo-¿Hay algo que tú, ese viejo y el barco ocultáis, verdad?

-¡¿Qué dices?!-parecía nerviosa-¡Estás demente, Linebeck! ¡Acéptalo! ¡Dices cosas sin sentido!

Mientras ellos dos discutían y se insultaban, Nabooru le lanzó a Mascarón Roja una pregunta que le rondaba la cabeza desde que empezaron ese viaje.

-Si el Pez del Viento es capaz de cambiar el curso de río a su voluntad y también hacernos prácticamente invisibles a los ojos ajenos…-meditó unos instantes- ¿No podría facilitarnos las cosas y hacer dormir a todos los del castillo antes de que llegáramos? ¡Eso es! ¡Como ese cuento llamado "La bella durmiente"! ¿Estaría bien, eh?

-Ojalá pudiera ser, pero lamentablemente no es posible.-suspiró entristecido- Habéis liberado a gran parte de la isla del influjo maligno que sellaba los poderes del Pez del Viento, pero ese castillo es el último reducto de maldad que queda en este reino. No puede ayudaros allí.

-¡Ja! ¡No me sorprende!-se burló Marin, que ya se lo esperaba-¡A la hora de la verdad, el protector de la isla no resulta más que un simple animal con poderes sobrenaturales!

-No deberíais hablar así de él, jovencita.-habló un tanto decepcionado el barco- No fue culpa suya que el príncipe Richard muriese. Comprendo que ahora estéis dolida y busquéis a un culpable, pero algún día deberéis dejar esos rencores a un lado.

Ella no le escuchó, permaneció en sus trece y simplemente lo ignoró. Después de eso, el grupo prefirió disfrutar de esos escasos momentos de tranquilidad antes de llegar a su destino.

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-Bueno…-respiró aliviada Nabooru, bajándose de Mascarón Rojo- Desde aquí sólo quedan escasos kilómetros hasta nuestro objetivo.

Todos bajaron y sacaron de los botes las provisiones y equipamiento que traían consigo, dejando atados las barcas a los árboles cercanos. Mascarón Rojo se despidió de ellos y se dejó llevar por la corriente, que había vuelto a su curso normal. Ahora avanzarían sin ayuda hasta el lugar acordado.

-Acaparemos en un lugar cercano y protegido desde donde podamos observar el castillo, a la espera de la señal de Aveil, indicándonos que el otro grupo también ha llegado y se encuentra en su posición.-le explicó nuevamente a la tropa- ¡Y después asaltaremos el castillo! ¡Dejad en buen lugar a nuestra tribu, compañeras!

Las Gerudo hicieron su grito de guerra, algo que en conjunto intimidaba a quienes no eran parte de su clan. Continuaron su avance hasta que pocas horas más tarde, pudieron divisar a los lejos el castillo. Descansaron allí protegidas por la orografía y la espesa vegetación, sin dejar de vigilar la fortaleza enemiga.

Tiempo más tarde, fueron sorprendidas por un viejo conocido, que alarmó al campamento entero ya que la mayoría no lo conocía.

-¡Uh, uh! ¡Esa ha estado cerca!-dijo Kaepora Gaepora al esquivar sin alterarse una flecha lanzada por una de las Gerudo- Veo que estáis alerta, eso es bueno.

-¡Alto! ¡No disparéis!-ordenó Nabooru a sus compañeras-¡No es un enemigo! Sólo es un búho de lo más inoportuno…

-Lo siento, no pretendía asustaros. Sólo pasaba para comprobar cómo estabais y de paso avisaros de que esa Aveil y las mujeres que van con ella no tardarán mucho en llegar. Puede que a medianoche estén aquí y lleguen listas para el combate.

-Gracias por la información, estaremos listos para entonces.-le agradeció Nabooru-¿Pero cómo logra siempre encontrarnos?

-¡Uh, uh! ¡Es una habilidad innata! Con mi vista de rapaz nocturna, mis conocimientos y mi intuición, me resulta sencillo encontrar lugares o seres vivos.

-Y ya que has sobrevolado el castillo…-intervino Zelda- ¿Podrías darnos alguna información sobre él?

-Todo parece tranquilo, pero no os confiéis.-giró la cabeza hacia dicho lugar-Noto una fuete energía maligna salir desde su interior, deberéis estar preparados para todo. Algo me dice que el resultado esta confrontación dependerá de que logréis eliminar la fuente de ese poder maldito.

Después de cruzar unas palabras más con el búho, emprendió nuevamente el vuelo y desapareció en el cielo. Siguieron pues esperado a que llegaran Aveil y las suyas, cosa que sucedió en la madrugada, como había previsto Kaepora Gaepora. Sólo hizo falta una señal indetectable y secreta entre ellas para dar inicio al asalto.

Camuflados entre la penumbra y el propio terreno, avanzaron hasta colocarse en todas las caras del castillo, esperando el momento oportuno para colarse. El Zora aprovechó para meterse en el foso y buscar varios lugares por donde meterse. Mientras otros también se había metido en el foso para entrar por la salida de agua por donde Link había entrado la primera vez y algunos más lo hacían por un estrecho y semiderruido túnel que conectaba con los jardines del palacio, el que había utilizado Zelda y Link para escapar de allí. Así sucedió con otros pequeños pasajes ocultos que Marin les había señalado, dividiéndose en pequeños grupos para acapararlos todos.

