Advertencia: Aunque nadie la lee, me encanta esta historia xD.

Capítulo tres.


Me levanté esa mañana con la idea de hacer un viaje hasta el Centro de Investigación, pero cuando abrí mi puerta encontrándome a Michael detrás de ella, supe que en su cara había algo extraño. Me tomó de la mano y me llevó hasta un balcón en lo más alto que un simple colono podía llegar. Era bonito, diminuto y poseía una ilusión óptica que te hacía corroborar la mentira que había al decirte que los colonos podían recorrer todas las instalaciones. Me preguntó de mi día, de mi noche y luego silenció otro par de segundos.

—Necesito decirte algo. —dijo finalmente, posó una de sus manos en mi cintura y aclaró la garganta. —Ya no vamos a poder pasear por File. —y yo pensé que no hablaba enserio y me eché a reír por la clase de cosas que de repente decía. Era un eufemismo, pero yo no lo quería ver. —Mi padre perdió el cinco por ciento, ya no se nos está permitido estar aquí.

—¿Qué estás diciendo? —devolví sin mucha cautela, la gente de los balcones vecinos comenzaba a voltearse hacia el nuestro por lo que seguí hablándole fuerte pero no tanto como para que nuestros colindantes oyeran por lo que estaba alterada y que el Mayor no viniera a hablar conmigo más tarde. —No me puedes dejar sola en este planeta.

—No vas a estar sola, siempre vas a poder hablar con Yolei, están Sora y Davis también. —dijo con un poco de impaciencia, tratando en vano evitar que llorara o me sintiera a morir. Me desplomé en el asiento del balcón que servía de lugar de relajación para los colonos que estaban cansados de todo el metal de las instalaciones.

—Ni siquiera puedo salir hacia donde Yolei está. —lloriqueé y una luz de esperanza surcó mi cabeza. —Me puedo ir a la Tierra contigo. Realmente odio este lugar y sólo contigo lo puedo soportar. —me levanté y le tomé las manos como tratando de que aceptara. Sonrió e hizo que me volviera a sentar.

—No puedes irte, eres muy importante para el Centro de Comandos. Los viajes para colonos están autorizados para cuando termine un ciclo de trabajo y todavía no lo has completado. Estoy seguro de que cuando vuelvas a la Tierra vendrás a visitarme. —me besó la mejilla y esperó a que yo respondiera algo.

—Entiendo. —dije sin más y me asomé por la barandilla de seguridad del balcón. El planeta con sus tonos azulinos y gigantescos árboles me parecieron cada vez más familiares pero aún así me sentí más terrestre que nunca. —Nos veremos en unos cinco años terrestres. Espero con ansias ese día. —sonreí y puse el pase sobre un dispositivo en la puerta, haciendo que esta se abriese y yo pudiera entrar en las instalaciones. —¿Vamos? Tengo que preparar el almuerzo.

—¿Estás enojada?

—No, para nada. —respondí mirándolo fijamente. —Estoy furiosa.


Saqué mi cabeza por la ventana abierta de la nave y sentí que Sora me alaba hacia dentro nuevamente. Quise salir a mirar su pájaro gigante al menos una vez en estos cinco años que me quedaban y con lo poco que me dejaban salir del Centro de Comandos quería aprovechar de verlo en esta oportunidad. Miré a mi nueva amiga de pies a cabeza, estaba con ese enorme casco de piloto y esas enormes botas de militar, nunca en mi vida me habría imaginado dentro de todo eso.

—Me gustabas más con falda y tacones. —murmuré y ella sonrió torcidamente, mostrando los dientes blancos y perfectos.

—Me gustabas más sin ese delantal que tienes. —me dijo de vuelta y yo me miré, muda, no era un delantal, era algo así como un distintivo entre los colonos. Un cortaviento con tu rango de mano de obra escrito a un lado del pecho, en el mío decía chef y era de color rosa tenue. —En fin, qué traes en la caja.

—Almuerzo. Pensé que podría salir del Centro con una excusa, es como si Ken estuviese vigilándome todo el tiempo. —ella rió por lo bajo al escucharme hablar de mi elocuente coartada.

—No seas ridícula, puedes salir siempre que quieras a lugares poblados. Sólo ponen problemas si entras al bosque o a lugares clausurados.

