37. Acontecimientos imprevistos (Parte 1)
Días después de que Richard recuperara el trono, sus súbditos condenaron a su tío Onkled a la pena capital dado su resentimiento hacia él. Su sobrino se compadeció de él dándole una muerte rápida e indolora, en el fondo deseaba que únicamente hubiera acabado entre rejas.
Pero aquel trágico suceso fue opacado por el carnaval, cuyos habitantes de la isla habían deseado que se celebrase desde que ese tirano entró a gobernar. Él odiaba aquella festividad, por lo que prohibió su celebración y todo aquello que estuviera relacionado con ella. Sin embargo, muchos conservaban decoración o disfraces para esas fechas, o los seguían elaborando en secreto. No tardaron demasiado en tenerlo todo listo, aunque fue un festival austero debido al escaso tiempo del que dispusieron. Lo único que deseaban era cumplir con la tradición de la isla y olvidarse de los malos tiempos que dejaban atrás.
Debido a esto y a que Richard debía poner orden otros muchos asuntos, Link y Zelda no pudieron embarcar tan pronto como quisieron a su tierra natal. Mas no les importó demasiado, ahora podía conocer la faceta más atractiva de la isla, sin tener que esconderse o luchar contra fieros monstruos.
El mismo día en el que se daría inicio al carnaval, Zelda se encontraba en una de las múltiples y amplias terrazas del castillo, contemplando al sol ocultarse bajo el océano. Le pareció una imagen hermosa, hasta le daba algo de envidia el saber que su homólogo de esa isla podía disfrutar de unas vistas así todos los días desde su palacio. Aunque ella también recordaba los atardeceres desde su castillo en Hyrule, cambiando el mar por vastas praderas, bosques y montañas.
-Por fin ha terminado todo…-suspiró aliviada, mas su humor cambió enseguida-Pero…no dejo de pensar en que tengo parte de la culpa. No sólo de lo que nos ha ocurrido a Link y a mí, sino también de esta isla. Ya no sé qué esperarme en cuanto volvamos a Hyrule, sé que esto aún no ha acabado. Y temo por la integridad de Link y de otros que se encuentren a mi alrededor.
Ella siguió pensativa, olvidándose de que estaba oscureciendo y el frío nocturno comenzaba a hacerse notar.
-¿Se puede saber qué haces aquí tan sola?-oyó de pronto tras su espalda, mientras sentía como la agarraban por detrás.
-¡Link!-exclamó sorprendida, no había notado su presencia-¡Por las Diosas! ¡Me has asustado!
-¡Je, je! Lo siento, serán mis instintos de lobo los que me hacen acercarme con tanto sigilo.
-¿Y también esos instintos hacen que estés tan obsesionado con mis orejas?-le preguntó notando que las estaba besando, entre otras cosas. No era la primera vez que se lo hacía.
-Sabes cuál es el motivo por el que me gustan tanto…-él seguía con lo suyo-¿Es que acaso te molesta?
-No es eso, pero creo que deberías dejar atrás ese complejo de ser el último de tu raza.-bromeó ella-No por ser el único hyliano de tu aldea, hace que yo, supuestamente la primera hyliana que viste o que recuerdas haber visto, tenga que cargar con ello. Cualquier otro hombre se fijaría en otros atributos femeninos más destacados, pero en las orejas es algo nuevo.
-¿Piensas que tengo gustos raros? ¡Pues mírate a ti! ¡Qué estás con un "hombre lobo"!-le siguió el juego-Midna solía vacilarse mucho de eso, decía que era un tanto zoofílico…
Ambos rieron por el comentario, haciendo que él entonces pasara a centrarse en su cuello, algo que le resultó más placentero a ella.
-Por cierto…-su actitud cambió drásticamente-Quisiera hablar contigo sobre una cosa…
-¿De qué se trata?-preguntó ella, notando que había parado de recorrer su cuello.
-Pues…-parecía preocupado-¿Qué harás cuando volvamos a Hyrule?
-¿Eh? ¿A qué te refieres?
-A lo de querer echarme del castillo…-le recordó él con gran pesar-¿Todavía piensas hacerlo?
-No sabía que aún te preocupara eso, después de todo lo que hemos pasado.-contestó ella, un tanto sorprendida por la pregunta.
-¿Entonces eso quiere decir que podré quedarme contigo?-preguntó ilusionado, esperando una respuesta afirmativa.
-No es tan sencillo…-suspiró-Ahora que ambos hemos dado rienda suelta a nuestros sentimos, tengo más motivos para querer estar a tu lado…y al mismo tiempo, para querer alejarte de mí.
-¡¿Pero por qué, Zelda?! ¿Sigues temiendo que me pase algo?-insistió él-No voy a alejarme de ti tan fácilmente, ya te lo he demostrado y repetido varias veces. Quiero estar contigo, es lo único que me importa. Y si algo o alguien te amenaza, más razones tengo para no separarme de tu lado.
-¿Pero no te das cuenta, Link?-le cansaba y molesta hablar de ello-De todos modos, tanto si te quedas como si te marchas del castillo, yo en algún momento tendré que contraer matrimonio con algún aristócrata. Aunque tú y yo sabemos quién tiene mayores probabilidades de ser el "afortunado".
-¿Y yo no cuento? Ahora que conozco mis orígenes, la posición social de mi abuelo y su fortuna podría ayudarme a entrar en la lista de candidatos…-le cogió la mano- ¡Todavía estás a tiempo de elegir!
-Vaya…-estaba anonadada-¿En serio estarías dispuesto a convertirte en mi esposo con tal de librarme de mi futuro compromiso con Facade?
-Eh… ¡Cla-claro!-estaba nervioso y ruborizado, no lo había pensado detenidamente-¡Ha-haría eso y más si con ello puedo estar contigo!
-Ya…-ella notaba su indecisión, algo que la decepcionó-No sabes en lo que te estarías metiendo, sólo te acarrearía problemas. Tanto por roces con otros nobles, como porque tú no estarías capacitado para gobernar Hyrule. Además, en comparación, no eres nadie contra Facade, quien ha recibido una educación regia y es heredero a la corona de Gamelon. No son los sentimientos los que predominan en tal decisión, puesto que no soy la única a la que le afectaría y los Ministros tampoco estarían de acuerdo con lo nuestro.
-Zelda…-sus palabras habían sido como una espada que atravesó su pecho-Pero yo…
-Déjalo, no sigas.-le interrumpió, zanjando el asunto-No quiero hablar de compromiso ni demás necedades en este momento. Tan sólo limitémonos a llevar esto en secreto y disfrutarlo mientras podamos estar juntos, nada más.
Ambos se quedaron en silencio y a una cierta distancia el uno del otro. Link sentía que había metido la pata y que había sido demasiado impulsivo al tratar tan repentinamente un tema como el matrimonio.
Los dos se quedaron tan absortos en sus pensamientos, que no se percataron que un rato más tarde, se les acercó alguien a donde estaban ellos. Sólo un rugido los sacó de su trance…
-¡Aaaah! ¡¿Pero qué hace aquí un Moblin?!-gritó espantado Link, poniéndose delante de Zelda para protegerla, desenvainando su espada y cubriéndose con su escudo-¡No se te ocurra acercarte ni un paso más! ¡¿Entiendes?! ¡O te abriré el abdomen de arriba a abajo con mi espada!
Para su sorpresa, el monstruo no atacó. Se limitó a reírse a carcajadas, desconcertando a ambos. Link creyó que se estaba burlando de él, no podía fiarse dado su tamaño y el hecho de que portaba una lanza en la mano.
-¡Hablo en serio! ¡No me provoques!-le advirtió una última vez, antes de lanzarse a por él.
El Moblin esquivó por los pelos el ataque que Link dirigió hacia él, que estaba realmente enfurecido por su presencia.
-¡Tranquilízate, Link! ¡Sólo es Richard!-gritó Marin, que acababa de llegar, al ver lo cerca que estuvo ese golpe.
Tanto él como Zelda quedaron conmocionado al oír a la pelirroja, preguntándose cómo era posible aquello.
-Anda que… ¡Ya te vale, Richard! Cuando me pediste que te preparara aquella poción alucinógena… ¡No pensé que fueras a querer disfrazarte de un Moblin!-regañó al supuesto monstruo-¡Mira el susto que les has dado! ¡Y has estado a esto de que Link te cortase por la mitad!-le entró una botella-¡Aquí tienes el antídoto! ¡Bébetelo antes de que alguien más te vea!
Intimidado por la muchacha, la criatura ingirió el contenido del frasco y casi al momento volvió a tomar su apariencia natural. Sin ninguna duda era Richard, que conservaba la lanza que tanto había preocupado a Link.
-Ay…-suspiró Marin-¿Cómo eres capaz de querer tomar la forma del monstruo que, digamos, te mató una vez? No tienes vergüenza, mira que hacerles una broma así…
-¡Pero Marin! ¡Todo eso es pasado!-él no le daba importancia-¡Y es carnaval! ¡Es momento de divertirse! ¡En esta época todo lo negativo debe tornase positivo!
-Esto… ¿Alguien puede explicarnos qué ha pasado aquí?-Link seguía confundido, mientras que Zelda parecía entenderlo mejor.
-¿Eh? ¡Ah, claro! Perdonadme, no pude resistirme a probar esta pócima que Marin preparó para mí…-se disculpó el príncipe ante ambos-¡Pero la próxima vez razona un poco! ¿Cómo va a entrar un monstruo así de grande y pasar desapercibido entre tanto guardia?
-¡Como si hubiera tiempo de ser lógico cuando se te presenta algo así por sorpresa!-le recriminó Link-¿Tantas ganas tienes de morir otra vez para hacer algo así?