Utilizaban las bombas de humos para tandear el terreno, haciendo que rodaran hacia donde creían oportuno y poco después soltaban su carga, que se desvanecía en segundos y eso evitaba que otros que llegasen ahí después se dieran cuenta. Varios criados y soldados acabaron durmiendo debido a esta táctica. Y cuando no eran las bombas, eran los dardos quienes hacían el trabajo.

Fueron avanzando sin que ninguno de los asaltantes fuera descubierto, pero eso no duró mucho tiempo. Había mucha vigilancia esa noche y resultó casi inevitable que acabaran descubriéndolos. Pronto se inició una lucha entre algunos soldados y las Gerudo, que incluso en esas circunstancias seguían fieles al plan y sólo trataron de defender y de dejarles fuera de combate sin matarlos. Se dio la voz de alarma en todo el castillo y quienes no estaban dormidos por los efectos de las drogas y esporas, se hicieron a las armas y los enfrentaron.

Entre tanto, Link, Zelda y el hada Ciela seguían buscando a Onkled y al supuesto monstruo ente tanto revuelo, pero se les estaba complicando las cosas.

-¡Hey, creo que recuerdo este camino! ¡Estamos cerca del lugar que da acceso a las mazmorras del castillo!-comentó Ciela mientras se orientaba por los pasillos del castillo.

-¡Pues démonos prisa! ¡Cada vez llegan más guardia!-exclamó al sentir que se estaban acercando, gracias a su oído y olfato animal.

Corrieron todo lo que pudieron mientras trataban de esquivar con antelación a sus enemigos, aunque terminaron por enzarzarse en varias peleas. Tras mucho esfuerzo, se encontraron frente al portón misterioso y herméticamente cerrado que Link y Ciela habían visto en su anterior incursión.

-¿Y cómo vamos a abrirla? Necesitaríamos la fuerza de diez personas para tener apenas una posibilidad de derribarla.-estimó la princesa hyruliana.

-¿Y si buscamos la armería? Quizás ahí haya bombas u otras cosas que nos sean útiles.-propuso Ciela- Marin nos indicó donde estaba, pero tendríamos que bajar unos pisos para llegar hasta allí. O la buscamos a ella, pero sería más trabajoso, ya que no la hemos visto desde que entramos aquí.

Link, frustrado, trató de hacer algo con la puerta utilizando su espada, en un intento desesperado por abrirla. Pero jamás se imaginó lo que sucedería después…

De la puerta emanó un gran destello de luz que lo cubrió todo, cegándolos unos instantes. Link consiguió abrir los ojos pasado todo aquello, sintiéndose confundido ante lo ocurrido.

-¡Hey, Link!-Ciela parecía estar bien, al igual que él-¡Mira detrás de ti!

Al hacerlo, una expresión de espanto se dibujó en su rostro. En donde se suponía que debía estar Zelda, había una estatua exactamente igual a ella. Ese resplandor la había convertido en piedra.

-¡Zelda! ¡¿Qué te ha ocurrido?! ¡Responde!-trató de hacer que reaccionara sin éxito, sin entender lo que había pasado.

-Uy,uy,uy…-el hada estaba realmente nerviosa- Esto me recuerda a cuando…

Tras conseguir serenarse un poco, se percató de que todo el ambiente se sentía diferente. Había un silencio espectral en todo el lugar y no era capaz de oler las distintas esencias de las personas.

De pronto, se sintió aún más extraño, notaba la presencia de alguien. Forzó la visión y activó su percepción animal, descubriendo que se trataba de Richard, a quien no había percibido mucho en los últimos días.

-"¡¿Qué has hecho?! ¡Has convertido a todos los que se encontraban en el castillo en piedra!"-le reclamó el espíritu, impactado por lo ocurrido.

-¡¿A todos?! ¡¿Pero cómo ha podido ser?!-exclamó Link-¿Qué hay detrás de esta puerta, Richard?

-"Lo que ambos creemos que hay ahí…el monstruo"-su voz estaba temblorosa-"Ni siquiera en esta forma me atrevo a ver lo que hay dentro, además de que un sello mágico protege la puerta."

-¿Estás hablando con el fantasma de Richard?-preguntó Ciela, aunque Link se lo había explicado después de que Siwan le devolviese su espada-¡¿Qué está pasando?!

Él le explicó brevemente la situación, pero ni él mismo lo comprendía. Si todo el mundo se había convertido en piedra… ¿Por qué ellos dos se habían salvado?

En ese momento se percató, gracias a su percepción animal, que un aura sagrada envolvía su cuerpo y el de ella. Tal vez fuera el motivo de que siguieran igual, pero desconocía la razón.

-¡¿Ves cómo el abuelo tenía razón?!-le reprochó el hada-¡Esta espada te ha protegido de lo que fuera que ha vuelto a todos en estatuas!

-¿Y entonces por qué tú también estás como siempre?

-Eso es porque mis poderes me protegen de ese influjo maligno, además de que gracias a ellos ayudé a forjar tu espada junto con el abuelo y mis dos amigas hadas.-dijo orgullosa y luego se pavoneó por el sitio-¿A que no te imaginabas que fuera tan poderosa?