—Eso no lo sabía. —murmuré cansada y miré por la ventana.

—Para qué quieres ir al Centro de Investigación. —indagó al instante y me miró expectante a través de sus gafas oscuras. Pensé un rato en mi respuesta y suspiré al no encontrarla, ya estaba resignándome a vivir en File y de tratar de buscarle algún sentido a todo lo que me parecía que ocultaban todas las cabezas que dirigían el lugar.

—No lo sé, supongo que despejarme de todo.

—Supe que Michael perdió su lugar en File. —dijo sin un toque de ternura en su voz, cosa que me puso de malas. Talvez ella no estaba tan sola dentro de este planeta así que no tenía el derecho de hacerme sentir más sola de lo que estaré en unos días cuando salga el transbordador para luego salir de este sistema planetario. Izzy me debía serias explicaciones, había dicho que me iría a ver al Centro y con eso me sentí mejor por un tiempo, hasta que el rubio apareció. Sin rubio necesitaba de otro gentil amigo.

—Si, perdieron su parte en este lugar. Aunque no entiendo cómo se puede perder algo como eso, eres el dueño de ese pedazo. —indagué inocentemente y esperé la reacción de la pelirroja. Seguía mirando al frente, con sus manos enguantadas sobre los controles y por radio la gente de las demás naves se comunicaba en una red abierta.

—Simplemente por que no saben cuidar sus cosas. —dijo cortante y amigablemente, al parecer en la escuela militar te enseñaban a ser tan hermético como lo era ella, no se le escapaba ni un detalle. —¿No eras la encargada de la cocina principal?

—Si, lo soy, pero son un par de personas las que dependen de mí. No es mucho problema si le dejé las instrucciones necesarias a Davis. —apoyé mi cabeza en el vidrio y lo empañé por mi respiración, dibujé un par de cosas allí y tuve la necesidad de escribir el nombre del rubio. Borré todo lo que llevaba y me volví hacia Sora. —¿Cuánto falta?

—No mucho.


Sora me dijo que tenía dos horas para volver al hangar, por lo que me apresuré en caminar por las desconocidas instalaciones. Eran más oscuras, metálicas y con menos terminaciones ornamentales que el Centro de Comandos, tampoco tenía indicaciones, sólo tenía departamentos de cada especialidad en la que se investigaba. Di un par de vueltas por allí y casi no pude ver almas caminando conmigo como para preguntarles algo. Por arte de mágica encontré el departamento de física y me dirigí hacia donde había más luz y el olor se hacía menos espeso, toqué una puerta y de allí salió un tipo alto, flaco y con unos enormes anteojos.

—¿Te puedo ayudar en algo? —dijo sonriente y algo sorprendido, quizás por que jamás veía gente nueva en las instalaciones.

—Hola. —comencé dudativa. —Busco a alguien que se llama Koushiro. —el tipo se sonrió más y salió de su lugar de trabajo, cerró la puerta tras de sí y me indicó que lo siguiera escaleras abajo.

—Debe estar con el doctor Takenoshi terminando su día de trabajo. Están tratando de mantener óptimas las condiciones del Agujero para que nuestros viajes a través de él sean más comerciales y seguidos. Todo el mundo está cansado de poder salir de este planeta cada unos cuantos pares de años. —habló un poco más y yo me quedé procesando toda la información, si teníamos que esperar por qué a Michael lo echaron de aquí tan repentinamente si no se podía viajar de vuelta siempre.

Abrió una puerta más y con una mano en mi espalda me guió dentro de un cuarto. Vi al pelirrojo encorvado al mirar una pantalla de computador y tecleaba rápidamente unas coordenadas en la máquina, otro hombre mayor miraba su trabajo de pie y sonreía al aparecer alguna cosa dentro de la pantalla que lo emocionaba. El tipo alto se les acercó y observó el resultado y le dio una palmada a Koushiro, lo que lo sacó del trance y estrujaba sus ojos con sus dedos.