-Exacto, has demostrado una actitud inmadura en mi opinión.-le apoyo Zelda, también molesta-No estoy al tanto de las costumbres de esta isla, pero preferiría no tener que pasar por algo así otra vez.
-De acuerdo, lo siento. No volverá a suceder…-hizo una pequeña reverencia-¡Je! Entonces vosotros no podríais estar por la isla en el "Día de los Muertos", donde también nos disfrazamos, pero cuya temática está centrada únicamente en el horror y la muerte.
-¿A los isleños os gusta tanto disfrazaros?-preguntó Link interesado en el tema-¡Ah, por cierto! ¿Y cómo hiciste para engañarnos de esa manera?
-Como pudisteis ver, se trataba de una poción. No me transformé realmente en un Moblin, tan sólo vosotros visteis la ilusión de que yo era uno de ellos… ¡Y todo gracias a Marin!
-Ayer encontré un viejo diario de mi abuela materna entre las pertenencias olvidadas de mi padre, mientras las ordenaba. En él salían algunas recetas de pócimas y demás usos para los hongos de la isla.-explicó Marin-A base de los principios alucinógenos de algunos hongos, algunos ingredientes extra y un elemento identificador como puede ser un pelo, sangre u otros; conseguí crear un brebaje que es capaz de hacer lo que visteis. Su efecto sólo dura como mucho unas horas, a no ser que se ingiera el antídoto, que anulará sus efectos enseguida.
-Su abuela era una bruja, aunque pocos aparte de su familia o yo lo saben. Ella le enseñó mucho de lo que sabe sobre hongos.-aclaró Richard-¡Y no pudo dar con un truco así en mejor momento! ¡Seré el que lleve el disfraz más realista de todos! Por no hablar de otros múltiples usos que se le podría dar a algo así…
-Pues no pienses en nada raro, que en unas horas debes irte a la ceremonia de elección de la reina del carnaval.-le recordó un tanto molesta la pelirroja-Aaag…no podíamos quedarnos sin algo tan insulso como eso ni en este año, que ha tenido que celebrarse el mismo día del comienzo del carnaval por falta de tiempo.
-¿Estás celosa, Marin?-le preguntó con intención de molestarla aún más-¡Creía que ya lo habías superado!
-¿En qué consiste tal ceremonia?-preguntó con interés Zelda-¿Es algún título honorario?
-¡Algo así! Todos los años, numerosas mujeres se presentan con enormes y elaborados vestidos diseñados exclusivamente para la ocasión, ambientados en diversas temáticas. Se tardan semanas o meses en hacerlos, lo cual indica que aún bajo la prohibición de Onkled, se seguían realizando por satisfacción propia. La ganadora dirige el desfile de carrozas que pasea por la ciudad y le otorga gran prestigio. El juez del concurso es el rey o su sucesor, por lo que llevo haciendo esto desde hace varios años.
-También hay una competición de bandas y carrozas, pero eso sí que este año no se va a celebrar por falta de tiempo…-comentó nuevamente molesta la pelirroja.
-¡Ja, ja, ja! Que me recree la vista haciendo de juez no significa nada. Te entregué aquella máscara y sabes lo que ello significa…
-Ya lo sé, no debería ponerme así…-se relajó un poco-Aunque aún no le hemos hablado a mi padre sobre esto… ¿Cuándo se lo dirás?
-¡Con calma, no hay prisa!-se excusó rápidamente-Todavía he de poner las cosas en orden antes de relevar al pueblo nuestro compromiso.
-Así que es en serio… ¿Habéis decido entonces que os casaréis?-preguntó Link un tanto incómodo, debido a la conversación que había tenido con Zelda.
-Pues sí, creo que lo dejé bastante claro con todo lo que pasó por máscara…-le recordó el príncipe, no muy a gusto con aquellos recuerdos-Ahora que mis padres no están ya para presionarme, puedo hacer lo que me plazca y elegir libremente con quien casarme. Pero para esa fecha queda mucho, he de arreglar muchas cosas y tampoco tengo prisa.
-¡Y yo tengo que ponerme al tanto si quiero estar a la altura de una verdadera reina!-añadió ella-Tengo que ponerme a estudiar y prepararme para ese día, pero aun así yo también me lo tomo con calma… ¡Pero estoy tan ilusionada que no dejo de pensar en ello! ¡Quiero ver la cara que pondrá mi padre cuando se entere de que será el suegro del rey!
Ellos estaban alegres y emocionados con la idea de poner casarse y amarse libremente, mas esa alegría no era compartida por sus semejantes hyrulianos. Ellos estaban viviendo todo lo contrario y no encontraban cómodos con el tema después de la charla que habían tenido.
-Os felicito a los dos de antemano, seguramente ambos seréis felices y unos buenos gobernantes para la isla.-se atrevió a hablar Zelda, meramente por educación-Espero que podamos seguir siendo tan buenos aliados como hasta el momento y que nuestras naciones prosperen conjuntamente.
-¡Tienes mi palabra de que sí! ¡Y seréis los primeros en recibir la invitación para nuestra boda!-afirmó plenamente Richard-¡Seréis nuestros invitados de honor!
-Ya, bueno…-Link no estaba cómodo con ello-Gracias y eso…creo…
Tanto Richard como Marin no entendían la actitud que demostraban ellos dos, pensaba que se mostrarían más empáticos con ellos dado su similar situación: un príncipe o princesa y un plebeyo.
Mas Richard no tardó en recordar parte de la conversación que había tenido con Zelda cuando él era un espíritu errante, creyendo comprender lo sucedido.
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"Hablando sobre su relación con Marin y sus obligaciones como príncipe…
[…]
-¿Y no hubiera sido más fácil para ti y adecuado para el reino que eligieras a una aristócrata como esposa por conveniencia y tener después como amante a Marin?
¡¿Qué?! ¡Increíble! ¡Me impresionas, Zelda! ¡No sabía que fueras capaz de pensar en ello como una posibilidad! En lo que respecta a mí, no sé si hubiera sido capaz de algo así. Sería como traicionar a Marin…
-Es tu deber, así que no podría considerarse del todo una traición. Además, ser un hombre te permitiría hacer eso sin que los condicionamientos sociales repercutieran sobre ti en exceso. ¿No conoces términos como "concubina" o similares? Ya ves lo arraigadas que están las infidelidades en las clases altas y en todas las clases sociales, puesto que todas se conforman de hombres y mujeres que poseen los mismos bajos instintos.
Me llega a helar la naturalidad y frialdad con la que hablas de estos temas… ¿No me digas que tú prendes hacer eso mismo con Link?
-¿Yo? No me hagas reír…-su tono de voz entremezclaba sarcasmo y desgana- Quizás nos parezcamos en ese aspecto, pero también recuerda que soy mujer. Yo cargo con más presión social encima, sería algo impropio y casi pecaminoso que le fuera infiel a mi futuro marido.
Oh, comprendo, sí que es duro ser mujer… ¿Y entonces qué harás?
-¿No es obvio? Cuando llegue el momento de comprometerme, me despediré de Link y entre los dos no quedará nada más, salvo con suerte la amistad y lealtad que había antes.
¡Hala! ¡Y eso es todo! ¡Patea el corazón de un hombre como si fuera una pelota y lo manda a las estrellas! ¿Se nota mi sarcasmo? ¡Ni en sueños hubiera sido capaz de hacerle eso a Marin!
-Tú eres tú, yo soy yo. Aunque me veas como un monstruo insensible, no lo soy. Tengo esto planeado desde el momento en el que le reconocí mis sentimientos a Link, porque sé que lo que hay entre nosotros no puede ser más que pasajero. Desearía que no fuese así, pero como te dije soy mujer y legítima gobernante de mi reino, no puedo permitirme una relación así. Mientras tanto, trataré de disfrutar lo más que pueda el tiempo que se me permita estar con él."
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-Uhm…-pensó un momento-¡Oye, Link! ¿Podrías acompañarme un rato antes de la ceremonia de elección? Quiero enseñarte algunas cosas y costumbres de la isla para que empieces con buen pie estos días de festejo. Si no estás ocupado, claro…
-Eh…-dudó un momento, pero sí que necesitaba despejarse- Está bien, voy contigo. Pero… ¿Cuántos días durará esto?
-Todo termina con el tradicional "Entierro de la Sardina", que pone punto y final al carnaval hasta el próximo año.-le explicó Marin-Eso ocurrirá este miércoles, el llamado "miércoles de ceniza"; por lo que os tocará esperar un par de días para iros después de ese, si es por lo que lo preguntas.
-¿Y en qué consiste tal acto?-preguntó Zelda.
-En quemar una figura iconográfica del Pez del Viento, en un ritual que parece más bien un funeral. Todos llorar por la "muerte" del carnaval de ese año y se le hace ofrenda a nuestra divinidad de ese modo, haciendo una fogata con su figura en la playa.
-Interesante…en cualquier otro lugar, hacer eso se consideraría una ofensa a los dioses.-opinó ella-¿Acaso a él, que hemos visto en persona, no le molesta?
-¡No, al contrario!-respondió para su sorpresa, Marin-Después ese día transcurre otros cuarenta en los que se deja atrás todo aquel desmadre por una actitud recatada hasta que llega la semana más importante a nivel espiritual de la isla, en la que multitud de peregrinos marchan al Monte Tamaranch a rezar por el Pez del Viento.
-Por como hablas, parece que ya no le guardas rencor al Pez del Viento.-comentó Link-¿Ya te sientes mejor?
-¡Sí, fui una tonta al enfardarme con él sin motivo!-admitió sincera y alegre-¡Pero ahora que Richard ha vuelto, he vuelto a creer en sus milagros!
-¡Bueno, ya está bien! ¡Que quiero poder estar entre hombres antes de ir a ver a esas mujeres!-apresuró las cosas el príncipe-¿Nos vamos o prefieres quedarte?