-"Y por mí ya sabéis la respuesta…"-intervino Richard-"Como ya no poseo un cuerpo, me he librado también de esa maldición."

-¡El culpable de todo esto está tras esa puerta!-gritó furioso Link-¡Debemos entrar ahí como sea! ¡Tenemos que retornar a Zelda y al resto a su forma original!

-Sí, sí…-suspiró el hada-Exactamente igual que pasó con Tetra…eso me hace pensar que…

Antes de que pudieran pensar en nada, oyeron una voz retumbar por todo el castillo.

-Je, je… ¡Qué sorpresa más desagradable! ¡Todavía queda uno en pie! No sé cómo lo habrás conseguido, pero te felicito. Me enteré de que las criaturas que mantenían bajo control al legendario Pez del Viento habían sido destruidas, por lo que comprendí que el siguiente objetivo sería yo.

-"¡Es Onkled! Ese maldito canalla…"-intentaba contener su rabia-"¡Seguro que está utilizando los poderes de esa bestia para hablarnos! ¡Y también habrá sido el culpable de lo que ha pasado!"

-¡Ja, ja, ja! ¡Pero os adelanté! He estado esperando aquí durante días a que vinierais a buscarme. Me he divertido observando cómo os colabais en mi castillo y tratabais de hacerle el menor daño a los que residen o trabajan aquí… ¡Qué conmovedor! ¡Preferís perder vuestras vidas antes que las de vuestros enemigos! ¡A mí me dan igual! ¡Podríais haberlos matados a todos si queríais! El único soldado que necesito está aquí conmigo, que en sí mismo es como un ejército. Desde el principio, manipuló las mentes de algunos soldados para que dieran el golpe de estado creyendo que seguían órdenes de Richard. Y después de hacerme con el trono, comencé a manipular las de todo el ejército y la guardia real para que me obedecieran sin rechistar. Podría haber hecho lo mismo con los civiles, pero me era más placentero manipularlos yo mismo y ver el miedo en las caras de los que osaban desobedecerme.

-¡Eres un cobarde! ¡Da la cara de una vez!-le insultó Ciela con su característica voz chillona-¡Alguien como tú no merece ser rey! ¡Eres un abusivo!

-¡Vaya, qué carácter tiene esa bola brillante con alas! Olvidaré tus ofensas por el momento, ya que vais a conocerme en persona. Y también, a mi arma suprema…

En ese momento, la puerta se libró de sus cadenas y cierres, abriéndose de par en par. Daba a un pasadizo oscuro, que bajaba hasta lo más hondo del castillo.

-¡Venga, adelante! ¡Quiero divertirme viendo cómo os destruyen!

Link bajó por aquellas escaleras, pasando a su vez por las mazmorras y las crueles escenas que vio allí. Parecía que bajase a mismísimo infierno.

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Un gran portón se abrió ante él, cerrándose nada más entró a la sala. Era inmensa, parecía un pequeño coliseo con una terraza en lo alto. Multitud de antorchas repartidas por la habitación iluminaban la sala, era el espacio adecuado para celebrarse una contienda. También había algunos huesos, manchas de sangre, piezas de armaduras y armas rotas por el lugar, lo cual le daba un aura perturbadora.

De pronto, del fondo de la terraza apareció el despreciable Onkled, que se sentó en lo que parecía un trono, teniendo una visión privilegiada desde ahí.

-Qué lástima que no seas el primero que haya tenido el privilegio de luchar en este campo de batalla…-por sus palabras, intuyó que otros antes que él había estado allí-Pero no importa, hasta el momento nadie ha conseguido vencer al monstruo. Y tú no serás menos, serás su próxima comida.

Link tragó saliva y se preparó para todo lo que pudiera venir. Escasos segundos más tarde, algo hizo retumbar las paredes. Se materializó de la nada un ser enorme y amorfo, de aspecto repugnante y que levita en el aire. Se podría asemejar a un calamar con multitud de tentáculos y ojos, intimidando desde el principio al valeroso guerrero.

-¡Ah, no! ¡No, no, no!-Cielo trataba de negar lo que veían sus ojos-¡¿Esto es una broma?! ¡Pero si es Bellum! ¡Se supone que había sido destruido! ¡E incluso si hubiera sobrevivido, tendría que haber pasado de dimensión como nosotros! ¡¿Alguien me puede explicar qué está pasando aquí?!

-¡Por el Pez del Viento! ¡Qué ruidosa es esa maldita hada!-sus chillidos molestaron mucho al tirano-¡Ve a por ellos, bestia! ¡Destrózales sin compasión!

El monstruo se lanzó a atacarles con todos sus tentáculos, a lo que Link se defendió con su escudo y cortándole uno de ellos. Éste se retrajo aquejándose de su amputado miembro, algo que sorprendió mucho al corrupto rey.

-¡No puede ser! ¡Hasta ahora nadie había podido dañarle! ¡Ningún arma corriente podría hacerlo! ¡¿Qué clase de espada es esa?!-exclamó levantándose del asiento, jamás se lo hubiese esperado.

-¿Así que a esto se refería Siwan con las mejoras?-le preguntó Link al hada.