Quise ver lo que celebraban, me acerqué unos pasos y me paré detrás del hombre alto para ver un par de gráficos, puntos e infinitos números. Formé una mueca en mi boca y me crucé de brazos, esperaba la respuesta para que el Agujero estuviese abierto y salir de ahí, no una formula matemática en su lugar. Leí en la bata blanca del hombre que me trajo hasta acá, su apellido se me hacia conocido, Kido, y me aclaré la garganta.

—Muy bonito. —dije con ingenuidad y los hombres que no habían caído en cuenta de mi presencia, saltaron de la impresión. Sonreí, me gustaba tener ese efecto en la gente. El más joven y pelirrojo del lugar se volteó a verme, reconociéndome casi al instante.

—Mimí. ¿Qué te trae por aquí?

—Si dices que irás a verme y no lo haces, tenía que hacer algo al respecto. —dije con picardía en la voz y me senté en una de las manos del asiento en donde estaba. Me encorvé mirando la pantalla tratando de encontrar alguna respuesta que me llevara a casa una vez más pero nada pasó, sólo que mis ojos se fundieron por la intensa luz que provenía de la pantalla y la poca que había en la habitación. —Deberían encender la luz. —él rió por mi comentario.

—Perdí la noción del tiempo, empecé en la mañana y no necesitaba encenderla.

—¿Almorzaste? —hablé otra vez, impactándolo por mi rapidez mental al cambiar de tema. Pensó unos momentos, poniendo su mano sobre el mentón y luego murmuró:

—Creo que no.

—De hecho, es la hora de la cena, señorita. —replicó el más anciano del grupo y en su rostro reconocí rasgos de Sora.

—También sirve, traje cosas para comer.


—No hay forma de saber en qué momento el agujero de gusano estará en óptimas condiciones para su viaje. Lo que hacemos en éste departamento es intentar describirlo, así podríamos predecirlo. —explicó el científico después de raspar lo que todavía quedaba en su plato. Sonreí y me levanté de mi asiento para dirigirme a la ventana, no estando segura si lo que me acababa de confesar era algo que me agradara. —Mimí, ¿pasa algo?

—No, para nada. —respondí casi muda, no podía creer en mis palabras, quería salir corriendo de éste planeta junto con el rubio. Me sobresalté con la duda que me asaltó de pronto. —File es un proyecto bastante estricto, ¿no crees?

—Como debe ser. —expresó Izzy y se encaminó hacia donde esta yo, junto a la ventana. —Estamos es un lugar bastante inhóspito como para tomárnoslo a la ligera.

—Comprendo, pero se me ha ocurrido algo que no me ha dejado dormir hace algunas noches. —dije juguetona, puesto a que no quería que éste no-colono se sintiera interrogado, no como Sora, que a la menor curiosidad se cerraba herméticamente. Él rió ante mi picardía y accedió a concederme una pequeña respuesta. —Si alguien pierde su lugar aquí, digamos que yo no hiciera bien mi trabajo en la cocina, digamos que envenene a alguien. ¿Qué sería de mi vida en File? No he visto prisiones aquí.

—Espero a que no sea verdad lo último que dijiste. —habló indicándome el plato vacío que se encontraba en su escritorio y yo reí a carcajadas, negando con la cabeza, procurando no decir mucho más para que su idea se le escapara de esta mente brillante. —Creo que se le programaría un viaje extraordinario, en el momento en que se abra el agujero se mandaría de vuelta a esta persona. Tendrías que tener todo empacado, quizás por meses. —puntualizó y yo quedé satisfecha por esa información, quizás, el rubio se quedaría a mi lado por un año terrestre sin que ese agujero se abriera.

Por primera vez, deseé que pasara eso.

—Entiendo. —dije después de mucho rato enfrascada en un monologo interior bastante extenso, sonreí mostrando mis dientes con evidente felicidad a lo que él levantó una de sus gruesas cejas. Me sentí atrapada y me aproximé a su escritorio para recoger todo lo que traje, seguramente la piloto estaría comenzando a odiarme por lo justa en tiempo que me encontraba.

—¿Tienes que volver al Centro? —lo escuché decir desde atrás y no pude evitar sonreír ante ese comentario. Sonó un tanto desanimado, por lo que di una rápida vista panorámica al lugar, todo el lugar sólo tenía la iluminación de los aparatos encendidos y pobremente ayudado por la pequeña ventana en la que anteriormente estaba parada en frente. No había recreación. Mi compañía pareció ser lo más sano que habría hecho en mucho tiempo, se había alejado del brillo irritante de la pantalla, no estaba en una posición encorvada, además de que comió algo nutritivo.