Link no tardó en irse con él, casi siendo arrastrado sin saber bien el por qué. Mientras, allí quedaron las dos mujeres.
-Bueno…eh…-Marin no sabía qué decir-Yo tenía planeado ver a nuestros amigos de la aldea y a las integrantes del clan Gerudo, que han decidido quedarse para la fiesta. Debe de haberlas visto a ellas por lo menos, porque me he fijado que usted va con un vestido que hasta el momento no había visto.
-Sí, es con el que llegué a la isla.-contestó la princesa-Estaba bastante deteriorado, pero ellas me lo han arreglado y tiene un acabado perfecto. Hacía bastante que no me ponía uno.
-¡Y que lo diga! ¡Yo nunca le había visto con uno! Sólo puede verla con los ropajes piratas que le suministraron las Gerudo. Si me permite decírselo, ahora sí que cualquiera la reconocería como una auténtica princesa.
-Gracias, reconozco que mi aspecto hasta el derrocamiento de Onkled hubiera alarmado a muchos en mi reino. Hubiera sido denigrante que me hubiese visto a ponerme aquellas ropas que me asemejaban a una criminal. Pero no era la primera vez que, por así decirlo, me disfrazaba de alguien completamente opuesto a mi persona.
-¿Oh, en serio? Qué curioso, pensaba que en Hyrule no tenían carnaval…-no meditó mucho en ello-¡Bueno, sea lo que sea, lo importante es que todo eso sirvió para salvar la isla! ¡Y os estoy muy agradecida, princesa Zelda! ¡Richard no sabe todavía cómo podría recompensaros a usted y a Link!
-No fue nada, es suficiente recompensa haber restaurado y fortalecido las relaciones entre nuestros respectivos reinos, además de forjar un vínculo personal muy intenso. Y también, el poder regresar a mi tierra, Hyrule. Con Onkled al mando, hubiera sido algo casi imposible.
-¡Qué diferente sois a las Gerudo! Se quedaron pasmadas al ver las riquezas que tan generosamente les regaló Richard, con un pequeño añadido de un título de propiedad oficial que les hace legítimas propietarias de las tierras donde ellas se asientan, fuera de las leyes de la isla. Les causó bastante gracia aquello, diciendo que no necesitaban un escrito para defender su territorio, pero que igualmente se lo agradecían. Ahora las Gerudo han jurado que no harán daño a las gentes de la isla, salvo que estas las amenacen o invadan sus terrenos sin permiso. Eso sí…-suspiró-No prometen nada con navíos extranjeros, salvo los que vengan de Hyrule. Os tienen a vos también mucha estima, seguro que ya os lo habrán dicho.
-Sí, confío en su palabra y de que la cumplirán. Aun así, es de entender que no abandonen su viejo oficio de saqueadoras. Puede ser más o menos lícitas sus acciones, más os aseguro que no es algo que hagan a menudo. Dicen que prefieren subsistir por su cuenta, ya sea con actividades agrestes o pequeños intercambios comerciales fuera se su tribu. Y…-le incomodaba decirlo-Gastándose descaradamente el dinero de los hombres a los que seducen.
-¡Ji, ji! Eso es propio de ellas. Tienen la fama de "rompecorazones", dado el poco valor que le confieren al género masculino.
-Siento dejar la conversación en este punto, pero… ¿No iba a ver a tus amigos?-Zelda cambió de repente el tema, parecía desear que la dejaran tranquila.
-¿Eh? Bueno…-se sentía de más en ese lugar-¿Y usted que hará?
-Yo no soy demasiado aficionada a las festividades, por lo que permaneceré unas horas más observando el panorama desde diversos balcones y terrazas de este fantástico palacio, para después irme a descansar a mis aposentos.
-Oh, vaya…-no se esperó aquella respuesta-Pensé que iría con Link a…no sé, ver y disfrutar un poco del carnaval.
-Estoy segura de que Link lo hará, le gusta explorar y rodearse de la esencia de los lugares a donde va. Además, Richard y él se compenetran bastante bien, no le faltarán amigos ni distracciones en los días venideros hasta nuestra partida.
Tras pronunciar aquellas últimas palabras, se despidió de ella educadamente y se perdió en la inmensidad del Castillo de Kanalet. Al igual que Richard, ella pudo percibir un cierto malestar en ella, descubriendo también su faceta más solitaria y seria hasta el momento.
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Tras días de jolgorio y alegrías en el carnaval, llegó el momento de marcharse. Link, Zelda y el capitán Linebeck volverían a Sakado, colonia de Hyrule, desde el cual los dos primeros regresarían a la capital. A bordo de un navío de la armada de la Isla Koholint, les acompañarían numerosos soldados y un emisario real que pondría al corriente al reino al que se dirigían de todo lo acontecido recientemente en el país.
Fue una difícil despedida para ambos bandos. Zelda y Link se despidieron de sus amigos de la aldea y de sabios de la misma, ambos mostrando su apariencia humana; de las líderes de la tribu Gerudo; además de Richard y su prometida Marin. Y aunque ambos hasta el momento no lo habían admitido, la más triste despedida fue la ocurrió entre Ciela y Linebeck, quienes habían estado siempre peleándose. También notaron la presencia de Kaepora Gaepora sobrevolándolos y las bendiciones del Pez del Viento en los alto del Monte Tamaranch.
Y horas más tarde de haber zarpado, Link se encontraba en su camarote observando un presente que le había hecho Richard unos días antes, en el cual habían tenido una charla cuando se encontraban en medio de las calles celebrando el carnaval.
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"-¡Cómo se nota que a ella no le van estas cosas! ¿Eh?-le habló animado el príncipe mientras se servía él mismo una copa de vino, en uno de los puestos callejeros de la ciudad.
-¿Ella? ¿Te refieres a Marin?-se estaba haciendo el despistado-Pues yo la veo muy animada, se ha disfrazado y todo, al contrario que tú… ¿Es que te prohibió acercarte a aquella poción o qué?
-¡Ja, ja, ja! ¡No trates de engañarme!-se burló de él en las narices-¡Me refiero a Zelda! ¿Quién va a ser si no?
-Ah, ella…-no había hablado con ella demasiado desde aquel día-Tal vez se encuentre vagabundeando por la calles escondida tras una capa, pero poco más. No le gusta relacionarse demasiado ni tampoco las fiestas.
-¡Qué aburrido deber ser estar con una mujer así!-soltó mientras bebía un gran sorbo-¿Qué piensas tú?
-No la juzgo, que haga lo que quiera…-él en cambio, rechazaba la bebía que su amigo le ofrecía.
-Os he notado distantes desde hace algunos días…-sospechó el príncipe-¿Ha ocurrido algo?
-No, somos así normalmente…-en parte, no le estaba mintiendo-Ella prefiere aislarse mientras que a mí me gusta disfrutar de la vida y la compañía de mis amigos. A veces salimos a pasear juntos, pero me suele costar convencerla.
-¡Qué relación más extraña tenéis! ¡Sois como polos opuestos! Aunque quizás por lo vuestro, el famoso dicho tenga razón…-vaciló un poco antes de ir al grano-Pero ahora en serio, ese día no te arrastre conmigo sólo porque quería que me acompañaras hasta la ceremonia de elección de la reina del carnaval, sino también porque noté cierto malestar entre tú y ella.
-No pasó nada entre nosotros, habrán sido imaginaciones tuyas…-trababa de evadir la conversación como fuera posible, pero Richard era más obstinado todavía.
-¡Venga, tío! ¡Puedes contármelo! ¡Que se puede decir que tú y yo hemos pasado por una situación similar! Desde diferentes perspectivas, pero tú ya me entiendes…-continuó insistiendo, seguía siendo tan entrometido como cuando estaba atrapado en su cuerpo infantil.
-Bueno…-no estaba nada cómodo diciéndoselo-Digamos…que le hice algo parecido a una precipitada proposición de matrimonio…
-¡Ja, ja, ja! ¡¿En serio?!-se rió de él con desconsideración-¡Qué ingenuo eres! ¿Y cómo se lo tomó? ¡Seguro que se enfadó contigo y por eso no te habla! ¡Ja, ja, ja!
-¡Deja de burlarte de mí! ¡¿Quieres?!-le amenazó furioso, agarrándole por el cuello de la camisa-¡¿Te crees que gusta lo que pasó?! ¡Yo no pretendía hacerlo! ¡Sólo le decía que no estaba obligada a casarse con un imbécil que yo me sé y que tenía otras salidas!
-¡Vale, lo siento! ¡No te enfades! ¡Suéltame!-le suplicó atemorizado y afortunadamente le soltó-Lo siento, es el alcohol. Normalmente no soy así, no me burlo de las desgracias ajenas. Pero entre el carnaval y la bebida, me río de cualquier cosa.
-No sé para qué te habré contado nada, sólo has hecho que esté más enojado aún…-refunfuño entre dientes por su mal obrar y fortuna.
-Bueno, eh…-no sabía cómo disculparse-No puedo ayudarte mucho en esto, pero tú mejor que nadie sabes que es una mujer complicada. Tiene un gran sentido del deber, y que le hayas dicho eso seguro que la ha puesto nerviosa, por no decir de que por lo que me cuentas, no lo decías totalmente convencido. Y eso, amigo mío, es lo peor que puedes hacer cuando le pides matrimonio a una mujer. ¡Mírame a mí! ¡Tan seguro estaba que casi doy mi vida para conseguir mi regalo de compromiso para Marin!
-Diciéndome eso, me hace sentir aún peor…-golpeó con el puño la barra en la que se encontraba-¡Debería haber cerrado la boca! ¡Si mi abuelo tenía razón! ¡No debí confiarme por haber descubierto mis raíces!