-¡Sí, sí, sí!-ella lo estaba celebrando-¡Gracias Pez del Viento! ¡Sin esas piedras hubiéramos muerto en este instante! ¡Pero el abuelo y nosotras también hicimos un gran trabajo! ¡Viva!

La criatura, furiosa, cargó esta vez contra él con todo su cuerpo. Link logró esquivarle a tiempo, agradeciéndoselo a las Diosas luego debido a que el impacto hizo estragos parte de la pared contra la que esa cosa había colisionado. Siguieron así un buen rato, entre amagos y tajos por parte de él, tratando de quitarse de encima al monstruo. Eso sólo acabó agotando a Link, ya que su adversario regeneraba las partes que él le cortaba con el tiempo y no mostraba signos de cansancio.

El hada Ciela se sentía impotente al no poder hacer algo por él, ya que había intentado ser un señuelo, pero éste sólo estaba centrado en herir a Link. Al joven guerrero le pesaban las leves heridas que le había hecho la bestia, pero eso junto con el cansancio acumulado entre el asalto y esa pelea, le estaban pasando factura.

Esa debilidad fue aprovechada por aquel demonio, que lo agarró con uno de sus tentáculos y lo zarandeó como si fuera un muñeco. Él no podía defenderse, su espada estaba en el suelo y no conseguía soltarse, sintiéndose que comenzaba a desvanecerse debido a la fuerza de las sacudidas.

-¡Déjale en paz, mo-monstruo! ¡Mira a quien tengo arrinconado aquí!-habló una voz procedente de la grada.

Con un cuchillo peligrosamente cerca del cuello de Onkled, Linebeck, que había aparecido de la nada, amenazaba con acabar con la vida del amo y señor de la criatura. Paró entonces de agitar a Link, mareado y exhausto por la experiencia.

-¡Suéltame, vejestorio! ¡¿De dónde has salido?!-le gritó furioso el tirano, aunque en esos momentos no estaba en condición de exigir nada.

-¡Linebeck! ¡¿Cómo has conseguido llegar hasta aquí?! ¿Y por qué no te has convertido en piedra?-le preguntó Ciela siendo la primera vez que se alegraba de ver al viejo capitán.

-¡Eso mismo me pregunto yo! ¿Qué está pasando aquí? Yo estaba esperando fuera del castillo, escondido a la espera una buena oportunidad para colarme sin ningún peligro. Hubo un momento en el que sentí el ambiente demasiado tranquilo, así que me atreví a entrar. Cuando vi que todos se habían convertido en piedra, quise largarme al momento de allí. Pero entonces pensé que esa era una oportunidad de oro para hacerme con todo el tesoro del castillo. Yendo de un lado a otro buscándolo acabé dando con unas escaleras que daban al subterráneo, y no sé cómo, creo que activé alguna especie de trampa que me llevó a un pasadizo oculto y que seguí hasta llegar hasta aquí.

La criatura miró con sus múltiples ojos al capitán, haciendo que se estremeciera y temblase como un flan, más de lo que ya hacía. Llegó a un punto en el que entró en pánico y lanzó el cuchillo directo al ojo central de la criatura, haciendo que se retorciera de dolor. En medio de aquellos rugidos y sacudiendo sus tentáculos, acabó soltando a Link y golpeando la terraza donde se encontraban los dos hombres, haciendo que cayera al arena. Afortunadamente para ambos, no salieron gravemente heridos, sólo con algunos dolores y contusiones.

-¡Hey! ¿Estás bien, Linebeck? ¡Una caída así para tu edad sería mortal!-exclamó sorprendida Ciela.

-¡Je, je! ¡No hay nada que pueda con el legendario capitán Linebeck! ¡Y mucho menos una caída como esa!-él trataba de disimularle, pero realmente le dolía todo el cuerpo-Pero lo que más me preocupa es esa cosa… ¡Está fuera de control!

Ni siquiera el propio Onkled podía controlarle, por mucho que insistiera. Habían dado con su punto débil, ese gran ojo central. Pero para llegar a él seguramente tendría que quitarse de encima a esos tentáculos y después hacerle caer.

Fuera de sí, la bestia comenzó a sacudir sus tentáculos indiscriminadamente, obligando a Link a protegerse con su escudo y al resto a huir de ellos. El joven guerrero utilizó todas las técnicas que conocía para librarse de ellos, amputándolos como si se tratase de un machete cortando ramas para poder avanzar en la jungla. Así, logró asestarle algunos golpes en su cuerpo, debilitándolo considerablemente.

Sin embargo, la criatura consiguió defenderse y lo golpeó brutalmente, lanzándolo contra un muro. Quedó allí sentado con la espalda contra la pared y dolorido, no podía moverse. En ese instante, cuando con sólo mirar al monstruo presentía que iba a acabar con él, su percepción animal se activó unos segundos y pudo ver al espíritu de Richard junto a su adversario.

-"¡No dejaré que lo hagas, escoria inmunda! ¡Ya que tú me quitaste mi cuerpo ahora tomaré el tuyo!"-dijo mientras Link veía como usaba el poder contenido en su alma para paralizar a la bestia.