Muchas mujeres tampoco abundaban; imagino que Sora estaba con algún piloto de esta estación, Yolei estaba en una relación con el mayor y el holograma humano tenía a ese escritor y mi ayudante detrás, por lo que no sabía si este científico tenía alguna científica oculta debajo de la cama. Olía su interés por mí.

—Sí, deberías ir a verme como lo prometiste, no tengo muchas cosas que hacer allá. —dije con tanta emoción que me sentí culpable después. Izzy me juró que lo haría un día de estos. No sabía muy bien cómo haría para entretenerlo en el Centro por mucho tiempo, terminaría por aburrirse de mí y mi vida, no soy alguien que podrías describir con una ecuación matemática. —Estaré esperándolo, señor Izumi. —leí su distintivo en el pecho de delantal y le guiñé el ojo. Mimí, detente.


Al momento en que volví al hangar, Sora estaba marcando los segundos con su pie a modo de desaprobación, me encogí de hombros y caminé hasta el asiento del copiloto para instalarme y esperar por dos largas horas terrestres para volver a las instalaciones del Centro, pero a la pelirroja no le pareció la idea.

—Tienes que aprender a acatar órdenes, dos horas terrestres no son más que eso, dos horas. —exclamó como si se tratara de su pequeña hija y entrecerré los ojos, ni mi mamá en la tierra me reprendía de tal forma. —Ahora debo llamar por radio por permiso para volar a estas horas.

—¿Qué? —abrí los ojos como platos, no me esperaba eso. —Pero, sabías que estaba adentro con Izzy, y sé que sabes perfectamente dónde está su oficina, por qué no fuiste a buscarme cuando estábamos en la hora límite. —exasperé, imaginaba que, por no llegar a la cena de hoy ni al desayuno de mañana, Tai tendría motivos para devolverme a la tierra en cualquier segundo.

—No puedo entrar allí. —bufó la pelirroja mientras trataba de encontrar a alguien en la señal abierta que estuviese dispuesto a comunicarla con el jefe en mando, pero esa infinidad de voces solo parecía estar pendiente de ellas mismas, y a Sora eso la exasperó enseguida.

—Claro que puedes, es abrir un par de puertas y arrastrarme hasta al hangar.

—Mimí, no entiendes. No puedo. —dijo la uniformada y mandó a callar con un gesto. Suspiré y aguardé paciente lo que tenían que decir. Si Sora no podía controlarse con el tema del Centro de Investigación, algo o alguien de allí debía preocuparle. Izzy era cercano a ella y no podía ser él. De pronto, se me vino a la cabeza el hombre mayor que también trabajaba allí, en el departamento de Física. Mis neuronas hicieron sinápsis.

—No puedes o no quieres verlo. —expresé desde mi posición, sentada cómodamente en el asiento del copiloto, mientras ella me miraba con la quijada desencajada y sus ojos desorbitados. Cortó el transmisor con el que pedía permiso para volar. Se mantuvo pensativa hasta que volvió a abrir la boca.

—Qué es lo que sabes. —se mostró dolida y no me pareció que se descargara conmigo por algo que se me hacía evidente.

—Nada más de lo que piensas. Y no sabré más de lo que tú no me quieras contar, además, no lo usaré en tu contra si eso es lo que piensas. —me reí ante el comentario y a Sora se le pareció arreglar el día. La mentalidad de un uniformado era bastante cerrada si me preguntas, es o no una traición.

—Es mi padre, no hablo mucho con él desde antes que entrara al programa de File.

—Entiendo. —dije, aunque realmente no sentía mis palabras, mi relación con mis padres era perfecta. Mi madre lloró y rogó que no me viniera a éste programa, pero al fin y al cabo dije que sí, confiando en la palabra de Tai; no sé en qué estaba pensando. —¿Por qué no vas y arreglas todo?

—No es tan simple. —confesó la pelirroja y se apoyó en la puerta de su nave, estaba parada a un lado de ella, y nos veíamos a través de la ventana abierta. La observé por largo rato y luego suspiré.