-¿Tu abuelo? ¿De quién hablas?
-Yo era huérfano y hasta hace poco no conocía a mi familia biológica.-le explicó mientras Richard le servía una copa-Resulta…que soy el heredero de Smith Gallagher, alcalde de la ciudad de Sakado, colonia de Hyrule.
-¡¿Qué me dices?! ¡¿Eres el nieto de Smith?! ¡No sabes lo que me alegra oír eso!-exclamó emocionado el aristócrata-Su ciudad es la entrada de nuestros productos a vuestro reino y parte del continente, además de que muchas de las mercancías que importamos también salen de allí. Lo conozco en persona y es un gran hombre… ¡Y yo que pensaba que no eras más que un guerrero pueblerino! ¡También eres un burgués de renombre, chaval!
-Ya…pero parece ser que sigue sin ser suficiente para compararme con el pretendiente con mayores posibilidades de quedarse con el trono de Hyrule…-siguió bebiendo, bastante mosqueado.
-Perdona mi ignorancia, pero no estoy al tanto de los chismorreos de la nobleza del continente… ¿De quién se trata?
-Del príncipe de Gamelon, Facade…-pronunció por lo bajo, sólo recordarlo le hervía la sangre.
-¡Uuuh, lo conozco!-él también parecía molesto-¡Su fama de mujeriego y galán traspasa fronteras y llega incluso aquí! Una vez vino por asuntos políticos y la primera impresión que me causó hizo que no me cayera nada bien. Trató de seducir descaradamente a Marin, que no podía hacer nada pues era sólo una empleada del castillo. A punto no estuve de propinarle un puñetazo en toda la cara, pero yo tenía que guardar las formas por mi posición… ¡Suerte que sólo quedó en un intento, porque si no me hubiera encargado personalmente de él! ¡Ese maldito bribón sólo vino a esta isla a cortejar damiselas!
-Entonces sabes cómo me siento yo, ese despreciable…-le costaba contenerse-Por eso me desagrada tanto que el único candidato en pie sea él y que se vea obligada a contraer matrimonio con ese malnacido.
-¡Qué mala suerte! Pobre Zelda, me plantearía sacrificarme y casarme con ella si no se lo hubiera prometido ya Marin…-comentó abatido-¿Tú sabías que fui uno de sus candidatos?
-Sí, creo haber oído algo…-contestó algo incómodo-A lo mejor no estaría tan enojado, si el hombre con el que se comprometiese fueras tú. Cualquier otro, antes que ese imbécil.
-¡Ja, ja, ja! ¿Haríamos buena pareja, no?-se burló él, molestando aún más a Link-¡No permitiríamos mutuamente tener un amante! ¡Yo con Marin y tú con ella! ¡Tal y como me aconsejó!
-¡Espera! ¡¿Qué?!-exclamó sorprendido-¿De qué estás hablando?
-E-eh… ¡De nada, hombre!-intentó excusarse sin éxito-¡Ha sido sólo un comentario salido de contexto!
-Richard…-se reprimía apretando su vaso-¡No sabes mentir! ¡¿Quieres decirme de una vez de qué va todo esto?!
-Maldita sea mi lengua…-maldijo arrepentido-Sólo te lo diré si prometes que Zelda no se enterará de esto, dado que fue una conversación íntima que tuvimos cuando vagaba como un alma en pena, durante un sueño.
-Ni que estuviera tan loco para contarle nada referido a un tema así…-murmuró enfadado.
-El caso es que yo le hablé de mis sentimientos hacia Marin y que por mis padres hasta ahora no había podido mostrárselos abiertamente. Ella me sugirió que para evitarme problemas, que me casara con una noble cualquiera para aparentar y que después tuviese como amante a Marin. Cuando bromee entonces que ella podría hacer lo mismo contigo, se negó, puesto que como es mujer, estaría mal visto.
-Ah, ya entiendo…-suspiró decaído-Eso tiene mucho sentido, dándole mayor valor a lo que me dijo.
-¿Eh? ¿Y qué te dijo? ¿De qué hablas?
-Pues que me ha dejado claro que lo nuestro es pasajero. Que pase lo que pase, yo saldré de su vida de alguna manera…-bebió de un trago un gran vaso de alcohol y luego lo dejó en la barra bruscamente-¡No sé para qué me esfuerzo! ¡Está claro que sólo estoy perdiendo el tiempo! ¡Sólo le importa su deber y la imagen que da de sí a los demás! ¡Aaaag! En momentos como este me planteo por qué no me quedé con Ilia…
-¿Ilia? ¿Quién es esa chica?
-No te interesa…-habló por lo bajo, molesto-Y déjame solo un rato, no me apetece seguir hablando…
-XOXOX-
Un días más tarde en el Castillo de Kanalet, en los aposentos del príncipe Richard…
-¿Se puede saber qué es esto que me has dado?-preguntó Link con una caja cubierta por terciopelo en la mano.
-Es un regalo, por salvar mi reino y ayudarme a recuperar su liderazgo…-esperó unos minutos a que la abriese, mas tuvo finalmente que incitarle a hacerlo-¿Es que tengo que darte una invitación firmada para que lo abras?
-¡¿Pero qué…?!-no podía creerse lo que había en esa pequeña caja-¿A qué viene esto? ¿Es acaso un tesoro de vuestra familia?
-En cierto modo, sí, puesto que parte de mi linaje proviene de la Familia Real de Hyrule. Mas no puede decirse que siempre lo hayamos tenido.-contestó causándole mayor confusión-Si has visto uno de estos algunas ves, sabrás que sólo existen cuatro. Dos de ellos están en posesión de Hyrule, de donde son originarios. De este y otro más no se sabía nada hasta el momento. Seguramente mi tío tuvo que conseguirlo durante su mandato, aunque no sé cómo. A mí en particular no me interesa, por más elevado que sea su valor, por lo que consideré que lo mejor sería que regresara a su tierra de origen.
-¿Y qué quieres que haga con algo tan valioso? ¿No hubiera sido mejor que se lo entregaras a Zelda directamente? Con ella estaría en mejores manos y más seguro.
-¡Je, je! ¡Pues dáselo tú!-se rió como si tramara algo, colocándole luego una mano en el hombro-Cuando te decidas, seguro que esto te ayudará.
-¡Deja de decir sandeces!-le devolvió automáticamente su regalo-¡Quédatelo tú! ¡Yo no tengo nada que ver con eso! ¡Regálaselo a Marin si quieres!
-Yo le di aquella máscara, nuestras costumbres aquí son diferentes…-volvió a entregárselo-Sólo guárdalo, ya decidirás algún día qué hacer con él. Y sinceramente, te creía más tenaz y valiente…
-¡No es asunto tuyo! ¡Tú lo tienes más fácil dado que puedes hacer lo que quieras y Marin no pone objeción alguna a lo vuestro! ¡Yo en cambio estoy bastante limitado!
-¿Y piensas rendirte sólo por unas cuantas palabras mal afortunadas? Yo también tuve muchas presiones encima antes de poder declararme a Marin, no creas que lo mío ha sido diferente.
-¡Pero tú eres un príncipe! ¡Y ahora ya no tienes quien te obligue a hacer lo que no quieres!-se defendió él con fiereza-¡Las cosas no son iguales en tú isla que en Hyrule! ¡Allí hay otros muchos que no cesarán en su empeño con lo de Facade! ¡Y Zelda no parece muy dispuesta a plantarles cara! ¿Qué puede hacer alguien como yo en unas circunstancias así?
-Si lo que buscas es apoyos para tu candidatura como su pretendiente, yo te apoyaré sin dudarlo. Y si me esfuerzo, tal vez conseguiría que otros países apoyaran vuestra unión. Ten en cuenta que también los soberanos de otras naciones tienen intereses en las alianzas que se forman a través del matrimonio. No quieren que se forme una gran potencia que pueda amenazar su poderío regional. La unión de Gamelon y Hyrule no supondría una amenaza en este caso, pero igualmente podría interferir en la decisión a tu favor.
-Oh, bueno…-ya no estaba tan seguro-Gracias, pero…aun así…
-¡Mira, tío! ¡Déjate de tonterías y reacciona!-lo agarró enfadado debido a su indecisión-¡Yo no puedo declararme a ella por ti! ¡¿Sabes?! ¡O lo haces o no lo haces! ¡No te exijo que lo hagas ahora, pero aclárate de una vez! ¡Si tanto la quieres, no deberías poner tantas excusas cuando todavía tienes posibilidades! ¡Y déjate de compararte con otros! ¡Sólo haces parecer un pobre desgraciado que lloriquea por su mala suerte! ¿O eso es lo que eres?"
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El sonido de alguien llamando a su puerta hizo que saliera de sus ensoñaciones, escondiendo rápidamente aquel obsequio entre el resto de sus pertenencias.
-Soy yo, por favor, ábreme la puerta.-oyó la voz de Zelda tras ella-Quiero hablar contigo.
No habían hablado ni estado demasiado tiempo juntos desde aquel aciago día, por lo que en parte se sentía esperanzado y por otra preocupado. No tenía idea de qué rumbo tomaría aquella conversación, por lo que desde el principio se mostró cauto y se limitó a recibirla y acomodarla en la habitación.
-Me tenías un tanto preocupada, llevabas encerrado aquí dentro desde que zarpamos. Pero me alegro de que estés bien.-le contó mostrándole una ligera sonrisa-¡No pareces mareado!
-¿Mareado?-buscó entre sus recuerdod-¡Ah, te refieres a lo mal que lo pasé la primera vez que subí a un navío! Sí, pero tras que nos secuestraran los piratas, me acostumbré. Tal vez porque estaba más preocupado por sobrevivir que por el simple balanceo del barco.