Nada más regresar a su visión normal, confirmó que Richard lo había conseguido. Esa abominación era incapaz de moverse, pero sabía que no duraría mucho y sintió que necesitaba más tiempo.

-¡Espera, Link! ¡Creo poder ayudarte!-le sugirió Ciela-¡Trataré de ralentizar el tiempo! ¡Así podrás aprovechar la oportunidad que esa cosa te ha dado al quedarse de piedra!

-¿Ralentizar…el tiempo?-no entendía nada-¿Puedes hacer algo como eso?

-No estoy segura…-dudaba de sí misma-Sin ese reloj de arena mágico, me será muy difícil que…-de repente, cambió de parecer-¡¿Qué digo?! ¡Vamos, Link! ¡Sólo podré hacerlo una vez! ¡Acaba con él!

Concentrando todo su poder, liberó una inmensa onda de energía que recorrió la sala. Ahora estaba diferente, era un mundo en blanco y negro. Todos parecían haberse parado en el tiempo, era su oportunidad.

Escalando por los tentáculos que aún le quedaban y que se encontraban estáticos en el aire, acabó llegando a donde se encontraba aquel gran ojo. No perdió más el tiempo y se enzarzó con él propinándole numerosos espadazos, terminando con un Golpe de Gracia que sentenció al monstruo.

El poder de Ciela se agotó y debido a eso cayó al suelo, dado que la criatura se libró del control momentáneo de Richard y se retorcía de dolor. Poco después, su cuerpo explotó y se desvaneció, junto con toda su energía maligna. Finalmente toda la maldad que dominaba el reino había sido destruida.

Donde antes había estado el monstruo, sólo quedaba una roca muy erosionada, que por extraño que pareciese, se asemejaba en algo a un hombre. Tenía una gran hendidura en la parte superior, como si algo hubiese estado clavado en ella anteriormente. Tenía multitud de grietas, y a cada momento que pasaba, se hacían más numerosas y profundas. Estaba a punto de desquebrajarse.

Onkled se lamentaba de su mala fortuna, sabía que había llegado su etapa final como rey de Koholint y probablemente de su vida. Sin embargo, nadie le prestaba atención en ese momento. Algo atraía más la atención…

-¡Aaaah! ¡Es un fantasma!-gritó aterrorizado Linebeck-¡¿Quién es ese hombre que acaba de aparecer de repente junto a esa piedra?!

Era un hombre mayor, de aspecto tan regio y noble que parecía un rey, aunque sus ropas eran más propias de un isleño cualquiera. Su principal atributo era su gran y espesa barba.

-¡Al fin lo ha conseguido, señor Daphnes Nohansen!-se acercó alegre a él Ciela-¡Seguro que el abuelo también ha recuperado sus poderes!

-Gracias, pequeña hada, pero no debes felicitarnos por eso.-le respondió con una voz que era familiar para Link y Linebeck-Ha sido gracias a vosotros por lo que el Rey del Mar y yo ahora somos libres de nuevo.

-Eh… ¿Es usted por casualidad…Mascarón Rojo?-preguntó con cautela el joven guerrero, que se encontraba confuso por aquello.

-En efecto, perdón por no revelar antes mi identidad.-se disculpó con un ligera reverencia-Tanto yo como a quién las personas comúnmente conocen como Siwan, hemos permanecido en una forma que no es la nuestra. A veces la utilizamos para pasar desapercibidos, pero desde que la isla fue controlada por seres malignos como el que acabáis de derrotar, gran parte de nuestros poderes fueron sellados, y con ello, nuestra capacidad para alternar entre las dos formas.

-¡Lo sabía! ¡En esa aldea se ocultaba algo!-intervino de pronto Linebeck-¡Desde animales parlantes hasta fantasmas que hechizan navíos! ¡Esto es una isla de locos!

-Por cierto, Mascarón Rojo…-se corrigió enseguida-¡Quiero decir, Daphnes Nohansen! ¿Podría decirnos que es esa piedra que dejó atrás el monstruo?

-¿Esto?-miró desconsolado la roca-Un resquicio del pasado de un mundo y lo que podría haber sido de otro…-miró ahora a Link-He podido meterme en los recuerdos de la princesa Zelda y los tuyos, y veo que ya sabes algo de lo que estoy a punto de contarte.

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"Yo provengo de otro mundo, un mundo en el cual un héroe derrotó a un Ganondorf que consiguió en un principio su objetivo. Consiguió sellarlo, pero pasado el tiempo, logró liberarse y la única forma de tuvo el pueblo de Hyrule de liberarse de su yugo fue que las Diosas lo inundaran todo y huyeran a las tierras altas. Yo era el rey de Hyrule en ese entonces, por lo que comprenderás, que soy un ente antiguo.

Con el paso del tiempo, ese reino fue olvidado. Pero Ganondorf no dejó atrás sus deseos de poder y finalmente volvió a aparecer un héroe para enfrentarlo. Nacido en un mundo cubierto por el mar, bajó hasta las profundidades donde se encontraban las ruinas del antiguo Hyrule, protegidas bajo una cúpula. Allí venció a Ganondorf, clavándole la Espada Maestra en la cabeza como golpe final, dejándola ahí para que el cuerpo de Ganondorf se convirtiera en su pedestal de piedra.