—En fin, creo que nos quedaremos aquí durante la noche. —expresé derrotada y me bajé del asiento para emprender camino a las instalaciones nuevamente, dentro, le pediría a Izzy que me prestara un transmisor de red privada y me contactaría con mi querido asistente para ordenarle todo lo que debía hacer para la cena y el desayuno que venían. Seguramente entraría en colapso, pero ya nada había que hacerle.

—Qué es lo que harás. —indagó curiosa la pelirroja y yo sólo me reí.

—No pienses que dormiré en una nave toda la noche, le pediré a Izzy alojamiento por la noche. Deberías hacer lo mismo.


—No esperaba verte tan pronto. —dijo más sorprendido de lo que pensé que estaría. El científico se hizo a un lado cuando se dio cuenta de la hora y supuso qué era lo que me traía de vuelta. —¿Se hizo tarde?

—Desgraciadamente, no sé dónde dormiré. —y así, dejé el camino listo para que a su cerebro se le ocurriera mágicamente que debía ofrecerme asilo momentáneo.

—Puedes dormir en la mía. O si quieres privacidad, puedes tomar en el departamento de Biología aplicada, muchos se van al campo abierto por determinación propia. —me dejó en una encrucijada terrible, usar la de él y dejarlo despierto toda la noche, o ir en busca de una cama húmeda y abandonada hace meses terrestres, quizás con qué alimañas abandonadas morando la habitación. —Personalmente, prefiero que uses la mía, las demás están en desuso y no sé a ciencia cierta con qué te puedes encontrar.

—¿Cómo qué cosas? —dije algo aterrada ante el comentario. Realmente comenzaba a pensar en animales alienígenas mutantes que podrían fertilizarme y utilizar como incubadora.

—Polvo y humedad. —y soltó una risa contenida. Eran obvios los pensamientos que desfilaban por mi cabeza. —Y no, no existen tales cosas.

—Qué alivio. —y con eso, abrí un momento de incomodidad en la que no sabía con qué rellenar, y él tampoco.

—Ven, dormirás aquí. —rompió el silencio y me guió por las habitaciones oscuras, era como si su lugar de trabajo estuviese conectado con su lugar de descanso. No comprendía cómo alguien podría vivir así, sin aire limpio que respirar, ni las estrellas en la noche, ni mucho menos alguna ventana que dejara ver algo de vegetación. —Sora, ¿ella no viene contigo?

—Dice que no puede entrar, quizás quiere cuidar su nave o algo así. —me hice la desentendida del tema, no quería romper con mi secreta promesa de lealtad hacia su problema paterno, pero, al parecer, no era la única que conocía ese lado de la pelirroja.

—Más bien, es un asunto familiar. No te querrías meter allí. —dijo él y abrió la última puerta que llevaba al orden pulcro de su habitación. Distinto a lo que imaginaba realmente, creía que era un científico desordenado que sólo le importaba reponer fuerzas para seguir, echándose un par de horas sobre la cama deshecha para seguir calculando y calculando.

—Claro que no, pero no entiendo por qué no pide alguna cama. No concibo dormir apretada en un asiento.

—Cada quien con sus preferencias. —dijo sonriente, y me pasó unas frazadas extras por si acaso. —Estaré en la otra habitación, quizás trabaje otro rato.

—¿Dormirás? —indagué con la ceja alzada, sabía la respuesta pero quería que cayera en mi trampa.

—Yo creo. —se mantuvo sonriendo y salió de la habitación. —Duerme bien, Mimí.


Pasaron las horas y no pude conciliar el sueño, me moví por toda la cama y no conseguía sentirme tranquila. Será que estaba en un lugar desconocido. Abrí una ventana pequeña que estaba ubicada en frente de la cama y comprobé que las estrellas estaban alumbrándolo todo afuera, y al justar su apariencia, podría decir que todavía faltaba mucho para el amanecer. Suspiré y me dispuse a ir a hablar un poco con el científico, y de paso pedirle un poco de algún brebaje somnífero que podría regalarme. Más que preocupada del lugar, lo estaba por mi ausencia en el Centro de Comandos, Michael podría irse sin previo aviso en la mañana, o Davis no lograría llegar vivo hasta el desayuno de las personas más influyentes de File.