-Nos han pasado tantas cosas en tan poco tiempo…-suspiró ella-Menos mal que estamos bien y estamos regresando a nuestra tierra natal. Y precisamente de eso quería hablarte…
-¿Eh? No entiendo, explícame.-se temía que le dijese algo que no quería oír.
-Aquella vez me preguntaste si continuaba con mi intención de alejarte de castillo, mas no te di una respuesta clara. Lo he pensado, y he decidido…-se hizo esperar unos segundos-Quiero que te quedes.
-¡¿En serio?! ¡Oh, gracias!-la abrazó con gran sentimiento-¡Ya creía que realmente me ibas a obligar dejarte! ¡No sabes la alegría que me da oí eso!
-Sí, a mí también…-lo besó tiernamente-Te dije que quiero disfrutar el máximo tiempo que esté contigo, por lo que sacarte del castillo sólo sería mentirme a mí misma y adelantar los acontecimientos.
-Uhm…-no quería pensar en ello-¿Entonces ya no estás enfadada conmigo?
-¿Yo? ¿Por qué lo dices?-parecía confundida-Yo no estaba mosqueada contigo.
-¿Cómo? ¿Y por qué no nos hemos visto y hablado apenas desde aquella conversación que tuvimos?
-Pensé que eras tú quien no quería verme por eso mismo, además de que no quería incordiarte puesto que sabía que estarías disfrutando del carnaval. Tú sabes que yo prefiero permanecer de observadora, no participar en tales eventos.
-Así que…-se sentía mal por aquel malentendido-Hemos estado así por no aclarar las cosas desde el principio.
-Parece ser que sí…-ella no parecía afectada-Mas sabía que tarde o temprano, tendríamos que hacerlo. Aunque por lo que nos ha ocurrido hasta ahora, siempre que hemos acabado mal una conversación, he tenido que ser yo quien diera el primer paso para solucionarlo.
-"Normal, eres tú la que casi siempre se sale con la suya…"-pensó disimulando su malestar-¡Je! ¡Qué curioso! Quizás porque a ti se te dan mejor las palabras…
-Bueno, mejor será que dejemos este percance en el pasado.-zanjó el tema y se dirigió hacia la puerta-¿Vienes conmigo? Me apetece observar el mar y disfrutar de la brisa marina. Y a ti también te vendría bien salir del camarote.
Él la acompañó dado que quería estirar las piernas. Y una vez estuvieron en cubierta, entre el ir y venir de los marineros, vieron a Linebeck que observaba el océano con detenimiento utilizando un catalejo.
-¿Qué observaba con tan atención, capitán Linebeck?-preguntó la princesa con interés.
-¡Oh, majestad! Pues…-después de la sorpresa inicial, fijó su vista nuevamente en el mar-Ahora veréis…
Poco más tarde, una ballena blanca emergió de las aguas con un gran salto, para que escasos segundos más tarde volviera a perderse entre las profundas aguas del océano.
-¡Ese es Siwan! ¡Ya sabía que ocultaba algo!-se arrimó más al borde-¡Adiós, anciano! ¡Más te vale tener controlado a esa hada irritante! ¡Y no olvidaré que me debes un deseo, viejo embustero!
La tripulación creyó que el viejo capitán se había vuelto senil y no le prestó atención. Sólo Link y Zelda sabían a lo que se referían.
-Así que ese sabio era realmente esa criatura legendaria a la que se le conoce como "Rey del Mar"…-comentó Zelda, cautivada por el paisaje que dejaban atrás-Entonces era cierto todo lo que me contaste sobre él y Mascarón Rojo. Me sorprendió que este último verdaderamente tuviese forma humana.
-Sí, en esa isla hay y ocurren cosas muy raras…-inspiró profundamente aquel aire salado-¡Pero Hyrule no se queda atrás! ¡Allí habitan también muchos misterios!
Dejaban una tierra de misterios y aventuras para regresar a la suya propia, que no era menos. Sin embargo, no podía de dejar de sentir un cierto vacío al marcharse tras todo lo que habían vivido allí. Llegaron y se fueron siendo personas diferentes, hasta su propia relación había evolucionado.
Pero todavía les quedaban muchas más sorpresas y pruebas que superar…
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Tras casi una semana de travesía, llegaron finalmente al puerto de Sakado. Su llegada causó gran expectación, dado que iban a bordo de un barco de la armada de la Isla Koholint, que se destacaba sobre el resto.
Y el mayor revuelo sucedió cuando la princesa Zelda bajó por la pasarela, pues había transcurrido mucho más tiempo del esperado de su viaje a la isla y no habían tenido noticias de ella. No tardaron en llegar las autoridades y representantes del gobierno para recibirla, entre ellos, Auru y el alcalde Smith. Con el alivio de verla a ella a salvo, junto a Link y el capitán Linebeck, les preguntaron por sucedido y el motivo de su tardanza. No tuvieron que explicárselo, de ello se encargó el emisario real enviado por Richard y les informó de todo lo ocurrido en su reino.
Muchos quedaron conmocionados al oír esas noticias y después volvieron a pedir explicaciones a la princesa sobre, principalmente, el destino de los marineros que la acompañaban en su viaje de ida. Ella, con gran pesar, les contó lo sucedido, creando un gran vacío en el corazón de las familias y amigos de esos hombres. Marineros y soldados habían muerto en aquella contienda con los piratas, por lo que se declaró un día de luto en la colonia y la propia princesa se ofreció para presidir un funeral dirigido a los caídos de aquel navío, que se celebraría al día siguiente de su llegada. Debido a esto y a que debían preparar su regreso a las Provincias, tuvieron que quedarse en la ciudad algunos días.
Ellos y Linebeck se hospedaron temporalmente en la mansión de Smith. Los motivos del capitán para quedarse ahí, a pesar de tener vivienda propia junto al puerto y a un nieto esperándolo en su negocio de compra-venta de tesoros, fueron la gran hospitalidad que mostró el alcalde con él y a que no desaprovechaba oportunidad alguna para aprovecharse del prójimo.
-Y dígame, capitán Linebeck…-le hablaba Smith mientras tomaban un té-¿Puede relatarme de nuevo cómo sobrevivieron al ataque de esos temibles piratas? ¿Y por qué sólo usted se salvó y el resto de su tripulación pereció bajo sus manos?
-¡Ya se lo conté, Smith!-tomo nuevamente un actitud falsamente heroica-¡Ellos lucharon ferozmente contra esos desgraciados y se apiadaron de mí al ver el coraje con el que los enfrentaba a mi edad! ¡Y también el muchacho demostró actitudes, por lo que nos llevaron junto a la Princesa para pedir un rescate por nuestras cabezas! ¡Pero finalmente logramos escapar de ellos! ¡Y más tarde recibieron su merecido castigo! Esos canallas, jamás se hubiesen imaginado acabar así… ¡Una fuerza superior siempre ha protegido y protegerá hasta su muerte en la más avanzada vejez al legendario capitán Linebeck! ¡Ja, ja, ja!
-De nuevo, mintiendo como un cosaco…-le dijo Link a Zelda por lo bajo-¿No es incorrecto que dejemos que mienta a todos tan descaradamente?
-Bueno, aunque en menor medida, nos ha ayudado en nuestra misión en la isla.-opinó ella igualmente por lo bajo-Además, reconozcámoslo…a su edad, de haber combatido contra esos piratas, hubiese muerto al igual que sus hombres. Dejemos que cuente lo que quiera, ya que por lo que veo siempre ha sido así y no podemos cambiarlo.
-Habéis pasado por mucho, majestad…-se dirigió entonces a ella el alcalde-Ser secuestrada por piratas y que estos además fueran contratados por el antiguo rey de la Isla Koholint para un oscuro propósito. ¿Quién iba a decirnos que algo así podría sucederos?
-Tiene toda la razón. De haber imaginado siquiera que algo así sucedería, nunca hubiera abandonado las Provincias.
-¡Pero al menos no os quedasteis de brazos cruzados!-exaltó animado Smith-Por lo que contó ese mensajero, lograsteis derrocar a Onkled y devolverle el trono a su legítimo dueño, el príncipe Richard, al que todos dábamos por muerto y culpable del golpe de estado que le dio el poder a su tío. ¡Todo un logro memorable, si me permite decírselo, más estando en su situación! ¡Seguramente las relaciones con ese reino se hayan vuelto más fuertes que nunca!
-De eso me encuentro muy complacida y orgullosa, mas no podría haberlo hecho sin la ayuda de multitud de aliados nativos de la isla. Por no hablar de la inestimable ayuda de su nieto, Link.
-¡¿Qué?! ¡¿Nieto?! ¡A mí nadie me había contado eso!-se quejó Linebeck, murmurando algo más tarde-Y yo que pensaba que con suerte me tocaría algo de la herencia de este hombre, dada nuestra relativa amistad…
-¡Jo, jo, jo! ¡Ya lo creo que sí!-felicitó a su nieto-¡Doy gracias a las Diosas porque tú también sigues vivo! ¡Seguro que has sido clave para que todo finalmente haya salido bien!
-¡Je! ¡En serio, no es para tanto!-le quitó importante-Tanto la Princesa como yo sólo buscábamos regresar a Hyrule. Y en el camino, no vimos envueltos en algo mucho más grande, que nos permitió cumplir con nuestra misión principal.
-¡No seas tan modesto! ¡Que he leído la carta personal que me entregó ese emisario de parte del propio príncipe Richard!-difirió él con gran alegría-¡No sólo eres un héroe en Hyrule, sino que también lo eres en la Isla Koholint! ¡El príncipe no escatimó en halagos al hablar de ti en su carta!
-Ya, bueno…-se sentía un poco avergonzado-Seguro que exageró…
-¡Para nada! ¡Lo único que ha hecho es que me sentía más orgulloso aún de mi querido nieto! ¡Y esta noche lo celebraré con gusto!