Pedí entonces un deseo a las Diosas, que el antiguo Hyrule se hundiera en lo más profundo del océano y no resurgiera, dejando en manos de aquel héroe y de mi heredera la tarea de encontrar nuevas tierras donde se fundara un nuevo reino.

Sin embargo, cuando me hundía junto con mi reino en las profundidades, algo extraño ocurrió. Al parecer pasamos a otra dimensión, donde las tierras de Hyrule se fragmentaron y se transformaron para construir un archipiélago al que hoy se le conoce como Archipiélago del Gran Rey. Un grupo de isla que, como si se tratase de un reflejo, guardar cierto parecido con las islas que habían desperdigadas en mi mundo natal y de otra dimensión aparte.

Yo acabé, en cambio, en esta isla. Una isla creada a partir de los sueños de Pez del Viento y que también se materializó en este mundo, gracias a los deseos de un antiguo héroe. Pronto descubrí que el mundo en donde me encontraba era el resultado de aquel héroe que se había convertido en leyenda en mi propia dimensión, que había viajado en el tiempo para cumplir su destino y que una vez cumplida su misión, retornó a su tiempo y advirtió al rey de Hyrule de la época que Ganondorf pretendía atacar su reino.

Esa es la línea de tiempo en la que estamos, un mundo que no vio al Señor de las Tinieblas cumplir con sus objetivos."

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-Entonces, Ciela…-dirigió la mirada hacia ella-¿Era verdad que provenías de otro mundo?

-¡Claro que sí!-afirmó molesta-El abuelo, mis amigas hadas y yo venimos de ese otro mundo. Y el monstruo que vencimos, era muy similar a uno que… ¡Qué casualidad! ¡El mismo héroe fue en busca de nuevas tierras derrotó! ¡Acabó en nuestro mundo por influencia de Bellum! Después regresó de nuevo a su dimensión y reconozco que le estado echando de menos desde entonces. Tú te pareces mucho a él y hasta tienes su mismo nombre.

-¿Y esa piedra entonces que es? ¿Es aquel Ganondorf o es ese tal Bellum?-preguntó con interés Link.

-Esto es lo poco que queda de ese hombre, pero la escasa energía maligna que aún quedaba en él le sirvió a un mago oscuro para crear con sus poderes a un monstruo, cuando se encontró a esta vieja ruina que había sido arrastrada por el mar hacia las costas de esta isla. Su apariencia tal vez se debiera porque en esta isla convergen criaturas de diversos mundos, de modo que en cierto modo se "resucitó" tanto a Bellum como a las Pesadillas que en pasado atormentaron al Pez del Viento.

-¿Pero quién era ese mago oscuro, señor?-le preguntó nuevamente intrigado a ese antiguo rey.

-Eso lo desconozco, aunque…-miró a Onkled -Quizás ese hombre que se lamenta de su infortunio sepa quién es.

Todos al momento miraron con desprecio a aquel sabandija, desprovisto ahora de poder alguno. Dudaron si dejarle con vida o esperar a que lo juzgaran y se pudriera en las mazmorras de ese mismo castillo, se lo estaban planteando.

Mientras tanto, Daphnes Nohansen miró una última vez a la deteriorada piedra y puso su mano en ella, que acabó pulverizada al instante debido a las grietas. Aunque la Espada Maestra originaria de su mundo no hubiera pasado con ellos a esa dimensión, podía sentirse tranquilo de ver que había otros héroes en ese mundo y una Espada Maestra que no había desaparecido bajo las aguas.

De pronto, algo hizo que todos dejaran de prestar atención a lo que estaban haciendo y se centraron en un haz de luz que había aparecido en medio de la sala. Tras ser cegados unos instantes por tan intensa luz, vieron el cuerpo de un hombre joven tumbado en el suelo, vestido con ropas propias de un aristócrata. Era extrañamente similar a…

-¡Oh, por el Pez del Viento! ¡Es imposible!-se echó para atrás el destronado Onkled-¡Es Richard! ¡Pensé que había muerto! ¡¿Qué hace ahí?!

-¡¿Qué?! ¡Es Richard!-exclamó sorprendida Ciela-¡¿Estará de verdad…vivo?!

Link le tomó el pulso y comprobó su respiración, parecía encontrarse perfectamente bien.

-Tal vez…-meditó el hombre sabio-Su cuerpo había sido víctima de una maldición causada por el monstruo. Una vez destruido, se liberó de ella. Es probable que ahora su espíritu haya podido retornar a su verdadero cuerpo, a pesar del que poseía aún maldito haya desaparecido.

-Genial, ahora tratamos con el tema de la muerte…-suspiró el viejo capitán-Quiero irme a casa…son demasiadas cosas que asimilar para una anciano como yo.

No tuvieron que esperar mucho hasta que Richard comenzó a abrir los ojos, sintiéndose extraño al despertar.

-Ag, por el Pez del Viento…-se aquejaba del dolor de cabeza-¿Eh? ¿Por qué me están mirando de ese modo?

-¡Richard! ¡Has vuelto! ¡Bienvenido al mundo de los vivos!-le felicitó el hada.