Y el último pensamiento me golpeó duro, no había contactado a mi asistente durante todo el tiempo que estuve instalada en la cama del científico.

—¡Izzy! —grité mientras corría por los pasillos, tratando de recordar cómo fue que llegué hasta la habitación. Cuando crucé la puerta número cinco, vi su figura apoyada en el respaldo del asiento mientras esperaba que la computadora arrojara más números de los que ya tenía. Estaba algo sobresaltado por mi grito de hace algunos segundos.

—¿Qué tienes, Mimí? —dijo, saltando de su asiento hacia donde me encontraba. No pude articular palabras, estaba bastante alterada por mi irresponsabilidad en la alta cocina de File. Tai definitivamente me echaría a patadas del programa y mi desprestigio en la Tierra sería mayor que el dolor de las patadas. —¿Mimí?

—Necesito comunicarme con mi asistente, Davis. Soy la encargada de la comida de toda la gente importante del centro y si él no sabe cómo hacerlo, me llegarán a mí los reclamos. —dije, dramática.

—Tranquila, tengo un transmisor privado por aquí. Lo solucionaremos. —expresó calmo y me logró tranquilizar, puesto a que Davis estuvo aquí antes que yo, claramente podría manejarlo un día sin mí. —Te comunicarán con la oficina principal, es así porque debemos informar cada avance científico directamente, espero que no te incomode hablar primero con Tai, o con el jefe de la armada, Yamatto. —y mi suerte no podía empeorar, Tai sabría inmediatamente mi indulgencia en mi intento de arreglarlo y que el suceso pasara desapercibido. —Espero que no te moleste.

—Claro que no. —dije, sin creer en mis propias palabras. Izzy me extendió el aparato con visible tranquilidad y a mí me costó tomarlo. —Creo que deberías hablar tú primero, creo que se escandalizarían si me escucharan en vez de ti. Deben esperar algún descubrimiento grandioso a estas horas y sólo les hablará la cocinera del Centro de Comandos pidiendo hablar con su asistente. Dime que no sonaría extraño. —hablé con la esperanza de que me encontrara la razón, y así fue, sonrió y tomó el transmisor inmediatamente.

—Habla Koushiro, necesito que me comuniques con Davis de la cocina principal. —dijo, rió ante los comentarios incrédulos que posiblemente estaría del otro lado. —Tuvo un pequeño problema, algo simple. —silenció y volvió a hablar. —Olvidé qué hora era, lo siento. —expresó con simpatía y me extendió el transmisor cuando ya se estaba transfiriendo el llamado a la habitación de mi asistente.

Diga. —lo oí decir, tenía la voz relajada, por lo que presumí que había estado durmiendo hace horas y que no estaba completamente consciente.

—Davis, habla Mimí.

¡Mimí! Dónde te habías metido todas estas horas. —exasperó, entre felicidad y rabia. Conocía ese sentimiento. —Te busqué por todos lados, hasta Michael vino a preguntar por ti, se veía alterado. En fin, tuve que repetir la cena de ayer, le agregué un par de cosas para que notaran la diferencia, aunque no sé si resultó.

—¿Michael? —indagué, el resto de lo que dijo no me llamó mucho la atención, es más, esperaba que repitiera el plato anterior. Eso era lo que lo hacía Davis.

Sí, estaba apresurado por algo. No volvió en todo el día. —dijo y me quedé muda, quizás, hoy día fue el gran día. —¿Mimí? Dime qué debo hacer para el desayuno.

—Repite lo de una semana atrás. —dije y corté el transmisor. Derrotada, Izzy me quedó mirando largos segundos sin decir nada. Suspiré. —Gracias por todo. —y le extendí el aparato para irme a la habitación a dormir un rato, aunque sabía que realmente no lo haría.

No quería preguntarle a Izzy si los cálculos que sacó hoy describían al agujero abriéndose, justo el día en que decidí quedarme atascada en el Centro de Investigación, y mientras trataba de conciliar el sueño, del hangar salía un transbordador con rumbo al agujero. Deseé haber acompañado a Sora.


Mmmm, te adoro por leer esta parte :D.