Mientras la princesa Zelda y Link recibían todas las atenciones, Linebeck hacía buen acopio de las pastas y el té que les habían servido, sin dejar de observar aquella escena sacando sus propias conclusiones.
-"Sí, sí…"-pensó mientras sorbía de la taza-"Si el viejo supiera de la relación tan íntima que tiene su nieto con la Princesa, se sentiría más afortunado aún… ¡Lo que daría yo porque mi nieto lograra captar la atención de una joven con sólo un pequeño porcentaje de la riqueza e influencia de Su Majestad! ¡Y de la belleza! ¡Si es que ese chico tiene ahora mismo un gran tesoro entre sus manos! ¡Qué envidia! Sólo habrá que esperar a ver cuánto durará…yo aprovecharía todo lo que pudiese y sacaría tajada de ello, algo así sólo puede suceder una vez en la vida y a un afortunado como él."
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Dos días más tarde se celebró el funeral y fue una jornada de luto para toda la ciudad. Ya en la noche, Link y su abuelo Smith descansaban tras el largo día.
-¡Cuánto trabajo he tenido hoy! Consolar a las familias, oficiar el evento, papeleos, preguntas de los ciudadanos…-enumeró mientras se sentaba en el sillón de su despacho junto a Link-¡Creo que me estoy haciendo más viejo, muchacho!
-Todo el mundo ansía saber más de lo que pasó, ha sido estresante…-suspiró igualmente cansado, no estaba a acostumbrado a ser atosigado de esa manera-¿El resto del reino se percató de nuestro secuestro?
-Es probable, no estaba planificado que vuestro viaje durara tanto, por lo que algo han tenido que sospechar. Todos estábamos en la colonia ciertamente preocupados, inclusos mandamos un navío para que investigase y os recogiera dado el retraso que llevabais. Pero las tropas del anterior rey se lo impidieron y no dieron explicaciones, por lo que regresaron con las manos vacías. Hemos tenido suerte de que no cundiera el pánico. Podría haberse originado una guerra por la desaparición de la Princesa y el vacío de poder que hubiese dejado.
-¡Uuuf! ¡Pues menos mal que todo ha salido bien!-respiró aliviado el joven guerrero-¡Todo volverá a la normalidad!
-¿Sabes? Me interesaría conocer tu versión de los hechos. Linebeck me ha contado la suya hasta la saciedad, y de por sí sé que parte de ello es invención o exageración suya, siempre ha sido un cuentista. Por el contrario, sé que tú serás más honesto y fiel a la realidad, aunque imagino que tú también tendrás cosas que no querrás contar como cualquiera.
-Eh, esto…-dudaba de sus intenciones-Seguro que puedes hacerte una idea entre lo que contó aquel emisario y la carta que te escribió Richard. ¡Je, je! ¡No sé qué más podría decirte!
-Una aventura da para hablar de más, aunque veo que lo tuyo no son las palabras, muchacho. Aunque…-sospechaba algo-Te noto mucho más animado que cuando te marchaste tan repentinamente tras ella.
-¿Ella? Te refieres a…-le incomodaba reconocerlo-¿La princesa Zelda?
-¡¿Quién va a ser si no?!-exclamó riéndose de su ingenuidad-No sé, te noto cambiado con respecto a ella y ella contigo… ¿Ocurrió algo en esa isla de lo que no quieras hablarme, muchacho?
-¡¿Y-yo?! ¡Qué va!-su nerviosismo era evidente-Pasamos por momentos difíciles y eso nos hizo estar más unidos… ¡Pero no veo que haya un cambio tan grande!
-Vaya…-mostraba una ligera sonrisa, observando un papel-La impresión que me causó la carta del príncipe Richard fue totalmente opuesta.
-¡¿Qué?!-pensaba en lo le habría podido revelar en aquella carta e intentó quitársela a su abuelo-¡¿Qué pone ahí?! ¡Seguro que se ha ido de la lengua a propósito!
-¡Ja, ja, ja! ¡Ya te has delatado tú mismo!-rió mientras jugaba con él y le impedía leer la carta-¡No soportas la presión!
-Y entonces…-terminó rindiéndose, ruborizado-¿Qué pensabas tú?
-Notaba un cierto cariño especial entre vosotros. Eso y ciertas alusiones del príncipe Richard o comportamientos que tenía ese viejo capitán al observaros, me hicieron pensar.-tenía una hipótesis bien sostenida-¿Acaso…?
-Sé a dónde quieres llegar. Y sí…-no se le hacía fácil explicarse-¿Tanto te sorprende?
-¡Entonces mi intuición ha vuelto a darme la razón! ¡Y la verdad es que jamás pensé en que podría ser cierto!-exclamó completamente asombrado-Tú y Su Majestad…
-¡Ey, ey, ey! ¿De qué estamos hablando exactamente?-le frenó preocupado por lo que podría haber deducido-¡No ha ocurrido nada fuera de la moralidad y el respeto que le debo a la Princesa!
-¡Ja, ja, ja! ¡Eso sí que hubiera sido escandaloso! ¡No, por las Diosas!-reía a carcajadas el hombre-Lo único que pensé fue que finalmente y contra todo pronóstico, pudiste conseguir el afecto recíproco de su persona. Lo cual me sorprende y al mismo tiempo me hace alegrarme por ti.
-Ah, bueno…-se sentía alabado-Aunque sí ocurrió algo que pude haber evitado de no haber sido por mi impulsividad…
-¿El qué exactamente?-preguntó intrigado su abuelo-¿Por qué pareces tan avergonzado?
Con gran dificultad y muchos intentos para evitar revelárselo, le contó lo sucedido aquel día en el que acabaron hablando de compromisos de matrimonio.
-Por las Diosas…-su tono entremezcla incredulidad e intento de asimilarlo-Eres audaz, sin duda, aunque no sensato. Me recuerdas a tu padre…
-¿Mi padre?
-Sí, tu historia me recuerda en algo a cuando él vino a pedirme la mano de tu madre en matrimonio…
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"Aquel día se me presentó de repente, sin previo aviso. Yo apenas sabía de su relación con mi hija, sólo oía rumores y en su momento no quise darles mayor importancia. Sin embargo, cuando lo tuve frente a mí, no hice otra cosa que ponerme a la defensiva con él.
-¿Y bien?-reconozco que no estaba a gusto con su presencia y trataba de mostrarme lo más intimidante posible, reclinado en mi silla de estudio y fumando de mi pipa-¿Quién eres tú y a qué has venido a mi casa?
-¿En serio no sabe quién soy? ¡Soy Raven RedLine! ¡Caballero Real de la Orden de la Línea Roja, servidor de la Familia Real de Hyrule y principalmente siervo del príncipe Daltus IX!-se presentó a sí mismo con gran altanería, aunque al momento se calmó-Y…vengo a pedirle la mano de su hija.
-¡¿Qué?!-estaba furioso, era mi tesoro y no se lo entregaría a nadie tal fácilmente, además de que su propuesta me había pillado completamente desprevenido-¡¿Y desde cuándo conoces a mi hija para atreverte a plantearme un proposición como esa?!
-Eh…-lo noté asustado y confundido-¿Es que no le ha hablado de mí?
-No, en ninguna ocasión.-fumaba compulsivamente intentando tranquilizarme-Había oído rumores, sí, pero jamás pensé que fueran ciertos. Ya vez el interés que debe tener mi hija si nunca me ha hablado de ti, cosa que no quiere decir que no haya oído hablar de tu persona por otras fuentes.
-Aryll…-le oí murmurar molesto-¿Y qué le ha parecido lo que ha escuchado de mí?
-Pues nada que haga que tenga una buena impresión de ti, muchacho. Sé que tienes fama de mujeriego, juerguista y de poseer muy poca seriedad en los asuntos que te atañen. Alguna vez has apostado y otras te has metido en problemas por diversos motivos. A pesar de pertenecer a la noble casta de los Caballeros Reales, parece que el único provecho que se puede sacar de ti es con un espada. Careces de cualquier otra cualidad que te haga parecer un hombre respetable.
-Dicho así suena terrible…-vi como buscaba la forma de excusarse-¡Pero uno es joven y tiende a cometer errores! ¡Es normal que la juventud busque vivir plenamente la vida! ¿O va a negarme que usted también ha sido joven?
-Puede que la juventud y el descontrol estén muy relacionados en muchas ocasiones, más no siempre es así.-negué rotundamente, se pensaba que alguna vez había estado a su altura-Me criaron para ser un caballero, un verdadero caballero, y eso es lo que he sido. No trates de compararme con alguien de tu calaña, que sólo piensa en mujeres y otros placeres mundanos, sin reparar en otras cosas que a la larga te serán de mayor importancia o utilidad. Puede que no sepa manejar una espada, pero te aseguro que no la necesito para demostrar mi valía como burgués y político que soy.
-Ya la he fastidiado…-se creía que no le escuchaba, mas eso sólo me enojaba más-¡Pero le juro que no me he fijado en otra mujer desde que estoy con su hija! ¡Y que cambiaré con el tiempo! ¡Sólo deme una oportunidad!
-Otra cosa que no me gusta de ti es que seas un guerrero…-seguía en mis trece-Respeto y admiro a los hombres que defienden nuestro país, pero no quiero que mi hija vuelva a esta casa viuda y con huérfanos.
-¡Usted ya lo sabe! ¡Son gajes del oficio!-no parecía importarle ni su propia vida-¡La vida es corta y lo importante es disfrutarla al máximo!
-¿Y qué podrías proporcionarle a mi hija que no pudiese darle otro hombre más adecuado para ella?-sentía curiosidad por saber qué me respondería-No podrías darle el nivel de vida que se merece y al que está acostumbrada, incluso si por tu rango dispones de privilegios y dinero suficientes para acercarte a ello.