-¿El mundo de los…?-en ese instante, empezó a sentir el mundo a través de sus sentidos-¿Estoy vivo? ¡Estoy vivo!-se levantó de golpe y comenzó a observarse detenidamente-¡Llevo las mismas ropas que el día en el que atacaron el castillo!-pasó a mirarse las manos-¡Son grandes y fuertes, como las de un hombre!-se tocó la cara-Snif… ¡Incluso sigo conservando los pequeños pelos de la barba de un día que no pude afeitarme por culpa del golpe de estado! ¡Y mi voz no suena como un niño! ¡Es verdad! ¡He vuelto! ¡Síiiiiiii!

-Me parece…-Linebeck sentía vergüenza ajena por el príncipe-Que se está excediendo un poco.

Poco después Richard fue a abrazar a Link con gran emoción, haciendo que se sintiera un tanto incómodo por la fuerza con la que lo hacía.

-¡Gracias, amigo! ¡Nunca podré recompensarte por lo que has hecho!-casi se puso a llorar en su hombro, pero después reaccionó-¡Ey! ¡Te saco casi una cabeza de alto! ¿Qué era eso de llamarme "enano"? ¡Ahora debería decírtelo yo a ti! ¿No crees?

-Sí, ya veo que has pegado el estirón…-estaba algo molesto, pero no le importó-Tú lo que tienes es demasiada suerte, en mi opinión. Pero me alegra que estés con nosotros. Todos, sobre todo Marin, se quedarán sin palabras al verte.

-¡Marin! ¡Cuántas ganas tengo de…!-en ese momento, dejó a un lado su celebración y se centró en algo más importante- Ejem…espero que te hayas divertido… ¿Cómo has estado en mi ausencia, tío?

-¡Je, je! ¡Alabado sea el Pez del Viento! ¡Mi querido sobrino ha vuelto a la vida!-clamó falsamente tratando de salir ileso de aquello-¡Larga vida al príncipe Richard III de Koholint!

Antes de que pudiera soltar más halagos que ponían enfermo a Richard, este le robó la espada a Link y agarró a Onkled con gran rabia contenida, a punto de cortarle la cabeza.

-¡¿Te atreves a dirigirme la palabra después de todo lo que me has hecho?!-le gritó furioso, haciéndole un corte superficial en el cuello-¡Mataste a mi madre! ¡Y a mi padre, tu propio hermano! ¡Otros muchos también han muerto por tu culpa! ¡O han sufrido lo indecible! ¡Casi consigues arrebatármelo todo! ¡Hasta mi propia vida! ¡¿Crees que mereces alguna compasión por mi parte?!

Onkled cerró los ojos ante lo que creía su sentencia de muerte. Pero, sin embargo, no ocurrió. Su sobrino bajó el armó y lo dejó en el suelo, no sin antes procurarle una última advertencia.

-No cometeré los mismos crímenes que tú...-habló sin dirigirle la mirada-No te mataré, aunque me pese, pues compartimos la misma sangre. En su lugar, recibirás el castigo que quiera imponerte el pueblo, que como poco será pasarte el resto de tus días en una sucia mazmorra.

Su tío temblaba aterrorizado, sabía que su destino no le sería favorable…

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Subieron por aquellas largas escaleras para salir de los subterráneos, la entrada ahora era iluminada por los primeros rayos de sol de la mañana, y Link arrastraba a Onkled hacia fuera como un prisionero de guerra. Ninguno se esperaba que allí fuera les estuvieran esperando, tanto guerreras Gerudo como soldados y sirvientes del castillo.

-¡Ey, ahí viene el rubiales! ¡Y mirad qué regalito nos ha traído!-avisó Aveil, preparándose para darle una paliza a derrocado monarca.

Antes de que se lanzaran a por él, Link se lo impidió. Todos se quejaron, pero antes de entregárselos quería saber qué había pasado. Sabía que la maldición de roca habría remitido, pero no sabía por qué estaban todos juntos.

-Nosotros no servíamos a Onkled por voluntad propia.-habló un soldado-Utilizó una extraña magia para controlarnos y en algunos de nosotros para dar el golpe de estado. Por eso dejamos de pelear contra estas mujeres, ya que sólo querían lo mismo que nosotros.

-¡Ahora clamamos venganza! ¡Déjanos a ese desgraciado para que acabemos con él!-instigó otro, haciendo que todos volvieran a alterarse.

De pronto, Marin, allí presente, pidió a todos que permanecieran en silencio un momento. Oía a una voz familiar subir por las escaleras…

-¡Aaaag! ¡Linebeck! ¿Puede repetirme otra vez por qué tengo que cargar con usted?-suplicó el príncipe al capitán-¡Es agotador subir estas escaleras cargando con un peso como el suyo!

-¡Cállate, jovenzuelo! ¡Soy mayor y debes ayudarme!-pronunció altanero el viejo marino-¡Además, si no llega a ser por mí, ese mozo no podría haber vencido a ese monstruo! ¡Y por tanto, tú no estarías aquí!

-¡Lo que eres es un aprovechado, Linebeck!-le regañó Cielo- Pero bueno, en parte tiene razón. Por esta vez se lo dejaré pasar…

Una vez el príncipe puso un pie en el último peldaño y Linebeck se bajó de su espalda, la reacción general de sus súbditos fue dirigirse a él y mostrarle sus respetos.