-¡No se preocupe! ¡Soy íntimo amigo del futuro rey y él no dudará en darme el dinero que necesite para que su hija viva mejor incluso que su futura esposa!-me irritaba que no se tomase eso en serio-¡O no hace falta que se marche de esta mansión! ¡Yo perfectamente podría quedarme a vivir aquí! ¡Ja, ja, ja!
-¡¿Te crees que eres gracioso?!-golpeé con dureza mi escritorio, haciendo que se callara al momento-¡¿Acaso te vacilas de mí o qué?! ¡Esto no es un juego!
-¡Por supuesto que no, señor!-ahora se dirigía a mí como si fuese su comandante-Es que… su hija me contó a usted le gustaban las personas con gracia y que supieran hacerle reír.
-Pero lo tuyo no es elocuencia o siquiera humor…-trataba de controlar mi rabia-Sólo eres un cualquiera que intenta camelarme como parece haber intentado hacer con mi hija.
-¿Y qué tendría que tener para ser merecedor de la mano de su hija?-por primera vez en toda la conversación, lo veía firme y decidido, no vacilaba y mostraba seriedad en sus palabras.
-No sé, sorpréndeme…-ya me esperaba de todo de ese hombre, quería oír lo que me diría ahora.
-Eh…-dudó un momento-¿Es que no le basta con que sea uno de los últimos Caballeros Reales que aún quedan y que el príncipe Daltus sea casi como un hermano mío?"
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-¿Y qué hiciste?-preguntó interesado su nieto.
-¿Qué hice? ¡Pues echarle a patadas de esta mansión yo mismo, por supuesto!-confesó sin ningún complejo.
-¡¿Qué lo echaste?! ¡¿Y eso por qué?!-exclamó sorprendido, sinceramente no se esperaba una respuesta tan contundente.
-¡Porque me tenía hasta las narices!-respondió enérgico-¡Ja! ¡Se creía que su linaje o sus contactos le servirían de algo! ¡La valía de un hombre se mide por él mismo! ¡No por otros!
-Ah…-le daba vueltas a algo-Lo que dijo se parece un poco a lo que yo le dije a Zelda…
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"-¿Y yo no cuento? Ahora que conozco mis orígenes, la posición social de mi abuelo y su fortuna podría ayudarme a entrar en la lista de candidatos… ¡Todavía estás a tiempo de elegir!"
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-Por eso te dije que me recordaste en ese momento a tu padre…-suspiró el anciano-Ambos tan torpes en estos asuntos, aunque tú por ingenuo y él por pasarse de listo.
-Oye, pero…-se avergonzó un poco por aquella comparación-¿Qué pasó después? Algo tuvo que pasar luego, pues si no yo no hubiera nacido.
-¡Tienes toda la razón! ¡La historia tomó un giro inesperado después de esto!
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"Horas más tarde de echarle de la mansión, tu madre volvió de un paseo por la ciudad. Y cuando se enteró de lo que había sucedido, me echó una gran bronca. Me sorprendió muchísimo verla tan enojada, nunca la había visto así y contrastaba tanto el carácter tan apacible que normalmente mostraba a todos…
Pasé tres días enteros reflexionando sobre la sorpresiva relación entre mi hija y ese muchacho sin salir de casa, en parte porque se desató una fuerte tormenta que no amainó hasta el cuarto día.
Y cuando salí aquella mañana para dar un paseo y contabilizar los desperfectos, me encontré al otro lado de la puerta de entrada a tu padre, completamente empapado y tiritando de frío.
-¡¿Se puede saber qué haces ahí?!-le grité agarrando los hierros que conformaban la puerta-¡¿Cuánto tiempo has estado a la intemperie?!
-De-desde que… ¡Achús! Me-me echó d-de su casa, se-señor…-a ese joven debía estar a punto de cogerse una hipotermia, si no lo había hecho ya.
-¡¿Pero tú estás loco?!-no podía comprender tanta estupidez-¡¿Y quieres decirme que tampoco has comido nada en estos días?!
-A-así es…-su dignidad estaba por los suelos, parecía un completo mendigo.
-¡¿Y cómo es que mi hija, que regresó horas después de que te echara, no te haya visto?! ¡¿O que mis empleados tampoco te viesen?!
-Po-porque m-me escondí… ¡Achús!-me parecía imposible que pudiese seguir vivo en esas condiciones-U-usted me pro-prohibió dirigirme a e-ella…
-¡No te hagas la víctima de todo esto!-no iba a caer en una treta así-¡Perfectamente podrías haberte refugiado en alguna posada y después volver para hacerme la vida imposible!
-Tran-tranquilo, e-esto no es nada…-logré esbozarme un sonrisa picaresca incluso en ese estado-Y-yo haría e-esto y más po-por Aryll… ¡Achús!-de pronto, aquella seguridad se convirtió en súplica-¡Por favor! ¡M-me muero de ha-hambre! ¡Y-y estoy calado hasta los hu-huesos! ¡D-déjeme entrar a su casa, se-señor! ¡Sólo pi-piense ahora en mí co-como en un des-desamparado! ¡Un poco de caridad, bu-buen hombre!
-¡Aaag! Maldito chiquillo insistente…-resoplé llevándome la mano a la frente, completamente incrédulo-¡Está bien! ¡Tú ganas! ¡Te dejaré entrar a mi casa! ¡Pero cuídate de no hacer algo que acabe rápidamente con mi paciencia!
En cuanto abrí el portón, tuve que ayudarle a pasar por los jardines hasta la mansión debido a su estado. No tardamos en toparnos con Aryll, que se abalanzó a por tu padre realmente preocupada, no era para menos. El pícaro de tu padre le sugirió a ella que le llevara a su habitación para cuidarle, algo a lo que no tuve tiempo de oponerme porque se lo llevó allí enseguida. Por la forma en la que actuaba, me hizo sospechar que no era la primera vez que ese joven había estado en la mansión o en la habitación de mi hija, cosa que hizo que tuviera que reprimir mi ira por el momento, ya arreglaría cuentas con ese galán.
Fue un milagro que no enfermara gravemente en esa ocasión, pero no sería tan afortunado después de eso. Le puse a prueba durante un año, esperando que cometiera algún fallo grave que me diera una buena excusa para volverle a echar de mi propiedad y definitivamente de la vida de mi hija. Llegué a contratar hombres para que lo siguieran en secreto a todas partes, esperando a que un día me trajeran la prueba que necesitaba para librarme de él.
Sin embargo, eso nunca sucedió. Contra todo mi pronóstico, demostró ser un aceptable futuro yerno. Durante ese tiempo y tras casarse, fue cambiando paulatinamente para mejor. Hasta dónde sé, nunca le fue infiel a tu madre y dejó atrás los tiempos de locura de su juventud.
¡Je! ¡Igual que le ocurrió al rey Daltus! Pero eso es otra historia…"
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-Por lo que has contado, definitivamente no te caía nada bien mi padre al principio.-dijo esbozando una ligera sonrisa debido a la gracia que le hacía.
-¡En absoluto! Pero luego todo cambió, afortunadamente.-admitió contento-Has salido a tu padre en la apariencia y en apenas más, a falta de que te conozca más a fondo. Tu carácter es completamente opuesto, algo intermedio entre Raven y Aryll, pero sin dejar de ser también muy distinto a ellos.
-¿Y cómo se conocieron? Se supone que mi padre era protector del rey Daltus, sus funciones principalmente se habrían desempeñado en la Ciudadela de Hyrule.-preguntó con gran interés-¿Fue en algún viaje que hizo?
-Sí, pero su estancia aquí en Sakado no se limitaba sólo a un simple viaje.-parecía hacerle reír el recordar aquello-¡Tu padre y el anterior rey eran tan indisciplinados, que sus respectivos padres los inscribieron en el ejército! Su principal destino fue esta colonia, en donde pasaron casi todo su servicio militar, por lo que tuvo tiempo de conocer a tu madre.
-¡Sí, creo que había oído algo de eso!-recordó divertido al oír hablar también del padre de Zelda.
-¿Quieres que te cuente algo curioso?-esa propuesta llamó su atención-Antes del día en el que se me presentó tu padre, como te conté, no tenía idea de que mi hija se estuviese reuniendo con alguien. Es más, nunca había mostrado un interés grande en conocer muchachos, por lo que yo estaba a punto de emparejarla con un joven sobrino de un amigo mío. Ambos se habían visto desde pequeño y eran amigos, pensé que le agradaría que se lo presentara como novio. Cuando se lo comenté, ella no puso objeciones, incluso aunque en esa época debía estar saliendo con tu padre. Seguramente no quería desilusionarme, tu madre siempre fue muy cordial y amable, tratando que todos antes que ella se sintieran bien.
-¿Qué tendría mi padre que cambió aquello?-vaciló divertido, viendo la cara pensativa de su abuelo al intentar darle una respuesta.
-¡Pues nunca lo supe! ¡Ella jamás me contó el por qué! ¡Je, je!-recordó alegremente-Pero si pude ver que estaba realmente enamorada de tu padre, así que no me molestó que ella eligiese por sí misma. Lo único que me molestaba al principio era, vuelvo a repetirlo, la actitud de tu progenitor.-de pronto, comenzó a reír a carcajadas-¡¿Sabes, chico?! ¡Me ha alegrado hablar de los viejos tiempos! ¡Ojalá tengamos mucho más tiempo para contarte anécdotas de tu familia! Por cierto, ahora que digo esto… ¿Volverá a la capital con ella, verdad?
-Sí, siento que tener que dejarte, pero mi toda mi vida está en las Provincias y no me veo preparado para alejarme de todo eso ahora.-le confirmó algo entristecido por él-Aunque en un futuro no demasiado lejano, tal vez vuelva aquí…
-¿Eh? ¿Y ese cambio de parecer?-le extrañaba muchísimo su reacción.