-¡Majestad! ¡Está vivo! ¡No sabe cuánto nos alegra que esté bien!-le dijo una criada, besándole la mano-¡El reino está salvado!

-¡Mi señor, lo sentimos mucho!-se disculpó un caballero-Ese maldito Onkled nos ha estado manipulando, pedimos disculpas por todo lo que hemos hecho. Estamos dispuestos a aceptar las consecuencias.

-¡Ya, ya! ¡Tranquilos todos! ¡No pasa nada!-se veía abrumado con tantas atenciones-Ahora todo ha terminado, podremos empezar de nuevo. La isla Koholint tomará un nuevo rumbo de ahora en adelante.

Mientras tanto, Link se había reunido con Zelda al encontrarla en medio de la multitud, abrazándola con gran sentimiento después de todo lo que había pasado.

-No sabes lo feliz que me hacer ver que estás bien…-dijo ella, sin ceder lo más mínimo su agarre-Por fin, todo ha terminado. Podremos volver a Hyrule…

-Sí, es estupendo.-le correspondió igualmente-A mí también me tranquiliza que tú estés bien. Me horrorizó verte convertida en piedra.

-¿En qué? ¿De qué hablas, Link?-ella no se había dado cuenta-Bueno, ya me lo explicarás luego. Lo que me resulta increíble es que Richard esté con vida, pero no me quejo. Al contrario, es una alegría más en este día.

Unos celebran el momento entre amigos o con la pareja, muchos alababan a su soberano que acaba de regresar a la vida y algunos se metían con Onkled respetando las órdenes del muchacho. Pero había una persona que permanecía ajena a todo eso, observando al príncipe sin tener el valor suficiente para hablarle.

-¿Qué te pasa, Marin? ¿Por qué no dices nada y te mantienes ahí mirándome?-le preguntó Richard en cuanto tuvo un momento libre, esperando que corriera a sus brazos.

Mas sucedió todo lo contrario, ella retrocedió y se apartó de él. Después de todo lo que había sufrido, no podía creerse que tuviera a su amado nuevamente frente a ella, con el cuerpo que le correspondía.

-¡Marin! ¡Hija mía! ¡Estás bien! ¡Al fin has vuelto!-oyó ella a un hombre que se acercaba corriendo por los pasillos, era Tarin.

-¡Papá! ¡Tú también estás bien!-lo abrazó en cuanto lo tuvo delante, conteniendo las lágrimas-Te he echado mucho de menos…

Richard trató de ser fuerte al ver aquella escena, se entristecía al pensar en sus padres y que sería él quién se encargarían de todo ahora. Pero también le dolía ver que ella no se había querido acercársele, pero comprendió que necesitaba tiempo.

-¡Felicidades, mi príncipe!-le felicitó Tarin, dándole la mano-¡Lamento muchísimo haber dudado de usted! ¡Estoy completamente arrepentido! ¡Os conozco desde que erais niño y siempre demostrasteis ser buen muchacho! ¡Nunca debí haberme creído las mentiras de ese malnacido!

-¡Je, je! ¡No se preocupe, señor! ¡No fue el único!-le disculpó sin más problemas-Usted fue como un verdadero tío para mí, así que no le dé más…

Antes de que acabara, Marin se lanzó a abrazarle, rompiendo finalmente a llorar de la emoción. Él estaba conmovido con el gesto y le correspondió, haciendo que a Tarin le resbalaran algunas lágrimas de los ojos ante tan tierna escena.

Todo había salido bien, la aventura en la isla Koholint había finalizado. Unos se quedarían para redirigir la nación hacia un nuevo rumbo, mientras que otros volverían a su propio reino…Hyrule.

Continuará…

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Nota de Alfax: ¡Bueno, por fin se acabó la estancia de Link y Zelda en esa isla! ¡Dios! ¡Qué ganas tenía de que terminaran ya con eso! Espero que os haya gustado y espero vuestros comentarios al respecto.

Mientras escribía este, para mí, eterno capítulo, me pasé otros dos juegos llamados Illusion of Time y Terranigma. Sinceramente, me planteo revivir la generación de SNES con más de estos grandes juegos, que no tuve la oportunidad de vivir pues en aquel entonces o no había nacido o era muy pequeña. Me los pasé rápido usando guías, cosa que odio si juego en consolas, pero en emulador es algo que hago con demasiada frecuencia. Ahora mi objetivo está en el nuevo Fire Emblem Awakening, que llevo desde este verano en el que jugué una demo queriéndolo jugar. (Fue un regalo muy "desinteresado" para mi hermana. Nos pusimos de acuerdo en qué juego le compraría por su cumpleaños)

En fin, sólo que da un capítulo más (probablemente también dividido en partes) para llegar al que creo que os resultará ser el clímax de la historia. ¡Donde muchos de los secretos de la historia serán revelados! ¡Llevo años esperando esto! En fin, os tocará esperar un poco, pero espero que no sea mucho.

¡Pues hasta otra! ¡Ya nos veremos! ¡Y disculpen a los que no les haya respondido sus comentarios! ¡No he tenido tiempo ni Internet cerca para hacerlo! ¡Chao!