-Bueno, tú sabes cuál es uno de los motivos para volver a la capital…-suspiró decepcionado-Y no debería sorprenderte que en algún momento, tengo que abandonar el Castillo de Hyrule para dejar sitio al nuevo rey.
-Ah, quieres decir que…-ahora lo comprendía todo-¿Pero no eras tú quién quería estar con ella ante cualquier adversidad?
-Sí, pero mi fallo al decirle sin pensar que podía considerarme uno de sus pretendientes, me hizo darme cuenta de que ella es la primera que parece tener claro lo que sucederá en el futuro…-apretaba los puños, resignado-¡Y contra eso sí que no puedo luchar! ¡Ella piensa en mí como algo pasajero! ¡Aunque mi amor por ella sea recíproco, odio pensar en que nos tendremos que separar! ¡Y encima ella maneja esto con la mayor frialdad del mundo! ¡No sé cómo puede soportarlo y más aún no parecer inmutarse!
-Odio tener que admitirlo, pero la realidad es así. Ya te lo advertí en su momento.-habló objetivamente, sintiendo lástima por su nieto-A ella la han educado para ello, no se lo recrimines. Sigue siendo una mujer, no creo que verdaderamente le agrade pensar en su destino. Tan sólo lo acepta tal y cómo es, así evitará sufrimientos innecesarios.
-Sí, pero…-le dolía eso, era incapaz de admitirlo.
-Te aconsejo que tan sólo lo disfrutéis, es hermoso el amor entre jóvenes como vosotros.-le aconsejó mientras le ponía una mano en el hombro-Toda persona debería sentir, al menos una vez, lo que vosotros estáis viviendo. Las cosas no siempre acaban como en los cuentos de hadas, pero no dejan de ser importantes experiencias vitales. Tú tienes suerte de estar sintiendo lo que es estar enamorado, algunos mueren sin conocerlo.
-Sinceramente, eso no me consuela…-suspiró decaído-Pero en algo tienes razón, que lo mejor es que no piense y lo viva. Sólo estoy consiguiendo que esté de mal humor todo el tiempo.
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Algunos días después todo estaba listo, la princesa de Hyrule y su séquito volverían a la Ciudadela de Hyrule. Se despidieron de Smith y el capitán Linebeck, prometiéndose volverse a ver y algo apenados, sobre todo Link por su abuelo, por la partida.
Dejaron atrás la colonia y pusieron rumbo a Hyrule por el mismo camino por el que habían venido, a través de vecino reino de Calatia. Zelda pasó el trayecto en la diligencia junto a Auru, mientras que Link prefirió ir montado sobre su fiel amiga Epona. Fue un viaje tranquilo y sin incidencias, al contrario de cómo había sido la ida. Parecía que desde el principio se había antojado un viaje con multitud de complicaciones y peligros, pero ahora regresaban a casa después de superar todo los obstáculos. Y unos días más tarde, llegaron finalmente a la Villa Kakariko.
Allí fueron recibidos nuevamente con gran expectación, mayor incluso que la primera vez dado que habían vuelto tras más del doble del tiempo estimado. Pasarían la noche allí, donde repondrían fuerzas y al día siguiente partirían a la capital. Pero mientras todos los demás estaban durmiendo, Link decidió darse un paseo en la madrugada por la villa en lugar de dormir.
-¿Hace una bonita noche, verdad?-oyó una voz cercana a él-Y el pueblo está muy tranquilo, es perfecto para una caminata nocturna.
-¡Oh! Tú también estás despierto, Auru.-reaccionó un tanto sorprendido por encontrárselo a esas horas-¿Es que no puedes dormir?
-Bueno, más bien alguien me despertó cuando salía a escondidas del hotel donde nos hospedamos…-le lanzó una indirecta bastante claro.
-Perdona, Auru.-agachó ligeramente la cabeza, arrepentido-Pensé que no había llamado la atención de nadie. Es que…-miró al cielo estrellado-Tenía ganas de caminar nuevamente por estas tierras, las he echado de menos.
-Ya, comprendo…-respiró profundamente-Si te soy sincero, en realidad vine aquí para buscarte.
-¿Y eso? ¿Acaso querías hablar conmigo?
-Exacto. Ahora que estamos solos y nadie puede oírnos, me gustaría conversar sobre temas que a la luz del día y del ámbito público no serían convenientes que habláramos.
-Eso no me gusta nada…-temía que él también sospechara algo-¿Y qué es exactamente eso tan importante que ha tenido que esperar hasta la noche?
-¡Nada, hombre!-le puso una mano en el hombro-¡Sólo quería darte mis felicitaciones!
-Eh… ¿Se puede saber de qué hablas?
-Tú a mí no me engañas, chaval…-Link notaba cierto tono en él que le preocupaba-Tú y Su Majestad habéis estado más callados y distantes de lo habitual desde que salimos de Sakado, como si os preocupara más que nunca guardar las formas en público.
-Y… ¿Qué tan extraño te parece?-trataba de evadir la conversación disimuladamente.
-¡Qué actuáis completamente opuestos a lo que se supone que tu abuelo me contó!-soltó repentinamente entre risas.
-¡¿Qué?! ¡¿Qué te ha dicho?! ¡Me prometió guardar el secreto!-se lamentaba completamente avergonzado-¡Por las Diosas! ¡Esto es serio! ¡Ya no puedo fiarme ni de mi propia sangre!
-¡Ja, ja, ja! ¡Tranquilízate, ese hombre no suelta prenda tan fácilmente!-trató de calmar sus ánimos-Sólo me lo ha contado a mí y a nadie más, porque pensó que como consejero de la Princesa debía estar al tanto de estos asuntos.
-Ya, claro…-no estaba tan convencido-¡Y lo próximo será que se entere medio reino! ¡Si es que al final lo van a saber hasta en la ciudad flotante de los Ucas!
-Qué exagerado eres, jovencito.-suspiró decepcionado-Yo soy el primero que reconoce que de saberse esto, ambos tendríais serias complicaciones.
-¿Y entonces no te parece contradictorio que me felicites por algo así?
-¡En absoluto! La política y el amor son cosas que desgraciadamente no suelen ir de la mano, por lo que mientras lo vuestro se mantenga en secreto, no hay nada de malo en alegrarme por ello. A fin de cuentas, no es que me sorprenda demasiado. Ya podía intuir cierto aprecio mutuo entre los dos desde hace mucho tiempo.
-Eso sólo hace que me preocupe aún más…-se sentía muy incómodo-Recuerdo cuando nada más llegar a Sakado y reunirnos con Smith nos contó los rumores que circulaban acerca de la relación que tenía con la Princesa.
-¡Que al final resultaron ciertos! ¡Ja, ja, ja! ¡Qué cosas tiene el destino!
-No veo el motivo de que te alegres tanto… ¿Por qué te importa tanto este asunto?
-Por mi antigua pupila y ahora señora, la princesa Zelda.-respiró tranquilo-Ya te dije que desde que tú llegaste al castillo, la notaba más animada de lo que todos decían que normalmente estaba. En parte esto era cuestión de tiempo que llegara a suceder.
-Uhm…-no sabía qué pensar-¿Pero sabrás mejor que nadie que esto no durará eternamente, cierto?
-Lo sé, aunque me sorprende que te martirices ahora con eso. Pensaba que eras la clase de joven que en estas circunstancias, no se podría a pensar en el futuro.
-¡Pues ya ves! ¡Me parece que soy más sensato de lo que crees!-difirió molesto-Ahora si ya has terminado de expresar tu opinión al respecto, me iré a mi habitación para tratar de dormir un poco.
-¡Espera, chico!-le agarró del hombro-¿Por qué pareces estar tan enojado así de repente?
-Porque parece ser que hasta tú me consideras sólo una distracción para ella…-le aparató la mano con desprecio-¿Me crees tan ingenuo? Yo no soy como ella, que puede vivir aparentando todo el tiempo e incluso mostrarse indiferente al respecto. Ya tuve bastante con los sermones de Richard y de mi abuelo, para que ahora tú y Zelda os lo toméis con tanta gracia y frialdad respectivamente, que me da asco…
-Vaya, veo que no estás nada a gusto con tu situación…-habló tornándose realmente seria su actitud-Siento haberte molestado, no era mi intención. Ahora me cuestiono si realmente fue bueno que vosotros dos mostrarais abiertamente vuestros sentimientos al otro.
-¿Y eso a qué se debe?-le preguntó sin muchas ganas, cansado de escucharle.
-Porque no conocía esa faceta tuya, la de alguien tan caprichoso y que fácilmente se molesta por la realidad que se le presenta por delante.-expresó verdaderamente decepcionado-Si vas a mantener esos resentimientos hacia ella por algo de lo que sabes perfectamente que no tiene la culpa, será mejor que termines con esto cuanto antes. Así no podrás quejarte más tarde de que fueron otros quienes te alejaron de su lado.
Link no dijo nada y se limitó a reprimir su rabia dándole la espalda, apretando fuertemente los puños y sus dientes. Apenas después se marchó corriendo en dirección contraria al hotel, dándole a entender al viejo Auru su descontento con todo aquello.
Continuará… ¡En la siguiente parte!
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Nota de Alfax: ¡Sigan, que ya dejarán sus comentarios en la parte final!
Como detalle, os habréis dado cuenta de que he hecho referencia a en una parte del capítulo a Halloween o al propio "Día de los Muertos" en México, a la Semana Santa, y así como a las costumbres de los carnavales que celebramos en mi región, las islas Canarias, en España.
¡Sólo era por puntualizar! ¡Una referencia cultural nunca viene mal!
